El pasado 9 de Noviembre de 2025, mediante el Protocolo N.º 760-25, el Cardenal Arthur Roche, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos novusordianos, tras hacer un panegírico en honor al cardenal Juan Enrique Newman, decreta en nombre de su señor León XIV Riggitano-Prévost que «la celebración de
Para los interesados en conocer los propios que esta “nueva fiesta” tendrá, bien pueden remitirse al Anexo «Additiónes in Libris litúrgicis Ritus Románi de memória ad líbitum sancti Joánnis Henríci Newman, presbýteri et Ecclésiæ doctóris» para consultarlos en su original latín (queda en las Conferencias episcopales la tarea de traducirlos). Aquí nos concentraremos en hacer un comentario, comenzando por la Misa –La Misa puede seguir el Común de los Pastores: Por un pastor (pro uno Pastore), formulario 1; o el Común de los Doctores de la Iglesia, formulario 1. En todo caso, con oración y lecciones propias– Es este último el formulario que seguiremos para el análisis, comenzando por el Misal, y luego por el Breviario (Los textos latinos de la Misa son de la edición típica del año 2002, y salvo la Oración colecta, la lección de la Liturgia de las Horas y la entrada del Martirologio, todas las traducciones son de la Conferencia Episcopal Española):
- El Introito es, como queda dicho, ad líbitum, pudiendo escogerse entre «In médio Ecclésiæ apéruit os ejus, et implévit eum Dóminus spíritu sapiéntiæ et intelléctus; stolam glóriæ índuit eum» (En la asamblea le da la palabra, el Señor lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia, lo viste con un traje de honor), adaptado de Eclesiástico 15, 5; o «Os justi meditábitur sapiéntiam, et língua ejus loquétur judícium; lex Dei ejus in corde ipsíus» (La boca del justo expone la sabiduría, su lengua explica el derecho, porque lleva en el corazón la ley de su Dios), del Salmo 36 (37, siguiendo la numeración hebrea), 30-31.
- La Oración colecta (que también se registra en las Laudes y Vísperas de la novusordiana Liturgia de las Horas) dice:
«Deus, qui
sanctumJoánnem Henrícum, presbýterum, lumen benígnum tuum sequéntem pacem in Ecclésia tua inveníre contulísti, concéde propítius ut, ejus intercessióne et exémplo, ex umbris et imagínibus in plenitúdinem veritátis tuæ perducámur. Per Dóminum» (Oh Dios, que a tu santo presbítero Juan Enrique, siguiendo tu luz admirable, lo ayudaste a encontrar la paz en tu Iglesia, concédenos propicio que, por su intercesión y ejemplo, seamos guiados de las sombras y figuras hacia la plenitud de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor).Pero la realidad es que se pide, a ejemplo de Juan Enrique Newman, oscurecer de palabra y obra la doctrina dando sospechas de modernismo.
- La “lectura” es de Eclesiástico 39, 8-4 (o los versos 6 a 11 de la numeración griega –dado que hay leccionarios basados en la Biblia de Jerusalén–): «Se llenará de espíritu de inteligencia».
- El salmo responsorial (no existe el Gradual ni el Tracto en la Misa montiniana), es tomado del Salmo 39 (40 si se sigue la numeración hebrea), versos 2 y 4ab. 7-8a, 8b-9, 10, n. 721, 3. La respuesta es tomada de los versos 8a y 9a: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad».
- El verso antes del Evangelio es del cap. 23, de los segundos hemistiquios de los versos 9 y 10 del Evangelio de San Mateo: «Unus enim est Pater vester, cœléstis, et Magíster vester unus est, Christus» (Uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y uno solo es vuestro consejero, Cristo).
- La perícopa evangélica es de San Mateo, capítulo 13, versos 47-52.
- Toda vez que en el Novus Ordo no existe antífona de Ofertorio, pasemos a la Oración sobre las Ofrendas (no se le puede llamar “Secreta” porque SE DICE EN ALTA VOZ):
«Sacrifícium tibi pláceat, Deus, in festivitáte beáti Joánnis Henríci libénter exhíbitum, quo monénte, nos étiam totos tibi réddimus collaudántes. Per Christum Dóminum nostrum» (Sea agradable a tus ojos, Señor, el sacrificio que te ofrecemos con gozo en la fiesta de san Juan Enrique, cuya vida y doctrina nos impulsan a alabarte con todo nuestro ser. Por Jesucristo nuestro Señor).
- Sobre el Prefacio, hay varios para escoger, toda vez que el cardenal Juan Enrique Newman es conmemorado en el Novus Ordo fuera del Tiempo Pascual. Recordemos que el Misal montiniano tiene seis prefacios comunes, siendo el prefacio de la Misa tradicional el segundo de la lista [con la novusordiana glosa «Qui bonitáte hóminem condidísti, ac justítia damnátum misericórdia redemísti...» (Que por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, con tu misericordia lo redimiste...)]. A efectos de nuestro análisis, usaremos el prefacio de los Santos Pastores, titulado De signo vitæ Deo consecrátæ (La presencia de los Santos Pastores de la Iglesia), que va en este tenor, y según las rúbricas, se puede decir también en las memorias (ítem, es el que utilizan en el formulario propio de Inglaterra y Gales, que analizaremos más adelante):
«Quía sic tríbuis Ecclésiam tuam sancti Joánnis Henríci festivitáte gaudére, ut eam exémplo piæ conversatiónis corróbores, verbo prædicatiónis erúdias, gratáque tibi supplicatióne tueáris. Et ídeo, cum Angelórum átque Sanctórum turba, hymnum láudis tibi cánimus, sine fine dicéntes» (Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta de san Juan Enrique, fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida santa, instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su intercesión. Por eso, con los ángeles y la multitud de los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar).
- La antífona de comunión es ad líbitum, tomada de San Lucas 12, 42: «Fidélis servus et prudens, quem constítuit Dóminus super famíliam suam, ut det illis in témpore trítici mensúram» (Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia para que les reparta la ración a sus horas); o del Salmo 1, 2-3: «Qui meditábitur in lege Dómini die ac nocte, dabit fructum suum in témpore suo» (Quien medita en la ley del Señor día y noche, da fruto en su sazón). Cualesquiera de los dos, ninguno le cuadra, porque él no estuvo sinceramente por la Verdad.
- La postcomunión es la siguiente:
«Quos Christo réficis pane vivo, eósdem édoce, Dómine, Christo magístro, ut in festivitáte beáti Joánnis Henríci tuam discant veritátem, et eam in caritáte operéntur. Per Christum Dóminum nostrum» (Señor, que cuantos hemos sido fortalecidos con Cristo, verdadero pan de vida y único maestro de los hombres aprendamos en la fiesta de san Juan Enrique a conocer la verdad y a vivirla con amor. Por Jesucristo, nuestro Señor).
Comentario ídem al anterior.
Cómo se mencionó antes, hay un formulario propio para Inglaterra y Gales, dónde es celebrado con grado de Fiesta (que para los católicos es el Doble de 2.ª clase). Y aunque sea excedernos en estas labores escriptoriales (y probablemente no nos lo quieran agradecer ni acreditar –habida cuenta de los copiones–), lo presentamos acá (por supuesto, profundizando solo lo que los diferencia), lo presentaremos en español con el fin de hacer referencia histórica. De buena manera y gratis:
- El Introito es «Bénedic, ánima mea, Dómino. Dómine Deus meus, magnificátus es veheménter! Exit homo ad opus suum et ad operatiónem suam úsque ad vesprum» (Venid vosotros, benditos de mi Padre, dice el Señor. Tuve sed y me disteis de beber. He aquí que ahora os doy el agua de la vida eterna), procedente del salmo 103 (104 en la numeración hebrea), versos 1 y 23.
- La Oración colecta es la misma que se señaló anteriormente, así que no vamos a reincidir.
- La “lectura” es de la 1.ª Epístola de San Pablo a los Corintios, capítulo 2, versos 10-16.
- El salmo responsorial (no existe el Gradual ni el Tracto en la Misa montiniana), es tomado del Salmo 144, 8-14, y su respuesta es el verso 17.
- El verso aleluyático antes del Evangelio es tomado de Hebreos 4, 12.
- La perícopa evangélica, remitirse al comentario anterior. Solo añadimos que el último verso se emplea como antífona para el Magníficat en la “oración vespertina” (Vísperas).
- Toda vez que en el Novus Ordo no existe antífona de Ofertorio, pasemos a la Oración sobre las Ofrendas (no se le puede llamar “Secreta” porque SE DICE EN ALTA VOZ):
«Súscipe, supérne Pater, sanctum sacrifícium, quod in beáti Joánnis Henríci commemoratióne tibi offérimus, ad láudem et permágnam glóriam tuam celebrándam átque ad nostram impetrándam salútem. Per Christum Dóminum nostrum» (Acepta, ¡oh Padre celestial!, este sacrificio que ofrecemos en conmemoración de San Juan Enrique Newman, para tu alabanza y mayor gloria, y para nuestra salvación. Por Jesucristo nuestro Señor).
Una oración típica del común de los Santos.
- El Prefacio es el de los Santos Pastores, que reseñamos anteriormente.
- La antífona de comunión, tomada de San Juan 6, 50: «Hic est panis de cœlo descéndens, dicit Dóminus; si quis ex ipso manducáverit, non moriétur in æternum» (En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis, dice el Señor). Remitimos al formulario anterior.
- La postcomunión es la siguiente:
«Dómine, lætántes de Christo, Pane vita, nuper suscépto, in hac festivitáte beáti Joánnis Henrici, súpplices deprecámur ut, númquam, córdibus intáctis, ánimos movéntes, testimónium nostrum magis magísque certum fier váleat. Per Christum» (Alegres de haber recibido, a Cristo, Pan de vida, en esta fiesta de San Juan Enrique Newman, te pedimos, Señor, que nuestros testimonios se hagan más reales, nunca moviendo las mentes sin tocar los corazones. Por Jesucristo nuestro Señor).
A primera vista, la oración pide por la coherencia entre la fe y las obras, pero se apela más a la fe como un sentimiento que al asentimiento de la razón a la Verdad revelada.
Pasemos ahora a la Liturgia de las Horas, cuyo propio le había sido otorgado en su “beatificación” a la Confederación del Oratorio de San Felipe Neri:
- A esto se sintetiza el por qué de la memoria:
«Londínii natus anno 1801, offíciis clérici anglicáni átque Sócii collégii Oxoniénsis vulgo Óriel nuncupáti plus quam vigínti annos functus est. Ecclésiæ primǽvæ históriam eníxe perscrutátus, ad fidem cathólicam pedetémptim attráctus, anno demum 1845 in únicum Redemptóris ovíle, ut ait, recéptus est. Sacerdótio cathólico áuctus anno 1847, Oratórium Sancti Philíppi Neri in Ánglia instítuit. De váriis rebus multa magno efféctu scripsit. Ut húmilis átque ardens pastor laudátus, qui lúmine suo intellectuáli Ecclésiam valde illustráverat, anno 1879 a papa Leóne XIII in Collégium Cardinálium aggregátus est. Birminghámiæ mórtuus est die 11 Augústi anno 1890. In número sanctórum adscríptus anno 2019 átque doctor Ecclésiæ a Summo Pontífice Leóne XIV anno 2025 decláratus est» (Nacido en Londres en el año de 1801, pasó más de veinte años como clérigo anglicano y miembro del Colegio llamado Oriel en Oxford. Estudiando diligentemente la historia de la Iglesia primitiva, y poco apoco atraído a la fe católica, fue finalmente recibido, como dijo, en el año 1845 en la única grey del Redentor. Elevado al sacerdocio católico en 1847, instituyó el Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra. Escribió con gran efecto de muchas cosas. Elogiado como un pastor humilde y fervoroso, que con su luz intelectual ilustró mucho a la Iglesia, el papa León XIII lo agregó al Colegio Cardenalicio en 1879. Murió en Birmingham el 11 de Agosto del año 1890. Fue inscrito en el número de los santos en el año 2019, fue declarado Doctor de la Iglesia por el Sumo Pontífice León XIV en el año 2025).
- En la lección segunda del Oficio de Lectura (que reemplazó los Maitines y Laudes), se recurrió a la Apología pro vita sua, cap. V “Postura de mi alma desde 1845”, edición londinense de 1864, págs. 238-239 y 250-251, bajo el título “Támquam flúctibus agitátum in portum me tandem venísse vidébatur” (Me veía como si, sacudido por las olas, finalmente hubiera llegado a puerto):LATÍNEx illa die qua cathólicus factus sum et déinceps, nihil plane sententiárum de religióne narrándum plus hábeo. Mentem áutem nequáquam pigram réliqui néque a ratiocinatiónibus theológicis abstínui, sed neve variatiónes in cogitatióne neve sollicitúdines in corde reférre váleo. Omnis dúbii expers, in pace perfécta átque tranquillitáte hucúsque vivo. De intelléctu vel móribus a die conversiónis meæ mutátis nihil cónscius sum. Étenim, nec fidem in veritátes Revelatiónis principáles firmiórem, nec mei compotiórem, nec meípsum ferventiórem sentiébam. At támquam flúctibus agitátum in portum me tandem venísse videbátur; unde meípsum úsque ad hodiérnam diem beátum júgiter ǽstimo.Néque artículos ínsuper qui de sýmbolo anglicáno desunt diffíciles recéptu invéni. Nonnúllos enim jamdúdum accéperam; ómnibus áutem ábsque periclitatióne consénsi. Quos in die receptiónis sine ulla disceptatióne proféssus sum, eósdem étiam nunc ita confíteor. Sunt enim difficultátes intellegéndi in ómnibus sýmboli christiáni artículis sive a cathólicis sive a protestántibus proféssis quas néque negáre néque simplíciter me sólvere posse assevéro. Ac tamétsi multi sunt qui difficultátes in Religióne séntiant, quórum ego unus sum, conjunctiónem tamen numquam vidére pótui inter apprehensiónem illárum difficultátum, quámvis acúte et quotquot sint, et dubitatiónem doctrinárum cum quíbus conjúnctæ sunt. Decem mília enim difficultátum ne síngulum quídem dúbium gígnere posse mihi vidétur, eo quod difficultátes nequáquam dúbiis commetiúntur. Difficultátes enimvéro in arguméntis prorsus adésse possunt; hic áutem de difficultátibus in ipsis doctrínis intrínsecis vel quoad earúndem doctrinárum relatiónes in altérutras loquor. Scílicet ut áliquis vexátur dum quæstiónem mathemáticam sólvere non potest, étiam cum solútio illi sive prǽstita sive reténta est, sed non dúbitat quin solútio admítti possit vel solútio quǽdam vera exsístat. Ex ómnibus fídei dogmátibus, mea senténtia valde difficíllimum est quod Deus exsístat, sed méntibus nostris quam potentíssime imprímitur.Sunt tamen qui doctrínam Transubstantiatiónis diffícilem créditu ajunt. Ego quídem, cum illi doctrínæ non credíderam donec cathólicus essem, nihilóminus simul ac Ecclésiam Románam Cathólicam esse oráculum Dei cognóveram, átque eam docuísse istam doctrínam ab orígine esse revelátam, facíllime crédidi. Quod hanc doctrínam mente concípere sit árduum, immo impossíbile, libénter concédo; sed quómodo sit diffícile huic crédere, quǽso. Toto vero dógmati reveláto, ab Apóstolis docto et Ecclésiæ trádito et ab Ecclésia mihi declaráto, credo; átque ut nunc interpretátur et, implícite, sicut ab illa auctoritáte cui commíssum est prætérea símili modo interpretábitur usque ad consummatiónem sǽculi, idem accípio. Ínsuper illis traditiónibus semper et ubíque in Ecclésia recéptis, in quíbus res continétur definitiónum dogmaticárum intérdum declaratárum, et quæ in ómnibus sǽculis dógmati Cathólico jam declaráto textum et exémplum præbent, adhǽreo. Áliis quóque Sanctæ Sedis senténtiis, sive theológicis sive non, per instruménta a se statúta procedéntibus, quæstióne utrum infallibilitáte sint prǽditæ prætermíssa, quíbus saltem parére átque obtemperáre débeo, me submítto. Existimánda est porro, ut opínor, Cathólicæ fídei investigátio paulátim per sǽcula spécies certas et várias assumpsísse, in formam sciéntiæ se exstruxísse, ratióne et locutióne sibi própriis a doctíssimis sicut Athanásio, Augustíno átque Thoma de Aquíno evolútis, se ornásse; néque talem hereditátem intellectuálem nobis his posterióribus diébus legátam ullo modo dirúmpere vellem.TRADUCCIÓNDesde que me convertí al catolicismo, por supuesto, no tengo más historia que contar sobre mis opiniones religiosas. Con esto no quiero decir que mi mente haya estado ociosa ni que haya dejado de pensar en temas teológicos; sino que no he tenido cambios que registrar ni ninguna inquietud. He estado en perfecta paz y satisfacción. Nunca he tenido la menor duda. Al convertirme, no fui consciente de ninguna diferencia de pensamiento ni de temperamento con respecto a lo que era antes. No percibí una fe más firme en las verdades fundamentales de la revelación ni mayor dominio de mí mismo; no tenía mayor fervor; pero fue como llegar a puerto después de un mar embravecido; y mi felicidad en ese sentido permanece hasta el día de hoy ininterrumpida.Tampoco tuve problemas para recibir esos artículos adicionales que no se encuentran en el Credo Anglicano. Algunos ya los creía, pero ninguno me supuso una prueba. Los profesé al recibirlos con la mayor facilidad, y con la misma facilidad los creo ahora. Por supuesto, estoy lejos de negar que todo artículo del Credo Cristiano, ya sea católico o protestante, esté plagado de dificultades intelectuales; y es un hecho que, por mi parte, no puedo responder a esas dificultades. Muchas personas son muy sensibles a las dificultades de la religión; yo soy tan sensible como cualquiera; pero nunca he podido ver la conexión entre comprender esas dificultades, por muy agudas que sean, y multiplicarlas hasta cierto punto, y dudar de las doctrinas a las que se vinculan. Diez mil dificultades no hacen dudar, según mi comprensión del tema; dificultad y duda son inconmensurables. Por supuesto, puede haber dificultades en la evidencia; pero me refiero a dificultades intrínsecas a las doctrinas o a su compatibilidad entre sí. A alguien le puede molestar no poder resolver un problema matemático, cuya respuesta se le dé o no, sin dudar de que tenga respuesta o de que una respuesta en particular sea la verdadera. De todos los puntos de fe, la existencia de un Dios es, en mi opinión, el que se abarca con mayor dificultad y se graba en nuestras mentes con mayor fuerza.Se dice que la doctrina de la transubstanciación es difícil de creer; yo no creí en ella hasta que me hice católico. No tuve dificultad en creerla tan pronto como creí que la Iglesia católica romana era el oráculo de Dios y que había declarado que esta doctrina formaba parte de la revelación original. Es difícil, imposible de imaginar, lo admito, pero ¿cómo es difícil de creer? Creo en todo el dogma revelado, tal como lo enseñaron los apóstoles, tal como lo confiaron a la Iglesia y tal como la Iglesia me lo declaró. Lo recibo tal como lo interpreta infaliblemente la autoridad a quien se le confía, e implícitamente, como será, de igual manera, interpretado por esa misma autoridad hasta el fin de los tiempos. Me someto, además, a las tradiciones universalmente recibidas de la Iglesia, en las que se basan las nuevas definiciones dogmáticas que se formulan de vez en cuando y que en todo momento constituyen la ilustración del dogma católico ya definido. Y me someto a las demás decisiones de la Santa Sede, teológicas o no, a través de los órganos que ella misma ha designado, que, renunciando a la cuestión de su infalibilidad, llegan a mí con la pretensión de ser aceptadas y obedecidas. Además, considero que, gradualmente y con el paso de los siglos, la investigación católica ha tomado ciertas formas definidas y se ha convertido en una ciencia, con un método y una fraseología propios, bajo la dirección intelectual de grandes mentes, como San Atanasio, San Agustín y Santo Tomás; y no siento la menor tentación de romper en pedazos el gran legado de pensamiento que se nos ha confiado para estos últimos días.Valga reseñar el texto antiguo para Inglaterra y Gales, (Sermones parroquiales y sencillos vol. V, págs. 210-211, 214), titulado “Vera fides non hic in pace, sed potius in bello demonstratur; e patria peccati egredientes, necessario per eam transimus” (La fe verdadera no se encuentra aquí abajo en paz, sino más bien en conflicto: para salir del país del pecado necesariamente pasamos a través de el):LATÍNContinua, ut ita dicam, fidei [Christiani] fructus iusti et sancti sunt, sed processus per quem obtinentur imperfectionis est; ita ut animam eius videre possemus sicut Angeli vident, e longinquo visus, iuvenis vultu et splendido vestitu appareret; sed appropinquantes, facies eius curae lineas habet, et vestis lacerata est. Iustitia eius tum videtur, non dico superficialis, hoc esset falsam ideam de ea dare, sed quamvis intus penitus attingat, non tamen integra et integra in profundo suo; sed quasi ex peccato effecta, fructus continuae pugnae, non naturae spontaneae, sed consuetudinis sui imperii.Vera fides hic non in pace, sed potius in conflictu demonstratur; nec probat hominem non in statu gratiae esse quod continuo peccet, dummodo talia peccata non in eo maneant quasi ultima, ut ita dicam, eventa, sed semper transeant in aliquid ultra et dissimile sibi, in veritatem et iustitiam. Sicut per passionem felicitatem adipiscimur, ita per infirmitatem ad sanctitatem pervenimus, quia ipsa hominis condicio est lapsa, et e patria peccati egressus, necessario per eam transit. Et hinc fit ut sancti viri prohibeantur quominus se cum satisfactione considerent, aut in ulla re praeter mortem Domini nostri, ut fundamento fiduciae, quiescant; nam, quamquam illa mors iam quodammodo vitam in eis effecit, et finem propter quem facta est effecit, tamen sibi peccatores videntur, eorum renovatione ab eis celata circumstantiis quae eam comitantur. Quod maxime de se dicere possunt est se non in ullis talibus peccatis esse quae eos manifeste a gratia excluderent; Sed quam parva firma spes in talibus negativis testimoniis collocari possit, ex ipsius Sancti Pauli verbis de hac re patet, qui, de vituperationibus a Corinthiis in se latis loquens, dicit: "Nihil per meipsum scio," id est, nihil mihi conscius sum, "sed non in hoc iustificatus sum: qui autem iudicat me Dominus est." Quemadmodum homines in proelio non possunt videre quomodo res se habeant, ita Christiani nulla certa signa praesentiae Dei in cordibus suis habent, et tantum ad Dominum et Servatorem suum respiciunt et timide sperant.Multa nobis ignoscenda sunt; immo, eo plura ignoscenda sunt quo magis conamur. Quo altiora proposita nostra sunt, eo maiora pericula. Qui multa audent cum ingeniis suis, multa lucrantur, et tandem audiunt verba, "Euge, serve bone et fidelis;" sed tot damna in mercatura patiuntur, ut sibi nihil nisi deficere videantur. Non possunt credere se proficere; et quamvis proficiant, tamen certe multa ignoscenda sunt in omnibus officiis suis. Similes sunt David, viri sanguinis; bonum certamen fidei pugnant, sed polluti sunt certamine:TRADUCCIÓNLos resultados constantes, por así llamarlos, de la fe [de los cristianos], son rectos y santos, pero el proceso a través del cual se obtienen es imperfecto; de modo que para que podamos ver su alma como la ven los ángeles, visto a distancia él aparecería joven en su rostro y luminoso en su vestir, pero si nos acercamos, su cara tiene arrugas de preocupación y su ropa es andrajosa. Su virtud parece, no digo superficial, pues sería dar una idea muy equivocada, sino que, aunque es profunda en él, no está total y entera en su profundidad, como si fuera el resultado de una lucha continua con el pecado, no de naturaleza espontánea, sino de autodominio habitual.La fe verdadera no se encuentra aquí abajo en paz, sino más bien en conflicto; y no es prueba de que un hombre no esté en estado de gracia porque peque continuamente, con tal que esos pecados no permanezcan en él como lo que podría llamarse el resultado final, sino que estén siempre pasando hacia algo, más allá y diferente de ellos mismos, verdadero y recto. Así como alcanzamos la felicidad a través del sufrimiento, así llegamos a la santidad a través de la debilidad, porque la verdadera condición del hombre es su naturaleza caída, y para salir del país del pecado necesariamente pasa a través de él. Y por eso los hombres santos se guardan de considerarse satisfechos consigo mismos, o de descansar en cualquier cosa que no sea la muerte de nuestro Señor, como fundamento de confianza; pues, aunque esa muerte en su medida ya ha producido vida en ellos, y ha realizado el propósito para el cual tuvo lugar, ellos se ven como pecadores, y su renovación les está oculta por las circunstancias que la acompañan. Todo lo que pueden decir de sí mismos es que no están al servicio de esos pecados que los excluiría claramente de la gracia; pero qué poca esperanza firme puede fundarse en semejante evidencia negativa queda claro por las propias palabras de San Pablo sobre el tema, hablando de las censuras que le hicieron los corintios: “Es verdad que mi conciencia nada me reprocha”, es decir, no soy consciente de nada, “pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor” (1.ª Cor. 4, 4). Así como los hombres en una batalla no pueden ver cómo va, así también los cristianos no tienen signos ciertos de la presencia de Dios en sus corazones, y no pueden sino mirar hacia su Señor y esperar tímidamente.Tenemos mucho para ser perdonado; más aún, tenemos mucho para ser perdonado cuanto más intentamos. Cuanto más elevados sean nuestros objetivos, mayores serán nuestros riesgos. Aquellos que arriesgan más con sus talentos, ganan más, y al final escuchan en su corazón las palabras “¡Bien, siervo bueno y fiel!” (Mt. 25, 23); pero tienen tantas pérdidas de paso, que les parece que no han hecho nada sino fracasar. No pueden creer que han hecho algún progreso; y aunque lo hacen, seguramente tienen mucho para ser perdonado en todos sus servicios. Son como David, hombres sangrientos; han combatido el buen combate de la fe, pero están contaminados con la lucha.Pero como Newman reprochaba en los anglicanos (personificados en el destinatario de la Apología pro vita sua) que tuviesen dificultad en aceptar los dogmas católicos como la Transubstanciación, él tampoco tiene para mostrarse inocente, porque calificó de “escándalo” la definición por Pío IX del dogma de la Infalibilidad Pontificia, que solo aceptó a regañadientes, como tampoco aceptó la condena a los errores modernos en el Sýllabus (por eso es que Pío IX le negó el capelo).
- A modo de responsorio antes de la Oración (ver en el comentario de la Misa), se toma el texto de Efesios 3, versos 7 y 10; y San Juan 16, 13: «℟. Evangélii factus sum miníster secúndum donum grátiæ Dei, quæ data est mihi secúndum operatiónem virtútis ejus, * Ut innotéscat per ecclésiam multifórmis sapiéntia Dei. ℣. Cum áutem vénerit ille, Spíritus veritátis, dedúcet vos in omnem veritátem. * Ut innotéscat» [℟. Fui hecho ministro del Evangelio según el don de la gracia de Dios, que me fue dada según la virtud de sus operaciones, * Para que sea dada conocer por la Iglesia la multiforme sabiduría de Dios. ℣. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, Él os conducirá a toda la verdad. * Para que sea dada a conocer].El propio de Inglaterra y Gales presenta el siguiente responsorio, tomado del Sermón 17 en sus Sermones parroquiales y sencillos vol. IV, pág. 262; y el verso de Romanos 6, 8: ℟. Crux Christi in corde plantáta acúta et diffícilis est; * sed arbor alta se érigit, et ramos pulchros et fructus úberes habet, et pulchra est aspéctu. ℣. Si áutem mórtui sumus cum Christo, crédimus quía simul étiam vivemus cum eo. ℟. Sed arbor alta se érigit (℟. Plantar la Cruz de Cristo en el corazón es agudo y penoso * pero el árbol majestuoso se alza en lo alto, tiene hermosas ramas y frutos ricos, y es agradable a la vista. ℣. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. ℟. Pero el árbol majestuoso se alza en lo alto).
- Como particularidad, presenta el oficio propio para Inglaterra y Gales sendas antífonas para el Benedíctus en la Oración matutina (Laudes):
- «Hic vir non lucrum personále quæsívit, sed Salvatórem nostrum et Dóminum nostrum réspicit» (Este hombre no buscó ganancia para sí, sino que puso su mirada en nuestro Salvador y Señor);
y para el Magníficat en la ídem vespertina (Vísperas):- «Omnis scriba doctus in regno cœlórum símilis est hómini patri famílias, qui profert de thesáuro suo nova et vétera» (Todo escriba erudito en el reino de los cielos es como el padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas).
- En el Martirologio, se añadió su elogio para el día 9 de Octubre (poniéndolo en primer lugar, que no es lo mismo):
«Die 9 Octóbris: Sancti Joánnis Henríci Newman, doctóris Ecclésiæ, qui, ex Ánglia oriúndus, ǽque philósophus et theólogus dignus láude, in confessióne Anglicána natus, públice intrávit cathólicam Ecclésiam auxílio étiam beáti Domínici a Matre Dei e Congregatióne Passiónis, tum présbyter factus, óperam Oratoriórum Sancti Philíppi Neri in natióne sua cœpit átque promóvit, páulo post Cardinális Sanctæ Ecclésiæ Románæ a Leóne papa Décimo Tértio creátus, prædicatióne et scriptis super veritáte Christi náviter emínuit (Día 9 de Octubre:
Casi verbátim el por qué de su memoria.SanJuan Enrique Newman, Doctor de la Iglesia que, oriundo de Inglaterra, filósofo y teólogo digno de elogio, nacido en la confesión anglicana, se unió públicamente a la Iglesia Católica con la ayuda del beato Domingo de la Madre de Dios de la Congregación de la Pasión. Posteriormente, ordenado sacerdote, retomó y promovió la obra de los Oratorios de San Felipe Neri en su país. Poco después, fue nombrado Cardenal de la Santa Iglesia Romana por el Papa León XIII, y se distinguió notablemente por su predicación y escritos sobre la verdad de Cristo).
Desde luego, como católicos hemos de insistir en que Newman, de haber vivido algunos años más, habría sido llamado a aclarar ante el Santo Oficio alguna afirmación sospechosa de proto-modernismo, que había sido denunciado en él por el cardenal Edward Manning en Inglaterra (a quien le tuvo particular ojeriza en vida, e influyó para difamarlo póstumamente mediante su biógrafo) y por Orestes Brownson en Estados Unidos, conversos también como él. Pero a diferencia de él, que amaron la Verdad. En tal sentido, reiteramos que Newman no es digno de ser santo. Mucho menos Doctor de la Iglesia.
D. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R
24 de Febrero de 2026 (Año “Combate por la Cruz”).
Martes de la I Semana de Cuaresma. Fiesta de San Matías Apóstol; y de San Etelberto, Rey de Kent (Inglaterra). Vocación de San Francisco de Asís. Nacimiento de Carlos I de España y V de Alemania; del Papa Clemente VIII Aldobrandini; y de Don Juan de Austria, héroe naval de Lepanto. Asesinato de Francisco de Lorena, Duque de Guisa, a manos del calvinista Jean Poltrot. Fundación de Santa María de Belén de Veraguas (Panamá), primera población en Tierra Firme; anuncio del Calendario gregoriano por el Papa Gregorio XIII con la bula Inter Gravíssima; proclamación del Plan de Iguala por Agustín de Itúrbide. Día de la Bandera mejicana.

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