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jueves, 31 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA TRIGÉSIMOPRIMERO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA TRIGÉSIMOPRIMERO – DEVOCIÓN A LOS SANTOS ÁNGELES
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que habiendo llegado ya al término de este felicísimo mes consagrado al culto de los Santos Ángeles, nada será más grato ni más tierno a nuestros corazones que formar los más firmes propósitos de honrar y de imitar durante nuestra vida a estos espíritus celestiales. El cuadro, aunque mal trazado, de las grandezas angélicas, que se ha desplegado a nuestra vista en el curso de estas meditaciones, habrá llenado sin duda de admiración y religioso respeto nuestras almas; pero es necesario que esta admiración y este respeto no sean estériles; es preciso que saquemos algún fruto de todos estos estudios, y éste no puede ser otro que una devoción tierna y sincera a los santos Ángeles y un vehemente deseo de imitar en todas nuestras acciones su ejemplar vida y virtudes. Por la devoción tributamos a los Ángeles los homenajes de nuestro amor y reconocimiento a su benevolencia, por tantos beneficios como nos dispensan. Por la imitación de su vida en el ejercicio de las virtudes angélicas de la pureza, humildad, obediencia y caridad, nos hacemos a ellos semejantes en la santidad, cumpliéndose de este modo el plan divino, que exige que los hombres y los Ángeles no compongan más que una sola Iglesia, un solo pueblo cuya ley inmutable sea la caridad, lazo de unión entre todos los seres inteligentes, cuyo Príncipe sea Nuestro Señor Jesucristo. La tierra ha roto la unidad de esta Iglesia, de este pueblo; y Dios ha querido que el Cielo baje a la tierra a restablecer esta unidad, esta armonía, este concierto universal. La tierra ya no es enemiga del Cielo, ni el Cielo es tampoco contrario a la tierra: el tránsito de la una al otro está todo lleno de espíritus bienaventurados, cuya caridad oficiosa mantiene una perfecta comunicación entre este lugar de peregrinación y nuestra patria celestial.
 
PUNTO 2º. Considera que el mejor modo de honrar a los Ángeles, especialmente a nuestros Ángeles custodios, es imitarles, y como sólo se imita lo que se encuentra justo y perfecto; imitando a nuestros Ángeles, proclamamos con nuestra conducta su excelencia, su bondad y sus perfecciones. Así como ellos nos guardan de todo mal y nos dirigen por el camino del Cielo; así también nosotros debemos guardar y guiar por el camino de la salvación eterna a todos aquellos de nuestros hermanos, sobre quienes tenemos alguna influencia o están bajo nuestra tutela y cuidado. Así como los Ángeles siempre tienen sus miradas fijas en Dios, como nos lo ha dicho por estas palabras: «Contemplan sin cesar la cara del Padre celestial»; así también nosotros debemos tener sin cesar nuestros pensamientos y nuestros corazones vueltos hacia Dios. Los Ángeles están pendientes de los labios del Señor para escuchar sus mandatos y ejecutarlos en el acto; también nosotros debemos estar constantemente atentos a la voluntad de Dios para cumplirla. Por último, correspondamos, como estamos estrechamente obligados, a todas sus finezas: nuestros Ángeles nos aman, amémosles; nos hacen el bien, testifiquémosles nuestro reconocimiento; nos sugieren consejos útiles para nuestra salvación, escuchémosles. Fieles a su amistad, dóciles a su voz, atentos a hacer todo lo que ellos hacen, llevaremos en este valle de lágrimas una vida completamente angélica, prenda segura de la bienaventuranza eterna, en la cual ellos nos introducirán después de la muerte. Así sea.
    
JACULATORIA
Ángeles del Cielo, alcanzadnos con vuestras poderosas súplicas, la gracia de la perseverancia final.
    
PRÁCTICA
Extended por todas partes la devoción y culto de los santos Ángeles, hoy por desgracia muy olvidados aún entre las personas piadosas. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con el siguiente:
  
ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SANTO ÁNGEL DE LA GUARDA
Fidelísimo Ángel de mi guarda, a quien la amorosa Providencia de Dios ha constituido mi protector y mi guía, desde el primer instante en que vi la luz por vez primer a hasta el momento en que el soplo helado de la muerte cierre mis ojos para siempre a los falsos esplendores de este mundo; delante de Jesucristo, mi amable Redentor, de María Santísima y de los santos, y en presencia de toda la corte celestial; yo os elijo en este día para que seáis mi especial abogado cerca de la Justicia divina y mi celoso defensor en los rudos combates de esta vida. Desde hoy pongo en vuestras manos mi cuerpo con todos sus sentidos, y mi alma con todas sus potencias y facultades, para que os dignéis gobernarlos y dirigirlos al único y supremo Bien infinito, fuente de todo consuelo y de toda felicidad, perdonad que no haya sabido corresponder hasta el presente a vuestros tiernos cuidados, pero yo os prometo para de aquí en adelante, ayudado con los auxilios de la gracia, seguir fielmente todos vuestros consejos, y obedecer las órdenes que Dios me comunique por vuestro ministerio: acoged, por tanto, bondadoso, estas mis resoluciones y continuad dispensándome vuestros favores, sobre todo, apartándome del pecado y haciendo que no viva ni respire sino para Dios en esta vida y después tenga la dicha inefable de alabar y bendecir por toda la eternidad su santo nombre en unión de toda la Milicia Angélica. Amén.
 
EJEMPLO
«Para celebrar la Santísima Virgen las excelencias y santidad de la naturaleza Angélica, refiere Sor María de Jesús de Ágreda en su Mística Ciudad de Dios, que «se preparaba algunos días con los ejercicios de otras fiestas; y con nuevos cánticos de gloria y loores, recopilando en ellos la obra de la creación de estos espíritus divinos, y más la de su justificación y glorificación, con todos los misterios y secretos, que de todos y de cada uno de ellos conocía, llegando el día que tenía destinado, los convidaba a todos y descendían muchos millares de las órdenes y coros celestiales, y se le manifestaban con admirable gloria y hermosura en su oratorio. Luego se formaban dos coros, en el uno estaba nuestra Reina, y en el otro todos los espíritus soberanos; y alternando como a versos, comenzaba la gran Señora y respondían los Ángeles con celestial armonía por todo lo que duraba aquel día. Y si fuera posible manifestar al mundo los cánticos misteriosos que en estos días formaban María Santísima y los Ángeles, sin duda fuera una de las grandes maravillas del Señor y asombro de todos los mortales. No hallo yo términos, ni tengo tiempo para declarar lo poco que de este sacramento he conocido: porque en primer lugar alababan al Ser de Dios en sí mismo, en todas sus perfecciones y atributos que conocían. Luego la gran Reina le bendecía y engrandecía por lo que su Majestad, Sabiduría y Omnipotencia se había manifestado en haber criado tantas y tan hermosas sustancias espirituales y angélicas, y por haberlas favorecido con tantos dones de naturaleza y gracia; y por sus ministerios, ejercicios y obsequio en cumplir la voluntad de Dios, y en asistir y gobernar á los hombres y á toda inferior y visible naturaleza. A estas alabanzas respondían los Ángeles con el retorno y desempeño de aquella deuda, y todos cantaban al Omnipotente admirables loores y alabanzas, porque había criado y elegido para madre suya a una Virgen tan pura tan Santa y digna de sus mayores dones y favores; y porque la había levantado sobre todas las criaturas en santidad y gloria; y la había dado el dominio e imperio, para que todas la sirviesen, adorasen y predicasen por digna Madre de Dios y restauradora del linaje humano. De esta manera venía a ser este día de admirable júbilo y dulzura para la gran Señora y gozo accidental de los Ángeles» (Obra citada, tercera parte, lib. VIII, cap. XVI, números 688 y 689).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

miércoles, 30 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA TRIGÉSIMO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA TRIGÉSIMO – SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que reconociendo la Iglesia el poder, la excelencia y superioridad de San Miguel sobre todos los demás Ángeles, no ha vacilado en declararlo su Patrón y custodio, encomendando a su vigilancia y cuidado a todos los fieles que constituyen la misma Iglesia. Las funciones que este esclarecido Arcángel ejerce no pueden ser más importantes, pues según muchos santos Padres y autores piadosos, él vela incesantemente por la conservación del Sumo Pontífice; combate contra los enemigos invisibles de la Iglesia; designa los Ángeles custodios que han de cuidar de las almas; defiende a la Religión de los lazos que la tienden los herejes, protestantes, infieles e impíos; él está encargado de presentar nuestras almas ante el terrible tribunal de la divina justicia en la hora de nuestra muerte; él es, finalmente, el que hará resonar la trompeta en el Juicio universal, mandando legiones de Ángeles por las cuatro partes del mundo a recoger las cenizas de los muertos para darles animación y vida. ¡Qué funciones tan augustas y elevadas, dignas sólo del primer ministro de la Omnipotencia soberana, del Príncipe de la Iglesia Católica!
    
PUNTO 2º. Considera que no en vano la Santa Iglesia ha elegido a San Miguel para su patrono, pues que este poderosísimo Arcángel en todos tiempos y en todas partes ha dado muestras inequívocas del celo que le anima por el bien de la Iglesia. Entre innumerables rasgos de protección que pudieran citarse, bastará mencionar uno que por su trascendental importancia vale por muchos y da ha conocer claramente cuánto se interesa nuestro amado Príncipe por el buen nombre y prosperidad de la Iglesia que tiene bajo su custodia. Cuando padecía la Iglesia grandes trabajos en el pontificado de Pelagio, clamaban los celosos Prelados a Dios por que se apiadase de su querida esposa la Iglesia y remediase los daños que padecía. Se apareció entonces Sr. San Miguel a los afligidos Prelados, consolándolos y prometiéndoles que, en breve, después de la muerte de Pelagio, tendrían un sucesor que remediara las necesidades comunes que padecía, lo que a la letra se realizó. Nuestro Arcángel no sólo es custodio fidelísimo de la Iglesia en general y de todas las almas, en cuanto que las cuida a todas y procura libertarlas de las garras infernales, sino que también es protector especialísimo de aquellas que le aman y le sirven de veras siendo sus más fervientes devotas, a quienes en premio de su amor y fervor les ha revelado muchas veces el día de su muerte, gracia singular con que han sabido prepararse para la salida de este mundo. Al Abad Capracio se apareció y le dijo que dentro de dos días había de morirse, que se dispusiese. A San Wilfrido estando muriéndose le vino a visitar este Príncipe vestido de una estola blanquísima y le concedió salud milagrosa, advirtiéndole que después de cuatro años había de morir, que para entonces volvería a visitarle El emperador Otón segundo, supo de la boca de nuestro Ángel, cuando fue a visitarle a Gárgano, cuándo había de morir. En fin, son innumerables los prodigios que se refiere ha obrado este Santo Arcángel en favor de sus devotos: seámoslo, pues, todos muy de veras, para que nos asista durante la presente vida y sobre todo en el más terrible de los trances, en el de la muerte.
    
JACULATORIA
Ángel de Dios, que sois custodio de la Santa Iglesia, defendedla y protegedla siempre.
    
PRÁCTICA
Cada vez que oigáis la santa Misa, rezad juntamente con el sacerdote la oración a San Miguel que se acostumbra a rezar después de las Ave Marías, concluida la Misa. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Soberano Príncipe de la Milicia angélica, protector poderoso de la Iglesia Católica, Patrón universal de todos los fieles, glorioso San Miguel, dirigid una mirada compasiva hacia esta porción del rebaño de Jesucristo, alejando de ella a todos sus formidables enemigos, así como alejasteis del Cielo a los ángeles rebeldes; confirmad en la fe de sus mayores a todo el pueblo cristiano, y haced que brille para la Religión y la Patria el día feliz del triunfo y de la gloria. Amén.
 
EJEMPLO
Refiere Fr. Joaquín de San Miguel Zapata en la novena que escribió dedicada a San Miguel Arcángel el siguiente caso: «Caminaba el Arzobispo Dn. Lope Fernández de Luna a visitar la imagen milagrosa de la Sierra, en compañía de un capellán suyo, cuando a deshora, antes de llegar a un pinar, camino de Villarroya, oyó una voz triste que lastimosamente se quejaba, y creyendo era ilusión, no puso atención: repitió la voz, y preguntando a su capellán si había oídola, respondió que una voz lamentable era la que había percibido. Asegurado el buen Prelado, le dijo que le siguiese. Caminaron e internando el bosque, vieron, no sin admiración grande y asombro, una cabeza separada de un cadáver que distaba algunos pasos de ella, la cual daba saltos; pero más se admiró, cuando en voz alta habló de esta suerte: “Arzobispo Lope, confesión”: y acercándose el vigilantísimo pastor a la cabeza, atendió a su confesión: y después de haberle referido sus culpas y ser absuelto de ellas dijo “que la causa de haberle favorecido el Cielo con el confesor que pedía, había sido por la devoción que en vida tuvo al Arcángel San Miguel, al cual se había encomendado fervorosamente cuando una cuadrilla de enemigos suyos le habían herido de la manera que le hallaban, conservándole milagrosamente en la cabeza su vida; y que el santo Arcángel le ofreció su asistencia hasta que se confesase”; y dicho esto, le faltó el aliento vital y murió».
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

martes, 29 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMONOVENO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMONOVENO – SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PRÍNCIPE DE LA MILICIA CELESTIAL
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que si la excelencia y perfecciones del último de los Ángeles exceden la capacidad y alcances de nuestras pobres inteligencias; con mayor razón superan la fuerza de nuestros entendimientos la excelencia y perfecciones del primero y más encumbrado de los Ángeles. En el orden de la creación, es una ley constante e invariable que los seres superiores en cada género contengan de un modo eminente en su naturaleza todas las perfecciones y propiedades de sus inferiores, así vemos, por ejemplo, que el hombre contiene en sí cuantas perfecciones se encierran en los reinos mineral, vegetal y animal, además de las propias que lo diferencian de estos mismos. Ahora bien, ya hemos considerado con el profeta Daniel cuán asombroso es el número de los cortesanos de Dios, y con Santo Tomás hemos visto que de esta inmensa muchedumbre no hay ni siquiera dos Ángeles iguales que sean de una misma especie; pues que cada uno es por sí de una naturaleza diversa de la de los demás y hasta cierto modo infinita, porque agota todo el ser de la especie que lo constituye, de tal manera que nada hay ni puede haber fuera de él, que sea de esta misma especie. El Arcángel San Miguel es el Jefe de la milicia celestial, es, por decirlo así, el primero y el caudillo de esta gran república: «Míchaël et Ángeli ejus»: dice San Juan, «Miguel y sus Ángeles», como si dijera: el Rey y sus vasallos, el general y sus soldados. Reflexionemos ahora cuántos espíritus hay en cada jerarquía, en cada orden de estas tropas angélicas, todos diferentes unos de otros, constituyendo desde el último hasta el primero una serie numerosísima de grados de ser y de perfecciones cada vez más crecientes, más grandes y sublimes a medida que se acercan a nuestro Arcángel San Miguel, jefe o príncipe de todos ellos, el cual, por consiguiente, contiene en sí de un modo eminentísimo todos los atributos, excelencias y perfecciones de los Ángeles, Arcángeles, Principados, Potestades, Virtudes, Dominaciones, Tronos, Querubines y Serafines. Si, pues, el último de los Ángeles está tan elevado sobre nuestro conocimiento que no encontramos nombre que pueda expresar su naturaleza, ¿qué nombre podremos dar a este gran príncipe que está más arriba del común de todos los Ángeles, como éstos están más arriba de todos los hombres, y los hombres sobre todos los seres corpóreos? No hay, pues, nombre que exprese su excelente y sublime naturaleza; y sin embargo, él tiene un nombre que ha adquirido por la más santa, más heroica y meritoria de las acciones: esto es, lo que meditaremos en el siguiente punto.
    
PUNTO 2º. Considera que complaciéndose Dios en ser servido, honrado y glorificado el primero; exige siempre de sus criaturas los primeros actos, los primeros movimientos, los primeros frutos, las primicias de todas las cosas. El Arcángel San Miguel entre todas las criaturas, ha sido el primero que ha correspondido a esta voluntad soberana de Dios, porque él ha consagrado el primero a su Creador, el primer uso de su ser, el primer pensamiento de su espíritu, el primer esfuerzo de su voluntad y la primera efusión de su amor; pues en el primer instante de su creación, antes de contemplar a Dios con visión intuitiva, antes de que esta Majestad infinita se le descubriese en toda su grandeza y hermosura; Miguel la ha adorado perfectamente, le ha rendido el homenaje de sus perfecciones le ha dado gracias por los beneficios recibidos, y se ha abismado y anonadado en su Presencia, reconociendo su excelencia y soberanía con una sumisión profundísima. Miguel es la primera criatura del Cielo y de la tierra que ha combatido por la gloria de Dios: queriendo el Ángel rebelde igualarse a la Divinidad, Miguel se ha opuesto el primero a su soberbia, haciendo resonar por todo el empíreo estas sublimes palabras: «¿Quién como Dios? ¿Quis ut Deus?», como si dijera: «¿quién eres tú, Lucifer, quién soy yo y quiénes somos nosotros para ser comparados con Dios?». En estas breves palabras ha dado este espíritu bienaventurado la mayor alabanza el mayor honor que se pueden tributar a Dios En efecto, exclamar: «¿Quién como Dios?» es lo mismo que elogiar y ensalzar todo sus atributos y perfecciones, y no como quiera sino con una concisión y eminencia infinitas. «¿Quién como Dios?» es lo mismo que decir «¿quién hay grande como Dios? ¿Quién poderoso como Dios? ¿Quién es sabio, santo, infinito, incomprensible como Dios? ¿Quis ut Deus? ¿Quién fue, quién es, quién será, quién puede ser como Dios? Todo lo que ha sido, es, será o pueda ser, es nada delante de Dios». Las palabras del Profeta no son sino el eco de las del glorioso Arcángel San Miguel: «Todas las naciones como si nada fueran, así son delante de Dios, Omnes gentes quási non sint, sic sunt coram eo». ¡Qué tesoro, qué océano, qué abismo de gracias no habrá recibido este Ángel como premio debido al acto más heroico de humildad y abatimiento, que, con excepción de la Santísima Virgen, jamás ha sido practicado por criatura alguna! Seamos, por tanto, fieles devotos de este esclarecido Príncipe, cuyo poder es inmenso contra las potestades infernales, sobre todo en la hora de la muerte.
    
JACULATORIA
Príncipe de los Príncipes Angélicos, que os halláis tan cerca de la Majestad infinita, interceded por nosotros para que nos acerquemos a Dios por la práctica de las buenas obras.
    
PRÁCTICA
Invocad en todas las tentaciones de soberbia y vanidad el santo nombre de San Miguel, cuyo poder es de grande eficacia para vencerlas. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Glorioso Príncipe de la milicia celestial, en cuyo ser resplandecen con vivos fulgores de un modo inefable todas las bellezas y perfecciones juntas de los demás espíritus bienaventurados, vos que tenéis un nombre que encierra la mayor alabanza que puede tributarse al Altísimo, y que es al mismo tiempo el terror y espanto de las potestades infernales; os suplicamos nos alcancéis por vuestro poderoso valimiento, que brille en nosotros la hermosura de la gracia por la práctica de las virtudes, y huyan para siempre de nuestro lado los espíritus malignos que trabajan sin cesar en perderno. Amén.
 
EJEMPLO
A fines del siglo V, apacentaba su ganado un pastor sobre la cima del monte Gárgano, en el reino de Nápoles. Un día se desmandó un novillo y se introdujo en una cueva, el pastor para obligarle a que saliese de allí, le disparó una flecha, la cual retrocediendo con la misma violencia con que había sido disparada, hirió al pastor; quedaron sorprendidos todos los circunstantes a vista de tan asombroso suceso, cuya noticia llegó en breve a la ciudad de Siponto situada a la falda del monte. Informado el Obispo, creyó desde luego que en aquel milagro se ocultaba algún misterio, y para conocer lo que Dios quería dar a entender por aquel prodigio; ordenó un ayuno de tres días exhortando a los fieles a que uniesen la oración al ayuno, pidiendo a Dios se dignase descubrir su voluntad. Oyó el Señor las oraciones del Santo Obispo. Al cabo de los tres días, se le apareció San Miguel y le declaró ser la voluntad de Dios, que el Ángel tutelar de su Iglesia, es decir, el mismo San Miguel, fuese singularmente reverenciado en el mismo sitio donde acababa de suceder aquella maravilla para encender y animar la devoción y confianza de los fieles, experimentando particularmente en aquel lugar, los dulces efectos de su poderosa protección. Penetrado el Obispo de los más vivos sentimientos de reconocimiento y piedad, reunió al clero y al pueblo, les declaró la visión que había tenido, y fue procesionalmente con todos al paraje mencionado. Encontraron en una cueva bastante capaz en forma de templo; erigieron un altar en que celebró el Señor Obispo el santo sacrificio de la Misa. Después se hizo la dedicación de la Iglesia con la mayor solemnidad, siendo desde entonces aquel santuario el lugar en que ha desplegado todo su amor y protección a los fieles, el glorioso Arcángel San Miguel.
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

domingo, 27 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOSÉPTIMO – ARCÁNGEL SAN RAFAEL. HISTORIA BÍBLICA
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que la Sagrada Escritura hace mención de tres Arcángeles dando a conocer sus importantísimas apariciones, en las que han venido a desempeñar las más altas misiones en favor de la humanidad; y cómo la Iglesia ha autorizado el culto que los fieles siempre han tributado a estos espíritus celestiales, ya instituyendo fiestas en su honor, ya erigiéndoles suntuosos templos o ya declarándolos patronos de la Cristiandad; muy justo será que consagremos cuatro días a la consideración de sus maravillosas apariciones, siquiera sea brevemente, por exigirlo así los reducidos límites de una meditación pequeña. Comenzaremos, pues, por referir la aparición del glorioso Arcángel San Rafael. Tobías era un hombre honrado y temeroso del Señor, enemigo de la idolatría y adorador del verdadero Dios: daba sepultura a los cadáveres de las víctimas del furioso Senaquerib. Volvió un día fatigado de enterrar a los muertos y se recostó a descansar. Dios permitió que mientras dormía cayera sobre sus ojos el estiércol caliente de un nido de golondrinas, lo cual le originó una completa ceguera. A esta siguieron otras pruebas y padecimientos que supo tolerar con santa resignación, teniendo el consuelo de ver a su hijo del mismo nombre empapado en los mismos bellos sentimientos. Creyendo era llegada ya la hora de partir de este mundo, llamó a su buen hijo, y después de haberle dado los más saludables consejos, concluyó diciéndole: «Te hago saber que di prestados a Gabelo diez talentos de plata, y tengo en mi poder el documento: procura el modo de ir allá y recobrar esa cantidad, restituirle el recibo firmado de su mano». «Yo haré cuanto me mandares», repuso el joven, «pero ni el me conoce a mí ni yo a él. Tampoco sé el camino de esa tierra». «A vista del recibo te pagará sin duda; y en cuanto a la dificultad del camino, ve ahora mismo, busca un compañero fiel que te conduzca pagándole su salario, porque conviene cobrar este dinero antes de mi muerte». Apenas salió a la calle Tobías, se encontró con un gallardo mozo en traje de caminante a quien comunicó sus deseos, a los cuales accedió gustoso dicho mancebo. Despidióse Tobías de su padre después de haber recibido sus bendiciones y emprendieron ambos juntos el viaje hacia Ragés, ciudad de la Media donde habitaba Gabelo.
    
PUNTO 2º. Considera cómo en la primera jornada se libró Tobías de ser devorado por un pez, pues al caer de la tarde quiso lavarse los pies en un rio; más al entrar en el agua, se lanzó contra él un pez de enorme magnitud: despavorido el joven dio un gran grito llamando en su auxilio a Azarías (éste fue el nombre que tomó su compañero de viaje): «No le tengas miedo», dijo éste llegándose a la orilla; «tómale de las agallas y sácalo fuera». Obedeció resueltamente y lo arrastró hasta sacarlo a tierra. «Ahora, dijo Azarías, desentráñalo y guarda el corazón, la hiel y el hígado, que tienen propiedades medicinales, pues si se pone sobre las brasas un pedacito del corazón del pez, su humo ahuyenta todo género de demonios, y la hiel sirve para curar los ojos enfermos de nubes o cataratas». Después de quince días de camino llegaron a una pequeña población donde vivía un hombre llamado Raguel, pariente de Tobías y de su propia tribu, que tenía una hija cuyo nombre era Sara, la cual había tenido hasta entonces siete maridos, a quienes el demonio había dado muerte la misma noche de las bodas. Al entrar a esta población, preguntó Tobías a su compañero: «¿En dónde te parece que posemos?». «En casa de Raguel», respondió Azarías, después de haberle dado a conocer el parentesco y de haberle manifestado que convenía se casase con Sara, agregando no se dejase dominar de los apetitos sensuales; sino que en la noche de las bodas quemara en su aposento el hígado del pez, y ésta y las dos siguientes las pasase en oración con su esposa. Llegaron por fin a la casa de Raguel, quien los recibió con el más cordial agasajo, habiéndose reconocido como parientes en medio de los más dulces trasportes de júbilo. Tobías, siguiendo el consejo de Azarías, pidió a Sara por esposa. Quedó sobrecogido el buen padre al oír semejante propuesta, recordando la suerte de los siete maridos anteriores; pero Azarías le persuadió de que ésta era la voluntad de Dios. Verificóse el matrimonio. Observó Tobías lo prescrito por su santo amigo, y al humo del hígado el demonio huyó. Indescriptible fue el gozo de Raguel al saber que su yerno viva y había pasado aquella noche terrible con la paz y sosiego de los justos; celebró las bodas con inusitada pompa; dio a Tobías la mitad de todos sus bienes y le nombró heredero de la otra mitad después de su muerte y de la de Ana su esposa. Viendo Tobías que aún faltaba alguna parte del camino para llegar a casa de Gabelo, rogó a Azarías fuese a cobrar el dinero de su padre, quien accedió gustoso a su súplica, marchando a Ragés, recobró el dinero regresando inmediatamente. El plazo de la permanencia de Tobías al lado de sus suegros, tocó a su término, y fue preciso marchar con sentimiento general de todos; cerca del término de la jornada, Azarías dio la última instrucción a Tobías diciéndole: «Cuando entrares en casa adora luego al Señor tu Dios, y dale gracias por los beneficios recibidos; al dar a tu padre el ósculo de paz, úngele los ojos con la hiel del pez y luego caerán las cataratas y verá la luz del cielo y se gozará en tu vista». Apenas supieron se acercaba Tobías, salieron a su encuentro sus buenos padres, el anciano tropezando aquí y allí hasta dar con los dos jóvenes; el hijo fidelísimo después de darle un tierno abrazo, ungió con la hiel los ojos del ciego, y al punto comenzaron a desprenderse unas telas blancas que el mismo quitó con sus dedos y vio de nuevo la luz del Sol. Su primera palabra fue de gratitud a Dios. Pasaron siete días de santo regocijo en los que Azarías tomaba parte, haciéndose objeto de la admiración y amor de todos. Agradecido el joven Tobías dijo a su padre: «¿qué recompensa podremos dar a este mancebo, digna de tantos beneficios? Él me condujo y devolvió sano y salvo, cobró el dinero a Gabelo, me ha dado esposa, ahuyentó de ella el demonio, devolvió la alegría a sus padres, me arrebató de las fauces del monstruoso pez y a ti también te restituyó la vista, y, en fin, por medio de él nos vemos colmados de todos los bienes. ¿Cómo podremos dignamente recompensarle? Por mi parte te pido que le ruegues se digne admitir la mitad de lo que trajimos». Parecióle bien al anciano, e inmediatamente le llamó aparte y le suplicó aceptase aquella ofrenda. Entonces, Azarías en un tono de extraordinaria majestad les habló de esta manera: «Bendecid al Dios del Cielo y alabadle ante todos los vivientes porque ha derramado su misericordia sobre vosotros… Cuando orabas con lágrimas y dejabas de comer por enterrar a los muertos, cuando escondías en tu casa los cadáveres, y de noche los enterrabas, yo presenté al Señor tu oración… Ahora me ha enviado el Señor a curarte y a librar del demonio a Sara esposa de tu hijo, pues yo soy el Ángel Rafael, uno de los siete que asisten ante el trono del Señor». Al oír tales palabras ambos Tobías, se turbaron y temblando cayeron postrados en tierra; más el Ángel les reanimó diciéndoles: «No temáis, la paz sea con vosotros… bendecidle y publicad sus maravillas», y desapareció de su presencia sin que pudieran verle más. Tres horas permanecieron postrados en tierra sobrecogidos de santo estupor sin poder hablar palabra; más volviendo en sí el santo anciano elevó al Señor un himno profético. Consideremos en esta tierna y bellísima historia que cada uno de nosotros tiene su Azarías o Rafael que ejerce con sumo amor y solicitud los oficios de ayo y protector, tan ajenos de su altísima dignidad.
    
JACULATORIA
Glorioso Arcángel San Rafael que librasteis a Tobías de tantos peligros, interceded por mí para que me vea libre de mis enemigos visibles e invisibles.
    
PRÁCTICA
Sed muy devotos del Arcángel San Rafael y pedidle que, como a los Tobías joven y anciano, os libre de los peligros de alma y cuerpo y os alcance la luz de una fe viva con que podáis creer los misterios de la religión y practicar las obras de misericordia. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Arcángel soberano, dichoso San Rafael, que sois uno de los siete Príncipes supremos que asisten como refulgentísimas lámparas delante del trono de Dios, vos que por especial prerrogativa divina reunís en vuestro ser los altos títulos y blasones de Auxiliador, de Nuncio, de Médico divino, de Compañero fuerte, de Favorecedor, de Orador y de Intercesor, os suplico humildemente ejerzáis para conmigo estos benéficos y caritativos oficios, a fin de que cumpliendo en todas mis acciones la voluntad de Dios, merezca poseerle para siempre. Amén.
 
EJEMPLO
Refiere el P. Constantino la siguiente historia acaecida en el siglo XII. Era Hildegunda una jovencita de singular piedad e inocencia, natural de Colonia. Quiso su padre llevarla consigo a Jerusalén en peregrinación, y para más precaverla de los peligros, la vistió con traje de varón, y la llamaba José. Muere su padre en el camino, un perverso criado la despoja de todo cuanto tiene y la deja sola y destituida de todo humano socorro; mas el Ángel del Señor la devuelve incólume a Colonia, aunque sin manifestársele todavía visiblemente. Prosiguió disfrazada con aquel traje extraño a su sexo, pero no a su carácter resuelto y varonil. Apremiada por la necesidad hubo de emprender un viaje a Roma: al atravesar un sombrío bosque, se le junta un ladrón que iba perseguido por la justicia, y sus agentes prenden a José, pues el verdadero facineroso se había escapado, dejando al joven sus alforjas, sujetáronle a la prueba del fuego, para averiguar la culpabilidad o la inocencia, y consistía en tomar en las manos un hierro hecho ascua: si el interesado recibía lesión, era condenado como culpable, si no, quedaba absuelto y reconocida su inocencia. Esto último sucedió a nuestra joven por favor del santo Ángel; más la familia del verdadero ladrón, creyéndose injuriada por la declaración de Hildegunda, se apodera de ella y la suspende en un árbol para ahorcarla; el Ángel la tiene suspensa en el aire, para que nada sufra, mientras que unos pastores, inspirados por él, llegan a cortar la soga. Estos, temerosos de los lobos que acometían sus rebaños la dejan de nuevo maniatada y sin poderse mover, pero su ayo fidelísimo no la abandona, le desata las ligaduras, la hace montar en un caballo blanco como la nieve, y en breves momentos la lleva sana y salva hasta Verona. Tres años sobrevivió aquella virgen extraordinaria, recogida en un monasterio, dando ejemplo de las más perfectas virtudes.
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

sábado, 26 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMOSEXTO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOSEXTO – ALEGRÍA DE LOS ÁNGELES POR LA CONVERSIÓN DE UN PECADOR
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que la gloria de Dios brilla singularmente en las naturalezas intelectuales por su misericordia y su justicia; su providencia, su inmensidad, su omnipotencia, se manifiestan en las criaturas inanimadas; pero sólo los seres inteligentes pueden sentir los efectos de su misericordia y su justicia, estos dos atributos son los que establecen su gloria y su remado sobre las naturalezas racionales. Es por la misericordia y la justicia, por lo que los Ángeles y los hombres están sujetos a Dios; la misericordia reina sobre los buenos, la justicia sobre los malos: una por la comunicación de sus dones, la otra por la severidad de sus leyes; la una por la dulzura, y la otra por la fuerza; una se hace amar, y la otra se hace temer; una atrae, y la otra repele; una recompensa la fidelidad, y la otra castiga la rebelión. La misericordia y la justicia son como las dos manos de Dios, de las cuales la una da y la otra corrige; son como las dos columnas que sostienen la majestad de su reino: una eleva a los inocentes y la otra abate a los criminales. Si todos los caminos del Señor, como dice el Profeta, son misericordia y justicia, atributos que hacen brillar magníficamente su gloria y su reinado: he aquí por qué la conversión del pecador llena de inmensa alegría a los santos Ángeles, pues admiran la misericordia en el perdón de los pecados y la justicia en los gemidos y lágrimas del pecador, y aunque sean embriagados con el torrente de las eternas delicias; sin embargo, sienten aumentar su regocijo cuando nosotros somos renovados por la penitencia. El Evangelio claramente lo expresa cuando dice: «Los Ángeles se regocijan más con la conversión de un pecador que con la perseverancia de noventa y nueve justos que no tienen necesidad de penitencia».
    
JACULATORIAConsidera que los justos de que habla el Evangelio en el pasaje citado no son otros que los mismos Ángeles, pues solo de estos puede decirse con verdad que no necesitan de penitencia, porque habiendo pecado todos los hombres en Adán, sería una temeridad asegurar que no tienen necesidad del remedio de la penitencia, y con mayor razón cuando el Discípulo amado ha dicho refiriéndose a los hombres: «Si alguno dice que no peca, se engaña y no hay verdad en él». ¿En dónde encontraremos pues, esa inocencia tan pura, tan perfecta que no tiene necesidad de penitencia? Sin duda que solo puede hallarse entre los Ángeles que, detestando la rebelión y audacia de satanás, permanecieron firmes en el bien en que Dios los había establecido desde su origen; ellos se alegran, por consiguiente, más de la conversión del pecador que de la perseverancia aún de sí mismos, porque no pueden menos que reconocer la misericordia de Dios en toda su grandeza, en toda su plenitud, y celebrarla con los más vivos trasportes de júbilo, puesto que la justificación del pecador es una obra más grande aún que la creación de mil mundos; la acción divina al sacar los seres de la nada no encuentra ninguna oposición; pero al convertir al pecador ha tenido que vencer la oposición de la voluntad. Cuando Dios creó el cielo y la tierra, nada se opuso a su voluntad; cuando Dios convierte a los pecadores, es necesario que venza su resistencia, y que combata, por decirlo así, a su propia justicia arrancándole sus víctimas; esta bondad que resiste tantos obstáculos es sin duda más poderosa, más abundante que aquella que no encuentra impedimentos en las comunicaciones de su gracia y de su gloria en los Ángeles bienaventurados. Siendo, pues, la conversión del pecador la obra maestra de la misericordia divina, no puede menos que ser celebrada por los Ángeles con inmensa alegría. Si por desgracia no nos hemos convertido totalmente a Dios, procuremos hacerlo hoy de todo corazón, así aumentaremos siquiera sea accidentalmente, la dicha de esos espíritus felices que nos aman ardientemente y desean que reparemos las ruinas que satanás y sus cómplices dejaron en el Empíreo, ocupando nosotros las sillas que quedaron vacías por su soberbia y perfidia.
    
JACULATORIA
Ángeles dichosos, que celebráis la conversión de los pecadores, alcanzadme la gracia de que me convierta verdaderamente a Dios.
    
PRÁCTICA
Como la verdadera conversión es una confesión bien hecha, no dejéis de hacerla al menos una vez al mes, para que de este modo alegréis a los Ángeles del Cielo. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Espíritus soberanos, que contempláis como un espectáculo digno de vuestra alegría la penitencia de los pecadores, porque admiráis en ella la misericordia de Dios y veis cumplidos los sentimientos de amor y de ternura que abrigáis hacia nosotros; os rogamos, con toda la efusión de nuestras almas, que nos alcancéis de la Clemencia infinita los divinos auxilios para convertirnos totalmente a nuestro amable Redentor, derramando abundantes lágrimas de contrición por nuestras culpas, hasta merecer el perdón y la gracia en esta vida y la eterna gloria en la otra. Amén.
 
EJEMPLO
En el tiempo en que San Ignacio de Loyola escribía las constituciones de la Compañía de Jesús, de esa sociedad que había de ser semillero fecundo de santos misioneros que, con sus ejemplos y palabras, habían de convertir innumerables infieles y pecadores, en ese tiempo, digo, recibió extraordinarios favores del Cielo, sin duda alguna, felices nuncios de los frutos que obtendrían sus ilustres hijos. «Muchas veces oía aún con los sentidos exteriores, músicas suavísimas de los Ángeles, y una armonía inexplicable, que le hacía deshacerse en lágrimas: principalmente en la Misa le regalaba Dios por medio de los espíritus celestiales, los cuales enviaban del Cielo para que le diesen a gustar del contento y alegría que hay en la gloria, y no se haya en esta vida; y así, puestos en coro encima del altar donde decía Misa, todo el tiempo que duraba, entonaban celestiales canciones y con suavísima armonía le daban música al bendito Padre; y esto no fue una sino muchas veces». ¿Qué otra cosa eran esa alegría, música y cantos de los Ángeles, si no demostraciones de júbilo por las conversiones que habían de obrar sus hijos los misioneros, y la recompensa debida a los deseos del santo que prefería la vida al martirio sólo por convertir almas? (Vida de San Ignacio por el P. Juan Eusebio de Nieremberg).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

viernes, 25 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMOQUINTO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOQUINTO – ASISTENCIA DEL ÁNGEL CUSTODIO EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que si en todo el tiempo de nuestra vida tenemos necesidad de los auxilios del Ángel de la guarda; sobre todo en la hora de nuestra muerte se hace más imperiosa esta necesidad, porque entonces crecen asombrosamente los peligros del alma. Desde nuestro nacimiento ha venido sosteniendo nuestro Ángel custodio una lucha encarnizada con el ángel malo; y el éxito de esta lucha tiene que decidirse en los últimos momentos de la vida. El demonio, agota todos los recursos que su rabia le inspira para llevar al lugar de los tormentos eternos a un alma que no pudo perder quizá durante la vida, porque sabe que pocos instantes le quedan; pero el Ángel del Cielo está allí a nuestro lado defendiéndonos de las iras de satanás y desbaratando todas sus astucias y artificios malignos. El furor del demonio en esa hora, no puede ser más poderoso que el celo de nuestro Ángel; y basta sólo la voluntad y buena disposición de nuestra parte como la docilidad a sus santas inspiraciones, para que el enviado de Dios salga en la lucha vencedor. Verdad es que el demonio nos combate por el lado más flaco, porque conoce nuestras debilidades; y así nos pone las tentaciones más horrendas del vicio a que sabe hemos si lo más inclinados; acrecienta a nuestros ojos la malicia del pecado, la ingratitud a los beneficios recibidos, la tibieza en el uso de los Sacramentos, el desprecio a las obras de piedad; nos pinta, en una palabra, con los más vivos colores, la vida pasada, hace aparecer sin límites la severidad de la justicia divina y oculta la misericordia para que se pierda la esperanza cayendo en desesperación, amortigua la fe y casi extingue la caridad. La influencia satánica se extiende hasta en la enfermedad misma, si Dios lo permite, ya privándonos del juicio o del uso de los sentidos para inutilizar los buenos actos y todo medio de conversión y penitencia; y halagando con vanas apariencias a los médicos, a los deudos, a los amigos, para dar tregua a la administración de los sacramentos, y, si es posible, privar del todo al pobre moribundo de los últimos consuelos de la religión. Todo esto no es tan raro como se cree, son frecuentes los casos, nadie se exime de luchar más o menos con el demonio en la hora terrible de la muerte, y San Agustín afirma que nadie sale de esta vida sin verse cara a cara con el demonio.
    
PUNTO 2º. Considera, que, si son tan terribles las acometidas de satanás en los momentos de la muerte, serian aún más horrorosas si el Ángel de nuestra guarda no desplegara allí todo su poder y todo su celo en favor nuestro, pues él ahuyenta a los demonios y los tiene como atados para que no puedan hacernos daño; nos da fuerza contra las tentaciones, comunicándonos auxilios divinos. Nos muestra la justicia divina, pero no como satanás para desesperarnos, sino para infundirnos un saludable temor; nos descubre los tesoros de la divina misericordia para aumentar nuestra confianza. No nos oculta la fealdad de los pecados, pero aviva nuestra fe, la cual nos asegura de que un solo acto de arrepentimiento basta para borrarlos todos. Por último, nos pone delante de los ojos en toda su hermosura los méritos de Jesucristo, la ternura maternal de María, las buenas obras que durante la vida hicimos en obsequio suyo, y nos hace sentir más vivamente su presencia; todo esto para endulzar y suavizar el más amargo de los trances de la vida humana. Mas no se limitan los cuidados de nuestro Ángel a esto únicamente, sino que inspira a las personas ausentes que nos visiten para que nos hablen del peligro que corre nuestra alma, o nos traigan un sacerdote a la cabecera para que nos imparta los últimos auxilios de la religión, y lo iluminen sugiriéndole los consejos que ha de darnos más aptos para convertirnos y consolarnos. San Felipe Neri refiere que Dios le hizo ver en cierta ocasión a los Ángeles sugiriendo al oído de dos hermanos suyos, las palabras que decían a dos moribundos que estaban asistiendo. No puede dudarse que esto mismo pase con todos los que auxilian a los agonizantes; pero no siempre ha de haber almas como la de San Felipe que claramente lo vean. Pidamos, pidamos, pues, a nuestro Ángel nos imparta sus auxilios en esa terrible hora y no cesemos de dirigirle desde hoy nuestras oraciones para aquel trance.
    
JACULATORIA
Santo Ángel de mi guarda, defendedme de las asechanzas de satanás en la hora de mi muerte.
    
PRÁCTICA
Practicad con frecuencia el ejercicio de la buena muerte, que se halla en muchos libros de devoción y tiene concedidas numerosas indulgencias y ofrecedlo al Sagrado Corazón de Jesús por manos de vuestro santo Ángel custodio. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Amabilísimo Ángel de mi guarda, tierno protector mío, que habéis de acompañarme hasta la hora en que mi alma sea arrancada de mi cuerpo; vos conocéis mejor que nadie los peligros a que seré expuesto en ese terrible trance, por eso desde hoy os suplico me dispenséis en esa hora vuestros poderosos auxilios; sí, os ruego que deis entonces fuerza a mis trémulas y torpes manos para estrechar contra mi pecho el crucifijo y no en el lecho del dolor; que prestéis luz a mis apagados y amortecidos ojos para que fijen en él sus miradas lánguidas y moribundas; que a mis labios fríos y balbucientes, les deis poder de pronunciar el santo nombre de Jesús; que a mis oídos, próximos a cerrarse para siempre a las conversaciones humanas, les comuniquéis virtud de abrirse para oír de los divinos labios la sentencia irrevocable de mi eterna suerte, que alejéis de mí los espíritus infernales; y, finalmente, que recojáis las últimas lágrimas de penitencia que derrame, ofreciéndolas al Dios de las misericordias, como un sacrificio de expiación, para que mi alma sea recibida en su seno amo amoroso, donde sea feliz eternamente en vuestra compañía. Amén.
 
EJEMPLO
Estando San Ignacio de Loyola en el monte Casino, queriendo rogar a Dios por la salud del devoto P. Diego de Hazes, que conoció estaba enfermo, vio de repente el alma de dicho Padre, que fue el primero que murió de la Compañía, llena de resplandores de gloria, que la llevaban al Cielo muchos Ángeles: lo cual sucedió en el mismo lugar que a San Benito aconteció otra revelación semejante en la muerte de San Germán, Obispo de Capúa. Estando enfermo el P. Juan Coduri, uno de los compañeros de San Ignacio, fue a decir misa por él su santo Padre a la Iglesia de San Pedro de Monte Áureo; más en el camino levantando los ojos al Cielo, vio el alma ele dicho P. Coduri muy resplandeciente, entre coros de Ángeles que la subían al Cielo; y vuelto San Ignacio a su compañero, le dijo: «Tornemos a casa, que ya ha muerto el maestro Juan Coduri» (Vida de San Ignacio por el P. Juan Eusebio de Nieremberg).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

jueves, 24 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMOCUARTO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOCUARTO – OBEDIENCIA A NUESTROS ÁNGELES CUSTODIOS
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que la obediencia a nuestros Ángeles custodios es un deber, de cuyo cumplimiento depende agradar a Dios Nuestro Señor y conseguir el último fin para que hemos sido criados; pues ellos no nos mandan sino lo mismo que Dios nos ordena; sus preceptos son los preceptos divinos, sus inspiraciones, las inspiraciones santas del Espíritu divino, su voluntad, la voluntad misma del Padre celestial. Por consiguiente, si obedecemos al Ángel de nuestra guarda, obedecemos a Dios; si le despreciamos, despreciamos al mismo Dios, quien nos prescribe clara y terminantemente esta obediencia a nuestro Ángel Custodio por estas palabras: «He aquí que yo envió a mi Ángel para que te guie, te acompañe en el camino y te conduzca al lugar que te he preparado, obedécele y escucha sus palabras». Ahora bien, no podemos dudar que los Ángeles nos hablan, pues ya hemos considerado al tratar de su lenguaje, cómo se comunican con nosotros ordinariamente, es decir, sugiriendo en nosotros los buenos pensamientos, inspirándonos firmes resoluciones de apartarnos del mal y practicar la virtud. Así, pues, cuando os sintáis movidos a imitar el buen ejemplo de un amigo, no dudéis que ese movimiento interior es la voz del Ángel que os habla; si a la vista de un pobre, os viene la idea de socorrer sus necesidades, esa idea es una inspiración de vuestro Ángel. ¿Y qué debéis hacer en estos y otros casos semejantes, sobre todo cuando se trata de la práctica ele vuestras obligaciones? Escuchar sus voces interiores, es decir, ejecutar lo mismo que vuestro amigo, dar la limosna al pobre según vuestras posibilidades, etc.; de esta manera ya habéis obedecido a vuestro Ángel custodio.
    
PUNTO 2º. Considera que aun cuando no estuviéramos obligados a obedecer á nuestros Ángeles de guarda, no debiéramos aplicarnos menos a hacer todo lo que nos aconsejan o sugieren; porque en todo lo que nos dicen no tienen otra mira ni otro fin que nuestros propios intereses. Lo más frecuente, cuando nuestros padres y principalmente nuestros mayores nos mandan algo, es para sacar de nosotros alguna ventaja, por ejemplo, para que les ayudemos en sus trabajos o para que ganemos para ellos dinero. Pues bien, aunque nos manden únicamente movidos por esa ventaja, nunca estamos nosotros dispensados de obedecerles. Todo lo que los Ángeles nos mandan es solamente por nosotros y por nuestro bien; porque no tienen ninguna necesidad de lo que hacemos, y de ello no obtienen provecho alguno. Cuando nosotros trabajamos por la salud de nuestros prójimos y no logramos convertirlos, nos queda el consuelo de que no por esto perdemos el mérito de nuestro trabajo, según aquellas palabras de la Santa Escritura: «Dará Dios la recompensa de sus santos trabajos»; y notemos bien que no dice «de sus frutos o buenos resultados»; porque aunque sean inútiles, y no saquen ningún provecho nuestros hermanos, el que por ellos trabaja alcanza el premio debido a su trabajo, según el cual Dios recompensa y no según los frutos o resultados. Pero el Ángel custodio no tiene ni aun este consuelo, trabaja y no merece nada, y cuando nosotros no le obedecemos trabaja sin provecho y sin mérito, pero sí, siempre sin disgusto porque todo lo que él pretende, obedeciendo á Dios, es simplemente obedecer, cumpliendo su palabra, «Furiéntes verbum illíus», pues sabe muy bien cuánta honra y gloria se adquiere con obedecer los mandamientos de Dios. Obedezcamos, pues, a nuestros Ángeles custodios para que no nos desamparen y abandonen y caigamos en poder de satanás y sus malignos artificios, como sucedió con Babilonia confiada al cuidado de los Ángeles, quienes dicen: «Nos hemos esforzado por curar a Babilonia, y ella no se ha curado: la abandonamos». Orígenes comentando este pasaje, dice que acontece a una alma indócil a la voz de su Ángel, que cuando llega la hora de la muerte, se retira de ella, no queriendo asistir a su caída en el abismo infernal.
    
JACULATORIA
Ángeles que obedecéis a Dios y cumplís fielmente sus mandatos, enseñadnos la verdadera obediencia cristiana.
    
PRÁCTICA
En las oraciones de la mañana, nunca omitáis el propósito de seguir los consejos y santas inspiraciones del Ángel de vuestra guarda. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Amantísimo Ángel de mi guarda, que deseoso de mi eterna salvación estáis continuamente hablando a mi corazón por medio de vuestras santas inspiraciones, intimándome el cumplimiento exacto de mis deberes, haced que yo sepa corresponder a vuestros deseos y obedezca vuestros mandatos y consejos, pues que todo lo hacéis únicamente por mi felicidad. Perdonadme, Santo Ángel mío, las innumerables desobediencias de que me he hecho culpable ante Dios y en vuestra santa presencia, frustrando y haciendo inútil por mi parte vuestra misión divina. Alcanzadme los auxilios de la gracia para que siempre sea obediente y dócil a vuestros preceptos. Amén.
 
EJEMPLO
Iba una vez cierto santo solitario muy fatigado del largo camino que diariamente tenía que recorrer para proveerse de agua, y miraba a una parte y otra buscando un sitio más cercano a la fuente para colocar allí su celda y no tener que andar tanto. Ocupado en este pensamiento oyó de repente una voz humana que contaba, «uno, dos, tres». Sorprendióle mucho oír voz de hombre en aquella vasta soledad, donde le constaba que nadie había fuera de él; volvió la vista atrás y observó que le seguía muy de cerca un lindísimo joven. «¿Quién eres?», le dijo el anciano, «¿y qué buscas en este yermo?». «Soy el Ángel de tu guarda, repuso el joven, y voy contando uno por uno los pasos que das, porque cada uno de ellos tendrá en el Cielo un premio muy colmado». Esto dijo y se ocultó a sus ojos, dejando al santo viejo tan animado a trabajar y sufrir, que lejos de trasladar su celda más cerca, la retiró cuanto le fue posible para tener más ocasión de merecer (P. Rafael Pérez SJ).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

miércoles, 23 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMOTERCERO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOTERCERO – TEMOR A NUESTROS ÁNGELES CUSTODIOS
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que, si el amor y beneficios continuos que los Ángeles custodios nos dispensan, no son suficientes a enmendar nuestra vida y a tributarles los homenajes de respeto y veneración que les son debidos, al menos muevan nuestra insensibilidad su indignación y justa cólera por las que castigarán nuestra ingratitud. Consideremos que estos mismos habitantes del Cielo, que, como hemos visto, llevan allá nuestras plegarias y buenas obras para traernos en cambio abundantes bendiciones y gracias; también saben llevar nuestros pecados y crímenes. Ellos serán los que un día en contra nosotros testimonios irrefragables acerca de nuestra mala conducta. «Entonces se abrirán los libros», dice la Escritura, presentaránse los Ángeles custodios, y se leerá en su espíritu y memoria, como en registros vivientes, un diario exacto de nuestras acciones y vida criminal. San Agustín es quien lo dice, «Que nuestros crímenes están escritos, como en un libro en el conocimiento de los espíritus celestes, los cuales están destinados a castigar los crímenes». ¡Cuántas maldades horribles se pondrán de manifiesto a un solo golpe de vista, y cuán grande será la vergüenza de nuestra vida delante no sólo de la hermosura de Dios, sino en presencia de la belleza incorruptible de estos espíritus puros, que nos echarán en cara sus asiduos y amorosos cuidados!; ¡con que fuerza harán patente la enormidad de nuestras faltas; pues no sólo el Cielo y la tierra se habrán irritado contra nosotros; sino que aún nosotros mismos no podremos sufrirnos! ¡Ah! Sí, temblemos, temblemos porque el Ángel que está a nuestro lado, este guardián fidelísimo, tomará parte contra nosotros; pues, el alma que se le ha encomendado se hallará entonces perdida y desesperada, sentirá el más completo abandono y la soledad más espantosa, viendo a sus mejores amigos levantarse contra ella. Estos caritativos compañeros pueden llegar a ser, por culpa nuestra, nuestros perseguidores porque nuestros pecados habrán convertido en contra nuestra todo aquello que se nos había dado para nuestra salud eterna. El Salvador se tornará en Juez inflexible, su sangre derramada por nuestro perdón clamará venganza contra nuestros crímenes. Los Sacramentos, estas dulces fuentes de gracia, se volverán contra nosotros fuentes de maldición. El cuerpo de Jesucristo, manjar de inmortalidad, llevará a nuestras entrañas la eterna condenación; pues es tal la malicia del pecado, que cambia en veneno mortal y en peste horripilante los remedios más saludables: no nos asombremos, pues, de que los Ángeles custodios puedan convertirse en nuestros perseguidores y enemigos implacables.
    
PUNTO 2º. Considera, que no solamente son temibles nuestros Ángeles custodios en el día del Juicio, sino que también mientras vivamos en el mundo deben inspirarnos temor: porque si son instrumentos de la misericordia de Dios, son también instrumentos de su justicia y están dotados de un poder extraordinario, del cual hacen uso cuando y como el Señor les ordena. Así leemos en la Santa Escritura que, en una sola noche, un Ángel mató a los primogénitos de los egipcios: y en otra noche otro Ángel mató igualmente hasta ciento ochenta y cinco mil soldados en su campamento. Mas esto nada tiene de asombroso, porque un solo Ángel, merced al poder que tiene por su naturaleza, bastaría para dar muerte en pocos momentos a todos los hombres. Pero nuestro temor debe crecer al considerar que Dios les ha dado poder para castigar nuestros pecados; y aunque no sepamos que usan con frecuencia de este poder, basta que sepamos que lo poseen para que esto sea ya un motivo temerles, pues aunque no lo usaran más que raras veces, los golpes que en extremo sensibles y dolorosos; porque podrían, por ejemplo, privarnos de nuestros bienes, de algún miembro de nuestro cuerpo, o finalmente de nuestra salud. Consideremos, pues, que el Ángel custodio, testigo perpetuo de nuestras acciones y celoso por el cumplimiento de la justicia divina, está pronto a castigarnos a la menor señal de Dios. Como se le preguntara a un venerable solitario, cuál era su práctica diaria favorita, respondió: «Me considero como si mi Ángel estuviera delante de mí y me vigilo a mí mismo, acordándome de lo que está escrito: Vela siempre a mi Señor en mi presencia porque está a mi lado para que no me turbe, le temo porque él observa todo lo que hago, y cada día sube hacia Dios para darle cuenta de mis oraciones y de mis palabras».
    
JACULATORIA
Ángel de mi guarda, ministro de la Misericordia como de la Justicia divinas, haced que os ame y os tema siempre.
    
PRÁCTICA
En las oraciones de la noche, practicad actos de temor a vuestro Ángel custodio, en particular cuando hayáis tenido la desgracia de caer en algún pecado grave. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Ángeles de nuestra guarda, espíritus poderosos, en cuyas manos vibra la espada vengadora de la Justicia divina, no descarguéis sus golpes sobre nosotros, infelices pecadores, que la hemos provocado con nuestros delitos. Miradnos aquí postrados, llenos de temor por haberos afligido tanto con el endurecimiento de nuestros corazones; pero ahora queremos alegraros con las lágrimas de nuestra penitencia; a fin de que borréis del libro de nuestra vida todos los pecados que hemos cometido, y nos presentéis un día ante el trono de Dios cubiertos con la cándida vestidura de la gracia para alabarle eternamente. Amén.
 
EJEMPLO
Juan Correa, jovencito jesuita de extraordinaria virtud, visible y familiarmente tenía la dicha de tratar con el Ángel de su guarda; con él consultaba sus dudas, de él recibía lecciones: eran como dos amigos íntimos. El Ángel solía despertar a Juan todas las mañanas, más un día se mostró éste un poco remiso y no obedeció con la prontitud de siempre. La falta no era muy grave, sobre todo estando el pobre joven fatigado de un largo y penoso camino hecho a pie por las sierras y bosques vírgenes de América; sin embargo, su amante ayo pensó de otra manera. ¿Qué castigo le daría? El que podía serle más sensible: se le ocultó por unos cuantos días, y luego que a fuerza de súplicas y lágrimas volvió amostrársele, le reprendió severamente su negligencia (P. Rafael Pérez SJ).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

martes, 22 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMOSEGUNDO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOSEGUNDO – REVERENCIA A NUESTROS ÁNGELES CUSTODIOS
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que por muchos títulos estamos obligados a rendir a los Ángeles custodios nuestros homenajes de honor y de respeto; pues se honra y respeta a un príncipe, a un magistrado por el alto puesto que ocupa en la sociedad; a un sabio, a un maestro por su ingenio y sabiduría; se respeta mucho más a un sacerdote, a un obispo por la altísima dignidad de que están condecorados; se veneran y reverencian las virtudes de los santos, y las personas consagradas a Dios aun que la Iglesia no las haya declarado santas. Ahora bien, ¿cuál de estos títulos que arrebatan nuestras respetuosas atenciones, puede faltar a nuestros Ángeles custodios? Ellos son, como ya lo hemos repetido varias veces, por su naturaleza más excelentes que nosotros, más sabios, más poderosos; por la gracia divina que poseen, son hermosísimos, santos y felices, y todos estos títulos, ¿no serán suficientes para merecer nuestro respeto y reverencia? Si no lo son, entonces no hay criatura en el Cielo ni en la tierra que sea digna de nuestras más vulgares atenciones. Mas todos estos títulos convienen a todos los Ángeles sin excepción, por los cuales son acreedores a nuestros respetos y atención; pero respecto de nuestros Ángeles custodios, en cuanto se les ha encomendado el cuidado de nuestras almas, hay un título poderosísimo que nos obliga estrechísimamente a honrarlos y venerarlos; y este título es el haber sido constituidos cerca de nosotros los enviados y los embajadores de Dios, y los ministros y representantes de su Persona. Así, pues, como son rodeados de honores entre los hombres los embajadores de los reyes, así también, y mucho más, nuestros Ángeles custodios deben ser honrados con toda clase de honores y respetos. ¿Y que son los embajadores humanos comparados con los Ángeles? ¿Y que son los reyes que los envían comparados con Dios? Debemos, por consiguiente, honrar a nuestros Ángeles custodios, y todavía más que a nuestros mismos padres que nos han dado la vida corporal y que nos la conservan o la han conservado a costa de mil sudores y trabajos; porque, ¿la vida del alma no es superior a la del cuerpo? Aquellos que ponen todo su cuidado en conservárnosla para que podamos llegar al Cielo, merecen indudablemente ser honrados mucho más.
    
PUNTO 2º. Considera, en segundo lugar, a qué nos obliga esta reverencia y honor debidos á nuestro Ángel custodio. Nos obliga á no hacer nada en su presencia que pueda desagradarle, siguiendo el consejo de San Bernardo que nos dice: «Anda con recato como quien está en presencia del Ángel a quien has sido encomendado; en cualquier lugar, en cualquier rincón reverencia a tu Ángel: no te atrevas a hacer en su presencia lo que no te atreverías a hacer en la mía». «Así como la hediondez ahuyenta a las palomas, dice San Basilio, y el humo a las moscas de la miel, así el pecado pone en fuga a nuestros buenos Ángeles». ¿Por qué, pues, si creemos que en realidad un Ángel esta constantemente a nuestro lado y es testigo de todos nuestros actos, nos atrevemos a hacer en su presencia lo que no osáramos ni delante del más vil hombrecillo? ¡Cuán graves son las inconsecuencias de nuestra fe práctica! Nos avergonzamos si un amigo, un compañero llega a saber nuestras faltas, y se nos da poco de que el Ángel del Señor esté contemplando nuestras miserias y pecados. No olvidemos que Jesucristo inculca el respeto a los niños en atención a sus santos Ángeles: que San Pablo ordena que las mujeres se cubran la cabeza en el templo por respeto a los Ángeles que allí asisten: que Daniel, Tobías, y el Evangelista San Juan se turban y caen de rodillas en tierra en presencia de un Ángel. Imitemos a muchos santos y almas virtuosas que acostumbran no solo saludar a su Ángel de la guarda; si no que también a los Ángeles custodios de las personas con quienes tratan reclaman su apoyo, les ceden el paso antes de pasar por una puerta, y ejercen para con ellos otras mil respetuosas atenciones.
    
JACULATORIA
Ángel santo de mi guarda, perdonadme todas las faltas que he cometido hasta hoy en vuestra presencia soberana.
     
PRÁCTICA
Acostumbraos a andar en la presencia de vuestro Ángel custodio y a saludarle frecuentemente, en particular antes de comenzar una buena obra solicitando su asistencia y apoyo. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Santo Ángel de mi guarda, vigilante centinela, que estáis siempre a mi lado observando hasta los más ligeros pensamientos de mi alma y los menores movimientos de mi cuerpo; ¿cuántas veces, olvidándome de vuestra presencia, he cometido irreverencias y desacatos delante de vos con mis pecados?; perdonadme y ayudadme, santo Ángel mío, a respetaros y a reverenciaros como lo merecéis, para que no piense, hable, ni obre sino lo que agrada a nuestro Señor y a vos. Amén.
 
EJEMPLO
De San Bernardino Realino, de la Compañía de Jesús, se lee en su vida, que guardaba a su Ángel custodio todas aquellas atenciones que prescribe la urbanidad: si iba por las calles, le ofrecía el lado más digno; si estaba en el templo, lo tenía al lado derecho. Y él también sentía las atenciones mutuas del Ángel: una vez siendo ya muy anciano, tropezó, y su santo compañero le dio la mano para que no cayese; en otra ocasión le estuvo cubriendo la cabeza mientras decía Misa, para que no le causase daño el frio, y mil otras finezas por este estilo. Esta fe viva había logrado infundir en sus congregantes el P. Jantier, hasta tal grado, que los niños, cuando le encontraban en los tránsitos, o iban a su cuarto, saludaban primero al Ángel del Padre con una expresión de afecto y reverencia que bien se veía de donde les nacían, y lo hacían aún más patentes con la regularidad de sus costumbres y acendrada piedad (P. Rafael Pérez SJ).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.