sábado, 13 de noviembre de 2021

SECUENCIA “Dies Iræ”, DE LA MISA DE DIFUNTOS

  
“Dies Iræ” (Día de la ira) es un famoso himno latino  atribuido al Beato Tomás de Celano OFM (1200-1260), amigo y biógrafo de San Francisco de Asís (aunque en realidad lo que hizo fue adaptar para fines litúrgicos un himno ya existente desde el siglo XI como un tropo para el responso “Líbera me, Dómine”, del siglo anterior). También se han considerado como posibles autores al Papa San Gregorio Magno, San Bernardo de Claraval, el Beato Humberto de Romans OP y el cardenal Latino Malabranca dei Frangipani OP.

Suele considerarse el mejor poema en latín medieval, y difiere del latín clásico tanto por su acentuación (no cuantitativa) como por sus líneas en rima. El metro es trocaico [una sílaba larga y otra breve, habitualmente representadas así: ¯ ˘ (āă)], excepto en la estrofa Lacrimósa, que rompe el esquema de rimas de tres versos en favor de dísticos rimados; además, los dos últimos versos (Pie Jesu Dómine / Dona eis réquiem) abandonan la rima en favor de la asonancia, y son catalécticos (de métrica incompleta).
    
El poema describe el día del juicio, con la última trompeta llamando a los muertos ante el trono divino, donde los elegidos se salvarán y los condenados serán arrojados a las llamas eternas. La secuencia comienza con la alusión a Sofonías I, 15–16:
«Dies iræ dies illa, dies tribulatiónis et angústiæ, dies calamitátis et misériæ, dies tenebrárum et calíginis, dies nébulæ et túrbinis, dies tubæ et clangóris super civitátes munítas, et super ángulos excélsos» [Día de ira aquel, día de tribulación y de congoja, día de calamidad y de miseria, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublados y de tempestades, día del terrible sonido de la trompeta contra las ciudades fuertes y contra las altas torres].
     
LATÍN
Dies iræ, dies illa
Solvet sæclum in favílla:
Teste David cum Sibýlla.
    
Quantus tremor est futúrus,
Quando judex est ventúrus,
Cuncta stricte discussúrus!
    
Tuba mirum spargens sonum
Per sepúlcra regiónum,
Coget omnes ante thronum.
    
Mors stupébit et natúra,
Cum resúrget creatúra,
Judicánti responsúra.
    
Liber scriptus proferétur,
In quo totum continétur,
Unde mundus judicétur.
     
Judex ergo cum sedébit,
Quidquid latet, apparébit:
Nil inúltum remanébit.
    
Quid sum miser tunc dictúrus?
Quem patrónum rogatúrus,
Cum vix justus sit secúrus?
   
Rex treméndæ majestátis,
Qui salvándos salvas gratis,
Salva me, fons pietátis.
    
Recordáre, Jesu pie,
Quod sum causa tuæ viæ:
Ne me perdas illa die.
    
Quǽrens me, sedísti lassus:
Redemísti Crucem passus:
Tantus labor non sit cassus.
    
Juste judex ultiónis,
Donum fac remissiónis
Ante diem ratiónis.
     
Ingemísco, tamquam reus:
Culpa rubet vultus meus:
Supplicánti parce, Deus.
    
Qui Maríam absolvísti,
Et latrónem exaudísti,
Mihi quoque spem dedísti.
     
Preces meæ non sunt dignæ:
Sed tu bonus fac benígne,
Ne perénni cremer igne.
    
Inter oves locum præsta,
Et ab hœdis me sequéstra,
Státuens in parte dextra.
    
Confutátis maledíctis,
Flammis ácribus addíctis:
Voca me cum benedíctis.
    
Oro supplex et acclínis,
Cor contrítum quasi cinis:
Gere curam mei finis.
    
Lacrimósa dies illa,
Qua resúrget ex favílla
Judicándus homo reus.
Huic ergo parce, Deus:
    
Pie Jesu Dómine,
Dona eis réquiem.
Amen.
    
TRADUCCIÓN
¡Oh día de ira aquel
En que el mundo se disolverá,
Como lo atestiguan David y lanSibila!
    
Cuán grande será el terror
Cuando el Juez venga
A juzgarlo todo con rigor.
    
La trompeta, al esparcir su atronador sonido
Por la región de los sepulcros,
Reunirá a todos ante el trono.
    
La muerte se asombrará, y la naturaleza,
Cuando resucite lo creado, 
Para responder ante el Juez.
      
Se abrirá el libro
En el que está escrito todo aquello
Por lo que el mundo será juzgado.
    
Entonces el Juez tomará asiento.
Cuanto estaba oculto será revelado,
Nada quedará oculto.
    
¿Qué diré yo, miserable?
¿A qué abogado acudiré
Cuando aun el justo apenas está seguro?
    
¡Oh Rey de terrible majestad,
Que a los que salvas, salvas gratis!
¡Sálvame, fuente de piedad!
   
Acuérdate, piadoso Jesús,
De que por mí has venido al mundo;
No me pierdas en aquel día. 
   
Al buscarme, te sentaste fatigado,
Me redimiste padeciendo en la cruz.
¡Qué no se pierda tanto trabajo!
    
Oh justo juez de las venganzas,
Concédeme el perdón
En el día en que pidas cuentas.
    
Gimo como reo,
La culpa ruboriza mi cara.
Perdona, Señor a quien te lo suplica.
    
Tú que perdonaste a María,
Y escuchaste al ladrón,
A mí también me diste la esperanza.
    
Mis plegarias no son dignas;
Pero Tú, buen Señor, muéstrate benigno,
Para que yo no arda en el fuego.
    
Dame un lugar entre tus ovejas,
Y apártame del infierno,
Colocándome a tu diestra.
    
Arrojados los malditos
A las terribles llamas,
Convócame con tus elegidos.
    
Te ruego, suplicante y anonadado,
Con el corazón contrito como el polvo,
Que me cuides en mi hora final.
   
¡Oh día de lágrimas, aquel
En el que resurgirá del polvo el hombre
Para ser juzgado como reo!
A él perdónale, oh Dios.
   
Piadoso Señor Jesús:
Dales el descanso eterno.
Amén.
   
    
El primer documento donde aparece la secuencia “Dies Iræ” en su forma actual (una versión más antigua y que llega hasta la estrofa 17 fue encontrada en 1931 por Dom Mauro –en el siglo Francesco– Inguanez Jaccarini OSB, archivista-bibliotecario de la abadía de Monte Cassino y de Malta, en un manuscrito de finales del siglo XII en Caramanico Terme, cerca de Nápoles) es un Misal franciscano manuscrito entre 1253 y 1255 que se conserva en la Biblioteca Nacional de Nápoles. A partir del siglo XIV se incorporó a la Misa de Réquiem, y el Concilio de Trento lo confirmó como parte fija en las Misas de Difuntos.
   
La secuencia fue eliminada de la Misa de difuntos por el Consílium ad exsequéndam Constitutiónem de Sacra Litúrgia presidida el lazarista masón Anníbale Bugnini, por su supuesto tono sombrío y angustioso, incompatible para la teología “tutto andrà bene” del Vaticano II, que en la constitución Sacrosánctum Concílium, n. 81 dice:
«Ritus exsequiárum paschálem mortis christiánæ índolem maniféstius exprímat, átque condiciónibus et traditiónibus singulárum regiónum, étiam quóad colórem litúrgicum, mélius respóndeat» (El rito de las exequias debe expresar más claramente el sentido pascual de la muerte cristiana y responder mejor a las circunstancias y tradiciones de cada país, aun en lo referente al color litúrgico).
Bugnini dijo al respecto de los cambios deuterovaticanos en la Misa de Difuntos:
«La introducción [del nuevo Ordo Exsequiárum] enfatiza el punto que un funeral cristiano es una celebración del misterio pascual de Cristo en cuanto cumplido en sus fieles seguidores. […] A este fin, ellos (los reformadores) se deshicieron de textos que olían a una espiritualidad negativa heredada de la Edad Media. Por lo tanto, eliminaron textos tan familiares e incluso queridos como “Líbera me, Dómine”, “Dies iræ” y otros que exageraban el juicio, el miedo y la desesperación. Estos los reemplazaron con textos que instan a la esperanza cristiana y posiblemente dan una expresión más efectiva a la fe en la resurrección.
  
Estos cambios explican la conexión más cercana y más orgánica entre el funeral y la celebración eucarística en el nuevo rito, la restauración del Aleluya, y el abandono del color negro por otro que, a juicio de las conferencias episcopales, inspirará un acercamiento más tranquilo al dolor y sugiere una esperanza que es iluminada por el Misterio Pascual. La misma perspectiva es un trabajo en la directriz que el cirio pascual sea puesto cerca al ataúd. Finalmente, en conformidad con los principios generales que gobiernan la reforma, el rito urge la participación no solo de la familia, amigos y parientes del fallecido sino de toda la comunidad. Así la comunidad comparte la suerte de cada hermano o hermana, y da testimonio, como comunidad, de su fe en la resurrección» (La reforma de la liturgia: 1948-1975, cap. 46.II.1, The Liturgical Press, págs. 773-774).
Aunque los modernistas la eliminaron de la Misa de Difuntos, mantuvieron como himno ad líbitum) en la Liturgia de las Horas durante la semana XXXIV del Tiempo Ordinario (la última semana antes del Adviento), dividido en tres partes:
  • Oficio de Lecturas (Maitines): estrofas 1-6
  • Laudes: estrofas 7-12)
  • Vísperas: estrofas 13-18 (remplazando el verso «Qui Maríam absolvísti» por «Peccatrícem qui solvísti» de la estrofa 13).
Se suprimió la estrofa 19, y se le añadió la doxología «O tu, Deus majestátis, / Alme candor Trinitátis / Nos conjúnge cum beátis» (Oh tú, Divina majestad, / Esplendor místico de la Trinidad, / Asócianos con los Bienaventurados), compuesta por Félix Hæmerlein († c. 1457), el que difundió el bulo de “Juana la Papisa”.

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