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sábado, 8 de marzo de 2025

PREFACIO DE SAN JUAN DE DIOS

San Juan de Dios (atribuido a Joaquín Gutiérrez; Colección de Arte del Banco de la República de Colombia).

La Orden Hospitalaria, fundada en 1572 siguiendo la espiritualidad y apostolado que iniciara San Juan de Dios en Granada (España), poseía este Prefacio propio para su fiesta y Misas votivas, en el que se describe cómo, ardiendo en el amor de Cristo antes y después de su conversión, ejerció la caridad este santo, tanto en lo material como en lo espiritual (todo lo contrario y a la visconversa de Teresa Calcutense):

LATÍN
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos Tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus, qui mirábilis in Sanctis tuis, nova per eos in Ecclésia semper instáurans exémpla virtútum, in Beato Patri Nostro Joánne exímium nobis cœléstis Misericórdiæ Tuæ Minístrum tribuísti. Hic enim vere discípulus Unigéniti Fílii Tui Dómini Nostri Jesu Christi, quem pro tótius mundi salúte míttere dignátus es, ómnibus ómnia factus, ad animárum corpórumque médelam in omnes divínæ suæ Caritátis ignem effúdit. Misericórditer esuriéntem áluit, recreávit sitiéntem, coopéruit nudum, hóspitem éxcepit, ministrávit infírmo, deténtem non derelíquit in vinculis, et cunctórum fuit páuperum Adjútor et Parens. Per ipsum pátuit errántibus via, lumen cœcis, periclitántibus levámen, afflíctis solátium, et jugis in sua prole ægrotántibus pietátis hospítium. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cúmque omni milítia cœléstis exércitus, hymnum glóriæ tuæ cánimus sine fine dicéntes: Sanctus…

TRADUCCIÓN
Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios omnipotente y eterno, admirable en tus Santos, que instaurando siempre en la Iglesia ejemplos nuevos de virtudes por su medio, nos concediste en nuestro bienaventurado Padre San Juan un eximio ministro de tu celestial misericordia. Este es el verdadero discípulo de tu Unigénito Hijo Jesucristo nuestro Señor, que te dignaste enviar para la salvación de todo el mundo, haciéndose todo para todos para la curación de las almas no menos que de los cuerpos, extendiendo en todos el fuego de su divina caridad. Él misericordioso alimentó a los hambrientos, recreó a los sedientos, vistió a los desnudos, recibió a los forasteros, sirvió a los enfermos, no abandonó en su cadena a los detenidos, y fue auxilio y padre de todos los pobres. Por él se abrió camino a los que estaban en el error, los ciegos recobraron la luz, fue apoyo a los que estaban en peligro, consuelo a los afligidos y por medio de sus hijos procuró un asilo de perpetua caridad a los enfermos. Y por eso, unidos con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con todos los coros de la milicia celestial, cantamos un himno a tu gloria diciendo sin cesar: Santo…

lunes, 8 de marzo de 2021

SAN JUAN DE DIOS, CONFESOR

«Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra» (San Mateo V, 14).
  
    
Nació Juan Ciudad Duarte el 25 de Marzo de 1495, y a los ocho años fue acogido en casa de Francisco Cid Mayoral en Torralba de Oropesa, de Toledo, sirviendo de pastor con gran diligencia y aprecio de todos. A los 22 años, huyendo de las insistencias de Francisco Mayoral para que se casara con su hija, se alistó en las tropas del capitán de infantería Juan Ferruz, quien a su vez estaba al servicio del Emperador Carlos I, en la defensa de Fuenterrabía, contra las tropas francesas. Fue para él una dura experiencia, siendo expulsado por negligencia en el cuidado del botín de su compañía (se salvó en el último momento de ser ahorcado). A pesar de ello, volvió a combatir en las tropas de Fernando Álvarez de Toledo y Zúñiga, conde de Oropesa en 1532, en el auxilio de Carlos V a Viena, sitiada por los turcos de Solimán I. 
   
Luego de estas correrías de guerra, Juan volvió a España y a sus labores pastoriles. Cierto día, con el recuerdo de su patria (le dijeron que nació en Montemayor Nuevo, villa del Obispado de Évora en Portugal; y que sus padres se llamaban Andrés Cidade y Teresa Duarte, de un linaje venido a menos pero de profunda piedad). Partió hacia allá, para enterarse por boca de un tío suyo llamado Alfonso Duarte que sus padres habían muerto (Teresa murió al poco tiempo de desaparecer Juan –secuestrado o influenciado por un clérigo, la cuestión está disputada–, y Andrés se hizo monje franciscano en Lisboa). Juan resolvió dejar el mundo, y con la bendición de su tío regresa a España, y pasando a Gibraltar, decide ir al África para morir como mártir a manos de los infieles. En el barco coincide con un caballero de apellido Almeida y su esposa e hijas, desterrados a Ceuta por el rey de Portugal. Juan trabaja de sirviente para ellos, pero caen enfermos y él empieza a trabajar en la construcción de las murallas de la ciudad para socorrerlos (el patrimonio de los Almeida se acabó). Las obras de las murallas eran poco menos que esclavizantes, por lo que muchos de los constructores huían a Tetuán y renegaban de Cristo para seguir a Mahoma. Posteriormente, por consejo de un fraile franciscano, regresa a Gibraltar y, con algunos ahorros, compró libros y estampas, tal vez por hacer apostolado más que por ganar dinero (a cuantos le preguntaban por libros de caballería, él les persuadía de comprar libros piadosos). En 1538 llega a Granada, estableció su tenderete en la Puerta de Elvira.

En ese tiempo, un predicador recorría la Andalucía. Era el Beato Juan de Ávila, que a cambio de las Indias, el arzobispo de Sevilla le ordenó predicar en toda su provincia eclesiástica: Y en 1539, sus caminos coincidieron:
“… El día del bienaventurado mártir San Sebastián, en la ciudad de Granada se hacía entonces una fiesta solemne en la ermita de los Mártires… y sucedió predicar un excelente varón, maestro en teología, llamado el maestro Ávila, luz y resplandor de santidad… (Juan de Dios) oídas aquellas razones vivas de aquel varón, en que engrandecía el premio que el Señor había dado a su santo mártir, por haber padecido por su amor tantos tormentos, sacando de aquí a lo que se debía poner un cristiano por servir a su Señor y no ofenderle, y padecer a trueque de esto mil muertes; y ayudado con la gracia del Señor, que dio vida a aquellas palabras, de tal manera se le fijaron en sus entrañas y fueron a él eficaces, que luego mostraron bien su fuerza y virtud.
    
Porque, acabado el sermón, salió de allí como fuera de sí, dando voces pidiendo a Dios misericordia… dando saltos y corriendo… hasta llegar a su posada… echó mano de los libros que tenía, y los que trataban de caballerías y cosas profanas hacíalos con las manos muchos pedazos y con los dientes, y los que eran de vidas de santos… dábalos libremente de gracia al primero que se los pedía por amor de Dios… Y así desnudo, descalzo y descaperuzado, siguió otra vez por las calles más principales de Granada dando voces, queriendo, desnudo, seguir al desnudo Jesucristo… Así, Juan, de esta manera fue pidiendo misericordia al Señor… Fue tanto lo que de esto hacía, que visto por personas honradas…, y lo llevaron a la posada del padre Ávila… (que) le admitió por hijo de confesión desde entonces, (y lo despidió) diciéndole: ‘Hermano Juan,… id en hora buena, con la bendición de Dios y la mía; que yo confío en el Señor que no os será negada su misericordia’”. (Francisco de Castro, Historia de la vida y sanctas obras de Juan de Dios, y de la institución de su Orden, y principio de su hospital. En Gómez Moreno M. San Juan de Dios. Primicias históricas suyas, Madrid 1950, p. 44.45-48).
Se resolvió internarlo en el Hospital Real (construido inicialmente por los Reyes Católicos para los enfermos del “mal francés”, pero luego se destinó para los desequilibrados mentales), donde fue tratado con la terapia usada entonces: golpes con varas, azotes. Él se regocijaba en esos tratos para sí, pero protestaba que trataran así a los demás pacientes. Esta experiencia le ayudó a madurar su vocación, que expresó con estas palabras: “Jesucristo me traiga a tiempo y me dé gracia para que yo tenga un hospital, donde pueda recoger los pobres desamparados y faltos de juicio, y servirles como yo deseo.” (Francisco de Castro, o.c., p. 52).
   
Al enterarse, el padre Ávila regresa a Granada y le aconseja ir al monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en Extremadura, donde se preparó en las artes médicas. Al otoño siguiente, Juan regresa a Granada, donde empieza su proyecto de asistir a los enfermos y desamparados. Primero en las casas de sus bienhechores, y luego alquila una pequeña casa en la calle Lucena. Era el año 1540. Ya nuestro Juan tenía una fama de santidad, tal que el obispo de Tuy, Sebastián Ramírez de Fuenleal, que a la sazón se hallaba en Granada, le cambia el nombre a Juan de Dios y le impone un hábito negro, como divisa de su apostolado.

Nuestro Santo se rodeó de varios discípulos. Uno de ellos era Antón Martín de Aragón, que había llegado a Granada desde Valencia para vengar la muerte de su hermano Pedro, que fue asesinado por no quererse casar con cierta mujer. San Juan de Dios le convirtió, y se unió a su labor de caridad en el hospital de Granada. Al morir el Santo, el padre Antón fundó un hospital en Madrid y otro en Córdoba, y reuniendo las fundaciones surgidas en muchos lugares de España, nació la Orden Hospitalaria (que después será conocida como “de San Juan de Dios”), siendo aprobada por San Pío V mediante la Bula Licet ex debíto el 1 de enero de 1572 y recibiendo la regla de San Agustín. Sixto V la elevó a orden religiosa con la bula Etsi pro debíto, el 1 de octubre de 1586. Clemente VIII la redujo a congregación el 13 de febrero de 1592 con la bula Ex ómnibus. Pablo V, con el breve Románus Póntifex, el 16 de marzo de 1619, la elevó definitivamente como Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
  
Un día el Gran Hospital de Granada se incendió y Juan de Dios entró varias veces por entre las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio de enormes llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarle la vida a todos aquellos pobres.
    
Otro día el río bajaba enormemente crecido y arrastraba muchos troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno, porque en Granada hace mucho frío y a los ancianos les gustaba calentarse alrededor de la hoguera. Entonces se fue al río a sacar troncos, pero uno de sus compañeros, muy joven, se adentró imprudentemente entre las violentas aguas y se lo llevó la corriente. El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle la vida, y como el río bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su enfermedad de artritis y empezó a sufrir espantosos dolores.
    
Después de tantísimos trabajos, ayunos y trasnochadas por hacer el bien, y resfriados por ayudar a sus enfermos, la salud de Juan de Dios se debilitó totalmente. Él hacía todo lo posible porque nadie se diera cuenta de los espantosos dolores que lo atormentaban día y noche, pero al fin ya no fue capaz de simular más. Sobre todo la artritis le tenía sus piernas retorcidas y le causaba dolores indecibles. Entonces una venerable señora de la ciudad llamada Ana Osorio obtuvo del señor arzobispo Pedro Guerrero autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco. El santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por largo tiempo rezó con todo el fervor antes de despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección de su obra a Antón Martín, junto con otro hombre, Pedro Velasco, a quien Antonio odiaba por ser el asesino de su hermano; y después de amigarlos, logró el santo que le ayudaran en su obra en favor de los pobres, como dos buenos amigos.
    
Al llegar a la casa de la rica señora, exclamó Juan: “Oh, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador”. Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya era demasiado tarde.
   
El 8 de marzo de 1550, media hora después de maitines, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”, y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo.
   
Después de muerto obtuvo de Dios muchos milagros en favor de sus devotos y el Papa Alejandro VIII lo declaró santo el 16 de octubre de 1690. Es Patrono de los que trabajan en hospitales y de los que propagan libros religiosos. Pío XII lo proclamó copatrono de Granada el 6 de marzo de 1940.
  
Los principales datos fueron tomados de la Historia de la vida y santas obras de Juan de Dios, escrita por el padre Francisco de Castro OH, maestro director del Hospital de Granada.
   
MEDITACIÓN SOBRE LA MANSEDUMBRE
I. Practica la mansedumbre, ahoga con esmero los movimientos incipientes de la cólera; ¿qué ganas con satisfacer esta violenta pasión, que turba tu entendimiento, y que atormenta a sus servidores y amigos? Acuérdate de la mansedumbre de Jesucristo. ¡Qué alegría experimentarás por haber reprimido este arranque! ¡Qué recompensa recibirás si te vences a ti mismo! «Los que triunfan de sí mismos hacen violencia al cielo» (San Cipriano).
   
II. Practica la suavidad, soportando el mal humor y las imperfecciones del prójimo. Quieres que te soporten tus defectos, es muy razonable que uses de igual indulgencia para con los demás. Ese carácter molesto que reprochas en tu hermano es un defecto de la naturaleza; acaso ella te trató a ti peor todavía, y te hizo más desagradable para el prójimo. Examina tus defectos, y soportarás fácilmente los de los demás.
   
III. Practica la mansedumbre soportando que se te menosprecie. ¿Quién eres tú, en definitiva, para que tanto te cueste soportar desprecios? Tu nada y tus pecados muy merecido tienen este trato. Si te los conociesen dirían mucho más. ¿y qué mal pueden hacerte ante Dios las palabras que te digan? Más aun, ¿qué corona no merecerías si las sufrieses con paciencia? Si fueses verdaderamente humilde, nada te costaría sufrir el desprecio y los malos tratos. «La humildad suaviza todas las tribulaciones» (San Eusebio).

La mansedumbre. Orad por los enfermos.

ORACIÓN
Oh Dios, que después de haber abrasado con vuestro amor al bienaventurado Juan, lo hicisteis andar sano y salvo en medio de las llamas y por su intermedio enriquecisteis a vuestra Iglesia con una nueva familia, haced, en consideración a sus méritos, que el fuego de su caridad nos purifique de nuestras manchas y nos eleve hasta la eternidad bienaventurada. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 11 de enero de 2021

NOVENA EN HONOR A SAN JUAN DE DIOS

Novena publicada en Lima por la imprenta de Justo Montoya en 1856; los Gozos son de origen valenciano. Puede rezarse en cualquier momento del año, especialmente en preparación a las siguientes fechas:
  • 8 de Marzo (Fiesta litúrgica).
  • 20 de Enero (Conversión ante la prédica de San Juan de Ávila en la Ermita de los Mártires en Granada).
  • 28 de Noviembre (Traslación de reliquias desde la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria a la iglesia del Hospital de Granada). 
  
NOTA
Las advertencias para hacer la novena y lograr su fruto, serán en primer lugar la pureza de la conciencia, por medio de una buena confesión. La segunda la imitación de las virtudes del Santo Patriarca San Juan de Dios que se van refiriendo en los días de la novena. Y la tercera, como más eficaz, la devoción a la Reina de los Ángeles, María Santísima de Belén, poniéndola por intercesora, para asegurar de su Santísimo Hijo lo que pedimos en esta novena, y lo que más nos convenga para bien y provecho de nuestras almas; procurando el de las benditas del Purgatorio.
   
Se ha de comulgar un día de la novena, y aunque se puede hacer en cualquier día, será más conveniente dar principio con esta diligencia a la novena, sino es que se quiera coronarla también con la comunión. 
  
NOVENA DEL GLORIOSO PATRIARCA SAN JUAN DE DIOS, FUNDADOR DE LA RELIGIÓN DE LA HOSPITALIDAD DE LOS POBRES ENFERMOS
   

Hincado de rodillas delante de la imagen del Glorioso Patriarca San Juan de Dios, se dará principio a su novena con la señal de la Santa Cruz; y haciéndose presente con la consideración a toda la corte de la gloria, y en ella el coro esclarecido de los Santísimos patriarcas con profunda reverencia a la beatísima Trinidad, y a la suprema reina y Madre de Dios, con humildad y arrepentimiento dirá de todo corazón:
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta; y ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados: y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra Sangre y Pasión, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Glorioso padre y portentoso patriarca San Juan de Dios, que a imitación de los antiguos y sagrados Patriarcas, fuisteis en la ley de gracia el padre universal de todos los desvalidos, ofreciendo en vuestra casa y familia el remedio de sus males y la salud de sus almas; y en toda las obras de caridad y misericordia fuisteis un vivo retrato del Redentor del género humano, tomando sobre vuestros hombros las enfermedades y los enfermos para procurarles a vuestra costa su mayor alivio, y dándoles con vuestro trabajo el más eficaz remedio: yo os suplico, por el amor dulcísimo que tuvisteis a Jesús y María, su santísima Madre, que me alcancéis de su Majestad lo que deseo en esta novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.
    
DÍA PRIMERO – 27 DE FEBRERO (28 en año bisexto)
ORACIÓN PARA EL PRIMER DÍA
Dios y Señor de Abrahán, a quien sacasteis de su casa y de su tierra para hacerle gran Patriarca y ejemplo vivo de caridad, y que se dilatase su descendencia por todas las cuatro partes del mundo; yo os suplico, por los merecimientos de este portentoso patriarca y por los de vuestro siervo San Juan de Dios, nuevo Abrahán de la ley de gracia, a quien sacasteis de su patria y librasteis de tantos peligros para que dilatase por todo el mundo los términos de la caridad y misericordia por medio de su religión y sagrada descendencia, que me concedáis aquel espíritu de caridad y aquel amor de misericordia con todos los pobres y desvalidos, para que con afecto de padre universal de todos ellos, les procure su mayor alivio y su cumplido consuelo; y también lo que pido en esta novena a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro y el Ave María con Gloria Patri y después se dirá todos los días la oración siguiente:
Amantísimo padre y misericordiosísimo patriarca San Juan de Dios, a quien la beatísima Trinidad favoreció con la comunicación y perfecta imitación de las tres Personas; el Padre, con el paternal afecto a los más desamparados y más desvalidos hijos; el Hijo, con el misericordioso celo de la salud y remedio de sus hermanos; y el Espíritu Santo, con el ardiente amor y perfectísima caridad para con los pobres; y el mismo Hijo de Dios, hecho niño, os ennobleció con el apellido y nombre de Dios, queriendo que se añadiese al nombre de Juan, para que de Juan y Dios se compusiese y enlazase vuestro nombre; siendo asimismo favorecido de la soberana Reina y Madre de Dios, que en repetidos casos os sacó libre de los mayores peligros y os comunicó las entrañas de piedad y misericordia para con todos sus hijos; y vos, consagrado y amoroso padre mío, supisteis corresponder a tantas finezas con tan fervoroso desempeño, que fuisteis en la ley de gracia un vivo y sagrado compendio de los antiguos y más celebrados patriarcas, Yo os suplico, que pues fuisteis tan milagroso en socorrer pobres, tan maravilloso en curar sus dolencias y tan portentoso en remediar sus almas, me alcancéis de Dios para mi alma el remedio, para mis dolencias el alivio, para mis necesidades el socorro; y también os suplico me consigáis de su Majestad lo que deseo en esta novena, a mayor gloria suya y bien de mi alma. Amén.
   
Aquí pedirá cada uno lo que en especial desea conseguir, y después se dará fin a la novena con la oración siguiente a la Reina de los Ángeles, con el título de Belén, por ser esta Señora la que en los últimos tiempos, honrando esta casa, se ha declarado Madre singular de toda la religión.
   
ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE BELÉN
Santísima Reina y Madre amorosísima de Belén, que con este real título en vuestra imagen queréis ser venerada en la casa de vuestro siervo y querido hijo San Juan de Dios, para que el padre y madre sean hijos de Dios y de la Madre de Dios los hijos de esta sagrada familia, adoptados como tales en la casa de Belén, y sustentados y regalados con el pan sagrado que se santifica en el mismo nombre de Belén, que se interpreta casa de pan; yo os suplico, dulcísima y milagrosisísima Señora, que pues en esta vuestra casa se han multiplicado vuestros milagros y se han repetido Vuestras portentosas maravillas, logre mi alma la felicidad de renacer en esta vuestra casa de Belén, por medio de una perfecta y dolorosa confesión y reciba en ella el sagrado pan de vuestro Hijo sacramentado, como prenda segura de la gloria, donde espero verle y gozarle en vuestra compañía, y con vuestro amparo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
GOZOS
   
Ya que por vuestras virtudes
Os veis de gloria colmado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Montemayor la famosa
Fue villa de vuestra cuna,
Y con tanta fortuna
Se blasona más gloriosa;
Por esto muy afectuosa
Vuestras glorias ha cantado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Vuestro feliz nacimiento
Fue como una luz brillante,
Que a la Iglesia militante
Llenó de inmenso contento;
Pues que ya en aquel momento
Fuisteis santo proclamado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Las campanas publicaron
Vuestra virtud eminente,
Tocando ellas de repente
Al tiempo que os bautizaron;
Que los ángeles obraron
El hecho lo ha acreditado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
De Dios habéis recibido
El nombre de Juan de Dios,
Queriendo que fueseis vos
Con su nombre distinguido,
Y este divino apellido
Fiel habéis siempre guardado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Para imitar al Señor
A pastor habéis pasado,
Y de pastor a soldado
En defensa de su honor;
Y por el Dios del amor
Habéis siempre peleado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Con las alas del fervor
A Guadalupe pasasteis,
Y a María visitasteis
Con el más filial primor;
Y en trueque de vuestro amor
Con el suyo os ha sellado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
De la Princesa divina
Muchos favores lograbais,
Cuando en sus aras orabais
Se ostentaba peregrina;
Pues tirando la cortina
Ella el Niño os ha entregado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Como vuestro corazón
En María reposaba,
De promover no cesaba
Tan divina devoción;
Viendo con satisfacción
A su culto propagado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Vuestra caridad ardiente
Por todas partes corría,
Desde el Cierzo a Mediodía,
Desde Levante a Poniente;
Logrando todo indigente
De vos ser remediado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Si allá un pobre caballero
Recurre a Dios afligido,
Pronto se ve socorrido
Poniéndoos por jornalero;
Y por ser vos limosnero
A vos mismo os habéis dado: 
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Vuestra caridad ardiente
A todo mal se extendía,
Buscando con gran porfía
Hasta el mismo delincuente,
Y por esto a mucha gente
Alma y cuerpo habéis curado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Del mismo Dios el sustento
Como Elías recibisteis,
Y cual Jonás libre os visteis
Del furioso elemento:
Pues que el agua, fuego y viento
Por Dios habéis dominado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
De Asís el gran varón
Con su humilde Orden Tercera
Es para vos escalera
De elevada perfección:
Ella ha vuestra estimación
Hacia el Señor aumentado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Por vuestra gran humildad
Como loco habéis corrido,
Y siendo por tal tenido
Erais sabio en realidad;
Y con esto a la verdad
A Cristo habéis imitado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Para remediar los males
De los pobres afligidos,
Por vos fueron construidos
Gran número de hospitales;
Y hospitalero por tales
Sois por todos apellidado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Al enfermo, al achacoso
Servís tan pronto y tan fiel,
Que os ayuda San Rafael
En traje de Religioso;
De vuestra Orden amoroso
Protector se ha declarado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Ya que todo, vos por todos,
Os habéis manifestado:
Rogad por vuestros devotos,
Juan de Dios, de Dios amado.
    
Antífona: Oh ejemplar de encendida caridad, insigne Juan, Padre ínclito, impétranos el espíritu de caridad, que cubra la multitud de nuestros pecados.
℣. Ruega por nosotros, bienaventurado Padre San Juan.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
    
ORACIÓN
Dios y Señor, que de tal manera encendiste el corazón de Nuestro Padre San Juan de Dios en las llamas de tu amor divino, que sin quemarse pudo arder por mucho espacio de tiempo entre las llamas del incendio en que se abrasaba su Hospital con grave peligro de los Enfermos, concédenos que por sus méritos e intercesión se curen los achaques de nuestros vicios con el fuego de tu caridad, y por él nos venga el remedio de nuestras almas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 28 DE FEBRERO (29 en año bisexto)
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN PARA EL SEGUNDO DÍA
Dios y Señor del patriarca Isaac, que ofrecido por obediencia en holocausto sobre las aras, y llevando sobre sus hombros la leña para el sacrificio, os disteis por servido con solo el amago del cuchillo; yo os suplico, por la prontísima obediencia de este santísimo patriarca, y por la de vuestro obedientísimo siervo San Juan de Dios, que en la ley de gracia se santificó tan repetidas veces en las aras de la caridad; y llevando sobre sus hombros la leña, con ella socorría las necesidades de los pobres y los defendía de los rigores del frío; que me concedáis una obediencia pronta y perfecta a vuestros divinos preceptos, y un fervoroso afecto para socorrer el desabrigo de los desnudos; y la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 1 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN PARA EL TERCER DÍA
Dios y Señor de Jacob, que en los caminos y en los peligros, en las persecuciones y contradicciones recibió de vuestra mano tan singulares favores y tan copiosas bendiciones; yo os suplico por la grande tolerancia de este santísimo patriarca, y por la de vuestro constantísimo siervo San Juan de Dios, que como nuevo Jacob de la ley de gracia padeció heridas, toleró agravios y sufrió contradicciones, socorrido de la mejor aurora María y colmado de bendiciones celestiales; que yo consiga una generosa constancia para sufrir los agravios y perdonar las injurias, y por este medio logre vuestras copiosas bendiciones, y lo que deseo en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 2 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN PARA EL CUARTO DÍA
Dios y Señor del patriarca José, cuya pureza fue espejo de castidad, y cuya providencia fue remedio de la mayor carestía, socorriendo a sus hermanos y consolando a los afligidos; yo os suplico por los merecimientos de este purísimo patriarca, y por los de vuestro Castísimo siervo San Juan de Dios, que como espejo de pureza, no solo huía de los peligros, sino que sacaba de los mayores riesgos a las almas, y proveyendo con sus limosnas sus peligrosas necesidades, era remedio y consuelo de todos los desvalidos; que yo consiga una perfecta pureza, una constante perseverancia y una tiernísima compasión, para consolar y socorrer a los afligidos; y lo que deseo en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 3 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN PARA EL QUINTO DÍA
Dios y Señor del patriarca Noé, que en el general diluvio fabricó con tanto trabajo el Arca para salvar en ella las reliquias del género humano, y consiguió de vuestra mano el iris de paz para los hombres; yo os suplico, por los merecimientos de este cuidadoso patriarca y, por los de vuestro siervo San Juan de Dios, que en los peligros del mar; para librar a los navegantes, pidió que le arrojasen a las aguas y alcanzó de Dios la serenidad; y fabricando después en su religión el arca sagrada de la hospitalidad, adonde se recogiesen los que en el mar del mundo padecen sus contagiosas tormentas, y en ella logran el iris de paz y la protección de María; que yo consiga una compasiva ternura, para dar albergue y socorro a los pobres, que en el mar de este mundo se miran tan combatidos de sus amargas tormentas; y también lo que deseo en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA SEXTO – 4 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN PARA EL SEXTO DÍA
Dios y Señor del caritativo Lot, que por haber hospedado en su casa en hábito de peregrinos a los dos ángeles, mereció la dicha de ser defendido y sacado de las voraces llamas de Sodoma, y ser conducido al seguro monte; yo os suplico, por la compasiva hospitalidad de este vuestro siervo, y por la ardentísima caridad de San Juan de Dios, que atropellando por los peligros del fuego, sacó de ellos a los enfermos, y en medio de sus llamas prevaleció el fuego de su pecho contra el voraz elemento, sin que se hiciese daño en su persona; que yo consiga una ardentísima caridad, para sacar con el agua de la limosna las almas que padecen en el más terrible fuego; y lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 5 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN PARA EL SÉPTIMO DÍA
Dios y Señor del pacientísimo Job, que siendo ejemplar de paciencia en sus trabajos, fue ojos para el ciego, pies para el tullido y remedio para todos; yo os suplico, por los merecimientos de este caritativo patriarca y los de vuestro siervo San Juan de Dios, que traspasando a su persona las dolencias de todos los enfermos, y cargando sobre sus hombros los impedidos de más penosas enfermedades, a costa de su salud fue pies para el impedido, ojos para el ciego y socorro universal para todos, mereciendo por este medio que el mismo Jesucristo, en traje de enfermo, se dejase llevar y regalar de su ternísimo afecto, que yo consiga una compasiva y universal misericordia con todos los desvalidos y atribulados, y lo que deseo en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 6 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN PARA EL OCTAVO DÍA
Dios y Señor del patriarca Tobías, que con los vivos y los difuntos ejercito por toda su vida la más heroica fineza de caridad, mereciendo por ella que el príncipe de la gloria San Rafael se hiciese doméstico de su casa y protector de su familia; yo os suplico, por los merecimientos de este fervoroso patriarca y por los de vuestro escogido siervo San Juan de Dios, cuyo heroico celo y extendida caridad con vivos y muertos le merecieron que el mismo Arcángel San Rafael se le mostrase en traje de religioso de su familia, que le sirviese en ella y le regalase, confesando que era protector de toda la orden, y estaba a su cargo escribir las heroicas obras de sus fervorosos hijos; que yo consiga el piadoso afecto para con los vivos y los difuntos, con la protección del sagrado Arcángel, y lo que deseo en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 7 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN PARA EL NOVENO DÍA
Dios y Señor de David, a quien sacasteis del estado de pastor al de la milicia, y en ella, perseguido de los hombres, fue necesario que se fingiese loco para librarse de sus peligros; y mereciendo a costa de sus trabajos ser coronado de vuestra mano por escogido monarca de vuestro pueblo; yo os suplico, por los crecidos merecimientos de este vuestro amigo, hecho a la medida de vuestro corazón, y por los de vuestro cordialísimo siervo San Juan de Dios, que en todos los empleos de pastor, soldado y peregrino, para ser mas perseguido y maltratado, se disimuló falto de juicio, mereciendo por tan heroicas acciones ser coronado por mano de María con la misma corona de su Hijo; que yo consiga un corazón dilatado y fuerte para emplearme toda la vida en vuestro santo servicio y socorro de los pobres, y así merezca ser coronado por vuestra mano en la gloria, y lograr lo que deseo en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.