domingo, 13 de septiembre de 2020

¿FEMINISMO OPUSINO?

En sendas entrevistas a El Español, La Provincia y ABC con motivo de su nuevo libro «Mujeres brújula en un bosque de retos: los desafíos del siglo XXI», la murciana Isabel Sánchez Serrano (51), la numeraria (laica que vive bajo regla monástica en los centros del Opus Dei) más poderosa en el Opus Dei (en cuanto directora de la Asesoría central –máximo órgano de la rama femenina de la Obra, y que junto al Consejo central asesora al Prelado–).
 
Isabel Sánchez Serrano, con Javier Echevarría Rodríguez y Fernando Ocáriz Braña
  
Ella declaró que, contrario a la percepción generalizada, políticamente la Obra no es de ultraderecha (días atrás, la ex-podemita María Teresa Rodríguez-Rubio Vázquez criticó vía Twitter el nombramiento del médico Joaquín Fernández-Crehuet Navajas como miembro del comité gestor del coronavirus de la Junta de Andalucía porque es miembro del Opus, comentario criticado a su vez por Rafael Larreina Valderrama, también numerario y ex-diputado socialdemócrata):
«Siempre que defienda los valores del Evangelio, [un miembro de Podemos] puede estar. He conocido a algunos que fueron del Partido Laborista, por ejemplo. Tampoco he conocido a alguien así como muy radical, pero eso es porque no hablamos mucho de política»,
añadiendo que «no se pregunta ni la posición social ni las ideas políticas».

En esa línea, si bien no negó la influencia de La Obra en el franquismo de los años sesenta por medio de los “ministros tecnócratas” (según dicho de ella, como método de visibilización institucional para llevar su mensaje), Sánchez Serrano duda que hoy en día, «la Obra quiera una interlocución con el poder» (después del descalabro del gobierno Rajoy, donde hubo la presencia de Ana Pastor y Luis de Guindos, entre otros personajes opusinos o afines al Opus), porque «ahora prima el valor de la persona singular».
  
Así, para ella, la Obra «es moderna de por sí porque está anclada en el mundo en el que vive» y «tienen página web y redes sociales» (para espantar el fantasma de los temas vedados en la Obra), llegando a expresiones casi indigestas como que «Jesucristo era un hombre de su tiempo y habría utilizado las redes sociales para transmitir su mensaje» o «Podemos hablar con Dios en todas las partes, en una Iglesia está presente, pero a Dios lo encontramos en nuestro corazón». Que más que “modernizarse”, es necesario que en el Opus Dei haya mayor protagonismo de hombres y mujeres seglares, de conformidad al ideal de su fundador José María Escriba y Albás (en arte “Ilustrísimo San Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, Marqués de Peralta”).
 
Isabel Sánchez se declaró feminista. Eso sí, haciendo la salvedad que «La neurociencia y la biología nos dicen ya que hay dos tipos de cerebros: uno de hombre y otro de la mujer que nos hacen percibir el mundo y la vida de manera diferente Creo firmemente que el “cableado” masculino y el femenino son diferentes» y rematando (para que no quede duda) con «Un buen cristiano siempre será feminista y sororo».
 
La inmigración era un tema infaltable, y respecto a ello opinó:
«Es una cuestión sangrante y muy compleja que nos tiene que interpelar a todos los cristianos, como nos recuerda el Papa Francisco. Es una gran cicatriz que atraviesa el globo. Tenemos que dejar de ver estadísticas y aprender a mirar sus rostros».
***
Hasta aquí la reseña de la “entrevista a tres bandas”. No quisimos continuar porque todo eso es una horterada digna de una sonora palmada en la cabeza (si nos tomamos esta labor ignominiosa fue para mostraros LA ESTUPIDEZ DE LOS NEOCONES DE LA IGLESIA CONCILIAR (de los cuales el opusdeísmo es el primero en la lista) Y para comentario, citamos la carta abierta que José Eulogio López Escribano (fundador del diario Hispanidad) le redactó (tomada de INFOVATICANA):
Se llama Isabel Sánchez, española, es la mandamás de todas las mujeres del Opus Dei en el mundo. Acaba de escribir el libro feminista de “Mujeres brújula en un bosque de retos”. No, no pienso leerlo.
   
Conste que no soy yo el que la califica de feminista sino que ella misma se define así y así define su libro.
   
Confieso que cuando me eché al coleto sus primeras declaraciones, pensé en callar y no hablar. Pero es que han sido muchas declaraciones (ABC, La Razón, El Español), una detrás de otra, un crescendo que ha terminado en un titular para el recuerdo: “Un buen cristiano es feminista y sororo”. Sí, lo de sororo es un neologismo hortera que define la hermandad femenina en la que creen pocos varones y ninguna mujer.
   
Bueno, las feministas tampoco pero están obligadas a decir que sí. Con todo esto, he decidido dedicar a doña Isabel esta carta, carta abierta, que hago extensiva al prelado del Opus Dei, el sacerdote Fernando Ocáriz.
     
Verá usted, doña Isabel: un cristiano no puede ser feminista porque las feministas odian dos tesoros de la Iglesia: la virginidad y la maternidad. O sea, le odian a usted como numeraria del Opus Dei y odian a las supernumerarias de la Prelatura. Todo a un tiempo.
    
Y esto resulta sobresaliente por cuanto el feminismo nace de la presunta marginación de la mujer, cuando la marginada en el siglo XXI no es la mujer, sino la madre.
   
Recuerde, también, que lo que siempre pierde a la mujer es intentar convertirse en el centro de atención de cuantos le rodean. Lo que el feminismo llama visibilidad, término que usted ha acogido, al parecer olvidando que visibilidad no es otra cosa que vanidad. Los clásicos, cuando no existía el feminismo y, por tanto, conocían mejor a ellas y a ellos, hablaban de la mujer discreta. No porque creyeran que debía estar callada (¿Acaso eso es posible?) sino porque le presumían inteligencia y perseverancia y sabían que lo que podía perderle era el exhibicionismo.
    
Más. Asegurar, como usted ha hecho, que “en la Obra cabe gente de Podemos siempre que defienda el Evangelio” es como asegurar que el lobo cabe en el aprisco de las ovejas siempre que antes de entrar se extraiga toda la dentadura y las garras. Doña Isabel, el contrasentido, la incongruencia, la incoherencia, la contradicción, no caben en sitio alguno.
   
Recuerda aquel dilema que lanzaba el ateo: “Dios no puede ser omnipotente porque no puede crear una piedra que él mismo no pueda levantar”. Y ya sabe la respuesta: una piedra que un ser omnipotente no puede levantar no es un imposible, es sólo un contrasentido”.
    
Convertir a la Iglesia, y a la Obra, en feministas sólo me certifica que los males del Opus Dei están dentro y arriba como decía su fundador sobre la Iglesia del postconcilio.
    
Ejemplo: hemos llegado a un momento en que las numerarias se burlan de la supernumerarias, ‘con bombo’. Recuerdo con sonrojo -ocurrió años atrás, que el mal ya estaba dentro- que en cierto programa de radio se invitó a un debate a una numeraria con muchas ambiciones políticas para hablar de la familia. Sólo puso una condición: “A mí no me traigas aquí a señoras con bombo”.
   
Doña Isabel, no sea usted ingenua. No acaricie a la serpiente: le morderá. No se haga la feminista porque nadie se va a creer que la Obra y la Iglesia sean feministas (Laus Deo).
    
Además, da la impresión de que el Opus Dei lleva años corriendo con mangueras a las inundaciones y con barcazas a los incendios. De verdad, en este momento de la batalla eucarística, de pérdida lacerante de vocaciones, en el momento de mayor crisis (crisis de santidad, naturalmente) de toda la historia de la Iglesia… ¿todo lo que tiene que vender la ‘number one’ del Opus Dei es feminismo? ¿En serio?
    
Y no olvide doña Isabel: si al Opus Dei le quitas el Dei, se queda simplemente en Opus. Lo digo porque le oigo hablar mucho de la mujer y muy poco de Cristo.
   
Eulogio López

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