Traducción de la sección ¿Cómo explicar estas creencias Católicas Tradicionales? de TRADITIO. Algunos datos fueron añadidos por el traductor.
Producto del Novus Ordo, la “Teología del Cuerpo” fue desarrollada por Juan Pablo II Wojtyła en 129 charlas de los miércoles pronunciadas entre el 5 de Septiembre de 1979 y el 28 de Noviembre de 1984 (desarrolladas a partir de su serie de conferencias de 1958 y 1959 “Amor y Responsabilidad” en la Universidad de Lublín compiladas en el volumen homónimo al año siguiente, influenciadas en el personalismo del teólogo laico Dietrich von Hildebrand Schäuffelen y dom Herbert Doms Klapper OSB, y que influirán en su encíclica “Familiáris consórtio” y el catecismo wojtila-schomborniano de 1992). Queda claro desde el primer discurso que el enfoque teológico de diverge de la teología aprobada por la Iglesia Católica, esto es, el tomismo, cuyo fundamento es la teología del Doctor Común de la Iglesia Santo Tomás de Aquino e indirectamente, la teología del Gran Padre y Doctor San Agustín de Hipona. En lugar de estar arraigado en el realismo y objetividad del tomismo católico, la “Teología del Cuerpo” está enraizada en cambio en las falsas filosofías subjetivas del modernismo. La teología de la Iglesia es objetiva, deductiva y racional. La “Teología del Cuerpo” construye una contrateología que es subjetiva, inductiva y experimental.
Una visión objetiva de la realidad se refiere a algo que ES verdadero, independientemente del conocimiento individual que tenga el sujeto de si es verdadero o no. Por ejemplo, si un ciego está afuera, pero no puede ver los árboles, los árboles aún existen, independientemente de si el ciego los percibe o no. La realidad objetiva existe independiente de la percepción individual de cada uno. La visión subjetiva de la realidad afirma que solo lo que se percibe como real es realmente real. Ejemplo: Si una persona cree que cierto veneno curará su enfermedad, entonces ese veneno es saludable en su opinión, independientemente de si el veneno objetivamente lo matará o no. ¡Una filosofía peligrosa!
Se puede ver cómo la “Teología del Cuerpo” puede conducir a graves consecuencias en el ámbito de la moralidad. La visión subjetivista de la realidad es claramente capturada por la frase «¡Eso puede ser cierto para ti, pero no para mí!» En otras palabras, lo que es verdad depende de lo que yo creo o acepto o percibo. Según la teología católica, tal afirmación es una completa tontería. Por ejemplo, en la “Teología del Cuerpo”, si tu percepción es que Alá es Dios, entonces lo es es… para ti. Si tu percepción es que es moral divorciarse y volver a casarse, entonces es moral… para ti. Puedes ver cómo este pensamiento subjetivo ha llevado al infame “ecumenismo” del Concilio Vaticano II («todos adoramos al mismo dios»; «todos los dioses son iguales») y el relativismo moral.
La teología católica es deductiva y racional; es decir, utiliza la razón objetiva para determinar qué es verdadero y qué es falso. El subjetivismo modernista determina la verdad por inducción, es decir, experimentación y observación, determinando lo que la gente cree según su propia percepción y experiencia. El subjetivismo conduce así, en efecto, a la doctrina por votación, propia de los protestantes. Por ejemplo, no importa qué Cristo haya objetivamente dicho en las Escrituras contra el divorcio, dado que la percepción de si algunas personas creen que el divorcio y el nuevo matrimonio son morales, entonces son morales… para ellos. Y nadie puede decirles que está mal… para ellos.
La “Teología del Cuerpo” es el resultado del uso de un movimiento filosófico llamado “Fenomenología”, una rama del Modernismo, en el que Karol Wojtyła (más tarde JPII), recibió instrucción en Polonia. El fundador de la fenomenología fue un filósofo judío alemán llamado Edmund Husserl Selinger (1859-1938), quien, en la moda protestante, se enfocó en la experiencia subjetiva e individual de las personas. La fenomenología, a su vez, se basaba en la filosofía de Immanuel Kant (1724-1804), quien había enseñado que las normas morales son incognoscibles porque se fundan más allá de la experiencia humana inmediata. Por lo tanto, la moralidad no es objetivamente cognoscible, como lo es en la teología católica, y la moral está divorciada de la realidad. Por lo tanto, no se puede decir objetivamente que algo (asesinato, hurto, perjurio) es inmoral. Solo las convenciones de la sociedad (es decir, la ley civil) son vinculantes y pueden modificarse en cualquier momento.
En el siglo XIX, la Iglesia tomó nota por primera vez de la herejía del modernismo y lo definió el 26 de Septiembre de 1835, cuando el breve “Dum acerbíssimas” condenó el enfoque del sacerdote Georg Hermes, profesor en las universidades alemanas de Münster y Bonn, que estaba utilizando la filosofía moderna de Descartes, Kant y Hegel para reinterpretar los Artículos de fe. En el corazón del ethos modernista se encuentra la creencia de que la verdad puede contradecirse a sí misma. Como Dios es el autor de toda verdad, los modernistas creen que Dios puede contradecirse a sí mismo, que no se ha revelado nada que se puede definir de forma definitiva, que depende de los creyentes “reinterpretar” el significado de la “verdad” a medida que el tiempo y los acontecimientos se desarrollan.
En 1864, el Papa Pío IX condenó el modernismo en su encíclica “Quánta Cura” (1864), acompañada como apéndice del famoso Sýllabus de Errores. El Santo Oficio, bajo el pontificado del Papa San Pío X, publicó el famoso decreto “Lamentábili sane éxitu” (1907), en el que se condenaron 65 proposiciones extraídas de las obras de una lista de escritores modernistas, y él mismo publicó la encíclica “Pascéndi Domínici gregis” (1907), en el que expuso los errores del modernismo, descrito como «ómnium hæréseon colléctum» [la síntesis de todas las herejías].
La aceptación modernista de la visión hegeliana del mundo (que las ideas contienen en sí mismas las semillas de su propia contradicción inherente, creando así un conflicto que se resuelve en la evolución de una nueva idea, una síntesis, a partir de la primera idea y su antítesis) es la base de la obra de como el difunto Hans Urs von Baltasar, Henri de Lubac y su protegido, el padre Joseph Ratzinger.
Por el contrario, la teología católica (tomismo) comienza con Dios. El Renacimiento comenzó a alejarse de la centralidad de Dios al centrarse en los seres humanos. El protestantismo acentuó el énfasis en los seres humanos individuales, y especialmente en el individuo con su insistencia en la interpretación privada de las Escrituras. La misma tendencia se puede observar en el desarrollo moderno del “cientificismo”, es decir, la veneración de la ciencia como un tipo de “dios” secular en lugar de simplemente una herramienta de la mente del hombre para comprender el universo. Muchas personas hoy en día se resisten a aceptar conclusiones basadas en principios. Más bien, dan más credibilidad a una “experiencia” personal y las conclusiones extraídas de esa experiencia, verbigracia, si su experiencia es que los musulmanes son buenas personas, entonces para ellas es moralmente aceptable creer que Alá es Dios. La “Teología del Cuerpo” resulta en un concepto del mundo que es subjetivo, irracional y experimental.
Como resultado de esta herejía, el pseudopapa Juan Pablo II Wojtyła fue erosionando la moral sexual objetiva (“el cuerpo”) y sentó las bases para la aceptación del aborto, la anticoncepción, la sodomía, la pedofilia y otros males morales. Francisco Bergoglio siguió la “fenomenología” en su Documento de 2016 “Amóris Lætítia”, que ha sido ampliamente denunciada incluso por sus propios cardenales neoiglesianos como herético. No es casualidad que el “non sancto” Wojtyła se convirtiera en… El primer papa pedófilo, bajo cuyo mandato se cometieron decenas de miles de delitos sexuales contra niños y niñas, hombres y mujeres, cometidos y/o encubiertos por sus presbíteros y obispones.
Y esa es precisamente la bomba de relojería moral (al decir de George Shillow II Weigel Schmitz) que representa la predicación conciliar, la cual es, y seguirá siendo, la destrucción de todas las enseñanzas tradicionales sobre la moral católica. Esto solo demuestra que la Iglesia Novusordita es anticatólica. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI Ratzinger promovieron esta tontería. El principal defensor de la “Teología del Cuerpo” en todo el mundo es Christopher West (un músico de rock y discípulo del arzobispón modernista Charles Joseph Chaput Demarais OFM Cap.); y sus mayores promotores en lengua española son los movimientos “Regnum Christi” (rama laical del macielismo), el Opus Dei y “Hakuna” (movimiento fundado por el presbítero ex-opusino José Pedro Manglano Castellary).

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