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domingo, 18 de octubre de 2026

LA DIFERENCIA ENTRE EL VERDADERO Y EL FALSO PROFETA

«No faltaba en Israel la peste de los falsos profetas. El profeta de Dios se distingue del falso por la veracidad y por la fidelidad con que transmite la Palabra del Señor. Aunque tiene que anunciar a veces cosas duras: “cargas”, está lleno del espíritu del Señor, de justicia y de constancia, para decir a Jacob sus maldades y a Israel su pecado (Miq. III, VIII). El falso al revés, se acomoda al gusto de su auditorio, habla de “paz”, es decir, anuncia cosas agradables, y adula a la mayoría porque esto se paga bien. El profeta auténtico es universal, predica a todos, hasta a los sacerdotes; el falso, en cambio, no se atreve a decir la verdad a los poderosos, es muy nacionalista, por lo cual no profetiza contra su propio pueblo ni lo exhorta al arrepentimiento».

Mons. JUAN STRAUBINGER BAUMANN, Introducción a los Libros Proféticos en la Biblia Platense.

domingo, 24 de noviembre de 2024

EL OLVIDO DEL APOCALIPSIS

I

«Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro», dice el Ángel a San Juan Evangelista después de haberle revelado los arcanos del Apocalipsis (Apoc. XXII, 7). De modo que es una bienaventuranza guardar esas palabras. Obsérvese que guardar no quiere decir cumplir, pues no se trata aquí de mandamientos; guardar –o “custodiar” como dice el latín—, quiere decir conservar las palabras en el corazón, como hacía María Santísima con las del Evangelio (Luc. II, 19 y 51). No es otro el sentido de la expresión de San Pablo cuando nos dice: «La Palabra de Dios habite en vosotros abundantemente» (Col. V, 16). Por lo demás, el secreto de toda Palabra de Dios consiste precisamente en eso: en que el guardarla o conservarla es lo que hace cumplirla, como lo dice claramente el salmista: «Escondí tus palabras en mi corazón para no pecar contra Ti» (Sal. CXVIII, 11).

Esta bienaventuranza que dan las palabras misteriosas de la Profecía del Apocalipsis, se extiende a todos, como se ve desde el principio (Apoc. I, 3): «Bienaventurado el que lee y oye las palabras de esta profecía y conserva lo que en ella está escrito; porque el tiempo está cerca».

Tal afirmación de que «el tiempo está cerca», está repetida varias veces en la profecía, y es dada como la razón de ser de la misma: «No selles (es decir, no ocultes) las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca» (XXII, 10). Compárese esto con lo que Dios dice a Daniel en sentido contrario, hablando de estos mismos tiempos de la vuelta de Cristo: «Pero tú, oh Daniel, ten guardadas estas palabras, y sella el libro hasta el tiempo determinado: muchos le recorrerán, sacarán de él mucha doctrina» (Dan. XII, 4).

Este cotejo de ambos textos impone la conclusión de que si entonces, en tiempo de Daniel, algunas profecías habían de estar selladas, hoy es necesario, al revés, que las conozcamos. Si esto fuera así, si el esplendor de las maravillas de bondad y grandeza que Dios ha revelado al hombre, fuese conocido por todos los cristianos; si ellos se enterasen de que San Pablo nos revela misterios escondidos de Dios que ignoraban los mismos ángeles (Efes. III, 9 y 10), ¡cómo aumentaría su interés y su amor por la religión! Entretanto, hoy se lamentan obispos europeos (Monseñor Mauricio Landrieux, de Dijón; Monseñor Juan Girbeau, de Nimes; etc.) de la insuficiencia de la enseñanza catequística, por haberse convertido en «una suma de mandamientos y en un catálogo de pecados, vacío del contacto con la persona de Cristo», que es el Maestro y como tal se muestra en la Escritura.

El Ángel del Apocalipsis compara con los profetas a los que guardan las palabras de esa profecía (Apoc. XXII, 9), y tan insuperable importancia atribuye Dios al conocimiento de esa Revelación, que, además de las bienaventuranzas ya citadas, cierra ese Libro, que es el coronamiento de toda la Revelación divina, con estas terribles amenazas: «Ahora bien, yo advierto a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Que si alguno añadiere a ellas cualquier cosa, Dios descargará sobre él las plagas escritas en este libro. Y si alguno quitare cualquiera cosa de las palabras del libro de esta profecía, Dios le quitará a él su parte del árbol de la vida, y de la ciudad santa, que están descritos en este libro» (Apoc. XXII, 18 y 19, texto griego).

II

Ante estas palabras de Dios, confirmamos claramente lo que ya sabíamos por el Evangelio, esto es: que en el cristianismo no hay nada que sea misterio reservado a algunos pocos. «Lo que os digo al oído predicadlo sobre los techos», dijo Cristo en las instrucciones que dió a los doce apóstoles (Mat. X, 27), y al pontífice que lo interroga sobre su doctrina, le dice: «Yo he hablado al mundo abiertamente… y nada he hablado en secreto… interroga tú a los que me han oído» (Juan XVIII, 20 s.). Por eso al nacer la Iglesia en el instante de la muerte del Redentor, el velo que ocultaba los misterios del Templo quedó roto de alto a bajo (Mc. XV, 58).

Tiempo es, pues, de que caiga de los ojos de nuestros hermanos ese velo que los aparta de conocerlo a Él, que es la Luz; y que desaparezca ese equívoco que aleja a las almas de la fuente de Agua Viva, como si fuese veneno.

Aun hoy, a pesar de tantas y tan insistentes palabras de los Sumos Pontífices que recomiendan la lectura diaria de la Biblia hay quien se atreve a decir con audacia que estas cosas son peligrosas, como si la Palabra de Dios, que es “siete veces depurada» (Sal. XI, 7) pudiera contener veneno corruptor cuando el Espíritu Santo ha dicho que ella “transforma las almas… y presta sabiduría a los niños» (Sal. XVIII, 8), y Cristo enseña que éstos la entienden mejor que los sabios (Mt. XI, 25). ¡Ay de los que apartan a las almas de la Palabra de Dios! A ellos, a los falsos profetas, aplica San Juan Crisóstomo aquella maldición terrible de Cristo contra los sacerdotes de Israel, que ocultaban la Sagrada Escritura, que es la llave del cielo. “¡Ay de vosotros, hombres de la Ley, que os habéis guardado la llave de la ciencia! Vosotros mismos no entrasteis, y a los que iban a entrar se lo habéis impedido» (Luc. XI, 52).
   
III
    
Si para muchos la Biblia en general ha dejado de ser el libro de espiritualidad, ¿cuánto más el Apocalipsis? Ya en el siglo séptimo el IV Concilio de Toledo se vió obligado a excomulgar a los sacerdotes que no lo explicasen todos los años en las misas desde Pascua a Pentecostés (Enchiridiónis Bíblicum Nr. 24) [1]. ¿Qué dirían los Padres del Concilio si vieran cómo el Apocalipsis ha llegado a ser hoy el libro menos leído y más olvidado de la Biblia?
  
«Bienaventurado el que lee y oye las palabras de esta profecía» (Apoc. I, 3). Leamos, pues, sin miedo la tremenda y dulcísima profecía del Apocalipsis. Tremenda para los traidores de Cristo; dulcísima para «los que aman su advenimiento» (II Tim. IV, 8) y aspiran a los misterios de la felicidad prometida para las Bodas del Cordero. Sobre ellos dice San Jerónimo: «El Apocalipsis de San Juan contiene tantos misterios como palabras; y digo poco con esto, pues, ningún elogio puede alcanzar el valor de este libro».

Notemos que el no leerlo y el no creer en él es precisamente el síntoma de que esas profecías están por cumplirse, como lo dijo Cristo: «Lo que acaeció en tiempos de Noé, igualmente acaecerá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, casábanse y celebraban bodas, hasta el día en que Noé entró en el Arca; y sobrevino entonces el diluvio que acabó con todos. Como también sucedió en los días de Lot: comían y bebían; compraban y vendían; hacían plantíos y edificaban casas; mas el día que Lot salió de Sodoma llovió del cielo fuego y azufre, que los abrasó a todos». (Luc. XVII, 26-29).
   
Leamos el Apocalipsis. Y lo que no entendamos volvámoslo a leer una y mil veces, y estudiémoslo, y busquemos sacerdotes piadosos y libros buenos que nos lo expliquen, no según las ideas de los hombres, sino según las luces de la misma Sagrada Escritura. Esta ocupación de descifrar los misterios de Dios es la única digna del sabio, dice el Eclesiástico (XXXIX, 1 ss.). No por la curiosidad malsana de los que pretenden hacer adivinanzas sobre los acontecimientos políticos de tal o cual país, sino por el ansia de conocer y admirar más y más los sublimes designios de Dios sobre el hombre, y poder sacar de ellos un fruto creciente de caridad.
   
Leamos especialmente el Apocalipsis en el tiempo de Adviento, en el cual la Santa Iglesia quiere prepararnos, como se ve en toda la liturgia, a ese segundo advenimiento de Cristo triunfante. Desde la primera antífona de Maitines clama la Madre Iglesia, como con trompeta de triunfo: «Al Rey y Señor que va a venir, venid, adorémosle».
   
IV
   
La primera Encíclica de S. S. Pío XII [Summi Pontificátus, N. del E.] nos confirma en los conceptos que dejamos expuestos. Empieza el Papa recordando el 40.º aniversario de la consagración del género humano al Corazón de Cristo por S. S. León XIII, y declara que quiere «hacer del culto al Rey de los Reyes y Señor de los señores (Apoc. XIX, 6), como la plegaria del introito de este Nuestro Pontificado». Hace luego una manifestación, verdaderamente trascendental con las palabras siguientes: «¿No se le puede quizás aplicar (a nuestra época) la palabra reveladora del Apocalipsis: “Dices ‘rico soy y opulento y de nada necesito’; y no sabes que eres mísero y miserable y pobre y ciego y desnudo”»? (Apoc. III, 17).
   
Además de estas referencias al Apocalipsis, el Sumo Pontífice expresa su creencia de que estamos «al comienzo de los dolores anunciados por Jesús en el discurso escatológico» (Mt. XXIV, 8). Tan vehemente llamado del Papa ha de despertar las conciencias cristianas «para comprender que la Parusía, o segunda venida de Cristo, es verdaderamente el alfa y omega, el comienzo y el fin, la primera y la última palabra de la predicación de Jesús, que es su llave, su desenvolvimiento, su explicación, su razón de ser, su sanción; que es, en fin, el acontecimiento supremo al cual se refiere todo lo demás y sin el cual todo lo se derrumba y desaparece» (Cardenal Billot, La Parousie, 9).
   
El Cardenal Primado de nuestra patria [Santiago Luis Copello Bianchi, N. del E.] nos ha dado el ejemplo de ese interés por Parusía de Cristo y por el libro escatológico que la explica, al adopta como lema en su Escudo la palabra que cierra y resume todo el Apocalipsis: «¡Ven, Señor Jesús!».

Mons. JUAN STRAUBINGER BAUMANN, Espiritualidad bíblica. Buenos Aires, Plantín, 1949, págs. 183-188.
   
NOTA (Por el editor)
[1] Se refiere al canon 17 del IV Concilio de Toledo, convocado el 5 de Diciembre del 633 en tiempo del rey Sisenando y presidido por San Isidoro de Sevilla, que establece lo siguiente (Fuente: Dr. JUAN TEJADA Y RAMIRO, compilador. Colección de cánones y de todos los concilios de la iglesia de España y de América en latín y castellano, con notas e ilustraciones, tomo II. Madrid, Imprenta de Pedro Montero, 1861, pág. 277):

LATÍN
XVII. De Apocalýpsis libro in ómnibus recipiéndo.
Apocalýpsis librum multórum conciliórum auctóritas et synódica sanctórum præsúlum Romanórum decréta Joánnis evangelístæ esse præscríbunt, et inter divínos libros recipiéndum constitúerunt: et quía plúrimi sunt qui ejus auctoritátem non recípiunt átque in Ecclésia Dei prædicáte contémnunt, si quis eum deínceps aut non recéperit aut a Pascha usque ad Pentecósten missárum témpore in ecclésia non prædicáverit, excommunicatiónis senténtiam habébit.
TRADUCCIÓN
17. Que en todas partes se reciba el libro del Apocalipsis.
La autoridad de muchos concilios y los decretos sinódicos de los santos prelados de Roma dicen que el libro del Apocalipsis es de San Juan Evangelista, y han establecido que se coloque entre los libros divinos; y porque hay muchos que no admiten su autoridad y desprecian predicarle en la Iglesia de Dios, mandamos, que si en adelante alguno, o no le recibiere o no le predicase en la iglesia cuando se dicen las misas desde la Pascua hasta Pentecostés, sufrirá la sentencia de excomunión.

lunes, 30 de septiembre de 2024

SAN MIGUEL ARCÁNGEL: LA PROFECÍA DE SU BATALLA CONTRA EL DIABLO (PRÉDICA 4) POR Mons. FERNANDO ALTAMIRA

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, el Domingo 29 de Septiembre de 2024 (XIX Domingo después de Pentecostés).
   
Para seguir el orden:
  1. LA PROFECÍA Y LOS TIEMPOS ACTUALES (Prédica n.º 1: Domingo 18 de Agosto, XIII después de Pentecostés; Prédica n.º 2: Domingo 25 de Agosto, XIV después de Pentecostés).
  2. FRANCISCO Y EL FALSO PROFETA DE LAS ESCRITURAS (Prédica n.º 3). Domingo 22 de Septiembre, XVIII después de Pentecostés.
   

SAN MIGUEL ARCÁNGEL: LA PROFECÍA DE SU BATALLA CONTRA EL DIABLO
    
TODO EN MARÍA y POR MARÍA. Y por las BENDIAS ALMAS DEL PURGATORIO
   
Queridos hijos:
   
Hoy es la Fiesta de San Miguel Arcángel, el príncipe de los Ejércitos del Cielo, EL DUX de las Milicias de Dios, vencedor de Satanás y de todas las tropas y movimientos contra Dios, patrono de tantos militares católicos con sus ejércitos, sobre todo en los reinos católicos de la Europa Medieval.
   
Queríamos traer a colación una profecía que es poco conocida: La Profecía del Apocalipsis sobre San Miguel Arcángel y su batalla contra el Diablo en los últimos tiempos, ese tiempo que parece ser nuestro tiempo; dicha profecía se encuentran en el capítulo 12 del Apocalipsis, y está muy relacionada con la conversión de los judíos hacia Dios Nuestro Señor Jesucristo; es interesante lo que dice Daniel sobre San Miguel como protector para la salvación-conversión del pueblo judío, pero hoy no veremos a esto sino el mencionado capítulo 12 del Apocalipsis:
   
El Capítulo 12 es LA MUJER PARTURIENTA, la que está dando a luz con dolor: El Padre Leonardo Castellani dice que se trata de la conversión de los judíos al Catolicismo, la mujer es Israel, y da a luz con dolor, por los inmensos dolores que le ha costado y le costará al pueblo judío el no haber reconocido durante siglos a Dios Nuestro Señor Jesucristo, para finalmente reconocerlo (“darlo a luz”), en los finales de la Historia y convertirse.
  
Repitamos el símbolo de la profecía: El pueblo judío -la mujer-, da a luz un varón -se convierte a Dios Nuestro Señor Jesucristo-, con dolor: pues después de muchos dolores, durante siglos, ese pueblo se convierte a Él y a su Catolicismo-.
  
La liturgia católica aplica por acomodación a la Santísima Virgen el primer versículo del mencionado Capítulo 12, es un modo impropio, aunque más que permitido, pero “no propio” porque la Santísima Virgen da a luz a Cristo SIN DOLOR, y la Mujer Parturienta de este capítulo sí tiene dolor.
  
En cuanto a SAN MIGUEL ARCÁNGEL, unos cuantos versículos más adelante está la referencia a él, su accionar en los últimos tiempos, con una batalla misteriosa contra el diablo, y probablemente con un rol capital también en la conversión de los judíos hacia el Catolicismo. 
  
En esta prédica, queríamos desarrollar: 
  1. El mencionado primer versículo que, por acomodación y figurativamente, se aplica a la Virgen; y a renglón seguido el versículo 2 que hace alusión propiamente a esa otra mujer de esta profecía y a su parto con dolor (por eso lo que aclarábamos al principio).
  2. Después, algunos comentarios sobre estos textos del Apocalipsis, siguiendo principalmente al Padre Castellani.
  3. Posteriormente veremos los versículos sobre la batalla de San Miguel Arcángel, junto con las palabras finales de esta profecía, palabras que competen al pueblo judío y a nosotros los pueblos gentiles.
(Cuerpo)

[1] En primer lugar, el mencionado primer versículo del Cap. 12 que, como dijimos, la liturgia de la Santa Iglesia Católica y arte católico (pintura y escultura) han aplicado a la Virgen figurativamente:
  
1 Et signum magnum appáruit in cœlo : MÚLIER AMÍCTA SOLE, et luna sub pédibus ejus, et in cápite ejus coróna stellárum duódecim.
1 Un gran signo apareció en el cielo: UNA MUJER VESTIDA CON EL SOL, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas.
 
Y ahora leemos el versículo número 2 sobre los dolores de parto, que competen en forma propia, no a la Virgen, sino a la Mujer Parturienta de esta profecía, el pueblo judío:
  
2 et in útero habens, clamábat partúriens, et cruciabátur ut páriat.
2 y [esa mujer] había concebido en su útero, y clamaba dando a luz, y sentía los tormentos -con los dolores de parto- para dar a luz.
  
[2] Comencemos escuchando unos comentarios del Padre Leonardo Castellani [1]:
« La visión de la Gloriosa Parturienta... Esta mujer es símbolo de Israel, y alude a la conversión de los judíos -o una parte dellos- en los últimos tiempos [2], profetizada por San Pablo... (...) Dar a luz a Cristo puede convenir solamente a María Santísima, a la Iglesia y a Israel. Excluidas las dos primeras... por no convenir en modo alguno a ellas las peripecias que aquí narra el Profeta, la visión significa el Israel de Dios [el pueblo judío convertido al Catolicismo], como lo vieron, entre otros Padres, San Hipólito, San Victorino, San Agustín, San Beda y Beato de Liébana. La conversión [de los judíos] predicha por San Pablo parece imposible no esté señalada de algún modo en el Apocalypsis: creo que está señalada tres veces, y principalmente aquí: EL ISRAEL DE DIOS que tantas veces en los Profetas es simbolizado por una Esposa, a la cual se promete el perdón de su infidelidad, la total purificación y el Desposorio final... (...) [LOS JUDÍOS] VAN A CONCEBIR A CRISTO POR LA FE -expresión usual en la Escritura- Y LO VAN A DAR A LUZ CON GRADES DOLORES, por la pública profesión de fe; y lo van a hacer bajar de la Cruz. “Si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz y creeremos en Ti” -creed en mí y bajaré de la Cruz. Por Zacarías [12,10] parecería que no todos los judíos sino una parte dellos retornará a Dios en ese tiempo... Cuándo será ese día, antes o después de la manifestación del Anticristo, no lo sé: divididos en eso andan los Santos Padres».
   
Frente a la mujer se para el demonio: Él está listo para devorar (destruir) al hijo que dará a luz: Cristo en el interior del pueblo judío, los judíos junto a Dios Nuestro Señor Jesucristo, los judíos convertidos al Catolicismo, y los judíos por fin siendo “Israel de Dios”. Mas no pudiendo nada contra Cristo -como es obvio-, el demonio querrá entonces destruir a la mujer, el pueblo judío convertido. Escuchemos, y noten que la descripción del diablo tiene coincidencias con las cuatro bestias de la profecía de Daniel: en especial la bestia de los 10 cuernos, y coincidencias asimismo con la bestia del mar -el Anticristo- en la descripción del cap. 13 del Apocalipsis; leemos esto en nuestro cap. 12:
  
3 Et visum est áliud signum in cœlo : et ecce draco magnus rufus habens cápita septem, et córnua decem : et in capítibus ejus diadémata septem
3 Y fue visto otro signo en el cielo: y he aquí un gran dragón rojo que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas.
  
[3.1] Ahora nos adelantemos en el texto, y escuchemos las alusiones a San Miguel Arcángel dentro de este capítulo del Apocalipsis [2]:
  
7 Et factum est PRŒ́LIUM MAGNUM in cœlo : MÍCHAËL ET ÁNGELI EJUS PRŒLIABÁNTUR CUM DRACÓNE, et draco pugnábat, et ángeli ejus : 8 et non valúerunt, néque locus invéntus est eórum ámplius in cœlo.
9 Et projéctus est draco ille magnus, serpens antíquus, qui vocátur diábolus, et Sátanas, qui sedúcit univérsum orbem : et projéctus est in terram, et ángeli ejus cum illo missi sunt.
10 Et audívi vocem magnam in cœlo dicéntem : Nunc facta est salus, et virtus, et REGNUM DEI NOSTRI, et POTÉSTAS CHRISTI EJUS : quia projéctus est accúsator fratrum nostrórum, qui accusábat illos ante conspéctum Dei nostri die ac nocte. 11 Et ipsi vicérunt eum propter sánguinem Agni, et propter verbum testimónii sui, et non dilexérunt ánimas suas úsque ad mortem.
12 Proptérea lætámini cœli, et qui habitátis in eis.
12 in fine : Væ terræ, et mari, quia descéndit diábolus ad vos habens iram magnam, SCIENS QUOD MÓDICUM TEMPUS HABET.
7 Y se produjo UNA GRAN BATALLA en el cielo: MIGUEL Y SUS ÁNGELES LUCHABAN CONTRA EL DRAGÓN, y el dragón luchaba y sus ángeles, 8 y no vencieron, y no se halló más el lugar de ellos en el cielo.
9 Y fue arrojado ese gran dragón, la Serpiente Antigua, el cual es llamado diablo y Satanás, el cual seduce a todo el orbe: Y fue arrojado hacia la tierra, y sus ángeles fueron enviados con él.
10 Y oí una gran voz diciendo en el cielo: Ahora ha sido hecha la salvación, y la virtud, y EL REINO DE NUESTRO DIOS, y EL PODER DE SU CRISTO, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el cual acusaba a ellos delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos lo vencieron a causa de la Sangre del Cordero, y a causa de la palabra de su testimonio, y (porque) no amaron sus vidas hasta entregarlas a la muerte.
12 Por eso alegraos, oh cielos, y los que habitáis en ellos.
12 in fine: (Pero) ay de la tierra, y del mar, porque el diablo descendió hacia vosotros teniendo una ira magna, SABIENDO QUE TIENE POCO TIEMPO.
  
Escuchemos unas explicaciones del Padre Castellani:
«Existe una interpretación disparatada de este pasaje -común entre los exégetas copiadinos- que lo refiere a la caída de los ángeles malos antes de la creación del universo: o sea, que San Juan abandonaría aquí el profetizar sobre la Parusía y saltaría atrás, más allá del Génesis... No existe ningún relato de la Caída de los Ángeles en la Escritura, excepto una frase... de Cristo, y esta frase no señala ninguna lucha: “Vi a Satanás caer del cielo como un rayo”: cayó por su propio peso y pecado... [La lucha entre San Miguel y Lucifer es] una lucha misteriosa de los últimos tiempos... [El diablo] conserva un poder desconocido... que le será quitado en la Parusía... su poder cesa con la Parusía, “su lugar no es hallado más en el cielo”; lo cual concuerda con el encadenamiento de Satanás que está en el Apokalypsis XX. [ Hasta que llegue ese momento: ] Su poder se redobla en “la tierra y el mar”, o sea el mundo mundano, porque “le queda poco tiempo” [y tierra es el mundo religioso, y mar es el mundo de la política: en los finales se redobla el poder diablo para hacer daño en el mundo religioso y para hacer daño en el mundo político, y qué daño que hará, y que hace, en esas dos esferas pues... “le queda poco tiempo”]».
[3.2] Sigamos con la profecía sobre esta misteriosa Mujer, y qué ocurre después de la derrota del demonio en manos de San Miguel:
    
13 Et póstquam vidit draco quod projéctus esset in terram, persecútus est muliérem, quæ péperit másculum :
14 et datæ sunt muliéri alæ duæ áquilæ magnæ ut voláret in desértum in locum suum, ubi álitur per tempus et témpora, et dimídium témporis a fácie serpéntis.
13 Y el dragón después de que vio que había sido arrojado hacia la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón:
14 Y fueron dadas a la mujer dos alas del águila grande, para que volara hacia el desierto, hacia su lugar, donde es alimentada durante un tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo (protegida) de la faz de la serpiente.
  
Escuchemos comentarios del Padre Castellani:
«Si damos que este símbolo representa la conversión de los judíos y LA COMPLECIÓN de la Iglesia en los últimos tiempos, el sentido de las peripecias que siguen es claro. Son perseguidos [los judíos convertidos], el texto es claro. Las dos alas de águila pueden ser los dos Testamentos... o los Dos Testigos... o bien otra cosa... La soledad o el éremo puede significar el abandono y desprecio por parte de los judíos no convertidos y del inmenso mundo apostático y neopagano en derredor; pero también y a la vez, puede profetizar un desierto físico, la tierra de Moab “locum parátum sibi a Deo”, a la cual exhorta Isaías, en el Capítulo XVI, que no rechace a los “refugiados y peregrinos” judíos... y les sirva de escondite en los últimos tiempos... “Moab, sé tú su escondite ante la faz del devastador...”»;
y se marca un tiempo para estas cosas que coincide con los famosos 3 años y medio del Anticristo, de los cuales en otra oportunidad ya hemos hablado.
   
Sigamos escuchando el texto de la Biblia:
  
15 Et misit serpens ex ore suo post muliérem, áquam támquam flumen, ut eam fáceret trahi a flúmine.
16 Et ádjuvit terra muliérem, et apéruit terra os suum, et absórbuit flumen, quod misit draco de ore suo.
15 Y la Serpiente arrojó desde su boca, en pos de la mujer, agua como un río, para hacer que ella [la mujer] fuese arrastrada-englutida por el río.
16 Y la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca y absorbió el río que el dragón arrojó desde su boca.
  
El agua, en el símbolo de la profecía, es siempre (o casi siempre) el mundo político. El demonio trata de destruir a los judíos convertidos con el agua que él mismo arroja desde su boca: i.e. a través de los movimientos y revueltas de la política que él mismo provoca, usando a los jerarcas políticos y a sus mecanismos persecutorios: todo esto azuzado por el demonio; el Padre Castellani dice que son «convulsiones políticas persecutorias...» contra los judíos convertidos. Pero la profecía agrega que la tierra se tragó esa agua, el río: Si aquí tierra es el mundo religioso, tal vez alguna intervención de Dios salva a los judíos que se han convertido al Catolicismo, salvando a esas comunidades de ser destruidas por el Diablo y por el Anticristo.
   
[3.3] Ahora la parte final de la profecía:
  
17 Et irátus est draco in muliérem : et ábiit fácere prœ́lium cum RÉLIQUIS de sémine ejus, qui custódiunt mandáta Dei, et habent testimónium Jesu Christi.
18 Et stetit supra arénam maris.
17 Y montó en ira el dragón contra la mujer: Y se fue a hacer la guerra contra LOS OTROS de la semilla de ella, los cuales cumplen los Mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo.
18 Y (el dragón) se paró sobre la arena del mar.
  
Si la mujer es el pueblo judío convertido al Catolicismo, cuando ellos quedan a salvo y protegidos por Dios (“la tierra”), dice la profecía que entonces el diablo-dragón se fue a hacer la guerra contra LOS OTROS de la semilla de ella, “los cuales cumplen los Mandamientos de Dios”: ¿Quiénes son estos “otros” de la semilla de ella, cómo está conformado este segundo núcleo que recibe las iras del diablo y de su Nuevo Orden Mundial? El Padre Castellani responde: «Este pasaje indica que hay dos núcleos o grupos de “hijos de la mujer” separados (los judíos convertidos, y los católicos [3] gentílicos fieles y perseverantes) como lo notó Andrés de Cesárea, y San Alberto Magno y todos los medievales, y está claro en el texto. ¿Quiénes son “los otros”, “los restantes”... sino los católicos viejos?». Vale decir que cuando el diablo vea que no puede destruir a los judíos convertidos, se vendrá contra los católicos que hayan logrado mantenerse fieles y perseverantes en la tribulación y entregados a Dios Nuestro Señor Jesucristo: Atención, pues podemos estar en “los inicios” de estas profecías y hechos. Esperemos con su gracia poder ser de esos católicos, y mantenernos fieles a Dios y a su Catolicismo.
   
Este capítulo 12 termina diciendo: “Y el dragón-diablo se paró sobre la arena del mar”. Y allí comienza el famoso capítulo 13 del Apocalipsis, que trata primero de la aparición del Anticristo: Describe cómo él aparece del mar (del mundo político). Por eso, es que esto parece darnos luz sobre cuándo será la conversión de los judíos hacia el Catolicismo; porque algunos han dicho que ello será con la destrucción del Anticristo y como hecho último junto con la Parusía; pero otros creen (allí estamos nosotros) que dicha conversión será antes del Gobierno Mundial del Anticristo, y que por eso el diablo y el Anticristo los perseguirán a muerte al convertirse, y esta posibilidad es la que parece verse en estos versículos: Se convierten, los persigue el diablo después de su conversión, y después de un intento fallido de destruirlos (el agua arrojada como un río contra la mujer -contra los judíos convertidos-), el diablo se va con furia a perseguir a los católicos que aún quedan, a los católicos remanentes, pero para ello se va al borde del mar a esperar al Anticristo, y el Anticristo recién allí hace su aparición: Por ello “parece” que la conversión de los judíos es anterior al Gobierno Mundial del Anticristo.

-Pondremos de nuevo los dos últimos versículos del cap. 12, y el primer versículo del recién mencionado capítulo 13:
  
17 Et irátus est draco in muliérem : et ábiit fácere prœ́lium cum réliquis de sémine ejus, qui custódiunt mandáta Dei, et habent testimónium Jesu Christi.
18 ET STETIT SUPRA ARÉNAM MARIS.
[Cap. 13, 1] Et vidi DE MARI BÉSTIAM ASCENDÉNTEM habéntem cápita septem, et córnua decem, et super córnua ejus decem diadémata, et super cápita ejus nómina blasphémiæ
17 Y montó en ira el dragón contra la mujer: Y se fue a hacer la guerra contra los otros de la semilla de ella, los cuales cumplen los Mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo.
18 Y (EL DRAGÓN) SE PARÓ SOBRE LA ARENA DEL MAR.
[Cap. 13, 1] Y vi LA BESTIA QUE SUBÍA DEL MAR, la cual tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cuernos diez diademas (Daniel dice: son diez reyes), y sobre las cabezas de ella nombres de blasfemia. [LLEGÓ EL ANTICRISTO: AHORA ÉL ESTÁ EN ESCENA]
  
(Conclusión)

Para terminar, un punto que no es tan conocido: El Papa León XIII, después de una visión que tuvo sobre el demonio, escribió en el año 1884 el llamado “Exorcismo Menor”, o “Exorcismo del Papa León XIII”, o “Exorcismo de San Miguel Arcángel”, el cual exorcismo ha quedado más breve en los últimos Rituales, pero ustedes lo tienen en su versión extensa y completa en el “Devocionario Católico”.
   
Como hoy es la fiesta de San Miguel, y en vistas a las épocas que estamos viviendo, queríamos recalcar de este exorcismo un fuerte -y muy gráfico- extracto, el cual parece sin duda UNA PROFECÍA DE NUESTRA ÉPOCA, mostrando la situación de esta falsa Iglesia Moderna del Concilio Vaticano II, la cual usurpa LA SEDE de Roma y la ha hecho SU PROPIA SEDE DEL ERROR, esto parece ser -así lo enseña San Jerónimo- “la abominación de la desolación, predicha por el Profeta Daniel, estando en el lugar santo” con estos falsos papas modernos y con esta falsa Iglesia Moderna; e igualmente parece el cumplimiento de esa famosa frase de Nuestra Señora de La Salette: “Roma perderá la Fe, y se convertirá en la sede del Anticristo”. Las palabras del Papa León XIII, en la parte que nos interesa, dicen así:
  
Ecclésiam, Agni immaculáti sponsam, vaférrimi hostes replevérunt amaritudínibus, inebriárunt absínthio; ad ómnia desiderabília ejus ímpias misérunt manus.
Ubi sedes beatíssimi Petri et Cáthedra veritátis ad lucem géntium constitúta est, IBI THRONUM POSUÉRUNT ABOMINATIÓNIS ET IMPIETÁTIS SUÆ;
ut percússo Pastóre, et gregem dispérdere váleant.
Los más taimados enemigos han llenado de amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido.
Donde fue constituida la Sede del Beatísimo Pedro y la Cátedra de la Verdad para luz de las naciones, ALLÍ PUSIERON ELLOS EL TRONO DE LA ABOMINACIÓN DE SU IMPIEDAD [es decir, que el Papa León XIII habla de la sede de los malvados en la misma Roma];
de suerte que, golpeado el Pastor, también puedan ellos dispersar el rebaño [es lo que pasa hoy, con la falsa Iglesia Moderna y con falsos papas modernos, los fieles andan errantes y dispersos, y se pierde la Fe Católica].
  
Y en esa parte del exorcismo, el Papa León XIII invoca a San Miguel Arcángel para implorar su ayuda a la Iglesia Católica.
   
Y nosotros terminamos nuestra prédica, hoy en la Fiesta de San Miguel, haciendo nuestras esas palabras para que este Arcángel nos ayude:
  
Adésto ítaquæ, Dux invictíssime, pópulo Dei contra irrumpéntes spiritáles nequítias, ET FAC VICTÓRIAM.
Oh Príncipe siempre invencible [San Miguel Arcángel, DUX INVICTÍSSIME], ayuda al pueblo de Dios (ayuda a los católicos) contra la perversidad de los espíritus que le atacan, Y DA LA VICTORIA.
  
Sí, San Miguel, DANOS LA VICTORIA: Da al Catolicismo la victoria, adelanta la victoria, ayudándonos a poder ser buenos católicos y ser buenos hijos de Dios, esperando que Cristo vuelva, para poner -por fin- las cosas en orden, en este mundo impío e insolente, el cual todo el tiempo insulta a Dios.
  
AYÚDANOS, SAN MIGUEL, PARA QUE TENGAMOS EL TRIUNFO FINAL PROMETIDO, que sea nuestro triunfo, con la Parusía gloriosa del gran Dios y Salvador Nuestro Jesucristo; si es que logramos -sólo con su Gracia- mantenernos fieles hasta el final.
   
AVE MARÍA PURÍSIMA.
     
NOTAS
[1] Libro “El Apokalypsis de San Juan”, Ediciones Capilla San Pío X, “Visión Décima: La Mujer Coronada”, página 111 ss.
[2] El Profeta Daniel, en su profecía del capítulo 10 y del capítulo 12, asigna una función a San Miguel Arcángel con los judíos en los tiempos finales, para salvación-conversión de éstos, siendo él su Patrono y Protector, el Ángel del pueblo de Israel. Daremos tan sólo algunos versículos sin más para que no sea tan extenso: -EN EL CAPÍTULO 10 del Profeta Daniel, se narra de un ángel que da a él una visión y mensaje, se cree que este ángel fue San Gabriel, pero él le hablará sobre San Miguel; utilizaremos la versión de Mons. Juan Straubinger: -“10 He aquí que una mano me tocó y me sacudió, poniéndome sobre mis rodillas y las palmas de mis manos. 11 Y me dijo: Daniel, varón muy amado -en la Vulgata, “vir desideriórum: varón de deseos”-, atiende las palabras que te voy a decir y ponte de pie... 12 El príncipe del reino de Persia se me opuso veinte y un días; mas he aquí que Miguel, uno de los príncipes más altos, vino a ayudarme... 14 He venido a enseñarte lo que ha de suceder a tu pueblo [los judíos] al fin de los tiempos, pues la visión es para tiempos (remotos)... 21 Pero te anunciaré lo que está escrito en la Escritura de la verdad; y no hay nadie que me ayude contra ellos [el príncipe de Persia y el príncipe de Grecia] sino Miguel vuestro príncipe [San Miguel es el príncipe del pueblo judío, patrono y protector]”. -EN EL CAPÍTULO 12, versión de Mons. Straubinger, leemos: -“1 En aquel tiempo [el comentario dice que se trata de los tiempos finales] se alzará Miguel, el gran príncipe y defensor de los hijos de tu pueblo [del pueblo judío]; y vendrá tiempo de angustia cual nunca ha habido desde que existen naciones hasta ese tiempo. En ese tiempo será librado tu pueblo, todo aquel que se hallare inscripto en el libro. 2 También muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para ignominia y vergüenza eterna... 4 Tú, Daniel, encierra estas palabras, y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos buscarán y se acrecentará el conocimiento... (...)”.
[3] Decía allí “cristianos”, pero como esa expresión hoy confunde con los protestantes, siempre -o casi- la he reemplazado por “católicos”.
     

sábado, 31 de agosto de 2024

BERGOGLIO PERSONIFICA LA TIERRA EN SU VÍDEO DEL MES


Francisco Bergoglio lanzó ayer 31 de Agosto su intención de oración para el mes de Septiembre, que desde 2015 imitando a su contraparte fanariota Bartolomé I Archondonis dedica al “Cuidado de la Creación”.
   
Para coincidir con el período de un mes denominado “Tiempo de la Creación”, que va del 1 de septiembre (con su Jornada Mundia de Oración por el Cuidado de la Creación) al 4 de octubre, su “Vídeo del Papa” de este mes tiene como tema “Por el clamor de la Tierra”. 
   
Bergoglio escribe como introducción del vídeo:
«Oremos para que cada uno de nosotros escuche con el corazón el clamor de la Tierra y de las víctimas de las catástrofes ambientales y de la crisis climática, comprometiéndonos personalmente a cuidar el mundo que habitamos».
Y en su discurso, dice:
«Recemos por el clamor de la Tierra.
   
Si tomamos la temperatura al planeta nos dirá que la Tierra tiene fiebre. Y se encuentra mal, como cualquier enfermo.
   
Pero nosotros, ¿escuchamos este dolor?
   
¿Escuchamos el dolor de los millones de víctimas de las catástrofes ambientales?
   
Los que más sufren las consecuencias de estos desastres son los pobres, los que se ven forzados a dejar su casa por inundaciones, olas de calor o sequías.
   
Hacer frente a las crisis ambientales causadas por el hombre, como el cambio climático, la contaminación o la pérdida de la biodiversidad, pide respuestas no solo ecológicas, sino también sociales, económicas y políticas.
   
Tenemos que comprometernos en la lucha contra la pobreza y la protección de la naturaleza, cambiando nuestros hábitos personales y los de nuestra comunidad.
   
Oremos para que cada uno de nosotros escuche con el corazón el clamor de la Tierra y el clamor de las víctimas de las catástrofes ambientales y del cambio climático, comprometiéndonos personalmente a cuidar el mundo que habitamos».
Solo los paganos personalizan los elementos y fenómenos naturales y astronómicos, y en Sabiduría XIII, 1-9 se le describe como el primer estadio de la idolatría:
«Vanidad, y no más, son ciertamente todos los hombres en quienes no se halla la ciencia de Dios; y que por los bienes visibles no llegaron a entender al Ser Supremo, ni considerando las obras reconocieron al artífice de ellas; sino que se figuraron ser el fuego, o el viento, o el aire ligero, o las constelaciones de los astros, o la gran mole de las aguas, o el sol y la luna los dioses gobernadores del mundo. Que si encantados de la belleza de estas cosas las imaginaron dioses, debieran conocer cuánto más hermoso es el dueño de ellas; pues el que creó todas estas cosas es el autor de la hermosura. O si se maravillaron de la virtud e influencia de estas criaturas, entender debían por ellas que aquel que las creó las sobrepuja en poder. Pues la grandeza y hermosura de estas criaturas se puede a las claras venir en conocimiento de su Creador. Mas ellos son menos reprensibles; porque si caen en el error puede decirse que es buscando a Dios, y esforzándose por encontrarlo. Por cuanto lo buscan discurriendo sobre sus obras, de las cuales quedan como encantados por la belleza que ven en ellas. Aunque tampoco a éstos se les debe perdonar, porque si pudieron llegar por su sabiduría a formar idea o a penetrar las cosas del mundo, ¿cómo no echaron de ver más fácilmente al Señor del mundo?» (Sabiduría XIII, 1-9/ versión de Mons. Félix Torres Amat).

Contrario al llamado alarmista de Bergoglio (sustentado por estadísticas del Foro Económico Mundial y sus pseudoencíclicas “Laudato si’” y “Laudáte Deum”), hay científicos como el premio Nobel John Clauser (director de la Coalición CO2) que señalan que no hay crisis climática antropogénica sino cambios producidos por la misma naturaleza, y hacen ver que él «está recibiendo terribles consejos de algunos eclesiásticos exaltados que tienen serias deficiencias en conocimientos científicos», como su prefecto del Dicasterio para la promoción del Desarrollo Humano Integral Michael Felix Czerny Hayek SJ, que dijo a Vatican News:
«La creación gime. Su sufrimiento es causado por el hombre, originalmente custodio y ahora dominador, que ‘arrogantemente pone a la Tierra en una condición deshonrosa, es decir, privada de la gracia de Dios’. Sin embargo, en su Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, el Santo Padre nos invita, como cristianos, a esperar y actuar con la Creación, lo que podríamos traducir como vivir en la Fe. Se trata de escuchar al Espíritu Santo, que es amor, no sólo hacia el prójimo, sino también hacia la Creación, que es obra de Dios y, por tanto, está interconectada con el hombre. Sólo liberando a la Tierra de la condición de esclavitud a la que la hemos sometido, seremos también nosotros libres, anticipando la alegría de la salvación en Cristo».
Señor Czerny, si «La creación gime» y con dolores de parto (en griego συστενάζω, sustenazo) es porque está aguardando ser liberada en la Parusía de la maldición, corrupción y vanidad a que fue sometida por causa del pecado (Génesis III, 17) y su autor el diablo, para participar, restauradas en Cristo todas las cosas («INSTAURÁRE ÓMNIA IN CHRISTO», Efesios I, 10), de la manifestación en gloria de los hijos de Dios (cf. Romanos VIII, 19-23), de acuerdo a lo comentado por Mons. Juan José Straubinger sobre el verso 21:
«Hasta la creación inanimada, que a raíz del pecado de los primeros padres fue sometida a la maldición (Gn. 3, 17), ha de tomar parte en la felicidad del hombre. De la transformación de las cosas creadas nos hablan tanto los vates del Antiguo Testamento como los del Nuevo. Véase Is. 65, 17 y nota; 2 Pe. 3, 13; Ap. 21, 1 ss.; Ef. 1, 10; Col. 1, 16 ss. Los Santos Padres hacen notar que el Hijo de Dios precisamente se hizo hombre porque en la naturaleza humana podía abrazar simultáneamente la sustancia material y espiritual de la creación. Es la promesa maravillosa de Ef. 1, 10».
O sea, el único que liberará a la creación de su esclavitud (que es causada por el pecado) ES JESUCRISTO EL SEÑOR CON SU SEGUNDO ADVENIMIENTO AL FIN DE LOS TIEMPOS, no la Agenda 2030 ni los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” o cualesquiera caprichos y sueños guajiros de un puñado de oligarcas genocidas que solo les interesa el verde del dinero y a los cuales el jesuitón Bergoglio (y su lamebotas ídem Czerny) y el agente fanariota Archondonis les ofrecen incienso.
   
Después de muchos años de retórica alarmista climática por parte del Pseudopontífice (y quizá precursor del Falso Profeta), en 2022 el Vaticano se unió oficialmente a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y al pro-abortista Acuerdo Climático de París.

Bergoglio en vez de estar delirando con “fiebres de la Tierra” y demás batallitas, debe más bien examinar su propia alma y usar el muy poco tiempo que le queda de vida para arrepentirse de sus pecados (aunque alguien tan envejecido en ellos como es su caso es poco probable y casi írrito que haga penitencia), porque 88 años son 88 años, y en cualquier momento le tocará morirse y su alma ir a parar al Infierno por toda la eternidad, donde el gusano (el remordimiento) nunca muere y el fuego nunca se apaga.

domingo, 10 de marzo de 2024

LA ESPIRITUALIDAD Y LA ESCRITURA DEBEN IR JUNTAS

«Más de una persona que quiere ser piadosa, se dedica a una piedad sentimental, y está convencida de que no será oída por Dios, sino recitando tal fórmula determinada, y esto delante de tal imagen determinada y no de otra, y en tal día y no en otro, y cree esto con tanta firmeza como si lo hubiese leído en el Evangelio, mientras ignora casi por completo las palabras de vida que allí nos dejó nuestro divino Salvador.
   
A tal persona no le falta lo que se llama devoción –es tal vez la más piadosa de la parroquia– pero sí, la recta espiritualidad. No sabe distinguir entre lo esencial y lo secundario, y así se trastorna en ella el orden de los valores, de modo que los de poco valor le parecen más importantes que los de primera categoría. Es porque esa alma se deja llevar, sin darse cuenta, de un espíritu seudo religioso, que es precisamente la mejor arma del diablo para corromper las almas piadosas.
      
Peor es el caso de los que tienen una religiosidad enfermi­za, como aquélla que San Pablo estigmatiza en II Tim. 4, 3-4, diciendo que habrá hombres, que “no soportarán más la santa doctrina, antes bien con prurito de oír se amonto­narán maestros con arreglo a sus concupiscencias. Aparta­rán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”. El Papa Benedicto XV cita este pasaje en la Encíclica “Humáni Géneris”, donde exhorta a los predicadores a no ambi­cionar el aplauso de los oyentes, y agrega: “A éstos les llama San Pablo halagadores de oídos. De ahí esos gestos nada reposados y descensos de la voz unas veces, y otras esos trágicos esfuerzos; de ahí esa terminología propia únicamente de los periódicos: de ahí esa multitud de sen­tencias sacadas de los escritos de los impíos, y no de la Sagrada Escritura, ni de los Santos Padres”.
   
Agradecemos al Sumo Pontífice la franqueza con que azota aquí las faltas que algunos hacen en la predicación, con lo cual da a entender que las aberraciones espirituales de los fieles tienen su paralelo en las desviaciones de los predi­cadores.
    
La religiosidad de esta clase de cristianos es un problema. “Tendrán, como dice San Pablo, ciertamente apariencia de piedad, mas niegan su fuerza” (II Tim. 3, 5), o sea, su es­píritu. A la gran masa le gusta tal deformación de la reli­gión, porque exige poco: solamente algunas “apariencias” piadosas, las más baratas posibles: en lo demás, libertad para vivir la vida, pues esos hombres son “amadores de los placeres más que de Dios” (II Tim. 3, 4). ¡Con qué cla­ridad San Pablo ha visto nuestro tiempo! Y le dio tam­bién el nombre que le corresponde: tiempo de apostasía, apostasía práctica, por supuesto, ya que las “apariencias” de piedad impiden la apostasía formal. La apostasía disfra­zada es para el Apóstol de los Gentiles “el misterio de la iniquidad”, del cual habla en II Tes. 2, 7 ss., para abrirnos los ojos sobre los espíritus que nos engañan bajo forma de piedad y aparatosa religiosidad, incluso aparicio­nes».
    
Mons. JUAN STRAUBINGER BAUMANN, Espiritualidad Bíblica, sección 1.ª, cap. IV “Examinad los espíritus”, II.

martes, 19 de diciembre de 2023

DIOS NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y LA CONSUMACIÓN DEL SIGLO

Homilía en dos partes dada por el obispo electo Fernando Altamira el 26 de Noviembre (primera parte), y 3 de Diciembre (segunda parte).
   
PRIMERA PRÉDICA (26 de Noviembre de 2023, XXIV domingo y último después de Pentecostés).
   
TODO EN MARÍA Y POR MARÍA. Y POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Queridos hijos:
 
Hoy es el último domingo después de Pentecostés, la semana que viene empieza el Adviento, esa época hermosa preparatoria para la Navidad.
 
Tanto en este domingo, como en el próximo: el Primero de Adviento, la Santa Iglesia Católica pone a nuestra consideración, en los Evangelios, lo que se ha llamado “EL APOCALIPSIS SUCINTO”, o “Discurso Escatológico de Dios Nuestro Señor Jesucristo”, el tema es Dios Nuestro Señor Jesucristo y la Consumación del Siglo. El Apocalipsis Sucinto se encuentra en los tres sinópticos:
-En SAN MATEO es el capítulo 24 completo, el cual tiene 51 versículos. La Santa Misa de hoy lo toma desde el versículo 15, hasta el versículo 35.
-En SAN LUCAS es el capítulo 21, y dentro del cual se extiende desde el versículo 5, hasta el versículo 36. La Santa Misa del próximo domingo lo toma de San Lucas, desde el versículo 25, hasta el versículo 33. Y en toda la liturgia y domingos de Adviento, hablando de la Primera Venida humilde y en oscuridad (desconocido y despreciado), se hace constantemente el traslado a la Segunda Venida de Dios Nuestro Señor Jesucristo en gloria y majestad. La Liturgia Católica ha querido relacionar y parangonar (comparar) ambas Venidas.
-En SAN MARCOS es el capítulo 13 completo, el cual tiene 37 versículos.
 
Amén de lo anterior, en esta prédica, es nuestra intención hacer algún desarrollo sobre el último libro del Nuevo Testamento, sobre EL APOCALIPSIS.

-Antes de comenzar, queríamos sólo remarcar, como un dato muy interesante, que este Libro Santo dado por Dios tiene 404 versículos en total, y dentro de ellos hay 518 citas del Antiguo Testamento, y aun dentro de estas citas hay 88 que corresponden al Profeta Daniel.
 
Vamos, ahora sí, al desarrollo.
    
[ I ] Sin duda que Dios Nuestro Señor Jesucristo quiere que sus sacerdotes prediquemos sobre las Profecías, sobre la Consumación del Siglo, sobre el libro profético que cierra toda la Revelación: el Apocalipsis.
  • Numerosas palabras están en la misma Biblia al respecto.
  • Tal vez el ejemplo más fuerte es que el mismo Apocalipsis contiene dos bienaventuranzas para quienes lean las palabras de esa Profecía, una está al comienzo y otra al final (cuidado: también hay una maldición, o castigo, o amenaza, o advertencia, para los que cambien las palabras o el sentido de dicho libro).
Pero, en cuanto al Apocalipsis, el mismo San Pablo llama a este colofón y conclusión de la Revelación, y a la Segunda Venida de Dios, “nuestra bienaventurada esperanza”, es un grito lleno de luz, esperanzador, lleno –como dice la expresión– de la bienaventurada esperanza, de la virtud de la esperanza, y estas palabras de San Pablo (las veremos) es uno de los fragmentos que se utilizan en las Misas de Navidad, en la Misa de Gallo.
    
Pero ahora escuchemos los fragmentos nombrados, con las bienaventuranzas por leer y custodiar el Apocalipsis:
  • La primera bienaventuranza está en el puro comienzo , en su capítulo 1, y dice así (son los versículos 1 a 3):
    -1 Apocalýpsis Jesu Christi: Revelación de Jesucristo (la palabra “apocalipsis” significa en griego “revelación”), quam dedit illi Deus palam facére servis suis (en la cual Dios le manifestó abiertamente a sus siervos), quæ oportet fieri cito (las cosas que pronto deben suceder)… [1] 3 BEÁTUS QUI LEGIT, ET ÁUDIT VERBA PROPHETÍÆ HUJUS (BIENAVENTURADO EL QUE LEE Y ESCUCHA LAS PALABRAS DE ESTA PROFECÍA), ET SERVAT EA, QUÆ IN EA SCRIPTA SUNT (Y GUARDA LAS COSAS QUE EN ELLA HAN SIDO ESCRITAS): TEMPUS ENIM PROPE EST (PUES EL TIEMPO ESTÁ CERCA).
  • La segunda bienaventuranza está en el último capítulo del Apocalipsis, que es el capítulo 22, desde el versículo 6 hasta el 10, y dice así:
    6 Hæc verba fidelíssima sunt, et vera (Estas palabras son fidelísimas, y verdaderas) [2] …quæ opórtet fíeri cito (…las cosas que es preciso que ocurran en breve). 7 Et ecce venio velociter (Y he aquí que Yo vengo pronto). BEÁTUS, QUI CUSTÓDIT VERBA PROPHETÍÆ LIBRI HUJUS (BIENAVENTURADO EL QUE CUSTODIA LAS PALABRAS DE LA PROFECÍA DE ESETE LIBRO)… [Dijo el ángel: yo soy “consiervo: consérvus… eórum qui servant verba prophetíæ libri hujus: consiervo de aquellos que guardan las palabras de la profecía de este libro”]… 10 Et dicit mihi (Y me dijo): Ne signáveris verba prophetíæ libri hujus (No selles las palabras de la profecía de este libro): tempus enim prope est (pues el tiempo está cerca).
  • Asimismo, es impresionante que el mismo libro del Apocalipsis tenga una maldición o amenaza o advertencia, para los que cambien las palabras o el sentido de esta profecía, y está en ese mismo capítulo final aludido, el capítulo 22, en sus versículos 18 y 19, y agregamos el 20:
    18 Contéstor enim omni audiénti verba prophetíæ libri hujus (Yo advierto a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro:): Si quis appósuerit ad hæc (Si alguien añade algo a estas palabras), appónet Deus super illum plagas scriptas in libro isto (añadirá Dios sobre él las plagas escritas en este libro). 19 Et si quis dimínuerit de verbis libri prophetíæ hujus (Y si alguien disminuye las palabras de la profecía de este libro), áuferet Deus partem ejus de libro vitæ, et de civitáte sancta, et de his quæ scripta sunt in libro isto (Dios le quitará su parte del libro de la vida, y de la ciudad santa, y de las cosas que están escritas en este libro): 20 Dicit qui testimónium perhíbet istórum (Dice el que da testimonio de estas cosas): Étiam vénio cito (Sí, vengo pronto): AMEN. VENI, DÓMINE JESU: ASÍ SEA. VEN SEÑOR JESÚS.
   
[ II ] Así como Dios Nuestro Señor Jesucristo, la propia Santa Iglesia Católica hace otro tanto, y quiere que sus sacerdotes estudiemos y prediquemos sobre estas profecías. Dios no las habrá dado para nada, o para que las ignoremos: “Vigiláte” –dice Él–, estad atentos, vigilad, estad atentos a las señales, a las señales de los tiempos, a los finales de la Historia, a la proximidad de los eventos de su Segunda Venida en gloria: Nuestro triunfo final como católicos, como hijos de Dios –si es que logramos mantenernos fieles y buenos–.
     
Pero volviendo a la Santa Iglesia Católica, tan es así, el hecho de que Ella quiere que sus sacerdotes estudiemos las profecías y prediquemos sobre ellas, que incluso a través de sus Concilios ha exigido esto; veamos un ejemplo:
  • El Concilio IV de Toledo, en el año 633, ordenó:
    “La autoridad de muchos concilios y los decretos sinodales de los Santos Pontífices Romanos prescriben que el Libro del Apocalipsis es de Juan el Evangelista, y determinaron que debe ser recibido entre los libros divinos, pero muchos son los que no aceptan su autoridad Y TIENEN A MENOS PREDICARLO en la Iglesia de Dios. SI ALGUNO, DESDE HOY EN ADELANTE, o no no lo reconociera, o NO LO PREDICARA EN LA IGLESIA DURANTE EL TIEMPO DE LAS MISAS, desde Pascua hasta Pentecostés, TENDRÁ SENTENCIA DE EXCOMUNIÓN”.
  • Monseñor Juan Straubinger, en su Biblia comentada (Apo 1,3 en nota), expresa que: “el Apocalipsis era, en tiempos de fe viva, un libro de cabecera de los católicos, como lo era el Evangelio”.
     
[III] Pero puede llegar a haber sacerdotes que, en un cierto grado, se oponen a la prédica sobre el Apocalipsis.
– “Es que vemos que algunos hacen excesos detrás de él”.
– Sí, es cierto, pero eso no quita que un sacerdote deba estudiarlo y predicar, y hacerlo con corrección.
– “El Padre X, que está en tal país de América, dice que ya casi no hay que hacer mucho apostolado, dice que para qué tener seminaristas, para qué ordenaciones sacerdotales, etc”. Pues, pésimo: Mientras más sacerdotes se puedan tener, bendito sea Dios; para salvar el mayor número de almas 
que se pueda, en estos tiempos que se muestran finales: Es una evidencia la necesidad de más vocaciones, y cuánto las deseamos.
– “Otro sacerdote, el Padre X, que está en tal otro país de América, dice que ya no hay que casarse”. Pues, pésimo también; fíjense cuánto les insistimos nosotros en el tema del Matrimonio, en el tema de tener MUCHOS HIJOS: LA FAMILIA BIEN-BIEN NUMEROSA, la Familia Católica, etc.
   
En esto que estamos diciendo, volvemos a repetir lo que ya hemos dicho en otra oportunidad: HAY QUE CUMPLIR CON EL DEBER DE ESTADO HASTA EL FIN, HASTA EL FINAL. El que es sacerdote ha de seguir hasta el final con su labor de apostolado y de salvación de las almas; el que es esposo: esposo; quien es esposa: deberá seguir con sus tareas y obligaciones de esposa hasta el final; los casados deberán seguir con sus obligaciones matrimoniales, y teniendo niños, ¡y todos los que puedan!, hasta el final: LA FAMILIA BIEN-BIEN NUMEROSA HASTA EL FINAL; etc, etc.
   
Esto último es muy importante: TODOS HEMOS DE SEGUIR CUMPLIENDO, CADA UNO, CON NUESTRO DEBER DE ESTADO HASTA EL FINAL.
   
Ésta es la postura correcta, y podemos poner, una vez más, la anécdota de Santo Domingo Savio, el cual jugando o en tiempo de juegos fue preguntado: “Si ahora viniera Cristo, ¿tú qué harías?”, y él respondió: “Seguiría jugando”.
    
O esta otra anécdota, genial-genial, un monumento al sentido común (no existe Catolicismo sin sentido común), la cual es un hecho real, una conversación que yo tuve con una dama de Argentina: Ella, un poco molesta con estos excesos que algunos cometen con el Apocalipsis, expresó con ironía y para llevar la contraria a esos excesos: “Entonces, yo le voy a decir a mi esposo: listo, ¿sabes qué?, yo entonces no lavo más los platos, sí, no lavo más los platos”. Genial, realmente genial la respuesta de esa señora: un monumento al sentido común. Tenemos que cumplir con nuestros deberes de estado hasta el final; es lo que San Pablo decía o exigía a los Tesalonicenses.
   
[IV] LA BIENAVENTURADA ESPERANZA. Las palabras del Apocalipsis deben ser NUESTRA BIENAVENTURADA ESPERANZA, porque es nuestro triunfo, el triunfo de Dios Nuestro Señor Jesucristo y del Catolicismo.
-Los primeros cristianos vivían expectantes, anhelando y esperando la Segunda Venida, la Parusía. Porque, si logramos ser buenos hijos de Dios, si logramos ser buenos católicos, si logramos estar en gracia de Dios, será nuestro triunfo, nuestro triunfo final, con nuestro Rey.
   
Estas cosas marcaban la vida diaria de esos primeros cristianos, la vida de sus familias e hijos, la práctica del Catolicismo, la santificación personal, esperando a Cristo: esperando al gran Rey, Dios y Salvador Nuestro. Santificándonos cada vez más, para estar con el traje nupcial, sin las manchas de este mundo.

[V] SAN PABLO. Por eso él utiliza sobre la Parusía, sobre la Venida de Cristo, la expresión “NUESTRA BIENAVENTURADA ESPERANZA”.
    
Porque toda nuestra vida, toda nuestra santificación personal, toda nuestra práctica religiosa, nuestras familias, deben mirar su Venida, para estar dignos cuando Él venga, porque todo esto debe llenarnos de esperanza.
    
El fragmento aludido, que es her-mo-sí-si-mo, digno de ser puesto en un cuadro para que alumbre nuestras casas y nuestras vidas, y se utiliza en las Misas de Navidad. Es la “Carta a Tito” (cap. 2,11ss), y dice así:
11 [Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), 12 erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), 13 EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO. 14 qui dedit semetípsum pro nobis, ut nos redímeret ab omni iniquitáte (el cual se dio por nosotros, para redimirnos de todo pecado), et mundáret sibi pópulum acceptábilem (y limpiar para sí un pueblo aceptable), sectatórem bonórum óperum (seguidor de las buenas obras). 15 Hæc lóquere, et exhortáre (Estas cosas has de predicar y exhortar, y argüir con toda autoridad:) et árgue cum omni império. Nemo te contémnat (Que nadie te menosprecie).
    
(Conclusión)
Es muy hermoso el fragmento. Repitamos y terminemos la prédica:
[Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO.
AVE MARÍA PURÍSIMA.

NOTAS
[1] «et significávit, mittens per ángelum suum servo suo Joánni, 2 qui testimónium perhíbuit verbo Dei, et testimónium Jesu Christi, quæcúmque vidit».
[2 «Et Dóminus Deus spirítuum prophetárum misit ángelum suum ostendére servis suis quæ opórtet fíeri cito». Y más adelante: «8 Et ego Joánnes, qui audívi, et vidi hæc. Et póstquam audíssem, et vidíssem, cecídi ut adorárem ante pedes ángeli, qui mihi hæc ostendébat: 9 et dixit mihi: Vide ne fecéris: consérvus enim tuus sum, et fratrum tuórum prophetárum, et eórum qui servant verba prophetíæ libri hujus: Deum adóra».
   
SEGUNDA PRÉDICA (3 de Diciembre de 2023, I domingo de Adviento).
     
“LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN ESTANDO EN EL LUGAR SANTO”

TODO EN MARÍA Y POR MARÍA. Y POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Queridos hijos:
 
Hoy es el Primer Domingo de Adviento, entramos en la hermosa época preparatoria para la Navidad.
    
Como ya dijimos, tanto el domingo pasado, como éste, la Santa Iglesia Católica pone a nuestra consideración, en los Evangelios, lo que se ha dado en llamar “EL APOCALIPSIS SUCINTO”, o “Discurso Escatológico de Dios Nuestro Señor Jesucristo”; el tema es Dios Nuestro Señor Jesucristo y la Consumación del Siglo, Su Parusía (en griego: llegada, presencia), y dicho discurso lo tenemos en los tres sinópticos: San Mateo, San Marcos y San Lucas. Mas en esta prédica queríamos desarrollar la siguiente pregunta: ¿Son, los nuestros, tiempos finales; estamos cerca de la Consumación del Siglo y de los finales de la Historia?
    
Y si fuese así: ¿Hemos de dejar de hacer nuestras tareas, nuestras obligaciones, nuestro deber de estado: el sacerdote y su apostolado, los casados y su familia, el Matrimonio, los estudiantes con su estudio, los que deben cumplir con su trabajo o empleo, el sostenimiento de su familia?
   
¿Cuándo será el momento del regreso de Cristo? Sobre la Parusía, no se puede saber o determinar el momento exacto (eso es un hecho), pero Dios Nuestro Señor Jesucristo sí nos ha querido dejar señales de su proximidad, y nos ha dicho que debemos estar atentos: vigiláte.
    
Entre las señales que Dios nos ha dejado, para saber sobre la proximidad de los finales, sobre la proximidad de su Advenimiento, y nuestro triunfo, hoy queríamos mencionar dos muy importantes:
  • La primera señal de su proximidad: La Abominación de la Desolación estando en el Lugar Santo.
  • La segunda señal de su cercanía: La Apostasía.
Para no extendernos tanto, hoy desarrollaremos la primera, y tal vez en unos 15 días abordaremos la segunda.
    
(Cuerpo)
[I] Sobre la Abominación de la Desolación: Primero la Sagrada Escritura.
    
Como decíamos, entre las señales que Dios nos ha dejado para saber sobre la proximidad de los finales, tenemos una muy-muy importante, que figura en San Mateo (24,15) y en San Marcos (13,14), la cual a su vez está tomada del Profeta Daniel. El punto en cuestión puede darnos luz sobre las épocas que estamos transitando, y ver si son los tiempos finales. Nos referimos a: LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN ESTANDO EN EL LUGAR SANTO .
 
En los Evangelios nombrados, Dios Nuestro Señor Jesucristo hablará de la ruina del templo, de la destrucción de Jerusalén, y del final de los tiempos o Consumación del Siglo. Escuchemos la parte alusiva a la abominación de la desolación en el Evangelio de San Mateo:
(San Mateo cap. 24): “3 Sedénte áutem eo super montem Olivéti, accessérunt ad eum discípuli secréto, dicéntes (Sentándose Él sobre el Monte de los Olivos, se acercaron a Él sus discípulos por aparte, diciendo): Dic nobis, quándo hæc erunt? et quod SIGNUM advéntus tui, et consummatiónis sǽculi? (Di a nosotros, ¿cuándo serán estas cosas, y cuál la señal de tu Advenimiento?) 4 Et respóndens Jesus, dixit eis (Y respondiendo Jesús, les dijo)…”. Allí Dios Nuestro Señor Jesucristo desarrollará su discurso escatológico, y entre las distintas señales que da, Él expresa:
“15 Cum ergo vidéritis abominatiónem desolatiónis, quæ dicta est a Daniéle prophéta, stantem in loco sancto, qui legit, intélliga: Cuando vosotros veáis la abominación de la desolación, que fue dicha por el profeta Daniel, estando en el lugar santo, el que lee, entienda…” [1].
   
[II] “La abominación de la desolación estando en el lugar santo” y la enseñanza de San Jerónimo.
   
Detrás de la enseñanza de San Jerónimo, Doctor Máximo en Sagrada Escritura, podemos ver que esa señal sobre la cercanía de la Consumación del Siglo, se refiere a tres cosas:
-1°) Al Anticristo haciéndose adorar como si fuera Dios en el lugar santo.
-2°) A falsos dioses, o ídolos, o sus estatuas, en definitiva: falsas religiones usurpando la Iglesia de Dios, y usurpando las iglesias y templos: La Casa de Dios.
-3°) Éste es el significado o sentido que más queríamos insistir para esta prédica. En la enseñanza de S. Jerónimo, la abominación de la desolación se refiera a: La falsificación de nuestra Santa Religión Católica, la falsificación y perversión del dogma, la falsificación de la doctrina católica, de la Fe.
   
Para escuchar las palabras de San Jerónimo, utilizaremos el Breviario para el día Domingo 24 después de Pentecostés. La Santa Iglesia Católica pone a sus sacerdotes el comentario el santo. Escuchemos esas palabras:
-En el primer punto, la abominación de la desolación es el Anticristo. 
Primero San Jerónimo trae a colación las palabras del Profeta Daniel, en su Profecía de las Setenta Semanas (es el capítulo 9), y en particular sobre la Semana Última, sobre La Semana 70 (cap. 9: en su versículo 27 y último). Escuchemos a San Jerónimo:
[Lección 7 de Maitines: Homilía sancti Hierónymi Presbýteri, Liber 4 Comment. in cap. 24 Matthǽi]: “…Légimus autem in Daniéle hoc modo: Et in dimídio hebdómadis auferétur sacrifícium et libámina; et in templo abominátio desolatiónum erit, usque ad consummatiónem témporis, et consummátio dábitur super solitúdinem (Leemos en Daniel de este modo: Y a la mitad de esta semana –de la Semana 70–será quitado el sacrificio y la oblación –“libámina”, ofrenda del sacrificio, oblación–, y estará en el templo la abominación de la desolación, hasta la consumación del tiempo –hasta el fin del tiempo o de los tiempos–, y la consumación será dada sobre la soledad”.
E inmediatamente después de las palabras de Daniel, San Jerónimo expresará que San Pablo (II Tesalonicenses 2,3-4) [2] atribuye la abominación de desolación al Anticristo estando en el lugar santo. Escuchemos:
“De hoc et Apóstolus [San Pablo] lóquitur (Sobre esto –sobre la abominación de la desolación– San Pablo dice), quod homo iniquitátis, et adversárius (que el hombre de iniquidad y el adversario –el Anticristo–) elevándus sit contra omne quod dícitur Deus et cólitur (se elevará contra todo lo que es llamado Dios y se adora); ita ut áudeat stare in templo Dei (de modo tal que se atreva a estar en el templo de Dios), et osténdere quod ipse sit Deus (y mostrarse como si él fuera Dios): cujus advéntus secúndum operatiónem Sátanæ déstruat eos, et ad Dei solitúdinem rédigat, qui se suscéperint (cuyo advenimiento –el advenimineto del Anticristo– será según la obra de Satanás para destruir –hacer perecer– y llevar a apartarse de Dios a aquellos quienes lo acojan) [Lección 7 de Maitines ut supra, in fine].

En el segundo punto, la abominación de la desolación en el lugar santo significa o son los falsos dioses, los falsos ídolos y sus estatuas, falsas religiones dentro del templo de Dios, usurpando la Iglesia Católica, dentro de los templos católicos. 
 
Es la siguiente Lección de Maitines (Lección 8). Allí San Jerónimo explica que “la abominación de la desolación puede ser entendida de las estatuas o ídolos de falsos dioses –y por lo mismo de las falsas religiones de esos dioses– y todo esto puesto dentro del templo de Dios. Recordemos aquí todo el Ecumenismo de hoy, la mezcla de todas las religiones de la tierra, con sus estatuas, símbolos, sacerdotes de esas falsas religiones, la estatua del Buda sobre un altar y sobre un sagrario en la Iglesia de San Francisco (en Asís), las mega reuniones ecuménicas de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, las ceremonias y la estatua de la Pachamama que Francisco permitió en Roma dentro de una o varias iglesias, etc. Escuchemos a San Jerónimo:
[Lección 8 de Maitines, en la misma Homilia ut supra] “Potest áutem simplíciter aut de Antichrísto áccipi, aut de imágine Cǽsaris, quam Pilátus pósuit in templo, aut de Hadriáni equestri státua, quæ in ipso sancto sanctórum loco úsque in præséntem diem stetit: [La abominación de la desolación:] Puede tomarse simplíciter, o del Anticristo –que ya hemos explicado–, o de la imagen del César que Pilatos puso en el templo, o de la estatua de Adriano ecuestre que ha estado en ese mismo lugar llamado el santo de los santos hasta el día de hoy”. 
Continúa San Jerónimo:
“Abominátio quóque secúndum veterem Scripturam idolum nuncupátur (Abominación también, según el Antiguo Testamento, se llama a un ídolo –o falso dios–); et idcírco ádditur, desolatiónis (y por eso se agrega “de la desolación”), quod in desoláto templo átque destrúcto (porque en un templo desolado y destruido –así quedamos con el Concilio Vaticano II, y la falsa religión y la falsa Iglesia Moderna–) ídolum pósitum sit (fue puesto un ídolo: fue puesto un falso dios, “los” falsos dioses, y “sus” religiones falsas)”.
Repetimos: Todo esto que explicamos, ya lo hemos vivido con creces desde el Concilio Vaticano II, con esta falsa Iglesia Moderna y el Ecumenismo.
  
[III] Tercer punto: La abominación de la desolación estando en el lugar santo es: La falsificación de nuestra Religión Católica.
Aquello que más queríamos recalcar en la prédica de hoy, el tercer punto de San Jerónimo, es la Lección 9 de ese Domingo 24 después de Pentecostés. 
 
Si “la abominación de la desolación estando en el lugar santo” es una de las señales de la proximidad de los finales y de la vuelta de Dios Nuestro Señor Jesucristo, y si dicha “abominación” se aplica, en tercer lugar, a la falsificación de la Religión Católica y a la falsa Iglesia Moderna; pues bien, de ser así, allí tenemos otra señal clara de que estamos transitando, y somos espectadores y protagonistas, de los finales. San Jerónimo dice en su texto:
-“Abominátio desolatiónis intelligi potest et OMNE DOGMA PERVÉRSUM”. “Abominación de la desolación puede entenderse también como TODO EL DOGMA PERVERTIDO –FALSIFICADO– (dado vuelta, la religión falsificada)”. 
-La palaba en latín es “perversum: pervertido, perverso, dado vuelta”. El verbo es “pervérto-is-ere-pervérsi-pervérsum”, y viene de “per: que es un reforzativo del sentido”, más el verbo “verto: dar vuelta”, lo cual significa dar profundamente la vuelta, FALSIFICAR, poner algo patas para arriba, cambiar fuertemente, trastocar, revolver, dar vuelta, destruir, profanar algo sagrado, pervertirlo, corromperlo.
-La abominación de la desolación puede entonces entenderse como el dogma pervertido, la religión falsificada: falsificada con el Concilio Vaticano II y la falsa Iglesia Moderna. 
-Y San Jerónimo agrega: “quod cum vidérimus stare in loco sancto, hoc est in Ecclésia, et se osténdere Deum: lo cual –el dogma pervertido o religión falsificada– cuando lo veáis estar en el lugar santo, hoc est in Ecclesia: esto es en la Iglesia (cuando en la Iglesia veáis una falsificación del Catolicismo: esa falsificación es la Religión Moderna del Concilio), y mostrarse –esa falsificación– como si fuera Dios (como si esa falsificación de nuestra Religión fuera algo de Dios) [3].
    
En ese dogma pervertido o religión falsificada tenemos otra señal de la proximidad de los finales.
    
El punto central es que, en enseñanza de San Jerónimo, “la abominación de la desolación, dicha por el Profeta Daniel, estando en el lugar santo” significa LA PERVERSIÓN (PERVÉRSUM) o FALSIFICACIÓN DEL DOGMA (LA FALSIFICACIÓN DEL CATOLICISMO); y esto es tal cual lo que nos ha pasado a los católicos con el Concilio Vaticano II.
   
(Conclusión) [4]
 
El tema de la Apostasía, importantísimo, quedará, Dios mediante, para dentro de unos 15 días; y ésta es otra de las señales.
 
¿Estamos en los tiempos finales?, habíamos preguntado al principio.
-Una de las señales de la proximidad de la Parusía es LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN, que parece haberse cumplido ante nosotros, ante nuestros ojos, al menos en su sentido segundo y tercero ut supra [5].
-Entonces debemos responder que sí: Nuestras épocas sí se muestran como los tiempos finales.
-¿Debemos por ello, porque parece que estamos en los finales, por el Apocalipsis, dejar de cumplir con nuestro deber de estado? JAMÁS.
  • El sacerdote debe seguir hasta el fin como sacerdote (apostolado, viajes, vocaciones, nuevas ordenaciones sacerdotales, etc).
  • El casado debe seguir como casado hasta el final: Los matrimonios, esposo, esposa, obligaciones matrimoniales, tener niños, muchos niños, todos los que se puedan: la Familia bien-bien numerosa, y educarlos para que sean santos, para que sean grandes católicos. Los estudiantes deben seguir con sus estudios; los empleados con sus trabajos.
  
La Bienaventurada Esperanza (de San Pablo) nos decía, y nos dice esto: Abarca el cumplimiento del deber de estado, y nos llama a santificarnos mucho,para esperar a Dios Nuestro Señor Jesucristo con un traje digno, con el traje nupcial:
(Tito cap. 2,11ss) 11 [Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), 12 erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), 13 EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO. 14 qui dedit semetípsum pro nobis, ut nos redímeret ab omni iniquitáte (el cual se dio por nosotros, para redimirnos de todo pecado), et mundáret sibi pópulum acceptábilem (y limpiar para sí un pueblo aceptable), sectatórem bonórum óperum (seguidor de las buenas obras). 15 Hæc lóquere, et exhortáre (Estas cosas has de predicar y exhortar, y argüir con toda autoridad:) et árgue cum omni império. Nemo te contémnat (Que nadie te menosprecie).
AVE MARÍA PURÍSIMA
   
NOTAS
[1] En San Marcos (cap. 13,1ss): “3 Et cum séderet in monte Olivárum contra templum, interrogábant eum separátim Petrus, et Jacóbus, et Joánnes, et Andréas: 4 Dic nobis, quando ista fient ? et quod signum erit, quándo hæc ómnia incípient consummári?... [y entre las señales, Dios expresará:] 14 Cum áutem videritis abominatiónem desolatiónis stantem, ubi non debet, qui legit, intélligat…”.
[2] En esa misma cita de la II Tesalonicenses, versículo 3, leemos sobre las señales de la proximidad de la Parusía: “Nadie os engañe en manera alguna, PORQUE PRIMERO DEBE VENIR LA APOSTASÍA, y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición, [aquí empieza el v. 4:] el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios, ostentándose como si fuea Dios” (traducción y Biblia de Mons. Straubinger).
[3] Entonces: “debémus fúgere de Judǽa ad montes (debemos huir de Judea hacia los montes)” –expresión misteriosa esta última–. Seguía el texto: “debémus fúgere de Judǽa ad montes, hoc est, dimíssa occidénte líttera, et Judáica pravitáte, appropinquáre móntibus ætérnis, de quíbus illúminat mirabíliter Deus; et esse in tecto et in dómate, quo non possint igníta diáboli jácula perveníre, nec descéndere et tóllere áliquid de domo conversatiónis prístinæ, nec quærére quæ retrórsum sunt, sed magis sérere in agro spirituálium Scripturárum, ut fructus capiámus ex eo; nec tóllere álteram túnicam, quam Apóstoli habére prohibentur”.
[4] Hoy empezó el Adviento, la época preparatoria para la Navidad –Adviento y Navidad son épocas en que se nos llama con más insistencia a la conversión personal, a recuperar el estado de gracia si lo hemos perdido, si estamos en pecado mortal; se nos llama a la Confesión, ¡a confesarse!; se nos llama a estar siempre en estado de gracia para la Salvación Eterna, a corregirnos de pecados, de defectos, a santificarnos más–. La liturgia de Adviento y la liturgia de Navidad, viendo la Primera Venida, traspasan constantemente nuestros espíritus también hacia la Segunda Venida, hacia la Parusía, y se nos pide estar con traje digno, con traje nupcial, ser santos, para recibir a Dios Nuestro Señor Jesucristo que viene.
[5] Aunque el Anticristo todavía no se muestra públicamente (que fue el primer punto de San Jerónimo).
   

domingo, 2 de abril de 2017

EL MILENARISMO, TERROR DE LOS TEÓLOGOS

   
Hay católicos que al oir la palabra “Milenarismo” se signan, como si de alguna blasfemia se tratara. Sobre este pasaje se han gastado siglos de debates, escritos y contestaciones, pero ¿qué opinión se maneja? Dos de los más conocidos biblistas CATÓLICOS en lengua española (en parte porque sus traducciones son las más difundidas) opinan al respecto:
  
Mons. Félix Torres Amat hace esta nota en su traducción de la Vulgata al Español sobre el verso 5:
«Segun San Agustín [Lib. XX. de Civ. Dei, c. VIII), por estos mil años se denota todo el tiempo desde la muerte de Jesucristo hasta el fin del mundo. Durante esta epoca está el demonio como atado o enfrenado por Cristo, sin poder obrar, como antes lo hacía a menudo, contra los cuerpos de los hombres, ni engañarlos con los oráculos de los ídolos, etc., etc. Pero al fin del mundo quedará como desatado por un breve tiempo, y permitirá Dios que explaye su encono contra varios hombres, para que se cumplan los sabios e insondables designios de Su infinita bondad. Puede decirse que de este texto de San Juan tuvo origen la opinión de los milenarios, llamados así por creer que Jesucristo ha de reinar por el tiempo de mil años, y con Él los escogidos, despues de haber vencido al Anticristo. San Agustín siguió algún tiempo esta opinión; y aunque después la desechó, nunca se atrevió a condenarla como herética, por respeto a los santos varones de la autigüedad que la sostuvieron. Lo mismo hizo San Jerónimo; el cual hablando de ella (exponiendo el cap. XX. de Jeremias) dijo: 
“Nosotros no la seguimos; mas no nos atrevemos a condenarla, porque así pensaron muchos varones de la Iglesia y mártires: cada uno siga su opinión; y resérvese todo para el juicio del Señor”. 
Pero es menester tener presente que hubo algunos que defendían que estos mil años se pasarían entre deleites de la carne, contínuos convites, etc. Estos milenarios carnales siempre han sido condenados y detestados por la lglesia. No obstante, aún los milenarios puros, de los cuales hablaron San Agustín y San Jerónimo, fueron impugnados desde los primeros siglos por San Dionisio de Alejandría, Cayo, presbítero de Roma, y otros (Véase Eusebio, Hist. Eccles. Lib. III. c. 28, 29 y Lib. VII. c. 24). Y a la verdad, este reino de Jesucristo en la tierra no puede apoyarse sólidamente en lo que dice San Juan en el Apocalipsis; es una opinión abandonada de casi todos los escritores católicos, y no parece conforme con la doctrina del Evangelio, explicada en el concilio de Florencia. EI sabio jesuita Lacunza ha escrito en estos últimos años a favor de la sentencia de los milenarios puros o espirituales, una obra con este titulo: Venida del Mesías en gloria y majestad, por Juan Josafat Ben-Ezra. Dicha obra es digna de que la mediten los que particularmente se dedican al estudio de la Escritura, pues da luz para la inteligencia de muchos textos oscuros; pero no miro conveniente que la lean aquellos cristianos que solo tienen un conocimiento superficial de las verdades de nuestra Religión, por el mal uso que pueden hacer de algunas máximas que adopta el padre Lacunza».
Por supuesto, la Biblia de Torres Amat fue publicada en 1823, pero al año siguiente, el libro del padre Manuel Lacunza SJ fue incluido por el Santo Oficio en el Índice de Libros Prohibidos, donde ha permanecido desde entonces. Un siglo después, Mons. Juan Straubinger Baumann comentó sobre los versos 5 y 6 en su propia traducción (a efectos de este artículo, se manejarán como uno solo y se agregarán los términos griegos):
«“La primera resurrección”: He aquí uno de los pasajes más diversamente comentados de la Sagrada Escritura. En general se toma esta expresión en sentido alegórico: la vida en estado de gracia, la resurrección espiritual del alma en el Bautismo, la gracia de la conversión, la entrada del alma en la gloria eterna, la renovación del espíritu cristiano por grandes santos fundadores de Órdenes religiosas (S. Francisco de Asís, Santo Domingo, etc.), o algo semejante. Louis Bail, autor de la voluminosa Summa Conciliórum, lleva a tal punto su libertad de alegorizar las Escrituras, que opta por llamar primera resurrección la de los réprobos porque éstos, dice, no tendrán más resurrección que la corporal, ya que no resucitarían para la gloria. Según esto, el v. 6 alabaría a los réprobos, pues llama bienaventurado y santo al que alcanza la primera resurrección. La Pontificia Comisión Bíblica ha condenado en su decreto del 20-VIII-1941 los abusos del alegorismo, recordando una vez más la llamada “regla de oro”, según la cual de la interpretación alegórica no se pueden sacar argumentos. Sin embargo, hay que reconocer aquí el estilo apocalíptico: En 1 Cor. 15, 23, donde S. Pablo trata del orden en la resurección, hemos visto que algunos Padres interpretan literalmente este texto como de una verdadera resurrección primera, fuera de aquella a que se refiere San Mateo en 27, 52 s. (resurrección de santos en la muerte de Jesús) y que también un exegeta tan cauteloso como Cornelio a Lápide la sostiene. Cf. 1Tes. 4, 16; 1Cor. 6, 2-3; 2 Tim. 2, 6 y ss.; y Filip. 3, 11, donde San Pablo usa la palabra “exanástasis” (ἐξανάστασιν) y añade “ten ek nekróon” (τὴν ἐκ νεκρῶν) o sea literalmente, la ex-resurrección, la que es de entre los muertos. Parece pues, probable que San Juan piense aquí en un privilegio otorgado a los Santos (sin perjuicio de la resurrección general), y no en una alegoría, ya que S. Irineo, fundándose en los testimonios de los presbíteros discípulos de S. Juan, señala como primera resurrección la de los justos (cf. Luc. 14, 14 y 20, 35). La nueva versión de Nácar-Colunga ve en esta primera resurrección un privilegio de los santos mártires
“a quienes corresponde la palma de la victoria. Como quienes sobre todo sostuvieron el peso de la lucha con su Capitán, recibirán un premio que no corresponde a los demás muertos, y éste es juzgar, que en el sentido bíblico vale tanto como regir y gobernar al mundo, junto con su Capitán, a quien por haberse humillado hasta la muerte le fué dado reinar sobre todo el universo (Filip. 2, 8 y s)”.
Véase Filip. 3, 10-11; 1 Cor. 15, 23 y 52 y notas; Luc. 14, 14; 20, 35; y Hech. 4, 2.
 
“Con el cual reinaron los mil años”: Louis-Claude Fillion dice a este respecto: “Después de haber leído páginas muy numerosas sobre estas líneas, no creemos que sea posible dar acerca de ellas una explicación enteramente satisfactoria”. Sobre este punto se ha debatido mucho en siglos pasados la llamada cuestión del milenarismo o interpretación que, tomando literalmente el milenio como reinado de Cristo, coloca esos mil años de los vv. 2-7 entre dos resurrecciones, distinguiendo como primera la de los vv. 4-6, atribuida sólo a los justos, y como segunda y general la mencionada en los vv. 12-13 para el juicio final del v. 11. La historia de esta interpretación ha sido sintetizada en breves líneas en una respuesta dada por la Revista Eclesiástica de Buenos Aires (mayo de 1941) diciendo que “la tradición, que en los primeros siglos se inclinó en favor del milenarismo, desde el siglo V se ha pronunciado por la negación de esta doctrina en forma casi unánime”. La Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio cortó la discusión declarando, por decreto del 21 de julio de 1944, que la doctrina “que enseña que antes del juicio final, con resurrección anterior de muchos muertos o sin ella, nuestro Señor Jesucristo vendrá visiblemente a esta tierra a reinar, no se puede enseñar con seguridad (tuto dóceri non posse)”. Para información del lector, transcribimos el comentario que trae la gran edición de la Biblia aparecida recientemente en Paris bajo la dirección de Pirot-Clamer sobre este pasaje:
“La interpretación literal: varios autores Cristianos de los primeros siglos pensaron que Cristo reinaría mil años en Jerusalén (v. 9) antes del juicio final. El autor de la Epístola de Bernabé (15, 4-9) es un milenarista ferviente; para él, el milenio se inserta en una teoría completa de la duración del mundo, paralela a la duración de la semana genesíaca: 6.000 + 1.000 años. S. Papías es un milenarista ingenuo. S. Justino, más avisado empero, piensa que el milenarismo forma parte de la ortodoxia (Diálogo con Trifón 80-81). S. Ireneo lo mismo (Contra las herejías V, 28, 3), al cual sigue Tertuliano (Contra Marción III, 24). En Roma, S. Hipólito se hace su campeón contra el sacerdote Caius, quien precisamente negaba la autenticidad joanea del Apocalipsis para abatir más fácilmente el milenarismo”. 
Relata aquí Pirot la polémica contra unos milenaristas cismáticos en que el obispo Dionisio de Alejandría “forzó al jefe de la secta a confesarse vencido”, y sigue:
“Se cuenta también entre los partidarios más o menos netos del milenarismo a Apolinario de Laodicea, Lactancio, S. Victorino de Pettau, Sulpicio Severo, S. Ambrosio. Por su parte, S. Jerónimo, ordinariamente tan vivaz, muestra con esos hombres cierta indulgencia (Sobre Isaías, libro 18). S. Agustín, que dará la interpretación destinada a hacerse clásica, había antes profesado durante cierto tiempo la opinión que luego combatirá. Desde entonces el milenarismo cayó en el olvido, no sin dejar curiosas supervivencias, como las oraciones para obtener la gracia de la primera resurrección, consignadas en antiguos libros litúrgicos de Occidente (Dom Leclercq)”. 
Más adelante cita Pirot el decreto de la SS. Congregación del S. Oficio, que transcribimos al principio, y continúa:
“Algunos críticos católicos contemporáneos, por ejemplo Calmes, admiten también la interpretación literal del pasaje que estudiamos. El milenio sería inaugurado por una resurrección de los mártires solamente, en detrimento de los otros muertos. La interpretación espiritual: Esta exégesis –sigue diciendo Pirot– comúnmente admitida por los autores católicos, es la que S. Agustín ha dado ampliamente. Agustín hace comenzar este período en la Encamación porque profesa la teoría de la recapitulación, mientras que, en la perspectiva de Juan, los mil años se insertan en un determinado lugar en la serie de los acontecimientos. Es la Iglesia militante, continúa Agustín, la que reina con Cristo hasta la consumación de los siglos; la primera resurrección debe entenderse espiritualmente del nacimiento a la vida de la gracia (Col. III, 1-2; Fil. II, 20; cf. Juan V, 25); los tronos del v. 4 son los de la jerarquía católica y es esa jerarquía misma, que tiene el poder de atar y desatar. Estaríamos tentados –concluye Pirot– de poner menos precisión en esa identificación. Sin duda tenemos allí una imagen destinada a hacer comprender la grandeza del cristiano: se sienta porque reina (Mat. XIX, 28; Luc. XXII, 30; I Cor. VI, 3; Ef. I, 20; 11, 6; Apoc. I, 6; V, 9)”. 
“La segunda muerte”: El Apóstol explica este término en el v. 14».
Un elemento curioso es que Straubinger cita la declaración del Santo Oficio del 21 de Julio de 1944, donde dice 
«[la doctrina] que enseña que antes del juicio final, con resurrección anterior de muchos muertos o sin ella, nuestro Señor Jesucristo vendrá visiblemente a esta tierra a reinar, no se puede enseñar con seguridad (tuto dóceri non posse)». 
¿Por qué resaltamos el “visiblemente” (visibíliter)? Simple y llanamente, porque en la carta del 11 de Julio de 1941 (carta enviada al Cardenal José María Caro Rodríguez, arzobispo jacobopolitano chilense, que había consultado al Santo Oficio por causa de que el milenarismo, en especial el lacunziano, se estaba enseñando en facultades y seminarios), expresan:
«El sistema del milenarismo, aun el mitigado, es decir, el que enseña que, según la revelación católica, Cristo Nuestro Señor antes del juicio final, ha de venir corporalmente a esta tierra a reinar, ya sea con resurrección anterior de muchos justos o sin ella, no se puede enseñar sin peligro».
Aunque tienen en común ambos decretos que prohíben la enseñanza sobre UNO Y SÓLO UN punto, y ese es el característico del milenarismo mitigado. Pero ¿qué diferencia al decreto del 41 y al del 44? Mucho, a saber: El decreto del 41 habla de que Cristo vendrá “corporalmente” (corporáliter), pero en el del 44 el adverbio cambia a “visiblemente” (visibíliter).
 
Vamos a enfocarnos en este punto (son muchos, pero éste es el más crucial): No se trata de decir con sendos decretos inquisitoriales que Cristo no reina corporalmente antes del Juicio Final (porque de ser así, reñiría con el dogma de la Presencia Real y Sustancial en la Hostia consagrada, y la Realeza Social de Jesucristo), sino que ese Reinado, que ese Advenimiento sean visibles. Reinado, como dijera el padre Castellani, que tenga en Jerusalén su Salón del Trono y con ministerios como cualquier gobierno terreno, y visibilidad que conllevaría a que Cristo y sus santos se confundan entre los viadores, y aún peor, que los bienaventurados gocen de placeres terrenales (y ese es el Milenarismo carnal o quiliasmo –en griego Χιλιασμός– del judaizante Cerinto –recogido y actualizado por los protestantes como William Miller, Charles Taze Russel y otros–, el cual SÍ HA SIDO CONDENADO POR LA IGLESIA DESDE SIEMPRE).
  
Algo pertinente que recalcar, aunque no es del corpus de este breve artículo, pero conviene porque hay quienes vociferarán acusándonos de protestantes o llamándonos locos: La creencia protestante en un Rapto secreto pre-tribulación, confinante con el Milenarismo carnal, no tiene NADA QUE VER CON EL CATOLICISMO, y riñe con la Sagrada Escritura, que claramente enseña que Jesús se manifestará glorioso ANTE TODAS LAS NACIONES, y que para merecer la corona de la victoria hay que librar el buen combate (dicho de otro modo, “Per áspera ad astra”). Y si los justos no estuvieran en la tierra durante la Gran Tribulación, ¿quiénes serán el blanco de la persecución y el odio del Anticristo? Sumado a ello, creer en tal Rapto es seguirle el juego al Nuevo Orden Mundial Judeomasónico-Illuminati-Comunista, que mediante proyectos como “Blue Beam” busca engañar a la gente y neutralizar toda oposición al reinado del Anticristo.
 
Hay otro problema en la esjatología del padre Lacunza. El padre Antonio van Rixtel, en el capítulo VIII de su libro “El testimonio de nuestra esperanza”, apunta que en el libro La venida del Mesías en Gloria y Majestad
«la posición de la Iglesia queda muy oscura. No distingue bien entre la Iglesia como organización jerárquica y jurídica fundada sobre Pedro, y la Iglesia como cuerpo místico de Cristo, su Cabeza. No deja entrever bien qué Iglesia jerárquica sea el instrumento con que el Espíritu Santo congrega en un cuerpo a todos los hijos dispersos de Dios, para preparar la Esposa de Jesús.
    
En su concepto la Iglesia parece más un instrumento para agregar a la gran familia de Abrahán según la carne, nuevos hijos de entre los gentiles según la fe, como si fuera ella una especie de apéndice de la Antigua Sinagoga, sin ningún lugar y carácter propios. Parece que en su concepto la esposa de Cristo es el pueblo judío y no la Iglesia; lo que ciertamente está en oposición con las Escrituras, que distinguen con suma claridad entre el pueblo de Dios, –los judíos, herederos del Reino como servidores y súbditos del Rey-Mesías–, y la Iglesia, Esposa de Cristo, congregada de entre todos los pueblos y naciones, sin distinción de judíos y gentiles, de esclavos y libres, coheredera con Cristo y por eso co-reinante».
Es de razón que por dicha concepción de la Iglesia y la Sinagoga, La venida del Mesías en Gloria y Majestad está incluida en el Índice. Aunado a lo anterior, las ideas lacunzianas influyeron en la fundación de las sectas Adventista y Testejehovista, judaizantes a cuál más. Lejos de resolver la polémica, consideramos que como dijera San Jerónimo, resérvese todo para el Juicio de Dios, que está a la puerta. Personalmente, creemos junto con los Apóstoles y los Padres, que la Tribulación y el reinado del Anticristo sucederán antes de la Parusía, y al final de los tiempos, vivos y muertos serán juzgados según sus obras. El mundo será destruido con fuego, los viadores que vencieren los halagos y amenazas que les lanzarán Satanás el diablo y el Anticristo y el Seudoprofeta, serán transformados en gloria, y reinarán en el Cielo junto con los que han muerto en el Señor, por toda la Eternidad. Unos y otros, al gozar de la Visión Beatífica de Dios, no tendrán necesidad de nada (y menos de lo terrenal, supuesto que el mundo será destruido), por lo que se dedicarán únicamente a alabar a Dios y reinar con Él por toda la eternidad, que ello es lo que significa el número mil en las Sagradas Escrituras: Muchos, infinitos.
  
En una palabra, el único Milenarismo verdadero y ortodoxo es el Milenarismo Patrístico y Parusíaco que fue enseñado por San Juan Evangelista y Apokaleta, y es al cual adherimos. Pidámosle a la Bienaventurada Virgen María, Nuestra Señora del Segundo Advenimiento, y a San José, Patrono de los agonizantes, que por su intercesión nos alcancen la gracia de ser hallados fieles y dignos de las eternas moradas que su Hijo Nuestro Señor y Salvador ha preparado para los suyos, y de tener parte en la Jerusalén celestial.
 
JORGE RONDÓN SANTOS
2 de Abril de 2017 (Año Mariano)
Domingo de Pasión. Fiesta de San Francisco de Paula.