domingo, 20 de septiembre de 2020

LOS AFIRMACIONISTAS

Traducción del artículo publicado en ACTA APOSTATICÆ SEDIS.
  
ESCRITOS HERMOSOS: SOLAMENTE (Fuente: BERLICCHE).
Para la serie Escritos hermosos, he aquí un nuevo lema, appeso sobre una cabaña rodeada también por otras insignias de tenor similar y banderitas arco iris, budistas y piratas:
“Para lograr todo lo bueno solo necesitas cumplir con tu deber correctamente”,
nuestro amigo Guido Sartori
   
Ciertamente es muy importante hacer el deber propio. Según Sartori, un médico ayurvédico, sería la condición insuprimible para realizar todo lo que hay de bueno.
   
Ciertamente estaban de acuerdo con él los nazis que, en el proceso de Núremberg, se justificaron por la masacre de tantas personas defendiendo precisamente no haber hecho más que su propio deber, obedeciendo las órdenes. Tal vez la gente de los campos de concentración no lo estaría, mucho menos por lo que concierne a la bondad del resultado.
    
Podría parecer que el punto esté en el entender cuál sea el verdadero deber propio. Porque si el deber propio es hacer algo mal, entonces muy difícilmente se lograría surtir del bien. ¿El deber ante quién: ante el Estado? ¿La Patria? ¿El Partido? ¿Ante el Rey, el Presidente, el Papa? ¿La compañía? ¿El ambiente? ¿Ante sí mismo? ¿Ante Dios? Parecería que hay tantas definiciones de deber entre cuáles escoger, a menudo contrastantes. Para decir cuando las cosas salen mal: “Oye, arma, has elegido el deber equivocado. En realidad debías hacer esto y aquello otro”. Todos sabios, en retrospectiva.
  
¿Pero sabes cuál es el verdadero punto? Que aun así, no es cierto. Esto es una mierda. Porque las cosas buenas no se obtienen solo con la fuerza de voluntad, con nuestro esfuerzo, por muy bien dirigido y titánico que sea. Cuando también damos todo por la causa correcta, el resultado es que todo se derrumba en nuestras manos.
  
La Biblia advierte:
Maldito el hombre que confía en el hombre,
que pone su apoyo en la carne
y su corazón se aparta del Señor.
Será como un tamarisco en la estepa,
cuando viene el bien no lo ve;
Morará en lugares áridos en el desierto,
en una tierra de sal, donde nadie puede vivir.
Esto es cierto incluso si el hombre en quien confiamos somos nosotros mismos. No nos engañemos pensando que somos dioses, que sabemos darnos el bien. Incluso cuando este era nuestro deber. Todo saldrá mal, ¿cuántas veces lo hemos probado?
   
Podemos notar que el bien viene de otro lugar, se da, y no podemos esperarlo sino buscarlo. O siempre podemos acusar a alguien que no ha cumplido con su deber.
  
ESTAMOS EN GUERRA: LA DICTADURA DE LOS AFIRMACIONISTAS (Fuente: COME DON CHISCHIOTTE).
  
  
Hey you! Out there on the road
Always doing what you’re told
Can you help me?
Hey you! Out there beyond the wall
Breaking bottles in the hall
Can you help me?
Hey you! Don’t tell there’s no more hope at all
Together we stand, divided we fall.
[¡Oye tú! Allá fuera, en el camino,
Haciendo siempre lo que te dicen,
¿Me puedes ayudar?
¡Oye tú! Allá fuera, más allá de la pared
Rompiendo botellas en el pasillo,
¿Me puedes ayudar?
¡Oye tú! ¡No digas que no hay más esperanza!
Juntos: seguimos en pie, separados: caemos].
(Hey you – THE WALL 1979)
   
La fábrica de los monstruos, el sueño y la obediencia
Decía hace tiempo que para escribir me sirve la furia. Hoy digo que basta la gastritis, la que algún padre ha ciertamente desarrollado luego de la última reunión virtual con otros seres que se espera sean similares, en el sentido de consciencia humana de un destino común, presumiblemente bajo el mismo cielo y sobre la misma tierra. En cambio no, hay gastritis y gastritis: las de los padres fóbicos presos en la telaraña de la mente colectiva del terror no es la misma de los otros, la minoría clandestina, que a veces ve la telaraña pero no caerá nunca, solo que el espacio afuera se hace siempre más irregular y hostil, visto que la telaraña se ha extendido a tal punto que se vuelve invisible para la mayoría, confundidos y bestializados como los ciegos de Saramago que con la vista han perdido también la humanidad.
No debemos cerrar los ojos toda la noche.
O nos despertaremos transformados en algo inhumano.
Muchas personas pierden poco a poco su humanidad sin darse cuenta
(“La invasión de los ultracuerpos”)
  
Como bie ha descrito Livio Cadè en esta efervescente contribución, es siempre un riesgo dejar el amo para buscar entender si se está de frente a un ultracovid y necesita alejarse de este porque están en todas partes “inútil buscar sacudirlos, de liberarlos de aquel parásito cerebral. Te mirarán con aire alarmado, como si tú fueses el extraño. De nada sirve apelar a la lógica, a los hechos, a los datos reales. Nada puede destruir su bloque monolítico de angustias y certezas, Si te muestras escéptico, si no te conformas al relato oficial, te acusarán de cinismo, negacionismo o complotismo. Es una suerte de histeria colectiva, como el maccartismo de los años ’50, la Red Scaremiedo rojo– que veía en todo anticonformista un peligroso comunista”.
    
El sueño de la razón genera monstruos.
No pienso en el Capricho 43 de Francisco de Goya, por cuanto la imagen del hombre durmiente asediado por aves siniestras invita a no perder la capacidad de pensamiento crítico para no caer en el miedo y en la superstición, y representan bien el oscurantismo en el cual estamos hundidos, y las nieblas volátiles los absurdos recibidos e impuestos ilegítimamente desde la ‘escuela’.
   
Y no son las alucinaciones de los caminos colorados, de los cercos o de los haces tricolores en tierra, de los distintivos sobre las bolsas o de los códigos de barras, de las 27 millones de mordazas deformaorejas y cultiva-bacterias/virus/hongos/parásitos que serán fabricados cada día por el grupo filantrópico Elkann (a la cabeza del grupo Gedi, que en la práctica posee todo el papel principal desde la Repubblica hasta La Stampa, Secolo XIX y el Espresso, diversos diarios locales, tres radios nacionales: Radio Deejay, Capital y radio m20, y las respectivas cadenas de TV), que recuerda al tro filántropo William Gates con sus 250 millones de dólares para comprarse toda la información (Financial Times, The Atlantic, Le Monde, The Guardian y el New York Times y cadenas de TV como BBC, NPR, NBC y Al Jazeera) o la compulsión en la destrucción de la microbiota con la obsessiva pseudo-higienización portadora solo de psicosis y de superbichos resistentes a los antibióticos, u otras amenidades como las tres bolsas de plástico que hoy cada uno deberá tener (bolsa 1 para llevar las zapatillas limpias, bolsa 2 para reponer las mismas infectadas por el coronavirus cada día, y bolsa 3 para el abrigo invernal porque no se debe colgar sobre los percheros, lo que, más allá de la total indiferencia por las recientes confirmaciones sobre la no permanencia de la enfermedad sobre las superficies, más allá del buen sentido, comporta un problema de volumen: ¿cómo diablos guardar un edredón de un chico dentro de una bolsa?). Luego que ni bien fuera de allí vuelve al normal sano roce e intercambio de balones y salivas en la cancha de fútbol o en el cumpleaños en la piscina, en todas partes, como se ha hecho afortunadamente por meses, en cualquier lugar EXCECPTO en la escuela, bajo la égida de aquella misma esquizofrenia institucionalizada que libera por decreto a 6 mil detenidos mientras encarcela a los niños y a 60 millones de italianos. No, no es toda esta locura la que nos ha causado gastritis e insomnio (pero aquella sirve para no hacerse contagiar de los ultracuerpos), es la total falta de cualquier levantamiento de ceja por parte de los otros padres, preocupados después de meses de histeria intramuros solo de liberarse de los párvulos para poder retomar una pseudovida normal, o volver a salir a trabajar para quienes aún no han perdido el trabajo.
    
He aquí que la escuela, de la cual la única voz que ha rezonado en el aterrador vacío que había engullido a pedagogos y profesores fue la lúcida intervención de la valiente decana Solange Hutter (ya en primera línea con una huelga de hambre contra la propuesta de insertar el respeto de las reglas de distanciamiento en el voto en conducta con sanciones del régimen, desde el 5 en conducta a represalias en forma de interrogatorios hasta la suspensión para quien no se adecúa, con daños psicológicos y sanitarios ya causados por el confinamiento y alto riesgo de matoneo entre compañeros que se convertirán en diligentes delatores), la escuela se transformará si no en un láger, sí en una fábrica de monstruos. Siervos formados por el condicionamiento pavloviano que aceptarán supinamente cualquier ingerencia del estado paternal en sus cuerpos y en sus mentes antes que revelarse a leyes injustas como el padre Milani:
«Tener el coraje de decir a los jóvenes que ellos son todos soberanos, para los cuales la obediencia no es ahora más una virtud sino la más sutil de las tentaciones, que no creen poderse hacerse hacerse escudo ni ante los hombres ni ante Dios, que necesita que se sienta cada uno el único responsable de todo»
La escuela ha abdicado a su papel dejando usurpar su propio territorio sacro por la sanidad, esto denuncia también el pedagogista Daniele Novara, que critica áspramente y en el mérito las directrices y los daños a los niños, de hecho privados de todo, mientras Fabio Franchi habla de la misión imposible de los profesores gravados por un deber médico-legal impropio que investiga el reconocimiento de los casos “sospechosos” entre los estudiantes, sino también de los padres para los cuales se proponía la responsabilidad penal si a los hijos les da la fiebre en la escuela y a los cuales les viene propuesto un pacto de corresponsabilidad (cuya suscripción no es obligatoria) y todo esto porque también los rectores fueron dejados solos, aplastados entre protocolos absurdos y responsabilidades que no les pertenecen ni a ellos. Del resto, divíde et ímpera.
 
“Ich bin ein Berliner” y periodismo de perrito faldero: ¡el sano está enfermo, Winston!
 «Los gobiernos aman las pandemias, las aman por la misma razón  por la cual aman la guerra, porque les permite tener el control de la población que de otro modo no tendrían». (Robert F Kennedy, 2020)
Los estudios eran falsos y ellos lo sabían. Una vez que tomé conciencia de esto, no era más posible dejar perder. Era como ver una violación por calle, o, he aquí, como ver una atrocidad terrible… como estar en la estación ferroviaria de Varsavia o Berlín en 1939 y ver las personas enviadas a los campos de concentración… entonces debía tomar una decisión: o bajar la cabeza y fingir no ver y proteger tu carrera, o hablar. Yo he sentido que no tenía elección.
    
Me pregunto ¿de qué sirven las distintas plataformas hipertecnológicas de constante vitrinización autista de vuestros culos fotoshopeados por filtros de bellezas e instagrameados más alla de cualquier disténtio ánimi agustiniana (“donde quiera estoy, soy cualquier cosa, no estoy sino presente”), llamadas irónicamente “sociales”, si en el 2020 estás en capacidad de ver los hechos del mundo con las miles y miles de webcam y youtubers en capacidad de documentar en tiempo real la verdad fáctica más allá del marco impuesto por la vieja y cada vez más malvada maestra llamada TV?
   
Mucho se ha dicho sobre la manifestación de Berlín (mucho más es lo que se ha callado e instrumentalizado por los medios mayoritarios de costumbre), de lo cual gustaba siempre informar la luminosa intervención de Robert F Kennedy. Otras plazas se han llenado de cabezas pensantes en Copenhague y en Londres, con una vibrante intervención de David Icke (oíd qué dice del “equipo de profundización comportamental” y del poder de los leones). Negacionstas, fascistas, antimascarillas, el reclamo a la pendiente negativa de la existencia hace de veras pugnar con la bomba de energía propositiva que fue lanzada por estas manifestaciones como por aquella ogranizada por el Movimiento 3V en Padua que ha reunido el domingo 6 de septiembre en Prato della Valle a más de 300 personas. Cuando el Corriere titula “El coronavirus no existe” y La Stampa “El virus no existe, es solo una gran mentira”, quien estaba sabe bien que ninguno de los relatores, ninguno, ha negado la existencia del virus, en cambio los mismos han eviscerado las características clínicas y denunciado las terapias erradas pero tanto es, ahora las mentes están talmente debilitadas que no se deben esforzar mucho para enlodar: mentiras grandes y bien gritadas. Silencio ensordecedor. Habíamos ya pasado por la censura de Estado, recuerdo entre todas la gran manifestación de Pesaro del 8 de julio de 2017 por la libertad de elección contra la abominación Lorenzin (lo sabíamos que el plan estaba allí, con el nombre de Italia en la cabeza de la experimentación vacunal en 2014 en Washington), también allí un océano naranja (el color del sentiero di Nicola, movimiento creado por uno de los tantos padres valientes que este país de cobardes posee) compuesto y unido de casi cien mil personas totalmente oscurecido por los medios, cuyo pasaje de perro guardián (“can de guardia de la democracia y de la pluralidad de las opiniones” según la conocida locución anglosajona, que hoy como nunca suena a ironía) a periodismo de perrito faldero (“caniche de saludo” pronto a echarse por un pedazo de pan) se ha realizado con el tiempo. Lo mismo que permite al constipado crónico Conde Drácula (nomen omen vistos los horarios de acción del virus ferragostano y pasajero) divulgar impunemente a las masas ya descerebradas que aún ven el TG1 una mentira talmente macroscópica que si no fuese una clamorosa metida de pata sería una clamorosa noticia falsa: las espectrales 135 mil víctimas del virus, falsa metida de pata diría. También aquí ya estábamos pasados con la peripatética Lorenzin que parloteaba de 400 niños muertos de sarampión en Gran Bretaña, también aquí la primera palabrería es la invasiva más allá de toda rectificación, por otra parte ni siquiera intentada en este caso por los diarios de plumas alquiladas nacionales. Los mismos que, instilando el nuevo paradigma ASINTOMÁTICO=CONTAGIOSO, el nuevo oximorón del imaginario enfermo sano que recuerda Molière, la salud como enfermedad (perfecto pensamiento doble orwelliano aplicado a las masas inertes violentadas en el lenguaje como cabeza de ariete para la violencia en el cuerpo y en la mente), llegan a informar tranquilamente, sin que ningún otro ‘periodista’ grite escandalizado, que el Ministerio de Salud ha impuesto registrar como muertos por Covid19 no solo los muertos por otras causas diferentes positivos al hisopo adulterado, sino también a los negativos, como denuncia (con razón, vistas las tentativas de oscurecimiento por parte de Youtube, ya subidas por el canal Byoblu) el valiente y lúcido Fabio Duranti en una de tantas intervenciones en Radio Radio.
 
FOOTLOOSE: la muerte de la danza… ¿o la danza de la muerte?
Bailes y besos prohibidos por el Minluv, sexo con la mascarilla, ¡y el canto prohibido a los niños!
Creía de veras no tener que agregar nada al último artículo sobre la abominación a la infancia y en las ventanas de Overton, pero estuve en Bretaña cuando habían impuesto la mascarilla en el interior de la corsara St. Malo, atención, sólo en el interior, porque si sabes, los muros constituyen un baluarte frente al titánico virus, y me encontraba por un pequeño puesto de frutas en La Rochela cuando fui agredida casi físicamente por una sinceramente aterrorizada por mi bufanda (le masque madame! le masque! le masque!), señora inconsciente que su alcalde ha tenido la misma idea de nuestro Attilio Fontana concediendo la bufanda en simulacro de la mordaza escenográfico, esto requerido por el copión Covid. Poco importa si después otro tipo de gérmenes proliferan bajo la axila donde se continúa portando impúdicamente la baguette desnuda apenas horneada. En Francia a fines de julio comenzaba el mismo teatro de las inútiles y dañinas máscaras con restricciones a mancha de leopardo que habíamos visto aquí meses antes. Pero la ordenanza/circular/decreto del Presidente del Consejo de Ministros/twitter que intentaba legiferar sobre el virus vampiro y oportunista en acción exclusiva de 18 a 6, tal vez porque emparentado con los murciélagos, parecía batir todos los récords de idiotes hasta que ha llegado el específico: el virus bailarín podría golpearos tanto en el local o en la plasas donde estaba bebiendo un Hugo, debiese tomaros el impulso de mover un brazo, el que me ha informado en la caza del dron al corredor con temor de alzar el brazo para hacer estiramiento. De la caza del corredor a la caza del bailarín. Lo que me ha golpeado, también aquí, es la ausencia de cualquier rebelión por parte de los denominados jóvenes. Ventanilla de Overton: se puede vetar el movimiento, incluso en el puesto, a 10 metros de distancia de cualquiera. Tu cuerpo no es tuyo, pertenece al Estado, que decide qué hacer y qué inocularte.
   
Después de haberos quitado la música, falta posicionarnos en una comunidad global mormona e intolerante como ‘Footlose’ o los burguesitos propietarios del hotel de ‘Dirty Dancing’, he aquí que el paso siguiente era prohibir la expresión más antigua, instintiva y connatural al ser humano: el baile.
    
Y ontológicamente esta muerte de la danza oculta el inverso como en un anagrama esotérico: la danza de la muerte, con toda la iconografía de la danza macabra, un meménto mori que aniqula el alma robándola del polo del amor para darla al miedo, ciega y atávica. El miedo de la libertad.
   
¿Dejadme cantar que soy italiano? Tampoco.
Pero aún no he terminado, hay otra prohibición amordazante, la prohibición de gritar y la prohibición de cantar, práctica que aumentaría la aerosolización y el riesgo de contagio: los más preocupados y sinceramente contrarios proponen poner “una luna de plexiglass como una suerte de atril para el niño ir detrás en la luna, tener ya su partitura y canta su canción ante los compañeros de clase sin ‘estornudar’ a ninguno”.
    
Y cuando se piensa haber ya superado el límite de la represión por medio de la psicopolicía del MinLuv (el orwelliano Ministerio del Amor),  he aquí la increíble superación de un ulterior grado en la sistemática y no contrastada deshumanización de nuestro ser zoon politikon y zoon logon echon (animal social y comunitario y animal dotado de logos palabra/pensamiento) por medio de la separación por locura solitaria después vaporizada en entidades ameboides destructuradas e individualistas y por medio de la mordaza del pensamiento y de su expresión: la prohibición de besarse y tener sexo con un sujeto exteior al suyo sin mascarilla. No es una broma, sino la oficialísima recomendación proveniente de la presidenta de la Agencia de Sanidad Pública del Canadá Theresa Tam, en peligrosa cuerda floja entre el moralismo en cilicio y en el silicio (tele-sexo) y perversiones kubrickianass a la Ojos bien cerrados (habéis visto ciertas máscaras): “La actividad sexual de menor riesgo es la que involucra sólo a sí mismo” que sea una invitación al onanismo y al sexo virtual (después de la “didáctica” a distancia nada es imposible) y ¡de veras había poco para reír de quien  hablaba irónicamente de la masarilla como un preservativo! Doble dispositivo por tanto, y si un pensamiento va de Winston y Julia de 1984, el otro salta más allá al acostumbrado Huxley, al transhumanismo…a la nueva sub-humanidad prona al Nuevo Súpergobierno Mundial ya prefigurado, entre otros, por Jascques Attali en 2009 a propósito del SARS, pandemia buscada, y un Mario Draghi ya pronto con bendición del Papa (que en julio lo nombró miembro ordinario de la Pontificia academia de las Ciencias):
“La historia nos enseña que la humanidad evoluciona significativamente solo cuando tiene realmente miedo: entonces ella inicialmente desarrolla mecanismos de defensa; a veces intolerables (los chivos expiatorios y los totalitarismos); a veces inútiles (la distracción); a veces eficaces (las terapéuticas, que alejan si es necesario todos los principios morales precedentes). Después, una vez pasada la crisis, transforma estos mecanismos para volverlos compatibles con la libertad individual e inscribirlos en una política de salud democrática”. (Overton docet, ndr)
“La pandemia que está iniciando podría hacer desencadenar uno de estos miedos estructurantes”
Precisamente ayer Úrsula von der Leyen ha ratificado la necesidad de construir una Nueva Unión Sanitaria preanunciando “un vértice global sobre la sanidad en Italia” organizado con el presidente del Consejo Giuseppe Conte y la presidencia italiana del G20 “para demostrar que la Europa existe”: nos arriesgamos, Italia terminal y laboratorio.
 
Profecías
Recordaréis que aún entre las ‘profecías’ epidémicas dignas de nota en tanto la increíble sincronización de la simulación EVENT 201. A pandemic exercise de octubre de 2019 en el Johns Hopkins por obra del Foro Económico Mundial y de la Fundación Bill & Melinda Gates (revisando el programa, puse la mirada en el punto7 que invita a los gobiernos a la gestión de la desinformación y de las voces disonantes “manage rumors and misinformation” y a inundar los medios con informaciones rápidas y ‘coherentes’ leídas unívocamente “flood media with fast, accurate, and consistent information” también utilizando a los líderes religiosos “faith leaders”). Pero, sobre todo, el escenario de la Fundación Rockfeller de 2010 denominado LOCKSTEP (‘estrecha, ‘cerradura’, y puesto claramente en la página 18 de “LOCKSTEP: A world of tighter top-down government control and more authoritarian leadership (Un mundo basado sobre un mayor control gubernamental de arriba hacia abajo y más liderazgo autoritario), del cual ya denunciábamos tiempo ha la impresionante semejanza con lo que estamos viviendo en términos de autoritarismo, control vertica, vigilancia a través de la obligación de mascarillas y control de la temperatura para acceder a los espacios comunes como supermercados o estaciones. Pero atención: vigilancia y control que han permanecido y que incluso son intensificados después del fin de la pandemia (During the pandemic, national leaders around the world flexed their authority and imposed airtight rules and restrictions, from the mandatory wearing of face masks to body-temperature checks at the entries to communal spaces like train stations and supermarkets. Even after the pandemic faded, this more authoritarian control and oversight of citizens and their activities stuck and even intensified.) Como ahora, que la emergencia ha acabado, pero el control y el autoritarismo se han intensificado, interiorizado y overtonizado.
   
Siempre en tema profético, vale la pena escuchar la falta de minutas de la intervención en Padua de la grandísima Antonietta Gatti, física y bioingeniera experta en nanotoxicología, cual cita los breves de coronavirus del 2015, los Pandemic Bonds del 2017 emitidos por el Banco Mundial, los créditos oscuros también para la Italia para adquirir mascarillas…. Pero sobre todo Gatti denuncia el escándalo de las autopsias prohibidas y de los impedimentos al estudio de los muertos de Bérgamo: después de haber donado al hospital de Bérgamo, que es también MI hospital, la instrumentación para efectuar las autopsias con seguridad, el envío de las meuestras (de cerebro, de pulmón, de trombo) ya predispuestos por el anatomopatólogo para ser analizados en el laboratorio Nanodiagnostics fue de improviso bloqueado desde arriba: un escándalo que no tiene justificación, sinno la voluntad de NO hacer claridad y de NO salvar vidas.
    
La emergencia ha acabado, iros en paz (lo dice el ISS)… y la ciencia de los papagallos (con mascarillas no validadas en un virus nunca aislado que trasforma los sanos en enfermos)
A los afirmacionistas a ultranza sugiero que escuchen sus fuentes confiables cuando están obligados a admitir que la emergencia ha terminado y que el número de ‘positivos’ es proporcional a aquel de los hisopos adulterados, elemental Watson. Aggiungiamo le fake news di Stato impunemente diffuse dai rotocalchi servi di cui sopra, la sovrastima dovuta al fatto che i ‘hisopos’ rileverebbero anche virus morto, ma farei un passo avanti: i test, sia tamponi che sierologici, non sono mai stati convalidati semplicemente perché il virus non è mai stato isolato. Lo spiega in una intervista esclusiva su Byoblu (di cui vi consiglio caldamente la visione integrale) anche Stefano Scoglio, scienziato candidato al Nobel, che già illustrava bene qui, dati alla mano, i veri numeri dell’epidemia e la tragedia dell’incantesimo Covid contro cui solo pochi medici hanno avuto il coraggio di pronunciarsi con forza (Lettera aperta del 30/08 su ‘contagi’ e diritti: la misura è colma dei medici AMPAS)
“Ho esaminato gli studi che affermano di aver isolato e persino testato il virus, ma tutti hanno fatto qualcosa di molto diverso: hanno preso il liquido faringeo o bronco-alveolare dei pazienti, lo hanno centrifugato per separare le molecole più grandi dalle molecole più piccole, come appunto i presunti virus; hanno poi preso il surnatante (la parte superior del material centrifugado) y han llamado a aquella matriz extremadamente compleja ‘virus isolato’”.
Nel surnatante, spacciato per virus, in realtà ci sono milioni di RNA. Da questo si fanno svariati sequenziamenti genici.
«Quando non hai isolato il virus ma hai solo fatto diverse ipotesi al computer di sequenze geniche, coi tamponi cosa vai a trovare? Il tampone deve avere un marker di riferimento, ma se questo non c’è, cosa trovi?»
«Per testare la patogenicità di un organismo bisogna prendere un campione di sangue o umore infetto, isolare e purificare il batterio o il virus, metterlo in coltura, iniettarlo a una cavia, vedere se si riproduce la malattia e solo se si ammala posso affermare che quell’organismo è causa della malattia […] Questo percorso non è stato intrapreso col SARS-CoV-2. Son stati fatti dei sequenziamenti genici che sono delle ricostruzioni computerizzate a partire da alcuni frammenti di RNA».
E la stessa cosa vale per i test sierologici: come per i tamponi, anche qui si cercano nel sangue le immunoglobuline (marker immunitari) IgM e IgG ma “senza un marker specifico per il SARS-CoV-2, è impossibile avere un risultato certo perché le immunoglobuline sono prodotte anche in presenza di un raffreddore o di un taglio
Perciò i cosiddetti positivi intanto non sono positivi, i tamponi rilevano solo frammenti di genoma virale e pure aspecifico, non necessariamente di questo virus. Lo ribadisce anche il grande immunologo bernese Beda Stadler, che fra le altre cose conferma ciò che già sosteneva Tarro sulla prevista diminuzione della carica virale e ciò che anche l’infettivologo Fabio Franchi va dicendo da mesi e cioè che i test non sono mai stati validati:
Per prima cosa, è stato sbagliato affermare che il virus è nuovo.
Seconda cosa, è stato ancora più sbagliato affermare che la popolazione non aveva già una immunità verso il Covid 19.
Terza cosa, è stata l’incoronazione della stupidità affermare che qualcuno poteva avere il Covid 19 senza sintomi e contagiare altre persone [..]
 Ad un certo punto mi sono svegliato, quando ho realizzato che il primo test sierologico commercialmente disponibile per il Covid 19 era lo stesso vecchio test per il SARS COV 1. Questo test valutava se c’erano anticorpi nel sangue del paziente, sia che essi venissero dal contatto con SARS COV 1, Covid 19 o MERS. Quindi le affermazioni che noi non avevamo immunità erano insostenibili, in quanto non avevamo test che differenziassero l’immunità ai diversi coronavirus. Le affermazioni non erano scientifiche, erano solo delle supposizioni che tutti ripetevano come pappagalli.
E’ verosimile che un largo numero di persone che sono dichiarate positive giornalmente hanno solo frammenti di virus nel loro corpo, ma non più virus!!! La PCR non permette di sapere se il virus è ancora vivo e se la persona è contagiosa.
Il virus è andato via per ora. Probabilmente tornerà in inverno, ma come un semplice raffreddore. Le persone giovani e in salute che indossano la maschera, farebbero bene a mettersi un elmetto, poiché il rischio di morire per qualcosa che cade sulla loro testa è maggiore del rischio di morire da Covid 19.
Ecco prima di mettervi l’elmetto però, sulla cui inutilità e soprattutto dannosità (per ipossia ipercapnia acidosi autoinfezione costante di virus/batteri/protozoi di cui è terreno di coltura migliore di un laboratorio) sono già stati riportati dati e pareri scientifici (dopo i bambini uccisi dalla mascherina in Cina e la ragazzina entrata in coma in Val d’Aosta, per limitarci solo a quelli più noti, è notizia di oggi che un bimbo delle elementari nel veronese è svenuto e si è ferito dopo aver portato la mascherina a scuola: pediatri dove siete?), sentitevi le conclusioni dello studio della Dottoressa Loretta Bolgan che, dopo l’esposto di Bacco[1] e Tarro, denuncia la ventilazione invasiva come causa diretta della complicazione fatale che ha portato alle morti che ribadiamo sono MORTI DI STATO, MORTI IATROGENE non certo attribuibili ai medici che hanno operato in emergenza ma ai quantomeno miopi protocolli imposti con intubazione forzata e senza stadiazione dei pazienti: VENTILAZIONE INVASIVA, così i pazienti Covid si sono aggravati. L’illegittimità scientifica (nessuna ratio per un obbligo di utilizzo diffuso e soprattutto nelle scuole divenute lager al di fuori del quale i bambini e ragazzi continuano per fortuna ad incontrarsi e ad abbracciarsi senza che questi comportamenti umani vengano bloccati da dispotici interventi di vigili come in questa scuola del Trentino ) va di pari passo con quella giuridica: è di ieri l’importante pronunciamento dell’Osservatorio permanente per la legalità costituzionale, istituito presso il Comitato popolare per la difesa dei beni pubblici e comuni «Stefano Rodotà» e presieduto da Ugo Mattei, sulla illegittimità ed incostituzionalità dell’obbligo della mascherina è incostituzionale, pertanto l’irrogazione della multa da parte di un pubblico ufficiale non può cioè avvenire in forza di legge.
   
Purtroppo però la prassi delle masse disconosce ciò che è o non riserva di legge e concede lo status a qualunque atto amministrativo che venga poi adottato dalla maggioranza delle persone letteralmente senza fiatare. La mascherina è un simbolo di sottomissione e sudditanza, mito e feticcio, non si discute, il mondo deve essere ammutolito. A questo pensavo l’altro giorno quando sono entrata in un negozio di alimentari e la ragazza dell’ortofrutta mi fissava incuriosita il foulard “è bello, è leggero riesco a leggerti il labiale”. T. è sordomuta, per lei il mondo ora è davvero muto.
 
El afirmacionista nace de pie (como el optimista de Antonello Venditti), pero con la espalda ya doblada
Vosotros que dormís serenos en brazos de la mentira, que creéis en el principio de delegación en todo sector, vosotros que véis siempre un médico tras una bata también cuando por dinero rompe fémures o dopa a los niños, vosotros que véis siempre a un maestro tras una cátedra también cuando considera a los niños unas cabezas vacías que llenar y homologar, vosotros que no concebís incertidumbre o dudas y alimentáis la máxima fe en la filantropía de las casas farmacéuticas y en la ética de los estados, de los gobiernos, de los organismos supranacionales, vosotros que siempre asentis, porque decir SÍ es una de las columnas del turbocapitalismo metafísico y la ontología de la afirmación siempre y en todo lugar, la glorificación del consenso a priori, del masoquismo, del conformismo y de la heterodirección que nada os cuesta en términos de sinaxis ni de gastritis, vosotros que elogiáis la ortodoxia que nada os requiere sino hacer una inclinación con la cabeza y abajarla luego, entregando la casaca al dogma deshumanizante, vosotros siervos del SÍ.
    
Estamos en guerra y los primeros en morir serán los niños
Giravo per il corso di Crema qualche giorno fa con mio figlio e alcuni amichetti, mi sono soffermata davanti a una vetrina che esponeva osceni manichini imbavagliati, alcuni con mascherina odiosamente abbinata al vestito (come del resto facevano le pubblicità per le prime comunioni a maggio o i folli spot per mascherine colorate e financo con boccacce disegnate destinate ai bambini, già umiliati da genitori idiotizzati), altri persino con visiera in plexiglass, e ho chiesto loro di notare l’anormalità, di VEDERE la follia, ho detto loro di non smettere mai di indignarsi, di non abituarsi MAI alla cosiddetta “nuova normalità”, di non smettere MAI di sobbalzare e di inorridire. È una delle tante finestre di Overton, sempre quelle, le sole nel muro.
    
Siamo in guerra e i primi a morire saranno i bambini, già violati nel corpo e nell’anima dagli abomini della legge Lorenzin, devastati nel microbiota dalla falsa teoria igienica che demonizza il germe e ignora terra e terreno (i dati in letteratura erano già abbondanti ma questo importante studio belga del 2015 conferma l’importanza dell’esposizione ai batteri per la corretta azione del sistema immunitario, che passa per il microbiota (questo sconosciuto) ucciso dalle pratiche di igienizzazione dei bambini in fila come bestiame per la marcatura mattutina: ascoltate la dottoressa Annarita Iannetti, medico di prevenzione e specialista in terapia d’urgenza esperta di PNEI e di epigenetica (altra sconosciuta) con 40 anni di esperienza nel suo recente breve intervento a Padova e traetene le conclusioni, se ancora vi circolano neuroni dietro mascherina.
   
Siamo in guerra e i primi a morire saranno i bambini, educati alla distanza (che da fisica a sociale è divenuta morale e persino ontologica), alla diffidenza e alla delazione (“vai a vedere chi non ha la mascherina e dimmelo”; “se non la tiri su bene ti metto in punizione”).
   
Siamo in guerra e guerra ora è dichiarata fin dai libri di scuola, dove, con buona pace dei negazionisti del NWO (affermazionisti pardon), si insegna il NUOVO ORDINE MONDIALE ai bambini: NUOVO ORDINE MONDIALE ai bambini, così, messo lì nero su bianco.
   
E allora, guerra sia. Forse perderemo, ma saremo svegli.
«In quanto alla loro vita di giovani sovrani domani, non posso dire ai miei ragazzi che l’unico modo d’amare la legge è d’obbedirla. Posso solo dir loro che essi dovranno tenere in tale onore le leggi degli uomini da osservarle quando sono giuste (cioè quando sono la forza del debole). Quando invece vedranno che non sono giuste (cioè quando sanzionano il sopruso del forte) essi dovranno battersi perché siano cambiate.
  
E quando è l’ora non c’è scuola più grande che pagare di persona un’obiezione di coscienza. Cioè violare la legge di cui si ha coscienza che è cattiva e accettare la pena che essa prevede» (Padre Lorenzo Milani, Carta a los jueces, 18 de octubre de 1965)
Dovrete venire a prenderci tutti, come avete fatto con questa donna incinta, mostri affermazionisti senza volto e senza umanità, che davanti al treno per Varsavia avete girato la testa dall’altra parte.
Rise like Lions after slumber
In unvanquishable number,
Shake your chains to earth like dew
Which in sleep had fallen on you-
Ye are many — they are few.
[Alzaos cual leones tras un breve sueño
Y en tal abundancia que sea invencible.
Librad a la tierra de vuestras cadenas,
De ese rocío que anoche os cayera.
Vosotros sois muchos y pocos son ellos]
(Percy Bysshe Shelley 1819, La Máscara de la Anarquía
   
NOTA
[1] Leed sus palabras indignadas a la Cámara sobre los “huérfanos del virus” y sobre los protocolos errados: “Hemos disparado a los pulmones, los tenemos oxidados y quemados, hemos matado a las personas y en todo esto los médicos, incluso mis colegas, se han convertido en instrumentos de muerte, sobre la pérdida de la píetas No les hemos estrechado la mano cuando partían, no los hemos acompañado en el último viaje, hemos permitido que los incinerasen para hacer desaparecer las pruebas de un error del cual la historia será juez”. No obstante la ciencia herética decía “mirad que habéis confundido los efectos con la causa, no se trata de pulmonía intersticial. Hemos eliminado completamente los fármacos que hoy llevan a la curación inmediata, la heparina, los antiinflamatorios y la hidroxicloroquina. En cambio les hemos dado todo lo contrario, una ventilación profunda”. Habla dolorosa pero lúcidamente de un golpe de estado, de la pandemia como instrumento de ingeniería social e invoca un nuevo Núremberg para la dictatura sanitaria imposta: “¿Piensas de veras que vives en democracia? ¿Piensas que hay respeto por la democracia cuando, por el simple hecho de expresar una opinón te hallas expuesto a consecuencias personales?”
        
SI ESTO ES UN NIÑO… (Fuente: Perfil de Sara Cunial en Facebook).
Las escuelas se han reanudado hace unos días y las imágenes que siguen nos dejan asombrados. En Verona, un niño se desmaya en clase después de haber mantenido su máscara puesta durante horas. En Génova, la foto “conmocionada” de los niños arrodillados dibujando en las sillas. En Ostia las rejas estilo prisión para dividir un compartimento de otro. Y luego otra vez: los niños regañados si se tocan la cara con las manos, si se cae un cuaderno, si se acercan a un amigo. Gimnasia en el puesto (prácticamente un oxímoron). No jugar en grupo. No hay posibilidad de moverse. Ay de reír. Los mismos niños que jugaron tranquilamente (¡por fin!) en el parque o en la playa este verano, están ahora en prisión durante horas, peor que cualquier preso.
    
Condiciones de violencia inauditas, ante la inexistencia de evidencias científicas a favor de esta narrativa y de los propios protocolos. Italia fue la primera en cerrar escuelas y, hoy, por último, las reabrió en condiciones alarmantes, obligando a niños y jóvenes a privarse continuamente de estímulos sociales y cognitivos.
    
Aunque múltiples estudios científicos afirman que, a diferencia de los ancianos y adultos que padecen otras patologías, los niños y adolescentes se enferman muy poco con el Covid19, mostrando en su mayoría síntomas leves, las reacciones más feroces se están produciendo en ellos.
    
Incluso el Comité Técnico Científico muy deseado por el presidente Conte destacó que “la infección por SARS-CoV-2 en Italia, en la edad de desarrollo (0-18 años), se ha documentado hasta la fecha en unos 4.000 casos: el 7% requirió hospitalización y 4 muertes (todo en pacientes con enfermedades preexistentes graves). En niños y adolescentes las formas clínicas son principalmente paucisintomáticas, leves y/o moderadas, excepcionalmente hubo 3 casos graves que requirieron cuidados intensivos”.
    
Los niños tienen poca expresión del receptor ACE2, que es el que usa el virus SARS-CoV-2 para infectar las células que recubren el revestimiento de la nariz. Tener pocos receptores para el virus en lo que es la puerta de entrada a las infecciones respiratorias justificaría la menor susceptibilidad de los niños a la infección. Los niños estarían menos infectados, menos enfermos y también menos contagiosos que los adultos.
    
Incluso un estudio británico sobre niños y adolescentes ingresados ​​en 183 hospitales británicos publicado el 27 de agosto en el British Medical Journal, informa que los niños y adolescentes representan solo el 1-2% de los casos de hospitalización por Covid-19, tienen un menor riesgo de infección. frente a los adultos, que para ellos en la gran mayoría de casos son leves o asintomáticos, con muy pocos casos de muerte (menos del 1%), todos con patologías preexistentes muy graves. Esta cifra ya estaba emergiendo en China en enero-febrero.
   
Otros estudios afirman que dentro de las escuelas hay una baja propensión al contagio ya que los niños positivos casi siempre son asintomáticos y, por lo tanto, producen muchas menos gotitas de Flügge al toser y estornudar. Por tanto, la cantidad de partículas virales liberadas al medio ambiente por los niños (elemento en estrecha correlación con la transmisión de la infección) es muy baja.
    
Finalmente, incluso el famoso inmunólogo estadounidense Anthony Fauci, miembro del Grupo de Trabajo sobre el Coronavirus, declaró en una conferencia de prensa oficial que “lo único que históricamente la gente debe darse cuenta es que, incluso si hay una transmisión asintomática, a lo largo de la historia de los virus respiratorios de cualquier tipo, la transmisión asintomática nunca ha sido causa de brotes. La persona responsable de los brotes es siempre una persona sintomática. Aunque es raro el caso de una persona asintomática que podría transmitir, una epidemia no está determinada por portadores asintomáticos”.
    
PERO ESTO LE IMPORTA POCO A UN ESTADO QUE, EN LUGAR DE PROTEGER LA SALUD Y EL BIENESTAR DE SUS CIUDADANOS, DURANTE MESES, NO HA HECHO MÁS QUE VEJARLOS Y HUMILLARLOS CON NORMAS Y COMPORTAMIENTOS CRIMINALES DISEÑADOS, ÚTILES SÓLO PARA ENVILECER LO QUE NOS QUEDA DE HUMANIDAD Y CIVILIDAD.
   
Más de 700 psicólogos y psiquiatras han alertado sobre los efectos de dicho manejo: trastornos de adaptación, ansiedad, síntomas depresivos, pérdida de motivación, sensación de fatiga física y cognitiva, sentimientos de autodespreciación, tristeza, ira, miedo y culpa, aumento de la violencia. y agresión, desconfianza paranoica, suicidio. El malestar psicológico tiene efectos negativos sobre la salud física, porque debilita las defensas inmunológicas, precisamente en un momento en el que la protección de la salud general a través de un estilo de vida saludable sería fundamental para afrontar con éxito una enfermedad viral.
   
La denuncia también se presentó en el Parlamento. Aquí puedes ver la rueda de prensa en la que habló la Dra. Giuditta Fagnani, Psicóloga de la edad del desarrollo y psicoterapeuta sistémico-relacional; la Dra. Patrizia Scanu, psicóloga clínica, Consejera Gestalt y maestra de secundaria; y el Dr. Vittorio Lodolo D’Oria, especialista en Hematología y experto en enfermedades profesionales del profesorado.
👉https://www.facebook.com/saracunial.camera/videos/241930887125577
  
¡NADIE PUEDE DECIR QUE NO SABE! La información está ahí, las imágenes están ahí para que todos las vean. Nuestros hijos piden piedad. Cada maestro, cada director, cada director debe hacer todo lo posible para evitar esto. Desde poner a disposición sus oficinas, si hay falta de espacio o plazas, hasta desobedecer a diario, si se ofende la dignidad de las personas, como ha sucedido en muchos casos.
  
Hay prioridades. En una situación de emergencia, los niños son la prioridad. Lo mejor está reservado para ellos. Si estamos satisfechos con los niños y sus necesidades, prefiriendo nuestra vida tranquila, terminamos cambiando nuestro futuro por la comodidad de nuestro “Ya hice suficiente".
  
Al respecto, le presenté una pregunta al ministro  # Azzolina .

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