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lunes, 24 de noviembre de 2025

ADVERTENCIA A LOS QUE PRETENDEN REVELACIONES Y PROFECÍAS


«No es voluntad de Dios que las almas pretendan recibir por vía sobrenatural cosas distintas de visiones, locuciones, etc. Por otra parte sabemos que se usaba el dicho trato con Dios en la ley vieja, y era lícito, y no solo lícito, sino que Dios se la mandaba, y cuando no lo hacían, se lo reprendía Dios, como se ve en Isaías, donde reprende Dios a los hijos de Israel porque, sin preguntárselo a Él primero, pensaban descender en Egipto, diciendo: «Qui ambulátis ut descendátis in Ægýptum et os meum non interrogástis»: No preguntasteis primero a mi misma boca lo que convenía (Is. XXX, 2). Y en Josué leemos que, siendo engañados los mismos hijos de Israel por los gabaonitas, les nota allí el Espíritu Santo esta falta, diciendo: «Suscepérunt de cibáriis eórum er os Dómini non interrogavérunt»; Recibieron de sus manjares, y no lo preguntaron a la boca de Dios (Jos. IX,14).

Y así, vemos en la divina Escritura que Moisés siempre preguntaba a Dios, y el rey David y todos los reyes de Israel para sus guerras y necesidades, y los sacerdotes y profetas antiguos, y Dios respondía y hablaba con ellos, y no se enojaba; y era bien hecho, y si no lo hicieran, fuera mal hecho; y así es la verdad. ¿Por qué pues ahora en la ley nueva y de gracia no lo será, como antes lo era? A lo cual se ha de responder que la principal causa por que en la ley vieja eran lícitas las preguntas que se hacían a Dios, y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen visiones y revelaciones de Dios, era porque entonces aún no estaba tan fundamentada la fe, ni establecida la ley evangélica; y así era menester preguntasen a Dios y que Él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y semejanzas, ahora en otras muchas maneras de significaciones; porque todo lo que respondía, hablaba y revelaba, eran misterios de nuestra fe, o cosas tocantes o enderezadas a ella; por cuanto las cosas de fe no son del hombre, sino de boca del mismo Dios, las cuales Él por su misma boca habló.

Por eso era menester que (como hemos dicho) preguntasen a la misma boca de Dios, y por eso los reprendía cuando no lo hacían, para que Él les respondiese, encaminando sus casos y cosas a la fe que aún ellos no tenían sabida. Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para que preguntarle de aquella manera, ni para que Él hable y responda como entonces; porque en darnos como nos dio a su Hijo, que es una palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola palabra, y no tiene más que hablar. Y este es el sentido de aquella autoridad con que San Pablo quiere inducir a los hebreos a que se aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios de la ley de Moisés, y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo: «Multifáriam múltisque modis olim Deus lóquens Pátribus in Prophétis novíssime diébus istis locútus est nobis in Fílio suo»; Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y maneras, ahora a la postre en estos días nos lo ha hablado en su Hijo todo de una vez (Hebr. I, 1-2).

En lo cual da a entender el Apóstol que ya Dios ha dicho tanto en esto, que no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas, ya lo ha hablado en el todo, dándonos al todo, que es su Hijo; por lo cual, el que ahora quisiese preguntar á Dios, o querer alguna visión o revelación, parece que haría agravio a Dios, no poniendo totalmente los ojos en Cristo sin querer otra alguna cosa o novedad. Porque le podía Dios responder diciendo: Ya te tengo habladas todas las cosas en mi palabra, que es mi Hijo; pon los ojos solo en Él, porque en Él te lo tengo dicho todo y revelado todo, y hallarás en Él aun más de lo que deseas y pides. Porque tú pides locución o revelación o visión en parte, y si pones en Él los ojos, lo hallarás en todo; porque Él es toda mi locución y respuesta, y es toda mi visión y revelación; la cual os he ya hablado, respondido, manifestado y revelado, dándooslo por hermano, maestro, compañero. precio y premio. Ya yo yo bajé con mi Espíritu sobre Él en el monte Tabor, diciendo: «Hic est Fílius meus diléctus, in quo bene complácui; ipsum áudite» Este es mi amado Hijo, en que me complací a mí; a Él oíd (Mt. XVII, 5).

No hay que buscar nuevas maneras de enseñanzas y respuestas; que si antes hablaba, era prometiendo a Cristo, y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien (como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles); mas ahora el que me preguntase de aquella manera, y quisiese que yo le hablase o algo le revelase, era en alguna manera no estar contento con Cristo; y así, haría mucho agravio a Mi amado Hijo. Teniéndole, no hallarás que pedirme ni que desear de revelaciones o visiones; míralo tú bien, que ahí lo hallarás ya hecho y dado todo eso, y mucho mas en Él.

Si quisieres que te responda yo alguna palabra de consuelo, mira a mi Hijo obediente a Mí y afligido por mi amor, y verás cuántas te responde. Si quisieres que te declare Dios algunas cosas ocultas o casos, pon solo los ojos en Él, y hallarás ocultísimos misterios, sabiduría y maravillas de Dios, que están encerradas en Él, según mi Apóstol dice: «In quo sunt omnes thesáuri sapiéntiæ et sciéntiæ abscónditi»; En él están escondidos todos los tesoros de sabiduría y ciencia de Dios (Col. II, 3).

Los cuales tesoros de sabiduría serán para ti muy mas altos, sabrosos y provechosos que las cosas que tú querías saber; que por esto se gloriaba el mismo Apóstol, diciendo que no sabía otra alguna cosa sino a Jesucristo, y Éste crucificado; «Non enim judicávi me scire áliquid inter vos, nisi Jesum Christum, et hunc crucifíxum» (1.ª Cor. II, 2). Y si también quisieres otras visiones o revelaciones divinas o corporales, mírale a Él también humanado, y hallarás mas en eso de lo que piensas. Que también dice de Él San Pablo: «In Christo inhabítat omnis plenitúdo divinitátis corporáliter»; En Cristo mora toda plenitud de divinidad corporalmente (Col. II, 9).

No conviene pues ya preguntar a Dios de aquella manera, ni es necesario que ya hable; pues habiendo hablado en Cristo, no hay más que desear; y quien quisiere recibir ahora por vía sobrenatural extraordinaria algunas cosas, sería como notar falta en Dios, que no había dado todo lo bastante en su Hijo, como está dicho, porque, aunque lo haga, suponiendo la fe y creyéndola, todavía es curiosidad de menos fe: de donde no hay que esperar con esta curiosidad doctrina, ni otra cosa por vía sobrenatural; porque a la hora que Cristo dijo en la cruz cuando espiró: «Consummátum est», acabado es (Jn. XIX, 30); no solo se acabaron esos modos, sino también todas las ceremonias y ritos de la ley vieja; y así, en todo nos hemos de guiar por la doctrina de Cristo, de su Iglesia y de sus ministros, y por esa vía remediar nuestras ignorancias y flaquezas espirituales, que para todo hallaremos por este camino abundante medicina; y lo que de él saliere y se apartare, no solo es curiosidad, sino mucho atrevimiento, y no se ha de creer cosa por vía sobrenatural, sino solo lo que dijere con la enseñanza de Cristo, Dios y hombre, y de sus ministros; tanto, que dijo San Pablo: «Sed licet Ángelus de cœlo evangélizet vobis præter quam quod evangelizávimus vobis, anathéma sit»; Si algún ángel del cielo os evangelizare fuera de lo que nosotros evangelizamos, sea maldito y descomulgado (Gál. I, 8).

De donde pues es verdad que se ha de estar en lo que Cristo nos enseñó, y todo lo demás es nada, ni se ha de creer sino conformarse con ello; en vano anda el que quiere ahora tratar con Dios al modo de la ley vieja; cuanto mas, que no le era lícito a cualquiera de aquel tiempo preguntar a Dios, ni Él respondía a todos, sino a los sacerdotes y profetas solos, que eran de cuya boca el vulgo había de saber la ley y la doctrina; y así, si alguno quería saber algo de Dios, por el profeta o por el sacerdote lo preguntaba, y no por sí mismo».

SAN JUAN DE LA CRUZSubida del monte Carmelo, lib. 2.º, cap. XXII. Barcelona, Juan Roca y Hnos., 1883, págs. 156-160.

viernes, 23 de mayo de 2025

EL AFÁN NEOIGLESIANO POR FALSOS “MILAGROS”

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
¿De Cristo o de satanás?
La Iglesia Novusordita, siendo una secta apóstata y muy ciertamente NO la Iglesia Católica, ha estado yendo recientemente a todo gas para adjudicarse falsos “milagros” a fin de engañar a fieles e infieles.
Nuestro Señor y San Pablo en la Escritura advirtieron claramente a los fieles que tales engaños, basados en mentiras, son obra del diablo y no de Dios.
   
«Queridos Padres de TRADITIO: Parece que la Neoiglesia ha experimentado recientemente una oleada de supuestos “milagros eucarísticos”. ¿Cómo puede una secta falsa como lo es la Iglesia Sinodal Novusordita ser fuente de milagros? ¡Podría decirse que los hindúes, adoradores del dios elefante, los producen! Al fin y al cabo, la Nueva Iglesia ni siquiera tiene una misa válida (el servicio del Nuevo Orden es una invención judeo-protestante) y tiene un clero falso compuesto por presbíteros no ordenados, inválidos, como ministros protestantes. Sin una Misa válida o sacerdotes ordenados en el Sacramento de las Órdenes Sagradas para celebrarla, no puede haber “eucaristía”, mucho menos “milagro eucarístico”, ¿cierto?» (John). 

RESPUESTA DE LOS PADRES DE TRADITIO: Tienes razón en todos los aspectos. Lo que estás oyendo es una especie de engaño, de ocultismo modernista, que ha estado propagándose desde el Anticoncilio Vaticano II (1962-1963) en la forma de “milagros, apariciones y visiones”. La explicación es sencilla: Nuestro Señor Jesucristo, el Apóstol San Pablo, y muchos Santos nos advirtieron que tales engaños son satánicos. Muchísimos católicos están tan confundidos en el estado presente de la Iglesia que se inclinan a cualquier cosa, y por ende se inclinan incluso a lo diabólico. La Iglesia Conciliar, que no tiene “eucaristía”, no puede producir un “milagro eucarístico”, como tampoco puede producirlos la secta luterana o la secta hindú adoradora del dios elefante. Creerlo sería ilógico y ridículo.

PRIMERO, DEBE ACLARARSE QUE LOS MILAGROS, LAS APARICIONES Y LAS VISIONES DE LOS ÚLTIMOS DÍAS, AUNQUE SEAN VERDADERAS, NUNCA SON PARTE DE LA REVELACIÓN PÚBLICA DE LA IGLESIA, Y NADA EN ELLOS ES NECESARIO PARA NUESTRA SALVACIÓN, NI ESTAMOS OBLIGADOS POR ELLOS COMO LO ESTAMOS POR LA REVELACIÓN PÚBLICA DE LA IGLESIA.
    
De hecho, son mucho más propensos a ser diabólicos que dignos de fe. Todo lo necesario para nuestra salvación está contenido en la Revelación Pública de la Iglesia, es decir, el Depósito de la Fe: la Sagrada Escritura (la Biblia) y la Sagrada Tradición, que concluyó con la muerte del último de los Apóstoles, San Juan. Ha sido el dogma constante de la Iglesia que ningún católico está obligado a dar crédito a ninguna supuesta revelación, sino solo a lo que contiene la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición Apostólica.
   
Nuestro mismo Señor Jesucristo nos advirtió que los falsos “milagros” pueden ser utilizados por Satanás para engañar:
«Aparecerán falsos Cristos y falsos profetas, y harán alarde de grandes maravillas y prodigios, de manera que aun los escogidos, si posible fuera, caerían en error» (San Mateo XXIV, 24/Versión de Mons. Félix Torres Amat).
  
San Pablo advirtió:
«Y entonces se dejará ver aquel perverso, a quien el Señor Jesús matará con el resuello o el sólo aliento de su boca, y destruirá con el resplandor de su presencia a aquel inicuo que vendrá con el poder de Satanás, con toda suerte de milagros, de señales y de prodigios falsos, y con todas las ilusiones que pueden conducir a la iniquidad a aquellos que se perderán, por no haber recibido y amado la verdad a fin de salvarse. Por eso Dios les enviará o permitirá que obre en ellos el artificio del error, con que crean a la mentira, para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la maldad o injusticia» (2.ª Tesalonicenses II, 8-12/Versión de Mons. Félix Torres Amat).

San Juan de la Cruz, el mayor místico de la Iglesia, advirtió:
«El deseo de las revelaciones priva la fe de su pureza, desarrolla una curiosidad peligrosa que se convierte en una fuente de ilusiones, llena el alma de fantasías vanas, y frecuentemente demuestra falta de humildad y de sumisión a Nuestro Señor, El cual, a través de su revelación pública [Sagrada Escritura y Sagrada Tradición], ha dado todo lo que es necesario para la salvación. Debemos sospechar de aquellas apariciones que carecen de dignidad o la debida reserva, y sobre todo, de aquellas que son ridículas. Esta última característica es una marca de maquinación humana o diabólica. Alejaos de las visiones, apariciones y milagros tanto como podáis. Tened cuidado con las visiones, aun cuando sean verdaderas» (Citado por Benedicto XIV). 

lunes, 23 de septiembre de 2024

“TUCHO”: «SANTA TERESITA ERA LUTERANA» (Todo vale para defender a Međugorje y seguirle sacando dinero).


Durante la rueda de prensa presentando la vaticana “aprobación sin aprobar” del ‘Fenómeno de Međugorje’, cuyos únicos frutos visibles son EL DINERO Y LA DESOBEDIENCIA A LA IGLESIA Y SU JERARQUÍA (¿è vero, Chiara Amirante que le arrancaste a Bergoglio su «Yo salvé a Međugorje» para su oenegé de ella “Comunidad Nuevos Horizontes” y sus instalaciones costosas; provincia franciscana de Herzegovina en guerra con la Diócesis de Mostar y que llegaste a tener acciones y parte en la junta directiva de tres bancos croatas y bosniocroatas; y Paolo Brosio Marcacci que haces dinero con Međugorje después que no pudiste hacerlo más con las discotecas? Después de todo, el difunto Henryk Franciszek Hoser Zabłoński SAC y su sucesor Aldo Cavalli habían sido enviados allá solo para “cuestiones pastorales de la parroquia de San Santiago”…), el prefecto bergogliano de la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel “Tucho” Fernández Martinelli, arremetió contra la espiritualidad carmelita, especialmente San Juan de la Cruz y Santa Teresita del Niño Jesús, en un intento de justificar los “mensajes” de la “Gospa”.

El vídeo, publicado en Twitter por Silére non possum, capta las siguientes palabras, que traducen lo siguiente:
«Algunos podrá todavía cuestionar esta elección de darle un nulla obsta general a los textos [mesoropolitanos], diciendo que si hay tantos textos doctrinalmente clarísimos que se pueden leer, ¿por qué leer estos mensajes poco precisos?, ¿no era mejor prohibirlos? Pero si hacemos así, ¿no estaríamos con muy poco para leer, incluso de autores espirituales más conocidos? ¿O nos quedarían solo textos muy precisos, pero con un gran empobrecimiento de la amplia riqueza espiritual de la Iglesia? Considerad que si tuviéramos que prohibir, por ejemplo, los textos de Santa Catalina de Siena, de Santa Teresita de Lisieux, o incluso de San Juan de la Cruz. Permitidme dar dos ejemplos:
   
El poema Llama de amor viva, de San Juan de la Cruz —que yo admiro, ¿eh?—, seguid este razonamiento. Dice textualmente: “mi alma en el más profundo centro, es su más pura e íntima sustancia”. El centro es la sustancia íntima del alma. Pero luego dice: “El infinito centro de la sustancia del alma”. Ya tenemos un problema, ¿no? Decir que el centro del alma es infinito. Pero luego dice una cosa aún más problemática, textualmente: “Este centro del alma es Dios”. Este centro, esta sustancia del alma es Dios. Si no se interpretan adecuadamente estos textos del santo doctor, lo haría a uno pensar que la sustancia del alma es Dios mismo, ¿no? ¿Parece un lenguaje preciso que no produce confusión?
   
Otro ejemplo, Santa Teresita. Santa Teresita, textualmente, dice: “No me apoyo en mis méritos, visto que no tengo ninguno —No tengo ninguno, ningún mérito—. Espero en Aquel que es la Virtud y la Santidad. Sólo Él, me elevará hasta Él y me cubrirá con sus méritos”. Este lenguaje, así, es luterano, ¿eh? Así, aislado del contexto, es luterano, ¿no?».
El poema “Llama de amor viva”, escrito por San Juan de la Cruz en quince días a petición de su dirigida Ana de Peñalosa, critica a los pseudodirectores espirituales, reafirmando contra ellos la primacía de la gracia y la contemplación divina sobre la acción y la meditación humana. Y Santa Teresita, en el manuscrito “A” de su “Historia de un alma”, reconoce que ella no pone su confianza en sus propios méritos adquiridos por sus propias obras sino en la gracia de Dios, que la ha elevado hacia la santidad e inspirado esas obras, lo cual, lejos de ser protestante, es plenamente ortodoxo y la misma liturgia lo dice toda vez que en varias oraciones se pide a Dios, bien que «et adjícias quod orátio non præsúmit» [de añadir por tu cuenta lo que la oración no osa pedir] (Misal Romano tradicional, Oración colecta del Domingo XI después de Pentecostés), bien «ut, quod nostris méritis non valémus, ejus patrocínio assequámur» [que por el patrocinio de tu santo consigamos lo que no podemos por nuestros méritos] (Misal Romano tradicional, Oración colecta del Común de los Santos Abades) o que «ut, qui nostræ justitiæ fidúciam non habémus, eórum, qui tibi placúerunt, méritis adjuvémur» [ellos, cuyos méritos Te fueron agradables, nos ayuden a cuantos no confiamos en nuestra justicia] (Misal Romano tradicional, Oración secreta de la Misa I del Común de los Santos Mártires fuera del tiempo pascual, Misa I), o el propio sacerdote diciendo: «et me fámulum tuum, quem, nullis suffragántibus méritis, sed imménsa cleméntiæ tuæ largitáte cœléstibus mystériis servíre tribuísti» [y a mí, siervo tuyo, que, no valido por mis méritos sino por tu inmensa clemencia, generosamente me concediste servir tus celestiales misterios] (Misal Romano tradicional, Oraciones diversas, Oración colecta por el propio sacerdote). E incluso, la Oración sobre el Pueblo de la Misa del V Domingo después de Pentecostés en los antiguos sacramentarios (y de la cual los modernistas han tomado para Oración sobre el Pueblo n. 22 en la 3. edición típica del Misal montini-bugniniano) dice: «ut quod méritis non præsúmit, indulgéntiæ tuæ largitáte percípiat [que sin presumir de nuestros méritos, nuestros ruegos obtengan tu misericordia]. Cosas que “Tucho” o no prestó atención, o no le enseñaron ni en el Seminario Mayor de Córdoba donde estudió para ser presbítero, ni en la jesuítica Pontificia Universidad Gregoriana donde se licenció en Teología bíblica, mucho menos en la Universidad Católica de Argentina donde hizo doctorado en Teología con una tesis sobre la relación entre conocimiento y vida en San Buenaventura y cuyo rector fue gracias a su amigazo Bergoglio y a pesar de las objeciones de la otrora Congregación para la Doctrina de la Fe en tiempos ratzingerianos.
  
Cuestionado por Infovaticana, “Tucho” (quien años atrás dijo: «con los criterios actuales habrían expulsado incluso a San Luis Gonzaga y a los más grandes santos de nuestras estructuras») quiso aclarar que él le explicó cuidadosamente a los periodistas que los “mensajes” de la “Gospa” se deben comprender en su contexto. «Y que si no las ponemos en su contexto, también las frases de los doctores de la Iglesia se pueden entender mal, como por ejemplo en los casos de san Juan de la Cruz y Santa Teresita. Y finalmente aclaré que el Papa en su exhortación había explicado bien el sentido correcto de esa expresión de Santa Teresita», aludiendo a “C’est la confiance” (en latín “Est útique fidúciæ”), la exhortación publicada en ocasión del sesquicentenario (150.º aniversario) del nacimiento de la santa de Lisieux.

Acto seguido, aprovechó para señalar que ella «es la santa que más amo y fui párroco precisamente de la parroquia Santa Teresita». “Tucho” había sido párroco de Santa Teresita del Niño Jesús en Río Cuarto (Argentina) entre 1993 y 2000.

viernes, 31 de mayo de 2024

ESPIRITUALIDAD QUE HUYA DE LA CRUZ, NO ES BUENA


«Todo espíritu que quiera ir por dulzuras y facilidad, y huye de imitar a Cristo, yo no lo tendría por bueno» (SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida del monte Carmelo, cap. VII. Barcelona, Juan Roca y Hnos., 1883, pág. 82).

sábado, 6 de abril de 2024

LAS APARICIONES EN EL MUNDO DE HOY, ¿QUÉ HACER?

    
Sermón predicado por el Rvdo. P. (hoy Obispo) Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, el domingo 2 de Noviembre de 2014. Forma parte del sermón predicado el Jueves infraoctava de Pascua 4 de Abril de 2024 (arriba):
LAS APARICIONES EN EL MUNDO DE HOY, ¿QUÉ HACER? 
    
Queridos hijos:
  
Quería hablarles de un tema que me parece bien importante por tantas cosas que suceden. De no tener claridad en estas cosas, ellas servirían para seguir oscureciendo y confundiendo en esta realidad que nos toca vivir; y agravarían la crisis que soportamos. Me refiero a las apariciones, o supuestas apariciones, mensajes, locuciones, etc.
   
Estas cosas pululan aun entre nosotros los llamados “tradicionalistas”. A veces nuestros fieles se mantienen dentro de todo ese mundo, con el riesgo de “los engaños del diablo” que allí puede haber, y con el riesgo de descuidar la Fe.
    
En estos temas, hay que dar toda la primacía a la Sagrada Escritura y sus profecías (“profecías de la Revelación Pública”), y podemos decir que “con eso nos basta”.
  
(Cuerpo 1: Palabras de San Juan de la Cruz)
Para que se les graben bien las enseñanzas, no hablaré yo: Dejemos el lugar a un sacerdote, “que además” es santo, “que además” es Doctor de la Iglesia (por la excelencia de sus enseñanzas), “que además” es un místico (y por lo tanto conocedor o con experiencia en estos temas). Estamos hablando de San Juan de la Cruz. Su libro más famoso, “SUBIDA DEL MONTE CARMELO”, Libro II, Capítulo 11. Les leeré extractos:
“(...) acerca de la vista, [a algunos] se les suele representar figuras y personajes de la otra vida, de algunos santos, y figuras de ángeles, buenos y malos, y algunas luces y resplandores extraordinarios. Y con los oídos oír algunas palabras extraordinarias, ora dichas por esas figuras que ven, ora sin ver quién las dice (nota: se refiere a locuciones, revelaciones, o escrituras que se reciben o que “mueven la mano” en el papel). En el olfato, sienten a veces olores suavísimos sensiblemente, sin saber de dónde proceden... 2. (…) [en cuanto a las anteriores cosas] totalmente han de huir de ellas, sin querer examinar si son buenas o malas. Porque así como son más exteriores y corporales, así tanto menos ciertas son de Dios….
3. Y así, yerra mucho el que las tales cosas estima, y en gran peligro se pone de ser engañado… porque todas aquellas cosas corporales no tienen, como habemos dicho, proporción alguna con las espirituales.
    
Y así, siempre se han de tener las tales cosas por más cierto ser del demonio que de Dios
4. (…) [Estas cosas son] ocasionadas para criar error y presunción, y vanidad en el alma… y [el alma] se va tras ello, desamparando la Fe… y pierde más el camino y medio que es la Fe, cuanto más caso hace de las tales cosas.
5. Y, además de eso, como ve el alma que le suceden tales cosas y extraordinarias, muchas veces le nace [1] secretamente cierta opinión de sí, de que ya es algo delante de Dios, lo cual es contra la humildad. Y también el demonio sabe ingerir en el alma satisfacción de sí oculta, y a veces harto manifiesta. Y, por eso, él pone muchas veces estos objetos en los sentidos, mostrando a la vista figuras de santos, y resplandores hermosísimos, y palabras a los oídos… y olores muy suaves, y dulzuras en la boca, y en el tacto deleite, para que, engolosinándolos por allí, los induzca en muchos males.
    
Por tanto, SIEMPRE SE HAN DE DESECHAR tales representaciones y sentimientos, porque, dado caso que algunas sean de Dios, no por eso se hace a Dios agravio ni se deja de recibir el efecto y fruto que quiere Dios por ellas hacer al alma…
7. (…) Por tanto, el alma nunca se ha de atrever a quererlas admitir… en quererlas admitir abre la puerta al demonio para que le engañe en [cosas] semejantes, las cuales sabe él muy bien disimular y disfrazar, de manera que se parezcan a las buenas
8. Por tanto, siempre conviene al alma desecharlas A OJOS CERRADOS, sean de quién fueren. Porque, si no lo hiciese, tanto lugar daría a las del demonio… de tal manera irían multiplicándose las del demonio y cesando las de Dios, que todo se vendría a quedar en demonio y nada de Dios; como ha acaecido a muchas almas incautas y de poco saber
12. (…) el demonio gusta mucho cuando una alma quiere admitir revelaciones y la ve inclinada a ellas, porque tiene él entonces mucha ocasión y mano para ingerir errores y derogar en lo que pudiere a la Fe…”.
(Cuerpo 2: ¿Cuál debe ser la actitud del católico frente a las revelaciones “privadas”?)
La Tradición (revelación oral) y la Sagrada Escritura (revelación escrita) constituyen el “Depósitum Fídei” (el Depósito de la Fe), el conjunto de enseñanzas y verdades dadas por Dios. Se le llama también “Revelación Pública”. Y se cerró y acabó con la muerte del último de los apóstoles: San Juan. Esto, la Fe, debe ser la vida del católico, “lo más principal”. Porque todo católico SE DEBE APOYAR EN LA FE, EN LA FE CATÓLICA, la cual en general se daña si uno está detrás de apariciones, etc, etc. Lo acabamos de oír por boca de San Juan de la Cruz.
   
Las apariciones, mensajes, etc, constituyen lo que se llama revelaciones “privadas”. Y en éstas se pueden dar muchas falsas, y se puede caer fácilmente en engaños del diablo. Aquí en Colombia hay muchísimas, “por todos lados”.

¿Cuál debe ser la actitud de un católico frente a las revelaciones “privadas”?
   
Uno no puede negar que Dios puede dar apariciones verdaderas: Dios puede dar estas cosas. Pero el católico tiene que ser consciente de que hay muchísimas falsas, y cómo se prestan éstas para que el diablo engañe y haga daño. El texto de San Juan de la Cruz es muy fuerte.
    
Entonces: Sin negar que estas cosas se pueden dar de parte de Dios, ser más bien bastante esquivo y reticente con las apariciones, más bien no dejarse llevar por ellas (porque además, estrictamente, no las necesitamos).
   
Con mayor razón se debe seguir este consejo hoy en día, en que el diablo anda “tan suelto”, “engañando tanto”. Con mayor razón hoy, que la falta de luz y de claridad es tan grande (“niebla tan espesa que casi se puede tocar con la mano”).
     
Saben cuánto he insistido sobre estas cosas en años anteriores. Un ejemplo (del año pasado): En nuestro propio barrio, a pocas cuadras, las supuestas apariciones-revelaciones de la Virgen. En el librito que han editado había “recetas”: Si tiene problemas digestivos, escriba en un papel “Jesús” y coma dicho papel (!). Otro caso: Hierva 10 minutos (?) una medallita de la Virgen y luego tome dicha agua (!). Lo penoso y triste es que –según parece– aun feligreses iban allí. Este ejemplo es más burdo, pero, en lo esencial, el problema es siempre el mismo con las supuestas apariciones, aun si éstas son más sutiles o refinadas.
    
(Cuerpo 3: Nuevas apariciones, “LAS CRUZADAS DEL ROSARIO” de Mons. Fellay, la mensajera)
En estas semanas, muchos (o varios) de ustedes han estado al tanto o han leído sobre las supuestas apariciones de la Virgen (creo son desde el año 2000), sobre su mensaje, sobre las Cruzadas del Rosario de Mons. Fellay, la mensajera, etc.
    
La primera Cruzada del Rosario que pidió Mons. Fellay, en el año 2006, tenía como “primera intención” obtener que Benedicto XVI libere la Misa de siempre. Esto no se obtuvo y lo que ocurrió fue peor.
    
Creemos que estas apariciones son falsas, por lo menos por lo ocurrido con la Misa y el Motu Proprio de Benedicto XVI. Y porque la Virgen María (la verdadera Virgen María) no podría apoyar o respaldar algo así. Además, no podemos sostener que Benedicto XVI cumplió con aquello de liberar la Misa Tridentina con su Motu Proprio.
    
Benedicto XVI, en dicho documento, establece como regla para la Iglesia Católica (“rito ordinario”) la “misa moderna”, una “misa” que en sus textos y en sus ritos tiene errores que dañan la Fe, una “misa” que tiene riesgo de invalidez, una “misa” protestantizada y protestantizante, una “misa” que niega el Sacrificio de la Cruz o lo oculta (y en vez de ello es: “La Cena del Señor”). Benedicto XVI, con su Motu Proprio, además da legitimidad a la “misa moderna”. Mons. Lefebvre usaba una expresión bien fuerte para expresarse sobre ella, la llamaba “misa bastarda”.
     
¿Y qué pasó con “nuestra” Misa? En ese mismo documento, Benedicto XVI llama a la verdadera Misa, a la Misa de siempre, “el rito extraordinario”. Con lo cual la regla pasa a ser la otra, y ésta –la verdadera– es una excepción, “rito extraordinario”.
 
“Padre, pero Benedicto por lo menos dejó libre la verdadera Misa, la liberalizó”. Esto es falso:
  • Primero, porque Benedicto XVI, en el documento, no manifestó la absoluta libertad que tiene cualquier sacerdote para que celebrarla cuando quisiere, tanto en forma pública como en forma privada.
  • Segundo, porque en las parroquias la dejó librada a los permisos y reglamentaciones de los obispos (en los horarios públicos de la parroquia); frente a lo cual, la casi totalidad de los obispos del mundo han puesto mil trabas y hasta han perseguido a los sacerdotes interesados (y ni entremos en el tema de que –además– la ordenación sacerdotal “moderna” tiene riesgo de invalidez, con lo cual sería “estar gastando pólvora en chimango”).
Por eso, volviendo a estas apariciones, las Cruzadas, etc: Si en estas apariciones, la supuesta Virgen María ha apoyado esto del Motu Proprio, decimos: Ésta no es una aparición verdadera, no es algo que viene del Cielo, allí no está la Virgen María.
    
Sobre el tema, en general, de las apariciones: Uno puede seguir las que han sido aprobadas por la Iglesia. En la aparición mencionada, se habla asimismo de “la consagración de Rusia”: Así como se la ha presentado (en otras ocasiones; diferentes personas), eso no es así, o no es tan así. Pero hoy no entro en este tema.
    
(Conclusión)
Todo ese mundo de mensajes, locuciones, apariciones, pueden llevar a errores, males, cosas graves. Debilitan nuestra Fe –como dice San Juan de la Cruz–.
    
La vida del católico debe ser la Fe y las obras de esa Fe, es decir la Caridad. El Depósito de la Fe, nuestra Santa Religión, deber ser suficiente para nosotros, ¡para todo católico!
    
Y si en épocas “normales” (pongamos, sin aclarar mucho: como las de San Juan de la Cruz) uno debía ser precavido y más bien guardar distancia con estas cosas: Con mucha mayor razón hoy, en épocas de crisis como las que vivimos, donde todo está tan mezclado, donde todo está tan “revuelto”, no hay mucha luz, y donde la poca luz que hay puede ser opacada por las falsas apariciones.
   
Terminamos la prédica con un gran pedido a Dios y a María Santísima, para que en todo esto que padecemos, la crisis de la Iglesia y la crisis interna de la Fraternidad San Pío X, ELLOS PERMITAN QUE HAYA MÁS LUZ. Que nuevos hechos o “dichos” nos permitan tener más luz, para tantos buenos sacerdotes, para tantos buenos feligreses, por las almas buenas.
  
AVE MARÍA PURÍSIMA.

NOTA
[1] Literalmente decía “se le ingiere”.

martes, 3 de enero de 2023

LOS APARICIONISTAS APARTAN SUS OJOS DE CRISTO, REVELACIÓN DE DIOS PADRE


«Lo que Dios hablaba en partes a los profetas, ya lo habló en el todo, dándonos al todo, que es su Hijo: por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, parece que haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer alguna otra cosa o novedad» (SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida del Monte Carmelo, libro segundo, cap. XXII).

viernes, 24 de septiembre de 2021

VEINTICUATRO DE MES, EN HONOR A SAN JUAN DE LA CRUZ

Tomado del libro “Devocionario Carmelitano”, por un Devoto Carmelita. Impreso en la Tipografía del Monte Carmelo, Burgos, España. Año 1921.
   
EJERCICIO PARA EL DÍA 24 DE CADA MES A NUESTRO PADRE SAN JUAN DE LA CRUZ
   
    
Arrodillado ante la imagen del Santo Padre y persignado devotamente, se dirá el Acto de contrición y después la siguiente:
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN – PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
          
ORACIÓN PREPARATORIA
¡Oh glorioso y amantísimo Padre mío San Juan de la Cruz, a quien el Todopoderoso destinó para compartir con la Santa Madre Teresa las tribulaciones y trabajos ocasionados por la Reforma de la Orden Carmelitana, hasta poblar a España de numerosos monasterios de la Descalcez que enaltecieron vuestro nombre e hicieron veneranda vuestra memoria! Yo, vuestro hijo y devoto, admirado de vuestra grandeza, vengo a rendiros hoy el homenaje de mi veneración y amor, a la par que a tributaros mi más entusiasta felicitación por la dicha inefable que el Señor os concedió, reservándoos para  una empresa de tanta gloria suya como beneficiosa para las almas, rogándoos al propio tiempo, ¡oh Santo Padre mío!, que os dignéis aceptar benévolamente este devoto ejercicio con que me propongo honraros en este día a Vos consagrado, y que me alcancéis de su Divina Majestad la práctica de las virtudes que voy a solicitar en las siguientes deprecaciones para que amando y sirviendo a Dios en esta vida mortal, me haga acreedor a gozarle después con Vos en la eterna bienaventuranza. Amén.
    
I. Amorosísimo San Juan de la Cruz, que, por vuestra fe inquebrantable, esperanza firmísima y ardiente caridad, fuisteis ejemplar admirable para todos vuestros hijos y devotos: os suplico me alcancéis de Dios estas tres importantes virtudes, para que amándole como Vos le amasteis y cumpliendo su santísima voluntad en todas las cosas, me haga digno de gozarle eternamente. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
      
II. Humildísimo San Juan de la Cruz, cuyo único deseo fue siempre ser despreciado y vilipendiado por todos; haced que el recuerdo de vuestros heroicos ejemplos y vuestro ardiente amor a la humildad, reina de todas las virtudes, me induzca a imitaros, para que reconociendo mis muchas faltas y miserias, me humille profundamente, me sujete a los castigos que mis pecados merecen y logre las divinas misericordias. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
   
III. Pacientísimo San Juan de la Cruz, vuestros grandísimos trabajos, enfermedades y persecuciones me dicen que fuisteis un mártir en el cuerpo, y vuestras penas interiores, sequedades y desolaciones de espíritu me aseguran que los fuisteis también en el alma: haced que, imitando vuestro ejemplo, acepte resignado las tribulaciones que Dios tuviere a bien enviarme, para que luego pueda gozar de las santas y perpetuas alegrías. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
   
IV. Purísimo San Juan de la Cruz, a quien Nuestro Señor y su Madre Santísima concedieron la gracia singular de reprimir los movimientos y deseos impuros de los que os miraban: dignaos alcanzarme la hermosa virtud de la castidad en que tanto resplandecisteis, para que viviendo limpio de cuerpo y de inteligencia, y rechazando valerosamente las asechanzas del enemigo infernal, persevere en la gracia de mi Dios hasta la muerte. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
   
V. Obedientísimo San Juan de la Cruz, inspiradme una perfecta abnegación y una obediencia santa a todos mis superiores, aunque para ello tenga que declarar la guerra a todos mis sentidos y sostener luchas continuas contra las pasiones, a fin de que, imitándoos en esta virtud, me haga merecedor de la recompensa que Dios tiene reservada a los verdaderos obedientes. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

VI. Grandísimo amador de la pobreza, San Juan de la Cruz, dignaos encender en mi alma un ardiente amor a la pobreza evangélica y un total abandono en la Divina Providencia, para que, desligando por completo mi corazón de todo afecto a los bienes terrenos, y aceptando gustoso y satisfecho las privaciones y escaseces, sirva con perfección al Señor y llegue a la posesión de los bienes celestiales. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
    
VII. Extático San Juan de la Cruz, que por vuestra altísima oración y contemplación sublime merecisteis el renombre de Doctor Iluminado, y luz especialísima para elevar las almas a Dios y hacerlas vivir de continuo en su presencia, alumbrad la mía con las luces de vuestra celestial doctrina e inclinadla al santo ejercicio de la oración, para que desprendiéndose del amor a las criaturas se eleve más y más hacia el Creador. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
     
VIII. Penitentísimo San Juan de la Cruz, que movido del espíritu de mortificación de que fuisteis dotado, refrenasteis constantemente vuestra carne con durísimas penitencias, de tal modo, que llegaron a causar asombro aún a la misma Santa Madre Teresa: infundid en mi alma este espíritu de penitencia, para que sujetando todos mis sentidos a la ley divina y alcanzando completa victoria sobre todos sus enemigos, quede completamente purificada de todos sus pecados. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
   
IX. Dichosísimo San Juan de la Cruz, que llevado al más ardiente amor a la cruz de Cristo, hasta en vuestra preciosa muerte renunciasteis a los alivios y consuelos que a todo moribundo suelen prodigarse, prefiriendo morir desamparado de todo humano auxilio, para más asemejaros al Divino Modelo: alcanzadme un grande amor a las tribulaciones y a las cruces, para que si un día  fuese preguntado por Dios, qué es lo que quiero en recompensa de mis trabajos, pueda responder como Vos respondisteis: “Señor, padecer y ser despreciado por Vos”. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
CONSAGRACIÓN A NUESTRO PADRE SAN JUAN DE LA CRUZ
A vos, ¡oh benditísimo Padre mío San Juan de la Cruz!, os elijo en este día por mi protector abogado, y a Vos me consagro con todas las fuerzas de mi alma poniéndome por completo bajo vuestra amorosa tutela y especialísimo amparo: os elijo también por maestro y guía en el sendero de la vida espiritual que resueltamente quiero emprender, a cuyo fin imploro humildemente vuestro poderoso valimiento para que pueda seguirlo animoso sin vacilaciones ni retrocesos, pues estoy firmemente persuadido de que teniéndoos por intercesor ante el trono de Dios, lo habré de lograr seguramente, ya que en vida fue siempre vuestro más ferviente anhelo la salvación de las almas; y si este deseo tuvisteis entonces, ¡cuánto mayor habrá de ser el que tendréis ahora, sobre todo, tratándose de vuestros hijos y devotos! Así, pues, confiadamente espero, ¡oh amorosísimo Padre mío!, que interesándoos por la salvación eterna de mi alma, con solicitud verdaderamente paternal, atenderéis mi ruego y aceptaréis benigno la consagración solemne que os hago de mi corazón, de mi alma y de todo mi ser; y para que yo no quede defraudado en la ilimitada confianza que en Vos he puesto al elegiros por mi especial protector, dispensadme Vos vuestro excelso patrocinio, y así no podré dudar de que os ha sido grata la elección que de Vos he hecho. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 24 de noviembre de 2017

SAN JUAN DE LA CRUZ, FUNDADOR DE LOS FRAILES CARMELITAS DESCALZOS

La caridad no tiene envidia, no obra precipitada”. (1 Corintios 13, 4)
   
San Juan de la Cruz
     
San Juan de la Cruz (en el siglo Juan de Yepes Álvarez) nació en Fontiveros, provincia de Ávila (España), hacia el año 1542. Pasados algunos años en la Orden de los carmelitas, fue, a instancias de Santa Teresa de Jesús, el primero que, a partir de 1568, se declaró a favor de su reforma, por la que soportó innumerables sufrimientos y trabajos. Murió en Ubeda el año 1591, con gran fama de santidad y sabiduría, de las que dan testimonio precioso sus escritos espirituales.
   
Su padre, Gonzalo de Yepes pertenecía a una buena familia de Toledo, pero como se casó con una joven de clase “inferior”, fue desheredado por sus padres y tuvo que ganarse la vida como tejedor de seda. A la muerte de Gonzalo, su esposa, Catalina Álvarez, quedó en la miseria y con tres hijos. Juan, que era el menor, nació en Fontiveros, en Castilla la Vieja, en 1542.
   
Asistió a una escuela de niños pobres en Medina del Campo y empezó a aprender el oficio de tejedor, pero como no tenía aptitudes, entró más tarde a trabajar como criado del director del hospital de Medina del Campo. Así pasó siete años. Al mismo tiempo que continuaba sus estudios en el colegio de los jesuitas, practicaba rudas mortificaciones corporales.
   
A los veintiún años, tomó el hábito en el convento de los carmelitas de Medina del Campo. Su nombre de religión era Juan de San Matías. Después de hacer la profesión, pidió y obtuvo permiso para observar la regla original del Carmelo, sin hacer uso de las mitigaciones (permisos para relajar las reglas) que varios Pontífices habían aprobado y eran entonces cosa común en todos los conventos.
  
San Juan hubiese querido ser hermano lego, pero sus superiores no se lo permitieron. Tras haber hecho con éxito sus estudios de teología, fue ordenado sacerdote en 1567. Las gracias que recibió con el sacerdocio le encendieron en deseos de mayor retiro, de suerte que llegó a pensar en ingresar en la Cartuja.
  
Primera misa de San Juan de la Cruz
   
Santa Teresa fundaba por entonces los conventos de la rama reformada de las carmelitas. Cuando oyó hablar del hermano Juan, en Medina del Campo, la santa se entrevistó con él, quedó admirada de su espíritu religioso y le dijo que Dios le llamaba a santificarse en la orden de Nuestra Señora del Carmen. También le refirió que el prior general le había dado permiso de fundar dos conventos reformados para hombres y que él debía ser su primer instrumento en esa gran empresa. La reforma del Carmelo que lanzaron Santa Teresa y San Juan no fue con intención de cambiar la orden o “modernizarla” sino para restaurar y revitalizar su cometido original el cual se había mitigado mucho. Al mismo tiempo que lograron ser fieles a los orígenes, la santidad de estos reformadores infundió una nueva riqueza a los carmelitas que ha sido recogida en sus escritos y en el ejemplo de sus vidas y sigue siendo una gran riqueza de espiritualidad.

Santa Teresa de Jesús, reformadora del Carmelo
  
Poco después, se llevó a cabo la fundación del primer convento de carmelitas descalzos, en una ruinosa casa de Duruelo. San Juan entró en aquel nuevo Belén con perfecto espíritu de sacrificio. Unos dos meses después, se le unieron otros dos frailes. Los tres renovaron la profesión el domingo de Adviento de 1568, y nuestro santo tomó el nombre de Juan de la Cruz. Fue una elección profética. Poco a poco se extendió la fama de ese oscuro convento de suerte que Santa Teresa pudo fundar al poco tiempo otro en Pastrana y un tercero en Mancera, a donde trasladó a los frailes de Duruelo. En 1570, se inauguró el convento de Alcalá, que era a la vez colegio de la universidad; San Juan fue nombrado rector.
  
Con su ejemplo, San Juan supo inspirar a los religiosos el espíritu de soledad, humildad y mortificación. Pero Dios, que quería purificar su corazón de toda debilidad y apego humanos, le sometió a las más severas pruebas interiores y exteriores. Después de haber gozado de las delicias de la contemplación, San Juan se vio privado de toda devoción. A este período de sequedad espiritual se añadieron la turbación, los escrúpulos y la repugnancia por los ejercicios espirituales. En tanto que el demonio le atacaba con violentas tentaciones, los hombres le perseguían con calumnias.
   
La prueba más terrible fue sin duda la de los escrúpulos y la desolación interior, que el santo describe en la Noche Oscura del Alma. A esto siguió un período todavía más penoso de oscuridad, sufrimiento espiritual y tentaciones, de suerte que San Juan se sentía como abandonado por Dios. Pero la inundación de luz y amor divinos que sucedió a esta prueba, fue el premio de la paciencia con que la había soportado el siervo de Dios.
   
En cierta ocasión, una mujer muy atractiva tentó descaradamente a San Juan. En vez de emplear el tizón ardiente, como lo había hecho Santo Tomás de Aquino en una ocasión semejante, Juan se valió de palabras suaves para hacer comprender a la pecadora su triste estado. El mismo método empleó en otra ocasión, aunque en circunstancias diferentes, para hacer entrar en razón a una dama de temperamento tan violento, que el pueblo le había dado el apodo de “Roberto el diablo”.
  
En 1571, Santa Teresa asumió por obediencia el oficio de superiora en el convento no reformado de la Encarnación de Avila y llamó a su lado a San Juan de la Cruz para que fuese su director espiritual y su confesor. La santa escribió a su hermana: “Está obrando maravillas aquí. El pueblo le tiene por santo. En mi opinión, lo es y lo ha sido siempre”. Tanto los religiosos como los laicos buscaban a San Juan, y Dios confirmó su ministerio con milagros evidentes.
  
Entre tanto, surgían graves dificultades entre los carmelitas descalzos y los mitigados. Aunque el superior general había autorizado a Santa Teresa a emprender la reforma, los frailes antiguos la consideraban como una rebelión contra la orden; por otra parte, debe reconocerse que algunos de los descalzos carecían de tacto y exageraban sus poderes y derechos. Como si eso fuera poco, el prior general, el capítulo general y los nuncios papales, daban órdenes contradictorias. Finalmente, en 1577, el provincial de Castilla mandó a San Juan que retornase al convento de Medina del Campo. El santo se negó a ello, alegando que había sido destinado a Ávila por el nuncio del Papa. Entonces el provincial envió un grupo de hombres armados, que irrumpieron en el convento de Ávila y se llevaron a San Juan por la fuerza. Sabiendo que el pueblo de Ávila profesaba gran veneración al santo, le trasladaron a Toledo.
   
Como Juan se rehusase a abandonar la reforma, le encerraron en una estrecha y oscura celda y le maltrataron increíblemente. Ello demuestra cuán poco había penetrado el espíritu de Jesucristo en aquellos que profesaban seguirlo.
   
La celda de San Juan tenía unos tres metros de largo por dos de ancho. La única ventana era tan pequeña y estaba tan alta, que el santo, para leer el oficio, tenía que ponerse de pie sobre un banquillo. Por orden de Jerónimo Tostado, vicario general de los carmelitas de España y consultor de la Inquisición, se le golpeó tan brutalmente, que conservó las cicatrices hasta la muerte. Lo que sufrió entonces San Juan coincide exactamente con las penas que describe Santa Teresa en la Sexta Morada: insultos, calumnias, dolores físicos, angustia espiritual y tentaciones de ceder. Más tarde dijo: “No os extrañe que ame yo mucho el sufrimiento. Dios me dio una idea de su gran valor cuando estuve preso en Toledo”.
  
Los primeros poemas de San Juan que son como una voz que clama en el desierto, reflejan su estado de ánimo:
“¿En dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
Habiéndome herido;
Salí tras ti clamando, y eras ido”. (Cántico Espiritual, 1-5)
  
El prior Maldonado penetró la víspera de la Asunción en aquella celda que despedía un olor pestilente bajo el tórrido calor del verano y dio un puntapié al santo, que se hallaba recostado, para anunciarle su visita. San Juan le pidió perdón, pues la debilidad le había impedido levantarse en cuanto lo vio entrar.
Parecíais absorto. ¿En qué pensábais?”, le dijo Maldonado.
Pensaba yo en que mañana es fiesta de Nuestra Señora y sería una gran felicidad poder celebrar la misa”, replicó Juan.
No lo haréis mientras yo sea superior”, repuso Maldonado.
   
En la noche del día de la Asunción, la Santísima Virgen se apareció a su afligido siervo, y le dijo: “Sé paciente, hijo mío; pronto terminará esta Prueba”.
  
Algunos días más tarde se le apareció de nuevo y le mostró, en visión, una ventana que daba sobre el Tajo: “Por ahí saldrás y yo te ayudaré”. En efecto, a los nueve meses de prisión, se concedió al santo la gracia de hacer unos minutos de ejercicio. Juan recorrió el edificio en busca de la ventana que había visto. En cuanto la hubo reconocido, volvió a su celda. Para entonces ya había comenzado a aflojar las bisagras de la puerta. Esa misma noche consiguió abrir la puerta y se descolgó por una cuerda que había fabricado con sábanas y vestidos. Los dos frailes que dormían cerca de la ventana no le vieron. Como la cuerda era demasiado corta, San Juan tuvo que dejarse caer a lo largo de la muralla hasta la orilla del río, aunque felizmente no se hizo daño. Inmediatamente, siguió a un perro que se metió en un patio. En esa forma consiguió escapar. Dadas las circunstancias, su fuga fue un milagro.
   
El santo se dirigió primero al convento reformado de Beas de Segura y después pasó a la ermita cercana de Monte Calvario. En 1579, fue nombrado superior del colegio de Baeza y, en 1581, fue elegido superior de Los Mártires, en las cercanías de Granada. Aunque era el fundador y jefe espiritual de los carmelitas descalzos, en esa época participó poco en las negociaciones y sucesos que culminaron con el establecimiento de la provincia separada de los Descalzos, en 1580. En cambio, se consagró a escribir las obras que han hecho de él un doctor de teología mística en la Iglesia.
   
La doctrina de San Juan es plenamente fiel a la tradición antigua: el fin del hombre en la tierra es alcanzar “Perfección de la caridad y elevarse a la dignidad de hijo de Dios por el amor”; la contemplación no es por sí misma un fin, sino que debe conducir al amor y a la unión con Dios por el amor y, en último término, debe llevar a la experiencia de esa unión a la que todo está ordenado. “No hay trabajo mejor ni mas necesario que el amor”, dice el santo. “Hemos sido hechos para el amor. El único instrumento del que Dios se sirve es el amor. Así como el Padre y e1 Hijo están unidos por el amor, así el amor es el lazo de unión del alma con Dios”.
  
El amor lleva a las alturas de la contemplación, pero como que amor es producto de la fe, que es el único puente que puede salvar el abismo separa a nuestra inteligencia de la infinitud de Dios, la fe ardiente y vívida el principio de la experiencia mística. San Juan no se cansó nunca de inculcar esa doctrina tradicional con su estilo maravilloso y sus ardientes palabras.
  
Las verdades que enseñó no deben empañarse por las prácticas que puedan ser exageradas. Al mismo tiempo se ha de tener cuidado en discernir qué es exageración. ¿Cuál es nuestro punto de referencia?, ¿Fueron todos los santos exagerados?, ¿Fue Jesucristo exagerado, aceptando morir en la Cruz? ¿O no será mas bien que nosotros no sabemos amar hasta el extremo?.
   
Dios no pide lo mismo a todos. Él sabe la capacidad y el corazón de cada uno. El amor expande el corazón y las capacidades de entrega.
  
Solía pedir a Dios tres cosas: que no dejase pasar un solo día de su vida sin enviarle sufrimientos, que no le dejase morir en el cargo de superior, y que le permitiese morir en la humillación y el desprecio.

Sacra conversación de San Juan de la Cruz con Jesús Nazareno.
  
Con su confianza en Dios (llamaba a la Divina Providencia el patrimonio de los pobres), obtuvo milagrosamente en algunos casos provisiones para sus monasterios. Con frecuencia estaba tan absorto en Dios, que debía hacerse violencia para atender los asuntos temporales.
  
Su amor de Dios hacía que su rostro brillase en muchas ocasiones, sobre todo al volver de celebrar la misa. Su corazón era como una ascua ardiente en su pecho, hasta el punto de que llegaba a quemarle la piel. Su experiencia en las cosas espirituales, a la que se añadía la luz del Espíritu Santo, hacían de un consumado maestro en materia de discreción de espíritus, de modo que no era fácil engañarle diciéndole que algo procedía de Dios.
  
Juan dormía unas dos o tres horas y pasaba el resto de la noche orando ante el Santísimo Sacramento.
   
Después de la muerte de Santa Teresa, ocurrida en 1582, se hizo cada vez más pronunciada una división entre los descalzos. San Juan apoyaba la política de moderación del provincial, Jerónimo de Castro, en tanto que el P. Nicolás Doria, que era muy extremoso, pretendía independizar absolutamente a los descalzos de la otra rama de la orden.
   
El P. Nicolás fue elegido provincial y el capítulo general nombró a Juan vicario de Andalucía. El santo se consagró a corregir ciertos abusos, especialmente los que procedían del hecho de que los frailes tuviesen que salir del monasterio a predicar. El santo opinaba que la vocación de los descalzos era esencialmente contemplativa. Ello provocó oposición contra él.
   
San Juan fundó varios conventos y, al expirar su período de vicario, fue nombrado superior de Granada. Entre tanto, la idea del P. Nicolás había ganado mucho terreno y el capítulo general que se reunió en Madrid en 1588, obtuvo de la Santa Sede un breve que autorizaba una separación aún más pronunciada entre los descalzos y los mitigados. A pesar de las protestas de algunos, se privó al venerable P. Jerónimo Gracián de toda autoridad y se nombró vicario general al P. Doria. La provincia se dividió en seis regiones, cada una de las cuales nombró a un consultor para ayudar al P. Gracián en el gobierno de la congregación. San Juan fue uno de los consultores.
   
La innovación produjo grave descontento, sobre todo entre las religiosas. La venerable Ana de Jesús, que era entonces superiora del convento de Madrid, obtuvo de la Santa Sede un breve de confirmación de las constituciones, sin consultar el asunto con el vicario general. Finalmente, se llegó a un compromiso en ese asunto. Sin embargo, en el capítulo general de Pentecostés de 1591, San Juan habló en defensa del P. Gracián y de las religiosas.
   
El P. Doria, que siempre había creído que el santo estaba aliado con sus enemigos, aprovechó la ocasión para privarle de todos sus cargos y le envió como simple fraile al remoto convento de La Peñuela. Ahí pasó San Juan algunos meses entregado a la meditación y la oración en las montañas, “porque tengo menos materia de confesión cuando estoy entre las peñas que cuando estoy entre los hombres”.
  
Pero no todos estaban dispuestos a dejar en paz al santo, ni siquiera en aquel rincón perdido. Siendo vicario provincial, San Juan, durante la visita al convento de Sevilla, había llamado al orden a dos frailes y había restringido sus licencias de salir a predicar. Por entonces, los dos frailes se sometieron pero un consultor de la congregación recorrió toda la provincia tomando informes sobre la vida y conducta de San Juan, lanzando acusaciones contra él, afirmando que tenía pruebas suficientes para hacerle expulsar de la orden. Muchos de los frailes prefirieron seguir la corriente adversa a Juan que decir la verdad que hace justicia. Algunos llegaron hasta quemar sus cartas para no caer en desgracia.
   
En medio de esa tempestad San Juan cayó enfermo. El provincial le mandó salir del convento de Peñuela y le dio a escoger entre el de Baeza y el de Úbeda. El primero de esos conventos estaba mejor provisto y tenía por superior a un amigo del santo. En el otro era superior el P. Francisco, a quien San Juan había corregido junto con el P. Diego. Ese fue el convento que escogió.
  
La fatiga del viaje empeoró su estado y le hizo sufrir mucho. Con gran paciencia, se sometió a varias operaciones. El indigno superior le trató inhumanamente, prohibió a los frailes que le visitasen, cambió al enfermero porque le atendía con cariño, sólo le permitía comer los alimentos ordinarios y ni siquiera le daba los que le enviaban algunas personas de fuera. Cuando el provincial fue a Úbeda y se enteró de la situación, hizo cuanto pudo por San Juan y reprendió tan severamente al P. Francisco, que éste abrió los ojos y se arrepintió.
 
Después de tres meses de sufrimientos muy agudos, el santo falleció el 14 de diciembre de 1591.
   
En su muerte no se había disipado todavía la tempestad que la ambición del P. Nicolás y el espíritu de venganza del P. Diego habían provocado contra él en la congregación de la que había sido cofundador y cuya vida había sido el primero en llevar.

La muerte del santo trajo consigo la revalorización de su vida y tanto el clero como los fieles acudieron en masa a sus funerales. Dios quiso que se despejaran las tinieblas y se vieses su vida auténtica para edificación de muchas almas. Sus restos fueron trasladados a Segovia el 21 de mayo de 1675, pues en dicho convento había sido superior por última vez. Fue canonizado en 1726 por Benedicto XIV.
 
Santa Teresa había visto en Juan un alma muy pura, a la que Dios había comunicado grandes tesoros de luz y cuya inteligencia había sido enriquecida por el cielo. Los escritos del santo justifican plenamente este juicio de Santa Teresa, particularmente los poemas de la Subida al Monte Carmelo, la Noche Oscura del Alma, la Llama Viva de Amor y el Cántico Espiritual, con sus respectivos comentarios. Así lo reconoció la Iglesia en 1926, al proclamar doctor a San Juan de la Cruz por sus obras Místicas.
  
La doctrina de San Juan se resume en el amor del sufrimiento y el completo abandono del alma en Dios. Ello le hizo muy duro consigo mismo; en cambio, con los otros era bueno, amable y condescendiente. Por otra parte, el santo no ignoraba ni temía las cosas materiales, puesto que dijo: “Las cosas naturales son siempre hermosas; son como las migajas de la mesa del Señor”.
  
San Juan de la Cruz vivió la renuncia completa que predicó tan persuasivamente. Pero a diferencia de otros menores que él, fue “libre, como libre es el espíritu de Dios”. Su objetivo no era la negación y el vacío, sino la plenitud del amor divino y la unión sustancial del alma con Dios. “Reunió en sí mismo la luz extática de la Sabiduría Divina con la locura estremecida de Cristo despreciado”.
 
Todavía se conserva en Roma el manuscrito de las deposiciones de los testigos en el proceso de beatificación. Las biografías escritas en la primera mitad del siglo XVII ofrecen muchos datos, pero dejan en la oscuridad numerosos puntos, como por ejemplo, las de José Quiroga y Jerónimo de Santa María, así como la obra de Francisco de Santa María, Reforma de los Descalzos, vols. I y II. Otras fuentes son la correspondencia y los escritos espirituales de Santa Teresa, las crónicas del Carmelo y aun ciertos documentos de Estado y despachos diplomáticos, porque la administración de Felipe II se distinguió por su interés en todo lo que afectaba la reforma de las órdenes religiosas. La edición más autorizada de las obras de San Juan en español es la del P. Silverio (5 vols., 1929-1931). Además de la excelente biografía del P. Bruno, St. Jean de la Croix (1932), que se funda en un estudio muy serio de las fuentes, existen algunas otras: D. Lewis (1897); M. M. Garnica, San Juan de la Cruz (1875). Cf. igualmente Crisógono y Lucinio, Vida y Obras de San Juan de la Cruz (1946). Pero quien quiera adentrarse en la vida y espiritualidad del santo hará bien en comenzar por inflamarse de sus poesías y luego de sus obras declarativas.
 
P. HERBERT THURSTON SJ. Vidas de los Santos de Butler, Vol. IV
   
MEDITACIÓN SOBRE LA ENVIDIA
I. Nada hay que el cristiano deba evitar más que la envidia, porque allí donde ella reina no hay caridad, ni humildad, ni tranquilidad de espíritu. La envidia nos hace enemigos de Dios, de nuestro prójimo y de nosotros mismos. Lo más raro es que el envidioso se hace más mal a sí mismo que a los demás. La dicha del prójimo tórnalo miserable y lo condena; se aflige a sí mismo sin poder hacer mal a los otros. “El envidioso es el enemigo de su salvación más todavía que del prójimo” (San Cipriano).
  
II. Tiénese envidia de los bienes del espíritu y de los bienes del cuerpo, de los bienes de la naturaleza y de los bienes de gracia. ¡Qué locura envidiar en tu prójimo aquello que Dios, en su liberalidad, le concedió, o aquello que él adquirió mediante su trabajo! Los bienes de la tierra muy poca cosa son para que sean objeto de tu envidia; en cuanto a los dones y favores de Dios, si los deseas, eres un insensato envidiando a los demás, porque éste es el medio, precisamente, con que no los obtendrás.
   
III. Para corregirte de este vicio, hay que buscar las fuentes, que son la vanidad y la falta de caridad. Considera, además, las penas que te causa la envidia y los pecados que te hace cometer; arruina tu salud y tu reputación. ¡Desdichado! ¡Imita el bien que ves en los demás, y no tendrás motivo para envidiarlos! Si no puedes imitarlos, alégrate de que practiquen la virtud y sigan el camino del cielo; es la manera de participar de sus méritos. “Imita a los buenos, si puedes; si no puedes, alégrate con ellos” (San Cipriano).
   
La modestia en la Iglesia. Orad por los sacerdotes.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que habéis hecho de San Juan de la Cruz, vuestro confesor y Doctor, un amante apasionado de la Cruz y de la perfecta abnegación de sí mismo, concedednos la gracia de llegar, caminando por sus huellas, a la gloria eterna. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

EN LA CLAUSURA DEL 500º ANIVERSARIO DE SANTA TERESA DE JESÚS

  
Este año, que bien llamamos “Oración y Creencia”, era también era el 500º aniversario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, reformadora de la orden Carmelita. Y queremos concluirlo con un homenaje sencillo pero devoto:
  
Por concesión particular a los Carmelitas (cuyo Misal y Breviario fueron protegidos por Quo Primum Témpore en razón de su antigüedad, aunque los Carmelitas descalzos se decantaron por el Rito Romano), les fue permitido tener sendos prefacios propios para Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. El prefacio de Santa Teresa (15 de Octubre -día de su festividad-, 27 de Agosto -Transverberación del corazón-, y 13 de Julio -Traslación de sus reliquias al convento de la Anunciación en Alba de Tormes-) rememora especialmente la Transverberación de su corazón, el Desposorio místico con Jesús nuestro Señor, y su muerte gloriosa, y reza así:
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. Qui beátam Terésiam Sanctórum sciéntia ac divínæ caritátis ardóre muneráre: et Ángeli visióne, ígnito jáculo præcórdia ejus transverberántis, veheméntius inflammáre, eámque sibi spiritáli connúbio sociátam, data déxtera, significáre dignátus est. Quo caritátis incéndio, dum beátæ Terésiæ vita consúmitur, spíritus ejus colúmbæ specie egredi visus, sublímen cœléstis glóriæ gradum conscéndit. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes.

TRADUCCIÓN
Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor. Que se dignó dotar a la bienaventurada Teresa con la sabiduría de los Santos y con ardiente caridad divina, inflamarla aún más con la visión de un Ángel cuando traspasó su corazón con una saeta encendida; y darle su mano derecha para testificar el matrimonio espiritual entre ambos. Y cuando la vida de la bienaventurada Teresa fue consumida por el incendio de la divina caridad, su alma fue vista salir en forma de paloma, y elevarse hasta las alturas de la Gloria celestial. Y por eso, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar.
  
Y en el prefacio de San Juan de la Cruz (24 de Noviembre -día de su festividad-, y 21 de Mayo -Traslación de reliquias desde Úbeda hacia Segovia-), es de resaltar la referencia a sus obras Subida al Monte Carmelo y Noche Oscura del Alma.
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. Qui beátum Joánnem Confessórem tuum, divinárum rerum perfúsum, et exímio patiéndi desidério succénsum, præclárum nobis Doctórem et exémplar dedísti. Ipsum enim, per montis ascénsum noctísque calíginem ad contemplatiónis vérticem sublimásti; atque spiritáli tibi fœdére sociátum, viva tui amóris flamma mirífice adussísti: ut, rutilánte ejus sapiéntiæ lúmine, nostras quóque tenébras irradiáres. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes.

TRADUCCIÓN
Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor. Que nos diste al bienaventurado Juan, tu confesor, impregnado con la luz de las cosas divinas, e inflamado con el deseo de padecer, como preclaro Doctor y ejemplo. Tú lo condujiste, por la subida al monte y la noche oscura, a la cima de la contemplación; y admirablemente lo consumiste, asociándole contigo por una alianza espiritual, con la llama del amor divino: para que por la luz de su sabiduría ilumines también nuestra oscuridad. Y por eso, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar.