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jueves, 2 de octubre de 2025

NOVENA DEL TRÁNSITO DE SAN JOSÉ

Novena compilada en El devoto josefino editado por D. Francisco Abadiano Valdés, y publicado en París y Méjico por la editorial de Charles Bouret en 1881. Las consideraciones fueron tomadas de la Mística Ciudad de Dios, de Sor María de Jesús de Ágreda.
   
NOVENA DEL TRÁNSITO DEL SANTÍSIMO PATRIARCA SEÑOR SAN JOSÉ, PARA IMPLORAR UNA BUENA MUERTE
  

Puesto delante de una imagen del Señor San José, dirás el siguiente 

ACTO DE CONTRICIÓN.
Dulcísimo Redentor mío: amabilísimo Padre de las misericordias, Dios de todo consuelo, que no queréis se pierdan las almas que a costa de vuestra preciosísima Sangre redimisteis del cautiverio infame del demonio, sino que deseáis ardientemente su vida, su conversión, su penitencia: aquí tenéis, Dios mío, postrado a vuestras plantas al mayor pecador que, despreciando vuestra ley, ha abandonado vuestros preceptos: aquí me tenéis avergonzado y traspasado de dolor de haberos ofendido. ¡Oh, quién, Dueño amorosísimo, hubiera muerto antes que cometido la más leve ofensa, la más ligera culpa contra vuestra bondad! ¡Oh, quién, ya que os ha ofendido, tuviera tan gran dolor que se le hiciera pedazos el corazón! ¡Ay Dios mío! ¡Ay Dios mío!, ¡cómo me pesa de haberos agraviado! ¡Ay, y cómo me arrepiento y prometo ya nunca más ofenderos! Dadme vuestra gracia y concededme, por los esclarecidos méritos de vuestro gran José, el que conservándola hasta la muerte, me abra las puertas de la gloria. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh José dulcísimo, nutricio del Hijo de Dios y fidelísimo custodio de la Virgen Madre, que en la hora de tu muerte tuviste por enfermeros y asistentes divinos al mejor Hijo, Jesús, y a la mejor Esposa, María: asístenos, ampáranos, favorécenos en aquel trance terrible, que para entonces, pues eres refugio de agonizantes, te requerimos; para entonces, cuando no tenemos ni ojos con qué verte, ni boca con qué llamarte, te llamemos e imploremos tu patrocinio. No nos dejes en aquella hora, cuando procurará combatirnos terriblemente el demonio, a fin de que perdamos a Dios eternamente. Muéstranos entonces tu oficio de padre y patron del linaje humano: ejercita el cargo que tienes, José Santísimo, de eficaz auxilio de los afligidos, de agradable consuelo de desamparados. No se pierda, ¡oh Santo gloriosísimo!, no se pierda entónces quien pone en ti sus esperanzas, y quien desde ahora para aquella te llama, te invoca y te solicita. Seas tú nuestro auxilio, nuestra ayuda, nuestro socorro; para que invocando entonces los dulcísimos nombres de Jesús, María, y tuyo, vayamos a gozarte por todos los siglos en la gloria. Amén.

DÍA PRIMERO
Consideracion: núm. 866, cap. xiv Agred.
Considera cómo Cristo Nuestro Señor, maestro ciertamente grande de los trabajos, lleva por el camino real de éstos al esposo de su Madre, Señor San José, a quien amaba su Majestad sobre todos los hijos de los hombres: y para acrecentar los merecimientos y corona, antes que se le acabase el término de merecerla, le dio en los últimos años de su vida algunas enfermedades de calentura y dolores vehementes de cabeza y coyunturas del cuerpo, muy sensibles, y que le afligieron y extenuaron mucho.

ORACIÓN
Oh pacientísimo José, que en los últimos años de vuestra vida acrecentais vuestros merecimientos y corona con aquel gran sufrimiento, paciencia y tolerancia con que sufrísteis aquellas enfermedades, dolores y calenturas que extenuaron vuestro castísimo cuerpo: haced, Santo mío poderosísimo, por esta gran paciencia y mansedumbre, que en mis trabajos, aflicciones y dolores imite vuestra tolerancia, considerando que son regalos de la mano de Dios e instrumentos para merecer mayores coronas y laureles: ruégoos tambien, esposo de mi Reina, me concedais una dichosa y santa muerte, la cual sea tránsito para gozaros en la gloria. Amén.

Siete veces el Padre nuestro y Ave María, y despues de cada uno esta:

JACULATORIA.
En la postrera agonía, 
Cuando mi muerte llegare, 
Tu patrocinio me ampare 
Y el de tu esposa María. 

Despues, para todos los dias, esta
  
ORACIÓN
Poderosísimo patron del linaje humano, amparo de los pecadores, seguro refugio de afligidos, eficaz auxilio de los agonizantes, Padre putativo de Jesus y Esposo verdadero de María. ¡Oh Santo mio dulcísimo! no me desampareis en el terrible trance que me aguarda: mirad cuán pocas son mis fuerzas para rebatir las asechanzas con que en aquella hora procurará el demonio derribarme, sugiriéndome malos pensamientos contra la fe, contra la esperanza y contra la caridad. Mirad que si vos no me socorreis, pereceré eternamente y no tendré en lo humano quien me ayude. Si vos no me ayudais, ¿qué será de mí? ¡Oh Santo mio, oh Santo mio! escuchad mis ruegos y asistidme en aquel trance, para el cual os invoco desde esta hora. Para esto os interpongo estas, aunque tibias oraciones, y el amor tan grande con que os asistieron en el vuestro, Jesus y María. Alcanzad asimismo, de vuestro Hijo y Esposa, concordia entre los gobiernos cristianos; victoria contra los infieles y herejes; exaltacion de la santa Iglesia y del nombre del verdadero Dios; descanso de las almas del purgatorio; consuelo y alivio á los necesitados, esfuerzo á los varones apostólicos; amor hacia nuestros enemigos; para todos colmada gracia y mucha gloria. Amen.

Se finaliza con una Salve á la Santísima Vírgen y esta

ORACIÓN
Bellísima María, Esposa del Patriarca santo José, fuente de piedades y misericordia: que toda os difundís para remedio de los mortales, principalmente en las postreras agonías, cuando necesitan mas de tu socorro: para entónces, para entónces os llamo, Señora mia, confiado en que no habeis de despreciar mis ruegos, pues siempre os habeis mostrado favorable y propicia hácia á los que se refugian bajo vuestro patrocinio, y con especialidad hácia á aquellos que tierna, devota y fervorosamente se ejercitan en los cultos de vuestro querido Esposo José. Por la intercesion de este Patriarca santo, os ruego tenga yo, y todos los católicos, en la hora de nuestra muerte, la asistencia de vuestra alteza soberana y la de vuestro dulcísimo Hijo Jesus, Rey eterno de la gloria. Amen.
  
Con afecto fervoroso
Y con humilde atención, 
Celebra la devoción 
Vuestro tránsito glorioso.
    
Grave pena sentiría, 
José, vuestra alma inocente, 
Al ver amante y prudente, 
Sentir su pena María; 
¡ Mas cuánto gozo tendría, 
Al ver con celeste luz, 
Que en compañía de Jesus 
En la cama os asistía! 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Fué vuestra pena doblada 
Con no poder trabajar; 
Y ésta se llegó á aumentar 
Mirando á María atareada ; 
Pero salió consolada 
Vuestra alma, porque en verdad 
Se cumplia la voluntad 
De vuestro Hijo, prenda amada.
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Vuestro cuerpo padecia
Muy insufribles dolores, 
Y éstos se os hacian mayores 
Porque María los sentia; 
Mas os llenó de alegría 
El manjar que os ministraba, 
Porque María lo guisaba, 
Y en la boca os lo ponia. 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Fue vuestra pena crecida
Cuando se os apareció 
El ángel, y os avisó 
De estar cerca la partida:
Mas fue en gozo convertida,
Considerando que en vos
Se cumplia el gusto de Dios, 
Sacrificando la vida.
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
      
Fué la angustia mas penosa 
Que sintió vuestra alma pura, 
Despediros con ternura
De vuestro Hijo y vuestra Esposa;
Pero en esta ansia amorosa
Con demostraciones finas, 
Y con promesas divinas, 
Quedó vuestra alma gozosa. 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Qué pena recibiriais,
Qué tolerar y sufrir, 
Al padecer y sentir 
Las últimas agonías;
Mas en tan duras porfías
Con aquel rapto divino 
En que vísteis a Dios trino, 
Os llenásteis de alegría. 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Fué la pena sin igual 
Cuando a rigurosa calma, 
Se apartó vuestra pura alma 
De la vida temporal;
Mas con gozo celestial, 
¡Oh Santo José! quedásteis, 
Porque á Jesus entregásteis 
Ese tan rico caudal. 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Antífona: Recibió José la bendición del Señor Dios que Jesús, Señor y Dios de Cielos y tierra, le fuese súbdito.
Anunciad entre las gentes su gloria.
Y entre los pueblos sus maravillas.
    
ORACIÓN
Oh Dios, que diste al bienaventurado San José el incomparable tesoro de tu madre y lo adornaste con el nombre de su Esposo, concédenos misericordiosamente que, así como fue providente en tu crianza, sea así ante Ti solícito intercesor nuestro. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 
  
SEGUNDO DIA.

Consideracion núm. 866, cap. xiv. Agred. Considera como sobre estas enfermedades que afligieron al santo Patriarca, tuvo otro modo de padecer mas dulce, pero muy doloroso, que le resultaba de la fuerza del amor ardientísimo que tenia, porque era tan vehemente que muchas veces tenia unos vuelos y éxtasis tan impetuosos y fuertes, que su espíritu purísimo rompiera las cadenas del cuerpo, si el mismo Señor que se los daba no le asistiera dándole virtud y fuerzas para no desfallecer con el dolor. Mas en esta dulce violencia le dejaba su Majestad padecer hasta su tiempo; y por la flaqueza natural de un cuerpo tan extenuado y debilitado, venia á hacer este ejercicio de incomparables merecimientos para el dichoso santo, no solo en los efectos de dolor que padecia, sino tambien en la causa del amor de donde le nacian.

ORACIÓN
Amorosísimo José, en quien se verificó aquella dulce enfermedad de amor de que adolecia la esposa de los Cantares, y con tanta vehemencia que rompiera vuestro espíritu las cadenas de la cárcel del cuerpo, á causa de aquellos impetuosos éxtasis ocasionados del amor, si el Señor que os lo concedia no os asistiera con su virtud divina. Por este amor tan grande, os suplico que todo me encienda y arda como ascua en las llamas del amor divino; y por aquellos dolores que os ocasionaba esta, aunque dulce, dolorosa enfermedad, os pido me asistais ahora y en aquella hora de que depende, ó una insufrible eternidad de penas, ó una deliciosa eternidad de gloria. Amen.

TERCER DIA.

Consideracion núm. 873, cap. xv. Agred.

Considera como corrian ya ocho años que las enfermedades y dolencias del mas que dichoso Santo José le ejercitaban, purificando cada dia su mas generoso espíritu en el crisol de la paciencia y del amor divino, y creciendo tambien los años con los accidentes, se iban debilitando sus flacas fuerzas, desfalleciendo el cuerpo y acercándose al término inexcusable de la vida, en que se paga el comun estipendio de la muerte que debemos todos los hijos de Adan: crecia tambien el cuidado y solicitud de su divina Esposa y nuestra Reina, en asistirle y servirle con inviolable puntualidad: y conociendo la amantísima Señora, con su rara sabiduría, que ya estaba muy cerca la hora ó el dia último de su castísimo Esposo, para salir de este pesado destierro, se fué á la presencia de su Hijo Santísimo, y hablando con su Majestad le pidió lo asistiese en la hora de su muerte, acordándole el amor y humildad, el colmo de virtudes y méritos á que habia subido el Santo Patriarca, y poniéndole delante la fidelidad y solicitud con que habia servido al Hijo y á la Madre, la cual peticion aceptó nuestro Salvador.

ORACIÓN
Oh dichosísimo Patriarca José, que acrisolado ya con ocho años de prolijas y dolorosas enfermedades, y acercándose el plazo de vuestra muerte, tuviste la incomparable dicha de que te asistiese con mayor puntualidad y cuidado tu dulcísima Esposa, quien interpuso sus súplicas para con tu Hijo estimativo, para que te asistiese con el brazo poderoso de su diestra: yo te pido, Santo mio, por estas sumas felicidades, interpongas las tuyas, para que me asistan en mi trance estos Santísimos Señores. Bien conozco, padre mio, que por mis muchas culpas me he hecho indigno de estos favores; pero al mismo tiempo conozco que vale mucho tu patrocinio para con tu Hijo y Esposa; y no me dejarán de conceder lo que te pido cuando te pongo por mi abogado é intercesor, para gozar una preciosa muerte, tránsito á una interminable gloria. Amen.

CUARTO DIA.

Consideracion núm. 874, cap. xv. Agred. Considera como nueve dias antes del tránsito de Señor San José, por mandato de Jesucristo, tres veces cada dia los santos ángeles daban música celestial al dichoso enfermo, con cánticos de loores del Altísimo y bendiciones del mismo Santo. A mas de esto, se sintió en toda aquella humilde pero inestimable casa, una suavísima fragancia de olores tan admirables, que confortaban no solo al varon Santo José, sino á todos los que llegaron á sentirla, que fueron muchos de fuera, adonde redundaba.

ORACIÓN
Oh felicísimo José, Patriarca santo, que en vuestra preciosa muerte, ahuyentando Jesus y María los bramidos del infernal dragon, que en aquella hora procura combatir a los mortales, merecísteis escuchar la apacible música de los ángeles, y que vuestra santa casa, santuario ciertamente en que habitaban la mejor arca, el mejor propiciatorio, y el mejor altar de timiama Jesus y María, se llenase de suavísima fragancia, que confortaba vuestro cuerpo: yo os pido humildemente se conforte mi alma con las fragancias de las virtudes, las que conservando hasta el fin de mi vida, merezca ir á gozar aquella melodía, con que los ángeles cantan: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Amen.

QUINTO DIA.

Consideracion núm. 876, cap. xv. Agred.
Considera como un dia antes que muriese el santísimo Patriarca, sucedió que, inflamado todo del divino amor con estos beneficios, tuvo un éxtasis altísimo, que le duró veinticuatro horas, conservándole el Señor las fuerzas y la vida por milagroso concurso, y en este grandioso rapto vió claramente la divina Esencia, y en ella se le manifestó sin velo ni rebozo lo que por la fe habia creido, así de la Divinidad incomprensible, como del misterio de la Encarnacion y redencion humana y la Iglesia militante, con todos los sacramentos que á ella pertenecen.

ORACIÓN
Oh Patriarca bienaventurado, que merecísteis tener un éxtasis de tanta duracion y tan sublime en que vísteis claramente y sin rebozo la divina Esencia, efecto verdaderamente de aquella fe tan grande con que creísteis el arcano misterio de la Divinidad, como tambien el de la Encarnacion y redencion humana, y todos los demas sacramentos de nuestra Iglesia. Yo os pido, Santo mio, una fe tan viva, tan ciega, que en defensa de estos misterios dé, si fuere necesario, hasta la última gota de mi sangre; y que viva y muera para ir á ver claramente estas verdades incontestables por eternidades en la gloria. Amen.

SEXTO DIA.

Consideracion núm. 876, cap. xv. Agred.
Volvió Señor San José del rapto, que dijimos ayer, lleno su rostro de admirable resplandor y hermosura, y su mente toda deificada de la vista del Sér de Dios; y hablando con su Esposa santísima, le pidió la bendicion, y ella á su Hijo benditísimo que se la diese, y su Divina Majestad lo hizo. Luego la gran Reina, maestra de la humildad, puesta de rodillas, pidió á San José tambien la bendijese como esposo y cabeza, y no sin divino impulso, el varon de Dios, por consolar á la prudentísima Esposa, le dió su bendicion á la despedida, y ella le besó la mano con que la bendijo, y le pidió que de su parte saludase á los santos padres del Limbo.

ORACIÓN
Oh José santísimo, Esposo de la Madre de Dios, y cabeza de la mejor y mas noble familia de la tierra, que estando cercano á vuestra muerte, pedísteis la bendicion á vuestra Esposa, y le dísteis la vuestra para consuelo suyo, la que recibió la muestra grande de la humildad postrada de rodillas: yo os suplico me bendigais en todas mis acciones, para que todas vayan dirigidas á Dios, como á fin último, y me alcanceis me bendigan tambien Jesus y María en esta vida, y en aquel terribilísimo trance de que con tantas bendiciones espero salir en paz, para bendeciros á vos y á Jesus y María, eternamente en la gloria. Amen.

SÉPTIMO DIA.

Consideracion núm. 876, cap. xv. Agred.

Considera como para que el humildísimo José cerrase el testamento de su vida, con el sello de esta virtud, pidió perdon á su divina Esposa, de lo que en su servicio y estimacion habia faltado, como hombre flaco, terreno, y que en aquella hora no le faltase su asistencia con la intercesion de sus ruegos. A su Hijo santísimo agradecióle tambien el santo Esposo los beneficios que de su mano liberalísima habia recibido toda la vida, y en especial en aquella enfermedad.

ORACIÓN
Oh humildísimo José, varon verdaderamente justo y agradecido, que nos dejásteis ejemplo grande de humildad, cuando lleno de lágrimas, como piadosamente creemos, pedísteis perdon á vuestra Esposa de aquello en que hubiérais faltado á su servicio, siendo así, que fuísteis su fidelísimo custodio, que puntualmente la guardásteis y servisteis: yo os suplico por esta humildad tan esclarecida, me concedais la imite, pidiendo perdon á los que hubiere injuriado, y perdonando asimismo á los que me hubieren hecho algun agravio. Os pido tambien, por aquellas gracias que dísteis á vuestro Hijo santísimo de los beneficios recibidos de su mano, que me concedais no olvide jamas de dárselas tambien por las innumerables que me ha hecho, para que muriendo en gracia, vaya á cantárselas en la gloria. Amen.

OCTAVO DIA.

Consideracion núm. 877, cap. xv. Agred.

Considera como despues de haber hablado con su castísima Esposa, se convirtió el varon de Dios á Cristo Nuestro Señor, y para hablar a su Majestad, con profunda reverencia en aquella hora, intentó ponerse de rodillas en el suelo; pero el dulcísimo Jesus llegó a él, y le recibió en sus brazos; y estando reclinada la cabeza dijo: «Señor mio y Dios altísimo, Hijo del Eterno Padre, Criador y Redentor del mundo: dad vuestra bendicion eterna a vuestro esclavo y hechura de vuestras manos: perdonad, Rey piadosísimo, las culpas, que como indigno he cometido en vuestro servicio y compañía. Yo os confieso, engrandezco, y con rendido corazón os doy eternamente gracias, porque entre los hombres me eligió vuestra inefable dignación para Esposo de vuestra Madre; vuestra grandeza y gloria misma sean mi agradecimiento, por todas las eternidades». El Redentor del mundo le dió la bendicion y le dijo: «Padre mio, descansad en paz y en la gracia de mi Padre celestial y mía: a mis profetas y santos, que os esperan en el Limbo, daréis alegres nuevas de que se llega ya su redención».

ORACIÓN
Oh Patriarca justísimo, que con la mas profunda reverencia y humildad os despedísteis de vuestro soberano Hijo, pidiéndole perdon de vuestras culpas (aunque no las habíais cometido) confesándoos indigno en su presencia, engrandeciendo su Majestad y conociendo su divinidad verdadera, á cuyas verdaderas palabras correspondió el Señor dándoos la paz y constituyéndoos precursor hácia los padres del Limbo. Yo os pido humildemente, maestro excelente de la humillad, me alcanceis de Dios un verdadero dolor le mis culpas, un conocimiento grande de mi pequeñez, de mi miseria, de mi nada; un conocimiento de su grandeza, de su poder, de su Majestad, y un temor grande de ofenderle; una preciosa muerte, una perenne gracia y una perpetua gloria. Amen.

ÚLTIMO DIA.

Consideracion núm. 875, cap. xv. Agred. Considera como en aquellas palabras de Jesus á José : «Padre mio, descansad en paz etc.,» espiró el varon justo en los brazos de su santísimo Hijo, y su Majestad le cerró los ojos. Al mismo instante la multitud de angeles que asistian con su Rey supremo y Reina, hicieron dulces cánticos de alabanza, con voces celestiales y sonoras. Luego por mandado de su Alteza, llevaron la santísima alma al Limbo de los padres y profetas, donde todos la conocieron llena de resplandores de incomparable gracia, como Padre putativo del Redentor del mundo y su gran privado, digno de singular veneracion, y conforme á la voluntad y mandato del Señor que llevaba, causó nueva alegría en aquella innumerable congregacion de santos con las nuevas que les evangelizó de que se llegaba ya su rescate.

ORACIÓN
Oh fidelísimo José, que merecísteis en vuestra muerte os cerrase los ojos el mismo Hijo del Eterno Padre, y que en manos de ángeles, al son de alegres instrumentos y sonoros cánticos de alabanza, fuese vuestra candidísima alma, mas blanca que la nieve, llevada al seno de sus padres, que esperaban la redencion, la que vos evangelizásteis, causando en ellos grandísima alegría: yo os pido por estas felicidades, me concedais, que cerrando los ojos á todas las vanidades y pompas mundanas, solo los abra para ver las cosas del agrado de Dios. Os suplico tambien, por aquella veneracion y culto que os dieron los santos padres en el Limbo, nos empleemos todos los católicos en vuestra importante devocion, y que perseverando en ella hasta la muerte, merezcamos sean llevadas nuestras almas en manos de los ángeles á la gloria. Amen.

jueves, 31 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA TRIGÉSIMOPRIMERO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA TRIGÉSIMOPRIMERO – DEVOCIÓN A LOS SANTOS ÁNGELES
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que habiendo llegado ya al término de este felicísimo mes consagrado al culto de los Santos Ángeles, nada será más grato ni más tierno a nuestros corazones que formar los más firmes propósitos de honrar y de imitar durante nuestra vida a estos espíritus celestiales. El cuadro, aunque mal trazado, de las grandezas angélicas, que se ha desplegado a nuestra vista en el curso de estas meditaciones, habrá llenado sin duda de admiración y religioso respeto nuestras almas; pero es necesario que esta admiración y este respeto no sean estériles; es preciso que saquemos algún fruto de todos estos estudios, y éste no puede ser otro que una devoción tierna y sincera a los santos Ángeles y un vehemente deseo de imitar en todas nuestras acciones su ejemplar vida y virtudes. Por la devoción tributamos a los Ángeles los homenajes de nuestro amor y reconocimiento a su benevolencia, por tantos beneficios como nos dispensan. Por la imitación de su vida en el ejercicio de las virtudes angélicas de la pureza, humildad, obediencia y caridad, nos hacemos a ellos semejantes en la santidad, cumpliéndose de este modo el plan divino, que exige que los hombres y los Ángeles no compongan más que una sola Iglesia, un solo pueblo cuya ley inmutable sea la caridad, lazo de unión entre todos los seres inteligentes, cuyo Príncipe sea Nuestro Señor Jesucristo. La tierra ha roto la unidad de esta Iglesia, de este pueblo; y Dios ha querido que el Cielo baje a la tierra a restablecer esta unidad, esta armonía, este concierto universal. La tierra ya no es enemiga del Cielo, ni el Cielo es tampoco contrario a la tierra: el tránsito de la una al otro está todo lleno de espíritus bienaventurados, cuya caridad oficiosa mantiene una perfecta comunicación entre este lugar de peregrinación y nuestra patria celestial.
 
PUNTO 2º. Considera que el mejor modo de honrar a los Ángeles, especialmente a nuestros Ángeles custodios, es imitarles, y como sólo se imita lo que se encuentra justo y perfecto; imitando a nuestros Ángeles, proclamamos con nuestra conducta su excelencia, su bondad y sus perfecciones. Así como ellos nos guardan de todo mal y nos dirigen por el camino del Cielo; así también nosotros debemos guardar y guiar por el camino de la salvación eterna a todos aquellos de nuestros hermanos, sobre quienes tenemos alguna influencia o están bajo nuestra tutela y cuidado. Así como los Ángeles siempre tienen sus miradas fijas en Dios, como nos lo ha dicho por estas palabras: «Contemplan sin cesar la cara del Padre celestial»; así también nosotros debemos tener sin cesar nuestros pensamientos y nuestros corazones vueltos hacia Dios. Los Ángeles están pendientes de los labios del Señor para escuchar sus mandatos y ejecutarlos en el acto; también nosotros debemos estar constantemente atentos a la voluntad de Dios para cumplirla. Por último, correspondamos, como estamos estrechamente obligados, a todas sus finezas: nuestros Ángeles nos aman, amémosles; nos hacen el bien, testifiquémosles nuestro reconocimiento; nos sugieren consejos útiles para nuestra salvación, escuchémosles. Fieles a su amistad, dóciles a su voz, atentos a hacer todo lo que ellos hacen, llevaremos en este valle de lágrimas una vida completamente angélica, prenda segura de la bienaventuranza eterna, en la cual ellos nos introducirán después de la muerte. Así sea.
    
JACULATORIA
Ángeles del Cielo, alcanzadnos con vuestras poderosas súplicas, la gracia de la perseverancia final.
    
PRÁCTICA
Extended por todas partes la devoción y culto de los santos Ángeles, hoy por desgracia muy olvidados aún entre las personas piadosas. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con el siguiente:
  
ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SANTO ÁNGEL DE LA GUARDA
Fidelísimo Ángel de mi guarda, a quien la amorosa Providencia de Dios ha constituido mi protector y mi guía, desde el primer instante en que vi la luz por vez primer a hasta el momento en que el soplo helado de la muerte cierre mis ojos para siempre a los falsos esplendores de este mundo; delante de Jesucristo, mi amable Redentor, de María Santísima y de los santos, y en presencia de toda la corte celestial; yo os elijo en este día para que seáis mi especial abogado cerca de la Justicia divina y mi celoso defensor en los rudos combates de esta vida. Desde hoy pongo en vuestras manos mi cuerpo con todos sus sentidos, y mi alma con todas sus potencias y facultades, para que os dignéis gobernarlos y dirigirlos al único y supremo Bien infinito, fuente de todo consuelo y de toda felicidad, perdonad que no haya sabido corresponder hasta el presente a vuestros tiernos cuidados, pero yo os prometo para de aquí en adelante, ayudado con los auxilios de la gracia, seguir fielmente todos vuestros consejos, y obedecer las órdenes que Dios me comunique por vuestro ministerio: acoged, por tanto, bondadoso, estas mis resoluciones y continuad dispensándome vuestros favores, sobre todo, apartándome del pecado y haciendo que no viva ni respire sino para Dios en esta vida y después tenga la dicha inefable de alabar y bendecir por toda la eternidad su santo nombre en unión de toda la Milicia Angélica. Amén.
 
EJEMPLO
«Para celebrar la Santísima Virgen las excelencias y santidad de la naturaleza Angélica, refiere Sor María de Jesús de Ágreda en su Mística Ciudad de Dios, que «se preparaba algunos días con los ejercicios de otras fiestas; y con nuevos cánticos de gloria y loores, recopilando en ellos la obra de la creación de estos espíritus divinos, y más la de su justificación y glorificación, con todos los misterios y secretos, que de todos y de cada uno de ellos conocía, llegando el día que tenía destinado, los convidaba a todos y descendían muchos millares de las órdenes y coros celestiales, y se le manifestaban con admirable gloria y hermosura en su oratorio. Luego se formaban dos coros, en el uno estaba nuestra Reina, y en el otro todos los espíritus soberanos; y alternando como a versos, comenzaba la gran Señora y respondían los Ángeles con celestial armonía por todo lo que duraba aquel día. Y si fuera posible manifestar al mundo los cánticos misteriosos que en estos días formaban María Santísima y los Ángeles, sin duda fuera una de las grandes maravillas del Señor y asombro de todos los mortales. No hallo yo términos, ni tengo tiempo para declarar lo poco que de este sacramento he conocido: porque en primer lugar alababan al Ser de Dios en sí mismo, en todas sus perfecciones y atributos que conocían. Luego la gran Reina le bendecía y engrandecía por lo que su Majestad, Sabiduría y Omnipotencia se había manifestado en haber criado tantas y tan hermosas sustancias espirituales y angélicas, y por haberlas favorecido con tantos dones de naturaleza y gracia; y por sus ministerios, ejercicios y obsequio en cumplir la voluntad de Dios, y en asistir y gobernar á los hombres y á toda inferior y visible naturaleza. A estas alabanzas respondían los Ángeles con el retorno y desempeño de aquella deuda, y todos cantaban al Omnipotente admirables loores y alabanzas, porque había criado y elegido para madre suya a una Virgen tan pura tan Santa y digna de sus mayores dones y favores; y porque la había levantado sobre todas las criaturas en santidad y gloria; y la había dado el dominio e imperio, para que todas la sirviesen, adorasen y predicasen por digna Madre de Dios y restauradora del linaje humano. De esta manera venía a ser este día de admirable júbilo y dulzura para la gran Señora y gozo accidental de los Ángeles» (Obra citada, tercera parte, lib. VIII, cap. XVI, números 688 y 689).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

sábado, 1 de agosto de 2020

VÍA SACRA DE LA SOBERANA REINA DE LOS ÁNGELES MARÍA SANTÍSIMA ANTES DE LA ASUNCIÓN

Devoción publicada en Guatemala de la Asunción por la Imprenta de Sánchez y De Guise en 1917, con licencia eclesiástica.
 
La Santísima Virgen se apareció a Santa Margarita el día de su Asunción con una corona de flores, símbolos de las almas consagradas a su divino Hijo; pero al elevarse al Cielo se cayeron muchas flores, “porque estaban demasiado asidas a la tierra”.
   
MODO COMO SE HAN DE VISITAR LOS LUGARES, EN OBSEQUIO DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA NUESTRA SEÑORA
Ejercítase esta devoción desde primero de Agosto, acompañando a esta Señora por quince días en este camino, para que nos acompañe en la vida y en la muerte.
   
La primera y principal preparación para festejar a la Señora, y visitar a su imitación los lugares santos que ella visitó, es ponerse en gracia de Dios, por medio de un acto de verdadera contrición. El primer día de estos quince, el octavo y el último, se podrá confesar y comulgar, repitiendo las confesiones y comuniones, según arbitrio del prudente confesor; a cuyo juicio queda también el asignar las mortificaciones y buenas obras que se pueden ejercitar las almas devotas en estos días en servicio de la Señora.
  
Quien no tuviere confesor asignado, podrá ayunar los viernes y sábados que cayeren dentro de estos quince días: quien esto no pudiere por enfermo, dé por amor de la Señora alguna limosna, y si esto no puede por ser pobre, ofrézcale a la Virgen su pobreza, trabajos y desconsuelos, llevándolos con paciencia. Y finalmente, a quien con fervor abrazare la devoción de este misterio, no le faltarán cosas que hacer y padecer en honra de María Santísima.
   
Todos los días se dirá con gran devoción la siguiente oración que la Reina de los Ángeles hacía todos los días hincada de rodillas, según refiere la Venerable Madre María de Jesús de Ágreda, a quien se la reveló la divina Señora.
 
VÍA SACRA DE LA SOBERANA REINA DE LOS ÁNGELES MARÍA SANTÍSIMA ANTES DE SU GLORIOSA ASUNCIÓN
 
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN QUE HACÍA MARÍA SANTÍSIMA TODOS LOS DÍAS
Altísimo Señor mío y Dios eterno, ante vuestro acatamiento postrado se presenta este vil gusanillo de la tierra, y la menor de vuestras criaturas, y os doy infinitas gracias por vuestro Ser Inmutable y Perfecciones Infinitas, y porque me criaste de la nada, y reconociéndome como criatura y hechura vuestra os bendigo y alabo, dándoos honor, magnificencia y Divinidad como a Supremo Señor y Creador mío y de todo lo que tiene ser. Yo, Señor, levanto mi espíritu a ponerlo en vuestras manos, y con profunda humildad y resignación me ofrezco, y os pido y suplico hagáis de Mí vuestra Santísima Voluntad en este día y en todos los días que me restan de mi vida, y me enseñéis a cumplir lo que fuere de mayor agrado vuestro, y para decir esto mejor, es mi intención repetirlo muchas veces en las obras exteriores de este día, y en las interiores consultar primero a Vuestra divina Majestad, pediros licencia, consejo y bendición para todas mis acciones. Amén.
  
Dicha esta oración, se leerá la Estación de aquel día, gastando media hora o un cuarto en su meditación, para lo cual se ponen aquí distribuidas para los quince días que empiezan desde el primero de Agosto las quince Estaciones que hizo la Santísima Virgen, siendo la materia la meditación que se ha de tener cada día, la pena o gozo que tuvo en los lugares que tuvo.
  
Quien no supiere meditar, hincado delante de una imagen de la Señora, lea con atención la Estación de aquel día, y rece lo que en ella se señala.
 
DÍA PRIMERO – 1 DE AGOSTO
Considera cómo la Santísima Virgen fue a visitar el templo, donde fue presentada; y rezar quince Avemarías por las quince gradas que ella subió de tres años con tanto gozo y devoción como si fuera de veinte.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen piadosísima! Te ofrezco estas quince Avemarías en honra y gloria de tu presentación al templo, y en memoria de la visita que hicisteis a este sagrado lugar, en que subste quince gradas siendo de tres años de edad, para ofrecerte en sacrificio a Dios: te suplico seas servida de guiarme al Cielo, y presentarme ante su divina Majestad, para que eternamente le alabe en el templo de la Gloria.
 
ORACIÓN
Suplicámoste, Señora, ruegues a tu Hijo Santísimo por la exaltación de nuestra Santa Fe Católica, extirpación de las herejías, victoria contra los infieles y conversión de estos al gremio de la Iglesia, por la paz y concodia entre los gobiernos cristianos, y prosperidad de las ciudades católicas, por los que están en pecado mortal, para que haciendo una buena confesión se pongan en gracia de Dios; por los agonizantes, para que no prevalezca contra ellos la furia infernal; por las almas del Purgatorio, para que libres de los tormentos, salgan de tan penosa cárcel.
  
Ruego, Señora, te dignes de reconocer por hijos tuyos a los que tu imitación hacen este santo ejercicio: perdóname, Señora, lo remiso y tibio de mis oraciones, y alcanzadme mucha gracia, para que en esta vida, con la devoción de tu glorioso Tránsito, merezca conseguir los favores que de tu poderosa mano reciben tus devotos, logrando por tu intercesión una santa vida y buena muerte, para ir a celebrarte eternamente, gozando de Dios en tu compañía en la Gloria. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO – 2 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Virgen fue a visitar el lugar a donde le trajo la embajada el Ángel, cuando el Hijo de Dios encarnó en ella, y cuán gloriosa y resplandeciente y llena de gracia quedó con tal Hijo. Y rezar un Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen humildísima! Esta oración te ofrezco en honra y gloria de la Encarnación del Hijo de Dios en tus entrañas, y en memoria de la visita que hiciste a este sagrado lugar en donde Dios te hizo Madre suya: te suplico, Señora, me seas madre, y me alcances de Dios vuestra grande humildad, para que adornado de esta virtud sea hijo de Dios, como lo son todos los humildes. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
  
DÍA TERCERO – 3 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Virgen gloriosísima fue a visitar el lugar donde ella visitó a Santa Isabel, y con la presencia del Niño Jesús, que llevaba en sus entrañas, santificó a San Juan Bautista en las de su madre, y desde ellas adoró a su Creador. Y rezar una Magníficat, o un Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen misericordiosísima! Te ofrezco este cántico que por tus purísimos labios pronunciaste en honra de la visita que hiciste a Santa Isabel, cuando el Niño que descansaba en el tálamo de tu vientre virginal, santificó a San Juan Bautista, y en memoria de la visita que hiciste a este sagrado lugar, suplícote, Señora, ruegues a tu santísimo Hijo visite mi alma con su gracia, desterrando de ella toda culpa, y me concedas que lo adore y le sirva como a mi Creador y Señor. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
 
DÍA CUARTO – 4 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Virgen y Madre singular fue a visitar el lugar del pesebre, donde parió a su benditísimo Hijo quedando Virgen, y la pobreza y desamparo en que se vio, y el gozo que recibió en verle nacido y adorado de los reyes. Y rezar el himno Glória in excélsis Deo, o un Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen beatísima, Madre de Dios y Señora mía! Te ofrezco estas alabanzas en memoria de las que cantaron los Ángeles al nacer el Niño Dios en el pesebre de Belén, quedando Tú Virgen después de haberle parido. Y en memoria de la pobreza y desamparo en que te viste, y del gozo que tuviste de ver ya con tus ojos al Verbo encarnado, alabado de los Ángels y adorado de los pastores y reyes. Suplícote intercedas con mi Dios y Señor, que nazca en mi alma por gracia, y me conceda paz y pobreza de espíritu, y piedad para con los pobres. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
 
DÍA QUINTO – 5 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Virgen fue a visitar el lugar del templo donde presentó al Niño Dios el día de su Purificación, y donde le halló después de haberlo perdido, disputando con los doctores de la ley con admirable sabiduría. Y rezar el cántico Nunc dimíttis, o un Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen purísima, ejemplo de humildad y de obediencia! Este cánico te ofrezco en honra de tu Purificación, y del gozo que tuviste cuando después de haber perdido al Niño por tres días le hallaste disputando entre los sabios y le dijiste: «Hijo, ¿por qué lo hiciste así con nosotros? Tu padre y yo con gran dolor te andábamos buscando». Y en memoria de la visita que hiciste a este lugar sagrado, suplícote rueges a tu Santísimo Hijo me conceda perfecta obediencia a sus preceptos, y que dejando el mundo, le busque y le halle por tu intercesión. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
 
DÍA SEXTO – 6 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Virgen fue a visitar el lugar a donde San Juan bautizó a su Hijo Cristo Jesús. Y rezar un Padrenuestro y Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen Santísima, Madre de Dios y Señora mía! Estas oraciones te ofrezco en honra del bautismo que recibió tu Hijo inocentísimo de su precursor San Juan, y en memoria de la visita que hiciste a este lugar sagrado, suplícote, Señora, me alcances aumento de fe y firmeza para creer y confesar los misterios que prometí en el Bautismo defender, hasta dar la vida. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
   
DÍA SÉPTIMO – 8 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la humildísima Virgen fue a visitar el desierto, donde su Hijo ayunó cuarenta días y fue tentado del demonio. Y rezar un Credo.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen Santísima, refugio de los afligidos! Este Credo te ofrezco en honra del ayuno de cuaenta días que ejercitó tu Santísimo Hijo en el desierto, donde fue tentado del demonio. Y en memoria de la visita que hiciste a este sagrado lugar, suplícote me ayudes para vencer las tentaciones del demonio, y para que de tal suerte mortifique mi carne con la abstinencia, que consiga victoria contra sus apetitos y pasiones, y sean puras mis palabras, obras y pensamientos. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
 
DÍA OCTAVO – 8 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la dulcisima Virgen fue a visitar el monte Tabor, donde su Santísimo Hijo se transfiguró. Y rezar un Padrenuestro y Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen purísima, Reina del Cielo! Estas oraciones te ofrezco en honra de la Transfiguración gloriosa de tu Hijo Jesucristo, y en memoria de la visita que hiciste a este lugar sagrado, suplícote, Señora, intercedas con tu Hijo, para que viva de tal suerte en este mundo, que con tu patrocinio merezca verle y gozarle en la Gloria. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
  
DÍA NOVENO – 9 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la piadosísima Virgen fue a visitar el lugar donde su Hijo perdonó a la Magdalena. Y rezar un Padrenuestro y Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen clementísima! Estas oraciones te ofrezco en honra y gloria de tu Hijo Santísimo, que en la casa del fariseo perdonó a la Magdalena sus pecados, y en memoria de la visita que hiciste a este lugar, suplícote, Señora, ruegues por mí y me alcances de tu Hijo lágrimas de verdadera contrición de mis culpas, con que merezca el perdón de ellas. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
   
DÍA DÉCIMO – 10 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo fue la Virgen Santísima a visitar el lugar donde su Hijo resucitó a Lázaro. Y rezar un Padrenuestro y Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen, dignísima Madre de Dios! Estas oraciones te ofrezco en honra y gloria de tu precioso Hijo, y en memoria del milagro que obró en la resurreción de Lázaro, y de la visita que hiciste a este sagrado lugar. Suplícote, Señora, me alcances de tu precioso Hijo, que resuctando yo de la muerte de la culpa, viva siempre a la vida de la gracia. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
   
DÍA UNDÉCIMO – 11 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Virgen fue a visitar el lugar donde su Hijo cenó con sus discípulos, y les dio su Cuerpo y Sangre, y les lavó los pies. Y rezar un Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen Sacratísima! Estas oraciones te ofrezco en la honra del Soberano Sacramento del Altar, y en memoria del ejemplo de humildad que ejercitó Cristo lavando los pies a sus discípulos, y de la visita que hiciste a este sagrado lugar. Suplícote me alcances verdadera humildad, y le des por mí las gracias por el beneficio de este tan alto Sacramento, pidiéndole me dé buena disposición para recibir su Santísimo Cuerpo dignamente y logre los aumentos de la gracia. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
   
DÍA DUODÉCIMO – 12 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la fortísima Virgen María fue a visitar el Huerto, el Calvario donde su Hijo fue crucificado y el Santo Sepulcro, y las angustias que allí. Y rezar tres Padrenuestros y Avemarías.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh fortísima Virgen! Estas oraciones te ofrezco en honra del sudor de sangre que derramó tu Hijo Santísimo en el Huerto, y de las angustias que tuvo cuando fue crucificado en el Monte Calvario, yde los tres días que estuvo sepultado, y de las visitas que hiciste a estos lugaes. Ruégote me alcances de tu Hijo que mis oraciones sean perfectas y conformes, y que en los trabajos y penas de esta vida me resigne en la divina voluntad, muriendo totalmente al mundo, y viviendo solo a Dios. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
  
DÍA DECIMOTERCERO – 13 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Princesa del Cielo visitó el lugar donde se le apareció su Hijo resucitado y glorioso. Y rezar la antífona Regína cœli, lætáre, o un Padrenuestro y Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen humildísima! Estas oraciones te ofrezco en honra de la Resurrección de tu Santísimo Hijo, y del gozo que tuviste de verle resucitado. Y en memoria de la visita que hiciste a este sagrado lugar, suplícote, Señora, me alcances que muriendo al mundo, solo viva para Dios, y que amándole y sirviéndole en esta vida mortal, merezca por tu intercesión, la resurreción a la vida inmortal. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
 
DÍA DECIMOCUARTO – 14 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Santísima Virgen fue a visitar el lugar donde su Hijo subió al Cielo, y allí besó las pisadas que dejó señaladas en la peña. Y rezar un Padrenuestro y Avemaría.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen Gloriosísima! Estas oraciones te ofrezco en honra de la Ascensión gloriosa de tu Hijo Santísimo, cuando subiendo a los Cielos por su propia virtud, dejó estampadas en una peña sus pisadas. Y en memoria de la visita que hiciste a este lugar sagrado, suplícote, Señora, ruegues a tu Santísimo Hijo estampe sus divinas plantas en mi corazón, para que mis deseos y pensamientos sean siempre de cosas del Cielo. Amén.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…
  
DÍA DECIMOQUINTO – 15 DE AGOSTO
Por la señal,…
Oración “Altísimo Señor mío y Dios mío”…
  
Considerar cómo la Maestra de la Iglesia visitó el lugar donde recibió con los Apóstoles la venida del Espíritu Santo, y contemplar que estando en su casa, le fue revelada su muerte sacrosanta, y que oyó una voz de su Hijo, que le dijo: «Ven, Paloma mía, Amiga mía, Esposa mía», y cómo milagrosamente se juntaron a su tránsito los Apóstoles, y animándolos les dio la bendición, y luego dio su alma a Dios que la creó, y quedó su cuerpo más resplandeciente que el sol, el cual sepultaron los Apóstoles, y después de tres días le subieron los Ángeles al Cielo, en donde vive y reina y aboga por sus devotos sin cesar. Y rezar una Salve.
 
OFRECIMIENTO
¡Oh Reina de los Ángeles! Esta Salve te ofrezco en honra de la plenitud de dones y gracias que te comunicó el Espíritu Santo, cuando bajpo en lenguas de fuego sobre tu cabeza y las de los Apóstoles. Y en memoria de la visita que hiciste a este santo lugar, donde diste fin a las visitas de los lugares sagrados en que obró tu Hijo Jesucristo la redención del género humano; alégrome, Señora, de tu glorioso Tránsito a los Cielos, donde estás colocada sobre todas las jerarquías de los Ángeles, abogando por tus devotos que desde la tierra claman y suspiran les ayuden. Amén Jesús.
 
Sigue la Oración “Suplicámoste, Señora”…

viernes, 13 de marzo de 2020

MES DE MARZO EN HONOR A SAN JOSÉ - DÍA DECIMOTERCERO

 
PREPARACIÓN PARA CONSAGRARSE COMO ESCLAVO DE CONFIANZA AL CASTO CORAZÓN DE SAN JOSÉ
   
La verdadera devoción a San José consiste esencialmente en la confianza ilimitada en la intercesión de este Santo Varón, en la imitación de sus virtudes y en el amor filial que se le profese. Ser su devoto quiere decir tratar de amar al Padre Celestial como él lo hizo; y poner la vida, los bienes y todos los actos del día bajo su paternal patrocinio.
  
Los que quieran ser fieles devotos del Padre Protector de la Iglesia, y verdaderos servidores de su culto, deben consagrarse a él como sus esclavos. Pero como se ama lo que se conoce, es fundamental para esta alianza admirarse con su vida a través de la Vida y Mes del glorioso patriarca San José que escribiera el Padre Antonio Casimiro Magnat, incluido a continuación.
   
La esclavitud del santo exige recitar una fórmula que indica la dedicación de la vida entera al servicio de su piedad. Significa alabar al benditísimo Patriarca desde que aparece la primera luz del día hasta que se va al lecho, para lo cual, también el último día de este mes, entregaremos una pequeño Devocionario Josefino con las oraciones del cristiano al amparo de San José.
   
Quienes deseen manifestarse como verdaderos devotos del Castísimo Esposo de Nuestra Santa Madre, deben luchar por ser almas de oración que frecuenten los sacramentos, amantes del silencio, la pureza, modestia y humildad, tener una encendida caridad y una vida que se realice en la laboriosidad y el ocultamiento. Y para alcanzar tan altas aspiraciones, es que a él recurriremos diciendo cada día en el Acordaos: “que nunca se ha oído decir que ninguno de los que ha invocado vuestra protección o implorado vuestros auxilios, hayan quedado sin consuelo”.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Oh, Dios Omnipotente!, arrepentido por las muchas culpas que he cometido contra vuestra divina majestad, vengo a solicitar de vuestra misericordia infinita generoso perdón. Por la valiosa intercesión del Santísimo Patriarca Señor San José os suplico humildemente que me concedáis nuevas gracias para serviros y amaros, a fin de que después de haber combatido denodadamente en esta vida, tenga la dicha de alcanzar el galardón eterno a la hora de la muerte. Así sea.
   
DÍA DÉCIMOTERCERO — 13 DE MARZO
  
CATECISMO DE SAN JOSÉ
16- ¿Cómo fue virginal en la promesa este casamiento?
Puesto que, según nos ha revelado el Espíritu Santo y nos enseña la Iglesia, el casamiento de San José y de María ha sido muy verdadero, se sigue que estos dos Santos esposos se han pertenecido verdaderamente el uno al otro, por consecuencia. María pertenece a José y José a la divina María ¿Pero cómo se han entregado el uno al otro? «Aquí es donde, exclama San Agustín, debemos admirar el triunfo de la pureza, en la certidumbre de este matrimonio. José y María se entregaron mutuamente, es cierto, más se dieron su virginidad, y se concedieron un mutuo derecho de guardársela el uno al otro; luego María tuvo el derecho de guardar la virginidad de José, y José el de guardar la de María: ni el uno ni el otro puede disponer de ella, y toda la virginidad de este casamiento consiste en guardar su santa virginidad: he aquí las promesas que les unieron, he aquí el tratado que les enlazó: son dos virginidades que se enlazan para conservarse mutuamente el uno y el otro por una correspondencia de deseos púdicos». Tal es el nudo de este matrimonio, dice San Agustín, que es tanto más firme cuanto las promesas que en ella se hacen, deben ser más inviolables, porque son más santas.
  
DE LA CONFIANZA QUE DEBEMOS TENER A SAN JOSÉ.
Hemos visto, almas cristianas, en una de las meditaciones precedentes, que el crédito de los santos en el Cielo no era igual para todos; que había entre ellos una gran diferencia, y que esta diferencia procedía de sus diferentes grados de santidad y méritos.
  
Cuanto mayor es la santidad de los bienaventurados, más los ama Dios; y cuanto más los ama, mejor atiende a sus súplicas, a su intercesión.
  
Ahora bien, dirigid una rápida mirada sobre los innumerables bienaventurados de que se compone la corte celestial, y ved si hay uno sólo, después de María, que sea más favorecido por Dios y más poderoso para con él que el glorioso San José. En efecto, él es el escogido de Dios desde la eternidad para jefe de la Santa Familia; él es a quien la gracia ha unido inseparablemente a la adorable persona del Hijo único de Dios y a su santísima Madre.
  
Imposible es reflexionar sobre las relaciones que tuvo José con el Salvador y su santa. Madre, sin quedar convencido de su poder. En efecto, ¿cómo Jesús podría olvidar tantos pasos, tantos desvelos e inquietudes, tantos suspiros, tantas lágrimas, tantos trabajos, tantas fatigas como costó a José? ¿Cómo no se ha de acordar María de que Dios la destinó a José por esposo para que fuera su fiel custodio y para salvar su honor ante los hombres? ¿Echaría en olvido todo lo que hizo para consolarla, para acompañarla, para proporcionarla, la subsistencia? No podemos creerlo; pero si estamos convencidos de que Jesús y María no olvidan lo que José hizo por ellos, debemos estar persuadidos de que cuantas veces este grande y glorioso Patriarca se interese por nosotros, con el Verbo encarnado y su santísima Madre será escuchado.
  
Sí, ¡oh gran San José!, vos sois el primero entre todos los favorecidos de Dios, poseéis su Corazón, tenéis libre acceso hasta él, habéis sido su director y guía fiel, y ahora sois su mejor y más querido amigo.
  
El Hijo de Dios, nos dice Santa Teresa, jamás negó cosa alguna a San José mientras vivió bajo su dependencia. Mucho menos se lo negará ahora, que reina a la derecha de su Padre! ¿Es creíble que le ame menos en el cielo que le amaba en la tierra? No, seguramente; si lo escogió durante los días de su vida mortal como su más querido favorito, para estar siempre junto a su persona, a fin de recibir todos los servicios que necesitaba y para darle en todo muestras del amor más tierno y más correspondido, ¿es posible que no continúe este mismo favor, ahora que reina entre los esplendores de los santos? ¿Y qué ha hecho este santo Patriarca para no merecer ya la gracia de ser el primer ministro de Dios en el cielo como lo fue en la tierra? ¡Oh! creamos, por el contrario, y creámoslo firmemente, que Jesús le concede los mismos privilegios al tenerle más cerca de su divinidad que a los demás bienaventurados, sin negarle nada de lo que desea. Es muy cierto que San José goza de un gran crédito para con Dios. ¿Cuál es, en efecto, el príncipe sabio y generoso que no se manifiesta más sensible a las peticiones de su padre que a las súplicas de todos los servidores que componen su corte y su reino?
  
San Antonio da otras razones más. El poder de una persona, nos dice este gran doctor, procede de la naturaleza, de la gracia y del mérito. La naturaleza hace a un padre poderoso en el corazón de su hijo; el mérito hace influyente a un servidor para con su amo, cuando aquel le ha prestado grandes servicios. Ahora bien; ¿qué criatura tiene relaciones más estrechas con Jesús y María, que José que es padre del uno y casto esposo de la otra? ¿Quién podrá ser más agradable a Dios que este gran santo, cuya angelical pureza no ha sido manchada jamás por el hálito de las pasiones y que durante treinta años ejerció todas las obras de misericordia sobre su adorable persona con un celo tan ardiente, con tan profunda humildad y con una fidelidad tan inviolable? Y si está escrito, dice San Bernardo, que el Señor hace la voluntad de los que le temen, ¿cómo se negaría a hacer la de San José que tanto tiempo le alimentó con el sudor de su frente? «Debemos estar muy persuadidos; nos dice San Alfonso Ligorio, que Dios, en consideración a los méritos de San José, nunca le negará una gracia que le pida en favor de los que le veneran».
  
¡Ah!, si según el testimonio de Jesucristo mismo todo lo alcanza el que le tiene alguna fe, no debemos creer sin temor de engañaros, que san José es omnipotente en el cielo, él que ha tenido más fe que Abraham y los apóstoles, y más caridad que los serafines y querubines.
  
Algunos santos, dice el doctor Angélico, han recibido de Dios el poder de asistirnos en las necesidades particulares, pero el crédito de san José es ilimitado, se extiende a todas nuestras necesidades, y todos los que le invocan con confianza están seguros de ser prontamente oídos. Es cierto que los demás santos gozan de un gran crédito en el cielo, pero ellos interceden suplicando como servidores y no mandando como señores. Pero José, que ha visto a Jesús sometido a su autoridad, obtiene todo lo que quiere del su hijo, y, como dice el sabio Gerson, ordena más que manda, non ímpetrat sed ímperat. Jesús, dice San Bernardino de Siena, quiere continuar dando en el Cielo a San José pruebas de su obediencia filial, atendiendo a todos sus deseos: Dum pater erat natum velut impérium reputátur.

He descubierto, dice la venerable María de Ágreda, que el Altísimo ha concedido a San José por su gran santidad, diferentes privilegios en favor de los que le invocaban con fervor. El primero es obtener la virtud de la caridad, vencer las tentaciones de la carne y de los sentidos. El segundo, para recibir poderosos auxilios a fin de recupera la gracia con Dios cuando se ha tenido la desgracia de ofenderle. El tercero, para adquirir por su mediación una verdadera devoción a María y disponerse para recibir sus gracias. El cuarto, para merecer una santa muerte y una asistencia especial contra el demonio en esta última hora. El quinto, para gozar de la salud corporal y tener consuelo en las Dios concede todos los favores a los que se los piden como se debe, en nombre de San José, esposo de la Reina del Cielo. Suplico encarecidamente a todos los fieles, continúa María de Ágreda, que tengan una grande adhesión a este gran santo y crean, sin dudar, que obtendrán los maravillosos efectos de su protección, si se hacen dignos de ella por su confianza y por su piedad.
  
Venid, pues, almas cristianas, venid a imitación de los santos y a pesar de todas vuestras miserias y de todas vuestras imperfecciones, venid, dirigíos a San José con confianza y pedid a Dios por su mediación todas las gracias de que necesitéis: gracia de conversión, gracia de renovación espiritual, gracia de una buena muerte. Cuando oprimidos por el hambre, se dirigieron al rey de Egipto para tener trigo, aquel príncipe les enviaba a José, a quien había hecho el árbitro de todas las riquezas de su reino. También es a José, su primer ministro, a quien nos dirige el Salvador, para obtener con más seguridad, por su mediación las gracias que necesitamos. Ite ad Joseph. Acerquémonos a él con la esperanza de conseguirlo que le pidamos; es el favorecido del Rey del cielo, al que debemos complacer si queremos ser bien acogidos por La Divina Majestad. Sí, al padre es a quien debemos tener propicio para poder conseguir algún favor del Hijo; es el mayordomo de la casa, que debe presentar nuestras súplicas y hacerlas agradables al Señor; este es el mejor y más caritativo abogado que podríamos emplear después de su esposa, para defender nuestra causa ante Jesucristo, a fin de reconciliaros con Él y volver a su gracia hasta dar el último suspiro. ¡Oh bienaventurado San José, nuestro protector y nuestro padre! Usad de vuestro ilimitado poder en favor de los hombres vuestros siervos, vuestros hermanos y vuestros hijos. Alcanzadnos un puesto en el Corazón de Jesús; admitidnos entre sus favoritos; ayudadnos en el asunto tan importante de nuestra salvación, a fin de que merezcamos habitar un día con vos en los tabernáculos del Señor y durante toda la eternidad.
 
COLOQUIO
SAN JOSÉ: Acabas de meditar, hija mía, sobre los motivos que pueden invitar a los cristianos a que tengan una grande confianza en mí, y veo con mucho gusto los sentimientos que ha excitado en ti esta lectura. Sí, hija mía, puedo decirlo, no hay ninguno que acudiendo a mí, haya sido desatendido. Yo amo a los hombres, ya te lo tengo dicho, y es mi mayor deseo el favorecerlos, y todo el que acuda a mí, puede contar con que será benignamente acogido y experimentará los beneficios de mi protección. Claramente conozco que deseas tener en mí en adelante mayores confianzas y me place. Pero hija mía, procura que esta confianza no te engañe, pues aun cuando yo puedo hacer mucho por ti, sin embargo, de mí todo no depende. Es preciso, entiéndelo bien, que tú estés, siempre en vigilancia. Has alcanzado el perdón de tus pecados; has obtenido la gracia de Dios, y logrado que la paz sea contigo: no obstante, persuádete que el demonio, celoso por recobrar su presa, te pondrá asechanzas en las cuales infaliblemente sucumbirás, si no pones los mayores cuidados en mirar por ti. ¡Oh! qué desgracia para ti si volvieras a caer de nuevo bajo la esclavitud del demonio.
  
EL ALMA: ¡Ah! Padre mío, me aterra la consideración de esta desgracia; mas de qué modo podré yo vivir en esta tan continua vigilancia; esto me es imposible. Pero yo prometo, si pecare, de nuevo, apresurarme a acudirá la confesión para remediar esta desventura.
  
SAN JOSÉ: Y he aquí, hija mía, el primer ardid del tentador. Sí, él principiará para disimularte el vicio con apariencias seductoras que calmen los escrúpulos de tu conciencia, y te mostrará un remedio que a primera vista te parecerá cómodo, mas para hacer una buena confesión que te ponga en estado de gracia para con Dios, son necesarias disposiciones que Él sólo puede darte: ¿y crees tú que el mejor medio de obtenerla será el ofenderle con propósito deliberado? De ningún modo. A muchas almas ha precipitado el demonio en el Infierno, lisonjeándolas con la facilidad de la conversión; no aumentes tú el número de estas desgraciadas; resiste con energía, pelea valerosamente, y no dudes que obtendrás la victoria.
 
EL ALMA: Pero si la pasión es muy fuerte, yo no podré resistir hasta el fin, Padre mío, y entonces sucumbiré.
  
SAN JOSÉ: Ese es el segundo lazo del demonio, que quiere persuadirte, hija mía, de que te es imposible resistirá la tentación, desprecia sus sugestiones, y sabe que Dios es fiel, como dice el apóstol, y no permitirá que seas tentada más de lo que permitan tus fuerzas. (Corint. X, 13). Y si ahora te muestras débil contra la tentación, ¿serás acaso más fuerte cuando el pecado se apodere de tu alma? ¿Esperarías a que el fuego tomase todo su incremento para apagarlo? Sin duda alguna que en el instante empezarías a obrar y a pedir el auxilio de los demás. Pues del mismo modo, hija mía, llama a Dios en tu ayuda, no te detengas un momento. Ruega y combate, y así estarás más segura de sus asistencia que después de haberte abandonado cobardemente.
  
EL ALMA: Pero también es cierto, Padre mío, que Dios acoge al pecador; porque no en vano se llama el Dios de las misericordias.
  
SAN JOSÉ: Ahí tienes, hija mía, el tercer lazo que el demonio tiende a todos los pecadores, y que ha aumentado considerablemente el número de ellos. Más pecadores envía al Infierno el pensamiento de la misericordia de Dios que su justicia, porque confiando con temeridad en esta divina misericordia, continúan pecando, y se pierden para siempre. Indudablemente, Dios es misericordioso, pero a sólo con aquellos que habiéndole ofendido se arrepienten y tiemblan con la sola idea de recaer en su pecado. La misericordia se extiende de edad en edad para aquellos que le temen, dice María en su admirable cántico, y así es en efecto; pero también hace brillar la severidad de su justicia en aquellos que abusan de su misericordia para ofenderle con más libertad.
 
EL ALMA: Pero, ¡oh Padre mío!, tantas veces me ha perdonado ya Dios, que estoy segura de encontrar siempre en él la misma indulgencia.
  
SAN JOSÉ: Ese es precisamente el cuarto lazo que te arma el tentador: «yo he pecado y no me resulta mal alguno». Es verdad que Dios es paciente, porque se reserva la eternidad para castigar; pero has de considerar que esta condal que usa contigo, tendrá su término; y si confías en esta misma hondad para ofenderle más libremente, esta disposición de tu alma será una monstruosa ingratitud.
  
EL ALMA: Pero todavía soy joven, Padre mío; ya vendrá tiempo en que pueda enteramente dedicarme a Dios.
  
SAN JOSÉ: Aquí tienes el quinto lazo. ¿No sabes, hija mía, que Dios no tiene cuenta con el número de años, sino más bien con los pecados de que cada uno se hace culpable? Es verdad que eres joven; pero, ¿cuántos ancianos habrá que no hayan cometido ni una cuarta parte de los pecados que manchan tu conciencia? ¡Ah, hija mía! Dios es justo, y cuando el pecador llega a cometer cierto número de pecados graves, entonces le hiere de muerte, o bien le castiga más terriblemente retirando de él todas sus gracias. Para no verte en semejante situación, ármate de todo tu valor, hija mía, y sobre todo implora el auxilio de María, que es la fortaleza de los débiles y el refugio de todos los pecadores.
  
EL ALMA: Rendidamente os doy gracias, ¡oh mi glorioso Padre!, por los saludables consejos que acabáis de darme. ¡Oh, sí! Yo os prometo que tendré suma vigilancia sobre mí misma, para no caer de nuevo en los lazos del demonio: pero venid también vos en mi ayuda, y suplicad a María que me defienda de todo peligro y me encadene con dulces lazos, a fin de que yo no me separe de los caminos del Señor, y sea ella quien me fortalezca contra los ataques del demonio.
   
RESOLUCIÓN: Tener una gran confianza en San José y recurrirá él en todas nuestras necesidades, a fin de que se interese por nosotros cerca de Dios. No olvidar jamás que el demonio ronda incesantemente alrededor de nosotros para hacernos caer en sus lazos.
   
LETANÍAS DE SAN JOSÉ.
  
Señor, tened piedad de nosotros.
Jesucristo, tened piedad de nosotros.
Señor, tened piedad de nosotros.
  
Jesús, óyenos.
Jesús, acoge nuestras súplicas.
  
Padre celestial, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Hijo redentor del mundo, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Espíritu Santo, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, tened piedad de nosotros.
   
Santa María, Madre de Dios, Esposa de San José, ruega por nosotros.
San José, nutricio del Verbo encarnado, ruega por nosotros.
San José, coadjutor del gran consejo, ruega por nosotros.
San José, hombre según el corazón de Dios, ruega por nosotros.
San José, fiel y prudente servidor, ruega por nosotros.
San José, custodio de la virginidad de María, ruega por nosotros.
San José, dotado de gracias superiores, ruega por nosotros.
San José, purísimo en virginidad, ruega por nosotros.
San José, profundísimo en humildad, ruega por nosotros.
San José, altísimo en contemplación, ruega por nosotros.
San José, ardientísimo en caridad, ruega por nosotros.
San José, que habéis sido declarado justo por el Espíritu Santo, ruega por nosotros.
San José, que fuisteis instruido divinamente en el misterio de la Encarnación, ruega por nosotros.
San José, que tuvísteis bajo vuestra protección y vuestra obediencia al Señor de los señores, ruega por nosotros.
San José, que tuvísteis durante tantos años la vida del mismo Dios por regla de la vuestra, ruega por nosotros.
San José, que vísteis con María, en las acciones de Jesús, tantos secretos ignorados de los duros hombres, ruega por nosotros.
San José, fidelísimo imitador del gran silencio de Jesús y María, ruega por nosotros.
San José, que fuísteis ignorado de los hombres y conocido sólo de Dios, ruega por nosotros.
San José, que ocupáis el primer puesto entre los Patriarcas, ruega por nosotros.
San José, que habeis muerto santamente en los brazos de Jesús y de María, ruega por nosotros.
San José, que anunciásteis la venida de Cristo a los limbos, ruega por nosotros.
San José, a quien se cree resucitado con Jesucristo, ruega por nosotros.
San José, que habeis sido recompensado en el Cielo con una gloria especialísima, ruega por nosotros.
San José, padre y consolador de los afligidos, ruega por nosotros.
San José, protector de los pecadores arrepentidos, ruega por nosotros.
San José, poderosísimo para socorrernos en los peligros de la vida y en la hora de la muerte, ruega por nosotros.
  
Por vuestra infancia, escúchanos Jesús.
  
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, acoge nuestros ruegos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

℣. Ruega por nosotros, bienaventurado San José.
℞. A fin de que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

ORACION
¡Oh Dios! cuya bondad y sabiduría son infinitas, y que al elevar al justo José a la dignidad de esposo de María, le dísteis los derechos y autoridad de padre sobre vuestro único Hijo, haced que, imitando el respeto, la sumision y el cariño que el mismo Jesucristo y su santísima Madre tuvieron a este gran Santo, le veneremos tambíen con piedad filial, a fin de obtener por su intercesion, la gracia de amaros y serviros en este mundo, en espíritu y verdad, para tener la dicha de poseeros.

¡Jesús, María y José, os doy mi corazón, mi espíritu y mi vida!
¡Jesús, María y José, asistidme en vida y en mi última agonía!
¡Jesús, María y José, haced que expire en vuestra compañía! (Cien días de indulgencias cada vez que se recite cada una de estas invocaciones. Pío VII, 28 de abril de 1803).
   
MEMORÁRE
Acordaos, ¡oh castísimo esposo de la Virgen María, San José, mi amable protector!, que nunca se ha oído decir que ninguno de los que ha invocado vuestra protección o implorado vuestros auxilios, hayan quedado  sin consuelo. Lleno de confianza en vuestro poder, llego a vuestra presencia, y me recomiendo con fervor. ¡Ah! No desdeñéis mis oraciones, oh vos, que ha­béis sido llamado padre del Redentor, sino escu­chadlas con benevolencia, y dignaos recibirlas favo­rablemente. Así sea. (Trescientos días de indulgencias, una vez por día, apli­cables a los difuntos. Breve de Nuestro Santo Padre el Papa León XIII).