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lunes, 31 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA ÚLTIMO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA ÚLTIMO
MEDITACIÓN: DEL PARAÍSO.
PRIMER PUNTO.
¿Qué es el Paraíso? Es una dicha que excede no solo nuestros trabajos y méritos; pero aun nuestros pensamientos y deseos, aunque su esfera sea tan dilatada. Es una dicha que excluye todos los males y encierra todos los bienes, y para siempre: es un placer sin dolor, una alegría sin tristeza, un reposo sin inquietud, una paz sin turbación ni temor, un gozar de todos los bienes sin cansarse de ellos, es un bien puro, un bien universal, un bien eterno, y un bien en su modo infinito. ¡Oh Paraíso! Los bienes que encierras son tan grandes que no caben en la explicación de las voces, y por más que se diga, nunca se dirá bastante, como ni tampoco, por más que se haga, nunca se trabajará sobrado para merecerlos. ¡Oh Paraíso! Solo aquellos que te poseen te conocen, pero nosotros solo podemos desearte.
          
SEGUNDO PUNTO. ¿Qué es el Paraíso? Es la invención más admirable de la sabiduria de Dios, el último esfuerzo de su Omnipotencia, término de su magnificencia y liberalida del digno precio de la Sangre de Dios, y un bien tan grande que aunque Dios es Omnipotente, no puede darnos cosa mejor; porque es Él mismo que se da a los Bienaventurados en el Cielo, y no puede dar nada mejor que a Sí mismo: Quid enim póterat dare seípse mélius, vel ipse? Cuando fuera menester padecer por muchos siglos los tormentos de todos los Mártires, ¡que proporción (dice el Apostol), tendrían todos estos males con un tan gran bien! (Romanos VIII) Y no obstante, no se nos pide para adquirir esta dicha sino un poco de violencia a nuestras pasiones, un suspiro de un corazón contrito y humillado, un vaso de agua dado por amor de Dios; ¿es acaso pedirnos mucho? Si dándonosle por este precio no le adquirimos, ¿no merecemos justamente el Infierno?
   
TERCER PUNTO. ¿Qué es el Paraíso? Es una dicha por la qual podemos suspirar, que la podemos desear, que la podemos merecer, que la podemos adquirir: pero que no la podemos jamás comprender aun cuando la lleguemos a gozar; pero aunque no la podamos comprender, la debemos creer, y creyendola; ¿podemos no desearla? ¿Podemos arriesgarla por nuestra negligencia? ¿Y preferir a ella un placer vano y vergonzoso, un placer momentáneo? Quien no desea continuamente una bienaventuranza eterna y una  gloria infinita, merece ser eterna y sumamente infeliz. Los condenados la desearán eternamente, pero inútilmente. Esta misma gloria y ese mismo deseo servirá de aumentarles su infelicidad.
  
FRUTO. Conoce con confusión que el poco ardor que tienes de tan gran dicha como la que te espera en el Cielo, viene o de que te falta la Fe, o la Esperanza, o ambas dos.
  
«Óculus non vidit, nec áuris audívit, nec in cor hóminis ascéndit, quæ præparávit Deus iis, qui díligunt illum» [Los ojos no vieron jamás, ni los oídos oyeron, ni la imaginación llegó a comprender la grandeza de los bienes que Dios preparó para los que Le aman]. (I Corintios II, 9).
  
«Concúpisci potest, in illud suspirári potest; mente cóncipi, aut comprehéndi non potest» [Esta dicha se puede desear, se puede suspirar, pero conocerla o comprenderla, no se puede] (San Agustín).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 30 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA TRIGÉSIMO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA TRIGÉSIMO
MEDITACIÓN: DE LA INMENSIDAD, O DE LA PRESENCIA DE DIOS.
PRIMER PUNTO.
Dios está en todas partes por su esencia, presente a todas las criaturas, con más intimidad a su ser y al tuyo, que la luz está en el aire, y que nuestra alma está en nuestro cuerpo; el aire puede estar sin luz, mi cuerpo sin alma; pero ni yo, ni todas las criaturas pueden ser sin Dios, y su ser no subsiste sino por la unión que tienen con el ser de Dios. El ser de Dios es como el fundamento y basa de todas las cosas, que se redujeran a la nada si se les quitára este apoyo. Estando, pues, siempre Dios delante de mí, ¿no debo yo tenerle siempre presente, y pensar siempre en su Divina Majestad? No obstante esto, le olvido totalmente (Médium vestrum stetit, quem vos néscitis. San Juan I). Yo estoy en Él, Él en mí, y le ignoro, o a lo menos vivo como si le ignorase; tan poco respeto tengo en la presencia de una Majestad tan poderosa; tan poco temo ofenderle: es verdad que no veo a Dios, pero su Divina Majestad me ve, y yo le percibo; y aunque sea invisible, le debo ver, con Moisés, con los ojos de la Fe (Invisíbilem, tamquam videns, sustínuit. Hebreos XI).
          
SEGUNDO PUNTO. Dios está en todas las criaturas por su poder, no solamente porque las conserva o porque les da el poder para obrar, sino porque obra más en ellas y con ellas que ellas mismas. Me alumbra con el Sol, me calienta con el fuego, me refresca con el agua, me alimenta con las viandas, me recrea con todas las criaturas tan bellas y tan agradables, me instruye con mi Maestro, me asiste y consuela con mi fiel amigo; da movimiento a mi lengua para hablar, a mis ojos para ver, a mis manos para ejecutar, y a mi alma para obrar. Pues si Dios obra conmigo, ¿no debo yo obrar de concierto con Él? ¿No debo entrar en todos sus designios? ¡Qué desorden sería para mí si yo abusase de la acción misma de Dios, para ofenderle! Si me sirviese de la hermosura que Dios puso en la criatura, para satisfacer mi sensualidad; y asimismo del gusto que puso en las viandas, para satisfacer mi gula; si emplease los medios que me da para llegarme a su Divina Majestad, para apartarme de ella, ¿no sería esto hacer servir a Dios para mis iniquidades? ¡Ay Señor! Negadme antes vuestro concurso que abandonarme a mí mismo para dejarme caer en tan grande desorden.
   
TERCER PUNTO. Dios está por todo por su providencia; gobierna todas las criaturas para aplicarlas al servicio del hombre; dirige las acciones de todas las criaturas hacia el hombre como hacia su fin próximo. Su Divina Majestad da luz al Sol para que te alumbre; calor al fuego para que te caliente; da gusto a los manjares para tu sustento; da virtud a las plantas para que te curen; tú eres el unico fin de toda la ocupación de Dios en las criaturas; pues si Dios no obra con todas las criaturas sino por ti, ¿cómo no obras tú con todas las criaturas para Él? Ellas deben ser hacia ti como unos espejos que te representan su hermosura; como unas voces que te hagan memoria de sus bondades; como beneficios que te empeñen a amarle y serle agradecido; como medios de manifestarle tu reconocimiento por el sacrificio que de ellas Le hicieres; y de este modo, un alma pura halla a Dios por todo, se une a Dios en todo, y goza así un paraíso en el mundo: pero ¡ay!, que el olvido y apartamiento en que vivo de Dios me hace reconocer que estoy en un verdadero Infierno.
  
FRUTO. Acostumbrémonos a mirar a Dios en todas las criaturas, pero mucho más en nosotros mismos, en nuestro corazón: este es el Templo donde quiere ser adorado en espíritu y verdad.
  
«Invisíbilem, tamquam videns, sustínuit» [La Fe hace de alguna manera visible Dios a Moisés, aunque su Divina Majestad es invisible]. (Hebreos XI, 27).
  
«Ama in creatúra Creatórem, nec téneas, quod ab illo factum est, et amíttas a quo ipse factus es» [Mira y ama al Creador en la criatura, y no te detengas tanto en ésta, que olvides y pierdas al que te crió] (San Agustín).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 29 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA VIGESIMONOVENO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA VIGESIMONOVENO
MEDITACIÓN: DEL MANDAMIENTO DE AMAR A DIOS.
PRIMER PUNTO.
Dios nos manda que le.amemos, ¡qué exceso de su bondad! Hubiera sido sobrada honra el permitir nuestro amor; ¿mas aun mandarle? Parece que este mandamiento no corresponde a su infinita soberanía. La majestad de los Reyes imprime tanto respeto, que no se atreve uno a amarlos, o a lo menos a decírseles; pero Dios no tiene en esta seriedad su grandeza. Qué favorecido se juzgaría un Cortesano si su Rey le dijera: «Yo quiero que tú me ames»: pues ¡cómo deberemos apreciar el favor que Dios nos hace, mandándonos que le amemos, y aun más, pues declara que gusta de oír repetir muchas veces lo que le amamos; pero por mejor decir, ¡no es una cosa vergonzosa para nosotros, e indecente para su Divina Majestad, que nos haya dado el mandamiento de amarle!
          
SEGUNDO PUNTO. Siendo Dios infinitamente dignísimo de ser amado, ¿era menester que nos mandase amarle? Y nosotros teniendo tantas razones para hacerlo, ¿habíamos menester el mandamiento para amarle? Si Vos pudierais, Dios mío, mandarme que yo no os amara, ¿os podría yo obedecer? Dios nos manda que le amemos: y verdaderamente no sé qué deberá admirarme más, o que Dios infinitamente suficiente, y que solo se basta a Sí mismo, mande con tanta instancia al hombre que le ame, como si no pudiese ser dichoso sin este amor; o que siendo infinitamente poderoso, y haciendo todo lo que puede para obligar al hombre a amarle, vea tantas veces sus mandamientos y sus esfuerzos frustrados. Es menester confesar que hay alguna cosa, igualmente incomprensible en las instancias de Dios, hacia el amor de los hombres (que le es, a lo que parece, tan poquísimo útil), como en la dureza del corazón del hombre, y la resistencia que hace a estos deseos de Dios, cuando en cumplirlos tiene su única y suprema bienaventuranza: para castigar, Señor, a este hombre por su insensibilidad, vuestra Divina Majestad no ha menester sino abandonarle. Esta es la más justa, y la más terrible de todas las penas.
   
TERCER PUNTO. Vuestra Divina Majestad me manda (decía San Agustín) que os ame, y si no os amo me amenazáis con las mayores desdichas; ¡puede haber ninguna mayor, que la de no amaros! No Señor, si me queréis espantar, no me amenacéis con los fuegos del Infierno; amenazadme, que no arderé en el fuego de vuestro santísimo amor, que esta amenaza será para mí más terrible que la del Infierno; porque (como decía San Francisco de Sales, hombre admirable, que ardía en un purísimo amor de Dios, cuya memoria celebra hoy la Iglesia) «el Infierno con vuestro amor, si se pudiese juntar, fuera para mí un verdadero Paraíso, y yo tuviera el consuelo de ver que no había lugar donde no fuéseis amado; el Cielo sin vuestro amor, si se pudiera separar, fuera un verdadero Infierno». Señor, pues me dais este precepto, dadme la gracia necesaria para cumplirle; porque yo puedo sin Vos ofenderos y desagradaros, pero no puedo sin vuestros divinos auxilios amaros y daros gusto
  
FRUTO. Pon a San Francisco de Sales, de quien hoy se hace la fiesta, por intercesor, para conseguir un poco de este ardiente amor en que el estuvo tan abrasado, su Libro del amor de Dios te persuadirá con fuertes razones, pero su ejemplo será más fuerte motivo para animarte.
  
«Díliges Dóminum Deum tuum ex toto corde tuo: hoc est máximum, et primum mandátum» [Amarás al Señor, tu Dios, de todo tu corazón: este es el grande y el primer mandamiento]. (San Mateo XXII, 37-38).
  
«Jubes, te díligi a me, da, quod jubes, et jubes, quod vis» [me mandas que te ame, dame lo que me mandas, y manda lo que quisieres] (San Agustín).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 28 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA VIGESIMOCTAVO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA VIGESIMOCTAVO
MEDITACIÓN: DEL AMOR A JESUCRISTO. QUE DEBEMOS AMAR A JESUCRISTO, PORQUE SE HIZO SEMEJANTE A NOSOTROS.
PRIMER PUNTO.
El amor supone semejanza, o la hace, pero la semejanza produce también amor. La misma razón, que obliga a amarnos a nosotros mismos, nos lleva a amar a aquellos que se nos parecen. Jesucristo, queriendo que le amemos a cualquier precio, se hizo perfectamente semejante a nosotros (In similitúdinem hóminum factus. Filipenses II). Si la simpatía y semejanza que tenemos con otro, efecto del acaso, sin ninguna aplicación o estudio, y que nos será inutil, y aun puede ser que nos sea dañosa, tiene tanto poder para ganar nuestro corazón y para conseguir el amor, ¿qué impresión no deberá hacer en nuestros corazones la semejanza que Jesucristo ha querido tomar con nosotros, efecto de su elección eterna tomada de una sabiduria infinita, de una bondad inmensa? Si amas a un hombre porque se te parece (dice Santo Tomás), ¿cuánto más deberás amar a un Dios que se ha hecho Hombre solo para que le ames?
          
SEGUNDO PUNTO. La semejanza que tiene contigo una criatura, que te ha enamorado y te enamora algunas veces hasta perder el juicio, no le ha costado nada, ni para tenerla ha puesto trabajo alguno de su parte: pero ¿qué no cuesta a Jesucristo nuestra semejanza, que tomó en su Encarnación? Dios nos creó a su imagen y semejanza, sin más trabajo que una sola palabra suya, bastó que su Divina Majestad lo quisiese: pero para hacerse semejante a los hombres, ¿qué fue lo que le costó? Para hacer al hombre parecido a Vos, Dios mío, no habíais menester más que comunicarle algunas de vuestras perfecciones, empleo digno de vuestra piedad y misericordia, pues elevábais al hombre, sin humillaros a Vos; pero, haceros semejante al hombre, y al hombre delincuente y malhechor, ¡cuánto os había de costar! Pues para esto os despojasteis en lo exterior de vuestra grandeza, de vuestra gloria, de vuestro poder, de vuestra felicidad, y en alguna manera de Vos mismo; y no obstante esto lo hicisteis, y os olvidasteis de Vos mismo, por pensar sobradamente en mí: Vos os desfiguráis en alguna manera de vuestro alto ser, por haceros parecido al mío; y esto con tanta felicidad que parece que no os cuesta nada, haciéndolo Vos por vuestra bondad para ganar mi corazón: ¿qué perderé yo, Dios mío, en entregarosle enteramente, o por mejor decir, ¿qué es lo que no perderé sino os le doy? Y no obstante soy tan malo, que me cuesta dificultad el dárosle.
   
TERCER PUNTO. La semejanza o conformidad que otro hombre tiene conmigo, me es siempre inútil, y muchas veces desgraciada, porque el amor o amistad a que esta me induce, me puede ser ocasión de algún pecado, y no obstante me gusta esta semejanza; y la que Jesucristo ha querido tener conmigo no enternece mi corazón, sobre serme tan ventajosa. Porque en fin, si Dios se ha hecho semejante al hombre delincuente y malhechor, ha sido por hacer al hombre semejante a un Dios, infinitamente feliz. Si se desnuda de sus bienes, es para enriquecernos: si baja hasta nosotros, es para elevarnos a Él: si su Divina Majestad toma nuestra naturaleza con todas sus miserias, es para comunicarnos la Naturaleza Divina con todas sus felicidades. Cuando para merecer o reconocer todos los bienes, oh Salvador mío, que me habéis ganado por esta semejanza sacrificara a tus pies mis bienes, mi honra y mi vida, ¿haría mucho? No por cierto. Y no obstante, no me pides otra cosa sino que te ame y muestre el reconocimiento que tengo de que te hayas hecho parecido a mí, trabajando para parecerme a ti: y en esto mismo me das la mayor prueba de tu amor en la misma, ¿qué me pides del mío; pues toda mi dicha consiste en esta semejanza?
  
FRUTO. Pide a Jesús que el mismo amor que Le ha obligado a hacerse parecido a ti, Le mueva a darte los auxilios de gracia necesarios para hacerte tú parecido a Él.
  
«In similitúdinem hóminum factus, et hábitu invéntus, ut homo» [Jesucristo se hizo parecido a los hombres, y hombre como ellos]. (Filipenses II, 7).
  
«Non enim seípsum ita humiliásset, nisi non esset exaltatúrus» [Dios no se hubiera humillado si no hubiera querido elevar al hombre] (San Juan Crisóstomo).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 27 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA VIGESIMOSÉPTIMO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA VIGESIMOSÉPTIMO
MEDITACIÓN: DE LA DEVOCIÓN A MARÍA SANTÍSIMA.
PRIMER PUNTO.
Jesús y María están tan unidos entre sí, que no se les puede separar. No se puede honrar y amar al Hijo, sin amar y honrar a la Madre: todo el mérito y gloria de la Madre viene del Hijo, y toda la honra que a la Madre se hace, vuelve al Hijo. La devoción que tenemos a María Santísima en lugar de apartar nuestro corazón, le une más fuertemente a Jesús. La confianza que tenemos en la protección de María Santísima no puede disminuir la que tenemos en el Hijo: al contrario, esta la aumenta y la hace más justa y eficaz. María Santísima tiene tanto poder como su Hijo Santísimo la estima y concede: y este me le aplicará a mí, según lo que yo confiare de su patrocinio: pues con este, ¿en qué aprieto me podré hallar que pierda la confianza? Siendo, como es, generosa y piadosísima, ¿puede dejar de aplicar sus piedades a quien la sirve y ama? Jesús, que ama sumamente a María, ¿puede aborrecer a los que devotamente la veneran? ¿Puede condenar a quien esta Señora querría que se salvase? ¿Cómo sufrirá Jesús que un corazón que estuviese encendido en amor de María Santísima, ardiese eternamente en las llamas del Infierno? ¿Puédese pensar esto sin dudar de lo que estima Jesús a María, y de la piedad de esta gran Reina para sus devotos?
          
SEGUNDO PUNTO. Por muy cargado de pecados que esté, no desesperaré jamás de la misericordia de Dios, mientras tuviere a la Madre de misericordia en mi favor. Alegaré la misericordia de la Madre contra la justicia del Hijo. ¿Estas dos cosas se pueden oponer? ¿Los ruegos de María Santísima no tendrán más fuerza para templar a Jesús que mis pecados para irritarle? Yo creeré mi salvación segura cuando supiese ciertamente que es mi Abogada María. Si ella no me la alcanzara, sería o por falta de poder con su Hijo, o por falta de piedad para conmigo. ¿Puédese dudar de lo uno o de lo otro sin falta de respeto al Hijo, o a la Madre? ¿Era posible que no pudiese esto con su Hijo María, a quien Jesús ha comunicado su Omnipotencia de alguna manera (como dice San Buenaventura), que lo puede todo con su Hijo, y que alcanza todo lo que pide a su Hijo? El que en sus Mandamientos puso que se obedeciese a los Padres y a las Madres, ¿sería Él que quebrantase este precepto? Pues qué, ¿se observaría si menospreciase la intercesión de su Madre? Jesucristo, que se paga de un vaso de agua que damos a un pobre por su nombre, ¿puede dejar de reconocer a una Madre, a quien debe todo lo que tiene en cuanto Hombre? ¿Y no sería faltar a este reconocimiento si la negase las gracias que le pide para sus devotos? El poder de María se debe medir por la dignidad de Madre de Dios, que logra, por lo que su Hijo Santisimo la estima, por las grandes obligaciones que Cristo nuestro Señor la tiene, por la calidad de mediadora de los hombres, con que la honra. Pues siendo esto así, ¿hasta dónde no llegará el poder de María, y hasta dónde no deberá allegarse nuestra confianza?
   
TERCER PUNTO. Pero si a María no le falta el poder, como hemos visto, tampoco le falta la misericordia (Nec facúltas deest, nec volúntas. San Bernardo). Es nuestra Madre: desde que fue Madre de Dios, es Madre de los hombres. Cuando su Hijo Santísimo la dio por Madre a San Juan, la dio por Madre a todos los hombres: desde entonces somos sus hijos por adopción. Una Madre; ¿pero qué digo? Una Madre, la mejor de todas las Madres, ¿puede dejar de querer a sus hijos? Es verdad que somos hijos miserables y pecadores; pero nuestras miserias aumentan su compasión, y aumentan su amor y ternura, porque es Madre de misericordia y refugio de pecadores. Hasta ahora ninguno que verdaderamente se ha acogido a ella se ha hallado engañado. Si se hallare uno a quien haya sucedido esto (dice San Bernardo), consiento que ni honre ni invoque a María, pero no se hallará uno. Pues si ella no arroja de sí ni desprecia los más grandes pecadores, ¿que hará con los que fueren sus fieles devotos? ¡Ah! ¡Qué gran motivo de confianza para mí!: María es Madre de Dios, y es mi Madre. Alcanza todo lo que pide a su Hijo. A mí me ama todo lo que es posible, pues quién duda que sirviendo yo fielmente y poniendo mi confianza en ella, en lugar de desesperar de mi salvación debo vivir con confianza en su intercesión.
  
FRUTO. Tómese con resolución la devoción a María Santísima, teniendo una gran confianza en su protección, pero procuremos merecerla con un gran celo para todo lo que mira a su servicio, y sobre todo una grande exactitud en cumplir los Mandamientos de su Hijo.
  
«Qui me invenérit, invéniet vitam, et háuriet salútem a Dómino» [El que me hallare hallará al mismo tiempo la vida, y conseguirá su salvación]. (Proverbios VIII, 35).
  
«Totum nos habére vóluit per Maríam, qui et ipsum Fílium nos habére vóluit per Maríam» [Dios, que nos dio a su Hijo por María, ha querido que obtengamos las gracias que su Hijo nos ha merecido, por la misma intercesión de María Santísima] (San Bernardo).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 26 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA VIGÉSIMOSEXTO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA VIGÉSIMOSEXTO
MEDITACIÓN: DEL FERVOR EN EL SERVICIO DE DIOS.
PRIMER PUNTO.
¿Por qué entibiarse en el servicio de Dios? ¿Por qué servirle con menos fervor hoy de lo que se hacía ayer? ¿Dios es menos grande, menos bueno menos amable hoy, de lo que era ayer? ¿Es menos mi Creador, mi primer principio, mi último fin? ¿Jesucristo es menos mi Redentor o mi Salvador? Jesucristo (dice San Pablo) es el mismo hoy que ayer (Jesus Christus heri, et hódie. Hebreos XIII). ¿No tienes los mismos respetos, la misma dependencia y la misma obligación de ser todo para su Majestad? ¿Por ventura no esperas la misma recompensa de una eterna bienaventuranza si le sirves con fervor? ¿Por ventura no debes temer el mismo castigo de una eterna infelicidad si no lo haces? ¿Te amenaza hoy menos que ayer con su maldicion si le sirves mal o con tibieza? Pues siendo Dios el mismo hacia ti, y no mudándose, ¿por qué te has de mudar tú, y has de aflojar en el fervor con que le servías? No puede ser, Señor, sino efecto de mi flaqueza y de mi inconstancia natural. ¿Quién podrá darme fortaleza y constancia, sino Vos?
          
SEGUNDO PUNTO. ¿Por qué aflojar en el fervor de servir a Dios, cuando tenemos razón de aumentarle? Más crecemos en edad, y más crece el numero de los beneficios que recibimos de su mano poderosa, y por consiguiente, debían ser mayores nuestro fervor y reconocimiento. Si debemos estar tan reconocidos al favor con que Dios nos dio la vida, ¿qué instante, qué momentos hay, de los que vivimos, que no nos la conserve? Además, que en todos estos instantes, no hay ninguno en que no se reciban muchos beneficios: no hay ninguno en que no repita sus auxilios y sus gracias. Por esto debíamos también en cada instante aumentar nuestro reconocimiento, y no obstante esto, se disminuye: en todos debíamos aumentar el celo y fervor de servirle; y no obstante esto, se enfría. Si contásemos todos los bienes, que nos hace, todos los males de que nos libra, todos los peligros de que nos preserva, nos conoceríamos deudores tan recargados de su misericordia, que confesaríamos la imposibilidad a la correspondencia. ¿Pues de donde nace que no pensamos en satisfacerle, o a lo menos en hacer de nuestra parte lo posible? ¿De donde viene que nos entibiamos como si no fueramos deudores a Dios, sin procurar pagarle, sino todo lo que le debemos, a lo menos lo que es posible de nuestra parte?
   
TERCER PUNTO. ¿Por que nos entibiamos en el fervor de servir a Dios? Cuanto más entramos en edad, tanto más nos acercamos a la muerte. Cuanto más hemos vivido, menos tenemos que vivir. Precisados estamos a caminar a nuestro término, que es la eternidad, y nos entretenemos y divertimos en el camino. La noche se acerca, falta mucho camino por hacer (Ambuláte dum lucem habétis, ut non vos tenébræ comprehéndant. San Juan XII); ¿cómo no aceleramos el paso? ¿Qué es esto? ¿Quiero que llegue la noche, que me coja en el camino, para que no viéndolo por su oscuridad rodee y me pierda? (Venit nox, quándo nemo potest operári) Poco tiempo tenemos que vivir, presto será preciso dar la cuenta de lo vivido. Pero, ¡qué cuenta! Pero ¡delante de qué Juez! Y no obstante no pensamos en prepararnos, antes bien lo omitimos y olvidamos: ¡qué ceguedad! Cuanto más los cuerpos se acercan a su centro y a su término, más doblan y aceleran su movimiento. Ya estamos cerca de la muerte: bien presto llegaremos a esta, que es nuestro término; y no obstante nos divertimos y cesamos de prepararnos. El tiempo es corto: empleemos, pues, útilmente el poco que nos queda. No sea que por no hacerlo seamos privados de él para nuestra desgracia.
  
FRUTO. Procuremos renovar todos los días nuestro fervor, y decir con el Profeta: Et dixi: nunc cœpi. Hoy empiezo: porque hoy tengo nuevas razones de servir a Dios (Salmo LXXVI).
  
«Spíritu fervéntes Dómino serviéntes» [Tengamos fervor: el Señor es a quier servimos]. (Romanos XII, 11).
  
«Qui non próficit, remánsit in via» [El que no se adelanta cada instante en el camino de la salud, se queda atrás] (San Agustín).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 25 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA VIGÉSIMOQUINTO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA VIGÉSIMOQUINTO
MEDITACIÓN: DE LA PACIENCIA EN LAS ADVERSIDADES.
PRIMER PUNTO.
La consideracion del Infierno debe ser un poderosísimo motivo de paciencia A un pecador en los mayores trabajos. ¿Puédese uno quejar de un mal, por grande que sea, cuando piense que por sus culpas ha merecido el Infierno, que quiere decir un mal eterno, un mal en su modo infinito? Todo mal debe parecer ligero a un hombre que ha merecido el Infierno, porque si pusiera un condenado en su lugar, el mismo que murmura de sus adversidades juzgaría hallarse en el Paraíso, porque este estado de las adversidades no te parece Infierno sino por uno de estos dos motivos: o porque no has conocido bien lo que es el Infierno, o porque no has conocido bastantemente que le has merecido. ¿Tu discurso no fuera otro que el de este miserable, pues de dónde viene la diversidad de estas dos opiniones? Viene verdaderamente, o de que no has experimentado como él, del Infierno, o porque no las has meditado, habiéndolas tantas veces merecido. Nada le debe parecer duro a un hombre que ha meditado y merecido el Infierno.
      
SEGUNDO PUNTO. La consideración del Calvario debe ser un gran motivo de paciencia a un Cristiano. Compara tus males con los de Jesucristo, ¿y tendrás vergüenza de quejarte? Su Divina Majestad no se queja, porque sabe que sufre por ti: ¿y tú te atreves a quejarte, sabiendo que padeces con Él y por Él? Él padece, siendo la inocencia infinita, y no obstante no se queja; tú padeces, has pecado, y te quejas. Sus dolores en su Pasión fueron casi infinitos y sin consuelo, y no se quejó; tus penas son cortas y limitadas, y Dios tiene cuidado de consolarte; y no obstante, te estás siempre quejando. A Jesucristo le rogaron que bajase de la Cruz, lo pudo hacer, no dependía más que de Él, había hecho bastante para redimirnos, y no quiso sino quedarse y morir en ella. Dios te ha dado esa Cruz, la has menester precisamente para salvarte, quedando en ella unido con Jesucristo; y no obstante, quieres bajar, quieres librarte, y haces todos tus esfuerzos para esto. ¡Qué poco ánimo!
   
TERCER PUNTO. La consideración del Paraíso es un grandísimo motivo de paciencia para un justo en la adversidad. Mira al Cielo (decía la Madre del Macabeo a uno de sus hijos), y esta vista endulzará tus penas (Peto, nate, ut aspícias in Cœlum. II Macabeos VII). Un momento de un breve dolor bien sufrido (dice San Pablo, de quien se celebra hoy la Conversión), alcanza un colmo inmenso de gloria, y de gloria eterna (II Corintios II). Cuando tus males fuesen aun más grandes, la vista de una vida eterna los debe hacer parecer pequeños. Inmediatamente que San Pablo fue convertido, le reveló Dios que había de sufrir mucho por su nombre, y se cumplió, porque este Apostol protesta que sus tormentos eran algunas veces tan crecidos que parecían excedían a sus fuerzas: Supra modum graváti sumus (II Corintios I, Romanos VIII). No obstante no le embarazaron decir: Que por excesivas que sean las adversidades y trabajos que sufrimos, no tienen ninguna proporción con la recompensa que esperamos. Y por esto prorumpió diciendo: Superabúndo gáudio in omni tribulatióne nostra. En medio de mis tribulaciones mayores, y tormentos excesivos, estoy lleno de alegria (II Corintios VII). Así los Mártires, cuando los despedazaban con menos piedad, por estar pensando en las coronas que ganaban, apenas sentían los suplicios que padecían (Vident corónas, vúlnera non vident. Tertuliano). No hay, pues, duda que lo que te hace tan impaciente en las adversidades es el no pensar que el término a que te conducen es la Gloria.
  
FRUTO. Acostúmbrate a volver los ojos a menudo al Infierno, al Calvario y al Cielo, singularmente cuando te sintieres penetrar del sentimiento de alguna adversidad o dolor, que esto te dará nuevo esfuerzo para sufrir cualquiera cosa.
  
«Non sunt condígnæ passiónes hujus témporis, ad futúram glóriam quæ revelábitur in nobis» [Las adversidades que sufrimos en esta vida no tienen proporción alguna con la gloria que esperamos] (Romanos VIII, 18).
  
«Nihil sentit crus in nervo, dum ánimus est in Cœlo» [Cuando el espíritu piensa en el Cielo, apenas siente el cuerpo los dolores que padece] (Tertuliano).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 24 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA VIGÉSIMOCUARTO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA VIGÉSIMOCUARTO
MEDITACIÓN: DE LA HUMILDAD: PREEMINENCIA DE ESTA VIRTUD.
PRIMER PUNTO.
Dios es todo y Dios es dueño de todo, y yo no tengo y yo soy nada más que pobreza y miseria. Dios es Omnipotente, y puede todas las cosas, y yo no puedo más que pecar y perderme. Es verdad, yo soy nada de mí, y por esta virtud humillándome me acerco a Dios, me uno a Dios; y de esta manera me vuelvo grande. Yo no poseo, yo no soy dueño de nada por mí, no hay duda; pero humillándome y uniéndome a Dios, me comunica su Majestad a mí, y me hace participante de todos sus bienes y de todas sus riquezas. Yo nada puedo por mí mismo, yo lo confieso; pero la humildad, elevándome hasta Dios y uniéndome a Él, me hace participar de su poder, y por consiguiente puedo todas las cosas: «Ómnia possum in eo, qui me confórtat» (Filipenses IV). ¡Oh nada gloriosa! ¡Oh pobreza riquísima! ¡Oh fortísima debilidad, que produce en mí la humildad que socorre todas mis necesidades y me solicita todas las gracias!
      
SEGUNDO PUNTO. Con la humildad, los vicios y los pecados mismos no solo dejan de ser perniciosos, pero en alguna manera pueden ser útiles. Pero sin la humildad, las virtudes mismas son poco seguras y pueden ser perniciosas. El Publicano es un miserable y un gran pecador, pero es humilde: no se atreve a mirar al Cielo ni acercarse al Altar, y esta humildad le convierte en un Santo, y le hace merecer los elogios de un Dios. El Fariseo refiere sus virtudes y cuenta todas sus buenas obras: si era justo antes, desde que perdió la humildad, es pecador; y aunque él se alaba, hay un Dios que le vitupera a él y a sus obras. ¡Qué admirable poder de la humildad, pues de un pecador hace un Santo! ¡Qué veneno el de la soberbia, pues de un justo hace en un instante un gran pecador! La humildad sabe poner aun las culpas de modo que sean materia de virtudes; y la soberbia al contrario, aun de las virtudes mismas hace que sean materia de pecado.
   
TERCER PUNTO. Es una grandisima obligación entre las otras infinitas que tenemos a Dios, la de haber hecho su Majestad depender nuestra salvación de nuestra humildad y no de nuestra elevación. No todos en el mundo pueden elevarse, pero todos en el mundo pueden bajar y abatirse. Todos no son capaces de hacer grandísimas obras por Dios ni de formar y conseguir grandes ideas para su gloria, pero no hay ninguno que no pueda humillarse. ¿Cuántos hay que no pueden tener un don heroico de oración, pero quién es el que en la misma oración, humillándose, no pueda hacer mucho, aunque parezca que no hace nada? Yo no puedo hacer todas las buenas obras que quisiera, pero puedo ofrecer esta imposibilidad, humillándome delante de Dios; y por ahí suplir lo que dejo de hacer. Yo no puedo estar siempre en oración, ayunar siempre, llorar siempre; pero puedo siempre humillarme. ¡Oh humildad, camino breve, fácil y seguro para llegar a poca costa a una grande santidad! ¿De qué nace que yo no te haya observado siempre?
  
FRUTO. Pues que la humildad es un camino breve y seguro para llegar a la santidad, toma la resolución de conseguirla; y pídele a Nuestro Señor, que pues te dio ejemplo, haciéndose humilde por ti, te dé gracia para que consigas esta virtud a su imitación.
  
«Excélsus in excélso, et in Sancto habítans, et cum contríto, et húmili spíritu» [Dios es grande, pero tan grande como es, tiene gusto de habitar en un corazon humilde] (Isaías LVII, 15).
  
«Jústior apud Deum ille accusátor iniquitátis suæ, quam iste justítiæ prædicátor. Ille se laudándo, se accusávit; hic accusándo, deféndit» [El Publicano, que se acusaba, parece más justo a Jesucristo que el Fariseo, que se alababa. El uno acusándose, se justifica; el otro, alabándose, se condena] (San Paulino).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 23 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA VIGÉSIMOTERCERO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA VIGÉSIMOTERCERO
MEDITACIÓN: DE LA IMITACIÓN DE JESUCRISTO.
PRIMER PUNTO.
Jesucristo ha dicho una cosa, es menester creerla. Jesucristo hizo una acción, es menester ejecutarla; Él es nuestro dueño, es menester escucharle y obedecerle; es nuestra guía, con que estamos obligados a seguirle; es nuestro Maestro, y tal que es la verdad misma con que no podemos ser engañados si le escuchamos; es una guía que es el solo y verdadero camino con que no podemos perdernos siguiéndole. Hagamos de sus máximas la regla de nuestros discursos: tomemos de sus ejemplos la norma para nuestras operaciones. ¿No son las máximas del mundo las que hasta ahora han servido de regla a nuestras acciones? ¿No son los ejemplos del mundo los que han servido de regla a nuestro modo de obrar? ¿Podemos negarlo sin engañarnos? ¿Y podemos conocerlo sin confundirnos?
      
SEGUNDO PUNTO. Pues todo el contrario es menester discurrir hacia el mundo. El mundo lo dice, es menester no creerlo; el mundo lo hace, es menester no ejecutarlo; el mundo es un mentiroso; si le creemos, no podemos dejar de caer en muchos errores; el mundo es un ciego, si le seguimos, no podemos dejar de perdernos; si el mundo es un ciego, como lo es verdaderamente, cuánto más ciego será el que se dejare guiar por él: «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el precipicio» (San Mateo V). ¡Ay de mí! ¿Cuántas veces he caído siguiendo una guía tan mala? Pero a lo menos pregunto: ¿Me he levantado? ¡Y cómo podré levantarme, Señor, sin el socorro de una mano tan poderosa y tan caritativa como la vuestra! ¡Y cómo podía volver al buen camino y perseverar en él, sin la asistencia de una guia tan cierta y una verdad tan inefable como Vos!
   
TERCER PUNTO. Todo el mundo lo hace (se dice ordinariamente), pues es menester hacerlo. ¡Ah! ¡Qué lastimoso discurso! ¡Qué lastimosa consecuencia! Discurrir así no solo no es discurrir de Cristiano, pero ni aun de prudente Gentil. Uno de ellos ha dicho que una prueba casi cierta de que una cosa es mala es el que la hacen muchos: «Argumentum pessimi multitudo» (Séneca). El partido de los prudentes, no es ordinariamente el mayor, ni el mas numeroso. El Espiritu Santo nos enseña que el número de los locos es infinito (Eclesiástes I): ¿Pues por qué imitarlos? Jesucristo no dijo que Él era la costumbre, sino la verdad (San Juan XIV). Por muy autorizada que parezca estar una costumbre, no puede prescribir contra la verdad. Apartémonos de los usos, sigamos las virtudes si no queremos perdernos. El camino más ancho y más pisado para la salvación, no suele ser el buen camino. El camino más ancho es el camino por donde van la mayor parte de los hombres, y no obstante es más facilmente se pierde, y que ordinariamente nos lleva al precipicio. Jesucristo es el verdadero camino, pero estrecho; y así como no puede uno perderse siguiéndole, se pierde infaliblemente el que no le sigue. ¿Puedes decir que le sigues, cuando te dejas llevar de toda la corriente del mundo?
  
FRUTO. Pide a Nuestro Señor que te ayude con su gracia, para seguir el buen camino, que Él mismo te ha abierto con sus acciones; y dile con la Esposa: Llevadme Señor, y no solamente yo caminaré, pero correré tras de Vos.
  
«Ego sum lux mundi: qui séquitur me non ambúlat in tenébris» [Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no camina en tinieblas] (San Juan VIII, 12).
  
«Noli per áliam viam velle ire, quam per illam qua ipse ivit Christus» [Ten cuidado de no tomar otro camino que aquel por el cual fue el mismo Cristo; pues aunque parezca difícil, es el solo seguro] (San Agustín, sobre el Salmo XXXVI).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 22 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA VIGÉSIMOSEGUNDO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA VIGÉSIMOSEGUNDO
MEDITACIÓN: DE LA TIBIEZA EN EL SERVICIO DE DIOS.
PRIMER PUNTO.
«Yo quisiera que tú fueses frío o caliente (dice Dios al Obispo de Laodicea), pero porque no eres frío, ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Apoc. 3). El estado de la tibieza debe ser malo; pues parece en su comparación menos el de la frialdad. Menos es de temer un enemigo declarado que uno infiel o sospechoso: este es el estado del tibio para con Dios. La tibieza es tan infeliz disposición que el hombre que lo es, se puede decir, carga al Corazón de Jesús, pues para descargarse le vomita. ¡Ay!, que si el Corazón de Jesus me vomita, ¿donde podré refugiarme? No hay otra parte que el Infierno adonde irme. Quisiera más el destierro del Paraíso que estar arrojado del Corazón de Jesús: pues si no estamos en él, no tenemos parte en su amor; y si no tenemos parte en su amor, ¿qué somos sino condenados?
      
SEGUNDO PUNTO. «Maldito sea aquel (dice el Espíritu Santo) que hace la obra de Dios con omisión o tibieza» (Jeremías XLVIII). Ser maldito de Dios, ¿qué castigo es tan terrible? ¿Cuál puede ser el pecado que merezca esta maldición? Esta la da un Dios justo, de que se sigue que no será más grande que la culpa. Esta maldición la da un Dios misericordioso, de que se sigue que ha de ser menor que la culpa que castiga. Es menester que sea un gran mal la tibieza en el servicio de Dios, y verdaderamente algunas veces es mayor mal hacer una buena obra con omisión o tibieza, que hacer una mala: porque muchas veces aquel que comete un pecado, o no conoce a Dios, a quien ofende, o no conoce totalmente al mal que ejecuta; y podía haber caso en que fuese menos culpable; pero aquel que hace la obra de Dios conoce a Dios, piensa ordinariamente en Dios, y hace con tibieza la obra que ejecuta: parece que dice por su acción que el dueño por quien la hace, o la recompensa que este le promete, no merece que él se fatigue más. De que se sigue que es menos en menosprecio de Dios el no servirle algunas veces, que el servirle con omisión y tibieza.
   
TERCER PUNTO. Un hombre, porque no comete pecados grandes, no se juzga pecador; y por consiguiente, que no está obligado a la penitencia. No obstante Jesucristo mismo declara al Obispo de Éfeso, aun después de haberle alabado muchas acciones, que porque ha aflojado un poco, ha menester hacer penitencia: «Age pœniténtiam» (Apocalipsis II). Y le amenaza de hacérsela hacer el mismo Cristo, por los castigos de que se servirá para remediar su tibieza. Esta amenaza te comprende a ti, y te debe inspirar temor, y animarte a la penitencia. Los que son tibios no se creen grandes pecadores, porque piensan ordinariamente en el mal que dejan de hacer y en el poco bien que hacen, y no en las culpas que cometen, y en el bien que deberían hacer; porque se comparan más aprisa con los que viven vida más desreglada, y no con los más fervorosos y santos. Tienen su satisfacción, como el Fariseo, de no ser tan malos como otros, y se complacen en su virtud imaginaria, que en el día del Juicio les será motivo de confusión y materia de arrepentimiento. Pregúntate a ti mismo si te has alucinado alguna vez con este discurso. Tu tranquilidad, en un modo de vivir tan tibio, te convencerá bastantemente.
  
FRUTO. Imagínate que Dios nuestro Señor te da la misma reprensión que al Obispo de Éfeso sobre su tibieza, y que te exhorta, como a él, a la penitencia. Resuélvete a aprovecharte, como este lo hizo.
  
«Maledíctus, qui facit opus Dómini fraudulénter» [Maldito es, el que hace la obra del Señor con tibieza] (Jeremías XLVIII, 10).
  
«Abjiciámus pernitiósam tepiditátem, quía Deo vómitum provocáre solet» [Salgamos de este infeliz estado de tibieza, pues obliga a Dios a una demostración de tedio] (San Bernardo).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.