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lunes, 5 de junio de 2023

GABRIEL GARCÍA MORENO Y LA BOMBILLA ELÉCTRICA

Tomado del INSTITUTO NACIONAL GARCIANO (Twitter).

La noche del 3 de junio de 1875, el pueblo de Quito, junto al presidente García Moreno fue testigo del encendido de la primera bombilla eléctrica, incluso antes de la invención de la primera bombilla de Thomas Alva Edison que data en octubre de 1879.
   
La primera luz eléctrica exhibida en la Plaza de la Independencia la noche del 3 de junio de 1875, fue producida por 120 pares de pilas Bunsen. Los quiteños quedaron atónitos cuando Kolberg y Brugier oprimen una palanca y súbitamente brota una luz potente y a la vez misteriosa.

sábado, 6 de agosto de 2022

POR QUÉ GABRIEL GARCÍA MORENO ES MÁRTIR


¿Cuáles son las condiciones que la Iglesia exige para dar el título de mártir a un héroe cristiano? Las condiciones canónicas son tres: la muerte real y voluntariamente aceptada de la víctima, a menos que Dios la impida milagrosamente; y que la causa de la muerte se la haya causado injustamente y que la causa de sacrificar a la víctima sea el odio a Dios, a la Iglesia, a la Religión, a alguna virtud cristiana, o a los derechos y prerrogativas de la Iglesia.
  
¿Se verificaron estas condiciones en la muerte de García Moreno? Muy bien sabía que trataban de victimarlo, y estaba preparado para el sacrificio: “Pueden matarme los enemigos de Dios y de la Iglesia, pero Dios no muere. Voy a ser asesinado, soy dichoso de morir por la santa fe”.
  
¿Quiénes mataron a García Moreno? No cabe duda que las logias y demás enemigos de la religión.
  
¿Por qué le asesinaron? Porque en él veían al modelo de un gobernante católico.
  
¿Cómo juzgaron Pío IX y León XIII la muerte de García Moreno? Pío IX dijo: “García Moreno ha caído bajo el hierro de asesino, víctima de su fe y de su caridad cristiana”, y León XIII: “Cayó bajo el hierro de los impíos por la Iglesia”.
  
¿Quiere decir esto que García Moreno no haya tenido falta o defecto alguno? De ningún modo, pues aun los grandes santos tienen sus faltas, y por eso hacen penitencia.
    
Los mártires ¿cómo lavan sus pecados? Derramando su sangre por amor a Dios; tanto que, perfectamente purificados, inmediatamente suben al paraíso.
   
¿Quiénes odian todavía a García Moreno? Los fracmasones, los socialistas y los enemigos de la Iglesia y de la Patria; también algunos católicos mal influenciados, imbuídos de prejuicios, que no conocen al Héroe.
   
¿Hay quienes le reverencien y amen muchísimo? Todo el pueblo católico y lo mejor del Ecuador; y asimismo todos los buenos de fuera del Ecuador, con raras excepciones.
   
¿Puede uno implorar el favor divino y pedir milagros por intermedio de García Moreno, haciendo uso devotamente de su estampa o sus reliquias? Sí, pero sólo en privado; y en caso de obtenerlos, conviene que se informe detalladamente a la Autoridad Eclesiástica para los fines consiguientes. Así suele Dios glorificar a sus siervos.
    
Folleto publicado por el Padre Ricardo Vásquez SJ.

viernes, 24 de diciembre de 2021

DEVOCIÓN MARIANA EN GABRIEL GARCÍA MORENO

En 1599, Nuestra Señora del Buen Suceso le anunció a la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, segunda abadesa del convento de la Inmaculada Concepción de Quito lo siguiente:
«En el siglo XIX vendrá [al Ecuador] un presidente cristiano, varón de carácter, a quien Dios, Nuestro Señor, le dará la palma del martirio en la plaza en donde está éste mi Convento. Él consagrará la República al Divino Corazón de mi Hijo Santísimo, y esta consagración sustentará la Religión Católica en los años posteriores, los cuales serán aciagos para la Iglesia».
Profecía que se cumplió en la persona del Presidente Mártir Gabriel García Moreno, cuya vida y obra estuvo señalada por una devoción fiooao a la Santísima Virgen, como se verá a continuación.
  • Cuando Gabriel García Moreno era bebé (había nacido el 24 de Diciembre de 1821), en 1822, el general Antonio José de Sucre entregó su espada a la imagen de Nuestra Señora de la Merced que se venera en su iglesia de Quito tras la victoria en la batalla de Pichincha, hecho que dejó honda impresión en la familia García Moreno.
  • Al recibirse de abogado el 27 de Marzo de 1848, García Moreno juró defender la Inmaculada Concepción de María Santísima.
  • El 24 de Septiembre de 1860, Gabriel García Moreno obtuvo, por mediación de Nuestra Señora de la Merced (que había invocado como “Reina, Patrona y Abogada del Ecuador y de sus Armas”), la victoria sobre el autoproclamado Jefe Supremo del Guayas Guillermo Franco Herrera (que era apoyado por el Perú). Al año siguiente, la Convención Nacional presidida por el general Juan José Flores y Aramburu declaró a la Virgen de la Merced Patrona y Protectora de la República y las Fuerzas Armadas, y García Moreno declaró día cívico.
  • El 30 de diciembre de 1863, invocando a Nuestra Señora del Quinche, Patrona de Ecuador, García Moreno salvó la frontera del norte con el Tratado de Pinsaquí, después de la derrota sufrida en la batalla de Cuaspud a manos del dictador colombiano y masón Tomás Cipriano de Mosquera y Arboleda.
  • El 26 de Junio de 1865, invocando a Nuestra Señora del Rosario, venció a una flota de piratas revolucionarios encabezados por los expresidentes liberales y masones José María Urbina y Viteri y Juan Francisco Robles García en la batalla naval de Jambelí.
  • El 27 de septiembre de 1868, inauguró la población por él fundada con el nombre de Santa María de la Esperanza, en la provincia de Imbabura.
  • El día de la Anunciación de 1874, Gabriel García Moreno realizó la Consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, siendo la primera nación del mundo en hacerlo.
  • En 1874, un botánico había hallado en los Andes una flor aún no catalogada de la familia de las pasifloras, y pretendió llamarla Tacsónia García‐Moreno en honor al presidente. Pero este, en una carta del 8 de Diciembre, respondió diciendo: «Si quiere usted darme gusto, deje usted a un lado mi pobre persona; si la flor es rara, bonita y desconocida en el Ecuador, ofrezcala usted a la flor del cielo, llamándola Tacsónia Maríæ». Así lo recogió el padre Ángel Zarzuelo de Cancio en la Vida de Don Gabriel García Moreno, Madrid 1889.
  • Fue el socio fundador de la Congregación Mariana de Artesanos de Quito, dirigida por los jesuitas. Y tuvo, también, particular devoción por Nuestra Señora de la Silla; ante cuya imagen dirigía el rezo del Santo Rosario, en familia.
  • El 6 de Agosto (Fiesta de la Transfiguración del Señor) de 1875, saliendo de Misa en la Catedral de Quito, cayó brutalmente asesinado a manos del sicario Faustino Lemus Rayo y sus cómplices Roberto Andrade, Abelardo Moncayo y Manuel Cornejo por instigación de la masonería de Ecuador y Colombia (a su vez instigada por las logias de Alemania), en la Plaza Grande de Quito, al pie del Palacio Presidencial, y en diagonal al Monasterio de la Inmaculada Concepción. García Moreno expiró junto al altar de Nuestra Señora de los Dolores, en la Catedral de Quito, después de proclamar «Dios no muere».

jueves, 14 de octubre de 2021

ORACIONES PARA PEDIR LA CANONIZACIÓN DE GABRIEL GARCÍA MORENO

   
¡Oh Señor! Dios de bondad, que hacéis resplandecer ante la faz del mundo las virtudes de vuestros siervos, haced, os suplicamos humildemente, que por las virtudes de vuestro fiel siervo y Mártir de la Fe, Gabriel García Moreno, tengamos la inefable dicha de verlo exaltado al honor de los Altares, a fin de que sea propuesto e imitado en el mundo como el modelo perfecto de Gobernantes, para vuestra mayor gloria, bien y provecho espiritual de nuestras almas. Amén. (Oración compuesta por Alberto Muyragui. Imprimátur por el Canónigo Virgilio Camacho, Vicario General de la diócesis de Bolívar -hoy Riobamba-, el 29 de Septiembre de 1938).
  
***
  
¡Oh Corazón Santísimo de Jesús! Acordaos de la consagración que os hizo de su República el Presidente Gabriel García Moreno, de la entronización de vuestra sagrada imagen en su Casa Presidencial, y de su sangre derramada para sellar su adhesión inquebrantable a Vos y a vuestro Vicario el Papa, y concedednos la glorificación canónica de tan ejemplar gobernante; que surjan hombres poderosos en obras y palabras para la causa de la Religión y de la Patria; y en fin, la gracia particular que os pedimos, de acuerdo con vuestro beneplácito. Amén. Pídase la gracia particular, y termínese con un Gloria Patri. (Oración compuesta por el padre Severo Gomezjurado Erazo SJ, y aprobada no solamente por los obispos del Ecuador sino además por el obispo de Pasto en Colombia, por el de Santiago en Chile, por el de São Paulo en el Brasil, por uno de Argentina, por gestión del Padre Hervé Le Lay, y por un obispo de Escocia, por gestión de mister Hamish Fraser).
  
***
   
¡Oh Virgen Santísima de Lourdes! Acordaos de que vuestro siervo Gabriel García Moreno juró defender vuestra Inmaculada Concepción, perteneció a vuestra dulce Archicofradía, rezó asiduamente vuestro Santo Rosario, expiró al pie de vuestro sagrado altar, y que según el Papa Pío IX, que definió vuestra exención de la culpa original, “murió víctima de la Fe y de su caridad cristiana con la Patria”: alcanzadnos la glorificación canónica de tan ejemplar gobernante, para que surjan hombres poderosos en obras y palabras para la causa de la misma Fe y de la Patria; y en fin, la gracia particular que os pedimos, si ha de ser para el bien de nuestras almas. Amén. Pídase la gracia particular, y récese un Ave María y un Gloria Patri. (Oración compuesta por el padre Severo Gomezjurado Erazo SJ, con Imprimátur por el Card. Carlos María de la Torre y Nieto, arzobispo de Quito, el 21 de Enero de 1958, concediendo 300 días de Indulgencia).
   
***
   
¡Oh Dios!, que os habéis dignado suscitar en la persona de vuestro siervo Gabriel García Moreno las eminentes virtudes que le permitieron salvar a su Pueblo y llevarlo a Vos, levantándolo de su postración moral y material, y consagrarlo al Sagrado Corazón de vuestro Divino Hijo: dignaos glorificar a este vuestro siervo, y concedednos el contemplarle pronto colocado por la Iglesia en los altares.
   
San Gabriel Arcángel, Fuerza de Dios, que fuisteis elegido como Patrón de Gabriel García Moreno en el día de su bautismo, Vos que, sin género de duda, le obtuvisteis aquella fuerza por la cual no retrocedió ante los enemigos de Dios, y más bien anheló el favor de ser juzgado digno de verter su sangre por la Iglesia: dignaos otorgarnos la dicha de ver pronto su nombre grabado en el catálogo de los Santos, y que la Divina Providencia nos conceda las gracias que pedimos por su intercesión. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria. (Imprimátur por el Canónigo José Cartón de Wiart, Vicario general del Arzobispado de Malinas, el 11 de Noviembre de 1944).
   
Oraciones tomadas de la Vida de García Moreno por el padre Severo Gomezjurado Erazo SJ, tomo XII, Quito, 1979, págs. 241-248.

domingo, 12 de julio de 2015

EL ASESINATO DE GABRIEL GARCÍA MORENO

Asesinato de Gabriel García Moreno (6 de Agosto de 1875)
  
En el artículo sobre el Presidente Mártir de Ecuador, Gabriel García Moreno, un sujeto llamado Pedro Pinto nos ha tachado de "hipócritas, abusivos e irrespetuosos" sólo porque en él se señala que su asesino, Faustino Lemus Rayo, era colombiano. Con el respeto debido a ese país tan noble y de tan buenas gentes, pero la verdad sea ante todo: Hay personas allá (y en todas partes, desde luego) que son de muy mala recordación, y Lemus Rayo era uno de ellos. Por eso publicamos esta monografía del ingeniero e historiador colombiano Alfredo Cardona Tobón, en la que profundiza al respecto y desvela la personalidad del magnicida.
   
EL ASESINATO DE GABRIEL GARCÍA MORENO
-Ingrata recordación-
Alfredo Cardona Tobón
   
Entre colombianos y ecuatorianos ha existido un cariño de hermanos, pero ha aparecido un “anticolombianismo” en el país vecino después del bombardeo del campamento de la FARC en territorio ecuatoriano durante el gobierno del presidente colombiano Uribe Vélez y por la desguarnecida frontera se han colado elementos nocivos para las dos países.
  
Los problemas fronterizos no son nuevos. Desde los primeros años de la república se han presentado conflictos que por fortuna no han dañado en forma irremediable la amistad colombo-ecuatoriana. El presidente Florez entró con sus tropas a Pasto y reclamó un extenso territorio confiado en el ofrecimiento de Mosquera de cederle una franja a cambio de su apoyo contra los rebeldes. En la guerra de los Mil Dias el presidente Eloy Alfaro apoyó a los liberales y desde territorio ecuatoriano se organizó la campaña caucana contra el gobierno conservador.
  
Fueron hechos que enturbiaron las relaciones, como lo fue tambien la presencia en el Ecuador del colombiano Faustino Lemus Rayo, asesino del presidente ecuatoriano García Moreno.
  
QUIÉN FUE FAUSTINO LEMUS RAYO
       
Faustino Lemus Rayo
   
Los hombres probos y rectos trazan el rumbo de la humanidad y también lo hacen hombres viles y despreciables, disfrazados de próceres por cierto tipo de historia. Posiblemente el presente colombiano hubiera sido diferente si Roa Sierra no hubiera asesinado al lider liberal Jorge Eliecer Gaitán y quién sabe qué habría sucedido en el Ecuador si Faustino Lemus Rayo con sus compinches, hubiera respetado la vida de García Moreno; por lo menos ese país conservaría la parte de su Amazonia, perdida por las políticas erradas de los gobiernos posteriores.
  
Faustino Lemus Rayo nació el primero de mayo de 1836 en Roldanillo, Valle del Cauca. De pequeña estatura, musculoso, buena figura, ojos claros, pelo rubio, fue díscolo y pendenciero desde su tierna edad. En la “época del perrero”, en los años 1850, el joven Faustino, con el valor y arrojo que lo convirtieron en el “guapo”de los alrededores, enfrentó a las hordas de negros que amenazaban la vida y los bienes de sus parientes.
     
En la dictadura de Melo, Lemus Rayo se unió a las tropas “constitucionalistas” que lucharon contra el salamineño Laureano Urrego en Cartago (Valle). En ese combate fue impresionante su ferocidad: no perdonó heridos ni vencidos y empapado de sangre enemiga, Lemus recorrió las calles de esa ciudad como un azote del diablo.
  
Faustino abandonó la casa paterna debido al robo de unas joyas y abrió un taller de talabartería en Cali. En 1858 estalla una guerra en Ecuador y Lemus marcha con las fuerzas que tratan de derribar al presidente Urbina bajo las banderas de Gabriel García Moreno.
  
Faustino renuncia a la nacionalidad granadina y adopta al Ecuador como su patria. El dos de abril de 1859, lucha en Cuarentum y tanto se distingue en los campos de batalla, que García Moreno le confía comisiones especiales, incluso en la guerra con la Nueva Granada, contra la cual combate en 1863 en Cuaspud con el grado de capitán. Los granadinos lo apresan y el general Tomás Cipriano de Mosquera lo condena a muerte por traidor. Faustino Lemus se salva de la muerte al hacer creer a sus captores que ha nacido en Tulcán y que su apellido es Rosas.
    
En 1865 García Moreno cumple el período presidencial y Faustino se dedica al comercio entre Quito y el Amazonas. Sus conocimientos del lenguaje quichua, las conexiones militares, su audacia, el despotismo y ningún escrúpulo de conciencia, le permiten hacer una fortuna a costa de los indios, a quienes engaña, explota y esclaviza.
   
En 1867 el Vicario de Napo, monseñor Vicente Pástor, intenta frenar los atropellos de Lemus Rayo y viendo que es inútil, prefiere ceder las misiones a los jesuitas, quienes con mayor poder político, logran que García Moreno saque a Faustino Lemus de la selva y le retire sus funciones de guardia de escoltas.
 
La ambición de Faustino Lemus, el anticlericalismo de Abelardo Moncayo y de Roberto Andrade; y el fanatismo liberal de Manuel Cornejo los unió para que bajo el influjo de Manuel Polanco, urdieran el asesinato de García Moreno, nuevamente al frente de un gobierno católico católico y conservador.
 
EL ASESINATO
  
Avanza la tarde del seis de agosto de 1875. Desde tempranas horas los cuatro asesinos esperan la llegada de García Moreno al Palacio de Gobierno. El presidente sube las gradas del edificio acompañado por un edecán desarmado. Lemus camina detrás y a mansalva le descarga un machetazo, en tanto que sus compinches disparan a quemarropa sin dar en el blanco.
   
Herido, García Moreno se vuelve contra Lemus y lo enfrenta con un bastón. El presidente retrocede y un quinto enemigo le cierra el paso, entonces se apoya en una pared para proteger su espalda y Lemus Rayo le descarga otro machetazo.
  
Un joven negro, zapatero de oficio, acude en defensa de su mandatario y sujeta a Lemus por detrás. La gente grita y la guardia cercana parece ignorar los angustiosos llamados de auxilio. Los asesinos controlan al negro; Lemus arroja al herido por el borde de un bardal de dos metros de altura y sigue tras él para rematarlo. Varias mujeres acuden a socorrer al herido y Faustino Lemus, vociferando, ciego de ira, insulta a su víctima indefensa, mientras le descarga machetazos en la cabeza y enlos hombros.
  
Los asesinos huyen al darse cuenta que la guardia se acerca. No hay vivas ni revolucionarios que apoyen a los bandidos. Un soldado traspasa con una bayoneta la pierna de Faustino Lemus. “Maten al asesino”, grita la gente enardecida. “Abran paso”, dice el corneta Manuel López a sus compañeros... Lemus se arrastra clamando piedad... el corneta levanta el fúsil, le apunta en el ojo derecho, dispara y los sesos de Faustino se desparraman por la calle.

lunes, 11 de abril de 2011

EL PRESIDENTE MÁRTIR: GABRIEL GARCÍA MORENO

Así habló la Santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora del Buen Suceso, a sor Mariana de Jesús Torres hacia 1630:
“En el siglo XIX habrá un Presidente de veras cristiano, varón de carácter, a quien Dios Nuestro Señor le dará la palma del martirio en la misma plaza dónde se encuentra éste mi convento (de La Inmaculada Concepción); Consagrará la República (de Ecuador) al Divino Corazón de mi Amantísimo Hijo, y esta consagración sostendrá la Religión Católica en los años posteriores, los cuales serán aciagos para la Iglesia”.
  
Esta profecía de Nuestra Señora se cumple en la persona de Gabriel García Moreno, quien fuera tres veces presidente de la República de Ecuador, recordado como "El dictador teócrata" por sus enemigos (los masones) y como "El vencedor del liberalismo en Ecuador" por sus admiradores (desde luego, nosotros los Católicos). Veamos por qué.
  
Gabriel García Moreno (1821-1875), Presidente de Ecuador y Mártir de la Fe
    
Sus orígenes
En la ciudad de Guayaquil, porteña y liberal, en el año 1821, nació Gabriel García Moreno, octavo hijo de una familia muy distinguida, pues su padre Gabriel García Gómez, español leonés, nacido cerca de Ponferrada, fue procurador síndico de Guayaquil, y su madre, Mercedes Moreno, era hija del regidor perpetuo del ayuntamiento de la ciudad, hermana del arcediano de Lima y del oidor de Guatemala, y tía del cardenal Moreno, primado de Toledo. Gabriel, de niño, dio muestras de un temperamento sumamente débil y medroso. De tal modo le espantaba cualquier cosa, que no pudo ser enviado a la escuela, y fue su madre su primera maestra.
  
Gabriel, a los nueve años, justamente cuando se produce la independencia (disolución de la "Gran Colombia"), queda huérfano de padre, y la familia, que se había distinguido como realista, se ve en la ruina. Un buen fraile mercedario, el padre Betancourt, que ayudaba espiritualmente a doña Mercedes, se hizo cargo de Gabriel, sirviéndole de maestro durante varios años, con gran provecho. Gabriel, que hablaba a veces en latín con su maestro, mostraba una memoria prodigiosa y una gran facilidad para el estudio. En esos años cambió totalmente su forma de ser, haciéndose una personalidad fuerte y valiente.
  
A los quince años comienza Gabriel sus estudios de filosofía y leyes en la Universidad de Quito, fundada en 1586. Pudo hacerlo gracias a dos hermanas del padre Betancourt, que allí tenían casa y le alojaron. Fue muy buen estudiante, y se mantuvo con beca toda la carrera. Aprendió por su cuenta francés, inglés e italiano. El ambiente cultural que le rodeaba era racionalista, volteriano y laicista, abiertamente hostil a la Iglesia, y en la vida política todo era mentira y corrupción. Viendo así la situación, no se limitó a lamentarse, sino que se decidió a ser político católico.
   
A los veinticinco años obtiene García Moreno el doctorado. Y su vida, siempre muy activa, se va acelerando más y más. Explora científicamente los cráteres de los volcanes Pinchincha y Sangay. Se casa con Rosa Ascásubi. Como escritor de combate, lanza sucesivamente varios periódicos, "El Zurriago" primero, "La Nación" después, y otro, "El vengador", y otro más, "El diablo". Pacifica en una semana, como enviado del presidente Roca, una sublevación sangrienta producida en Guayaquil...
  
Pero todo va de mal en peor, y la nación va decayendo, entre conspiraciones y sobresaltos, en un laicismo cada vez más ignominioso. Pasa entonces García Moreno por momentos de desánimo, llegando a considerar la posibilidad de dedicarse, como su próspero hermano Pablo, al comercio. Viaja a Europa, a Inglaterra y Alemania, y en Francia se reafirma definitivamente en su vocación política, estimulado por el ejemplo de sus amigos católicos franceses. Se reintegra en 1850 al Ecuador, y consigue, en un golpe de mano personal ante el presidente Noboa, el regreso de los jesuitas, cosa que los masones no podían tolerar. El general Urbina, que se hace con el poder, los expulsa de nuevo, alegando que la real cédula de Carlos III, española, de 1767, estaba vigente (¡a pesar de "independizarse" la república en 1822"!).
   
A semejanza de Carlos III, el presidente José María Urbina (impulsado por la masonería) expulsa a los jesuítas de Ecuador
  
Exiliado
García Moreno ataca duramente desde el semanario La Nación la política de Urbina, y éste, en 1853, le destierra a Colombia. De allí se fuga, vuelve secretamente a Quito, se refugia más tarde en un barco francés arribado al puerto de Guayaquil, es elegido diputado, y es desterrado por segunda vez, en esta ocasión a la costa peruana, a un lugarejo apartado. Allí escribe un folleto en defensa propia, "La verdad de mis calumniadores" y, como siempre que puede, se dedica al estudio.
  
En 1855 vuelve a París, pues necesita libros y personas con las que perfeccionar su pensamiento, preparándose para su misión. Le interesan todos los temas: matemáticas y ciencias naturales, ingeniería y filosofía, agricultura e historia. «Estudio diez y seis horas diarias -le escribe a un amigo-, y si el día tuviera cuarenta y ocho, pasaría cuarenta con mis libros, sin el menor tropiezo». Por aquel tiempo estudió a Balmes y a Donoso Cortés, y leyó tres veces la Historia universal de la Iglesia católica, de Rohrbacher, editada recientemente en 29 volúmenes, entre 1842 y 1849, la obra que más influyó en su formación doctrinal y espiritual.
  
Pero aunque con éste y otros estudios consolidaba más y más su pensamiento católico, por aquellos años, sin embargo, había abandonado las prácticas religiosas: no se confesaba ni iba a misa los domingos. Un día, en una discusión con un ateo, éste le echó en cara su inconsecuencia, y Gabriel fue vencido por la gracia de Dios. Se confesó en seguida y desde entonces participó en la eucaristía diariamente.
 
Alcalde, rector y senador
A fines de 1856, una amnistía proclamada por el general Robles, sucesor del general Urbina, permite el regreso de García Moreno, después de tres años de destierro. Acogido triunfalmente en Quito, es elegido alcalde de la ciudad en 1857, y poco después rector de la Universidad, y senador por la oposición. La degradación de la vida política, cultural y económica en aquellos últimos años de dictadura militar era completa.
   
El Gral. Francisco Robles (a la sazón presidente de Ecuador), permitió que García Moreno volviera del exilio
  
Serían necesarias muchas páginas -de las que no disponemos- para describir las luchas y cabildeos, los nepotismos y traiciones, que por entonces dominaban la vida pública, en la que la arbitrariedad de los políticos y la violencia de soldados y policías iban mucho más allá de lo tolerable. L. F. Borja afirma que 1859 fue «el año de la crisis para el Ecuador, cuando estuvo en peligro de desaparecer como nación independiente, el año de la anarquía» (+Belmonte, Historia contemporánea de Iberoamérica, II, 180).
  
Primera presidencia (1861-65)
Después de veinticinco años de gobiernos liberales y despóticos, sectarios e inútiles, se hizo en 1860, gracias en buena parte a García Moreno, una nueva Constitución, y él fue elegido por unanimidad para presidir el gobierno. Comienza inmediatamente una obra formidable, de la que escribe José Belmonte:
«Se organiza ahora la hacienda, la enseñanza y el ejército; se establece un Tribunal de cuentas; se reducen las tasas fiscales. García Moreno derrocha ardor para combatir con energía la especulación, el contrabando y la burocracia, acometiendo asimismo las obras de vialidad del país. Simboliza el freno más resuelto contra el militarismo imperante. Sus pasos giran en torno al establecimiento de un régimen civil, encaminándose a la instauración de un Estado católico. »
  
«Su primer gobierno puede llamarse, en expresión de Crespo Toral, el período heroico de García Moreno. Fueron aquellos años, desde el gobierno provisional hasta 1865, de verdadera prueba: el motín de los cuarteles, las invasiones a mano armada, el puñal aguzándose en la sombra, dos guerras internacionales... En esos años lúgubres de furor, de desesperación, se acometieron en parte los gigantescos trabajos de la red de carreteras, las vastas empresas de la enseñanza, de la beneficencia, del saneamiento moral de la República, de cuyo territorio, desde los claustros para abajo, barrióse toda inmundicia que pudiese corromper el ambiente o trascender pestilencia o contagio... En años tan difíciles, con rentas adecuadas apenas para el sustento de la vida, tuvo el erario la elasticidad que da la honradez» (181).
  
En 1862 se estableció el Concordato ecuatoriano con la Santa Sede. En 1863 se celebró un Concilio nacional, en el que se restauró, entre otras cosas, la disciplina del clero. Llegaron al país no pocos religiosos extranjeros. Y por primera vez en muchos años el Ecuador, país con inmensa mayoría de católicos, pudo vivir en una atmósfera favorable a la Iglesia y a la vida cristiana. Sin embargo, la obstrucción sistemática de liberales y radicales, y la ambición hostil de Colombia y Perú, cuyos masones confraternizaban con Urbina, poniendo en peligro la misma integridad territorial del Ecuador, mantuvieron la vida política en una tensión continua y en un peligro permanente.
  
Ciertamente, la masonería está intrigando (a toda luz o en secreto) para tomar el poder y eliminar a sus enemigos a como dé lugar
  
Segunda presidencia (1869-75)
En 1868, García Moreno, a los cuarenta y siete años, se casa en segundas nupcias con Mariana de Alcázar, y prepara su retiro de la vida pública en una apartada hacienda. Le siguen en la presidencia, sucesivamente, dos hombres de su confianza, Carrión y Espinosa; pero estos políticos, siendo débiles, ponen otra vez el país al borde de la anarquía. García Moreno entonces, anticipándose a Urbina, que se preparaba para dar un golpe de estado, convoca la Convención de 1869, en la que se reforma la Constitución del estado. Y de nuevo es constituido presidente.
   
De esta segunda presidencia escribe Remigio Crespo Toral:
«En esos seis años fue la paz, el desarrollo estupendo de la nación y la cumbre de su progreso. Con menos de tres millones de entradas al año, se realizó el prodigio de extensión, de encumbramiento, de exaltación de nuestra pobre República, al punto y grado de incorporarse ella en la sociedad internacional. No hubo necesidad de imposiciones, fueron raros los castigos y la mansedumbre iba formando la atmósfera» (+J. Belmonte 183).
  
Al morir García Moreno, la primera enseñanza, respecto a los tiempos de Urbina, se había multiplicado por cuatro; la Universidad de Quito era una de las mejores de América; se inició el restablecimiento entre los indios de los poblados misionales, que habían sido tan admirables; el ejército ya no imponía su prepotencia cuartelaria, sino que había sido reorganizado al servicio de la nación; los funcionarios, reducidos de su número abusivo, cumplían su horario laboral; los libros de contabilidad de la República, antes prácticamente inexistentes, estaban al día, y se habían eliminado casi por completo las cuantiosas deudas contraidas en los anteriores decenios de corrupción política. Todo lo cual, por supuesto, resultaba para muchos intolerable, al haber sido realizado por un político que se atrevía a aplicar en su gobierno la doctrina católica.
   
Político católico
García Moreno fue siempre un político absolutamente convencido de la veracidad de la doctrina política y social de la Iglesia. En el comienzo de su Constitución de 1869, abrumadoramente aprobada en plebescito popular, se decía: «En el nombre de Dios, uno y trino, autor, conservador y legislador del universo, la convención nacional del Ecuador decreta la siguiente constitución»... Fiel a la doctrina de la Iglesia, entonces presidida por Pío IX, estaba persuadido de que sólo podía edificarse el bien común temporal de una nación cristiana respetando en todo las leyes Dios.
  
Por eso cuando en 1864 Pío IX publicó el Syllabus, y muchos, incluidos católicos, atacaban el documento, él decía: «No quieren comprender que si el Syllabus queda como letra muerta, las sociedades han concluido; y que si el Papa nos pone delante de los ojos los verdaderos principios sociales, es porque el mundo tiene necesidad de ellos para no perecer».
  
García Moreno, por lo demás, era plenamente consciente de la singularidad provocativa de su política. En una ocasión reconocía que los masones «por medio de su gobernantes, son más o menos dueños de toda América, a excepción de nuestra patria». Pero esa misma conciencia le confirmaba la urgente necesidad de firmeza en su política. En efecto, se decía a sí mismo:
«este país es incontestablemente el reino de Dios, le pertenece en propiedad, y no ha hecho otra cosa que confiarlo a mi solicitud. Debo, pues, hacer todos los esfuerzos imaginables para que Dios impere en este reino, para que mis mandatos estén subordinados a los suyos, para que mis leyes hagan respetar su ley».
  
Y en su mensaje al Congreso, en 1873, con la valiente franqueza que en él era habitual, declaraba:
«Pues que tenemos la dicha de ser católicos, seámoslo lógica y abiertamente; seámoslo en nuestra vida privada y en nuestra existencia política. Borremos de nuestros códigos hasta el último rastro de hostilidad contra la Iglesia, pues todavía algunas disposiciones quedan en ellos del antiguo y opresor regalismo [supremacía del Estado sobre la Iglesia], cuya tolerancia sería en adelante una vergonzosa contradicción y una miserable inconsecuencia».
  
En lo referente, por ejemplo, a la educación, la Constitución ecuatoriana, que proscribía la masonería, ordenaba que fuera una educación católica, con indecible escándalo de liberales, radicales y masones, que en la mayoría de las naciones americanas dominaban hacía años el área política educativa. Pero García Moreno argumentaba: ¿Es antidemocrático asegurar a la población aquella educación que prefiere la inmensa mayoría de los ciudadanos? ¿Por qué un pueblo cristiano ha de estar sometido durante generaciones a una educación netamente anticristiana? ¿Por qué a los hijos ha de arrancárseles en la escuela la religión de sus padres? ¿Viene eso realmente exigido por la democracia?...
   
García Moreno en ésta cuestión, como en tantas otras, estaba prácticamente solo en toda América, pues una falsa ortodoxia democrática impulsaba a los políticos cristianos a alejar a la Iglesia de la educación, dejando ésta en manos de la única alternativa fuerte, organizada y con apoyos exteriores: radicales y masones. Éstos, en muchos países, entraban a formar parte de inestables gobiernos de coalición, diciendo: «Ustedes controlen la economía, el ejército, las relaciones con el exterior, y todo lo demás: nosotros nos encargaremos de la educación». 
  
  Gabriel García Moreno fue muy devoto del Sagrado Corazón de Jesús, y en su tercer mandato logró la Consagración de la República de Ecuador
  
García Moreno, como la mayoría de sus compatriotas cristianos, fue formado en la devoción al Corazón de Jesús, y siendo ya presidente, a Él quiso consagrar el Ecuador, la nación entera, y para ello presentó consulta al tercer Concilio, reunido por entonces en Quito. Obtenida la licencia eclesiástica, y con el voto mayoritario del Congreso, se realizó en 1873, con gran solemnidad y fervor popular, la consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Fue la primera nación del mundo que lo hizo, y en diez años se levantó un gran templo nacional votivo para memoria del acontecimiento. Poco antes de su muerte, García Moreno vaticinó con acierto:
«Después de mi muerte, el Ecuador caerá de nuevo en manos de la revolución; ella gobernará despóticamente bajo el nombre engañoso de liberalismo; pero el Sagrado Corazón de Jesús, a quien he consagrado mi patria, lo arrancará una vez más de sus garras, para hacerla vivir libre y honrada, al amparo de los grandes principios católicos». 
  
Con su maririo y la posterior asunción al poder del masón Eloy Alfaro, Ecuador cayó en las manos de la revolución, cumpliéndose las palabras proféticas de García Moreno.
  
Hombre católico
Gabriel García Moreno pudo ser un político verdaderamente católico porque era un hombre católico en verdad. Trabajaba muchas horas cada día, sujetando siempre su horario a una distribución muy estricta, que incluía levantarse a las 5, y tener misa, meditación y examen entre las 6 y las 7. Las vacaciones las pasaba en un pueblecito donde su hermano era párroco. Una vez al año, si podía, hacía una semana de ejercicios espirituales. No solía dar banquetes -ni siquiera cuando fue elegido presidente por primera vez; en aquella ocasión entregó el dinero del banquete a un hospital-, y procuraba en lo posible evitar convites. Estas exageraciones venían aconsejadas por los escándalos precedentes, habituales en la Presidencia del gobierno. No siendo hombre de fortuna personal, cedía parte de su sueldo oficial al erario nacional, y parte a obras benéficas.
  
Guardaba un talante humilde, y a pesar del ímpetu de su carácter, gastaba una inmensa paciencia para, por ejemplo, conseguir del Congreso la aprobación de buenos presupuestos, obras o leyes. Era, como ya se ha visto, sumamente estudioso, e incluso en sus tiempos de político recibía con frecuencia de Europa obras sobre ciencia, filosofía o historia y, sobre todo de Francia, libros de pensamiento católico. También era dado a la lectura de temas bíblicos o patrísticos, del Magisterio o de autores espirituales.
   
En una de las últimas páginas de La imitación de Cristo, el libro de Kempis que llevaba siempre consigo, anotó, con ocasión de unos ejercicios espirituales, entre otras normas:
«Oración cada mañana, y pedir particularmente la humildad. En las dudas y tentaciones, pensar cómo pensaré en la hora de la muerte. ¿Qué pensaré sobre esto en mi agonía? Hacer actos de humildad, como besar el suelo en secreto. No hablar de mí. Alegrarme de que censuren mis actos y mi persona. Contenerme viendo a Dios y a la Virgen, y hacer lo contrario de lo que me incline. Todas las mañanas, escribir lo que debo hacer antes de ocuparme. Trabajo útil y perseverante, y distribuir el tiempo. Observar escrupulosamente las leyes. Todo Ad Majorem Dei Gloriam exclusivamente. Examen antes de comer y dormir. Confesión semanal al menos»...
  
García Moreno entrecruzó algunas cartas con el papa Pío IX, que por esos años sufría como él un duro acoso del laicismo militante. En una de ellas, Pío IX le decía:
«Sin una intervención divina enteramente especial, sería difícil comprender cómo en tan corto tiempo habéis restablecido la paz, pagado muy notable parte de la deuda pública, duplicado las rentas, suprimido impuestos vejatorios, restaurado la enseñanza, abierto caminos y creado hospicios y hospitales».
  
Con el Papa Pío IX, García Moreno tuvo una sincera amistad y mantenían correspondencia con cierta regularidad

Juicios sobre su personalidad política
Las fuerzas que abominan de todo influjo real del cristianismo en la vida pública han visto siempre en Gabriel García Moreno «el máximo representante del oscurantismo clerical», «un dictador sangriento», «un teócrata conducido por los jesuitas», etc. Es normal. Pero también es normal que nosotros aquí demos la palabra a personas más dignas de consideración:
   
José Luis Váquez Dodero califica a García Moreno de «férreo espíritu, asentado en una sorprendente fisiología... y no sólo el primero y más grande de los ecuatorianos, sino uno de los hombres en verdad extraordinarios que ha producido América... Pocas veces se ha dado un producto tan asombroso de energía física y de energía moral... La insólita personalidad de García Moreno y el fervor con que fue asistido por el pueblo ecuatoriano tentaría a aplicarle el término carisma, con el que quedarían designadas sus maravillosas facultades y la sublimación que los ecuatorianos hicieron de ellas» (+Belmonte 185).
   
El historiador García Villoslada afirma que «la figura de Gabriel García Moreno es en el aspecto político-religioso la más alta y pura y heroica de toda América, y nada pierde en comparación con las más culminantes de la Europa cristiana en sus tiempos mejores. Basta ella sola, aunque faltaran otras, para que la república del Ecuador merezca un brillante capítulo en los anales de la Iglesia» (+Adro Xavier 388).
  
Los "tolerantes" no toleran
En 1874 había acuerdo entre las fuerzas políticas para reelegir por un tercer período presidencial a García Moreno. Pero también había un convencimiento generalizado de que sus enemigos no estaban dispuestos a soportarlo más. El 20 de julio le escribía su suegro, Ignacio de Alcázar: «Una vez la secta radical triunfante, la religión será perseguida, las obras públicas y vías de comunicación abandonadas y, sobre todo, la guerra civil ha de ser interminable, debiendo todo esto y mucho más principiar por asesinarte... No veo otro medio de salvarte que salir del país». Todos sus amigos temían lo mismo, y le aconsejaban prudencias y escoltas, sin que él hiciera caso.
  
Se produjo, finalmente, por mayoría aplastante, la tercera reelección de García Moreno para la Presidencia. Y liberales y masones -siempre tan atentos a la voluntad del pueblo- formaron en seguida un coro mundial de lamentaciones y protestas.
    
Una vez más la opinión unánime internacional, la misma que consideraba natural que los católicos no pudieran tener voto en Gran Bretaña, o que estimaba necesaria, de alguna manera, la interminable dictadura mexicana del porfiriato, tan favorable a los intereses económicos del capital nacional o extranjero, daba sobre la elección democrática del católico García Moreno su democrática sentencia: intolerable. La prensa liberal de España, La Gaceta de Colonia o la de Bruselas, el secretario de la embajada chilena en Lima, el periódico Monde Maçonique, innumerables voces aquí y allá, con una coincidencia realmente impresionante, venían a exigir el fin del hombre nefasto, absolutamente incompatible, por muy reelegido que fuera, con las democráticas libertades modernas y la civilización occidental.
    
Tiempo antes, el 26 de octubre de 1873, la prensa del Perú había ya reproducido de la de Guayaquil la crónica detallada de su asesinato en Quito: todos los datos eran falsos, pero se trataba de crear ambiente. García Moreno, por supuesto, era consciente de la conjura, pero seguía negándose a llevar escolta y a tomar medidas mayores de precaución: «Yo prefiero confiar mi guardia a Dios. Lo que dice el salmista: "Si Dios no guarda la ciudad, en vano la guardan los centinelas"».
   
El 17 de julio de 1875 escribe García Moreno su última carta a Pío IX, comunicándole la reelección:
«Ahora que las logias de los países vecinos, instigadas por las de Alemania, vomitan contra mí toda especie de injurias atroces y calumnias horribles, procurando sigilosamente los medios de asesinarme, necesito más que nunca la protección divina para vivir y morir en defensa de nuestra religión santa y de esta pequeña república... ¡Qué fortuna para mí, Santísimo Padre, la de ser aborrecido y calumniado por causa de Nuestro Divino Redentor, y qué felicidad tan inmensa para mí, si vuestra bendición me alcanzara del cielo el derramar mi sangre por el que, siendo Dios, quiso derramar la suya en la Cruz por nosotros!».
Y el 4 de agosto le escribe a su amigo Juan Aguirre: «Voy a ser asesinado. Soy dichoso de morir por la santa fe. Nos veremos en el cielo».
  
Asesinato
El 6 de agosto de 1875, como de costumbre, se levantó a las cinco de la mañana, y fue a la iglesia para la misa de las seis. Sus asesinos, un pequeño grupo impulsado por los escritos incendiarios del liberal Juan Montalvo, le acechaban; pero retrasan su acción, pues al ser primer viernes había gran concurso de fieles. Más tarde, por la mañana, entra García Moreno un momento en la Catedral para hacer una visita al Santísimo. Le avisan que le reclaman fuera.
  
Martirio de Gabriel García Moreno (grabado de la época)

Cuando sale al sol de la plaza, un tal Faustino Lemus Rayo, un general  y gobernador de provincia (nacido en Roldanillo, Colombia, pero establecido tiempo atrás en Ecuador) le descarga un machetazo en la cabeza, seguido de otros, en tanto que sus cómplices disparan sus revólveres. Fueron en total catorce puñaladas y seis balazos. Acuden algunos soldados al tumulto, y uno de ellos mata de un tiro a Rayo. En su bolsillo se hallaron cheques –por más de «treinta monedas», desde luego– contra el banco del Perú, firmados por conocidos masones.
  
Faustino Lemus Rayo fue contratado por los masones de Colombia, Ecuador y Perú para asesinar a García Moreno
   
El cuerpo de García Moreno es introducido en la Catedral, donde recibe, ya agonizante, la Unción sacramental. Un sacerdote catalán apellidado Masamperó, encargado secreto de Carlos VII de Borbón ante el gobierno del Ecuador, le exhorta a perdonar a sus enemigos, lo que él hace al decir Dios no muere, y le da la absolución. Al morir llevaba consigo, manchado todo de sangre, una reliquia de la Cruz de Cristo, el escapulario de la Pasión y el del Sagrado Corazón, y el santo Rosario colgado al cuello. También se le halló en el bolsillo un libro muy usado, que llevaba siempre encima: La imitación de Cristo.
  
Cadáver de Gabriel García Moreno
    
En fin, Gabriel Garcia Moreno fue un político que supo sacar a su país de la crisis moral y económica guiado por los principios Católicos, un católico convencido de que la Fe y el sometimiento a Dios y a la Iglesia son la base de una vida llena de sentido y de una Nación fuerte.
  
Gabriel García Moreno, ruega a Dios por la Iglesia y por la Hispanidad, para que logre liberarse del yugo masónico que la esclaviza; y que pronto se establezca triunfante el Reino de los Sagrados Corazones Traspasados de Jesús y María en todas las naciones.