viernes, 29 de mayo de 2020

NOVENA EN HONOR AL DIVINO NIÑO JESÚS DE PRAGA

Traducción por el Padre Gabino Chávez de la Novena francesa publicada en Montréal en 1894 con Imprimátur del padre Florent Bourgeault, Vicario capitular y Administrador de la Archidiócesis de Montréal, publicada por la Librería Católica Internacional de Puebla en 1913, con licencia eclesiástica.
  
DECLARACIÓN: Conforme al decreto Sanctíssimus Dóminus Noster del Papa Urbano VIII (13 de Marzo de 1625), declaramos reconocer en los hechos milagrosos relatados en este libro una autoridad puramente humana, sometiéndonos totalmente al juicio de la Santa Iglesia Romana.

ADVERTENCIA
Antigua es, y data de siglos la devoción a la imagen milagrosa del Santo Niño de Praga, que extendida hoy por todas partes, se ha reconocido ser un medio dispuesto por la Providencia divina para obtener con más seguridad los favores celestiales, siendo verdad en nuestros días lo que en el siglo pasado escribía uno de sus historiadores, que «todos los que acuden a esta imagen milagrosa, orando ante ella con fe, logran asistencia en los peligros, en las tristezas consuelo, en la pobreza socorro, en las penas alivio, luz en las tinieblas de alma y cuerpo, gracia en la sequedad, en las enfermedades salud y en las épocas de desaliento esperanza».
  
Los ojitos tan dulces del Niño Jesús, su boca llena de celeste sonrisa, encierran no sé qué tiernos encantos, que aun las almas menos sensibles no pueden resistir. No existe mal alguno que el divino Niño no haya puesto remedio: sufrimientos terribles, fiebres violentas, gravísimas enfermedades, llagas gangrenosas, fatales accidentes, locuras peligrosas, pestilenciales contagios, en fin, aun malignas diabólicas influencias, todo, todo cede a su poder. E igualmente sabe el Niño meter paz en las familias, terminar los procesos, poner en libertad a los prisioneros, salvar a los condenados a muerte, y bendecir los matrimonios estériles; y más que todo, muestra ser el médico de los niños, el que ayuda a los escolares en sus exámenes, y da trabajo o consigue algún empleo a los que lo han menester. En una palabra, a todos favorece y a todos les hace bien. Mas como principalmente por medio de las novenas prodiga sus beneficios, creemos deber proporcionar a sus devotos la presente, que ojalá sirva para hacer conocer y amar más al Niño. Los rasgos históricos se han tomado de la Historia de la milagrosa imagen del Niño de Praga, escrita por un P. Carmelita descalzo, y publicada en 3ª edición en 1894 por la imprenta de Godenne en Namur. Y en esta edición sale una traducción más esmerada y más conforme a la índole de nuestro idioma.
 
NOVENA AL MILAGROSO SANTO NIÑO JESÚS DE PRAGA
    
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
DÍA PRIMERO
MEDITACIÓN: LA NATIVIDAD DE JESÚS
Te representarás al Niño Jesús en la cueva de Belén envuelto en pobres pañales, recostado en las pajas de un pesebre, entre dos humildes animales que con su aliento le calientan… ¡Mírale cuán pequeño y cuán pobre, cuán débil y sin fuerzas se muestra!
  
Entre tanto la Virgen María y Señor San José, arrodillados le adoran como a su Dios, mientras los coros de los Ángeles cantan su gloria por los aires, la noche en que nace resplandece como el día, y una estrella milagrosa anuncia su nacimiento. La santa fe me dice que este niño es mi Creador, que es el Todopoderoso, el Eterno e Infinito, que es mi Dios, que se ha hecho hombre por mi amor, tomando un cuerpo y alma como los míos en el seno de la Virgen Santísima por obra del Espíritu Santo. Hále dado a luz su Madre Inmaculada; el Patriarca José va a servirle de Padre y de custodio; el Niño irá creciendo en edad y sabiduría y trabajará como artesano con el sudor de su rostro hasta la edad de treinta años; y después de haber predicado su Evangelio por otros tres, haciendo grandes milagros y estableciendo su Iglesia, acabará por dar su vida por mí en la cruz, tomando sobre sí mis pecados y la pena por ellos merecida. Quien en Él crea y guarde su doctrina se salvará; mas el que rehúse creerle se perderá eternamente.
   
ORACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO: EJERCITANDO LA FE
¡Oh dulce Jesús mío!, con toda mi alma creo en tu palabra que es la verdad misma: tú todo lo conoces; creo como ciertas todas las verdades que a tus Apóstoles enseñaste y a la Iglesia quedaron confiadas para enseñárnoslas; creo que tú eres el Unigénito de Dios y que eres Dios con el Padre y el Espíritu Santo, dignándote hacerte hombre y padecer la muerte para rescatarnos del Infierno; creo que María Santísima es tu Madre verdadera, Inmaculada, exenta de todo pecado y siempre Virgen purísima. También creo, Jesús, por tu palabra, en el Cielo, en el Infierno y en el Purgatorio, y firmemente creo en tu presencia real en el Santísimo Sacramento. Creo igualmente que es muy justo y provechoso el honrar a la Santísima Virgen y a todos los Santos, y el venerar y darles culto a sus imágenes, particularmente a las tuyas, oh divino Redentor mío. Y así ahora quiero honrar especialmente esta dulce imagen que en tu divina infancia te representa. ¡Oh Jesús, divino Niño!, dígnate conservar y aumentar cada día en mí el don inestimable de la Fe. Y tú, Virgen Santísima, Madre de Dios y madre mía, intercede con tu Divino Hijo para que no me ponga yo en peligro de perder la santa fe, en compañías o lecturas perniciosas, antes conformando mi conducta con mis creencias vaya a alabar contigo al Señor en la Gloria. Amén.
  
EJEMPLO: Era el año de 1628, cuando la princesa Polixena de Pernestán de Alemania llegó a entregar a los PP. Carmelitas descalzos de la ciudad de Praga una hermosísima estatua del Niño Jesús: «Honrad piadosamente a este Niño, y veréis que nada llega a faltaros», les decía. Los religiosos, muy atribulados a la sazón, colocando la imagen en su capilla, le tributan devotos homenajes, y al punto descendieron a su convento toda clase de bendiciones: sus campos, antes estériles, hiciéronse productivos, rindiendo abundantes cosechas en aquel año, y lo mismo sucedió en los siguientes a pesar de los hielos, piedra y tempestades que asolaban los campos cercanos; llegáronles recursos bastantes no sólo para su sustento, sino aun para continuar la fábrica de su iglesia y monasterio. Y a mayor abundamiento envióles la Divina Providencia excelentes novicios de piedad y de buenas aptitudes, que vinieron a ser fervorosos adoradores del Niño Jesús. Y era muy de notar que, conforme se iban entibiando en la devoción de la bendita imagen, íbanse retirando los favores y venían las calamidades; pero luego que volvían a emprender los piadosos ejercicios renacían en la comunidad la quietud y la paz, y juntamente la prosperidad de otros días.
 
Y tú, piadoso lector, toma este aviso por tuyo: honra piadosamente a este Niño, y verás que nada te falta.
      
ORACIÓN AL SANTO NIÑO DE PRAGA PARA TODOS LOS DÍAS (Compuesta por su devoto siervo el Padre Cirilo de la Madre de Dios OCD)
A ti recurro, oh santo Niño Jesús, pidiéndote por tu Santísima Madre, que me asistas en la presente necesidad (se dice cuál sea) pues creo firmemente que puede auxiliarme tu Divinidad, y con confianza espero obtener la gracia que pido. Con todo mi corazón te amo, y con todas las fuerzas de mi alma; arrepiéntome de veras de mis pecados, y te pido, buen Jesús, me des fortaleza para triunfar de todos ellos; propongo nunca más ofenderte, y quiero ofrecerme a ti, dispuesto a padecerlo todo antes que desagradarte. De hoy en adelante quiero servirte con entera fidelidad; por tu amor, Divino Niño, amaré a mi prójimo como a mí mismo. Oh Jesús, Niño poderosísimo, de nuevo te suplico que me ayudes en esta circunstancia (expresarla), y que me concedas la gracia de poseerte eternamente con María y José, y adorarte con los Santos Ángeles de la Corte Celestial. Así sea.
  
LETANÍAS DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS (300 días de Indulgencia cada vez. Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, 21 de Agosto de 1861).
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Jesús, óyenos.
Jesús, escúchanos.
   
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, que sois un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Jesús, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
Jesús, esplendor del Padre, ten piedad de nosotros.
Jesús resplandor de la luz eterna, ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de la gloria, ten piedad de nosotros.
Jesús, sol de justicia, ten piedad de nosotros.
Jesús, Hijo de María Virgen, ten piedad de nosotros.
Jesús amable, ten piedad de nosotros.
Jesús admirable, ten piedad de nosotros.
Jesús, Dios fuerte, ten piedad de nosotros.
Jesús, Padre del siglo venidero, ten piedad de nosotros.
Jesús, Ángel del gran consejo, ten piedad de nosotros.
Jesús poderosísimo, ten piedad de nosotros.
Jesús pacientísimo, ten piedad de nosotros.
Jesús obedientísimo, ten piedad de nosotros.
Jesús, manso y humilde de corazón, ten piedad de nosotros.
Jesús, amante de la castidad, ten piedad de nosotros.
Jesús, amador nuestro, ten piedad de nosotros.
Jesús, Dios de la paz, ten piedad de nosotros.
Jesús, Autor de la vida, ten piedad de nosotros.
Jesús, Ejemplar de las virtudes, ten piedad de nosotros.
Jesús, Celador de las almas, ten piedad de nosotros.
Jesús, Dios nuestro, ten piedad de nosotros.
Jesús, Refugio nuestro, ten piedad de nosotros.
Jesús, padre de los pobres, ten piedad de nosotros.
Jesús, tesoro de los fieles, ten piedad de nosotros.
Jesús, buen Pastor, ten piedad de nosotros.
Jesús, luz verdadera, ten piedad de nosotros.
Jesús, Sabiduría eterna, ten piedad de nosotros.
Jesús, Bondad infinita, ten piedad de nosotros.
Jesús, Camino y Vida nuestra, ten piedad de nosotros.
Jesús, Gozo de los Ángeles, ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de los Patriarcas, ten piedad de nosotros.
Jesús, Maestro de los Apóstoles, ten piedad de nosotros.
Jesús, Doctor de los Evangelistas, ten piedad de nosotros.
Jesús, Fortaleza de los Mártires, ten piedad de nosotros.
Jesús, Luz de los Confesores, ten piedad de nosotros.
Jesús, Pureza de las Vírgenes, ten piedad de nosotros.
Jesús, Corona de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
  
Sénos propicio; perdónanos, Jesús.
Sénos propicio; escúchanos, Jesús.
  
De todo mal, líbranos Jesús.
De todo pecado, líbranos Jesús.
De tu ira, líbranos Jesús.
De las asechanzas del diablo, líbranos Jesús.
Del espíritu de la fornicación, líbranos Jesús.
De la muerte eterna, líbranos Jesús.
Del menosprecio de tus inspiraciones, líbranos Jesús.
Por el misterio de tu santa Encarnación, líbranos Jesús.
Por tu Natividad, líbranos Jesús.
Por tu infancia, líbranos Jesús.
Por tu divinísima vida, líbranos Jesús.
Por tus trabajos, líbranos Jesús.
Por tu Agonía y Pasión, líbranos Jesús.
Por tu Cruz y desamparo, líbranos Jesús.
Por tus Angustias, líbranos Jesús.
Por tu Muerte y sepultura, líbranos Jesús.
Por tu Resurrección, líbranos Jesús.
Por tu Ascensión, líbranos Jesús.
Por tu institución de la santísima Eucaristía, líbranos Jesús.
Por tus gozos, líbranos Jesús.
Por tu gloria, líbranos Jesús.
   
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Jesús.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Jesús.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros, Jesús.
 
Jesús, óyenos.
Jesús, escúchanos.
 
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá»: rogámoste que nos concedas, como te pedimos, el afecto de tu divinísimo amor, para que con todo el corazón, con palabras y obras, te amemos, y de alabarte nunca cesemos.
   
Haz, Señor, que siempre temamos y juntamente amemos tu santo Nombre, pues nunca desampara tu Providencia a los que sólidamente arraigas en tu amor: Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
    
Cinco Padrenuestros y Ave Marías con este verso:
℣. Bendito sea el nombre del Señor.
℟. Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.
  
GOZOS AL SANTO NIÑO JESÚS DE PRAGA
   
Que tu voluntad yo haga
Gustoso enteramente,
Oye mis preces clemente,
¡Oh hermoso Niño de Praga!
  
Pues por mí nacer quisiste
En el portal de Belén,
Y por mi salud también
El duro invierno sentiste;
Que yo también penitente
Por mis culpas satisfaga:
Oye mis preces clemente,
¡Oh hermoso Niño de Praga!

  
Mucho tus cinco sentidos
Cuando naciste sufrieron,
Pues el establo sintieron
En frío y en pajas metidos,
¡Y a mí el deleite me halaga
Y huyo la cruz torpemente!
Oye mis preces clemente,
¡Oh hermoso Niño de Praga!

  
Y en el Corazón llevaste
Desde Niño la cruz puesta,
Porque tu gloria fue esta:
Padecer por los que amaste;
Haz que de tu amor la llaga
Venga a herirme dulcemente:
Oye mis preces clemente,
¡Oh hermoso Niño de Praga!

  
Niño, ya al pecho llevabas
Llamas y espinas y heridas,
Pues las culpas cometidas
Sobre ti todas cargabas,
Y por mis deudas la paga
Diste, Jesús, inocente.
Oye mis preces clemente,
¡Oh hermoso Niño de Praga!

  
Niño, cuando yo te mire,
Reinando excelso en el Cielo,
Saciado será mi anhelo
Donde te alabe y admire;
Allí ahuyenta toda plaga
De delicias el torrente.
Oye mis preces clemente,
¡Oh hermoso Niño de Praga!

  
Que en mi alma y cuerpo se haga
Tu voluntad providente.
Oye mis preces clemente,
¡Oh hermoso Niño de Praga!
  
ORACIÓN FINAL
Amabilísimo Jesús, Dios nuestro, que haciéndote Niño por nosotros, quisiste nacer en una gruta para sacarnos de las tinieblas del pecado y atraernos a ti, inflamándonos en tu santo amor, te adoramos, Creador y Redentor nuestro, y te reconocemos y queremos por nuestro Rey y Señor ofreciéndote como tributo todos los afectos de nuestro pobre corazón. Dígnate, oh amado Jesús mío, aceptar esta ofrenda, y para que pueda ser agradable a tus ojos, concédenos el perdón de nuestras culpas, alúmbranos con tu luz, inflámanos con el fuego sagrado que viniste a traer al mundo, para encenderle en los corazones; y de este modo llegará a ser nuestra alma un perpetuo sacrificio que arda siempre en tu amor, y buscando en todo tu mayor gloria en la tierra, podrá ir a gozar tu infinita hermosura en la luz de los Cielos. Amén. (100 días de Indulgencia aplicable a los difuntos. Decreto de la Sagrada Congregación de Indulgencias, 18 de Enero de 1894).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal,…
Acto de contrición.
      
MEDITACIÓN: EL DULCE NOMBRE DE JESÚS
«A los ocho días de su natividad, aplicaron al niño la circuncisión, y le pusieron por nombre Jesús».
 
En este nombre dulcísimo cifro toda mi esperanza. Cerrado tenían al Cielo los pecados, mas el Hijo de Dios descendiendo a la tierra, ha lavado con su Sangre todos los pecados del mundo. Hoy, siendo aún tierno Niño, derrama las primeras gotas en la dolorosa circuncisión, y por eso el Padre celestial quiere que al punto se le imponga el nombre más glorioso que es el nombre adorable de Jesús, que significa Salvador, y gracias a esa Sangre y a ese Nombre, se salvarán todos los hombres de buena voluntad.
 
Todas las gracias puedo obtener por el dulce Nombre de Jesús: el perdón de mis pecados, la gracia para no recaer en ellos, la amistad del Señor, la bienaventuranza y hasta los bienes de este mundo (si no estorbasen mi salud eterna). Para alcanzarlo todo, basta pedirlo todo a Dios con perseverancia y por el Nombre de Jesús su divino Hijo, pues Él mismo ha dicho en el Evangelio: «todo lo que pidiereis en mi nombre a mi Padre, os lo concederá».
  
No hay, pues, nada imposible para el que invoca con la fe el dulce Nombre de Jesús.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SEGUNDO: EJERCITANDO LA ESPERANZA
¡Oh Dios de infinita bondad!, yo espero firmemente el poder superar todas las dificultades de la vida presente, para llegar a la bienaventuranza con el auxilio de tu gracia que me has prometido y que Jesucristo mi Salvador me ha merecido. Aun cuando todos los males y las penas cayesen sobre mí, poderoso eres y benigno, Jesús mío, para librarme de ellos; y aun cuando hubiese cometido todos los delitos de la tierra, tan grande es, Dios mío, tu misericordia, que gustoso me perdonarías, arrepintiéndome por la Sangre de mi Redentor: sí, amado Jesús mío, aun cuando tuviese todos los defectos y todos los vicios, ciertamente llegaría a corregirme con el auxilio de tu santo Nombre.
  
Oh Virgen Santísima, Madre de Dios y Madre mía, si por desgracia me dejase llevar de una necia presunción, mantenedme en el santo temor de Dios, y si el abatimiento quisiera abatirme, levantad mi pobre alma con una plena confianza en mi Padre celestial, en Jesucristo mi Salvador, y en ti, ¡oh mi dulce Madre!, a quien nunca dejaré de invocar, para que ayudándome en la tierra pueda alabar a Dios contigo eternamente. Amén.
 
EJEMPLO: En la ciudad de Praga, por los años de 1650, un gentilhombre se vio cruelmente atormentado por el temor quimérico de llegar a poseer la elevada posición de que gozaba en el Estado, creciendo su pena a tal grado, que por librarse de la desgracia que creía amenazarle, resolvió acabar con su vida. Había hecho ya los funestos preparativos, cuando el piadoso Padre Cirilo llegó a tocar a su puerta logrando inspirarle gran confianza en el poder del Niño Jesús, llevándole a los pies de su imagen milagrosa colocada en la capilla de los Carmelitas descalzos. Y apenas hubo contemplado el caballero el aire de bondad y dulzura que el Niño respira, cuando derritiéndose en lágrimas sintió dilatarse en su corazón y disiparse, sus lúgubres pensamientos. Confesóse, comulgó y quedó libre para siempre de aquellas crueles angustias.
  
Piadoso lector, cuando te sientas agobiado por el peso de tus penas, acude al Niño Jesús y su imagen prodigiosa, invocando su nombre hallarás el consuelo.
  
Las Oraciones, la Letanía y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA TERCERO
Por la señal,…
Acto de contrición.
      
MEDITACIÓN: LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES.
Me figuraré que veo a los pastores advertidos por los Ángeles, cómo van llegando en esa clara noche a la cueva solitaria de Belén, cómo van entrando llenos de respeto, y se van arrodillando delante del pesebre.
  
¡Con cuánta atención y con cuánto cariño contemplan al Niño Jesús que muestra con su sonrisa cuánto agradece sus obsequio! Hablándole con la voz del corazón le dicen: «Tú eres, ¡oh Niño!, el Mesías prometido, tú eres el Salvador de Israel». Hombres sencillos y temerosos de Dios eran estos pastores, y por eso eran muy queridos del Corazón de Jesús.
  
Los pastores me predican la principal de mis obligaciones, la de buscar y amar al Señor; y puesto que Dios me ha amado el primero, y me creó para hacerme gozar de su misma bienaventuranza eternamente, y por mi amor entregó a su Hijo único a la muerte; y puesto que Jesucristo me amó hasta abrazar la pobreza, los desprecios y los dolores e ignominias de la cruz para mover mi corazón y cautivarme, ¿qué no debo yo hacer para corresponderle? ¿Qué es lo que Jesús mismo pide de mí en reconocimiento? ¡Ah!, solo quiere que yo le ame, que ame a su Padre Celestial, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas; que le ame más que a mí mismo; más que a mi propia vida, más que a mis amigos y a mis deudos, más que a mis placeres y más que a todos mis bienes. Pero, ¿acaso amo yo a mi Jesús de esta manera?
  
ORACIÓN PARA EL DÍA TERCERO: EJERCITANDO EL AMOR DE DIOS
Yo te amo y aprecio sobre todas las cosas, por ser tú quien eres, Dios y Señor mío, la misma bondad y hermosura, la ciencia y la omnipotencia infinitas. Te amo también por los innumerables beneficios de que me has colmado, y que recibo a cada instante de tu inagotable bondad, puesto que de ti proceden todos los bienes que recibo. Te amo por haberme perdonado tantas veces, en lugar de arrojarme a las llamas eternas como lo merecía por mis pecados. Gózome de que en tu reino disfrutes de infinita felicidad y gloria, y desearía que todas las criaturas de la tierra ardientemente te amasen y con toda fidelidad te sirviesen. Quiero, Dios mío, lo que tú quieres. Sí, Jesús, divino Niño, con todo el corazón te amo; miro como el más precioso de los bienes tu amistad y la del Padre celestial, y quisiera perder todas las cosas antes que perderla.
  
El que peca, no ama, antes bien permanece en la muerte y en la enemistad de Dios. Madre Santísima de mi Señor Jesucristo, ruégale que no caiga yo jamás en pecado, sino que viva siempre en la amistad y gracia de mi Dios, y pues como a hijo tuyo me amas, yo también te amo como a mi madre, y te pido con toda mi alma, que me alcances un verdadero amor a Jesús tu Hijo y Señor mío. Así sea.
 
EJEMPLO: Corría el año de 1733, cuando un virtuoso eclesiástico de Praga quiso hacerse cargo de la educación de un pobre huérfano, sobrino suyo, no omitiendo al efecto ni sacrificio, ni avisos, ni castigos, aunque todo en vano: el sobrino, lejos de corresponder a esos cuidados, y tras dos años de estudio, ni había aprendido nada, ni pensaba más que en divertirse. Fastidiado el buen tío, quiso celebrar varias veces en el altar del Niño milagroso, pidiendo por el joven disipado, y logrando que rezase ante la imagen esta sencilla plegaria: «Escucha, divino Niño, / Lo que pido con fervor: / Para el bien dame cariño / Y para el estudio ardor». Movióse a las súplicas del tío y del sobrino el divino Salvador, y de tal modo cambió el ánimo del joven, que por su aplicación y su piedad llegó a ser el consuelo de su protector, y no solo eso, sino que con el tiempo, dejóle todo por servir a Dios en la Religión de Santo Domingo.
  
Alma cristiana, pidamos al Niño Jesús el don del santo amor, y pues vino a meter fuego a la tierra y no quiere más que encenderle, esforcémonos en amarle y servirle.
  
Las Oraciones, la Letanía y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA CUARTO
Por la señal,…
Acto de contrición.
      
MEDITACIÓN: LOS REYES MAGOS Y SUS DONES.
Imaginaré que veo a los Santos Reyes dejar su país y caminar, guiados por una estrella prodigiosa, hasta llegar a la Judea a adorar al Niño Dios, y ofrecerle sus presentes. La estrella se paró en Belén sobre el pobre portal. ¡Qué morada para el Rey de la Gloria! Mas como Jesús tiene tanto amor a la pobreza, allí ha querido nacer: allí le encuentran los Santos Reyes, y alumbrados por la fe, reconocen por su Creador a aquel Niño recostado en un pesebre. Allí se postran hasta el suelo, y abriendo sus tesoros, le ofrecen oro como a su rey, incienso como a su Dios, y mirra como a hombre mortal. A ejemplo de estos santos varones, yo también le ofreceré al Niño Jesús el oro de mi amor, con el incienso de la oración y la mirra de la penitencia. Pero el Niño quiere que le mire y le ame en la persona de mis prójimos necesitados, y que en ellos le lleve mis presentes; por eso procuraré ayudar a mis hermanos pobres, débiles y enfermos, no olvidando lo que el Señor ha dicho: «Lo que hiciereis con uno de estos pequeñuelos, conmigo lo hicisteis». Examinaré si ejercito de este modo la caridad.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA CUARTO: ACTUANDO LA CARIDAD PARA CON EL PRÓJIMO
Dios y Señor mío, yo amo a mi prójimo, a todos los hombres, como a mí mismo y por amor tuyo, pues los criaste a tu semejanza para ser hijos tuyos y herederos de tu reino; por ellos Jesús tu Hijo murió en la cruz, y todos quieres que sean salvos. Haz, Señor, haz que se conviertan los pecadores, los impíos, los infieles y los enemigos de tu Iglesia. ¡Oh, y cuán dignos son de compasión los que viven en pecado y se dejan arrastrar por los demonios al fuego eterno! Quiero ahora perdonar y perdono a todos mis enemigos, así como tú tantas veces te has dignado perdonar mis pecados, propongo, Señor, practicar con mi prójimo las obras de misericordia conforme a mi posibilidad y a mis fuerzas, imitándote a ti, mi Jesús, que pasaste haciendo el bien. Virgen Santísima, que tanto amaste a los hombres, que consentiste en que Jesús tu Hijo muriese por ellos en la cruz; ya que a nadie rechazas, ni aun a los más culpables que a ti acuden, alcánzame un verdadero amor para con mi prójimo, y derrama en la tierra el espíritu de unión, de dulzura y caridad, para que amándonos todos como hermanos, todos juntos gocemos del Señor. Así sea.
  
EJEMPLO: Al principiar el año de 1872, hallábase en Praga una pobre familia reducida a la miseria: el padre sin trabajo, la madre enclavada en una cama, los hijos pidiendo limosna que no conseguían, y para colmo de angustias, el dueño de la casa, amenazando con ponerlos al día siguiente en la calle si no pagaban las rentas vencidas. En cuanto al mueble, había desaparecido por completo. ¡Pobre familia! El padre acude a la iglesia de Santa María de la Victoria a echarse a los pies del Santo Niño, cuya imagen allí se venera, y derramó un río de lágrimas, implora, y no en vano, su protección. El 30 de Enero, un miembro de la Sociedad de San Vicente de Paúl le lleva un auxilio que reconoce insuficiente. Inventa escribir al conde C. de R. implorando su favor y recomienda la carta al Niño de Praga. El Conde contesta enviando un auxilio suficiente, y la familia queda llena de agradecimiento a sus protectores, pero especialmente al piadoso Niño Jesús, que sabe inspirar tanta compasión y generosidad en las almas para con los pobres que padecen.
  
Alma cristiana, si quieres asegurar el fruto de tu Novena, haz o promete hacer a un pobre una limosna en honor del Niño Jesús.
  
Las Oraciones, la Letanía y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA QUINTO
Por la señal,…
Acto de contrición.
      
MEDITACIÓN: LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO.
Contemplaré a la Virgen María y a su castísimo Esposo José cómo llevan al Niño Jesús al Templo de Jerusalén a los cuarenta días de nacido, presentando la Madre a su Hijo al Señor por mano del Sacerdote, conociendo que más que a ella pertenece a su Eterno Padre, que puede recogerlo para sí según su beneplácito. El Niño, por su parte, ofrece a su Padre el sacrificio de su vida en reparación de su honor ultrajado, y para obrar nuestra redención, aceptando el Señor la ofrenda del Hijo y de la Madre, aunque devolviéndole el Niño, que rescata ofreciéndole dos tortolillas conforme a la Ley de Moisés.
  
También yo debo ofrecerme a Dios con todo lo que me pertenece, puesto que todo es suyo y a cada instante me está conservando a mí y a cuanto poseo, teniendo el más amplio derecho de recogerlo cuando le agrade. Todo cuanto soy, está en continua y entera dependencia de mi Creador, y como reconocerlo así es adorarlo, es muy conveniente adorarle al despertar por la mañana, y por la noche al recogerme. También me corre grande obligación de adorarle en el Templo los domingos y días de fiesta, oyendo misa con devoción. ¿Cumplo por ventura como debo esta obligación?
  
ORACIÓN PARA EL DÍA QUINTO: PRACTICANDO LA ADORACIÓN DEL SEÑOR
Dios y Señor mío, reconozco tu excelencia sobre todo cuanto existe y aun cuanto pueda existir: Tú solo eres infinito en poder como en sabiduría, en bondad y en santidad; Tú solo, Señor, existes por ti mismo y de toda la eternidad, y todo lo demás por ti existe en el tiempo, y sin ti no puede subsistir cosa alguna. A tus pies estoy postrado para adorarte, reconociéndote por mi Creador y Soberano Dueño que tienes derecho de vida y muerte sobre mí, y confesándome tu humilde esclavo, obligado a servirte y alabarte, y a implorar siempre tu socorro. De todo corazón me someto a tu imperio; me siento dichoso al vivir bajo tu dependencia, porque el servir a tan gran Rey es reinar. Pobres son mis obsequios e insuficientes, lo confieso: mas ahora te ofrezco las adoraciones del Niño Jesús, y el honor infinito que inmolándose a cada hora por tu gloria, se te tributa en el Santo Sacrificio del Altar por todo el universo. Y a ti, Virgen Santísima, Madre de mi Jesús, también quiero ahora honrarte y venerarte más que a todos los Ángeles y Santos: ruega al Señor por mí para que yo nunca te olvide, y para que sea siempre fiel como tú en tributar a mi Creador los debidos homenajes. Así sea.
  
EJEMPLO: Sabido es, que en una sociedad piadosa de jóvenes que hay en Burdeos, y se llaman los Jóvenes Apostólicos, han edificado recientemente al Santo Niño de Praga una capilla, en cuyas cercanías vivía un viejo militar, hombre excelente, aunque por desgracia afiliado a la masonería. Este militar llegó un día a quejarse con el Padre Director de dicha Escuela Apostólica, de que todas las noches a una hora fija le daban un fuerte golpe en la puerta del aposento. «Mi mujer, añadía, lo oyó también, lo mismo que varios soldados amigos que he convidado a montar la guardia para sorprender al travieso, y que estando en el corredor, nada han visto ni encontrado, y van años enteros que el toque se repite día con día sin interrupción». El Padre fue a bendecir la casa, pero el golpe no cesó por ello. Algún tiempo después llamaron de nuevo al Padre para ver al militar enfermo de peligro, y entretanto los niños de la Escuela se pusieron a rezar en la capilla del Niño Jesús. Después de la conversación dijo el Padre al enfermo: «Para poneros en paz, muy bueno sería que os confeséis». «No me opongo a ello». «Pero sería preciso no dilatarlo». «¡Pero tengo tantos años de no confesarme!». «No hay cuidado por eso, ¿me prometéis hacerlo?». «Palabra de honor, y a fe y de soldado, que lo hago». Y en efecto, a los pocos días, y en tanto que los escolares pedían por él de nuevo en la capilla, el militar hacía su confesión con la sencillez de un niño. Terminada que hubo sido, abrazando al Padre y derramando lágrimas, decía: «¡Oh, y cuán dichoso me siento ahora!», y le confesó que desde entonces habían cesado los golpes en la puerta. Todavía pudo ir a comulgar en la capilla, y el Niño Jesús completó su obra concediéndole la gracia más preciosa, pues algunas semanas más tarde tuvo una santa muerte, recibiendo con edificante devoción los últimos Sacramentos.
 
Alma cristiana, siquiera un día de tu Novena haz celebrar una Misa u óyela al menos, en el altar del Niño Jesús, pues el tiempo del Santo Sacrificio es el más favorable para dirigir al Cielo nuestras plegarias.
  
Las Oraciones, la Letanía y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA SEXTO
Por la señal,…
Acto de contrición.
      
MEDITACIÓN: LA HUÍDA A EGIPTO.
Queriendo el rey Herodes dar muerte al Niño Jesús, y no conociéndole, manda cruelmente matar a todos los niños de edad menor de dos años en Belén y sus cercanías. José y María, avisados por un ángel, huyen por la noche llevando consigo al Niño Jesús a Egipto, de donde muerto Herodes, vuelven siete años después a la Judea, y van a morar en Nazaret. Por aquí se ve cómo prueba el Señor a los que ama, pues pudiendo quitar de en medio a Herodes o estorbar sus intentos, no quiso sino dejarle obrar según su malicia, para enseñarnos que los justos han de ser perseguidos, y que por muchas tribulaciones es preciso llegar al Reino de Dios. Así es, que cuando seamos probados, debemos tener valor y sufrirlo con paciencia, a imitación de la Sagrada Familia; no abandonar las prácticas piadosas, e insistir en la santa oración, pues el Señor acabará por libertarnos y recompensará con un tiempo eterno de gloria las penas llevadas por su amor en el breve tiempo de nuestra vida. ¿Cuál ha sido hasta aquí mi paciencia en los trabajos?
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SEXTO: CON AFECTOS DE PACIENCIA
Sí, pacientísimo Jesús, de hoy en adelante quiero esforzarme en sufrir con paciencia y por amor tuyo todas las amarguras y las penas que te dignares mandarme, sin murmurar de tu Providencia, que todo lo ordena para mi provecho. Ni me entristeceré, ni me dejaré llevar de la envidia si otros son más favorecidos, pues sé cuán perfecta es tu equidad, y que sabrá mejorarme en el Cielo, cuanto en la tierra me humillare. Quiero ser fiel a mis deberes y apartarme de todo mal, aun cuando el camino de tus mandamientos me llegue a parecer pesado, y aun cuando me asalten las tentaciones; quiero soportar con constancia las persecuciones de los hombres, como Tú, divino Niño, las soportaste; quiero llevar la cruz de los trabajos, amarguras y reveses que me sucedan, para que imitando a mi Salvador en sus sufrimientos, pueda participar de sus glorias. Si quisieres, Señor, quitarme a mis deudos, o las honras y bienes de este mundo, diré a todo como Jesús en el huerto de los Olivos; «Padre, si es posible pase de mí este cáliz, mas no se haga mi voluntad sino la tuya», o también como el Santo Job: «El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea su nombre». ¡Oh María, la más valerosa y más paciente de las vírgenes!
 
¡Oh Madre de dolores!, ruega por mí para que nunca me falte la paciencia que tanto necesito, ni vaya a perder la corona con que el Señor recompensa los trabajos de esta vida, antes logre disfrutarla y alabarte por todos los siglos en la gloria. Así sea.
  
EJEMPLO: Una carta escrita en 1889 decía lo siguiente: «Ya hacía muchos meses que nuestra familia padecía horribles angustias, sucediéndose unos tras otros los contratiempos, y aunque hacíamos muchas novenas, y acudíamos a muchos santos, nada alcanzábamos: llorábamos en secreto, pasábamos sin poder dormir las noches, y ¡ni esperanza! ¡Solo Dios podía ayudarnos en situación tan desesperada! Por entonces llegó a nuestra noticia que en la iglesia de los Carmelitas de Gante iba a ser bendecida e inaugurada solemnemente una imagen del Santo Niño de Praga, y con esto renació nuestra confianza, pensando que en ese día el Divino Niño, prodigando sus favores, nos auxiliase devolviéndonos la paz y la prosperidad que habíamos perdido. Asistimos a la ceremonia, rogamos con confianza y podemos decirlo muy alto, el Niño nos auxilió más de lo que esperábamos, pues nuestra casa, foco de dolor y de tristezas, vino a ser luego mansión de gozo y de tranquila paz; ya somos dichosos, y no nos cansamos de alabar y bendecir al Niño Jesús, que nos libró de nuestras penas, ni podremos jamás olvidarlo».
 
Alma cristiana, espera tú también aún contra toda esperanza, pues el Niño Jesús, para premiar tu confianza vencerá aun los imposibles.
  
Las Oraciones, la Letanía y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO
Por la señal,…
Acto de contrición.
      
MEDITACIÓN: LA CASA DE NAZARET.
Me representaré a la Sagrada Familia en la casa de Nazaret a su vuelta de Egipto; el Niño Jesús ha cumplido ya siete años, y se deja ver modesto, afable y hermosísimo, creciendo cada día en gracia y en sabiduría: por la mañana, por la tarde, y antes y después de la comida, ora lleno de piedad y devoción; a veces en el taller, regocija a Señor San José con su compañía; a veces ayuda a su dulce Madre en los menudos quehaceres de la casa. Así, después de los días del destierro y del llanto, ¡qué gozos y contento para María y José! ¿Quién podría explicar los transportes de su agradecimiento? No obstante, su alegría no es completa, pues muy bien saben, y no pueden olvidarlo, que el Niño está destinado a sufrir algún día dolorosísima Pasión. Y así, por un misterio inefable, a un mismo tiempo gozan y padecen. Y es que el Señor, compadecido de nuestra flaqueza, va mezclando en la vida del Hombre las alegrías con los pesares, los dolores con los gozos; mas en los días de la prosperidad, no nos debemos dejar llevar de una confianza demasiada, sino cumplir con la deuda de la gratitud, que Dios pide y espera por sus beneficios. Y como estos son cada día y a cada instante, no deberíamos pasar uno solo sin dar las debidas garantías por tantos favores. Y yo, ¿cómo he cumplido con esta deuda de agradecimiento para con el Señor?
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SÉPTIMO: PRACTICANDO EL AGRADECIMIENTO POR LOS DIVINOS FAVORES
¡Oh Señor y Dios mío!, ¿Qué te retribuiré yo por todos tus beneficios? Tú me sacaste de la nada; me diste un alma inmortal, con una inteligencia de que hago gran caudal; un cuerpo tan admirablemente organizado; conservándome todo esto a cada instante y dándome actitud para ejercitarlo; tú has formado para mí el cielo con sus estrellas, y la tierra con sus plantas, sus flores y sus frutos; los animales que la pueblan y las maravillas que la hermosean; dones son todos de vuestra bondad, los vestidos que me cubren, el aire que respiro, la luz que me alumbra, el alimento que me nutre y me da vida; aun las mil facilidades de la vida, realizados con el humano progreso, ¿qué otra cosa son, sino favores debidos a la acción bienhechora de tu Providencia?
  
Y por los beneficios del orden espiritual, ¿qué podré, Señor, retribuirte? ¿Por la gracia del Bautismo, que comunicándome vuestra propia vida me ha hecho hijo vuestro e hijo de la Iglesia y heredero de tu reino? ¿Por la educación cristiana que he recibido, por los Sacramentos, la Santa Misa, la palabra de Dios, los buenos ejemplos, la asistencia de los Santos Ángeles, y las luces interiores, y otras muchas gracias que de estas dimanan o a estas las acompañan? ¡Ay de mí, qué ingrato he sido, pues no he correspondido a tantos beneficios sino con ofensas y pecados!…
  
Y al corazón humillado y contrito no lo has despreciado, pues si en el tiempo en que era tu enemigo me hubieses mandado la muerte, ya estaría sepultado en el Infierno. ¡Piedad, mi Señor y mi Dios, ten piedad de mí!, que yo te ofrezco en acción de gracias las alabanzas del Niño Jesús, con las de su Inmaculada Madre, las de los Ángeles y Santos, y particularmente el sacrificio que tu Divino Hijo hace de Sí mismo en la Santa Misa, y me gozo en el alma de que con esa ofrenda queden mis deudas enteramente satisfechas.
  
¡Oh María, a quien la bondad de Jesús ha hecho mi Madre! Gracias te doy cuantas puedo por tu protección maternal, y te pido que no ceses de rogar por este tu hijo para que no llegue jamás a ser ingrato e infiel para con el Señor. Así sea.
  
EJEMPLO: En una carta de Roma del mes de Abril de 1893 nos escribían de esta suerte: «Mucho tiempo hacía que una persona estaba pidiendo un favor espiritual que ardientemente deseaba, para lo cual se había dirigido en lo corriente del año pasado a Nuestra Señora de Pompeya, y a otros muchos santuarios; mas al principio de este año (1893) le mandaron una imagen del Santo Niño de Praga, en cuyo honor comenzó una novena, consiguiendo su petición enteramente el día noveno de su rezo. Y ya no halla esta persona cómo mostrar su reconocimiento».
 
Ya ves, oh alma mía, cómo quiere el Señor distribuir sus favores y gracias por medio de la imagen del Niño Jesús de Praga. Pídele, pues, con confianza, lo que necesites.
  
Las Oraciones, la Letanía y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la señal,…
Acto de contrición.
      
MEDITACIÓN: LA PÉRDIDA DEL NIÑO JESÚS Y SU HALLAZGO EN EL TEMPLO.
Contemplaré al Niño Jesús, de doce años de edad, caminando con sus padres y parientes al Templo de Jerusalén y luego orando allí con ellos. Veré a los peregrinos reunirse para la vuelta, a la Virgen María en compañía de las demás mujeres, y Señor San José con los varones, acompañando los niños ya al padre, ya a la madre. Al rendir la primera jornada, y reuniéndose María y San José, echan de menos al Niño Jesús. ¿Dónde podrá encontrarse? Preguntan a los viajeros, y ninguno lo ha visto. ¡Cuán grande fue la desolación de sus padres, aunque sometidos siempre a las disposiciones del Altísimo! Determinan volver a Jerusalén y desandan el camino, y buscan con perseverancia a su querido Hijo, su tesoro y su vida, llenos de ardientes deseos y de angustias mortales, hasta que al fin, tres días después le encuentran en medio de los doctores de la ley, a los que hace preguntas y llena de admiración con su sabiduría. La pérdida del Niño fue una terrible prueba que a María y José manda la Providencia, aunque no tuvieron culpa alguna; cuando yo, al perder a Jesús, siempre la tengo; y cuando cometo grave pecado, con Jesús lo pierdo todo, pues pierdo a Dios para siempre. ¡Oh locura inaudita! ¡Oh desgracia la más grande de todas! ¡Ojalá y cuando me hubiese pasado hubiese corrido luego a buscar a Jesús, con mis lágrimas y arrepentimiento! Mas antes, cuando Jesús mismo ha llegado a tocar a las puertas de mi corazón, pidiéndome la entrada, he tenido tal vez la cruel ingratitud de cerrar la puerta. Y no obstante, no hay cosa tan dulce y tan gozosa como el encontrarle en una sincera confesión.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA OCTAVO: HACIENDO ACTOS DE CONTRICIÓN
¡Oh, y cuán culpable he sido, Dios y Señor mío, cometiendo el pecado mortal! Con él me he hecho culpable conmigo mismo, quitando a mi alma la vida sobrenatural que es vida divina y lleva a la vida eterna: renunciando a ser hijo de Dios por ser esclavo de satanás mi cruel enemigo, rechazando el Cielo por escoger el Infierno; me he hecho culpable para con mi amantísimo Redentor, causando su muerte, crucificándole con los judíos con desprecio de las promesas de mi bautismo; me he hecho también por el pecado culpable contra tu divinidad, violando las leyes de mi Creador y Supremo Legislador. He dicho como el impío, si no con mis palabras, pero sí con mis acciones: «No te serviré, por más que tengas absoluto derecho al servicio de tus criaturas». Yo te he deshonrado, oh Dios Santo y adorable, ultrajándote a tu vista y delante de ti que estás presente en todas partes… ¡Oh, y con cuánta ingratitud he correspondido a un Dios de amor y de toda bondad! ¿Será posible, Señor y Dueño mío, que te haya puesto en la balanza con un vano placer, y con una vil satisfacción? ¿Y que haya llegado a preferir tal deleite y el barro inmundo, al Bien supremo e infinito? ¿Será posible que estando obligado a amarte con todo mi corazón me haya hecho enemigo tuyo, cometiendo aquello con que sabía te iba a causar profundo desagrado? Me avergüenzo ahora, Dios mío, de haber sido tan criminal y tan ingrato, y quisiera mil veces morir antes que volver a ofenderte. Me arrepiento de todo corazón y abomino mis pecados, y por los méritos de la preciosa Sangre del Señor te pido el perdón de todos ellos. María Santísima, Madre de Dios, ruega por este pobre pecador, para que su Majestad me perdone, y yo no vuelva jamás a ofenderte. Amén.
   
EJEMPLO: Un hijo de familia había, en cierta vez que llegó a menospreciar la autoridad de su padre, y resistió a sus mandatos obstinándose en su malicia hasta el punto de alejarse de su casa y familia, y aun de renegar de su religión, de lo cual, sumamente afligido su padre y sus hermanos, mandaron celebrar varias Misas en el altar del Niño Jesús; y como muchas veces Dios sabe herir el cuerpo para salvar el alma, el joven se sintió atacado en una pierna de un mal incurable que hizo declarar a los facultativos que debía hacerse la amputación o morir sin remedio. Con esto, el desgraciado comenzó a volver en sí, conoció sus errores, pidiendo perdón a Dios y al prójimo escandalizado, y aceptó la muerte en satisfacción de sus pecados, de suerte que, recibidos piadosamente los Sacramentos, entregó su alma al Señor.
   
Bueno será que tú, cristiano, también te confieses y comulgues un día de la Novena, o al menos te comprometas formalmente a hacerlo después.
  
Las Oraciones, la Letanía y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA NOVENO
Por la señal,…
Acto de contrición.
      
MEDITACIÓN: LA SUMISIÓN DEL NIÑO JESÚS A SUS PADRES.
Me figuraré que veo al Niño Jesús que saliendo del Templo, vuelve de Jerusalén a Nazaret al lado de sus padres viviendo en su compañía, sumiso y obediente, hasta la edad de treinta años. Si por tres días los había dejado era para enseñarnos que debemos obedecer a Dios, dejando, si es preciso, aún lo más querido para seguir su llamamiento, pero vuelve con ellos y les está sometido, para que sepamos que debemos obedecer a nuestros padres y superiores que, en nombre de Dios y en su lugar nos gobiernan, de suerte que el que los oye, a Dios oye, y el que los desprecia, a Dios desprecia. Por su parte, los padres y superiores deben imitar la bondad del Padre celestial, no mandando nunca cosa contraria a su voluntad, a sus divinas leyes o a las de la Iglesia. Cierto es que a nuestra viciada naturaleza le es muy costoso obedecer y someterse, pero si un Dios se ha hecho niño, y por treinta años ha vivido sumiso y obediente, ¿cómo podríamos dejar de obedecer por Dios a nuestros semejantes?
 
ORACIÓN PARA EL DÍA NOVENO: CON AFECTOS DE OBEDIENCIA
Reconozco, Dios mío, que tú eres el Árbitro supremo a quien debemos el más profundo respeto y la más rendida obediencia en todas las cosas, y por eso digo como tu divino Hijo al entrar en este mundo: «Heme aquí, Señor, dispuesto a cumplir tu voluntad y observar tus mandamientos». Reconozco también, Señor, cómo has dado parte de tu autoridad a nuestros padres y superiores, que tienen por eso el derecho de mandarme y gobernarme a nombre tuyo, y yo estoy pronto a obedecerlos como a ti mismo sin querer nunca resistirlos, pues que a pesar de sus defectos, son dignos de respeto y obediencia como tus representantes. ¡Oh Santo Niño Jesús!, que quisiste sujetarte a la dura ley de la circuncisión, y acudir al Templo para mostrar la más exacta obediencia a la ley mosaica, yo quiero también guardar fielmente los mandamientos de la Santa Madre Iglesia creyendo cuanto me manda creer, y haciendo todo lo que ordena practicar con respecto a la Santa Misa, los ayunos y abstinencias, el pago de los diezmos y demás prescripciones suyas. ¡Oh Rey divino!, que desde el nacer ya quisiste obedecer las órdenes del emperador Augusto, haciéndote inscribir en el registro, yo también quiero obedecer por tu amor a las leyes y autoridades civiles, quiero trabajar, como tú, sujeto a mis maestros. Sí, Creador mío, que te hiciste obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, dígnate hacerme sumiso y obediente, a ejemplo tuyo, para que imitándote aquí en la tierra, pueda un día participar eternamente de tu gloria. Amén.
  
¡Oh María, Reina soberana del universo! Ya que tú fuiste la más humilde y la más obediente de todas las criaturas, ruega por mí, Señora y Madre mía, para que nunca me separe del camino seguro de la obediencia que me lleve a alegrarme contigo en la Patria celestial. Amén.
  
EJEMPLO: En una ciudad de Francia había una señora que después de ocho años de oraciones había obtenido del Cielo la bendición de su matrimonio en una linda niña, mas a los ocho meses de nacida, siendo atacada de una meningitis muy grave, vióse a punto de expirar y llego a estar muerta en su cuna como un cadáver, no consiguiendo nada tres médicos que la asistían. Su madre, desolada, comenzó una novena al Santo Niño de Praga en unión con una comunidad de Carmelitas que había en las cercanías; pero la niña no daba señales de vida y más bien parecía estar realmente muerta, tanto que su padre así lo creyó y hasta compró unas flores para ponerle; mas como una madre espera siempre contra toda esperanza, la señora continuó pidiéndole al Niño Jesús. Muchos días pasaron y se vieron aparecer como rayos de vida seguidos muy luego de presagios ciertos de la muerte. Una mañana, sobreviniendo la última crisis, todo parecía acabado: la niña expira, la pobre madre llena de dolor se aparta de la cuna y corre por vez postrera a la capilla de los Carmelitas a pedirle al Niño Jesús la vida de su hija, de aquella pobre niña que está para expirar o ya ha expirado tal vez. Cuando vuelve a su casa, temblando en el zaguán, inquieta pregunta: «¿Qué sucede con mi hija?». «Señora, se encuentra mejorada». «¡Bendito sea el Señor!». Y en efecto, la niña en esta vez se ha salvado… Cuatro años han pasado después de esto, y la niña ha crecido, y va de salud perfectamente.
   
Persevera tú, alma cristiana, en tus súplicas al Niño Jesús, y si preciso fuere, repite varias veces esta Novena, que al fin acabará por escucharte y concederte lo que pides, siempre que no pidas nada que no sea del agrado de su Padre Celestial.
     
Las Oraciones, la Letanía y los Gozos los rezarás todos los días.

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