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viernes, 12 de septiembre de 2025

JUAN XXII Y LA CUESTIÓN DE LA VISIÓN BEATÍFICA

  
«[…] El Papa también se vio envuelto en una ardua lucha a nivel teológico. Se debatió a menudo si los justos que murieron en perfecta gracia de Dios alcanzaron la visión de Dios inmediatamente después de la muerte, o solo después del juicio final.

Muchos teólogos se adhirieron a esta última opinión, citando a varios escritores eclesiásticos antiguos, así como a muchos griegos; y Juan, antes de su pontificado, había escrito una obra a favor de ella, y también la había enseñado ocasionalmente desde el púlpito y en otros lugares en debates teológicos. Dado que la Iglesia aún no había dado una definición sobre este tema, Juan se acogió a la libertad concedida a cualquier doctor particular. Sin embargo, hubo muchos que desafiaron ferozmente esta opinión, incluso tachándola de herética; y ciertamente la mayoría de los teólogos opinaban que los santos gozaban de plena bienaventuranza incluso antes de la resurrección y el Juicio Final.

El dominico Juan Vallense se opuso a la opinión del Papa, que algunos interpretaron con mayor benevolencia, por lo que el franciscano Guillermo de Asti, inquisidor de Aviñón, lo mandó encarcelar. En París, cuando el General de los Frailes Menores, Gerardo, junto con un dominico, trabajaba para promover la opinión privada del Papa entre los estudiantes, surgieron problemas; tanto es así que el propio rey Felipe VI se declaró del lado del Papa. En una carta al rey en noviembre de 1333, Juan demostró la libertad de enseñanza que tenía cada teólogo sobre este punto, hasta que la Sede Apostólica proporcionara una definición; adjuntó la colección de testimonios de los Padres, enviada en su nombre al arzobispo de Ruán, y consintió en la recopilación de las opiniones de los doctores.

En diciembre los teólogos de París se reunieron en concilio; y acordaron con una sola voz que las almas de los santos, inmediatamente después de su muerte y una vez completada su expiación, alcanzaron la plena visión de Dios y disfrutaron de ella para siempre; pero observaron juntos que el Papa Juan no había dado una definición sobre este asunto, sino que sólo tenía la intención de proponer una opinión que aún no había sido rechazada, y entonces le pidieron que confirmara su declaración con su autoridad apostólica.

Mientras tanto, el Papa había nombrado una comisión en Aviñón para examinar la controversia; esta debatió los testimonios de los Padres a favor y en contra durante cinco días consecutivos, del 28 de diciembre de 1333 al 1 de enero de 1334. En el consistorio del 3 de enero, el Papa declaró explícitamente que nunca había tenido intención de proponer nada contrario a la Escritura y la fe, ni que jamás había dado una definición. Informó entonces a la corte francesa de esta decisión, e incluso en su lecho de muerte, en presencia de los cardenales, declaró solemnemente su fe en que las almas de los santos, separadas de sus cuerpos, están en el cielo y ven a Dios cara a cara, y renunció por completo a las opiniones contrarias que había mantenido como médico particular.

Pero aunque esta era una cuestión aún no resuelta, y el Papa fue excusado con toda razón por los teólogos, los frailes herejes de la corte de Luis, apoyados por el cardenal Napoleón Orsini, presentaron cargos de herejía contra el Papa también por este motivo y convocaron un concilio universal para condenarlo. Al parecer, arrastraron a Luis de Baviera a esta opinión, retrasando así aún más su reconciliación con la Iglesia».
   
Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCHHistoria universal de la Iglesia, vol. 7: “El proceso a los templarios, el cisma de Occidente, y las herejías de Wiclef y Hus”.
  
NOTA
[1] Los pasajes de Juan, en Baluzzi, Vitæ Papæ, Aviñón. I, 788. Se trató entonces particularmente de los textos siguientes: San Juan Crisóstomo, In Hebr. hom. 28; In 1 Cor. hom. 39; San Hilario, In Ps. 120. San Ambrosio, De bono mortis c. 10; San Agustín, In Ps. 43; De civ. Dei XX, 13,19. Ockham escribió contra el Papa un Compendium errorum Ioann. pap. (Goldast, Monarchia II, 957 s,). Cfr.: también el Dialogus, sopra, pág. 31. En su carta al rey de Francia, el Papa insiste: Quod talibus minis illátis non obstántibus quílibet dícere, et disputáre, et prædicáre váleat, quod sibi juxta doctrínam Evangélicam et Apostólicam disputándum vidébitur, et étiam prædicándum, donec áliud ordinátum per Sedem fúerit Apostólicam vel étiam declarátum [que, no obstante tales amenazas, cada uno puede decir, disputar y predicar lo que considere conveniente para ser disputado e incluso predicado según el Evangelio y la doctrina apostólica, hasta que la Sede Apostólica ordene o incluso declare algo diferente] (Du Plessis l. c. I, 1, 320). Leemos en la carta de la facultad de París al Pontífice: Quáre vestræ beatitúdini… supplicámus quaténus prædíctæ quæstióni, in qua pro una parte vestra Sánctitas pulchérrime et utilíssime allegávit et quam plures auctoritátes addúxit… semper tamen reciténdo et nihil determinándo, asseréndo seu étiam opinándo… dignétur vestra Sánctitas, fidem dare, partem illam, qua nutríta fuit hacténus devótio tótius pópuli christiáni vestro regímini créditi, determinatióne apostólica confirmándo [Por lo tanto, suplicamos a Vuestra Beatitud… que sobre la cuestión antes mencionada, en la que por una parte Vuestra Santidad ha aludido muy bella y útilmente y que ha citado muchas autoridades… no determimando, asegurando ni siquiera asintiendo, sino sólo citando… se digne dar crédito a esa parte, por la que hasta ahora se ha nutrido la devoción de todo el pueblo cristiano confiado a su gobierno, confirmando con determinación apostólica] (ibid. I, 318). Cfr.: Werner, Gesch. der apologetischen Literatur (Historia de la literatura apologética) III, 522 ss. Conspiración en Alemania contra las doctrinas de Juan XXII, em Raynald. l. c., año 1334, n. 31 s.

sábado, 3 de agosto de 2024

DARWINISMO, INDIFERENTISMO Y MATERIALISMO: SEMILLAS DE INCREDULIDAD EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.

“Un venerable orangután: Una contribución a la historia antinatural” (caricatura de Charles Darwin publicada en la revista The Hornet el 22 de Marzo de 1871; colorizada).
  
«La semilla de la incredulidad, sembrada por los filósofos y literatos racionalistas del siglo XVIII; los principios ateos que penetraron la vida política con la Revolución Francesa; y las ideas materialistas que condujeron al socialismo fueron las principales fuentes de las que surgió en el siglo XIX una fuerte ola de incredulidad dirigida contra el cristianismo. La filosofía irreligiosa, promovida por los sistemas del positivismo y el agnosticismo, junto con la teoría darwinista de la evolución, condujo al materialismo moderno; y esto apunta a destruir todo lo sobrenatural y constituye también el fundamento del socialismo, por el cual los esfuerzos anticristianos se han extendido entre las grandes multitudes del pueblo, especialmente entre los trabajadores. Tanto la ciencia como la política se alejaron cada vez más de cualquier influencia de las doctrinas del cristianismo y las leyes de la moral cristiana. El indiferentismo religioso, es decir, la incredulidad práctica, se extendió ampliamente. De estas fuentes provienen los esfuerzos que desde diferentes lados se dirigen para lograr una descristianización cada vez mayor de toda la vida pública, la enseñanza, el arte, la literatura y la legislación. Francia, cuna de la gran revolución, es la nación que más ha avanzado en este peligroso camino; pero también en otros países, como en Alemania, después de la primera mitad del siglo XIX, la incredulidad hizo grandes progresos. La Iglesia católica es el único baluarte fuerte que se opone a este movimiento anticristiano; el protestantismo y sus principales teólogos han sido víctimas casi por completo del racionalismo incrédulo».
Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCHHistoria universal de la Iglesia, vol. 13: “El Kulturkampf, el Concilio Vaticano I, los pontificados hasta Benedicto XV”.

jueves, 18 de julio de 2024

LA CATÁSTROFE GRIEGA EN EL IMPERIO OTOMANO, Y CÓMO EL FANAR SE APROVECHÓ DE ELLA

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   

«[…] El patriarcado de Constantinopla conservó su amplia jurisdicción temporal y secular, especialmente su derecho ilimitado de cobro, lo que condujo a la extorsión y la simonía. Además, permaneció estrechamente vinculado al gobierno de la Puerta, al que en 1848 incluso reconoció como juez de las disputas religiosas, y quedó completamente sometido a su despotismo. Comparados con el patriarca ecuménico de Estambul, los demás patriarcados durante mucho tiempo no fueron más que meras sombras; los investidos de las sedes de Antioquía (con 50.000 almas) y Alejandría (con 5.000 almas) residían en la ciudad capital, y la de Jerusalén, al menos durante el verano, en esas proximidades, en las Islas de los Príncipes. Sólo los ocho miembros del sínodo permanente podían, cuando estuvieran de acuerdo, ejercer acción sobre el patriarca; y a menudo también fue depuesto arbitrariamente por la Puerta. El alto clero griego se sentía cómodo bajo el yugo secular, lo que le permitió desangrar a la población y la dominación tiránica. No favoreció en lo más mínimo las aspiraciones de libertad de los cristianos, ni las intenciones reformistas de la propia Puerta, en parte preparada por ella misma y en parte impuesta por las potencias europeas.
   
El sultán Selim III ya había soñado con planes de reforma; pero había sido depuesto en 1807 por una conspiración de ulanos y jenízaros. Mahmud II, en 1826, suprimió a estos últimos, cuya institución era tan perniciosa, aunque nunca combatida por el clero griego, e introdujo muchas mejoras en el imperio. Abdulmecid (1839-1861) con el Noble Edicto de la Estancia de las Rosas (Gülhane Hatt-ı Şerifi), el 3 de noviembre de 1839, hizo promesas de aliviar la suerte de sus súbditos cristianos; pero el edicto no se cumplió debido al fanatismo turco y a la astucia e hipocresía de las autoridades. Incluso el Edicto de Reforma Imperial (Islâhat Hatt-ı Hümâyûnu), promulgado el 18 de febrero de 1856, después de la guerra con Rusia y a instancias de las potencias occidentales, no se implementó. En julio de 1860 se produjeron terribles masacres de cristianos en Siria, lo que provocó la intervención europea; pero ni siquiera el viaje emprendido por el sultán Abdulaziz en 1867 a París, Londres y Viena mejoró la condición de sus súbditos cristianos. Estallaron disturbios en la isla de Creta, en Bosnia y Herzegovina, y la cuestión oriental adquirió un aspecto cada vez más amenazador. Al igual que el imperio turco, el patriarcado de Constantinopla fue continuamente desmembrado, tanto por el choque de nacionalidades como por el progresivo declive de los señoríos musulmanes. Así siguieron las declaraciones de autocefalia de las Iglesias serbia, griega y búlgara, del metropólita griego (no uniato) de Carlowitz en Austria, del arzobispo del Monte Sinaí, de los chipriotas y de los montenegrinos. […]».
Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 13: “ El Kulturkampf, el Concilio Vaticano I, los pontificados hasta Benedicto XV”.

jueves, 30 de mayo de 2024

EL SUCIO CLUB PARISINO DONDE CRECIÓ VOLTAIRE

Voltaire y Rousseau (grabado anónimo, c. 1794).

«[…] Durante mucho tiempo, como ya habían denunciado los predicadores, la religión y la virtud habían sido vergonzosamente vilipendiadas en la alta sociedad parisina, incluso por las mujeres. “Ninón”, es decir Ana de los Enclos (1615-1706), amiga de Carlos Marguetel, señor de San Evremundo, y mujer ingeniosa pero inmoral, reunió en su salón la flor de la gente frívola y ávida de placer, abogó por la emancipación de la mujer y patrocinó las embellecidas vicio del ingenio: embellecía la corrupción. A este círculo se dirigieron muchas personas incrédulas. Entre ellos estaba Juan Bautista Rousseau (no confundir con Juan Santiago Rousseau), hijo de un zapatero parisino, que se hizo famoso por sus canciones espirituales, pero luego por otros poemas monstruosamente obscenos y por la sodomía, fue expulsado de Francia, y luego vivió en Suiza, en Austria, Bélgica e Inglaterra. Estaban el abate Guillermo Amfrye de Chaulieu, su amigo y poeta igualmente obsceno (+1720); el poeta idílico Carlos Antonio, marqués de La Fare, y Bernardo le Bovier de Fontenelle, versado en matemáticas, en ciencias naturales y en los autores griegos de la decadencia, enemigo secreto de las doctrinas de la Iglesia y de las buenas costumbres; y Antonio Houdart de la Motte, autor de pequeñas obras de teatro. Siendo todavía un niño, Francisco María Arouet, más tarde llamado Voltaire, se introdujo en este círculo por su padrino Francisco de Castagnères, abad de Châteauneuf; y pronto estaba publicando himnos de alabanza a Luis XIV y a la Madre de Dios, mientras que en secreto vituperaba en pésimos versos la religión, el rey y la nobleza; muchos ya preveían en aquel joven al enemigo más peligroso del cristianismo. Después de la muerte de Lenclos, hubo otras damas de hermoso espíritu, que reunieron a su alrededor círculos similares de eruditos y poetas; de hecho, pronto pudieron levantarse abiertamente».

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 11: “La fundación de la masonería, el febronianismo, la supresión de los jesuitas”.

sábado, 25 de mayo de 2024

CRÍMENES, SACRILEGIOS Y SECTARISMO DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

[…] Gli eccessi brutali continuarono dunque; l’antico ministro della guerra, Joseph Foullon de Doué, a dispetto delle intercessioni del marqués de Lafayette, e sotto gli occhi di lui, venne crudelmente mutilato e trucidato (22 luglio); a suo yerno Louis Bénigne François Berthier de Sauvigny, dopo costrettolo a baciarne il capo sanguinoso infilzato ad una picca, fu strappato il cuore dalle viscere. I frutti della luce e della libertà si mostravano in questo, nel fare gli uomini iene. Chi non si rese ai voleri della plebaglia inferocita, fu trucidato. Presso i fondachi del commercio e, dell’industria si affollavano i proletari a cercar pane e se lo procacciavano coi tumulti; le casse e le case erano messe a ruba; la miseria incredibile; la libertà di stampa esasperava il sobbollimento. Tutti gli avventurieri trovavano fortuna: così l’avvocato Camillo Desmoulins, il quale si nominò da sé procuratore generale della «Farola», Victor Amédée de La Fage marqués de San Huruge, il barone prussiano Jean-Baptiste Anacarsis Cloots, lo spagnolo Andrés María de Guzmán, gli olandesi Jacob Pereira e Pierre-Jean Berthold de Proli, il polacco Józef Feliks Łazowski e altri, specialmente avvocati, commedianti, girovaghi e anche donne, come la famigerata Ana Josefa Théroigne de Méricourt.

[…] Il regno della nuova libertà cominciò con l’imprigionamento di 620 persone in Avignone, in Carpentras e nel Venosino, delle quali unico delitto era la fedeltà verso il legittimo governo pontificio. Esse furono tutte trucidate; gran parte gettate nei ghiacciai di Avignone, altre uccisi con sprangate di ferro. Mathieu Jouve Jourdan, apodado "Jourdan Coupe-Tête (Jourdan el cortacabezas), ammassò una grossa fortuna, ma fu poi spazzato anch’egli dalla ghigliottina. Mossasi lagnanza di tali orrori, l’assemblea non se ne dette per intesa, passò all’ordine del giorno. I cattolici erano senza diritti: anzi generalmente non si aveva più rispetto a diritto alcuno, e richiamandosi molti principi tedeschi della violazione dei loro diritti, si rispose che «i trattati, conclusi già dai tiranni fra di loro, non legavano i popoli sorti a libertà»[i].

[…] Il 16 ottobre 1793, la regina María Antonieta, figlia di María Teresa de Austria, già invecchiata dal dolore non ostante i suoi 38 anni, fu decapitata con brutale crudeltà; ma ella dette prova di serena dignità e di cristiana rassegnazione. Poi, molti girondini, come Jacques Pierre Brissot, Jean Sylvain Bailly, Antoine Barnave e altri via via, furono giustiziati; il 6 novembre 1793 anche il duca d’Orleans Felipe Igualdad, il quale aveva dato il voto per la morte di Luis a fin de drvenir rey, periva con parecchi malfattori volgari. Altri molti regicidi incontrarono la giusta punizione. I manigoldi si trovavano spesso esausti dalla fatica. Nel dicembre del 1793 furono messe a morte con la mitraglia 484 persone. A Lione il sangue correva a fiumi; a Nantes Jean-Baptiste Carrier fece annegare in una volta 90 preti nella Loira, poi altre 198 persone. Preti e donne venivano spogliati, e in questa maniera legati insieme («matrimonio republicano») e annegati: le madri forzate ad assistere al supplizio dei figli, e intanto sonava la musica e tripudiava il più brutale cinismo. En el mercado de Tolosa François Chabot gritaba: «Mujeres, creced y multiplicaos: no tenéis necesidad para esto de sacerdotes y de curas: el ciudadano Cristo fue el primero de los sanculotes»[ii].
  
La convenzione si appropriò gli edifici ecclesiastici, e usurpò gli ultimi resti dei beni della Chiesa; i sacerdoti, riconosciuti come tali, erano imprigionati. Se cometían las más infames profanaciones contra el Santísimo Sacramento; tutto era tollerato, salvo il Cattolicesimo. I giudei, emancipati fino dal 28 gennaio 1790, riconosciuti in tutti i diritti di cittadini il 27 settembre 1791, fecero splendidi affari. Le campane, eccetto quella dell’allarme, andarono rifuse in cannoni; l’argento delle chiese era già stato convertito in moneta; nei calici sacri la plebaglia beveva l’acquavite, nelle patene mangiava le acciughe; dei messali si facevano cartucce; delle vesti sacre, calzoni; delle pianete, camicie. Tutti gli altari distrutti, i resti sperperati dai giudei. Nelle chiese vuote poi si accendevano grandi fuochi, si menavano danze, si bruciavano le reliquie; si conducevano attorno, in processioni da scherno, asini con mitre in capo e sulla schiena legate croce e bibbia. Lo stesso Danton ne restò pieno di sdegno. I preti ammogliati, che il popolo disprezzava e fuggiva, furono presi in protezione speciale con decreto del 19 luglio e del 17 settembre 1793, sia contro i loro vescovi, sia contro i loro comuni[iii].

[…] Anacarsis Cloots, il quale aveva già presentato alla Convenzione l’opera sua intorno all’Islam ed alla falsità di tutte le religioni positive e proclamato come unica divinità la ragione umana, ne mise innanzi una rappresentante, cioè una donna perduta, di nome Julia Candeille, assisa sopra una portantina, con un velo trasparente indosso, un mantello azzurro su le spalle e il berretto rosso dei giacobini in capo; la picca, simbolo del Dio-popolo, in mano, e intorno una schiera di donnacce somiglianti. La Convenzione fu invitata a seguire il corteo a Notre-Dame per iniziare il nuovo culto; il presidente e i segretari dettero alla dea imbellettata il bacio fraterno, e dopo parecchi discorsi teatrali il corteo si avviò alla chiesa metropolitana profanata. Qui la nuova dea fu insediata su l’altare maggiore, postale sotto i piedi una croce e avvolta in una nube d’incenso, mentre si cantava intorno l’inno alla libertà composto dal poeta André Chénier di Gossat. Questo culto, iniziato il 2 brumale dell’anno II (10 novembre 1793), doveva essere rinnovato ogni primo giorno della decade, e introdotto nelle altre chiese. E ciò con molte modificazioni si effettuò, in mezzo a crapule, a orge, a balli selvaggi. Satana pareva che avesse mutato in suo tempio la Francia: la parodia delle cose sante era spinta all’eccesso estremo[iv].

[…] Il Direttorio fu poi favorevole alla nuova setta dei teofilántropos o teantropófilos, «amici di Dio e degli uomini», formata da preti costituzionali ammogliatisi, da antichi clubisti, da giacobini. Costoro, il 16 dicembre 1796, tennero la prima adunanza ed, essendosi uno del Direttorio (Louis-Marie de Lareveillère Le Paux) messo alla loro testa, ebbero presto in Parigi dieci chiese e trovarono anche seguito nelle province. Essi professavano un puro deismo e celebravano alcune feste con una liturgia e un rituale insipido. La nuova religione venne di moda, ma non poté mantenersi né contro la Chiesa né contro l’indifferentismo: quando il furore della novità dette giù, essa cadde fra lo scherno del popolo. Fu quindi facile (nel 1802) porre fine agli intrighi della setta, e ritogliere ad essa le chiese come beni della nazione[v].

>>> La rivoluzione francese, la restaurazione, la frammentazione protestante <<<

[i] Roscovànyi, Mon. I, 431 ss.; n. 265 ss.; III, 277 s,; n. 504. Bull. Rom. IX, 28, 168, 10 s. Bull. Rom. Cont. t. V s. Sagnac, Étude statistique sur le clergé constitutionnel et le clergé réfractaire en 1791 (Revue d’hist. mod. 1906, p. 97 ss.).
[ii] Alph. Cordier, Martyrs et borreaux de 1793, 2a ed. Paris, 1864. Lescure, La princesse de Lamballe. Paris, 1864. Goncourt, Hist. da Maria Ant. Paris, 1858. Funk-Brentano, La mort de la reine. Paris, 1901.

[iv] Aulard, Le culte de la Raison et le culte de l’Etre supréme. 2a ed. Par., 1904.
[v]Manuel des Théophiles. Paris, 1797; trad. tedesca del Friedel. Mainz 1798. Année religieuse des Theoph. (Recueil des discours). Paris, 1796. Gregoire, Geschichte der Theophilanthropen, trad. ted. di Staudlin. Hannover, 1806. Mathiez, La Théophilanthropie et le culte décadaire. Paris, 1904.

jueves, 2 de mayo de 2024

RUSIA, VÍCTIMA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA


Rusia también, estrictamente hablando, pertenece al grupo de los Estados desgarrados por la revolución. Aquí la revolución aparece arriba desde ese despotismo que pisotea todo derecho por sagrado y solemnemente reconocido, y abajo prepara cada vez más, mediante el avance del nihilismo, el progreso de las sectas entre el pueblo y de la incredulidad entre las clases más altas, las que profesan reverencia. a la iglesia estatal sólo exteriormente, ya que se mantiene en pie gracias a la poderosa mano del zar. Esta iglesia estatal, silenciosa y desprovista de medios de renovación espiritual, tiene un clero en gran parte ignorante y muy pocas obras de teología, en las que utilizó autores protestantes en gran abundancia. Eugenio Bulgaris († 1806), arzobispo de Ekaterinoslav y Quersoneso, ardiente polemista contra los latinos, era griego de nacimiento. El arzobispo Platón II Levshin de Moscú († 1812) se hizo conocido, más que nada, por su Doctrina ortodoxa, una especie de catecismo, en el que se encuentran muchas similitudes con el protestantismo.

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 12: “La Revolución Francesa, la Restauración, y la fragmentación protestante”.

miércoles, 1 de mayo de 2024

LA DESASTROSA “IGLESIA FRANCESA CATÓLICA” DE 1830: UN CURIOSO (E INVOLUNTARIO) MODELO DE LA “IGLESIA CONCILIAR” SALIDA DEL VATICANO II

   
Los intentos de fundar iglesias nacionales en oposición a la gran Iglesia católica, impulsados por muchas circunstancias, se hicieron cada vez más numerosos en los tiempos modernos, pero no lograron ningún efecto digno de ser recordado. Así, Ferdinand François Toussaint Chatel, nacido en 1795, vicario capitular en Moulins, luego párroco y capellán del segundo regimiento de granaderos de la guardia real, autor del periódico Le Réformateur o Eco de la religión y del siglo, perdió su cargo debido a la Revolución de julio y al no haber encontrado aceptación con ningún obispo, fundó en Francia una iglesia llamada católica francesa (Église catholique française), que era francesa sólo porque celebraba el culto en esa lengua y católica por haber conservado alguna forma ritual del catolicismo. Después de haber arremetido violentamente, con varios compañeros, contra el episcopado, abrió su propia pequeña iglesia en su casa de París (agosto de 1830); luego (15 de enero de 1831) le encontró un lugar permanente en el suburbio de San Martín, n. 59.

Consideraba la razón como la norma fundamental de certeza en materia de fe, y profesaba un racionalismo anticristiano superficial, variando continuamente sus dogmas y sus reformas. La divinidad de Cristo, que antes había aceptado, la repudió luego, superponiendo la inscripción en la entrada de su último templo: «À un Dieu unique et non à trois». En su catecismo señala a Jesús como hijo de José y María, superior a todos los hombres; considera los siete sacramentos, que él mantenía exteriormente, como ceremonias puramente simbólicas, y deja a sus fieles el derecho de acudir o no al tribunal penitencial, recomendando también la confesión a los niños. También rechazó el primado, la infalibilidad de la Iglesia, el derecho en ella a pronunciar la excomunión, el celibato, el idioma latino en el culto, los derechos de la estola; compuso un misal en francés y leyó la misa en capa pluvial, en la que había conservado la mayor parte de las ceremonias.
   
Cada año promulgaba una carta pastoral para la Cuaresma con el título: Ferdinand François Chatel, obispo supremo (primado) de la iglesia francesa por voluntad del clero y del pueblo. La jerarquía que propuso estaría compuesta por un patriarca, un vicepatriarca, obispos, presbíteros y diáconos. Intentó atraer hacia sí a las poblaciones de la ciudad con el dogma de la soberanía popular, con la conmemoración de Napoleón y con el nombre de religión de la razón; predicaba a los trabajadores de las fábricas, a los sirvientes y a las sirvientas sobre las gloriosas hazañas guerreras de los pueblos paganos, sobre sus constituciones liberales, contra el antes de impuestos, y en 1835 promulgó discursos sobre la emancipación de los judíos, sobre el suicidio, contra la pena de muerte y contra el papado. Pero pronto la Iglesia católica francesa pasó de moda, se radicalizó y Chatel fue ridiculizado incluso en los pequeños teatros populares: la comedia fue considerada de tan poca importancia en Roma que ni siquiera se pronunció contra él con la excomunión. El padre Louis Napoleon Auzou, que era su apoyo teológico, se separó de él, y en 1842 el propio gobierno cerró el templo, que ya había caído en descrédito.

Chatel se había arrojado recientemente en brazos de la orden templaria, es decir, de una logia masónica [fundada por Bernard-Raymond Fabré-Palaprat] que, al igual que su iglesia primitiva, al haber surgido no como una iglesia nacional sino como una cosmopolita, había despertado incluso una curiosidad pasajera desde la Revolución del mes de julio. Finalmente comenzó a publicar un periódico en Bruselas que pronto dejó de publicar: murió en 1857. En Bélgica, el padre Charles Henri Helsen, suspendido por inmoralidad, había intentado también fundar, en la sede de la logia masónica La Concordia de Bruselas, una supuesta iglesia católica-apostolica (Église catholique-apostolique) pero obtuvo poco seguimiento y también fue duramente rechazado por la Cámara de Diputados, a la que había pedido ayuda financiera. Antes de morir regresó al seno de la Iglesia (14 de noviembre de 1842) [1].

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 12: “La Revolución Francesa, la Restauración, y la fragmentación protestante”.
   
NOTA 
[1] Catéchisme à l’usage de l’Église catholique française per l’abbé Chatel, París, 1831. Réforme radicale, nouvel eucologe à l’usage de l’Église catholique française, 1835. Chatel, Profession de foi de l’Église catholique française, 1831; Le Code de l’humanité, 1838; Sur l’éducation antisociale des séminaires, des frères ignorantins et de convents, 1898. Bernard-Raymond Fabré-Palaprat, Manuel des Chevaliers de l’ordre du Temple. 3a ediz. París, 1825. Leviticon, París 1831. JRecherches sur les templiers. París, 1835. Sobre el abbé Helsen ver, Bonner Zeitschr fur Philosophie und katholische Theologie, fasc. 9, p. 187 ss.

martes, 30 de abril de 2024

EL EXTRAÑO CASO DE JOHANN JOSEPH GAẞNER


Otra discusión importante se encendió en torno a la persona de Johann Joseph Gaßner, y sus maravillosos tratamientos, que despertaron en Alemania una gran admiración.
   
Nacido en Branz en el condado de Bludenz, en 1727, ordenado sacerdote en 1750, fue párroco, desde 1758, en Klösterle (Austria) en la diócesis de Coira. Atormentado por un dolor de cabeza casi constante, se puso a pensar que la mayoría de las enfermedades debían atribuirse al demonio y curarse gracias a la invocación del nombre de Jesús, especialmente después de que le pareció haberlo experimentado en sí mismo.
    
Entonces trató de curar a otros de la misma manera, invocando el nombre de Jesús, y tuvo éxito en varias ocasiones. En 1744 desde su parroquia se dirigió a Meersburg en la diócesis de Constanza y allí entre una ola de gente cada vez mayor hizo sus conjuros.
    
Pero el Arzobispo Franz Konrad card. de Rodt le mandó órdenes de abandonar su diócesis en dos días. Y como Gaßner no obedeció tan pronto, le hizo llamar de vuelta a su parroquia por el obispo de Coira.
    
Por lo tanto, Gaßner regresó a Klösterle, pero poco después recibió una invitación del obispo de Ratisbona y preboste de Ellmangen, el conde Antonio Ignacio de Fugger, y rápidamente, en octubre de 1774, se dirigió a Ellwangen. Allí recibió la hospitalidad liberal del obispo y el título de consejero eclesiástico.
    
De Baviera y de Suevia le atraían, para tener salud, grandes y pequeños, doctos e inducidos, católicos y no católicos, en filas. El gobierno de la Baviera electoral no quería tolerarlo en Amberga y otros lugares; pero los médicos bávaros Johann Anton von Wolter y Johann Nepomuk Anton Leuthner lo tomaron para protegerlo, y también el consejero gubernamental Joseph Edler von Sartori en Ellwangen y el célebre Johann Caspar Lavater. Sus adversarios eran, además del obispo de Constanza, los arzobispos de Salzburgo y de Praga.
   
Gaßner en 1774 publicó en Kempten “Lecciones útiles para argumentar contra el diablo”, una obra que luego fue reimpresa varias veces, donde explicaba más abiertamente su conducta.

Dividió en tres clases de hombres poseídos por el demonio: circumsessi (rodeados) es decir, asaltados por el demonio tanto en cuanto al cuerpo como en cuanto al alma; obsessi o maleficiados, es decir, tomados por el encanto diabólico; y finalmente poseídos, es decir, aquellos propiamente poseídos por el demonio o energumeni.
   
Afirmaba, además, que no había enfermedad que no pudiera provenir del demonio; de modo que cada vez que el arte médico no beneficiaba, se podía creer en un rodeo u obsesión; la forma más fácil de curar las enfermedades causadas por el demonio era el exorcismo hecho en el nombre de Jesús; pero esto no funcionaba en enfermedades puramente naturales, en niños, en dementes, en melancólicos y en aquellos que no tienen fe.

Si la enfermedad es natural, es decir, engendrada por el demonio, lo demuestra el exorcismus probativus, es decir, la orden dada a Satanás de producir en el paciente los paroxismos propios de cada enfermedad.

Sostenía entonces que entonces sólo el enfermo podía sentir beneficio, cuando creía firmemente en la virtud del nombre de Jesús y en el origen diabólico de la enfermedad: que si después de obtener el beneficio perdía la fe, recaería en la enfermedad; y si la enfermedad diabólica se transformaba en natural, sería vano todo exorcismo.

Gaßner luego negó que las curas que realizó fueran consideradas milagrosas.

Muchos teólogos se escandalizaron con esta doctrina de Gaßner; ya que las Escrituras y los Padres no hacen mención alguna de las dos primeras clases de hombres poseídos por el demonio, sino solo de la última: dejarse con ella una vía de escape, siempre que la cura fallara; la manera de volver sospechosa, ya que Gaßner no solo usaba los exorcismos de la Iglesia.

En su curato él estaba sentado en una silla, revestido de la estola, sosteniendo un crucifijo en la mano, alrededor del cuello una cadena de plata de la cual descendía también un crucifijo que, según él, tenía una partícula de la Vera Cruz. Él miraba fijamente en los dedos al enfermo y estos en él: su voz tomaba un tono vibrante e imperioso: con una mano presionaba con gran violencia la frente del enfermo, con la otra la nuca.

A menudo también tocaba la parte enferma, es decir, golpeaba con fuerza a toda la persona; así comenzaba su exorcismo probatorio. El enfermo era abrumado por convulsiones y otros síntomas de la enfermedad, hasta que él instaba a Satanás a dejarle un poco de tregua al paciente. A veces también le daba alguna medicina al enfermo, como aceite u otro líquido o amuletos, en el nombre de Jesús, y si la enfermedad no desaparecía tan pronto, ordenaba al enfermo que volviera.

El juicio de los contemporáneos, católicos y protestantes, fue muy diferente: más de cien disertaciones fueron escritas a favor y en contra de Gaßner y muchos incluso de los opositores reconocieron esos fenómenos extraordinarios.

En Ratisbona, donde había alcanzado mayor fama, fue golpeado por una prohibición imperial, que le prohibió cualquier tratamiento y le ordenó evacuar la ciudad. El obispo de Ratisbona le confió el decanato de Pondorf, en el cual murió en 1779.

Muchos incrédulos de aquella época, en su ciega partición por Gaßner, se entregaron a las más groseras supersticiones; otros fueron llevados a la oración. Más tarde, se quisieron atribuir estas curas al magnetismo, que poco después despertó un gran revuelo en Francia.

El médico Franz Anton Mesmer, de Merseburgo, dedicado a las doctrinas alquímicas y astronómicas, habiendo asistido en 1773 en Viena a las experiencias del jesuita Maximiliano Hell sobre la eficacia del imán en el sistema nervioso de los animales, pretendió muy pronto obtener los mismos efectos sin imán.

En Alemania, sin embargo, tuvo poco seguimiento, pero tanto más lo tuvo en París, después de 1778, protegido por el barón Luis Augusto de Breteuil y otros; de modo que, a pesar de la oposición de la Academia médica, que condenó esas maravillas como ilusiones, logró fundar una escuela muy numerosa y, de hecho, estableció la sociedad de la armonía universal, que se extendió rápidamente por todo el reino.

Los enfermos y los espectadores se reunían en una sala grande, débilmente iluminada y bien perfumada. En el medio se levantaba una tina, no muy grande, de madera: de su tapa se extendían por fuera muchos pequeños cilindros de hierro, y estos eran agarrados por la mano por los enfermos, que estaban a su alrededor casi desnudos y se aplicaban a la parte enferma.

Todos formaban una cadena, a menudo dándose la mano. Mesmer tomaba una varita de hierro de diez a doce palmas de largo, como conductor del fluido magnético; en ella hacía sonar música o canciones; y después de esto muchos experimentaban movimientos y convulsiones nerviosas, todos eran sometidos al magnetizador y se sentían atraídos hacia él. Después nadie recordaba lo sucedido.

El mesmerismo pronto pasó al sonambulismo. Se soltaron todos los aparatos exteriores: pero sus efectos no disminuyeron.

Armand-Marie-Jacques de Chastenet, marqués de Puységur, discípulo de Mesmer, se contentaba con un simple toque de la mano o el mero contacto, poniendo una mano en el lado enfermo y la otra en el lado opuesto. Todo dependía de la concurrencia de las dos voluntades, del médico y del paciente.

Otros (el padre José Custódio de Faria) suprimían todo contacto e inducían el sueño magnético con el simple imperio de la voz. Muchos querían conseguirlo con un mero acto de voluntad.

El médico Jacques Henri Désiré Petetin puso en escena en Lyon el sonambulismo clarividente: a esto siguieron los éxtasis magnéticos y el comercio con los espíritus.

La teología pronto tuvo que estudiar tales fenómenos. Algunos parecían no saber elogiarlos lo suficiente y los creían muy oportunos para defender mejor los milagros y las profecías contra los incrédulos; otros advertían que debían recurrir a ellos para obtener nuevas revelaciones; pero otros, en cambio, reconocían los muchos peligros de cuerpo y alma a los que los magnetizadores exponían, las perniciosas ilusiones que ocurrían con demasiada frecuencia, la falta de proporción debida entre las causas físicas y los efectos.

Se discutió mucho si los efectos del magnetismo debían atribuirse a fuerzas naturales o a eficacia diabólica, y esto si en su totalidad o en parte. Muchos admitían que algunos fenómenos, pero no todos, podían explicarse naturalmente.

En general, el uso del magnetismo fue prohibido por la Iglesia, ya que se utilizaban medios ilícitos para fines ilícitos, es decir, efectos preternaturales, se violaban las leyes del pudor cristiano, se eliminaba el uso de la razón y se producía el sonambulismo magnético.

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 11: “La fundación de la masonería, el febronianismo, la supresión de los jesuitas”.

NOTAS
[iii]  Des Wohlehrwürdigen Herrn Johannes Joseph Gaßners Weise, fromm und gesund zu leben, auch ruhig und gottselig zu sterben. Kempten, 1774. Allgemeine deutsche Bibliothek XXIV, parte 2, p. 610 ss,; XXVII, parte 2, p. 396 ss.; XXVIII, 278 (donde se citan 28 escritos).
[iv] Joseph-Philippe-François Deleuze, Histoire critique du Magnétisme animal, París, 1813. Der animalische Magnetismus, traducción del italiano, Ratisbona, 1853, Las decisiones de Roma del 19 de Mayo y del 1 de Julio de 1812, del 4 de Agosto de 1856, y del 21 Mayo de 1858 en Jean-Pierre Gury SJ, Compéndium Theologíæ morális I, ed. de Ratisbona 1862, págs. 106-109, Tractátus de præcépta Decálogi II, Apéndice,276-281.

martes, 17 de octubre de 2023

CUANDO LOS PROTESTANTES QUISIERON ATRAER A LOS GRIEGOS

El patriarca Metrófanes III era favorable a la unión con los latinos, y obligado a presentar la dimisión en 1572, escribió a Gregorio XIII anunciándole su obediencia; pero Jeremías II, su sucesor, profesaba ideas opuestas, siendo relevado en 1579, y reelegido Metrófanes, que ocupó la Silla patriarcal hasta Agosto de 1580.
  
Jeremías II hizo cruda guerra a la reforma gregoriana del Calendario, calificándola de peligrosa innovación, opuesta al Concilio de Nicea, por lo que la hizo condenar en un Decreto sinodal y prohibió su adopción a todos los Obispos de su obediencia. No obstante, se mostró luego tan propicio a la unión con la Santa Sede que esta nueva tendencia dio origen a su segunda destitución; pero después de dos patriarcados, obtuvo por tercera vez la Sede primada. Los Patriarcas que le sucedieron ciñen aquella mitra por corto tiempo, y uno de ellos, Rafael II, fue también favorable a la unión con Roma.
  
Por este tiempo habían hecho ya los luteranos y otras sectas protestantes varios ensayos para llegar a un acuerdo con los griegos, sirviéndolos de base y punto de partida el odio común hacia el Pontificado romano; pero encontraron un obstáculo insuperable en la firme adhesión de los griegos a la doctrina ortodoxa. Bajo el patriarcado de Joasaf II (1555-1556) hizo un viaje a Witemberg el diácono Demetrio Misio, con objeto de estudiar sobre el terreno la nueva doctrina. Melanchton le dio en 1559 una versión griega de la Confesión de Augsburgo hecha por Pablo Dolscio con una carta para el Patriarca, en la que le manifestaba su placer de ver en pie la Iglesia griega en medio de tan crueles enemigos; respecto de los protestantes le hacía notar que aceptaban la Sagrada Escritura, las decisiones de los Santos Sínodos y las doctrinas de los padres griegos, rechazando, por el contrario, los perniciosos errores de los maniqueos, de Pablo de Samosata y de otros herejes, lo mismo que las supersticiosas alteraciones introducidas en la doctrina de la Iglesia por los ignorantes monjes latinos.

El Patriarca dejó sin contestación la carta, por más que comprendió perfectamente el alcance y significación de aquellas declaraciones. En 1574 Santiago Andrea y Martín Crusio, teólogos de Tubinga, por mediación de David de Ungnad. embajador de Maximiliano II cerca de la Sublime Puerta, y de su predicador luterano Esteban Gerlach, presentaron una nueva moción al patriarca Jeremías II. enviándole cartas y sermones con la confesión de Augsburgo, y pidiéndole que emitiese su opinión acerca de las nuevas doctrinas. La respuesta del Patriarca contenía una acerba censura de sus teorías sobre la justificación, los Sacramentos, la invocación de los Santos, el Monacato y la procedencia del Espíritu Santo. Los protestantes continuaron aquella correspondencia hasta el año 1583, en que el Patriarca, convencido de la inutilidad de sus esfuerzos para hacerles abandonar sus errores, les rogó que no le molestasen más con sus importunos escritos. Antes habían vituperado los católicos el proceder innoble de los protestantes que les había acarreado aquella severa repulsa de los griegos; posteriormente quisieron enmendarlo diciendo que no habían reconocido los siete Concilios, sino en cuanto que sus doctrinas estuviesen conformes con las de la Sagrada Escritura.
  
Los calvinistas hicieron también ensayos para atraer a su comunión a los griegos. Cirilo Lucaris, natural de Candía, donde nació en 1572, después de estudiar en Padua y Venecia bajo la dirección de Máximo Margunio, conocido por sus ideas antipapales, pasó a Ginebra, donde cobró extraordinaria afición a las teorías calvinistas. Trabó después relación íntima con su compatriota Melecio Pega, Patriarca de Alejandría, acérrimo adversario de los latinos, que le consagró sacerdote, le elevó a la dignidad de archimandrita, nombrándole, por último, protector de los griegos en Polonia y presidente de la escuela de Vilna, en cuyo puesto trató de estorbar, aunque inútilmente, su unión con la Santa Sede. A la muerte de Melecio, en 1002, fue exaltado Cirilo a la silla patriarcal de Alejandría, no sin graves sospechas de simonía. En su nuevo cargo continuó la correspondencia con los eruditos calvinistas y trabajó sin descanso por calvinizar la Iglesia griega. A este electo entabló relaciones con Cornelio de Hagen, embajador de Holanda en Constantinopla, con el predicador Juan Uytenbogaert y con el Arzobispo de Canterbury, haciéndolo más tarde con el eminente estadista holandés David Le Leu de Wilhelm. Con el indicado objeto envió al joven griego Metrófanes Critópulos a estudiar teología protestante en Oxford y Alemania.
  
Por fin, en 1621, habiendo muerto envenenado el patriarca Timoteo II, logró escalar la codiciada silla de Constantinopla, y desde entonces hizo alarde de sus opiniones heterodoxas. Mas se formó contra él un poderoso partido que trabajó cerca de la Puerta para lograr su destierro a la isla de Rodas. No obstante, sus dos sucesores Gregorio IV y Antimo II no pudieron sostenerse; mediante el soborno de los funcionarios turcos y la influencia de los embajadores de Inglaterra y Holanda alcanzó por segunda vez el patriarcado, en el que, con regalos y arbitrariedades, logró sostenerse ocho años a despecho de sus numerosos enemigos. Con el apoyo de Inglaterra fundó en 1627 una imprenta propia en Constantinopla; al año siguiente arrancó una orden de la autoridad superior expulsando a los jesuitas, y en cambio recibió un activo auxiliar en el predicador calvinista Antonio Leger de Ginebra. En 1629 compuso, en lengua latina, una «profesión de fe», que fue traducida al griego y repartida con profusión el año 1631. Las tendencias marcadamente calvinistas de este documento aumentaron la irritación de los griegos contra el traidor Patriarca, al que combatieron francamente los arzobispos Cirilo de Berrón y Atanasio de Tesalónica, hasta lograr en 1631 su destierro en varias islas del Archipiélago, donde no por eso suspendió su correspondencia con los calvinistas; antes bien, apelando como siempre al soborno, arrojó de la silla patriarcal a Atanasio, que le había sustituido. Mas como persistiese en sus errores calvinistas, fue condenado en un Sínodo al año siguiente de 1638; y por último, acusado de conspiraciones políticas, pereció estrangulado. Sucedióle Cirilo Contari II, que convocó un Sínodo para condenar al Patriarca hereje y a sus parciales, en cuya virtud fue destituido Metrófanes Critopulos, elevado por él a la Silla patriarcal de Alejandría.
   
Como quedasen aún algunos partidarios de Lucaris entre los griegos cismáticos, se condenaron en varios Sínodos sus teorías, sobre todo en el de Iasi de 1612, en el de Jerusalén bajo el patriarcado de Dositeo y en el de Constantinopla del año 1672, siendo patriarca Dionisio IV. Para contrarrestar el movimiento calvinista publicó el metropolitano Pedro Mogilas su «Confesión ortodoxa», que, examinada en 1643 por Melecio Syrigo y Porfirio de Nicea, fue luego suscrita por los cuatro Patriarcas y gran número de eclesiásticos que la aceptaron como norma de fe.
   
Posteriormente fueron aún condenados algunos griegos por sus ideas calvinistas, como aconteció en 1691 bajo el patriarcado de Calínico II. Hubo también en todo tiempo partidarios de la unión con Roma en la iglesia griega, como el patriarca Atanasio II, despojado de su silla por Cirilo Lucaris, cuyo número era mayor en aquellas comarcas del antiguo imperio griego que se hallaban sometidas a la dominación veneciana; en las islas mantenían en parte la fe católica sacerdotes procedentes del colegio griego de Roma, juntamente con algunos religiosos; pero unos y otros eran víctimas de la persecución y tiranía de los cismáticos. En Gálata desempeñó las funciones de legado apostólico Juan Andrés Carga, dominico, natural de Friuli, que en 1607 fue nombrado por Pablo V Obispo de Siros; pero acusado en Constantinopla de seguir una conducta contraria a los intereses de la Sublime Puerta, se le hicieron sufrir allí crueles tratamientos, y murió por último martirizado el 17 de Octubre de 1617.

NOTAS
[1] Sobre Metrófanes III: Cuper, 1. c. p. 230 sig. Spondan. a. 1579 n. 22; su carta a Gregorio XIII. Schelstrate, Acta Eccl. Or. contra Luth. haeres. Rom. 1739 p. 231. Héfele, Beitr. I p. 445 sigs. Jeremías II, Hist. Patriarch. p. 190 sig. Cuper, p. 231. 233 sig. Decretos contra el Calendario gregoriano en Dositeo de Jerusalén, 'k-'/xr.rj- ed. de Jassy 1698 p. 538-551. Sobre su actitud posterior: Spondan. a. 1582 n. 18. Thomassin., 1,1 c. 16 n. 10. Ant. Possevin., S. J. De Kalend. Gregor. adv. DaT. Chytracum Sect. IV c. 0. David. Chytracus, Saxon. L. 27 p. 756. Cuper, p. 233 231. Id. p. 236 sig. acerca de Rafael II. Consúlt. I.. Allat,, De consens. L. III c. 7. Ibid. c. 8 n. 2 sig. c. 11 sig. Spondan., a. 1574 n. 16 sig. Crusii Turcograecia. Basil. 1585 p. 557 sig. Dositeo, obr. cit. Proleg. Acta et scripta Theolog. Wittenberg. et I'atr. Cpl. Jer. Víteb. 1581.4. Schelstrate op. cit. Schnurrcr, De aet. inter Tnb. Theol. et Patr. Cpl. Orat. acad. ed. Paulus. Tub. 1828. Héfele. Tub. Quartalschr. 1813 p. 541 sigs. Beitr. zur K.-G. I p. 444-177. Werner, Gesch. der apol. und pol. Lit. IH p. 207 sigs., donde se citan asimismo los escritos del canónigo Estanislao Scolovio y otros de la misma época: Censura Or. Eccl. Latió donata, y Ad Wirtemb. Theol. ínvectivam. Tréveris 1586.
[2] Allat. 1. C C. 11 n. 2 sig. Spondan. a. 1027 n. 9. Clíper, p. 210 sig. Aymon, Monuments authent. de la religion des Grecs ou Lettres anecdotes de Cyr. Lucaris et du Conc. de Jérusalem. A la Haye 1708. 4; la ha combatido Renaudot, Contre les calomnies et faussetés du livre intitulé: Monuments auth. etc. Par. 1709. De Moni, Hist. crit. de la religión des Orientaux. Francf. 1681 p. 52 sig. Richler, Der Patriarch Cyrill Luk. u. s. Z. München 1862. Cyrilli Confessío fidei ed. Gencv. 1633, la da en griego y latín Kimmel, Monum. fid. Eccl. Or. Jen. 1850,1 p. 25-44; impugnada por Matth. Caryopbili W«*«! « s. «mb w eensur a confessionis fidei calviniana o, quae nomine Cyrilli Patr. Cpi. circumfcrtur. Kom. 1831. Syn. Cpl. 1638-1639. Kimmel, II. 325 sig. 401. Hard,, XI. 179. Schclstr. i. c. p. 408 sig
[3] Sobre los Sínodos de Jassy de 1612 y de Jerusalem: Kimmel. I. 479 sig. 425. Synodus Hicros. adv. Calvinist. Par. 1678; de Constant. Kimmel, II. 223. lienaudot, Perpétuité de la foi IV. 420 sig. l'ichler, Gesch. der tirchi. Trennung I p. 469 sig8. De Pedro Mogilas: Coufess. orthod. ed. Atnst. 1662 ¡Xúm. 354;,, ed. de HoIImann. Vrastil. 1751. Acerca de Atenas. II. Allat,, De cons. III. II, 7. Cuper p. 246 n. 1484. — J. L. Pinzani, V'ita del ven. Giov. Andrea Carga. San Daniele 1855.  

viernes, 14 de julio de 2023

CUANDO ENRIQUE VIII AVERGONZÓ A LUTERO

Enrique VIII y Carlos I ante el Papa León X
   
«Además del duque Jorge de Sajonia figura entre los Príncipes como uno de los más decididos adversarios de Lutero, Enrique VIII, rey de Inglaterra. Ofendido éste de las maneras violentas del heresiarca, pidió en Mayo de 1521 al Emperador V a los Príncipes palatinos que extirpasen de la faz de la tierra su detestable doctrina, prohibiendo bajo severísimas penas la lectura de sus escritos en los dominios de su corona. Mas este Príncipe, que se había dedicado a los estudios teológicos, le combatió también en este terreno, y en su “Defensa de los Siete Sacramentos” demostró las contradicciones en que había incurrido Lutero, particularmente en su obra “De la cautividad de Babilonia” [1].
  
Enrique hizo llegar a manos del papa León X su trabajo, esperando obtener del romano Pontífice un titulo honorífico semejante al que se había concedido a los Reyes de España y Francia. En efecto, León X le otorgó el titulo de “defensor de la fe” (Defénsor fídei) [2] para sí y sus sucesores. El libro, si bien no merecía los excesivos elogios que entonces se le prodigaron, contenía un rico caudal de pruebas dogmáticas al alcance del pueblo, en particular sacadas de las innumerables contradicciones que se encontraban en los escritos del heresiarca sobre la confesión, las indulgencias y el Primado.
    
Lutero le contestó en 1522 empleando formas extremadamente vulgares, frases intencionadas y groseras, que para él constituían el más atildado clasicismo [3]. Semejante grosería exacerbó de tal manera al regio autor que se valió de toda su influencia política para tomar venganza del fraile alemán [4]; sin embargo, éste paró el golpe echando mano de la más vil hipocresía, pues al saber que el Rey estaba a punto de romper con Roma A causa de su petición de divorcio, esperando atraerle por ese medio a su partido, le escribió en 1528 una carta llena de adulaciones, en la que no solamente le pedía perdón por los agravios que le había inferido, sino que se obligaba a retractarse; mas el Rey, ofendido en la fibra más delicada de su corazón, rechazó sus ofertas, sacando a su adversario a la vergüenza pública, lo que dio margen al heresiarca para prorumpir en más violentos ataques [5]».

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCHHistoria universal de la Iglesia, vol. 9: “La pestilencia protestante, el Concilio de Trento, y el nacimiento de los jesuitas”. Traducción propia.
   
NOTAS
[1] Las cartas de Enrique VIII contra Lutero: Walch, 1. c. pte. 19 p. 153 sigs. Kapp. Nachleae, II p. 458. Cyprian, Documentos útiles II p. 158. Assertio septem sacramentorum adv M. Lutherum. Londres 1521, en 4.º, reimpreso en Amberes, 1522, en 4.º, y sin pie de imprenta en 1523; vertido al alemán por Emser en 1522. Compárese con Plank, Geschite des protest Lehrbegriffs II, 98.
[2] Pallavicini, loc. cit, II. 1, 8. ha demostrado que el título de Defensor de la fe, le fue conferido por León X y no por Clemente VII. Comp. la Bula del 11 de Octubre de 1521 en Rymer. Fœd. XIII. 756. Conc. M. Brit. III. 693. Gerdes, Mon. IV. 178. La Bula de Clemente VII, del 5 de Marzo de 1523, confirmando dicha gracia en Eyracr. XIV. 13. Conc. M. Brit. III. 702. Gieseler, III, II p. 3, N. 4.
[3] Luth. contra regem Angl. 1522. 4. Opp. lat. ed. Jen. II. 516. En el Eclesiástes de Wittenberg, por la gracia de Dios”, llama a su adversario asno coronado, desalmado, bellaco, insensato, desecho de todos los cerdos y asnos, blasfemo, loco Enrique, desvergonzado mulo real, «que ha osado untar con su mierda la corona de mi Rey Jesucristo, cuya doctrina yo poseo».
[4] Carta de Enrique VIII a los Príncipes sajones, del 22 de Enero de 1523. Cyprian., Epist. clar. vir. ex biblioth. Goth. autogr. p. 9, en Gerdes, loc. cit. p. 119. Respuesta del Príncipe palatino Cipriano en Documentos útiles, II p. 276.
[5] Sobre la oposicion de Enrique á Lutero: De Wette. III p. 23sigs. Walch, loc. cit., parte 19, p. 468 ss. 512 ss.

jueves, 22 de junio de 2023

LA PESADILLA DE LA TEOCRACIA CALVINISTA DE GINEBRA

Tríptico de escenas protestantes: Juan Calvino marcado con la lis infamante por sodomita; Miguel Servet quemado en la hoguera; Teodoro de Beza acosando a una mujer mientras su hijo busca impedirlo (Grabado de Philip Fruytiers siguiendo un diseño de Marten van Cleve, hacia 1650. Ámsterdam, Museo Nacional).

«En el mes de Noviembre de 1541 aprobaron ya las autoridades y el pueblo de Ginebra la «Ordenanza eclesiástica» y el «Juicio de las costumbres» redactados por Calvino, en los que se reglamentaba la vida doméstica y social de los ciudadanos con sujeción a los preceptos y consejos evangélicos. El 2 de Enero del año siguiente, 1542, se convirtió esta ordenanza en « Ley fundamental» de la república ginebrina. Otorgáronse a los predicadores reformistas casi los mismos derechos y privilegios de que antes gozaba el clero católico, encomendándose a la Congregación o Asamblea general de todos los predicadores (siervos de la palabra de Dios, como se llamaban) la suprema inspección de todos los asuntos. Por donde se ve que el nuevo «Consistorio», compuesto de seis eclesiásticos y 12 seglares, desempeñaba a un mismo tiempo las funciones de autoridad inspectora y de tribunal de justicia, en el dominio político y en el religioso: así es que toda falta de respeto hacia este tribunal se penaba como «rebelión contra Dios y la Santa reforma». Era un tribunal más terrible que el de la Inquisición, que inspeccionaba las costumbres de los ciudadanos, vigilaba su asistencia a las iglesias, castigaba sus delitos, contándose como tales el baile, la asistencia a los teatros y a las tabernas, fuera de cinco que por pertenecer a calvinistas furiosos gozaban de especial privilegio; espiaba las mismas conversaciones privadas y hasta lanzaba censuras eclesiásticas, que de ordinario iban acompañadas del destierro. Los predicadores practicaban con regularidad visitas domiciliarias y sometían a los inquilinos a penosos interrogatorios sobre las cosas más insignificantes. Castigábaseles con durísima prisión, se les hacía sufrir tormentos inhumanos y hasta se inventaron nuevos instrumentos de martirio. Calvino conservó en su Iglesia un recuerdo de la confesión oral. Estableció la obligación de recibir la Eucaristía cuatro veces al año; pero antes debían presentarse los comulgantes al predicador, quien instruía a los ignorantes, exhortaba a los pusilánimes y daba consuelos a los que sufrían remordimientos de conciencia. La parte esencial del culto divino la constituían la predicación y la enseñanza catequista, a las que. como elemento secundario se agregaban ciertas oraciones y salmos cantados. Las imágenes y adornos se desterraron por completo de las iglesias calvinistas. en las que se adoptó la desnuda sencillez del culto zuingliano [1].
   
El dictador de Ginebra no sufría contradicciones de ninguna clase; su palabra iba revestida de autoridad infalible; y todo el que se le oponía, o le acusaba de ejercer coacción sobre las conciencias y de restablecer en su persona el Papado, estaba seguro de sufrir el castigo de su osadía, si le alcanzaba el poder de su autoridad y de su palabra o los medios coercitivos de la potestad secular; libertinos era el nombre con que designaba a sus rivales [2]. Como el partido nacional le era adverso, trató de hacerle sospechoso y apeló a todos los medios para destruirle, sustituyéndole por un partido nuevo, formado especialmente por los emigrados franceses que en gran número residían en Ginebra y le seguían incondicionalmente. Dominando en todas las esferas con autoridad absoluta, logró acaparar cuantiosas rentas y desplegó una actividad incansable, ya en la predicación, ya con la pluma; bien dirigiendo procesos judiciales u organizando persecuciones contra las brujas, «los propagadores de la peste» y los herejes. El célebre predicador y traductor de la Biblia, Sebastián Castelio, fue destituido y desterrado por combatir su teoría de la predestinación; el médico Jerónimo Bolsec sufrió también la pena de destierro y el consejero Pedro Ameaux la de cárcel; Santiago Gruet fue ejecutado en 1548 por haber llamado «perro» al reformador, calificado de centro tiránico a su Consistorio y proferido amenazas en sus cartas [3]. Juan Valentín Gentile fue condenado a muerte por haber acusado a Calvino de error en su teoría de la Trinidad y sólo salvó la vida humillándose a pedirle perdón en público; por fin fue decapitado en Berna como hereje el año 1566 [4]. El médico español Miguel Servet, que había combatido en un escrito la doctrina calvinista de la Trinidad, fue preso a su paso por Ginebra en 1553, y condenado como hereje por Calvino sufrió la pena de la hoguera. El heresiarca francés publicó entonces un escrito defendiendo la aplicación de la pena de muerte para los herejes [5], por cuyo tiránico procedimiento le felicitó Melanchton, quien redactó un informe en defensa de esta opinión, que era la predominante entre los reformadores [6]. El mismo Calvino alentó al regente de Inglaterra a exterminar con la espada a todos los que hiciesen oposición a la reforma eclesiástica protestante, muy particularmente a los católicos [7].

Y estos sentimientos no eran en él producto de un arrebato momentáneo, sino efecto de un odio profundo y deliberado; así le vemos defender y patrocinar siempre el empleo de castigos severos y perseguir con implacable furia a todo el que le vituperaba o contradecía. Por bailar en unas bodas fueron reducidos a prisión varios individuos, entre ellos Le Fevre; y como su yerno Perrin profiriese amenazas contra el heresiarca, vio amenazada su vida hasta el punto de tener que buscar un asilo en Francia, lo que no le libró de ser quemado en efigie por los calvinistas ginebrinos. El mismo procedimiento que en la capital se siguió en las poblaciones rurales; en todas partes se introdujo el nuevo Evangelio por la fuerza; y la menor resistencia del pueblo, bien fuese a la nueva doctrina o a sus predicadores, cuyas costumbres dejaban con frecuencia mucho que desear, era castigada con severidad excesiva; así las autoridades calvinistas no consentían el menor signo católico, la abstinencia de carne en viernes se castigaba con la prisión, y a los campesinos se les obligaba a asistir a los sermones calvinistas [8]».

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCHHistoria universal de la Iglesia, vol. 9: “La pestilencia protestante, el Concilio de Trento, y el nacimiento de los jesuitas”. Traducción propia.
   
NOTA
[1] l.as Ordonnances ecclésales de l’église de Genéve en Richter, Die ev. K.-Ordnuugen des 16 Jahrhund. I p. 342 sigs. Revista mensual de Bonn para la Iglesia evangélica, año 1846. Consúltese Kampschulte, I p. 395. 142 sigs. La fórmula de excomunión usada por Calvino en Kober. Der Kirchenbann p. 16. Áudin, Leben Calvins. 3 ed. II p. 31. Respecto de la confesión calvinista: Kampschulte, I p. 469. Mignet, Introducción de la reforma en Ginebra y la Constitución calvinista: obra vertida del francés por Stolz. Leipzig 1843.
[2] Además de libertinos, llamaba Calvino a sus adversarios «desgranados», «desmenuzado». Calv. au ministres de l’église de Neufchatel contro la secte fanatique et furieuse des Libertins (Gen. 1544), p. 8. Mahly, Sebast. Castellio. Basilea, 1862. Buisson, S. Castellion. 2 voll. Paris 1892.
[3] Respecto a Bolsec, Ameaux, y Gruet, v. Galiffe, Quelques pages d’histoire exacte sur les procès intentès à Genève en 1547. Ginebra, 1862; Nouvelles pages d’hist. exacte. Ibid., 1863.
[4] Juan Valentín Gentile, natural de Calabria, primero triteísta y luego arriano, puso por condición al discutirse sus tesis que sufriese la pena de muerte aquel que de la disputa saliese convicto de herejía. Bened. Aret., Hist. de supplicio Val. Gentilis, en Guericke, Kirchengesch. III, 435, n. 2. Desde Ginebra se trasladó primero a Francia, luego a Polonia, y a la muerte de Calvino regresó a Suiza, donde fue decapitado el 9 de Septiembre de 1566.
[5] Aleander hace ya mención en 1532 de la obra de Miguel Servet De erróribus Trinitátis libri VII. 1531 (Lämmer, Mon. Vat. p. 109, n. 84) y Bucero, en un sermón predicado este mismo año en Estrasburgo, le declaró digno de la muerte más ignominiosa. Según la doctrina de Servet, el hombre Jesús es hijo de Dios, en cuanto que Dios hizo las veces de padre en la generación extraordinaria que se operó en María; se le comunicó la plenitud de la divinidad; pero sin que se verificase la unión hipostática de las dos naturalezas. Es además autor de dos obras: el  Dial. de Trin. I. 7 y Christianismi restitutio. Mosheim, Neue Nachrichten von Servet. Helmstadt, 1750. G. L. B. Plunjer, De Mich. Serveti doctrina. Jena, 1876. Brunnemann, 6, y Brunnemann, Miguel Servet; Exposición sistemática del proceso criminal que se le siguió en Ginebra el año 1553. Berlín, 1865. Calvino, Fidelis expositio errorom. M. Serveti et brevis eorum refutatio, ubi docetur iure gladii coercendos esse haereticos. 1554; Calv. Opusc. p. 686 s. La misma doctrina sostiene Teodoro de Beza, De haereticis a civili magistratu puniendis 1554. Este último pedia también la pena capital para los antitrinitarios, aun cuando se retractasen; Crenii Animadvers. XI. 90. Tollin, Das Lehrsystem M. Servets. 5 voll. Gutersloh, 1876-1878. Spiess, Mich. Servets Wiederherstellung des Christen ums. 2 voll. Wiesbaden, 1892-1895. Amallo y Mauget, Hist. critica de Miguel de Servet. Madrid, 1888. Van der Linden, Michael Servet, een brandoffer de gereferm. Inquisitie. Gronigen, 1891. Choisy, Le procès et le bucher de M. Servet (Rev. chrét. 3° ser. XVIII, 1904, 269 ss.).
[6] Melanchton, que pedía el empleo de penas corporales para los católicos (Corp. Reform. IX; 77), fue consecuente al felicitar a Calvino (Epp. Calv. n. 187). Consultar su dictamen Consilia et iudicia theol., ed. Pezel, II, 204). Paulus, Melanchthon und die Gewissensfreiheit (Katholik 1897, I, 546 ss., II, 534 ss.); Luther und Gewissensfreiheit. Múnich, 1905 (Glauben und Wissen): Servets Hinrichtung im lutherischen Urteil (Histor.-polit. Bl. CXXXVI,1905, 161 ss. Kohler, Reformation und Ketzer-prozess. Tubinga, 1901. Cp. Menzel, II p. 8 sig. Dollinger, Kirche und Kirchen, p. 69 sigs. 
[7] Las excitaciones de Calvino al duque de Sommerset, V. Epist., ed. Genev. 1579, p. 40.
[8] Coacciones de los calvinistas: Galiffe, Quelques pages d’hist. exacte sur les procès crim. intentés à Genève en 1547 pour haute trahison contre N. Ami Perrin, Ginebra 1862; y Nouvelles pages d’hist. ex. sur le procès de Pierre Ameaux (1546), Id. 1863. Investigaciones sacadas de los protocolos del consejo de Ginebra. T. Gaberel, Hist. de l’église de Genève depuis le commencement de la réform. 3 voll. Ginebra, 1858-1862. Rouquette, L’inquisition protestante. Les victimes de Calvin. París, 1906. Sobre análogos procedimientos empleados en las poblaciones rurales: Kampschulte, I, p. 448.

martes, 20 de junio de 2023

ZUINGLIO, O EL MODERNISMO EN LA REVUELTA PROTESTANTE

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
Lutero y Zuinglio (detalle de La disputa de Marburgo; August Noack, 1876. Darmstadt, Museo estatal de Hesse).
«[…] En marzo de 1522, Ulrico Zuinglio comenzó su oposición contra la autoridad de la Iglesia, afirmando desde el púlpito ser nulos los preceptos eclesiásticos sobre el ayuno: lo que repitió en un escrito propio, donde se declaró más generalmente contra el mérito de las buenas obras. Más tarde ese mismo año, según algunos de sus colegas, Zuinglio planteó una súplica al obispo Hugo von Hohenlandenberg de Constanza, para que nada se ordenase contra la predicación del evangelio puro, y se concediesen nupcias legítimas a los eclesiásticos. Y aquí Zuinglio y los suyos confesaban abiertamente y sin espantarse, “la vida deshonrada y vergonzosa” que hasta entonces habían llevado con mujeres, y pretendían, alegando a San Pablo (I Cor. VII, 9), serles imposible la continencia. El obispo no se los permitió, sino que se quejó fuerte ante el concejo y el capítulo de la ciudad por las novedades que de aquí comenzaron. Zuinglio en materia de fe, rechazaba cual tiranía a toda autoridad, que él llamaba tradición humana, los concilios y decretos pontificios; llamaba al celibato una invención del diablo, presionaba por el matrimonio de los sacerdotes, quería la comunión bajo ambas especies, impugnaba el primado petrino y la mayor parte de las instituciones de la Iglesia. Adriano VI le escribió el 23 de enero de 1523 una carta llena de ternura, mas no hizo impresión alguna en el alma de aquel sacerdote enceguecido por las pasiones [1].[…]
   
Zuinglio entonces, animado por el consejo de la ciudad y apoyado por sus colegas, León de Judá (Jud), Enrique Engelhard y Luis Hätzer, avanzó más adelante en su obra de reforma, se soltó contra la Misa y las imágenes de los Santos, y demandó al concejo la suspensión de las procesiones, el entierro de las reliquias en lugares ordinarios, la abolición de la Extremaunción y de las ceremonias eclesiásticas y finalmente la institución de una censura, que compuesta por Zuinglio, su amigo Enrique Uttinger y otros dos consejeros, no permitía si no los libros conformes a los sentimientos del reformador.
     
En 1524 fue publicada para todos los párrocos la “Introducción a la doctrina evangélica” de Zuinglio. Los eclesiásticos tomaron mujeres, Zuinglio a la viuda Ana Reinhard, con la cual había vivido disolutamente muchos años. Entrando el reformador en las iglesias con empleados, albañiles y carpinteros, hacía pedazos altares, imágenes y órganos. Suprimido el canto eclesiástico, el culto divino devino monótono y simple hasta el ridículo [2]: sobre una mesa común se ponían canastos de pan y vasos con vino: lo único que tenía vida era la prédica, en la cual se citaban muy frecuentemente los textos bíblicos en hebreo, griego y latín, y luego se traducían al alemán. Para uso de la nueva secta, León de Judá, en 1525 pidió la traducción alemana del Nuevo Testamento de Lutero “en el dialecto y en el sentimiento de los suizos” [3], luego (1526-1529) ayudado de Gaspar Großmann tradujo del hebreo el Antiguo Testamento; el todo vio la luz en Zúrich en 1531. Los miembros católicos del concejo, los cuales contradecían las novedades, fueron perseguidos por la mayoría zuingliana y se les negó toda facultad de retener el antiguo culto católico. Muy pronto, todo el cantón de Zúrich se halló reformado según la mente de Zuinglio».

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCHHistoria universal de la Iglesia, vol. 9: “La pestilencia protestante, el Concilio de Trento, y el nacimiento de los jesuitas”.
   
NOTAS
[1] Pedro Sforza Pallavicino, Historia del Concilio de Trento, c. I, 19, 2; II. 12, 4, 5. Zuínglii Supplicátio, y Apologéticus, Archételes appellátus, Opúsculo, I., 3.
[2] Jacobus Tichler, De índole sacrórum emendatiónis a Zuínglio institútæ rite dijudicánda (Juicio sobre el carácter de las enmiendas instituidas por Zuinglio a los ritos sagrados), Utrecht, 1827.
[3] Georg Alfred Kappeler, Die schweizer Bibelübersetzung neu beleuchtet (Una nueva luz sobre la traducción suiza de la Biblia). Zúrich, 1898. La Biblia fue editada por Cristóbal Froschauer en Zúrich. En 1534 salió también a la luz un nuevo catecismo de León de Judá.

lunes, 12 de junio de 2023

LOS FRUTOS PODRIDOS DEL PROTESTANTISMO

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  

«[…] Los efectos de la “reforma” no correspondieron para nada a las esperanzas dadas. Poco se esperó para cosechar los pésimos frutos de las nuevas doctrinas: y si bien por algún tiempo no se hiciese gran caso de aquella violenta agitación de las pasiones, de los medios poco honestos de la polémica y de aquella universal subversión, confortándose con la esperanza que los males no serían sino pasajeros y pronto compensados por grandes bienes, las desilusiones sin embargo se hicieron sentir siempre mayores y más amargas. En cambio de una reforma de la vida moral y religiosa, le sustituyó una corrupción mayor, reconocida por los mismos reformadores y por sus sucesores, el desprecio de la oración y del culto divino, del bautismo, de la Eucaristía, de las obras de misericordia, de la honestidad de la vida, y la prevalencia de los vicios más groseros, impudicia, embriaguez, perjurios y blasfemias. En lugar de liberación de cadenas indignas, no hubo sino una servidumbre mucho más dura; en vez de haber suprimido la palabra del hombre y dado lugar solo al verbo de Dios, se siguió un jurar por la autoridad de Lutero y de Calvino; en vez de un clero más digno, de mejores costumbres y con más autoridad, una masa de predicadores lascivos, ignorantes, mordiéndose unos a otros, despreciados; en lugar de la esperada reactivación de las escuelas públicas, una continua barbarización de los estudios y una disminución del número de alumnos; a cambio de la pretendida libertad de enseñanza, la censura más severa y tiránica; en vez de la abolición de las penas contra los herejes, la continuación y el endurecimiento de las persecuciones sin objetiva legitimación. Con todas las consolaciones del nuevo Evangelio, invadió a las almas un terror de la muerte antes inaudito; el suicidio y otros delitos devinieron frecuentes, el desorden y el pillaje crecieron espantosamente; y la superstición hizo víctimas sin número. La Biblia, que tenían siempre en la boca, era leída bien poco. La confusión llegó a tal punto que Lutero, Melanchton y la mayor parte de los teólogos no creían poderla explicar sino acercándose al último juicio, pero con esto persistían en decir que el Papa era el Anticristo, abominaban de cuanto pareciese católico, y se precipitaban desesperadamente más en la herejía y en el cisma. Las tentativas de unión entre los calvinistas y luteranos, antes y después, fallaron siempre. El cisma parió al cisma, y se siguió una escisión enorme, que poco a poco, no obstante los triunfos pasajeros de la doctrina de los novadores, le debía llevar infaliblemente a ruina. Y si no fuera por la violenta injerencia de los gobiernos seculares, dado el descontento de los predicadores y del pueblo, esto habría sucedido muy presto. El pueblo, con frecuencia duramente oprimido, suspiraba, mientras tenía viva la memoria, por los tiempos antiguos del Catolicismo y sobre todo por el sacrificio de la Misa [1]. […]».

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCHHistoria universal de la Iglesia, vol. 9: “La pestilencia protestante, el Concilio de Trento, y el nacimiento de los jesuitas”. Traducción propia.
   
NOTA
[1] Se hallan bastantes testimonios en la obra de Ignacio von Döllinger sobre la reforma y en Johannes Janssen, Geschichte des deutschen Volkes (Historia del pueblo alemán), particularmente en el vol. VIII. El epíteto de reformados fue usado en 1580 en la Fórmula de concordia y aun después para significar a todos los que se separaron de la Iglesia antigua, pero desde 1584 a 1614 en oposición al luteranismo, en Nassau, Brema, Anhalt, Hesse, Brandemburgo y el Palatinado, antecedido con la adición «denominados». El nombre de luterano fue introducido en 1585 por Santiago Andrea en Wurtemberg, en contraposición a los reformados; y en el siglo XVII reconocido sin contraste. Heinrich Heppe, Ursprung und Geschichte der Bezeichnungen ‚reformierte‘ und ‚lutherische‘ Kirche (Origen e historia de las iglesias denominadas ‘reformada’ y ‘luterana’), Gotha, 1859. Heinrich Becker, „Der wesentliche Anteil Anhalts an der Festlegung der Bezeichnung ‚reformiert‘ als Kirchenname in Deutschland“ (“La parte importante de Anhalt en la fijación de la denominación ‘reformada’ como nombre de iglesia en Alemania”, en Theologische Studien und Kritik 1901, pág. 242 ss).

lunes, 29 de mayo de 2023

EL JUICIO DE DIOS SOBRE CONSTANTINOPLA POR EL CISMA GRIEGO

Entrada del Sultán Mehmet II en Constantinopla el 29 de Mayo de 1453 (Benjamín Constant. Museo de los Agustinos de Tolosa).

El justo juicio de Dios cayó entonces sobre la nueva Roma, tan profundamente decaída. El 6 de Abril, el sultán Mehmet II la rodeó por tierra y por mar; las naves de Venecia y de Génova, y con ellas gentes enviadas por el cardenal Isidoro de Kiev, ayudaron a la defensa, que fue conducida con el supremo esfuerzo. Pero el 29 de Mayo de 1453 la ciudad fue tomada por asalto; el emperador Constantino cae en la masacre, el imperio griego llegó a su fin y la espléndida iglesia de Santa Sofía fue convertida en mezquita ante los ojos de los orgullosos griegos. Grande fue el dolor del Occidente y mayormente del Papa, el cual ya planeaba enviarles una armada más fuerte para socorrerla [1].
   
El conquistador, a quien le gustaba mucho el cisma, buscó atraer a los griegos dispersos para regresar a la ciudad, e hizo que se eligiese patriarca a Genadio (Jorge Escolario), enemigo de la unión, el cual fue investido por él, como se acostumbraba de antiguo por los emperadores cristianos. El patriarcado recuperó poco a poco su externo esplendor, mas quedó sometido a la tiranía turca y sus ambiciosos manejos. Ya en el 1458, el patriarca fue obligado a abdicar; el clero era tan indócil que su sucesor Joasaf se precipitó por desesperación a un pozo el domingo de Pascua (10 de Abril) de 1463: luego fue rescatado, pero de ahí a poco maltratado por el sultán y desterrado.
    
Luego que en 1461 el sultán puso fin también al imperio griego de Trebisonda, muchas familias notables de allí se trasladaron a Estambul (que así se llamo en adelante a Constantinopla), y aquí procuraron lograrse el patriarcado. De aquí a corto paso se llegó a tal punto que el patriarcado era comprado por dinero al sultán: la simonía triunfaba cada día peor y muchos sujetos indignos conseguían las más altas dignidades de la Iglesia griega. Solo el patriarca Nifón II estaba exento del odio hacia los latinos: él, aconsejando al metropólita José de Kiev a aceptar el concilio de Florencia, onservaba que tal vez la cólera de Dios golpeó a los griegos precisamente por la ruptura de la unión. Este era el sentimiento que dominaba entre los latinos, como también entre los griegos, que repararon en Occidente y que dispersos mantuvieron fe en la unión. El absolutismo imperial había además causado una profunda decadencia en el imperio, y por tal decadencia fue precisamente llevado a ruina: el islamismo de tiempo atrás había tomado una injerencia notable y se hallaba preferido a lo que era latino [2].

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCHHistoria universal de la Iglesia, vol. 8: “Los Papas renacentistas, la Unión con los griegos, y el Descubrimiento de América”. Traducción propia.
    
NOTAS
[1] Card. Isidoro de Kiev, Epist. ad omn. christ., en Migne, Patrología Græca CLIX, 953 s. Leonardo de Quíos OP, arzobispo titular de Mitilene, De Constantinopoli capta ad Nicol. V, ibid. CLIX, 923 s. Hist. polit. ed. cit. p. 16-25. Mateo Camariota, Narratio lamentabilis de Constantinopoli capta, en Migne, Patrología Græca CLX, 1059 s. Andrónico Calisto, Monodia de Constantinopoli capta, ibid. CLXI, 1131: s. Nicolás Bárbaro, Ephemerides de Constantinopoli a. 1453 obsessa atque expugnata, ibid. CLVIII, 1067 s. Relato francés del Cardenal de Aviñón, en Bouchon, Collect. des Chroniques nat. franç. t. XXXVIII; Martène y Durand, Collect. ampliss., tomo V. Diario del veneciano Nicolás Bárbaro, ed. de Viena, 1856. Krumbacher, Ein dialogischer Threnos auf den Fall von Konstantinopel (Sitzungsber. der bayr. Akad. der Wiss., Histor. Kl. 1901. p. 329. ss.). Mordtmann, Belagerung und Eroberung Konstantinopels durch die Turken, Stuttgart, 1858. Vlasto, Les derniers jours de Constantinople, Paris, 1883. Chedomil, Constantine, the last emperor of the Greeks; the conquest of Costantinople, London, 1892.
[2] Genadio II, Histor. patriarch., ed. cit. p. 78 s. Cuper, Acta Sanctor. l. c. p. 192 s.; Epístola de Nifón II en Raynald. l. c. a. 1486, n. 62.

miércoles, 3 de mayo de 2023

LA IMPRENTA DE TIPOS MÓVILES, APOYADA POR LA IGLESIA INCLUSO CON INDULGENCIAS

Sixto IV nombra a Bartolomé Platina prefecto de la Biblioteca Vaticana (Melozzo de Forlí, fresco transferido a lienzo, c. 1477. Pinacoteca Vaticana).
   
«[…] La Alemania pudo bien pronto competir con Italia. En la moralidad como en la cultura, esta fue grandemente mejorada tanto con los esfuerzos y las reformas de Nicolás Cusano, como por las excelentes escuelas de los Hermanos de la vida común; y con la invención de la imprenta por medio de tipos metálicos móviles (hacia el 1430-1440) se hizo sumamente benemérita sobre todos los otros pueblos. Este “arte maravilloso”, después de 1462 difundido por los alemanes en todos los países, promovió y universalizó la cultura y el comercio lyterario; e más que una parte de la industria, parecía un medio de civilidad cristiana, donde incluso el clero la sostiene eficazmente y, para difundirla, se concedieron también indulgencias. Ya en 1467 se fundó en Roma la primera impremta por dos alemanes, Pannartz y Schweynheim, los cuales en 1466 habían publicado en el monasterio de Subiaco la primera edición de las obras de Lactancio. Muy pronto, por el favor mayormente de Sixto IV, siguieron ediciones en gran número y en la forma más variada; tanto que en 1500 ya habían impresas novecientas veinte y cinco obras solamente en Roma.
   
Con esto se quitaba el principal impedimento de los estudios, esto es la escasez de libros y la fatiga de transcribirlos: de ahí que universalmente se vio una tendencia general a la instrucción, nuevas fundaciones y mejoras de escuelas superiores y medias, y una ardiente competencia de obras de ciencia y de arte. La Italia fue la que hizo mejor uso de la nueva invención; sus imprentas, sobre todo la de Venecia, publicaron excelentes ediciones de Clásicos y de los Padres de la Iglesia, de oradores y poetas, de filósofos y teólogos. Ni la Alemania se quedó atrás, pues algunas ciudades contaban con más de veinte imprentas, como Augsburgo, Núremberg, y Colonia. En la industria del libro de Alemania continuó en gran medida el comercio de manuscritos, utilizados durante mucho tiempo, especialmente en las grandes ciudades, que ya tanto habían hecho por las necesidades del pueblo. El arte de la lectura se difundió pues rápidamente entre la gente. […]».

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 8: “Los Papas renacentistas, la Unión con los griegos, y el Descubrimiento de América”. Traducción propia.

jueves, 20 de abril de 2023

LA EXTRAÑA SECTA “INTERRELIGIOSA” DE LOS MONOQUITONES

Imagen ilustrativa (Derviche danzando, dibujo de Richard Morris Hunt en Diario del Nilo. Washington DC, Biblioteca del Congreso).
  
[…] También a la nueva secta mahometana de los monoquitones (llamados así por su hábito de monjes) se acercaron muchos cristianos del Imperio griego, igual que judíos y musulmanes. El jurista Mahmud Bedreddin era el jefe espiritual; y su paladín el fanático Börklüce Mustafá, que en el monte Estilario en el golfo de Esmirna, a levante de Quíos, ganó a muchos para sus doctrinas (1413). La secta profesaba pobreza y renuncia assoluta, perfecta comunidad de bienes, mas no de las mujeres, y amor hacia los cristianos, considerando impío a quien estimase a los cristianos no ser temerosos de Dios, y por condición de salvación el vivir con ellos en comunión de fe. Mustafá envió sus predicadores a los príncipes y a los eclesiásticos de las islas griegas, y ofrecióles estrechar una alianza de amistad en nombre de la divinidad que adoraban en común. Sus discípulos abrazaban a los cristianos donde se encontrasen, y los honraban como ángeles del Señor. Bandas enteras de derviches se unieron a él y proporcionaron a su profeta un pequeño ejército de seis mil combatientes: vencieron en dos ocasiones, entre las faldas del monte Estilario, las gentes que el sultán Mehmet I les envió al encuentro, y se fueron engrosando continuamente con turcos, judíos y cristianos. Al final Mehmet envió un ejército poderosísimo, que derrotó a los monoquitones, masacró sin piedad ancianos, mujeres y niños, y después de una lucha obstinada ganó hasta la última veta del monte, donde fueron hechos prisioneros el profeta con todos sus otros seguidores. Estos, aun entre los tormentos, rechazaron negar su fe. Mustafá entre los otros fue vergonzosamente atado a una cruz y sobre un camello llevado en triunfo por las vías de Éfeso: todos murieron con firmeza. Los seguidores sobrevivientes afirmaron de su profeta no haber muerto, sino que vivía en la isla de Samos. El sultán hizo buscar por todas partes y aplastar a los derviches que vivían en rígida pobreza.

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 8: “Los Papas renacentistas, la Unión con los griegos, y el Descubrimiento de América”. Traducción propia.