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jueves, 13 de febrero de 2025

SAN ÁGABO, MÁRTIR CARMELITA


Ágabo (en griego Ἄγαβος; en siríaco ܐܰܓ݂ܰܒ݂ܳܘܣ; en hebreo אֲגָבוֹס), originario de Judea, es mencionado por dos veces en los Hechos de los Apóstoles, como uno de los profetas que vinieron de Jerusalén a Antioquía durante la predicación de Pablo y de Bernabé. En Antioquía anunció un hambre universal que se cumplió bajo el gobierno de Claudio (Hech. 11:28). Dieciséis años más tarde, volvemos a encontrar a Ágabo en Cesárea, donde se detuvo durante su viaje desde Judea, hospedándose en la casa de Felipe. Ahí, mediante un acto simbólico, anunció que Pablo sería hecho prisionero en Jerusalén (Hech. 21:10).
   
Algunos han pensado que hubo dos personajes con el nombre de Ágabo; pero se admite generalmente sólo a uno, ya que en los dos pasajes de los Hechos que le mencionan, el nombre, la función, el país de origen y la época, son idénticos. Los griegos expresaron la opinión de que Ágabo fue uno de los setenta discípulos y que recibió el martirio en Antioquía. Y lo festejan el día 8 de marzo.
   
Desde el siglo IX, Ágabo figura en los documentos de la Iglesia latina el 13 de febrero. El “Vetus Románum” abre la serie de datos. Parece que la fecha y el lugar del martirio han sido determinados en forma completamente arbitraria por Adón. Según los Hechos, la presencia de Ágabo en Antioquía y en Cesárea fue transitoria. La fecha se estableció por un procedimiento de Adón que fue escalonando, a lo largo del año, los nombres de los antiguos discípulos, sacados del libro de los Hechos, siguiendo simplemente el orden en que van apareciendo en los sucesivos capítulos. Ya hemos encontrado a Ananías (Hech. 9) el 25 de enero para hacerle coincidir con la conversión de San Pablo; después, al centurión Cornelio (Hech. 10) el 2 de febrero; ahora tenemos a Ágabo 13 de febrero (Hech. 11). Siendo el “Vetus Románum” obra de Adón, se comprende que reproduzca su sistema.
   
Una leyenda de la orden del Carmelo atribuye a Ágabo retirarse al monte Carmelo, donde residió con los monjes de la orden creada por San Elías Profeta y fundó una iglesia en honor de la Madre de Dios; en consecuencia, se le da como característica el hábito de la orden del Carmen y, sobre la mano, una pequeña iglesia con la inscripción “Vírgini Matri”.
   
También se encuentra a Ágabo señalado como discípulo del Señor o de los Apóstoles, en las fechas del 8 al 10 de abril.
   
Acta Sanctorum, 13 de febrero. Dict. de la Bible, vol. I, col. 259. Quentin, Les martyrol. histor. du Moyen Age, pp. 418, 460 y 589. C. Cahier, Caractéristique des saints, p. 341.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

BEATO NUÑO DE SANTA MARÍA


El Beato Nuño nació en Sernache de Bomjardim (Portugal) el 24 de junio de 1360. Su padre fue un ilustre militar y gran caballero, Don Álvaro Gonçalves Pereira, Gran Prior del priorato de Crato de la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén.
   
La niñez de Nuño fue normal y la pasó entre los soldados que estaban a las órdenes de su padre y también, como correspondía en aquel entonces, entregado a la lectura de las gestas caballerescas.
   
A los trece años fue admitido en la corte del rey Fernando para que se adiestrase en la milicia y en ella dio muestras de gran valentía y exquisita destreza y por ello fue armado caballero, a pesar de su juventud, como escudero de la reina. Siendo muy joven –dieciséis años– su padre lo entregó en matrimonio a la noble Doña Leonor de Alvím, de la que tuvo tres hijos. Dos de ellos murieron pronto y Beatriz, la tercera, casó con D. Alfonso, el 1401, hijo del rey Juan I, que después fue cabeza de no pocas dinastías principescas europeas. 
   
Portugal y Castilla en aquélla época de nuestro Beato estaban en continuos litigios bélicos y durante ellos Nuño demostró su gran valentía y destreza militar. Luchó con todas sus fuerzas por la independencia de su patria y por ello defendió la candidatura al trono de quien podía conseguirla. Famosas fueron las batallas de Aljubarrota y Valverde en las que salió victorioso.
   
Sus contiendas militares, no le estorbaban en su profunda vida cristiana que para él siempre fue lo primero. Era devotísimo del Santísimo Sacramento y de la Virgen María. Oía todos los días dos misas y los sábados y domingos, tres. Ayunaba en obsequio de la Virgen María todos los miércoles, viernes y sábados, así como todas las vigilias de Nuestra Señora. Comulgaba según la costumbre de la época en las fiestas más solemnes y se confesaba con mucha frecuencia. En su estandarte bélico llevaba las imágenes de Cristo crucificado, de la Virgen María y de los Patronos de las guerras: Santiago y San Jorge.
   
Antes de cada batalla exhortaba a sus soldados a confiar mucho en la ayuda del cielo y atribuía a la protección de la Virgen María cuantas victorias conseguía. En la famosa batalla de Valverde encontraron a Nuño de rodillas orando entre las rocas para alcanzar la victoria, como así fue.
   
Como gratitud a esta ayuda poderosa de la Virgen María, visitaba en peregrinación los más famosos Santuarios, igual que las más humildes ermitas dedicadas a la Virgen María y en su honor le levantó varios templos. Famoso fue el magnífico templo del Carmen en Lisboa que fue destruido por un incendio el 1755.
   
Después de la muerte de su esposa, acaecida el 1387, ya no quiso contraer nuevas nupcias. Siempre fue exigente con la moralidad de sus soldados y más aún con la suya propia. Era un modelo para cuantos le contemplaban en todas las virtudes. El 1423, mandó construir un grandioso templo que confió a los carmelitas.
   
Ante la admiración y estupor de todo Portugal el 15 de agosto de 1423 abandonaba todas sus posesiones y honores y vestía el hábito carmelita como hermano donado en el convento de Lisboa con el nombre de fray Nuño de Santa María. Ingresó en la Orden del Carmen, atraído especialmente por el culto que los carmelitas daban a la Virgen María y por lo bien que realizaban la liturgia. Fue para todos los religiosos un perfecto modelo de observancia y de todas las virtudes.
   
Pasaba largas horas ante el Santísimo Sacramento, rezaba todos los días el oficio divino y asistía a cuantas misas podía.
   
En el convento fue la admiración de todos por su gran humildad, servicio, caridad y piedad. Para más alejarse del mundo quiso irse a un convento lejos de donde le conocieran, pero no se lo permitieron.
   
Su última enfermedad fue breve y se vio rodeado del rey y de todos los magnates del reino, a quienes dirigió muy sentidas y edificantes palabras.
   
Murió tan santamente como había vivido el 1 de noviembre de 1431. Inmediatamente corrió la fama de santo en boca de todos los portugueses y aun fuera de Portugal. Fueron muchas las solicitudes de parte de los reyes y pueblo de Portugal hechas a la Santa Sede para que fuera declarado santo este gran Condestable . Por fin el Papa Benedicto XV, el 23 de enero de 1918, apoyaba el culto ya inmemorial que se le venía tributando en algunas partes de la Orden y en Portugal. Las gestas del Beato Nuño han sido cantadas por el ilustre poeta portugués Luis de Camoens en Os Lusiadas (canto IV y Vlll).
   
El rey Manuel II de Portugal, último monarca de ese país, que abdicó en 1910, era descendiente del Beato Nuño.
  
ORACIÓN (Del Rito Carmelita)
Oh Dios, que le diste al bienaventurado Nuño luchar el buen combate, y le hiciste eximio despreciador de sí mismo y del mundo, concédenos a nosotros tus siervos que, derrotadas las cupididades del mundo, gocemos perpetuamente en la Patria Celestial. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 17 de julio de 2024

HALLADO ALTAR ROMÁNICO DEL SANTO SEPULCRO


El arqueólogo Amit Re’em de la Autoridad de Antigüedades de Israel y el historiador Ilya Berkovich de la Academia de Ciencias de Austria encontraron en la iglesia del Santo Sepulcro un altar de la época de las Cruzadas.
   
«Conocemos relatos de peregrinos de los siglos XVI, XVII y XVIII sobre un magnífico altar de mármol en Jerusalén», cuenta Berkovich, historiador del Instituto para el Estudio de la Monarquía de los Habsburgo y los Balcanes de la Academia de Ciencias de Austria y coautor de un nuevo estudio sobre este altar, cuya magnificencia fue tan grande como repentina su desaparición de la escena: «En 1808 hubo un gran incendio en la parte románica de la Iglesia del Santo Sepulcro. Desde entonces, se pensó que el altar de los cruzados había desaparecido. Que algo tan significativo pudiera pasar desapercibido en ese lugar durante tanto tiempo fue completamente inesperado para todos».
    
El altar, de 3,5 metros de ancho y decorado en estilo cosmatesco (recubrimiento en mosaico con trozos de mármol dispuestos en forma de lazos), fue hallado por casualidad: en un pasillo trasero de la iglesia, una pesada losa de piedra de varias toneladas había estado apoyada en la pared durante un tiempo indeterminado, y en su lado frontal los turistas habían dejado grafitis. Al voltear la losa por unos trabajos de construcción, se reveló que esa loza contenía el frontal del altar medieval.
    

El estilo cosmatesco, originario de la Antigua Roma, era conservado en la Roma papal por gremios que transmitían su conocimiento de padres e hijos. El altar fue hecho por un artesano enviado posiblemente por el Papa Eugenio III, con motivo de la dedicación de la iglesia románica del Santo Sepulcro por los Cruzados el 15 de Julio de 1149, cincuenta años después que la Ciudad Santa fue recuperada para los cristianos en la I Cruzada.
   
Debido a que muchos de los sacerdotes que estaban en la Jerusalén cruzada provenían de Francia, la liturgia católica de las distintas órdenes religiosas (Canónigos Regulares del Santo Sepulcro, Templarios, Caballeros Hospitalarios, Templarios, Carmelitas y otros) en el Patriarcado de Jerusalén se oficiaba con el Rito del Santo Sepulcro (actualmente conocido como Rito Carmelita), una variante del Rito Romano con elementos galicanos sobrevivientes a la unificación carolingia del siglo IX que anduvo a mitad de camino entre el Rito Cartujo y el Rito Dominico.

domingo, 17 de septiembre de 2023

SAN ALBERTO DE JERUSALÉN, OBISPO Y LEGISLADOR CARMELITA

Nació el santo en Castro Gualterio, Parma. Sus padres eran nobles, de la familia de los Avogadro condes de Sabbioneta, y emparentados con Pedro el Ermitaño, gran Predicador de las Cruzadas y la conquista de Tierra Santa. Fue niño aventajado en los estudios y la piedad. Desde muy joven se inclinó a la virtud y al estado clerical y entró con los Canónigos Regulares de la Santa Cruz, en el monasterio de Mortara. Fue destacado religioso, prudente, sabio, elocuente predicador y orante. Elegido prior, aunque se negó, tuvo que obedecer por caridad. Varios años tuvo este cargo hasta que el papa le nombró obispo de Bobbio, ante lo cual de nuevo tuvo que obedecer y aceptar. Pero resultó que la iglesia vercelense, que estaba sin pastor (su obispo Huberto Crivelli –futuro papa Urhano III– había sido nombrado Nuncio en Inglaterra), le pidió también como obispo, y el Papa Lucio III le mandó fuese allí. Tomó posesión en 1185.

En esta sede realizó grandes obras y reformas: Saneó las cuentas, promovió la disciplina de los clérigos, reformó monasterios (entre ellos la Abadía de San Columbano de Bobbio), restauró iglesias, construyó hospitales e inaguró obras de caridad. Se ganó el amor y respeto de los fieles y los clérigos honestos. Fue un gran predicador y algún milagro dicen que obró, como el sacar cinco demonios de una mujer, el 9 de agosto de 1189, octava de San Eusebio de Vercelli. Intervino en varias peleas entre nobles y el emperador; o entre el papa y nobles y eclesiásticos. Enrique VI le nombró príncipe del Sacro Imperio Germánico, título que luego conservaron los obispos de la diócesis de Vercelli. Celestino III e Inocencio III le amaron y fueron generosos con la diócesis en bienes materiales y espirituales. El último le encomendó poner la paz entre Parma y Piacenza, cosa que hizo Alberto con su palabra, obra, sacrificios y oraciones. En 1192 inauguró un Sínodo para la reforma total de la diócesis.

En 1203 quedó vacante el Patriarcado de Jerusalén y habiendo declinado la sede el cardenal y legado papal, Sofredo Gaetani, sugirió que eligiesen a un obispo experimentado y de probada virtud (incluso es probable que les haya sugerido a Alberto). Así fue que Emerico de Lusignan, rey de Jerusalén, junto al clero eligió al obispo de Vercelli, nuestro Alberto, el 18 de febrero de 1204. Escribieron a Inocencio III que le obligase a aceptar, si se negaba. Y este lo hizo, le escribió una carta que, entre otras razones dice:
«en ninguna manera se diga que temes los trabajos, evitas los dolores, huyes las pobrezas, angustias y necesidades, no queriendo admitir aquella carga a que por Divina disposición eres llamado. No se diga, no, en manera alguna, que evitas los trabajos en servicio de Aquel que por el Profeta, afirma de sí: que trabajó, según aquello que leemos del salmo “Trabajé sufriendo” (Salmo VI, 7)».
Y tuvo que aceptar. Asi que fue a Roma, recibió el palio arzobispal y fue nombrado legado pontificio y Patriarca de Jerusalén. En 1204 llegó a Acre, donde estaba la sede jerosolimitana, por estar la ciudad de Jerusalén en manos de los moros. Entre los años 1205 y 1209 fue a verle San Brocardo (2 de septiembre), prior del Monte Carmelo, para solicitarle una regla de vida. Los escritos apócrifos de San Cirilo, que dice estar presente en el momento, narran que Alberto estudió la anterior regla que había dado Juan, Patriarca de Jerusalén en el año 412, así como las “constituciones” escritas por el mismo Brocardo, tomadas de los escritos de San Basilio y las normas de San Bertoldo del Monte Carmelo (29 de marzo). Luego de estudiarlas, entendió que más que Regla, eran un compendio de consejos y máximas espirituales, así que procedió a escribir una Regla en armonía con las reglas de las demás órdenes religiosas. Regla que fue entregada el 8 de abril.
   
Continuó Alberto siendo un pastor solícito, como lo había sido en Europa. Continuó las obras de caridad y beneficencia, el rescate de prisioneros, la fundación de hospederías, iglesias; la reforma de monasterios y del clero secular. En 1206, para mejor desempeñar su misión, al estar Jerusalén ocupada, Alberto cambió la sede jerosolimitana a Acre. Mandó acuñar una moneda propia en la que figuraban su nombre y armas episcopales, como remedio a la situación económica, para poder comerciar con los latinos. Puso paz entre los príncipes cristianos, haciéndoles fuerte contra los moros. En 1211 puso paz entre los templarios y los caballeros teutónicos por una cosa que afectó a los carmelitas: Pugnaban los Templarios por la exclusividad de usar manto blanco, que era propio de la Orden Templaria, mientras los otros lo hacían solo por dispensa por comodidad del clima. Mandó Inocencio III a Alberto lo solucionase con paz, como así hizo, resolviendo a favor del Temple. Y, decía, afectó al Carmelo, según Cirilo, en que Brocardo no pudo a Alberto que les restituyese la capa blanca, perdida en el 639 por orden de los moros, y continuar usando la barrada, hasta 1288, en que se recuperó definitivamente ya en Europa.
   
Más pugnas y “dimequetediré” arregló Alberto, con el rey de Armenia, el Patriarca de Antioquia, y otros príncipes y nobles. En 1213 fue convocado por el papa al IV Concilio de Letrán, que habría de celebrarse en 1215, y para ello fue encargado por el papa para tratar asuntos de diplomacia y concordatos con Saladino, para lo cual Alberto nombró legado suyo a San Brocardo. Pero y, fue más peligroso, le encargó la reforma y cuidado de la honestidad de los fieles y los clérigos, conociendo acerca de caballeros y religiosos corruptos que solo buscaban su beneficio económico, dejando de lado la caridad, la piedad y la rectitud. Y le dice: 
«y porque la conversación detestable de algunos que habitan en esa tierra, no impida o retarde la ejecución de este saludable propósito, pues con sus obras nefandas provocan a Dios, no al perdón, sino a la ira y castigo: […] rogamos en el Señor a la prudencia de tu Hermandad, de nos muy amada, que a fuer de prudente médico, uses de diversos remedios para la cura de llaga tan mortal y procures reducirlos a la verdadera penitencia».
Y Alberto comenzó una purga entre responsables, que terminó con la destitución del Maestre de los Hospitalarios de San Juan (Orden de Malta) de su hospital del Espíritu Santo. Y fue su cruz. El 14 de septiembre de 1214, mientras Alberto participaba en la procesión por la festividad de la Exaltación, al salir de la iglesia de la Santa Cruz de Acre, este Maestre le apuñaló. Algunos corrieron a decir que había sido un moro disfrazado, en aras de hacerlo mártir de la fe, pero se sabe que era cristiano, y religioso. Como el Bautista, murió por denunciar el vicio y la corrupción, lo que le hace mártir sin duda alguna. Enseguida la diócesis de Vercelli, consternada, pidió al papa fuera considerado mártir y canonizado. No lo ha sido oficialmente, pero sin embargo, el papa Clemente X concedió a la orden del Carmen celebrar su memoria, con oficio propio, primeramente a 8 de abril, por ser el 14 de septiembre día de solemnidad. Luego se trasladó al 17 de septiembre, primer día libre después del 14 (en Jerusalén y la orden carmelita, se celebra el 25). El martirologio romano, fiel a situar los santos en su “dies natalis” lo trae a 14 de septiembre.
  
ORACIÓN (Del Misal propio de Jerusalén, y del Misal Carmelita Descalzo)
Suplicámoste, Señor, descienda copiosa sobre nosotros la plenitud de tu bendición, y logren aplacarte los sufragios de tu Confesor y Pontífice San Alberto. Por J. C. N. S.

miércoles, 29 de marzo de 2023

SAN BERTOLDO DEL MONTE CARMELO

«Elimina de tu espíritu todas las cosas creadas, y mora con Dios solo en la soledad de tu retiro» (San Juan de la Cruz).
   

Las crónicas carmelitas relatan que San Bertoldo nació en el año 1073 en Limoges de Francia (la atribución de Calabria presente en varias crónicas por las menciones del monje griego Juan Focas y el rabino Benjamín de Tudela es en realidad un eufemismo para decir que era occidental). Años atrás, hacia el 1043, su padre Guido de Malefayda, que combatió en favor del rey Pedro Orseolo de Hungría, quería ingresar a la orden carmelita, pero por revelación del obispo de Esztergom San Gerardo Sagredo, Dios le significó que su estado no era la religión sino el matrimonio. Bertoldo tenía un hermano mayor, el Beato Audemar, que fue obispo de Puy-Vézelay.

Bertoldo ingresó a la universidad de París, donde se doctoró de teología a los 22 años, y fue ordenado sacerdote poco después. Con su hermano Audemar, que fue nombrado Legado papal en la I Cruzada, partió a Tierra Santa. En el sitio de Antioquía, los cruzados apenas habían tomado la ciudad el 3 de Junio, cuando cuatro días después Kerbogha, atabeg (gobernador) de Mosul, puso bajo sitio la ciudad. Bertoldo, que se había ganado el aprecio de los pobres en la ciudad porque fue el único que le dio limosna a uno de ellos que pedía constantemente a todo el que se le ponía en frente, supo por revelación que el sitio de la población era un castigo por los pecados y especialmente por la vida licenciosa de los soldados cristianos. Bertoldo se ofreció en sacrificio e hizo voto de que si los cristianos eran salvados de ese gran peligro, dedicaría el resto de su vida al servicio de la Santísima Virgen haciéndose ermitaño en el Carmelo. En una visión se le apareció Nuestro Señor acompañado de Nuestra Señora y San Pedro, llevando en sus manos una gran cruz luminosa; el Salvador se dirigió a Bertoldo y le habló de la ingratitud de los cristianos en pago por todas las bendiciones que habían llovido sobre ellos, pero que si hacían penitencia serían librados. Debido a las insistencias y advertencias del santo, los ciudadanos y los soldados fueron movidos a penitencia y a ayunar por cinco días, aun cuando estaban para desfallecer por el hambre. Esa noche, bajó fuego del cielo, que diezmó las tropas sarracenas, lo que animó a los cristianos a cargar contra el enemigo. Llevaban consigo la Santa Lanza que había atravesado el costado de Cristo, hallada por Pedro Bartolomé bajo revelación de San Andrés Apóstol (aunque Audemar no creía que fuese realmente). Como fuere, los cruzados salieron y lograron la victoria el 28 de Junio. En la batalla, se vio la aparición de San Jorge, San Demetrio, San Mauricio y San Mercurio en sendos caballos blancos comandando batallones de ángeles, y murieron 100.000 sarracenos, poniendo a Kerbogha (de quien sus subalternos y el emir de Damasco Shams al-Muluk Duqaq desconfiaban porque quería apoderarse de la Siria para sí mismo) a huir en vergonzosa fuga. Audemar murió el 1 de Agosto, víctima de la peste. Bertoldo siguió hasta Cesarea, donde llegó el día de Pentecostés. Como quedaba cerca el monte Carmelo, organizó una peregrinación, y hablando con el abad, pidió ser admitido en la orden carmelita.

Llegaron a Jerusalén, repitiéndose sitios y enfermedades. Finalmente, el 15 de Julio de 1099, Jerusalén es reconquistada. Bertoldo vio a su hermano, ya difunto, descender del cielo y ordenó que hiciesen una procesión alrededor de la muralla, y hecha esta, entraron los cruzados a la Ciudad Santa. Bertoldo se despidió del recién nombrado Godofredo de Bouillon y partió al Monte Carmelo, donde pidió el hábito en el año 1100. Allí fue un ejemplo de observancia entre los monjes, e introdujo el rezo del Ave María y la Salve en el rezo del Oficio propio de la orden.
  
En 1147, Emérico de Limoges, III patriarca latino de Antioquía y que en su Fazienda de Ultramar tradujo algunos versos bíblicos al castellano, designó a Bertoldo primer general latino de la Orden Carmelita, encargándole unificar los eremitorios y cenobios bajo una regla común, la regla fijada por el patriarca San Juan II de Jerusalén en el año 412 (regla que será sustituida por el patriarca San Alberto de Jerusalén hacia el 1209. San Bertoldo la tradujo del griego al latín). Impulsó la vida regular, la devoción mariana, la perfección y la caridad evangélica. Construyó el convento del Monte Carmelo (de ahí que se lo represente con una iglesia o los planos de una), y otros monasterios que habían sido arruinados por los infieles, según contó fray Pedro Emiliano al rey Eduardo I de Inglaterra, en una carta fechada en 1282. Vivía muy preocupado por la situación de la Tierra Santa, sobre todo porque los sarracenos atacaban los monasterios y mataban a los monjes. Un día, le fue mostrado en visión las almas de los monjes martirizados ser llevados al cielo y coronados de manos de los ángeles.
   
Hacia 1195, con 115 años de edad y 45 de generalato, Bertoldo dejó a sus religiosos como únicas posesiones, la observancia de la regla, la caridad mutua y la mansedumbre. El 29 de marzo de ese mismo año expiró dulcemente y fue vista una paloma salir de su boca y subir al cielo. Fue sepultado en la iglesia de la Virgen María, que había hecho construir San Elías Profeta en el Monte Carmelo y que él reconstruyó; y fue sucedido por San Brocardo.
  
Los bolandistas, con Daniele Paperboch a la cabeza, han cuestionado la historia de los carmelitas (entre ellas la de San Bertoldo) y su vínculo con San Elías Profeta, reduciéndolo en este caso que San Bertoldo nació a comienzos del siglo XII y que el único vínculo con el profeta fue por el lugar. Esto ha provocado una fuerte pugna con la orden carmelita, y que los bolandistas fuesen puestos en el Índice de libros prohibidos de España.
  
Protéjanos, Señor, la venerable solemnidad de tu Confesor San Bertoldo, para que así como él gobernó e incrementó la Orden Carmelita con toda santidad, nos haga sentir su perpetua protección. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 30 de julio de 2022

BEATO JUAN SORETH, REFORMADOR DEL CARMELO


Juan Soreth nació cerca a Caen en Normandía en 1394, y entró en el convento carmelita local. Ordenado sacerdote hacia 1417, recibió el doctorado en teología en París en 1438, y luego fue maestro allí. Fue provincial de la Provincia Francesa del Carmelo entre 1440 y 1451, y XXV Prior General latino de la Orden desde 1451 hasta su muerte.

Fue incansable en sus esfuerzos para renovación, durante un período crítico tanto para la Iglesia como para la Orden: La peste había diezmado ciudades y conventos; por causa de la mitigación hecha por el prior general Juan Faci y aprobada por el Papa Eugenio IV con la bula “Románi Pontíficis” del 15 de Febrero de 1432, la disciplina religiosa se había disipado en aras de la subsistencia, aceptándose a cualquier individuo, o relacionándose en demasía con los seglares. Muchos religiosos no iban al coro, faltaban a la pobreza, y habían abandonado el apostolado. El papa Calixto III fue su gran valedor para la ingente reforma que llevó a cabo (incluso quería crearlo cardenal), para lo cual viajó por Francia, Alemania, Italia e Inglaterra, haciendo visitas canónicas y promoviendo una observancia más fiel de la vida religiosa tanto en las provincias antiguas como en la congregación reformada mantuana, que buscaba independizarse para observar la regla primera de San Alberto Jerosolimitano.
   
Ante el rechazo de algunas casas (en Colonia lo arrojaron del convento, y tuvo que excomulgar a los rebeldes), tuvo que fundar nuevos conventos que siguieran la reforma. Escribió la “Exposítio parænética in Régulam Carmelitárum”, un comentario sobre la regla en que habla de la importancia de la observancia interior, sin la cual las normas y austeridades externas nada son. Toca igualmente los temas de la oración, el silencio y la humildad para la vida personal y comunitaria de un religioso, anticipándose en un siglo a la reforma de Santa Teresa de Ávila (es de saber que Sixto IV, con la bula “Dum atténte meditatióne” del 28 de Noviembre de 1476, había concedido mayores libertades, anulando parcialmente la reforma de Soreth). «La ruina de la toda la Orden viene por el abandono de la vida regular», decía nuestro beato.
 
Publicó unas nuevas constituciones monásticas en 1462. Entre sus otras actividades estaba el apoyo y establecimiento de la segunda orden carmelita, especialmente luego de la bula “Cum nulla” del Papa Nicolás V, con fecha 7 de Octubre de 1452. Agrupó a las mujeres que vivían en casas de carmelitas y vestían mantos blancos (de ahí que se las llamaba “Mantellate” o “Pinzochere” en Italia, como también “Beguinas” en Flandes, o “Beatas” en España), y apoyó fundaciones en el norte de Europa como la que hizo la beata Francisca de Amboise, duquesa de Bretaña, quien fue la primera monja carmelita entre los latinos, al imponerle el hábito en el convento de las Tres Marías en Vannes el 25 de Marzo de 1468. También fundó la Tercera Orden para los laicos, a partir de algunas asociaciones piadosas en torno a las iglesias del Carmen, y para ellos escribió unas Constituciones en 1455.
  
Devoto como fue del Santísimo Sacramento (con el que es representado), en 1468, durante el saqueo de Lieja por Carlos “El Temerario” duque de Borgoña, ingresó a una iglesia en llamas para rescatar las hostias arrojadas por la soldadesca, y las condujo en un ciborio a la iglesia de los carmelitas. En 1459 logró que el Papa Pío II aprobase Misa y Oficio propio para San Ángel Jerosolimitano, protomártir del Carmelo.

Murió el 25 de Julio de 1471 en el convento de Angers, después de la visita al convento de Nantes, en circunstancias poco claras: las crónicas oficiales cuentan que murió de cólera tras comer fresas verdes, mientras que otras refieren que fue envenenado por un fraile contrario a la reforma. El beato Bautista Spagnoli de Mantúa, famoso humanista, escribió una elegía en su honor. Si bien tuvo gran culto, apenas hasta 1866, en el marco del proceso de beatificación de Francisca de Amboise, Pío IX reconoció su culto mediante beatificación equivalente.
   
ORACIÓN (Del Misal propio carmelita)
Oh Dios, dador de todo bien, que confirmaste al bienaventurado Juan con el celo ardiente de tu honor y singular fortaleza para afrontar los peligros, concédenos por sus méritos e intercesión, que toleremos toda adversidad, y consigamos persistir en tu amor. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 6 de mayo de 2021

ORACIÓN POR LA IGLESIA CONTRA LOS HEREJES

LATÍN
Pientíssime Deus, qui iniquitátum ad Te conversórum non recordáris; sed eórum gemítus cleménter exáudis: réspice templa tua, infidélium mánibus prophanáta, et tui dilécti gregis afflictiónem. Reminíscere hæreditátis tuæ, effusióne pretiosíssimi Sánguinis tui Unigéniti, acquísitæ. Víneamque tua plantátam déxtera, quam ferus aper extermináre conátur, fervénter visíta: ac illíus cultóres advďrsus devastántium rábiem, tua virtúte corrobóra, víctores éffice, in éaque bene operántes, tui fac regni possessóres. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
TRADUCCIÓN
Piadosísimo Dios, que no recordáis las iniquidades de aquellos que se convierten a Vos, sino que escucháis clemente sus gemidos y oraciones, mirad vuestros templos profanados por manos de los infieles, y la aflicción de vuestra dilecta grey. Acordaos de vuestra heredad, que adquiristeis con la preciosísima Sangre derramada de vuestro Hijo. Visitas ferviente la viña plantada por vuestra diestra, que el feroz jabalí intenta exterminar, y corroborad con vuestra virtud a sus cultores contra la rabia de los devastadores; hacedlos vencedores, y haced posesores de vuestro reino a los que en ella son buenos operarios. Por el mismo Jesucristo vuestro Hijo nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
   
Esta oración, que en el Rito Carmelita se rezaba en las Misas feriales conventuales de la Cuaresma después de la elevación del cáliz, con el salmo “Deus, venérunt gentes” (salmo LXXVIII), el Papa San Pío V ordenó que fuera rezada después de las Letanías de la Santísima Virgen.

sábado, 14 de noviembre de 2020

TODOS LOS SANTOS DE LA ORDEN CARMELITA


La Santa Iglesia Católica y en particular la Orden del Carmen —la Antigua Observancia y los Descalzos— hace memoria hoy de todos sus Santos y Bienaventurados que ya gozan de la Visión Beatífica en el Cielo.
   
Durante su vida en este mundo, se constituyeron en verdaderos carmelitas, puesto que fueron moldeados bajo la figura maternal de Nuestra Señora la Virgen María; tuvieron la dicha de haber vivido en intimidad con Ella y de Ella ser verdaderos Apóstoles y Esclavos. De Nuestra Señora aprendieron a vivir en Cristo y sólo de Su Amor; en Ella se inspiraron para entregar su vida a la Iglesia Católica y a las almas…
   
Que el ejemplo de estos Santos, sirva para suscitar nuevas generaciones de santidad en estos tiempos de Apostasía generalizada; jóvenes santos de hoy, que revestidos del Bendito Escapulario del Carmen, testimonien lealtad a la Doctrina Católica de siempre, aunque esa santidad haya de ser vivida en las catacumbas de la resistencia.
   
La Gran Familia del Carmelo se divide en dos partes: Religiosos y Cofrades. Los Religiosos, que forman la parte principal de la Orden, se dividen a su vez en Orden Primera (frailes), Orden Segunda (Monjas) y la Orden Tercera (seglares, solteros, casados y viudos). Mientras que los Cofrades, son todos aquellos que llevan impuesto el Bendito Escapulario y que, sin pertenecer propiamente a la Orden, se benefician de las gracias espirituales de la misma: Santas Misas, oraciones, sacrificios… todo lo que los religiosos carmelitas consigan de provecho espiritual, redunda en los Cofrades del Escapulario.
   
Oremos pues hoy, a lo largo del día, por todas esas buenas almas que un día en este mundo participaron del Espíritu del Carmelo y que ahora se encuentran retenidas en el Bendito Purgatorio. Tengamos esa caridad para con esas Almas que tan devotas fueron de Nuestra Señora y de Su Escapulario; tal vez cuando tengamos que partir de este mundo, nosotros también necesitaremos con seguridad de las oraciones de otros hermanos.
  
ORACIÓN (Del Misal Carmelitano)
Omnipotente y misericordioso Dios, que cada año nos regocijas con la conmemoración de todos los Santos de la orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, concédenos propicio que por sus méritos e intercesión, viviendo para Ti solo en la meditación del yugo de tu ley y la perfecta abnegación, merezcamos llegar con ellos a la felicidad de la vida eterna. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 16 de julio de 2018

PREFACIO DE LA MISA DE LA VIRGEN DEL CARMEN

  
En la liturgia de la Orden Carmelita existe una Misa propia en honor a la Virgen del Carmen, que cuenta con un Prefacio donde se resalta el carácter de esta advocación como reina y patrona de la orden desde los tiempos de San Elías Profeta, y la protección dispensada a los verdaderos devotos de su santo Escapulario, impetrando a la Divina majestad que conduzca a su santo Reino a cuantos murieren piadosamente con esta insignia:
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutare, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui per nubem levem de mari ascendéntem, immaculátam Vírginem Maríam beáto Elíæ prophétæ mirabíliter præsignásti: éique cultum a fíliis prophetárum præstári voluisti. Quos áutem beáta Virgo, (in Missis votivis, omittitur verba hodiérna die) per sacrum Scapuláre in fílios dilectiónis assúmpsit, eódemque indútos ac pie moriéntes ad montem sanctum tuum quantócius perdúcere dignéris. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes: Sanctus, etc.
 
TRADUCCIÓN
Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que siempre y en todas partes te demos gracias, Señor Santo, Padre omnipotente y eterno Dios: Que por una nube luminosa que subía del mar, diste al bienaventurado Profeta Elías una señal anticipada de la Inmaculada Virgen María, y quisiste que los hijos de los profetas le rindiesen culto de veneración. A ellos, la Bienaventurada Virgen los toma (en Misas votivas, omitir las palabras el día de hoy) como hijos dilectos por el sagrado Escapulario, y a cuantos mueren piadosamente vestidos con el mismo, dígnate conducirlos a tu monte santo. Y por eso, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, junto con todo el ejército de la celestial milicia, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, etc.

SECUENCIA “Flos Carméli”, EN HONOR DE LA VIRGEN DEL CARMEN


Esta secuencia fue compuesta por San Simón Stock, está tomada del Misal de la Orden Carmelita, donde fue asignada a la Misa de Nuestra Señora del Monte Carmelo desde 1633 (desde el año 1300 hasta esa fecha, era la secuencia de la Misa de San Simón Stock). Las dos primeras estrofas de esta secuencia corresponden a la oración que este mismo Santo dirigiera a la Virgen, y cuya respuesta fue precisamente la entrega del Escapulario marrón.
   

LATÍN
Flos Carméli,
Vitis florígera,
Splendor cœli,
Virgo puérpera
Singuláris.
  
Mater mitis,
Sed viri néscia,
Carmelítis
Esto propítia,
Stella maris.
  
Radix Jesse
Gérminans flósculum,
Nos adésse
Tecum in sǽculum
Patiáris.
  
Inter spinas
Quæ crescis lilíum,
Serva puras
Mentes fragílium,
Tuteláris!
  
Armatúra
Fortis pugnántium,
Furunt bella,
Tende præsídium
Scapuláris.
 
Per incérta
Prudens consílium,
Per advérsa
Juge solátium
Largiáris.
 
Mater dulcis
Carméli dómina,
Plebem tuam
Reple lætítia
Qua beáris.
  
Parádisi
Clavis et Jánua,
Fac nos duci
Quo, Mater, glória
Coronáris.
Amen. Allelúja.

ORATIO
Deus, qui beatíssimæ semper Vírginis et Genetrícis tuæ Maríæ singulári título Carméli órdinem decorásti: concéde propítius; ut, cujus hódie Commemoratiónem sollémni celebrámus offício, ejus muníti præsídiis, ad gáudia sempitérna perveníre mereámur: Qui vivis et regnas cum Deo Patre, in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen. 

TRADUCCIÓN
Flor del Carmelo,
Vid florida,
Esplendor del cielo,
Tú eres singular
Virgen y Madre.
 
Madre dulce
Y de varón no conocida,
Con los Carmelitas
Muéstrate propicia,
¡Oh Estrella del mar!
  
Raíz de Jesé
Que la flor produce,
Concédenos
En este mundo
Servirte siempre.
  
Lirio que creces
Entre altas espinas,
Puras conserva
Las almas frágiles
Que en Ti confían.
 
Fuerte armadura
De los combatientes,
La guerra está arreciando:
Extiende el auxilio
De tu Escapulario.
  
En la incertidumbre
Danos prudente consejo,
En la desventura
Del Cielo impétranos
La Consolación.
 
Oh dulce Madre
Y Señora del Carmelo,
De aquella alegría
Que has obtenido
Llena a tus fieles.
 
Oh llave y puerta
Del Paraíso,
Haz que lleguemos
Ante quien, oh Madre, de gloria
Te ha coronado.
Amén, aleluya.

ORACIÓN
Oh Dios, que decoraste a la bienaventurada siempre Virgen y Madre tuya María con el singular título del Monte Carmelo, concédenos propicio a cuantos celebramos su memoria, que revestidos de su amparo merezcamos alcanzar el gozo sempiterno. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 25 de diciembre de 2017

“Lætabúndus exsúltet”, LA SECUENCIA QUE NUNCA DEBIÓ MORIR

  
Con la reforma del Rito Romano por San Pío V en 1570, muchas secuencias litúrgicas que se entonaban en varias diócesis de la Cristiandad occidental fueron obliteradas del Misal Romano, quedando solamente cuatro para uso general de todos los Ritos latinos:
  1. Víctimæ Pascháli Laudes, de la Misa de Pascua (aunque sin el verso «Credéndum est magis soli Maríæ veraci, Quam Judæórum turbæ falláci», no sabemos por qué).
  2. Dies Iræ, de los Fieles Difuntos y las Misas de Réquiem.
  3. Lauda Sion Salvatórem, de Corpus Christi.
  4. Veni Sancte Spíritus, de Pentecostés.
En 1727, el Papa Benedicto XIII restauró la prosa Stabat Mater Doloróssa de la fiesta de los Siete Dolores de Nuestra Señora. Sin embargo, hay secuencias que sobrevivieron hasta nuestros días: A modo de ejemplo, en el Rito Galicano encontramos Plange Sion, muta vocem (de la Misa de Desagravio al Santísimo Sacramento) e Índuant justítiam (de la Asunción). En el Misal Propio de la Diócesis de Barcelona y de la Orden Mercedaria está Pláudat agmen captivórum (de Nuestra Señora de la Merced), y en el Rito Dominico las prosas In cœlésti hierarchía (de Santo Domingo de Guzmán), Sanctitátis nova signa (de San Francisco de Asís), Virginális hórtuli (del Santísimo Rosario de Nuestra Señora) y Lætabúndus exsúltet, que es recitada en tres días:
  • Natividad del Señor (Misa del Día)
  • Epifanía.
  • Purificación de Nuestra Señora.
 
Esta última secuencia es una de las más antiguas todavía en uso (Dom Guéranger dice que data del año 1000), y tanto los dominicos como los carmelitas la recibieron del Misal de la Orden Premonstratense, que para entonces tenía un siglo de fundada. Hoy, exultantes por un año más celebrando el Nacimiento de Nuestro Salvador, queremos traérosla en su original y nuestra traducción.
  
 
SECUENCIA “Lætabúndus exsúltet”
  
LATÍN
Lætabúndus
Exsúltet fidélis chorus.
Allelúja.
 
Regem regum
Intáctæ profúdit thorus:
Res miránda.
 
Ángelus consílii
Natus est de Vírgine:
Sol de stella.
  
Sol occásum nésciens,
Stella semper rútilans,
Semper clara.
 
Sicut sidus rádium,
Profert Virgo Fílium,
Pari forma.
 
Neque sidus rádio,
Neque Mater Fílio,
Fit corrúpta.
 
Cedrus alta Líbani
Conformátur hýssopo,
Valle nostra;
  
Verbum ens Altíssimi
Corporári passum est,
Carne sumpta.
  
Isaías cécinit,
Synagóga méminit,
Númquam tamen désinit
Esse cæca.
  
Si non suis Vátibus,
Credat vel gentílibus;
Sibyllínis vérsibus
Hæc prædícta.
  
Infélix, própera,
Crede vel vétera:
Cur damnáberis,
Gens mísera?
 
Quem docet líttera,
Natum consídera:
Ipsum génuit Puérpera.
Allelúja.
 
TRADUCCIÓN
Lleno de alegría
Exulte el coro de los fieles,
Aleluya.
 
El seno de la Virgen inigualable
Dio a luz al Rey de reyes.
¡Admirable misterio!
 
El Ángel del Buen Consejo
Ha nacido de la Virgen,
El Sol nació de la Estrella.
 
Sol que no conoce ocaso,
Estrella siempre rutilante,
Siempre clara.
 
Como la estrella produce al rayo,
La Virgen tuvo al Hijo
De la misma manera.
 
Ni la estrella por el rayo,
Ni la Madre al tener a su Hijo,
Padecen menoscabo alguno.
 
El gran cedro del Líbano
Toma la forma del bajo hisopo
En nuestro valle,
 
Y el Verbo del Altísimo
Se ha encerrado a sí mismo
Al asumir la carne.
 
Isaías lo profetizó
Y la Sinagoga lo sabía,
Mas nunca desistió ella
De su ceguera.
 
Si no a tus profetas,
Al menos a la gentilidad cree;
Pues los versos de la Sibila
Predijeron acerca de esto.
 
Infeliz, apréstate,
Créele a los antiguos.
¿Por qué perecer del todo,
Oh pueblo miserable?
 
Aquel que anunciaron las Escrituras
Ha nacido:
Es el Hijo de la Virgen-Madre.
Aleluya.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

EN LA CLAUSURA DEL 500º ANIVERSARIO DE SANTA TERESA DE JESÚS

  
Este año, que bien llamamos “Oración y Creencia”, era también era el 500º aniversario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, reformadora de la orden Carmelita. Y queremos concluirlo con un homenaje sencillo pero devoto:
  
Por concesión particular a los Carmelitas (cuyo Misal y Breviario fueron protegidos por Quo Primum Témpore en razón de su antigüedad, aunque los Carmelitas descalzos se decantaron por el Rito Romano), les fue permitido tener sendos prefacios propios para Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. El prefacio de Santa Teresa (15 de Octubre -día de su festividad-, 27 de Agosto -Transverberación del corazón-, y 13 de Julio -Traslación de sus reliquias al convento de la Anunciación en Alba de Tormes-) rememora especialmente la Transverberación de su corazón, el Desposorio místico con Jesús nuestro Señor, y su muerte gloriosa, y reza así:
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. Qui beátam Terésiam Sanctórum sciéntia ac divínæ caritátis ardóre muneráre: et Ángeli visióne, ígnito jáculo præcórdia ejus transverberántis, veheméntius inflammáre, eámque sibi spiritáli connúbio sociátam, data déxtera, significáre dignátus est. Quo caritátis incéndio, dum beátæ Terésiæ vita consúmitur, spíritus ejus colúmbæ specie egredi visus, sublímen cœléstis glóriæ gradum conscéndit. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes.

TRADUCCIÓN
Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor. Que se dignó dotar a la bienaventurada Teresa con la sabiduría de los Santos y con ardiente caridad divina, inflamarla aún más con la visión de un Ángel cuando traspasó su corazón con una saeta encendida; y darle su mano derecha para testificar el matrimonio espiritual entre ambos. Y cuando la vida de la bienaventurada Teresa fue consumida por el incendio de la divina caridad, su alma fue vista salir en forma de paloma, y elevarse hasta las alturas de la Gloria celestial. Y por eso, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar.
  
Y en el prefacio de San Juan de la Cruz (24 de Noviembre -día de su festividad-, y 21 de Mayo -Traslación de reliquias desde Úbeda hacia Segovia-), es de resaltar la referencia a sus obras Subida al Monte Carmelo y Noche Oscura del Alma.
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. Qui beátum Joánnem Confessórem tuum, divinárum rerum perfúsum, et exímio patiéndi desidério succénsum, præclárum nobis Doctórem et exémplar dedísti. Ipsum enim, per montis ascénsum noctísque calíginem ad contemplatiónis vérticem sublimásti; atque spiritáli tibi fœdére sociátum, viva tui amóris flamma mirífice adussísti: ut, rutilánte ejus sapiéntiæ lúmine, nostras quóque tenébras irradiáres. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes.

TRADUCCIÓN
Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor. Que nos diste al bienaventurado Juan, tu confesor, impregnado con la luz de las cosas divinas, e inflamado con el deseo de padecer, como preclaro Doctor y ejemplo. Tú lo condujiste, por la subida al monte y la noche oscura, a la cima de la contemplación; y admirablemente lo consumiste, asociándole contigo por una alianza espiritual, con la llama del amor divino: para que por la luz de su sabiduría ilumines también nuestra oscuridad. Y por eso, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar.