jueves, 15 de enero de 2015

BULA “Cantáte Dómino”, CONFIRMANDO LOS DOGMAS Y LA DISCIPLINA CATÓLICA; Y REITERA LOS ANATEMAS A LOS HEREJES

En el Concilio de Florencia convocado por el Papa Eugenio IV, concurrieron delegados de las iglesias orientales (griegos, armenios, sirios y maronitas). Después que los delegados griegos partieron a Constantinopla, vinieron en 1441 dos delegaciones, una encabezada por el monje copto Andrés, abad del monasterio de San Antonio en Egipto; la otra por Pedro Diácono y Nicodemo, abad del monasterio etíope de Jerusalén. Cada delegación venía con un objetivo particular: Andrés había sido enviado por el patriarca Juan XI de Alejandría buscando reconocimiento del Papa de Roma frente al emperador Zara Jacob (en geʽez ዘርዐ፡ያዕቆብ, Simiente de Jacob; reinó entre 1434 y 1468 con el nombre de Constantino) de Etiopía y ante el sultán mameluco de Egipto Sayf ad-Din Jaqmaq, que tantas vejaciones había hecho a los coptos. Pedro Diácono y Nicodemo, por su parte, propugnaban la defensa de las costumbres etíopes frente al patriarca de Alejandría (es de advertir que entonces, había una disputa teológica por la observancia del sábado junto al domingo, y otras normas del Antiguo Testamento, reintroducida por el monje etíope Eustaquio en el siglo XIII y que había sido condenada como herética por Alejandría. El emperador Zara Jacob se inclinaba hacia los monjes eustaquianos para consolidar su poder político y con miras a crear una Iglesia nacional independiente del patriarca de Alejandría –al que consideraba indigno por ser vasallo de los musulmanes–).
  
Después de varias reuniones entre los delegados coptos y etíopes con los padres del Concilio, suscribieron la Bula “Cantáte Dómino”, con la cual se firmó la unión de estos con la Iglesia Romana (aunque, posteriormente, tal unión no se logró –en Alejandría, el pueblo y los monjes se opusieron como hicieron los griegos; en en Etiopía, como la delegación no tenía autorización imperial, ningún acuerdo podía ser tenido como vinculante allá–). Sin embargo, esta Bula adquiere importancia también porque representa una codificación de los libros de la Sagrada Escritura, la reafirmación de la Doctrina Católica y la condena de las prácticas judías que aún estaban en existencia (por lo que indirectamente, representó un triunfo de Juan XI de Alejandría sobre la realeza compromisaria y el monacato de Etiopía).
   
El texto de la bula no es conocido en su totalidad, circulando versiones fragmentarias en español tomadas del Enquiridión de Denzinger (incluso la versión latina de este es un poco más completa, pero no cuenta con la historia del documento). Por esto, traemos acá por primera vez el texto completo de esta bula en español, basándonos en la traducción polaca; con anotaciones propias.
  
BULA “Cantáte Dómino”, DE UNIÓN DE LOS COPTOS Y DE LOS ETÍOPES
(14 de Febrero de 1442*)
   
Eugenio, Siervo de los siervos de Dios, para perpetua memoria.
   
«Cantad al Señor, porque ha hecho grandes obras; decid al mundo entero: Alegraos y alabad a Dios, habitantes de Sión, porque grande es en vosotros la santidad del Dios de Israel» [Isa. 12, 5-6]. En efecto, el Señor debe ser cantado y alabado por la Iglesia de Dios, porque la gloria y la grandeza son para su nombre, que el Dios misericordioso nos ha concedido en este día en su gracia. De hecho, debemos alabar a nuestro Señor y Salvador, darle gracias y bendecirlo en todo nuestro corazón, el que diariamente edifica su santa Iglesia, renovándola y engrandeciéndola.
  
Los dones [de Dios] para el pueblo cristiano son siempre numerosos, y [Dios] nos muestra un amor inmenso que brilla más que la luz. Y si miramos a través de nuestro corazón a lo que Él ha hecho en los últimos días con la noble obra de Dios, encontraremos que Sus dones y amor son mayores y más numerosos en el tiempo presente que los de las generaciones anteriores que han fallecido. He aquí que han pasado menos de tres años desde que, en este santo concilio ecuménico, nuestro Señor Jesucristo, en una obra plena e innegable de gracia y misericordia, estableció un entendimiento pacífico de las tres grandes comunidades, para alegría de todos los cristianos. Por tanto, todos los países del Oriente, que adoran el glorioso nombre de nuestro Señor Jesucristo, y no poca parte de las costas y del norte, que durante mucho tiempo había habido diferencias dentro de la Santa Iglesia Romana, estaban unidos por un vínculo de fe y caridad. A la Santa Sede se unieron en primer lugar los griegos, que están gobernados por cuatro sedes patriarcales, que abarcan muchos pueblos y lenguas; luego los armenios, que constituyen una nación numerosa; y ahora los coptos, que son una gran nación, que poseen el país copto [Egipto], y jacobitas en todos los lugares de residencia.
  
Hubo un acuerdo entre ellos, porque para nuestro Señor Jesucristo no hay nada más querido que el amor que une entre las personas por otra persona; ni hay cosa más gloriosa para el nombre del Señor. Nada hay más grande y más fecundo para la Santa Iglesia que el hecho de que los cristianos se conviertan en una sola comunidad a través de la pureza de la fe y el rechazo de todas las diferencias y contradicciones. Por tanto, todos debemos cantar y alabar al Señor Dios, que en su bondad nos ha hecho dignos de participar en [los acontecimientos] de nuestro tiempo, [lleno de] gloriosa gloria cristiana. Por eso, con gran alegría anunciamos estas grandes cosas en todos los lugares donde habitan los cristianos, para que seamos llenos de alegría y regocijo por la gloria de Dios y la exaltación de la Iglesia, y para unirnos a otros en toda esta alegría. Seamos todos una sola boca que alabe y glorifique el esplendor de Dios [Rom. 15, 6] así como aquello que es digno de Su gloria, y démosle gracias; porque Su gracia es en nuestra generación lo que Él ha dado a la Santa Iglesia como un regalo.
  
Queremos recompensar a aquellos que muestran dedicación y amor en los asuntos de Dios con la misma gloria y acción de gracias, tanto de Dios como de las personas. Por eso, nos es evidente que nuestro noble hermano Juan, Patriarca de los jacobitas**, y todo su pueblo deben ser agradecidos y honrados por nosotros y por toda la Santa Iglesia, en toda su eternidad y gloria de todos los cristianos, como un hombre fervientemente devoto a este sagrado entendimiento. Él fue a quien nos acercamos a través de nuestro enviado (Alberto de Sarteano OFM), pidiéndole que nos envíe a nosotros y al santo concilio su mensaje [confirmando] que él y su pueblo acuerdan [profesar] una sola fe, la de la Santa Iglesia Romana. Por tanto nos envió a nosotros y al santo concilio al amado hijo Andrés, un copto, superior del monasterio de nuestro santo padre Antonio en Egipto. Se dice que este santo vivió y murió en este monasterio. El mencionado Andrés fue un hombre muy respetado por su misión religiosa, entregado a la fe y al amor. El Patriarca le instruyó y ordenó que aceptara obedientemente, en su nombre y en el de toda la comunidad jacobita, todas las enseñanzas y decretos de fe que la Santa Iglesia Romana observa y predica; [ordenó] a Andrés que trajera todas estas enseñanzas y decretos al Patriarca y a su pueblo jacobita, para que pudieran entender estas enseñanzas y doctrina, para que se convirtiera en una verdad establecida entre ellos, predicada en todo el país.
  
Por lo tanto, siguiendo la voz del Señor para apacentar las ovejas de Cristo [Cf. Jn. 21, 17], hicimos que los sabios y grandes hombres de este santo concilio examinaran cuidadosamente al Abad Andrés en todos los artículos de fe, sacramentos y bendiciones de la Iglesia, y todo lo que [sirve para] la salvación de las almas. Sólo cuando hubimos transmitido al dicho Andrés la fe de la Santa Iglesia Romana en la medida que nos pareció necesaria, y dicho Andrés recibió todo esto con obediencia y humildad, le dimos, escrito en esta reunión en el nombre del Señor, en este bendito día, en este santo concilio, todas estas enseñanzas verdaderas, salvadoras, útiles y eternas; y todas fueron establecidas y decretadas en el santo Concilio Ecuménico de Florencia.
  
La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica a un solo verdadero Dios omnipotente, inmutable y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, uno en esencia y trino en personas: el Padre ingénito, el Hijo engendrado del Padre, el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo. Que el Padre no es el Hijo o el Espíritu Santo; el Hijo no es el Padre o el Espíritu Santo; el Espíritu Santo no es el Padre o el Hijo; sino que el Padre es solamente Padre, y el Hijo solamente Hijo, y el Espíritu Santo solamente Espíritu Santo. Solo el Padre engendró de su sustancia al Hijo, el Hijo solo del Padre solo fue engendrado, el Espíritu Santo solo procede juntamente del Padre y del Hijo. Estas tres personas son un solo Dios, y no tres dioses; porque las tres tienen una sola sustancia, una sola esencia, una sola naturaleza, una sola divinidad, una sola inmensidad, una eternidad, y todo es uno, donde no obsta la oposición de relación [1].
   
Por razón de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo. Ninguno precede a otro en eternidad, o le excede en grandeza, o le sobrepuja en potestad. Eterno, en efecto, y sin comienzo es que el Hijo exista del Padre; y eterno y sin comienzo es que el Espíritu Santo proceda del Padre y del Hijo [2]. El Padre, cuanto es o tiene, no lo tiene de otro, sino de si mismo; y es principio sin principio. El Hijo, cuanto es o tiene, lo tiene del Padre, y es principio de principio. El Espíritu Santo, cuanto es o tiene, lo tiene juntamente del Padre y del Hijo. Mas el Padre y el Hijo no son dos principios del Espíritu Santo, sino un solo principio: Como el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo no son tres principios de la creación, sino un solo principio.
  
A cuantos, consiguientemente, sienten de modo diverso y contrario, los condena, reprueba y anatematiza, y proclama que son ajenos al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. De ahí condena a Sabelio, que confunde las personas y suprime totalmente la distinción real de las mismas. Condena a los arrianos, eunomianos y macedonianos, que dicen que sólo el Padre es Dios verdadero y ponen al Hijo y al Espíritu Santo en el orden de las criaturas. Condena también a cualesquiera otros que pongan grados o desigualdad en la Trinidad.
  
Firmísimamente cree, profesa y predica que el solo Dios verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es el creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles; el cual, en el momento que quiso, creó por su bondad todas las criaturas, lo mismo las espirituales que las corporales; buenas, ciertamente, por haber sido hechas por el sumo bien, pero mudables, porque fueron hechas de la nada; y afirma que no hay naturaleza alguna del mal, porque toda naturaleza, en cuanto es naturaleza, es buena. Profesa que uno solo y mismo Dios es autor del Antiguo y Nuevo Testamento, es decir, de la ley, de los profetas y del Evangelio, porque por inspiración del mismo Espíritu Santo han hablado los Santos de uno y otro Testamento. Los libros que ella recibe y venera, se contienen en los siguientes títulos:
 
Cinco libros de Moisés; a saber: el Génesis, el Exodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio; el de Josué, el de los Jueces, el de Rut, cuatro de los Reyes, dos de los Paralipómenos, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester, Job, los Salmos de David, las Parábolas, el Eclesiastés, Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, Baruc, Ezequiel, Daniel, Doce Profetas menores, a saber: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías; y dos de los Macabeos; cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; catorce Epístolas del Apóstol Pablo: a los Romanos, 2 a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, dos a los Tesalonicenses, dos a Timoteo, a Tito, a Filemón, a los Hebreos; dos del Apóstol Pedro, tres del Apóstol Juan, una del Apóstol Santiago, una del Apóstol Judas; los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis de Juan.
     
Además, anatematiza la insania de los maniqueos, que pusieron dos primeros principios, uno de lo visible, otro de lo invisible, y dijeron ser uno el Dios del Nuevo Testamento y otro el del Antiguo.
    
Firmemente cree, profesa y predica que una persona de la Trinidad, verdadero Dios, Hijo de Dios, engendrado del Padre, consustancial y coeterno con el Padre, en la plenitud del tiempo que dispuso la alteza inescrutable del divino consejo, por la salvación del género humano, tomó del seno inmaculado de María Virgen la verdadera e integra naturaleza del hombre y se la unió consigo en unidad de persona con tan intima unidad, que cuanto allí hay de Dios, no está separado del hombre; y cuanto hay de hombre, no está dividido de la divinidad; y es un solo y mismo indiviso, permaneciendo una y otra naturaleza en sus propiedades, Dios y hombre, Hijo de Dios e Hijo del hombre, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad [Símbolo de San Atanasio], inmortal y eterno por la naturaleza divina, pasible y temporal por la condición de la humanidad asumida.
  
Firmemente cree, profesa y predica que el Hijo de Dios en la humanidad que asumió de la Virgen nació verdaderamente, sufrió verdaderamente, murió y fue sepultado verdaderamente, resucitó verdaderamente de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre y ha de venir al fin de los siglos para juzgar a los vivos y a los muertos.
  
Anatematiza, empero, detesta y condena toda herejía que sienta lo contrario. Y en primer lugar, condena a Ebión, Cerinto, Marción, Pablo de Samosata, Fotino, y cuantos de modo semejante blasfeman, quienes no pudiendo entender la unión personal de la humanidad con el Verbo, negaron que nuestro Señor Jesucristo sea verdadero Dios, confesándole por puro hombre que, por participación mayor de la gracia divina, que había recibido, por merecimiento de su vida más santa, se llamaría hombre divino. 
   
Anatematiza también a Maniqueo con sus secuaces, que con sus sueños de que el Hijo de Dios no había asumido cuerpo verdadero, sino fantástico, destruyeron completamente la verdad de la humanidad en Cristo; así como a Valentín, que afirma que el Hijo de Dios nada tomó de la Virgen Madre, sino que asumió un cuerpo celeste y pasó por el seno de la Virgen, como el agua fluye y corre por un acueducto. A Arrio también que, afirmando que el cuerpo tomado de la Virgen careció de alma, quiso que la divinidad ocupara el lugar del alma. También a Apolinar quien, entendiendo que, si se niega en Cristo el alma que informe al cuerpo, no hay en Él verdadera humanidad, puso sólo el alma sensitiva, pero la divinidad del Verbo hizo las veces de alma racional. 
   
Anatematiza también a Teodoro de Mopsuesta y a Nestorio, que afirman que la humanidad se unió al Hijo de Dios por gracia, y que por eso hay dos personas en Cristo, como confiesan haber dos naturalezas, por no ser capaces de entender que la unión de la humanidad con el Verbo fue hipostática, y por eso negaron que recibiera la subsistencia del Verbo. Porque, según esta blasfemia, el Verbo no se hizo carne, sino que el Verbo, por gracia, habitó en la carne; esto es, que el Hijo de Dios no se hizo hombre, sino que más bien el Hijo de Dios habitó en el hombre.
   
Anatematiza también, execra y condena al archimandrita Eutiques, quien, entendiendo que, según la blasfemia de Nestorio, quedaba excluida la verdad de la encarnación, y que era menester, por ende, de tal modo estuviera unida la humanidad al Verbo de Dios que hubiera una sola y la misma persona de la divinidad y de la humanidad, y no pudiendo entender cómo se dé la unidad de persona subsistiendo la pluralidad de naturalezas; como puso una sola persona de la divinidad y de la humanidad en Cristo, así afirmó que no hay más que una sola naturaleza, queriendo que antes de la unión hubiera dualidad de naturalezas, pero en la asunción pasó a una sola naturaleza, concediendo con máxima blasfemia e impiedad o que la humanidad se convirtió en la divinidad o la divinidad en la humanidad. 
   
Anatematiza también, execra y condena a Macario de Antioquía, y a todos los que a su semejanza sienten, quien, si bien sintió con verdad acerca de la dualidad de naturalezas y unidad de personas; erró, sin embargo, enormemente acerca de las operaciones de Cristo, diciendo que en Cristo fue una sola la operación y voluntad de una y otra naturaleza. 

A todos éstos con sus herejías, los anatematiza la sacrosanta Iglesia Romana, afirmando que en Cristo hay dos voluntades y dos operaciones.
    
Firmemente cree, profesa y enseña que nadie concebido de hombre y de mujer fue jamás librado del dominio del diablo sino por merecimiento del que es mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Señor nuestro; quien, concebido sin pecado, nacido y muerto al borrar nuestros pecados, Él solo por su muerte derribó al enemigo del género humano y abrió la entrada del reino celeste, que el primer hombre por su propio pecado con toda su sucesión había perdido; y a quien de antemano todas las instituciones sagradas, sacrificios, sacramentos y ceremonias del Antiguo Testamento señalaron como al que un día había de venir.
   
Firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituidas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, y empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento. Y que mortalmente peca quienquiera ponga en las observancias legales su esperanza después de la pasión, y se someta a ellas, como necesarias a la salvación, como si la fe de Cristo no pudiera salvarnos sin ellas. No niega, sin embargo, que desde la pasión de Cristo hasta la promulgación del Evangelio, no pudiesen guardarse, a condición, sin embargo, de que no se creyesen en modo alguno necesarias para la salvación; pero después de promulgado el Evangelio, afirma que, sin pérdida de la salvación eterna, no pueden guardarse. Denuncia consiguientemente como ajenos a la fe de Cristo a todos los que, después de aquel tiempo, observan la circuncisión y el sábado y guardan las demás prescripciones legales y que en modo alguno pueden ser partícipes de la salvación eterna, a no ser que un día se arrepientan de esos errores. Manda, pues, absolutamente a todos los que se glorían del nombre cristiano que han de cesar de la circuncisión en cualquier tiempo, antes o después del bautismo, porque ora se ponga en ella la esperanza, ora no, no puede en absoluto observarse sin pérdida de la salvación eterna.
   
En cuanto a los niños advierte que, por razón del peligro de muerte, que con frecuencia puede acontecerles, como quiera que no puede socorrérseles con otro remedio que con el Bautismo, por el que son librados del dominio del diablo y adoptados por hijos de Dios, no ha de diferirse el sagrado Bautismo por espacio de cuarenta o de ochenta días o por otro tiempo según la observancia de algunos, sino que ha de conferírseles tan pronto como pueda hacerse cómodamente; de modo, sin embargo, que si el peligro de muerte es inminente han de ser bautizados sin dilación alguna, aun por un laico o mujer, si falta sacerdote, en la forma de la Iglesia, según más ampliamente se contiene en el decreto para los armenios [3].
  
Firmemente cree, profesa y predica que toda criatura de Dios es buena y nada ha de rechazarse de cuanto se toma con la acción de gracias [1 Tim. 4, 4], porque según la palabra del Señor, no lo que entra en la boca mancha al hombre [Matth. 15, ll], y que aquella distinción de la Ley Mosaica entre manjares limpios e inmundos pertenece a un ceremonial que ha pasado y perdido su eficacia al surgir el Evangelio. Dice también que aquella prohibición de los Apóstoles, de abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre y de lo ahogado [Act. 15, 29], fue conveniente para aquel tiempo en que iba surgiendo la única Iglesia de entre judíos y gentiles que vivían antes con diversas ceremonias y costumbres, a fin de que junto con los judíos observaran también los gentiles algo en común y, a par que se daba ocasión para reunirse en un solo culto de Dios y en una sola fe, se quitara toda materia de disensión; porque a los judíos, por su antigua costumbre, la sangre y lo ahogado les parecían cosas abominables, y por la comida de lo inmolado podían pensar que los gentiles volverían a la idolatría. Mas cuando tanto se propagó la religión cristiana que ya no aparecía en ella ningún judío carnal, sino que todos, al pasar a la Iglesia, convenían en los mismos ritos y ceremonias del Evangelio, creyendo que todo es limpio para los limpios [Tit. 1, 15]; al cesar la causa de aquella prohibición apostólica, cesó también su efecto. Así, pues, proclama que no ha de condenarse especie alguna de alimento que la sociedad humana admita; ni ha de hacer nadie, varón o mujer, distinción alguna entre los animales, cualquiera que sea el género de muerte con que mueran, si bien para salud del cuerpo, para ejercicio de la virtud, por disciplina regular y eclesiástica, puedan y deban dejarse muchos que no están negados, porque, según el Apóstol, todo es licito, pero no todo es conveniente [1 Cor. 6, 12; 10, 22].
  
Firmemente cree, profesa y predica que NADIE QUE NO ESTÉ DENTRO DE LA IGLESIA CATÓLICA, NO SÓLO PAGANOS, SINO TAMBIÉN JUDÍOS O HEREJES Y CISMÁTICOS, PUEDE HACERSE PARTICIPE DE LA VIDA ETERNA, SINO QUE IRÁ AL FUEGO ETERNO QUE ESTÁ APAREJADO PARA EL DIABLO Y SUS ÁNGELES [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los Sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y QUE NADIE, POR MÁS LIMOSNAS QUE HICIERE, AUN CUANDO DERRAMARE SU SANGRE POR EL NOMBRE DE CRISTO, PUEDE SALVARSE, SI NO PERMANECIERE EN EL SENO Y UNIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA [4]. 
  
La Santa Iglesia aprueba, glorifica y encomia el primer Santo Concilio de Nicea, al que asistieron trescientos dieciocho santos padres. Se reunió en tiempo de nuestro predecesor, el bienaventurado y santo Silvestre, Papa de Roma, durante el reinado de San Constantino el Grande, amado en Cristo. El hereje Arrio y todos los que creían en él y en las herejías que había escrito fueron condenados en él. Se afirma que Jesucristo es el Hijo de Dios, consustancial y coeterno al Padre.
  
Asimismo, la Santa Iglesia aprueba, glorifica, acepta y recomienda el Santo Concilio de Constantinopla, donde se han reunido ciento cincuenta Padres. Fueron reunidos en tiempos de Dámaso, el papa romano, nuestro predecesor, en el reinado de San Teodosio, el primero de ese nombre. El mismo Concilio rechazó la apostasía de Macedonio, el hereje que afirmaba que el Espíritu Santo no era Dios sino una criatura.
   
Todo lo que esos padres condenaron, la Santa Iglesia lo condena, y todo lo que ellos aprobaron, la Iglesia lo aprueba. Todos los asuntos que en ella han sido aceptados, la Iglesia los aprueba y quiere que sean aprobados sin objeciones y diferencias.
   
Asimismo, la Santa Iglesia aprueba y glorifica el primer santo concilio que se reunió en Éfeso. A esta asamblea asistieron doscientos padres, y fue el tercero de todos los concilios. Se reunió en tiempo de Celestino, el Romano Pontífice, nuestro predecesor, y el santo Teodosio, el segundo de ese nombre. En este Concilio se anatematizó la apostasía de Nestorio y se confirmó que nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre en una sola Persona, y no en dos. También debe proclamarse en toda la Iglesia que la bienaventurada María siempre Virgen es Christótokos, pero también Theótokos, lo que significa que ella no es sólo la madre del hombre, sino la madre de Cristo Dios, porque Cristo, a quien María dio a luz, no es sólo hombre, sino Dios, el Hijo de Dios, Dios.
 
La Santa Iglesia excomulga y rechaza el herético Segundo Concilio de Éfeso, que se reunió en tiempos del Bienaventurado San León, nuestro antecesor, el Romano Pontífice, durante el reinado del mencionado Teodosio II. Fue entonces cuando Dióscoro, obispo de Alejandría, con promesas y amenazas, destruyó este maldito concilio. La Santa Iglesia excomulga a [Dioscoro] porque habló en nombre del principal hereje Eutiques, que era apóstata y enemigo del santo Flavio, Patriarca de Constantinopla. Este mismo Dioscoro quería que se aprobara la herejía de Eutiques.

La Santa Iglesia aprueba, glorifica y recomienda el santo Concilio de Calcedonia, el cuarto en el orden de todos los concilios, en el que se reunieron seiscientos treinta padres. Este concilio se reunió en tiempos del Bienaventurado San León, nuestro predecesor, Papa de Roma, durante el reinado del Emperador Marciano. La herejía de Eutiques y todos los que la siguen fueron condenados allí, incluido Dióscoro, defensor de Eutiques; dos herejes fueron así excomulgados. Se ha confirmado [también] que nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y en una sola Persona tiene naturaleza divina y humana, lo que significa que hay en él dos naturalezas plenas, puras, que no se interpenetran mutuamente. Cada una de estas naturalezas corresponde a lo que le es propio, es decir, la naturaleza humana hace cosas relacionadas con la humanidad, y la naturaleza divina hace lo que lo que se relaciona con la divinidad. A todos los que en ella fueron condenados, la Santa Iglesia condena y confirma su excomunión. Todo lo que él ha aceptado, la Santa Iglesia lo considera justo.
  
La Santa Iglesia también aprueba, glorifica y encomia el quinto santo concilio, que fue el segundo en Constantinopla y se reunió en tiempos de Vigilio, el Romano Pontífice, nuestro predecesor, bajo el reinado del emperador Justiniano. Renovó las conclusiones del santo Concilio de Calcedonia de que hay dos naturalezas y una sola persona en Cristo. Numerosas herejías de Orígenes y sus seguidores también fueron condenadas, especialmente aquella en la que dice que los demonios y otras almas condenadas en el infierno algún día se arrepentirán de sus pecados y serán salvados de los tormentos del infierno.
   
La Santa Iglesia también aprueba, glorifica y recomienda el tercer Concilio de Constantinopla, en el que se reunieron ciento cincuenta padres, y este es el sexto del número [total] de concilios. La asamblea tuvo lugar en los días del Bienaventurado Agatón, nuestro predecesor de Roma, en la época del Emperador Constantino, cuarto de ese nombre. Allí se condenó la herejía de Macario de Antioquía y sus seguidores. [También] se confirma que nuestro Señor Jesucristo tiene dos verdaderas naturalezas plenas, dos voluntades y dos deseos, pero Él tiene una sola Persona, Dios y Hombre. Esta Persona está relacionada con las voliciones de ambas naturalezas; la divinidad hace cosas que pertenecen a Dios, y la humanidad hace cosas que pertenecen al hombre.
  
La Iglesia también aprueba, glorifica y encomia a todos los demás concilios ecuménicos que se han reunido de acuerdo con el llamado del Romano Pontífice y obtenido legítima confirmación y aprobación; especialmente ese sagrado Concilio de Florencia, que cumplió todas las cosas y se convirtió en el sagrado acuerdo de griegos y armenios con la Iglesia de Roma. Se hicieron muchas disposiciones saludables entre las dos partes, registradas en el famoso decreto, y concernientes a las partes mencionadas en su totalidad. Estos protocolos cubren asuntos similares en contenido, que comienzan así: “Læténtur Cœli” y “Exsultáte Deo”.
  
Mas como en el antes citado Decreto para los armenios no fue explicada la forma de las palabras de que la Iglesia Romana, fundada en la autoridad y doctrina de los Apóstoles, acostumbró a usar siempre en la consagración del cuerpo y de la sangre del Señor, hemos creído conveniente insertarla en el presente. En la consagración del cuerpo, usa de esta forma de palabras: “Este es mi cuerpo”; y en la de la sangre: “Porque éste es el cáliz de mi sangre, del nuevo y eterno testamento, misterio de fe, que por vosotros y por muchos será derramada en remisión de los pecados” [Matth, 26, 28; Marc. 14, 18; Luc. 22, 10; 1 Cor. 11, 25]. En cuanto al pan de trigo en que se consagra el sacramento, nada absolutamente importa que se haya cocido el mismo día o antes; porque mientras permanezca la sustancia del pan, en modo alguno ha de dudarse que, después de las citadas palabras de la consagración del cuerpo pronunciadas por el sacerdote con intención de consagrar, inmediatamente se transustancia en el verdadero cuerpo de Cristo.
  
Porque se dice que algunos rechazan como condenados los cuartos matrimonios, para que no se piense que hay pecado donde no lo hay, ya que según el Apóstol la mujer está libre de la ley del marido muerto, y tiene la capacidad en el Señor casarse con quien ella quiera [cf. Rm 7, 3; 1 Cor 7, 39], y no debe distinguir entre la primera, la segunda o la tercera muerte, declaramos que no sólo la segunda y la tercera, sino también la cuarta y las siguientes pueden contraerse lícitamente, si no hay impedimento canónico. Decimos, sin embargo, que es más loable si continúan en la castidad, absteniéndose del matrimonio, porque, como la virginidad es a la viudez, así consideramos que es preferible la viudez casta al matrimonio con alabanza y mérito.

Todos los asuntos [anteriores] registrados en este decreto, el abad Andrés, en nombre del patriarca y en nombre de todos los coptos, aceptó con obediencia y humildad [todo] este saludable decreto del Santo Concilio, con los capítulos, comentarios, seguridades escritas en él, directrices, tradiciones y enseñanzas, así como todo lo que la Santa Sede Católica y la Santa Iglesia Romana creen y enseñan. También los sabios y santos padres, a quienes la Iglesia Romana aprueba, el dicho Andrés acepta con toda obediencia; y todos los hombres y todas las opiniones que la misma Iglesia de Roma excomulga y rechaza, ella [también] actúa contra ellos como condenados y rechazados. Como un verdadero hijo, expresa obediencia en nombre del [mencionado] Patriarca y [asegura] que siempre y para siempre creerá en todos los preceptos e indicaciones de la Santa Sede Católica.
  
Dado en la solemne sesión pública sinodal en Florencia, en la iglesia de Santa Maria Novella, donde ahora residimos, el 4 de Febrero de 1441, desde la Encarnación del Señor, en el undécimo año de nuestro pontificado. EUGENIO IV, PAPA.
     
NOTAS
* Año 1442 en el calendario romano, donde el año comienza el 1 de Enero (de ahí que se le conociese como “Estilo de la Circuncisión”). En el calendario florentino, el año comenzaba el 25 de Marzo (“Estilo de la Encarnación”, usado también en Siena, Inglaterra y Escocia), por lo que la bula está datada en 1441.
** Juan XI es llamado “Patriarca Jacobita” [= siríaco] por su legado Andrés para magnificar el poder de aquel frente a la delegación etíope, y borrar las disensiones existentes en la iglesia de Alejandría. Aunque igualmente, los coptos y los siríacos profesaban el miafisismo, que afirma que en la persona de Jesucristo existe una única naturaleza, producto de la unión de la naturaleza humana y divina (contrario al Concilio de Calcedonia, que definió que en la persona de Jesucristo hay dos naturalezas distintas). El nombre “jacobita” deriva de Jacobo Baradeo (en siríaco ܝܰܥܩܽܘܒ ܒܽܘܪܕܥܳܢܳܐ/Yaqub Burd’ono, Santiago el Harapiento), obispo de Edesa que preservó a la iglesia siríaca frente a la persecución bizantina.
[1] En el Concilio de Florencia, Juan, teólogo de los latinos, atestiguó: «según los doctores griegos y latinos, sólo la relación es la que multiplica, las personas en las producciones divinas, y se llama relación de origen, a la que miran sólo dos cosas: de quién uno, y quién de otro» [Hrd IX, 203]. De modo semejante, el doctísimo Card. Bessarión, teólogo de los griegos y arzobispo de Nicea, profesó en el mismo Concilio: «Nadie ignora que los nombres personales de la Trinidad son relativos» [Hrd IX 339]. Cf. San Anselmo, De la procedencia del Espíritu Santo, 2 [Migne, Patrología Latína 158, col. 288].
[2] Cf. San Fulgencio de Ruspe, Tratado sobre la Fe, a Pedro, cap. I, IV [Migne, Patrología Latína 65, col. 674]
[3] «El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo Bautismo, que es la puerta de la vida espiritual, pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. […] La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural, y lo mismo da que sea caliente o fría. Y la forma es: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. […] El ministro de este sacramento es el sacerdote, a quien de oficio compete bautizar. Pero, en caso de necesidad, no sólo puede bautizar el sacerdote o el diácono, sino también un laico y una mujer y hasta un pagano y hereje, con tal de que guarde la forma de la Iglesia y tenga intención de hacer lo que hace la Iglesia. El efecto de este sacramento es la remisión de toda culpa original y actual, y también de toda la pena que por la culpa misma se debe. Por eso no ha de imponerse a los bautizados satisfacción alguna por los pecados pasados, sino que, si mueren antes de cometer alguna culpa, llegan inmediatamente al reino de los cielos y a la visión de Dios». (Bula “Exsultáte Deo”, 22 de Noviembre de 1439).
[4] Cf. San Fulgencio de Ruspe, Tratado sobre la Fe, a Pedro, cap. XXXVII ss, LXXVIII ss [Migne, Patrología Latína 65, col. 703 ss].

FRANCISCO VISTIENDO UNA PRENDA BUDISTA

Hace dos días Francisco Bergoglio está en la República Democrática Socialista de Sri Lanka, isla ubicada en el Golfo de Bengala que cuenta con más de 20 millones de habitantes, del cual el 7 por 100 de la población es cristiana. El motivo del viaje, según él, era “contribuir a la reconciliación de la isla”, luego de 30 años de guerra civil entre el gobierno (de etnia cingalesa) y los Tigres de Liberación de Tamil.
  
Durante el encuentro interreligioso con las diferentes creencias del país (budistas, hinduistas, islamistas y cristianos) que se llevó a cabo en la Sala Internacional de Conferencias Conmemorativa de Bandaranaike de Colombo (la capital comercial, ya que la capital administrativa es Kotte) el día 13 de Enero, Francisco ciñó a sus hombros una “khata”, característica prenda budista, confeccionada en seda, obsequio de la comunidad budista y considerada una prenda muy especial en el país.
  
Francisco Bergoglio recibiendo la katha de manos del líder hindú Kurukkal SivaSri T. Mahadeva
SivaSri T. Mahadeva
SivaSri T. Mahadeva
SivaSri T. Mahadeva
SivaSri T. Mahadeva
SivaSri T. Mahadeva
SivaSri T. Mahadeva
  
La khata o khadag (en tibetano ཁ་བཏགས་, en mongol ᠬᠠᠳᠠᠭ/хадаг) es un pañuelo ceremonial tipo bufanda utilizado en la cultura de Mongolia y en el budismo tibetano: simboliza la pureza y la compasión y por lo general es de seda, comúnmente blanca que simboliza el corazón puro del donante, o de oro amarillo. También viene en variedad de colores y tiene diseños con símbolos y mantras auspiciosos. Las khatas pueden ser obsequiadas junto con incienso y otros artículos religiosos en bodas, funerales, nacimientos, graduaciones, llegadas y salidas de los huéspedes. Es un elemento esencial durante los rituales diarios del budismo.
 
La khata se usa principalmente en la meditación de los budistas, generalmente colocándola sobre los hombros y alrededor de las estatuas de Buda y otras deidades.
 
En el evento interreligioso participaron mil personas, entre ellos 600 monjes budistas, quienes al finalizar el encuentro, se apresuraron para saludar personalmente al Pontífice, quien se pronunció de esta manera:
“Es una gracia especial para mí visitar esta comunidad católica, confirmarla en la fe cristiana (MILES CHRISTI dixit ¿En serio?), orar con ella y compartir sus alegrías y sufrimientos. Es igualmente una gracia poder estar con todos ustedes, hombres y mujeres de estas grandes tradiciones religiosas, que comparten con nosotros un deseo de sabiduría, verdad y santidad (MILES CHRISTI dixit: Fuera de la Iglesia Católica no hay sabiduría, ni verdad ni santidad).
   
En el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica declaro su profundo y permanente respeto por las demás religiones. Dijo que ella «no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas» (Nostra Ætáte, 2). Por mi parte, deseo reafirmar el sincero respeto de la Iglesia por ustedes, sus tradiciones y creencias (MILES CHRISTI dixit: Ah, el jesuitismo de Molina y Acquaviva, de acoger la forma externa y adaptarle el contenido, como ocurrió en la polémica de los Ritos chinos del siglo XVII)”.
   
Raymond Kingsley, obispo conciliar de Galle (Sri Lanka), explicó el significado del regalo:
“Ellos honran a las grandes personalidades con este chal, demostrándoles respeto y rodeándolos con amor y la divinidad en la que creen (MILES CHRISTI dixit: ¿Cuál? Los budistas son ateos y no sabemos en qué cree Bergoglio, pero él no cree en el Dios Católico). Por tanto, creo que la comunidad demostró su admiración al Santo Padre con esta señal de respeto”.
 
Pero como Católicos, hemos de saber y creer que NI FRANCISCO ES PAPA, NI SU IGLESIA ES CATÓLICA. Y concluimos con las palabras del Papa León XIII en su encíclica Ad extrémas (24 de Junio de 1893), sobre la India (pero aplicable también a Sri Lanka y el sudeste asiático)
“Nuestros pensamientos se dirigen en primer lugar al bienaventurado Apóstol Tomás, que con razón es llamado el fundador de la predicación del Evangelio a los hindúes. Después, está San Francisco Javier, quien después se dedicó celosamente al mismo loable llamado. A través de su extraordinaria perseverancia convirtió a cientos de miles de hindúes de los mitos y viles supersticiones de los brahmanes a la verdadera religión. Tras las huellas de este hombre santo siguieron numerosos sacerdotes, seculares y religiosos, que con la autoridad y el permiso de la Santa Sede se esforzaron incansablemente en preservar y propagar los Misterios e instituciones de la Fe Cristiana que fueron introducidos por el Apóstol Santo Tomás y renovados por San Francisco Javier. Al presente día, ellos son los continuadores de estos nobles esfuerzos; no obstante, en las vastas extensiones de la tierra, muchos están todavía privados de la verdad, ¡aprisionados miserablemente en las tinieblas de la superstición!”.

miércoles, 14 de enero de 2015

DE LA NECESIDAD ABSOLUTA DEL BAUTISMO Y LA NEGLIGENCIA DE NO SABER ADMINISTRARLO

Desde LA DENUNCIA PROFÉTICA 
  
 
  
Destinado del Cielo el Bautista para ser precursor del Redentor del mundo que había de quitar los pecados de los hombres, no podía dejar su celo de anunciar el santo Bautismo, con que se habían de perdonar y borrar. En efecto lo anunció, no sólo con palabras, sino también con obras: Con palabras, predicando al pueblo el mismo bautismo, por el cual debía lograr el perdón de sus culpas; con obras, bautizando por sus manos, para figurar con su bautismo el que se había de esperar por institución de Cristo, y preparar al pueblo a recibirle dignamente.
   
Antes de la venida del Redentor, la divina bondad que nunca faltó al socorro del linaje humano, tenía señalados otros remedios para borrar el pecado original, con el que venimos a este mundo todos los descendientes de Adán, a excepción del mismo Cristo y su santísima Madre; habiéndolo contraído todos los demás en nuestro primer padre, y quedando por él esclavos de Satanás, privados de la divina gracia, excluidos del Cielo hasta que se les haya borrado; pero Cristo instituyó por único medio, absolutamente necesario, el santo Bautismo, con el cual infundiéndonos el Señor su gracia, no sólo quita el pecado original, sino también cualesquiera otros cometidos antes de su recepción: Rompe las cadenas de nuestra dura esclavitud, y de miserables esclavos del demonio nos hace hijos y amigos suyos, herederos como tales de la Gloria eterna; de cuyo inestimable beneficio quedarán eternamente privados los que no tuvieron la dicha de recibirle aunque hubieren muerto en el vientre de sus madres.
   
Con este cierto conocimiento, ¿cuál deberá ser el cuidado de los padres y madres, para que sus hijos no mueran sin el Bautismo? ¿Cuán gravemente será castigada en el Tribunal de Dios cualquier negligencia en ese punto? ¿Cuán horrendo será el castigo de los que hayan cometido el execrable atentado de un aborto, voluntario o concurrido, a tan enorme maldad? ¿Qué clamores no darán aquellas desgraciadas víctimas a la Divina Justicia contra los malvados, que tuvieron la crueldad de quitarles con un golpe dos vidas, la temporal y la eterna? Se hacen también reos en el severísimo tribunal de Dios los que son omisos en administrar el Bautismo en los casos de necesidad, o no lo administran como se debe, supuesto que el Bautismo, llamado de necesidad o de socorro, es verdadero sacramento, y causa en el alma substancialmente los mismos efectos que el Bautismo solemne. Sería muy conveniente que a todos los fieles, llegando a la edad de discreción, se les instruyera bien de lo que deben practicar en semejantes casos que piden pronto socorro, y no siempre hay oportunidad de otras personas más capaces. Con gran consuelo de nuestro corazón sabemos que lo practica el celo de algunos párrocos, y exhortamos con todo nuestro afecto los demás, que sigan tan importante ejemplo. Las parteras en particular deben estar perfectamente instruidas en este ministerio, del cual pende no menos que la salvación eterna de muchas almas; y no han de ser fáciles en juzgar inanimados los fetos, negándoles el Bautismo con su precipitado juicio, muy expuesto a engaño, y por él, a los más funestos resultados.
  
Establecida la necesidad absoluta del Bautismo en que mi paterno amor me ha detenido acaso más de lo que pide un exordio: Lo que importa, oyentes carísimos, a todos los que habéis logrado la dicha de recibir aquel Sacramento, es mostrar vuestra gratitud a tan gran beneficio, desempeñando dignamente las obligaciones que por él contrajisteis. A este fin ponderaré los augustos títulos que por el santo Bautismo se adquieren y los gravísimos cargos que nos imponen, para que todos procuréis con suma vigilancia y esmero su desempeño. Veis aquí todo el objeto de mi discurso, para cuyo acierto hemos de implorar con fervorosa devoción la divina gracia, por intercesión de la Virgen. 
   
Ave María.
   
Extraído de los Sermones de D. Fr. Francisco Armañá, Arzobispo de Tarragona, 1847

MERECIDOS CASTIGOS

    
El pasado 7 de Enero, unos fundamentalistas islámicos irrumpieron en la sede del semanario satírico francés “Charlie Hebdo” matando a 12 personas, entre ellos el cronista Bernard Henri Maris Bayer “Oncle Bernard” (68 años), y sus cinco caricaturistas estrella, Stéphane Jean Abel Michel Charbonnier Ouvrard “Charb” (47), Jean Maurice Jules Cabut Verger “Cabu” (76), Bernard Jean Charles Verlhac “Tignous” (53), Georges David Woliński Bembaron “Woliński” (80), y Philippe Paul-Louis Juste Honoré “Honoré” (73), quienes en vida blasfemaron contra Yahveh Dios, contra Jesucristo, contra la Virgen María y contra la Iglesia Católica tradicional por medio de sus caricaturas. QUE SUS ALMAS ARDAN EN EL INFIERNO POR TODA LA ETERNIDAD.
  
DE DIOS NADIE SE BURLA

DE CHARLIE HEBDO, FALSAS BANDERAS Y OTRAS COSAS DEL NWO

Sabido es que en Francia, unos fundamentalistas islámicos "made in France" irrumpieron en la sede del rotativo satírico Charlie Hebdo, dando muerte a 12 personas incluyendo a los cuatro caricaturistas líderes de ese semanario (de los cuales dos eran masones del Gran Oriente de Francia). Los medios dijeron "Los mataron por caricaturizar a Mahoma", "mataron a un policía musulmán" y "atentaron contra la libertad de expresión". PERO NO DICEN: "Antes ridiculizaron a la Santísima Trindad, a Jesucristo y a su Madre María, y a los Católicos tradicionalistas"; "El policía no se desangró al ser disparado con fusil" o "Les salió quien les detuviese"; ni mucho menos "El fundamentalismo islámico nació en Occidente".

Este se suma a la lista de otros hechos sospechosos que pueden delatar el plan victimizante de la Globalización y una operación "Falsa Bandera" para iniciar la Tercera Guerra Mundial. Por otro lado, fue una oportuidad para que los líderes del Nuevo Orden Mundial se encontrasen y bajasen los misiles por una "paz" sin Cristo y sin Iglesia Católica. Prueba de ello es que Benjamín Netanyahu (primer ministro de Israel, responsable directo de la muerte de 2000 palestinos) y Mahmoud Abbas (presidente palestino) se abrazasen entre sí y otros líderes que caminaron incautamente con otros tantos miles de borregos por una París aterrorizada (cosa inconcebible cuando ocurre una turbación de orden público, que amerita decretar toque de queda, ley seca y alerta roja en la red hospitalaria, hasta Estado de sitio).
  
Los polos opuestos se atraen (Netanyahu y Abbas, Hollande y Sarkozy...) en esta farsa.
  
Si analizamos el video original (que la prensa judeo-masónica y Youtube censuraron injustificadamente), se muestra CLARAMENTE que el atacante ¡LE DISPARÓ AL MERO PAVIMENTO", cosa que explica por qué el policía se recostó y no se desangró al recibir el "disparo" (quizás él también era el cómplice; y se envenenó para hacer creíble el culebrón). ¿Qué había de gráfico ahí? NADA. ¿Para qué la censura en un mundo acostumbrado a la violencia y a la pornografía?
  
Screenshots del "asesinato" del policía.
  
Por otro lado, es de saber que los atacantes (los hermanos Kouachi) eran de ascendencia argelina, estuvieron en Siria combatiendo en las filas de Al Qaeda contra el gobierno legítimo (que no ha caído a pesar de todo), regresaron a Francia, los detuvieron y les liberaron por servicios inconfesables al estado (agitadores domésticos)... y luego, el hecho conocido de todos. Típica estrategia de la CIA-MI5-Mossad.
  
Como siempre, los mass media, con su discurso montado "atentaron contra la libertad de expresión". ¿Qué es la "libertad de expresión"? ¡INSULTAR Y DENIGRAR LO QUE SE CONSIDERABA TRASCENDENTE! Si alguno ridiculiza al Catolicismo, es libre expresión; si el Católico se defiende, es agresión. Y esa libertad es para blasfemar, que es el peor de los pecados, como dice el Aquinate "La blasfemia, por ser pecado directo contra Dios, supera al homicidio, pecado contra el prójimo". Y los cuatro de Charlie Hebdo eran expertos en blasfemar contra el Verdadero Dios, el Dios Uno y Trino, el "Dios inexistente" para Judas Bergoglio: El Dios Católico. Y he aquí las portadas de sus blasfemas publicaciones:
  
 
 
 
Portadas del semanario Charlie Hebdo, en las cuales la blasfemia es notoria desde su origen
  
Francisquito lamentándose de este "atenteado contra la humanidad" y elogiando con fervor a los "nuevos mártires", mientras besuquea Coranes, elogia por Ramadán y la sangre de sus súbditos y "correligionarios" NO VALE NI UNA LÁGRIMA. Las matanzas contra los cristianos en Siria, Iraq, Egipto, Arabia de Saúd y otras latitudes del imperio de la medialuna; la inminente ejecución de Asia Bibi en Pakistán, son un cero a la izquierda para él.
  
En Francia, Francois Hollande no podía estar más contento: Ese era el punto de inflexión para su resurgimiento (ya que su mandato es impopular), pues terminó ganándose el apoyo para una eventual reelección. Las marchas, el grito "Je suis Charlie" y la infernal "La Marsellesa", todo como un ensayo final para la llegada del Maitreya, la Bestia del Mar, el Anticristo político.
  
"Je suis Charlie", el clamor de la masonería por el odio contra Dios
   
François Hollande, quien venía de baja en las encuestas por su mal gobierno y sus escándalos, aprovechó la situación para repuntar en su imagen pública
  
Bien decía el Cardenal Pie: "es ley de la historia y disposición habitual de la Providencia que para castigar a los pueblos perversos, se sirve de otros más perversos". Las huestes del falso profeta Mahoma son la nueva Asiria en estos tiempos finales contra Occidente en general, y contra el Vaticano apóstata en particular. Y lo peor, la Francia, nación que como Rubén, cayó de la primogenitura eclesiástica, acogiendo en su seno a los que han de decapitarla, en nombre de una vana "Libertad, Igualdad y Fraternidad".
  
La plebe, alienada por los mass media, marchando en favor de una mentira
    
Conclusión: Estamos frente al Nuevo Orden Mundial, donde la Verdad es delito castigable con la muerte y la infamia. La oración y la creencia son nuestras armas contra el avance de satanás y sus agentes en la tierra. Muramos como valientes, resistiendo en la inhóspita fortaleza de la Catolicidad tradicional, con la convicción de que "Ante Dios nunca seremos héroes anónimos". Pidámosle a Nuestro Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen María la gracia de perseverar firmes en la Fe hasta el día glorioso de la Parusía.
  
NI SOMOS CHARLIE, NI AHMED NI KOUACHI. ¡SOMOS CATÓLICOS, DUÉLALE AL QUE LE DUELA!

Jorge Rondón Santos
Cartagena, 14 de Enero de 2015

martes, 13 de enero de 2015

EL ISLAMISMO, CASTIGO PARA LOS PUEBLOS PERVERSOS

Traducción tomada de CATÓLICOS ALERTA, desde SÉDÉVACANTISTE POUR RESTER CATHOLIQUE (Francia)
  
"Y matadlos [a los cristianos] dondequiera que los encontréis, y echadlos de donde os hayan expulsado" (Corán, Sura 2, V.191)   
  
"En ese momento (finales del siglo VII), hacía casi dos siglos que había aparecido en la tierra un hijo de Belial, que durante un período de más de mil años mantuvo en vilo a toda la cristiandad.
    
Islamismo, "religión monstruosa", dice Bossuet en su hermoso panegírico a San Pedro Nolasco, "la religión que se niega a sí misma, que tiene por toda razón su ignorancia, por toda persuasión su violencia y su tiranía, por todo milagro sus armas" y yo agregaría, por todo atractivo sus excitaciones voluptuosas y sus promesas inmorales, el Islamismo ya había invadido vastas regiones.
    
Que el cisma, que la herejía aparecieran bajo sus golpes, fue una gran desgracia, sin duda, sin embargo, es ley de la historia y disposición habitual de la Providencia que para castigar a los pueblos perversos, se sirve de otros más perversos; por mucho tiempo esa fue la misión del islamismo.
    
Pero he aquí que no sólo la cristiandad ha sido alcanzada por estas castas que han descompuesto en ellas el principio de la vida por la alteración del principio de unidad y de verdad: es Europa en sus partes más vitales, es el corazón mismo del catolicismo que están amenazados; es el baluarte de la ortodoxia, el reino más cristiano, es Francia, y detrás del baluarte de Francia, es la metrópoli del cristianismo, es el mundo entero que debe temer todo de estos nuevos e implacables bárbaros.
    
Cruzaron los Pirineos, se lanzaron sobre nuestras hermosas provincias del sur, saciaron la sed de sus espadas con la sangre de nuestros hermanos ortodoxos, avanzan hasta Borgoña; a su paso dejan huellas de fuego y sangre, pero sobre todo de profanación e impiedad. Nadie se atreve a tomar las armas para detenerlos..."
   
Homilía del Cardenal Pie en la Catedral de Nantes, Noviembre 8 de 1857

lunes, 12 de enero de 2015

EL PRECIO DEL PERRO, O SALIR DEL CLÓSET EN UNA MISA NOVUS ORDO

   
Un sacerdote conciliar irlandés recibió una ovación de pie de su congregación cuando reveló que era gay y luego declaró su apoyo al “matrimonio” entre personas del mismo sexo desde el púlpito.
  
El Rev. Martin Dolan ha sido sacerdote en la Iglesia de San Nicolás de Myra en Francis Street, Dublín durante 15 años e hizo los comentarios inesperados durante la misa.
  
En declaraciones publicadas por el diario británico The Guardian, un trabajador de la juventud de la comunidad Liz O’Connor, donde Dolan predica, dijo: “estamos todos muy orgullosos del reverendo Martín. Admitió que es gay, pero eso no cambia la persona que siempre fue”.
  
Grupos de igualdad gay en Irlanda, incluyendo Marriage Equality Irlanda y el Gay and Lesbian Equality Network, han elogiado la decisión del sacerdote conciliar.
  
El sacerdote instó a su congregación a respaldar el “putimonio” en el próximo referéndum irlandés se llevará a cabo a finales de mayo. Incluso una encuesta de opinión en el Irish Times el mes pasado reveló que 71% del electorado votaría sí a permitir los matrimonios homosexuales en el país, pese a que la jerarquía de la Iglesia Conciliar ha “luchado” en contra del matrimonio gay (pero desde que Francisco Bergoglio dijo: “¿Quiénes somos para juzgar a los gays?”, toda lucha oficial fue archivada).

SACERDOTE JESUITA BLASFEMANDO DE MARÍA SANTÍSIMA (Ojo: esta vez, no fue Bergoglio)

Poco y nada queda de la Compañía de Jesús tal y como la fundó San Ignacio de Loyola, ya que la defensa de la Ortodoxia Católica desapareció no bien murió la primera generación de jesuitas (y que aparecieran Luis de Molina y Claudio Acquaviva, quienes son los fundadores del jesuitismo que hoy vemos, sino peor). Bien, de los molinistas es que salió este esperpento de los mil infiernos llamado Alfonso Llano Escobar, sacerdote jesuita colombiano quien, a sus 90 años (si no cumplidos, próximos), debería estar meditando en la muerte y su Juicio particular ya próximas para él (y quizás en el Juicio Final, que está a las puertas), corre a cargar tintas contra la dulcísima siempre Virgen María, blasfemando de manera idéntica a la de los herejes protestantes.
  
Alfonso Llano Escobar SJ
  
Pero antes de ocuparnos de ese blasfemo, veamos qué es de los jesuitas contemporáneos: En el año 2013, cuando publicamos la decadencia de las órdenes religiosas en la iglesia conciliar, resaltábamos que
"La orden de la que proviene Francisco I ha estado en decadencia desde 1959, cuando tenía 34.293 sacerdotes. En 1973, descendieron a 30.860. A corte 2012, decrecieron hasta llegar a 17.287 religiosos. CAUSA DE LA PÉRDIDA: Su apoyo a la Teología de la Liberación y al modernismo".
   
Ahora, de la devoción a la Bienaventurada Virgen Santa María, Madre de Dios, conviene recordar que ésta es necesaria moralmente para ser salvos y que es señal de predestinación a la Gloria (y aún lo reconoce el hereje Ecolampadio al decir "Nunca se oirá de mí que estoy contra María, pues considero señal de condenación no tenerle afecto a ella"). Pero quien rechaza y blasfema de Ella, muestra a las claras ser del diablo y reservado para el Infierno. 

Ya entrando en materia, en su su columna del 24 de Noviembre de 2012 para el diario colombiano "El Tiempo" (diario de origen masónico y liberal) escribió lo siguiente:
María engendra al Hijo de Dios virginalmente, en sentido teológico, sin la intervención de José, tal como lo relata Mateo 1,26, por obra y gracia del Espíritu Santo. En cambio, como madre del hombre Jesús, igual a nosotros, lo engendra con un acto de amor con su legítimo esposo, José, del cual tuvo cuatro hijos varones y varias mujeres (Mt 13,53 y ss.).
  
Y lo alega, basándose en la conclusión del biblista conciliar y judaizante estadounidense John Paul Meier O’Reilly (para quien Santiago, José, Simón y Judas Tadeo son hermanos carnales de Jesús; y que el Talmud no habla mal de Él, como lo infiere en el volumen I de su libro "Un judío marginal: Repensando al Jesús histórico") y dice
Es hora de dejar el cuento de que son primos hermanos de Jesús. Tal supuesto se aducía para poner a salvo la virginidad corporal de María.  
Cuestión que para este miserable 
está siendo revisado por algunos teólogos católicos (sic) y requiere aclaración.
  
Así, ese corifeo de satanás asegura que Jesús, como hombre, es concebido del mismo modo que los demás (doloroso, humillante y concupiscente). Y Cristo, en cuanto Hijo de Dios, es engendrado por el Espíritu Santo. Afirmaciones que desde luego son PATENTE HEREJÍA, ya que niega la Divinidad de Jesucristo (como lo hicieron Cerinto y Ebión, Marción y Arrio, Nestorio y Eutiques) ¡Herética y falsa distinción! Arguye además que el dogma de fe sobre la Virginidad corporal de la Santísima Madre de Dios antes, durante y después del parto está siendo revisado por los téologos (obviamente modernistas y herejes; sumado a que la "evolución dogmática" fue condenada por San Pío X) y es algo "superado" o al menos -según este hereje- "parecía ya superado" de la enseñanza de su Iglesia. Y si no lo ha sido, debe superarse ya, pues el jesuita blasfemo falsamente sostiene que Cristo tuvo varios hermanos y hermanas ¡CARNALES!, hijos de José y María (contrario a la Escritura, la Tradición y al Magisterio Católico). 

Lo que en pocas palabras Llano dice es que la Santa Iglesia Católica Romana nos mintió durante dos mil años y ahora, este "jesuita" viejo en años y en maldad viene a "iluminarnos" a todos los católicos con su dizque "ciencia" y con sus herejías; y que los dogmas de Fe ya no sirven de nada. ¡Vaya insania! Visto que es conciliar en su corazón, que lo sea también en sus obras: Deje de usar las apariencias católicas y no nos venga a vomitar estas y más blasfemias, sobre todo en asunto tan delicado, para intentar deshonrar lo que tenemos como más puro y de mayor significado: la dulcísima Madre que Dios nos dejó en el Calvario.
  
En consecuencia de las afirmaciones del impío Llano Escobar, si fuera cierto que Venerado Padre y Señor San José engendró a Jesús, ¿cómo encuadraría el hecho que éste, lleno de dudas, estuviese dispuesto a abandonar a la Sma. Virgen por estar embarazada esperando al Mesías? ¿Y que San Gabriel Arcángel lo disuadiera de su propósito al revelarle el Misterio? ¿Cómo explicaría que la Madre de Dios le dijese al ángel, durante la Anunciación, que no conocía varón, manteniéndose en el voto de virginidad que tomó desde su Presentación en el Templo? ¿A qué atribuirle el que Jesús, muriendo en la Cruz del Calvario por nosotros, confiara a San Juan Evangelista el cuidado de María Santísima? La Escritura, la Tradición y el Magisterio infalible de la Iglesia dan para contestar rotundamente la blasfemia herética de este vejestorio octagenario que -insistimos- debería de estar pensando y preparándose para dar cuentas en vez de escandalizar a los débiles y propagar la herejía más infame y miserable contra la Madre de Dios.
  
La Compañía de Jesús fue fundada por San Ignacio de Loyola para combatir la herejía, y ahora adhiere a la herejía modernista (y ha dado a ésta un líder, Jorge Mario Bergoglio, antipapa Francisco I).
  
Extrañamente, esta catajarria (colombianismo que significa multitud desordenada) de blasfemias resultó demasiado hasta para el gusto ratzingeriano, ya que el general jesuita le ordenó retractarse, 15 días después en su artículo "Mea Culpa", lo cual no fue más que una disculpa insulsa y vacía de sinceridad, toda vez que en una entrvista negó ser hereje.
   
María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto, y Jesús salió de su seno como el sol atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo.  San José fue casto de cuerpo y alma, y asumió como padre adoptivo de Jesús por mandato de Dios Uno y Trino. Los supuestos "hermanos de Jesús" en realidad eran primos de Él.
   
Quien deshonra a la Madre, deshonra también al Hijo. Ningún seguidor de N. S. Jesucristo puede escuchar esto y permanecer callado. El ataque a la Santísima y siempre Virgen Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, no pudo ser más infame. 
   
ACTO DE REPARACIÓN DE LAS BLASFEMIAS PROFERIDAS CONTRA LA SANTÍSIMA VIRGEN
   
  
Oh Gloriosísima Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra, volved vuestros ojos de piedad sobre nosotros, miserables pecadores; estamos sumamente afligidos por los males que nos rodean en esta vida, pero especialmente sentimos romper nuestro corazón al oir los temerarios insultos y blasfemias proferidas contra Vos, ¡oh Virgen Inmaculada! ¡Cuánto ofenden esos dichos impíos la infinita Majestad de Dios y de su Unigénito Hijo, Jesucristo! ¡Cuánto provocan Su indignación y nos da razón para temer los terribles efectos de su divina venganza! Quisiéramos que el sacrificio de nuestras vidas pudiese provechoso para poner fin a aquellos ultrajes y blasfemias; si fuera así, cuán dichosamente deberíamos hacerlo, porque deseamos, ¡oh Madre Santísima!, amaros y honraros con todo nuestro corazón, porque esto es la Voluntad de Dios. Y solo porque os amamos, haremos todo cuanto esté en nuestras fuerzas para que Vos seáis amada y venerada por todos los hombres. Entretanto, Vos, nuestra Madre misericordiosa, suprema consolatriz de los afligidos, aceptad este nuestro acto de reparación que os ofrecemos por nosotros y por nuestras familias, como también por todos aquellos que impíamente blasfeman contra Vos, sin saber lo que dicen. Obtenedles para ellos  de Dios Omnipotente la gracia de la conversión, y así se manifestará y glorificará aún más vuestra Bondad, vuestro Poder y vuestra gran Misericordia. Que ellos puedan unirse a nosotros para proclamaros Bendita entre las mujeres, la Virgen Inmaculada y muy compasiva Madre de Dios. Amén. Rezar tres Avemarías.
  
(Por este solo acto de reparación, 300 días de Indulgencia. Plenaria al mes, con las condiciones de rigor. Papa León XIII. Marzo 21 de 1885)

sábado, 10 de enero de 2015

CUMPLEAÑOS DE SANTA FILOMENA

"Una buena forma de ejercitarnos en el amor a Cristo es manteniéndolo presente en nuestras mentes siempre que sea posible". (San Vicente de Paúl)
 
Santa Filomena
   
A pesar de tener sus restos mortales, la Iglesia aun no sabía nada sobre la vida de Santa Filomena. Lo que sabemos de esta santa es gracias a las revelaciones privadas recibidas de la santa en 1863 por tres diferentes personas, en respuesta a las oraciones de muchos a que dejara saber quien era ella y como llegó al martirio.
   
Las personas favorecidas fueron un joven artista de buena moral y vida piadosa, un devoto sacerdote y una piadosa religiosa de Nápoles, la Venerable Madre María Luisa de Jesús quien murió en olor de santidad. (Estas revelaciones han recibido el Imprimátur de la Santa Sede dando testimonio de que no hay nada contrario a la fe. La Iglesia no ha hecho ningún otro pronunciamiento y no garantiza la autenticidad de las supuestas revelaciones. La Santa Sede dio la autorización para la propagación de estas el 21 de diciembre de 1883).

HISTORIA DE LA VIDA DE SANTA FILOMENA, SEGÚN LAS REVELACIONES DE LA MADRE Mª LUISA DE JESÚS
Yo soy la hija de un príncipe que gobernaba un pequeño estado de Grecia. Mi madre también era de sangre real. No tenían niños. Eran idolatras y contínuamente ofrecían oraciones y sacrificios a sus dioses falsos. Un doctor de Roma llamado Publio -ahora está en el Cielo-, vivía en el palacio al servicio de mi padre. Este doctor profesaba el cristianismo. Viendo la aflicción de mis padres y por un impulso del Espíritu Santo les habló acerca de nuestra fe e incluso les prometió posteridad si consentían en recibir el Bautismo. La gracia que acompañaba sus palabras, iluminaron el entendimiento de mis padres y triunfó sobre su voluntad. Se hicieron cristianos por encima de sus voluntades: se hicieron Cristianos y obtuvieron la gran deseada felicidad que Publio les había prometido en premio a su conversión.
     
Al momento de nacer me pusieron el nombre de Lumena, en alusión a la luz de la fe, de la cual era fruto. El día de mi bautismo me llamaron Filomena, hija de la luz (filia lúminis), porque en ese día había nacido a la fe. Mis padres me tenían gran cariño y siempre me tenían con ellos. Fue por eso que me llevaron a Roma, en un viaje que mi padre fue obligado a hacer debido a una guerra injusta.
   
Yo tenía trece años. Cuando arribamos a la capital nos dirigimos al palacio del emperador y fuimos admitidos para una audiencia. Tan pronto como Diocleciano me vio, fijó los ojos en mi.
    
El emperador oyó toda la explicación del príncipe, mi padre. Cuando este acabó y no queriendo ser ya más molestado le dijo: “Yo pondré a tu disposición toda la fuerza de mi imperio y te pediré a cambio sólo una cosa, que es la mano de tu hija”. Mi padre deslumbrado con un honor que no esperaba, accede inmediatamente a la propuesta del emperador y cuando regresamos a nuestra casa, mi padre y mi madre hicieron todo lo posible para inducirme a que cediera a los deseos del emperador y los suyos. Yo lloraba y les decía: “¿Ustedes desean que por el amor de un hombre yo rompa la promesa que he hecho a Jesucristo? Mi virginidad le pertenece a Él y yo ya no puedo disponer de ella”. -Pero eres muy joven para ese tipo de compromiso -me decían- y proferían las más terribles amenazas para hacerme que aceptara la mano del emperador.
   
La gracia de Dios me hizo invencible. Mi padre no pudiendo convencer al Emperador con las razones que alegó para ser dispensado de la promesa que había hecho, fue obligado por Diocleciano a llevarme a su presencia.
   
Tuve que soportar nuevos ataques de parte de mis padres hasta el punto, que de rodillas ante mi, imploraban con lágrimas en sus ojos, que tuviera piedad de ellos y de mi patria. Mi respuesta fue: “No, no, Dios y el voto de virginidad que le he hecho, esta primero que ustedes y mi patria. Mi reino es el Cielo”.
    
Mis palabras los hacía desesperar y me llevaron ante la presencia del emperador, el cual hizo todo lo posible para ganarme con sus atractivas promesas y con sus amenazas, las cuales fueron inútiles. Él se puso furioso e, influenciado por el demonio, me mandó a una de las cárceles del palacio donde fui encadenada, pensando que la vergüenza y el dolor iban a debilitar el valor que mi Divino Esposo me había inspirado. Me venía a ver todos los días y soltaba mis cadenas para que pudiera comer la pequeña porción de pan y agua que recibía como alimento, y después renovaba sus ataques, que si no hubiera sido por la gracia de Dios no hubiera podido resistir.
    
Yo no cesaba de encomendarme a Jesús y su Santísima Madre.
   
Mi cautiverio había durado treinta y siete días, cuando, en el medio de una luz divina, vi a María con su Divino Hijo en sus brazos. Ella me dijo: “Hija mía, tres días más de prisión, y después de 40 días dejarás este lugar de sufrimiento”. Las felices noticias hicieron mi corazón latir de gozo, pero como la Reina de los Ángeles había añadido, dejaría la prisión, para ser sometida a tormentos mucho más terribles que los anteriores. Pasé del gozo a una terrible angustia, que pensaba me mataría. Entonces me dijo la Reina de los Cielos: “Ten valor, Hija mía, ¿no sabes el amor y la predilección que tengo por ti? El nombre que has recibido en tu bautismo es garantía de ello, y la semejanza que tiene con Mi Hijo y conmigo. Como tú te llamas Lumena y tu Esposo se llama Luz, Estrella, Sol; y como soy llamada, Aurora, Estrella, la Luna en su máximo fulgor y el Sol. No temas, yo te asistiré. Ahora que tu naturaleza se debilita, con toda justicia, en su momento, la gracia te prestará sus fuerzas y el Ángel, que también es mi Ángel, Gabriel, que su nombre expresa fortaleza, vendrá en tu auxilio. Te recomendaré especialmente a él para tu cuidado como mi más querido bien”.
    
Las palabras de la Reina de las Vírgenes me dieron nuevamente valor y la visión desapareció, dejando la prisión llena de un perfume celestial. La visión desapareció dejando la prisión llena de un perfume celestial.
   
Lo que se me había anunciado, pronto se realizó. Diocleciano, perdiendo todas sus esperanzas de hacerme cumplir la promesa de mi padre, tomó las decisión de torturarme públicamente y el primer tormento era ser flagelada. “Debido a que ella no se avergüenza de preferir a un malhechor, condenado por su mismo pueblo a una muerte infame, en lugar de un emperador como yo, entonces merece que mi justicia la trate a ella como él fue tratado”. Ordenó que me quitaran mis vestidos, que fuera atada a una columna y en presencia de un gran número de personas de la corte, hizo que me azotaran con tal violencia, que mi cuerpo se bañó en sangre, y lucía como una sola herida abierta. El tirano pensando que me iba a desmayar y morir, me hizo arrastrar a la prisión para que muriera.
   
Dos ángeles brillante con luz, se me aparecieron en la oscuridad y derramaron un bálsamo en mis heridas, restaurando en mi la fuerza, que no tenía antes de mi tortura.
    
Cuando el emperador fue informado del cambio que en mí había ocurrido, me hizo llevar ante su presencia y trató de hacerme ver que mi curación se la debía a Júpiter diciendo: “Él ha decidido positivamente que tú serás la emperatriz de Roma”. Y lanzó seductoras palabras y promesas de grandísimos honores y aduladoras caricias, esforzándose por completar el trabajo del Infierno que había comenzado; pero el Espíritu Santo al cual había encomendado mi constancia, llenó de luz mi entendimiento en ese instante para dar todas las pruebas de la solidez de nuestra Fe a las que ni Diocleciano ni ninguno de sus cortesanos presentes pudieron nunca responder.
   
Entonces se renovó su frenética ira y ordenó que fuera sumergida en las aguas del Tíber con un ancla en el cuello. La orden fue ejecutada, pero Dios no permitió que esto tuviera éxito: en el momento en el cual iba a ser precipitada al río, dos ángeles vinieron en mi socorro, cortando la soga que estaba atada al ancla, la cual fue a parar al fondo del río, y me transportaron gentilmente a la vista de la multitud, a las orillas del río.
   
Este milagro obró un maravillo efecto en un gran número de espectadores que se convirtieron a la fe; pero Diocleciano lo atribuyó a cierta magia secreta y me arrastraron por las calles de Roma, y ordenó que me dispararan una lluvia de flechas; cuando las recibí, mi sangre fluía por todos lados; él ordenó, cuando estaba exhausta y moribunda, que fuera llevada nuevamente al calabozo.
   
El Cielo me honró con un nuevo favor. Entré en un dulce sueño y cuando desperté estaba totalmente curada. El tirano lleno de rabia dijo: “Que sea nuevamente traspasada con flechas afiladas”. Otra vez los arqueros doblaron sus arcos, con todas sus fuerzas, pero las flechas se negaron a salir. El Emperador estaba presente y a la vista de esto se llenó de rabia, y diciendo que yo era una maga, pensó que la acción del fuego destruiría este “encantamiento”. Entonces ordenó que las puntas de las flechas fueran calentadas en un horno al rojo vivo y con ellas mandó apuntar nuevamente contra mí. Y esta vez las flechas fueron disparadas, pero éstas, luego de recorrer parte de la distancia que las separaba de mí, tomaron milagrosamente la dirección contraria desde donde habían sido lanzadas y seis arqueros fueron muertos por éstas; entonces varios de ellos renunciaron al paganismo y la gente comenzó a rendir público testimonio del poder de Dios que me había protegido. Esto enfureció al tirano, que determinó apresurar mi muerte, ordenando que mi cabeza fuera cortada con un hacha.
   
Entonces, mi alma voló hacia mi Divino Esposo, el cual me me coronó con la corona de la virginidad y la palma del martirio, y distinguida con esta elección, tengo parte en el gozo de su Divina Presencia. Este día que fue tan feliz para mi por verme entrar en el Gloria, fue un Viernes, y la hora de mi muerte, la tres de la tarde: el mismo día y la misma hora en que el Divino Maestro expiró.

viernes, 9 de enero de 2015

BOLIVIA: RESURGE EL SATANISMO ANCESTRAL

Noticia tomada de RED IBEROAMERICANA DE ESTUDIO DE LAS SECTAS (Discrepamos en cuanto al tratamiento que se le da a Francisco Bergoglio, pero reproducimos tal cual el artículo, porque refleja una realidad innegable, y “la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”).
 
El sacerdote jesuita Miguel Manzanera ha publicado en el medio digital Iglesia Viva, órgano informativo de la Iglesia católica (sic) en Bolivia, un artículo titulado “El diablo ronda buscando a quien devorar”, en el que afirma que, al igual que en los tiempos de la primera evangelización de América, actualmente “se siguen haciendo sacrificios no sólo de animales, sino también de seres humanos” en honor del demonio.
  
Según explica el padre Manzanera, “el demonio quiere que en su honra y servicio se derrame toda la sangre posible”, y da algunos detalles de los ritos ocultos que se celebran en su país, además de alertar contra el ocultismo y las prácticas espiritistas. Reproducimos su artículo a continuación.
  
El diablo ronda buscando a quien devorar
  
En una entrevista sobre exorcismos, publicada el 19 de octubre en Opinión, Cochabamba, Sección Informe, la periodista Dayana Flores ponía en duda mi afirmación de que en los tiempos de la colonia los indios hacían ofrendas al diablo para ser librados de amenazas o desgracias. Mencionaba al cronista Guamán Poma de Ayala quien relata que los indios hacían ofrendas a la Pachamama para que fuese bendecida la producción agrícola.
     
Se trataría únicamente de un rito de reciprocidad de dar de beber a la tierra al menos una vez al año, de lo contrario las cosechas serán malas. Cita al sociólogo Hugo Cordero: “Si la tierra me da de comer por qué no le voy a dar de comer yo a la tierra”. Otro sociólogo, José Antonio Rocha, asegura que en la cultura andina de Bolivia no existe una concepción sobre los términos demonio o exorcismo. En el caso del “tío de de las minas” o “supaya” se trataría de un espíritu benigno (Opinión 2014.10.21). (NOTA DEL EDITOR: En aymará, “supaya” significa “Diablo”).
  
Tenemos sin embargo cronistas fidedignos que informan sobre frecuentes cultos idolátricos de sangre. Los indios hacían ofrendas al diablo para ser librados de amenazas o desgracias provocadas por el mismo espíritu maligno.
   
Los indios del Tahuantisuyo (imperio inca) ofrecían sacrificios animales y humanos a los ídolos en las huacas (de todos modos, al diablo lo ofrecían, porque está escrito: “Lo ofrecido a los ídolos se ofrece a los demonios”). (Grabado del cronista Felipe Guamán Poma de Ayala)
     
El agustino Fray Alonso Ramos Gavilán en su documentada obra La historia del celebérrimo santuario de Copacabana menciona cómo los indios “en negocios grandes y de importancia usaron casi todo el Perú y en particular en el Cuzco y en Tititica, sacrificar niños de edad de seis hasta doce años”. “Poníanlos sobre una losa grande, los rostros hacia el cielo, vueltos al Sol y tirándolos del cuello ponían sobre él una teja o piedra lisa algo ancha y con otra daban encima tantos golpes que le quitaban en breve la vida y así muertos los dejaban dentro de la misma Guaca (oratorio); con esto se daba el demonio por servido y luego en los retretes y lugares oscuros les hablaba, acudiendo a darles respuesta a gusto de quien los escuchaba y muchas veces en daño de los mismos indios”.
   
Esa idolatría diabólica fue una de las principales razones para que los misioneros extremasen su esfuerzo en la evangelización y salvación de los indios. La devoción a la milagrosa Virgen de Copacabana contribuyó a liberar a aquellos pueblos de la esclavitud del diablo.
   
Los misioneros en Perú y Bolivia se esforzaron en erradicar el culto al diablo entre los indios, propagando la devoción a la Santísima Virgen en su advocación de Nuestra Señora de Copacabana
  
Hoy también, según informan testigos presenciales tal como puede verse en internet, se siguen haciendo sacrificios no sólo de animales, sino también de seres humanos. Al construir cimientos de puentes o de edificios altos o en diversas celebraciones se sacrifican llamas y también pordioseros embriagados como ofrendas de sangre al diablo. Alonso Ramos Gavilán desvela que el demonio quiere que en su honra y servicio se derrame toda la sangre posible.
   
Ya esto es un argumento suficiente para evitar cualquier práctica de ritos, aparentemente inocentes como la ouija y otros juegos en los que se invoca al maligno. En Bolivia lamentamos el reciente caso en Paurito, Santa Cruz de la Sierra, donde estudiantes adolescentes volvieron histéricos y perturbados después de haber practicado juegos espiritistas y ofrendas diabólicas. No raras veces estas personas terminan ingresando en sectas consagradas al diablo. Ha crecido el número de personas infestadas o poseídas por el demonio. Para contrarrestar ese crecimiento idolátrico la Iglesia Católica ha incrementado la capacitación de sacerdotes exorcistas.
   
El Papa (sic) Francisco en una reciente predicación habla explícitamente de las tentaciones del diablo: “Todos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo –el diablo– no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de ustedes, tal vez, no sé, podría decir: ‘Pero, Padre, ¡qué antiguo es usted: hablar del diablo en el siglo XXI!’. Pero ¡miren que el diablo existe! El diablo existe. ¡También en el siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él” (2014.11.04).
  
Concluimos con la advertencia del apóstol San Pedro: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en todo el mundo soportan los mismos padecimientos” (1 Pe 5, 8s).

SANTA MARCIANA DE CESAREA, VIRGEN Y MÁRTIR

Martirio de Santa Marciana de Cesarea
   
Santa Marciana, originaria de "Rusuccuru" (actualmente Tigzirt), en Mauritania Cesariense (Noroeste de Argelia), abandonó valientemente todas las ventajas que procura el mundo para ir a encerrarse en una celda en Cesarea y guardar intacta su virginidad, bajo la mirada de Dios.
  
Sin embargo, ella creyó que era su deber declarar la guerra a la idolatría que entonces reinaba en África. Un día, al atravesar la plaza pública, no pudo soportar ver expuesta una estatua de Diana y le rompió la cabeza.
  
La apresaron, y como rechazó ofrecerle al ídolo un sacrificio expiatorio, la golpearon con varas, y, después, la condenaron a morir en el anfiteatro, desgarrada por los dientes de las fieras. Cuando esperaba este último suplicio, la entregaron a los gladiadores para que violaran su castidad, pero Dios no permitió esta infamia.
  
En aquel tiempo, el jefe de la sinagoga, un tal Budario, quien instigó a los paganos para que apresaran a Marciana, asuzó a unos judíos para que, asomándose a la prisión, le reprocharan por su actuación y la obligaran a blasfemar contra Cristo. Y ella, en nombre del Señor, anunció que la casa de Budario sería arrasada con fuego y que no quedaría piedra sobre piedra.
  
Al llegarse la fecha del suplicio, Marciana fue expuesta primero a un león que no le hizo daño alguno; después, un toro se lanzó sobre ella y le hundió los cuernos en el pecho, con lo que cayó de bruces sobre el suelo, casi sin sentido. Por último, un leopardo la destrozó y en este tormento expiró. Justo en ese instante, cayó fuego del Cielo sobre la casa de Budario, destruyéndola enteramente y dando muerte al blasfemo y a los suyos; y cuantas veces intentaban reedificar la casa, otras tantas se arruinaba.
  
Los manuscritos de las Actas no están de acuerdo sobre la fecha del martirio, 9 de enero, 9 ó 12 de julio. César Baronio, en sus notas al Martirologio Romano, estima que el 12 de julio marca una traslación de reliquias y el 9 de enero, el aniversario del martirio. El 12 de julio el Martirologio menciona una santa Marciana, virgen y mártir, en Toledo. Baronio piensa que se trata de santa Marciana de Mauritania, venerada en Toledo, lugar donde se trasladaron sus reliquias. En el Breviario Mozárabe se encuentra un bello himno en su honor:
  
Sacræ triúmphum mártyris.
Célebret vox Ecclésiæ:
Cámæna sit cúnctis una
Martiánæ in laudem vírginis.
    
Quæ, passiónis prǽmium,
Dum tendit adipísci:
Ultro ad palǽstram glóriæ
Audet prompta concúrrere.
    
Hæc namque adstántem dæmonis
Cérnens adlisit effígiem;
Sub cujus larga perpétim
Fluébat unda gréssibus.
   
Mox flagris cæsa tráhitur
Celsa ad Prætóris átria:
Atque ille lúdis állicit,
Prostérnit membra Vírginis,
   
Quam prædo pudicítiæ,
Dum inter umbras séquitur,
Oblectáta extémplo coélitus
Seclúditur macéria.
   
Vincta deínde stípite
Pro vana voce inclúditur;
Sed poenas fert blasphémia,
Ruínas, et incéndia.
    
Emissa namque béstiis,
Leo præcúrrit pércitus;
Adoratúrus véniens,
Non consumptúrus Vírginem.
   
Taurus dehinc prosíliens
Formá et mugítu horríbili
Sulcábat ejus téneras
Papíllas, ictu vúlnerans.
   
At fera pernix cúrpore
Et maculóso tégmine
Letáli dente ad últimum
Membra Puéllæ lániat.
    
Post hos triúmphos ánima
Vinclis elápsa córporis,
Plaudens petit ad líbera
Summi Poli fastígia.
    
Deo Patri sit glória,
Ejúsque soli Fílio,
Sancto simul Paráclito
In sempitérna sǽcula.
Amen.
 
ORACIÓN (Del común de las Santas Vírgenes y Mártires)
Suplicámoste, Señor, nos alcance el perdón de nuestros pecados la intercesión de la bienaventurada virgen y mártir Marciana, que tanto te agradó, así por el mérito de su castidad, como por la ostentación que hizo su constancia de tu infinito poder. Por J. C. N. S. Amén.

martes, 6 de enero de 2015

EPIFANÍA DEL SEÑOR

"Hallaron al Niño con María, su Madre, y prosternándose lo adoraron; y abiertos sus cofres le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra". (Mateo, 2, 11).
  
Adoración de los Reyes Magos
   
Unos magos de Oriente reciben aviso del nacimiento del Hijo de Dios por medio de la aparición de una estrella milagrosa. Dejan su reino y van a Jerusalén a buscar a ese Dios. Túrbase Herodes ante la noticia; disimula sin embargo su pavor, y ruega a los magos que regresen a Jerusalén después que hayan adorado al recién nacido, en Belén. Pero éstos, advertidos en sueños de que no vuelvan a Herodes, retornan a su país por otro camino.
    
MEDITACIÓN SOBRE LOS PRESENTES DE LOS MAGOS

I. Los Magos ofrendaron mirra a Nuestro Señor, para honrar su humanidad. Jesús es Hombre, y lo es por amor nuestro, porque por amor nuestro tomó un cuerpo semejante al nuestro. Amémoslo, pues, y ofrendémosle nuestro cuerpo. Este cuerpo es vuestro, ¡oh Jesús mío!, disponed de él como os plazca, sano o enfermo, vivo o muerto. ¡Qué feliz sería si pudiese sufrir con Vos, para reinar un día también con Vos! "Me habéis rescatado todo entero, a fin de poseerme todo entero" (San Agustín).
   
II. Jesús es hombre, mas también es Rey. Por eso se le ofrenda oro. Es el dueño de nuestros bie nes, Él nos los dio; debemos servirnos de ellos para honrarlo, para engalanar sus altares, para socorrer a los pobres. Ve a Jesús en sus pobres, con la fe de los Magos que, contemplando en el pesebre a un niño pobre y abandonado, lo reconocieron como a su Rey y a su Dios. Si eres pobre, ofrece a Jesús tu pobreza; esta ofrenda le será más agradable que todos los tesoros de la tierra.
  
III. Los Magos ofrecieron incienso a Jesús, y reconocieron así su Divinidad. El incienso que tú le debes presentar, es la oración que eleva a tu alma hasta Dios. Humíllate ante este Soberano, ofrécele todas las potencias de tu alma, adóralo, témelo. Acuérdate sobre todo que los Magos volvieron por otro camino; cambia de vida a ejemplo suyo, y después de haberte dado a Jesucristo, no te des más al mundo. "Por el cambio de ruta, entendemos el cambio de vida" (Eusebio).
  
La devoción. Orad por los que os gobiernan.
  
ORACIÓN
Oh Dios que en este día hicisteis que los gentiles conocieran a vuestro Unigénito, dándoles una estrella por guía, haced que, conociéndoos ya por la fe, nos elevemos a la contemplación de vuestra gloria. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 2 de enero de 2015

ACLAMACIÓN AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS, POR SAN BERNARDINO DE SIENA

    
Oh Santo Nombre de Jesús, Nombre que sobrepasa todo nombre, Nombre triunfante, exaltación de los ángeles, alegría de los justos, terror del Infierno, en Vos reside toda esperanza de perdón, toda esperanza de gracia, y toda esperanza de gloria.

jueves, 1 de enero de 2015

LA OBSESIÓN TENAZ DEL WILLIAMSONISMO, POR EL PADRE BASILIO MÉRAMO

OBSESIVAMENTE TENAZ UNA VEZ MÁS
  
Una vez más en su Eleison n° 387, Monseñor Williamson insiste obsesivamente en su erróneo punto de vista argumentando indebidamente para justificarlo, actitud con la cual no hace más que debilitar y confundir a los fieles que resisten a la Roma apóstata; más le valiera no hablar ni escribir, puesto que no hace más que aumentar la confusión en los pocos fieles que aún quedan.
   
Por lo visto Monseñor Williamson, por más que distinga no hace sino confundir, puesto que para distinguir hay que tener la luz de la inteligencia bien formada filosófica y teológicamente hablando. No es precisamente con literatura y música que esto se logra, aunque si ayuda, lo cual es diferente.
    
Si de distinciones necesarias se trata (como él pretende), la lengua latina es muy precisa y concisa, con la ventaja además de no verse modificada en su significación con el transcurso del tiempo, justamente por ser una lengua muerta. En latín no es lo mismo hic (este), que hoc (esto).
   
Y así, Santo Tomás al explicar la fórmula (forma) de la transubstanciación del pan, dice por qué se pone hoc (esto) y no hic (este), lo cual sería inválido, al no permanecer la sustancia del pan sino nada más sus accidentes (especies del pan), lo cual está expresado por el pronombre demostrativo hoc (esto), en cambio, si la sustancia del pan permaneciera (lo cual es herético) después de la transubstanciación cabría decir entonces hic (este), como pronombre demostrativo masculino, que hace referencia a la cosa (res), lo cual es del orden de la substancia y no únicamente de los accidentes, que es lo único que permanece del pan después de la consagración; luego poner en la fórmula de la consagración del pan, este (hic) en lugar de esto (hoc), invalida la consagración.
  
Por eso, decir en la traducción del Eleison al español (aunque esto en inglés no se percibe): “Este es mi cuerpo, es ciertamente válido”, es no tener ni idea de la teología sacramental y desconocer por completo a Santo Tomás, pues es justamente lo contrario, ya que esa fórmula sacramental es ciertamente inválida; aquí tenemos otro despiste más de Monseñor Williamson y no en cosa de poca monta. Dicho sea de paso, la gran mayoría de los misales en español para los fieles adolecen del mismo grave error por desconocimiento teológico.
   
De otra parte si vamos a la forma sacramental de la consagración del vino, es falso lo que afirma Monseñor Williamson al decir: “Este es el cáliz de mi sangre, es lo más probable que sea válido”, pues no se trata de si es más probable o menos probable, se trata de si es o no es, y ciertamente no son válidas esas solas palabras, si nos atenemos a lo que dice Santo Tomás y a la teología sacramental, pues no se trata de la sola sangre (de la conversión de la substancia del vino en la sangre de Cristo, como quien dice de la sangre que le circula por las venas) sino de la sangre derramada, por nosotros, en la Cruz, lo cual es muy distinto, es decir, no se trata solamente de la sangre como sustancia sino además de la sangre derramada, esto es, de la efusión de la sangre efectuada por la muerte de Nuestro Señor en la Cruz.
   
Como dice Santo Tomás de Aquino, la forma sacramental de la consagración del vino debe significar el sacrificio de la Cruz, por la efusión de la sangre, la cual se operó cruentamente (físicamente) en la Cruz y se renueva incruentamente (sacramentalmente) sobre el altar por la efusión sacramental de la sangre. Sin Cruz no hay muerte, la cual se efectúa por la efusión de la sangre, luego sin efusión no hay muerte, por eso en la Santa Misa para que sea el verdadero sacrificio renovado sacramentalmente sobre el altar, tiene que haber efusión sacramental, sin la cual no hay muerte sacramental que es lo que se efectúa en la Santa Misa.
   
La forma sacramental de la consagración del vino debe significar la muerte de Cristo en la Cruz, la cual se efectúa por el derramamiento o efusión sacramenta de la sangre, sin la cual no hay sacrificio ni Misa.
   
La consagración del pan y del vino por separado representa expresamente (por la acción) la muerte de Cristo en la Cruz; por eso debe hacerse mención de ello en la forma sacramental del vino, más que en la del pan, con palabras y su virtud misma (ex ipsa vi verborum).
   
A aquellos que dicen que son suficientes las primera palabras: Hic est enim calix sánguinis mei, Santo Tomás les responde que las palabras que siguen: novi et aetérni testaménti: mysterium fídei. Qui pro vobis et pro multis effundétur in remissiónem peccatorum, son de la sustancia de la forma (omnia praedicta verba sunt de substantia formae, S. Th. III, q.78, a.3). Puesto que si en la consagración del vino no se expresa verbalmente la efusión de la sangre, efectuada por la pasión y muerte de Cristo en la Cruz, no hay el Sacrificio de la Santa Misa. Sin la forma entera no tenemos el Sacrificio de la Misa, el cual que se opera por el sacrificio sacramentalmente renovado sobre el altar.
   
La fórmula sacramental de la consagración del vino debe entonces, no sólo expresar la sangre de Cristo, sino además, la muerte producida por la sangre derramada, esto es, la efusión de la sangre, por lo cual debe estar contenida en la forma sacramental, para que así quede expresada sacramentalmente, por las palabras de la consagración, la muerte de Cristo en la Cruz.
   
De otra parte está otro argumento que hasta hoy no se ha tenido muy en cuenta, que es el de la significación sacramental que tiene y debe de tener toda forma de los sacramentos; puesto que los sacramentos son signos sensibles que producen ex opere operato, la gracia que significan. Por tal razón la significación sacramental no puede ser jamás ambigua, equívoca o indeterminada; tiene que ser por propia definición, determinada y unívoca, no equívoca, puesto que una significación equívoca o ambigua (ambivalente), no puede significar objetiva y determinadamente la gracia que deben de producir (causar) los sacramentos por la acción misma realizada.
   
Todos admiten que el nuevo rito de la Misa es al menos equívoco o ambiguo y esto tanto en el rito ceremonial cuanto en el rito esencial; luego, si nos atenemos a la teología sacramental, es evidente que la conclusión que se impone es que no puede haber un rito de la Misa ambiguo en lo esencial, ya que de serlo, éste sería inválido por el hecho de que las palabras esenciales de la consagración no significan la gracia que produce; luego con este solo argumento se puede afirmar que la Nueva Misa, al ser ambigua, es inválida.
   
Vemos así cuán lejos está Monseñor Williamson de dar luz, teológicamente hablando, y con sus argumentos debilita la oposición y resistencia a la Nueva Misa, que para él es sin lugar a duda, válida, siendo que teológicamente sería inválida.
   
Monseñor Williamson hace alusión a la ordenación sacerdotal, pero sin hacer ninguna mención de la consagración episcopal, que ha sido totalmente modificada, lo cual implicaría su invalidez y de esto que es mucho peor, pues cercena la transmisión del Orden desde la raíz misma, nada dice. Y como él mismo dice será juzgado por sus propias palabras tarde o temprano recibiendo la penalidad.
   
Lo que si queda claro es que Mons. Williamson no es un Obispo teológicamente confiable, puesto que le gustan los árboles “medio medio” (medio bueno y medio malo) y se inclina decididamente por el color gris, lo menos que podemos decir, es que es un Obispo “medio medio” y que es al parecer un cerebro gris que favorece la Revolución anticristiana de la Roma apóstata la cual legitima y convalida con sus distinciones “medio medio” grises. Sin embargo Nuestro Señor nos dice: “Diréis: Sí, sí; No, no. Todo lo demás, viene del Maligno” Mt. 5, 37.
 
P. Basilio Méramo
Bogotá, 17 de Diciembre de 2014

ALOCUCIÓN DE AÑO NUEVO

Amados hermanos, suplicamos para todos y cada uno de nosotros bendición y paz de Nuestro Señor Jesucristo y la Bienaventurada Virgen María en este nuevo año de la Gracia, 2015 de Nuestro Señor.
   
A veces los planes iniciales no resultan como se espera, pero sabemos que Dios conoce mejor que nosotros lo que es conveniente y lo que no lo es. Otras ocasiones, hay que reconocerlo, el adversario pone obstáculo y toca batallar para continuar la marcha. He aquí por qué no logramos realizar algunos proyectos que teníamos para el año 2014. Pero no todo ha sido malo, pues pudimos publicar muchos artículos durante el año, sobre todo en lo que respecta en la Sana Doctrina y la Devoción Verdadera, como se esperó el año anterior, que habíamos llamado "CRUZ DE BATALLA". Hubo dificultades y peligros, pero Dios no quiere sino que perseveremos en la guerra, ser valientes y confiar en él, cumpliendo en todo su Voluntad y rindiéndole honra como merece.
  
Ha sido un año en el que hemos visto muchas cosas en el mundo y en la Iglesia, y con la confusión generalizada (a causa de los conciliares, que nunca se cansan de sembrar el error; y los falsos creyentes, que siempre aprovechan lo mínimo para dividir), conviene permanecer en la Verdad y conocer si quiera por qué estamos en la Resistencia. Para alcanzar este objetivo, conviene cimentarse en la oración y la creencia que nos viene desde los Apóstoles y nos ha sido transmitida por la Tradición. Este año será "ORACIÓN Y CREENCIA", y a ello dedicaremos principalmente los artículos que publicaremos en este año 2015. Porque lo que distingue a un Católico de un conciliar es la Fe Católica, reflejada en su Doctrina y Espiritualidad. Y a ello, la Iglesia lo llama "Lex orandi, lex credendi" (La ley de la oración manifiesta la ley de la creencia). La Devoción y el Culto son reflejo de la Doctrina y la Autoridad. Si seguimos el Magisterio Verdadero, nuestra oración será digna ante Dios y se manifiesta nuestra Catolicidad; pero si no es así, estaríamos igual o peor que un infiel.
   
Si alguno llegare a convertirse, gloria a Dios. Si nadie atiende, al menos está el testimonio de que NO NOS CALLAMOS.
 
Sin más por el momento, pedimos oración y que el fruto del Santo Sacrificio de la Misa en extraviados lugares del orbe, aproveche para nuestra perseverancia. El Señor vendrá pronto, no sabemos cuándo, pero cuando Él venga, todas las naciones lo verán.
 
En unión con los Sagrados Corazones de Jesús y María,
 
Frater Jorge Rondón Santos
 
Año del Señor 2015, a 1 de Enero, XXXVI de la Santa Cruzada.