Elementos tomados de TRADITION IN ACTION y otras fuentes.
Veintiún años antes de la histórica visita de Juan Pablo II Wojtyła a la Sinagoga de Roma el 13 de Abril de 1986, el obispo Fulton Sheen (cuya “beatificación” tendrá lugar el próximo 24 de Septiembre en ceremonia presidida por el cardenal Luis Antonio “Chito llora mucho” Tagle y Gokim) visitó la sinagoga judía de su diócesis de Rochester, siendo el primero en hacerlo en Estados Unidos (y puede que en otros lugares). Su objetivo, según declaró a menudo, era ser el “obispo modelo” del Concilio Vaticano II.
En su edición del 3 de febrero de 1967, el diario diocesano The Catholic Courier Journal (fotocopia abajo; original aquí) muestra con orgullo en su portada al obispo Sheen de pie en un podio ante cerca de 2.500 personas en el Templo B’rith Kodesh, la sinagoga reformista más antigua y más grande del área de Rochester. Irónicamente, en el pie de foto se destaca que «el obispo Sheen fue el único que usó una kipá, el gorro judío tradicional, mientras hablaba el lunes por la noche. La costumbre de usar kipá no se observa generalmente en las sinagogas judías liberales».
El obispo Sheen entró en la sinagoga «por primera vez en su vida», según informa el periódico, «para alabar al pueblo judío por sus obras de misericordia para con los pobres» y asegurarles que «el Dios de Abraham, Isaac y Jacob era también el Dios de los cristianos», dispuesto a ser padre de todo hombre «por débil que sea». Es decir, equipara esencialmente al Dios de los hebreos con la Santísima Trinidad, lo cual es un error flagrante y una ofensa pública contra la doctrina católica.
Posterior a la visita, el presidente del Consejo Comunitario judío local Leon H. Sturman y el rabino Herbert Bronstein le dieron como recuerdo una januquía, el candelabro de ocho brazos que usan para el Jánuca , una fiesta totalmente diferente a la Dedicación y Purificación del Templo celebrada en tiempos de Jesús y donde los judíos piden por el fin del cristianismo.
Quienes comprenden el significado de las cosas no tardaron en darse cuenta de la importancia de la visita del obispo Sheen a esa sinagoga como un gesto conciliador de aceptación de la religión judía, a pesar de que los judíos nunca han dejado de conspirar contra la fe católica y perseguir a sus miembros.
El New Jersey Jewish News también informó sobre la reunión en su edición del 3 de marzo de 1967 (véase más abajo). El artículo calificaba a los dos grupos de «revolucionarios, advenedizos inquietos y catalizadores agitados que perturban los moldes y las filosofías de este mundo».
En efecto, el obispo estaba realizando un gesto revolucionario, negando 2000 años de enseñanza católica respecto a los errores de la religión judía.
Al año siguiente, Sheen recibió un premio a la hermandad de manos de la Federación Norteamericana de Hermandades de Templos (actual Hombres del Judaísmo Reformista) en la sinagoga reformista Monte Nebo de Manhattan (Nueva York) el 2 de Febrero de 1968. En la foto, el obispo es flanqueado por el rabino Philip Hiat Plisner y el cantor Albert Lawrence Sturmer Tishler aparece levantando el cáliz.
Como informó el boletín de prensa de la Agencia Telegráfica Judía, El premio, un pergamino iluminado con palomas de la paz escritas con caracteres del siglo XIV, se abría con una inscripción del Salmo 133: «¡Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!». El obispo Sheen recibió el premio del Dr. Edward Jacobs, presidente de la Conferencia Metropolitana de la Federación Nacional de Hermandades del Templo, y elogió los recientes avances en el ecumenismo dentro del cristianismo. Hizo hincapié en el creciente acercamiento entre judíos y cristianos. El rabino Philip Hiat, líder espiritual de la congregación, recalcó que «con todas nuestras supuestas diferencias, existen numerosos objetivos y metas hacia los que ambas religiones pueden trabajar juntas en perfecta armonía».
Pero Sheen no solo se mostró cercano con los judíos. También lo fue con los herejes protestantes. Siete meses después, el 13 de Septiembre de 1968, a invitación del obispo Sheen, Marvin Chandler Evans, director ejecutivo asociado protestante del Consejo de Iglesias del Área de Rochester y fundador de la primera asociación ecuménica afroamericana del país, predicó desde el púlpito de la catedral del Sagrado Corazón en las seis misas dominicales.
A continuación, véase el artículo del periódico diocesano The Courier Journal del 13 de septiembre de 1968, pág. 7. Clic aquí para ver la página completa.
Cuatro meses después, en Enero de 1969, el obispo Sheen habló en el servicio ecuménico dominical de la 3.ª Iglesia Presbiteriana de Rochester ante una audiencia de 1000 personas. Como en las otras veces, el diario diocesano Courier Journal del 31 de Enero de 1969, pág. 7 informó del evento (Clic aquí para ver la página completa).
El servicio al que Sheen asistía conmemoraba el cierre de la Semana de Oración por la Unidad Cristiana (la versión deuterovaticana del Octavario de la Unidad de la Cátedra).
En su discurso, el obispo enfatizó los lazos de unidad que unen a todos los creyentes: católicos y protestantes.
Refiriéndose a la persona de Cristo, el obispo Sheen dijo a la congregación protestante encabezada por su pastor Conrad Harry Massa Lepold (quien fue nombrado por Sheen como profesor de Homilética en el seminario diocesano de San Bernardo —junto al bautista William Stuart Nelson Kersands, profesor asociado de la Escuela de Teología Colgate de Rochester, quien se encargaría del entrenamiento de campo en ecumenismo—): «Vosotros lo amáis profundamente… Tenemos diferencias al expresar la verdad, pero estas son solo pequeñas disputas entre amantes. Se trata de disputas de gran intensidad, pero solo cambian las palabras. Las expresiones son las mismas». También insistió en que la comprensión de la cruz entre católicos y presbiterianos era la misma y unía a todos los amigos del Señor. «La enemistad causada por enfatizar las diferencias», afirmó, «ha dado como resultado una comunidad del mal, que nos obliga a unirnos hoy para salvar el cristianismo».
Al final de este artículo, el Courier Journal informa cómo el obispo Sheen estuvo ocupado realizando otras “primeras veces” ecuménicas durante sus dos primeros años en Rochester (1967-1968): Sheen se dirigió a un servicio vespertino de Cuaresma en la Primera Iglesia Metodista de Asbury, habló en una reunión del Sínodo Luterano en la iglesia luterana de la Reforma y dio una charla en la Iglesia Presbiteriana de Bethany un domingo por la tarde. También dio la bendición final en un servicio ecuménico en la Catedral de la Iglesia Episcopal de Cristo.
Antes del Concilio Vaticano II, ningún prelado católico iría a templos protestantes para dirigirse a la audiencia con palabras amistosas, y mucho menos un obispo invitaría a un ministro a hablar a una congregación católica como si tuvieran el mismo derecho a presentar sus “verdades” erróneas.
Lamentablemente, la premisa subyacente al conjunto de acciones y sermones del obispo Sheen (tenido como referente de ortodoxia por neoconservadores y pseudotradicionalistas cuando era modernista como el que más) a los protestantes es precisamente que todas las religiones —al menos todas las presentes en esos servicios— pueden conducir a la salvación eterna, lo cual es una herejía que contradice el dogma de que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación, por más que se diga morir por Cristo o hacer buenas obras en Su Nombre. Quizá tengan mérito ante Dios, pero ante la Iglesia, NO.





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