Mostrando entradas con la etiqueta Santa Cruz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santa Cruz. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de marzo de 2026

DEL ORIGEN DE LA SANTA CRUZ

  
LATÍN
 
De ligno Dómini légitur, quod Adam passus guttam misit filium suum ad paradísum et datum sibi ramum ab Ángelo detúlit, et illíus árboris cognóscens mystérium terræ affixit, et in magnam áborem prodúcta est. Póstea vero cum in templi constructióne de divérsis pártibus mundi árbores afferréntur, alláta est, et hæc et relícta est támquam inútilis. Unde póstea facta est quási salébria supra quásdam fóveas civitátis. Quam cum Saba regína intrávit, nolúit transíre sed adorávit. Póstea vero pósita est in probática piscína, quæ in témpore passiónis Christi desiccáta est, et tunc appáruit lignum in quo cum habílius non inveníssent crucifixérunt Dóminum.
  
TRADUCCIÓN
Se dice que Adán, sufriendo de gota, envió a su hijo [Set] al Paraíso para pedir al ángel el permiso de tomar una rama [del árbol de la vida como remedio], y conociendo el misterio del árbol, le plantó en tierra y se convirtió en un gran árbol. Más tarde, cuando se construyó el Templo, se reunieron árboles de todas partes del mundo, y este fue desdeñado y apartado como inútil. Luego fue casi enterrada bajo los cimientos de la ciudad. Pero cuando entró la reina de Saba, no quiso transitar sobre ella sino que la adoró. Más tarde, fue puesta en la piscina probática, que fue desecada en tiempo de la Pasión de Cristo, y como no encontraron un leño más apropiado, crucificaron al Señor en este.
   
JEAN BELETH. Summa de Ecclesiásticis Offíciis (impresa como Rationále divinórum officiórum), De la Exaltación de la Santa Cruz.

lunes, 16 de septiembre de 2024

SABER LLEVAR LA CRUZ, POR Mons. FERNANDO ALTAMIRA

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (sábado 14 de Septiembre de 2024).
   

sábado, 14 de septiembre de 2024

LA CRUZ, FUENTE DE TODA BENDICIÓN


«Conviene, amados míos, que al contemplar a Jesús levantado en la cruz, no os limitéis a ver en Él lo único que veían los impíos, aquellos a quienes se dirige Moisés cuando dice: “Tu vida estará como suspendida ante tus ojos, y tú temerás día y noche, y no creerás en tu vida” (Deuteronomio XXVIII, 66). La presencia de Jesús crucificado no podía suscitar en ellos más que el pensamiento de su propio crimen; por esto, al verle, temblaron despavoridos (San Mateo XXVII, 54), mas no con aquel temor que justifica a los verdaderos creyentes, sino con el que atormenta a las conciencias cul­pables. Nosotros, empero, cuya inteligencia está iluminada por el espíritu de verdad, debemos abrazarnos con libertad y pureza de corazón a la Cruz, aquella Cruz cuya gloria resplandece en el cielo y en la tierra, y aplicar toda nuestra atención a penetrar el misterio que el Señor, refiriéndose a la proximidad de su Pasión, anunciaba diciendo: “Ahora va a ser juzgado todo el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser lanzado fuera. Y yo, cuando habré sido levantado Sobre la tierra, atraeré a mí todas las cosas” (San Juan XII, 31-32).

¡Oh admirable virtud de la santa Cruz! ¡Oh inefable gloria de la Pasión! En ella podemos considerar el tribunal del Señor, el juicio del mundo y el poder del Crucificado. Oh, sí, Señor; atrajisteis a Vos todas las cosas cuando “teniendo extendidas todo el día vuestras manos hacia un pueblo incrédulo y rebelde” (Isaías LXV, 2), el universo enteró comprendió que debía rendir homenaje a vuestra Majestad. Atrajisteis a Vos todas las cosas cuando todos los elementos se juntaron en una sola voz para condenar la injusticia de los judíos; cuando habiéndose obscurecido los astros y trocádose en tinieblas la claridad del día, la tierra fue conmovida por extraordinarias sacudidas y toda la creación se negó a servir a aquellos impíos. Atrajisteis a Vos todas las cosas porque habiéndose rasgado el velo del templo, el Santo de los santos rechazó a sus indignos pontífices, como indicando que la figura se convertía en realidad, la profecía en revelaciones manifiestas y la ley en Evangelio.

Atrajisteis a Vos, Señor, todas las cosas para que la piedad de todas las naciones que pueblan el orbe celebrase, como un misterio lleno de realidad y libre de todo velo, lo que Vos teníais oculto en un templo de Judea, a la sombra de las figuras. Ahora, en efecto, el orden de los Levitas brilla con mayor resplandor, y la dignidad sacerdotal tiene una mayor grandeza, y la unción que consagra a los Pontífices una mayor santidad. Y esto porque la fuente de toda bendición y el principio de todas las gracias se encuentran en vuestra Cruz, la cual hace pasar a los creyentes de la debilidad a la fuerza, del oprobio a la gloria, de la muerte a la vida. Ahora es también cuando, abolidos ya los sacrificios de animales carnales, la sola oblación de vuestro Cuerpo y Sangre ocupa el lugar de todas las victimas que la representaban. Porque Vos sois “el Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo” (San Juan I, 29), y todos los misterios se cumplen en Vos de tal suerte que, así como todas las Hostias que se os ofrecen no forman más que un solo sacrificio, así todas las naciones de la tierra no forman más que un solo reino».
  
SAN LEÓN MAGNO, Homilía 8.ª de la Pasión del Señor, después de la mitad. Divino Oficio, lecciones 7.ª, 8.ª y 9.ª de las Maitines de la Exaltación de la Santa Cruz. Traducción de Dom Alfonso María de Gubianas y Santandréu OSB, Breviario Romano, vol. II, págs. 980-982. Barcelona, Editorial Litúrgica Española S. A., 1936. Nihil Obstat de la orden por Dom Remigio Aixelá OSB S. Th. D., censor de la Orden, e Imprimátur por Dom Mauro Etcheverry OSB, Abad general de la Congregación Subiacense, el 27 de Noviembre de 1935. Nihil Obstat diocesano por Agustín Mas Folch CO, censor, e Imprimátur por el Ilmo. Sr. Dr. Don Manuel Irurita Almándoz, Obispo de Barcelona y Mártir de la Fe, el 3 de Diciembre de 1935.

EJERCICIO PIADOSO A LA SANTA CRUZ



PIADOSO EJERCICIO EN CULTO Y REVERENCIA DEL SANTO MADERO DE LA CRUZ, PARA EL DÍA TERCERO DE MES Y CATORCE DEL MISMO
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Representada en el cielo la cruz de Jesucristo, resplandeciente de gloria,
℟. Recibirá eternamente el homenaje de los ángeles y de los hombres.
℣. Dame la gracia, Señor, de poner toda mi esperanza en tu santa Cruz,
℟. Y permitirme estar apegado a ella todos los días de mi vida.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, que con Tu Divino y saludable contacto Santificaste el Madero de la Cruz para lavar con ella y con Tu Preciosa Sangre las manchas de mis pecados, me pesa de todo corazón de haberte ofendido con mis indiferencias y faltas hacia Ti o hacia mi prójimo. Ten piedad de mí, propongo confesarme y enmendar una y mil veces con sacrificios y cambio de vida, y confío en tu infinita piedad que me has de perdonar para así gozar contigo a la Patria Celestial. Amén.
   
MEDITACIÓN
La visión de la cruz de mi Salvador debería inspirarme sentimientos de profunda gratitud, amor ardiente, confianza ilimitada. Al morir en este árbol sagrado, me sacó del infierno; su Sangre, con la que está enrojecido, es para mí la prenda de la misericordia divina y la fuente de todas las gracias. Cualesquiera que sean mis pecados pasados, mis vicios y mis miserias presentes, si abrazo la cruz de mi Salvador con un corazón arrepentido y humilde, estoy seguro de que recuperaré todos mis derechos sobre el corazón de Dios y ganaré la victoria sobre él. todos los enemigos de mi alma. ¡Oh cruz saludable, árbol de la vida! Las flores y los frutos que llevas son remedios soberanos, aptos para curar todos mis males; de tus ramas cuelgan los despojos del infierno, porque tú eres el Arma victoriosa con la que mi Salvador venció los poderes de las tinieblas: ¿cómo entonces no podría ser penetrado, viéndote, de valor y de confianza? Mi adorable Maestro merecía el Cielo para mí por sus sufrimientos y su muerte; pero, si quiero lograrlo, debo poner alguna conexión entre mi conducta y el ejemplo que me dio. «Si alguien quiere venir en pos de mí, dice este divino Salvador, que renuncie a sí mismo, cargue su cruz y sígame». Por tanto, sólo crucificando todas mis inclinaciones trastornadas, muriendo por todo lo que no es Dios, me haré digno de sus gracias. Unos pocos actos externos de religión no me bastan para aplicar los frutos de su redención; un espíritu continuo de sacrificio, un gran valor para resistir mis inclinaciones, solo puede darme la victoria sobre los enemigos que me atacan, y hacerme triunfar con Jesús: qué alegría para mí cuando se me aparece en su gloria, si su cruz ha sido siempre objeto de mi amor, si me he dejado apegar a ella según los designios de la Providencia. Así que este signo saludable, lejos de inspirarme miedo, me llenará de la más dulce confianza. Señor, permíteme, penetrado profundamente con estos pensamientos, elevarme por encima de mi propia debilidad, para morir a mí mismo como Tú moriste por mí.
   
LETANÍAS A LA SANTA CRUZ
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
  
Jesucristo, óyenos
Jesucristo, escúchanos.
   
Padre celestial, Dios nuestro, ten piedad de nosotros.
Hijo, Redentor del mundo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros.
Espíritu Santo, Consolador, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios verdadero, ten piedad de nosotros.
 
℣. Oh Santa Cruz de nuestro Salvador,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz consagrada por las virtudes de Jesucristo,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santísima Cruz, que llevaste en tus brazos el adorable Cuerpo de Jesucristo,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, teñida con la Sangre de Jesucristo,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, que eres el árbol de la vida, la voz del cielo y la llave del paraíso,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, digna del respeto y amor de todos los hombres,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, que ofreces a nuestros ojos la imagen de todas las virtudes,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, que eres el consuelo de los afligidos,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, que haces huir a los demonios,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, que traerá la victoria a los que son tentados,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, única esperanza de los pecadores,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, que eres el sello de los elegidos,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
℣. Oh Santa Cruz, oh tú a quien todos los santos han deseado,
℟. Santifica a los justos y convierte a los pecadores.
   
℣. De todo mal,
℟. Líbranos, Señor.
℣. De la condenación eterna,
℟. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Santa Cruz,
℟. Líbranos, Señor.
℣. Por la Cruz en la que fuiste clavado y donde moriste,
℟. Líbranos, Señor.
℣. Por la invención de tu santa Cruz,
℟. Líbranos, Señor.
℣. Por la exaltación de tu santa Cruz,,
℟. Líbranos, Señor.
℣. Por el triunfo de tu santa Cruz,
℟. Líbranos, Señor.
   
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
   
HOMENAJE A LA CRUZ
¡Oh Cruz venerable, obra al mismo tiempo el amor de Dios y la crueldad de los hombres! Cruz, objeto de los deseos de Jesucristo, el fin de sus labores, el teatro de sus reproches, así como el trofeo de sus victorias, el lecho del dolor donde nos dio a luz por gracia, el púlpito donde nos enseñó el camino al cielo, el altar donde se sacrificó por nuestra salvación: la Sagrada Cruz, que fue el instrumento glorioso de nuestra redención, que reconcilió el cielo con la tierra, Dios con los pecadores; Preciosa Cruz, que ha sido predicada a todas las naciones, que ha sido reverenciada por todos los pueblos, y que desde el lugar del tormento han pasado sobre los altares del Altísimo; Una cruz admirable que ofrece a nuestros ojos un prodigio de misericordia, un modelo perfecto de penitencia, un cuadro cumplido de todas las virtudes; Cruz saludable, verdadero tesoro de gracias, asilo de los desgraciados, consuelo de los afligidos, alivio de los pobres, refugio de los pescadores, confianza de los moribundos; Cruz divina, escudo de la Iglesia militante, salvación de la Iglesia sufriente, estandarte de la Iglesia triunfante, terror del infierno, llave del cielo, gran libro de los santos y predestinados, el finalmente objeto de la veneración de ángeles y hombres; Una vez más, Cruz divina, recibe en este momento el homenaje de mi fe, mi entrega y mi amor. Me dedico por completo a ti y me apego a ti para siempre, como mi Salvador se unió a él por amor a mí. Me apego a ti, corazón y mente, y, si es posible, con todo mi cuerpo, suplicándote sinceramente, con este tierno beso, que atrevo aplicar a tu madera sagrada, y nuevamente en virtud de esta preciosa sangre con la que has sido regada, a tomarme en adelante bajo tu protección, a ser mi apoyo en los dolores, mi fuerza en las tentaciones, mi consejo en las dudas, mi luz en las tinieblas, mi regla de conducta durante mi vida, mi confianza y la garantía de mi salvación en mi muerte. Que así sea.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 3 de mayo de 2024

SOBRE LA SEÑAL DE LA CRUZ

  
No hay nada que pueda ayudarte más eficazmente a recordar la presencia de Dios y recordarte el deber de consagrar todo lo que dices o haces a su honor y gloria, que el uso frecuente y devoto de la señal de la Cruz. Este signo sagrado siempre ha sido utilizado por la Iglesia para significar que todas las gracias y asistencia espiritual se derivan de la cruz y la pasión de Jesucristo. Cuando se acompaña de los sentimientos correspondientes, es una excelente forma de oración, un acto ferviente de fe, de esperanza y de caridad, además de ser una profesión pública y solemne de nuestra creencia en aquellos misterios de nuestra religión, que todos debemos creer y profesa para ser salvo; es decir, la Unidad y Trinidad de Dios, la Encarnación, Muerte y Resurrección de nuestro Salvador.
    
La señal de la Cruz siempre debe ser apreciada por ti como la señal de un cristiano, la insignia de un cristiano y la gloria de un cristiano, como la marca distintiva de los verdaderos seguidores de Cristo, como un memorial de los sufrimientos de Cristo en la Cruz, y de tu propia liberación de la muerte eterna por y a través de esos sufrimientos. Para merecer, por la aplicación de este signo salvador, los frutos de aquella Cruz y Pasión que representa, debéis acostumbraros a hacerlo devota, frecuente y abiertamente. Debes hacerlo con devoción, es decir, con gratitud por los bienes que disfrutas a través de esa Pasión, y con sincero dolor por tus pecados. Recordad que un método precipitado, irrespetuoso, como a medias, de firmaros con la Señal de la Cruz, es en realidad deshonrarla y compararos con vosotros mismos. a aquellos que profesamente lo ridiculizan y desprecian.
    
A continuación, debes hacer la Señal de la Cruz con frecuencia. Esto lo inculca el ejemplo de los cristianos primitivos, quienes por este signo sagrado se consagraron a Dios e imploraron su bendición en cada acción. También es fuertemente recomendado por todos los grandes santos y padres de la Iglesia; entre los demás, por el devoto San Efrén, que dice, hablando sobre este tema:
«Cúbrete con la señal de la Cruz, como con un escudo, firmando con él tus miembros y tu corazón. Ármate con esta señal en tu estudios, y en todo momento, porque es el conquistador de la muerte, el que abre las puertas del paraíso, el gran guardián de la Iglesia. No dejes de llevar esta armadura contigo en todo lugar, cada día y cada noche, cada hora y momento. Ya sea que estés trabajando, comiendo, bebiendo, viajando o cualquier otra cosa que hagas, firma y ármate con la Señal salvadora de la Cruz. Firma con él tu cama; y todo lo que uses, fírmalo primero con la Señal de la Cruz, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Esta es una armadura invencible, y nadie puede hacerte daño, si estás armado con ella».
Esfuérzate por poner en práctica esta fuerte advertencia con tal fervor, que tus acciones más devotas y ordinarias, el principio y el fin de tus deberes, sean nuestros. puede ser la Señal de la Cruz; pero sed particularmente exactos en seguir las instrucciones de vuestro Catecismo sobre este tema, y ​​nunca dejéis de hacerlo con fe, devoción y confianza, en todas las tentaciones y peligros, y antes y después de la oración.
   
Por último, debéis hacer la Señal de la Cruz abiertamente, porque es con esta señal como os mostráis cristianos y probáis que no os sonrojáis ante la Cruz y las humillaciones de vuestro Dios y Salvador crucificado. «Mientras otros», dice un autor piadoso, «se jactan de cintas y estrellas, que son usadas y contempladas porque son insignias de honor mundano, conferidas por los grandes de la tierra; tú deberías pensar que es la mayor felicidad, el mayor honor, llevar esa santa enseña del Rey de reyes, que expresa sus mayores misterios». Por tanto, lejos de abstenerte de este signo sagrado, que te señalaría como cristiano frente a extraños en el último rincón del globo, debes hacerlo siempre abiertamente y sin vacilaciones.
   
Recuerda, sin embargo, que en esto te guíe muy especialmente la prudencia, que debe orientar y acompañar toda acción para hacerla virtuosa. No puedes hacer la Señal de la Cruz con demasiada frecuencia, ni demasiado abiertamente ahora, ni quizá en el futuro, si estáis en el seno de una familia católica y piadosa; porque estaréis seguros de que ese signo sagrado será debidamente reverenciado; pero hay ocasiones en que sería más prudente abstenerse de hacer la señal de la cruz exteriormente, con tanta frecuencia como ahora estáis acostumbrados a hacerlo. Por ejemplo, hacer la señal de la cruz cuando suena el reloj, como ahora tenéis costumbre de hacer, tal vez exponga esa señal sagrada, como también la causa de la piedad en general, a la risa y a la división. Por eso, por respeto a la Señal de la Cruz, y no por temor a provocar el ridículo, harías mejor en limitarte a esa elevación del corazón a Dios y al simple pensamiento de la pasión que siempre debe acompañar la Señal exterior de la Cruz, para hacerla meritoria y saludable.
    
Ten cuidado, sin embargo, de no confundir esas ocasiones con otras en las que tu no hacer la Señal de la Cruz puede ser tomado, si no por una negación de tu fe, al menos por un deseo de ocultarla. Entre ellas, puedes considerar, por ejemplo, la costumbre de bendecirte antes y después de las comidas; porque en todas las compañías, aunque estén compuestas de diferentes convicciones, se espera que los católicos hagan la Señal de la Cruz. Entonces, y en todas estas ocasiones, debes recordar que aquellos que niegan a Jesucristo delante de los hombres, serán negados por él delante de su Padre (San Mateo X, 33), y no vaciles en mostrarte Católico al hacer la Señal de la Cruz abiertamente, devotamente y con esa especie de orgullo generoso y noble, que hizo que San Pablo se gloriara en esta Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo le fue crucificado, y él al mundo.

Manual de las ursulinas, o Colección de Oraciones, Ejercicios espirituales, etc., intercalados con las distintas instrucciones necesarias para formar a los jóvenes en la práctica de la sólida piedad (ed. revisada y aprobada por el arzobispo John Hugues de Nueva York). Nueva York, imprenta de Edward Dunigan y Hno., 1857, págs. 292-295. Imprimátur por el R. P. Robert Richard England, en nombre del obispo de Cork (Irlanda), 14 de Abril de 1823.

martes, 3 de mayo de 2022

ORACIÓN DE SAN PEDRO REGALADO A LA SANTA CRUZ


Dios te salve, santísima Cruz, árbol de vida, brazo divino, llave del Cielo, cetro de David, trono de la Sabiduría, puerta del Paraíso, luz del mundo y abismo de misericordias; a ti recurro, Cruz santísima, medicina del alma, vida, de nuestra vida, muerte de nuestra muerte, y tesoro de los santos; yo te alabo por prenda de la salud, reposo de los afligidos y escudo de la verdad; a ti me acojo con devoto corazón para encontrar en ti el puerto de felicidad y refugio, contigo nos defendemos de los enemigos, contigo encuentran el remedio los enfermos, de ti huyen las fieras y la serpiente infernal, y por ti se vencen aun los mayores peligros. Yo te adoro, venero y reverencio, Cruz sacratísima, acordándome de aquel Señor que quiso morir en ti para darme vida, hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz, consiguiendo la mayor exaltación, en que sea infinitas veces alabado y glorificado por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
En P. FRAY PEDRO DE ZUBERO OFM, Novena de San Pedro Regalado, glorioso patrón de Valladolid y de La Aguilera, Valladolid, Imprenta y Librería Religiosa de Andrés Martín, 1908.

viernes, 19 de marzo de 2021

DEVOCIÓN DE LAS GOTAS DE SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Devoción publicada en Sevilla en 1868.
  
DEVOCIÓN A LAS GOTAS DE SANGRE QUE DERRAMÓ NUESTRO REDENTOR JESÚS EN SU PASIÓN Y MUERTE EN LA CRUZ
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, dulce y amoroso Padre, enamorado y divino, socórreme y perdonadme, bien se Señor, que mis obras son de muy bajo quilate, pero puestas con las tuyas serán de valor muy grande, confieso que te he ofendido y conozco que no valen mis lágrimas y suspiros, en penitencia agradarte, en penitencia te ofrezco mi Dios tu preciosa Sangre, que, aunque son muchas mis culpas su precio mucho más vale. Amén.

SALUTACIONES
Por primera vez te saludo, mi Dios, que la derramaste, y fue en la circuncisión, Niño benigno y afable, y principiaste a padecer, vertiendo preciosa sangres, te suplico me perdones, pue tan temprano empezaste a padecer por mis culpas y yo lo conozco tarde. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Por segunda vez te saludo, mi Dios, que la derramaste y fue en la oración del huerto, orando a tu Eterno Padre, donde con fatigas grandes, pensando en mis grandes culpas, copiosa sangre sudaste, te suplico Jesús mío, por esta oración tan grande, que Me des tu gracia y luz para poder conformar mi voluntad con la tuya y que mi oración te agrade. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Por tercera vez te saludo, mi Dios, que la derramaste, amarrado a una columna con golpes muy desiguales de aquellos fieros sayones, que, con azotes mortales vuestro santo cuerpo hirieron y llenaron de cardenales, aquí pido por todos, mi Dios, no desmaye nadie, que no es justo que se pierda, Jesús, tu preciosa sangre. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Por cuarta vez te saludo, mi Dios, que la derramaste, y fue cuando te coronaron de espinas muy penetrantes, divino Rey de Reyes, Majestad de Majestades, recreo de los humildes que de los cielos bajaste, para humillar mi soberbia, viendo yo humildad tan grande, te suplico que me hagas humilde de aquí en adelante. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Por quinta vez te saludo, mi Dios, que la derramaste quitándote en el Calvario tus vestiduras reales, te desnudaron, bien mío, para en la cruz enclavarte, te suplico me Desnudes de esta mi mala carne, que es mi mayor enemigo, y de ella no puedo librarme. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Por sexta vez te saludo, mi Dios, que la derramaste, y fue cuando en el Calvario te levantaron en alto, suplícote Jesús mío, que mi alma se abrase en tu amor, y que mis obras a ti solo se eleven, y si me viere caído como flaco y miserable, dulce Jesús de mi vida, ten por bien levantarme. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Por séptima vez te saludo, mi Dios, que la derramaste cuando Longinos partió tu pecho de parte a parte, de aquella cruel lanzada, que con abundancia grande vertiste sangre mezclada con agua para lavarme. ¡Oh que licor tan divino! Dado como fino amante de aquella llaga divina que siempre está firme y constante y por todas, siete veces mi Dios, vuelvo a saludarte, que por todas siete juntas te sirvas de perdonarme. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

ORACIÓN A LA SANTÍSISMA VIRGEN
Al pie de la Cruz sentada
Está la Virgen María
Muy triste y desconsolada
Sin consuelo, ni alegría
Porque tenía en sus brazos
La prenda que más amaba,
La prenda que más quería.
Contemplando cinco llagas
Que en pies y manos tenía
Tan solo la del costado
El corazón le partía.
¡Oh Virgen María!
Mi espejo y mi luz,
Que sola os hallaste
Al pie de la Cruz,
Viuda lloras
Con gran soledad,
Socorred Señora,
Mi necesidad. Amén.
   
ORACIÓN A JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR
Señor mío Jesucristo, Padre dulcísimo, por el gozo que tuvo tu querida Madre cuando te le apareciste en la sagrada noche de la resurrección, y por el gozo que tuvo cuando te vió lleno de gloria, te pido que me alumbres con la luz de la divinidad para que pueda cumplir tu voluntad todos los días de mi vida, Tú que vives y reinas, con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN A LA SANTA CRUZ
¡Oh, Santísima Cruz! ¡Oh, inocente y piadoso Cordero! ¡Oh, pena grave y cruel! ¡Oh, pobreza de Cristo, mi Redentor! ¡Oh, llagas muy lastimadas! ¡Oh, Corazón traspasado! ¡Oh, Sangre de Cristo amarga! ¡Oh dignidad de mi Dios, digna de ser reverenciada! Ayúdame, Señor, para alcanzar la vida eterna en la hora de mi muerte. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 14 de septiembre de 2019

NUEVE SALUTACIONES A LA SANTA CRUZ

Adaptación de la Novena dispuesta por un religioso del Colegio Apostólico de la Santa Cruz de Querétaro (México), y publicada en 1865.

   
Puesto de rodillas en presencia de alguna Imagen de Cristo crucificado, o de la Santísima Cruz, habiéndote persignado, dirás:
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Te adoro Santa Cruz,
Puesta en el Monte Calvario,
En ti murió mi Jesús,
Para darme eterna luz,
Y librarme del pecado.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, que con tu saludable contacto santificaste el madero de la Cruz, para lavar con ella y con tu Sangre preciosa las manchas de mis pecados; me pesa de todo mi corazon de todos los que contra ti he cometido en mi vida; propongo una y mil veces la enmienda, y espero en tu piedad infinita me los has de perdonar, y me propongo la conversión a una vida de gracia.
   
PRIMERA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todos los nueve Coros de celestiales espíritus, y doy al Señor con ellos todas cuantas gracias puedo, porque se dignó de honrarte, haciendo de ti trono de Su Majestad Divina para remedio del mundo, crédito de sus milagros y reparo de aquella primera caída, por lo que seas alabada. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
SEGUNDA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todos los Santos Patriarcas, y doy al Señor con ellos cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte, queriendo que fueses adorada por las gentes; y lo que es más, de la Reina de los Ángeles con aquella adoración que solo se debe a su Majestad Santísima, que sea alabada para siempre. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
TERCERA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todos los Santos Profetas, y doy al Señor con ellos cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte, poniendo en ti el fundamento de la militante Iglesia, adornada de los siete Sacramentos, y demás misterios que en tu virtud veneramos, porque seas alabada en los siglos de los siglos. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
CUARTA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todos los Santos Apóstoles, y doy al Señor con ellos cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte, haciendo que en tu virtud se conviertan tantas almas, así de obstinados pecadores, como de apóstatas y gentiles, que alumbrados de tu luz corrigen sus errores, confesando una Fe, un Bautismo, una Iglesia, una verdadera Ley y un Dios y Señor de todo, que sea adorado para siempre. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
QUINTA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todos los Santos Evangelistas, y doy al Señor con ellos cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte, haciendo que en tu virtud se salve tanto sin número de almas, siendo tú la llave maestra que a todos les franqueas el Paraíso, para gozarse en la gloria, cantando a Dios alabanzas por toda la eternidad. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
SEXTA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todos los Santos Mártires, y doy al Señor con ellos cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte, queriendo que en tu invención milagrosa se halle el más precioso tesoro que venera nuestra Fe, suscitando en él sus antiguas maravillas con destrucción de los ídolos, confusión de los gentiles y herejes, y crédito de su loable Providencia, que sea alabada para siempre. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
SÉPTIMA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todos los Santos Confesores, y doy al Señor con ellos cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte, obrando en tu virtud admirable triunfo que en las Navas de Tolosa hizo cantar a los fieles la victoria con la vista rubicunda de tu Santísima imagen; y sobre todo por el triunfo que cónsiguió del demonio, quedando éste confundido y exaltada la Majestad verdadera, que sea ahora y siempre venerada en la Santísima Cruz. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
OCTAVA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todas las Santas Vírgenes, y muy en especial con la primera de ellas, y doy al Señor cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte permitiendo el que fueses restituida con gloriosa exaltación al mismo lugar en que antes te habias visto exaltada por el Autor de la vida, con el aplauso que hasta hoy hace venerarte como preciosa reliquia, llenando el mundo de admiración y milagros, para que así confesemos lo que debemos a Dios en la Santísima Cruz, que sea adorada para siempre. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
NOVENA SALUTACIÓN
Salúdote, Cruz Santísima, con todos los Justos de la tierra y Cortesanos del Cielo, y doy al Señor con ellos cuantas gracias puedo, porque se dignó de honrarte proveyendo en tu virtud los muchos frutos que redundan a la Católica Iglesia, en la expulsión de los demonios, extirpación de las herejías, dilatación de la Fe, exaltación de su Santísimo Nombre y demás misterios que confesamos a honra y gloria de Jesús, que en la Cruz y con la Cruz sea alabado eternamente. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
Antífona: Oh Cruz Santísima, más resplandeciente que todos los astros y más Santa que los Santos; para el mundo célebre, para los hombres amable, que sola fuiste digna de contener en tu madero todo el rescate del mundo: Dulce Leño, dulces Clavos, dulces penas que toleradas en ti por mi Señor Jesucristo, fueron el remedio nuestro: Salva a todos los Cristianos, que en este día repiten tus alabanzas.

℣. Adorámoste, Cristo, y bendecímoste.
℟. Que por tu Santa Cruz redimiste el mundo y a mí que soy pecador.
  
ORACIÓN
Oh Cruz Santísima, noble entre todos los árboles frondosos, que hermoseas el Jardín ameno de la militante Iglesia: reino del Padre, Cetro del Hijo, sello del Espíritu Santo; honra y gloria del mismo Crucificado, crédito de las maravillas de Dios, esperanza de los cristianos, vida de los muertos, báculo de los débiles, guía de los ciegos, consuelo de los pobres, freno de los ricos, padre de los huérfanos, defensa de las viudas, descanso de los atribulados, luz de nuestras ignorancias, pregón de los Profetas, predicador de los Apóstoles, gloria de los Mártires, abstinencia de los Monjes, castidad de las Vírgenes, alegría de los Santos, júbilo de los Sacerdotes, seguridad de los Justos, fundamento de la Iglesia, fortaleza de los flacos, medicina de los enfermos, pan de los necesitados, fuente de los sedientos, abrigo de los desnudos, triunfo sobre el demonio, muerte del pecado, raíz y causa de todo bien; oliva frondosa, cedro escogido de Dios, palma encumbrada en el jardín de la Iglesia, ciprés excelso, trono sagrado del Omnipotente Rey, árbol de la vida, y fuente de la bienaventuranza: adórote, bendígote, alábote y doy a Dios muchas gracias, poniendo debajo de tus misteriosos brazos la necesidad presente..., con todas las de la Iglesia, para que por tu virtud se digne el Señor de remediarlas, si ha de ser para servirle, bien de mi alma, aumento de la virtud y crédito de ti misma, que es lo que yo más deseo; y sobre todo una acertada, feliz y dichosa muerte, y que por ti me reciba el que por ti se dignó de redimirme, que es mi Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.

Tres salves a la Santísima Virgen de los Dolores, y la oración siguiente: Soberana Emperatriz de los Cielos, que al pie de la Santísima Cruz padecisteis tan agudos dolores, y por dignación suprema quedaste constituida madre de todas las criaturas, dígnate, afligidísima Señora, de patrocinar mis peticiones, y socorrer las necesidades de mi alma, que yo te prometo no apartarme ya de la Cruz, y acompañarte siempre en tus dolores, sintiendo tantas penas como ingrato te causé con mis pecados; para que así consiga, con tu amparo, y por el Santo Madero de la Cruz, los frutos de la redención, que en ella obró tu Hijo Jesús. Amén.
    
ALABADO A LA SANTÍSIMA CRUZ
Alabado sea mil veces
El Santísimo madero
De la Cruz, en quien obró
Jesús el remedio nuestro.
 
Y la sagrada pasión
De Redentor tan Supremo,
Que siendo Dios por esencia,
Murió por salvar su pueblo.

Y los agudos dolores
De la Reina de los cielos,
Que como piadosa Madre
Le acompañó en los tormentos.
   
Así sea por los siglos,
Y de los siglos eternos:
Para que así para siempre
La Santa Cruz adoremos.

Amén, oliva preciosa,
Amén, escogido cedro,
Amén, encumbrada palma,
Ciprés de la Iglesia excelso.

Amén, árbol de la vida,
Amén, hasta que en el cielo
Por toda la eternidad
Tus alabanzas cantemos. 
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 24 de abril de 2019

NOVENA A LA SANTA CRUZ

Novena impresa en Lima por Justo Montoya en el año 1856, con las debidas licencias. Puede rezarse en cualquier momento del año, y particularmente en preparación a las fiestas de la Santa Cruz:
  • 3 de Mayo (Invención por Santa Elena).
  • 17 de Julio (Victoria de la Santa Cruz en las Navas de Tolosa).
  • 14 de Septiembre (Exaltación de la Santa Cruz).
NOVENA EN HONOR DE LA SANTA CRUZ

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Único Dios y Señor mío, creo firmemente estar delante de tu infinita Majestad, en cuya adorable presencia tiemblan y se postran humildes todos los Ángeles y Potestades del Cielo, y por tanto también yo vuestra miserable criatura, anonadado aquí delante de Ti, te adoro y reconozco por único Dios y Señor mío; por único Criador, Conservador y Redentor mío. Así te rindo todas las gracias que puedo con todo mi corazón, con toda mi alma, por los innumerables beneficios que me has hecho hasta ahora con tanta liberalidad y amor. Sumamente me pesa, ¡oh Padre de misericordias!, de haberos correspondido tan mal con tan graves y tan repetidas culpas, teniendo sólo presente para confusión mía, que han sido ofensas contra Ti, que eres bondad infinita: propongo firmemente desde este instante nunca ofenderte en lo futuro, mediante el auxilio de tu divina Gracia, y primero morir que quebrantar tu santa Ley. Ruégote me concedas tu Santo Espíritu para poder meditar aquí en tu presencia, con fruto de mi alma y gloria tuya, en los misteriosos bienes que contiene y encierra la Cruz preciosa en que murió tu Unigénito Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, dame tu gracia y concédenos cuanto tienes prometido a los que hacen memoria de tu Pasión y Muerte de Cruz, os lo pedimos por tu Santísima Madre, por cuya poderosa medianera espero conseguir todo lo que deseo y pido para alivio y bien de mi pobre alma. Amén.
   
SALUTACIÓN A LA CRUZ
Oh Cruz santa y preciosa, altar de propiciación, fuente de todas las gracias, árbol de la vida y monumento eterno de las misericordias divinas: tú eres la que has llevado este sagrado depósito, la que has recibido en tus brazos al Santo de los Santos, y la que has sido rociada con esta Sangre adorable: ¡Ah! ¿Por cuántos títulos no mereces el homenaje de mi respeto y de mi veneración? Ojalá que fueses siempre grabada en mi corazón, y que obrases en él los prodigios de aquella gracia que está depositada en ti.
  
℣. Esta señal de Cruz habrá en el cielo.
℟. Cuando venga el Señor a juzgarnos.
   
Adórote Cruz bendita, deseada y amada de mi Señor Jesucristo, buscada y hallada en sus brazos, en sus espaldas cargada, con su preciosísima sangre bañada, de mi Señora la Virgen María acompañada, de las criaturas venerada, de la gloriosa Santa Elena buscada y hallada: por ti, ¡oh Cruz Santísima!, el mundo fue redimido, el infernal enemigo vencido, la misma muerte dominada, y contigo el Cielo fue comprado: suplico al Señor que en ti murió y fue crucificado, por la hiel y vinagre que en ti gustó, por las siete palabras que en ti habló, por las cinco llagas que en ti recibió, por las agonías, afrentas y tormentos que en ti sufrió, por la muerte cruelísima que en ti padeció, por los dolores y angustias que mi Señora la Virgen María a tus pies sintió, te suplico me alcances una humildad profunda y un espíritu obediente, para que muriendo con Jesucristo, logre también resucitar con Él por toda la eternidad. Amén.
  
Un Padre nuestro y Ave María gloriado a Santa Elena, dándole las gracias por habernos descubierto este madero santo, seguido por la siguiente oración:
Oh Señor mío Jesucristo, que te dignaste revelar a Santa Elena el lugar donde se ocultaba tu Cruz, para enriquecer por ella a tu Iglesia con este precioso tesoro, concédenos por su intercesión, que por el precio de este vital leño, consigamos los premios de la vida eterna. Tú que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
 
DÍA PRIMERO – 24 DE ABRIL
CONSIDERACIÓN: CÓMO JESÚS RECIBIÓ LA CRUZ EN QUE HABÍA DE MORIR
Considera cómo pronunciado ya el decreto de muerte contra el Santo de los Santos, ya estaba preparada la Cruz, que había de ser el instrumento de su Pasión: mira a Jesús como lo apercibe, se postra delante de ella, la recibe y se dispone para llevarla. ¡Oh Cruz santa! ¡Oh Cruz preciosa! La había esperado y deseado el Redentor, y aun suspirado por ella ardientemente desde el primer momento de su vida. Se la carga sobre sus espaldas, y toma el camino del Calvario para consumar allí su sacrificio. ¡Oh dolor! ¡Oh espectáculo que aflige al Cielo, y al que sin embargo la tierra se manifiesta insensible!
  
Oh almas cristianas redimidas por la Sangre de un Dios, venid, unámonos de concierto, consideremos a nuestro Rey, con aquella diadema sangrienta con que le han coronado nuestras culpas; veámosle desfallecer bajo el formidable peso de la Cruz que está cargando. ¿Mas seremos insensibles al dolor que le causamos? ¿No procuraremos aliviarle sus tormentos? Ya veo a este inocente Isaac cargado con la leña de su sacrificio, conducido o arrastrado más bien hasta el lugar de su tormento. ¡Qué triste y dolorosa carrera para el Salvador! Debilitado, falto de Sangre y de fuerzas apenas puede sostenerse: cada paso que da es señalado por una caída: no hay lugar que no quede teñido con alguna gota de la corta porción de Sangre que ha quedado de sus venas: el sumo abatimiento a que se le ha reducido no sirve sino de exasperar el furor de sus enemigos. Permitidme que os acompañe, ¡oh adorable Salvador mío!, y que durante vuestro viaje al Calvario os manifieste los sentimientos de mi corazón. Amén.
   
Aquí se alienta la confianza y se pide la gracia o favor que se desee recibir, y se hace este acto de caridad:
Dios mío, Salvador mío, Redentor mío, esperanza mía, vida mía, y todas mis cosas. ¿Cómo podría yo no amaros? Sí, yo os amo, o a lo menos deseo amaros de todo mi corazón; haced que os ame únicamente por Vos mismo, y que os ame más que a todas las cosas, que no quiera a otra cosa que a Vos, que os ame con el mismo amor con que Vos me habeis amado, que os ame sobre la Cruz, como os aman los Santos del Cielo, y que os ame toda mi vida en la tierra, para amaros después más perfectamente en la eternidad.
  
GOZOS EN HONOR A LA SANTA CRUZ
   
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
  
Única esperanza
De nuestro consuelo,
Que a todos el cielo
Con firmeza afianza,
Por ti solo alcanza
El cristiano luz.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Tú eres el honor,
La gloria del mundo,
Y árbol, que fecundo
Te hizo el Salvador:
A ti todo loor,
Toda gratitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Oh árbol Sacrosanto,
El más excelente,
Donde está pendiente
El que es Santo, Santo,
Tu fruto por tanto
Es nuestra salud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
A ti, Cruz bendita,
El género humano
Adora, cristiano,
Contempla y medita:
Gracia solicita
De tu plenitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Salve, vital leño,
Que a todos das vida,
Por quien fue vencida
La muerte y su sueño,
Vos sois el diseño
De toda virtud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Oh Cruz, cuyos brazos
Amor nos pregonan,
Y el alma aprisionan
Con sus dulces lazos,
Liberta mis pasos
De la esclavitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Oh Cruz adorable,
Cruz llena de gloria,
De misericordia
Fuente inagotable,
Hazme inseparable
De la rectitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Cordero inocente,
Tú que padeciste
Y morir quisiste
Por ser obediente,
Haz que penitente
Me goce en la Cruz.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Oh Cruz, todo honor,
Cruz, todo consuelo,
Cruz, que por modelo
Nos das al Redentor,
Haz que sea tu amor
Mi solicitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Señal que se ostenta
Y ha de aparecer
En el día que ha de ser
Amargo y de cuenta,
Haz mi alma sedienta
De la beatitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
  
ORACIÓN
Oh buen Jesús, único amor y bien de mi alma: por aquellos dolores que padeciste en la Santísima Cruz, y señaladamente por aquella acerbísima amargura que sentiste cuando se arrancó vuestra preciosisima alma de vuestro cuerpo santísimo; os ruego Señor, tengais misericordia de mi alma, y cuando salga de mi cuerpo, os suplico la lleveis a la gloria a gozar de vuestra presencia por toda la eternidad. Amén.
  
SÚPLICA FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Santísima Cruz! ¡Oh inocente y piadoso Cordero! ¡Oh pena grave y cruel! ¡Oh pobreza de Cristo mi Redentor! ¡Oh llagas muy lastimadas! ¡Oh Corazón traspasado! ¡Oh Sangre de Cristo derramada! ¡Oh muerte de Cristo amarga! ¡Oh majestad de Dios digna de ser reverenciada! Ayúdame, Señor, a alcanzar la vida eterna a la hora de mi muerte. Amén.
  
ALABANZAS DE SAN JUAN CRISÓSTOMO A LA SANTA CRUZ
Oh Cruz, Esperanza de los cristianos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Resurrección de los muertos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Guía de los ciegos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Camino de los desesperados. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Báculo de los cojos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Consuelo de los pobres. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Freno de los ricos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Destrucción de los soberbios. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Pena de los que viven mal. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Triunfo contra los demonios. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Vencedora del diablo. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Pedagoga de los jóvenes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Sustento de los necesitados. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Esperanza de los aburridos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Gobernadora de los navegantes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Puerto de los que peligran. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Muro de los obsesos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Madre de los huérfanos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Defensora de las viudas. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Consejera de los justos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Consuelo de los atribulados. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Guarda de los niños. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Cabeza de los varones. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Fin de los ancianos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Luz de los que se sientan en las tinieblas. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Grandeza de los reyes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Escudo perpetuo. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Sabiduría de los necios. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Libertad de los esclavos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Filosofía de los emperadores. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Ley de los impíos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Pregón de los Profetas. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Anuncio de los Apóstoles. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Gloria de los Mártires. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Abstinencia de los Monjes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Castidad de las Vírgenes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Gozo de los Sacerdotes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Fundamento de la Iglesia. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Cautela de la redondez de la tierra. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Repulsa de ídolos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Destrucción de sus templos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Escándalo de los judíos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Perdición de los impíos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Virtud de los inválidos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Medida de los enfermos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Limpieza de los leprosos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Descanso de los paralíticos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Pan de los hambrientos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Fuente de los sedientos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Protección de los desnudos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO – 25 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, ALTAR DEL SACRIFICIO PERFECTO
Considera, alma, cómo llegando el Salvador al lugar donde había de cumplirse la más cruel sentencia, la Cruz es para Jesucristo, como dice el Padre San Agustín, «un altar en donde se sacrifica por nosotros, y como el Sacrificio no se consuma sino por la muerte de la víctima, era necesario que Jesucristo consumase el suyo por su muerte».
 
¿Y qué holocausto más completo, ni más perfeco que el de Jesucristo sobre la Cruz? Sacrifica todo lo que tiene y todo lo que es: sacrifica su libertad reduciéndose a la condición de un siervo, su honor por los oprobios de que está cubierto, sus bienes por la desnudez que padece, su cuerpo por los vivos dolores que sufre, su corazón por las amarguras interiores de que está inundado, y finalmente su vida, por la muerte más cruel. Sacrificador y víctima se ofrece a Sí mismo a su Eterno Padre. ¡Oh prueba admirable de su amor! Sacerdote según el orden de Melquisedec, cuyo sacerdocio es eterno; sacerdote del Altisimo, que ofrece no víctimas extrañas, sino su propio Cuerpo, no la sangre de los animales, sino la Sangre del Cordero inmaculado; sacerdote Santo que descendió de los Cielos, y ha consumado la grande obra de nuestra santificación por la única oblacion de Sí mismo. La Cruz pues vino a ser como el altar de todo el mundo: por la sangre de esta Víctima por excelencia fue expiada la culpa, domada la muerte, desarmado el Infierno y abierto aquel santuario divino en el que podemos entrar fácilmente si seguimos a nuestro sacrificador: la Cruz es el camino, Jesucristo nuestro conductor, y el Cielo el término a que debemos aspirar. Salgamos pues al campo, unámonos por la fe a este sacrificador divino, llevemos con Él la ignominia de la Cruz, y hagámonos uno con él. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA TERCERO 26 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, CÁTEDRA DE LAS BIENAVENTURANZAS
Considera a la Cruz como la cátedra donde Jesucristo nos instruye: y en efecto, ¿En dónde este divino Salvador nos ha enseñado tan plena y eficazmente como en la Cruz? ¿En dónde nos ha manifiestado de una manera tan sensible y admirable las verdades fundamentales, las verdades evangélicas, las verdades de la mortificación, en una palabra, las verdades de nuestra salud? La grandeza de un Dios, que no puede ser dignamente adorada sino por un Dios; el rigor de su justicia, que no puede ser aplacado sino por una víctima divina; la enormidad del pecado, que pedía una tal víctima, y la excelencia de nuestras almas, que no podían ser redimidas sino a tanto precio. ¿No son todas estas unas verdades luminosas, que salen del seno de la Cruz? ¿No fue en la Cruz, en donde más eficazmente que en la montaña, nos manifestó estas maximas grandes y sublimes de la pobreza de espíritu, hallandose desnudo; de la mansedumbre, por ser el mismo carácter del Cordero divino, que se ha dejado degollar sin quejarse; del llanto y la persecución para ser semejantes al Santo de los Santos, que ha sufrido persecuciones y ultrajes? ¿Quién sino el Espíritu de la Cruz, puede darnos una inteligencia de sí mismo, para ir en pos del Salvador, y de todo lo que posee para saber ser discipulo? ¿Qué cosa no nos dirá la Cruz, cuando el que descansa en aquella dura cama, lleno de dolores y tormentos, abre su divina boca para pedir perdon por sus enemigos? Abre, ¡oh alma mía!, tus oídos para oir, pues tu celestial Maestro abre su boca en la cátedra de la Cruz para hablar: No la abre para pedir fuego que los abrase como Elias, ni para echarles su maldición como Noé y Eliseo a los que le escarnecían, sino para rogar a su Eterno Padre que les perdonase el pecado que cometían crucificandole y escarneciendole, doliéndose más del daño que les venía por esta culpa, que de los tormentos e injurias que de ellos recibía. ¡Oh lección toda de amor! ¡Quién pudiera estudiarla desde este punto!
  
Vos, Señor, me decis: «Miradme pendiente de esta Cruz, consideradme, pero imitadme después y obrad, escuchad mi palabra, pero sobre todo seguid mi ejemplo: yo ruego, rogad vosotros conmigo; yo padezco, padeced conmigo; yo perdono, perdonad como yo y por mi amor». Concededme, Señor tal caridad como esta, para que yo también ame a mis enemigos y ore por los que me persiguen y os persiguen. Perdonad a todos, ¡oh Padre de misericordias!, para que todos gocen de ellas. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
     
DÍA CUARTO – 27 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, TRIBUNAL DE DIOS
Considera a la Cruz como el Tribunal Supremo en donde juzgará y sentenciará el Salvador a todo el universo. Es este trono de justicia y tribunal tan espantoso en donde, ¡oh Jesús mío!, pronunciais tantos decretos, y en donde comenzareis a ejercer vuestros formidables juicios en el momento de vuestra muerte, cuando de dos criminales que teníais a vuestro lado, salvasteis al uno en virtud de una gracia inefable, y condenasteis al otro usando del rigor de vuestra justicia.
   
Desde esta Cruz será, ¡oh Dios mío!, donde me juzgareis algún día, llamareis a juicio contra mí aquellas mismas gracias que me habeis concedido por los méritos de esta Cruz: me haréis presente la obligación que me imponía de seguiros, de llevar mi Cruz, de morir a mí mismo, y de llegar a ser copia viva del gran modelo que me proponías. Si en aquel momento hallais en mí una conformidad santa con Vos clavado en un madero, ejerceréis conmigo un juicio de misericordia, y dareis a mi favor una sentencia de vida como la que disteis al ladron: «Hoy serás conmigo en el Paraíso». Pero si no fuese conforme a Vos, ¡oh Dios mío!, no tengo que esperar sino una sentencia de muerte. ¡Ah! Cuál sería entonces mi desdicha, si en Aquel que no deseaba sino ser mi Padre, no encontrase yo sino un Juez terrible; si en el que debía ser mi Salvador, no hallase yo sino un Dios lleno de venganza, y si aquella misma Cruz que según los designios de Dios debía ser el instrumento de mi salud, por el abuso que yo haya hecho de ella, llegue a ser el título de mi condenación. Oh Salvador del mundo, en cuyas manos elevadas en la Cruz está la llave de David, con la cual abrís y ninguno cierra, cerrais y ninguno abre: abridme las puertas del Cielo, que mis pecados cerraron, y cerradme las del Infierno, que ellos abrieron, para que en el día de mi muerte pueda como el buen ladrón entrar con Vos en el Paraíso. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA QUINTO – 28 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, ESPEJO Y COMPENDIO DEL EVANGELIO
Considera a la Cruz como el gran libro que debes leer continuamente, y el espejo el que debes consultar: porque nada hay que ella no te enseñe. Sí, Redentor mío, así como vuestro Evangelio es una expresión fiel de la Cruz, así la Cruz es un compendio fiel de todo el Evangelio. Sí, aquí contemplo vuestro amor y la autoridad que me mostrais en medio de tantos desprecios y dolores, atiendo a las obras de piedad y misericordia, y a las obligaciones de vuestro oficio, como si no estuviérais padeciendo. Ya rogais por vuestros enemigos, como Sumo Sacerdote. Ya prometeis el Paraíso como Redentor, y ya mirais por tu Madre como Hijo, y por tu discípulo como Maestro.
 
Pondera, alma, estas lecciones que dicta Jesús en el libro de la Cruz: «Mujer, ves ahí a tu hijo», como quien dice, «no me olvido de ti, ni de la obligación que tengo como hijo, ves aqui al que concebiste por el Espíritu Santo y pariste sin dolor, al que reclinaste en un pesebre en medio de dos animales, y le diste leche con tus pechos: al que trajiste en tus brazos recreándote en mirarle y regalarle, vedlo aquí puesto en los brazos de una terrible Cruz, y en medio de dos ladrones todo desfigurado y desangrado. Mira si me conoces por hijo, y si me mandas algo como Madre; y pues callas y no me dices nada, en mi lugar te dejo a mi discipulo». ¡Oh Jesús mío! ¡Oh crucifcado mío! Gracias te doy, dulcísimo Padre mío, por haber encargado a tu Madre que nos tome por hijos, haciéndonos con esto tus hermanos. Oh Virgen benditísima, desde ahora os diré confiadamente: Veis aquí, Señora, a vuestro hijo, acordaos de que os mandó vuestro Unigenito que me tomases por hijo adoptivo, reconocedme por tal y mirad por mi remedio. Y vos, ¡oh glorioso San Juan Evangelista!, suplicad a vuestro dulce Maestro me dé el espíritu de hijo, que os dió para con su Madre, para que la sirva yo como vos la servisteis, En fin, ¡oh Salvador mío! Pues tan liberal os mostrais en la Cruz, que dais vuestro Paraíso al ladrón, y vuestra Madre al discípulo que os ama, usad conmigo de esta liberalidad, dándome en esta vida devoción cordial con vuestra Madre, por cuyo medio espero hallar entrada en el Paraíso, donde reine con Vos y con Ella por todos los siglos. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 29 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, LUGAR DE ORACIÓN
Considera, alma, a la Cruz Santísima como un lugar de oración. Mira cómo habiendo cumplido en ella Jesús todos los oficios de piedad, caridad y ternura para con los hombres, quiso en aquellas tres horas de tinieblas que sucedieron, ocuparse totalmente en orar, aplicando su oración por todos los fieles, que tenia presentes, de los cuales eras tú uno, ¡Oh Salvador adorable! ¡Víctima inocente!, qué multitud de objetos diferentes no se presentan aquí a vuestra vista. Los pecados, que los hombres han cometido en todos los tiempos, vienen como de tropel a colocarse al pie de vuestra Cruz, para ser lavados en vuestra Sangre preciosa, y todos los pecadores, que han existido y existirán en adelante, están presentes a vuestra vista y a vuestro Corazón. Concebís todo el horror de sus culpas, llevais todo su peso, bebeis toda su amargura, os sacrificais por ellos y por su salud, sufrís solo por librarlos de los tormentos eternos, y morís por darles la vida. ¡Qué sentimiento no se excitaría en vuestro adorable Corazón cuando discurriendo por todos los siglos, se os presentaban por una parte tantas almas que abrazaban la Cruz con Vos y por Vos, y por otra tantas que la detestaban y maldecían profanando el fruto precioso de vuestra Pasión! ¡Qué congoja al ver que os desamparo, apartandome de vuestra voluntad por cumplir la mía: que aun vuestros discipulos os dejan, el pueblo Hebreo y millares de hombres dejan la Fe, atropellan vuestros Sacramentos y desechan los frutos que de vuestra Cruz podían sacar!
  
¡Oh dulce Jesús! No me espanto que os quejéis de este desamparo, cuando también os veo desamparado en este mundo. Unas naciones no quieren recibir vuestra Fe, otras la dejan con descaro y escándalo, y otras aunque reciben vuestra ley, omiten su cumplimiento: unos en fin desamparan a otros, desamparándoos en cada uno de vuestros pequeñuelos. ¡Oh! Padre Eterno: no desampareis así a vuestro Hijo; y pues tambien lo ha trabajado en su Pasión, haced que sea de todos conocido y adorado por ella. Oh Maestro dulcísimo, no me desampares con demasía; y cuando desfalleciere mi virtud, no me abandone tu gracia. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA SÉPTIMO – 30 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA SED DE JESÚS EN LA CRUZ POR LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS
Considera, alma, esta palabra que salió de los labios del Señor en el árbol santo de la Cruz: «Mi virtud se sacó como una teja, y mi lengua se pegó al paladar, llegué a estar como polvo al punto de perecer»: ¡oh valeroso Sansón!, que después de matar los filisteos infernales con la quijada de un jumento, cual es el hombre a quien redimiste, tenéis mortal sed; pedid a vuestro Padre que de esa Cruz en que venceis a vuestros enemigos, saque una fuente de agua, con que se apague vuestra sed. ¡Oh piedra viva, y pedernal de fuego amoroso, pues estáis herido con la vara de la Cruz, brotad como la piedra que hirió Moisés, una fuente de agua, con que refresquéis vuestra aflgida lengua! Mas yo veo, Señor, que vuestra caridad no requiere sino brotar arroyos de Sangre para lavar nuestras culpas, porque su refrigerio es padecer por librarnos de ellas.
   
Oh alma mía, mira que tu Señor pendiente de este madero está diciendo que tiene sed: sed de que seas obediente, paciente, humilde y caritativo: dale de beber lo que te pide para aliviar su trabajo: ¡Oh, y qué excelentísimas virtudes se descubren en esta sed que le aflige! Ella es una sed insaciable de obedecer, con lo cual deseó cumplir la voluntad de Dios en todas las cosas, sin dejar una jota, una tilde, ni cosa alguna por penosa que fuese; y como sabía que era voluntad del Padre que en su sed le diesen vinagre, no quiso dejar de cumplirla. Ella es una sed entrañable de padecer por amor nuestro; porque, por mucho que había padecido, deseaba padecer mucho más; y sin duda lo padeciera, si esta fuera voluntad de su Padre. ¡Oh Redentor mío!, confuso estoy de mí mismo; por que la sed que yo tengo no es de padecer dolores, sino de tener muchos regalos: quitad de mí tan penosa sed, y trocadla en otra sed como la vuestra. La sed que padece es también de la salvación de las almas que con su Pasión redimía, deseando que su Sangre aprovechase a todos y que todos sirviesen a su Padre, y le diesen la gloria y culto debido como a Dios; porque siempre el celo ardiente de la casa de Dios le comía las entrañas, que con mayores ansias padeció en la Cruz. Salvador mío, concedeme vivas ansias de obedecer a Dios, de padecer por Dios, y de que muchos sirvan a Dios: tomad, dulce Jesús, el vaso de mi corazón, en el cual Os ofrezco desde ahora al pie de este sacrosanto leño los más fervientes deseos de serviros. Bebed lo que deseas, ocultándome en vuestras entrañas de modo que nunca salga de ellas. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 1 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ COMO CONSUMACIÓN
Alma mía, levanta los ojos hacia ese madero santo, pon tu atención con Jesús en todos los trabajos y tormentos que su Padre Eterno quiso que padeciese desde el instante de su Encarnación hasta el punto en que estaba, que era el fin de su Pasión y de su vida; pasando por la memoria los trabajos de su nacimiento y circuncisión, los de su destierro a Egipto, los de su predicación por Judea y Galilea, y últimamente los de su crucifixión, y viendo cómo todos estaban cumplidos sin faltar alguno, se consoló grandemente de ver que hubiese llegado el fin de sus trabajos tan a gusto de su Eterno Padre. Así es que lleno de reconocimiento y de gratitud exclama: «Acabado está todo».
 
¡Ah! Esta misma proporcionalmente será la voz que yo oiga en la hora de mi muerte cuando venga a juzgarme, pues para mí todo está acabado en aquel terrible instante. Entonces es ya acabado el mundo y su gloria vana, ya es acabado el tiempo de merecer y desmerecer, y ya son acabados los deleites de los malos y los trabajos de los buenos: ya es acabado el reino del demonio para tentar y engañar de nuevo a los hombres: ¿y con esta consideracion no me resolveré a vivir de tal manera que pucda decir con San Pablo: «He consumado y acabado mi carrera y en ella he guardado la fe y lealtad que debía a Dios sin desfallecer en ella»? Oh Juez supremo de los hombres, cuya justicia será tan cumplida y consumada como lo ha sido tu misericordia: completa ahora en mí llenándome de gracia y de merecimientos, para que después cumplas en mí tu justicia, dándome la corona de ellos en tu gloria. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA NOVENO – 2 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, SANTUARIO EN LA HORA DE LA MUERTE
Considera, alma, al que expira entre los brazos de la Cruz para volver a entrar para siempre en el seno de su Padre. Mira a Jesús cómo se ofrece de nuevo en caliz de víctima a su Padre, encomienda su alma entre sus manos, inclina la cabeza en señal de sumisión, y no espera sino el momento que debe terminar su muy triste y dolorosa carrera. ¡Ah! Astros del Cielo, negad vuestra luz a la tierra. Sol, eclípsate y oculta sus resplanores a vista del Sol de justicia cubierto con las sombras de la muerte. Tierra, estremécete y haz que tiemblen tus fundamentos. Velo del templo, rásgate y hazte mil pedazos; y tú, toda la naturaleza, entra en la desolación, y cúbrete de horror al ver padecer y morir a tu autor en medio de los más crueles tormentos.
  
Cruz Santa, Cruz bendita, alienta mi voz para que en el medio de las tinieblas que cubrieron este día, pueda yo levantar la voz, y dirigiéndome a ti, hable así a mi Señor: «Oh Jesús crucificado, por mi salud sacrificado a la divina justicia y hecho víctima de nuestras culpas, os veo tal como estuvisteis sobre el Calvario, teneis vuestra cabeza inclinada para darnos en vuestra muerte un beso de paz: vuestros brazos extendidos para convidar a todos los pecadores a que vengan a Vos: vuestro Corazón abierto para recibirnos en el seno de vuestra misericordia, y vuestro sagrado Cuerpo ensangrentado y hecho mil pedazos para salvar nuestras almas. Vuestro espíritu lo encomendais en las manos del Padre, para significar que sólo en tales manos y no en otras puede estar seguro. Estas manos criaron nuestro espíritu y en ellas nos tiene escritos para no olvidarse de nosotros. ¡Oh alma mía! Arrójate en las manos de tu Padre, en quien está tu suerte; pues que de ellas depende nuestra salvación: si en ellas te tiene escrito, no te borrará del libro de la vida. Oh dulce Jesús; así como Vos encomendais vuestro espíritu en manos de vuestro Padre, así yo encomiendo el mío en las vuestras: sí, en esas que teneis extendidas en la Cruz para abrazar a los pecadores que se acojiesen a ellas: Allí teneis a vuestros escogidos escritos con vuestra Sangre y asidos con vuestra fortaleza, de modo que ninguno podrá sacarlos de ellas. En las mías no está seguro mi espíritu, por que son muy flacas; yo lo entrego en las vuestras que son muy fuertes; y pues con ellas le habéis redimido, haced que por ellas sea glorificado. Acordaos pues de mí ahora y en la hora de mi muerte, limpiando mi alma de toda mancha de pecado, de modo que satanás no pueda prevalecer contra ella, y enviadme vuestro Santo Ángel para que me defienda, tanto que cuando sea suelta de su cuerpo, merezca ser colocada en vuestra gloria. A vuestra Cruz llego con esta confianza: ella es mi reclinatorio y santuario; este sagrado me valga, Jesús mío, para que aprendiendo en ella todas las lecciones que me has dado, mi gloria, mi consuelo y mi amparo no sea otro que la Cruz de mi Señor Jesucristo, por cuya gracia espero vivir crucificado para el mundo, y crucificar al mundo para mí». Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.