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martes, 24 de febrero de 2026

NEWMAN, EN EL CALENDARIO GENERAL NOVUSORDITA

   
El pasado 9 de Noviembre de 2025, mediante el Protocolo N.º 760-25, el Cardenal Arthur Roche, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos novusordianos, tras hacer un panegírico en honor al cardenal Juan Enrique Newman, decreta en nombre de su señor León XIV Riggitano-Prévost que «la celebración de san Juan Enrique Newman, presbítero y doctor de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano General y su memoria libre [= Semi doble] sea celebrada por todos el 9 de octubre», día de su conversión al catolicismo, y que sea inscrita en el Misal, la Liturgia de las Horas y el Martirologio de su secta. La noticia salió en el Boletín diario de la Oficina de Prensa de la Santa Sede el pasado 3 de Febrero de 2026.
    
Para los interesados en conocer los propios que esta “nueva fiesta” tendrá, bien pueden remitirse al Anexo «Additiónes in Libris litúrgicis Ritus Románi de memória ad líbitum sancti Joánnis Henríci Newman, presbýteri et Ecclésiæ doctóris» para consultarlos en su original latín (queda en las Conferencias episcopales la tarea de traducirlos). Aquí nos concentraremos en hacer un comentario, comenzando por la Misa –La Misa puede seguir el Común de los Pastores: Por un pastor (pro uno Pastore), formulario 1; o el Común de los Doctores de la Iglesia, formulario 1. En todo caso, con oración y lecciones propias– Es este último el formulario que seguiremos para el análisis, comenzando por el Misal, y luego por el Breviario (Los textos latinos de la Misa son de la edición típica del año 2002, y salvo la Oración colecta, la lección de la Liturgia de las Horas y la entrada del Martirologio, todas las traducciones son de la Conferencia Episcopal Española):
  • El Introito es, como queda dicho, ad líbitum, pudiendo escogerse entre «In médio Ecclésiæ apéruit os ejus, et implévit eum Dóminus spíritu sapiéntiæ et intelléctus; stolam glóriæ índuit eum» (En la asamblea le da la palabra, el Señor lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia, lo viste con un traje de honor), adaptado de Eclesiástico 15, 5; o «Os justi meditábitur sapiéntiam, et língua ejus loquétur judícium; lex Dei ejus in corde ipsíus» (La boca del justo expone la sabiduría, su lengua explica el derecho, porque lleva en el corazón la ley de su Dios), del Salmo 36 (37, siguiendo la numeración hebrea), 30-31.
  • La Oración colecta (que también se registra en las Laudes y Vísperas de la novusordiana Liturgia de las Horas) dice:
    «Deus, qui sanctum Joánnem Henrícum, presbýterum, lumen benígnum tuum sequéntem pacem in Ecclésia tua inveníre contulísti, concéde propítius ut, ejus intercessióne et exémplo, ex umbris et imagínibus in plenitúdinem veritátis tuæ perducámur. Per Dóminum» (Oh Dios, que a tu santo presbítero Juan Enrique, siguiendo tu luz admirable, lo ayudaste a encontrar la paz en tu Iglesia, concédenos propicio que, por su intercesión y ejemplo, seamos guiados de las sombras y figuras hacia la plenitud de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor).
    Pero la realidad es que se pide, a ejemplo de Juan Enrique Newman, oscurecer de palabra y obra la doctrina dando sospechas de modernismo.
        
  • La “lectura” es de Eclesiástico 39, 8-4 (o los versos 6 a 11 de la numeración griega –dado que hay leccionarios basados en la Biblia de Jerusalén–): «Se llenará de espíritu de inteligencia».
  • El salmo responsorial (no existe el Gradual ni el Tracto en la Misa montiniana), es tomado del Salmo 39 (40 si se sigue la numeración hebrea), versos 2 y 4ab. 7-8a, 8b-9, 10, n. 721, 3. La respuesta es tomada de los versos 8a y 9a: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad».
  • El verso antes del Evangelio es del cap. 23, de los segundos hemistiquios de los versos 9 y 10 del Evangelio de San Mateo: «Unus enim est Pater vester, cœléstis, et Magíster vester unus est, Christus» (Uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y uno solo es vuestro consejero, Cristo).
  • La perícopa evangélica es de San Mateo, capítulo 13, versos 47-52.
  • Toda vez que en el Novus Ordo no existe antífona de Ofertorio, pasemos a la Oración sobre las Ofrendas (no se le puede llamar “Secreta” porque SE DICE EN ALTA VOZ):
    «Sacrifícium tibi pláceat, Deus, in festivitáte beáti Joánnis Henríci libénter exhíbitum, quo monénte, nos étiam totos tibi réddimus collaudántes. Per Christum Dóminum nostrum» (Sea agradable a tus ojos, Señor, el sacrificio que te ofrecemos con gozo en la fiesta de san Juan Enrique, cuya vida y doctrina nos impulsan a alabarte con todo nuestro ser. Por Jesucristo nuestro Señor).
            
  • Sobre el Prefacio, hay varios para escoger, toda vez que el cardenal Juan Enrique Newman es conmemorado en el Novus Ordo fuera del Tiempo Pascual. Recordemos que el Misal montiniano tiene seis prefacios comunes, siendo el prefacio de la Misa tradicional el segundo de la lista [con la novusordiana glosa «Qui bonitáte hóminem condidísti, ac justítia damnátum misericórdia redemísti...» (Que por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, con tu misericordia lo redimiste...)]. A efectos de nuestro análisis, usaremos el prefacio de los Santos Pastores, titulado De signo vitæ Deo consecrátæ (La presencia de los Santos Pastores de la Iglesia), que va en este tenor, y según las rúbricas, se puede decir también en las memorias (ítem, es el que utilizan en el formulario propio de Inglaterra y Gales, que analizaremos más adelante):
    «Quía sic tríbuis Ecclésiam tuam sancti Joánnis Henríci festivitáte gaudére, ut eam exémplo piæ conversatiónis corróbores, verbo prædicatiónis erúdias, gratáque tibi supplicatióne tueáris. Et ídeo, cum Angelórum átque Sanctórum turba, hymnum láudis tibi cánimus, sine fine dicéntes» (Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta de san Juan Enrique, fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida santa, instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su intercesión. Por eso, con los ángeles y la multitud de los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar).
       
  • La antífona de comunión es ad líbitum, tomada de San Lucas 12, 42: «Fidélis servus et prudens, quem constítuit Dóminus super famíliam suam, ut det illis in témpore trítici mensúram» (Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia para que les reparta la ración a sus horas); o del Salmo 1, 2-3: «Qui meditábitur in lege Dómini die ac nocte, dabit fructum suum in témpore suo» (Quien medita en la ley del Señor día y noche, da fruto en su sazón). Cualesquiera de los dos, ninguno le cuadra, porque él no estuvo sinceramente por la Verdad.
  • La postcomunión es la siguiente:
    «Quos Christo réficis pane vivo, eósdem édoce, Dómine, Christo magístro, ut in festivitáte beáti Joánnis Henríci tuam discant veritátem, et eam in caritáte operéntur. Per Christum Dóminum nostrum» (Señor, que cuantos hemos sido fortalecidos con Cristo, verdadero pan de vida y único maestro de los hombres aprendamos en la fiesta de san Juan Enrique a conocer la verdad y a vivirla con amor. Por Jesucristo, nuestro Señor).
    Comentario ídem al anterior.
Cómo se mencionó antes, hay un formulario propio para Inglaterra y Gales, dónde es celebrado con grado de Fiesta (que para los católicos es el Doble de 2.ª clase). Y aunque sea excedernos en estas labores escriptoriales (y probablemente no nos lo quieran agradecer ni acreditar –habida cuenta de los copiones–), lo presentamos acá (por supuesto, profundizando solo lo que los diferencia), lo presentaremos en español con el fin de hacer referencia histórica. De buena manera y gratis:
  • El Introito es «Bénedic, ánima mea, Dómino. Dómine Deus meus, magnificátus es veheménter! Exit homo ad opus suum et ad operatiónem suam úsque ad vesprum» (Venid vosotros, benditos de mi Padre, dice el Señor. Tuve sed y me disteis de beber. He aquí que ahora os doy el agua de la vida eterna), procedente del salmo 103 (104 en la numeración hebrea), versos 1 y 23.
  • La Oración colecta es la misma que se señaló anteriormente, así que no vamos a reincidir.
  • La “lectura” es de la 1.ª Epístola de San Pablo a los Corintios, capítulo 2, versos 10-16.
  • El salmo responsorial (no existe el Gradual ni el Tracto en la Misa montiniana), es tomado del Salmo 144, 8-14, y su respuesta es el verso 17.
  • El verso aleluyático antes del Evangelio es tomado de Hebreos 4, 12.
  • La perícopa evangélica, remitirse al comentario anterior. Solo añadimos que el último verso se emplea como antífona para el Magníficat en la “oración vespertina” (Vísperas).
  • Toda vez que en el Novus Ordo no existe antífona de Ofertorio, pasemos a la Oración sobre las Ofrendas (no se le puede llamar “Secreta” porque SE DICE EN ALTA VOZ):
    «Súscipe, supérne Pater, sanctum sacrifícium, quod in beáti Joánnis Henríci commemoratióne tibi offérimus, ad láudem et permágnam glóriam tuam celebrándam átque ad nostram impetrándam salútem. Per Christum Dóminum nostrum» (Acepta, ¡oh Padre celestial!, este sacrificio que ofrecemos en conmemoración de San Juan Enrique Newman, para tu alabanza y mayor gloria, y para nuestra salvaciónPor Jesucristo nuestro Señor).
    Una oración típica del común de los Santos.
            
  • El Prefacio es el de los Santos Pastores, que reseñamos anteriormente.
     
  • La antífona de comunión, tomada de San Juan 6, 50: «Hic est panis de cœlo descéndens, dicit Dóminus; si quis ex ipso manducáverit, non moriétur in æternum» (En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis, dice el Señor). Remitimos al formulario anterior.
  • La postcomunión es la siguiente:
    «Dómine, lætántes de Christo, Pane vita, nuper suscépto, in hac festivitáte beáti Joánnis Henrici, súpplices deprecámur ut, númquam, córdibus intáctis, ánimos movéntes, testimónium nostrum magis magísque certum fier váleat. Per Christum» (Alegres de haber recibido, a Cristo, Pan de vida, en esta fiesta de San Juan Enrique Newman, te pedimos, Señor, que nuestros testimonios se hagan más reales, nunca moviendo las mentes sin tocar los corazones. Por Jesucristo nuestro Señor).
    A primera vista, la oración pide por la coherencia entre la fe y las obras, pero se apela más a la fe como un sentimiento que al asentimiento de la razón a la Verdad revelada.
  • A esto se sintetiza el por qué de la memoria:
    «Londínii natus anno 1801, offíciis clérici anglicáni átque Sócii collégii Oxoniénsis vulgo Óriel nuncupáti plus quam vigínti annos functus est. Ecclésiæ primǽvæ históriam eníxe perscrutátus, ad fidem cathólicam pedetémptim attráctus, anno demum 1845 in únicum Redemptóris ovíle, ut ait, recéptus est. Sacerdótio cathólico áuctus anno 1847, Oratórium Sancti Philíppi Neri in Ánglia instítuit. De váriis rebus multa magno efféctu scripsit. Ut húmilis átque ardens pastor laudátus, qui lúmine suo intellectuáli Ecclésiam valde illustráverat, anno 1879 a papa Leóne XIII in Collégium Cardinálium aggregátus est. Birminghámiæ mórtuus est die 11 Augústi anno 1890. In número sanctórum adscríptus anno 2019 átque doctor Ecclésiæ a Summo Pontífice Leóne XIV anno 2025 decláratus est» (Nacido en Londres en el año de 1801, pasó más de veinte años como clérigo anglicano y miembro del Colegio llamado Oriel en Oxford. Estudiando diligentemente la historia de la Iglesia primitiva, y poco apoco atraído a la fe católica, fue finalmente recibido, como dijo, en el año 1845 en la única grey del Redentor. Elevado al sacerdocio católico en 1847, instituyó el Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra. Escribió con gran efecto de muchas cosas. Elogiado como un pastor humilde y fervoroso, que con su luz intelectual ilustró mucho a la Iglesia, el papa León XIII lo agregó al Colegio Cardenalicio en 1879. Murió en Birmingham el 11 de Agosto del año 1890. Fue inscrito en el número de los santos en el año 2019, fue declarado Doctor de la Iglesia por el Sumo Pontífice León XIV en el año 2025).
      
  • En la lección segunda del Oficio de Lectura (que reemplazó los Maitines y Laudes), se recurrió a la Apología pro vita sua, cap. V “Postura de mi alma desde 1845”, edición londinense de 1864, págs. 238-239 y 250-251, bajo el título “Támquam flúctibus agitátum in portum me tandem venísse vidébatur” (Me veía como si, sacudido por las olas, finalmente hubiera llegado a puerto):
      
    LATÍN
    Ex illa die qua cathólicus factus sum et déinceps, nihil plane sententiárum de religióne narrándum plus hábeo. Mentem áutem nequáquam pigram réliqui néque a ratiocinatiónibus theológicis abstínui, sed neve variatiónes in cogitatióne neve sollicitúdines in corde reférre váleo. Omnis dúbii expers, in pace perfécta átque tranquillitáte hucúsque vivo. De intelléctu vel móribus a die conversiónis meæ mutátis nihil cónscius sum. Étenim, nec fidem in veritátes Revelatiónis principáles firmiórem, nec mei compotiórem, nec meípsum ferventiórem sentiébam. At támquam flúctibus agitátum in portum me tandem venísse videbátur; unde meípsum úsque ad hodiérnam diem beátum júgiter ǽstimo.

    Néque artículos ínsuper qui de sýmbolo anglicáno desunt diffíciles recéptu invéni. Nonnúllos enim jamdúdum accéperam; ómnibus áutem ábsque periclitatióne consénsi. Quos in die receptiónis sine ulla disceptatióne proféssus sum, eósdem étiam nunc ita confíteor. Sunt enim difficultátes intellegéndi in ómnibus sýmboli christiáni artículis sive a cathólicis sive a protestántibus proféssis quas néque negáre néque simplíciter me sólvere posse assevéro. Ac tamétsi multi sunt qui difficultátes in Religióne séntiant, quórum ego unus sum, conjunctiónem tamen numquam vidére pótui inter apprehensiónem illárum difficultátum, quámvis acúte et quotquot sint, et dubitatiónem doctrinárum cum quíbus conjúnctæ sunt. Decem mília enim difficultátum ne síngulum quídem dúbium gígnere posse mihi vidétur, eo quod difficultátes nequáquam dúbiis commetiúntur. Difficultátes enimvéro in arguméntis prorsus adésse possunt; hic áutem de difficultátibus in ipsis doctrínis intrínsecis vel quoad earúndem doctrinárum relatiónes in altérutras loquor. Scílicet ut áliquis vexátur dum quæstiónem mathemáticam sólvere non potest, étiam cum solútio illi sive prǽstita sive reténta est, sed non dúbitat quin solútio admítti possit vel solútio quǽdam vera exsístat. Ex ómnibus fídei dogmátibus, mea senténtia valde difficíllimum est quod Deus exsístat, sed méntibus nostris quam potentíssime imprímitur.

    Sunt tamen qui doctrínam Transubstantiatiónis diffícilem créditu ajunt. Ego quídem, cum illi doctrínæ non credíderam donec cathólicus essem, nihilóminus simul ac Ecclésiam Románam Cathólicam esse oráculum Dei cognóveram, átque eam docuísse istam doctrínam ab orígine esse revelátam, facíllime crédidi. Quod hanc doctrínam mente concípere sit árduum, immo impossíbile, libénter concédo; sed quómodo sit diffícile huic crédere, quǽso. Toto vero dógmati reveláto, ab Apóstolis docto et Ecclésiæ trádito et ab Ecclésia mihi declaráto, credo; átque ut nunc interpretátur et, implícite, sicut ab illa auctoritáte cui commíssum est prætérea símili modo interpretábitur usque ad consummatiónem sǽculi, idem accípio. Ínsuper illis traditiónibus semper et ubíque in Ecclésia recéptis, in quíbus res continétur definitiónum dogmaticárum intérdum declaratárum, et quæ in ómnibus sǽculis dógmati Cathólico jam declaráto textum et exémplum præbent, adhǽreo. Áliis quóque Sanctæ Sedis senténtiis, sive theológicis sive non, per instruménta a se statúta procedéntibus, quæstióne utrum infallibilitáte sint prǽditæ prætermíssa, quíbus saltem parére átque obtemperáre débeo, me submítto. Existimánda est porro, ut opínor, Cathólicæ fídei investigátio paulátim per sǽcula spécies certas et várias assumpsísse, in formam sciéntiæ se exstruxísse, ratióne et locutióne sibi própriis a doctíssimis sicut Athanásio, Augustíno átque Thoma de Aquíno evolútis, se ornásse; néque talem hereditátem intellectuálem nobis his posterióribus diébus legátam ullo modo dirúmpere vellem.
    TRADUCCIÓN
    Desde que me convertí al catolicismo, por supuesto, no tengo más historia que contar sobre mis opiniones religiosas. Con esto no quiero decir que mi mente haya estado ociosa ni que haya dejado de pensar en temas teológicos; sino que no he tenido cambios que registrar ni ninguna inquietud. He estado en perfecta paz y satisfacción. Nunca he tenido la menor duda. Al convertirme, no fui consciente de ninguna diferencia de pensamiento ni de temperamento con respecto a lo que era antes. No percibí una fe más firme en las verdades fundamentales de la revelación ni mayor dominio de mí mismo; no tenía mayor fervor; pero fue como llegar a puerto después de un mar embravecido; y mi felicidad en ese sentido permanece hasta el día de hoy ininterrumpida.

    Tampoco tuve problemas para recibir esos artículos adicionales que no se encuentran en el Credo Anglicano. Algunos ya los creía, pero ninguno me supuso una prueba. Los profesé al recibirlos con la mayor facilidad, y con la misma facilidad los creo ahora. Por supuesto, estoy lejos de negar que todo artículo del Credo Cristiano, ya sea católico o protestante, esté plagado de dificultades intelectuales; y es un hecho que, por mi parte, no puedo responder a esas dificultades. Muchas personas son muy sensibles a las dificultades de la religión; yo soy tan sensible como cualquiera; pero nunca he podido ver la conexión entre comprender esas dificultades, por muy agudas que sean, y multiplicarlas hasta cierto punto, y dudar de las doctrinas a las que se vinculan. Diez mil dificultades no hacen dudar, según mi comprensión del tema; dificultad y duda son inconmensurables. Por supuesto, puede haber dificultades en la evidencia; pero me refiero a dificultades intrínsecas a las doctrinas o a su compatibilidad entre sí. A alguien le puede molestar no poder resolver un problema matemático, cuya respuesta se le dé o no, sin dudar de que tenga respuesta o de que una respuesta en particular sea la verdadera. De todos los puntos de fe, la existencia de un Dios es, en mi opinión, el que se abarca con mayor dificultad y se graba en nuestras mentes con mayor fuerza.
       
    Se dice que la doctrina de la transubstanciación es difícil de creer; yo no creí en ella hasta que me hice católico. No tuve dificultad en creerla tan pronto como creí que la Iglesia católica romana era el oráculo de Dios y que había declarado que esta doctrina formaba parte de la revelación original. Es difícil, imposible de imaginar, lo admito, pero ¿cómo es difícil de creer? Creo en todo el dogma revelado, tal como lo enseñaron los apóstoles, tal como lo confiaron a la Iglesia y tal como la Iglesia me lo declaró. Lo recibo tal como lo interpreta infaliblemente la autoridad a quien se le confía, e implícitamente, como será, de igual manera, interpretado por esa misma autoridad hasta el fin de los tiempos. Me someto, además, a las tradiciones universalmente recibidas de la Iglesia, en las que se basan las nuevas definiciones dogmáticas que se formulan de vez en cuando y que en todo momento constituyen la ilustración del dogma católico ya definido. Y me someto a las demás decisiones de la Santa Sede, teológicas o no, a través de los órganos que ella misma ha designado, que, renunciando a la cuestión de su infalibilidad, llegan a mí con la pretensión de ser aceptadas y obedecidas. Además, considero que, gradualmente y con el paso de los siglos, la investigación católica ha tomado ciertas formas definidas y se ha convertido en una ciencia, con un método y una fraseología propios, bajo la dirección intelectual de grandes mentes, como San Atanasio, San Agustín y Santo Tomás; y no siento la menor tentación de romper en pedazos el gran legado de pensamiento que se nos ha confiado para estos últimos días.
    Valga reseñar el texto antiguo para Inglaterra y Gales, (Sermones parroquiales y sencillos vol. V, págs. 210-211, 214), titulado “Vera fides non hic in pace, sed potius in bello demonstratur; e patria peccati egredientes, necessario per eam transimus” (La fe verdadera no se encuentra aquí abajo en paz, sino más bien en conflicto: para salir del país del pecado necesariamente pasamos a través de el):
      
    LATÍN
    Continua, ut ita dicam, fidei [Christiani] fructus iusti et sancti sunt, sed processus per quem obtinentur imperfectionis est; ita ut animam eius videre possemus sicut Angeli vident, e longinquo visus, iuvenis vultu et splendido vestitu appareret; sed appropinquantes, facies eius curae lineas habet, et vestis lacerata est. Iustitia eius tum videtur, non dico superficialis, hoc esset falsam ideam de ea dare, sed quamvis intus penitus attingat, non tamen integra et integra in profundo suo; sed quasi ex peccato effecta, fructus continuae pugnae, non naturae spontaneae, sed consuetudinis sui imperii.
      
    Vera fides hic non in pace, sed potius in conflictu demonstratur; nec probat hominem non in statu gratiae esse quod continuo peccet, dummodo talia peccata non in eo maneant quasi ultima, ut ita dicam, eventa, sed semper transeant in aliquid ultra et dissimile sibi, in veritatem et iustitiam. Sicut per passionem felicitatem adipiscimur, ita per infirmitatem ad sanctitatem pervenimus, quia ipsa hominis condicio est lapsa, et e patria peccati egressus, necessario per eam transit. Et hinc fit ut sancti viri prohibeantur quominus se cum satisfactione considerent, aut in ulla re praeter mortem Domini nostri, ut fundamento fiduciae, quiescant; nam, quamquam illa mors iam quodammodo vitam in eis effecit, et finem propter quem facta est effecit, tamen sibi peccatores videntur, eorum renovatione ab eis celata circumstantiis quae eam comitantur. Quod maxime de se dicere possunt est se non in ullis talibus peccatis esse quae eos manifeste a gratia excluderent; Sed quam parva firma spes in talibus negativis testimoniis collocari possit, ex ipsius Sancti Pauli verbis de hac re patet, qui, de vituperationibus a Corinthiis in se latis loquens, dicit: "Nihil per meipsum scio," id est, nihil mihi conscius sum, "sed non in hoc iustificatus sum: qui autem iudicat me Dominus est." Quemadmodum homines in proelio non possunt videre quomodo res se habeant, ita Christiani nulla certa signa praesentiae Dei in cordibus suis habent, et tantum ad Dominum et Servatorem suum respiciunt et timide sperant.
      
    Multa nobis ignoscenda sunt; immo, eo plura ignoscenda sunt quo magis conamur. Quo altiora proposita nostra sunt, eo maiora pericula. Qui multa audent cum ingeniis suis, multa lucrantur, et tandem audiunt verba, "Euge, serve bone et fidelis;" sed tot damna in mercatura patiuntur, ut sibi nihil nisi deficere videantur. Non possunt credere se proficere; et quamvis proficiant, tamen certe multa ignoscenda sunt in omnibus officiis suis. Similes sunt David, viri sanguinis; bonum certamen fidei pugnant, sed polluti sunt certamine:
      
    TRADUCCIÓN 
    Los resultados constantes, por así llamarlos, de la fe [de los cristianos], son rectos y santos, pero el proceso a través del cual se obtienen es imperfecto; de modo que para que podamos ver su alma como la ven los ángeles, visto a distancia él aparecería joven en su rostro y luminoso en su vestir, pero si nos acercamos, su cara tiene arrugas de preocupación y su ropa es andrajosa. Su virtud parece, no digo superficial, pues sería dar una idea muy equivocada, sino que, aunque es profunda en él, no está total y entera en su profundidad, como si fuera el resultado de una lucha continua con el pecado, no de naturaleza espontánea, sino de autodominio habitual.
       
    La fe verdadera no se encuentra aquí abajo en paz, sino más bien en conflicto; y no es prueba de que un hombre no esté en estado de gracia porque peque continuamente, con tal que esos pecados no permanezcan en él como lo que podría llamarse el resultado final, sino que estén siempre pasando hacia algo, más allá y diferente de ellos mismos, verdadero y recto. Así como alcanzamos la felicidad a través del sufrimiento, así llegamos a la santidad a través de la debilidad, porque la verdadera condición del hombre es su naturaleza caída, y para salir del país del pecado necesariamente pasa a través de él. Y por eso los hombres santos se guardan de considerarse satisfechos consigo mismos, o de descansar en cualquier cosa que no sea la muerte de nuestro Señor, como fundamento de confianza; pues, aunque esa muerte en su medida ya ha producido vida en ellos, y ha realizado el propósito para el cual tuvo lugar, ellos se ven como pecadores, y su renovación les está oculta por las circunstancias que la acompañan. Todo lo que pueden decir de sí mismos es que no están al servicio de esos pecados que los excluiría claramente de la gracia; pero qué poca esperanza firme puede fundarse en semejante evidencia negativa queda claro por las propias palabras de San Pablo sobre el tema, hablando de las censuras que le hicieron los corintios: “Es verdad que mi conciencia nada me reprocha”, es decir, no soy consciente de nada, “pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor” (1.ª Cor. 4, 4). Así como los hombres en una batalla no pueden ver cómo va, así también los cristianos no tienen signos ciertos de la presencia de Dios en sus corazones, y no pueden sino mirar hacia su Señor y esperar tímidamente.
       
    Tenemos mucho para ser perdonado; más aún, tenemos mucho para ser perdonado cuanto más intentamos. Cuanto más elevados sean nuestros objetivos, mayores serán nuestros riesgos. Aquellos que arriesgan más con sus talentos, ganan más, y al final escuchan en su corazón las palabras “¡Bien, siervo bueno y fiel!” (Mt. 25, 23); pero tienen tantas pérdidas de paso, que les parece que no han hecho nada sino fracasar. No pueden creer que han hecho algún progreso; y aunque lo hacen, seguramente tienen mucho para ser perdonado en todos sus servicios. Son como David, hombres sangrientos; han combatido el buen combate de la fe, pero están contaminados con la lucha.
    Pero como Newman reprochaba en los anglicanos (personificados en el destinatario de la Apología pro vita sua) que tuviesen dificultad en aceptar los dogmas católicos como la Transubstanciación, él tampoco tiene para mostrarse inocente, porque calificó de “escándalo” la definición por Pío IX del dogma de la Infalibilidad Pontificia, que solo aceptó a regañadientes, como tampoco aceptó la condena a los errores modernos en el Sýllabus (por eso es que Pío IX le negó el capelo).
  • A modo de responsorio antes de la Oración (ver en el comentario de la Misa), se toma el texto de Efesios 3, versos 7 y 10; y San Juan 16, 13: «℟. Evangélii factus sum miníster secúndum donum grátiæ Dei, quæ data est mihi secúndum operatiónem virtútis ejus, * Ut innotéscat per ecclésiam multifórmis sapiéntia Dei. ℣. Cum áutem vénerit ille, Spíritus veritátis, dedúcet vos in omnem veritátem. * Ut innotéscat» [℟. Fui hecho ministro del Evangelio según el don de la gracia de Dios, que me fue dada según la virtud de sus operaciones, * Para que sea dada conocer por la Iglesia la multiforme sabiduría de Dios. ℣. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, Él os conducirá a toda la verdad. * Para que sea dada a conocer].
       
    El propio de Inglaterra y Gales presenta el siguiente responsorio, tomado del Sermón 17 en sus Sermones parroquiales y sencillos vol. IV, pág. 262; y el verso de Romanos 6, 8: ℟. Crux Christi in corde plantáta acúta et diffícilis est; * sed arbor alta se érigit, et ramos pulchros et fructus úberes habet, et pulchra est aspéctu. ℣. Si áutem mórtui sumus cum Christo, crédimus quía simul étiam vivemus cum eo. ℟. Sed arbor alta se érigit (℟. Plantar la Cruz de Cristo en el corazón es agudo y penoso * pero el árbol majestuoso se alza en lo alto, tiene hermosas ramas y frutos ricos, y es agradable a la vista. ℣. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. ℟. Pero el árbol majestuoso se alza en lo alto).
  • Como particularidad, presenta el oficio propio para Inglaterra y Gales sendas antífonas para el Benedíctus en la Oración matutina (Laudes):
    • «Hic vir non lucrum personále quæsívit, sed Salvatórem nostrum et Dóminum nostrum réspicit» (Este hombre no buscó ganancia para sí, sino que puso su mirada en nuestro Salvador y Señor);
    y para el Magníficat en la ídem vespertina (Vísperas):
    • «Omnis scriba doctus in regno cœlórum símilis est hómini patri famílias, qui profert de thesáuro suo nova et vétera» (Todo escriba erudito en el reino de los cielos es como el padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas).
  • En el Martirologio, se añadió su elogio para el día 9 de Octubre (poniéndolo en primer lugar, que no es lo mismo):
    «Die 9 Octóbris: Sancti Joánnis Henríci Newman, doctóris Ecclésiæ, qui, ex Ánglia oriúndus, ǽque philósophus et theólogus dignus láude, in confessióne Anglicána natus, públice intrávit cathólicam Ecclésiam auxílio étiam beáti Domínici a Matre Dei e Congregatióne Passiónis, tum présbyter factus, óperam Oratoriórum Sancti Philíppi Neri in natióne sua cœpit átque promóvit, páulo post Cardinális Sanctæ Ecclésiæ Románæ a Leóne papa Décimo Tértio creátus, prædicatióne et scriptis super veritáte Christi náviter emínuit (Día 9 de Octubre: San Juan Enrique Newman, Doctor de la Iglesia que, oriundo de Inglaterra, filósofo y teólogo digno de elogio, nacido en la confesión anglicana, se unió públicamente a la Iglesia Católica con la ayuda del beato Domingo de la Madre de Dios de la Congregación de la Pasión. Posteriormente, ordenado sacerdote, retomó y promovió la obra de los Oratorios de San Felipe Neri en su país. Poco después, fue nombrado Cardenal de la Santa Iglesia Romana por el Papa León XIII, y se distinguió notablemente por su predicación y escritos sobre la verdad de Cristo).
    Casi verbátim el por qué de su memoria.
Desde luego, como católicos hemos de insistir en que Newman, de haber vivido algunos años más, habría sido llamado a aclarar ante el Santo Oficio alguna afirmación sospechosa de proto-modernismo, que había sido denunciado en él por el cardenal Edward Manning en Inglaterra (a quien le tuvo particular ojeriza en vida, e influyó para difamarlo póstumamente mediante su biógrafo) y por Orestes Brownson en Estados Unidos, conversos también como él. Pero a diferencia de él, que amaron la Verdad. En tal sentido, reiteramos que Newman no es digno de ser santo. Mucho menos Doctor de la Iglesia.
  
D. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R
24 de Febrero de 2026 (Año “Combate por la Cruz”).
Martes de la I Semana de Cuaresma. Fiesta de San Matías Apóstol; y de San Etelberto, Rey de Kent (Inglaterra). Vocación de San Francisco de Asís. Nacimiento de Carlos I de España y V de Alemania; del Papa Clemente VIII Aldobrandini; y de Don Juan de Austria, héroe naval de Lepanto. Asesinato de Francisco de Lorena, Duque de Guisa, a manos del calvinista Jean Poltrot. Fundación de Santa María de Belén de Veraguas (Panamá), primera población en Tierra Firme; anuncio del Calendario gregoriano por el Papa Gregorio XIII con la bula Inter Gravíssima; proclamación del Plan de Iguala por Agustín de Itúrbide. Día de la Bandera mejicana.

viernes, 24 de octubre de 2025

NUEVAMENTE LA FÁBRICA DE SANTOS EN ACCIÓN

En audiencia otorgada hoy 24 de Octubre al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, León XIV Riggitano-Prévost aprobó las siguientes causas:
  • Martirio de los sacerdotes salesianos polacos Juan Świerc Rether, Ignacio Dobiasz Jaroszek, Francisco Harazim Sojka, Ignacio Antonowicz Valerius y Casimiro Wojciechowski Bosko (1941), y Carlos Golda Świerczyk, Luis Mroczec Jury, Vladímir Szembek Dzieduszycki y Francisco Miśka Pilorz (1942) a manos de los nazis en los campos de concentración de Auschwitz y Dachau (Miśka murió en este último).
  • Martirio de los sacerdotes diocesanos Venceslao Drbola Kadrnka (1951) y Juan Bula Krotki (1952) a manos de la Seguridad del Estado en la prisión de Jihlava en la Checoslovaquia comunista.
Y declaró la heroicidad de las virtudes de los siguientes:
  • Ángelo Angioni Manconi (1915–2008), sacerdote diocesano italiano, misionero Donum Fídei en Río Prieto (Brasil) y fundador del Instituto Misionero del Corazón Inmaculado de María.
  • Padre fray José Merino Andrés OP (1905–1968), maestro de novicios del convento dominico de Nuestra Señora de Atocha en Madrid.
  • Fray Joaquín de la Reina de la Paz (en el siglo Leone Ramognino Badano) OCD (1890–1985), hermano lego y custodio del santuario Nuestra Señora Reina de la Paz en el desierto de Varazze (Italia).
  • Sor María de San Juan Evangelista Quintero Malfaz O. Cist. (1591–1648), fundadora y abadesa del el Monasterio de la Santa Cruz en Casarrubios del Monte (Toledo).
  
Tanto el padre Świerc y sus compañeros salesianos, como los sacerdotes diocesanos Drbola y Bula fueron muertos por odio a la fe católica (a estos dos últimos, a más de haber sido acusados falsamente por el decano Josef Alois Opletal –bajo tortura– de tener parte en los asesinatos de tres miembros del Comité Local de Babice en Tŕebíč por Jakub Malý Jaur, un agente doble al servicio de la Seguridad del Estado el año anterior, fueron degradados por su obispo Karel Boromejský antes de su ejecución, por lo que son además mártires del colaboracionismo). Por su parte, Manconi, Merino y Ramognino murieron después del Vaticano II, y los dos primeros fueron instrumentales a este como fundador de comunidad religiosa y maestro de novicios respectivamente.
  
En cuanto a Sor María de San Juan Evangelista Quintero Malfaz, sus revelaciones (compiladas por su confesor Francisco de Bivar) tuvieron que ver con la polémica en torno a San Jeroteo, pretendido primer obispo de Segovia por el jesuita Jerónimo Román de la Higuera, quien para ello creó el falso Cronicón de Flavio Lucio Dextro (que en realidad era Numio Emiliano Dextro, al que San Jerónimo le dedicara su obra biográfica De los varones ilustres).
 
***
   
Por otra parte, el cardenal José Tolentino Calaça de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, anunció antier 22 de Octubre que Riggitano-Prévost emitirá otro documento el martes 28 de Octubre.
  
El documento se publicará en conmemoración del sexagésimo aniversario de la declaración deuterovaticana “Gravíssimum Educatiónis”, y buscará relanzarlo ante los desafíos de la educación contemporánea, entre ellos la inteligencia artificial.
  
La publicación se dará en el marco del “Jubileo del Mundo de la Educación”, que tendrá lugar del 27 de Octubre al 1 de Noviembre con la presencia de más de 20.000 personas de 124 países, culminando ese día con la declaratoria del recién “canonizado” Juan Enrique Newman como “Doctor de la Iglesia” y copatrono de la educación católica junto a Santo Tomás de Aquino (aun cuando del modernismo del “Dr. Newman” –refutado incluso por el converso estadounidense Orestes Brownson– al Angélico Aquinate, no hay ni punto de comparación).

jueves, 14 de agosto de 2025

PELEA DE CONVERSOS: NEWMAN Vs. BROWNSON


Durante su conversión al catolicismo desde la iglesia anglicana, Juan Enrique Newman escribió en 1845 su Ensayo sobre el Desarrollo de la doctrina cristiana, su obra más notable.

En la sección 2.ª, numeral 3.º del capítulo II de la primera parte (págs. 77-78 de la 14.ª impresión inglesa por Longmans, Green & Co, Londres, Nueva York, Bombay y Calcuta, 1909; no se conoce traducción al español), Newman dice lo siguiente, intentando aplicar a la Iglesia su postulado que la doctrina cristiana madura orgánicamente, como una idea viviente, y no como institución estática:
«Esta necesidad de una sanción de autoridad se acentúa al considerar, tras la sugerencia de Monsieur Guizot, que el cristianismo, aunque representado en la profecía como un reino, surgió como una idea más que como una institución, y ha tenido que revestirse y equiparse con la armadura que él mismo se ha provisto, y formar los instrumentos y métodos de su prosperidad y guerra. Si los desarrollos, antes llamados morales, han de alcanzar un grado considerable, y sin ellos es difícil concebir la existencia misma del cristianismo, si solo se trata de determinar sus relaciones con el gobierno civil (78), o definir las cualificaciones para su profesión, sin duda se necesita una autoridad que dé certeza a lo vago y confianza a lo empírico, que ratifique los pasos sucesivos de un proceso tan elaborado y que garantice la validez de las inferencias que se convertirán en las premisas de investigaciones más remotas» (Negrillas fuera del texto).
¿Quién era este “monsieur Guizot” del que habla Newman y que lo cita como autoridad? Es François Pierre Guillaume Guizot Bonicel (1787-1874), un hugonote (calvinista francés) liberal. Regresando a París en 1806 de una estadía en Ginebra, se unió a la logia masónica “El Fénix”, de rito escocés, en la que soplaba el nuevo espíritu del “Réveil” (la versión francófona del “Gran Despertar” angloestadounidense), y fue miembro y presidente de la Sociedad para el Fomento de la Educación Primaria entre los Protestantes de Francia (1817), la Sociedad Bíblica Protestante de París (1818), la Sociedad Protestante de Asistencia y Ayuda Mutua (1825) y la Sociedad Moral Cristiana (1821), donde solían reunirse los cristianos liberales de la alta sociedad. Políticamente, durante el reinado de Luis Felipe de Orléans fue diputado por el distrito de Lisieux (1830-1848), ministro del Interior (1 de Agosto a 2 de Noviembre de 1830), de Instrucción pública (1823-1837), de Asuntos Exteriores (1840-1848) y presidente del Consejo de ministros (18 de Septiembre de 1847 a 25 de Febrero de 1848).
   
François Guizot
   
Pero tan temprano como 1846, un Orestes Augustus Brownson Metcalf (1803-1876) también recién convertido al catolicismo, desafió en su artículo El desarrollo de la doctrina cristiana de Newman la idea newmaniana de “idea en lugar de institución” recordando que Cristo fundó una institución: la Iglesia. Una institución desarrollada en todos sus aspectos y esencial a su doctrina:
«El Sr. Newman evidentemente parte de la premisa de que el cristianismo puede abstraerse de la Iglesia y considerarse al margen de la institución que lo concreta, como si la Iglesia fuera accidental y no esencial en nuestra santa religión. “El cristianismo”, dice, “aunque se le menciona en la profecía como un reino, surgió como una idea más que como una institución, y ha tenido que revestirse y equiparse con la armadura que él mismo se ha provisto, y crear los instrumentos y métodos de su propia prosperidad y lucha”. […] Es evidente para el lector católico que el Sr. Newman yerra debido a su negligencia al no distinguir, en su propia mente —o, si no en su propia mente, en su libro—, por un lado, entre la doctrina cristiana, es decir, la revelación divina, y la teología y disciplina cristianas; y, por otro, entre lo que la Iglesia enseña como revelación divina y las especulaciones de padres y doctores individuales. Consideremos toda la historia del llamado mundo cristiano, desde la época de Nuestro Santísimo Señor hasta la actualidad, incluyendo tanto las sectas como la Iglesia, y considerando todo lo que ha estado sucediendo con quienes han llevado el nombre cristiano, y en todos los ámbitos de la vida, no cabe duda de que los desarrollos y procesos que describe el Sr. Newman han tenido lugar en cierta medida. Pero parece haber estudiado su teoría principalmente en la historia de las sectas, donde es incuestionablemente aplicable, y haber concluido que la Iglesia, en su vida en el mundo, debe regirse por una ley análoga a la que las gobierna, y que su teoría puede aplicarse tanto a ésta como a ellas. Olvida que ella surgió a la existencia completamente desarrollada y armada en todos sus aspectos, como Minerva del cerebro de Júpiter; y que está apartada de la ley ordinaria de los sistemas e instituciones humanos por su origen, naturaleza, carácter y protección sobrenaturales» (Negrillas fuera del texto).
  
Si bien Newman se declara deudor del sacerdote alemán Johann Adam Möhler​ Meßner (1796-1838) y del marqués José De Maistre en este ensayo, su frase (o de Guizot, da igual) «El cristianismo surgió como una idea más que como una institución» es idéntica al «Jésus annonçait le Royaume, et c’est l’Église qui est venue» (Jesús anunció el Reino, y lo que vino fue la Iglesia) de Alfred Loisy en su obra de 1902 L’Église et l’Évangile, obra que finalmente le costó la excomunión como vitando, el grado más severo después del anatema.

¡NEOCONES, ECCE DOCTOR VESTRUM!

viernes, 1 de agosto de 2025

NEWMAN: EL PROTOMODERNISTA ADMIRADO POR NEOCONES

Traducción del artículo publicado en TRADITION IN ACTION.
   
EL CARDENAL LIBERAL NEWMAN QUE LOS ESTADOUNIDENSES DESCONOCEN
Reseña sobre Another Look at John Henry Cardinal Newman (Otra mirada al cardenal John Henry Newman) por Richard Sartino, libro electrónico, 36 págs., en un archivo PDF.

Margaret C. Galitzin
  

Como muchos conservadores estadounidenses, yo crecí oyendo las palabras del Card. John Henry Newman frecuentemente en sermones y clases de catecismo. Una estampa con su famosa oración mariana estaba en el libro de oraciones de mi madre. Había un Centro Newman para católicos en la cercana Universidad Estatal. Asumí que el ministro anglicano converso que causó conmoción en Oxford era ortodoxo y encomiable.

Solo en los últimos 10 años que comencé a darme cuenta que había una diferencia entre el mito sobre el cardenal Newman y la realidad. El mito estadounidense, alimentado por antologías de sermones, oraciones y dichos de Newman, presenta a un sacerdote piadoso, devoto y pastoral. La realidad es diferente.
    
Newman era un hombre complejo y controversial, universalmente considerado un liberal en su tiempo, casi siempre en pugna con Roma, casi siempre en oposición a sus autoridades ortodoxas. Sus posturas revolucionarias no han sido dadas a conocer a los católicos de nuestro siglo porque las biografías de él o minimizan o excusan sus posiciones liberales y tendencias heterodoxas o fueron escritas desde el punto de vista liberal.
   
Así, cuando Tradition in Action me pidió recientemente leer y comentar el libro electrónico Another Look at John Henry Cardinal Newman (Otra mirada al cardenal John Henry Newman) de Richard Sartino, estuve feliz de hacerlo. En este libro, que puedes leer aquí, el autor insiste que los católicos deben mirar la obra y el pensamiento del hombre integral, no solamente parte de sus oraciones y sermones.

«EL HOMBRE MÁS PELIGROSO EN INGLATERRA»
Lo que encontramos en este libro es al Newman que llamó a la apertura del pensamiento teológico y a un papel más amplio para los laicos en la Iglesia. Sobre el desarrollo de la doctrina, él sostenía que la revelación fue dada, según el plan divino, como una semilla destinada a crecer en el curso de los siglos. Newman estaba convencido que la conciencia humana tendría un papel tan decisivo en la doctrina que debía ser vista como una mediadora entre los dogmas definidos y el conocimiento individual (postura formalmente condenada por la Iglesia). Él era abiertamente hostil al Sýllabus contra el liberalismo y la definición de la infalibilidad papal porque no podía concebir una verdad teológica inmutable.

Sartino nos dice: «El mejor testigo que tenemos de su liberalismo es, irónicamente, el “consénsus fidélium” del siglo XIX, y en particular la Curia Romana y el Sumo Pontífice Pío IX» (pág. 36).

El card. Edward Manning. Su antagonismo hacia Newman estuvo basado en profundas diferencias doctrinales
  
Teólogos ortodoxos como los jesuitas Giovanni Perrone y Johann Baptista Franzelin se opusieron a sus ideas. Todos los auténticos campeones ultramontanos de su tiempo (el cardenal Manning, el padre Frederick William Faber, el canónigo Mons. George Talbot y William George Ward) sospecharon de uno o de otro escrito y plan de Newman. Mons. Talbot hasta llegó a llamarlo «el hombre más peligroso en Inglaterra» (pág. 5).
   
El profundo antagonismo entre el sólidamente ortodoxo cardenal Manning y el cardenal liberal Newman usualmente es minimizado por los conservadores, reduciéndolo a poco más de una falta de simpatía entre Newman el teólogo y Manning el párroco práctico, entre Newman, un erudito temperamental con un matiz algo femenino, y el cardenal Manning, el viril hombre de campo.
   
En realidad, la fuerte oposición estaba basada en diferencias doctrinales. Sartino relata este incidente interesante registrado por John Edward Courtenay Bodley sobre un encuentro que tuvo con el cardenal Manning:
«La conversación pasó al terreno teológico, y el tono de Manning cambió.
  
“A juzgar por su observación”, dijo, “deduzco que Vd. tiene la impresión de que el doctor Newman es un buen católico”. Le respondí que esa era una creencia vaga. Él repuso: “O Vd. ignora la doctrina católica, o desconoce la obra del doctor Newman” (siempre lo llamaba ‘Dr. Newman’ al estilo de Oxford, y nunca le daba el título de cardenal).
  
Luego de preguntarme cuál de los libros de Newman había leído, procedió a contar con sus afilados dedos, como de costumbre, 10 herejías distintas que se hallaban en las obras más leídas del Dr. Newman» (pág. 7).
Más tarde, Sartino enumera (solo en su libro Gramática del Asentimiento) ocho enseñanzas filosóficas que la Iglesia siempre ha sostenido y que Newman rechazó (pág. 13). Él comienza con la afirmación newmaniana de que lo concreto es superior a lo abstracto, y lo práctico superior a lo especulativo. También sostenía que los dogmas y doctrinas de la Iglesia debían ser interpretados en una forma subjetiva en lugar de ser aprehendidos objetivamente. Para Newman no habían principios inmutables.
   
Duele decirlo, pero fue por este subjetivismo en la doctrina, que hoy es llamado la “riqueza del pensamiento” de Newman, que él es considerado un precursor del Vaticano II. Manning, de hecho, tenía razón: él había leído a Newman atendiendo a la luz de la teología católica y condenó sus escritos en consecuencia.
   
CONTRARIO A LA INFALIBILIDAD PAPAL Y AL SÝLLABUS
El Papa Pío IX desconfiaba de Newman y se negó a darle el capelo cardenalicio. ¿Acaso lo movía simplemente alguna animosidad personal contra el anglicano converso? Para nada, porque, como Sartino presenta claramente, el Pontífice tenía fundamento legítimo para sus sospechas.
   
Newman criticaba abiertamente la infalibilidad papal. Cuando esta fue declarada dogma, él escribió: «nunca esperé ver tal escándalo en la Iglesia», y afirmó que fue orquestado por aquellos que «deseaban la caída de la Iglesia». Renuente aceptó el dogma, pero predijo que vendría el día «cuando toda la Iglesia sea oída» y los instintos e ideas católicas se «integrarían en la tradición viva de los fieles» (pág. 36). De hecho, ese día llegó con el Concilio Vaticano II un siglo después.
    
Pío IX sospechaba profundamente de Newman y le negó el capelo cardenalicio.
  
Cuando Pío IX publicó el Sýllabus de Errores contra los múltiples errores modernos, Newman también fue reluctante a aceptar su contenido y lo criticó, poniéndose nuevamente en confrontación abierta con el cardenal Manning, monseñor Talbot y William George Ward. El “sufrimiento” que vino de la oposición de los “Tres sastres de la calle de San Olaf” [En inglés “Three tailors of Tolley Street” (siendo Tolley una corrupción de San Olaf, titular de la antigua iglesia en la calle a Bermondsey, al lado sur del Támesis), la frase alude a un grupo pequeño que pretende una mayor autoridad representativa de la que realmente tiene. Según la Enciclopedia Nutall, la frase acuñada por el primer mininstro George Canning surge de unos sastres que solicitaron al Consejo Privado una exención de impuestos locales con la frase «Nosotros el pueblo de Inglaterra…» (incidentalmente, la sastrería era la principal ocupación en dicha calle londinense en la Edad Media), N. del T.] era tan grande, escribió sarcásticamente Newman a sus compañeros, «pero ese sufrimiento lo vale si nos oponemos eficazmente a ellos».

Continúa Sartino:
«En uno de sus escritos, Newman afirmó que el Sýllabus, qua Sýllabus, no era vinculante como objeto de fe, o en otras palabras, como una colección de condenas decretadas en el pasado no era vinculante por sí misma. Esto le permitió evadir sutilmente el decreto, pero podemos preguntarnos si no se podía aplicar lo mismo al Credo, el cual también es un Símbolo o colección de dogmas divinamente revelados…» (págs. 25-26).
Las críticas de Newman al Magisterio tradicional se incrementaron después de 1870. Aunque externamente siempre le profesaba obediencia, interiormente admitía el disenso. Él aconsejó a sus amigos liberales tener paciencia: «Tengamos fe, un nuevo Papa y un Concilio reconvocado podrán enderezar el barco» [1].

LENGUAJE AMBIGUO Y ORTODOXIA CUESTIONABLE
El elogio de los progresistas a Newman y su influencia sobre el Vaticano II es tan interminable como las justificaciones hechas por los conservadores que tratan de probar su ortodoxia. Creo que una razón para la confusión es el lenguaje ambiguo que Newman empleó cuidadosamente para introducir pensamientos nuevos y peligrosos, por una parte, y para evitar una abierta condenación por Roma, por la otra.
        
Su lenguaje elástico brindó a los católicos liberales un trampolín para avanzar, mientras los conservadores podían esforzarse demostrando que el pensamiento newmaniano podía ser interpretado a la luz de la Tradición. Parece muy familiar a los católicos tradicionales de nuestro día que están viendo el mismo escenario presentado en ocasión al Vaticano II…
    
Las creencias de Newman como resaltan en sus dos obras principales, Desarrollo de la Doctrina Cristiana (1845) y Gramática del Asentimiento (1875), traen liberalismo a la Iglesia. Sartino analiza cuidadosamente las ambigüedades en ambas obras y presenta sus consecuencias peligrosas contra la Fe.
   
Aconsejaba Newman a sus amigos liberales: «Tengamos fe, un nuevo Papa y otro Concilio podrán enderezar el barco».
   
Por ejemplo, su postura subyacente en Gramática del Asentimiento revela una aversión por la teología tomista por ser abstracta e impersonal. Eligiendo cuidadosamente sus palabras, buscaba “demostrar” que hay otro camino –aparte de la demostración e inferencia silogística– para llegar al conocimiento de Dios. El propósito de este tratado es apoyar el subjetivismo y la libertad de consciencia estableciendo un modo subjetivo de asentir a la verdad, que no puede ser experimentada por otros hombres exactamente de la misma forma.

Newman afirmaba continuamente que este “nuevo camino” no negaba el camino antiguo. Él llamaba a este camino un asentimiento real a lo concreto acompañado por vivas imágenes, distinguiéndolo de lo que él llama asentimiento nocional, el método tradicional basado en “meras” nociones abstractas. En efecto, Sartino explica, lo que él dice es que la verdad y el dogma son una cosa, mientras que una religión real, viva y personal es otra. Lo que perciben los teólogos es una cosa; lo que los fieles “vivos” entienden e interpretan son otras. La teología es una interpretación del dogma; la religión viva es otra interpretación.
    
Sartino explica las enormes y letales consecuencias del nuevo método de asentimiento de Newman:
«El efecto de esta falsa dicotomía es abrir la puerta para que un católico piense de una forma y actúe en otra, porque divorcia la mente contemplativa y especulativa del hombre (que para Newman es gobernada solamente por asentimientos nocionales) de su intelecto práctico (la base del asentimiento real de Newman). …
  
De acuerdo a esta postura, un hombre puede interpretar el dogma “Jesucristo es el Hijo de Dios” en dos formas; o como una doctrina abstracta que es objetiva e indiferente a la persona que lo cree, o como un ‘hecho’ religioso concreto que es significativo para la persona que lo acepta. El error de esta postura yace en definir una verdad teológica en relación a la persona, como si algo del creyente entrase a la definición de la verdad teológica. Consecuentemente, la verdad se hace dependiente de la persona; esto es, relativa» (pág. 14).
Esto explica la hostilidad newmaniana al Sýllabus y al dogma de la Infalibilidad Pontificia, porque él no podía concebir cómo alguien podía dar un asentimiento absoluto e incondicional a una verdad teológica rígida e inmutable. Sartino continúa:
«Otra nefasta consecuencia de esta postura es que la religión ‘viva’, o la religión en concreto, toma una importancia primaria mientras los dogmas y verdades teológicas se hacen secundarias» (pág. 15).
De esto viene la herejía modernista que los dogmas son simplemente fórmulas provisionales cuya utilidad es determinada, no por sí mismos, sino por su relevancia y aplicación práctica en el aquí y el ahora, y la norma de su aplicación práctica es la persona. Toda la teología es invertida.
   
PRECURSOR DEL VATICANO II
¿Dónde halló apoyo y compañía Newman? En su tiempo, estuvo entre los liberales declarados como el benedictino [en realidad era sacerdote diocesano, N. del T.] excomulgado Johann Ignaz von Döllinger y John Emeric Dalberg-Acton, 1.º barón de Acton, quienes estaban determinados a minar la Fe.
   
El renombre e influencia que tuvo póstumamente no se debió a su ortodoxia, sino precisamente lo contrario, por causa de su liberalismo. En la primera mitad del siglo XX, los movimientos intelectuales modernistas fueron quienes defendieron su pensamiento como un adelantado a su tiempo. «Newman fue un hombre muy variopinto. Se podría compilar un manual sobre la infidelidad a partir de sus obras», dijo Thomas Huxley (pág. 34).

Benedicto XVI: «Newman es “mi pasión”».
   
Actualmente, es el progresismo que ubica a Newman como uno de sus profetas. Un entusiasta contemporáneo dice que el concepto newmaniano de una revelación universal coincide con los de Hans Urs von Balthasar, Karl Rahner, y Richard Niebuhr [2].

La Enciclopedia Erudita de Boston sobre Teología Occidental nos asegura que el entendimiento de Newman sobre la religión natural y su expresión “criptocristianos”, refiriéndose a quienes han asentido a todo lo que se les ha expuesto de la religión verdadera, anticipó el entendimiento de los “cristianos anónimos” de Karl Rahner.

Avery Dulles halla elementos en la teología de Newman que facilitaron el desarrollo del ecumenismo. Él señala que Newman tuvo un gran deseo de restaurar la unidad de todas las iglesias cristianas. Su opinión de la libertad de conciencia lo hizo sensible a las creencias religiosas de otros cristianos, y estaba en guardia contra incomodarlos en su fe. A esto añade Dulles que Newman tenía «cierto aprecio por las obras de la gracia en otras comuniones cristianas». Dulles concluye declarando que Newman fue un «precursor, poniéndose en el umbral de una nueva era ecuménica» [3].
   
Lo que todos los entusiastas de Newman insisten es que sus “visiones” en la naturaleza de la Iglesia, el desarrollo teológico del dogma, la conciencia personal, los laicos, la revelación universal, y la interpretación bíblica estaban en el corazón de la obra del Vaticano II. Como afirmó el editorial del progresista The Tablet londinense celebrando la venidera beatificación de Newman, «Ser un católico newmaniano es adherir al Concilio, porque este fue el más inglés de los santos varones que proveyeron su inspiración clave» [4].

DANDO UN VISTAZO MÁS DE CERCA
No es de admirar que la Iglesia Conciliar clame por la canonización de Newman. Que Benedicto XVI lo promocione sin calificación también es entendible, dadas sus posturas sobre la revelación subjetiva, el ecumenismo, la evolución de los dogmas, la libertad religiosa y el estudio bíblico.
   
Lo que no es comprensible es el número de católicos tradicionalistas que, siguiendo la línea tradicionalista, aceptan a Newman por razones sentimentales o secundarias, ignorando que fue un precursor del Vaticano II y sus desastrosas consecuencias.
   
Creo que es tiempo de darle otra mirada a Newman. Un buen punto de partida es este libro que analiza al hombre integral.
   
NOTAS
[1] John R. Connolly, John Henry Newman: a view of Catholic faith for the New Millennium (John Henry Newman: una mirada de fe católica para el Nuevo milenio), pág. 132.
[2] Francis McGrath, John Henry Newman: Universal Revelation (John Henry Newman: La Revelación universal), pág. 21.
[3] Avery Dulles, John Henry Newman, pág. 140.
[4] The Tablet, 30 de Junio de 2007, pág. 2.
  
Es en tal sentido que, católicamente hablando, no se le puede (como anunciara ayer el Vaticano) considerar a Newman como Doctor de la Iglesia (y más, que no podía ser canonizado), sin injuriar al tiempo la memoria de Pío IX y el cardenal Manning.
  
D. JORGE RONDÓN SANTOS
1 de Agosto de 2025 (Año Santo de Cristo Rey).
Fiesta del milagro de las Cadenas de San Pedro (San Pedro ad víncula), y de los Santos Macabeos. Tránsito de San Eusebio de Vercelli, Obispo y Confesor; del Beato Pedro Fabro SJ, Sacerdote y Confesor; y de San Alfonso María de Ligorio, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia. Convocación del Concilio de Arlés; victoria de Ramiro II “El grande” de León en la batalla de Simancas; fundación de la Antigua Confederación Suiza; avistamiento de Venezuela por Cristóbal Colón; creación del Virreinato del Río de La Plata.

sábado, 13 de mayo de 2023

LOS QUE DESHONRAN A CRISTO COMENZARON DESPRECIANDO A LA VIRGEN MARÍA


«El testimonio de tres siglos confirma el hecho, como señaló puntualmente el erudito cardenal Newman, que “los católicos que han honrado a la Madre todavía adoran al Hijo; mientras que aquellos que han cesado de confesar al Hijo, comenzaron por burlarse de la Madre” (Cf. Discursos dirigidos a las Congregaciones mixtas, Discurso XVII: “Las Glorias de María por causa de su Hijo”)» (PÍO XII, Radiomensaje al I Congreso Mariano de la Unión Sudafricana, 4 de Mayo de 1952).
   
«Si María es la Madre de Dios, Cristo debe ser literalmente Emmanuel, Dios con nosotros. De ahí que, al pasar el tiempo, y los malos espíritus y falsos profetas se hicieron más fuertes y temerarios, y encontraron un camino hacia el mismo cuerpo católico, entonces la Iglesia no pudo hallar un modo más efectivo y seguro que el de usar esta palabra Deípara (Madre de Dios) contra ellos; y, por otra parte, cuando ellos emergieron nuevamente del reino de las tinieblas, y tramaron la total subversión de la fe cristiana en el siglo XVI, entonces no pudieron hallar modo en verdad más expediente para su odioso propósito que envilecer y blasfemar de las prerrogativas de María, porque ellos sabían muy bien que, si podían conseguir de una vez que el mundo deshonrase a la Madre, le seguiría de cerca el deshonor del Hijo. La Iglesia y satanás coinciden en esto, que el Hijo y la Madre iban juntos; y la experiencia de tres siglos ha confirmado su testimonio, porque los católicos que han honrado a la Madre todavía adoran al Hijo, mientras que los protestantes, que ahora han cesado de confesar al Hijo, comenzaron por burlarse de la Madre» (Card. JOHN HENRY NEWMAN, Discursos dirigidos a las Congregaciones mixtas, Discurso XVII: “Las Glorias de María por causa de su Hijo”. Londres, Nueva York y Bombay, Longmans, Green & Co., 1906, pág. 347).

martes, 24 de enero de 2023

EL CONVERSO VIENE A APRENDER ANTES QUE A ENSEÑAR DE LA FE

Traducción del artículo publicado en WM REVIEW.
   
¿LOS CONVERSOS DEBEN ERIGIRSE EN MAESTROS? LA RESPUESTA DE NEWMAN: «UN CONVERSO VIENE A APRENDER».
  
Nota del editor: El origen sobrenatural de la religión católica se prueba con milagros. Y uno de los grandes milagros que testifica de la verdad de nuestra fe es el rápido establecimiento de la Iglesia en partes remotas del mundo, poco tiempo después de su establecimiento el día de Pentecostés. Esto se conoce como un «milagro moral».

La rápida difusión de la fe está atestiguada por los Hechos de los Apóstoles y por las Epístolas Paulinas y Católicas. Hacia el año 107 dC San Ignacio de Antioquía pudo afirmar que los obispos de la Iglesia se encontraban «a través de la vasta y ancha tierra» (Epístola a los Efesios, III) [1].  En sus escritos San Ireneo (125-202 dC) menciona iglesias en Alemania, España, Galia, Medio Oriente y África. Su contemporáneo San Justino Mártir (100-164 dC) escribió:
«No hay una sola raza de hombres [conocidos entonces], ya sean griegos o bárbaros, o como quiera que se les llame, nómadas que viven en carros, vagabundos sin hogar o pastores que viven en tiendas, entre quienes no se ofrecen oraciones y acciones de gracias a el Padre y Creador de todo por el nombre de Jesús crucificado» (Diálogo con Trifón judío, CXIV).
Y Tertuliano se jactó:
«Nosotros somos de ayer, y hemos llenado todos los lugares entre vosotros: ciudades, islas, fortalezas, pueblos, plazas de mercado, el campamento mismo, tribus, compañías, el palacio, el senado, el foro; no os hemos dejado nada, sino los templos de vuestros dioses» (Apología contra los gentiles, XXXVII).
Esta rápida difusión de la fe católica tuvo lugar por  conversión. La fe católica es una religión de conversión, y el objetivo de la Iglesia es traer a cada hombre, mujer y niño a su redil. La Iglesia tiene la misión divinamente encomendada de hacer conversos, y ella se constituye por medio de la conversión. Esto se ve muy claramente en la presencia de formas adultas en el rito del bautismo, incluso después de la fecha en que la mayoría de los bautismos eran de niños. El rito del bautismo de los infantes no evita aquellos textos que son propios de los adultos, sino que hace que el padrino responda en nombre del niño. Y todo católico, incluso aquellos bautizados en los momentos de su nacimiento, es un convertido de la muerte del pecado a la vida en Cristo.
    
La Iglesia Católica es por tanto un cuerpo de conversos, que desea más y más conversos, hasta que el mundo entero se haya convertido.
    
Sin embargo, esto no significa que sea prudente que todos los católicos se pronuncien sobre todos los temas inmediatamente después de su conversión. Hay un proceso de desarrollo y maduración en la fe. En su primera carta a los Corintios, San Pablo habla de aquellos a quienes les dio «leche para beber» porque «todavía no podían» consumir «alimento sólido» (1.ª Corintios III, 2). Y en la carta a los Hebreos enuncia una idea similar:
«Debiendo ser maestros si atendemos al tiempo que ha pasado ya, de nuevo necesitáis que os enseñen a vosotros cuáles son los primeros rudimentos de la palabra de Dios, o doctrina cristiana, y habéis llegado a tal estado, que no se os puede dar sino leche, mas no alimento sólido» (Hebreos V, 12).
Por supuesto, estas no son referencias a “conversos”  per se  –la gran mayoría de su audiencia eran “conversos”– pero indican la necesidad de que todos nosotros ejerzamos la humildad y no intentemos enseñar a otros, cuando nosotros mismos todavía estamos en necesidad de aprender los primeros principios de la fe. 
   
En otro pasaje el Apóstol es más específico y habla directamente de los recién convertidos. Un obispo, enseña, «no [debe ser] neófito, o recién bautizado; porque hinchado de soberbia, no caiga en la misma condenación del diablo cuando cayó del cielo». (1.ª Timoteo III, 6). 
    
¿Por qué llamamos la atención sobre estos pasajes ahora?
    
En los últimos meses, nos hemos dado cuenta cada vez más de los usuarios de YouTube que se hacen oír y que utilizan sus plataformas para promover sus propias opiniones de una manera que suele ser agresiva y poco caritativa. La falta de caridad es, irónicamente, una acusación que lanzan con frecuencia a sus nuevos oponentes.

Muchos de los compañeros católicos a quienes critican, o simplemente descartan como “tradicionalistas radicales”, son hombres y mujeres que han sufrido durante décadas por la integridad de la doctrina y el culto católico. Por otro lado, muchos de estos críticos son conversos recientes, o incluso reversos que han entrado, abandonado y regresado a la Iglesia en la edad adulta, y algunos han buscado regresar recientemente a su abrazo.
    
Si bien no dudamos de la sinceridad de su búsqueda de la verdad, debemos cuestionarnos si están en condiciones de condenar o criticar a los demás. 

A la luz de esto, nos gustaría compartir un pasaje del converso más famoso del siglo XIX: John Henry Newman. En esta sección de su Carta a Pusey, escrita veinte años después de su propia recepción en la Iglesia, explica cómo debe actuar un converso en y después de su recepción en la Iglesia, y cómo su contribución a la Iglesia puede cambiar y desarrollarse a medida que pasa el tiempo.
   
Sobre todo, Newman enfatiza que venimos a la Iglesia para que nos enseñen, y no para enseñar; y que debemos conformarnos a la tradición de la Iglesia tal como la recibimos. 

Consideramos que hay lecciones valiosas que todos nosotros podemos aprender de este texto, ya sea que seamos conversos o hayamos sido bautizados de niños.

NÓTESE BIEN. Se agregaron saltos de párrafo y se eliminaron algunas referencias a controversias contemporáneas para facilitar la lectura.
CONSEJOS PARA LOS CONVERSOS
(Un extracto de la Carta a Pusey, de John Henry Newman)
   
«[Un] converso viene a aprender, y no a seleccionar y elegir. Viene con sencillez y confianza, y no se le ocurre pesar y medir cada proceder, cada práctica que encuentra entre aquellos a quienes se ha unido. 
   
Él llega al catolicismo como a un sistema vivo, con una enseñanza viva, y no a una mera colección de decretos y cánones, que por sí mismos son, por supuesto, el marco, no el cuerpo y la sustancia de la Iglesia. Y esta es una verdad que concierne, que une, también a aquellos que nunca conocieron otra religión, no sólo a los conversos. Por el sistema católico entiendo esa regla de vida y esas prácticas de devoción que buscaremos en vano en el Credo del Papa Pío [IV]. 
    
El converso viene, no sólo a creer en la Iglesia, sino también a confiar y obedecer a sus sacerdotes, y a conformarse en la caridad con su pueblo. Nunca le vendría bien decidir que nunca rezaría un Avemaría, que nunca se serviría de una indulgencia, que nunca besaría un crucifijo, que nunca aceptaría las dispensas de Cuaresma, que nunca mencionaría un pecado venial en la confesión. Todo esto no sólo sería irreal, sino también peligroso, como argumento de un estado de ánimo equivocado, que no podría buscar recibir la bendición divina. 
   
Además, llega al ceremonial, a la teología moral y a las normas eclesiásticas, que encuentra en el lugar donde se le ha echado la suerte. 
   
Y además, en materia de política, de educación, de conveniencia general, de gusto, no critica ni controvierte. Y así, rindiéndose a las influencias de su nueva religión, y no arriesgándose a la pérdida total de la verdad revelada al intentar por una regla privada discriminar en cada momento su sustancia de sus accidentes, gradualmente es tan adoctrinado en el catolicismo, que finalmente tiene derecho a hablar y también a oír. 
    
También con el transcurso del tiempo surge a su alrededor una nueva generación; y no hay razón para que no sepa tanto, y decida las cuestiones con un instinto tan verdadero, como aquellos que tal vez cuentan menos años de vida que él cuenta las comuniones de Pascua. Ha dominado el hecho y la naturaleza de las diferencias de teólogo a teólogo, escuela a escuela, nación a nación, era a era. 
    
Él sabe que hay mucho de lo que puede llamarse moda en opiniones y prácticas, según las circunstancias de tiempo y lugar, según la política actual, el carácter del Papa del día, o los principales prelados de un país en particular; y que las modas cambian. Su experiencia le dice que a veces lo que se denuncia en un lugar como una gran ofensa, o se predica como un primer principio, en otra nación ha sido considerado inmemorialmente en un sentido contrario, o no ha causado ninguna sensación, de una forma u otra, ante la opinión pública; y que los que hablan ruidosamente tienden a llevar todo delante de ellos en la Iglesia, como en cualquier otro lugar, mientras que las personas tranquilas y concienzudas comúnmente tienen que ceder. 
    
Percibe que, en asuntos que están en debate, la autoridad eclesiástica observa el estado de opinión y la dirección y curso de la controversia, y decide en consecuencia; de modo que en ciertos casos reprimir su propio juicio sobre un punto, es ser desleal a sus superiores.
    
Hasta ahora en general; ahora en particular en cuanto a mí mismo. Después de veinte años de vida católica, no siento ninguna delicadeza en dar mi opinión sobre cualquier punto cuando hay una llamada para mí, y la única razón por la que no lo he hecho más temprano o más a menudo es que ha habido ninguna llamada... Ciertamente, en muchos casos en los que un teólogo difiere de un teólogo y un país de otro país, tengo un juicio definido propio; Puedo decirlo sin ofender a nadie, por la misma razón que por la naturaleza del caso es imposible estar de acuerdo con todos ellos. […]
   
Y en esta línea de conducta no estoy más que sirviéndome de la enseñanza con la que caí al convertirme en católico; y es un placer para mí pensar que lo que tengo ahora, y que transmitiría después de mí si pudiera, es sólo lo que recibí entonces. […]
    
Aunque soy un converso, creo que tengo derecho a hablar; y tanto más porque otros conversos han hablado por mucho tiempo, mientras que yo no he hablado; y con más razón aún puedo hablar sin ofender en el caso de vuestras críticas actuales hacia nosotros. 
      
[Newman continúa con la discusión de dos conversos cuyos escritos Pusey ha usado para criticar a los católicos en general (William George Ward y Frederick William Faber). Newman afirma que sus escritos no son representativos de los católicos ingleses. Luego continúa como se muestra a continuación].
    
El hecho claro es este: vinieron a la Iglesia, y así han salvado sus almas; pero en ningún sentido son portavoces de los católicos ingleses, y no deben ocupar el lugar de aquellos que tienen un título real para tal cargo. Los principales autores de la generación que pasa, algunos de ellos todavía vivos, otros que han ido a su recompensa, son el cardenal Wiseman, el Dr. Ullathorne, el Dr. Lingard, el Sr. Tierney, el Dr. Oliver, el Dr. Rock, el Dr. Waterworth, el Dr. Husenbeth y el Sr. Flanagan...
    
[En otras palabras, los obispos ordinarios y el clero de la Iglesia Católica son los testigos más confiables de la doctrina y la práctica católicas, no los conversos laicos recientes. NÓTESE BIEN. en este tiempo los sacerdotes seglares no eran llamados “Padre”, de ahí el uso de Dr. y Sr.].
    
No puedo, entonces, sin protestar, permitirte identificar la doctrina de [los conversos en discusión] con el espíritu actual o el futuro credo de los católicos; o suponer, como lo haces, que, debido a que son minuciosos e implacables en sus declaraciones, por lo tanto son los heraldos de una nueva era, cuando mostrar una deferencia a la Antigüedad se considerará poco más que un error. Por mí mismo, sin esperanza como lo consideráis, no me avergüenzo aún de tomar mi posición sobre los Padres, y no pretendo ceder».
  
NOTA
[1]  Las citas de los Padres en esta sección están tomadas de Monseñor Gerardus Cornelis van Noort, Dogmatic Theology vol. 1 (edición de 1961), págs. 203-205.

viernes, 24 de diciembre de 2021

NEWMAN SEDEVACANTISTA

«Si, por una parte, creemos que un Papa puede agregar a nuestros artículos de fe, así, por la otra sostenemos también que un Papa herético, ipso facto, cesa de ser Papa por razón de su herejía, como he dicho». (CARDENAL JOHN HENRY NEWMAN. Carta al Duque de Norfolk, pág. 377).

sábado, 17 de julio de 2021

NEWMAN Y EL DEBER DE RESISTIR A LOS MALOS PAPAS

«El Cardenal Juan de Torquemada dice: “Aunque claramente se sigue por la circunstancia que el Papa puede errar a veces, y ordenar cosas que no se deben hacer, que no estamos para ser obedientes simplemente a él en todas las cosas, eso no muestra que no debe ser obedecido por todos cuando sus mandatos son buenos. Para saber en qué casos debe ser obedecido y en cuáles no… dice en el cap. V de los Hechos de los Apóstoles: ‘se debe obedecer a Dios antes que a los hombres’. Por tanto, cuando el Papa ordene algo contra la Sagrada Escritura, o los artículos de fe, o la verdad de los Sacramentos, o los mandamientos de la ley natural o divina, él no debe ser obedecido, sino que tales órdenes deben ser pasadas por alto (despiciéndus) (Summa de Ecclésia, págs. 47-48); San Roberto Belarmino, hablando sobre resistir al Papa, dice: “Para resistir y para defenderse a sí mismo, no se requiere ninguna autoridad… luego como es lícito resistir al Papa si asalta a una persona, así también es lícito resistirlo si asalta a las almas o turba el Estado (Turbánti Rempúblicam), y más si intenta destruir la Iglesia. Es lícito resistirlo, afirmo, no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad” (De Románo Pontífice, libro II, cap. XXIX).
   
El arzobispo Francis Patrick Eustace Kenrick escribe: “Su poder le fue conferido para edificar, no para destruir. Si él lo usa por amor al dominio (quod absit!), difícilmente encontrará pueblos que le sean obedientes”. (Theología Morális, tomo I, pág. 158)».
   
JOHN HENRY NEWMAN CO. Carta al Duque de Norfolk, 22 de Diciembre de 1874, sección IV “Lealtad dividida”. Traducción propia.
   
COMENTARIO: Newman, en esta carta a Henry Fitzalan-Howard, XV Duque de Norfolk (descendiente de recusantes*) con que refuta las acusaciones del primer ministro William Ewart Gladstone, anglicano, que decía que los católicos eran esclavos mentales del Papa, está refiriéndose a órdenes malas y actos injustos, o como diría San Roberto Belarmino citando al cardenal Tomás de Vío Cayetano en el capítulo XXVII de su obra Comparatióne Auctoritátis Papæ et Concílii, “faltas menores” (crimínibus minóribus) que “no igualan” (cœ́tera non sunt pária) a la herejía, que est majus crimen, subjéctum mutávit christianitátis státum, en cuyo caso se aplica lo dicho por Belarmino en el capítulo siguiente:
«Un papa que es manifiestamente herético cesa automáticamente (per se) de ser papa y cabeza, así como cesa de ser cristiano y miembro de la Iglesia. Es por eso que puede ser juzgado y condenado por la Iglesia. Es la enseñanza de los antiguos padres que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción».
Refutando así, por un lado, a Torquemada y a Cayetano (que postulaban que el Papa herético podía ser depuesto por el Concilio general), como a la postura de “Reconocer y resistir”.
   
* “Recusante” era el término con el que se denominaba a los católicos en Inglaterra por rechazar (en inglés “recusancy”, del latín “recusáre”) asistir a los servicios de la iglesia anglicana. Los recusantes ayudaron a conservar la fe Católica en Inglaterra, Escocia y Gales, y fundaron el Colegio Inglés de Douay (Francia), cuna de la traducción bíblica Douay-Rheims.

sábado, 16 de enero de 2021

LA MILITANCIA CRISTIANA

Tomado de BENSONIANS.
   
El Arcángel Rafael se despide de Tobías padre y su hijo (Pieter Lastman, Galería Nacional de Dinamarca).
   
«¿Contiene vuestra práctica religiosa alguna dificultad, u os resulta fácil en todos los aspectos? ¿Buscáis simplemente la comodidad en vuestro modo de vivir, o encontráis además alegría en someteros al querer de Dios? En una palabra, ¿es vuestra religión un trabajo? Porque si no lo es, no es religión en absoluto. Aquí tenemos ya, antes de examinar vuestro razonamiento, la prueba de su incorrección, porque os lleva a concluir que mientras Cristo desarrolló una tarea, y los santos –los pecadores incluso– la cumplen igualmente, vosotros, por el contrario, que no sois santos ni pecadores, nada tenéis que hacer. Y si alguna vez tuvisteis una misión, la consideráis ya cumplida.
    
Se diría que habéis alcanzado vuestra salvación antes del tiempo fijado y que, al permanecer en la tierra más de lo previsto, nada os queda en qué ocuparos. Los días de trabajo han terminado vosotros, y ha comenzado una perenne vacación.
    
¿Pero acaso os envió Dios al mundo, a diferencia de otros hombres, para estar ociosos en lo espiritual? ¿Es vuestra única misión buscar satisfacciones en una tierra donde sois peregrinos y viajeros de paso? ¿Sois más que los hijos de Adán, destinados a obtener el pan con el sudor de la frente antes de volver a la morada de donde salieron? A menos que trabajéis, os esforcéis y luchéis contra vosotros mismos no podéis llamaros seguidores de aquellos que “a través de muchos afanes entraron en el reino de Dios”.
    
El combate es señal genuina de un cristiano. El cristiano es soldado de Cristo, no otra cosa. Si habéis vencido al pecado mortal, como decís, entonces debéis combatir vuestras faltas veniales: no hay más remedio, si sois soldados de Cristo. Pero tratad de no ser ingenuos. No penséis haber conseguido un triunfo definitivo. No podéis vivir en paz con enemigos de Dios, ni siquiera los más insignificantes. Si condescendéis con vuestros pecados veniales, sabed que junto a ellos y bajo su sombra acecha el pecado mortal. Los pecados mortales son criatura de los veniales, que a pesar de no ser letales por sí mismos, tienden a la muerte. Imagináis haber aniquilado a los gigantes que dominaban vuestro corazón, y que nada debéis ya temer. Pero los gigantes amenazan aún, pueden surgir todavía del polvo y esclavizaros de nuevo antes de que reaccionéis.
    
La consumación de un propósito es la única prueba de haberlo cumplido. Así fue el gozo del Señor en su solemne última hora al haber hecho la obra para la que fue enviado. “Te he glorificado en la tierra  –dice en su oración al Padre–; he terminado la misión que me confiaste; he manifestado Tu nombre a cuantos me diste…” (Jn. 17, 4-6). Fue asimismo la consolación de San Pablo: “He librado la buena batalla –exclama–; he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. Ahora me aguarda la corona de justicia que el Señor, justo juez, me entregará en aquel día”. (II Tim. 4, 7)

¡Qué diferente será nuestra imagen de las cosas cuando muramos y pasemos a la eternidad, respecto a los sueños e imaginaciones que nos engañan ahora!¿Qué hará el mundo entonces por nosotros? ¿Rescatará nuestras almas del Purgatorio o quizás del infierno? Hemos sido creados para servir a Dios; hemos recibido talentos para glorificarle; tenemos una conciencia para obedecerle; se nos ofrece la perspectiva del cielo para que la mantengamos siempre ante nuestra mirada; se nos han concedido la luz y la gracia para seguirlas y salvarnos mediante su auxilio.

¡Desgraciados los que han muerto sin cumplir su misión, los que llamados a la gracia han vivido en pecado, los que invitados a adorar a Cristo han preferido el mundo incrédulo y loco, los que convocados a luchar han permanecido ociosos, los que invitados a ser católicos se han detenido en la religión de sus padres!

¡Triste destino el de quienes recibieron dones y no los han usado o los han usado mal; alcanzaron riquezas y las gastaron sólo en sí mismos; tuvieron talento, y defendieron lo pecaminoso, ridiculizaron lo verdadero o sembraron dudas contra lo sagrado; dispusieron de tiempo, y lo dilapidaron con malas compañías, libros perversos o diversiones frívolas! ¡Pobres aquellos que, siendo alabados por su vida anodina o naturalmente bondadosa, nunca intentaron purificar sus corazones y vivir en la presencia de Dios!

El mundo pasa de una edad a otra, pero los santos ángeles y los elegidos de Dios no cesan de dolerse ante la pérdida de vocaciones, la destrucción de esperanzas, el desprecio del amor de Dios y la ruina de las almas. Una generación se añade a otra en el cielo, y cuando dirige su mirada hacia la tierra apenas divisa otra cosa que un ejército de espíritus guardianes, melancólicos y pensativos, que siguen con ansiedad los pasos del hombre encomendado a su custodia y tratan, muchas veces en vano, de protegerle de sus enemigos. Los tiempos discurren, y el hombre no acaba de creer que lo que es ahora, dentro de poco no será, y que otras cosas, no presentes aún, serán durante toda la eternidad.

Al final espera el juicio; el mundo pasa; es como un artificio y un escenario; orgullosos palacios se derrumban, la atareada ciudad ha enmudecido y las naves de Tarsis no se ven ya. La muerte sorprende a todo corazón y a toda carne; el velo se ha rasgado. Alma que te diriges hacia la eternidad, ¿cómo has empleado tus talentos, tus oportunidades, la luz que se te dio, las advertencias recibidas, la gracia que Dios infundió en ti?

¡Oh Señor y Salvador nuestro, ayúdanos en aquella hora con la fuerza de tus Sacramentos y la suavidad de tus consuelos! Que las palabras de absolución desciendan sobre mí, y el santo óleo me unja, y tu Cuerpo sea mi comida, y tu Sangre que rocíe. Que mi dulce Madre María respire sobre mí, y mi ángel me susurre paz, y mi querido padre San Felipe Neri me sonría, de modo que yo obtenga el don de la perseverancia y muera, como deseo vivir, en Tu fe, Tu Iglesia, Tu servicio y Tu amor».
   
JOHN HENRY Card. NEWMANN CODiscurso sobre la Fe.