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jueves, 5 de noviembre de 2026

CONTRA VIGILANCIO

Con ocasión de la fiesta de las Sagradas Reliquias de los Santos, traemos la traducción del tratado Contra Vigilancio, de San Jerónimo.
  
Vigilancio era un sacerdote que, en medio de la controversia entre San Jerónimo con el obispo San Juan II de Jerusalén y Rufino de Aquileya (donde tomó el partido de estos acusando a San Jerónimo de origenista), criticó el culto a las reliquias de los santos, el uso de cirios en la liturgia, la celebración de vigilias antes de las fiestas, y el celibato clerical y monástico so pretexto de los abusos que se presentaban en su tiempo (por lo que, como señala el historiador protestante Philipp Schaff, se anticipó, junto con Joviniano, Aerio de Sebaste y Helvidio, a Lutero y otros herejes protestantes).

A pedido de Ripario, que le informó por medio de Sisinio que Vigilancio estaba difundiendo esos errores en la Galia bajo el apoyo del obispo Exuperio de Tolosa, San Jerónimo redacta en una sola noche este escrito, quizá el más cáustico de todos (recuérdese que él era de carácter colérico), en defensa del culto a las reliquias y la vida monástica, que fue. Aún así, los abusos en estas cuestiones, no menos que los errores de Vigilancio, permanecieron incluso hasta el siglo XVI, cuando fueron finalmente abordados y combatidos por el Concilio de Trento.

EUSEBIO JERÓNIMO, PRESBÍTERO DE ESTRIDÓN, CONTRA VIGILANCIO
 
1. El mundo ha dado a luz a muchos monstruos. Leemos sobre centauros y sirenas, búhos y onocrotalos en Isaías (caps. XIII y XXXV). Job describe a Leviatán y Behemot en lenguaje místico (caps. III y XL). Las fábulas de los poetas narran sobre Cerbero y las aves estinfálidas, el jabalí de Erimanto, el león de Nemea, la quimera y la hidra de muchas cabezas. Virgilio describe a Caco (Eneida, libro VIII). España produjo al triforme Gerión. Solo Galia no tuvo monstruos, sino que siempre abundó en hombres valientes y elocuentes. Surgió de repente Vigilancio, o más bien Dormitancio, que con espíritu impuro lucha contra el espíritu de Cristo, y niega que se deban venerar las tumbas de los Mártires; dice que las vigilias deben ser condenadas: que el Aleluya solo debe cantarse en Pascua: que la continencia es herejía; que la castidad es semillero de lujuria. Y así como se dice que Euforbo renació en Pitágoras, así en este se levantó la mente perversa de Joviniano: para que tanto en aquél como en éste nos veamos obligados a responder a las insidias del diablo. A quien con justicia se le dice: «Descendencia de malhechores, preparad a vuestros hijos para la matanza a causa de los pecados de vuestro padre» (Isa. XIV, 21). Aquel, condenado por la autoridad de la Iglesia Romana, entre faisanes y carnes de cerdo, no tanto exhaló el espíritu como eructó. Este tabernero de Calahorra, y mudo Quintiliano por el nombre del pueblo [1], mezcla agua con vino: y de su antiguo oficio, intenta unir los venenos de su perfidia a la fe católica, atacar la virginidad, odiar la castidad, proclamar en el banquete de los seculares contra los ayunos de los santos: mientras filosofa entre copas, y lamiendo pasteles, se deleita con la modulación de los salmos: para que solo entre banquetes se digne escuchar los cánticos de David, Iditún, Asaf y los hijos de Coré. Estas cosas las he derramado más con ánimo doliente que risueño, mientras no puedo contenerme, y no puedo pasar con oído sordo la injuria a los apóstoles y mártires.
  
2. ¡Oh, qué atrocidad! Se dice que tiene obispos cómplices de su crimen: si es que deben llamarse obispos, que no ordenan diáconos, a menos que primero se hayan casado: no confiando en la castidad de ningún célibe, sino mostrando cuán santamente viven, quienes sospechan mal de todos: y a menos que vean a las esposas de los clérigos embarazadas, y a los infantes llorando en los brazos de sus madres, no otorgan los sacramentos de Cristo. ¿Qué harán las Iglesias de Oriente? ¿Qué harán Egipto y la Sede Apostólica, que reciben clérigos o vírgenes, o continentes: o si tienen esposas, dejan de ser maridos? Esto enseñó Dormitancio, permitiendo rienda suelta a la lujuria, y duplicando con sus exhortaciones el ardor natural de la carne, que en la juventud suele hervir; más bien extinguiéndolo con el coito de las mujeres: para que no haya nada que nos distinga de los cerdos, que nos diferencie de los animales brutos, que de los caballos, de los cuales está escrito: «Caballos enloquecidos en las hembras se han hecho para mí: cada uno relinchaba tras la mujer de su prójimo» (Jerem. V, 8). Esto es lo que el Espíritu Santo habla por David: «No os hagáis como el caballo y el mulo, que no tienen entendimiento» (Sal. XXXI, 9). Y de nuevo sobre Dormitancio y sus socios: «Con bozal y freno constriñe sus mandíbulas, que no se acercan a ti».

3. Pero ya es tiempo de que, poniendo sus propias palabras, intentemos responder a cada una. Pues puede suceder que de nuevo un intérprete maligno diga que he inventado el tema, al que respondo con una declamación retórica: como aquella que escribí a las Galias, de una madre y una hija discordantes entre sí. Los autores de esta pequeña disertación mía son los santos presbíteros Ripario y Desiderio, que escriben que sus parroquias están manchadas por la vecindad de éste y enviaron, a través del hermano Sisinio,  los libros que entre la borrachera vomitó. Y afirman que se han encontrado algunos que, favoreciendo sus vicios, consienten en sus blasfemias. Dormitancio es ciertamente ignorante, tanto en palabras como en ciencia, y de discurso desordenado; ni siquiera puede defender la verdad: pero por los hombres del mundo y las mujercillas cargadas de pecados, siempre aprendiendo y nunca llegando al conocimiento de la verdad, responderé con una pequeña vigilia a sus tonterías, para no parecer que he rechazado las cartas de los santos varones que me rogaron que hiciera esto.
  
4. Sin duda responde a su linaje, como quien nació de la estirpe de ladrones y convenos (a quienes Cneo Pompeyo, después de someter Hispania, y apresurándose a regresar para el triunfo, bajó de las cumbres de los Pirineos, y los congregó en una sola ciudad: de donde la ciudad de los Convenos tomó su nombre) hasta ahora se dedica al latrocinio contra la Iglesia de Dios, y descendiendo de los vectones, arrebacos y celtíberos, ataca las iglesias [=diócesis] de las Galias, y no lleva el estandarte de la cruz, sino el emblema del diablo. Pompeyo hizo lo mismo también en las partes de Oriente: para que, después de vencer a los piratas y ladrones de Cilicia e Isauria, fundara una ciudad de su nombre entre Cilicia e Isauria [2]. Pero esta ciudad hoy guarda las leyes de sus mayores, y no ha nacido en ella Dormitancio. Las Galias soportan a un enemigo nativo, y ven a un hombre de cabeza perturbada, que debería estar atado con las cadenas de Hipócrates, sentado en la Iglesia: y entre otras palabras de blasfemia, también diciendo estas: «¿Qué necesidad hay de honrar con tanto honor, por no decir adoración, a ese no sé qué, sea lo que sea, que en un pequeño vaso veneras al trasladarlo?» Y de nuevo en el mismo libro: «¿Por qué besáis y adoráis un poco de polvo, una vil ceniza envuelta en un trapo?». Y en lo siguiente: «Vemos casi un rito de los gentiles introducido bajo el pretexto de religión en las Iglesias: encender grandes cantidades de cirios mientras el sol aún brilla, y dondequiera que besan adorando un polvo no sé qué, envuelto en un lienzo precioso en un pequeño vaso. Gran honor rinden estos hombres a los bienaventurados mártires, que piensan que deben ser iluminados por vilísimos cirios; a quienes el Cordero, que está en medio del trono, ilumina con todo el resplandor de su majestad».
  
5. ¿Quién, ¡oh cabeza loca!, ha adorado alguna vez a los mártires? ¿Quién ha pensado que un hombre es Dios? ¿No es cierto que Pablo y Bernabé (Act. XIV) cuando los licaonios los tomaron por Júpiter y Mercurio, y quisieron ofrecerles sacrificios, rasgaron sus vestiduras y dijeron que eran hombres? No porque no fueran mejores que los hombres muertos Júpiter y Mercurio: sino porque bajo el error de la gentilidad, se les rendía un honor debido a Dios. Lo mismo leemos de Pedro, quien levantó con la mano a Cornelio que quería adorarlo, y le dijo: «Levántate: porque yo también soy hombre» (Ibid. X, 26). ¿Y te atreves a decir: «Eso no sé qué que veneras al trasladarlo en un pequeño vaso»? ¿Qué es «eso no sé qué» del que tú hablas?, deseo saber. Expónlo más claramente, para que puedas blasfemar con toda libertad: «un polvo no sé qué en un pequeño vaso envuelto en un lienzo precioso». Le duele que las reliquias de los mártires estén cubiertas con un velo precioso: y no envueltas en trapos, o cilicio, o arrojadas al estercolero; para que solo Vigilancio, borracho y dormido, sea adorado. ¿Somos entonces sacrílegos cuando entramos en las basílicas de los Apóstoles? ¿Fue sacrílego el emperador Constancio I, que trasladó las santas reliquias de Andrés, Lucas y Timoteo a Constantinopla, ante las cuales los demonios rugen, y los demonios habitantes de Vigilancio confiesan sentir su presencia? ¿Debe llamarse sacrílego también al actual Augusto Arcadio, que trasladó los huesos del bienaventurado Samuel mucho tiempo después de Judea a Tracia? ¿Deben ser juzgados todos los obispos no solo sacrílegos, sino también insensatos, que llevaron una cosa vilísima, polvo y cenizas disueltas, en seda y en un vaso de oro? ¿Insensatos todos los pueblos de las Iglesias, que acudieron a las santas reliquias: y las recibieron con tanta alegría, como si vieran al profeta presente y vivo: de modo que desde Palestina hasta Calcedonia se unieran multitudes de pueblos: y resonaran con una sola voz en alabanzas a Cristo? Evidentemente adoraban a Samuel, y no a Cristo, de quien Samuel fue levita y profeta. Crees que está muerto, y por eso blasfemas. Lee el Evangelio: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob: no es Dios de muertos, sino de vivos» (Mat. XXII, 23). Si viven, no están encerrados en una cárcel honorable como dices tú.
  
6. Dices que las almas de los apóstoles y mártires se han sentado ya sea en el seno de Abrahán, o en un lugar de refrigerio, o debajo del altar de Dios, y que no pueden estar presentes donde quieran. Son de dignidad senatorial, y no están encerrados en la más horrible cárcel entre homicidas, sino en una custodia libre y honesta en las Islas Afortunadas y en los Campos Elíseos [3]. ¿Tú pondrás leyes a Dios? ¿Tú impondrás cadenas a los apóstoles; para que hasta el día del juicio sean retenidos en custodia, y no estén con su Señor, de quienes está escrito: «Siguen al Cordero dondequiera que va» (Apoc. XIV, 4). Si el Cordero está en todas partes, por lo tanto, también aquellos que están con el Cordero deben ser creídos estar en todas partes. Y cuando el diablo y los demonios vagan por todo el mundo, y están presentes en todas partes con gran celeridad, ¿los mártires después de la efusión de su sangre estarán encerrados en un arca y no podrán salir de allí? Dices en tu libelo que «Mientras vivimos podemos orar unos por otros, pero después de nuestra muerte no son oídas las oraciones que se hacen por otro: los mismos mártires piden sin conseguirlo que Jesucristo vengue su sangre (Apoc. VI, 9)». Si los apóstoles y mártires aún en el cuerpo pueden orar por los demás, cuando deben estar aún preocupados por sí mismos: ¿cuánto más después de las coronas, victorias y triunfos? Un solo hombre, Moisés, obtiene el perdón de Dios para seiscientos mil hombres armados (Éx. XXXII, ) y Esteban, imitador de su Señor, y protomártir en Cristo, intercede por el perdón de los perseguidores (Act. VII, 59-60), y después de que comiencen a estar con Cristo, ¿valdrán menos? El apóstol Pablo dice que se le concedieron doscientas setenta y seis almas en el barco (Act. XXVII, 31), y después de que comience a estar con Cristo, ¿cerrará entonces su boca: y no podrá decir una sola palabra por aquellos que en todo el mundo creyeron en su Evangelio? ¿Será mejor Vigilancio, un perro vivo, que aquel león muerto (Ecles. IX)? Propondría esto correctamente de Eclesiastés, si confesara que Pablo está muerto en espíritu. Finalmente, los santos no son llamados muertos, sino durmientes. De donde también Lázaro, que iba a resucitar, se dice que durmió (Jn. XI, 11). Y el Apóstol prohíbe a los Tesalonicenses (1.ª Tes. IV, 13) entristecerse por los que duermen. Tú, vigilante, duermes, y durmiendo escribes: y me propones un libro apócrifo, que bajo el nombre de Esdras es leído por ti y por los tuyos: donde está escrito que después de la muerte nadie se atreva a interceder por otros: libro que yo nunca he leído. ¿Qué necesidad hay de tomar en manos lo que la Iglesia no recibe? A menos que tal vez me presentes Balsamo y Barbelo, y el Tesoro de Maniqueo, y el ridículo nombre de Leusibora [4]; y porque habitas a los pies de los Pirineos, y eres vecino de Iberia, sigues los increíbles portentos de Basílides, el más antiguo hereje y de ciencia ignorante, y propones lo que es condenado por la autoridad de todo el mundo. Pues en tu pequeño comentario, como si hicieras un favor a ti mismo, tomas testimonio de Salomón, que Salomón no escribió en absoluto: para que tengas otro Esdras, tengas también otro Salomón: y si te place, lee las revelaciones ficticias de todos los patriarcas y profetas: y cuando las hayas aprendido, cántalas entre los telares de las mujeres, o más bien propónlas para ser leídas en tus tabernas: para que más fácilmente provoques al vulgo indocto a beber con estas tonterías.
  
7. No encendemos cirios a plena luz, como calumnias en vano: sino para mitigar las tinieblas de la noche con este consuelo; y vigilemos a la luz, para no dormir en las tinieblas contigo. Pero si algunos por ignorancia, y simplicidad de hombres seculares, o ciertamente de mujeres religiosas, de quienes verdaderamente podemos decir: «Confieso que tienen celo de Dios, pero no según ciencia» (Rom. X, 2), hacen esto en honor de los Mártires, ¿qué pierdes con eso? Los apóstoles se quejaron una vez de que se desperdiciaba el perfume de nardo, pero fueron corregidos por la voz del Señor (Mt. XXVI, ; Mc. XIV,). Pues Cristo no necesitaba el perfume, ni los mártires la luz de los cirios: y sin embargo, aquella mujer lo hizo en honor de Cristo, y su devoción fue aceptada. Y cualquiera que enciende cirios, según su fe tiene recompensa, dice el Apóstol: «Cada uno abunde en su propio sentido» (Rom. XIV, 5). ¿Llamas idólatras a tales hombres? No lo niego, todos nosotros que creemos en Cristo venimos del error de la idolatría. Pues no nacemos, sino que renacemos cristianos. Y porque en otro tiempo adoramos ídolos, ¿ahora no debemos adorar a Dios; para no parecer que lo veneramos con un honor similar al de los ídolos? Aquello se hacía a los ídolos, y por eso es detestable: esto se hace a los mártires, y por eso es aceptable. Pues incluso sin las reliquias de los mártires, en todas las Iglesias de Oriente, cuando se va a leer el Evangelio, se encienden luminarias, ya brillando el sol: no para ahuyentar las tinieblas: sino para mostrar un signo de alegría. De donde también aquellas vírgenes evangélicas siempre tienen encendidas sus lámparas (Mt. XXV, 1). Y se dice a los apóstoles: «Estén ceñidos vuestros lomos, y las lámparas encendidas en vuestras manos» (Luc. XII, 35). Y de Juan Bautista: «Él era lámpara ardiente y luminosa» (Jn. V, 35): para que bajo el símbolo de la luz corporal se muestre aquella luz de la que leemos en el Salterio: «Lámpara es a mis pies tu palabra, Señor, y luz para mis caminos (Sal. CXVIII, 105).
  
8. ¿Hace mal entonces Obispo de Roma, que sobre los venerables huesos, como llamamos nosotros (pero según tú, polvo vil), de los difuntos Pedro y Pablo, ofrece sacrificios al Señor, y considera sus tumbas como altares de Cristo? ¿Y no solo los obispos de una ciudad, sino de todo el mundo están errados, que despreciando al tabernero Vigilancio, entran en las basílicas de los muertos, en las que yace «un polvo vilísimo y ceniza, no sé qué, envuelta en un lienzo: que es impura mancha a los que se acercan». Y según tú, aquellos edificios «se asemejan a los sepulcros blanqueados de los fariseos, que por dentro no eran más que polvo y corrupción?». Y después de esto, vomitando desde el abismo de su pecho su inmundicia fangosa, ¿osa decir: «Entonces  almas de los mártires todavía deben amar sus cenizas; probablemente giran alrededor de ellas, no sea que si viene algún pecador, no puedan oírle estando ausentes»? ¡Oh prodigio que debe ser llevado a las tierras más lejanas! Te burlas de las reliquias de los mártires, y con el autor de esta herejía, Eunomio, construyes una calumnia contra las Iglesias de Cristo: ¿y no te asusta tal sociedad, para que hables contra nosotros lo mismo que él habla contra la Iglesia? Porque todos sus seguidores no entran en las basílicas de los apóstoles y mártires, para que no adoren al muerto Eunomio, cuyos libros consideran de mayor autoridad que los Evangelios; y creen que en él está la luz de la verdad: así como otras herejías afirman que el Paráclito vino en Montano, y dicen que el mismo Maniqueo es el Paráclito. Tertuliano, un hombre muy erudito, escribe un volumen notable contra tu herejía, que surgió hace tiempo contra la Iglesia (para que no te gloríes en esto como inventor de un nuevo crimen), al que llama Scorpiaco con el nombre más correcto: porque con una herida arqueada difunde veneno en el cuerpo de la Iglesia, que antes se llamaba la herejía de Caín: y habiendo dormido o estado sepultada por mucho tiempo, ahora ha sido resucitada por Dormitancio. Me sorprende que no digas que no debe haber martirios, pues Dios, que no busca la sangre de cabras y toros, mucho menos busca la de los hombres. Lo cual, aunque lo digas; incluso si no lo dices, se te considera como si lo hubieras dicho. Porque quien afirma que las reliquias de los mártires deben ser pisoteadas, prohíbe que se derrame sangre, que no es digna de ningún honor.
 
9. Sobre las vigilias y pernoctaciones en las basílicas de los mártires que se celebran a menudo, respondí brevemente en otra carta que escribí hace casi dos años al santo presbítero Ripario. Si por eso las consideras rechazables, para que no parezca que celebramos la Pascua con frecuencia, y no ejercemos vigilias solemnes después de un año: entonces tampoco deben ofrecerse sacrificios a Cristo en el día del Señor, para que no celebremos con frecuencia la Pascua de la resurrección del Señor: y comencemos a tener no una Pascua, sino muchas. Sin embargo, el error y la culpa de los jóvenes y mujeres inmorales, que a menudo se descubre durante la noche, no debe imputarse a las personas religiosas: porque también en las vigilias de Pascua se demuestra que ocurre algo así con frecuencia, y sin embargo la culpa de unos pocos no prejuzga la religión; quienes incluso sin vigilias pueden errar ya sea en sus propias casas o en las ajenas. La traición de Judas no destruyó la fe de los apóstoles. Y por lo tanto, nuestras vigilias no serán destruidas por las malas vigilias de otros: más bien, aquellos que duermen en la lujuria se verán obligados a vigilar por la castidad. Porque lo que una vez fue bueno no puede ser malo si se hace con frecuencia: o si alguna culpa debe evitarse, no es porque se haga a menudo, sino porque a veces es culpable. No vigilemos, por lo tanto, en los días de Pascua, para que no se cumplan los deseos largamente esperados de los adúlteros; para que la esposa no encuentre ocasión de pecar, para que no pueda ser encerrada con la llave marital [5]. Se desea más ardientemente lo que es más raro.

10. No puedo recorrer todo lo que las cartas de los santos presbíteros comprenden, de sus libelos presentaré algunos. Argumenta contra las señales y virtudes que se realizan en las basílicas de los mártires, y dice que benefician a los incrédulos, no a los creyentes, como si ahora se buscara a quién benefician, y no con qué poder se realizan. Supongamos que las señales son para los infieles, que como no quisieron creer en la palabra y la doctrina, son llevados a la fe por las señales, y el Señor hacía señales para los incrédulos, y sin embargo no por eso deben ser denigradas las señales del Señor, porque ellos eran infieles, sino que eran de mayor admiración, porque fueron de tal poder que incluso las mentes más duras fueron domadas y llevadas a la fe. Por lo tanto, no quiero que me digas que las señales son de los infieles; sino que me respondas cómo en el polvo más vil, y en la ceniza, no sé qué, hay tanta presencia de señales y virtudes. Siento y veo, ¡el más infeliz de los mortales!, lo que te duele, lo que temes. Este espíritu inmundo que te hace escribir esto, a menudo ha sido torturado por este polvo vilísimo, es más, hoy también es torturado, y el que en ti disimula las heridas, en los demás las confiesa. A menos que tal vez, a la manera de los gentiles e impíos Porfirio y Eunomio, finjas que estas son ilusiones de demonios, y no que los demonios claman verdaderamente; sino que simulan sus tormentos. Te doy un consejo: entra en las basílicas de los mártires, y alguna vez serás purgado; encontrarás allí muchos de tus compañeros, y no serás quemado por las velas de los mártires, que te desagradan, sino por llamas invisibles, y entonces confesarás lo que ahora niegas, y proclamarás libremente tu nombre, que hablas en Vigilancio, que eres o Mercurio por la codicia de dinero, o Nocturno, según el Anfitrión de Plauto, donde, mientras dormía, Júpiter se unió en adulterio con Alcmena durante dos noches, para que naciera Hércules de gran fortaleza; o ciertamente el padre Liber (Baco) por la embriaguez y la copa colgando de los hombros, y siempre con la cara ruborizada, y los labios espumosos, y con insultos desenfrenados.
  
11. De donde también en esta provincia, cuando un repentino terremoto, en medio de la noche, despertó a todos del sueño; ¡tú, el más prudente y sabio de los mortales!, orabas desnudo, y nos recordabas a Adán y Eva del paraíso: y ellos, con los ojos abiertos, se avergonzaron al ver que estaban desnudos, y cubrieron sus partes vergonzosas con hojas de árboles: tú, desnudo de túnica y de fe, y aterrorizado por un miedo repentino, y teniendo algo de embriaguez nocturna, mostrabas la parte obscena de tu cuerpo a los ojos de los santos, para indicar tu prudencia. Tales adversarios tiene la Iglesia: estos líderes luchan contra la sangre de los mártires: tales oradores truenan contra los apóstoles, más bien, perros tan rabiosos ladran contra los discípulos de Cristo.

12. Confieso mi temor, no sea que descienda de la superstición. Cuando estoy enojado y he pensado algo malo en mi mente, y un fantasma nocturno me ha engañado, no me atrevo a entrar en las basílicas de los mártires: así todo mi cuerpo y mi alma tiemblan. Tal vez te rías, y te burles de los delirios de las mujeres. No me avergüenzo de su fe, que fueron las primeras en ver al Señor resucitado, que son enviadas a los apóstoles, que en la madre de nuestro Señor y Salvador, son encomendadas a los santos apóstoles. Tú eructa con los hombres del mundo, yo ayunaré con las mujeres, más bien con los hombres religiosos, que muestran la castidad en su rostro, y llevando rostros pálidos por la continua continencia, muestran la modestia de Cristo.
  
13. Me parece que te duele también otra cosa, no sea que si la continencia y la sobriedad y el ayuno se arraigan entre los galos, tus tabernas no tengan ganancias, y no puedas ejercer las vigilias del diablo y los banquetes embriagadores, toda la noche. Además, me ha sido relatado en las mismas cartas, que contra la autoridad del apóstol Pablo, más bien de Pedro, Juan y Santiago, que dieron la mano derecha a Pablo y Bernabé en comunión, y les ordenaron que recordaran a los pobres, tú prohíbes que se envíen a Jerusalén algunos auxilios de gastos para los santos. Evidentemente, si respondo a esto, inmediatamente ladrarás que estoy defendiendo mi causa, que has donado a todos con tanta generosidad, que si no hubieras venido a Jerusalén, y no hubieras derramado tu dinero o el de tus patrones, todos habríamos perecido de hambre. Yo hablo de lo que el bienaventurado apóstol Pablo habla en casi todas sus cartas, y ordena a las Iglesias de los gentiles que en el primer día de la semana, es decir, el día del Señor, todos deben contribuir, lo cual se envía a Jerusalén para el alivio de los santos, y ya sea por sus discípulos, o por quienes ellos aprueben: y si es digno, él mismo o envía, o lleva lo que se ha recolectado. En los Hechos de los Apóstoles, hablando a Félix el gobernador, dice: «Después de muchos años, vine a Jerusalén para hacer limosnas a mi pueblo, y ofrendas y votos en los que me encontraron purificado en el templo (Act. XXIV, 17-18). ¿Acaso en otra parte del mundo, y en las Iglesias que nacían y eran instruidas por su fe, no podía distribuir lo que había recibido de otros? Pero deseaba dar a los pobres de los lugares santos, que dejando sus bienes por Cristo, se habían convertido con toda su mente al servicio del Señor. Sería largo ahora si quisiera revisar todos los testimonios de sus cartas, en las que se esfuerza y se apresura con toda su mente, para que se envíen dinero a Jerusalén y a los lugares santos para los creyentes: no para la avaricia, sino para el alivio, no para acumular riquezas, sino para sostener la debilidad del cuerpo, y evitar el frío y el hambre. Esta costumbre persevera hasta hoy en Judea, no solo entre nosotros, sino también entre los hebreos, para que quienes meditan en la ley del Señor día y noche, y no tienen padre en la tierra, sino solo a Dios, sean sostenidos por los ministerios de las sinagogas y de todo el mundo (Salmo I, Deuteronomio XVIII); con igualdad, no para que haya alivio para unos y tribulación para otros: sino para que la abundancia de unos sostenga la necesidad de otros (2.ª Cor. VIII, 14).
  
14. Responderás que cada uno puede hacer esto en su propia patria: y que no faltarán pobres que deban ser sostenidos por los recursos de la Iglesia. No negamos que a todos los pobres, incluso a los judíos y samaritanos, si hay tanta generosidad, se les deben dar limosnas. Pero el Apóstol enseña que se debe hacer limosna a todos, pero especialmente a los domésticos de la fe (Gál. VI, 10). De los cuales también el Salvador hablaba en el Evangelio: «Haced amigos con las riquezas de iniquidad, para que os reciban en las moradas eternas» (Luc. XVI, 9). ¿Acaso estos pobres, entre cuyos harapos y suciedad del cuerpo domina la lujuria ardiente, pueden tener moradas eternas, siendo que no poseen ni las presentes, ni las futuras? Porque no simplemente los pobres, sino los pobres de espíritu son llamados bienaventurados, de los cuales está escrito: «Bienaventurado el que entiende sobre el necesitado y el pobre: en el día malo el Señor lo librará» (Salmo XL, 1). En el sustento de los pobres del vulgo no se necesita entendimiento, sino limosna. En los santos pobres hay bienaventuranza de entendimiento, para que dé a quien se avergüenza de recibir y cuando ha recibido, se duele cosechando lo carnal, y sembrando lo espiritual. Pero lo que afirma que hacen mejor aquellos que usan sus bienes, y poco a poco dividen los frutos de sus posesiones entre los pobres, que aquellos que vendiendo sus posesiones, una vez lo dan todo, no se le responderá a él [o a ellos], sino al 
Señor: «Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres: y ven y sígueme» (Mt. XIX, 20). Habla a aquel que quiere ser perfecto, que con los apóstoles deja al padre, la barca y correctamente. Este que tú alabas, es el segundo o tercer grado, que también nosotros recibimos, siempre que sepamos que lo primero debe ser preferido a lo segundo y tercero.
 
15. Ni deben ser disuadidos de su propósito los monjes por ti con lengua viperina y mordedura muy cruel, de los cuales argumentas, y dices: «Si todos se encierran, y están en soledad, ¿quién celebrará las Iglesias? ¿Quién ganará a los hombres del mundo? ¿Quién podrá exhortar a los pecadores a las virtudes?». De este modo, si todos fueran insensatos contigo, ¿quién podría ser sabio? Y la virginidad no será aprobada. Porque si todos fueran vírgenes, no habría matrimonios: la raza humana perecería: los niños no llorarían en las cunas; las parteras mendigarían sin salarios: y Dormitancio, suelto y encogido por el frío más grave, vigilaría en su lecho. La virtud es rara y no es apetecida por muchos. Y ojalá todos fueran lo que pocos son, de los cuales se dice: «Muchos son llamados, pocos elegidos (Mat. XX, 16 y XXII, 14), las cárceles estarían vacías. Pero el monje no tiene el oficio de doctor, sino de llorar: que llore por sí mismo, o por el mundo, y espere con temor la venida del Señor: que sabiendo su debilidad, y el frágil vaso que lleva, teme tropezar, no sea que tropiece, y caiga y se rompa. Por eso evita la mirada de las mujeres, especialmente de las jóvenes, y es tan castigador de sí mismo, que incluso teme lo que es seguro.
  
16. Dirás: «¿Por qué vas al desierto?». Evidentemente para no escucharte, no verte: para no ser movido por tu furia; para no sufrir tus guerras: para que no me atrape el ojo de la prostituta; para que la forma más hermosa no me lleve a abrazos ilícitos. Responderás: «Esto no es luchar, sino huir. Permanece en la batalla, resiste armado a los adversarios: para que después de vencer, seas coronado». Confieso mi debilidad. No quiero luchar con la esperanza de la victoria, no sea que pierda alguna vez la victoria. Si huyo, he evitado la espada: si permanezco, o debo vencer, o caer. ¿Qué necesidad hay de dejar lo cierto, y buscar lo incierto? O con el escudo, o con los pies, la muerte debe ser evitada. Tú que luchas, puedes ser vencido, y vencer. Yo cuando huya, no venzo en lo que huyo: sino que huyo para no ser vencido. No hay seguridad en dormir cerca de una serpiente. Puede ser que no me muerda, sin embargo, puede ser que alguna vez me muerda. Llamamos madres a hermanas e hijas, y no nos avergonzamos de nuestros vicios al usar nombres de piedad. ¿Qué hace un monje en las celdas de las mujeres? ¿Qué significan las conversaciones solas y privadas, y los ojos que huyen de los testigos? El amor santo no tiene impaciencia. Lo que hemos dicho de la lujuria, lo referimos a la avaricia, y a todos los vicios que se evitan en la soledad. Y por eso evitamos las multitudes de las ciudades, para no ser obligados a hacer lo que no nos obliga tanto la naturaleza a hacer, como la voluntad.
  
17. Esto, como dije, a petición de los santos presbíteros, lo dicté en una noche de vigilia, con el hermano Sisinio apresurándose mucho, y preparándose para ir a Egipto por el alivio de los Santos: de lo contrario, el mismo tema tenía una blasfemia abierta, que exigía más la indignación del escritor, que la multitud de testimonios. Pero si Dormitancio vigila nuevamente en mis maldiciones, y con la misma boca blasfema, con la que lacera a los apóstoles y mártires, piensa también que debe difamarme, no le responderé con una breve lucubración, sino que vigilaré toda la noche, y a sus compañeros, más bien a sus discípulos o maestros, que si no ven los vientres hinchados de las mujeres, consideran a sus maridos indignos del ministerio de Cristo.

NOTAS
[1] San Jerónimo equipara por su retórica a Vigilancio, con el pedagogo hispano Marco Fabio Quintiliano. Pero a diferencia de este (oriundo de Calahorra de España), Vigilancio nació en Calahorra (actual San Martirio), un asentamiento en medio del camino romano de Tolosa a Lugduno de los Convenos (actual San Bertrán de Cominges) en la Galia, como el mismo San Jerónimo señalará posteriormente en su escrito.
[2] Luego de derrotar a los piratas, Pompeyo refundó la ciudad cilicia de Solos llamándola Pompeyópolis al igual que sus fundaciones en Paflagonia (actual Tasköprü), Ponto (antigua Ámisos, actualmente Samsun), España (Pamplona), y Crimea (actual Eupatoria).
[3] En la mitología griega, las Islas Afortunadas o Islas de los Bienaventurados (en griego Μακάρων Νῆσοι, Makáron nisoi), de las cuales los Campos Elíseos fueron una evolución, era la morada eterna de las almas de los justos y virtuosos, y de los soldados muertos en combate, en contraposición al Tártaro. Su ubicación estaba junto a las costas de África, en la región de Macaronesia (los archipiélagos portugueses de Azores, Madeira e Islas Salvajes, las Islas Canarias y la República de Cabo Verde).
[4] Balsamo (derivado de Baal shamim –en arameo imperial ܒܳܥܶܠ ܫܡܰܝܳܢܳܐ, en fenicio 𐤁𐤏𐤋 𐤔𐤌𐤌, y en hebreo בַּעַל שָׁמַיִם–, “Señor de los cielos”, deidad suprema de los sirofenicios), Barbelo (en griego Βαρβηλώ) y Leusíbora son entidades que entre los gnósticos eran tenidos como eones (emanación de la divinidad). San Jerónimo los menciona también en su Epístola 75 (a Lucinio), cap. III, y en su comentario sobre Isaías LXVI, 4 y Amós III, 9, asociándolos a la “herejía hispana” de Prisciliano.
[5] Alude a la potestad que tenía el marido de mandar a prisión a su esposa adúltera.

viernes, 10 de octubre de 2025

LA FE Y EL APOSTOLADO, SEGÚN SAN JERÓNIMO (Y REFUTACIÓN AL MILENARISMO CARNAL)


«¡Gran confianza! Pedro era un pescador, no era un hombre rico, se ganaba el sustento con sus manos y su arte: pero habla con seguridad: “Nosotros lo hemos dejado todo”. Y dado que no solo basta dejar, agrega lo que es perfecto: “Y Te hemos seguido. Hemos hecho lo que nos has mandado: ¿qué recompensa, pues, nos darás?”. “Pero Jesús le dice: En verdad os digo, que vosotros que me habéis seguido, en el día de la Regeneración cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, también os sentaréis vosotros sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”. No ha dicho: “Vosotros que lo habéis dejado todo”; de hecho esto también lo hizo Crates el filósofo, y otros muchos han despreciado las riquezas: sino, “Vosotros que me habéis seguido”, lo que es propio de los Apóstoles y de los creyentes. En la regeneración, cuando el Hijo del hombre se sentará en el trono de su majestad, cuando también los muertos se levantarán incorruptos de la corrupción, os sentaréis también sobre los tronos de los jueces, condenando las doce tribus de Israel: porque, mientras vosotros habéis creído, ellas no han querido creer. “Y cualquiera que haya dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre, esposa, hijos o tierras en mi nombre recibirá el ciento por uno y poseerá la vida eterna”. Este pasaje coincide con aquell otra otra palabra del Salvador: “No he venido a traer la paz, sino la espada. He venido, en verdad, a separar al hombre de su padre, y la madre de su hija, y la nuera de la suegra: y los enemigos del hombre serán los de su propia casa”. Por tanto, aquellos que por la fe de Cristo y por la predicación del Evangelio, hayan despreciado todos los afectos, y las riquezas y los placeres del mundo, estos recibirán el céntuplo y poseerán la vida eterna. Tomando ocasión de esta frase, algunos introducen los mil años después de la resurrección, diciendo que entonces nos serán restituidos el céntuplo de todas las cosas que hemos dejado, y la vida eterna, no comprendiendo que si en otras cosas la recompensa es digna, en cuanto a las mujeres parecería una cosa vergonzosa si quien ha dejado una sola mujer por el Señor vaya a recibir cien en el futuro. Por lo tanto, el sentido es este: El que haya dejado las cosas carnales por el Salvador, recibirá las cosas espirituales, las cuales, por confrontación y por su valor, serán como si el número centenario fuese comparado a un pequeño número».
   
SAN JERÓNIMO, Comentario sobre San Mateo XIX, 27-29 (en Migne, Patrología Latína XXVI, cols. 138-139).

viernes, 29 de agosto de 2025

SIGNIFICADOS ALEGÓRICOS DE LA DECAPITACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA

Cabeza de San Juan Bautista en una bandeja (Albretch Bouts, óleo sobre álamo, c. 1500. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York).
  
«Juan fue decapitado no el día de su decapitación, sino en torno a los días de los Panes sin Levadura de la Pascua judía, el año anterior a la Pasión del Señor, tras haber estado ya un año en prisión. Convenía que, debido a los misterios de la Pasión y Resurrección de Cristo el Señor, el menor (es decir, Juan) diera paso al mayor (es decir, Cristo), y por ello se decidió celebrar la decapitación en otro momento, concretamente el día en que se encontró su cabeza. Por ello, San Agustín dice: “Lo que el propio Juan había predicho sucedió. Pues hablando del Señor Jesucristo, había dicho: ‘Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe’. Juan menguó en la decapitación; Jesús creció en la cruz”. Según San Gregorio Magno, “la decapitación de Juan significa la disminución de esa falsa creencia por la cual el pueblo creía que él era Cristo, así como la exaltación del Salvador en la cruz significó el progreso de la fe. En efecto, aquel que era considerado por las multitudes solo un profeta fue reconocido por los fieles como el Señor de los profetas y el Hijo de Dios. Así, Juan, que necesitaba disminuir, nació cuando la luz del día comienza a menguar, mientras que el Señor nació cuando los días comienzan a crecer”. Al respecto, San Jerónimo dice: “Reconocemos en la cabeza cercenada del profeta Juan a los judíos que han perdido a Cristo, quien es el Jefe de los Profetas. Y, de nuevo, la Cabeza de la Ley, que es Cristo, es separada de su propio cuerpo, es decir, del pueblo judío, y es entregada a la joven gentil, es decir, a la Iglesia Romana; y la joven luego lo entrega a su madre adúltera, es decir, a la Sinagoga, que finalmente creerá en Cristo. Y, de nuevo, el cuerpo de Juan es enterrado, mientras que su cuerpo es colocado en una bandeja: la carta enterrada es ocultada, el espíritu es honrado en el altar y es asumido”».
   
LUDOLFO DE SAJONIA O. Cart. Vita Jesu Christi e Quatuor Evangeliis et Scriptoribus Ortodoxia concinnata. París y Roma, Víctor Palmé & Imprenta de la Congregación de Propaganda Fide 1865, pág. 290.

martes, 19 de diciembre de 2023

DIOS NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y LA CONSUMACIÓN DEL SIGLO

Homilía en dos partes dada por el obispo electo Fernando Altamira el 26 de Noviembre (primera parte), y 3 de Diciembre (segunda parte).
   
PRIMERA PRÉDICA (26 de Noviembre de 2023, XXIV domingo y último después de Pentecostés).
   
TODO EN MARÍA Y POR MARÍA. Y POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Queridos hijos:
 
Hoy es el último domingo después de Pentecostés, la semana que viene empieza el Adviento, esa época hermosa preparatoria para la Navidad.
 
Tanto en este domingo, como en el próximo: el Primero de Adviento, la Santa Iglesia Católica pone a nuestra consideración, en los Evangelios, lo que se ha llamado “EL APOCALIPSIS SUCINTO”, o “Discurso Escatológico de Dios Nuestro Señor Jesucristo”, el tema es Dios Nuestro Señor Jesucristo y la Consumación del Siglo. El Apocalipsis Sucinto se encuentra en los tres sinópticos:
-En SAN MATEO es el capítulo 24 completo, el cual tiene 51 versículos. La Santa Misa de hoy lo toma desde el versículo 15, hasta el versículo 35.
-En SAN LUCAS es el capítulo 21, y dentro del cual se extiende desde el versículo 5, hasta el versículo 36. La Santa Misa del próximo domingo lo toma de San Lucas, desde el versículo 25, hasta el versículo 33. Y en toda la liturgia y domingos de Adviento, hablando de la Primera Venida humilde y en oscuridad (desconocido y despreciado), se hace constantemente el traslado a la Segunda Venida de Dios Nuestro Señor Jesucristo en gloria y majestad. La Liturgia Católica ha querido relacionar y parangonar (comparar) ambas Venidas.
-En SAN MARCOS es el capítulo 13 completo, el cual tiene 37 versículos.
 
Amén de lo anterior, en esta prédica, es nuestra intención hacer algún desarrollo sobre el último libro del Nuevo Testamento, sobre EL APOCALIPSIS.

-Antes de comenzar, queríamos sólo remarcar, como un dato muy interesante, que este Libro Santo dado por Dios tiene 404 versículos en total, y dentro de ellos hay 518 citas del Antiguo Testamento, y aun dentro de estas citas hay 88 que corresponden al Profeta Daniel.
 
Vamos, ahora sí, al desarrollo.
    
[ I ] Sin duda que Dios Nuestro Señor Jesucristo quiere que sus sacerdotes prediquemos sobre las Profecías, sobre la Consumación del Siglo, sobre el libro profético que cierra toda la Revelación: el Apocalipsis.
  • Numerosas palabras están en la misma Biblia al respecto.
  • Tal vez el ejemplo más fuerte es que el mismo Apocalipsis contiene dos bienaventuranzas para quienes lean las palabras de esa Profecía, una está al comienzo y otra al final (cuidado: también hay una maldición, o castigo, o amenaza, o advertencia, para los que cambien las palabras o el sentido de dicho libro).
Pero, en cuanto al Apocalipsis, el mismo San Pablo llama a este colofón y conclusión de la Revelación, y a la Segunda Venida de Dios, “nuestra bienaventurada esperanza”, es un grito lleno de luz, esperanzador, lleno –como dice la expresión– de la bienaventurada esperanza, de la virtud de la esperanza, y estas palabras de San Pablo (las veremos) es uno de los fragmentos que se utilizan en las Misas de Navidad, en la Misa de Gallo.
    
Pero ahora escuchemos los fragmentos nombrados, con las bienaventuranzas por leer y custodiar el Apocalipsis:
  • La primera bienaventuranza está en el puro comienzo , en su capítulo 1, y dice así (son los versículos 1 a 3):
    -1 Apocalýpsis Jesu Christi: Revelación de Jesucristo (la palabra “apocalipsis” significa en griego “revelación”), quam dedit illi Deus palam facére servis suis (en la cual Dios le manifestó abiertamente a sus siervos), quæ oportet fieri cito (las cosas que pronto deben suceder)… [1] 3 BEÁTUS QUI LEGIT, ET ÁUDIT VERBA PROPHETÍÆ HUJUS (BIENAVENTURADO EL QUE LEE Y ESCUCHA LAS PALABRAS DE ESTA PROFECÍA), ET SERVAT EA, QUÆ IN EA SCRIPTA SUNT (Y GUARDA LAS COSAS QUE EN ELLA HAN SIDO ESCRITAS): TEMPUS ENIM PROPE EST (PUES EL TIEMPO ESTÁ CERCA).
  • La segunda bienaventuranza está en el último capítulo del Apocalipsis, que es el capítulo 22, desde el versículo 6 hasta el 10, y dice así:
    6 Hæc verba fidelíssima sunt, et vera (Estas palabras son fidelísimas, y verdaderas) [2] …quæ opórtet fíeri cito (…las cosas que es preciso que ocurran en breve). 7 Et ecce venio velociter (Y he aquí que Yo vengo pronto). BEÁTUS, QUI CUSTÓDIT VERBA PROPHETÍÆ LIBRI HUJUS (BIENAVENTURADO EL QUE CUSTODIA LAS PALABRAS DE LA PROFECÍA DE ESETE LIBRO)… [Dijo el ángel: yo soy “consiervo: consérvus… eórum qui servant verba prophetíæ libri hujus: consiervo de aquellos que guardan las palabras de la profecía de este libro”]… 10 Et dicit mihi (Y me dijo): Ne signáveris verba prophetíæ libri hujus (No selles las palabras de la profecía de este libro): tempus enim prope est (pues el tiempo está cerca).
  • Asimismo, es impresionante que el mismo libro del Apocalipsis tenga una maldición o amenaza o advertencia, para los que cambien las palabras o el sentido de esta profecía, y está en ese mismo capítulo final aludido, el capítulo 22, en sus versículos 18 y 19, y agregamos el 20:
    18 Contéstor enim omni audiénti verba prophetíæ libri hujus (Yo advierto a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro:): Si quis appósuerit ad hæc (Si alguien añade algo a estas palabras), appónet Deus super illum plagas scriptas in libro isto (añadirá Dios sobre él las plagas escritas en este libro). 19 Et si quis dimínuerit de verbis libri prophetíæ hujus (Y si alguien disminuye las palabras de la profecía de este libro), áuferet Deus partem ejus de libro vitæ, et de civitáte sancta, et de his quæ scripta sunt in libro isto (Dios le quitará su parte del libro de la vida, y de la ciudad santa, y de las cosas que están escritas en este libro): 20 Dicit qui testimónium perhíbet istórum (Dice el que da testimonio de estas cosas): Étiam vénio cito (Sí, vengo pronto): AMEN. VENI, DÓMINE JESU: ASÍ SEA. VEN SEÑOR JESÚS.
   
[ II ] Así como Dios Nuestro Señor Jesucristo, la propia Santa Iglesia Católica hace otro tanto, y quiere que sus sacerdotes estudiemos y prediquemos sobre estas profecías. Dios no las habrá dado para nada, o para que las ignoremos: “Vigiláte” –dice Él–, estad atentos, vigilad, estad atentos a las señales, a las señales de los tiempos, a los finales de la Historia, a la proximidad de los eventos de su Segunda Venida en gloria: Nuestro triunfo final como católicos, como hijos de Dios –si es que logramos mantenernos fieles y buenos–.
     
Pero volviendo a la Santa Iglesia Católica, tan es así, el hecho de que Ella quiere que sus sacerdotes estudiemos las profecías y prediquemos sobre ellas, que incluso a través de sus Concilios ha exigido esto; veamos un ejemplo:
  • El Concilio IV de Toledo, en el año 633, ordenó:
    “La autoridad de muchos concilios y los decretos sinodales de los Santos Pontífices Romanos prescriben que el Libro del Apocalipsis es de Juan el Evangelista, y determinaron que debe ser recibido entre los libros divinos, pero muchos son los que no aceptan su autoridad Y TIENEN A MENOS PREDICARLO en la Iglesia de Dios. SI ALGUNO, DESDE HOY EN ADELANTE, o no no lo reconociera, o NO LO PREDICARA EN LA IGLESIA DURANTE EL TIEMPO DE LAS MISAS, desde Pascua hasta Pentecostés, TENDRÁ SENTENCIA DE EXCOMUNIÓN”.
  • Monseñor Juan Straubinger, en su Biblia comentada (Apo 1,3 en nota), expresa que: “el Apocalipsis era, en tiempos de fe viva, un libro de cabecera de los católicos, como lo era el Evangelio”.
     
[III] Pero puede llegar a haber sacerdotes que, en un cierto grado, se oponen a la prédica sobre el Apocalipsis.
– “Es que vemos que algunos hacen excesos detrás de él”.
– Sí, es cierto, pero eso no quita que un sacerdote deba estudiarlo y predicar, y hacerlo con corrección.
– “El Padre X, que está en tal país de América, dice que ya casi no hay que hacer mucho apostolado, dice que para qué tener seminaristas, para qué ordenaciones sacerdotales, etc”. Pues, pésimo: Mientras más sacerdotes se puedan tener, bendito sea Dios; para salvar el mayor número de almas 
que se pueda, en estos tiempos que se muestran finales: Es una evidencia la necesidad de más vocaciones, y cuánto las deseamos.
– “Otro sacerdote, el Padre X, que está en tal otro país de América, dice que ya no hay que casarse”. Pues, pésimo también; fíjense cuánto les insistimos nosotros en el tema del Matrimonio, en el tema de tener MUCHOS HIJOS: LA FAMILIA BIEN-BIEN NUMEROSA, la Familia Católica, etc.
   
En esto que estamos diciendo, volvemos a repetir lo que ya hemos dicho en otra oportunidad: HAY QUE CUMPLIR CON EL DEBER DE ESTADO HASTA EL FIN, HASTA EL FINAL. El que es sacerdote ha de seguir hasta el final con su labor de apostolado y de salvación de las almas; el que es esposo: esposo; quien es esposa: deberá seguir con sus tareas y obligaciones de esposa hasta el final; los casados deberán seguir con sus obligaciones matrimoniales, y teniendo niños, ¡y todos los que puedan!, hasta el final: LA FAMILIA BIEN-BIEN NUMEROSA HASTA EL FINAL; etc, etc.
   
Esto último es muy importante: TODOS HEMOS DE SEGUIR CUMPLIENDO, CADA UNO, CON NUESTRO DEBER DE ESTADO HASTA EL FINAL.
   
Ésta es la postura correcta, y podemos poner, una vez más, la anécdota de Santo Domingo Savio, el cual jugando o en tiempo de juegos fue preguntado: “Si ahora viniera Cristo, ¿tú qué harías?”, y él respondió: “Seguiría jugando”.
    
O esta otra anécdota, genial-genial, un monumento al sentido común (no existe Catolicismo sin sentido común), la cual es un hecho real, una conversación que yo tuve con una dama de Argentina: Ella, un poco molesta con estos excesos que algunos cometen con el Apocalipsis, expresó con ironía y para llevar la contraria a esos excesos: “Entonces, yo le voy a decir a mi esposo: listo, ¿sabes qué?, yo entonces no lavo más los platos, sí, no lavo más los platos”. Genial, realmente genial la respuesta de esa señora: un monumento al sentido común. Tenemos que cumplir con nuestros deberes de estado hasta el final; es lo que San Pablo decía o exigía a los Tesalonicenses.
   
[IV] LA BIENAVENTURADA ESPERANZA. Las palabras del Apocalipsis deben ser NUESTRA BIENAVENTURADA ESPERANZA, porque es nuestro triunfo, el triunfo de Dios Nuestro Señor Jesucristo y del Catolicismo.
-Los primeros cristianos vivían expectantes, anhelando y esperando la Segunda Venida, la Parusía. Porque, si logramos ser buenos hijos de Dios, si logramos ser buenos católicos, si logramos estar en gracia de Dios, será nuestro triunfo, nuestro triunfo final, con nuestro Rey.
   
Estas cosas marcaban la vida diaria de esos primeros cristianos, la vida de sus familias e hijos, la práctica del Catolicismo, la santificación personal, esperando a Cristo: esperando al gran Rey, Dios y Salvador Nuestro. Santificándonos cada vez más, para estar con el traje nupcial, sin las manchas de este mundo.

[V] SAN PABLO. Por eso él utiliza sobre la Parusía, sobre la Venida de Cristo, la expresión “NUESTRA BIENAVENTURADA ESPERANZA”.
    
Porque toda nuestra vida, toda nuestra santificación personal, toda nuestra práctica religiosa, nuestras familias, deben mirar su Venida, para estar dignos cuando Él venga, porque todo esto debe llenarnos de esperanza.
    
El fragmento aludido, que es her-mo-sí-si-mo, digno de ser puesto en un cuadro para que alumbre nuestras casas y nuestras vidas, y se utiliza en las Misas de Navidad. Es la “Carta a Tito” (cap. 2,11ss), y dice así:
11 [Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), 12 erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), 13 EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO. 14 qui dedit semetípsum pro nobis, ut nos redímeret ab omni iniquitáte (el cual se dio por nosotros, para redimirnos de todo pecado), et mundáret sibi pópulum acceptábilem (y limpiar para sí un pueblo aceptable), sectatórem bonórum óperum (seguidor de las buenas obras). 15 Hæc lóquere, et exhortáre (Estas cosas has de predicar y exhortar, y argüir con toda autoridad:) et árgue cum omni império. Nemo te contémnat (Que nadie te menosprecie).
    
(Conclusión)
Es muy hermoso el fragmento. Repitamos y terminemos la prédica:
[Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO.
AVE MARÍA PURÍSIMA.

NOTAS
[1] «et significávit, mittens per ángelum suum servo suo Joánni, 2 qui testimónium perhíbuit verbo Dei, et testimónium Jesu Christi, quæcúmque vidit».
[2 «Et Dóminus Deus spirítuum prophetárum misit ángelum suum ostendére servis suis quæ opórtet fíeri cito». Y más adelante: «8 Et ego Joánnes, qui audívi, et vidi hæc. Et póstquam audíssem, et vidíssem, cecídi ut adorárem ante pedes ángeli, qui mihi hæc ostendébat: 9 et dixit mihi: Vide ne fecéris: consérvus enim tuus sum, et fratrum tuórum prophetárum, et eórum qui servant verba prophetíæ libri hujus: Deum adóra».
   
SEGUNDA PRÉDICA (3 de Diciembre de 2023, I domingo de Adviento).
     
“LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN ESTANDO EN EL LUGAR SANTO”

TODO EN MARÍA Y POR MARÍA. Y POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Queridos hijos:
 
Hoy es el Primer Domingo de Adviento, entramos en la hermosa época preparatoria para la Navidad.
    
Como ya dijimos, tanto el domingo pasado, como éste, la Santa Iglesia Católica pone a nuestra consideración, en los Evangelios, lo que se ha dado en llamar “EL APOCALIPSIS SUCINTO”, o “Discurso Escatológico de Dios Nuestro Señor Jesucristo”; el tema es Dios Nuestro Señor Jesucristo y la Consumación del Siglo, Su Parusía (en griego: llegada, presencia), y dicho discurso lo tenemos en los tres sinópticos: San Mateo, San Marcos y San Lucas. Mas en esta prédica queríamos desarrollar la siguiente pregunta: ¿Son, los nuestros, tiempos finales; estamos cerca de la Consumación del Siglo y de los finales de la Historia?
    
Y si fuese así: ¿Hemos de dejar de hacer nuestras tareas, nuestras obligaciones, nuestro deber de estado: el sacerdote y su apostolado, los casados y su familia, el Matrimonio, los estudiantes con su estudio, los que deben cumplir con su trabajo o empleo, el sostenimiento de su familia?
   
¿Cuándo será el momento del regreso de Cristo? Sobre la Parusía, no se puede saber o determinar el momento exacto (eso es un hecho), pero Dios Nuestro Señor Jesucristo sí nos ha querido dejar señales de su proximidad, y nos ha dicho que debemos estar atentos: vigiláte.
    
Entre las señales que Dios nos ha dejado, para saber sobre la proximidad de los finales, sobre la proximidad de su Advenimiento, y nuestro triunfo, hoy queríamos mencionar dos muy importantes:
  • La primera señal de su proximidad: La Abominación de la Desolación estando en el Lugar Santo.
  • La segunda señal de su cercanía: La Apostasía.
Para no extendernos tanto, hoy desarrollaremos la primera, y tal vez en unos 15 días abordaremos la segunda.
    
(Cuerpo)
[I] Sobre la Abominación de la Desolación: Primero la Sagrada Escritura.
    
Como decíamos, entre las señales que Dios nos ha dejado para saber sobre la proximidad de los finales, tenemos una muy-muy importante, que figura en San Mateo (24,15) y en San Marcos (13,14), la cual a su vez está tomada del Profeta Daniel. El punto en cuestión puede darnos luz sobre las épocas que estamos transitando, y ver si son los tiempos finales. Nos referimos a: LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN ESTANDO EN EL LUGAR SANTO .
 
En los Evangelios nombrados, Dios Nuestro Señor Jesucristo hablará de la ruina del templo, de la destrucción de Jerusalén, y del final de los tiempos o Consumación del Siglo. Escuchemos la parte alusiva a la abominación de la desolación en el Evangelio de San Mateo:
(San Mateo cap. 24): “3 Sedénte áutem eo super montem Olivéti, accessérunt ad eum discípuli secréto, dicéntes (Sentándose Él sobre el Monte de los Olivos, se acercaron a Él sus discípulos por aparte, diciendo): Dic nobis, quándo hæc erunt? et quod SIGNUM advéntus tui, et consummatiónis sǽculi? (Di a nosotros, ¿cuándo serán estas cosas, y cuál la señal de tu Advenimiento?) 4 Et respóndens Jesus, dixit eis (Y respondiendo Jesús, les dijo)…”. Allí Dios Nuestro Señor Jesucristo desarrollará su discurso escatológico, y entre las distintas señales que da, Él expresa:
“15 Cum ergo vidéritis abominatiónem desolatiónis, quæ dicta est a Daniéle prophéta, stantem in loco sancto, qui legit, intélliga: Cuando vosotros veáis la abominación de la desolación, que fue dicha por el profeta Daniel, estando en el lugar santo, el que lee, entienda…” [1].
   
[II] “La abominación de la desolación estando en el lugar santo” y la enseñanza de San Jerónimo.
   
Detrás de la enseñanza de San Jerónimo, Doctor Máximo en Sagrada Escritura, podemos ver que esa señal sobre la cercanía de la Consumación del Siglo, se refiere a tres cosas:
-1°) Al Anticristo haciéndose adorar como si fuera Dios en el lugar santo.
-2°) A falsos dioses, o ídolos, o sus estatuas, en definitiva: falsas religiones usurpando la Iglesia de Dios, y usurpando las iglesias y templos: La Casa de Dios.
-3°) Éste es el significado o sentido que más queríamos insistir para esta prédica. En la enseñanza de S. Jerónimo, la abominación de la desolación se refiera a: La falsificación de nuestra Santa Religión Católica, la falsificación y perversión del dogma, la falsificación de la doctrina católica, de la Fe.
   
Para escuchar las palabras de San Jerónimo, utilizaremos el Breviario para el día Domingo 24 después de Pentecostés. La Santa Iglesia Católica pone a sus sacerdotes el comentario el santo. Escuchemos esas palabras:
-En el primer punto, la abominación de la desolación es el Anticristo. 
Primero San Jerónimo trae a colación las palabras del Profeta Daniel, en su Profecía de las Setenta Semanas (es el capítulo 9), y en particular sobre la Semana Última, sobre La Semana 70 (cap. 9: en su versículo 27 y último). Escuchemos a San Jerónimo:
[Lección 7 de Maitines: Homilía sancti Hierónymi Presbýteri, Liber 4 Comment. in cap. 24 Matthǽi]: “…Légimus autem in Daniéle hoc modo: Et in dimídio hebdómadis auferétur sacrifícium et libámina; et in templo abominátio desolatiónum erit, usque ad consummatiónem témporis, et consummátio dábitur super solitúdinem (Leemos en Daniel de este modo: Y a la mitad de esta semana –de la Semana 70–será quitado el sacrificio y la oblación –“libámina”, ofrenda del sacrificio, oblación–, y estará en el templo la abominación de la desolación, hasta la consumación del tiempo –hasta el fin del tiempo o de los tiempos–, y la consumación será dada sobre la soledad”.
E inmediatamente después de las palabras de Daniel, San Jerónimo expresará que San Pablo (II Tesalonicenses 2,3-4) [2] atribuye la abominación de desolación al Anticristo estando en el lugar santo. Escuchemos:
“De hoc et Apóstolus [San Pablo] lóquitur (Sobre esto –sobre la abominación de la desolación– San Pablo dice), quod homo iniquitátis, et adversárius (que el hombre de iniquidad y el adversario –el Anticristo–) elevándus sit contra omne quod dícitur Deus et cólitur (se elevará contra todo lo que es llamado Dios y se adora); ita ut áudeat stare in templo Dei (de modo tal que se atreva a estar en el templo de Dios), et osténdere quod ipse sit Deus (y mostrarse como si él fuera Dios): cujus advéntus secúndum operatiónem Sátanæ déstruat eos, et ad Dei solitúdinem rédigat, qui se suscéperint (cuyo advenimiento –el advenimineto del Anticristo– será según la obra de Satanás para destruir –hacer perecer– y llevar a apartarse de Dios a aquellos quienes lo acojan) [Lección 7 de Maitines ut supra, in fine].

En el segundo punto, la abominación de la desolación en el lugar santo significa o son los falsos dioses, los falsos ídolos y sus estatuas, falsas religiones dentro del templo de Dios, usurpando la Iglesia Católica, dentro de los templos católicos. 
 
Es la siguiente Lección de Maitines (Lección 8). Allí San Jerónimo explica que “la abominación de la desolación puede ser entendida de las estatuas o ídolos de falsos dioses –y por lo mismo de las falsas religiones de esos dioses– y todo esto puesto dentro del templo de Dios. Recordemos aquí todo el Ecumenismo de hoy, la mezcla de todas las religiones de la tierra, con sus estatuas, símbolos, sacerdotes de esas falsas religiones, la estatua del Buda sobre un altar y sobre un sagrario en la Iglesia de San Francisco (en Asís), las mega reuniones ecuménicas de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, las ceremonias y la estatua de la Pachamama que Francisco permitió en Roma dentro de una o varias iglesias, etc. Escuchemos a San Jerónimo:
[Lección 8 de Maitines, en la misma Homilia ut supra] “Potest áutem simplíciter aut de Antichrísto áccipi, aut de imágine Cǽsaris, quam Pilátus pósuit in templo, aut de Hadriáni equestri státua, quæ in ipso sancto sanctórum loco úsque in præséntem diem stetit: [La abominación de la desolación:] Puede tomarse simplíciter, o del Anticristo –que ya hemos explicado–, o de la imagen del César que Pilatos puso en el templo, o de la estatua de Adriano ecuestre que ha estado en ese mismo lugar llamado el santo de los santos hasta el día de hoy”. 
Continúa San Jerónimo:
“Abominátio quóque secúndum veterem Scripturam idolum nuncupátur (Abominación también, según el Antiguo Testamento, se llama a un ídolo –o falso dios–); et idcírco ádditur, desolatiónis (y por eso se agrega “de la desolación”), quod in desoláto templo átque destrúcto (porque en un templo desolado y destruido –así quedamos con el Concilio Vaticano II, y la falsa religión y la falsa Iglesia Moderna–) ídolum pósitum sit (fue puesto un ídolo: fue puesto un falso dios, “los” falsos dioses, y “sus” religiones falsas)”.
Repetimos: Todo esto que explicamos, ya lo hemos vivido con creces desde el Concilio Vaticano II, con esta falsa Iglesia Moderna y el Ecumenismo.
  
[III] Tercer punto: La abominación de la desolación estando en el lugar santo es: La falsificación de nuestra Religión Católica.
Aquello que más queríamos recalcar en la prédica de hoy, el tercer punto de San Jerónimo, es la Lección 9 de ese Domingo 24 después de Pentecostés. 
 
Si “la abominación de la desolación estando en el lugar santo” es una de las señales de la proximidad de los finales y de la vuelta de Dios Nuestro Señor Jesucristo, y si dicha “abominación” se aplica, en tercer lugar, a la falsificación de la Religión Católica y a la falsa Iglesia Moderna; pues bien, de ser así, allí tenemos otra señal clara de que estamos transitando, y somos espectadores y protagonistas, de los finales. San Jerónimo dice en su texto:
-“Abominátio desolatiónis intelligi potest et OMNE DOGMA PERVÉRSUM”. “Abominación de la desolación puede entenderse también como TODO EL DOGMA PERVERTIDO –FALSIFICADO– (dado vuelta, la religión falsificada)”. 
-La palaba en latín es “perversum: pervertido, perverso, dado vuelta”. El verbo es “pervérto-is-ere-pervérsi-pervérsum”, y viene de “per: que es un reforzativo del sentido”, más el verbo “verto: dar vuelta”, lo cual significa dar profundamente la vuelta, FALSIFICAR, poner algo patas para arriba, cambiar fuertemente, trastocar, revolver, dar vuelta, destruir, profanar algo sagrado, pervertirlo, corromperlo.
-La abominación de la desolación puede entonces entenderse como el dogma pervertido, la religión falsificada: falsificada con el Concilio Vaticano II y la falsa Iglesia Moderna. 
-Y San Jerónimo agrega: “quod cum vidérimus stare in loco sancto, hoc est in Ecclésia, et se osténdere Deum: lo cual –el dogma pervertido o religión falsificada– cuando lo veáis estar en el lugar santo, hoc est in Ecclesia: esto es en la Iglesia (cuando en la Iglesia veáis una falsificación del Catolicismo: esa falsificación es la Religión Moderna del Concilio), y mostrarse –esa falsificación– como si fuera Dios (como si esa falsificación de nuestra Religión fuera algo de Dios) [3].
    
En ese dogma pervertido o religión falsificada tenemos otra señal de la proximidad de los finales.
    
El punto central es que, en enseñanza de San Jerónimo, “la abominación de la desolación, dicha por el Profeta Daniel, estando en el lugar santo” significa LA PERVERSIÓN (PERVÉRSUM) o FALSIFICACIÓN DEL DOGMA (LA FALSIFICACIÓN DEL CATOLICISMO); y esto es tal cual lo que nos ha pasado a los católicos con el Concilio Vaticano II.
   
(Conclusión) [4]
 
El tema de la Apostasía, importantísimo, quedará, Dios mediante, para dentro de unos 15 días; y ésta es otra de las señales.
 
¿Estamos en los tiempos finales?, habíamos preguntado al principio.
-Una de las señales de la proximidad de la Parusía es LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN, que parece haberse cumplido ante nosotros, ante nuestros ojos, al menos en su sentido segundo y tercero ut supra [5].
-Entonces debemos responder que sí: Nuestras épocas sí se muestran como los tiempos finales.
-¿Debemos por ello, porque parece que estamos en los finales, por el Apocalipsis, dejar de cumplir con nuestro deber de estado? JAMÁS.
  • El sacerdote debe seguir hasta el fin como sacerdote (apostolado, viajes, vocaciones, nuevas ordenaciones sacerdotales, etc).
  • El casado debe seguir como casado hasta el final: Los matrimonios, esposo, esposa, obligaciones matrimoniales, tener niños, muchos niños, todos los que se puedan: la Familia bien-bien numerosa, y educarlos para que sean santos, para que sean grandes católicos. Los estudiantes deben seguir con sus estudios; los empleados con sus trabajos.
  
La Bienaventurada Esperanza (de San Pablo) nos decía, y nos dice esto: Abarca el cumplimiento del deber de estado, y nos llama a santificarnos mucho,para esperar a Dios Nuestro Señor Jesucristo con un traje digno, con el traje nupcial:
(Tito cap. 2,11ss) 11 [Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), 12 erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), 13 EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO. 14 qui dedit semetípsum pro nobis, ut nos redímeret ab omni iniquitáte (el cual se dio por nosotros, para redimirnos de todo pecado), et mundáret sibi pópulum acceptábilem (y limpiar para sí un pueblo aceptable), sectatórem bonórum óperum (seguidor de las buenas obras). 15 Hæc lóquere, et exhortáre (Estas cosas has de predicar y exhortar, y argüir con toda autoridad:) et árgue cum omni império. Nemo te contémnat (Que nadie te menosprecie).
AVE MARÍA PURÍSIMA
   
NOTAS
[1] En San Marcos (cap. 13,1ss): “3 Et cum séderet in monte Olivárum contra templum, interrogábant eum separátim Petrus, et Jacóbus, et Joánnes, et Andréas: 4 Dic nobis, quando ista fient ? et quod signum erit, quándo hæc ómnia incípient consummári?... [y entre las señales, Dios expresará:] 14 Cum áutem videritis abominatiónem desolatiónis stantem, ubi non debet, qui legit, intélligat…”.
[2] En esa misma cita de la II Tesalonicenses, versículo 3, leemos sobre las señales de la proximidad de la Parusía: “Nadie os engañe en manera alguna, PORQUE PRIMERO DEBE VENIR LA APOSTASÍA, y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición, [aquí empieza el v. 4:] el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios, ostentándose como si fuea Dios” (traducción y Biblia de Mons. Straubinger).
[3] Entonces: “debémus fúgere de Judǽa ad montes (debemos huir de Judea hacia los montes)” –expresión misteriosa esta última–. Seguía el texto: “debémus fúgere de Judǽa ad montes, hoc est, dimíssa occidénte líttera, et Judáica pravitáte, appropinquáre móntibus ætérnis, de quíbus illúminat mirabíliter Deus; et esse in tecto et in dómate, quo non possint igníta diáboli jácula perveníre, nec descéndere et tóllere áliquid de domo conversatiónis prístinæ, nec quærére quæ retrórsum sunt, sed magis sérere in agro spirituálium Scripturárum, ut fructus capiámus ex eo; nec tóllere álteram túnicam, quam Apóstoli habére prohibentur”.
[4] Hoy empezó el Adviento, la época preparatoria para la Navidad –Adviento y Navidad son épocas en que se nos llama con más insistencia a la conversión personal, a recuperar el estado de gracia si lo hemos perdido, si estamos en pecado mortal; se nos llama a la Confesión, ¡a confesarse!; se nos llama a estar siempre en estado de gracia para la Salvación Eterna, a corregirnos de pecados, de defectos, a santificarnos más–. La liturgia de Adviento y la liturgia de Navidad, viendo la Primera Venida, traspasan constantemente nuestros espíritus también hacia la Segunda Venida, hacia la Parusía, y se nos pide estar con traje digno, con traje nupcial, ser santos, para recibir a Dios Nuestro Señor Jesucristo que viene.
[5] Aunque el Anticristo todavía no se muestra públicamente (que fue el primer punto de San Jerónimo).
   

martes, 31 de octubre de 2023

CUIDADO CON LAS INTERPRETACIONES DE LA ESCRITURA

«Una interpretación falsa de la Escritura hace que el evangelio del Señor se convierta en el evangelio del hombre, o, lo que es peor, del diablo» (SAN JERÓNIMO).

martes, 3 de enero de 2023

EL ERROR DE SAN JERÓNIMO (Refutación del argumento protestante: «No se deben reconocer los deuterocanónicos porque San Jerónimo no los aceptaba»)

Adaptación y ampliación de la publicación por Metanoón (Twitter).
   
San Jerónimo en su celda (Marinus van Reymerswale. Madrid, Real Academia de Arte de San Fernando).
  
De Lutero abajo, muchos apologistas protestantes dicen que los libros deuterocanónicos no son divinamente inspirados ya que San Jerónimo, padre de la Iglesia y el gran traductor de la Biblia, se opuso a éstos como Sagrada Escritura. 
   
De hecho, en su famoso Prólogo de yelmo (galeáto), para los cuatro libros de los Reyes, San Jerónimo dice:
«Hic prólogus Scripturárum quási galeátum princípium, ómnibus libris quos de hebrǽo vertímus in latínum, conveníre potest: ut scire valeámus, quícquid extra hos est, inter apócrypha esse seponéndum. Ígitur Sapiéntia, quæ vulgo Salomónis inscríbitur, et Jesu fílii Sirach liber, et Judith, et Tóbias, et Pastor, non sunt in cánone. Machabæórum primum librum, hebráicum réperi. Secúndus, Græcus est: quod et ex ipsa phrasi probári potest [Este prólogo a las Escrituras puede servir como un prefacio con yelmo para todos los libros que hemos vertido del hebreo al latín, para que podamos estar seguros que cualquiera que esté más allá de estos debe ser reconocido entre los apócrifos. Por tanto, la Sabiduría de Salomón, como se la titula comúnmente, y el libro del Hijo de Sirá y Judit y Tobías y el Pastor no están en el Canon. El primer libro de los Macabeos he encontrado que es hebreo, el segundo es griego, como se puede comprobar desde el mismo estilo]».
¿Qué pasó allí? Primero, un poco de historia:

San Jerónimo nació en Estridón, Dalmacia en el año 342. Fue bautizado alrededor de los veinte años. Después de convertirse en sacerdote y monje, viajó a Constantinopla y Roma unos años antes de la muerte del Papa San Dámaso (384 d.C.). De temperamento irascible y controversial, se enemistó con varias personas, y se marchó de regreso a Oriente. Se instaló en un monasterio en Belén donde pasó el resto de su vida.

La mayor contribución de San Jerónimo a la Iglesia fue su titánico trabajo en los estudios bíblicos. Su dominio del latín, griego, hebreo y arameo era único para su época.

El Papa San Dámaso encargó a San Jerónimo que reemplazara la traducción al latín antiguo (conocida como Vetus Latína), que había estado al servicio de los cristianos latinos durante siglos, con una nueva traducción.

Al principio, Jerónimo tradujo la Septuaginta griega para su nueva “Vulgáta Latína” porque sabía que la Septuaginta había funcionado como texto del Antiguo Testamento para el cristianismo desde los días de los Apóstoles.

De hecho, el texto que trató de mejorar era una traducción antigua en latín de la Septuaginta griega.

San Jerónimo rápidamente se frustró con esta tarea porque tuvo que examinar y cotejar varias versiones de la Septuaginta hasta llegar a una versión lo más cercana posible del original. Sin embargo, por otra parte, también disponía de un texto hebreo que parecía haber circulado durante mucho tiempo, en una sola versión estandarizada y estable. Y dado que la Septuaginta misma es una traducción del hebreo, pensó: «¿por qué molestarse en incluir al griego? ¿Por qué no simplemente traducir directamente del hebreo?».

Jerónimo llamó a este principio, el de colocar el Texto Hebreo Masorético por encima y en contra de todas las demás versiones, el principio de la “Verdad hebrea” (Véritas Hebráica). Este principio de “La Verdad hebrea” jugó un papel importante en la traducción de Jerónimo de la Vulgata latina.

En principio, San Jerónimo partió de un razonamiento lógico: «el hebreo original e inspirado es realmente lo que finalmente necesitaba ser traducido. A fin de cuentas, estamos hablando del Antiguo Testamento».
  
Desafortunadamente, cometió un error fatal en su aplicación de ese principio; pensó que el original hebreo se preservaba sólo en la “única tradición rabínica” representada por el Texto Masorético (TM) y que la Septuaginta griega no era más que una “traducción defectuosa” del TM. En esto San Jerónimo estaba totalmente equivocado. Con el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto hemos podido confirmar lo que las voces más tradicionales habían insistido todo el tiempo y la razón porqué la Septuaginta no había sido venerada por los cristianos en vano:
1.º La Septuaginta es anterior al texto preferido por Jerónimo y que
2.º Junto con otras fuentes, conserva restos de una tradición textual más antigua.

Aunque el TM es sin duda una muy buena y auténtica tradición de los textos antiguos, pasó por un proceso de desarrollo antes de alcanzar su forma final a mediados del segundo siglo cristiano. Y aun así, apenas en el siglo X ni siquiera estaba unificado entre los judíos (las escuelas de Palestina y Tiberíades diferían de escuela de Babilonia, y en esta última había diferencia entre la escuela de Sura y la de Nehardea) y habían diferencias en la puntuación.

Ahora se ha demostrado, que el argumento de Jerónimo cae irremediablemente al suelo ya que se basó en el concepto erróneo de que el Texto Masorético era el canon de Jesús y los apóstoles.

Cualquier apelación continua a través de los reformadores a Jerónimo y al canon hebreo llega al mismo fin. Dos comunidades diferentes participaron en la definición de cánones a partir del material común del judaísmo anterior al 70.

Y dado que la Iglesia definió su canon del AT por sí misma, ¿qué reclamo histórico tiene la definición judía del canon sobre el final del primer siglo para la Iglesia?

Si el cristianismo protestante va a continuar con su costumbre de restringir su canon del Antiguo Testamento al canon judío, entonces tendrá que describirse un fundamento y una doctrina del canon completamente nuevos, y cualquier doctrina protestante respecto del canon, que tome en serio la cuestión del uso cristiano y la herencia histórica y espiritual, siempre conducirá en última instancia al AT cristiano tal como fue definido por el uso de la Tradición Apostólica, y luego confirmado por el Magisterio de la Iglesia a finales del siglo IV (San Agustín y el Concilio de Cartago) y principios del V (Decreto Gelasiano).

Los apologistas protestantes a menudo intentan convertir a Jerónimo en el portavoz de una gran mayoría silenciosa de cristianos informados en su época. Esta opinión no está respaldada por ninguna prueba, ya que los eruditos protestantes han admitido que Jerónimo estaba esencialmente solo en su oposición a los deuterocanónicos, la cual fue el producto de su propia (y defectuosa, como sabemos ahora) erudición.

La propia proeza intelectual de una persona, por sabia o erudita que sea, no es capaz de determinar qué es palabra de Dios y qué no lo es. En cambio, la novia de Cristo que es la Iglesia, recibe la palabra de Dios, de Cristo y sus apóstoles, como parte del depósito original e inalterable de la fe.

Algunos polémicos argumentan que el Deuterocanon fue aceptado en la Iglesia antigua sólo porque los cristianos ignoraban el hebreo y confiaban en la Septuaginta griega como Escritura. Se argumenta que si los miembros que la Iglesia primitiva hubiera entendido el hebreo y hubieran podido conversar con los rabinos de su época, habrían aprendido la verdad sobre el canon, pero lo que suele olvidarse es que siempre hubo un flujo constante de conversos de habla hebrea que llegaban a la Iglesia. Sin embargo, ninguno de ellos había intentado alterar el canon cristiano.
  
En todo caso, es inconcebible que los Apóstoles hayan fallado en su deber de proporcionar a la Iglesia una colección verdadera e indudable de la Escritura. Y por otra parte, los Padres de la Iglesia no son más autoridad que el Magisterio eclesiástico, y en caso de diferencias, este se ha de preferir a aquellos.

Créditos a Gary Michuta y A. C. Sundberg.

jueves, 30 de diciembre de 2021

DÍA TREINTA, EN HONOR A SAN JERÓNIMO

Devoción publicada en Ciudad de México por la Imprenta de Antonio Vanegas Arroyo en 1903.
  
NOTICIA DE LA VIDA DE SAN JERÓNIMO*
El insigne Máximo y Padre de la Iglesia Católica, nació en Estridón en el año 340. Rico y poderoso, dejóse llevar en su juventud por los desórdenes que el mundo le ofrecía; pero bien pronto volvió a Dios sus ojos y para purgar sus pecados, se retiró a un desierto de Palestina y allí lloró tanto y tanto mortificó su cuerpo con ayunos y privaciones, que Dios le concedió la pureza que solicitaba prestando desde entonces inmensos servicios a la Iglesia y muriendo con la mayor santidad.
    
El día 30 es el señalado por la Iglesia para conmemorar las virtudes del Santo y por lo mismo es conveniente practicar la devoción de encomendarnos a tan eminente Santo para alcanzar las virtudes de que él fue patente ejemplo, procurando ante todo la salvación del alma a cuyo fin debemos mortificar el cuerpo, dominando las pasiones y disponiéndonos a la muerte, y pues este momento ha de llegar, que el trance nos encuentre preparados para poder ofrecer a Dios el alma que de Él recibimos lo más purificada que sea posible.

DEVOCIÓN PARA EL DÍA TREINTA DE CADA MES A SAN JERÓNIMO ORACIÓN Y ALABANZA AL GRAN PADRE Y DOCTOR MÁXIMO DE LA RELIGIÓN CATÓLICA SAN JERÓNIMO
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

Se rezarán en honor del Santo tres Padre Nuestros y Ave Marías gloriados y la siguiente:

ORACIÓN
Santísimo Padre y Doctor San Jerónimo: yo el menor de vuestros devotos me presento a vos lleno de confusión y asombro por ver lo desarreglado de mi vida, el descuido que he tenido de mi salvación y casi total abandono de mi alma. Encantado con las apariencias del mundo, ofuscado con las tentaciones del demonio, me he pasado los mejores años de mi vida obedeciendo a mis pasiones y desobedeciendo a Dios, sin tener otra mira ni otra atención que darme gusto y seguir mi inclinación. ¡Qué amargura sentirá mi pobre alma al ver empleada su vida en servir a sus apetitos y en nada a Dios! ¡Qué despecho al conocer que ya no hay tiempo de remediar el mal que se hizo sino con un arrepentimiento, quizá estéril y sin provecho; por no nacer de verdadera contrición y dolor! ¡Oh, y con qué semblante pediré el cielo, a un Dios a quien casi toda mi vida he despreciado y ofendido! ¡Con qué ánimo podré prometerme la gloria que jamás procuré merecerme! Santo mío, este rayo de luz con que el Señor misericordiosamente me alumbra, no se pase sin fruto como tantos otros se han pasado por mi insensibilidad y pereza. Alcánzame del Señor que acierte a aprovecharme comenzando desde ahora una vida cual querré y desearé haber tenido en la hora de mi muerte, para cuyo trance imploro desde este punto tu favor y te pido tu asistencia, con la cual, libre de los asaltos del demonio, y fortalecido con la sólida confianza en la misericordia de Dios, salga en paz de este mundo, y pase a acompañarte en el cielo, en donde alabe, ame y goce del Supremo bien, mi Dios Trino y Uno, que vive y reina por todos los siglos. Amén.
    
ALABADO A SAN JERÓNIMO
    
Señor San Jerónimo
De Dios fuiste enviado
Para librar a las almas
Que están en pecado.
  
Hombres y mujeres
Que están alabando,
Señor San Jerónimo
Los está acompañando.
   
Miren, pecadores
Este relicario,
Señor San Jerónimo
Los lleve al Calvario.
   
Se deshojó una flor
Para su camino,
Señor San Jerónimo
Sea su padrino.
   
Qué linda flor
Nos mandó el Señor,
Para librar esta alma
De este pecador.
   
Hoy tiembla el infierno
De oír esta voz,
Señor San Jerónimo
La lleve con Dios.
   
Ya el alma se va
Ya va caminando,
Señor San Jerónimo
La va acompañando.
  
Señor San Jerónimo
De Dios es propicio,
Yo temo llegar
A este día del Juicio.
   
Señor San Jerónimo,
Lindo y milagroso,
Tú llevas las almas
Al Dios poderoso.
   
Señor San Jerónimo,
Lindo y potentado,
A rendir la cuenta
De lo mal pagado.
    
Señor San Jerónimo,
Ruégale a San Pedro
Que me abra la puerta
Para entrar al cielo.
   
Almas pues a Dios,
A Dios pediremos
Que nos dé el descanso
Por siglos enteros.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 27 de abril de 2021

QUE DIOS SEA NUESTRA ESPERANZA DE SUSTENTO

«Solamente en Dios pongamos nuestra esperanza; no digamos: “¿en dónde hallaré, cuando sea anciano, con qué vivir? Si enfermo ¿quién me sustentará?”. ¿Tenéis a Jesucristo y tembláis? Este Señor da de comer a las avecitas, y ¿dudáis que os alimente? El diablo parece que sustenta a los que son suyos, y ¿no creéis que Jesucristo dará a los suyos el sustento? El diablo está proporcionando a los suyos oro y piedras preciosas, y ¿no podrá Jesucristo daros pan? Arrojemos, pues, de nuestro corazón toda solicitud, y digamos con el profeta: “Nosotros haremos en nombre de Dios acciones llenas de fortaleza; porque Él será nuestra fuerza. Él será nuestro sustento, y Él será nuestro guía”». (SAN JERÓNIMO, Sobre el salmo X, sentencia 113).

miércoles, 30 de septiembre de 2020

BERGOGLIO, A VUELTAS CON SAN JERÓNIMO

Hoy Bergoglio hizo publicar la Carta Apostólica “Sacræ Scriptúræ Afféctus”, en ocasión del 1600º aniversario del tránsito del Doctor Máximo San Jerónimo. Como no podía ser de otra manera, lo “conmemora” haciendo alusión a las Sagradas Escrituras, la obsesión sui géneris de los modernistas (porque insisten machaconamente al “Pueblo de Dios” que la lean, pero tuercen su sentido y rechazan la interpretación auténtica que le ha dado la Iglesia por más de 2000 años –¿qué esperáis, si el modernismo es la versión “catolicada” del protestantismo–).
  
No vamos a fastidiaros trayendo el texto completo, si no que vamos a hacer análisis sobre algunos elementos puntuales:
  
La carta encabeza con una referencia a la Oración que el Misal Montini-Bugniniano le dedica a San Jerónimo (de hecho, el título de la Carta sale de la Oración):
«Deus, qui beáto Hierónymo presbýtero suávem et vivum Scriptúræ Sacræ afféctum tribuísti, da, ut pópulus tuus verbo tuo ubérius alátur, et in eo fontem vitæ invéniat (Oh, Dios, que concediste al presbítero san Jerónimo un amor suave y vivo a la Sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la vida)»
Y hace un recuento de la vida de San Jerónimo, donde no faltan las sensiblerías y el empirismo. Acto seguido, presenta siete puntos:
  1. «La clave sapiencial de su retrato»: Bergoglio dice que la vida de San Jerónimo está conjugada en dos aspectos, que han sido tema de representación artística: el asceta (plasmado por Leonardo da Vinci) y el teólogo (representado por Alberto Durero). Aspectos sintetizados en el lienzo de Caravaghio en la Galería Borghese de Roma.
  2. «Amor por la Sagrada Escritura»: Hecha una alusión “al vuelo” de la crítica literaria que hacen los biblistas modernos, Bergoglio se explaya en la importancia del Antiguo Testamento, más allá del simple repertorio de profecías que se cumplen en la persona y ministerio de Jesús:
    «El Antiguo Testamento no debe considerarse como un vasto repertorio de citas que demuestran el cumplimiento de las profecías en la persona de Jesús de Nazaret. En cambio, más radicalmente, sólo a la luz de las “figuras” veterotestamentarias es posible comprender plenamente el significado del acontecimiento de Cristo, cumplido en su muerte y resurrección».
    Claro, si Bergoglio dijo más arriba que San Jerónimo «se confió a un hermano judío, convertido al cristianismo, que lo introdujo en el conocimiento de la nueva lengua hebrea y de los sonidos, que definió “palabras fricativas y aspiradas”»; y en otra ocasión que «en cada cristiano hay un judío».
  3. «El estudio de la Sagrada Escritura»: Bergoglio, por un lado, vuelve al tema de la obediencia de la fe: obediencia a Dios en cuanto autor de la Sagrada Escritura, y a los intérpretes de la misma (eso sí, obediencia que «no es una mera recepción pasiva de lo que es conocido; al contrario, requiere el compromiso activo de la investigación personal»). Por la otra, se lamenta que la Sagrada Escritura sea desconocida y minusvalorada por las facultades de teología, y desconocida por el grueso de los fieles (justificándose en esto el “Domingo de la Palabra de Dios” creado el año anterior, para –según él– enriquecer de sentido y orientar jerárquicamente hacia Cristo la “religiosidad popular” –nombre despectivo que usan los modernistas para referirse a la devoción–).
  4. «La Vulgata»: Se hace un resumen del proceso de la traducción de la Biblia al latín vulgar por San Jerónimo (huelga decir que la labor que le encomendara el Papa San Dámaso fue hacer una revisión desde los originales griego y hebreo a la Vetus Latína –que era la versión latina traducida del griego, y cuyo eco aún sobrevive en la liturgia: el Gloria in excélsis y el Pater noster en el Rito Romano tradicional siguen la Vetus Latína–), cómo tras pasar ciertas oposiciones (San Agustín le reprochó apartarse de la Septuaginta en su labor de traducción; y la Vetus Latína –que llegó hasta Irlanda vía España– coexistió con la Vulgáta hasta el siglo XII), llegó a ser aceptada como auténtica por el Concilio de Trento –aunque para los Salmos en la Misa y el Breviario se acogió el Psaltérium Gallicánum y la temprana Versión Romana del salmo 94: “Venite, exsultémus Dómino”, no así la jeronimiana versión juxta Hebráicum– (para luego ser remplazada por la wojtyliana Nova Vulgáta, haciendo escala por el nunca suficientemente deplorado Salterio de Bea).
  5. «La traducción como inculturación»: Bergoglio presenta la Vulgáta de la que habló en el título anterior como una “inculturación”, y la labor de traducir en general como un “acto de hospitalidad” necesario para la “cultura del encuentro”. En esta óptica es que destaca que la labor misionera ha contribuido al estudio de los idiomas.
  6. «Jerónimo y la cátedra de Pedro»: Se resalta la lealtad de San Jerónimo al Papa San Dámaso en una época en la que afloraban muchas herejías, contra las cuales combatió nuestro santo (de ahí que el Martirologio Romano tradicional expresa que «multa hærésum monstra gládio suæ doctrínæ confódit», «con la espada de su doctrina atravesó a muchos monstruos de herejía»). Aquí, sin embargo, este aparte ha de verse no como un reclamo de unidad a la Cátedra de San Pedro, sino como un dardo que desesperado lanza Bergoglio contra sus críticos viendo que su “autoridad” ha sido puesta en entredicho ¡POR SUS PROPIAS ACCIONES Y PALABRAS!
  7. «Amar lo que Jerónimo amó»: Resaltando el testimonio que sus contemporáneos daban de San Jerónimo como estudioso infatigable, Bergoglio apela, particularmente a los jóvenes, a que «vayan en busca de su herencia. El cristianismo los convierte en herederos de un patrimonio cultural insuperable del que deben tomar posesión. Apasiónense de esta historia, que es de ustedes» (aun a sabiendas que estudiando el patrimonio de la Iglesia hallarán que el modernismo imperante es ajeno a él, pero sobre esto no nos hacemos ilusiones); concluyendo con la presentación de la Virgen Santísima como “modelo de lectura orante de la Escritura”.

Si miramos las referencias citadas (61 en total), vemos que: 
  • 27 son modernistas, destacando la edición modernista del Denzinger por Antonio Schönmetzer SJ en 1963, Giovanni Battista Montini Alghisi (además del Misal Montini-Bugniniano citado arriba, la Constitución conciliar Dei Verbum), Karol Józef Wojtyła Katzorowski (Constitución apostólica Scripturárum thesáurus y Carta a los artistas del 4 de Abril de 1999), Joseph Ratzinger Tauber/Peintner (Audiencias Generales del 7 y 14 de Noviembre de 2007, el Sínodo de 2008 y la Exhortación apostólica Verbum Dómini), y Jorge Mario Bergoglio Sívori (la Exhortación apostólica Evangélii Gáudium, la Homilía santamartera del 10 de Diciembre de 2015, el Motu Próprio Apéruit Illis y el mensaje ante la Pontificia Academia de Ciencias del 4 de Diciembre de 2019).
  • 1 protestante (Paul Ricœur Favre, Sur la traduction, Bayard, París 2004),
  • 1 judío (George Steiner Franzos, After Babel. Aspects of language and translation, Oxford University Press, Nueva York 1975), y
  • 1 agnóstico (Ludwig Wittgenstein Kalmus, Tractatus logico-philosophicus, 5.6)
totalizando un 49,18%. Las demás (incluida la alusión a Benedicto XV como simple cota historica), son matizadas por el modernismo. En conclusión, un documento envenenado que, lejos de honrar a San Jerónimo, lo insulta una vez más.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
30 de Septiembre de 2020 (Año Santo Josefino).
Fiesta de San Jerónimo, Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia; de San Honorio de Canterbury, Arzobispo y Confesor; de San Antonino de Plasencia, Mártir de la Fe; de San Gregorio I “El Iluminador”, Obispo y Apóstol de Armenia; de los Santos Mártires Víctor y Urso de Solothurn; de Santa Eusebia de Marsella, Virgen; Santa Sofía Romana, Viuda; de San Amadeo de Nusco, Obispo y Confesor; de San Simón de Crépy, Monje; y del Beato Conrado de Urach O. Cist., Abad y Obispo de Porto‐Santa Rufina. Tránsito de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz OCD, y de San Francisco de Borja SJ.