viernes, 6 de diciembre de 2024

CARTA APOSTÓLICA “Sæpenúmero considerántes”, SOBRE EL ESTUDIO DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA

A mediados del siglo XIX, la masonería y el liberalismo, no menos que con las armas buscaba no solo vencer a la Iglesia sino destruirla con discursos, libros y folletos difamatorios, como tres siglos antes atentaron los protestantes con los Centuriadores de Magdeburgo (Matías Flacio/Vlačić Ilírico, Juan Wigand, Mateo Juez/Richter y Basilio Faber/Schmidt), a los cuales refutó el cardenal oratoriano César Baronio con sus Anales Eclesiásticos. Para muestra, en la conmemoración de las  “Vísperas Sicilianas” (un alzamiento popular apoyado por la Corona de Aragón el Lunes de Pascua 30 de Marzo de 1282 que dio muerte a 2000 franceses y significó el fin del dominio de Carlos de Anjou en Sicilia), Giuseppe Garibaldi atacó duramente al papado calificándolo como enemigo de Italia, y en 1883 se hizo un homenaje al hereje y sedicioso Arnaldo de Brescia, que en 1142 apoyó una rebelión contra el Papa.
  
Es de ahí que León XIII, sabiendo que habiendo perdido el poder temporal, era necesario ampliar el frente de guerra y responder, resolvió ampliar las facultades para que los historiadores católicos investiguen los Archivos Vaticanos y la Biblioteca Apostólica, mediante la “Sæpenúmero considerántes” (en Acta Leónis XIII, vol. III, Roma 1884, págs. 259-273; Acta Sanctæ Sedis 16 (1883-1884), págs. 49-57), donde hace un reconocimiento a historiadores eclesiásticos antiguos como Sócrates Eclesiástico, Sozomeno y contemporáneos como el mismo Baronio, que siguieron la filosofía y teología de la historia planteada por San Agustín en “La Ciudad de Dios”.
  
Hoy conviene recordar las palabras de esta carta ya que, en ocasión y consecuencia del Vaticano II, los ultramodernistas renovaron las viejas calumnias contra la Iglesia pre-conciliar, y ahora que Bergoglio llamó a un nuevo enfoque del estudio de la historia de la Iglesia, tomarán nueva ocasión.
   
CARTA APOSTÓLICA “Sæpenúmero considerántes” DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR LEÓN, POR LA DIVINA PROVIDENCIA PAPA XIII, SOBRE EL ESTUDIO DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA, CON OCASIÓN DE LA APERTURA DE LOS ARCHIVOS SECRETOS VATICANOS

A nuestros dilectos hijos Cardenales de la Santa Iglesia Romana Antonino De Luca, Vicecanciller de la Santa Iglesia Romana; Giovanni Battista Pitra, Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana; y Joseph Hergenröther, Prefecto de los Archivos Vaticanos.
  
Dilectos Hijos nuestros, salud y Bendición Apostólica

Hemos analizado a menudo cuáles son las técnicas que utilizan frecuentemente aquellos que quieren convertir a la Iglesia y al Pontificado romano en un objeto de sospecha y de envidia, y hemos encontrado que, frecuentemente, los intentos de aquéllos se han vuelto con gran violencia y astucia contra la historia de la Cristiandad y especialmente contra aquella parte que se refiere a las acciones de los Pontífices romanos, más estrictamente ligadas a los sucesos italianos. Diversos obispos que registraron Nuestras mismas intenciones se encuentran preocupados no solamente por el pensamiento de los males que de ellos se derivaban, sino también por el temor de lo que vendrá. De hecho, quienes dan espacio al odio contra el Pontificado romano, más que a la verdad de los hechos, atentan en modo injusto y contemporáneamente peligroso, contra la memoria de los tiempos pasados al pintarla de falsos colores y hacerla sierva del nuevo poder en Italia.
   
Puesto que a nosotros nos compete, no solamente alejar las ofensas contra los antiguos derechos de la Iglesia sino también defender su misma dignidad y decoro de la Sede Apostólica, queriendo que finalmente la verdad triunfe y que los italianos sepan dónde en el pasado han recibido los máximos beneficios y desde dónde deban esperarlos para el futuro, hemos deliberado el transmitiros, queridos Hijos Nuestros, nuestras decisiones en esta materia tan relevante, confiándolas a vuestra sabiduría a fin de que sean cumplidas.
   
Los recuerdos no tergiversados de los hechos, si se analizan con ánimo tranquilo y sin opiniones prejuiciosas, por sí mismos defienden espontánea y magníficamente, tanto a la Iglesia como al Pontificado. En efecto, en ellos donde pueden verse, hermanadamente, la grandeza y naturaleza de las instituciones cristianas; entre los arduos combates y las egregias victorias se observa la fuerza divina y la virtud de la Iglesia; a través del análisis cierto de los hechos, aparecen con evidencia los grandes beneficios realizados por los Pontífices máximos a todos los pueblos, especialmente en aquellas personas, en cuyo seno, la providencia de Dios colocó la Sede Apostólica.
   
Quienes con toda clase de razonamientos y esfuerzos, intentaron perseguir al mismo Pontificado, no quisieron evitar los testimonios históricos de los hechos importantes y, lanzados con perversidad y astucia, las mismas armas que podrían haber sido óptimamente utilizadas para rechazar las injurias, fueron usadas para provocarlas.
   
Este género de persecución fue practicado principalmente, hace tres siglos, por las Centurias de Magdeburgo quienes, no pudiendo como autores y promotores de nuevas tesis, expugnar las defensas de la doctrina católica, empujaron a la Iglesia hacia las disputas históricas, como a un nuevo combate. Casi todas las escuelas que se habían rebelado contra la antigua doctrina siguieron el ejemplo de las Centurias, entre ellos –lo que es aún más miserable– algunos católicos e italianos.
    
Con el objetivo de perseguir a la Iglesia, se analizaron hasta los últimos elementos del pasado, explorando, uno por uno, cuanto recoveco archivístico existiese; fueron publicadas historias sin fundamento; invenciones cien veces refutadas y cien veces repetidas. Los principales lineamientos de la historia fueron removidos o astutamente interpretados en modo reductivos; con reticencia, fácilmente fueron dejados de lado los acontecimientos gloriosos y justamente memorables de la Iglesia, al mismo tiempo que con aspereza, se subrayaba y exageraba cualquier acto imprudente o menos correcto, propios de la naturaleza humana de sus integrantes. Creían ellos con descarada agudeza, que resultaba incluso lícito analizar, los secretos ocultos de la vida familiar, para arrebatar y difundir los que parecían más fácilmente motivo de espectáculo y de burla para la multitud siempre ávida de escándalos.
    
Entre los Pontífices Máximos, aquellos cuya virtud brilló, fueron estigmatizados y condenados como intemperantes, soberbios y déspotas; a aquéllos a quienes no se pudo sustraer la gloria de las gestas, se los criticó en sus decisiones; mil veces fue repetida la estúpida tesis de que la Iglesia perjudicó el desarrollo humano e intelectual de las personas.
    
Una crudelísima red de maledicencias y de falsas acusaciones fue tejida específicamente contra el poder temporal de los romanos Pontífices, instituido por designio divino con el objeto de defender la libertad y el gobierno, y basado en óptimos fundamentos jurídicos e innumerables y memorables méritos. Estas maquinaciones también hoy han sido alentadas al punto que podríamos asegurar con fundamento que, la ciencia histórica parece ser una conjura de los hombres contra la verdad. De hecho, renovadas todas aquellas falsas acusaciones precedentes, vemos que la mentira se desarrolla audazmente en la actualidad, tanto entre ponderados volúmenes como en pequeños libros, entre las hojas volantes de los periódicos y las seductoras invenciones del teatro. Demasiados quieren que el recuerdo mismo de los sucesos pasados sea cómplice de sus ofensas.
    
Un ejemplo reciente viene desde Sicilia donde –aprovechando la ocasión de un cruento aniversario– fueron lanzadas contra el nombre de Nuestros predecesores, numerosas injurias y graves palabras, escritas incluso sobre monumentos memorables. Lo mismo sucedió poco después, cuando se rindieron públicos honores a un hombre de la ciudad de Brescia, cuya inteligencia sediciosa y su ánimo contra la Sede Apostólica, le hicieron famoso. Entonces se volvió a excitar la ira popular y a lanzar contra los Pontífices Máximos ardientes llamaradas de injurias. Si luego se trató de conmemorar eventos que devolviesen totalmente los honores a la Iglesia y en los cuales la luz de la verdad se manifestase, surgieron toda clase de espinosas calumnias, reduciéndolos y disimulándolos, a fin que los Pontífices no recibieran ni la menor alabanza ni el menor mérito posible.
   
Todavía más grave es que, este modo de hacer historia ha invadido incluso las escuelas: a menudo, en efecto, son presentados a los niños libros de texto llenos de falsedad que, una vez asimilados con la ayuda de la malicia o la superficialidad de los docentes, llenan de fastidio a las pequeñas almas ante el venerado pasado, engendrando además, un desprecio por cuanto de más sagrado hay allí: sus cosas y sus personas. Superados los primeros años de la escuela, estos peligros se hacen más y más grandes. Y resulta asombroso cómo a acusaciones de este género, alejadas completamente de la verdad, aunque se les oponga con fuerza numerosos testimonios, puedan haber sido tenidas en cuenta por muchos.
   
Es claro que la historia conserva, para eterna memoria, los últimos y grandísimos méritos que el Pontificado romano tiene respecto de Europa y, en particular, respecto de Italia, la cual recibió, antes que nadie –como era previsible– las más grandes ventajas y beneficios de la Sede Apostólica. Entre éstos beneficios se recuerda, antes que nada, que los italianos hayan podido mantenerse intactos en materia religiosa, a pesar de tantas divisiones: un bien grandísimo para los pueblos que gozan y se sirven de ella como solidísima custodia de la prosperidad familiar y pública.
   
Para dar un ejemplo puntual, ninguno ignora que, luego del debilitamiento de las tropas romanas, justamente los Pontífices se opusieron con mayor vigor que cualquiera a las tremendas incursiones de los bárbaros; gracias a su determinación y a su tenacidad, se logró –y no sólo una vez– que el suelo italiano se viera preservado del furor de los enemigos, preservando incluso a la misma Roma de innecesarios derramamientos de sangre, destrucciones e incendios. En el atormentado período en que los Emperadores de Oriente habían volcado sus preocupaciones hacia otra parte, entre tanta solicitud y miseria, Italia encontró siempre el cuidado de los Pontífices romanos, cuya demostrada caridad en aquellas calamidades contribuyó grandemente, junto a otros factores, a constituir el principado civil del cual –como es de público conocimiento– ha estado siempre atento a la máxima utilidad general.
    
En efecto, fue a raíz de que la Sede Apostólica quiso favorecer todo recto estudio de la sociedad, extender la eficacia de la propia virtud incluso en materia civil y abrazar estrechamente los temas de mayor relevancia en las comunidades, es que ha sido siempre agradecida por la potestad civil, obrando con libertad ante tantos sucesos. Cuando el sentido del poder movió a Nuestros Predecesores, a defenderse de los malos deseos de sus enemigos que buscaban dominarlos, ¿no es acaso verdad que, justo en este modo, repetidamente evitaron que gran parte de Italia fuese dominada por potencias extranjeras? Algo similar sucedió recientemente y se encuentra aún presente en la memoria, cuando la Sede Apostólica no se rindió ante las armas victoriosas del máximo emperador, solicitando a los reinos aliados que fuesen restituidos todos los derechos del principado. Ni fue menos ventajoso para los italianos el hecho que, a menudo, los Pontífices romanos se opusiesen abiertamente a las inicuas voluntades de los príncipes, y que, mantenida una alianza con las fuerzas asociadas de Europa, hicieran frente con gran vigor a los violentísimos y sangrientos ataques de los Turcos.
  
Dos batallas decisivas, una en el territorio milanés (Legnano) y otra cerca de las islas Curzolari (Lepanto), gracias a las cuales fueron vencidos los enemigos de Italia y de la Cristiandad, fueron combatidas con empeño bajo los auspicios de la Sede Apostólica. La fuerza y la gloria naval de los italianos derivaron de las expediciones palestinas (las Cruzadas), movilizadas por voluntad de los Pontífices; las repúblicas populares (las Comunas) trajeron leyes, vida y estabilidad gracias a la sabiduría de los Pontífices. La extraordinaria fama de Italia en los estudios liberales y en las artes debe agradecérsele también al mérito de la Sede Apostólica.
   
La literatura de los romanos y de los griegos, se hubiese perdido si los Pontífices y los hombres de Iglesia no hubiesen recogido, como luego de un naufragio, las reliquias de tan grandes obras. Lo que ha sido realizado en Roma habla con más fuerza que cualquier otra cosa: los antiguos monumentos conservados a costa de grandes gastos; los nuevos construidos y adornados con las obras de los mayores artistas; los museos y las bibliotecas creadas; las escuelas abiertas para la formación de los jóvenes; las ilustres universidades instituidas. Por estos motivos, Roma ha logrado tal fama, al punto de ser considerada por la opinión común, como la madre de las más grandes artes.
    
Mientras tanta luz se irradia de éstas y de muchas otras realizaciones, a ninguno se le escapa que definir como nocivo para Italia al Pontificado en sí, o el poder temporal de los Pontífices, significa inequívocamente querer mentir sobre una materia más que evidente. Pésimo propósito es engañar conscientemente y hacer de la historia un veneno homicida: tanto más reprobable en hombres católicos y más aún si son nacidos en Italia; la gratitud de sus ánimos, el respeto por la propia religión y el amor para con la Patria, deberían llevarlos más que a otros, no sólo a estudiar la verdad sino también a ser sus defensores. Mientras muchos entre los mismos protestantes, con agudeza de ingenio y equidad de juicio, han abandonado numerosas convicciones y, empujados por la fuerza de la verdad, no han dudado en alabar al Pontificado romano como portador de la civilización y de grandísimas ventajas para los Estados, es indigno que muchos entre los connacionales continúen afirmando lo contrario. Aquellos que en las disciplinas históricas aman sobre todo lo que viene del exterior, siguiendo y elogiando siempre a los más feroces escritores extranjeros contra las instituciones católicas, juzgan despreciable a quienes, entre los nuestros, han narrado la historia sin separar el amor a la Patria y el amor a la Sede Apostólica.
   
En tanto, apenas se percibe lo dañino que resulta para la historia la visión mundana de aquellos que, volcándose a los estudios pretéritos de un modo parcial (como quien estudia sólo las bajezas humanas) concluirán que la historia no será ya maestra de la vida ni luz de la verdad, como los antiguos –con buen tino– dijeron que debía ser, sino, todo lo contrario: una aduladora de los vicios y promotora de las corrupciones. Esto, sobre todo, ocasiona un daño entre los más jóvenes, cuyas mentes se verán llenas de locuras y de prejuicios desviando sus almas de la honestidad y de la modestia. La historia, en efecto, golpea con grandes seducciones sus apasionadas y vivaces mentes.
    
Son sobre todos los adolescentes quienes abrazan con ardor y mantienen impresa por muchísimo tiempo en el alma, las imágenes recibidas del pasado y los retratos de aquellos personajes que la narración les pone delante como si estuviesen vivos. Así, contaminados desde los primeros años por el veneno, será prácticamente inútil buscar luego un antídoto. No es, en efecto, una esperanza creíble que en el futuro, gracias a la edad, se volverán más sabios desechando aquello que, inicialmente, habían aprendido. La razón es sencilla: en primer lugar, porque pocos son los que se dedican a estudiar analíticamente la historia con profunda motivación; en segundo lugar, porque llegados a la adultez se darán quizás más ocasiones, en la vida cotidiana, para confirmar los errores, más que para corregirlos.
   
Por eso es importantísimo contrarrestar tan grande y actual peligro, dedicándose con empeño a fin de que las disciplinas históricas, tan nobles como son, no se transformen en una fuente de grandes males, públicos y privados. Los hombres de bien, documentados y competentes en estas materias, deben dedicarse con esmero a escribir textos de historia con el fin preciso de hacer aparecer aquello que es auténticamente verdadero y de refutar, con doctrina, las injurias criminales que ya hace demasiado tiempo vienen acumulándose. A la endeble narración se opongan la fatiga de la investigación y la reflexión; a la temeridad de las afirmaciones, la prudencia del juicio; a la ligereza de los prejuicios, la profunda clasificación de los hechos. Con todo esfuerzo deben ser repudiadas las mentiras e invenciones, ateniéndose a las fuentes; en la mente de quien escriba esté bien presente en cada momento, que «la primera ley de la historia es que no se ose decir nada falso, ni esconder nada de la verdad [1]; para que, al escribir, no existan sospechas de partidismo o aversiones».
   
Además, es necesaria la compilación de comentarios para el uso de las escuelas, que puedan describir y valorar la historia respetando la verdad y sin algún peligro para los adolescentes. Por este motivo, una vez realizadas las obras de mayor peso consideradas más confiables por la seguridad de la documentación, quedará por resumir los argumentos principales y transcribirlos con claridad y brevedad; un objetivo por cierto difícil, pero que dará grandes frutos, y por ende, será para mérito de los mejores ingenios.
  
Esto, por cierto, no es un campo de batalla inexplorado y nuevo; la senda ya ha sido marcada por diversos hombres excelentes a instancias de la Iglesia, quien cultivó con dedición los estudios históricos desde el inicio, recordando que, según los antiguos, eran más próximos a las materias sagradas que a las profanas.
    
A pesar de las sangrientas tormentas que se lanzaron desde el principio contra la Cristiandad, muchísimos documentos y testimonios fueron conservados intactos. Así, cuando despuntaron los tiempos más serenos, comenzó a desarrollarse en la Iglesia el estudio de la Historia. Oriente y Occidente vieron en esta materia los doctos trabajos de Eusebio Panfilio, Teodoreto, Sócrates, Sozomeno y otros.
    
Luego de la caída del Imperio Romano, con la Historia sucedió como con otras nobles disciplinas: no encontraron otro refugio que los monasterios y no tuvieron prácticamente otros cultores que los religiosos, tanto que, si los monjes de los conventos no se hubiesen preocupado por escribir regularmente los anales, por un gran lapso de tiempo no hubiésemos tenido casi ninguna noticia de aquello que sucedía en las ciudades. Entre lo más cercanos a nosotros, es suficiente recordar a dos estudiosos que ninguno ha superado: César Baronio y Luis Antonio Muratori. El primero sumó rectitud de ingenio y sutileza de juicio a una increíble erudición; el segundo, si bien en sus escritos «se encuentran también pasajes censurables» [2], sin embargo ilustró los sucesos de la historia italiana con tanta riqueza de documentos como ningún otro lo haya hecho antes. Además de éstos, se podrían recordar fácilmente a muchos otros estudiosos, notables y famosos, entre los cuales querría citar a Ángelo Mai, lustre y decoro de vuestro ilustrísimo Colegio.
   
San Agustín, gran doctor de la Iglesia y primero entre todos, delineó y elaboró la filosofía de la historia. Quienes han venido después de él, no sólo lo han tomado como maestro y guía sino que, formándose cuidadosamente en sus escritos y sus meditaciones, han obtenido resultados dignos de mención en este sector. El error en cambio, ha desviado una y otra vez de la verdad a aquellos que se han alejado de las huellas de tan gran hombre, porque al analizar los caminos y los acontecimientos de los Estados no comprendieron las auténticas causas que regulan los eventos humanos.
   
Aunque es sabido que siempre la Iglesia ha adquirido méritos en las disputas históricas, corresponde también ahora seguir conquistándolos, más aún, porque a estas lides nos impulsa la exigencia de los tiempos. En efecto, cuando los ataques de los enemigos continúan lanzándose sobre todo contra la historia, como hemos dicho, conviene que Ella los afronte con las armas adecuadas, preparándose con mayor empeño a reducirlos justamente allí donde son más violentos.
  
Con este espíritu, en otro momento hemos pensado que Nuestro Archivo ayudase lo más posible a la religión y al progreso de la ciencia. Hoy, de la misma manera, disponemos que de Nuestra Biblioteca Vaticana se traigan los instrumentos para enriquecer los escritos históricos de los cuales hemos hablado. No hay duda, queridos Hijos Nuestros, que la autoridad de vuestro rol y la estima de vuestros méritos, inducirán fácilmente a personajes doctos y expertos en el campo de la historiografía a unirse a vosotros; a cada uno de ellos, según sus competencias, podréis confiar correctamente un encargo, en base a criterios precisos deliberados por Nuestra Autoridad.
   
Ordenamos que todos aquellos que, junto con vosotros se empeñen en este trabajo, lo hagan con buenas y nobles intenciones, y confíen en Nuestra particular benevolencia. Esta resolución, por la cual esperamos óptimos frutos, es digna de Nuestro empeño y patrocinio. En efecto, es necesario que la tesis arbitraria ceda frente a la documentación sólidamente argumentada: los intentos largamente reiterados contra la verdad, serán superados y vueltos a la nada por la misma verdad, que por momentos podrá ser oscurecida, pero nunca suprimida.
   
Esperamos, por lo tanto, que la mayor cantidad de gente posible se vea estimulada por el deseo de la investigación de la verdad y, en consecuencia, recurran a válidos documentos. En efecto, puede decirse que toda la historia proclama que Dios es quien rige providencialmente los múltiples y perpetuos movimientos de los mortales, y que Él, incluso contra el querer de los hombres, la guía para el bien de Su Iglesia. El Pontificado Romano ha vencido siempre ante las luchas y persecuciones mientras que, sus oponentes, con la esperanza perdida, han logrado por sí solos, su propia ruina.
   
Con la misma claridad la historia testifica cuál ha sido desde el inicio, el designio divino respecto de la ciudad de Roma: proporcionar una sede perpetua y un domicilio a los sucesores del bienaventurado Pedro, para que, desde este centro, gobernase a toda la Cristiandad sin ser sometida a poder alguno. Ninguno ha osado oponerse a este designio de la divina providencia sin darse cuenta, antes o después, de haber emprendido un trabajo inútil.
   
Tales hechos son tan evidentes que brillan como si estuviesen colocados sobre un brillante monumento y confirmados por el testimonio de diecinueve siglos. Tampoco hay que creer que los acontecimientos futuros serán diferentes. Ahora, en efecto, prevalecen las sectas de los hombres enemigos de Dios y de su Iglesia, que mandan con hostilidad contra el Pontífice romano, trayendo la guerra incluso dentro de la misma casa, buscando debilitar sus fuerzas e intentando reducir el sagrado poder papal al punto tal que, si fuese posible, querrían destruir el mismo Pontificado. Lo que se ha cumplido luego de la expugnación de la Urbe y todo lo que todavía hoy se comete no dejan dudas sobre lo que se tenían entre manos aquellos que se presentaban como arquitectos y conductores de la nueva ciudad.
    
A éstos se unieron, quizás no con el mismo ánimo, quienes fueron atrapados por el increíble deseo de fundar y hacer grande la nación. Así creció el número de quienes estaban en lucha contra la Sede Apostólica y el Pontífice romano, reducido miserablemente a aquella condición que los católicos concordemente deploran19. Pero, en verdad, a quienes así obran, no les sucederá nada mejor que lo que ha sucedido antes a quienes tuvieron análogos objetivos y semejante audacia.
    
Para los italianos, este combate vehemente contra la Sede Apostólica, llevado delante de manera ofensiva y desconsiderada, es fuente de graves daños públicos y privados. Para perturbar los ánimos de la multitud, se ha dicho incluso que el Pontificado es hostil a los intereses italianos; pero es justamente lo que hemos dicho antes lo que refuta suficientemente esta inicua y estúpida acusación. Es públicamente conocido que el Papado, tanto en el pasado como en el futuro, ha sido y será una fuente de prosperidad y provecho para el pueblo italiano; porque esta es, justamente, su constante e inmutable naturaleza: hacer el bien y propagarlo en todas partes.
    
Por esto no es una buena decisión, de parte de aquellos que gobiernan, separar a Italia de esta grandísima fuente de beneficios; ni es digno de los italianos hacer causa común con aquellos que tienen como único objetivo la ruina de la Iglesia. Y no es ni útil ni prudente entrar en guerra contra un poder de cuya eternidad Dios es garante y la historia testigo; que es venerado por todo el mundo católico, el cual se preocupa por defenderlo con todos los medios; que inevitablemente los mismos gobernantes de los Estados reconocen y sostienen, sobre todo en estos tiempos difíciles, en los cuales parecen vacilar los fundamentos mismos sobre los cuales se basa la sociedad humana.
   
Si todos aquellos que estuviesen animados por el verdadero amor a la Patria se dieran cuenta de la verdad, deberían empeñarse al máximo por remover las causas de esta funesta trama y dar la debida razón a la Iglesia Católica, a quien le sobran fundadas respuestas y reivindica sus propios derechos.
    
Por lo demás, nada deseamos más que imprimir profundamente en el alma de los hombres todo lo que ya hemos recordado y que ha sido confiado a la memoria de los documentos. Será vuestra tarea, queridos Hijos Nuestros, dedicaros a este fin, con la mayor solercia y empeño que podáis, a fin que, vuestra fatiga y la de aquellos que os ayuden, produzca los mayores frutos.
   
Con sumo afecto en el Señor, impartimos a vosotros y a todos ellos, la bendición Apostólica, como prenda de protección celestial.
   
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 18 de agosto de 1883, año sexto de Nuestro Pontificado. LEÓN PP. XIII
   
NOTAS
[1] “Primam esse históriæ legem, ne quid falsi dícere áudeat, deínde ne quid veri abscóndere áudeat” (Marco Tulio Cicerón, De oratóre, lib. 2, cap. 15).
[2] Benedicto XIV, Epístola “Dum prætérito” al Supremo Inquisidor de España, 31 de Julio de 1748.

BERGOGLIO QUIERE NUEVA HISTORIOGRAFÍA PARA UNA IGLESIA CON MANCHAS

Traducción del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH.
   
FRANCISCO QUIERE UN ESTUDIO «RENOVADO» DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA QUE ACEPTE LAS «MANCHAS Y ARRUGAS» DE LA IGLESIA
También quiere que se escuchen las voces ‘excluidas’ de la historia…
   

Sabes que hay problemas en el horizonte cuando los modernistas piden “renovación”. Esto es aún más cierto si sienten la necesidad de incluir la palabra “valiente” en el discurso.
   
El 21 de noviembre de 2024, el jesuita apóstata Jorge Bergoglio (el “papa Francisco”) publicó una Carta sobre la renovación del estudio de la historia de la Iglesia, en la que pide un “estudio sincero y valiente de la historia”, especialmente por parte de los seminaristas. Si bien esto puede parecer a primera vista una idea bastante buena e inofensiva, lo que Francisco tiene en mente lleva en sí mismo las semillas de la revolución.
   
La misiva fue presentada en una conferencia de prensa vaticana dedicada a su publicación ayer. El propagandista jefe de Vatican News, Andrea Tornielli, señala: “Como en su carta de agosto [aquí], que se centró en la importancia de la literatura, el Sucesor de Pedro se dirige principalmente a los sacerdotes sobre su formación, pero también arroja luz sobre un tema que concierne a todos” (fuente).
     
No queda claro para el autor de estas líneas cómo es que el estudio de la historia de la Iglesia se ha convertido de repente en una “preocupación” para Francisco, hasta el punto de que ha sentido la necesidad de abordarlo en una carta que ha presentado la oficina de prensa del Vaticano. El asunto parece haber surgido más o menos de la nada, siendo otro proyecto revolucionario que Francisco quiere ver iniciado, en línea con su planteamiento de que «el tiempo es mayor que el espacio» (véase Evangélii Gáudium, nros. 222-225) de poner en marcha las cosas, sin importar las consecuencias.
   
En todo caso, en su Carta sobre la renovación del estudio de la historia de la Iglesia, el falso Papa se atreve a afirmar:
«Según una tradición oral, que no puedo confirmar con fuentes escritas, un gran teólogo francés decía a sus alumnos que el estudio de la historia nos protege del “monofisismo eclesiológico”, es decir, de una concepción demasiado angelical de la Iglesia, de una Iglesia que no es real porque no tiene manchas ni arrugas [macchie e rughe]. Y a la Iglesia, como a una madre, hay que amarla tal como es; si no, no la amamos en absoluto, o amamos sólo un fantasma de nuestra imaginación. La historia de la Iglesia nos ayuda a ver la Iglesia real, para poder amar a la que verdaderamente existe, y que ha aprendido y continúa aprendiendo de sus errores y de sus caídas. Esta Iglesia que, también en sus momentos más oscuros, se reconoce a sí misma y es capaz de comprender las manchas y las heridas del mundo en el que vive, y si tratará de curarlo y de hacerlo crecer, lo hará de la misma manera que intenta sanarse y crecer, aunque muchas veces no lo consiga.
   
Se trata de una rectificación de aquel terrible planteamiento que nos hace comprender la realidad sólo a partir de la defensa triunfalista de la función o del papel que uno cumple. Este último planteamiento, como he subrayado en la encíclica Fratelli tutti, es el que hace percibir al hombre herido de la parábola del buen samaritano como una molestia con respecto al propio proyecto de vida, quedando sencillamente como un “fuera de lugar” y “alguien que no cumplía función alguna” [Cf. Carta enc. Fratelli tutti (4 octubre 2020), 101: AAS 112 (2020), 1004]» (Antipapa Francisco, Carta sobre la renovación del estudio de la historia de la Iglesia, 21 de noviembre de 2024; subrayado añadido.)
Observa las diversas cosas escandalosas que Francisco afirma en el texto citado anteriormente, ya sea directa o indirectamente:
  • que una Iglesia Católica inmaculada «no es real»
  • que la Iglesia católica «real», la Iglesia «que verdaderamente existe» tiene «manchas y arrugas» y ha cometido «errores y caídas», de los que, sin embargo, «ha aprendido y continúa aprendiendo»
  • que precisamente porque la Iglesia es imperfecta y a causa de esta imperfección «se reconoce a sí misma», y «es capaz de comprender las manchas y las heridas del mundo en el que vive», lo que implica que su comprensión del pecado y del mundo pecador no proviene de «la doctrina de Cristo» (2 Jn 9), es decir, el Depósito de la Fe que le fue dado por Cristo y el Espíritu Santo (cf. Jn 1,17; 16,13), y del cual nunca podemos desviarnos (cf. Rm 16,17; 2 Jn 9); ¡sino de la experiencia y la interacción con el mundo!
  • que la Iglesia no es mejor que el mundo que intenta curar y, de hecho, «muchas veces no consigue» curarse a sí misma.
¡Las blasfemias y herejías contenidas en estas ideas son repugnantes! El hecho de que la carta se haya publicado el 21 de noviembre de 2024, festividad de la Presentación de la Santísima Virgen María, no hace más que añadir más insulto a la ofensa.
   
Procederemos ahora a refutar a Bergoglio con las verdades eternas del verdadero magisterio católico romano.
   
LA VERDADERA DOCTRINA CATÓLICA ROMANA
En el antiguo Credo de los Apóstoles profesamos nuestra creencia en “la santa Iglesia católica” ( Denz. 1), y también en el Credo Niceno-Constantinopolitano profesamos que creemos en “la Iglesia, una, santa, católica y apostólica” (Denz. 86).
   
Las siguientes citas de varias fuentes católicas demuestran la santidad de la Iglesia, mostrando que, a pesar del pecado de muchos de sus miembros, ella misma no tiene ningún defecto (todos los subrayados son añadidos para enfatizar):
  • «Vosotros, maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a su Iglesia, y se sacrificó por ella, para santificarla, limpiándola en el bautismo de agua con la palabra de vida, a fin de hacerla comparecer delante de él llena de gloria, sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante, sino siendo santa e inmaculada» (Efesios 5, 25-27) 
  • «Teológicamente, es cierto que la Iglesia debe ser santa en todos los aspectos» (P. Sylvester Berry, La Iglesia de Cristo: Un tratado apologético y dogmático [Wipf & Stock, 1955], pág. 57)
  • «En efecto, a la Iglesia católica pertenecen únicamente todas aquellas muchas y maravillosas cosas que han sido divinamente dispuestas para la evidente credibilidad de la fe cristiana. Pero, incluso la Iglesia por sí misma, a causa de su maravillosa propagación, su santidad excepcional y su inagotable fecundidad en todas las buenas obras, a causa de su unidad católica y su invencible estabilidad, es un grandísimo y perpetuo motivo de credibilidad y un testigo incontestable de su propia misión divina» (Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Fílius, cap. 3; Denz. 1794)
  • «…aunque una de las características de la Iglesia es la santidad, porque es santa en su Fundador, santa en su enseñanza, santa en la santidad de un gran número de sus miembros, sin embargo, también tiene en su seno muchos miembros que no son santos, que la afligen, la persiguen y la juzgan mal» (Papa Pío IX, Alocución a los peregrinos de Saboya, 15 de septiembre de 1876; citado en Enseñanzas papales: La Iglesia , p. 246.)
  • «“Ella es un jardín cerrado, mi hermana, mi esposa, un jardín cerrado, una fuente sellada” (Cant 4, 12). Estas palabras de la Sagrada Escritura se aplican, según los Padres, a la Iglesia católica, esposa inmaculada de Cristo…» (Papa León XIII, Decreto Hortus Conclúsus, 15 de diciembre de 1881; citado en Papal Teachings: The Church , p. 246).
  • «En efecto, sólo un milagro de ese poder divino podría preservar a la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, de toda mancha en la santidad de su doctrina, de su ley y de su fin en medio del diluvio de la corrupción y de las faltas de sus miembros» (Papa San Pío X, Encíclica Éditæ Sæpe, n. 8)
  • «Ahora bien, todo este conjunto de inestimables tesoros educativos, que apenas hemos mencionado, es tan verdaderamente propiedad de la Iglesia, que forma su misma sustancia, puesto que ella es el cuerpo místico de Cristo, su esposa inmaculada y, por consiguiente, su madre admirabilísima y su maestra incomparable y perfecta» (Papa Pío XI, Encíclica Divíni Illíus Magístri, n. 101)
  • «…la Iglesia, aunque en ella se puedan encontrar defectos humanos, es siempre la Iglesia de Cristo, y, como tal, verdadera e infalible en la conservación y transmisión del sagrado depósito de la fe, es decir, de la verdad y de la gracia celestial; y es santa, de hecho, la misma “Iglesia de Dios, que Él adquirió con su sangre” [Hechos 20, 28]. Dios es siempre grande y maravilloso en sus obras, pero hay que considerarlo así especialmente allí donde se manifiesta su mayor caridad, donde se perfecciona su redención más abundante en relación con nosotros, es decir, en la Iglesia Católica» (Papa Pío XII, Alocución a los estudiantes de la Gregoriana, 17 de octubre de 1953; extracto en Papal Teachings: The Church , p. 695.)
  • «Y si a veces aparece en la Iglesia algo que indique la debilidad de nuestra naturaleza humana, no debe atribuirse a su constitución jurídica, sino más bien a esa lamentable inclinación al mal que se encuentra en cada individuo, y que su divino Fundador permite incluso a veces en los miembros más exaltados de su Cuerpo Místico, con el fin de probar la virtud de los pastores no menos que la de los rebaños, y para que todos aumenten el mérito de su fe cristiana. Porque, como dijimos anteriormente, Cristo no quiso excluir a los pecadores de su Iglesia; por lo tanto, si algunos de sus miembros padecen enfermedades espirituales, eso no es motivo para que disminuyamos nuestro amor a la Iglesia, sino más bien para que aumentemos nuestra devoción a sus miembros. Ciertamente, la Madre amorosa es inmaculada en los sacramentos, por los cuales engendra y alimenta a sus hijos; en la fe que siempre ha conservado inviolada; en sus leyes sagradas impuestas a todos; en los consejos evangélicos que recomienda; en aquellos dones celestiales y gracias extraordinarias por las que, con inagotable fecundidad, genera multitud de mártires, vírgenes y confesores. Pero no se le puede imputar si algunos miembros caen, débiles o heridos» (Papa Pío XII, Encíclica Mýstici Córporis Christi, n. 66)
Obsérvese en particular la última frase del Papa Pío XII: que la pecaminosidad de los miembros individuales de la Iglesia “no puede ser imputada a ella”. ¡Hasta aquí la Iglesia “manchada” y “arrugada” de Bergoglio! No, la Iglesia misma es inmaculada porque es la Esposa de Cristo, cuya misión es conducir las almas al Cielo (cf. Ap 21,27), la única que posee todos los medios de santificación, la verdadera doctrina y la saludable disciplina, y la única a quien Dios ha dado poder sobre el tesoro de la gracia (cf. Mt 16,18; 18,18) y el derecho y la autoridad para predicar el Evangelio (cf. Jn 20,21; Lc 10,16).
   
Cristo no estableció una “Iglesia pecadora”, como algunos neomodernistas quieren hacernos creer; Él nos dio una Iglesia que puede santificarnos precisamente porque, siendo Su Esposa, ¡no tiene mancha ni arruga!
   
Cabe señalar aquí que no es la primera vez que el apóstata bonaerense blasfema contra la Iglesia de esta manera. Había dicho más o menos lo mismo en su audiencia general del 11 de septiembre de 2013, en la que también se las arregló para blasfemar contra la Madre de Dios:
En cuanto a la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,30-35) a la que alude Bergoglio, para él no es más que una vívida llamada a practicar las obras corporales de misericordia; mientras que en realidad la parábola es mucho más que eso. Es, de hecho, una alegoría del hombre caído y pecador redimido por Cristo y santificado a través del ministerio de la Iglesia:
«El viajero es Adán herido y casi muerto en sus delitos y pecados. Pues Adán fue de Jerusalén a Jericó cuando cayó de la gracia al poder de Satanás. Pues los ladrones son los espíritus malignos que tentaron a Adán y Eva para que pecaran, y corrompieron las almas de todos con la lujuria de la concupiscencia. El sacerdote y el levita representan la ley antigua, que no pudo remediar las consecuencias de la caída de Adán.
   
El samaritano es Cristo, por quien los hombres son rescatados del pecado y se les promete la salvación. La bestia es su naturaleza humana, a la que se une la divina, y sobre la que es llevada y llevada. La posada es la Iglesia, que recibe a todos los creyentes. El vino es la sangre de Cristo, por la que somos purificados del pecado. El aceite representa su misericordia y compasión. El anfitrión, que es la cabeza de la posada, es decir , de la Iglesia, es San Pedro. Así lo hacen San Ambrosio, Orígenes y los Padres.

Escuchad también a Orígenes más concretamente: “Un predicador interpreta así la parábola: el hombre que bajó de Jerusalén es Adán; Jerusalén es el Paraíso; Jericó, el mundo; los ladrones, los poderes que están contra nosotros; el sacerdote, la ley; el levita, los profetas; el samaritano, Cristo; la bestia sobre la que se sentó, el cuerpo del Señor, es decir, su humanidad; el mesón, la Iglesia; por las dos monedas podemos entender al Padre y al Hijo; y por el anfitrión, a la cabeza de la Iglesia, a quien se le ha encomendado su gobierno; el regreso del samaritano es la segunda venida del Señor”; y esta interpretación parece razonable y verdadera» (Gran comentario de Cornelio Alapide: el Evangelio de San Lucas, 3.ª ed., trad. y editado por Thomas W. Mossman [Londres: John Hodges, 1892], págs. 260-261).
Pero esto es probablemente demasiado “triunfalista” para Bergoglio, a quien le gusta permanecer siempre en el plano de lo natural. Para él, son las grandes verdades sobrenaturales del Evangelio las que no son más que “una distracción, irrelevante para las cosas importantes de la vida”, que para él son sobre todo caricias, limosnas y comedores populares.
   
ABSURDO Y REVOLUCIÓN
Es, por supuesto, irónico que un hombre cuya religión prácticamente no se remonta a antes del Concilio Vaticano II (1962-65) —las notas a pie de página en su carta por sí solas lo delatan— y cuya liturgia “irreversible” se remonta a reuniones de comités celebradas en los años 1960, esté dando conferencias a los católicos sobre la importancia de una comprensión adecuada de la historia de la Iglesia.
   
Resulta divertido que el falso Papa advierta sobre «historias cuidadosa y secretamente prefabricadas que sirven para construir relatos ad hoc, relatos de identidad y relatos de exclusión». Lo que necesitamos, afirma, es una comprensión de la historia «sin la cual no sería posible la transformación del mundo actual más allá de las deformaciones ideológicas». Si eso es en sí mismo una distorsión ideológica, no nos lo dice. Tampoco explica qué implicaría “transformar el mundo actual”, ni exactamente en qué quiere que se transforme el mundo actual , aunque no ha dejado ninguna duda en los últimos 11 años de que definitivamente no es un mundo católico lo que le interesa.
   
Citando la insufrible Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno del Vaticano II, Francisco afirma que la Iglesia…
«sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, clérigos o laicos, fieles al espíritu de Dios. Sabe también la Iglesia que aún hoy día es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiado el Evangelio. Dejando a un lado el juicio de la historia sobre estas deficiencias, debemos, sin embargo, tener conciencia de ellas y combatirlas con máxima energía para que no dañen a la difusión del Evangelio» (Vaticano II, Gáudium et Spes, n. 43; citado por el antipapa Francisco en la Carta sobre la renovación del estudio de la historia de la Iglesia , 21 de noviembre de 2024.)
No podemos evitar reírnos de la pretensión de Bergoglio. Enseña sin tapujos que la diversidad de religiones es un don de Dios a la humanidad y que todas son caminos diferentes para llegar a Dios , y sin embargo ahora intenta asegurarnos que de alguna manera le preocupa cualquier cosa que pueda “dañar a la difusión del Evangelio”. ¿A quién cree que está engañando?
   
Antes de terminar su carta, Francisco obsequia al lector con una serie de “breves observaciones sobre el estudio de la historia de la Iglesia”, de las cuales la sexta (y penúltima), que dice “está muy cerca de mi corazón”, es nada menos que explosiva.
«se refiere a la eliminación de las huellas de quienes no han podido hacer oír su voz a lo largo de los siglos, hecho que dificulta una reconstrucción histórica fiel. Y aquí me pregunto: ¿no es quizás un lugar de investigación privilegiado, para el historiador de la Iglesia, el poder sacar a la luz en la medida de lo posible el rostro popular de los últimos y reconstruir la historia de sus derrotas y opresiones sufridas, pero también la de sus riquezas humanas y espirituales, ofreciendo herramientas para comprender los actuales fenómenos de marginalidad y exclusión?» (Antipapa Francisco, Carta sobre la renovación del estudio de la historia de la Iglesia )
Bajo este discurso meloso que pretende «dar voz a los oprimidos» se esconde un llamamiento a la revolución, de lo más peligroso. Lo que Francisco escribe aquí es, en esencia, la luz verde para que todo hereje, todo disidente, todo clérigo o laico censurado y censurado en la historia de la Iglesia sea, en la práctica, rehabilitado. Así, de un solo golpe, se eliminarían todas las salvaguardas de la Iglesia contra la herejía y los herejes, y las consecuencias serían desastrosas, ya que hay buenas razones por las que la Iglesia prohíbe los libros malos, silencia a los disidentes, suprime los movimientos descarriados, condena los errores y anatematiza no sólo la herejía sino también a los herejes.
   
¿NO LO CREES?
Ya hemos visto avances de esta peligrosa tontería. Por poner un ejemplo: bajo el “Papa” Francisco, Martín Lutero, el fundador del protestantismo, ha sido rehabilitado hasta el punto de ser llamado “testigo del Evangelio”. ¡No se puede inventar esto! De hecho, en 2016 y 2017, el propio Francisco se unió a la celebración del 500 aniversario de la Revolución Protestante (“Reforma”) y se alegró de tener en exhibición durante una audiencia una estatua de Martín Lutero hecha de chocolate que aparentemente le había traído una delegación ecuménica (ver la foto que se encuentra en esta página aproximadamente a la mitad). ¡Ese es el mismo Martín Lutero que, bajo todos los verdaderos Papas desde su época —empezando por León X, hasta Pío XII— era conocido por ser un archihereje malhablado, malvado y blasfemo! En 2017, el Vaticano tuvo el descaro de emitir un sello postal en honor (!) de la Revuelta Luterana, representando a Lutero y a su discípulo Felipe Melancthon al pie de la cruz.
      
Así, cuando Francisco aboga por una “renovación” en el estudio de la historia de la Iglesia, específicamente una que sea “valiente” y tenga en cuenta “las voces que no han logrado hacerse oír a lo largo de los siglos”, sólo podemos imaginar cuál será su fruto más podrido.
    
Una revolución de este tipo en la historia de la Iglesia sería sin duda un complemento adecuado al “cambio de paradigma” que él pidió en teología hace un año, y ambos juntos llevarán la apostasía infernal a niveles sin precedentes.
    
Con el pretexto de renovar y refrescar el estudio de la historia eclesiástica, Bergoglio abre las compuertas a una reinterpretación completa de la historia católica, lo que a su vez abre las compuertas a cualquier tipo de aberración doctrinal, al eliminar el testimonio objetivo (¡y triunfalista!) que la historia da a favor de la ortodoxia.
   
En la actualidad, la religión del Vaticano II sigue teniendo el molesto problema de que la historia de la Iglesia da testimonio de la verdad del catolicismo genuino, lo que lo expone como la farsa que es. Podemos ver esto, por ejemplo, en los recientes intentos del Vaticano de rebajar el papado a algo aceptable para los protestantes. El mayor obstáculo que se interpone en el camino es, por supuesto, el Concilio Vaticano (1870).
   
Sin duda, el estudio “renovado” de la historia de la Iglesia por parte de Bergoglio producirá rápidamente los resultados deseados a ese respecto, relegando el Vaticano I a algo que debe entenderse en el contexto histórico en el que se celebró, pero que no puede trasladarse a nuestros días en el mismo sentido y significado, debido a las circunstancias enormemente diferentes que ahora prevalecen entre la Iglesia y otras “comunidades cristianas”, gracias al ecumenismo.
    
En resumen, podemos esperar que la “renovación” de los estudios histórico-eclesiásticos propuesta por Francisco resulte ser una caja de Pandora que generará resultados “valientes” durante las próximas décadas.

SAN PEDRO PASCUAL, OBISPO Y MÁRTIR MERCEDARIO


La familia valenciana de los Pascual dio a la iglesia seis mártires durante la dominación de los moros; según se dice, San Pedro fue el último de ellos. Pedro se educó en su casa, bajo la dirección de un maestro privado: era éste un sacerdote originario de Narbona y doctor en teología por la universidad de París, a quien los padres de Pedro habían rescatado de manos de los moros, Pedro se trasladó con él a París, donde hizo sus estudios junto a Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura, y obtuvo el título de doctor en Teología. A su regreso a Valencia, recibió las órdenes sagradas a los veinticuatro años de edad. Fue profesor de teología en Barcelona, hasta que Jaime I de Aragón le nombró tutor de su hijo Sancho, quien poco después fue nombrado arzobispo de Toledo. Como dicho príncipe era todavía muy joven para recibir las órdenes, Pedro fue nombrado administrador de la diócesis. Más tarde, fue nombrado obispo titular de Granada, que estaba entonces en manos de los moros, pero no recibió la consagración episcopal sino hasta 1296, cuando fue elegido obispo de Jaén por el papa Bonifacio VIII. Dicha ciudad estaba todavía bajo el poder de los moros. A pesar del peligro, Pedro rescató a muchos cautivos, instruyó y bautizó a los cristianos, predicó a los infieles, y reconcilió con la Iglesia a varios apóstatas y renegados. Por ésta razón, los moros dirigidos por el emir Mohamed II se apoderaron de él durante una visita que hizo a Granada, y le encerraron en un calabozo a donde nadie podía ir a verle. A pesar de ello, San Pedro se las ingenió para escribir un tratado contra el Islam y su profeta. Cuando las autoridades se enteraron de que dicho tratado corría de mano en mano, condenaron a muerte al santo. Este atravesó por un período de pavor la víspera del día de la ejecución; pero el Señor se le apareció y le reconfortó diciendo: «Pedro, no te asustes porque la naturaleza haga su oficio. Yo mismo estuve triste hasta la muerte la noche antes de mi Pasión, y por tu amor padecí aquella amarga agonía». A la mañana siguiente, el 6 de Diciembre fue asesinado a puñaladas mientras hacía oración después de la Misa; los perseguidores le cortaron después la cabeza. Tenía entonces setenta y tres años. Tardó poco el cielo en vengar aquella muerte con todo género de calamidades que llovieron sobre la infeliz ciudad de Granada, pero especialmente sobre la familia del príncipe moro, el cual pereció miserablemente, confesando que el Obispo de Jaén le castigaba aun en esta vida.
      
El lugar de su enterramiento en Granada fue el más tarde llamado Cerro de los Mártires, en el que, después de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos, se construyó una iglesia en honor de los Santos Mártires.

Probablemente, en el último tercio del siglo XVI o en los primeros años del siglo XVII, los restos del obispo Pedro Pascual, mártir, fueron trasladados un 23 de Octubre a la Catedral de Baeza, en cuyo retablo del altar mayor se veneran, colocados dentro de humilde urna forrada de damasco rojo. Habían disputado las ciudades de Baeza y Jaén quién custodiaría el cuerpo, por lo que dejaron que un carro de bueyes lo llevasen, llegando a Baeza. El culto que los fieles cristianos tributaban al obispo de Jaén, Pedro Pascual, desde la hora misma de su glorioso martirio en su diócesis de Jaén, en la Granada de su sacrificio, y en su Orden de la Merced, fue solemnemente ratificado y declarado inmemorial por el papa Clemente X, en su bula Ecclésiæ Cathólicæ regímini, dada en Roma, en Santa María la Mayor, el 14 de agosto de 1670.
  
ORACIÓN (De la Orden de la Merced)
Oh Dios, consuelo de los humildes, y fortaleza de los fieles, en virtud de cuyo abrasado amor el bienaventurado mártir y pontífice San Pedro Pascual, haciéndose él mismo esclavo, redimió a otros cautivos infantes y mujeres frágiles de la cautividad de los impíos: suplicámoste que por su intercesión nos libres de toda culpa de la humana fragilidad, para estar más prontos a todas las obras de caridad, y logrando la dicha de estar en tu gracia por habernos perdonado, nos conserves en ella con la eficacia de tus auxilios. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 5 de diciembre de 2024

SOBRE LA PELÍCULA “Cónclave” (O DESTRUYENDO LA ILUSIÓN QUE EL CÓNCLAVE ES ALGO DIVINO Y EXENTO DE POLÍTICA)

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
La película “Cónclave” se estrenó en octubre de 2024 y causó un gran revuelo, particularmente entre los críticos neoiglesianos.
Representa un nuevo cónclave papal ficticio con bastante precisión según varios relatos internos, solo que el final fue confuso y fuera de lugar.
    
«Queridos Padres de TRADITIO: La película “Cónclave” está causando un gran revuelo. ¿Tenéis algún comentario al respecto?» (Mary Anne).

RESPUESTA DE LOS PADRES DE TRADITIO: La película “Cónclave” se estrenó el 25 de Octubre de 2024 en los Estados Unidos y treinta y cuatro días después en el Reino Unido, con un reparto que incluye a Ralph Fiennes, Stanley Tucci y John Lithgow como cardenales deuterovaticanos en cónclave para elegir a un pseudopapa en medio de secretos y escándalos. En comparación con la mayoría de las tonterías que se lanzan a la pantalla estos días, “Cónclave” tiene en general buenas actuaciones. La descripción de la politización extrema del proceso del cónclave fue precisa, como lo confirman varios relatos internos de cónclaves anteriores. Solo el final fue confuso y fuera de lugar.
   
No hemos leído la novela homónima de 2016 de Robert Dennis Harris, un conocido novelista histórico, en la que se basó el guion de la película, por lo que no podemos decir si el controvertido final de la película [ALERTA DE DESTRIPE: El elegido resulta ser Vincent Benítez, un oscuro sujeto que desempeñaba misiones como arzobispón en zonas de guerra (en la película, un mejicano en Afganistán; en el libro, un filipino arzobispón de Bagdad) y reivindicó haber sido creado cardenal in péctore por el fallecido pseudopapa —un ultraizquierdista del cual nunca se revela su nombre— y adopta el nombre “Inocencio” pesar de ser un intersexual (nació con útero y ovarios, condición de la que se entera durante un examen médico —según el filme durante una apendicectomía; según el libro, luego resultar herido en un bombardeo—); y al saberlo el Decano del Colegio Cardenalicio, decide callar tal circunstancia en una ingenua confianza —para alguien que tiene crisis de vocación y hasta de fe— de que «Dios dirigió el resultado», N. del T.] representaba al libro en ese sentido. Hemos leído la serie de novelas históricas de tres partes de Harris sobre el orador, político y sacerdote romano Marco Tulio Cicerón, que nos pareció excelente. Si el final de la película refleja con precisión el final de la novela de Harris [como de hecho lo hace, N. del T.], solo podemos decir que, como la mayoría de los escritores de hoy, no tenía ningún concepto del verdadero catolicismo.
   
Es interesante observar una clara dicotomía en el tenor de las críticas de los críticos seculares en comparación con los críticos de la Antiiglesia. La mayoría de los críticos seculares elogiaron la calidad de la película, mientras que la mayoría de los críticos neoiglesianos la criticaron duramente. Parece que los críticos conciliares sintieron que mostraba el proceso del cónclave como demasiado político. Querían que fuera más “divino” (esto viniendo de la Iglesia Conciliar, que, irónicamente, ha quitado todo lo divino de la Misa y los Sacramentos y los ha reducido al punto de invalidarlos en su secta protestante-masónica-pagana, que ciertamente NO es la Iglesia Católica).
   
Parece haber una creencia por parte de los ingenuos neo-iglesianos de que el proceso de selección de un papa es de alguna manera “divino”. Los católicos tradicionales saben muy bien que la verdadera Iglesia nunca ha hecho tal declaración. Si lo hiciera, la Iglesia sería el hazmerreír, porque muchos de los verdaderos papas (por no hablar de los pretendientes pseudopapas) eran nefastos, inmorales e impíos, no el tipo de personas que Dios elegiría. Algunos de ellos incluso no defendieron la Fe como debían, sino que permitieron el avance de la herejía (Honorio I, Inocencio III, Inocencio XI y Pío XII).

PROHIBIDO EL LATÍN, PERMITIDO EL ARCOIRIS

Noticias tomadas de distintas fuentes.
   
1.º FILIPINAS: ARZOBISPÓN DE CEBÚ SUSPENDE EL RITO RONCALLIANO.
   

El arzobispón de Cebú y primado de las Filipinas José Palma Serofia OP (quien once años atrás había solicitado en su país reintroducir la oración a San Miguel Arcángel después del servicio Novus Ordo) suspendió la celebración de la Nueva Misa Latina de 1962 «a la espera de más discusiones y hasta que podamos elaborar pautas y regulaciones claras sobre estas Misas», informó Rappler ayer 4 de Diciembre.

La Archidiócesis de Cebú es la cuna del cristianismo en Filipinas y tiene 5 millones de fieles.

Su única Nueva Misa Latina de 1962 “autorizada” era en la Capilla de las Sagradas Reliquias (abajo) en el barrio San José, un monasterio agustino descalzo a cierta distancia de los principales centros urbanos, encaramado en la colina Tabor. Esta misa ha sido suspendida.
   

La carta del canciller arzobispal Renato Beltrán Jr. en nombre de Palma que prohíbe la Misa, fechada el 28 de Noviembre, estaba dirigida a la comunidad de la Nueva Misa Latina de 1962 y a los tres presbíteros “autorizados” por Palma para celebrar la Misa: “monseñor” Joseph Tan, y los presbíteros Andrei Ventanilla y Luigi Kerschbamer OAD.
  
Con todo, el director de la Comunidad de la Misa Latina en Cebú Pío Gerard Antiquina y Fulache le dijo a Rappler que le sorprendió mucho la noticia después que Palma Seforia les hubiese dado a entender que las celebraciones en la Capilla de las Sagradas Reliquias continuarían todos los domingos con el presbítero Kerschbamer después después de pedirle en una carta que les designasen un nuevo capellán tras la salida de Tan (el cual dijo que no podía continuar porque ya tenía bastante trabajo como rector del Seminario de San Carlos).
  
Antiquina además denunció que a él y otros colaboradores los eliminaron como administradores de la página en Facebook, a la cual los nuevos administradores le cambiaron el nombre de “Comunidad de Misa Latina de Cebú” a “Misa Latina – Archidiócesis de Cebú”, y han eliminado varias publicaciones.

Hay una capilla de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en el barrio Umapad de la cercana ciudad de Mandaue. Y los Cuerpos Marianos de San Pío X (parte de la Resistencia de Mons. Richard Williamson) acuden con cierta frecuencia a decir Misa en Cebú capital.
  
2.º COSTA RICA: CONGRESO HOMOSEXUALISTA EN CASA DE RETIROS CLARETIANA, CON SERVICIO NOVUSORDITA INCLUIDO (¿Y la Conferencia Episcopal? Pura vida…).
  

El grupo homosexual costarricense llamado “Espacio Seguro Católico” celebró el 30 de Noviembre un congreso en la Casa de Ejercicios Espirituales de los Padres Claretianos en San José de Costa Rica en ocasión de sus cinco años de operaciones.

Los días incluían servicios novusorditas homosexuales más sacrílegos si cabe. El grupo usa una caricatura de Cristo envuelto en un manto homosexual como su portada en Facebook.
   

InfoVaticana informó que el grupo organizador está compuesto en gran parte por ex seminaristas del corrupto, corrompido, corruptor, pervertido, y pervertidor Seminario Nacional de Costa Rica.
 
El congreso titualdo “Voces diversas: Una misma Fe” fue presidido por el estandarte costarricense y la bandera homosexual, y se lanzaron proclamas del tipo «Uno de los grandes temores y argumentos que se utilizan para no hablar de la diversidad sexual en la Iglesia es la complementariedad… la sexualidad es mucho más amplia que esa visión» (Hanzel José Zúñiga Valerio) o que «hay que ser sinodales en la interpretación bíblica para escuchar todas las voces, para superar esa lectura tan inmadura, irrespetuosa e irresponsable, sobre de que Dios ha querido para nosotros» (Freddy Estuardo Cabrera Ventura CMF).

Como era de esperar, el activista homosexual James Martin Spano SJ hizo una aparición en línea, al igual que el ex dominico británico y homosexual James Alison Haigh en un vídeo donde dijo que «no hay ningún buen motivo ni en la Biblia, ni en la fe católica» que condene su estilo de vida o condición sexual, y que no hay nada que impida decir que ellos no son «hijos, hijas e hijes de Dios, precisamente porque Dios nos ha creado de esta manera».

Todo esto con la connivencia (o complicidad cuando menos) de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, que a más de plegarse al régimen de turno y fraternizar con masones por unos cuantos colones, se ganó el dudoso honor en 2021 de ser el primer país del mundo donde se prohibieron todas las misas en el Rito romano, como también el Novus Ordo en latín y Ad oriéntem (o al menos, esto último en la Alajuela del amigoniano español Bartolomé Buigues Oller) como consecuencia del motu próprio bergogliano Traditiónis Custódes.

DETALLES SOBRE SAN FRANCISCO JAVIER

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo Don Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en la fiesta de San Francisco Javier (martes 3 de Diciembre de 2024).
   

miércoles, 4 de diciembre de 2024

FUTURO CARDENAL REIVINDICANDO A JUDAS

   
Judas Iscariote recibió el primer bocado de pan en la Última Cena, y esa «fue la manera de Jesús de transformar una comida de traición en una comida de perdón», fantaseó el obispón de Caloocan (Filipinas) y futuro cardenal Pablo Virgilio “Ambo” David y Siongco (foto), de 65 años, en una homilía ayer 3 de Diciembre durante la “instalación” episcopal de Elías “Eli” Ayuban Jr. Lumayog CMF como segundo obispón de Cubao:
   
TRADUCCIÓN
Junto a la hoguera – Homilía de ordenación del obispo Elías Ayuban
3 de diciembre de 2024
Juan 21:15-19

Gracias por delegar en mí la tarea de predicar esta homilía, cardenal “Joe” Advíncula, a petición del obispo “Eli”. Es una alegría estar con todos vosotros en esta celebración eucarística, queridos hermanos y hermanas, en esta solemne ocasión de la ordenación de nuestro querido hermano claretiano Elías Ayuban, Jr. al ministerio episcopal. Gracias, queridos claretianos, por estar aquí para él. Hoy perdéis un provincial pero estáis aportando un nuevo obispo para la Iglesia filipina. Espero que las demás congregaciones religiosas lo oigan. Estamos honrados con tener entre nosotros al arzobispo de Manila como principal consagrador, y a los obispos “Nes” [Honesto] Ongtioco y “Abet” [Alberto] Uy como co-consagradores, junto con los representantes del Santo Padre, nuestro amado Nuncio papal, el arzobispo Charles John Brown, y los arzobispos y obispos de las Filipinas. Permitidme ponerme mi sombrero como presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de las Filipinas y aprovechar la oportunidad para agradecerle al obispo “Nes” Ongtioco por sus 21 años de ministerio dedicado como obispo de Cubao desde su misma creación en el 2003.

Las historias de los Evangelios sobre las apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos tienen un patrón común: los está restaurando. Recordemos que dos de ellos ya se habían peleado y se habían separado. Esos muchachos no solo viajaban rutinariamente a Emaús, sino que estaban huyendo. Y Jesús resucitado, de incógnito, tuvo que interceptarlos para desviar su viaje de regreso a Jerusalén y reunirlos con la comunidad.

Había uno de ellos que no se hablaba bien con los demás. Me refiero, por supuesto, a Tomás. Juan dice de forma críptica que él «no estaba con ellos» cuando Jesús apareció por primera vez en el Cenáculo. Tuvo que tocar primero las heridas de Jesús antes de que su propia relación herida con su comunidad pudiera sanar. María Magdalena y las otras mujeres tuvieron que luchar con las actitudes sexistas de estos discípulos masculinos androcéntricos y patriarcales que no confiaban en su testimonio sólo porque eran mujeres.

Los discípulos estaban todos en un profundo estado de trauma y dolor. Estaban demasiado desconcertados y confundidos como para entender siquiera la instrucción de los ángeles de que Jesús les estaba pidiendo que regresaran a Galilea y se encontraran con él allí. Así que se acurrucaron como perros asustados en Jerusalén lamiéndose las heridas. Jesús tuvo que entrar en ese aposento alto para poder sacarlos y liberarlos de su miedo colectivo [Las Escrituras no dicen nada acerca de que Jesús “entró”; más bien, pasó por las puertas, usando el poder de la agilidad de su Cuerpo glorificado, N. del T.]

En Japón existe el arte de juntar las piezas de un cuenco de cerámica roto utilizando oro en polvo de 24 quilates mezclado con laca, como pegamento [El kintsugi (金継ぎ, lit. “Reparación dorada”), N. del T.]. El aglutinante es más caro que el cuenco en sí. Todo el proceso se lleva a cabo como un ritual religioso. El dueño del cuenco lo hace con sumo cuidado. Restaura el cuenco roto, pero de una manera que no oculte las grietas. Son precisamente las grietas las que convertirán el cuenco roto en una preciosa obra de arte. ¿No es hermoso?

Todos somos personas heridas. El cristianismo nunca fue pensado sólo para los santos y los merecedores. La Eucaristía no es una comida exclusiva para los justos, sino un cuerpo roto para las personas rotas. Por eso Jesús dice: «Esta es la nueva alianza en mi sangre derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados».

Mirad, el que recibió el primer bocado de pan fue Judas. Fue la manera que tuvo Jesús de transformar una comida de traición en una comida de perdón. Todos somos como cuencos rotos. Pero la buena noticia es que no hay nada quebrantado que no pueda ser sanado por la preciosa sangre del Cordero. Es un agente aglutinante más precioso que el oro. Jesús sanó a Pedro antes de poder convertirlo en un ministro de sanación. Lo que restauró a Pedro fue una invitación a hacer un acto de fe: ¿me amas? Una palabra de amor por cada palabra de negación. Solo entonces podremos comenzar verdaderamente a seguirlo y representarlo.
En Filipinas, el cardenal electo “Ambo” David es conocido por su defensa de la “rehabilitación de Judas” en sus sermones y ensayos. En un breve ensayo de 2016 titulado “En defensa de Judas”, cuyo texto todavía se puede encontrar en Facebook:
«Algunos olvidan que Judas fue elegido personalmente por Jesús para ser uno de los doce pilares de la Iglesia (si podemos atribuirle infalibilidad al Papa, ¿por qué no al Hijo de Dios?) [En Jesucristo, Verdad eterna, no hay ni puede haber lugar para el error ni errabilidad, N. del T.]. También olvidan que Judas finalmente se arrepintió y de hecho intentó devolver el dinero a los sumos sacerdotes antes de que la desesperación lo empujara a quitarse la vida, según la historia de la pasión de Mateo. Cuando los Evangelios dicen que “Satanás había entrado en Judas”, en realidad están siendo misericordiosos. Equivale a decir que Judas realmente no era él mismo en ese momento, que estaba bajo el hechizo del mal cuando realizó su acto de traición. De hecho, no deberíamos olvidar que en la primera Eucaristía Jesús partió el pan y le dio el primer bocado a Judas. Decir que eso no fue Eucaristía es afirmar que Judas estaba sin redención. También es negar el poder de la misericordia de Dios. ¿Hemos olvidado que la Eucaristía era realmente para él (y para los Judas potenciales en los que todos podemos convertirnos)? Así, el sacerdote dice, al prefacio de las palabras de la consagración en la Misa, que fue “la noche en que fue entregado” que Jesús tomó pan y vino y los ofreció como su propio cuerpo y sangre, en anticipación de su acto de autooblación en la cruz el Viernes Santo. La Eucaristía es realmente la opción consciente de Jesús de transformar esa noche de traición en una noche de perdón: “Será derramada por vosotros y por muchos PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS”. Fue precisamente en ese momento que Jesús aceptó la perspectiva de convertirse en el cordero de la nueva Pascua, por cuya sangre serían perdonados los pecados, incluidos los de Judas».
En una “Homilía para el Miércoles Santo, 31 de marzo de 2021, Mt 26:14-25”, “Ambo” explicó su posición con mucha más extensión:
ENTENDIENDO EL ODIO HACIA JUDAS
   
Creo que algunas personas pueden haberme malinterpretado en esa breve reflexión que publiqué en mi página de Facebook hace cinco años, titulada “EN DEFENSA DE JUDAS”. Me pregunto si la leyeron con atención. No estaba defendiendo lo que hizo Judas. Lo que hizo fue definitivamente despreciable, malvado y depravado. Traicionó a Jesús y nada de eso es justificable. Tampoco dije que simplemente estaba «siendo utilizado como un títere en una obra escrita por Dios». En cambio, son los propios Evangelios los que dicen que Judas estaba bajo el hechizo de Satanás, el verdadero adversario, el verdadero enemigo de Jesús.
   
Cuando era un niño pequeño, recuerdo haber presenciado el macabro ritual tradicional de colgar una efigie de Judas Iscariote en la mañana del Sábado Negro [Sábado Santo, N. del T.]. Todo era como una ejecución pública medieval. La efigie de Judas estaba llena de fuegos artificiales en su interior. A la vista de los niños, ataban una cuerda gruesa alrededor del cuello de la efigie de Judas, lo colgaban de una rama de un árbol justo en el patio de la iglesia y, tan pronto como caía con todo su peso en el aire, comenzaban las explosiones. Primero explotaban sus extremidades, luego sus brazos y luego el torso, hasta que solo quedana la cabeza. Por supuesto, reservaban la explosión más ruidosa para el final: la explosión de la cabeza, que generalmente provocaba un aplauso atronador de los espectadores. En algunos lugares, la explosión de la cabeza soltaba algunos caramelos que estaban disponibles para que los niños entre los espectadores los agarraran. Después del ritual, la gente se iba a casa completamente satisfecha y decía cosas como: «Eso se lo merece Judas; traicionó al Señor».
    
En mi artículo de hace cinco años, quise llamar la atención sobre esa actitud condenatoria. Creo que es una actitud muy poco cristiana. Condenar el pecado de Judas y condenar a Judas son dos cosas completamente diferentes. Como cristianos, siempre hacemos una distinción entre el pecador y el pecado, entre la persona y la acción. Condenamos el acto de traición, pero dejamos que el único Juez, Dios, juzgue al traidor. Decimos que Dios odia el pecado, pero ama al pecador.
    
No recuerdo ninguna enseñanza en la fe cristiana que diga que Cristo murió sólo por los justos. ¿Recordáis lo que dijo San Pablo en Romanos 5, 8? «En esto demostró Dios su amor por nosotros: en que SIENDO AÚN PECADORES, Cristo murió por nosotros». Pablo llega incluso al extremo de declarar que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios por causa de Cristo Jesús nuestro Señor. Declara con confianza que ni el Padre ni el Hijo jamás nos acusarán porque el deseo de Dios es precisamente salvarnos.
   
En nuestro Evangelio de hoy, Mateo cita a Jesús diciendo: «¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valdría no haber nacido». Probablemente yo también me diría eso si me encontrara en la posición del traidor. Probablemente diría: «Ojalá no hubiera nacido».
    
Unos versículos más adelante, el mismo evangelista nos habla del arrepentimiento de Judas. Dice en Mateo 27, 3-5: «Judas, el traidor, al ver que Jesús había sido condenado, se arrepintió profundamente de lo que había hecho. Devolvió las treinta piezas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, y dijo: “He pecado entregando sangre inocente”».
    
Lamentablemente, ya era demasiado tarde. No podía salvar a Jesús ni siquiera si devolvía el dinero. Así que tiró el dinero, se fue y, desesperado, se ahorcó. Eso es lo que generalmente reprochamos a Judas: que, a diferencia de Pedro, había perdido totalmente la confianza en la capacidad del Señor para perdonar. Intentad decirle eso a las personas que están en un estado de depresión o en un estado de salud mental frágil.
   
Hace unas semanas, si recordáis, señalé el paralelismo entre el drama de la vida de los doce hijos de Jacob (en Génesis 37-50) y los doce apóstoles de Jesús en los Evangelios. En ambos casos, el traidor es uno de los doce. En el libro del Génesis, es Judá quien propone vender a José como esclavo por 20 piezas de plata. En los Evangelios, es Judas quien lo entrega a los sumos sacerdotes por 30 piezas de plata. Tomad nota: “Judá” y “Judas” en hebreo (Yehudá) son básicamente el mismo nombre.
   
En ambos casos, el traidor se arrepiente. En el caso de Judas, el arrepentimiento, por supuesto, termina trágicamente con el suicidio. Me pregunto qué habría sucedido si Judas hubiera sido crucificado junto a Jesús, probablemente se habría convertido en el ladrón arrepentido que es perdonado. Lamentablemente, los Evangelios no dicen nada sobre su perdón. Solo dicen que «la noche en que fue entregado», Jesús «tomó el cáliz... lo dio a sus discípulos como la sangre de la nueva alianza, PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS».
    
Si recordáis, cité la escena de la historia de José, donde José perdonó a Judá y a sus hermanos. ¿Recuerdan cuando José se derrumbó y finalmente reveló quién era? Dijo: «Yo soy José... Soy vuestro hermano, a quien vendisteis como esclavo en Egipto... No os culpéis. Fue realmente para salvar vidas que Dios me envió aquí antes que vosotros... en un acto extraordinario de liberación».
   
Hay algo terriblemente equivocado en el hecho de que los cristianos se precipiten demasiado a juzgar, condenando a personas que consideran pecadores, como si fueran Dios. Me da escalofríos. No es diferente en absoluto de la tendencia de muchos filipinos a aceptar que la mejor manera de tratar con sospechosos de delitos, adictos, comunistas y terroristas es matarlos extrajudicialmente, olvidándose del debido proceso [Referencia a la guerra contra las drogas por el entonces presidente Rodrigo Duterte, que según cifras oficiales, hasta Marzo del 2022 dejó 6.229 criminales muertos, aunque la oposición (entre ellos los obispones filipinos, con los que Duterte tuvo guerra) elevan la cifra a 31.831 hasta Enero del mismo año, N. del T.]. Espero que recordéis el viejo dicho que dice: «Cuando señalas a alguien con el dedo acusador, no olvides que otros tres te están señalando a ti».
El Nuevo Testamento testifica contra “Ambo” David y su superior y nominador Francisco Bergoglio que Judas Iscariote está perdido para siempre. En Mateo 26, 24, Cristo dice de Judas, que como se ve en Juan 6, 65-72, Él sabía que llevaba urdiendo la traición dos años antes: «Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es traicionado! Sería mejor para ese hombre que no hubiera nacido». Mateo también nos dice que el último acto de Judas fue suicidarse (27, 5), que es un pecado mortal.

En Juan 17, 12, Cristo ora por Sus discípulos y dice, en referencia a Judas, que ninguno de ellos se pierde excepto «el hijo de la perdición» [fílius perditiónis / υιος της απωλειας / בֶּן-הָאֲבַדּוֹן / ܒ݁ܪܶܗ ܕ݁ܰܐܒ݂ܕ݁ܳܢܳܐ]. Y en Hechos 1, 16-25, Pedro declara infaliblemente que en Judas se cumplió la profecía de David que dice: «Quede su morada desierta, ni haya quien habite en ella, y ocupe otro su lugar en el episcopado» (Salmo 68, 26; 108, 8), y los Apóstoles ratifican en su oración que «Judas cayó del ministerio y apostolado» por su traición y de ello se fue «a su lugar a la habitación de los malvados» [= el Infierno]. Y así lo ha enseñado la Iglesia Católica durante dos mil años, tanto en su doctrina como en su liturgia, tanto en Oriente como en Occidente.

EL FUNERAL BUDISTA DE AYUSO GUIXOT


El pasado 1 de Diciembre, el Templo del Buda Reclinado (oficialmente en tailandés วัด พระเชตพน มังคลาราม ราชวรมหาวิหาร/Wat Phra Chetuphon Wimonmangklararm Ratchaworamahawihan, Real monasterio de la Hermosa residencia de la imagen real del Señor Buda Reclinado), uno de los templos más emblemáticos de Bangkok (Tailandia), celebró ceremonias en honor al cardenal curial español Miguel Ángel Ayuso Guixot MCCJ.

Ayuso Guixot, que fue Prefecto del Dicasterio para el “Diálogo Interreligioso”, murió de cáncer en Roma el 25 de Noviembre a la edad de 72 años.

La ceremonia fue ampliamente cubierta por los medios locales.

La ceremonia fue en dos partes. Primero, el líder de Wat Phra Chetuphon, Somdet Phra Maha Thirachan (nacido Prasit/Pasarit Sutthiphan), realizó una “oración” [que no tiene nada que ver con la oración cristiana] junto con diez monjes budistas que cantaron letanías del rito budista «para guiar el paso del alma».

Sin embargo, las enseñanzas budistas tradicionales enfatizan la doctrina de anatta (“sin alma”, en pali 𑀅𑀦𑀢𑁆𑀢𑀸, del sánscrito अनात्मन्, lit. “no-yo”), que niega la existencia de un alma o yo permanente e inmutable. Además, en el budismo, el “paso del alma” conduce a la reencarnación.

Los budistas suponen que recitar sutras y mantras crea un ambiente positivo y pacífico para la persona moribunda, ayudando a su estado mental y dejando ir los apegos.

Estas prácticas no tienen que ver con guiar a un alma permanente, sino más bien con influir en el proceso de renacimiento y garantizar una transición positiva a través del ciclo de samsara (el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento).

El presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Tailandia, el obispón de Nakhon Ratchasima Joseph Chusak Sirisut, luego presidió una “liturgia de la palabra” sobre San Juan XII, 24-26 y dio un sermón.

Esto tuvo lugar en una sala especialmente preparada donde una foto del cardenal fue colocada en el centro, rodeada de ofrendas budistas.

A ambos lados de la sala se colocaron dos altares: a la izquierda, la mesa “católica”, con un crucifijo, dos velas, una Biblia abierta y un mantel bordado con el escudo de armas de Francisco Bergoglio; a la derecha, un altar budista decorado con flores y velas.

OBISPÓN PIDE LAICIZAR A COLEGA POR MUJERIEGO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

El obispón Stephen Marmion “collar de chocolate” Lowe, de 62 años, de Auckland (Nueva Zelanda), ha pedido la laicización del obispón jubilado Charles Edward Drennan (foto), de 64 años, por conducta sexual inapropiada, informó CathNews el 2 de Diciembre.
   
Varias mujeres han denunciado que Drennan mantuvo relaciones sexuales con ellas. Una de ellas es Annie Benefield. Estudió teología en la Universidad Buen Pastor de Auckland, un lugar destinado principalmente a seminaristas.
   
Drennan se retiró como obispón de Palmerston Norte en 2019. Admitió algunas de las acusaciones contra él.
   
Cuando terminó el romance del obispón con Annie Benefield, ella comenzó otro con el presbítero filipino Larry Rustia, que admitió las acusaciones, expresó remordimientos y regresó al ministerio supervisado en 2020 tras un periodo de suspensión.
  
El obispón Lowe considera que «las acciones de Drennan, según han informado varios denunciantes, fueron completamente inaceptables» y «alcanzan el nivel de gravedad que justifica su expulsión del sacerdocio».
   
Añadió que varios obispones habían pedido repetidamente y sin éxito al Vaticano que laicizara a Drennan.
   
El Vaticano había pedido la dimisión de Drennan en Agosto de 2019. Fue aceptada a finales de Septiembre y anunciada a principios de Octubre de 2019.
   
Como parte de la dimisión, el Vaticano le pidió que no se presentara como obispón utilizando la indumentaria y los ornamentos episcopales, y que no ejerciera ningún ministerio público.

martes, 3 de diciembre de 2024

DE ROUX ACUSADO DE ENCUBRIMIENTO DE PRESBÍTERO ABUSADOR


El presbítero jesuita colombiano, militante izquierdista convicto y confeso y exdirector de la Comisión de la Verdad Francisco José de Roux Rengifo está bajo investigación por la Fiscalía General de la Nación toda vez que ha sido señalado de un presunto encubrimiento a su cofrade el presbítero Darío Chavarriaga Jaramillo SJ (abajo), quien había sido acusado de abuso sexual de menores cuando era rector del Colegio San Bartolomé La Merced.
  

Darío Chavarriaga Jaramillo, “instalado” presbítero el 3 de Diciembre de 1969 y fallecido el 9 de Diciembre de 2015, fue acusado por Luis Fernando Llano Narváez de haber abusado de él y de sus siete hermanas cuando Chavarriaga era rector del Colegio San Bartolomé La Merced en 1976.
   
Llano denunció a Chavarriaga después de encontrárselo por casualidad en un evento en el año 2014. Lo denunció el 24 de Mayo ante Francisco De Roux, entonces superior provincial de Colombia, y tres años después ante el presbítero alemán Hans Zollner SJ, profesor en la Universidad Gregoriana de Roma, miembro (hasta su renuncia en 2023) de la Comisión para la Protección de Menores del Vaticano y muy cercano a Francisco Bergoglio. Y la pena impuesta por De Roux el 28 de Mayo de ese año 2014 fue el fin de la misión [= destitución] como Decano del Medio de la Facultad de Odontología de la Pontificia Universidad Javeriana, coordinar la atención ministerial a los jesuitas ancianos y enfermos en la enfermería de la Comunidad San Alonso Rodríguez y María Inmaculada en Bogotá, restricción del ministerio a las casas de la Compañía, y la prohibición de tratar con menores si no es en compañía de otros adultos. Decisiones que «más que penas, las medidas tomadas pueden ser consideradas como propias de un gobierno prudente», según dijo el Prepósito General de la Compañía Adolfo Nicolás Pachón al superior provincial Carlos Eduardo Correa Escaf SJ, quien además le impuso el deber de informar sus salidas de la casa y pedir permiso al Superior de la comunidad para cualquier viaje. Nada de «reclusión» o «encerramiento» como dirá el propio De Roux diez años después.
  
Pero como que esas medidas no sirvieron de a mucho: el 5 de Agosto de 2014, Chavarriaga Jaramillo fue homenajeado por su carrera en la Javeriana, y cuando murió el 9 de Diciembre del 2015, le hicieron el obituario de circunstancia en la revista provincial. ¿De las sanciones? Ni jota dijeron, con eso del quiloniano «De mórtuis nil nisi bonum» («De los muertos no se puede hablar más que el bien»; o si se quiere en el original griego, «τὸν τεθνηκóτα μὴ κακολογεῖν», «De los muertos no hables mal»), o el talmúdico «Ajárei mot, kedóshim emor» (אַחֲרֵי מוֹת, קְדֹשִׁים אָמוּר, «De los muertos, decir que fueron santos»).

Ante los años de inacción, y que De Roux no denunciara el caso a la justicia seglar, los hermanos Llano Navarro lo denunciaron junto a su entonces colaborador Luis Javier Sarralde Delgado SJ y al propio Zollner por encubrimiento.
  
Y al estallar este escándalo de tamaña magnitud, le salió defensor al presbítero De Roux: nada más que el presidente de la República y excomandante guerrillero Gustavo Francisco Petro Urrego, alias Aureliano, quien en su cuenta de Twitter escribió el 24 de Noviembre:
«sé que dentro del padre de Roux hay un escarnio interno profundo, mayor que el que pueda propinarle cualquier público. Pero debo decir que lo que siento del padre Francisco de Roux, es que es un hombre íntegro al que con agrado condecoraría por su labor de vida al lado de los humildes de Colombia»
(lo mismo que dice cuando le revelan los escándalos de corrupción o mala conducta de sus ministros, secretarios o embajadores). Publicación la cual le granjeó críticas incluso de sus copartidarios.

CANCILLER DIOCESANO DE PUNO, ACUSADO DE VENDER BIENES ECLESIÁSTICOS


La Fiscalía Provincial de Puno (Perú) investiga un caso de presunta venta y el uso indebido de patrimonio de la Iglesia Católica para el lucro personal del investigado, recoge Infovaticana.

El caso se refiere a Alex Aníbal Cano Arce, un laico que es canciller y portavoz de la diócesis de Puno e incluso canónigo [laico] de la catedral. El obispón de Puno es Jorge Pedro Carrión Pavlić, de 74 años.
   
Según el escrito de investigación de la Fiscalía, 
«El imputado conjuntamente con otras personas por identificar, de manera clandestina, se ha dedicado a la venta de objetos religiosos de la Iglesia católica, tales como cuadros originales de pintura cusqueña, cálices, copones, adornos de oro y plata, entre otros objetos valiosos de propiedad de la iglesia, que son considerados como bienes culturales, los cuales fueron trasladados de algunas parroquias al Obispado de Puno y de estas ventas el denunciado ha obtenido grandes ganancias, como afirma el Diario sin Fronteras, de la ciudad de Puno, con fecha 23/07/24. Asimismo, el denunciado conjuntamente con otras personas también por identificar, ha venido disponiendo de los terrenos de la Iglesia católica, uno de estos terrenos se encuentra ubicado en el Barrio Chancharani Km 3.100 de la ciudad de Puno, del cual el denunciado ha estado disponiendo a terceros, sin tener la legitimidad para hacerlo, logrando obtener grandes ingresos económicos, tal como también han sido denunciados en varios medios periodísticos de la ciudad de Puno».
El caso es tanto más sorprendente cuanto que Cano Arce es también un policía en activo que ha trabajado como agente de inteligencia y seguridad.
    
El Estado Peruano otorga una subvención a la Iglesia Católica peruana en reparación por las expropiaciones de bienes religiosos realizadas en el pasado, con la que se pagan nóminas exiguas a eclesiásticos.
    
Cano Arce está incluido en la lista de empleados de la diócesis de Puno, lo que significa que recibe dos sueldos diferentes del Estado peruano, lo que está prohibido por la ley.
    
Por esta razón, Cano Arce también está siendo investigado por peculado doloso (malversación fraudulenta).
   
Hasta la fecha, el obispón Jorge Pedro Carrión Pavlić no ha dado ninguna explicación sobre estas acusaciones, ni ha tomado ninguna medida contra la persona investigada, a pesar de que el propio obispón fue citado a comparecer ante el Ministerio Público el 4 de Diciembre para declarar sobre sus vínculos con Cano Arce.
   
Mientras Carrión Pavlić no hace nada (a despecho del canon 392 § 2 wojtyliano), InfoVaticana recuerda que hace unos meses se aceptó la renuncia del arzobispón de Piura, José Antonio Eguren Anselmi, por acusaciones de presunto tráfico de tierras que no llegaron a formalizarse ante la justicia peruana.
    
   
De no actuarse claramente en este caso, por parte incluso de la Santa Sede ante la clara posibilidad de que sucesos semejantes estén produciéndose en otras diócesis, podría sospecharse de la existencia de un doble rasero bergogliano en este tipo de casos.

lunes, 2 de diciembre de 2024

BERGOGLIO ALUCINA: «TODAS LAS RELIGIONES ENSEÑAN QUE TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS»

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
  

Francisco Bergoglio se dirigió el 30 de Noviembre a los participantes de la conferencia “Religiones unidas para una humanidad mejor” apoyada por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, en el Vaticano (29-30 de noviembre) para conmemorar el centenario del primer encuentro interreligioso, una “Conferencia de todas las religiones” dirigida entonces en Aluva (distrito de Ernakulam, India) por un tal Sri Narayana Guru (1856-1928).
    
Dirigiéndose a los «respetados Suamis de Sivagiri Mutt y a los seguidores de Sri Narayana Guru», Bergoglio dijo:
«Todas las religiones enseñan la verdad fundamental de que como hijos de un único Dios debemos amarnos y honrarnos los unos a los otros, respetar la diversidad y las diferencias en un espíritu de fraternidad e inclusión, y cuidarnos los unos a los otros y a la tierra, nuestro hogar común».
La idea de ser hijos de un solo Dios, que es Padre, sólo se expresa en la Biblia. El islam niega esto. Las ideas paganas hindúes, tal y como las proclaman los «respetados suamis» de Bergoglio, ni siquiera saben que existe Un Dios con el que relacionarse.

DETENIDO PRESBÍTERO COLOMBIANO EN BARCELONA POR AGRESIÓN (OTRO ENCUBRIMIENTO MÁS DE OMELLA)

 
Los Mozos de Escuadra (policía autonómica de Cataluña) detuvieron al presbítero Jorge Alexánder Patiño Morales (foto), párroco de Nuestra Señora de Montserrat en el barrio El Guinardó de Barcelona, en medio de denuncias de agresión sexual por realizar tocamientos indebidos a dos jóvenes (uno de ellos menor de edad), informaron medios españoles.
   
Patiño Morales, nacido en Manizales (Colombia) en 1978 e “instalado” presbítero por el cardenal Luis Martínez Sistach el 13 de Junio de 2010 para la archidiócesis de Barcelona, fue detenido alrededor de las 23:00h del 28 de Noviembre tras varios intentos fallidos. Había sido denunciado dos veces los días 14 y 15 del mismo mes, lo que activó el proceso ante el Juzgado de Instrucción número 22 de Barcelona.
  
La Archidiócesis de Barcelona emitió un comunicado señalando que Patiño Morales (conocido en Barcelona como “mosén Jordi” y en su natal Colombia como “Alexánder”) fue suspendido cautelarmente el 16 de Noviembre en medio de versiones contrapuestas, toda vez que según la archidiócesis, la madre de uno de los denunciantes presentó una versión de los hechos y el párroco otra totalmente diferente.
  
Como cosa rara, el cardenal Juan José Omella y Omella tenía conocimiento de la conducta del presbítero desde el año 2022, cuando era párroco de Nuestra Señora de Lourdes de Badalona. Un joven denunció que a fines del 2021, Patiño Morales le realizó tocamientos sin su consentimiento. Como el caso fue entre adultos, fue tratado por Omella como un asunto puramente moral y no hubo denuncia formal (aunque al emerger las otras dos denuncias que condujeron a la captura del presbítero, la víctima no descarta presentarla en el futuro).
  
El caso quedó archivado hasta Septiembre de 2024 cuando Patiño Morales retomó contacto con el cardenal Omella, quien lo dirigió al Servicio de Atención a Víctimas de Abusos (SAVA) del Arzobispado. El 27 de Septiembre, el SAVA contactó con la presunta víctima para agendar una reunión presencial el 7 de Octubre a las 11:30h con el objetivo de formalizar la denuncia, cita que fue cancelada ese día alegando un imprevisto laboral. Tres minutos después, el SAVA le ofreció reprogramar la reunión, pero no recibió respuesta.
  
Tal vez por estos hechos fue que Patiño Morales no pudo asumir la administración de la comunidad parroquial Cristo Redentor (que desde 2021 forma una unidad pastoral con la parroquia Nuestra Señora de Montserrat) en remplazo del arcipreste de El Guinardó Carlos Barroso Flores, que el pasado 7 de Octubre anunció que abandonaría el presbiterado. En su lugar, fue nombrado como administrador el presbítero Bruno Bérchez Cagigal, párroco de las comunidades San Miguel de los Santos, San Carlos Borromeo y Virgen de la Salud en el vecino barrio y arciprestazgo de Gracia. Los tres fueron “presbíteros jóvenes” que fueron “instalados” por Martínez Sistach.
  
El caso salpica todavía más a Omella, criticado por rechazar como presidente de la Conferencia Episcopal Española en Octubre de 2023 el informe del Defensor del Pueblo Ángel Gabilondo, que daba cuenta de 444.000 víctimas de abusos cometidos por clérigos y laicos responsables de la Iglesia Conciliar española, y por negarse a acudir a la Comisión de investigación sobre pederastia en la Iglesia de la Generalidad el 29 de Enero y el 2 de Febrero de ese año, por lo que fue denunciado ante la Fiscalía junto a Enrique Termes y Ferré (vicesecretario de la Conferencia Episcopal Tarraconense) y a Santiago Bueno Salinas (presidente del Tribunal Eclesiástico de Barcelona).

LA MEDICIÓN DEL TIEMPO (PROFECÍA)✠ PARTE 2

Sermón predicado por el Rev. P. Pío Vázquez SSM el domingo 1 de Diciembre de 2024 (I Domingo de Adviento).

domingo, 1 de diciembre de 2024

YOGA EN IGLESIA SIRÍACA DE TURQUÍA

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

Una sesión de yoga tuvo lugar en la iglesia de 1.700 años de San Juan en la aldea siríaca de Dereiçi (en siríaco y árabe Qeleth/ܩܠܬ/قلث), Turquía.
   
Esto generó fuertes críticas, informó el diario turco Daily Sabah el 26 de Noviembre. La bloguera de Instagram Seda Deliormanlı, que dirigió la sesión, afirmó que ella había obtenido previamente todos los permisos necesarios.
   
«Me disculpo sinceramente a la Iglesia de San Juan y a cualquiera a quien pueda haber ofendido», dijo Deliormanlı después de enfrentarse a una reacción generalizada. «De haber sabido que siquiera una persona estaría molesta por la breve sesión, no la hubiera hecho».
   
Informes indican que los funcionarios de la Iglesia Ortodoxa Siríaca aprobó la sesión después de malentender la solicitud de Deliormanlı para «meditar», creyendo que ella quería orar.
   
La iglesia de San Juan, entre los sitios religiosos más antiguos de Turquía, está registrada como un bien cultural por el Ministerio de Cultura y Turismo, y tiene importancia histórica.