jueves, 6 de noviembre de 2025

LA INVASIÓN BÁRBARA, ¿DESGRACIA PARA LA VIRTUD CRISTIANA?

   
LA INVASIÓN BÁRBARA, ¿DESGRACIA PARA LA VIRTUD CRISTIANA?
«Durante más de quinientos años, la Iglesia salva lo que aún se puede salvar de la cultura humana. Ella va guiando a los bárbaros, o les conquista luego de la invasión».
   
Saqueo de Roma por Alarico (grabado anónimo).
   
Los pueblos han ido y venido a lo largo de los siglos. Esto ha sucedido de modos muy azarosos, desde las grandes migraciones prehistóricas, pasando por las del mundo antiguo, hasta fenómenos recientes como las migraciones de posguerra española o las masas de orientales que construyeron el ferrocarril en Estados Unidos. En esa sucesión de pueblos, las verdades perduran, la realidad se altera, pero en tantas direcciones que en ocasiones los relatos de la caída de Roma parecen análogos a los del antiguo Egipto o al caso estadounidense actual —con sus últimos coletazos de tiranía para salvaguardar el imperio, pero con unas masas anárquicas y unos señores oclócratas y rapaces del bien común—.

Pero, ¿es el hombre para la nación? No, es el hombre para Dios y así, la teología tradicional puede darnos respuestas a las inquietudes de los tiempos actuales:
Ad secúndum sic procéditur. Vidétur quod beatitúdo ætérna non sit objéctum próprium spei. Illud enim homo non sperat quod omnem ánimi sui motum excédit, cum spei actus sit quídam ánimi motus. Sed beatitúdo ætérna excédit omnem humáni ánimi motum, dicit enim Apóstolus (I ad Cor. II), quod in cor hóminis non ascéndit. Ergo beatitúdo non est próprium objéctum spei [En cuanto al segundo supuesto procedimiento, parece que la felicidad eterna no es el objeto propio de la esperanza. Pues el hombre no espera aquello que excede todo movimiento de su mente, ya que el acto de esperar es un cierto movimiento de la mente. Pero la felicidad eterna excede todo movimiento de la mente humana, pues el Apóstol dice (1.ª Cor. 2) que no asciende al corazón del hombre. Por lo tanto, la felicidad no es el objeto propio de la esperanza]» Santo Tomás (Suma Teológica, II-IIæ, cuestión 17, art. 2.º, respuesta a la objeción 2.ª).
La esperanza, así, no es instrumento egoísta, cuanto teocéntrico, y sólo ahí puede hallar su razón de ser y así sólo acerca al hombre a los trascendentales que su alma busca de forma natural. Pero, así mismo, por oposición, vemos los errores de los herejes… de antaño y de ahora: «El error de los jansenistas y quietistas al afirmar que el obrar por la esperanza es inmoral o imperfecto, estriba en imaginarse que con ello deseamos a Dios como un bien para nosotros, subordinando a Dios a nuestra propia felicidad». (Antonio Royo Marín OP, Teología de la Perfección Cristiana, lib. II, cap. 2: 251).

El pensar la realidad política del hombre —arte supremo de la caridad— como supeditada a una felicidad individual, terrena e inmediata, y por ello sometida toda virtud y don del Espíritu y el Creador al hombre, conduce ante todo a verdaderas monstruosidades. Es el caso aquí de ciertas elucubraciones étnicas que la Hispanidad sufre por doquier: desde los indigenismos —negrismo, rousseanismo, alienigenismo, celtiberismo, etc.—, los regionalismos —catalanismo, vasquismo, lombardismo, prusianismo, etc.—, las aculturaciones —el globalismo americano, la hispanidad como castización, europeización, etc.—, las invasiones heréticas incentivadas desde los alto gobiernos —Venezuela, Cuba, EE.UU., España, Italia etc.—

Y, hecho este pórtico, queremos ceder la palabra a un viejo canónigo, de esos que ya muertos sabemos que las almas las gana para Dios y no para ellos mismos y sus sectas. Hacemos notar, en general, que es una obra saludable para el interesado en la sana doctrina católica en tres tomos de ligerísima lectura en forma de quǽstio y respóndeo
Fuente: ESTEVE BLANES, Francisco (Canónigo). Objeciones contra la Religión, Tomo I. Mallorca, 1938. Pp.: 28-9: Nos amenaza la invasión de la raza amarilla. ¿No arrollaran sus sectas el catolicismo? ¿No lo devastarán las hordas comunistas?
R.— Supongamos que los invasores lograran apoderarse de todos los países más civilizados, y dominarlos; el furor vandálico pasaría; y entonces, amansados y sosegados con su presa y más reflexivos, ¿no serían paso a paso cautivados por la cultura superior de los vencidos, que les mostraría ideales más delicados, nobles y excelsos que el simplista y rastrero materialismo?
   
Cuando los pueblos germánicos se echaron sobre el imperio romano y lo ocuparon, la Iglesia fue la educadora de las nuevas razas, transformándolas e imponiéndoles sus ideales.
  
«Durante más de quinientos años, dice Taine (Les origines de la France contemporaine, L’ancien régime), la Iglesia salva lo que aún se puede salvar de la cultura humana. Ella va guiando a los bárbaros, o les conquista luego de la invasión».
   
¿No haría lo mismo la Iglesia con los nuevos bárbaros, inculcándoles pacientemente, guiada por la Providencia, lo que unos ignoran y otros olvidan: el respeto al hombre en cuanto hombre, la dignidad de la conciencia, el sentimiento del deber, la excelencia de la vida interior, la verdadera libertad frente a la tiranía de los gobiernos, la alteza de la mujer defendida por el matrimonio-sacramento, el respeto al derecho y a la justicia, el aprecio del trabajo, la moral pública, la suavidad de costumbres, la verdadera solidaridad de todos los hombres, el valor de la vida futura, y tantos otros bienes que forman la más alta civilización del mundo, que es la cristiana?
  
Artur Jaume Llinares Pacia, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau.

NO SOLO ECUMENISMO, SINO OCULTISMO PROMUEVE EL VATICANO

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
La propia Oficina de Prensa del Vaticano difundió esta imagen de una sacerdotisa con el ojo turco para el desfile pagano de León XIV Riggitano-Prévost, que incluía brujas danzantes, ídolos ocultistas y una sacerdotisa con el ojo turco, así como dioses falsos y fantasmas.
Riggitano-Prévost, fue el líder de esta blasfemia
y bendijo a todos los líderes paganos allí reunidos.
  
En 1965, el pseudopapa Pablo VI Montini firmó la declaración “Nostra Ætáte” del anticoncilio apóstata Vaticano II, que abrazaba el “ecumenismo” hacia las sectas paganas. Las afirmaciones «Todos adoramos a los mismos dioses» y «Todas las religiones son verdaderas» trascendieron las sectas cristianas, abarcando la adoración de elefantes, diosas con múltiples brazos, adoradores del dios sol y los fantasmas de los ancestros. En 1986, bajo el pontificado del pseudopapa apóstata Juan Pablo II Wojtyła, se colocó un ídolo de Buda sobre el Tabernáculo durante un encuentro “ecuménico” en Asís.

Nadie ha dado más apoyo a este concepto depravado que el actual pseudopapa, Leon XIV Riggitano-Prévost, quien, el 28 de Octubre de 2025, festividad de los santos apóstoles Simón y Judas, participó personalmente en un culto pagano en una supuesta “Procesión por la Paz” del Vaticano, con brujas danzantes, ídolos ocultistas, una sacerdotisa con el ojo turco, dioses falsos y fantasmas. Irónicamente, pero deliberadamente, todo esto tuvo lugar en el Arco de Constantino el Grande, el primer emperador romano en reconocer la religión cristiana y prohibir su persecución [Parte de la información para este Comentario provirne de Vatican Media].

Católicos tradicionales, la Iglesia Católica ha condenado sistemáticamente la práctica del culto junto con sectas no católicas, infieles y paganas. El pecado capital se denomina indiferentismo («todos adoramos a los mismos dioses») y sincretismo («todas las religiones son verdaderas»). Sin embargo, la Iglesia Conciliar proclama en “Nostra Ætáte”: «No rechazamos nada que sea verdadero y santo en estas religiones». ¿Qué hay, por Dios, de verdadero y santo en la adoración de elefantes y fantasmas? Esto, sin duda, NO es católico. La Nueva Iglesia Sinodal de la Nueva Era, ciertamente NO es la Iglesia Católica.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

RENUNCIÓ POR MALA CONDUCTA, NO POR SALUD

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

Ayer, la Nunciatura Apostólica en Francia publicó un comunicado diciendo que se habían recibido quejas sobre el comportamiento del obispón Jean-Paul Gabriel Émile Gusching Fortin, de 70 años, quien renunció el 27 de septiembre como obispón de Verdún (Francia).

En ese momento, escribió en la página web de la Diócesis de Verdún que su salud se había deteriorado de manera preocupante.

La Nunciatura admite que «las razones de salud citadas públicamente por el prelado para presentar su renuncia son solo un factor en la decisión del Santo Padre de aceptar esta renuncia».

La Nunciatura afirma que las informaciones recibidas hasta ahora son fragmentarias y contradictorias. Gusching niega cualquier irregularidad.

El Nuncio transmitió la información al Dicasterio para los Obispos.
 
Gusching prometió al Prefecto del Dicasterio que en el futuro evitaría cualquier comportamiento hacia las mujeres que pudiera interpretarse como contrario a sus compromisos sacerdotales.

Además, el Dicasterio ya lo ha castigado «como medida cautelar»: «El prelado ha sido obligado a vivir en reclusión fuera de sus diócesis de Amiens y Verdún y abstenerse de celebraciones litúrgicas y actividades pastorales públicas».

Se ha iniciado una investigación canónica preliminar. Fue confiada a Stanislas Marie Georges Jude Lalanne Martin-Saur, obispón emérito de Pontoise, que es asistido por Philippe Gabriel Marie Augustin Ballot Girard, arzobispón de Metz y administrador apostólico de Verdún.

También se ha presentado una denuncia ante las autoridades civiles. Como la investigación está en curso, la Nunciatura no revelará ninguna información.

ORACIÓN DE ENTREGA DIARIA A LA SANTÍSIMA VIRGEN

María Medianera de las gracias (Paulino Pedemonte).
   
LATÍN
O Dómina mea, Sancta María, me in tuam benedíctam fidem ac singulárem custódiam et in sinum misericórdiæ tuæ, hódie et quotídie et in hora éxitus mei, ánimam meam et corpus meum tibi comméndo; omnem spem et consolatiónem meam, omnes angústias et misérias meas, vitam et finem vitæ meæ tibi commítto: ut, per tuam sanctam intercessiónem et per tua mérita, ómnia mea dirigántur et disponántur ópera secúndum tuam túique Fílii voluntátem. Amen.
   
TRADUCCIÓN
¡Oh Señora mía Santa María, a tu bendita fe y singular custodia, y en el seno de tu misericordia encomiendo a Ti mi alma y cuerpo hoy y siempre, y en la hora de mi muerte, y a ti entrego toda mi esperanza y mi consolación, todas mis angustias y miserias, mi vida y el fin de ésta; para que por tu santísima intercesión y por tus méritos, dirija todo cuanto es mío, y disponga mis obras según tu voluntad y la de tu Hijo. Amén.
  
Oración atribuida a fray Juan de Cartagena OFM y a San Luis Gonzaga*, para rezar cada mañana. Indulgencia de tres años cada vez. Plenaria, una vez al mes, con las condiciones de rigor, si se reza diariamente.

CUESTIÓN ÚNICA
Una versión más extensa fue propagada por el padre Jacob Rem SJ en sus Coloquios de la Madre de Dios en la Universidad de Ingolstadt:

LATÍN
O Dómina mea, Sancta María, Mater ter admirábilis, me in tuam benedíctam fidem ac singulárem custódiam et in sinum misericórdiæ tuæ, hódie et quotídie et in hora éxitus mei, ánimam meam et corpus meum tibi comméndo; omnem spem et consolatiónem meam, omnes angústias et misérias meas, vitam et finem vitæ meæ tibi commítto: ut, per tuam sanctam intercessiónem et per tua mérita, omnes meæ dirigántur et disponántur cogitatiónes, verba et ópera, secúndum tuam, túique Fílii sanctíssimam voluntátem, beneplácitum, honórem et glóriam. In eámdem benedíctam fidem ac singulárem custódiam, et in sinum misericórdiæ tuæ, comméndo totam Ecclésiam cathólicam, summum Pontíficem, Collóquium tuum, defúnctos omnes Collóquii, eum qui próxima vice e Collóquio moritúrus est aut mórtuus est, collégium Sancti Ignátii Mártyris, benefactóres dénique omnes vivos et defúnctos, spirituáles et corpórales, ut per tuam sanctíssimam intercessiónem et per mérita tua, obtíneant ea ómnia quæ juxta Fílii tui sanctíssimam voluntátem desíderant. Amen.
   
TRADUCCIÓN
¡Oh Señora mía Santa María, Madre tres veces admirable, a tu bendita fe y singular custodia, y en el seno de tu misericordia encomiendo a Ti mi alma y cuerpo hoy y siempre, y en la hora de mi muerte, y a ti entrego toda mi esperanza y mi consolación, todas mis angustias y miserias, mi vida y el fin de ésta; para que por tu santísima intercesión y por tus méritos, dirija todo cuanto es mío, y disponga mis obras según tu voluntad, beneplácito, honor y gloria, y la de tu Hijo. A esta misma fe bendita y singular custodia, y en el seno de tu misericordia, encomiendo a toda la Iglesia Católica, al Sumo Pontífice, a tu Coloquio, a todos los coloquios difuntos, a los que están próximos a morir de este Coloquio o ya muertos, al colegio de San Ignacio Mártir, a todos los benefactores espirituales y corporales, vivos y difuntos, para que por tu santísima intercesión y por tus méritos, obtengan todo lo que desean según la santísima voluntad de tu Hijo. Amén.

EL ANTIMENSION O CORPORAL GRIEGO

El antimension (del griego Ἀντιμήνσιον y de este al eslavo eclesiástico Антими́нс, que significa sustitución de la mesa) es un corporal de lino que contiene reliquias consagradas con el santo crisma, usado por los sacerdotes de rito bizantino para oficiar la Divina Liturgia. Equivalente al «Altar portátil» que era privilegio de obispos y cardenales, y al Thablitho/ܛܰܒܠܺܝܬܳܐ de los siríacos o al Tsellat/ጽላት de los etíopes.

Antimension ucraniano (fuente: The Byzantine Forum).
  
Thablito siríaco
  
Según el canon 7.º del 2.º Concilio de Nicea, solo se puede ofrecer la Misa en un altar legítimamente consagrado. Pero ante las dudas por las frecuentes herejías y cismas, y que los templos podían cambiar fácilmente de bando, se previó la posibilidad de usar un altar portátil, o un antimension.
  
En los ritos orientales, la Divina Liturgia no puede celebrarse sin un antimension, que debe ser consagrado y firmado por un obispo y que, de hecho, este entrega junto con el crisma al sacerdote como testimonio de su permiso para celebrar la Divina Liturgia y los demás sacramentos (si el obispo decide revocarle el permiso, simplemente se los quita). Cuando el obispo visita una parroquia o monasterio de su jurisdicción, se presenta el antimension para inspeccionar su estado y que sea el que él mismo entregó. Al momento de mencionar el patriarca y al obispo, el sacerdote besa la firma del obispo en el antimension.

El antimension sustituye la mesa del altar. Un sacerdote puede celebrar la Divina Liturgia en él incluso si la mesa del altar no está debidamente consagrada. En casos de emergencia, cuando no se dispone de una mesa del altar, el antimension cumple una importante función pastoral al permitir el uso de mesas no consagradas para servicios divinos fuera de iglesias o capillas.
  
En la tradición latina, la misa se celebra con un altar de piedra que contenía una pequeña reliquia. Al celebrar fuera de una iglesia con altar consagrado, se utilizaba un altar de piedra portátil. Sin embargo, tras la conquista turca del Imperio bizantino, muchos cristianos orientales, griegos y albaneses huyeron al sur de Italia. Algunos se sometieron a Roma, conservando su rito, pero la fe de otros era dudosa. Desde que algunos sacerdotes latinos comenzaron a usar el antimension, se temía que celebrar en él se considerara, en consecuencia, una comunión en cosas sagradas (Communicatio in sacris) con herejes y, por lo tanto, se prohibiera.

Por ello, los papas, en particular Clemente VIII (1592-1605) y posteriormente el gran canonista Benedicto XIV (1740-1758), regularon la práctica. Benedicto XIV, en su documento «Etsi Pastoralis», promulgado el 26 de mayo de 1742, determinó lo siguiente:
Si los griegos desean aceptar altares portátiles consagrados por obispos latinos, sería conveniente; si no lo desean, se puede tolerar la colocación de sus antimensia, o tronos, sobre altares de piedra durante sus celebraciones. Deben usar corporales como los latinos, a menos que también usen sus tronos como corporales. No es lícito que un sacerdote latino que celebra en rito latino en iglesias de los greco-católicos, si carece de su propio altar portátil de piedra, celebre el Sacrificio de la Misa en los antimensia, o tronos, de los griegos. Todo sacerdote debe celebrar con un cáliz de oro, o solo de plata o al menos de estaño, usando un trono o corporal de lino, blanco y limpio, y un altar cubierto con manteles limpios o con una cubierta ornamental adecuadamente preparada. 
Estas limitaciones fueron incorporadas formalmente en el Código de Derecho Canónico de 1917, cuyo canon 823 § 2 establece:
«Deficiénte altári próprii ritus, sacerdóti fas est ritu próprio celebráre in altári consecráto álius ritus cathólici, non áutem super Græcórum antiménsiis (A falta de un altar de rito propio, es fundamental que un sacerdote pueda celebrar su propio rito en un altar consagrado en otro rito católico, pero no en los antimensia de los griegos)».
A pesar de estas prohibiciones (que se entendían respecto a los antimensia de los cismáticos), sin embargo, se concedieron muchas excepciones e indultos a obispos y sacerdotes individuales y a sociedades misioneras para utilizar una forma de antimension para celebrar la Misa en altares portátiles.
  
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Santa Sede concedió a los capellanes militares el privilegio de utilizar para la celebración de la misa, en lugar del altar portátil de rito latino, «un velo que contenía, bien sujetas, reliquias auténticas» (ejemplo de ello el Rescripto de la Nunciatura Apostólica en Alemania n.º 46.119 del 26 de Marzo de 1942 y los decretos del Ordinariato militar alemán del 15 de Abril, 15 de Agosto y 15 de Septiembre de ese año). Esto se extendió posteriormente a las actividades militares en tiempos de paz.
 
Dado que no siempre era posible obtener un velo con reliquias auténticas, el uso de un antimensión de rito oriental se consideró una alternativa aceptable. En todo caso, no se dispensaba por ello el uso del corporal común en la Misa.

Mediante decreto de la Sagrada Congregación de Ritos con fecha 12 de Marzo de 1947 se estableció un rito de bendición para estos antimensia latinos (o corporales griegos, como se les conoce):
   
Ad benedicéndum Antiménsium Latínum
Pontifex, postquam aliquas authenticas Reliquias Sanctorum Martyrum recognoverit, eas in parvo quodam sacculo includit, qui in angulo dextero lintei benedicendi assuatur; deinde linteum benedicit, dicens (El obispo, después de reconocer algunas reliquias auténticas de los Santos Mártires, las guarda en alguna pequeña bolsa, que coserá en el ángulo derecho del lienzo que va a bendecir; y luego bendice el lienzo, diciendo):

℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cœlum et terram.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
  
Orémus.

ORATIO
Majestátem tuam, Dómine, humíliter implorémus ut línteum hoc ad suscipiénda pópuli tui múnera præparátum, per nostræ humilitátis servítium bene✠dícere, sancti✠ficáre et conse✠cráre dignéris: ut super eo sanctum sacrifícium tibi offérre valeámus, ad honórem beatíssimæ Vírginis Maríæ, Sanctórum N. et N., quorum relíquias in eo reposúimus, et ómnium sanctórum; et præsta, ut per hæc sacrosáncta mystéria víncula peccatórum nostrórum absolvántur, mácuIæ deleántur, véniæ impetréntur, grátiæ acquirántur, quátenus una cum sanctis et eléctis tuis vitam percípere mereámur ætérnam. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum [Humildemente suplicamos a tu Majestad, Señor, que te dignes bendecir, santificar y consagrar este lienzo preparado por nuestro humilde servicio para la recepción de los dones de tu pueblo, a fin que sobre él podamos presentarte el santo sacrificio, en honor de la Santísima Virgen María, de los Santos N.N., cuyas reliquias hemos depositado en él, y de todos tus santos; y concédenos que por estos sagrados misterios se desaten las ataduras de nuestros pecados, se borren nuestras manchas, recibamos tu perdón, alcancemos tus gracias y, así, seamos hallados dignos de alcanzar la vida eterna con tus santos y elegidos. Por Cristo nuestro Señor]. Amen.
Et aspergit illud aqua benedicta (Y lo asperja con agua bendita).
  
Antimension latino consagrado por el cardenal Bernardus Alfrink en ¡1964! En la esquina superior derecha están contenidas las reliquias de San Vicente y Santa Eufemia mártires, como indica el certificado en la siguiente imagen. (Fuente: Ceremonia y rúbricas de la Iglesia española).
  
Certificado de consagración del antimension por el cardenal Alfrink (Fuente: Ceremonia y rúbricas de la Iglesia española)

PRÉVOST PRESIDE Contra rúbricam RÉQUIEM EN DOMINGO

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
El pseudopapa León XIV Riggitano-Prévost vuelve a visitar la tumba de su predecesor y mentor, el apóstata Francisco Bergoglio.
Riggitano-Prévost es de la misma calaña que Bergoglio,  y continúa con el establecimiento de su pagana iglesia sinodal de la Nueva Era, que sin duda alguna NO es la Iglesia Católica.
  
El 2 de Noviembre de 2025, el autoproclamado papa León XIV Riggitano-Prévost violó la antigua tradición católica al atreverse a simular una misa de difuntos en domingo. Tradicionalmente, el domingo es siempre una fiesta gozosa de la Resurrección del Señor, incluso en Adviento y Cuaresma, y ​​nunca se celebra la misa de difuntos ese día. La mayoría de las misas de réquiem también están prohibidas en domingo. Este principio explica por qué las iglesias, capillas y oratorios católicos tradicionales, de acuerdo con la larga tradición y el calendario católico tradicional, trasladan el Día de los Fieles Difuntos al lunes siguiente cuando de otro modo ocurriría en domingo.

Pero la Iglesia del Nuevo Orden no es, en absoluto, la Iglesia Católica. Rechaza el aspecto penitencial de la misa de réquiem católica y adopta la herejía protestante de la salvación universal, según la cual «todos van al cielo». En la Antiiglesia, incluso los asesinos impenitentes reciben un funeral “blanco”. No es de extrañar que Riggitano-Prévost violara tan gravemente la tradición católica [Parte de la información para este Comentario proviene de Vatican News].

Católicos tradicionalistas, Aprovechando la ocasión de su viaje semanal a Castelgandolfo, Riggitano-Prévost volvió a visitar y depositar flores en la tumba del apóstata pseudopapa Bergoglio-Francisco para “rendir honenaje” a su predecesor y mentor. Riggitano-Prévost es del mismo palo que Bergoglio y continúa con el establecimiento de su pagana Nueva Iglesia Sinodal de la Nueva Era, que ciertamente NO es la Iglesia Católica.

DIÓCESIS DE ALEJANDRÍA EN LUISIANA, SE DECLARA EN BANCARROTA

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
El obispón Robert William Marshall Jr. Martin inclina avergonzado su cabeza porque su diócesis de Alejandría en Luisiana, se convierte en la 38.ª diócesis neoiglesiana en Estados Unidos en declararse en bancarrota debido a delitos sexuales.
Se han presentado 85 demandas contra la Diócesis y se esperan más.
Alejandría ha perdido dos tercios de sus feligreses neoiglesianos desde que el Concilio Vaticano II reemplazó la Iglesia institucional con una falsa Nueva Iglesia, el Nuevo Orden, que ciertamente NO es la Iglesia Católica.
   
En Halloween de 2025, la diócesis de Alejandría en Luisiana se declaró en bancarrota tras ser avalancha de demandas contra su clero por delitos sexuales contra menores. Ya se han presentado 85 demandas, y se esperan más. Alejandría eleva a una cuarta parte el número total de Diócesis estadounidenses en bancarrota por delitos sexuales, que asciende a 176. En 1950, antes del Anticoncilio Vaticano II, Alejandría contaba con 95 parroquias. Ahora, solo tiene 50, habiendo perdido la mitad debido a la corrupción del Anticoncilio.

El obispón Robert William Marshall Jr. Martin pronunció las típicas disculpas pro forma, mientras veía cómo sus activos, valorados en 16’700.000 dólares, se esfumaban en la bancarrota. La oportunista diócesis se cubrió las espaldas incorporando individualmente cada una de sus parroquias para que la indemnización a las víctimas se redujera al mínimo posible. No es de extrañar que la diócesis, que presumía de tener más de 1’006.000 católicos antes del Anticoncilio, se haya reducido a tan solo 370.000, ¡una caída de casi dos tercios! [Parte de la información para este Comentario proviene del National Catholic Register].
   
Católicos tradicionales, la Diócesis ya se tambalea por la pérdida de un número significativo de presbíteros, seminaristas y laicos en las Misas del Novus Ordo. Actualmente se está ejecutando un plan que cerrará muchas de sus parroquias. La semana pasada, la Archidiócesis de Nueva Orléans en Luisiana, fue declarada en bancarrota con una multa de 230 millones de dólares. Los abusos sexuales a menores, como violaciones, sodomías y otras agresiones sexuales, le han costado muy caro a la Antiiglesia. Su número disminuye drásticamente año tras año, quizás hasta el punto de una merecida extinción, de la que la verdadera Iglesia Católica, ahora operando independientemente de la Pseudoiglesia, pueda surgir de las cenizas de la apóstata Nueva Iglesia Sinodal de la Nueva Era.

martes, 4 de noviembre de 2025

OTRA BAJA ENTRE LOS NEOCONSERVADORES


En la madrugada de hoy 4 de Noviembre de 2025, luego de una corta hospitalización en el Hospital Militar Central de Praga (Chequia) falleció el cardenal emérito de Praga, Dominik (nacido Jaroslav Václav) Duka Bernard OP a los 82 años de edad, por complicaciones de una cirugía practicada semanas antes.
   
Jaroslav Václav nació el 26 de Abril de 1943 en Hradec Králové (antiguo Protectorado de Bohemia y Moravia), hijo del militar František Duka y Anežka Bernardová. Como su padre (que desertó del ejército checoslovaco al disolverse el gobierno en 1939 y se unió a la Real Fuerza Aérea británica, donde fue armero en el 311.º Escuadrón de Bombardeo Checoslovaco) había sido arrestado por el régimen comunista luego del Putsch del 25 de Febrero de 1948, no se le permitió continuar sus estudios y trabajó en la fábrica Victoria de Febrero (en checo Závody Vítězného Února), donde se formó como cerrajero mecánico. No fue hasta 1965, luego de dos años de servicio militar, cuando ingresó en la Facultad de Teología Cirilo y Metodio de Litoměřice, y el 5 de Enero de 1968 ingresó a la Orden de Predicadores, profesando los votos temporales 6 de Enero del año siguiente con el nombre Domingo. Finalmente, fue “instalado” presbítero el 22 de Junio de 1970 por el cardenal Štěpán Maria Trochta y Trochta SDB, y profesó los votos solemnes el 7 de Enero de 1972.

En 1975, las autoridades comunistas le revocaron la licencia para ejercer el presbiterado, por lo que entró a trabajar como la fábrica de Škoda en Pilsen, donde fue diseñador hasta 1989, pasando los años 1981 y 1982 preso en la cárcel Bory de la misma ciudad por el delito de obstruir la supervisión a las iglesias y difundir literatura clandestina. En dicho ínterim, fue vicario provincial entre 1975 y 1987, maestro de clero entre 1976 y 1981, y se licenció de teología en la Facultad de Teología San Juan Bautista en Varsovia (Polonia). Después de prisión, fue prior provincial de los dominicos en Bohemia y Moravia entre 1986 y 1989.
   
Tras la Revolución de Terciopelo por Václav Havel Vavrecká (con el que coincidió en prisión), Duka fue presidente de la Conferencia de Superiores Mayores de República Checa entre 1989 y 1992, profesor de Introducción a la Sagrada Escritura y Antropología Bíblica en la Universidad Palacký de Olomuc entre 1990 y 1998, y vicepresidente de la Unión de Conferencias Europeas de Superiores Mayores entre 1992 y 1992.

Dominik fue “instalado” obispón de su diócesis natal el 26 de Septiembre de 1998 por su antecesor Karel Otčenášek Šolc, donde permaneció hasta el 10 de Abril de 2010, cuando fue promovido a arzobispón de Praga y primado de República Checa. El 18 de Febrero de 2012, Benedicto XVI Ratzinger lo creó cardenal con el título presbiteral de los Santos Marcelino y Pedro, y ese año fue nombrado cardenal protector y capellán general de la Obediencia de Orléans de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén (cargo que ocupó hasta el 2021). El 13 de Mayo de 2022, Francisco Bergoglio le aceptó la renuncia que le presentara tres años antes por motivos de edad.

Dominik Duka fue reconocido (y polémico) por sus posturas conservadoras: En 2015, vetó una conferencia de la religiosa estadounidense Jeannine Gramick y el presbítero Tomáš Halík Wimmer (ambos activistas homosexuales); en 2016, criticó la postura inmigracionista de Francisco Bergoglio diciendo que él no entendía la crisis de los refugiados porque no era de Europa; en 2018, cuando presentó su renuncia, un grupo de activistas pidió a Bergoglio que se la aceptara de inmediato y no le otorgaran prórroga; y en 2023, formuló diez dúbia sobre la administración de la “comunión” a los adúlteros. Y en Septiembre de 2025, presidió en la iglesia de Nuestra Señora de Týn, en la ciudad vieja de Praga, un servicio de réquiem por el activista conservador estadounidense Charles James “Charlie” Kirk Smith (aun cuando él era protestante), el cual fue acompañado de protestas izquierdistas y criticado por el historiador Jaroslav Šebek como un “acto político”. De todos modos, era un apóstata y funcional para la secta del Vaticano II.

SAN CARLOS BORROMEO, EL POLÍTICO

Tomado de MESSA IN LATINO. Traducción propia.
    

El título en sí resulta provocador en una época en la que frases como «aquí no nos metemos en política» se ensalzaban como eslóganes virtuosos. Schuster bien podría afirmar en las primeras líneas de su conferencia que ocurre todo lo contrario: una lectura más atenta revela que Carlos Borromeo fue una figura política precisamente porque era «noblemente y exclusivamente obispo».

Schuster relata brevemente los acontecimientos biográficos de su predecesor: su familia de origen, sus estudios en Pavía, sus destinos en Roma con su tío, el papa Pío IV. Pero la verdadera labor pastoral de Borromeo comienza con la toma de posesión de la diócesis de Milán. Tras describir sus méritos, se enumeran varios episodios significativos de su vida. En primer lugar, vemos a San Carlos permanecer en Milán para afrontar la peste mientras las autoridades civiles se refugiaban en lugares más seguros. Después, lo vemos vender su fortuna para ayudar a los pobres, privándose de toda comodidad. Finalmente, vemos su firme oposición a las autoridades españolas, que pretendían extender el poder de la Inquisición al Ducado de Milán con fines que distaban mucho de ser nobles y espirituales.

Esta es probablemente la clave para comprender el episcopado de Schuster, eminentemente pastoral y declaradamente apolítico, pero precisamente porque estaba atento a sus deberes inalienables para con la Iglesia y el pueblo de Dios, no podía reducirse a la simple sumisión y no estaba dispuesto a permanecer en silencio si surgía la necesidad, lo cual ocurriría poco después.
  
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LA FIGURA POLÍTICA DE SAN CARLOS
Conferencia del Card. Alfredo Ildefonso Schuster OSB en Marzo de 1938, y publicada en Rivista Diocesana Milanese, n. 28 (1938), págs. 286-298. En “Al dilettissimo popolo” (Al dilectísimo pueblo), Ed. San Pablo, Milán 1996, págs. 203-216. 
   
Comencemos con una aclaración preliminar. A pesar de lo que afirmaran los historiadores y panegiristas del siglo XVII, San Carlos no fue estrictamente una figura política, sino más bien un obispo noble y exclusivamente. Fuera del ámbito espiritual de la reforma tridentina, su influencia sobre gobiernos y gobernantes fue más bien indirecta, emanando principalmente de su ejemplo y de la vasta autoridad que le conferían el esplendor de su sede, la nobleza de su linaje y, finalmente, la santidad de su vida.
   
La particular circunstancia de que fuera arzobispo de Milán bajo dominio español podría, a primera vista, despertar nuestra curiosidad: ¿qué actitud adoptó Borromeo hacia el gobierno extranjero en Lombardía?

Aquel gobierno, tan pomposo y ostentoso, había denegado, sin embargo, su aprobación al arzobispo Archinti, su último predecesor; y cuando finalmente llegó la aprobación, en 1508, Archinti llevaba varios años muerto. Pero esta exigencia también representa un anacronismo. Las ideas de 1548 surgirían dos siglos después. En tiempos de San Carlos, aunque todos aquí resentían el dominio español y se burlaban de él a sus espaldas, la gran mayoría del pueblo jamás soñó con una posible revuelta, ni siquiera con barricadas o la Revuelta de los Cinco Días.

El título de esta conferencia, «La figura política de San Carlos», más que afirmar algo, simplemente plantea una pregunta que, en mi humilde opinión, debería responderse negativamente. San Carlos no fue una figura política propiamente dicha; su grandeza radica principalmente en su inmensa labor pastoral, gracias a la cual aún hoy gobierna la vasta archidiócesis de Milán.

Como si estuviera todo planeado, el fundador del poder de la Casa de Borromeo –me refiero al Cardenal Gian Angelo Medici, quien más tarde se convirtió en Pontífice Romano con el nombre de Pío IV– entra por primera vez en la historia milanesa como cómplice de la conspiración urdida por Girolamo Morone para liberar Lombardía del dominio español.

La conspiración fue descubierta y Morone fue encarcelado para expiar su culpa, mientras que los Medici se vieron obligados al exilio. Posteriormente, el Tratado de Madrid representó una suerte de armisticio, lo cual no impidió que el heredero aparente de los Medici, convertido en capitán mercenario y hostigando a los españoles en Lombardía con sus incursiones en el Lago Maggiore, llevara a cabo, junto a su hermano Gian Angelo, una intensa campaña diplomática contra los españoles en Roma. Por el momento, la corona española se impuso como la más poderosa; pero los verdaderos vencedores de la contienda fueron los Medici, quienes, de simples aventureros en el Lago Mayor, habían extendido tanto su poder que podían enfrentarse a la propia España, que les concedió el reconocimiento deseado y los admitió a su servicio.

Cuando San Carlos nació en el Castillo de Arona la noche del 2 de octubre de 1538, sus tíos aún estaban presos, prisioneros de Carlos V, y fue una fortuna que Gian Angelo, que se encontraba en Niza junto a Pablo III, quien lo había acogido para protegerlo, intercediera con tanta eficacia ante Carlos V que este logró su liberación.

La infancia de San Carlos transcurrió apaciblemente en su castillo natal, como la de cualquier otro vástago de un linaje generoso. Una profunda piedad y un orgullo guerrero distinguían a la familia Borromeo; no cabe duda de que estas dos virtudes, casi innatas en su Arona natal, contribuyeron en gran medida a forjar en Carlos un carácter autoritario, acostumbrado al mando, y al mismo tiempo un santo que poseía un sentido de piedad evangélica casi instintivo e innato.

Según la costumbre de la época, la familia Borromeo debió de contar entre sus descendientes con algunos abades, a quienes podían registrar las pocas propiedades eclesiásticas sobre las que reclamaban derechos ancestrales. Entre ellas se encontraba la abadía aronesa de los Santos Gratiniano y Felino, de la que el tío paterno de Carlos, Julio César, era el abad comendatario.

Pero para que, a su muerte, la Santa Sede no pudiera disponer libremente de ese beneficio en favor de un extraño, sino que permaneciera en la familia, el anciano comendador renunció a la abadía en favor del pequeño Carlos, que entonces tenía solo doce años. ¡No estaba mal, a esa edad, traer a casa una renta anual de trece mil liras! ¡Un buen beneficio para los Borromeos! Sin embargo, los historiadores dicen que San Carlos, desde niño, anticipándose a los acontecimientos con sabiduría y virtud, advirtió a su padre que no considerara ese dinero de la Iglesia como propiedad familiar, sino que lo usara para fines religiosos y de piedad.

En noviembre de 1552, a los 14 años, Carlos se matriculó en la Facultad de Derecho Civil y Canónico de Pavía. El ambiente enérgico de la época propiciaba una mejor maduración del carácter de los jóvenes que la actual; de modo que Borromeo, desde entonces, nos da la impresión de ser un estudiante ejemplar, muy consciente de su propia dignidad y la de su familia, y ya capaz de gobernarse a sí mismo y a la pequeña corte que lo acompañaba.

Mucho orgullo, pero poco dinero, caracterizaron aquellos años de juventud de Carlos como estudiante en Pavía.

«Espero actuar de tal manera que nunca le dé a Su Excelencia motivo alguno –escribe al marqués de Marignano– para repudiarme como a un hombre sin valor».

Y en otra ocasión, dirigiéndose a su padre: «¡Es una vergüenza, para una persona de mi posición, llevar un abrigo debajo de un abrigo de piel!».

Pero su padre le escatima dinero; probablemente porque no tiene. Así que Carlo se queda en Pavía con cuatro camas y tres mantas raídas. «¡Tres mantas para los cuatro, y estamos en pleno invierno!».

Pero, como dice el refrán, las desgracias nunca vienen solas. El 1 de agosto de 1558, Gilberto, padre de San Carlos, falleció y fue enterrado en el cementerio de Gracias en Milán, mientras que el gobernador español se apresuraba a tomar posesión de la Roca de Arona, un feudo vacante que había caído libremente bajo el dominio de la Corona.

Las negociaciones entre los dos hijos huérfanos, Federico y Carlos, para obtener la herencia de su padre fueron muy largas y no siempre exitosas. Todas estas circunstancias no pudieron haber propiciado que Carlos simpatizara demasiado con el gobierno español.
   
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Pero después de una adolescencia plagada de dificultades financieras y políticas, finalmente llega un feliz acontecimiento que cambia las condiciones de los Borromeos y modifica las disposiciones de la Corona de España con respecto a ellos.

En la víspera de Navidad de 1559, tras un laborioso cónclave que duró cuatro meses, Gian Angelo Medici fue elegido Papa, adoptando el nombre de Pío IV. En ese primer momento, quiso rodearse de parientes y, entre otros, llamó inmediatamente a Roma a los dos hijos de Gilberto Borromeo para delegar en ellos parte del trabajo y las responsabilidades del gobierno de la Iglesia.

Se han dicho todo lo malo posible sobre el nepotismo de los Papas, con la única excepción de San Carlos. Sin embargo, se ha olvidado señalar que, en aquellos tiempos turbulentos de conspiraciones, venenos y traiciones, todo nuevo Pontífice que, tal vez sin estar preparado, se veía obligado a gobernar los Estados Pontificios, si quería encontrar personas de confianza a quienes confiar los cargos más importantes, tenía que buscarlas entre los miembros de su propia familia.

Aquí está Carlos Borromeo, quien a principios del año 1560 deja Milán y con un exquisito sentido de la fe va a ponerse al servicio del Romano Pontífice.

«Parto hacia Roma», escribió al conde Gianni Dal Verme en Bobbio, «con el propósito de besar los pies de Su Santidad y ponerme a su servicio».

Y le fue muy bien, pues a partir de entonces le llovieron honores y dinero. No había transcurrido ni un mes cuando ya era Protonotario Apostólico y Administrador General de los Estados Pontificios. El 31 de enero fue creado Cardenal; el 8 de febrero, Administrador Perpetuo del Arzobispado de Milán; luego, Protector de Portugal, de los Cantones Suizos Católicos, de la Baja Austria, etc.; Legado de Bolonia, de Rávena; Gobernador de Espoleto; Abad de Nonantola, de Mozzo, de Follina, etc., ¡con una renta anual de al menos 48.000 escudos!
   
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La obra que más honores le valió a Pío IV fue haber culminado con éxito el Concilio de Trento y haber iniciado desde el Vaticano y Roma la tan ansiada reforma de la Iglesia, tanto en su cabeza como en sus miembros. Los panegiristas de San Carlos atribuyeron con facilidad la mayor parte de estos méritos al cardenal Nepote, quien, según ellos, fue el genio benéfico que inspiró infaliblemente al tío Papa.

Para quienes consideran las características tanto de Pío IV como del joven Carlos, no sería difícil, por el contrario, negar incluso al joven Secretario de Estado una influencia tan preponderante en la política papal. Quizás la verdad se encuentre en un punto intermedio.

Antes de su pontificado supremo, Gian Angelo Medici nunca había tenido especial predilección por los Borromeos, prefiriendo en cambio a los nietos de la rama Hohenems. Sin embargo, una vez convertido en Papa, pronto se sintió molesto con estos últimos, quienes no eran en absoluto groseros ni egoístas, y prefirió a los dos hijos de Gilberto Borromeo. Pero no nos engañemos demasiado. Esto es lo que Girolamo Soranzo, embajador de la República de Venecia, escribió acertadamente a su Senado en 1563, dos años después de la promoción de San Carlos:
«El Papa no quiere utilizar a nadie más que al Cardenal Borromeo y al secretario Tolomeo (Gallio), quienes, al ser jóvenes con poca o ninguna experiencia y obedientes a todas las órdenes de Su Santidad, pueden ser llamados simples ejecutores más que asesores».

En efecto, la extensa correspondencia de Borromeo con los legados papales en el Concilio de Trento nos muestra que no era otra cosa que el fiel portavoz de Pío IV; además, el joven Secretario de Estado habría carecido de la experiencia y la competencia necesarias para resolver las numerosas cuestiones que surgían a diario en esas asambleas universales del episcopado católico.

Por otro lado, Pío IV tampoco habría tolerado que nadie le arrebatara, como se suele decir, el poder del gobierno eclesiástico. Todos sabían que, si bien era afable, era tan consciente de su propio valor como canonista experto y consumado conocedor del gobierno eclesiástico que no podía tolerar que nadie lo contradijera.

En cambio, donde San Carlos realmente ejerció una influencia beneficiosa y real sobre su tío y sobre la Corte de Roma fue en la ejecución de los decretos de reforma promulgados en Trento.

A pesar de la buena voluntad de Pío IV, así como no se proclamó abiertamente teólogo, tampoco se esmeró en ocultar su formación eclesiástica previa, adquirida en los tiempos de León X y Clemente VII. Sin embargo, Pío IV, con lucidez y conciencia, comprendió los nuevos tiempos y se dejó influir por la virtud de sus antepasados, pues, tan pronto como concluyó el Concilio de Trento, se dedicó a implementar sus decretos de reforma. Con este fin, nombró comisiones cardenalicias para erigir el Seminario Romano, supervisar el celibato eclesiástico y obligar a los obispos a residir en sus diócesis. La purga comenzó en el Vaticano, donde el Papa ¡llegó a destituir a 400 parásitos que vivían ociosos a costa del pobre Pedro Pescador!

El 10 de diciembre de 1565, Pío IV murió en brazos de San Carlos y este último finalmente quedó libre para dedicarse por completo a las necesidades espirituales de la diócesis de Milán, que hasta entonces había atendido a través de excelentes vicarios y procuradores.

La labor pastoral de San Carlos está totalmente limitada e incluida en el cumplimiento de ese plan de reforma sancionado por el Concilio de Trento.
   
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Si bien a los protestantes les hubiera gustado reformar la Iglesia mediante la imposición de príncipes y laicos, hasta el punto de que ellos mismos se autodenominaron Reforma, Dios dispuso en cambio que la Iglesia, por iniciativa intrínseca y verdaderamente vital, se reformara a sí misma, santificando al clero y a los pontífices, para que ellos a su vez santificaran a los laicos.

No describiré aquí, pues es algo conocido por todos, la obra de San Carlos, que dio un plan orgánico a la reforma tridentina; sus numerosos sínodos del clero milanés; sus seis concilios provinciales con los obispos que entonces dependían del metropolitano de Milán; sus incansables visitas pastorales, en las que llegó a las aldeas más remotas en lo espeso de los bosques y en las rocas de los Alpes; sus numerosas instituciones, especialmente aquí en Milán, para la formación del joven clero ambrosiano, para la educación de los eclesiásticos de las diócesis suizas, para los huérfanos, para las mujeres descarriadas reducidas a penitencia, para apoyar los estudios de Pavía de los hijos de familias más distinguidas, pero carentes de recursos económicos.

Durante la peste de 1576-77, la obra de San Carlos fue tan universal que la gente inmediatamente distinguió esa epidemia con el significativo título de Peste de San Carlos.

Las autoridades españolas en Milán, al primer indicio del contagio, abandonaron sus puestos para refugiarse en Vigevano; por lo que en la ciudad la dirección del socorro y la asistencia a las víctimas de la peste recayó necesariamente en el Arzobispo . En poco tiempo, Milán y gran parte de la diócesis se convirtieron, en algunos lugares, en un lazareto, en otros, en un cementerio. San Carlos, tras organizar la ayuda a su costa, despreciando cualquier peligro, se dedicó personalmente a asistir a las víctimas de la peste, recorriendo cada día aquellas chozas inmundas y aquellas montañas de cadáveres para administrar, a algunos, la Santa Confirmación; a otros, el Santo Viático; a otros, el consuelo de una bendición.

Se cuenta que una vez, en una choza de gente azotada por la peste, encontró a una pobre inválida que se retorcía de dolores de parto. Tras consolarla, San Carlos salió para que la otra mujer, sola, pudiera dar a luz. Cuando la madre por fin tuvo a su hijo en brazos, San Carlos entró y, envolviendo al inocente niño en su hábito episcopal, se apresuró a buscar una nodriza que lo amamantara a su costa. Pero la peste también hacía que escasearan las nodrizas para cuidar a los numerosos huérfanos cuyos padres habían perecido a causa del contagio; así que el Santo Arzobispo compró cabras para proveer de leche a los bebés.

Una gran multitud de pobres, sin recursos ni hogar, acudieron a Milán procedentes de todas partes, agravando la pobreza de la capital. ¿Qué hizo entonces San Carlos para evitar la explotación de la caridad y, al mismo tiempo, eliminar los peligros y las incomodidades de la mendicidad en las calles de Milán? Reunió a todos estos indigentes vagabundos y los trasladó a un edificio de su propiedad a unos ochenta kilómetros de la ciudad, donde los mantuvo a su costa.

Para tantas obras realizadas, no con mezquindad, sino con el generoso gesto del mecenas que fundó instituciones benéficas, construyó sedes, las dotó, alimentó y vistió a miles de pobres cada día, se habría necesitado no solo todo el patrimonio de la familia Borromeo, sino el mismísimo Tesoro de Milán bajo Felipe II.

Sin embargo, San Carlos, apoyado únicamente por unos pocos señores, proveyó para el sustento de todas estas personas durante la peste y la hambruna, llegando incluso a privarse de un pedazo de pan y de una cama, vendiendo los candelabros de plata de su capilla y despojando a su habitación de sus cortinas y tapices para obtener ropa y mantas para los pobres.

Comprendiendo plenamente que las desgracias que habían azotado Lombardía representaban el castigo divino por la inmoralidad propagada por el renacimiento paganizante, el Santo Arzobispo se convirtió voluntariamente en víctima de los pecados de su pueblo. Las pinturas y grabados de la época aún lo retratan tal como los artistas lo contemplaron en procesión por las calles de la ciudad: pálido, delgado y descalzo, con una soga al cuello, portando una gran cruz que contenía la reliquia del Santo Clavo.
  
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Pero, ¿quién lo creería? Si bien la lealtad y la corrección de Pío IV y del cardenal Nepote hacia el gobierno español llevaron a la creencia común de que la familia Borromeo se encontraba entre los principales partidarios de la Corona española, los distintos gobernadores españoles de Milán que se sucedieron durante el pontificado de San Carlos nunca cesaron de librar la más encarnizada guerra contra ellos, no siempre por la vía diplomática.

Es extraño, pero es cierto.

A pesar de todo el sufrimiento que España había infligido a la familia Borromeo durante el pontificado de Pablo IV, el cardenal Angelo Medici tuvo que vivir lejos de Roma, porque a ojos de la Corte se le consideraba demasiado amistoso con los odiados españoles.

Incluso después de la muerte de Pío IV, San Carlos mantuvo las relaciones más cordiales con los Soberanos de España; las cartas de felicitación, los Te Deum y los funerales solemnes para todos los acontecimientos felices y tristes de la Casa Reinante eran propios de la época, y el Cardenal Borromeo estaba acostumbrado a hacer las cosas con gran empeño y con la mayor piedad.

Pero los representantes del gobierno español en Milán no pudieron perdonar a San Carlos el inmenso prestigio que su santidad le había granjeado entre el pueblo milanés, hasta tal punto que el verdadero Soberano espiritual era considerado entonces comúnmente como el Santo Arzobispo.

Al gobierno español le resultaba demasiado conveniente entretener, con torneos, máscaras y la ostentación de títulos, el vacío de un régimen que en Lombardía no tenía otro propósito que el de distribuir dinero italiano para las necesidades de Su Majestad Católica. Cualquiera que criticara este mal gobierno se enfrentaba a la indignación, con las habituales amenazas de ahorcamiento y otros castigos a discreción de Su Excelencia. O quizá incluso la Santa Inquisición estaba dispuesta a intervenir, confundiendo religión con asuntos de Estado.

San Carlos, quien, a pesar de la oposición del gobernador, había armado a seis o siete policías para usarlos en casos relacionados con el tribunal eclesiástico –y a los españoles les parecía que esa media docena de hombres contratados por el arzobispo comprometían la seguridad del vasto reino donde nunca se ponía el sol–. San Carlos, repito, no toleró la maniobra española de mantener a los lombardos sometidos, y cuando incluso la corte papal terminó cediendo a la presión de Madrid para la institución de la Inquisición española en Milán, reveló la intriga al Papa «apértis verbis» tal como era.
«Y para que Nuestro Señor conozca de una vez por todas la raíz y el fundamento… debe tomar esto como una máxima muy cierta: que entre estas personas existe la sospecha generalizada de que se está intentando establecer una Inquisición en este Estado, como la de España, no tanto por celo religioso, sino por intereses estatales y por la codicia de algún ministro o consejero, que de este modo planea enriquecerse con la riqueza de estos caballeros y ciudadanos».
Los turbios planes fueron frustrados, pero el Cardenal pagó las consecuencias. ¿Cuántas veces los gobernadores de Milán, para fastidiarlo, organizaron justas y torneos en la plaza de la catedral el primer domingo de Cuaresma, confiscaron la imprenta fundada por el Santo, enviaron apelación tras apelación a Roma, presentándolo como universalmente impopular entre los ciudadanos, y conspiraron para que fuera llamado de vuelta a Roma, retenido allí en alguna otra misión, sin permitirle regresar a su Ciudad Episcopal?

San Carlos lo soportó todo con heroica paciencia, aunque en ocasiones logró eludir las maquinaciones de sus adversarios con astutas estratagemas. Entre ellas, destaca la que empleó en 1580 cuando, tras haber acudido a Roma para defenderse, una embajada milanesa se presentó ante él para rendirle homenaje. En realidad, tenían una misión secreta del gobernador español: intrigar en Roma para evitar que San Carlos fuera enviado de vuelta a Milán.

Borromeo presentía una situación traicionera, y puesto que no se descartaba que España intentara acorralar al Papa, como se suele decir, para deshacerse del cardenal Borromeo, este último, de acuerdo con Gregorio XIII, fingió no comprender la situación; de hecho, entre sonrisas y reverencias, presentó él mismo a los enviados del gobernador de Milán ante el Papa en audiencia. Es más, añadió el arzobispo, para darles mayor libertad de acción ante la Curia Pontificia en cualquier asunto que desearan, se retiraba inmediatamente de Roma. Que se queden. Tras despedirse cortésmente de ellos, abandonó Roma y regresó a Milán, donde llegó casi inesperadamente.

El gobernador de Ayamonte, intentando disimular una situación desfavorable, acudió de inmediato a presentar sus respetos al arzobispo, sin dejar de dar sus últimas órdenes para que, al día siguiente, y en su afán por fastidiarlo, se celebrara ruidosamente un torneo y justas en la plaza de la catedral, el primer domingo de Cuaresma. Declaró que lo hacía ¡para que no se perdieran los derechos de los milaneses!

Resulta interesante escuchar el relato del propio San Carlos sobre el trato que le brindó el gobernador de Ayamont durante la primera visita de cortesía que el santo le hizo a su llegada a Milán. A pesar del carácter siempre serio de Carlos, la carta está impregnada de un sutil matiz de ironía que casi podríamos calificar de manzoniano, pero que en realidad es auténticamente borromeo.
«Me pareció apropiado ir a presentar mis respetos al nuevo gobernador… Me recibió en su antesala, donde conversamos delante de todos los presentes. No sé si este comportamiento se debe al orgullo o si la etiqueta española así lo estipula para una primera visita.
Pero España, sabiendo que en Milán el Santo Arzobispo era resistente a todas las persecuciones y que el pueblo estaba con él, actuó diplomáticamente en Roma para expulsar a Borromeo de Milán.

San Carlos escribe: «Gregorio XIII no es el primer Papa al que se le ha pedido algo similar; ya habían cansado a Pío V con varias peticiones. Pero él nunca quiso acceder… precisamente porque se lo pedían». Así le escribió San Carlos al senador Cesare Mezzabarba.

En otra ocasión le escribió a su agente en Roma, Speciano: «No tomo mis decisiones en función de las órdenes de España».
   
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Esta situación no cambió mucho tras el envío secreto de un mensajero desde San Carlos, Carlo María Bascapè, al propio Felipe II. Muchos halagos, promesas vagas y acertadas, pero al final de la carta el Rey no dudó en darle a Borromeo una reprimenda formal para instarlo a ser más prudente y moderado. «Actuando de otro modo», añadió el Monarca, «surgirán complicaciones que podrían perturbar a la gente; para obtener el bien de los hombres, es importante emplear los medios adecuados a su naturaleza, los remedios apropiados, y no tomar medidas contrarias al objetivo propuesto».

En la tarde del 3 de noviembre de 1584, San Carlos, agotado por la penitencia y el constante trabajo de la vida pastoral, murió con tan solo 46 años de edad, dejando tras de sí un gran legado de afecto, enmarcado, sin embargo, dentro de un oscuro entramado de odio y mala voluntad de todas aquellas personas a las que el Santo Cardenal había perturbado en vida para que cumplieran con su deber.

Casi veinte años tuvieron que transcurrir antes de que el Vicario General de Milán, «superando innumerables dificultades», pudiera iniciar la primera investigación canónica y proceder a la canonización de San Carlos. Mientras aún se debatía a favor y en contra, Dios intervino por San Carlos con numerosos milagros obrados por su intercesión.

La voz de Dios prevaleció y San Carlos fue canonizado por Pablo V el 1 de noviembre de 1610.

La Corona de España ya se había reconciliado con él mediante espléndidas donaciones para su tumba.

Termino con un recuerdo triste.

Hace dos años [1936, N. del T.], en la festividad de San Carlos, el rey [sic] Alfonso XIII, junto con el duque [sic] de Asturias, asistió a la solemne misa pontifical en la catedral, «quántum mutátus ab illo». Mientras un halo de luz sobrenatural irradiaba de la cabeza de San Carlos, el heredero de los antiguos soberanos de España apareció descoronado y reducido a una simple condición privada.

Después de la Santa Misa, rendí homenaje reverente al desafortunado monarca, como lo habría hecho San Carlos, siempre religiosamente devoto a las Autoridades y al Gobierno, pero en mi corazón recordaba aquella profecía del Magníficat: Depósuit poténtes de sede, et exaltávit húmiles (Depuso a los poderosos de sus tronos, y exaltó a los humildes).

NOVENA EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DEL SOCORRO DE GUATEMALA

Novena dispuesta por un devoto de la Santísima Virgen, y publicada en Guatemala de la Asunción por Sebastián de Arévalo en 1744, con licencia eclesiástica.
  
INTRODUCCIÓN
En una de las Capillas de la Iglesia Catedral de la Ciudad de Guatemala, cabeza de aquel Reino, se venera una devotísima Imagen de María con su benditísimo Hijo en los brazos, a quien la dicha Ciudad juró Patrona: es toda de madera y como de media vara de alto, bellísima y milagrosísima: y su Patrocinio se experimenta principalmente en las necesidades de aguas y lluvias, y en apagar los incendios del volcán, que ha originado en aquella Ciudad frecuentes y grandes terremotos, en que es conducida con públicas y solemnes suplicaciones.
   
Nuestros conquistadores la trajeron de España, y la tuvieron en tanta veneración que los sábados, día que consagraron a sus cultos, acudían a venerarla aun con mayor frecuencia que en los de mayor solemnidad. Mas con el tiempo se fue enfriando la devoción hasta olvidar la memoria de la Santa Imagen, que quiso Dios despertar después de algunos años con un prodigio. Y fue que el deán de aquel siempre Docto y Venerable Cabildo advirtió que de las maderas de la antigua Iglesia, que se guardaban apiladas en uno de sus ángulos, se levantaba un vapor o resplandor como de fuego, y recelándose de algún incendio mandó registrar la causa de aquella novedad, y fue hallada cabe el dicho maderaje la Santa Imagen. Desde ese día fue tenida en mayor veneración, y colocada en una Capilla que se edificó después en el mismo lugar, es el consuelo y amparo de todo el Reino. Veneróse primero debajo de la advocación de la Virgen de la Piedad, y hoy es intitulada la Virgen del SOCORRO: razón por que se celebra el día del Patrocinio de MARÍA.
   
Y porque este se extiende a ejercitar con sus devotos todas las obras de misericordia, hemos dispuesto esta Novena de tal manera que en cada uno de sus días hagamos memoria de alguna especial obra de misericordia de MARÍA Santísima, copiada en alguna de aquellas nueve imágenes animadas de la misma Virgen, que como consta de las sagradas letras, ejercitaron la tal obra: para que nosotros también la ejercitemos con los desvalidos conforme a nuestra posibilidad, y este puede ser el obsequio que en cada uno de los dichos días consagremos a la Madre de las misericordias, sometiéndonos en lo demás al gobierno y prudencia de los Confesores.
   
NOVENA PREPARATORIA DE LA FESTIVIDAD DEL PATROCINIO DE MARÍA SANTÍSIMA: DÍA EN QUE SE CELEBRA LA MILAGROSÍSIMA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL SOCORRO QUE SE VENERA EN LA IGLESIA CATEDRAL DE LA CIUDAD DE GUATEMALA
   
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas,  me  pesa,  Dios y Señor mío amantísimo, me pesa de todo mi corazón de cuanto os he ofendido  en toda mi vida; propongo con vuestra Divina gracia de nunca más pecar, y de confesarme enteramente de todas mis culpas. Por el amor infinito con que desde la Cruz nos señalasteis por Madre nuestra a vuestra amantísima Madre, fiándonos a su cuidado y Patrocinio como a hijos suyos, dadme vuestra gracia para huir de toda culpa, como lo propongo, Señor, y así merecer vuestra piedad y su protección, con que asegure eternamente gozaros. Amén.
   
SALUTACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Amorosísimo Dios Omnipotente y Padre de las Misericordias, yo Te adoro, bendigo y glorifico, y Te doy gracias porque entre todas las criaturas escogiste para Hija singularmente tuya y Madre de las Misericordias a mi querida Madre la Santísima Virgen, comunicándole tu amor y tu poder para el SOCORRO de nuestras necesidades, y por ella Te pido el remedio de todos mis trabajos, para que en ella seas glorificado. Amén.
  
Dios te salve, Hija dulcísima de Dios Padre: Yo os doy mil parabienes con toda la celestial Corte, y especialmente los Ángeles, de todas las excelencias y poder con que os coronó como a Hija. Fortalecedme con él, Señora, contra las asechanzas de mi enemigo el demonio, en la vida y en la muerte. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
  
Dios te salve, Hija del Padre,
Que al darte su Omnipotencia,
Te hizo ser por excelencia
De misericordias Madre.
  
Amorosísimo Dios y Sapientísimo Hijo del Eterno Padre, yo Te adoro, bendigo y glorifico, y Te doy gracias, porque entre todas las mujeres escogiste para Madre singularmente tuya y Madre de las misericordias a mi querida Madre la Santísima Virgen, comunicándole tu amor y tu sabiduría para el SOCORRO de nuestras necesidades, y por ella te pido el remedio de todos mis trabajos, para que en ella seas glorificado. Amén.
  
Dios te salve, Madre dulcísima de Dios Hijo: Yo os doy mil parabienes con toda la Celestial Corte, y especialmente los Ángeles, de las gracias y sabiduría con que os coronó como a Madre. Alumbradme con ella, Señora, contra las sombras de mi enemigo el demonio, en la vida y en la muerte. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
  
Dios te salve, Madre pura
De la imagen de bondad,
Que encarnando en tu piedad
Vino a ser del Padre hechura.
  
Amorosísimo Dios y Amor divino, Espíritu por naturaleza Santo, consolador y consuelo de los pobres, yo Te adoro, bendigo y glorifico, y te doy gracias, porque entre todas las vírgenes escogiste para Esposa singularmente tuya y Madre de las misericordias a mi querida Madre la Santísima Virgen, comunicándole tu amor y santidad para el SOCORRO de todas nuestras necesidades, y por ella Te pido el remedio de todos mis trabajos, para que en ella seas glorificado. Amén.
  
Dios te salve, Esposa dulcísima del Espíritu Santo: Yo os doy mil parabienes con toda la Celestial Corte, y especialmente los Ángeles, de los dones y amor con que os coronó como a Esposa. Encended mi corazón, Señora, en amor vuestro purísimo, contra el perverso de mi enemigo el demonio, en la vida y en la muerte. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
  
Dios te salve, Esposa amada
Del Santo y Divino amor:
Por prenda Él te fió su honor:
Tú a Él te diste por prendada.
  
SALUTACIÓN A NUESTRA SEÑORA PARA TODOS LOS DÍAS
Gloriosísima Reina, Señora y Madre mía, elegida desde la eternidad para Madre de nuestro Redentor y Refugio universalísimo de todos los redimidos, por la caridad benignísima con que os interesáis en la dicha y felicidad de todos, os suplico, piadosísima Madre, me concedáis vuestro sagrado Patrocinio en todos mis pensamientos, palabras y obras, para que todos sean dirigidos a mayor gloria de vuestro Hijo Santísimo, y agrado vuestro; y concededme en cuanto me convenga, lo que os suplico en esta Novena. Aquí se hace la petición particular.
    
DÍA PRIMERO – 4 DE NOVIEMBRE
Bellísima MARÍA, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió la prudentísima Abigaíl aquella gran piedad con que socorrió el hambre de David y su ejército (1. Reg. 25), en anuncio de la misericordia que habías de obrar con nosotros, socorriendo nuestra hambre, porque tú eras aquella nave que en su vientre nos había de traer el pan del Cielo (San Agustín, Sermón 7 de la Asunción); tú aquella feliz mujer bendita entre todas las mujeres, en cuyas entrañas se sazonó este pan (San Bernardo, Sermón 2 de la Natividad); tú aquella tierra virgen, que fecundada con el rocío del Cielo (Garriense, de la Anunciación) había de producirlo en el Salvador para el sustento de la vida eterna (Isa. 45): y en quien se había de sembrar aquel montón de trigo y aquella flor de gracia, que es Cristo, grano de trigo y lirio de los valles (San Ambrosio, Institución de las Vírgenes, caps. VII y XIV). Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos (San Epifanio, Sermón 5 de alabanza a la Santísima Virgen), de que estás llena para ver nuestras necesidades, y danos el sustento necesario del cuerpo y del espíritu, para que en tus misericordias se vean glorificadas y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén.
  
Dios te salve, tierra amena,
En cuyos castos verdores
Nos nació aquel pan de flores,
Que fue trigo y azucena.
   
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Oh Señora mía Santa María, a tu bendita fe y singular custodia, y en el seno de tu misericordia encomiendo a Ti mi alma y cuerpo hoy y siempre, y en la hora de mi muerte, y a ti entrego toda mi esperanza y mi consolación, todas mis angustias y miserias, mi vida y el fin de ésta; para que por tu santísima intercesión y por tus méritos, dirija todo cuanto es mío, y disponga mis obras según tu voluntad y la de tu Hijo. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 5 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición, Salutación a la Santísima Trinidad, y Salutación a la Santísima Virgen.
  
Bellísima MARÍA, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió la oficiosísima Rebeca aquella piedad con que socorrió la sed de Eliécer criado de Abrahán (Gén. 24), en anuncio de la misericordia que habías de obrar con nosotros, socorriendo nuestra sed porque tú eras aquella hermosa fuente de gracia (San Juan Damasceno), de que eras llena (Prov. 8), a cuyas aguas habías de convidar a todos los sedientos, que deseosos de algún bien, te buscan con fe viva; tú eras aquella providentísima Madre que en las bodas de Caná, aun sin ser invocada, habías de prevenir la sed de los convidados (San Buenaventura, Espejo de las Bodas de Caná); tú eres aquella cisterna y pozo de aguas vivas, de donde habían de manar y repartirse las fuentes de tu misericordia por todas las plazas (San Agustín, sobre Proverbios 3). Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, de que estás llena (San Epifanio), para ver nuestras necesidades, y danos el agua y lluvias de que necesitamos, aliviando nuestra sed espiritual y corporal, para que en tus misericordias se vean glorificadas y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén.
    
Dios te salve, hermosa fuente
Para la culpa sellada,
Para las gracias franqueada
En tu liberal corriente.
  
La oración final se dirá todos los días.
    
DÍA TERCERO – 6 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición, Salutación a la Santísima Trinidad, y Salutación a la Santísima Virgen.
   
Bellísima MARÍA, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió la piadosísima Tábita aquella gran caridad con que socorría la desnudez de las viudas, dándoles de vestir (Act. 9, 36-39), en reclamo de la misericordia que habías de obrar con tus pobrecitos, cubriendo su desnudez con vestiduras dobles para librarlos del frío (Prov. 31, 21); porque tú eras la que, siendo para nosotros vestido (Hugo de San Víctor), nos lo habías también de tejer del misterioso vellón de la Sabiduría eterna de que se vistió ella en sus entrañas (San Epifanio, libro 3, herejía 78); tú eras la que al morir habías de dejar en testamento (Hugo de San Víctor) dos túnicas a dos pobres doncellas (San Metodio, Oración de la vida y dormición de la Madre de Dios). Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, de que estás llena, para ver nuestras necesidades, y danos la vestidura corporal y la espiritual de la gracia (San Epifanio), de que más necesitamos, para que en tus misericordias se vean glorificadas y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén. Dios te salve, ¡oh blanca flor!, A quien ninguna se iguala, Lirio que vistió de gala Al desnudo Dios Amor.
  
La oración final se dirá todos los días.
     
DÍA CUARTO – 7 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición, Salutación a la Santísima Trinidad, y Salutación a la Santísima Virgen.
  
Bellísima MARÍA, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió la sapientísima Reina Madre del rey Baltasar aquella piadosa acción de visitar y consolar a su hijo enfermo (Dan. 4, 10), en anuncio de la misericordia que habías de ejercitar visitando y consolando los enfermos con tu soberana presencia, porque tú eras aquel hermoso oriente del Sol de Justicia que nos había de traer en sus alas la salud (Malach. 4, 2), dándola liberalmente a cuantos le tocasen; tu Patrocinio había de ser tan grande (Marc. 6, 6), que él solo bastase la sanidad sin otro intercesor (San Germán de París), la cual es más pronta a la invocación de tu nombre que a la del Sacrosanto y salutífero nombre de JESÚS (San Anselmo, lib. de las Excelencias de la Virgen, cap. 12). Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, de que estás llena para ver nuestras necesidades (San Epifanio), y danos la salud espiritual y corporal que te pedimos, para que en tus misericordias se vean glorificadas y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén.
   
Dios te salve, ¡oh gran piscina!,
Donde a toda enfermedad
Se franqueó la sanidad
Que negó la medicina.
  
La oración final se dirá todos los días.
  
DÍA QUINTO – 8 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición, Salutación a la Santísima Trinidad, y Salutación a la Santísima Virgen.
  
Bellísima MARÍA, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió la hermosísima Sara aquella gran piedad con que hospedó y regaló en su casa tres peregrinos (Gén. 18). en anuncio de la misericordia que habías de ejercitar con nosotros, dándonos en esta peregrinación por compañeros a los Ángeles (San Buenaventura, Espejo), porque tú eras aquel feliz albergue en que se había de hospedar Dios peregrino en la tierra para hacernos ciudadanos de la Gloria (San Bernardo, Sermón 2 de la Anunciación de la Santísima Virgen); tú eras aquel ardiente Sol de caridad que había de comunicar sus influencias aun a los más distantes (Salmo 18), sin haber ninguno que no participase de su calor (Jordán de Celles, el Idiota). Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, de que estás llena, para ver nuestras necesidades (San Epifanio), y danos en qué vivir en esta peregrinación, recibiéndonos debajo de la sombra de tu Patrocinio, para que en tus misericordias se vean glorificadas y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén.
  
Dios te salve, fiel morada
De aquel Dios, que peregrino
Nos fue luz, guía y camino
Para la patria deseada.
  
La oración final se dirá todos los días.
  
DÍA SEXTO – 9 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición, Salutación a la Santísima Trinidad, y Salutación a la Santísima Virgen.
  
Bellísima MARÍA, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió otra María, hermana de Moisés (Mich. 6, 4), aquella gran piedad con que en compañía del mismo Moisés y del Sacerdote Aarón, redimió del cautiverio de Egipto al pueblo de Israel, en anuncio de la misericordia que habías de obrar con los hombres, redimiéndolos del cautiverio de la culpa en compañía de tu Hijo, porque tú eres aquella piadosísima libertadora en cuyos templos se habían de colgar no solo las cadenas y grillos de los que estando cautivos en el cuerpo, alcanzaron por ti su libertad (Arnoldo de Chartres, Alabanza 5 a la Santísima Virgen. San Bernardo, Sermón de las palabras de los Apóstoles, 30. Santa Brígida, Revelaciones); sino mucho más de aquellos de aquellos que, siéndolo de la culpa, consiguieron por ti la libertad de los hijos de Dios. Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, de que estás llena, para ver nuestras necesidades (San Epifanio), y danos libertad, sacándonos de nuestros pecados y vicios, para que en tus misericordias y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén.
   
Dios te salve, ¡oh gran Señora!,
Que no con plata o con oro,
Sino con mayor tesoro
Fuiste nuestra Redentora.
   
La oración final se dirá todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO – 10 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición, Salutación a la Santísima Trinidad, y Salutación a la Santísima Virgen.
  
Bellísima MARÍA, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió la caritativa Resfa aquella gran piedad con que guardó de las bestias, por espacio de seis meses, los cuerpos muertos de siete hijos de Saúl hasta darles sepulturas (2. Reg. 21, 10), en anuncio de la misericordia que habías de usar aun con los muertos, porque tú eras aquella piadosísima Madre, que al más pobre y desamparado de todos, tu Santísimo Hijo, habías de dar sepultura en tu corazón (San Anselmo, Homilía de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María); y tú la que habías de consolar la orfandad y viudez de la Santa Iglesia en la sentida muerte de su Padre y Esposo muy amado. Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, de que estás llena, para ver nuestras necesidades (San Epifanio), y danos en nuestra muerte una mortaja con qué cubrir el cuerpo, y la vestidura nupcial de la gracia con qué adornar el alma, para que en tus misericordias se vean glorificadas y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén.
    
Dios te salve, ¡oh mausoleo!,
De Aquel, que en tu Corazón
Jamás vio la corrupción,
Sino limpieza y aseo.
  
La oración final se dirá todos los días.
  
DÍA OCTAVO – 11 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición, Salutación a la Santísima Trinidad, y Salutación a la Santísima Virgen.
  
Bellísima MARÍA, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió la compasiva Rahab aquella singularísima piedad con que libertó y libró a los exploradores de Josué de las angustias y penas en que se hallaban en la ciudad de Jericó, franqueándoles la salida y restitución al pueblo de Dios por una cinta encarnada (Josué 1 y 6),en anuncio de la misericordia que habías de usar con las benditas ánimas del Purgatorio, dándoles libertad para caminar a la gloria mediante el hilo de la purpúrea Sangre de JESÚS (San Agustín, Orígenes, Roberto), porque tú eres la que ejercitando en sola esta acción todas las obras de misericordia (Luis Novarino, Cordero Eucarístico, 10, 78); sueltas las prisiones de aquella horrible cárcel, y pones en libertad sus prisioneros. Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, de que estás llena, para ver nuestras necesidades (San Epifanio), y líbranos de las penas del Purgatorio, para que tus misericordias se vean glorificadas y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén.
  
Dios te salve, fuerte armero
De la caridad, que amante,
Rompe puertas de diamante
Con la Sangre del Cordero.
  
La oración final se dirá todos los días.
  
DÍA NOVENO – 12 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición, Salutación a la Santísima Trinidad, y Salutación a la Santísima Virgen.
   
Bellísima María, Madre y Señora nuestra, y único amparo de todos los afligidos, de quien copió la incomparable Ester aquella acción heroica de piedad con que libró a su pueblo de la muerte y perpetua extirpación a que ya estaba sentenciado (Ester 7, 3), en anuncio el más alegre de la misericordia que habías de usar con todos los pecadores devotos tuyos, librándolos de la muerte y perdición eterna, porque tú eras aquella Virgen Inmaculada que se había de concebir en lunes, día en que fue creado el Infierno (Pedro Galatino OFM, De los misterios de la verdad Católica, lib. 3, cap. 13), para que detuvieras los que a él iban a caer, salvando por tu misericordia a los que no puede Dios por sola su justicia (San Juan Crisóstomo, Homilía sobre la Hipóstasis del Señor); tú eras aquella Madre amorosísima, que mediante tu piadosísima intercesión habías de salvar, alcanzándoles de nuevo tiempo para penitencia, a muchos que murieron impenitentes (Ricardo de San Lorenzo, Libro 4 de las Alabanzas de la Virgen), siendo tan imposible el que se condene aquel a quien tú miras con ojos de misericordia, como es necesario el que perezca aquel que te es adverso. Vuelve pues a nosotros esos tus ojos misericordiosos, de que estás llena, para ver nuestras necesidades (San Epifanio) y pues eres el asilo y refugio de pecadores, ruega por nosotros los pecadores, para que en tus misericordias se vean glorificadas y engrandecidas las de nuestro Dios y Señor. Amén.
   
Dios te salve, ¡oh Virgen, y haz
Que me salve su poder,
Pues si Dios pudiera ser,
No pudieras hacer más (San Anselmo, Alabanzas de la Virgen, cap. 12. Pablo Séñeri, El Devoto de María).
  
La oración final se dirá todos los días.