miércoles, 3 de enero de 2024

EL AUGE DEL PROTESTANTISMO EN BRASIL

Noticia tomada de ACTUALITÉS FSSPX.

Uno de los numerosos templos neopentecostales de Brasil
   
En los años 1970, la población brasileña era católica en un 91% y el 5% era protestante. Cinco décadas más tarde, se cuenta 50% de católicos contra 31% de reformados: según las proyecciones y si la tendencia observada se confirma, la religión católica no será más la mayoritaria en vísperas de 2032.
   
La naturaleza tiene horror al vacío. Un principio que más de un obispo brasileño debería meditar al constatar el irresistible ascenso del movimiento evangélico, frente a un catolicismo que ha perdido el impulso: en las periferias de las metrópolis del sudeste, como São Paulo y Río de Janeiro, y en la frontera agrícola, como el estado de Mato Grosso y en la Amazonía, el protestantismo ya será mayoritario.
    
Por tanto si hay precisamente un lugar en el mundo donde la Iglesia parecía estar en casa, es en esta Terra de Vera Cruz –Tierra de la Vera Cruz– evangelizada en el siglo XVI por los misioneros portugueses que rápidamente se pusieron a cargo material y espiritualmente de los pueblos autóctonos. En el siglo XX, el Brasil incluso ganó el apelativo de «el país católico más grande del mundo».
   
Un monopolio que va a vacilar en el período que siguió al concilio Vaticano II: al querer cumplir su aggiornamento y despojarse la Iglesia de su fasto y de sus devociones populares –si bien tan caras a los pueblos de América del Sur–, la Iglesia parecía más haber dispersado una parte de la tropa que se ha vuelto hacia sus nuevos mercenarios.
   
EL ESPECTACULAR AVANCE DEL PROTESTANTISMO EVANGÉLICO EN EL POSCONCILIO
En medio siglo, la progresión de los cristianos evangélicos es fulgurante. El número de sus templos, que era de 1.049 en 1970, pasó a 17.033 en 1990, antes de llegar a 109.560 en 2019, según un estudio publicado el pasado Julio por la Universidad de São Paulo. En algunos años, se abren en el país hasta treinta y ocho templos diariamente…

La dimensión “desinhibida” de la predicación de los líderes evangélicos hizo diana en los brasileños que se han mostrado impermeables al evolucionismo de un Teilhard de Chardin, estrella fugaz de la Nouvelle théologie posconciliar: la cruzada contra el homosexualismo, la condena al marxismo, la creencia en el Infierno y en la acción del demonio… Los evangélicos muestran su carácter sin respeto humano.
    
Basta un personaje para resumir lo que se juega en Brasil: el expresidente Jair Bolsonaro. Nacido católico, se hizo “bautizar” por un evangélico en las aguas del Jordán en 2016 y se casó con una pentecostal en 2016 en presencia de Silas Malafaia, amigo íntimo de la pareja, uno de los tele-evangelistas más populares de Latinoamérica.
    
«Brasil por encima de todo. Dios por encima de todos». Es con este lema de campaña que Jair Bolsonaro ganara la presidencia en 2018, promoviendo el advenimiento de una nación cristiana que se sometiera a los principios morales y religiosos de la Biblia.
    
Una aproximación a la inversa de los múltiples procesos sinodales –sobre la familia, la Amazonía, la sinodalidad…– que, poniendo deliberadamente la fe entre paréntesis o en confusión, han fracasado en unir a los fieles.

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