jueves, 5 de septiembre de 2019

NOVENA AL SANTO CRISTO DE LA EXPIRACIÓN

Novena compuesta en 1754 por Fray Braulio de Herrera OP, Misionero Apostólico y Prior del Convento de San José de la Orden de Predicadores en Cartagena de Indias, e impresa por un devoto del Santo Cristo de la Expiración en 1764 con aprobación eclesiástica; reimpresa en 1913 por la Tipografía Mogollón en Magangué. Reimprimátur concedido el 6 de Agosto de 1912 por el Padre José María Muñoz, Provicario General de la Archidiócesis de Cartagena.
  
PRÓLOGO AL LECTOR
Llegué, lector mío, a esta ciudad de Cartagena, a los principios de Febrero del año de mil setecientos cincuenta y tres; y viniendo como Misionero Apostólico a estos Reinos, encontré en el Convento de Predicadores, de esta ciudad la devotísima y milagrosísima Imagen de Nuestro Señor Crucificado con el título de la Expiración, simulacro ciertamente tan devoto, que ninguno puede poner en él los ojos sin que interiormente se mude.
  
Sucedió en dicha ciudad en el año siguiente de mil setecientos cincuenta y cuatro una epidemia de viruelas, de que se llenaban las sepulturas de personas. Para templar el Divino enojo, en el Convento varias veces se sacó a Nuestra Señora del Rosario por las calles. El nobilísimo Cabildo de esta ciudad puso en Novena al Señor San Roque Confesor; pero nada templó el Divino enojo, porque siempre proseguía el contagio, hasta que haciendo Novena (que es esta que se imprime) a esta milagrosa Imagen del Santo Cristo de la Expiración, cesó totalmente el accidente, dando a entender Dios la intercesión de esta milagrosa Imagen.
  
El origen de esta Santa Imagen, según la tradición que hay en este Convento, es milagroso y así singularísimo. Es el caso (según refiere la tradición) que en este Convento se retiró un hombre, que dijo era Estatuario. Salían los hermanos del Noviciado todas las semanas a paseo por la puerta que llaman del Sol, y a las orillas del mar encontraron un tronco desechado y arrojado de sus olas, y luego les vino a la imaginación que de aquel madero se podía formar la imagen de un Santo Cristo, teniendo artífice dentro del mismo Convento.
   
Comunicaron con el Estatuario el pensamiento, y preguntándoles por la longitud del tronco, dijo no era bueno, pues debía tener dos palmos más de largo. Salieron otro día a paseo y movidos de la curiosidad, fueron al sitio, y midiéndolo encontraron tenía ya un palmo más de largo. Trajeron la noticia al artífice; pero no tenía la longitud suficiente. Tercera vez lo volvieron a registrar y encontraron ya palmo y medio de creces; hasta que prosiguiendo las visitas del madero en las salidas, encontraron había crecido hasta tener longitud necesaria. Contentos con esto los Religiosos hicieron conducir el madero al Convento, y requiriendo el disimulado Artífice, para la hechura, se mandó este cerrar en un cuarto, y dispuso que ninguno entrase en él; antes bien dijo, que la comida se la dieran por una ventana. Así estuvo muchos días cerrado; pero advirtiendo los Religiosos, que en el cuarto no se oía ruido, ni golpe alguno, abrieron la puerta, y no encontraron al disimulado artífice; pero sí la comida, y esta milagrosa y devota Imagen de Nuestro Señor Jesucristo al tiempo de expirar, de lo que infirieron sería el Artífice algún Ángel, que envió Dios a este Convento, para la formación de este devoto Simulacro del Santo Cristo de la Expiración. Esta es la tradición, que ha llegado a nosotros de nuestros mayores.
  
Lo que es digno de reparar, que esta Santa Imagen, siendo tan antigua, del mismo modelo que salió de las manos del Artífice, sin aber permitido que la retocasen, pues aún el tiempo que lo consume todo, no ha tenido entrada en la encarnación de este devoto Simulacro. También es de admirar, que habiendo querido la devoción ponerle clavos de plata en Pies y Manos se han encontrado al otro día sobre la Mesa del Altar, quedando la Santa Imagen mantenida por sí misma en el Sagrado Madero de la Cruz.
  
Los prodigios que obra Dios por medio de esta Imagen, son muchos y no sería fácil comprenderlos en el breve volumen de un Novenario; por lo que los omito, no sin sentimiento, porque encenderían más la devoción a esta Santa Imagen, que es el fin que tengo, en que salga a la luz este Novenario.
 
ADVERTENCIA PARA HACER ESTA NOVENA
Esta Novena del Santo Cristo de la Expiración se hace en el Convento de San José, orden de Predicadores de la ciudad de Cartagena, nueve días antes de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en cuyo día se celebra y venera esta Santa y milagrosa Imagen; pero cualquier persona la puede hacer en su casa en cualquier tiempo del año.
   
Para conseguir las gracias y favores que se desean alcanzar en las Novenas, es preciso entre en ellas, quien las hace, con una santa indiferencia; pues no sabiendo nosotros lo que hemos de pedir, se ha de suplicar se alcance este Don de Dios, mediante la intercesión del Santo a quien se hace el Novenario.
    
También se ha de disponer la persona que hace la Novena para ponerse en gracia mediante los Santos Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía, para lo cual serán muy del caso dos cosas:
  
La primera, todos los días hacer examen de conciencia, y una vez que la tenga bien examinada, confesar todas sus culpas con dolor, verdad, integridad y un propósito firme de la enmienda. La segunda, meditar cada día un paso de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y acompañarlo con una obra de Mortificación; y si esto no se pudiere, con una obra de Misericordia; que disponiéndole de esta suerte, puede vivir asegurado que alcanzará el favor que solicita en el Novenario.
  
NOVENA DE LA MILAGROSA Y DEVOTA IMAGEN DEL SANTO CRISTO DE LA EXPIRACIÓN
  
  
Hecha la Señal de la Cruz, se dirá todos los días el Acto de Contrición:
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
¿Quién dará agua a mis ojos, para que deshecho mi corazón en lágrimas, llore amargamente la fealdad de mis culpas? ¿Quién iluminará mi entendimiento con un rayo de Soberana Luz, y quién encenderá la tibieza de mi voluntad, con una ascua del Divino Amor para que conociendo la infinita gravedad de mis ofensas, pueda dignamente aborrecerlas y detestarlas? ¡Oh Altísimo y Clementísimo Dios! ¡Rey de los Reyes y Señor de los Señores! ¡Oh eterna Sabiduría del Padre, que asentada sobre los Serafines, penetráis con la claridad de vuestra vista en los Abismos, y no hay cosa que no esté patente a vuestros Ojos! Vos, Señor, tan grande amador de todo lo que criásteis y mucho más de mí que me redimísteis, inclinad ahora esos clementísimos ojos y abrid esos Divinos Oídos, para oir los clamores de este pobre y vil pecador. ¡Señor, Dios mío, ninguna cosa desea más mi alma que amaros, porque ninguna cosa hay en Vos más debida, ni más necesaria, que este amor! Criásteisme para que os amase, Enseñásteisme también, Salvador mío, que no os podía amar si no os conocía, y mucho menos si os injuriaba. Pues ¿quién me dará que así os conozca? ¿Quién más bueno que Vos? ¿Quién es el Esposo de nuestras almas, el puerto de nuestros deseos, el centro de nuestros corazones, el último fin de nuestra vida, nuestra última felicidad, sino Vos? ¿Pues qué haré yo, Dios mío, para alcanzar este conocimiento? ¿Cómo os conoceré, pues no puedo veros? ¿Cómo os podré mirar con ojos tan flacos? ¿Quién me dará alas como de Paloma, para que yo pueda volar a Dios, supuesto, Dios mío, que cada día os ofendo y no os amo? Confieso, Dios mío, esta injusticia; y digo con fervorosos deseos de desenojaros, que me pesa. Pésame, Señor, de haberos ofendido: Misericordia, Señor, misericordia. Apartad, Señor, Dios mío, de mis delitos la indignada severidad de vuestros Ojos, para que llorando mis culpas, logre la final gracia, con que alabe a Dios eternamente en la Gloria. Amén.
  
Se rezan tres Padrenuestros gloriados.
 
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísimo Jesús, Divino Redentor, que estáis en esa Cruz expirando por mí: Yo, humilde criatura vuestra y vil gusanillo, postrándome a vuestros Sagrados Pies, adoro vuestra Pasión, y con especialidad las agonías que padecisteis al tiempo de expirar, como representa esta Venerable y Milagrosa Imagen, que por disposición Angélica quiso fabricarse y quedarse en esta Ciudad de Cartagena; Yo os doy, Jesús mío, infinitas gracias por haber sufrido por mi redención, que os atasen las manos como a inocentísimo Cordero, que os coronasen de espinas para que de las heridas de vuestra sagrada Cabeza saliesen fuentes de salud en la mayor enfermedad; y que después de azotado, coronado de espinas y despreciado del Pueblo, para llevar la Cruz os pusieron las Vestiduras propias, para que siendo más conocido, fuérais más despreciado y afrentado, hasta que en la Cruz expirásteis por mi amor: Suplícoos, Señor, por vuestras santísimas penas y dolores, me concedáis una fe viva con que crea en Vos como en verdad infalible: una firme esperanza con que solo estriben en Vos mis deseos como en infinito poder: una caridad verdadera, con que os ame sobre todas las cosas como a bondad suma, y a mis prójimos con santo amor como a mí mismo. También, Señor, pido a vuestra soberana piedad, me concedáis el favor que solicito conseguir en esta Novena, si conviene para vuestra Gloria y salvación de mi alma. Este es el memorial que os presento, Dios mío, que vivís y reináis con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
Ahora cada uno pide con el corazón la gracia que desea conseguir en esta Novena.
   
DÍA PRIMERO - 5 DE SEPTIEMBRE
ORACIÓN
¡Oh Soberano Libertador de las almas! Adoro la prodigiosa humildad con que os dejásteis conducir desde Getsemaní ante Antás, Caifás, Pilatos y Herodes, y de nuevo a Pilatos, gobernador débil, que os condenó a muerte luego de reconoceros inocente y de lavarse las manos y dejar libre al criminal  Barrabás, señal de liberación de tantos pecadores, con vuestra cruelísima muerte. Beso vuestras manos santísimas, hoy atadas, que criaron los cielos y obraron tantos prodigios, y también venero vuestra paciencia y mansedumbre, permitiendo que por mi amor os llegasen a crucificar. Quisiera, Señor, a costa de mil vidas, haberos excusado tantas afrentas y penas. Suplícoos, Señor, por esta vuestra humildad y paciencia, me déis estas virtudes y me concedáis el buen suceso que deseo, de lo que en esta Novena os pido. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO - 6 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, tres Padrenuestros gloriados y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
Oh Liberalísimo Jesús, que para concedernos los mayores beneficios, quisisteis que os prendiesen y atasen las manos, y para más favorecernos, dispusísteis que un madero seco y desechado, que creció por sí mismo, sirviera para formar este Sagrado Simulacro de la Expiración. Deseando, Señor, desagraviaros de aquella injuria, y daros gracias de esta fineza, adoro vuestra Omnipotencia y convoco a los Ángeles y a los hombres para alabar lo infinito de vuestro amor. Suplícoos, Señor, me concedáis que yo tenga atadas las manos de mis obras para todo lo que no fuere serviros y agradaros, y que por vuestras Manos, nunca más liberales, que cuanto más aprisionadas, me concedáis el favor que deseo conseguir en esta Novena de vuestra soberana piedad. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA TERCERO - 7 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, tres Padrenuestros gloriados y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
Oh amantísimo Señor, que en vuestra Pasión orásteis tres veces en Getsemaní a vuestro Padre que pasase el Cáliz de la Cruz, si era posible, pero que se hiciese en todo su santísima Voluntad! ¡Oh Señor, que mostrásteis vuestra Omnipotencia en el Huerto de los Olivos, postrando por tierra a vuestros enemigos, y al dejaros prender cuidásteis de la libertad de vuestros Discípulos, mandando a los soldados los dejasen libres. ¡Oh valientísimo Jesús, que de las tres caídas os levantásteis para anmarnos a no permanecer en el pecado, del que librásteis al buen ladrón en la Cruz y al tiempo de expirar pedísteis perdón al Padre Eterno por los mismos que os crucificaban, queriendo para Vos todas las penas, y para los vuestros toda la soltura y la Gloria, para cuyo beneficio nos dejásteis la memoria en esa Sagrada y Devota Imagen. Suplícoos, Señor, que mi ingratitud no ate las manos de vuestra piedad, para que no nos neguéis en cualquier necesidad el favor; y también os suplico por las agonías que padecísteis al tiempo de expirar, me concedáis la gracia que os pido en esta Novena. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA CUARTO - 8 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, tres Padrenuestros gloriados y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
Oh Rey de los Reyes, Cielos y Tierra, que sufrísteis por mi amor pusiesen en vuestra Sagrada Cabeza una Corona de penetrantes espinas para que el hombre, que por la culpa quedó sujeto a sufrir las espinas de las enfermedades y miserias, consiguiese el estar libre de todo y tener corona de Gloria con Vos en el Cielo, compartisteis las penas y alegrías con María caminodel Calvario, en la Cruz y en la mañana feliz de vuestra Resurrección, que dejásteis buestro Rostro divino en el paño de la bienaventurada Verónica y consolásteis a las hijas de Jerusalén, nos entregásteis a María y nos la disteis por Madre. Y dispusísteis con altísima providencia poner en esta ciudad vuestra prodigiosa Imagen de la Expiración. Yo os deseo desagraviar de aquella afrenta y daros gracias de esta misericordia; y para esto pido a todas las criaturas os adoren por verdadero Dios, Creador de los Ángeles y Redentor de los hombres. Suplícoos, Rey Divino, me ayudéis para que no desmerezca yo con mis obras la Corona de la Gloria, que ganó tal Corona de Espinas, como pusieron en vuestra Sagrada Cabeza; que en este andar hacia Vos consiga el consuelo de vuestra asistencia y de vuestra Madre santísima, de Verónica y de tantos Santos que lograron subir hasta el calvario de su perfección y el trono del Cielo, y que me concedáis la gracia, que como a poderosísimo Rey de la Gloria os pido en esta Novena. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA QUINTO - 9 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, tres Padrenuestros gloriados y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
Oh Inocentísimo Cordero de Dios, que entre las espinas de vuestra Corona os ofrecisteis para el sacrificio sangriento de la Redención, para que el hombre, como Isaac, quedase libre del golpe de la Espada de la Divina Justicia, y quisisteis para el socorro de nuestras miserias, que os venerasen expirando en esa Imagen Sagrada nuestras almas. Vos que, cargado con la Cruz de vuestro suplicio como Isaac con la leña para el sacrificio, fuisteis ayudado por el dichoso Cririneo. Yo os adoro con la más profunda reverencia de cuerpo y alma, confesando que no teniendo, ni pudiendo tener culpa alguna, solo por mi amor padecisteis tantas penas. Suplícoos, Señor, que las Fuentes de Sangre que salieron de vuestra Divina Cabeza rieguen la tierra de mi corazón, para que yo os sepa desagraviar de la afrenta de la Corona de Espinas con flores y frutos de virtudes cristianas. Y por vuestra Corona de Espinas os pido el buen despacho de lo que solicito en esta Novena. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEXTO - 10 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, tres Padrenuestros gloriados y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
Oh Redentor Divino, que mejor que antes entre las espinas de la zarza cuidábais del rescate y alivio de vuestro Pueblo, solicitáis ahora la Redención del Mundo, con esas heridas de la flagelación y cercado de las espinas con que fue herida vuestra Sagrada Cabeza, hasta que os puso para expirar, cubierto de agonías. Yo adoro ese Cuerpo todo flagelado y ese sagrado y traspasado Cerebro, de quien tiemblan las Potestades del Cielo, y quiero reparar también con sentido de redención esos golpes, insultos y salivazos e ignominas sufridas por mí el Jueves y Vierenes Santo en vuestro cuerpo y sobre todo en vuestra delicadísima alma, venerando al mismo tiempo las ansias que tuvisteis por mi redención, y la piedad y misericordia con que quisisteis quedase en Cartagena esa Imagen vuestra; para que buscándoos en ella, tuviéramostodos auxilio en las necesidades y socorro en las tribulaciones. Suplícoos, Señor, no permitáis que mis malos pensamientos os vuelvan a sofocar con agonías y a renovar vuestros dolores y afrentas. Y también os pido me concedáis el favor por cuya causa os hago esta Novena, si así fuere vuestra voluntad santísima. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SÉPTIMO - 11 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, tres Padrenuestros gloriados y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
Oh Santísimo Hijo de Dios, que vestido para nuestro remedio de carne humana; después de haberos despreciado el Rey Herodes, mandándoos vestir de blanco como a loco, después de haberos cubierto de sangre Pilatos con cinco mil azotes, después que los soldados os vistieron la púrpura por escarnio y afrenta, y después de haber sido despojado antes de la crucifixión para mayor ignominia y así expiar mejor nuestros pecados de impureza; quisisteis que un Artífice desconocido y de un tronco milagroso os formase expirando, para que con vuestros dolores fuérais remedio de nuestras agonías y enfermedades. Suplícoos, Señor, me deis fortaleza para despreciar los vanos juicios del mundo, y para perdonar por vuestro amor todos los agravios que me hicieren mis enemigos, pidiéndoos también por vuestros méritos infinitos, lo que en esta Novena os vengo a rogar, confiado en vuestra Clemencia soberana. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA OCTAVO - 12 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, tres Padrenuestros gloriados y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
¡Oh Lirio hermoso de los valles! ¡Flor bellísima de Nazaret!, que vestido de más gloria que Salomón de riqueza, humillásteis vuestra Soberanía a los oprobios que decían los Judíos cuando salisteis para el Calvario con vuestras Vestiduras propias, enriqueciendo con vuestras excelentísimas Virtudes el Tesoro de la Iglesia, y alentando a los fieles a padecer por la gloria de vuestro Padre todo género de mortificaciones; y como Árbol de la vida, que en el Paraíso Terrenal plantó la Divina Providencia para desterrar dolencias, fuisteis enarbolado en la Cruz y acá en Cartagena quisisteis que de un tronco desechado se hiciera esa Imagen sagrada, en donde pusisteis remedio para todas las enfermedades del Pueblo. Yo os estimo de mi parte, y en nombre de todo el Pueblo Cristiano, estos ejemplos de amor que nos disteis en toda la vida y concluisteis con los brazos abiertos, y también deseo que os alabe todo el mundo, para corresponder las finezas que alargáis en esa Imagen Sagrada. Suplícoos, Señor, me deis una codicia santa de gracia y merecimientos para que no deje de hacer todo aquello que conociere ser de vuestro santo servicio, y me concedáis lo que en esta Novena deseo conseguir. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA NOVENO - 13 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, tres Padrenuestros gloriados y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
Oh Señor Todopoderoso, que para gloria y bien de vuestras criaturas vestís de claridad a los Ángeles, de Virtudes los Santos, de nubes los cielos, de plumas las aves, de hojas a los árboles y a la tierra de flores y hermosura; que con grande amor entregásteis vuestra vida pot nosotros muriendo en el madero de la Cruz y permitiendo que toda la naturaleza se estremeciera en fuerte movimiento y la tierra se cubriera de tinieblas; y para manifestación grande de vuestra providencia dispusisteis que creciendo un tronco seco, sirviera para formar esa Imagen santa, consuelo universal de Cartagena. Yo reverencio con toda mi alma el deseo que tuvisteis de vestiros de mayores afrentas por mi bien y de expirar en la Cruz por mi amor. Suplícoos, Señor, me deis verdadero espíritu para meditar vuestra Pasión y aprender en ella lecciones importantes para vivir conforme a vuestra santísima voluntad, detestando todo pecado de pensamiento, palabra y obra, y que me otorguéis con misericordia lo que en esta Novena deseo conseguir de vuestra soberana piedad. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

MES DE LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA - DÍA QUINTO

Tomado del libro El Servita instruido en el obsequio y amor de su madre María Santísima, o sea, Un mes dedicado y ofrecido a la meditacion de los dolores de María, del padre Víctor Perote, y publicado en Madrid por la Imprenta de Eusebio Aguado en 1839.

   
PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; mas la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante Vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor… Padre de misericordia.
  
No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y aunque esté en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el Cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflámese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: «Oh Señora, yo soy tu siervo…» (Salmo CXV, 16). Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.
  
DÍA QUINTO
REFLEXIÓN: SENTIMIENTO Y PENA DE MARÍA SANTÍSIMA CUANDO SU ESPOSO LA COMUNICA LA HUÍDA A EGIPTO
Burlado Herodes por los santos reyes Magos, era de creer que un hombre tan soberbio desahogase su furor con algún inhumano atentado, como se verificó mandando degollar a los niños inocentes. Pero el Cielo, que conocía sus perversas intenciones y quería librar de ellas al infante Jesús, hizo que se apareciese un Ángel en sueños a José y le dijo: «Levántate, y toma al Niño con su Madre y huye a Egipto, adonde permanecerás hasta que os vuelva a avisar, porque Herodes le ha de buscar para quitarle la vida» (San Mateo II, 13). Despertó José, y sin la menor demora comunica a su esposa la revelación que ha tenido. «Sabréis, esposa mía, la dice, que el Cielo manda ponernos al momento en camino para Egipto, para libertar así a nuestro inocente Jesús de la muerte que le prepara Herodes…» Reflexiona, alma mía, cuál sería la mutación tan sensible del amante Corazón de María (San Vicente Ferrer, Sermón en la octava de los Santos Inocentes) al oír tan inesperado aviso; cuál su ansiedad y solicitud para emprender la huida. Mientras que su esposo, encendido de los mismos deseos, apareja con la velocidad del rayo la jumentilla, la tristísima Madre, sin omitir por eso su prontitud, hablando con su Hijo le decia: «¡Hijo de mis entrañas!… ¡Vos que librásteis a David de sus enemigos, a los tres niños del horno de Babilonia, a Susana de los inicuos jueces y a Daniel de lago de los leones, libradnos de un enemigo tan cruel, del voraz fuego de su furor, del tirano poder de su ambición y de la ferocidad de su pecho!… ¡Vos, Señor, que venís a dar al mundo su perdida paz, os veis precisado ya, apenas nacido, a tomar la fuga y vivir en un continuo sobresalto! ¿Qué intentos son los de los hombres cuando los vais a ocasionar su bien? ¡Vamos, dueño mío de mi alma, a ejecutar lo que nos intima la divina revelación!… ¡Omitamos pláticas que, aunque parecen inútiles, dan algun desahogo a un herido corazón!.... ¡Cumplamos las disposiciones inefables del Altísimo, que rendidos adoramos con la mayor sumisión!… ¡Huyamos, bien de mi alma, librémonos de tan furibundo perseguidor!… ¡Nuestra detención no sea causa de algún nuevo pesar!…» Con tales expresiones indicaba la afligida Señora el interior de su pecho, y tranquilizaba en algún modo su vehemente sobresalto; y cogiendo entre sus brazos a la prenda más peregrina, al Hijo de Dios y nacido de sus entrañas, sin esperar a hacer provisiones para el camino, que era largo y escabroso, sin reparar en la hora tan intempestiva, que era la media noche, ni en otros motivos que había para detenerse un poco, emprendieron su penoso viaje. ¡Tal era el deseo de María! Pero sobre todo reflexiona, alma mía, que lo que más la animaba a tan pronta ejecución era el ansia de cumplir la voluntad divina, manifestada por aquella inspiración… junta a este deseo la ansiedad de su amorosísimo Corazón... ¡Oh Madre mía y Señora de mis potencias, qué multitud de penalidades os rodean por todas partes!…
  
SENTIMIENTOS Y PROPÓSITOS PARA ESTE DÍA  
La divina revelación es el medio, Virgen Santísima, que hoy os descubre las disposiciones incomprensibles del Altísimo, para salvar de tan odiable enemigo a vuestro Hijo muy amado. He reflexionado, Madre mía, este paso tan aflictivo, y en medio de que en él os encuentro sobresaltada como era justo, y oprime sobremanera mi espíritu vuestra situación, mas con todo, Reina mía, me hallo admirado de la puntual correspondencia con que, haciéndoos superior a todos los pesares, poneis en ejecución la voluntad del Altísimo. ¡Digno ejemplo!… ¡Exactitud singular!… ¿Cómo, Señora, no dudásteis… cómo no os detuvísteis a eseudriñar los juicios y ocultos arcanos de la eterna Sabiduría? ¿Cómo no dijísteis: este Hijo mío es más poderoso que todos los reyes del mundo, tiene en su defensa innumerables Ángeles, y con solo su presencia abatirá y confundirá todas las maquinaciones de su rival?… ¿Cómo por fin no se os ocurrieron semejantes discursos? ¡Ah!… Sin duda fue para enseñarnos a no despreciar las inspiraciones y llamamientos que tan continuamente nos está dando el Señor para que nos enmendemos y dejemos la mala vida que tenemos, y sigamos con más aliento la comenzada. No lo dudes, alma mía, porque es evidente, que con frecuencia desatendemos los llamamientos que nos hace el mismo Dios. Y si no, dime, ¿qué otra cosa es ese interior movimiento que tú atribuyes a melancolía, pero que te amonesta y avisa para que no vuelvas a tratar con tal o tal persona que te es ocasión para pecar… que no asistas a tal paseo o tertulia, que no te mezcles en las vidas ajenas, murmurando de las acciones de tus prójimos bajo el frívolo pretexto de pasar el rato, no tener mala intención y ser ya casi indispensable? ¿Qué otra cosa es ese impulso o sentimiento que agita tu corazón cuando has obrado mal, que no te deja, que te contrista y perturba? ¿Qué otra cosa es ese nuevo movimiento que experimentas en muchas ocasiones, y te anima para que dejes tus malos hábitos, para que frecuentes los Sacramentos, para que practiques tus antiguas devociones y de una vez mires, con más interés, por la salvación? ¿Qué otra cosa, para decirlo de una vez, son todas esas calamidades que te sorprenden, como una enfermedad, un revés de la fortuna, una traición de algún amigo o pariente en quien tú tanto confiabas, una persecución o semejantes, o esos desastres que adviertes acontecer en otras casas, como la muerte repentina de un vecino o conocido, un robo, una puñalada, un accidente, un incendio y tantos otros fatales sucesos sino avisos del Cielo, inspiraciones y llamamientos de la gracia de un Dios que bondadoso te espera y avisa para perdonarte? ¡No los desprecies ya, alma mía, antes bien recíbelos como pruebas de la fineza de tu Dios! Así lo haré, Virgen Santísima, y os imitaré con la mayor fidelidad… Sacaré de ellos una suma felicidad, y manifestaré mi gratitud debida a los beneficios de mi Dios, pues estoy firmemente persuadido que de esta manera me hago acreedor a sus misericordias; y así os doy también una prueba de los sentimientos nobles que, por la meditación de vuestros dolores, se reproducen en mi alma, aliviando así en lo que está de mi parte vuestras penas, para reinar despues sin fin con Vos…
 
CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
¿Por qué, oh Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada estaba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que Vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto e indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con Vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

URBANO VIII Y SU APOYO AL PROTESTANTISMO, O LA ANTIHISPANIDAD PONTIFICIA COMO CAUSA DE LA DERROTA EN LA GUERRA DE LOS 30 AÑOS

  
«El lado más oscuro del pontificado de Urbano VIII es su intervención en el desarrollo de la guerra de los 30 años, que justifica la afirmación de que al menos indirectamente favoreció el protestantismo, y, gracias a este favor, fue posible la derrota definitiva de las armas católicas y el resultado catastrófico de la paz de Westfalia. En efecto, Urbano VIII era contrario a la política de España y de los Habsburgo y, por el contrario simpatizaba con Richelieu y la política de Francia. Por esto no veía con buenos ojos el triunfo de los Habsburgos, que significaba el de la causa católica frente a los libres de sus protestantes, por suponer que de este modo se rompía el equilibrio de las potencias católicas de Europa.
  
Esta política de Urbano VIII lo llevó al fin al extremo de que cuando, en la última etapa de la guerra de los treinta años, Francia se puso con todo su poder al lado de los protestantes, aún entonces siguió favoreciéndolos, al menos indirectamente, y oponiéndose a los Habsburgos…. de hecho, gracias al apoyo que recibió de Richelieu el partido protestante y al favor que significaba para Richelieu esta “neutralidad” de Urbano VIII, los católicos fueron vencidos en definitiva por los protestantes».
  
(BERNARDINO LLORCA VIVES SJ, RICARDO GARCÍA VILLOSLADA SJ y FRANCISCO JAVIER MONTALBÁN SJ. Historia de la Iglesia Católica, Tomo III-Edad Nueva. BAC, Madrid, 1960, pág. 869)

ORACIÓN PARA LOS DÍAS QUE NO SE QUIERE ORAR

Señor: y yo que había dicho que no quería orar esta tarde…
 Tengo demasiado miedo; no quiero arriesgarme a escucharte.
 Sería necesario hacer un esfuerzo más, esforzarme siempre. Y esta tarde no quiero hacer un esfuerzo.  Esta tarde no, de veras.
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 Esta larga serie de días en que nada imprevisto sucede y que me aburren… Todos estos días que pasan sin que siquiera sepa si he progresado, si soy un poco mejor. Está oscuro, y creo que el nuevo día está próximo. Cuando me despierte, si me llego a dormir, sé que no habré cambiado. Seré el mismo. Ni mejor ni peor, teniendo delante de mi la misma jornada por hacer, y las mismas ocasiones de hacer el bien, que yo perderé como de costumbre.
 Y sin embargo, cuántas veces te he pedido la perfección: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto…”
 Yo no he llegado a ella.
 Y mientras pasan los años, me pregunto si llegaré alguna vez. Y si merece la pena el que me esfuerce en conseguirla.
 Me pregunto, Señor, si he buscado la perfección de manera suficientemente pura. ¡Ah! Yo hubiera querido adornarme con ella… Ser para los otros, y para mí, un santo…
 Es necesario que renuncie a esto. Y que admita sencillamente, de una vez, que no soy más que lo que en realidad soy.
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 En el fondo, puede que esto sea, Señor, lo que Tu llamas “hacerse como niños”. Admitirnos con la misma sencillez de corazón con que Tu nos admites, tal como somos.
 Aceptar ser buenamente uno de esos por los que Tu has venido: los pecadores, para los que tan bueno es tu Evangelio.
 Mejor aun que lo que se dice.
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Antes, te lo confieso, me fastidiaba un poco tu preferencia marcada por los pecadores. Tu manifiesta preferencia por todo el que cae, por todo lo que “no vale gran cosa”.
 Un poco más, y me hubiera puesto a defender a los fariseos. Hasta hubiera encontrado argumentos.
 Ahora es otra cosa. Ahora comprendo a los otros, a todos esos de quienes se trata el Evangelio. Los pobres, de cualquier clase, los que saben que son poca cosa. Sin duda es que empizo a comprender… que soy uno de ellos.
 Y que, precisamente, por nosotros has venido al mundo.

DEVOCIÓN DE LOS TREINTA DÍAS A SAN JOSÉ

Tomada del libro “The Key of Heaven, A Manual of Prayer” de Mons. John Milner, publicado con el Imprimatur de Su Eminencia James Card. Gibbons, Arzobispo de Baltimore, 1898. Traducida por el padre Joaquín Santillana SJ.
  
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
La devoción al Patriarca San José está muy sobre las devociones a los Angeles y Santos y entra en un orden superior, en el orden de la Trinidad de la tierra, como mediadora ante la Trinidad del Cielo.
  
Una de las devociones más expresivas de la veneración y confianza del pueblo cristiano en el poder y bondad de San José, es la llamada de los Treinta Olas en reverencia de los treinta años que vivió en la tierra en compañía de Jesús y la Virgen María. Tuvo su origen en los Estados Unidos de Norte América, donde ella ha alcanzado la más ferviente y universal popularidad; y de allí ha ido introduciéndose en las naciones de Europa.
  
Basta la lectura de la Oración para tenerla como muy cristiana y teológica, y como muy recomendable y eficaz para conmover ese poder y bondad del Santo Patriarca, y para alcanzar por su medio las gracias espirituales o temporales, las más difíciles y extraordinarias.
  
Las razones de esta afirmación son las siguientes:
a) La materia doctrinal de esa Oración es la más teológica y completa.
b) El fin general de ella, el más devoto y grato al Santo: honrar la memoria de los treinta años que vivió con Jesús y María en la tierra.
c) Los títulos que se invocan, poderosísimos 
para mover el corazón del Santo.
d) La forma ferviente en que está escrita, da fe vivísima, de ternura sensible y de urgente e irresistible instancia…; es el alma toda la que en todas sus frases pide y suplica, gime y llora, conmueve y triunfa de las resistencias del mismo Dios.
e) Y si a todo ésto se añade la insistencia y perseverancia durante treinta días en tan larga y vehemente súplica del alma, no será temerario afirmar según el dogma católico que es una oración teológica y cristiana, eficaz e irresistible.
f) No hay en ella nada de superstición o revelación o infalibilidad o algo imposible o im­propio. Por lo contrario, lo que se pide y se confía conseguir es sencillamente algo muy conveniente y necesario, aunque difícil y extraordinario; pero nada de milagros infalibles, y a plazos fijos, y por modos y prácticas supersticiosas. Todo está fundado en el dogma católico de la oración e intercesión de los Santos, y en la creencia y confianza del cristiano en el poder y bondad del Santo Patriarca. Es una Novena, pero de treinta días, muy a propósito para promover la devoción al Santo y la confianza en Él.
  
La práctica de esta devoción ha de ser muy sencilla. Récese la oración treinta días consecutivos; y será más eficaz rezarla ante la imagen o altar del Santo; pero cuando eso no sea posible, puede rezarse en la casa particular. Se recomienda mucho la comunión, al menos los miércoles de esos treinta días. Finalmente se ruega que se dé cuenta de las gracias obtenidas.
   
DEVOCIÓN DE LOS TREINTA DÍAS AL PATRIARCA SAN JOSÉ, EN REVERENCIA DE LOS TREINTA AÑOS QUE VIVIÓ CON JESÚS Y MARÍA EN LA TIERRA
 
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
¡Oh amabilísimo Patriarca San José! Desde el abismo de mi pequeñez y miseria os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro trono del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, auxiliador de los Ángeles y Santos ante el trono de Dios, de vuestro Jesús y de vuestra santa Esposa.
  
Por eso yo pobre, desvalido, triste y necesitado, a Vos dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente os traigo ante vuestro altar y vuestra imagen una pena que consoléis, un mal que remediéis, una desgracia que impidáis, una necesidad que socorráis, una gracia que obtengáis para mi y para mis seres queridos.

Y, para conmoveros y obligaros a oírme y conseguírmelo, os lo pediré y demandaré durante treinta días continuos, en reverencia a los treinta años, que vivisteis en la tierra con Jesús y María: y os lo pediré, urgente, y confiadamente, Invocando todos los títulos que tenéis para compadeceros de mí, y todos los motivos que tengo para esperar que no dilataréis el oír mi petición, y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en vuestra bondad y poder, que al sentirla os sentiréis también obligado a obtener y darme más aún de lo que os pido y deseo.
  1. Os lo pido por la bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Hijo de Dios, Dios Hombre y Dios del hombre.
  2. Os lo suplico por vuestra ansiedad inmensa al sentiros obligado a abandonar a vuestra santa Esposa.
  3. Os lo ruego por vuestra resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de Dios nacido entre los hombres.
  4. Os imploro por la dolorosa y humillante Circuncisión de vuestro Jesús, y por el santo, glorioso y dulcísimo nombre que le impusisteis por orden del Eterno.
  5. Os lo demando por vuestro sobresalto al oír del Ángel la muerte decretada contra vuestro Hijo Dios, por vuestra obedientísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza extrema del destierro y por vuestras ansiedades al volver de Egipto a Nazaret.
  6. Os lo pido por vuestra aflicción dolorosísima de tres días, al perder a Vuestro Hijo, y por vuestra consolación suavísima al encontrarle en el templo, y por vuestra felicidad inefable de los treinta años que tuvisteis en Nazaret con Jesús y María sujetos a vuestra autoridad y providencia.
  7. Os lo ruego y espero por el heroico sacrificio, con que ofrecisteis la víctima de vuestro Jesús al Dios Eterno para la cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención.
  8. Os lo demando por la dolorosa previsión que os hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas después en la cruz por agudos clavos; aquélla cabeza que se reclinaba dulcísimamente  sobre vuestro pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabais contra vuestro corazón, desnudo, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz, aquel último momento en que le veíais expirar y morir. 
  9. Os lo pido por vuestro dulcísimo tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María y vuestra entrada en el Limbo de los Justos y al fin en el cielo.
  10. Os lo suplico por vuestro gozo y vuestra gloria, cuando contemplasteis la Resurrección de vuestro Jesús, su subida y entrada en los cielos y su trono de Rey inmortal de los siglos.
  11. Os lo demando por vuestra dicha inefable cuando visteis salir del sepulcro a vuestra santísima esposa resucitada, y ser subida a los cielos por los Ángeles y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al vuestro.
  12. Os lo pido y ruego y espero confiadamente por vuestros trabajos, penalidades y sacrificios en la tierra, y por vuestros triunfos y glorias y feliz bienaventuranza en el cielo con vuestro Hijo Jesús y vuestra esposa Santa María.

¡Oh mi buen Patriarca San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos, y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza misteriosa, que me alienta y obliga a pediros y suplicaros y esperar me obtengáis de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante vuestra imagen y ante vuestro trono de bondad y poder en el cielo.
  
Aquí, levantando el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo, con amorosa instancia la gracia que se desea.
   
Obtenedme también para los míos y los que me han pedido ruegue por ellos, todo cuanto desean y les es conveniente.
   
San José rogad por nosotros; Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como intercesor en los cielos. Oh Dios, que vives y reinas en los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ORDENACIONES EN LA FSSPV

 
Ayer 3 de Septiembre, fueron ordenados como sacerdotes los reverendos Michael Martin y Matthew Wilder, de la Fraternidad Sacerdotal San Pío V, en la capilla del Seminario del Inmaculado Corazón de María.
   
Michael Martin y Matthew Wilder fueron ordenados diáconos por Mons. James Carrol el 16 de Marzo pasado.

MES DE LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA - DÍA CUARTO

Tomado del libro El Servita instruido en el obsequio y amor de su madre María Santísima, o sea, Un mes dedicado y ofrecido a la meditacion de los dolores de María, del padre Víctor Perote, y publicado en Madrid por la Imprenta de Eusebio Aguado en 1839.

   
PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; mas la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante Vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor… Padre de misericordia.
  
No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y aunque esté en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el Cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflámese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: «Oh Señora, yo soy tu siervo…» (Salmo CXV, 16). Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.
  
DÍA CUARTO
REFLEXIÓN: DOLOR Y AFLICCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA EN LA PRESENTACIÓN AL TEMPLO Y PROFECÍA DE SIMEÓN
Como se hubiesen cumplido los cuarenta días que mandaba la ley de Moisés para la purificación de las madres y ofrecimiento de los hijos, tomaron José y María al Niño Dios, y le llevaron al templo de Jerusalén. Muchas cosas ofrece este religioso acto, y son dignas de notarse, pero las omitimos para ocuparnos solo en las que vienen a nuestro intento. Jesucristo y su Madre estaban exentos de esta ley, pero sin embargo el Hijo se sujeta a ella por el amor a su Madre y por nuestro bien e instrucción, y la Madre la observa por la dilección del Hijo y conformidad con su voluntad, pagándose y dispensándose así mutuamente los oficios de la más acendrada caridad. Y suponiendo esto como bien sabido, reflexiona, alma mía, la espada penetrante que traspasa el corazón de la Santísima Madre en el momento mismo de cumplir con esta ceremonia legal, he aquí que cuando entraban en el templo (San Lucas II, 28), un santo viejo, hombre justo y timorato, que esperaba la redención de Israel según se lo había prometido el Espíritu Santo cuando le dijo que no moriría sin ver primero al escogido del Señor, tomando en sus brazos al infante Jesús, y conociendo ser aquel el único objeto de sus esperanzas, entonó aquel cántico celestial que puso en admiración a los circunstantes, y volviéndose después a María bendiciéndolos, la dijo: «Señora, este niño será causa de la ruina y resurrección de muchos en Israel, y una espada de dolor atravesará tu alma». Bien podemos considerar la aflicción y sentimiento de tan amorosísima Madre: pues que no ignoraba las divinas disposiciones sobre aquel niño, y sabía el fin de su venida al mundo, comenzó a repasar en su mente los géneros de tormentos que le esperaban, y las palabras que muchas veces había leido en el Antiguo Testamento que profetizaban lo excesivo de su humillación. ¡Ah! ¿Quién podrá explicar la multitud de ideas melancólicas que se agolpaban a su imaginación? ¿Quién indicará ni aun confusamente el torrente de amargura que inundaría su corazón? ¿Quién formará con sus palabras ni aun el más pequeño bosquejo de sus aflicciones? No hay lengua que lo acierte a decir, y solo tu consideración, alma mía, llegará en algún modo a entenderlo, si te detienes como es debido. ¡Ahora quiere María prorumpir en las exclamaciones que dieran algún desahogo a su pecho, y no la es facil! ¡Ahora se la figura van a arrebatárselo para dar principio, y se encuentra zozobrosa! No, no se tranquiliza tan pronto su agitación. Si le mira con aquel afecto y fija en él sus ojos, se inundan en llanto al recordar que es la víctima que se va a sacrificar… ¡Todo es aflicción para vos, Madre mía!… ¡Hasta en el mismo templo, adonde os ha conducido la más eficaz obediencia y la más pronta humildad, encontráis motivos de dolor!… ¡Cuánto padeceis por mi bien y felicidad!
  
SENTIMIENTOS Y PROPÓSITOS PARA ESTE DÍA  
El ejemplo de humildad y obediencia que nos dais, tristísima Virgen, en el acto de vuestra purificación en el templo, estoy por decir que fue ocasión para que el Cielo en cambio os regalara con la aflicción que sorprendió a vuestra alma en las palabras de Simeón. Porque, aunque os reconoce como a su Reina y Señora, pero trata de añadiros el singular título de Reina también de los laureados Mártires, consagrándoos desde hoy la esmaltada corona. ¡Qué examinada y probada es vuestra constancia! Pero con todo, hoy más que nunca puedo aprender de Vos una de las más importantes lecciones. Porque si Vos, que sois la pureza por gracia, la Inmaculada desde ab ætérno, toda pulcra por naturaleza (Hugo de San Víctor CRSA, Sermón 9 de la Concepción de María), más pulcra por la gracia y pulquérrima por la gloria, pura en lo interior por la misma pureza y en lo exterior por la virginidad (Juan de San Gimignano OP, Del Cielo y los elementos, libro I, cap. 48) os presentáis hoy en el templo a cumplir la ley de la purificación, ¿qué haré yo, que desde mi primer instante fui concebido en el pecado (Salmo L, 7)? ¡Yo, que llevo siempre conmigo el instigador enemigo, y que soy de un barro el más frágil y quebradizo! ¡Y yo, en fin, que nada puedo reconocer sino, como el Apóstol, una rebelión de mis pasiones que cautiva la ley de mi razón inclinada y propensa siempre al mal (Romanos VII, 23)!… ¿Cómo es posible que, hallándome en tal esfera no cuide de purificar mi conciencia de las inmundicias de la culpa, y limpiarla de la escoria del pecado? ¡Solo mi ignorancia maliciosa puede ser la autora de semejante delito!… ¡Tan solícito como soy en la limpieza de mi cuerpo, y en la de mi alma tan abandonado!… ¡Me pediréis cuenta, Dios mío, de si he vivido según la política mundana o según vuestra ley y soberanos preceptos!… ¡Cuándo me he de convencer de verdades tan eternas!… ¡Oh malicia y ceguedad de mi corazón! ¡Bien cuidadoso soy, Madre mía, cuando estoy enfermo de buscar medicinas que sanen mi cuerpo miserable, que al fin se ha de arruinar, y para el bien de mi alma, que ha de vivir para siempre, ¡an vergonzosamente descuidado! ¡Ah!… ¡Si me confieso lo hago de tarde en tarde, de prisa y como una simple ceremonia, sin advertir que, por este santo Sacramento, recibido con la debida preparación, de enemigo que era de Dios por el pecado me reconcilio con él por la gracia; de hijo desconocido e infiel siervo de María me convierto en su más querido siervo y compasivo devoto!… ¡Qué error! ¡Qué desgracia! No desea el Señor más que un he pecado para perdonarme como a David, y yo ni aun esto practico… ¡Hasta cuándo alma mía, hasta cuándo! ¡Pero ya no más! ¡Ahora, Dios mío, ahora, Reina de mi corazón, llegó ya el instante de mi reconocimiento!… Ya sé el camino, pues que hoy me lo demostráis. ¡Iré al templo, yo que tanta necesidad tengo de purificarme! Allí, ¡oh felicidad!, confesaré mis iniquidades, porque sé que si así lo hago sois justo y fiel para perdonármelas (I de San Juan I, 9)… ¿Cómo he de poder ser vuestro siervo, Virgen santísima, si Vos sois tan limpio y yo tan sucio y abominable; si Vos amáis tanto la pureza del corazón, ¿y yo permanezco tan tranquilo en el hediondo muladar de mis pasiones? Mas no persistiré ni un instante en tal estado… seré más solícito por la integridad de mi conciencia… me dispondré mejor cuando llegue a esta saludable fuente a lavar mi alma, sin omitir el debido examen. ¡Oh confusión la mía!… Infinitas veces he asistido a esta probática piscina, y por mi culpa he salido más inmundo de ella… Yo he callado por una maldita vergüenza o mal entendido pundonor las circunstancias que más acriminaban mi culpa; yo he reparado tan poco en la enmienda desde una confesión a otra, que por mi habitual descuido no hacía reparo de las culpas graves que cometía presentándome al confesor con una misma relación, y convirtiendo esta celestial medicina en ruina y perdición de mi alma… Pero no ya así, Madre mía; os lo prometo con las mayores veras de mi corazón y convencimiento de mi entendimiento, para que así sea efectivamente vuestro siervo.
 
CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
¿Por qué, oh Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada estaba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que Vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto e indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con Vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 3 de septiembre de 2019

ORDENACIÓN DIACONAL EN EL SQUETINISMO

Fuentes confiables informan que el pasado mes de Julio, en la capilla de su seminario de Guadalajara, Mons. Juan José Squetino Schatenhoffer, fundador y superior de la Fundación San Vicente Ferrer y abanderado del conclavismo -acusado por el padre Hernán Vergara de graves faltas contra el Derecho Canónico-, hizo colación de las Sagradas Órdenes en el grado diaconal al español José Ramón González “Máximo” -que estuvo casado y, según dicho de él, hace vida eremítica-. Aquí las fotos:
  
  
Sin entrar al terreno de la vida privada de las personas y sus intenciones (cosa que no nos interesa en absoluto), ni mucho menos cuestionar la validez de las órdenes y la sucesión apostólica de Mons. Squetino, es de advertir por una parte -como lo hemos dicho TANTAS VECES y así les parezca absurdo a algunos-, que el conclavismo es una solución impracticable y que sólo genera mayor confusión de la que ya hay (y en el caso squetinista, es una secta que se ampara en el Catolicismo tradicional). Por otra -aparte de no haber Papa, QUE ES EL ÚNICO QUE PUEDE CONCEDER TAL DISPENSA a solicitud del Obispo-, y en el caso concreto, no conociéndose el rescripto (donde debe constar en forma expresa o tácita el consentimiento -libre y definitivo- de la consorte) que dispensa del impedimento simple señalado en el canon 987 numeral 2º (y no admite la ignorancia como excusa, según el canon 988 -lo cual se suma a las faltas canónicas del consagrante-), se debe considerar a tenor del canon 132 § 3: “el casado, aun cuando reciba de buena fe las órdenes mayores, no las puede ejercer”, que José Ramón González está impedido de ejercer el diaconado -y el sacerdocio, cuando lo reciba-.
 
No es por envidia ni ambición por lo que se hace esta denuncia, pues ante todo, y teniendo en cuenta circunstancias excepcionales (necesidad pastoral o conversión de ministro protestante, como ocurrió en tiempo de Pío XII con los ex-ministros luteranos Rudolph Goethe, Eugen Scheytt, Otto Melchers y Martin Giebner en Alemania). El problema es el respeto que deben tener al Sacramento del Orden (cuyo carácter efectúa la semejanza con Cristo en el sacerdote, por lo que deben permanecer célibes -como reza el Canon 132 § 1), y al Santo Sacrificio de la Misa que debe ofrecer diariamente (y para el que deben acercarse castos y puros de alma y cuerpo), y la autoridad moral para exigir que los fieles lo respeten también.

TRADUCCIONES BÍBLICAS ESPAÑOLAS RECOMENDADAS

  • Petisco - Torres Amat (José Miguel Petisco S.J. y el Obispo Félix Torres Amat), Se reconoce a José Petisco S.J. (Helenista español) como la fuente primaria de la traducción y las nuevas ediciones han colocado su nombre en la portada. Es una Biblia católica, hecha por Félix Torres Amat, directamente de la Vulgata, revisada con sus respectivas ediciones en griego y hebreo. Fue la primera Biblia Católica traducida al español en tener una gran difusión.
  • Bover - Cantera (José María Bover, S.J. y Francisco Cantera Burgos, destacado humanista, hebraísta e historiador. Fue revisada por el P. Félix Puzo S.J., eminente bíblista y colaborador del P. Bóver). Se considera la primera edición crítica católica en castellano de las Sagradas Escrituras en base a los textos hebreo, griego y Latín y aún sigue siendo apreciada por muchos debido a su excelente calidad de traducción.
  • Scío de San Miguel (Felipe Scío de San Miguel, Sch. P. - La Orden de los Clérigos Regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, más conocidos como escolapios, llamados también piaristas en países germanoeslavos y anglosajones y calasancios en algunos iberoamericanos). Biblia que era Bilingüe Latín-Español, el Padre Scío poseía conocimientos no sólo del griego y del latín, sino del hebreo y siriaco y dominaba la Patrística, la Hermenéutica y la Filología. Fue el suyo un trabajo ingente que le llevó gran parte de su vida.
  • Nacar - Colunga (Alberto Colunga Cueto O.P. - Orden Predicadores o dominicos), Eloino Fuster (canónigo), traducción crítica, literal y directa del hebreo, arameo y griego al castellano de la Biblia, versión conocida como Nácar-Colunga,que se publicó en 1944).
  • Colunga - Turrado (Alberto Colunga Cueto O.P. y Lorenzo Turrado, Doctor en Filosofía y Teología por la Universidad Gregoriana de Roma y licenciado en Sagradas Escrituras por el Pontificio Instituto Bíblico, nueva edición de la Vulgata Hispánica), Biblia Sacra iuxta Vulgatam Clementinam de 1946 junto a Alberto Colunga, más conocida como la Colunga-Turrado y la Biblia Comentada VI. Hechos de los Apóstoles y Epístolas Paulinas (1965).
  • Y una de las más recomendadas es la del Monseñor Doctor Juan Straubinger Baumann (La Biblia Platense, también conocida como Biblia Comentada, es una traducción católica de la Biblia al español. Es llamada Platense por haberse hecho en la ciudad de La Plata, Argentina. Es una traducción del Antiguo Testamento en el texto hebreo (texto masorético), exceptuando los escritos deuterocanónicos en los que empleó la Vulgata. Además consultó las Biblias de Nácar-Colunga y Bóver - Cantera para la traducción de muchos pasajes, así como otras versiones bíblicas en lenguas modernas.​ En cuanto al Nuevo Testamento, Monseñor Straubinger se apoyó en el texto griego (Textus Receptus) y en la edición crítica de Merk. La versión de Straubinger es considerada la primera Biblia católica completa en español (basada en los textos hebreos y griegos) hecha en Latinoamérica.

Estas son algunas traducciones más conocidas, muy buenas, para leer, estudiar y aprender de la gran información al pie de página, por lo que resulta muy enriquecedor el estudio de la Biblia, a la par de todo lo que nos ofrece la Sagrada Tradición y el Depósito de la Fe del Magisterio Infalible de la Iglesia, infalible porque procede del Verdadero Dios y Verdadero Hombre, Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero.

Sagrado Corazón de Jesús. En Vos confío. Dulce Corazón de María. Sed nuestra salvación.

ALGUNOS MILAGROS DE SAN PÍO X E HIMNO EN SU HONOR

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
En el día de su Fiesta, he aquí un artícuo dedicado al grande Papa, el Santo enemigo del modernismo. Sancte Pie Décime, Glorióse Patróne, ora, ora pro nobis!
    
FAMA DE SANTIDAD - MILAGROS
   
Este capítulo es solamente el reflejo de las voces que circulaban en el pueblo, viviendo todavía Pío X y más acentuadamente después de su muerte.
 
Nosotros no hacemos más que recoger estas voces como las hemos leído y oído, sin agregar nada de nuestro y sin idea de dirigir o anticipar las conclusiones del proceso de Beatificación que está en el estudio por las supremas jerarquías de la Iglesia.
  
VOZ DEL PUEBLO
“El pueblo es unánime en sus votos, pero no está en él juzgar”. Así concluye [René] Bazin su magistral libro sobre Pío X. Y nosotros replegamos estas palabras suscribiéndolas plenamente. Los juicios de los hombres en esta materia valen lo que valen. Incluso, algunos según la boca de la que provienen, adquiriendo mayor o menor autoridad. [El barón Ludwig von] Pastor, que había conocido a Pío X muy de cerca, dice que quienquiera lo acercaba debía tener la convicción de hallarse en presencia de un SANTO.
  
La muerte, que habíamos narrado en otra parte de este manual, fue la de un SANTO. El muchas veces citado P. G. Albrecht ha escrito estas palabras: “Con plena convicción hacemos nuestra la sentencia que en el anuncio de la muerte (de Pío X) viene pronunciada por muchos: no me maravillaría de hecho, si, a su tiempo, Pío X fuese elevado al honor de los altares”. El abad Benedetto Pierami OSB. Vall. refiere varios MILAGROS, hechos por el SANTO PAPA en vida y en muerte.
  
EL CÓNSUL BELGA
“El cónsul belga Sr. Charles Dubbi –escrive el abad– por mucho tiempo sufría gravemente por una infección en todo el cuerpo de forúnculos de naturaleza maligna. Él recurrió a médicos y había intentado todos los remedios para curarse, pero sin resultado. Por el contrario, sus condiciones iban empeorando. La mañana del 8 de Octubre de 1912 la señora Dubbi, no sabiendo más en qué apoyarse y desesperando de todo remedio humano, llena de fe recurre a Pío X, el cual, requerido de su intervención, alzó los ojos al cielo, oró brevemente y luego dijo a la señora: «Será oída en aquello que ha pedido, siempre confía en Dios» y la bendijo. Vuelta a casa llena de esperanza, mientras la señora se disponía a curar a su marido, encontró que éste estaba curado completamente e instantáneamente”.

«SÍ, SÍ, SÍ»
“En una pública audiencia, concedida por el Papa. Estaba presente un hombre con un brazo completamente paralizado. En vano había experimentado los auxilios del arte médico, en vano habíase dirigido a Lourdes para encontrar la salud. Tuvo finalmente la esperanza de ser curado por Pío X. Cuando éste le fue cercano, el hombre se le dirige con fe y mostrándole el brazo inerte: «Padre Santo, curadme», suplicó. El Papa sonriendo le puso la mano sobre el brazo y casi acariciándolo, repitió tres veces: «sí, sí, sí». En aquel mismo momento un estremecimiento de vida corrió por el brazo, inerte, que improvisamente se distensa, recuperando sus libres movimientos. Era curado”.
  
LA PEQUEÑA FRANCESA
Una niña de 11 años, francesa, estaba afectada casi desde el nacimiento, de parálisis en todo el cuerpo y no podía moverse. Los padres la condujeron a Roma, y, solicitada una audiencia, la presentaron al Santo Padre. Cuando la jovencita fue a la presencia del Pontífice, se sintió INSPIRADA a pedirle la curación y el Papa, escuchádola, dice: “Que Dios os mande todo lo que deseáis. En aquel instante un estremecimiento corrió por sus miembros y enseguida se puso a caminar. ERA CURADA.
   
MISTERIOS DOLOROSOS Y MISTERIOS GOZOSOS  
Bazin, nos trae esto, relatado en una manera admirable:
«Cuando Giuseppe Sarto era Obispo en Mantúa, un día, hallándose en Castiglione delle Stiviere, patria di San Luigi Gonzaga, fue conducido a casa del ecónomo del colegio, donde estaba designado. Allí estaba en una cuna un niño de tres años, enfermo de fiebre tifoidea que los padres temían ver morir. El obispo se acercó y dice al padre: “No morirá, no morirá Luigi. Luego, bendecido el niño, se retiró. El niño, de hecho, se recuperó y los testigos no gritaron milagro, pero muchos debieron pensar, como en otras circunstancias, del todo semejantes, de la vida de Pío X, que hay por el mundo de los misterios dolorosos y misterios gozosos».
«AQUELLA MONJA ES MÁS BUENA QUE YO»
Una monja de un Monasterio de Roma –aún viviente Pío X– estaba afecta de enfermedad, declarada incurable por los médicos. Resignada a su muerte pero todavía confiando en la virtud taumaturga del Santo Padre, la monja fue un día por una de las hermanas del Papa, tal vez esperando obtener, por este medio, una audiencia. La piadosa Sarto no le rehusó sus buenos oficios, pero allí mismo le dio una camisa usada por el Pontífice, que la monja agradeció mucho, llevó al Monasterio y en la tarde, como una preciosa RELIQUIA, se la aplicó sobre la parte enferma. MILAGRO VERDADERO, en la mañana siguiente la monja estaba ya mejor y en poco tiempo curada completamente. Cuando la cosa fue referida a Pío X, Él primero reprobó dulcemente a su hermana, después dice: “Si las cosas están en aquel modo, quiere decir que la monja es más buena que yo”.
  
Estos son algunos de los Milagros obrados por Pío X en vida. Y los que lo recibieron están vivos y sanos para testimoniarlos. Pero más todavía son los MILAGROS obtenidos, por INTERCESIÓN DE PÍO X, después de su muerte.
  • Una niña de tres años, hija de un ferroviario habitante en Roma, el 15 de Abril de 1915 fue golpeada por meningitis que la reduce a los extremos. El médico dice a la madre: “Haga todo lo que pueda, pero haga cuenta que su niña ya está muerta”. La pobre madre, consternada, viendo que no había más que esperar de la onra humana, recurre a la Intercesión de Pío X, haciendo voto de ir en peregrinación a su tumba y hacer celebrar una Misa. La hija comenzó a mejorar, y tres días después estaba fuera del lecho completamente curada.
  • El 6 de Septiembre de 1915 la niña María del Carmen Zappino de San Sebastiáno en España, hallándose con la nana en Usurbil fue puesta bajo las ruedas de un automóvil y permanece como aplastada. Las ruedas del vehículo le pasaron sobre la parte superior de la persona y habían hecho estragos especialmente en la cabeza. Los médicos le encontraron graves fracturas en la base y en otras partes del cráneo, muchas heridas en el cuero cabelludo y desligamiento de la mandíbula, fractura de dientes, etc. Ante tal infortunio, los médicos se encontraron como perdidos. Entendieron luego que el arte humano nada tenía frente a aquel triste caso. Mas esto que era locura esperar de los hombres, lo podía bien CONCEDER DIOS POR INTERCESIÓN DE PÍO X. La madre de la niña [María Teresa Barcaiztegui Manso, vda. de Zappino], llena de confianza, se dirige al Siervo de Dios y colocó una RELIQUIA suya, tenida del Conde de Lariz [Antonio María de Murúa y Rodríguez de Paterna], bajo la almohada de la hija. Esta en pocos días volvió en perfecta salud, contra las previsiones de la ciencia y sin la ayuda de ésta.
  • Eufrasia Natali, Monja de la caridad, agregada en el hospital de Anagni, el 19 de Agosto  de 1918 cae gravemente enferma de cólico abdominal de tipo apendicular con amenaza de peritonitis que en pocos días la reduce en estado preagónico y comatoso. El médico propone la operación, mas con escasísima esperanza de éxito. La superiora invitó a la enfermera a encomendarse con fe a Pío X y le da una RELIQUIA del Siervo de Dios, que pone sobre la parte enferma. La pobre moribunda balbuceó una oración y enseguida fue sorprendida por un sueño benéfico. Cuando se despertó era otra. Gritó: “¡Estoy curada, estoy curada! Pío X me ha hecho el MILAGRO”. Y cuando a las tres del mismo día viene el cirujano para la operación, permanece como absorto ante aquel espectáculo. Pero debe reconocer y verificar la realidad de la curación instantánea.
Texto tomado de «Il Santo Papa Pio X, Terziario Francescano», obra de las bibliotecas franciscanas, Alessandro Francini Bruni, Unione Francescana, Via dei Cappuccini 28, Florencia, 1936. Fuente secundaria: parrocchiariesepiox.it
   

NOVENA AL SANTÍSIMO NOMBRE DE MARÍA

Novena escrita por un sacerdote escolapio, y editada por Juan Gaspar en Barcelona en 1853. Monseñor José Domingo Costa y Borrás, Obispo de Barcelona, aprobó esta Novena y concedió 40 días de Indulgencia por cada día de la novena.
    
BREVE EXPLICACIÓN
Al venerarse a María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de las Escuelas Pías, debe su origen a que San José de Calasanz, tomo el sacrosanto nombre de María por escudo de armas para su Instituto, eligiendo a la Señora por su Patrona especialísima, y queriendo que tanto los profesores, como los discípulos de su Escuela, honrasen con devoción singular a la Madre de Dios.
  
La Novena puede ser rezada por cualquier persona y en cualquier tiempo. Soliciten la intercesión de San José de Calasanz, que a través de esta Novena se les conceda la petición solicitada, siempre y cuando esté en la Voluntad de Dios.
  
NOVENA AL SANTÍSIMO NOMBRE DE MARÍA, O SEA, NUESTRA SEÑORA DE LAS ESCUELAS PÍAS
 

Arrodillados delante de alguna imagen o estampa de la Santísima Virgen, se dirá:
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y, cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y así como lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, que los perdonareis, por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.
 
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh piadosísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, dignaos admitir estos obsequios que humildemente consagramos a gloria de vuestro Nombre Sacrosanto. Indignos somos que nos escuchéis, mas vuestra piedad no sufrirá el alejarnos de Vos. Vuestro amor nos atrae, vuestra piedad nos convida, y la multitud de gracias que nos habéis dispensado en medio de nuestras iniquidades, nos obliga y empeña a bendecir con todas las ansias de nuestro corazón, las grandezas admirables de vuestra alma y de vuestras perfecciones y prerrogativas inestimables comprometidas en el Nombre Augusto y venerable que recibisteis del Cielo. Sea bendito por toda la eternidad. Alábenle las criaturas todas, del Cielo, de la Tierra y del abismo. Nosotros por todas, le bendecimos y loamos, esperando poder hacerlo eternamente en la Gloria. Amén
  
JACULATORIA (de autoría de San José de Calasanz): A tu amparo y protección, Madre de Dios, acudimos. No desprecies nuestros ruegos, Y de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita, Defiende siempre a tus hijos.

DÍA PRIMERO - 3 DE SEPTIEMBRE
Oh Virgen Madre MARÍA, cuyo santísimo y augusto Nombre, que significa «Mar de gracia» nos descubre, que el Altísimo se complació en Vos desde toda eternidad, y por lo mismo os preservó de la culpa original, en atención a los méritos previstos del Redentor del mundo, que había de nacer de Vos: recibid el sincero parabién que os damos no sólo por esta primera y especialísima gracia, con que fuisteis enriquecida en vuestra Concepción inmaculada, sino también por todos los demás dones, privilegios, prerrogativas y distinciones que la Beatísima Trinidad se dignó reunir en vuestra alma, para que fueseis verdaderamente un mar inmenso de gracias celestiales. Refluya, Madre nuestra, en nosotros ese piélago soberano y alcáncenos vuestra poderosa intercesión auxilios eficaces, con que solicitemos, obtengamos y conservemos la divina gracia, para que asemejándonos en la santidad a Vos, no desmerezcamos el título de hijos vuestros, y después de celebrar en la tierra las glorías de vuestro Nombre, bendigamos en el cielo con Vos al que vive y reina Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Ahora se rezarán cinco Ave Marías con un Gloria en veneración de las cinco letras que componen el sagrado nombre de MARÍA, y se hará en silencio la súplica de la gracia especial que se solicita.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísima y amabilísima Virgen MARÍA, que os dignasteis tomar bajo vuestra soberana protección el benéfico Instituto de las Escuelas Pías, y honrarle y defenderle con el escudo de vuestro Nombre Sacrosanto; vednos aquí, Señora, y Madre nuestra, que emulando la devoción de vuestro fervoroso y amante siervo San José de Calasanz, nos acogemos también a la sombra saludable de tan Augusto Nombre, confesándole gloria del Cielo, consuelo de los mortales, terror de los Infiernos. Reconoced, ¡oh Virgen bendita!, en nosotros a vuestros hijos, acordándoos que el Unigénito del eterno Padre y también unigénito vuestro no se desdeñó de apellidarnos sus hermanos. Dadnos, os pedimos, una perpetua y devota memoria de vuestro suavísimo Nombre. Sea este como manjar dulcísimo, como sabroso alimento para nuestras almas. Ampárenos en nuestros peligros, en nuestras tribulaciones y angustias, y en la hora de nuestra muerte no pereceremos, si nos hacéis la gracia de que sepamos invocarle devotamente y con fervor. Venga también, oh Madre, sobre nosotros todos cuantos nos hemos congregado para celebrar vuestro venerable Nombre, la bendición divina que alcanzasteis de JESÚS para las Escuelas Pías. Continuad protegiendo esta santa Institución, a sus individuos, discípulos y bienhechores, para bien de la Iglesia y salvación de las almas. Logremos todos por vuestra intercesión una vida penitente, y una muerte santa en el ósculo del Señor. Amén.
  
GOZOS EN HONOR AL SANTÍSIMO NOMBRE DE MARÍA
    
Fuisteis hermosa, MARÍA,
Bello Sol divino la Aurora:
Sednos Madre y Protectora,
Virgen de la Escuela Pía.
    
Arca de setim sois bella,
Labrada con tal modelo,
Que se encierra en ella el cielo,
Según lo anuncia la estrella:
Todos tenemos en ella
Para el cielo norte y guía.
Sednos Madre y Protectora,
Virgen de la Escuela Pía.
     
Una religión fundasteis
Que en la piedad esmerada
Siempre es de Vos auxiliada
Desde que Vos la dotasteis:
A un nuevo José nombrasteis
Por su jefe, Padre y guía.
Sednos Madre y Protectora,
Virgen de la Escuela Pía.
      
Siempre que el rosario os canta
Vuestro escuadrón niño y tierno,
Aterra a todo el Infierno
Y al mismo Demonio espanta,
Al punto al cielo levanta,
Cantando el Ave María.
Sednos Madre y Protectora,
Virgen de la Escuela Pía.
       
En salud y enfermedad,
Virgen Pía os llaman todos,
Pues explicáis de mil modos
Con todos, vuestra piedad:
Halla en su necesidad
Remedio el que en Vos confía.
Sednos Madre y Protectora,
Virgen de la Escuela Pía.
         
Es vuestro auxilio implorado
Medicina a cualquier mal:
No hay accidente fatal
Que Vos no hayáis remediado:
Todo enfermo desahuciado
Halla en Vos la mejoría.
Sednos Madre y Protectora,
Virgen de la Escuela Pía.
         
Fuisteis hermosa, MARÍA,
Bello Sol divino la Aurora:
Sednos Madre y Protectora,
Virgen de la Escuela Pía.
     
℣. Bendito sea el Sacratísimo Nombre de María.
℞. Desde ahora y para siempre.
    
ORACIÓN
Suplicámoste, oh Dios omnipotente, hagas que tus fieles, que se glorían del Nombre y de la protección de la Santísima Virgen María, por su piadosa intercesión, sean librados de todos los males de la tierra y merezcan llegar a los gozos eternos en los cielos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
     
Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, y la Inmaculada Concepción de María Santísima, Madre de Dios y Señora nuestra, concebida sin pecado original en el primer instante de su ser. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO - 4 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y la Jaculatoria.
  
Oh Virgen Madre MARÍA, cuyo Augusto Nombre de «Iluminadora» en su significación nos declara haber sido Vos en vuestro nacimiento la brillante Aurora, que anunció al mundo la próxima llegada del Eterno Sol de Justicia, Cristo JESÚS. Seáis bendita, Oh Madre nuestra, por aquella luminosa claridad, con que comenzasteis desde luego a disipar las tinieblas del mundo, iluminándole con los ejemplos de vuestra vida inocentísima y con los beneficios de vuestra ilimitada misericordia. Dignaos, Señora, iluminar nuestras almas con la memoria de vuestras admirables y puras costumbres, y con los celestiales auxilios que nos alcance vuestra solícita piedad. Vuestros ejemplos sean antorcha que guíe nuestros pasos e ilumine nuestras sendas: vuestra misericordia alumbre los ojos de nuestro corazón, para que no durmamos en la muerte del pecado. Aparezca vuestro Nombre sacrosanto en medio de nuestras últimas agonías, y devotamente pronunciado disipe los temores de nuestras almas, ahuyente de nosotros y nuestras habitaciones a los espíritus infernales, y selle los últimos alientos de nuestra vida opaca que, terminada así felizmente, prosigamos cantando vuestras alabanzas por toda la eternidad. Amén.
  
Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Rezar cinco Avemarías y un Gloria Patri. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO - 5 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y la Jaculatoria.
  
Oh Virgen Madre MARÍA, cuyo Nombre Augusto interpretado «Estrella del Mar» nos demuestra que fuisteis por Dios destinada para guía y consuelo de los mortales, mientras fluctuamos por el turbulento mar de este mundo. Ved, Señora, y ved con ojos compasivos cuán terribles son las olas de molestas tentaciones que nos combaten, cuán formidables los escollos de los malos ejemplos que continuamente se presentan a nuestra vista. Y nosotros, débiles, zozobramos a cada paso y perdemos el rumbo de nuestra patria.
  
El cielo se nos oculta, y el abismo se abre bajo nuestros pies, porque pecamos, y después que pecamos, somos acometidos de la desconfianza y de la desesperación. ¡Oh, cuantas veces, Virgen santa, si no hubiera sido por Vos, habríamos desconfiado de la divina misericordia! Bendita seáis, Madre piadosísima, que cual Estrella del mar habéis aparecido en nuestros corazones turbados con la memoria de nuestras culpas, y habéis restituido a nuestras almas la calma y la serenidad. No os ocultéis jamás a nuestra vista, no permitáis que nuestro corazón os olvide, o deje de invocaros con fervorosa confianza. Porque ciertos estamos, ¡oh MARÍA!, que siguiendo vuestra dirección no nos extraviamos, y pensando en Vos no erramos: que con vuestra ayuda no caemos, y que con vuestra protección, nada tenemos que temer; que si Vos nos guiais, no nos fatigamos, y si nos sois propicia arribaremos con felicidad al puerto de la bienaventuranza, donde por siempre cantaremos las glorias de vuestro Nombre. Amén.
  
Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Rezar cinco Avemarías y un Gloria Patri. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA CUARTO - 6 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y la Jaculatoria.
  
Oh Virgen Madre MARÍA, cuyo venerable Nombre significando «Señora» nos recuerda el dominio que ejercéis sobre las celestiales, terrenas e infernales criaturas. Grande admiración, ¡oh Madre!, consuelo y alegría nos causa el contemplaros Señora universal. Sois Señora de los Ángeles, y ante Vos, humana criatura, se postran reverentes los soberanos espíritus, que muchos siglos antes de que Vos nacieseis, solo se postraron ante el supremo Creador. Pero vuestra santidad casi infinita, y vuestra dignidad de Madre de Dios os ha colocado sobre las celestiales jerarquías. Oh, ¡que grandeza la vuestra, Virgen poderosa! Si os obedecen los Ángeles bienaventurados ¿cuánto de Vos temblarán los espíritus malignos? ¡Y que felicidad para nosotros, que Vos tengáis tal dominio! He aquí, Señora, nuestros ojos se dirigen siempre a vuestras manos. De ellas nos ha venido cuanto bueno poseemos, de ellas esperamos recibir cuanto necesitamos, por ellas queremos ofrecer al Señor cuanto de bueno practiquemos con su gracia. Nuestro corazón suspira por amaros, ansían nuestros labios bendeciros, desea veneraros nuestro espíritu y nuestra alma se complace en suplicaros. Admitid, Señora, nuestros obsequios y ejerciendo vuestro dominio contra los enemigos de nuestras almas, alejadlos de nosotros en la hora de nuestra muerte, para que libres de su tiranía nos gocemos eternamente en vuestra amable servidumbre. Amén.
  
Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Rezar cinco Avemarías y un Gloria Patri. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA QUINTO - 7 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y la Jaculatoria.
  
Oh Virgen Madre MARÍA, cuyo santo Nombre interpretado «Mirra del mar», nos descubre los frutos admirables de vuestras virtudes perfectísimas. Fuisteis de cierto, Madre nuestra, mirra suavísima y escogida en la presencia del Altísimo. Atraído por su olor, el Rey de la Gloria descendió del seno del eterno Padre a morar en vuestro vientre, y engendrasteis así Vos en el mundo la perla de la inmortalidad. Llena después de amargura en la Pasión de vuestro querido JESÚS, y abrasada en el fuego de la caridad más sublime, exhalasteis una suavidad tan fragante, que embalsamó los cielos y la tierra recreando maravillosamente a sus moradores. La Iglesia se goza aún percibiendo el aroma exquisito de vuestro corazón sacrificado por los pecadores al pie de la Cruz en la cima del Calvario. Oh Madre querida, seamos semejantes a ti los que nos gloriamos de ser hijos vuestros. La memoria de vuestras penas toleradas por nuestro amor, amargue nuestros corazones con la mirra de la compunción y encendidos nuestros pechos en el amor de JESÚS ofendido, destilen esta mirra nuestros ojos en abundantes lagrimas, y destílenla nuestras manos en obras de virtud y penitencia. Seremos entonces buen olor de Jesucristo, y el Señor no rehusará habitar en nuestras almas por su gracia, hasta que logremos con la misma ser coronados de gloria en la feliz eternidad. Amén.
  
Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Rezar cinco Avemarías y un Gloria Patri. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA SEXTO - 8 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y la Jaculatoria.
  
Oh Virgen Madre MARÍA, que os dignasteis interpretar vuestro sagrado Nombre «Madre de misericordia», a fin de consolar a un siervo vuestro en la hora de su muerte. ¿A quién mejor que a Vos clamaremos nosotros, miserables y desolados, implorando el alivio de nuestros males y miserias? ¿A quien mejor que a Vos, verdadera Madre de misericordia? Oh Madre santa, Madre única, Madre inmaculada, Madre incorrupta, Madre de misericordia, Madre de piedad y de indulgencia, abrid vuestro seno piadoso y recibid en él a los que estamos muertos por la culpa. Hijos pródigos, pero ya arrepentidos clamamos a Vos, y con todas las veras de nuestro corazón llenos de confianza os apellidamos Madre nuestra. Y recordamos ¡oh!, con cuanto agradecimiento, las veces innumerables que nos habéis protegido, defendido y excusado con el divino Padre. ¡Qué fuera ya de nosotros sin vuestra mediación, Madre amantísima! Continuad, Virgen pía, vuestros oficios de maternal misericordia para con nosotros desdichados pecadores. Vos sois nuestro refugio. Vos nuestro consuelo; en Vos está nuestra esperanza durante la vida, y en Vos confiaremos, cuando acercándose el momento de comparecer ante el tribunal de Jesucristo, pida justicia contra nosotros nuestro común enemigo. Haced, oh Madre, que en aquel instante os invoquemos fervorosos y responded piadosa a nuestra invocación; tomad a vuestro cargo nuestra defensa, y aplacado el divino Juez por vuestra intercesión logremos con Vos bendecirle por los siglos de los siglos. Amén.
  
Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Rezar cinco Avemarías y un Gloria Patri. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO - 9 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y la Jaculatoria.
  
Oh Virgen Madre MARÍA, «toda dulzura y toda suavidad», como lo declara vuestro Nombre sacrosanto, ¿Quién podrá dignamente celebrar la dulzura de vuestro trato y la benignidad de vuestra condición? Una sola palabra vuestra llenó de alegría al mundo y regalando dulcemente los oídos del divino Esposo, os hizo al mismo tiempo Esposa suya, Madre de Dios. Saludasteis a vuestra prima Isabel, y apenas vuestra dulce voz resonó en sus oídos, el hijo que llevaba en sus entrañas, dio saltos de gozo y ella misma fue llena del Espíritu Santo. Oigamos, Madre nuestra, también vuestra voz; habladnos, Madre dulcísima, eficazmente al corazón. Ya sabemos, que nos diréis como a los sirvientes de las bodas de Caná: «Haced lo que mi Hijo os diga»: Dadnos, pues, que llegue a los oídos de nuestra alma esta vuestra voz, y dadnos voluntad de cumplirla con prontitud y perfección. Habladnos así mismo, Madre querida, en la hora de nuestra muerte, allí entre los clamores y remordimientos de nuestra conciencia suene vuestra voz en nuestros oídos: cuando en medio de nuestras agonías os digamos: Madre, oigamos de vuestros labios el dulce nombre de hijos, y consolados y reanimados con tal palabra volemos en vuestros brazos a bendecir para siempre vuestro Nombre en las moradas eternas de la gloria. Amén.
  
Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Rezar cinco Avemarías y un Gloria Patri. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA OCTAVO - 10 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y la Jaculatoria.
  
Oh Virgen Madre MARÍA, cuyo sagrado Nombre nos revela vuestra celestial hermosura. Nosotros, Madre bella, nos complacemos singularmente en contemplaros superior en belleza a todas las criaturas sensibles e insensibles producidas por la sabia mano del Omnipotente. Con indecible gozo de nuestra alma os predicamos hermosa cual la luna en su plenitud y escogida como el sol. Os miramos y admiramos toda linda, toda bella, sin mancha alguna ni sombra de pecado o de ignorancia. Nos congratulamos de tener una Madre que fue siempre objeto de las complacencias del Altísimo; alábenla los astros de la mañana, y cuya hermosura celebran el sol y la luna admirados, con júbilo universal de los hijos de Dios. Oh felicísima, oh bellísima, oh hermosísima sobre todas las hermosuras inferiores al Creador. Cautive, Madre querida, vuestra casta belleza nuestros corazones, y enamorados estos de vuestras gracias singulares, jamás sean presa del amor profano, ni se dejen seducir de la pasajera hermosura de los cuerpos corruptibles. Agrádenos solamente la belleza de la virtud, la hermosura de la gracia, el resplandor de la inocencia, estas bellezas que no pasan con los años, que no se marchitan con la enfermedad, estas bellezas que la muerte perfecciona y eterniza. Amemos, ¡oh MARÍA!, tu belleza celestial, y para poder gozarla conservemos por tu intercesión limpias de toda culpa nuestras almas, a fin de que terminada nuestra carrera mortal, logremos ser eternos admiradores de vuestra belleza en la mansión de los justos. Amén.
  
Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Rezar cinco Avemarías y un Gloria Patri. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO - 11 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y la Jaculatoria.
  
Oh Virgen Madre MARÍA, cuyo sagrado Nombre interpretado por San Juan Crisóstomo: «Gran Milagro», nos revela vuestra suma perfección, y nos enseña a miraros como la criatura predilecta del Altísimo. Así es en verdad, Madre nuestra, con placer indecible lo reconocemos y confesamos. Milagro sois de la gracia que se anticipó a la muerte de Jesucristo para redimiros en virtud suya y librarnos de la culpa original. Milagro sois del divino Espíritu, por cuya soberana operación brillan en Vos juntamente la flor de la Virginidad, y los frutos de la Maternidad, siendo Virgen fecunda y Madre intacta. Milagro sois que al cielo Csombra, contemplándoos criatura y Madre del Creador. Haced, ¡oh Madre!, que la consideración de tanta grandeza vuestra excite en nuestras almas vivos deseos de contemplaros eternamente, y que para conseguir tanta dicha nos resolvamos de una vez a renunciar al pecado y practicar las máximas del Evangelio, cuya fiel y constante observancia nos haga merecedores de gozar de vuestra presencia y bendecir con Vos en el Cielo al que vive y reina Dios por los siglos de los siglos. Amén.
  
Se repite la jaculatoria: «A tu amparo», etc. Rezar cinco Avemarías y un Gloria Patri. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.