domingo, 25 de mayo de 2014

EL CUADRO FAVORITO DE BERGOGLIO ENCUBRE LA BLASFEMIA TALMÚDICA AL SANTO NOMBRE DE JESÚS

Luego de siete meses de salida del cuadro “Crucifixión Blanca”, de Marc Chagall (Moyshe Shagal) del Instituto de Arte de Chicago para el Museo Kimbell de Fort Worth (Texas), y su respectivo retorno, el NATIONAL CATHOLIC REPORTER publicó un artículo de Menajém Wecker donde se revelan muchas cosas desconocidas sobre el cuadro favorito de Bergoglio. De este artículo traducimos algunos apartes:
 
El cuadro favorito de Bergoglio
    
«… Bajo una nueva y consistente luz entre la resbaladiza renovación, el Jesús de Chagall viste una suerte de turbante en su cabeza, y en vez del paño de pureza viste un chal judío de oración, el tallit. Rodeando la escena central de la crucifixión, una sinagoga en llamas a la derecha, rabinos volando sobre los aires (donde debieran estar los ángeles), y un pogrom se presenta a la izquierda. Sobre la cabeza de Jesús, en el títulus, Chagall escribe el acrónimo en latín “INRI” y, en una mezcolanza de hebreo y arameo “Jesus Nazareno, rey de los judíos”».
    
Detalle del cuadro de Chagall. Nótese que el título, no dice Yeshuah (יֵשׁוּעַ), sino Yeshu (יֵשׁוּ‎)
      
Continúa el artículo:
«Si Chagall, que creció entre una gran instrucción judía a pesar de la multitud de errores en muchas de sus inscripciones hebreas, supiera que el modo en que deletrea el nombre de Jesús en hebreo (יֵשׁוּ‎) es el mismo que el acrónimo judío de “que su nombre y su memoria sean borrados”, es debatible. Pero ciertamente es claro que la obra “posee” a Jesús como judío. Y como el sitio web del Instituto de Arte de Chicago indica, que esto señala “dramáticamente un llamado a la atención a la persecución y sufrimiento de los judíos en la Alemania de 1930”.
     
… “En esta pintura, Jesús está en el centro de uno de los más horrorosos sufrimientos que Chagall puede imaginar”, dice Gretchen Buggeln, profesora de Cristiandad y artes en el Christ College de la Universidad Luterana de Valparaíso (Indiana). “Y él no solo está entre el sufrimiento, sino que se identifica como uno de los sufrientes”.
     
… “La apropriación de Jesús como judío es una crítica implícita contra el Catolicismo por ver al judío como si fuera ‘el otro’, por no reconocer su propio dolor en el de los judíos. Manejar la iconografía cristiana es un movimiento crítico”, dijo Margaret Olin, que se apunta a los departamentos de Estudios judíos, Estudios religiosos e Historia del Arte en la Escuela de Divinidad de la Universidad de Yale. “Para el papa, el cristo judío puede ser suficiente para hacer el punto focal sobre la falla de la iglesia y esto puede hablar bien de él”.
      
… “La pintura sale del movimiento, particularmente propio entre los yiddish-parlantes y los judíos no religiosos, de hacer ver a Jesús como compartiendo los sufrimientos de los judíos a manos de los cristianos. Sin embargo, pocos cristianos, si acaso, están advirtiendo dicho movimiento”, dice el Rev. John Pawlikowski OSM.
   
Muchos cristianos interpretarán el cuadro como si desplegara un vínculo directo entre los padecimientos de Jesús y la persecución sufrida por los judíos durante el “Holocausto”, según Pawlikowski. Pero que puede llevar a los cristianos a identificarse “a sí mismos como víctimas, especialmente de los nazis, en vez de verse como una comunidad de fe que contribuyó al sufrimiento de los judíos durante siglos”, dijo. “La pintura, moviéndose como lo hace, pueden enviar un mensaje inadecuado”».
    
CONCLUSIÓN: Marc Chagall creció en la comunidad jasídica de Liozna cerca a Vitebsk (actual Bielorrusia). Su familia fue ultrarreligiosa y Vitebsk fue un centro jasídico que derivó su cultura de la cábala esotérica. Durante su vida, Chagall buscó consejos de los rabinos Lubavitch. Aquí en este trabajo, Chagall escribió el rabínico acrónimo del Talmud para referirse a Cristo, que es:
   
QUE SU NOMBRE Y SU MEMORIA SEAN BORRADOS (en hebreo יִמַּח שְׁמוֹ וְזִכְרוֹ/YIMÁJ SHEMÓ VEZIJRÓ)
   
Reparemos esta ofensa que hacen los judíos contra el Santísimo Nombre de Jesús:

ACTO DE REPARACIÓN POR LOS INSULTOS Y BLASFEMIAS CONTRA EL SANTO NOMBRE DE JESÚS

   
“Oh Jesús, mi Salvador y Redentor, Hijo de Dios viviente, atended, nos postramos ante Vos y os ofrecemos reparación; queremos reparar por todas las blasfemias proferidas contra vuestro santo Nombre, por todas las injurias hechas a Vos en el Santísimo Sacramento, por todas las irreverencias cometidas hacia vuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, por todas las calumnias y difamaciones lanzadas contra vuestra esposa, la Santa Iglesia Católica Romana. ¡Oh Jesús, que habéis dicho: “Si vosotros pidiéreis al Padre cualquier cosa en mi Nombre, Él os la concederá”, os rogamos y suplicamos por nuestros hermanos que están en peligro de pecado; protegedlos de toda tentación de caer de la Fe verdadera; salvad a aquellos que se encuentran en estos momentos al borde del abismo; a todos ellos dadles la luz y el conocimiento de la Verdad, coraje y fortaleza para luchar la batalla contra el mal, perseverancia en la fe y activa caridad! Os lo pedimos, misericordiosísimo Jesús, en vuestro santo Nombre, a Dios Padre, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén”.
   
Por esta oración, indulgencia de 300 días cada vez; plenaria, al mes, con las condiciones acostumbradas, si se reza diariamente. Papa León XIII, Mayo 13 de 1903.

sábado, 24 de mayo de 2014

LA LÍNEA MEDIA EN ACCIÓN

Desde LEGIÓN CATÓLICA.
    
El Padre Alfredo Sáenz SJ (ordenado sacerdote en 22 de diciembre de 1962 con el Rito Romano tradicional, y que recibiera doctorado Honóris causa de la Universidad Autónoma de Guadalajara el 25 de Octubre de 2013), y su sobrino, el reverendo conciliar Ramiro José Sáenz (instalado presbítero en 1975 con el rito montini-bugniniano por Adolfo Servando Tortolo), fueron a Roma y ¡saludaron alegremente al antipapa! (Que, dicho sea de paso, fue alumno suyo –y malo– en el seminario).
   
   
Como dice Francisco de Quevedo, «¿De qué te aprovecharon tus letras y agudeza?».

MARÍA SANTÍSIMA, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS

María Auxilio de los Cristianos

Cuando San Juan se llegó a Éfeso, y desde allí regía la Iglesia de Asia, fundada por él, María Santísima, en memoria del testamento de Cristo siguió al discípulo predilecto, al hijo predilecto.
   
De todas partes la gente venía a María. Los paganos, atraídos por la fama de su sabiduría y virtudes y no hay duda de que muchos de éstos, o por la eficacia persuasiva de sus palabras, o sólo por aquélla luz divina que iluminaba toda su persona, se convirtiesen a la fe de Cristo. Los creyentes, para venerar a la Madre del Salvador, al ver, a María se hacían la ilusión de ver a Jesús; en las facciones de la Madre resplandecía la belleza del Hijo. Muchas jóvenes partieron de la casa de María con el propósito de consagrar a Dios su virginidad; los vacilantes se confirmaron en la fe; los débiles cobraron ánimo, prontos a medirse con los perseguidores y sufrir el martirio; los perezosos se animaron a una santa actividad; los tibios se sintieron enfervorizados; todos se separaron de Ella mejorados. Porque -aseguran los santos Padres- bastaba fijar los ojos en el rostro de María para sentir en el corazón deseos del bien, propósitos de virtud, llama de caridad.
      
María Santísima recibe entre sus brazos a esta Iglesia recién nacida, la alimenta, la calienta con su afecto, la defiende de sus enemigos y la lleva a aquélla plenitud de vida, a aquel desarrollo de fuerzas que la harán la Reina de los pueblos. Así actúa la Auxiliadora en el plan de Dios.
    
HISTORIA DE LA DEVOCIÓN A MARÍA AUXILIADORA EN LA IGLESIA ANTIGUA
Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Éfeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra “Boetéia” (Βοήθεια), que significa «La que trae auxilios venidos del cielo». Ya San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama «Auxilio potentísimo» de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: «La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto». San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen «Auxiliadora de los que sufren» y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquélla imagen de la «Auxiliadora de los enfermos» se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo. El gran poeta griego Romano Meloda, año 518, llama a María «Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles» e insiste en que recemos para que Ella sea también «Auxiliadora de los que gobiernan», y así cumplamos lo que dijo Cristo: «Dad al gobernante lo que es del gobernante», y lo que dijo Jeremías: «Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien». En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1 de octubre, desde antes del año mil (en Europa y América se celebra el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén, dijo en el año 560: «María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo». San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: «María Auxiliadora rogad por nosotros». Y repite: «La Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte». San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: «Oh María, Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda».
   
LA BATALLA DE LEPANTO
En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice San Pío V, gran devoto de la Virgen María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a defender a sus colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y 88.000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían sus barcos que eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero luego -de manera admirable- el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa San Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: «MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS».
      
EL PAPA Y NAPOLEÓN
El siglo XIX sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas. El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: «Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica». Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: «Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados», vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la Madre de Dios.
     
SAN JUAN BOSCO Y MARÍA AUXILIADORA
El 9 de junio de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios. Su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815, de padres muy pobres. A los tres años quedó huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna. La Sma. Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera “ciencia y paciencia”, porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora.
   
Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: «Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen». Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más populares.
     
San Juan Bosco decía: «Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros», y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: «María Auxiliadora, rogad por nosotros». El decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo.
    
ORACIÓN
Oh Dios omnipotente y misericordioso que en la Santísima Virgen María Auxiliadora estableciste maravillosamente una continua ayuda para defensa del pueblo cristiano; concédenos propicio que luchando en esta vida al amparo de tal protección, en la hora de la muerte podamos alcanzar la victoria sobre el maligno enemigo. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 16 de mayo de 2014

RITOS SINTOÍSTAS Y BUDISTAS EN LA CATEDRAL DE SANTIAGO

Traducción del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH. Textos bíblicos de la versión de Mons. Félix Torres Amat.
  
¡PROFANACIÓN! RITOS SINTOÍSTAS Y BUDISTAS EN LA CATEDRAL DE SANTIAGO
El “Espíritu de Asís” en acción…
 
Un rito sintoísta en el santuario de la Catedral de Santiago
  
“Levanta tu mano a fin de abatir para siempre las insolencias de tus enemigos. ¡Oh, y cuántas maldades ha cometido el enemigo en el Santuario!” (Salmo 73, 3). 
   
“El espíritu de Japón”, ese es el nombre del evento que desacró la catedral católica de Santiago de Compostela (España) el 13 de Mayo de 2014, día del 97.º aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima en Portugal. Sacerdotes y monjes de las religiones paganas del sintoísmo y el budismo realizaron varios rituales inmediatamente al frente de la mesa del Novus Ordo, y uno más remotamente antes del altar mayor católico. El “arzobispo” del Novus Ordo que permitió esta abominación es el Sr. Julián Barrio Barrio.
   
Aquí un vídeo mostrando uno de los rituales idolátricos sintoístas:
  
Si no puede reproducirse el vídeo, clic aquí
  
Se puede hallar más información sobre este abominable espectáculo aquí (en inglés) y acá (en alemán). Fotografías adicionales disponibles en este enlace.
   
Las religiones paganas practican la idolatría, un pecado contra el mismo Primer Mandamiento de la Ley de Dios: “No tendrás otros dioses delante de mí. No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás ni rendirás culto. Yo soy el Señor Dios tuyo…” (Éxodo 20, 3-5).
  
Puesto que la mayoría de los católicos saben casi nada sobre estas dos religiones paganas, y cuán odiosas son ante la Santísima Trinidad, aquí están dos enlaces informativos:
Tan terrible cosa, permitida por las autoridades “católicas” a cargo de la catedral, habría sido completamente impensable antes del Concilio Vaticano II de los 1960s. El Vaticano II, Pablo VI, y Juan Pablo II en particular lo hicieron posible. Recordamos los atroces encuentros interrreligiosos de “oración por la paz” en Asís, en los cuales representantes de todas las religiones del mundo fueron invitados a ir a Asís para orar por la paz mundial, no a orar al Dios Verdadero por la paz primero convirtiéndose a la única Religión Verdadera, tenlo presente; sino en cambio según sus respectivas “tradiciones de fe”, a un si esta era la idolatría más horrible.
   
Hubo varios encuentros de Asís a través de los años (el primero en 1986). En el de 2002, un convento católico proporcionó habitaciones para los representantes de religiones paganas con el propósito expreso que realicen allí sus rituales paganos prescritos por sus religiones para procurar la paz mundial. El sitio web oficial del Vaticano, hasta el sol de hoy, tiene información detallada sobre este evento, como los arreglos de las habitaciones (fuente):
   
  
¡Asegúrate de no perderte toda la galería fotográfica de esta maldad, presentada en el propio sitio web del Vaticano!
   
Con tal ejemplo dado por el “Papa”, ¿cómo esperar que la gente no lo siga en una forma u otra? Por cierto, lo que fue inocuamente etiquetado como “Religiones tradicionales africanas” en la captura de pantalla anterior es más comúnmente conocido por el nombre “Vudú” o “Vodun”. Más sobre el amorío de “San” Juan Pablo II con la brujería vudú puede encontrarse aquí.
   
No, sino que las cosas que sacrifican los gentiles, las sacrifican a los demonios, y no a Dios” (1.ª Cor 10, 20).
  
Por cierto, el mismo Francisco no es un extraño a la profanación de los lugares sagrados católicos. Mira los enlaces a continuación para un aleccionador control de realidad.
    
La majestuosa catedral católica de Santiago – ¡atrozmente profanada!

LA VERDADERA FORMA Y MATERIA DE LOS SACRAMENTOS CATÓLICOS EN EL RITO ROMANO TRADICIONAL

Traducción del artículo publicado originalmente en Inglés en TRADITIO, con ampliaciones por el traductor.
   
MATERIA Y FORMA DE LOS SACRAMENTOS
CATÓLICOS
   
BAUTISMO: Materia: Agua. Forma: “Ego te baptízo in nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti”. Escritura: San Mateo XXVIII, 18-20. 

CONFIRMACIÓN: Materia: Santo Crisma. Forma: “Signo te signo Crucis, et confírmo te Chrismáte salútis. In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti”. Escritura: Actos VIII,14-17. 

SANTO SACRIFICIO DE LA MISA: Materia: Pan sin levadura y vino de uva. Forma: “Hoc est enim Corpus meum”. “Hic est enim Calix Sánguinis mei, novi et ætérni testaménti: mystérium fídei: qui pro vobis et pro multis effundétur in remissiónem peccatórum”. Escritura: San Mateo XXVI, 26-28.

CONFESIÓN: Materia: Confesión de pecados cometidos y petición de perdón. Forma: “Ego te absólvo”. Escritura: San Juan XX, 21-23.
 
EXTREMAUNCIÓN: Materia: Unción de los sentidos con óleo. Forma: La oración para el perdón de los pecados (“Per istam sanctam unctiónem, indúlgeat tibi Dóminus quidquid deliquísti”). Escritura: Santiago V, 14-15. 

ÓRDENES SAGRADAS: Materia: Imposición de manos por el Obispo. Forma: (Diaconado: “Emítte in eum, quǽsumus, Dómine, Spíritum Sanctum, quo in opus ministérii tui fidéliter exsequéndi septifórmis grátiæ tuæ múnere roborétur”. Presbiterado: “Da, quǽsumus, omnípotens Pater, in hos fámulos tuos Presbytérii dignitátem; ínnova in viscéribus eórum spíritum sanctitátis; ut accéptum a te, Deus, secúndi mériti munus obtíneant, censurámque morum exémplo suæ conversatiónis insínuent”. Episcopado: “Comple in Sacerdóte tuo ministérii tui summam, et ornaméntis tótius glorificatiónis instrúctum cœléstis ungüénti rore sanctífica”). Escritura: San Lucas XXII, 19. 

MATRIMONIO: Materia: El contrato en sí mismo es el Sacramento, las partes contrayentes son sus ministros y sus personas de ellos son la materia. Forma: La expresión de su mutuo consentimiento. Escritura: San Mateo XIX, 6.
  
Estos Sacramentos fueron remplazados en la iglesia novusordiana con formas protestantizadas inválidas y se convirtieron en anti-sacramentos de la seudoiglesia (las iglesias, capillas y oratorios Católicos tradicionales mantienen las formas tradicionales administradas por sacerdotes Católicos tradicionales ordenados por obispos Católicos tradicionales):
  • El 18 de Junio de 1968, las Santas Órdenes fueron remplazadas con inválidas formas protestantes mediante la Constitución Apostólica Pontificális Románi recognítio; y los sacerdotes fueron remplazados por “presbíteros” (ministros) protestantizados.
  • El 19 de Marzo de 1969, fue remplazado el rito tradicional del Matrimonio mediante el Decreto Ordo celebrándi Matrimónium.
  • El 4 de Abril de 1969, la Sagrada Eucaristía, esto es, la verdadera Misa (Misa Latina Tradicional), fue remplazada mediante la Constitución Apostólica Missále Románum con la protestantizada e inválida “Nueva Misa” (la cual no es una Misa, sino la “Cena”); y el 21 de Julio de 1973, mediante el Decreto Eucharistíæ Sacraméntum se introdujo el Ritual para la Comunión y la Adoración Eucarística fuera de la Misa (como consecuencia de la anti-sacramentalidad de la Nueva Misa, no hay Presencia Real).
  • El 15 de Mayo de 1969, el rito tradicional del Bautismo fue remplazado mediante el Decreto Órdinem Baptísmi Parvulórum; y el 6 de Enero de 1972 mediante el Decreto Órdinis Baptísmi Adultórum, se introdujo el “Rito de Iniciación Cristiana para Adultos”.
  • El 22 de Agosto de 1971, la Confirmación fue remplazada por una forma protestantizada e inválida mediante la Constitución Apostólica Divínæ Consórtium natúræ.
  • El 30 de Noviembre de 1972, la  Extremaunción fue remplazada por una inválida “Bendición (Unción) de los enfermos” mediante la Constitución Apostólica Sacram Unctiónem Infirmórum y el Decreto Infírmis cum Ecclésia del 7 de Diciembre del mismo año.
  • El 2 de Diciembre de 1973, la Penitencia fue remplazada por una “Reconciliación” protestantizada e inválida mediante el Decreto Reconciliatiónem inter Deum et hómines.

miércoles, 14 de mayo de 2014

LA MENTIRA DEL ECUMENISMO

Desde TRADICIÓN DIGITAL
   
INTRODUCCIÓN
 
Nadie que tenga vista y buena voluntad puede negar el hecho patente que el periodo que sigue a la celebración del Concilio Vaticano II es de una total debacle y crisis dentro de la Iglesia Católica. Una de las novedades más perniciosas introducidas en la Iglesia tras el Concilio fue el nuevo enfoque que se dio al Ecumenismo.

Cuando se habla de ecumenismo, lo primero que se encuentra actualmente es algo así
 
El movimiento ecuménico se había originado dentro de las sectas protestantes hacia 1920. Ya desde entonces la Iglesia había enseñado que la única forma de alcanzar la unidad con las sectas protestantes era la vuelta de estos al seno de la única y verdadera Iglesia, la fundada por Cristo y encomendada a sus apóstoles. Así se enseñaba y así fue una y otra vez proclamado por los Papas. En la encíclica "Mortalium Animos", Pío XI declaraba con rotundidad su oposición a que la Iglesia Católica se involucrara ni siquiera de lejos en este movimiento de origen protestante que, mediante la manipulación y mal interpretación de algunos pasajes evangélicos, pretendía conseguir la unidad con las demás iglesias utilizando el diálogo con el fin de dirimir las diferencias que las separaban.

El Papa Pío XI sentenció que la manía ecuménica es contraria a la Fe Católica, y reiteró que la única unidad aceptable ES LA CONVERSIÓN DE LOS HEREJES Y CISMÁTICOS A LA FE CATÓLICA
    
Ya en 1949, retomando las enseñanzas de Pío XI, se estableció definitivamente la doctrina tradicional de la Iglesia Católica frente al Ecumenismo. Se afirmaban los siguientes puntos:
    
  1. La Iglesia Católica posee la plenitud de Cristo.
  2. No debe perseguir la unión asimilando a otras confesiones de fe ni acomodando el dogma católico a otro dogma.
  3. La única verdadera unidad de las Iglesias puede hacerse solamente con el retorno de los hermanos separados a la verdadera Iglesia de Dios.
  
Sin embargo, y como ya se ha dicho previamente, el Concilio Vaticano II, cual vorágine que viene a irrumpir feroz sobre un mar sereno, lo trastocó todo a su paso. La Iglesia (conciliar) quiso desde entonces adaptarse a los tiempos modernos y considerarse a sí misma una iglesia más entre otras muchas, sin ninguna prerrogativa especial que la diferenciara de ellas. La jerarquía de la Iglesia Católica se unió al movimiento ecuménico. Las encíclicas y admoniciones papales fueron totalmente descartadas y se adoptó un nuevo rumbo para conseguir la unidad con los no católicos. Ya no se trataba de una vuelta o reversión de los separados a la única y verdadera Iglesia. A partir de ahora todas las confesiones cristianas, la Católica como una más entre muchas, debían gravitar o volverse hacia Cristo, situado fuera de ellas, y allí debían converger. Se trataba ahora de fijar la atención no tanto en lo que nos separaba de los protestantes, sino más bien en lo que nos unía a ellos. Ya no era necesario convertir a nadie al catolicismo. Ahora se entablarían “diálogos”, para tratar de llegar a acuerdos que agradaran tanto a unos como a otros. Es de suponer, obviamente, que en estos diálogos el Catolicismo siempre ha sido el que ha tenido que ceder, dando la clarísima impresión de que ya no cree que es el poseedor de la verdad teológica. Esto es pura cobardía, claudicación y rendición ante el enemigo.
  
ECUMENISMO Y SANTO TOMÁS
 
Uno de los pasajes Evangélicos preferidos por los ecumenistas lo encontramos en el Evangelio de San Juan, concretamente en la Oración Sacerdotal que Jesucristo eleva al Padre pocos momentos antes de su Pasión:
      
“No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno—yo en ellos y tú en mí—para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que los has amado a ellos como me amaste a mí” (Jn. 17, 20-23).
      
Los defensores del ecumenismo no cesan de repetir estas palabras de Cristo: “Sean todos una misma cosa”, para promover su movimiento de unión con los no católicos. Pero las malinterpretan, pues, según ellos, sólo significan un deseo y aspiración de Jesucristo, deseo que todavía no se ha realizado. Opinan, pues, que la unidad de fe y de gobierno, nota distintiva de la verdadera y única Iglesia de Cristo, no ha existido casi nunca hasta ahora, y ni siquiera hoy existe: podrá, ciertamente, desearse, y tal vez algún día se consiga, mediante la concordante impulsión de las voluntades; pero entre tanto, habrá que considerarla sólo como un ideal.
 
Pero ¿es la unidad propugnada por el movimiento ecuménico la que Jesucristo quiere y por la que le reza a Dios Padre en el pasaje arriba citado? ¿No será ésta interpretación, más bien, un arma utilizada por el demonio para que la Iglesia pierda de vista su verdadera identidad como la única verdadera, por más que le pese al ecumenismo? ¿De qué unidad está hablando aquí nuestro Señor?
  
Echemos mano de Santo Tomás para ver cómo el Doctor Angélico interpreta este pasaje. Esto es lo que se desprende de su comentario al Evangelio de San Juan:

En este pasaje el Señor reza por todos los miembros de la Iglesia que acaba de fundar sobre sus Apóstoles y le pide a Dios dos cosas para aquellos que lo han seguido y van a seguir: perfecta unidad y visión de la gloria.
  
Santo Tomás de Aquino, interpreta el pasaje "Ut unum sint" (que todos sean uno) refiriéndose a la identificación plena del alma con Jesús

Santo Tomás dice que la perfección está en la unión con el Bien, es decir con Dios, que es el Bien Supremo. De ahí que lo que en realidad pide Jesucristo es que los discípulos, y todos aquellos que le sigan, sean uno con Él como Él lo es con el Padre. Es decir, que el cristiano para alcanzar su verdadera perfección tiene que ir configurando su vida de tal manera a la vida de Cristo que se pueda decir que son uno, porque en la unidad, es decir, en la perfecta configuración del discípulo a su maestro está su perfección:
   
“ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo quien vive en mí.” (Gal. 2, 20)
    
Esta unión del discípulo tiene que ser tan intensa e íntima, que debe asemejarse a la unión que el Hijo tiene con el Padre, y por eso dice que sean uno, como nosotros somos uno. Ahora bien, la unión que hay entre el Padre y el Hijo puede ser considerada desde dos puntos de vista: o bien una unidad de esencia, o bien una unidad de amor. Obviamente, nosotros nunca podremos unirnos a Cristo con unidad de esencia, pero sí que podemos unirnos a Él por el amor, ser imitadores de la relación amorosa que existe entre el Padre y el Hijo. Si Cristo pide que seamos uno con Él, como el Padre y Él son uno, quiere decir que tenemos la capacidad para hacerlo, capacidad que Él mismo nos ha otorgado al darnos la gloria que el Padre ya le había dado a Él: yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno. Por eso, lo mismo que el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al Padre, así mismo el discípulo ha de amar al uno y al otro. No será un amor de igualdad, porque el amor entre las personas divinas es infinito, pero sí de totalidad.
   
De lo que se trata aquí es de una transformación radical que el Señor opera en sus discípulos por medio de la gracia:
   
todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, vamos siendo transformados en su misma imagen, cada vez más gloriosos, conforme obra en nosotros el Espíritu del Señor” (2 Cor. 6:18).
     
La gracia que se nos da, es una participación de la vida divina, por lo que a mayor gracia, mayor es la unión que tendremos con la Persona Divina. Y esta vida divina se hace presente en nosotros a través de los sacramentos, pero más especialmente mediante la Eucaristía, pues no sólo recibimos la gracia, sino al mismísimo autor de la gracia, y en cierto sentido cuando Cristo entra en nosotros nos diviniza y nos hacemos uno con Él.
    
CONCLUSIÓN
     
Una vez más, asistimos a otra de las mentiras con las que la gran mayoría de los miembros de la jerarquía de la iglesia posconciliar quiere emponzoñarnos el corazón. El demonio y sus secuaces han conseguido vaciar de contenido el dogma católico, sostenido por siglos, de que la Iglesia Católica es la única verdadera y la única en la que se encontraba la salvación. Y para ello no han vacilado en retorcer pasajes evangélicos como el que hemos comentado. Pero nosotros sabemos, por más que le duela al Ecumenismo, que la Iglesia Católica es la verdadera y la única, la que contiene la plenitud de Cristo; que no puede existir un consenso entre doctrinas distintas e incluso contrarias; que la Verdad no puede claudicar ante la mentira, y que con el error no se dialoga, sino que se le enfrenta:
    
No unciros en yugo desigual con los infieles, pues ¿qué relación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué unión entre la luz y las tinieblas? (2 Cor. 6: 14-15).

REGRESANDO DEL RECESO... NAZIONISTAS AL ATAQUE

Luego de algunos días de estar fuera del blog, regresamos con una traducción del diario HAARETZ sobre los crímenes de la ultraderecha nazionista:
        
FUENTES DE SEGURIDAD: 100 SEGUIDORES DE RABINO RACISTA ESTÁN DETRÁS DE LOS CRÍMENES DE ODIO
Muchos de los culpables son conocidos como activistas de ultraderecha de la colonia Yitzhar y los puestos de avanzada en las colinas al norte de Ramallah y de las colinas del sur de Hebrón en Cisjordania.
    
Por Amós Harel, Revital Hovel, Jack Khoury y Haaretz
     
Oficiales de seguridad de Israel estiman que casi 100 personas han estado involucradas en la reciente ola de crímenes de odio contra los palestinos y los árabes israelíes. Muchos de los culpables son conocidos como activistas de ultraderecha de la colonia Yitzhar y los puestos de avanzada en las colinas al norte de Ramala y de las colinas del sur de Hebrón en Cisjordania.
     
Los activistas sustentan sus acciones en las ideas del rabino extremista Yitzchak Ginsburg. La mayoría de sus discípulos estudiaron en la yeshiva de Yitzhar, pero también hay otros rabinos en la imagen.
   
Rabino Yitzchak Ginsburg, del Jabad Luvabich. Instigador del odio nazionista en Israel
    
Ginsburg desconoce detalles de los incidentes que sus seguidores realizan y no recibe reportes sobre ello.
     
El miércoles 7 de Mayo, unos vándalos escribieron “Muerte a los árabes” y “Saludos a Fureidis, la etiqueta pagará el precio” en la ventana del consultorio de un dentista druso en la ciudad septentrional de Yokneam. Esa noche, unos 250 protestantes, principalmente jóvenes, se manifestaron contra este último acto de vandalismo anti-árabe en la ciudad.
      
Ese mismo miércoles, un residente en Yokneam de 25 años fue arrestado como sospechoso de dañar varios vehículos propiedad de árabes israelíes. Él es conocido por ser admirador del asesinado rabino Meir Kahane. El arresto se dio luego de una redada, que la policía del Distrito Norte ejecutó varios días atrás en respuesta a esa serie de ataques.
      
En otro crimen de odio cometido ese día, un grafiti de esvástica fue descubierto en una tumba ubicada en Kfar Hanania (jurisdicción del norteño Consejo Regional Menashe, distrito de Haifa), y en un puesto de guardia en la ciudad de Harish.
     
Incidentes de crímenes de odio contra los árabes israelíes y los palestinos se han presentado considerablemente desde el 2 de Abril, cuando el ejército israelí demolió varios asentamientos de Yitzhar, dijeron las fuerzas de seguridad.
     
La semana siguiente, la violencia empeoró, con manifestantes de las colonias atacaron un campamento militar. Desde entonces ha habido 16 incidentes, 15 de ellos involucran vandalismo contra la propiedad, rotura de neumáticos y grafitis. El Shin Bet (Servicio de Seguridad General) considera que uno de estos incidentes, el incendio de una mezquita, es un ataque terrorista que pudo causar varias muertes.
     
En contraste, en los primeros meses del año hubo 17 crímenes de odio, conocidos popularmente como ataques de “etiqueta de precios”.
   
Mientras tanto, el Ministro de Seguridad Pública Yitzhak Aharonovich y la Ministra de Justicia Tzipi Livni pedirán al gabinete de seguridad política considerar clasificar a los grupos de ultraderecha implicados en los crímenes de odio contra los árabes como organizaciones “terroristas”.
     
En un debate sobre la materia, al cual acudieron varios jefes del gobierno y la seguridad, el Fiscal General Yehuda Weinstein dijo que el establecimiento legal planea solicitar a las cortes endurecer las penas contra los perpetradores de esos crímenes de odio, y dijo que personalmente él seguirá esos casos.
    
Otra tendencia ha acompañado a la fuerte subida de los incidentes: Los ataques han pasado de la Ribera Occidental para dentro de Israel, particularmente en el norte. Ha habido 19 incidentes tras la Línea Verde (la frontera de 1949), en comparación con los siete que sucedieron en el año 2013.
    
Este fenómeno tiene dos explicaciones. Algunos extremistas de ultraderecha que estuvieron implicados en incidentes en Cisjordania fueron expulsados de los asentamientos por el jefe del Comando Central de las Fuerzas de Defensa de Israel, Nitzan Alon, y trasladaron su accionar tras de la Línea Verde. En suma, esos activistas han inspirado imitadores que viven tras la Línea Verde.
    
En la mayoría de casos, esos incidentes imitados son menos organizados que los ataques originales en Palestina.
    
Livni criticó a los perpetradores de los ataques y también a los que han guardado silencio sobre el particular, diciendo que los recientes incidentes que llaman a darle muerte a las Fuerzas de Seguridad de Israel prueban que los símbolos del Estado se han convertido en objeto de odio.

viernes, 2 de mayo de 2014

SICUT PILATUS DIXIT ET FECIT

El Vaticano cisma legitimando las "canonizaciones" de Wojtyla y Roncalli como manifestación de su apostasía.
  
Desde VATICAN INSIDER/LA STAMPA. Vía FORO CATÓLICO

"SE CANONIZA A LA PERSONA, NO A LAS DECISIONES DE WOJTYLA"

Andrea Tornielli: “Frente a las polémicas sobre la canonización del 'papa' Wojtyla, respondió, de alguna manera, él mismo hace 14 años, en ocasión de la beatificación de Pío IX y Juan XXIII”

El domingo 3 de septiembre de 2000, al celebrar la ceremonia para la proclamación de cinco nuevos beatos (dos de los cuales eran Papas: Mastai Ferretti -Pío IX- y Roncalli -Juan XXIII-), "Juan Pablo II" pronunció unas palabras que son muy actuales hoy. Wojtyla dijo que «la santidad se vive en la historia, y ningún santo está exento de las limitaciones y los condicionamientos propios de nuestra humanidad». Añadió que «al beatificar a un hijo suyo, la Iglesia no celebra opciones históricas particulares realizadas por él; más bien, lo propone como modelo a la imitación y veneración por sus virtudes, para alabanza de la gracia divina que resplandece en ellas». Expresiones con las que se respondía a las polémicas relacionadas con la beatificación de Pío IX y con las decisiones que tomó durante los años del Risorgimento italiano.
     
Cuando los conciliares "beatificaron" al católico Papa Pío IX, enfrentaron las críticas de los judíos (por el caso de Edgardo Mortara), liberales (por el Syllabus Errorum), y la Casa de Saboya (a causa de la excomunión a Víctor Manuel II de Italia por usurpar el Estado Pontificio)
  
Juan Pablo II subrayó que con la beatificación, «es precisamente su santidad lo que reconocemos hoy: santidad que es relación profunda y transformadora con Dios, construida y vivida en el compromiso diario de adhesión a su voluntad». Pero sin que esto quisiera decir «beatificar» (o «canonizar») todas las decisiones que el futuro beato o santo tomó, dado que ningún santo «está exento de las limitaciones y los condicionamientos propios de nuestra humanidad».
     
El "Papa" Wojtyla no podía imaginarse que esas expresiones, con las que respondió indirectamente a los que continuaban considerando controvertido el comportamiento de Pío IX, podrían ser aplicadas hon en día a su figura. No han faltado en los últimos días comentarios críticos sobre algunos aspectos del "pontificado" de Wojtyla, en particular vinculados con la gestión de las finanzas (el siempre presente IOR) y al escandaloso caso del padre Marcial Maciel Degollado, el religioso fundador de los Legionarios de Cristo que abusaba de sus seminaristas y que tenía una doble vida.
    
Wojtyla Katzorowski encubrió los escándalos de pedofilia de Marcial Maciel
    
En particular sobre este último caso, la rapidez del proceso de beatificación no ha permitido afrontar de manera profunda cada uno de los aspectos de la historia y de los vínculos que se instauraron entre el mismo Maciel con varios personajes del entorno wojtyliano. Pero sería un error pensar que la canonización, es decir el reconocimiento por parte de la (aparente) iglesia de que la persona elevada a los altares vivió santamente y que hoy se encuentra con Dios, representa también la canonización de todo lo que hizo, de las decisiones tomadas. Sobre todo frente a un pontificado tan largo como el del ya casi “san” Juan Pablo II.

jueves, 1 de mayo de 2014

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY (del mes de Mayo)

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
 

   
VIII Mayo
     
Adorámoste, Jesús Sacramentado, y bendecímoste, que por la gracia de tu Corazón Divino estás redimiendo el mundo... Sálvanos en él, como lo prometiste a tu sierva Margarita María... sálvanos, te lo rogamos, por el amor de tu Madre Inmaculada...
   
(De rodillas, y con gran recogimiento interior, pedidle luz para conocer su Divino Corazón y gracia para amarle y darle gloria).
     
(Breve pausa)
   
(Lento y cortado)
    
CONFIDENCIA DE JESÚS: No me habéis elegido vosotros a Mí... Yo os he predestinado a vosotros y os he seleccionado entre millares para que participéis aquí, en Hora Santa y sublime de intimidad conmigo, de las confidencias, de las ternuras y de las gracias que os tengo reservadas en mi lastimado Corazón...
    
Acercaos, tendedme los brazos, arrancadme las espinas, brindadme consuelo..., pues desfallezco de amor y de amargura..., acercaos. ¡Os he amado tanto..., tanto!... Si os encontráis aquí en la cena deliciosa de mi caridad, vecinos al Señor de los ángeles, sintiendo los ardores de mi Corazón... es porque os preferí gratuitamente... Vosotros sí que sois los míos..., habéis sido los siervos y sois, ahora, los hijos... Venid, pues, y comed conmigo, a la sombra de Getsemaní, el pan de mis dolores...
      
Necesito desahogar mi alma con vosotros, pues en ella hay tristezas que los ángeles no conocen, y lágrimas que no corren en el cielo... Siento ansias de hablaros en confidencia dolorosa, la más íntima... Que si no podéis penetrar todo el abismo de mis congojas, no importa; lleváis, como Yo, una fibra que solloza, y que, herida por la tempestad, gime con angustia... Los espíritus angélicos vienen a sostenerme en este huerto de la agonía...; pero vosotros estáis mucho más cerca que ellos del mar de mis quebrantos...; vosotros podéis beber mis lágrimas..., podéis endulzarlas, sufriendo mi pasión y mis dolores... Desentendeos, pues, del mundo, dejad su mentira y el recuerdo de sus devaneos, y aquí a mis plantas, condoleos con el Dios encarcelado, que quiere participaros amor doliente, amor crucificado..., aquel amor que, entre estremecimientos de agonía, dio la paz y dio la vida al mundo.
       
(Pausa)
    
EL ALMA: Haz, Señor Jesús, que vea..., haz que saboree la hiel de tus tedios infinitos...; concédeme el favor de penetrar con fe vivísima en tu alma dolorida... Divino Agonizante, sé benigno y aunque soy un pecador, pon en esta Hora Santa el cáliz de Getsemaní en mis labios: dadme de beber en tu Corazón... ¡“Sítio”, tengo sed de Ti, Jesús-Eucaristía!
     
(Breve pausa)
       
VOZ DEL SAGRARIO: Vosotros me conocéis, hijitos míos, porque escucháis mis palabras de vida eterna... y al conocerme a Mí conocéis a mi Padre, pues Yo soy el camino que a Él conduce... Pero ¡ay!, pensad en que hay millones de hermanos vuestros, creados para adorarme, redimidos para bendecirme, y que levantan contra el Cielo este grito de blasfemia: “¡No hay Dios!”... Hasta mi trono de paz, hasta ese altar de mansedumbre, llega ese grito airado, eco de la rebeldía de Luzbel... Esos mismos que me niegan, viven de mi aliento y se agitan en el piélago de mi bondad, y, sin embargo, me proscriben de palabra, me rechazan en sus obras...
       
Yo, sólo Yo, no existo para ellos... Mi nombre los perturba, mi yugo suave los aterra, mi Calvario los irrita... ¡Me blasfeman!...
      
(Breve pausa)
      
¡Buscan la paz! ¿Qué paz puede sentir el que no adora, el que no espera, el que no me ama a Mí que soy la Vida?... ¡Ah!, y con qué tranquilidad prescinden de Mi persona en todo, absolutamente en todo lo grande y lo pequeño de su vida... Yo no tengo parte en la ternura de sus madres, en el desvelo de sus padres, ni en el cariño de los hijos... Se me excluye en absoluto de las alegrías del hogar... No se me llama ni por un recuerdo vago, en sus duelos, al abrirse alguna tumba crudelísima... En sus empresas, en sus proyectos, en tantas incertidumbres y desgracias, me tienen relegado al más completo olvido... ¿Lo creeréis, amados míos? Yo, Creador y Redentor, no tengo en millares de almas la parte que en su corazón y pensamiento tienen los servidores, las avecillas y las flores de sus casas... ¡Así me paga el mundo el haberme entregado por su amor a la muerte, más que de Cruz, de Eucaristía!...
        
(Recemos en voz alta, con fe ardorosa, un Credo, en reparación solemne de la negación de Dios y de Jesucristo en que viven tantos infelices descreídos).
    
(Pausa)
       
VOZ DEL SAGRARIO: Llevo hace siglos el corazón doliente y anegado en lágrimas; ¡ay, cuántas almas, cuyo precio fue mi Sangre, se condenan!... Destinadas a abrasarse en las llamas de mi amor, han caído ya, por millares, al abismo de otras llamas horrendas, vengadoras... ¡Y son mías!... Oídlas..., maldicen, desde lo profundo de su infierno, mi cuna de Belén, mi pobreza, primer llamado a los humanos... Maldicen esa Cruz, marcada con sangre en su conciencia... maldicen mi Iglesia, que les ofreció los tesoros de la Redención... maldicen mi Eucaristía, desdeñada por ellos, que hubieran vivido eternamente si se hubieran alimentado con el pan de la inmortalidad, mi Corazón Sacramentado... ¡Ah, y cuántos de esos réprobos, estuvieron alguna y muchas veces, como estáis vosotros, a mis plantas!... ¡Y se perdieron!... Los llamé, corrí tras ellos, los estreché en mis brazos..., pero rompieron todas las cadenas..., eligieron el gozar por un instante, y después, llorar con llanto eterno... Y maldicen con eterna maldición... ¡Y fueron míos!... ¡Oh, dolor de los dolores!... ¡Cómo laceró, en Getsemaní, mi alma esa sentencia de reprobación irrevocable!... ¡Y fueron míos todos..., mías fueron esas legiones incontables de condenados al suplicio de una cólera infinita!... Los tuve aquí, sobre mi pecho, al borde del abismo de mi amante Corazón... y me los arrebató otro abismo..., y para siempre... y son hoy día lágrimas arrancadas para siempre a mis ojos... criaturas despedidas para siempre de mi Reino... hijos desechados, por los siglos de los siglos, del hogar del Cielo. Tras ellos se han cerrado las puertas de un Infierno..., y ved, mi Corazón herido ha quedado abierto por fuerza de esa angustia inenarrable..., ha quedado abierto para que vosotros, que me amáis, tengáis en él una vida superabundante, un cielo..., una vida eterna...
     
(Breve pausa)
     
VOZ DEL ALMA: Beso tus manos atravesadas, Jesús, y por tu agonía del Huerto, libra a los consoladores de tu Corazón de las llamas del Infierno...
  
Beso tus pies despedazados, Jesús, y por tu agonía del Huerto, libra a los amigos de tu Corazón de una reprobación eterna...
    
Beso tu Costado abierto, Jesús, y por tu agonía del Huerto, libra a los apóstoles de tu Corazón del suplicio de maldecirte eternamente...
      
(Breve pausa)
     
VOZ DEL MAESTRO: ¿Y sabéis por qué camino fácil se llega a la reprobación final?... Hiriendo mi Corazón con pecado de fea ingratitud..., abusando de la misericordia de este Dios, que es todo caridad.... Soy Jesús, esto es, Salvador... Vine para los que tenían necesidad de medicina, de paz y fortaleza, y, sobre todo, para los que necesitan perdón..., misericordia..., y mucho amor. A esos enfermos les mostré la piscina de toda sanidad: mi Corazón, que lo absuelve todo... ¡Oh, y de esa ternura han abusado tantos!... Jamás negué el perdón a quien me lo pidió con humilde contrición, jamás... Por esto, porque mi bondad es infinita..., porque espero con paciencia inalterable al pródigo..., porque, a su regreso, olvido sus olvidos y hago fiestas para celebrar a la oveja que llega ensangrentada al redil de mis amores..., por esto, tantos colman la medida y se condenan en el abuso de la absolución que les otorgo... Deteneos, hijos míos, en la pendiente de ese camino, y llorad el extravío fatal de tantos hermanos vuestros que me hieren, porque soy Jesús dulcísimo con ellos...
     
(Pedidle perdón por el abuso de su misericordia, especialmente en los Sacramentos de Confesión y Eucaristía, diciéndole):
      
¿Qué tengo yo, Señor Jesús, que Tú no me hayas dado?
¿Qué sé yo, que Tú no me hayas enseñado?
¿Qué valgo yo, si no estoy a tu lado?
¿Qué merezco yo, si a Ti no estoy unido?...
Perdóname los yerros que contra Ti he cometido...
Pues me creaste, sin que lo mereciera.
Y me redimiste, sin que te lo pidiera...
Mucho hiciste en crearme,
Mucho en redimirme,
Y no serás menos poderoso en perdonarme,
Pues la mucha sangre que derramaste,
Y la acerba muerte que padeciste,
No fue por los ángeles que te alaban.
Sino por mí y demás pecadores que te ofenden...
Si te he negado, déjame reconocerte;
Si te he injuriado, déjame alabarte;
Si te he ofendido, déjame servirte,
Porque es más muerte que vida
La que no está empleada en tu santo servicio...
     
(Pausa)
      
CONFIDENCIA DE JESÚS: Tengo una amable confidencia que haceros todavía; recibidla con especial cariño, pues quiero hablaros de Mi Madre... Jamás estuvo ausente de mi Corazón, María..., y su nombre repercutía en él con especial ternura, en mis horas de soledad y de agonía... En Getsemaní, ¡oh! cuánto pensé en Ella... La vi llorar amargamente la muerte del Hijo y de los hijos..., y su dolor hizo desbordar el cáliz de mis amarguras... Atado a la columna, despedazaron mi carne, y al hacerlo, flagelaron también a la Virgen Inmaculada, que me dio esa carne pura, para ser hermano vuestro en su regazo... Y en ese mismo instante, mientras salpicaban los verdugos las paredes del calabozo con mi sangre..., vi, en el transcurso de las edades, el ultraje que harían a mi Madre, los que negarían su maternidad divina, ofendiendo al mismo tiempo al Hijo y a la Madre... Muchos otros pretenden adorarme, y la relegan a un glacial olvido, que hiere en lo más vivo mi Corazón filial... María es vuestra..., amadla, hacedla amar... ¡Oh, dadme un gran consuelo en esta Hora Santa!: unid mis lágrimas a las de mi dulce Madre, al consolar mi entristecido Corazón.
    
(Pedid perdón al Señor Jesús por el dolor que le causan tantos católicos indiferentes con su Madre, tantos disidentes y protestantes que le rehúsan su amor y que menosprecian o niegan la dignidad y prerrogativas de la Virgen María).
     
(Breve pausa)
       
Y ahora, habladme vosotros, cuyos nombres tengo escritos en mi Divino Corazón...; habladme palabras que broten de lo más íntimo de vuestras almas, unidas a la mía por lazos de dolor y de cariño inmenso... Si tenéis tristezas, contádmelas...; si sentís el tedio de la vida, y al mismo tiempo el sobresalto de la muerte, decídmelo... ¡Oh!, habladme sobre todo de las santas ambiciones que sentía de verme consolado..., y luego de contemplarme, Rey de amor, por la misericordia de mi Sagrado Corazón...; hablad, que vuestro Dios escucha.
     
(Pausa)
         
EL ALMA: Señor Jesús, en esta Hora Santa traemos a tus plantas una queja amabilísima. Nos presentamos cargados los hombros con tus mercedes, colmada el alma con tus favores, mientras Tú arrastras fatigado, agonizante, la Cruz de nuestras iniquidades... ¡Ah!, no es posible, Maestro, que para el culpable destines principalmente la deliciosa pesadumbre de tu largueza y el cáliz de tus ternuras..., y que reserves para Ti la hez de la agonía... y la hiel de los olvidos y de las perfidias incontables de la tierra... Comparte, pues, Jesús Sacramentado; comparte con nosotros en la Hora Santa todas tus tristezas, y aunque no lo merezcamos, acéptanos de Cireneos en la vía desolada, dolorosa, que conduce a la cima del Calvario... Desde luego, te agradecemos los sinsabores de la vida... No sólo los aceptamos resignados, en expiación justísima de tantas culpas propias y ajenas, no, Jesús: te bendecimos por las espinas que has hecho brotar en nuestro camino con fines de misericordia...
         
¡Ay!, no ignoras cómo se resiente nuestra naturaleza en los combates de la enfermedad... de la pobreza..., de la calumnia..., de la ingratitud..., de los olvidos..., del cansancio de la vida..., de la tristeza..., de las incertidumbres... Estamos hablando con Jesús de Nazaret, Hermano nuestro, cuyo Corazón de carne, ¡oh, encantadora y divina flaqueza!..., se resintió con las debilidades de la miseria humana... Te bendecimos, Jesús, por aquellas decepciones que nos desapegan de las criaturas. Permites que nos acerquemos a ellas, esperas tantas veces que un afecto legítimo busque en ellas consuelo para el corazón..., energía y paz para el espíritu... Y luego, Tú mismo rompes esas ligaduras y desgarras esas almas..., exiges, con soberano imperio, un corazón entero...
      
¡Gracias, Jesús, por esas tus divinas y amables crueldades..., gracias! Y así como juegas con el corazón del hombre para santificarle, así también juegas, Dueño irresistible, con la salud de tus hijos..., y sacas de sus dolencias la santidad del alma, así también sabes trocar los quebrantos de la fortuna en manantial de fe; y, en ocasiones, del hambre y de la desgracia, sacas la resurrección y la vida... Bendito seas, mil y mil veces, Corazón providente, benigno, salvador, que, de nuestras grandes desolaciones, sabes producir efluvios de paz, dulzuras inefables y delicias de cielo...
         
Divino agonizante de Getsemaní, te bendecimos y alabamos por las tribulaciones y pruebas con que has querido hacernos participantes de las glorias de tu Sangre...
       
Espinas del Corazón Sagrado de Jesús, formadme la corona que aprisione el mío...
     
Torturas y agonía del Corazón Sagrado de Jesús, apagad mi sed de amor terreno y de ventura...
      
Cruz bendita y llamas del Corazón Sagrado de Jesús, crucificad mi sensualidad y orgullo...
         
Herida sangrienta del Corazón Sagrado de Jesús, dadme entrada en ese Huerto de la agonía, del amor hermoso y de una sublime santidad.
         
(Pausa)
       
El anatema de justicia tremenda que te arranca tantas almas, atraviesa tu propio Corazón, Salvador amado..., y hiere también los nuestros, ansiosos de glorificarte, de ver santificado tu nombre y utilizada tu Sangre en toda la redondez de la tierra...
       
¡Oh, quedaríamos felices aunque no arrebatáramos sino un alma al averno con nuestro clamor de desagravio, aquí, en la Hora Santa, para gloria de tu Corazón Sacramentado!... Recoge esa plegaria, Señor, y salva a tantos que están en peligro de perderse... Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
         
A los soberbios negadores que rechazan la existencia de un Dios, Creador del Cielo y de la tierra, y de todo cuanto existe...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
         
A los infelices que niegan, Salvador amado, tu Encarnación maravillosa, que no quieren que Tú seas nuestro Hermano por naturaleza humana...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
        
A los que propagan estas negaciones y hacen de ellas bandera de combate, en contra de tu Evangelio y de tus derechos soberanos...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
         
A los que, seducidos por esas palabras tenebrosas apostatan de tu fe y reniegan de tu amor y de tu ley...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
         
A los que conspiran con rabia de infierno en la destrucción de las instituciones cristianas, y que han jurado derrocarte en la ruina de tu Iglesia...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
         
A los que en odio a tu persona pretenden borrar tu Cruz de la conciencia del niño, del alma del pueblo y del hogar...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
         
A los que, con apariencia de luz y con delicadeza de formas pretenden, sin violencia, eliminar, Señor, tu persona divina de todas las actividades de la vida...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
         
A los que por ignorancia lastimosa hacen caso omiso de tu palabra y viven tranquilos lejos del ambiente de la fe y de las insinuaciones de tu gracia...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
         
Y, en fin, Jesús, a los millares de almas que, en lejanas tierras, viven, se agitan y duermen en sombras letales de paganismo, de herejía y de muerte...
(Todos en voz alta) Conviértelos, Jesús, por tu Divino Corazón.
                
(Pausa)
          
Has querido confiarme, Jesús, el Corazón de la Virgen Madre a fin de reparar tus penas y las suyas por la ofensa de aquellos que pretenden ser cristianos y que rechazan tu última palabra a Juan en el Calvario: “Hijo, en ella, en María, ahí tienes a tu Madre...”. Señor, la acepto confundido y te ofrezco, en desagravio, los dolores, las penas, los llantos, las plegarias de todas las madres que te adoran en la tierra y que aclaman a María como Reina... Tú sabes, Maestro, qué caudal de amor y de sinceridad hay en sus almas de heroínas... Tú sabes cuánto valen, cómo oran, cómo aman, cuánto sufren... Jesús, por el recuerdo de María Inmaculada, por las lágrimas que Tú lloraste al verla llorar en tu ausencia, en las afrentas de tu Pasión ignominiosa, escucha a las madres que redimen, padeciendo, a tus pies ensangrentados...
         
Míralas cómo piden, con fe ardorosa, la redención de sus hogares..., escucha cómo te aclaman Rey sobre la cuna de sus hijos, sobre el sepulcro de sus esposos... Ellas te piden, Señor, la victoria decisiva de tu Corazón...; en él confían todos los tesoros de su amor... ¡Ay!... ¡Son tantas las que temen por el porvenir cristiano de sus hijos!... ¡Son tantas las que padecen con ellos las tristes consecuencias de sus primeros extravíos!... ¡Son tantas las que ven, con ojos llorosos, que las diversiones mundanas, que las amistades y las lecturas peligrosas, amenazan las conciencias y tal vez la eterna salvación de los suyos! Tú les confiaste, adorable Nazareno, las almas del esposo y de los hijos, y ellas las depositaron, con amor, sobre el altar de tu Sagrado Corazón...
          
¡Oh, Jesús!... Acuérdate en esta Hora Santa de tu Madre, como te acordaste de ella en el Huerto de Getsemaní... y, en obsequio a sus ternuras, a sus virtudes y a sus dolores, salva el hogar, salva la familia... Señor; si una sola madre conmovió tu Corazón y obtuvo la resurrección de su hijo, ¡ay!, a pedido de tantas madres doloridas en esta hora omnipotente, santifica el santuario del hogar, que Tú ambicionas como Rey de amor...
       
(Pedídselo con fervor del alma).
        
(Pausa)
     
Tú mismo solicitaste, amable Prisionero del altar, la compañía consoladora de la Hora Santa... Tu caridad nos ha vencido; ya ves; hemos venido, dejándolo todo, todo, para reclamar, con santo apremio, el advenimiento de tu reino... ¿Qué esperas, Jesús, para vencer, cuando ésta es la hora de la misericordia y del poder irresistible de tu amor?... Antes, pues, de dejarte sumido en la suavísima penumbra de tu prisión sacramental, déjanos exclamar con grito de una caridad triunfante:
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
1ª. Promesa. Pronto, Jesús, sí, reina, presto, antes que Satán y el mundo te arrebaten las conciencias y profanen, en tu ausencia, todos los estados de la vida...
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
2ª. Promesa. Adelántate, Jesús, y triunfa en los hogares, reina en ellos por la paz inalterable prometida a aquellos que te han recibido con Hosannas.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
3ª. Promesa. No demores, Maestro muy amado, porque muchos de éstos padecen aflicciones y amarguras que Tú solo prometiste remediar.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
4ª. Promesa. Ven, porque eres fuerte, Tú el Dios de las batallas de la vida, ven, mostrándonos tu pecho herido, como esperanza celestial en el trance de la muerte.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
5ª. Promesa. Sé Tú el éxito prometido en nuestros trabajos; sólo Tú la inspiración y recompensa de todas las empresas.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
6ª. Promesa. Y tus predilectos, quiero decir; los pecadores, no olvides que para ellos, sobre todo, revelaste las ternuras incansables de tu amor.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
7ª. Promesa. ¡Ay, son tantos los tibios, Maestro, tantos los indiferentes a quienes debes inflamar con esta admirable devoción!
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
8ª. Promesa. “Aquí está la vida”, nos dijiste, mostrándonos tu pecho atravesado...; permite, pues, que ahí bebamos el fervor, la santidad a que aspiramos.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
9ª. Promesa. Tu imagen, a pedido tuyo, ha sido entronizada en muchas casas...; en nombre de ellas te suplico sigas siendo, en todas, el Soberano muy amado.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
10ª. Promesa. Pon palabras de fuego, persuasión irresistible, vencedora, en aquellos sacerdotes que te aman y que te predican, como Juan, tu apóstol regalado.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
11ª. Promesa. Y a cuantos enseñen esta devoción sublime; a cuantos publiquen sus inefables maravillas, resérvales, Jesús, una fibra vecina a aquélla en que tienes grabado el nombre de tu Madre.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
       
12ª. Promesa. Y, por fin, Señor Jesús, danos el cielo de tu Corazón a cuantos hemos compartido tu agonía en la Hora Santa; por esta hora de consuelo, y por la Comunión de los Primeros Viernes, cumple con nosotros tu promesa infalible; te pedimos que en la hora decisiva de la muerte.
(Todos en voz alta) ¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón!
                
(Pausa)
           
Señor Jesús, hemos podido velar una hora contigo en Getsemaní, y gustosos quedaríamos encadenados al Sagrario para siempre, si tu amor lo consintiera... Nos vamos, llevando paz, consuelos, nueva vida... ¡Ah! Pero, sobre todo, nos despedimos con la satisfacción de haberte dado a ti, Maestro, alivio de caridad, desagravio de fe y reparación de amor, que reclamaste, entre sollozos, a tu confidente Margarita María... Atiende, pues, Señor Jesús, acoge manso y bueno nuestra última oración:
         
(Lento y cortado)
           
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé la perseverancia de fe y de inocencia de los niños que comulgan..., sé su Amigo.
      
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé el consuelo de los padres del hogar cristiano..., sé su Vida.
            
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé el amor de la multitud que sufre, de los pobres que trabajan..., sé su Rey.
        
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé la dulcedumbre de los afligidos, de los tristes..., sé su Hermano.
        
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé la fortaleza de los tentados, de los débiles..., sé su Victoria.
       
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé el fervor y la constancia de los tibios... sé su amor.
          
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé el celo ardiente y victorioso de tus apóstoles..., sé su Maestro.
         
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé el centro de la vida militante de la Iglesia..., sé su lábaro triunfante.
          
Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé en la Eucaristía, la santidad y el cielo de las almas..., sé su paraíso de amor..., sé su Todo.
      
Y mientras llega el día eterno de cantar tus glorias, déjanos, dulcísimo Maestro, sufrir, amar y morir sobre la celestial herida del Costado, murmurando ahí, en la llaga de tu amante Corazón, esta palabra triunfadora: ¡VENGA A NOS TU REINO!
        
(Pausa)
        
(Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes. Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores. Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).
        
(Cinco veces) ¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu reino!
        
Acto final de consagración
      
¡Oh amantísimo Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu; sobre el ara santa de tu Corazón, en que te ofreces por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que Tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al yugo de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré, mientras haya odio en mi pecho y que lloraré sin cesar mientras haya lágrimas en mis ojos. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así como Tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Todo tuyo para siempre; no más culpas, ni más tibiezas... Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti, por los que te odian; rogaré, gemiré y me sacrificaré por todos los que te blasfeman. Tú, que penetras los corazones y sabes la sinceridad de mi deseo, comunícame aquella gracia que hace al débil omnipotente; dame el triunfo en las batallas de la tierra, y cíñeme después con la corona inmortal en las mansiones de la Gloria... Pero que mi recompensa seas Tú, y mi Cielo eterno, la herida deliciosa de tu amable Corazón... ¡VENGA A NOS TU REINO!...