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sábado, 17 de mayo de 2025

DE LA RUINA DEL MUNDO

   
TOSCANO
Se non che pur è vero e così credo,
Rettor del mondo, che infinita sia
Toa providenzia; né già mai potria
Creder contra, perché ab experto el vedo;
Talor serìa via più che neve fredo,
Vedendo sottosopra volto el mondo
Ed esser spenta al fondo
Ogne virtute e ogne bel costume:
Non trovo un vivo lume,
Né pur chi de’ soi vizi se vergogni;
Chi te nega, chi dice che tu sogni.
  
Ma credo che ritardi, o Re superno,
A maggior pena de’ soi gran defetti
On pur ch’è forsi appresso, e tu l’aspetti,
L’estremo dì che fa tremar l’inferno.
A noi virtù non tornarà in eterno:
Quivi se estima chi è de Dio nemico;
Catone va mendico;
Ne le man di pirata è gionto il scetro;
A terra va San Pietro;
Quivi lussuria ed ogne preda abunda,
Che non so come il ciel non si confunda.
   
Non vedi tu il satirico mattone
Quanto è superbo ed è di vizi un fiume,
Che di gran sdegno il cor mi se consume?
Deh! mira quel cinedo e quel lenone
Di porpora vestito, un istrione
Che ’l vulgo segue e il cieco mondo adora!
Non ti ven sdegno ancora
Che quel lussurioso porco gode,
E le toe alte lode
Usurpa, [ha] assentatori e parasciti,
E i toi di terra in terra son banditi?
   
Felice or mai chi vive di rapina,
E chi de l’altrui sangue più se pasce,
Chi vedoe spoglia e soi pupilli in fasce
E chi di povri corre a la ruina!
Quella anima è gentil e peregrina,
Che per fraude o per forza fa più acquisto,
Chi spreza il ciel cum Cristo
E sempre pensa altrui cacciar al fondo;
Colui onora el mondo,
Che ha pien di latrocini libri e carte,
E chi d’ogne mal far sa meglio l’arte.
   
La terra è sì oppressa da ogne vizio,
Che mai da sé non levarà la soma:
A terra se ne va il suo capo, Roma,
Per mai più non tornar al grande offizio.
Oh! quanta doglia hai, Bruto, e tu, Fabrizio,
Se hai intesa questa altra gran ruina!
Non basta Catilina,
Non Silla, Mario, Cesaro o Nerone,
Ma quivi òmini e done,
Ogn’om si sforza dargli qualche guasto:
Passato è il tempo pio e il tempo casto.

-Virtù mendica, mai non alzi l’ale-
Grida il vulgo e la ciecca gente ria;
Lusura si chiama or filosofia:
Al far bene ogn’om volta pur le spale:
Non è chi vada or mai per dritto cale:
Tal che ’l valor se agiaza che me avanzia:
Se non che una speranzia
Pur al tutto nol lassa far partita,
Ch’io scio che in l’altra vita
Ben si vedrà qual alma fo gentile
E chi alziò l’ale a più legiadro stile.
   
Canzion, fa’ che sia acorta,
Che a purpureo color tu non te apogie;
Fugi palazi e logie
E fa’ che toa ragion a pochi dica,
Ché a tuto el mondo tu serai nemica.
   
TRADUCCIÓN
Si no fuese verdad y así creo,
¡Oh Rector del mundo!, que infinita sea
Tu providencia, ni podría yo nunca
Creer lo contrario, porque por experiencia lo veo;
Quizá más que nieve estaría frío
Viendo de cabeza al mundo
Y ser acabadas del todo
Toda virtud y toda buena costumbre:
No veo una viva luz
Ni quien de sus vicios se avergüence;
Quién Te niega, quién dice que Tú sueñas.
   
Mas creo que retardas, ¡oh Rey Supremo!,
Para castigar más duramente sus defectos;
O, por ventura, porque está próximo, Tú esperas
Aquel extremo día que teme el Infierno.
A nosotros la virtud no retornará nunca:
En este mundo se estima a quien de Dios es enemigo;
Catón va de mendigo;
El cetro ha caído en manos de un pirata;
Cayó San Pedro en tierra;
Aquí abajo la lujuria y toda presa abunda,
Tanto que no sé cómo el Cielo no se confunda.
   
¿No ves Tú al satírico maldiciente
Cuánto es soberbio y es de vicios un río,
Que mi corazón se consume de gran indignación?
¡Ah! ¡Mira aquel sodomita y aquel alcahuete
De púrpura vestido, un payaso
Que el vulgo sigue y el mundo ciego adora!
¿No Te indigna aún
Que aquel lujurioso cerdo goza
Y tus altas alabanzas
Usurpa; que tiene aduladores y parásitos, 
Y los tuyos son de ciudad en ciudad perseguidos?
   
¡Feliz es tenido ahora el cual vive de rapiña
Y se harta con la sangre de otros,
Que roba a la viuda y al huérfano 
Y lleva los pobres a la ruina!
Cual noble y virtuosa es tenida el alma
Que por fuerza o fraude gran lucro logra,
Que desprecia al Cielo y a Cristo,
Y siempre piensa derribar al prójimo;
Al que de latrocinios llena libros y papeles,
Y que de todo mal hacer sabe todo el arte,
A aquel el mundo honra.
    
La tierra está tan oprimida de todo vicio
Que nunca más levantar por sí propia la cabeza podrá.
Roma, cabeza del mundo, yace prostrada
Para nunca más retomar su noble oficio.
¡Cuánto dolor hallaréis, Bruto y Fabricio,
Si hubieseis conocido otra ruina tal!
No bastaron Catilina,
Ni Sila, Mario, César y Nerón;
Mas aquí hombres y mujeres
Todos se esfuerzan en hacerle daño.  
Los días piadosos y castos pasaron.
   
Virtud miserable, no alces nunca las alas
Grita el vulgo y la ciega gente malvada;
La lujuria ahora se llama filosofía:
Al bien hacer todos dan la espalda:
No hay quien vaya nunca por el camino derecho,
Tanto que el valor que me queda se congela:
Con todo, una esperanza
Del todo no me deja perderla,
Porque yo sé que en la otra vida
Bien se verá qué alma fue gentil
Y quien alzó sus alas para más virtuoso estilo.
   
Canción, está atenta,
Que no te apoyes en purpúreo color;
Huye de palacios y salones;
Y cuida a pocos decir tus razones;
Porque de todo el mundo serás enemiga.

FRAY GIROLAMO SAVONAROLA, De ruína mundi. En Poesie di Fra Girolamo Savonarola, tratte dall’autografo (Cesare Guasti, editor). Florencia, Antonio Cecchi, 1862, págs. 7-9 (Traducción propia).

martes, 13 de febrero de 2024

SANTA CATALINA DE RICCI, VIRGEN DOMINICA

   
El siglo XVI fue fecundo en Santos en varias naciones, entre ellas Italia. El 23 de Abril de 1522 nacía en Florencia la futura Santa Catalina, aunque el ser bautizada le fue impuesto el nombre de Alejandra Lucrecia Rómula. Sus padres, que se llamaban Pedro Francisco de Ricci y Catalina Bonza, eran buenos cristianos y pertenecientes más bien a la aristocracia de la ciudad. Poco después de nacer Alejandra, murió su madre y su padre pasó a segundos nupcias.
   
La pequeña Alejandra tanto por su padre como por la madrastra fue tratada y educada con todo cuidado. Ya desde niña aparecieron en ella virtudes que después darían más copioso fruto cuando se hiciera mayor.
   
Cuando tenía diez años fue internada por su padre en el monasterio benedictino de San Pedro de Monticelli donde estaba de religiosa su tía Luisa de Ricci. Muy pronto quedaron profundamente admiradas las religiosas al descubrir las muchas y profundas virtudes que adornaban su alma. Alguna religiosa medio la espiaba para ver si su virtud, sobre todo la que manifestaba cuando se encontraba ante el Señor en oración, si era algo natural o pasajero. Pasaba largas horas postrada ante el Santísimo Sacramento y meditaba en la Pasión del Señor, en cada uno de los pasos que nos recuerdan los Evangelios. Cuando ya sea religiosa, será ésta una de las notas más destacadas de su rica vida espiritual.
   
A los trece años volvió a la casa paterna siguiendo casi la misma vida que llevara en el internado. Su padre, según costumbre de la época, le propuso un lisonjero porvenir ya que tenía proyectado unirla en matrimonio con uno de los jóvenes de familia más noble de la ciudad. Alejandra agradeció a su padre sus buenos deseos, pero le contestó resueltamente que no entraba en sus planes el contraer matrimonio ya que se había ya desposado con Jesucristo al que le había hecho voto de virginidad.
   
Conoció a dos religiosas dominicas del convento de San Vicente de Prato, que iban por la calle recogiendo limosna, y la joven les pidió que le dieran toda clase de explicaciones del género de vida que en el convento llevaban. Después de bien enterada de ello, pidió permiso a sus padres y con su bendición ingresó en aquel mismo monasterio el 1535, cuando tan sólo contaba trece años. Vistió el hábito de la Orden dominica y al año siguiente emitió los votos religiosos ante su tío Timoteo de Ricci, confesor del convento, con gran gozo de su alma y de todas las religiosas, ya que todas sabían apreciar el gran regalo que les había hecho la Divina Providencia al enviarles esta perla de criatura.
   
Al poco de profesar, el Señor vino a visitarla enviándole una terrible y múltiple enfermedad, ya que fueron varias las dolencias que a la vez afligían su débil cuerpo. Las mismas religiosas y los médicos quedaban admirados de cómo era posible que pudiera resistir tanto dolor de todo tipo. Se le apareció un Santo de su Orden, hizo sobre ella la señal de la cruz y quedó curada por varios años. Durante estos atroces tormentos tenia una medicina que si no la curaba, por lo menos le daba paz y alivio: Era el meditar en la Pasión del Señor, en los muchos dolores que Él sufrió por nosotros... Meditaba paso a paso, en toda su viveza y a veces se le manifestaba el Señor bien con la Cruz a cuestas, bien coronado de espinas o clavado en la Cruz. Ante estos dolores del Maestro, Catalina –que así se llamó desde que vistió el hábito dominico–encontraba fuerzas para cargar con su propia cruz...
   
Recibió muchos dones y regalos del cielo: Revelaciones, gracias de profecía y milagros... Luces especiales en los más delicados asuntos de los que ella nada sabía. Por ello acudieron a consultarla Papas (Marcelo II, Clemente VIII, León XI y San Pío V), cardenales y grandes de la tierra como el benefactor Filippo Salviati, igual que personas sencillas y humildes, incluso con Santa Magdalena de Pazzi y San Felipe Neri (con quien mantuvo correspondencia y a quien se le apareció milagrosamente en Roma). A todos atendía con gran bondad y humildad ya que se veía anonada por sus miserias y se sentía la más pecadora de los mortales. El 2 de febrero de 1590 expiró en el Señor.
   
El cuerpo de la santa se venera en la basílica dedicada a San Vicente Ferrer en Prato.

martes, 23 de mayo de 2023

SAVONAROLA EN EL CIELO

   
Visión del 23 de mayo de 1515: Arcángela ve el alma de Jerónimo Savonarola en la gloria de los bienaventurados en el cielo, todo resplandeciente de luz. El fraile la profetiza el advenimiento de un buen pastor que reformará la Iglesia, y el castigo que se abatirá sobre la ciudad de Florencia, rea de haberlo perseguido, pero tampoco Milán será preservada.
La noche precedente a la fiesta de Pentecostés, que fue a 23 de Mayo del año dicho, se postró la dicha virgen Arcángela en oración, y arrebatada en espíritu fue conducida al cielo donde puso gran solemnidad. Vio el alma de fray Jerónimo, y con ella el beato Amadeo, el cual puesto junto a él, dijo el mencionado fray Jerónimo: «Este es aquel que ha confirmado mis palabras, las que he dejado escrito». A lo cual repuso la virgen: «Oh, ¡Cuánto deseo saber el tiempo de esta renovación de la Iglesia!, de la cual habéis escrito para consolación espiritual de mis hijos que padecen tantas fatigas». Y el ángel le respondió: «Tú ahora no lo sabrás, pero solamente espera a la solemnidad de hoy, y considera los dones que Dios te confirió, y dale gracias, porque el alma no solo se debe contentar con haber recibido la gracia de Dios, sino que debe ser solícita para su conservación, porque primero debe guardar su corazón, después debe atender que todas sus operaciones se vuelvan a su debido fin, que es Dios. Pero sobre todas cosas, debes refrenar la lengua, y pensar ahora en el inmenso amor de Cristo hacia la generación humana, por cuya salvación derramó abundantemente Su Preciosa Sangre. Debes aún considerar el día de la muerte, la cual es infalible e inevitable, y después la justicia de Dios, que de ninguna manera se puede corromper, que castiga a los pecadores, y recompensa a sus elegidos en la eternidad. Nadie podrá engañar su sabiduría, plegar su justicia y huir la vindicta. Pero tú no te quieras entristecer por tantas fatigas que has afrontado y afrontarás en este valle de lágrimas. Pero más pronto acuérdate de aquella dulcísima y amorosísima invitación cuando diga a sus elegidos: «Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino que os fue preparado desde la creación del mundo, seréis invitados a aquella vita eterna, por cuya ganancia deseasteis la muerte, y a aquellas eternas riquezas, por la cual deseasteis la pobreza para poseerlas, y a aquellos honores eternos y triunfos incorruptibles, que para poseerlos deseasteis en esta vida ser poco estimados, como hizo aquel pobre quemado, que veis aquí». Y le mostró al mencionado fraile Jerónimo de Ferrara, y señaló el ángel: «Mira si ahora que está quemado, se ven las huellas de combustión». La cual habiéndole mirado, le pareció todo lúcido y fulgente de mucho esplendor, y dijo: «Verdaderamente en él no aparece signo alguno de combustión». Y vio junto a él a otro que estaba lejos y le preguntó quién era. El ángel dijo: «Este fue compañero de la tribulación, y es ahora compañero de consolación, y se llamaba Domingo. Este que veis estar lejos, entiende pues que él no goza de tanta gloria como aquel, porque aquel Jerónimo fue jefe de este y conductor, y acérrimo reprensor de vicios, y este fue conducido e introducido por él. Confirmó Jerónimo con la boca y con obras aquellas obras que este ha dejado por escrito». Deseaba esta virgen grandemente hablar con el dicho fraile Jerónimo, y no podía decirle cosa. Pero el ángel, conociendo su deseo, dijo: «Mañana será el día preordenado por Dios. Regresa ahora a los propios sentimientos». Y enseguida se regresó a su celda y dando gracias a Dios comenzó a pensar en las cosas que le fueron dichas por el ángel. Después viniendo la noche siguiente comenzó a orar por su congregación, porque por la ausencia del padre del monasterio las hermanas no habían podido comunicarse, no quisiese sin embargo Dios retire de ellas su gracia, y particularmente rogana por una porque a ella aparecía toda contristada, y esta mucho la amaba, para que Dios la quisiese consolarla y mandar en ella el Espíritu Santo. Y pronto, arrebatada en espíritu, vio el ángel, el cual le habló en este modo: «Sabe que tu hija no está triste porque crea estar privada de la gracia de Dios, sino que teme haber perdido tu favor, porque le has mostrado el rostro turbado». A lo cual la virgen responde: «Me parece, ángel de Dios, que no debería haber hecho tanto conmigo». Y él le contesta: «¿Por qué no le has dicho, por qué no le has abierto tu corazón?, que más prudentemente habrías hecho que tener oculto en tu corazón aquella amargura para que hayas satisfecho». Luego ella dio gracias por el consejo dado y comenzó ahora a orar por sus otras hermanas, especialmente por aquellas que conocía más dispuestas a hacer la voluntad de Dios, y dijo: «Oh, cuánto me aflige, ángel de Dios, que aquellas que son más ancianas de edad, que con el olor de la buena vida espiritual deberían llevar a las otras, me parece que sean poco devotas y estén más indispuestas y consuman el tiempo, del cual ninguna cosa es más preciosa, en murmuraciones y pierden este precioso don de Dios». Respondió el ángel: «Son algunas de estas tus hijas, que pronto sienten en su corazón alguna devoción o tengan algunas lágrimas, pronto parten contentas pensando ser buenas y perfectas y que esto les basta. Pero no es así. Antes deberían más a menudo ejercitarse en alabar la admirable e inefable bondad de Dios, que las comienza a visitar, porque, si se ejercitasen, Dios las iluminaría, y conocerían sus negligencias y tibiezas, y se elevarían a mayor conocimiento de Dios. Pero parten creyendo estar en gracia de Dios y en gran perfección, y comienzan a presumir de sí mismas y según debieran crecer de virtud en virtud, vuelven atrás y se hacen más imperfectas ancianas que no cuando eran jóvenes». Después, alegrándose el ángel, le dijo: «Alégrate grandemente, alégrate por tus otras hijas, que siempre se ocupan de ejercitarse y crecer en gracia de Dios: estas son el estabilísimo fundamento de tu religión». Y le mostró algunas particulares, la primera de las cuales era aquella de la que hicimos mención antes, a quien tanto amaba. Entonces ella la recomendó a la Santísima Virgen, que quisiese dispomerla y fortificarla y establecerla en el santo propósito, y que el Señor le diese la bendición a esta compañía. Recomendó aún la consagrada virgen la prefacta compañía a San Miguel, y el ángel le dijo: «Recomienda a tus hijas en Cristo, la cual ha pedido encomendase a nuestro príncipe». Y ella dijo: «Lo recomiendo, pero sé que él está más afecto a Gabriel que a mi príncipe y señor». Y en seguida responde San Miguel: «Hay entre nosotros tal unión de voluntad, tanta paz, tanta caridad y tanta concordia que el honor que se hace a uno de nosotros pertenece a todos, y todos estimamos ser como nuestro propio, porque ellos ofrecen a Dios, cual solo es digno de todo honor, toda reverencia, toda alabanza y toda acción de gracias». Dio ella gracias a aquellos ángeles que la habían escuchado por aquellas por las cuales había rogado, y su ángel le dijo: «Antes que tú vuelvas, conviene darle gracias a nuestra Reina». Y pronto se encontró delante a la Santísima Virgen, que estaba vestida de blanco, coronada de piedras preciosas de toda suerte y acompañada de grande multitud de vírgenes. A la cual esta virgen dio gracias que, aun cuando sus hijas no hubiesen actualmente comulgado, a aquellas había dado gracia y sentimiento de su Hijo. Y Ella respondió: «Así haré siempre si me buscaren». Y vuelta a San Juan evangelista dijo: «Mi dilecto Juan, te constituyo protector y adjutor para conservar la gracia de mi Hijo en esta primera y en las otras, que te he mostrado, y en todas las otras que quieran imitar a estas». Entonces esta contemplativa dio gracias a la Virgen salvadora y retornó a sus propios sentidos, y acordándose que no había obtenido lo que deseaba, mucho se contristaba entre sí y decía: «¿Qué haré, porque no puedo regresar allí?». Y el ángel respondió: «¿Por ventura está en tu libertad regresar alló?». Y la virgen respondió: «¿Por qué no ha querido mi Señor Dios conceder lo que deseaba?». Respondió el ángel: «En esto conociste tu bajeza y humildad, y entendiste que estas gracias no provienen de alguna virtud tuya, sino por mera gracia y liberalidad suya. Tú sobre toda cosa debes disponer de lo que esté en tu posesión, después de darte toda a Dios y permitir que Él haga de ti lo que plugiese a su Majestad». Y dicho esto, vino otro ángel dado a su custodia, al cual ella llamaba el Blanco, porque siempre lo veía vestido de blanco. Y pronto arrebatada en espíritu se halló donde estaba San Gregorio, ante el cual de rodillas, le oró en este modo: «Padre santo, por aquel amor con el cual siempre me habéis amado y con el cual me disteis en dote lo que me lleva a hacer esta petición o sea interrogación, la cual siempre busca mi exaltación en el honor de Dios y de su santísima Madre, esto no refiero, excelente padre, porque busque mi gloria y alabanza humana que nuca sea, sino porque vos, padre, otras veces me dijisteis que cada uno que busque la exaltación de mi honor a gloria de Dios sería grandemente honrado por el mismo Dios. Te pido a fin que me concedas tal don, que pueda hablar con fray Jerónimo y satisfacer al deseo del que me ha rogado, siendo sin embargo cosas justas y según la voluntad de Dios: esto pido». Y él le dijo: «No digas así, hija, no digas así, antes habla con mayor reverencia. Llámalo bienaventurado y no fray Jerónimo, porque aun cuando no ha sido aprobado por la Iglesia e inscrito en el catálogo de los santos, es sin embargo glorificado y santo en la Iglesia Triunfante. Atiende y mira el lugar donde se sienta». Y volviéndose lo vio rodeado de rayos solares, vestido de varios vestidos en forma que no podía conocer de qué color fuese, pero solamente que era tan brillante que apenas podía mirarlo. Estaba ahora con él el bienaventurado Amadeo, al cual aproximándose la virgen, lo saludó. Y este con rostro alegre, mirándola, le habló en esta sentencia: «Yo soy aquel cuyo nombre es casi dormido, pero será todavía exaltado por aquel que será verdadero pastor, el cual será reformador de la Iglesia de Dios». Y luego esta virgen dijo: «¿Cuándo, beatísimo Jerónimo, serán estas cosas?». Respondió: «Quiero que sepas que a ningún mortal está manifestado ahora este secreto, pero cuando sea hecho, todas las cosas estarán quietas, y será acabada todas las tribulaciones. Por lo tanto, no te quieras enfriar, pero persevera en ferviente oración, para que así como por los pecados de los hombres fue retardada esta reforma, así se podrá por la oración de los siervos de Dios acelerar. Florencia, ciudad que he amado grandemente, se ha hecho indigna de la gracia de Dios, porque me ha perseguido hasta la muerte, pero tú ves que no estoy muerto, sino que viviré eternamente. Por esto ha enfrentado grande tribulación, y la experimentará mayor, ha elevado los cuernos de la soberbia y se gloría de tener pontífice. Pero pronto su gloria será vana como el humo. Tu ciudad no escapará mucho de estas futuras calamidades, habrá en ella gran mortandad». Entonces esta virgen, espantada, dijo: «¿Habrá tal vez algún cambio de estado?». Respondió: «No, pero será por su envidia y soberbia, que siempre dañan la mutua y fraterna caridad y amor. Y ellos cazan y donde no están, es necesario que haya discordia, desidia de alma, e inveteradas facciones serán causa de derramamiento de sangre humana. Habrá también una peste universal en forma que pocos quedarán».

Revelaciones de la Venerable Arcángela Panigarola (Biblioteca Ambrosiana de Milán, manuscrito O165 sup., fols. 173v-175r). Traducción propia.

viernes, 2 de abril de 2021

«CUÁNTO DOLOR SOPORTÓ POR TU AMOR»

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.

   
Alma mía, te pido que nunca salga de tu mente el grandísimo amor de tu Esposo y dulce Redentor Cristo Jesús.
    
Esta contemplación será nuestro pan y nuestro alimento, noche y día.
       
Nuestro vivir y nuestro morir sea continuamente en las Llagas y las Entrañas del Dulcísimo Verbo Encarnado.
      
Contempla, pues, alma mía, cuánta fue Su Pasión y cuánto Su Dolor.
    
No hay pasión que a esta pueda [anche solo] asemejarse, porque todos sus sentidos eran brutalizados y golpeados por dentro y por fuera, Su tristeza era grandísima en Su noble y fuerte Mente, en la cual con fuerte impresión aprehendía las cosas que Lo emtristecían, máximamente, los pecados de todos los hombres.
     
Los cuales pecados eran en deshonor de Su Padre e instrumento inmenso de perdición de almas.
       
Y tanto más cuando veía contra Él a los judíos pecar gravísimamente, siendo Sus hermanos, teniendo tristeza de la malicia de los grandes y compasión de la ignorancia de los pequeños, esto es, de la plebe.
    
Aún más aumentaba Su tristeza cuando veía padecer a todas generaciones de hombres: del pueblo hebraico al gentil, siendo por los escribas y por los fariseos acusado y por Pilato condenado.
    
Por Herodes befado y por hombres y mujeres perseguido –y en máxima forma por aquella mujer que hizo negar a Pedro– por príncipes y siervos, de Sus amigos abandonado, de Pedro negado, por Judas traicionado.
     
Y todas estas generaciones de hombres llevaban la tristeza interior de nuestro Salvador.
      
Todavía se movía Su Corazón purísimo, teniendo tristeza de la ofensa la cual injustamente toleraba, y tanto más cuando era en grande irreverencia de Su Eterno Padre, sobre todo viéndose despojado y desnudo ante tanto pueblo, entre el cual ya había predicado gloriosamente y hecho admirables operaciones.
      
Aun la crueldad de la Pasión y de la muerte, la cual no había merecido, Lo afligía mucho y tanto más cuanto esta provenía de la mísera voluntad de escribas y fariseos.
       
Pero sobre todo estas aflicciones más Lo afanaban hacia la Piedad y Compasión que tenía hacia aquellas devotas mujeres, las cuales con grande dolor Lo seguían.
       
Y sobre todo dolor Lo afligían las lágrimas y suspiros y grandísima pasión de Su Dulce Madre, La cual amaba ternísimamente.
    
Fue tan grande la Pasión de nuestro Salvador en los sentimientos.
     
Mas llevó también una acerbísima Pasión en los sentidos externos y, principalmente, en el tacto siendo golpeado tantas veces en la Columna, y trapasado en la Cabeza por la Corona de agudísimas espinas.
    
Y tanto más cuanto era befado, y golpeado, y empujado, y continuadamente golpeado de personas innobles y crueles, los cuales no sabían qué fuese la piedad.
    
Pero sobre todo esto fueron las Llagas cuando fue Crucificado, porque fue herido en los puntos nerviosos, esto es, en las Manos y los Pies; y agravaba el dolor el peso del Cuerpo prendido sobre aquellos clavos, y tanto más por el largo tiempo en el cual estuvo suspendido, por cuanto el Dulce y Buen Jesús era de sana constitución, pero delicada y muy sensible.
   
Esto porque siendo todavía Su Físico noble y robusto, según los filósofos, Él tenía una fortísima sensibilidad y por esto cada mínima puntura o corte resultaba muy dolorosa.
    
Luego piensa en cuánto dolor soportó por tu amor.
      
Su pureza aumentó este dolor, porque Jesús atravesó en el dolor toda Su sensibilidad, incluso la incrementó voluntariamente porque, habiendo asumido di Propria sponte esta Pasión, quería recibirla aún más grave para satisfacer el Sacrificio en bien de la humanidad.
      
¡Oh Caridad inestimable!
      
Jesús habría podido satisfacer Su Sacrificio con una gota de sangre, mas para demostrar Su amor y para convencer a Su creatura para amarlo, aceptó un padecimiento desgarrador.
      
Ulteriormente la multitud de las pasiones, las cuales concurrían juntas en aquel cándido Cuerpo, multiplicando por mucho el Dolor, porque no padeció solamente en una parte del Cuerpo, sino en todas, de la Cabeza a los Pies.
    
Y no solamente en el sentido del tacto, sino en todos: en el gusto cuando le fue dado la hiel y el vinagre para beber; en el olfato, porque fue Crucificado en un lugar fétido, donde se mataba y torturaba; en el oído, porque continuamente oía la voz de los judíos que Lo blasfemaban y hacían befas de Él, y por otra parte allá donde las santas mujeres que lo seguían; además, [oía] las palabras piadosas y llenas de lágrimas y suspiros de Su dulce Madre, más angustiada que todas juntas frente la Cruz.
      
Alma mía, tu esposo Jesús, para salvarte, ha soportado tanta pasión, demostrándote las entrañas de Su misericordia, para incitar a tu duro corazón a amarLo.
    
Es ciertamente duro como el hierro quien, en Todo Esto pensando, no se inflama. Por tanto, contempla mucho Su Pasión para inflamarte de Su dulce Amor, el cual hace aparecer toda fatiga ligera y con alegría ayuda a caminar hacia la Vida eterna.
    
FRAY JERÓNIMO SAVONAROLA OP. Tratado del amor a Jesús, cap. VII y último “De la grandeza de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”.

martes, 13 de marzo de 2018

ORACIÓN “Infélix ego”, DE SAVONAROLA

Girolamo Savonarola en oración ante Jesús crucificado (Xilografía en Exposítio in psalmum “In te, Dómine, sperávi”. Pavía, Imprenta de Michele Garaldi, 1499)
  
El día 8 de Mayo de 1498, mientras Savonarola estaba en la cárcel de Florencia, esperando su ejecución, compuso una meditación titulada “Infélix ego”, sobre el salmo 50 (Miserére) y comenzó otra titulada “Tristítia obsédit me” (La tristeza me oprime), sobre el salmo 30 (In te, Dómine, sperávi), que dejó inconclusa. En ambas meditaciones, Savonarola expresa su tristeza y culpa por haber admitido bajo tortura que sus enseñanzas eran erróneas y que sus profecías no provenían de Dios (los jueces sólo perdonaron en la tortura su brazo derecho, a fin de que pudiera redactar y suscribir su retractación), y expresa su confianza en que Dios le pueda perdonar.
  
Estas “Meditaciones en la prisión” fueron de las pocas obras savonarolianas que se salvaron en su momento del Índice de los Libros Prohibidos, y en los años inmediatamente posteriores a su muerte se conocían traducciones a varios idiomas, destacándose en Español la versión comentada por el cardenal Cisneros. La parte inicial, que presentamos a continuación, fue musicalizada por varios compositores, entre ellos el católico recusante William Byrd, quien compuso un motete a partir de ella.
 
LATÍN
Infélix ego, ómnium auxílio destitútus,
Qui cœlum terrámque offéndi. 
Quo ibo? Quo me vertam?
Ad quem confúgiam? Quis mei miserébitur?
 
Ad cœlum leváre óculos non áudeo,
Quia ei gráviter peccávi.
In terra refúgium non invénio,
Quia ei scándalum fui.
  
Quid ígitur fáciam? Desperábo? Absit!
  
Miséricors est Deus, pius est Salvátor meus.
Solus ígitur Deus refúgium meum.
Ipse non despíciet opus suum,
Non repéllet imáginem suam.
  
Ad te ígitur, piíssime Deus,
Tristis ac mœrens vénio. 
Quóniam tu solus spes mea,
Tu solus refúgium meum.
    
Quid autem dicam tibi, cum óculos leváre non áudeo?
Verba dolóris effúndam, misericórdiam tuam implorábo, et dicam:
“Miserére mei, Deus, secúndum magnam misericórdiam tuam!”...
     
TRADUCCIÓN
Infeliz yo, destituido de todo auxilio,
Que al cielo y la tierra ofendí.
¿A dónde iré? ¿A quién me volveré?
¿En quién me refugiaré? ¿Quién se apiadará de mí?
  
Al cielo levantar mis ojos no me atrevo,
Pues gravemente contra él pequé.
En la tierra refugio no encuentro,
Pues para ella escándalo fui.
  
¿Qué haré, pues? ¿Desesperar? ¡Lejos de mí tal cosa!
  
Misericordioso es Dios, piadoso es mi Salvador,
Pues Dios solo es mi refugio.
Él no desprecia su obra,
Ni rechaza su imagen.
   
A Ti, pues, piadosísimo Dios,
Triste y doliente vengo.
Pues Tú solo eres mi esperanza,
Tú solo eres mi refugio.
   
¿Qué puedo decirte, si levantar mis ojos no me atrevo?
Palabras de dolor derramaré, imploraré tu misericordia, y diré:
“¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu gran misericordia!”...

martes, 23 de mayo de 2017

GIROLAMO SAVONAROLA, ¿SEÑAL DE CONTRADICCIÓN?

  
Nació en Ferrara el 21 de septiembre de 1452. Fue el tercero de los siete hijos del comerciante Niccoló di Michele dalla Savonarola y de Elena Bonacolsi, descendiente de la noble familia de los Bonacolsi, que fueron señores feudales de Mantúa. Según costumbre de las familias acomodadas, éstos entregaron a varios de sus hijos a la iglesia para que se educaran y fueran sacerdotes. El abuelo, Michele (1385 - 1468), era doctor y autor famoso en medicina, médico del marqués Nicolás III de Este y de los gobernantes ferrarenses. Michele Savonarola, su abuelo, era un hombre profundamente religioso, estudioso de la Biblia, de costumbres sencillas y terminantes. En su vejez escribió folletos como el De láudibus Johánni Baptístæ, los cuales, junto con su educación y su estilo de vida, fueron muy importantes en la formación de Girolamo (Jerónimo). Se encargó de su primera educación enseñándole gramática, música y, más tarde, dibujo. De los hermanos mayores, Ognibene y Bartolomeo, no se tienen noticias, mientras que de los otros hermanos, Maurelio, Alberto, Beatrice y Chiara, se sabe solamente que Alberto era médico y Maurelio era fraile dominico, igual que Girolamo.
  
Después de la muerte del abuelo, Niccoló deseaba que su hijo estudie medicina. En un principio, Girolamo se mostró apasionado por los Diálogos de Platón, pero pronto se orientó hacia las enseñanzas del aristotelismo y Santo Tomás de Aquino.
 
Después de haber alcanzado el título de maestro en artes liberales, empezó los estudios de medicina que, sin embargo, abandonó a los dieciocho años para dedicarse a la teología. Escribió, en 1472, el poema De ruina Mundi, el cual permite vislumbrar el tema central de su prédica:
La terra è sì oppressa da ogne vizio,
Che mai da sé non levarà la soma:
A terra se ne va il suo capo, Roma,
Per mai più non tornar al grande offizio...
(La tierra está tan oprimida por el vicio
Que nunca de sí misma librará la carga:
Por tierra cae con su jefe, Roma,
Para nunca más tornar al gran oficio...)
y en 1475, De ruina Ecclésiæ, donde compara la Roma papal de su tiempo con "la falaz y soberbia meretriz, Babilonia", que ha olvidado y desdeñado el fervor antiguo de los Apóstoles, Mártires y Confesores.
  
Con este espíritu entró en la iglesia de San Agustín en Faenza, donde al escuchar al predicador un comentario sobre el pasaje "Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre", decidió ingresar en la orden dominica, ingresando en el convento de San Domenico de Bolonia el 24 de Abril de 1475, recibiendo dos días después el hábito de manos de fray Jorge de Vercelli, prior del convento. Le escribió a su familia que escogió la vida religiosa porque
«he visto la infinita miseria de los hombres, los estupros, los adulterios, los robos, la soberbia, la idolatría, el lenguaje soez, toda la violencia de una sociedad que ha perdido toda capacidad de bien... Para poder vivir libre, he renunciado a tener una mujer y, para poder vivir en paz, me estoy refugiado en este puerto de la religión» 
  
Allí se enfrasca en el estudio teológico, dirigido especialmente por fray Pedro de Bérgamo (autor de la Tabula aurea), Domingo de Perpignano y Nicolás de Pisa, y en 1479 se traslada al convento de Santa Maria degli Angeli en Ferrara, y tres años después a Reggio Emilia, de donde fue enviado al convento de San Marcos en Florencia como lector. Escribió discursos en los que acusó a los hombres de iglesia de todos los pecados habidos y por haber. Los papas humanistas, que ayudaban y mantenían a los artistas, eran su blanco preferido. Sus fieles siguieron con devoción sus llamadas a la vida sencilla. Las misas de Girolamo Savonarola llegaron a juntar 15.000 personas. Decía que todos los males de este mundo se debían a la falta de fe; porque, cualquiera que tuviese fe, se daría cuenta de inmediato que es muy necesario obrar bien, porque las penas del infierno son infinitas. Según Savonarola, los poderosos de este mundo se sentían orgullosos de haber puesto fin a la vida sencilla de los siglos anteriores. Según él, los sacerdotes de esos tiempos eran los peores, por que hacían todo al revés de como deberían hacerlo; a ellos sólo les interesaban los bienes de este mundo, ya no cuidaban las almas ni les inquietban los corazones de su pueblo, si no que sólo se preocupaban de obtener beneficios.
 
Finalmente, en 1482, la orden dominica lo envió al convento de San Marcos en Florencia. En sus discursos hablaba sobre la pobreza y sobre la sobriedad y el carácter fuerte que los verdaderos creyentes deben tener. Su forma de hablar violenta (su acento romañol era "bárbaro" a los oídos florentinos, por lo que sólo lo escuchaban "algunos hombres simples y una que otra mujercilla") y sus críticas excesivas a los poderosos acabaron por desesperar al pueblo, por lo que debió dejar Florencia en 1487.
 
Mientras tanto, en 1484 fue electo el cardenal Giovanni Battista Cybo como sucesor de Sixto IV, asumiendo el nombre de Inocencio VIII. Savonarola meditaba en la soledad de la iglesia de San Jorge y recibió luces que le presentaron que existían "muchas razones por las cuales se acercaba algún flagelo para la Iglesia". Sobre esas razones (las atrocidades de los hombres -homicidios, lujuria, sodomía, idolatría, creencias astrológicas, simonía-, la maldad de los pastores de la Iglesia, la presencia de profecías -señal de próximas desgracias-, el desprecio a los santos, la falta de fe), que atraerían "al flagelo: Anticristo, peste o hambre", predicó en San Gimigniano durante dos años, pasados los cuales le enviaron al convento de Santo Domingo en Bolonia como maestro de estudios. En su vida conventual se distinguió por sus rigurosos ayunos y penitencias (sobre todo el cilicio).

Con todo, Savonarola nunca se consideró profeta. Estando en San Gimigniano, dijo
"Si tú me preguntas como a Amós, que si yo soy profeta, con él te respondo que Non sum prophéta".
 
En Ferrara estuvo dos años en el monasterio de Santa Maria degli Angeli (hoy demolido), sin renunciar a la predicación itinerante sobre la proximidad de los castigos de Dios contra diferentes ciudades, como declaró años después: "Algunas veces prediqué en Brescia y en muchos otros lugares de la Lombardía (Módena, Piascenza y Mantua) sobre estas cosas". En Brescia, el 30 de noviembre de 1489, predijo que "Los padres verán asesinar a sus propios hijos y con mucha ignominia atormentados por las calles" (en efecto, la ciudad fue saqueada en 1512 por los franceses durante la Guerra de la Liga de Cambrai).

El convento de Ferrara lo envió a predicar la cuaresma en Génova; yéndose, como solía, a pie. El 25 de enero de 1490, le escribió una carta a su madre, la cual se lamentaba de su tanto trasegar, respondiendo que
"si yo estuviese continuamente en Ferrara, creed que no tendría tanto fruto como lo tengo afuera, porque ningún religioso, o poquísimos, da algún fruto de santa vida en la patria propia, y en cambio la santa Escritura siempre grita que se vaya fuera de la patria, y  también porque nadie recibe fe de su patria, como sí a uno forastero, en las predicaciones y consejos; y por eso dice nuestro Salvador que no hay profeta acepto en su patria [...]".
 
Ya el 29 de Abril de 1489, Lorenzo "El Magnífico", señor de la ciudad de Florencia, posiblemente por sugerencia de Juan Pico della Mirandola, escribió "al General de los Frailes Predicadores, que envíe aquí a fray Jerónimo de Ferrara"; y, en junio de 1490 entró por la Puerta de San Galo, saludado por un desconocido que lo acompañó desde Bolonia, con las siguientes palabras: "¡Ay de ti si haces aquello por lo cual fuiste enviado por Dios a Florencia!".
  
En el convento de Santa Maria degli Angeli se dedicó con especial énfasis a la predicación después de haber estudiado técnicas para hacer discursos públicos (en 1484 fue nombrado predicador de la Cuaresma en la Basílica de San Lorenzo, sin éxito alguno, debido a que entonces, como él decía, "no tenía ni voz, ni pecho, ni manera de predicar, casi que mis prédicas eran un fastidio para todos los hombres").
 
En 1491, a la edad de 34 años, se le entregó la titularidad de la iglesia de San Marcos en Florencia. Desde allí atacó al Papa Inocencio VIII como "el más vergonzozo de toda la historia, con el mayor número de pecados, reencarnación del mismísimo diablo". Y el gobernante de Florencia, Lorenzo de Médici
  
Sus ardientes predicaciones, llenas de avisos proféticos, no eran extrañas en la época, pero sus profecías parecían cumplirse con los desastres que estaba viviendo la ciudad de Florencia en esos años, como por ejemplo la derrota contra los franceses, o el excesivo lujo de los ricos, que vivían rodeados de obras de arte, frente a miles de personas que vivían en la pobreza. En estas condiciones, la población se acercaba a Savonarola porque denunciaba todo esto. Otro desastre fue la epidemia de la sífilis (llamada entonces "mal francés"). Muchos llegaron a creer que Savonarola era el profeta de los "últimos tiempos".
  
La iglesia de San Marcos donde predicaba Savonarola fue conocida por su fanatismo. Savonarola no era un teólogo en el sentido de proclamar doctrinas. En su lugar, predicaba su idea de la vida cristiana, afirmando que un alma intachable era preferible a cualquier acto lujoso o ceremonia excesiva. Con sus críticas no intentaba hacer la guerra contra la Iglesia de Roma sino que desea corregir los pecados de algunos de sus prelados. Lorenzo de Médici, que gobernaba Florencia y mantenía con su dinero y sus negocios a Miguel Ángel, también conocía a Savonarola, pero este último le hizo blanco de sus críticas. Ante las amenazas de destierro (Lorenzo había expulsado de la ciudad al beato Bernardino de Feltre en 1476 por su prédica contra la usura), Savonarola dijo: "yo soy un forastero y él un citadino y el primero de la ciudad; yo he de estar y él no tendrá a donde ir: yo viviré y no él".
 
Se dice que Lorenzo llamó a Savonarola en su lecho de muerte en 1492 y Savonarola lo maldijo, haciendo que Lorenzo terminase sus días, hasta el último suspiro, temiéndole al infierno. Finalmente, Lorenzo y su hijo Piero de Médici se convirtieron en uno de los blancos de las predicaciones de Savonarola.
  
El rey francés Carlos VIII quiso hacer valer su derecho a gobernar Nápoles, por lo que decidió entrar en Italia con su ejército y pasar por Florencia. Savonarola entonces lo consideró un enviado de los cielos para poner orden en el clero, que él consideraba impuro. El 8 de noviembre de 1494, en la Florencia invadida por el rey francés, estalló una sonada rebelión. La familia gobernante de los Médici fueron acusados y expulsados. Savonarola, tras la expulsión de los Médici, surge como líder de la ciudad. Girolamo comienza entonces a gobernar la República Democrática de Florencia, de carácter fuertemente religioso. Como ahora estaba en el poder, se pone a perseguir ferozmente a los homosexuales, las bebidas alcohólicas, el juego, la ropa indecente, los cosméticos. Savonarola ordenó a la policía que buscara por la ciudad cualquier cosa que permitiera la vanidad o el pecado. Tablas de juego, libros donde se trataban temas sexuales, peinetas, espejos, perfumes, ropa indecente... son retirados por la policía y echados al fuego purificador, la llamada "hoguera de las vanidades", un inmenso fuego que ardía en la plaza principal de la ciudad. También se quemaron cuadros y obras maestras del Renacimiento, libros de Petrarca y Bocaccio, libros de los antiguos escritores de la civilización romana y griega de incalculable valor, por ser considerados inmorales. Todo ello en un intento por obligar a los ciudadanos a que retornen a las costumbres sencillas de los antiguos.
  
En estas condiciones, se formó un grupo contrario al gobierno de Savonarola, llamados los arrabbiati (los enojados), que son derrotados en las calles por los seguidores de Girolamo. Los franciscanos, encabezados por Francesco de la Curia, fueron los mayores opositores a Savonarola, pues con sus predicaciones en la iglesia dominica de San Marcos, la iglesia franciscana de la Santa Cruz pierde adeptos y se queda vacía.
  
En esta época, sus ataques contra la familia española del Papa, la familia Borgia, se vuelven todavía más fuertes, enemistándose definitivamente con el Duque Sforza de Milán y el papa Alejandro VI.
 
Savonarola atacó a los Borgia acusándoles de pecadores. Su feroz ataque se centró en Rodrigo Borgia, que poco después llegó a ser Papa con el nombre de Alejandro VI. Savonarola atacó a los amigos de ese Papa, acusándolos de pecadores, incestuosos y mentirosos. Alejandro VI pidió a Savonarola que cambiara su actitud. El monje no aceptó, e incluso llegó a cuestionar la autoridad del papa, acusándole de ser un hereje usurpador:  
"Bajo el Cielo, no puede haber un pecado más grave que el pervertir la adoración verdadera a Dios, y tornarla una deshonra a la Divina Majestad [...] Al presente, en la Iglesia de Dios, vemos un estado de cosas en el cual, de alto abajo, movido a cólera por esta intolerable corrupción, ha permitido Dios, hace algún tiempo, que la Iglesia estuviera sin un verdadero pastor. Por eso doy testimonio, en Nombre de Dios, que este Alejandro VI de ninguna manera es Papa y no puede ser reconocido como tal... Por esto yo declaro en primer lugar y afirmo con toda certeza, que ese hombre no es Cristiano; que incluso no tiene ya la creencia de que existe Dios, lo que sobrepasa los límites finales de la infidelidad y la impiedad".
  
Savonarola inició la predicación de la Cuaresma -era 17 de Febrero de 1496- con estas palabras:
Ven aquí, Iglesia bellaca, ven aquí y escucha lo que el Señor te dice: Yo te había dado hermosas vestiduras, y tú de ellas hiciste ídolos. Los vasos diste a la soberbia; los sacramentos a la simonía; en la lujuria te hiciste meretriz descarada; tú eres peor que una bestia; tú eres un monstruo abominable. Una vez te avergonzaste de tus pecados, pero ahora no más.
 
El 24 de Febrero tronó desde el púlpito:
Nosotros no hablamos sino cosas verdaderas, pero son vuestros pecados los que profetizan contra vosotros [...] nosotros conducimos a los hombres a la simplicidad y a las mujeres al vivir honesto, vosotros los conducís a la lujuria y la pompa y la soberbia, que ha dañado al mundo y ha corrompido a los hombres en lascivos, a las mujeres en deshonestas, a los jóvenes ha conducido a la sodomía y a la inmundicia, haciéndoles comportarse como meretrices.
 
Disparaba contra las delicadezas de la Corte Papal y contra aquel Renacimiento que quería recuperar el paganismo vencido por la Cristiandad medieval (de ahí la famosa Hoguera de las Vanidades, donde libros, pinturas y joyas fueron consumidos por las llamas). En agosto Alejandro VI le ofrecerá nombrarle Cardenal a cambio de retractarse de las precedentes críticas a la Iglesia y que se abstuviese en el futuro de hacerlo; fray Girolamo prometió responder el día siguiente, en la prédica que realizó en la Sala del Consejo, en presencia de la Señoría:
No quiero capelos, no quiero mitras grandes o pequeñas, quiero lo que le has dado a tus santos: la muerte. ¡Un capelo rojo, pero de sangre, eso quiero!
 
Sus truenos contra Roma le valdrán la excomunión, fulminada el 12 de Mayo de 1497: Recientemente se ha demostrado, tanto por una correspondencia entre el fraile y el Papa como por la correspondencia entre el Papa y otras personalidades, que aquella excomunión era falsa: fue emanada por el Cardenal arzobispo de Perugia Juan López en nombre del Papa, por instigación de César Borgia, que contrató un falsario para crear una excomunión ficta y destruir al religioso. Alejandro protestó vivamente contra el Cardenal y amenazó a Florencia con el entredicho (la suspensión de los sacramentos, indulgencias y funerales) a fin de que le fuese entregado fray Jerónimo, a fin de poder salvarlo y hacerlo disculparse, pero con alguien como César, no tuvo tanto poder para revelar el engaño. En todo caso, Savonarola impugnó la excomunión mediante su Carta a todos los cristianos e hijos dilectos de Dios, donde dice:
¿Ya leíste esta excomunión? ¿Quién la ha mandado? Pero suponiendo por ventura que así fuese, ¿no recuerdas que yo te dije que aunque viniese, no valdría nada? [...] no os maravilléis de nuestras persecuciones, no olvideis, ¡oh buenos!, que este es el fin de los profetas: este es el fin y la ganancia nuestra en este mundo.
 
En la navidad de 1497 volvió a predicar contra Alejandro VI:
El papa es hierro roto (no es más un instrumento del Señor) y no se está obligado a obedecerle, anatema a quien ordena contra la caridad. [...] Cualquier cosa hecha contra la caridad, elíjase muy pronto su Sucesor, que la Barca de Pedro no pudo atender.
 
En 1498 el papa ordenó su arresto y ejecución. El 7 de abril de 1498 falleció Carlos VIII, el rey de Francia, quien había sido hasta entonces defensor de Savonarola. El 8 de abril de 1498, una parte del ejército del papa entra en Florencia. La ciudad no opone resistencia, y los ciudadanos se muestran dispuestos a detener al monje. Éste se esconde junto con sus seguidores en el convento de San Marcos. Mueren muchos de los que intentan protegerlo. Savonarola y los suyos acaban siendo derrotados, incluyendo a sus dos amigos Fray Domenico de Pescia y Fray Silvestro. Poco después, Savonarola, acusado de herejía, cisma y denigración a la Santa Sede, fue conducido a la prisión de Florencia. Durante cuarenta y dos días se le tortura a él y a sus amigos. Después de este tiempo Savonarola firma su arrepentimiento con el brazo derecho, brazo que los torturadores habían dejado intacto para que pudiese hacerlo. La confesión fue firmada antes del 8 de mayo de 1498. Después, se arrepientió de haber firmado esa confesión que le entregaron los torturadores, y ruega a Dios para que tenga misericordia con él por su debilidad física en la confesión de los crímenes que en realidad creía no haber cometido. En el día de su ejecución, el 23 de mayo de 1498, todavía trabajaba en otra meditación, llamada Obsédit me que significa "Obsesionado conmigo".
  
El día fijado para su ejecución lo llevaron hasta la Plaza della Signoria junto con sus fieles seguidores, Fray Silvestro de Pescia y Fray Domenico. A los tres les despojaron de sus hábitos y les relajaron al brazo secular. Otro que estaba presente, cuenta en su diario que el fraile tardó en quemarse varias horas. Los restos eran sacados y devueltos a la hoguera repetidamente, a fin de que los savonarolistas no los trataran como reliquias. Sólo cenizas quedaron al final, que por último serían arrojadas al río Arno, al lado del Ponte Vecchio. Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe, también atestiguó y escribió sobre la ejecución. El gobierno de Florencia fue posteriormente recuperado por la familia Médici.

Martirio de Savonarola y sus dos discípulos Fray Silvestro y Fray Domenico.
 
Savonarola era intenso, ferviente y carismático en el aspecto personal. A menudo se le compara a Lutero en su denuncia de la corrupción de la Iglesia de su tiempo, pero él no establecía las bases doctrinales que, con Lutero, llevarían al quiebre. De hecho, en sus predicaciones y escritos se manifiesta el respeto y la fe incontrastable en el dogma católico, siendo así era un adelantado de la reforma moral que vendría en la Contrarreforma. Después de la muerte de Savonarola se origina en Florencia el grupo conocido como Piagnoni para conservar su memoria, organizado en una especie de gremio. Ahora, después de su muerte, los seguidores de la orden de San Francisco apoyan las ideas de Savonarola, se organizan junto a los demás seguidores de Girolamo, y en 1527 expulsan de nuevo a los gobernantes de la familia Médici, estableciendo otra vez una república. Esta termina en 1530, en la batalla de Gavinana. Savonarola atrajo la admiración de muchos humanistas religiosos posteriores, quienes valoraron sus profundas convicciones espirituales, pasando por alto sus siniestros excesos como gobernante de Florencia.

Sus obras fueron puestas en el Índice de 1559, siendo rehabilitadas en los siglos posteriores, porque Benedicto XIV declaró que en las obras de Savonarola no había la menor sombra de herejía. En el siglo XX, un movimiento para la canonización de Savonarola se inicia entre los dominicos, al juzgar que su expulsión y ejecución habían sido injustas. Se inauguran monumentos a Savonarola en Ferrara, Bolonia (junto a la Basílica Patriarcal de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores y la Santa Inquisición) y Florencia. De él dirá, siglos después, el padre Enrique Lacordaire: “Jerónimo Savonarola fue en balde ajusticiado y quemado vivo en medio de un pueblo ingrato, pues su virtud y su gloria se elevaron sobre las llamas de su hoguera. El papa Paulo III declaró que miraría como sospechoso de herejía a quien osara acusar de ella a Savonarola”.

lunes, 27 de febrero de 2017

DEL CELO INDISCRETO, POR FRA GIROLAMO SAVONAROLA

Tomado de SOCIEDAD RELIGIOSA SAN LUIS REY DE FRANCIA
  
De Fray Jerónimo Savonarola a fray Stefano Capodiponte
 
La paz de Cristo que sobrepasa toda comprensión domine tu corazón en Cristo” (Fil. 4,7), queridísimo hermano. Habiendo estado muy presionado por muchos empeños no he podido satisfacer antes tu deseo: porque incluso olvidándome de mí, a veces no llego a cumplir aquello que pienso y deseo. Ahora sin embargo obligado por tu caridad y tu celo indiscreto, estoy obligado a recomendarte que camines en la vocación para la cual has sido llamado.
  
Acuérdate que en el cielo están solo los buenos, en el infierno sólo los malos; pero en este mundo los buenos y los malos se encuentran juntos; así que jamás podrás encontrar buenos sin malos. He aquí por qué muchos que desean vivir bien, pero sin someterse a personas más ancianas, buscan algo imposible en este mundo. Ellos quieren vivir con los santos, excluyendo a todos los hombres malos e imperfectos. Y como no encuentran esto, abandonan su vocación y se entregan a vagabundear. Son engañados por el demonio, caen en error y en pecado, y a continuación no vuelven más a la vía recta de la sabiduría.
   
Hijo mío, el bien vivir consiste en hacer el bien y en el soportar el mal, y así perseverar hasta la muerte. Y ¿quien podría vivir mal entre los santos sino un hombre perverso y privado totalmente de la gracia de Dios? No merece gran alabanza vivir bien entre los buenos. Digo esto no porque aquellos con los cuales te encuentras sean malos; por el contrario, son buenos, si bien algunos tal vez sean imperfectos; sino porque tú, de una pajuela tiendes a hacer un travesaño.
   
Ciertamente que hay que huir de los hombres malos y perversos, y se debe estar con los buenos; porque “con el santo serás santo y elegido con los elegidos, mientras que con los perversos te pervertirás” (Salmo 17, 26). Pero si tú quisieses huir de todos los malos, tendrías que salir de este mundo. Verdaderamente ya has salido de este mundo, y pensabas que entrarías inmediatamente en el paraíso. En cambio has entrado en la antecámara del paraíso, pero todavía no en el paraíso. En el mundo ha vivido entre escorpiones; pero en el convento te toca vivir entre perfectos, entre los que van adelantando en la vida espiritual, y entre imperfectos; pero no entre malvados.
    
Si tú, pues, encuentras algún falso hermano, no debes maravillarte; más bien deberías maravillarte de lo contrario. De hecho se encontró alguno que otro impío y perverso perseguidor de los buenos en la familia de Abraham, y en la de Isaac, y en la de Jacob, de Moisés, de David e incluso entre los de la casa del Señor nuestro Jesucristo. Por eso, ¿cómo puedes pensar que en este mundo haya una casa sin ningún malo?
    
Te equivocas, hermano, te equivocas: esta es una grave tentación, armada con astucia por obra del diablo. Por eso “busca la paz y persíguela”; “camina ante el Señor”; “humíllate bajo la poderosa mano de Dios”; entre las espinas busca de recoger las rosas: “estima a los otros como mejores que tú”. Si ves algo que no te gusta, piensa que ha sido con buena intención: muchos son interiormente mejores de lo que parecen.
    
Cálmate, pues, hermano mío, cálmate: ejercítate en la humildad, en la sumisión y en la obediencia; reza ininterrumpidamente, y ten sabido que la morada del Señor está en la paz. Ora por mí y dale mis recuerdos a tu maestro y a tus condiscípulos. Cuídate.
 
Desde Florencia, el 22 de mayo de 1492.
Fra Jerónimo de Ferrara, OP

sábado, 15 de noviembre de 2014

GIROLAMO SAVONAROLA CONTRA LA PERVERSIÓN A LA ADORACIÓN VERDADERA

Girolamo Savonarola
   
"Bajo el Cielo, no puede haber un pecado más grave que el pervertir la adoración verdadera a Dios, y tornarla una deshonra a la Divina Majestad [...] Al presente, en la Iglesia de Dios, vemos un estado de cosas en el cual, de alto abajo, movido a cólera por esta intolerable corrupción, ha permitido Dios, hace algún tiempo, que la Iglesia estuviera sin un verdadero pastor. Por eso doy testimonio, en Nombre de Dios, que este Alejandro VI de ninguna manera es Papa y no puede ser reconocido como tal... Por esto yo declaro en primer lugar y afirmo con toda certeza, que ese hombre no es Cristiano; que incluso no tiene ya la creencia de que existe Dios, lo que sobrepasa los límites finales de la infidelidad y la impiedad".

Savonarola, Carta al Emperador, 1497

martes, 31 de diciembre de 2013

SAVONAROLA HABLÓ CONTRA LA APOSTASÍA ROMANA

Girolamo Savonarola
 
Girolamo Savonarola, quien fuera acusado de herejía y quemado en la hoguera por denunciar los vicios de la Jerarquía romana de su tiempo y promover una vida sencilla alejada de la vana ostentación, dijo en un modo profético sobre la actual corrupción moral alentada por la secta vaticana:
“Nosotros conducimos los hombres a la simplicidad y las mujeres al vivir honesto, vosotros los conducís a la lujuria, la pompa y la soberbia, le habéis fallado al mundo y habéis corrompido a los hombres con la libídine, a las mujeres con la deshonestidad, a los niños los habéis conducido a la sodomía y a la miseria y a comportarse como prostitutas”.