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sábado, 19 de abril de 2025

EL CONSUELO DE MARÍA EN LA PASIÓN DE SU HIJO ERA VER LA REDENCIÓN DEL MUNDO


«“¡Oh Señora!”, dice San Buenaventura dirigiéndose a esta Virgen bendita, “¿por qué quisísteis ir Vos también a sacrificaros en el Calvario? ¿Acaso no bastaba para nuestra redención un Dios crucificado, sin que su Madre fuese crucificada con él!” ¡O Dómina! ¿cur ivísti immolári pro nobis? ¿Númquid non sufficíebat Fílii Pássio nobis, nisi crucifigerétur et Mater?(Stímulus Divíni Amóris, parte 1, cap. 3) ¡Oh! la muerte de Jesús bastaba ciertamente para salvar al mundo, y aun a infinitos mundos; pero esta buena Madre, llena de amor por nosotros, quiso con los méritos de sus dolores que ofreció por nosotros en el Calvario, concurrir a la obra de nuestra salvación. Por esta razón, dice San Alberto Magno, que “así como estamos obligados a Jesucristo por la Pasión que sufrió por nuestro amor, así también estamos obligados a María por el martirio que en la muerte del Hijo quiso padecer voluntariamente por nuestra salvación”  Sicut totus mundus obligátur Deo propter passiónem, sic obligátur Dóminæ propter compassiónem (Sobre Missus Est, cap. 20, cuestión 150, respuesta a la objeción 148). He añadido voluntariamente, porque según el Ángel reveló a Santa Brígida, “esta buena y tierna Madre nuestra prefirió sufrir toda especie de tormentos, antes que ver las almas sin redimir y sumidas en su antigua perdición” Sic pia, et miséricors est, et fuit, quod máluit omnes tribulatiónes súfferre, quam quod Ánimæ non redimeréntur (Revelaciones, lib. 3, cap. 30). “El único consuelo de María”, dice Simeón de Casia, “en medio del gran dolor que le causaba la Pasión de su Hijo, era el ver al mundo perdido redimido con su muerte, y reconciliados con Dios los hombres sus enemigos”  Lætábatur dolens, quod offerebátur sacrifícium in redemptiónem ómnium, quo placabátur irátus (De las gestas del Señor, lib. 2, cap. 27)».
   
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIOLas Glorias de María, segunda parte, Discurso IX “Los dolores de María”, punto 2.

viernes, 5 de noviembre de 2021

NOVENA EN HONOR A SAN ALBERTO MAGNO

Novena compuesta a partir de la vida de San Alberto Magno. Los Gozos fueron publicados en Barcelona por la imprenta de Pablo Tasso en 1871.
   
NOVENA EN HONOR A SAN ALBERTO MAGNO
  
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, que habiéndome hecho de la nada, a expensas de inmensos trabajos me librasteis de la esclavitud del demonio, porque sois tan bueno y tan amable, os amo con toda mi voluntad, más que a mi vida, más que a mi alma, y más que a todas las cosas: Por vuestra infinita bondad, os digo, Señor, que me pesa el haberos ofendido; quisiera que aún me pesara mucho más, hasta que rompiese mi corazón el dolor, y por ser quien sois propongo primero morir que pecar. También propongo confesar mis culpas, huir las ocasiones de ofenderos; buscar los medios de serviros en cuanto sepa y pueda, con el auxilio de vuestra divina gracia. Amén.
   
ORACIÓN INICIAL (compuesta por San Alberto):
Señor Jesucristo, Tú eres la verdadera luz; ilumina mi mente, sana mis afectos, instruye mi lengua, vuelve al bien mi actuar. Que crezca en mí tu gracia, me ayude en las tentaciones cuando lucho contra el mal y me impulse hacia lo mejor cuando camine en el bien, conduciéndome a la salvación eterna. Amén.
   
DÍA PRIMERO – 6 DE NOVIEMBRE
VIDA Y VOCACIÓN
San Alberto nació en Alemania en el año 1206 y era de origen noble. Pertenecía a la familia Bollstädt; y creció en el castillo de Lauingen, a orillas del Danubio. Muy joven se dirigió a Italia, a Padua, sede de una de las más famosas universidades de la Edad Media. Se dedicó al estudio de las llamadas “artes liberales”: gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía y música, es decir, de la cultura general, manifestando gran interés por las ciencias naturales, que se convertirían bien pronto en el campo predilecto de su especialización.
   
Durante su estancia en Padua, frecuentó la iglesia de los Dominicos, a los cuales se unió después con la profesión de los votos religiosos. San Alberto maduró gradualmente esta decisión. La relación intensa con Dios, el ejemplo de santidad de los Frailes dominicos y la escucha de los sermones del Beato Jordán de Sajonia –sucesor de Santo Domingo en la guía de la Orden de los Predicadores–, fueron los factores decisivos que le ayudaron a superar toda duda y entregarse a Dios, venciendo también las resistencias familiares. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno.
   
GOZOS
    
De santos gran preceptor,
Y de prelados modelo,
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
En la Suevia nacido,
Y de Lauingen bella flor,
En fragantísimo olor
De pureza habéis crecido,
Sin que os haya corrompido
Del mundo el falaz honor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
De estado en la elección
Luces pedís a María,
Y Ella benéfica os guía
Al puerto de Religión,
Y os da la vocación
De Fraile Predicador.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
    
Las riquezas del condado
De Bollstädt renunciáis,
Y el santo hábito tomáis
Del gran Guzmán desalado,
Del cual habéis aumentado
La gloria y el esplendor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
El estudio y oración,
El ayuno y el cilicio
Son, según vuestro juicio,
La más santa ocupación,
Que llenan el corazón
De contento superior.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
Vuestro claro entendimiento
A toda ciencia abarcó,
Obras de todas dejó
Que marcan al gran talento,
Que el mundo como portento
Admiró con estupor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
En las universidades
De Ratisbona y Sajonia,
De París y de Colonia,
Hombres de todas edades,
Grandes notabilidades
Os escuchan con ardor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
Discípulos vuestros son
En Colonia de Alemania,
Un San Santiago de Mevania,
San Ambrosio Sacedón,
Y de la Iglesia el campeón
De Aquino el grande Doctor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
De buey mudo el apellido
A Tomás Colonia dio;
Mas vuestra lengua conoció
Que daría tal mugido,
Que dejaría abatido
Al heretical furor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
De Alemania provincial
Humilde a pie visitabais
Los Conventos y mostrabais
Un celo el más paternal;
El orden en general
Admiró vuestro fervor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
Al obispado elevado
De Ratisbona habéis sido,
Sus cargos habéis cumplido
Cual sabio y santo Prelado;
Pero habéis renunciado
Lleno de un santo temor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
El concilio de Lyon
Vuestro saber proclamó,
El Papa mismo os trató
Con suma distinción:
Vuestro humilde corazón
Sufría al ver tanto honor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
De vuestra muerte la hora
Os notifica María,
Y vos lleno de alegría
El alma dais sin demora,
Que vuela a ser poseedora
De la gloria del Señor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
Dos siglos después de muerto,
Incorrupto fue encontrado
Vuestro cuerpo arrodillado,
Despidiendo un olor cierto,
Que era un seguro aserto
De vuestro premio mayor.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
Con vuestra santa doctrina
A todos iluminad,
Hacednos de la impiedad
Vencer la astucia dañina,
Que a los incautos declina
Al báratro del error.
Alberto, con vuestro celo,
Libradnos de todo error.
   
Pues de la Iglesia el gran celo
Os dio de Magno el honor,
Sed Alberto, desde el Cielo,
Nuestro guía y defensor.
   
℣. Los labios del justo meditan sabiduría. 
℞. Y su lengua habla juicio.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que has hecho al bienaventurado San Alberto, tu Pontífice y Doctor, grande en someter la sabiduría humana a la fe divina, concédenos, te suplicamos, que siguiendo las huellas de tal maestro, podamos gozar la luz pefecta en el Cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 7 DE NOVIEMBRE
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
    
VOCACIÓN Y FAMILIA
Un tío de San Alberto, que vivía en Padua, al enterarse de su vocación, trató de impedir que ingresase en la orden de Santo Domingo, pero la influencia del Beato Jordán había sido más fuerte que la suya. Y cuando el conde de Bollstädt se enteró de que su hijo vestía el hábito de los frailes mendicantes, se enfureció sobremanera y habló de sacarlo por la fuerza de la Orden. Pero los superiores de Alberto le enviaron a otro convento, y así pudo seguir su vocación.
    
Recibió el hábito religioso del Beato Jordán de Sajonia. Tras la ordenación sacerdotal, los Superiores lo destinaron a la enseñanza en varios centros de estudios teológicos anexos a los conventos de los Padres dominicos. Las brillantes cualidades intelectuales le permitieron perfeccionar el estudio de la teología en la universidad más célebre de la época, la de París. Desde entonces San Alberto emprendió una extraordinaria actividad de escritor, que habría de proseguir durante toda la vida. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 8 DE NOVIEMBRE
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
    
EJEMPLO DE UNIÓN ENTRE CIENCIA Y FE
En 1248, los dominicos determinaron abrir una nueva Universidad en Colonia y nombraron rector a San Alberto. Desde entonces hasta 1252, tuvo entre sus discípulos a un joven fraile llamado Tomás de Aquino. La figura de San Alberto se destaca en el campo de las ciencias naturales y contribuyó enormemente al desarrollo de la ciencia. En efecto, fue una autoridad en física, geografía, astronomía, mineralogía, alquimia (es decir, química) y biología, por lo cual nada tiene de sorprendente que la leyenda le haya atribuido poderes mágicos. También han sido muy alabadas las observaciones geográficas del santo, ya que, por ejemplo, hizo mapas de las principales cadenas montañosas de Europa, explicó la influencia de la latitud sobre el clima y, en su excelente descripción física de la tierra, demostró que era redonda.
    
San Alberto tiene mucho que enseñarnos. Sobre todo, nos muestra que entre fe y ciencia no hay oposición. Un hombre de fe y de oración, como fue San Alberto Magno, puede cultivar serenamente el estudio de las ciencias naturales y progresar en el conocimiento del micro y del macrocosmos, descubriendo las leyes propias de la materia, ya que todo esto concurre a alimentar la sed y el amor de Dios. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 9 DE NOVIEMBRE
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
     
OBRA MAGNA FILOSÓFICA
Pero el principal mérito científico de San Alberto no reside en sus investigaciones científicas, sino en que, al caer en la cuenta del uso que se podía hacer de la filosofía de Aristóteles para ordenar la teología, reescribió, por decirlo así, las obras del filósofo para hacerlas aceptables a los ojos de los críticos cristianos. Por otra parte, también aplicó el método y los principios aristotélicos al estudio de la teología, por lo que fue el iniciador del sistema escolástico, que su discípulo Tomás de Aquino había de perfeccionar. Así pues, fue 6 San Alberto el principal creador del «sistema predilecto de la Iglesia». El reunió y seleccionó los materiales, echó los fundamentos y santo Tomás construyó el edificio.
   
San Alberto escribió mucho durante sus largos años de enseñanza y no dejó de hacerlo cuando se dedicó a otras actividades. Sus obras forman un grupo de 38 volúmenes, que versan sobre todas las materias: filosofía, ciencias, sagrada escritura, teología, etc. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 10 DE NOVIEMBRE
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
    
UN SANTO “PRÁCTICO”
San Alberto se distinguió por su talento práctico, de suerte que de todas partes le llamaban a arreglar las dificultades administrativas y de cualquier orden. En 1254 fue nombrado provincial en Alemania y la reorganizó. Dos años más tarde, fue a Italia a defender a las órdenes mendicantes contra los ataques de que eran objeto en París y otras ciudades. Durante su estancia en Roma, San Alberto desempeñó el cargo de teólogo y canonista personal del Papa. Por entonces, predicó en las diversas iglesias de la ciudad. En 1260, la Santa Sede le ordenó aceptar el gobierno de la sede de Ratisbona, la cual, según se le informó, era «un caos, tanto en lo espiritual como en lo material». San Alberto fue obispo de Ratisbona casi dos años, y en ese breve período hizo mucho por remediar los problemas de su diócesis. Después, renunció, pues le llamaba su vocación de maestro y profesor. Al año siguiente, el santo recibió la orden de colaborar en la predicación de la Cruzada en Alemania con el franciscano Bertoldo de Ratisbona. Una vez terminada esa tarea, San Alberto volvió a Colonia, donde pudo dedicarse a escribir y enseñar hasta 1274, cuando se le mandó asistir al Concilio Ecuménico de Lyon. En vísperas de partir, se enteró de la muerte de su querido discípulo, Santo Tomás de Aquino (lo cual supo por revelación divina). Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SEXTO – 11 DE NOVIEMBRE
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
    
FINAL DE SU VIDA
En 1278, cuando dictaba una clase, le falló súbitamente la memoria. Según la leyenda, el santo contó a sus oyentes que, cuando era joven en la vida religiosa, el desaliento le había hecho pensar en volver al mundo, pero la Santísima Virgen se le apareció en sueños y le prometió que, si perseveraba, ella le alcanzaría la gracia necesaria para llevar a cabo sus estudios. También le vaticinó que, en su ancianidad, volvería nuevamente a desfallecer su inteligencia y que ésa sería la señal de que su muerte estaba próxima. Dos años después, murió apaciblemente, sin que hubiese padecido antes enfermedad alguna, cuando se hallaba sentado conversando con sus hermanos en Colonia. Era el 15 de noviembre de 1280. No fue beatificado sino hasta 1622, y aunque se le veneraba ya mucho, especialmente en Alemania, la canonización se hizo esperar todavía. En 1872 y en 1927, los obispos alemanes pidieron a la Santa Sede su canonización. Finalmente, el 16 de diciembre de 1931, Pío XI proclamó a Alberto Magno santo y doctor de la Iglesia. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 12 DE NOVIEMBRE
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
    
SANTIDAD
El Papa Pío XI, en su decreto de canonización, dijo que “poseyó en el más alto grado el don raro y divino del espíritu científico. Es exactamente el tipo de santo que puede inspirar a nuestra época, que busca con tantas ansias la paz y tiene tanta esperanza en sus descubrimientos científicos”. San Alberto es el patrono de los estudiantes de ciencias naturales. ¡Cuántos científicos, de hecho, tras las huellas de San Alberto Magno, han llevado adelante sus investigaciones inspirados por el asombro y la gratitud frente al mundo que, a sus ojos de investigadores y de creyentes, aparecía y aparece como obra buena de un Creador sabio y amoroso! El estudio científico se transforma entonces en un himno de alabanza…
    
San Alberto Magno nos recuerda que entre ciencia y fe hay amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, a través de su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante recorrido de santidad. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 13 DE NOVIEMBRE
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
    
AMOR A DIOS Y A LA EUCARISTÍA
Siendo San Alberto un gran sabio científico y filósofo, lo más importante de él es que fue un grandísimo enamorado de Dios. Le encantaba la oración, a la que dedicaba grandes ratos del día, y era un hombre humilde, sencillo y de enorme corazón. Su amor a la Eucaristía, Jesús hecho carne, era admirable, y lo expresaba así: “Nada es más útil, nada es más dulce, nada más saludable, nada más amable, nada más parecido a la vida eterna que la Santa Eucaristía. Nada podemos hacer más dulce… ¿Qué podría ser más delicioso que el Sacramento que contiene todas las delicias divinas? Es el sacramento que crea el amor y la unión. Y es la señal del máximo amor de Jesucristo, que se dio a sí mismo como alimento para nuestra salvación”. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 14 DE NOVIEMBRE
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
    
HIJO PREDILECTO DE LA VIRGEN MARÍA
San Alberto mismo contaba que de joven le costaban los estudios y por eso una noche dispuso huir del colegio donde estudiaba. Pero al tratar de huir por una escalera colgada de una pared, en la parte de arriba, le pareció ver a Nuestra Señora la Virgen María que le dijo: “Alberto, ¿por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a Mí que soy ‘Trono de la Sabiduría?’. Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que sí fui yo quien te la concedí, cuando ya te vayas a morir, olvidarás todo lo que sabías”. Y así sucedió. Y al final de su vida, un día en un sermón se le olvidó todo lo que sabía, y dijo: “Es señal de que ya me voy a morir, porque así me lo anunció la Virgen Santísima”. Y se retiró de sus labores y se dedicó a orar y a prepararse para morir, dedicado a la oración y a la lectura. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
    
Pidamos la gracia que deseamos alcanzar por intercesión de San Alberto Magno. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.

jueves, 15 de noviembre de 2018

OCHO DOCUMENTOS REVELADOS POR NUESTRO SEÑOR A SAN ALBERTO MAGNO, ARZOBISPO DE COLONIA

San Alberto Magno predicando
  1. Da un maravedí, o cosa que lo valga, por mi amor en tu vida, y a Mí será más apreciable, y a ti más provechoso, que si después de muerto se diese por tu alma un monte de oro, que llegase desde la tierra al Cielo.
  2. Llora una lágrima por tus pecados, y a Mi será más apreciable, y a ti más provechoso, que si después de muerto llorasen tanto por ti, que hiciesen un gran lago de lágrimas.
  3. Recibe un huésped por mi amor, y hazle algún bien, y a Mí será más apreciable, y a ti más provechoso, que si anduvieses de un cabo del mundo hasta el otro, derramando a cada paso la sangre de tu cuerpo, por mi amor.
  4. Sufre por mi amor una palabra injuriosa, y a Mí será más apreciable, y a ti más provechosa, que si te dieses tantas disciplinas, que rompieses sobre ti un monte o soto de varas verdes.
  5. Levántate de la cama por mi amor y deja de dormir, y ponte a rezar, y a Mí será muy apreciable, y a ti más provechoso, que si después de muerto tomasen dos caballeros la Cruz por ti, y fuesen en peregrinación y pasasen allende el mar, hasta el Santo Sepulcro.
  6. Si algo me quieres pedir de gracia para el bien de tu alma y de tu cuerpo, pídemelo en vida, y a Mí será más apreciable, y a ti más provechoso, que si después de muerto rogase por ti toda la Corte del Cielo.
  7. Deja todo consuelo humano, y busca solo el mío por mi amor, y a Mí será más apreciable, y a ti más provechoso, que si por un pilar cuadrado, que corte como espada de cada parte, subieses de continuo derramando sangre hasta el día del Juicio.
  8. Sufre con paciencia todas las adversidades que el mundo te dará, y a Mí será más apreciable, y a ti más provechoso, que si fueses sin esto tan devoto que llegases al tercer Cielo.
Opúsculo Acto de contrición sacado del libro intitulado “Centinela contra Judíos”. Ciudad de México, imprenta del licenciado José de Jauregui, año 1775.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

SAN ALBERTO MAGNO, OBISPO, CONFESOR Y DOCTOR (MAESTRO Y AMIGO DE SANTO TOMÁS DE AQUINO)

Vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros unos de otros”. (1 Corintios 12, 27)

San Alberto Magno
   
La historia le llama Magno y Mago. Con ello justiprecia sus méritos y hace a la vez un juego malabar. Es preciso distinguir el ocultismo y el conocimiento de lo oculto. Alberto fue muy grande en muchas cosas, entre ellas en el espíritu de observación. Por él llegó a saber mucho que en su tiempo se desconocía. Conoció las propiedades de los cuerpos y las fuerzas de la naturaleza, fue físico, químico, geógrafo, astrónomo, naturalista. Y teólogo, naturalmente. No supo nada de esto por malas artes. Lo aprendió noblemente. Leyó libros de magia, pero no para aprender sus artes, sino, como él mismo dice, “para no ser tentado por sus procedimientos, que juzgo inválidos e inadmisibles”. Los sensatos y los sabios le llaman Magno. Los insensatos y los ignorantes siguen llamándole todavía Mago. Con este nombre le dedicaron una plaza en París, en el lugar mismo que llenaban sus alumnos cuando no cabían para oírle en las aulas de la Universidad.
 
Nació el año 1206 en Lauingen, ciudad de la Suevia bávara, asentada a las orillas del Danubio. Su familia era militar; tenía una historia gastada al servicio del emperador y un castillo a dos millas de la ciudad. En él pasó Alberto los primeros años de la infancia. Luego, en la escuela de la catedral, empezó a aprender las letras y afianzó su corazón en la piedad.
 
Pero la vida del joven necesitaba más horizonte. No le llamaba la milicia. Le atraía la observación de la naturaleza, y por eso se dirigió a Padua, en cuya Universidad a la sazón se aprendían especialmente las artes liberales del Trívium y del Quatrívium. Sin embargo, la ciencia sola no le convenció nunca. Tampoco quería ser sólo santo. Le atraían las dos cosas. Por eso frecuentaba la iglesia de unos frailes de reciente fundación. Se decía que habían roto los moldes del monaquismo tradicional y que acompasaban la institución monástica con las necesidades culturales y apostólicas de la época. El fundador era un español, Domingo de Guzmán, quien quiso que sus religiosos fueran predicadores y doctores. Acababa de morir, dejando la institución en manos de un compatriota de Alberto, Jordán de Sajonia. Dios había dado a Jordán un tacto especial para tratar y convencer a gentes de universidad. Más de mil vistieron el hábito durante su gobierno, salidos de los claustros universitarios de Nápoles, de Bolonia, de Padua, de París, de Oxford y de Colonia. Y no era infrecuente el caso en que, al frente de los estudiantes y capitaneando el grupo, lo vistiera también algún renombrado profesor.
  
Alberto cayó en sus redes. Un sueño en el que la Virgen le invitaba a hacerse religioso y el hecho de que Jordán le adivinara las indecisiones que le atormentaban, le indujeron a dar el paso. Con ello no abandonó los estudios de la Universidad. Domingo quería sabios a sus frailes; sólo que a la sabiduría clásica debían añadir el conocimiento profundo de las verdades reveladas. El joven novicio dedicó cinco años a la formación que le daban los nuevos maestros, y el Chronicón de Helsford resume su vida .de estos años diciendo que era “humilde, puro, afable, estudioso y muy entregado a Dios”. La Leyenda de Rodolfo lo describe como
“un alumno piadoso, que en breve tiempo llegó a superar de tal modo a sus compañeros y alcanzó con tal facilidad la meta de todos los conocimientos, que sus condiscípulos y sus maestros le llamaban el filósofo”.
  
Terminados los estudios empiezan la docencia y la carrera de escritor, menesteres en que consumiría su vida, salvo dos paréntesis administrativos, uno al frente de la provincia dominicana de Germania, y otro, ya obispo, al frente de la diócesis de Ratisbona. Su vida docente empezó en Colonia. Después pasó a regentar cátedra en Hildesheim, en Friburgo, en Estrasburgo, de nuevo en Colonia y en París. Simultaneó la labor de cátedra con la de escritor y comentó los libros de Aristóteles, los del Maestro de las Sentencias (Pedro Lombardo) y la Sagrada Escritura. Pedro de Prusia escribió este elogio de la obra de Alberto:
“Cunctis luxísti,
scriptis præclárus fuísti,
mundo luxísti,
quia totum scíbile scisti”.
(Ilustraste a todos;
fuiste preclaro por tus escritos;
iluminaste al mundo
al escribir de todo cuanto se podía saber).
 
Para desarrollar su labor docente y escrita le había dotado Dios de un fino espíritu de observación. Estudió las propiedades de los minerales y de las hierbas, montando en su convento lo que hoy llamaríamos un laboratorio de química. Estudió también las costumbres de los animales y las leyes de la naturaleza y del universo. Movilizó un equipo de ayudantes, hizo con ellos excursiones audaces y peligrosas a lugares difíciles, viajó mucho, gastando lo que pudo y más de lo que pudo, todo con el fin de robar sus secretos a la obra de la creación.
 
A la observación añadió la habilidad, y al laboratorio conventual de química sumó lo que llamaríamos gabinete de física y taller mecánico. Dice la leyenda que construyó una cabeza parlante, destruida a golpes por su discípulo Tomás de Aquino al creerla obra del demonio. La anécdota, que no es histórica, ilustra el espíritu positivo y práctico del Santo, que sí lo es. Por todo ello entre los elementos formadores del carácter alemán, sentimental, artista, práctico y exacto, cuenta Ozanam a los Nibelungos, al Parsifal, a la obra poética de Gualter de Vogelweide y a las obras de San Alberto Magno.
 
Su labor no terminó con el estudio de las criaturas. Además de naturalista era teólogo y santo. Precisamente para serlo se decidió en Padua a simultanear la Escritura con el Trívium y el Quatrívium y a frecuentar a la vez la Universidad y el convento de dominicos. No es extraño, pues, que, cuando se puso a escribir sus veinte volúmenes en folio, lo hiciera señalándose a sí mismo una meta clara: “Et intentiónem nostram in sciéntiis divínis finiémus” (Terminaremos todos hablando de las cosas de Dios). Y así, a la Summa de creatúris siguieron los Comentarios a las Sentencias, los Comentarios a la Biblia y una serie de opúsculos de muy subida espiritualidad. Nada tenía interés para él si no terminaba en Dios. De estudiante lo vimos ya piadoso y sobrenaturalizador de su vida estudiantil. Tomás de Cantimprano describe así su vida de maestro:
“Lo ví con mis ojos durante mucho tiempo, y observé cómo diariamente, terminada la cátedra, decía el Salterio de David y se entregaba con mucha dedicación a contemplar lo divino y a meditar”.

Predicación de San Alberto Magno
  
Se dijo más arriba que su paso por la vida no fue sólo el de un maestro y un escritor, fue también el de un gobernante. Metido en la barahúnda de la administración, se distinguió como árbitro, como pacificador, como reformador. Acaeció su muerte el 15 de noviembre de 1280, cuando tenía setenta y cuatro años. Le precedieron unos meses de obnubilación, como si esto fuera privilegio de los genios. También la sufrieron Tomás de Aquino, Newton y Galileo. En realidad la ciencia de aquí era nada para el conocimiento que con la muerte le iba a sobrevenir en la contemplación de Dios.
  
Quedan aquí señalados algunos de sus muchos merecimientos. Recordaremos otro singular. Alberto descubrió a Tomás de Aquino entre sus muchos alumnos de Colonia. Lo formó con mimo y con amor, porque adivinó las inmensas posibilidades de este napolitano. Luego influyó para que, joven aún, ocupara en París la cátedra más alta de la cristiandad. El Doctor Angélico murió antes que él. Algunos doctores parisinos quisieron proscribir sus doctrinas, y era preciso defenderlas. El Santo, ya viejo, cubre a pie las largas etapas que separan Colonia de París para defender a su discípulo. Su intervención fue eficaz y decisiva. La Iglesia y el mundo, que le deben mucho por lo que fue y por lo que hizo, le son deudores también en gran parte de lo que fue y de lo que hizo Santo Tomás.
  
EMILIO SAURAS, OP
   
MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA ACTIVA Y SOBRE LA VIDA CONTEMPLATIVA
I. Todos los fieles componen un cuerpo cuya cabeza es Jesucristo; es menester, pues, que los miembros tengan oficios diferentes. ¡Cuán dulce es no tener comercio con las creaturas y conversar sólo con Dios! Es hacer en la tierra lo que los Ángeles y los santos hacen en el cielo. Si nuestra alma no busca ni ama sino a su Creador, en quien encuentra encantos infinitos, las creaturas no ejercen ya atractivo sobre ella. Señor, atraed mi alma a Vos, desembarazadme de tantos inútiles cuidados que me impiden platicar con Vos.
 
II. La caridad, la obediencia y tu posición no te permiten llevar una vida puramente contemplativa con Magdalena, es preciso vivir una vida activa con Marta. Tienes más ocasiones de caer en los lazos del demonio, manténte, pues, en guardia. No imites a los malos con los cuales vives; conviértelos si puedes. Entre las creaturas, conserva la unión de tu corazón con Dios. Realiza, a imitación de los santos, obras de misericordia; alivia a tu prójimo por amor a Jesucristo, considéralo en la persona de aquéllos con quienes estás en relación; entonces les prestarás todos los buenos oficios, sin esfuerzo y sin peligro para ti; las creaturas elevarán tu corazón a Dios.
 
III. Une los ejercicios de la vida contemplativa con las ocupaciones de la vida activa, de modo que la una no impida a la otra. Cumple todos los deberes de cortesía y de caridad que los compromisos del mundo te imponen, Dios lo quiere; pero evita todas las conversaciones inútiles, y administra tu tiempo de manera que te quede el suficiente para conversar con Dios. Es la vida que Jesucristo llevó en la tierra. ¡ Ay! ¿qué hacen los cristianos? ¡Dan a los negocios del mundo todas las horas del día, y no reservan ni un momento para pensar en Dios y en su salvación! “Nos traicionamos a nosotros mismos entregándonos por entero a lo que no puede seguirnos a la otra vida”. (San Juan Crisóstomo).

La práctica de las buenas obras. Orad por los profesores de teología.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que hicisteis grande al bienaventurado Alberto, vuestro pontífice y doctor, en la sumisión de la sabiduría humana a la fe divina, concedednos que nos adhiramos a su enseñanza y gocemos así en el cielo de la luz perfecta. Por J. C. N. S. Amén