Mostrando entradas con la etiqueta Sor Mariana de Jesús Torres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sor Mariana de Jesús Torres. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de febrero de 2024

EL NIÑO JESÚS CRUCIFICADO DEL PICHINCHA


El Niño Jesús, que la Santísima Virgen presentaba constantemente en sus brazos durante las apariciones del Buen Suceso, manifestaría también su predilección por estas tierras del Sagrado Corazón así como la ingratitud del Ecuador ante las misericordias divinas. En el año de 1628 Nuestra Señora del Buen Suceso así decía a la Madre Mariana de Jesús Torres:
«Levanta ahora la vista y mira hacia el cerro de Pichincha, donde será crucificado este Divino Infante que traigo en mis brazos. Lo entrego a la Cruz a fin de que Él dé siempre buenos sucesos a esta República, la que será muy feliz cuando en toda en su extensión me conozcan y me honren bajo esta advocación (como María del Buen Suceso), pues será buen suceso para las almas, casas y familias, y esta invocación será prenda de salvación».
Enseguida, la Madre Mariana de Jesús vio a los tres Arcángeles, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael que tomaron al Divino Niño de los brazos de su Santísima Madre y lo condujeron a la cima de dicho cerro, dejándolo allí con reverente acatamiento,
  
Toda la montaña se envolvió de una luz celestial y el Niño Jesús, vestido de una larga túnica blanca salpicada de estrellas y un manto de color rosado muy precioso, nunca visto en la tierra, encontró delante de sí una cruz de madera lisa y achatada de la cual pendía una corona de agudas espinas.
  
Hermoso y lleno de Divinidad, oculta en su Santa Humanidad se postró en tierra con los brazos en cruz, y rezando a Dios Padre decía:
«Padre Mío y Dios Eterno, considerad benigno esta pequeña porción de tierra, (el Ecuador) que hoy me dáis, para que en ella, reine como Señor absoluto, mi amoroso y tierno Corazón y el de mi Madre Santísima, criatura tan pura y tan bella cual no hay otra».
El Divino Niño se aproximó a la cruz, fijándose a ella con amor y por sus rosadas mejillas caían gruesas lágrimas que fueron luego recogidas por los tres Arcángeles y esparcidas por ellos por toda la nueva nación. Ciñendo la corona de puntiagudas espinas, el Divino Niño se apegó a la cruz y extendió sus manos, quedando crucificado delante del gran Pichincha. Dicha colina que domina la ciudad (de Quito) quedó santificada a partir de ese instante y quiso desde allí el Corazón Santísimo de Jesús, ejercer su dominio.

Su frente, manos y pies emanaban sangre, y mientras su triste miraba abarcaba todo el Ecuador, entre sollozos decía:
«¡No puedo hacer más por ti, para demostrarte mi Amor! Almas ingratas no me paguéis con desprecio, sacrilegios y blasfemias, tanto Amor y delicadezas de mi Corazón! Por lo menos vosotros mis devotos sed mi consuelo en mis soledades eucarísticas, velad en mi compañía, alejad de vosotros el sueño de la indiferencia con relación a Dios que tanto os ama.
   
En medio de las amarguras y funestos tiempos que sobrevendrán a esta Patria, vuestra humilde, secreta, y silenciosa oración juntamente con vuestra penitencia voluntaria, la salvará de la destrucción a donde la conducen sus hijos ingratos, pues éstos, humillando y despreciando a los buenos, exaltarán y alabarán a los malos advenedizos satélites de Satanás».
Devoción al Niño Jesús, Símbolo de la Inocencia Espiritual
La Madre Mariana recibiría luego, en el año de 1634, el mandato de Nuestra Señora de reproducir en estampas su visión del Niño Divino:
«No fue por casualidad que viste crucificado a mi Divino Niño en el cerro del Pichincha...
 
...Ya que colocaste mi Imagen sobre el Trono de Abadesa de éste mi Convento tal como te lo pedí, para gobernarlo y defenderlo, y hacer el bien a todas las poblaciones y ciudades, así también queremos que, valiéndote del Obispo, reproduzcas en estampas esta visión que tuviste de mi Amadísimo Niño Crucificado, escribiendo en ellas las palabras que oíste de sus labios».
Nuestra Señora del Buen Suceso le ordenó entonces, «difundir dichas estampas por todo el mundo». La Providencia tenía en ello un Santísimo propósito :
«Estas estampas –diría la Santísima Virgen– volarán por el mundo entero y a todos impresionará santamente, sin saberse de su procedencia en el transcurso de los tiempos».
Al día siguiente, el Obispo de Quito, Don Pedro de Oviedo, acudió al Monasterio de las Conceptas, para saludar a las dos únicas sobrevivientes, en ese entonces, de la Fundación del Convento, siendo ellas, la Madre Mariana de Jesús Torres y la Madre Francisca de los Ángeles.
«Queridas Hermanas, –dijo el Prelado– en sueños me pareció ver a mi Madre Santísima, que llena de amor y ternura maternal, me indicaba la visión del Niño Crucificado en el cerro del Pichincha, pidiéndome también, mandarla a grabar en unas estampas, añadiéndole las palabras mencionadas por el Divino Niño en dicha colina».
Nuestra Señora le indicaba así al Obispo, lo mismo que le había revelado a la Madre Mariana, acerca de la difusión de la devoción al Niño Jesús Crucificado, por todo el mundo, incluso Don Oviedo tuvo la impresión también de que las referidas estampas jamás se perderían, por el contrario, serían continuamente reproducidas y tendrían el don de conquistar corazones para el amor a Dios.
  
El Obispo ordenó a la Santa Fundadora, elaborar un dibujo que plasmase la aparición del Niño en la Cruz, y enviarlo a España, lugar donde iban a ser editadas las estampas. Al dibujo, Monseñor Oviedo le adjuntaría una carta dirigida al Rey pidiéndole especial prontitud en la impresión. Prometió también a las Madres, encargarse personalmente, luego de su publicación, de distribuirlas a todas las religiosas del Convento, oferta que cumplió tiempo después.
   
En todas sus apariciones hechas a la Madre Mariana de Jesús Torres, Nuestra Señora de El Buen Suceso, llevaba consigo al Niño Jesús. Y como prueba de su Amor para con el Convento de la Inmaculada Concepción, como también para con estas tierras del Sagrado Corazón de Jesús, entregó en varias ocasiones a su Divino Infante en brazos de la santa religiosa, quien complacida lo recibía con presteza inimaginable y gozo inefable.
  
Tres meses antes de la muerte la Sierva de Dios, en medio de uno de esos sublimes momentos, el Niño Dios, acariciándola, le dice:
«Mi querida y pobre esposa, fíjate bien y medita en tu interior, que la devoción al Niño Jesús será siempre, en todo conflicto, la salvaguardia de éste Convento. Si faltara esta devoción, desaparecerá el bello espíritu de la infancia espiritual en el que se complace mi Padre Celestial.
  
Mientras dicho espíritu exista no habrá poder humano capaz de destruir este Convento mío, tan querido. Felices quienes me amen y me den culto. Yo los llenaré de Luces y Gracias para que sus almas sean preciosas ante mi Padre Celestial y la Santísima Trinidad, en ellas nos deleitaremos.
  
Yo los asistiré en la última agonía y volveré suave su juicio, menor el tiempo de su purificación, y grande el grado de Gloria que tuvieren en el Cielo».
Así el Hijo de Dios, recordaba la Divina sentencia manifestada en cierta ocasión a los Apóstoles: «Si no os hiciereis como un niño, no entraréis en el Reino de los Cielos» (cfr. Mt. 18, 3).
  
La Madre Mariana de Jesús Torres, consiguió así, a través de una devoción sin par al Niño de la Cruz, que aquella inocencia infantil, junto a dones de naturaleza y de Gracia embellezcan su alma por siempre.
 
El Niño Jesús de la Cruz del Pichincha se venera en uno de los altares de la Iglesia perteneciente al Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito, que, vestido como se apareció en la visión de la Madre Mariana y coronado de espinas, muestra las llagas de la Pasión en sus pies y manos.

martes, 28 de enero de 2014

ORACIÓN A LA VENERABLE MADRE MARIANA DE JESÚS TORRES, POR EL Dr. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA


Venerable Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, vidente de Nuestra Señora del Buen Suceso
  
¡Oh Venerable Sierva de Dios, Madre Mariana de Jesús Torres, gloria de la Orden de las Concepcionistas en Ecuador, modelo eximio de obediencia, pobreza y castidad, a quien se dignó aparecer la Santísima Virgen, particularmente bajo la advocación de Nuestra Señora de El Buen Suceso, en más de un coloquio místico de gran contenido e inefable dulzura, y a quien Ella dotó de luces proféticas extraordinarias sobre lo que sucedería en nuestras días a las poblaciones sudamericanas, entonces gobernadas por la corona española! Mirad con benignidad, os lo pedimos, a vuestros devotos que os imploran una eficaz intercesión.
  
Contemplad a estos países, y muy especialmente a nuestro querido Ecuador, expuestos hoy a la saña agresiva del comunismo, el cual va penetrando en todos ellos, ora por la fuerza, ora por la astucia. ¡Ved cuán pocos son los ecuatorianos, y de modo general los sudamericanos, compenetrados de la gravedad de ese peligro y de la urgencia de hacerle frente mediante la oración, los sacrificios, y una acción intrépida y eficaz! Y obtened del Divino Espíritu Santo, por los ruegos de María, que difunda por estos pueblos la abnegación y la valentía con que otrora se inmortalizaron los Macabeos, los Cruzados, y los héroes de la resistencia ibérica contra los moros.
  
Considerad, oh Venerable Madre Mariana, la inmoralidad de las costumbres que asola toda la tierra y ved que esos pecados llevaron a Nuestra Señora a pronosticar en Fátima que terribles castigos caerían sobre la humanidad infiel.
  
Atended a la sangre de García Moreno, derramada en nuestra tierra para que ésta se convierta en un verdadero Reino de los Corazones de Jesús y de María.
  
Escuchad, oh benignísima Abadesa del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito, las oraciones que os hacen tantas almas angustiadas por sus necesidades de alma y de cuerpo, y a todas dad una acogida generosa y alentadora, continuando así, en lo alto del Cielo, en favor de nuestro país, la misión tan bienhechora que en él ejercisteis en vuestra vida terrena. Así Sea.

viernes, 24 de enero de 2014

NOVENA EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DEL BUEN SUCESO

Traducción hecha del Inglés desde TRADITION IN ACTION (No conocemos si sobrevive el original en Español, pero esperamos que esta traducción refleje fielmente cómo pudo ser).
  
La novena, escrita por el Padre José M. Urrate SJ, tiene el Imprimátur por Mons. Carlos María de la Torre, Arzobispo de Quito, emitido por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Quito el 31 de Julio de 1941.
   
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL BUEN SUCESO

   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN - PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Yo creo en ti, oh mi Dios. Fortalece, oh Señor, mi fe. Espero en Ti, oh Dios mío. Ayuda, Señor, mi esperanza. Te amo, oh mi Dios. Aumenta, Señor, mi amor. Me arrepiento de haberte ofendido. Dios mío, ayúdame a tener contrición, para que con el auxilio de tu gracia y la especial protección de María Santísima del Buen Suceso, nunca peque otra vez. Oh Señor, ten piedad y misericordia de mí. Amén.
  
ORACIÓN INICIAL - PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Oh excelsa e Inmaculada Reina del Cielo, Santa María del Buen Suceso, Hija favorecida del Padre Eterno, Madre queridísima del Hijo Divino, Esposa amantísima del Espíritu Santo, Trono sublime de la Divina Majestad, augusto Templo de la Santísima Trinidad, en el cual las Tres Personas Divinas han colocado los tesoros de Su Poder, Sabiduría y Amor. Recuerda, Virgen María del Buen Suceso, a quien Dios ha hecho tan poderosa, que tú puedes socorrer a los pobres pecadores, recuerda que lo has prometido. Muéstrate como Madre misericordiosa de los que recurrimos a ti. Yo vengo a ti, Madre de la misericordia, y te ruego, por el amor del Altísimo, que lo seas también para mí. Obtenme de Dios Padre una fe viva que nunca pierda de vista las verdades eternas, de Dios Hijo, una firme esperanza con la que siempre aspire a llegar a esa gloria que Él ganó para mí con su sangre, y del Espíritu Santo, una caridad tan inflamada que siempre viva amando a la Suprema Bondad y a ti, Virgen Santísima, hasta que por tu intervención llegue a amarte y disfrutar de tu vista eternamente en la gloria. Amén.
  
Te saludamos, oh María, hija predilecta de Dios Padre: Ave María
  
Te saludamos, oh María, Madre elegida del Hijo de Dios: Ave María
   
Te saludamos, oh María, Esposa amantísima del Espíritu Santo: Ave MaríaGloria al Padre
  
DÍA PRIMERO - 24 DE ENERO
Cuán grandes e incomparables son las maravillas de Dios omnipotente que así manifiestan los tesoros de su misericordia para los que Él redimió. Por ello, si admiramos los excesos de su bondad en los muchos beneficios con que Él nos ha enriquecido, ¿cuánto más debemos admirar y estar llenos de gratitud por las bendiciones con que distinguió a la criatura más excelente y privilegiada, María Santísima, a quien nos dio para nuestro consuelo, especialmente a aquellos que le sirven y aman con todo su corazón con los títulos diversos e invocaciones con que la honran? Por esta devoción, reciben grandes favores por medio de su auxilio y protección. Esta ha sido la experiencia de los verdaderos devotos de la Madre de Dios, y en especial de aquéllos que recurren a ella en la advocación del Buen Suceso, cuya imagen se venera en la Iglesia del Hospital Real de la Ciudad de Madrid. Fue milagrosa desde sus comienzos, por la forma admirable e inesperada con que este tesoro fue encontrado en la cueva de una montaña. Como Dios dijo al profeta Isaías, Él busca a aquellos que no habían venido a buscarle, y deja a un lado a los que no piensan en su bondad o no creen en su generosidad. Así también lo hizo el Altísimo ya que fue su voluntad el que su Santísima Madre fuera honrada y venerada con el título del Buen Suceso.
  
ORACIÓN
¡Oh Señor de infinita bondad!, que en esta imagen de María Santísima hecha milagrosamente por ángeles, Tú nos has dado una poderosa intercesora a quien podemos acudir con total confianza en su amable protección en todas nuestras necesidades. Concédenos la ayuda que imploramos con fervor y confianza, para que podamos conocer, honrar y servir a la Santísima Virgen, y para que por su intercesión, podamos alcanzar en esta tierra nuestra santificación y, después, ser felices con ella en el cielo. Amén.
  
ACCIÓN DE GRACIAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN - PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
¡Oh Virgen bendita entre todas las mujeres! Nos faltan las palabras para darte gracias por las innumerables bendiciones que hemos recibido de tu mano. El día de tu nacimiento puede ser llamado el día de acción de gracias, de la alegría y del consuelo. Tú eres la honra de la humanidad, gozo del Paraíso, regalo escogido de Dios, y bien de nuestra nación. ¿Qué mérito tenemos nosotros, oh Virgen del Buen Suceso, para que merezcamos tenerte como Madre nuestra? ¡Que Dios sea bendito por siempre, pues lo ha querido así! Bendita eres tú también, Virgen María, porque a pesar de nuestra ingratitud, te nos muestras propicia. Por ello decimos: Tú eres, Madre clemente, nuestro consuelo en la tierra, nuestro refugio, nuestra ayuda y nuestra protección en nuestras necesidades, tanto públicas como privadas. Guárdanos de la guerra, la peste, el hambre, las tormentas, terremotos, y todas las calamidades que merecemos por nuestras culpas. Te rogamos por la Santa Iglesia y por sus ministros. Escucha las súplicas de los que te invocan. Sé abogada y Madre nuestra, de nosotros que ponemos nuestra confianza en ti. A ti acudimos, y por tu intercesión esperamos alcanzar de tu divino Hijo el perdón de nuestros pecados y la perseverancia en la gracia hasta la muerte. Amén. (Aquí, cada uno levantando su corazón a Dios, puede pedir, por intercesión de María Santísima del Buen Suceso, la gracia o favor que desea recibir)
  
ALABANZAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA CADA DÍA DE LA NOVENA
  
Oh, Virgen María, nuestra Madre por excelencia en la tierra. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
Sobre todas las cosas, tú estuviste atenta a la Palabra del Padre. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
Tú eres templo dignísimo de la Santísima Trinidad. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
En la contemplación de tu pureza los mismos ángeles se gozan. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
El mundo cristiano proclama que estás a la derecha del Rey de Reyes en su reino. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
¡Oh, Madre de Gracia, Esperanza nuestra! Puerto de los náufragos y Estrella del mar. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
Puerta del Cielo, Salud de los enfermos, Luz en la oscuridad. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
Con tu ayuda nos encontraremos delante de Dios en la corte de los Santos, donde vives y reinas por los siglos. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
Guía nuestros pasos y ayúdanos, oh dulce María, en nuestras últimas horas. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
Recibe la alabanza de nuestros amantes labios que no llegan a expresar tu grandeza singular. 
¡Ven en nuestra ayuda y muéstranos tu misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
  
ANTÍFONA
Santa María, salva al miserable, socorre al débil, intercede por los afligidos, defiende a tu pueblo, intercede por los clérigos, intercede por tus fieles. Permítenos a cuantos honramos tu santa memoria recibir tu asistencia y protección.
   
℣. Ruega por nosotros, ¡Oh Virgen del Buen Suceso!
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
  
ORACIÓN
Te suplicamos, Señor y Dios nuestro, nos concedas perpetua salud de alma y cuerpo. Y por la intercesión de la gloriosa Virgen María, y por los méritos de su Hijo Jesús, esperamos ser libres de los males presentes y obtener las alegrías eternas. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO - 25 DE ENERO
En el nombre del Padre...
Acto de Contrición, Oración Inicial y las tres Ave Marías...
  
Considera cómo la providencia del Altísimo desea favorecer a los hombres, manifestando el tesoro escondido de la preciosa estatua de Santa María bajo el título de Buen Suceso. Con ocasión de la muerte del hermano Bernardino de Obregón, fundador de la Orden de los Hermanos Mínimos para el servicio de los enfermos (de la Orden de San Francisco de Paula), Gabriel de Fontanet fue elegido para remplazarlo. Acompañado por Guillermo Rigosa, viajaron a Roma para pedir al Sumo Pontífice la aprobación oficial del Instituto y del hábito morado con la cruz que distingue a la Hermandad. Al pasar por la ciudad de Traiguera (bajo la jurisdicción de Tortosa en el Principado de Cataluña), fueron sorprendidos por una terrible tormenta de granizo con relámpagos y truenos tan estruendosos que sus corazones se llenaron de espanto. Entonces suplicaron a Dios que les manifestara un lugar donde pudieran refugiarse y prepararse a morir en paz, pues el rigor implacable de la tormenta les había hecho pensar que no sobrevivirían. Sin embargo, Dios en su divina misericordia se mostró dispuesto a que esta busca de refugio fuera presagio de un buen suceso. Entre relámpagos pudieron distinguir un desvío del camino que terminaba en lo que parecía ser una cueva situada arriba en la colina. Desde la distancia acertaron a ver una luz brillante que salía de ella junto a una fragancia celestial más agradable que cualquier otro perfume terrenal. Sus almas quedaron anegadas de una gran felicidad y de un sentimiento de reverente admiración. Al instante, sintieron el impulso de conocer la causa de tales maravillas.
  
ORACIÓN
¡Oh Dios, admirable en todas tus obras! Puesto que Tú siempre conviertes los sucesos más peligrosos de la vida en prueba de tus mercedes, y en las tormentas más desesperadas nos muestras los preludios de tus maravillas en favor nuestro, como tú lo hiciste con los hermanos Mínimos en esa terrible tormenta. Concédenos, por la intercesión de la Reina del Buen Suceso, la virtud de la paciencia, para sufrir con espíritu resignado las pruebas que nos envíe tu Divina Voluntad, porque en cualquier momento Tú puedes cambiarlas en consolaciones en esta vida y posteriormente concedernos tu eterna recompensa en los Cielos, donde alabaremos tu honra y la de Santa María, por siempre y para siempre. Amén. 
  
Las oraciones y alabanzas se rezarán todos los días
   
DÍA TERCERO - 26 DE ENERO
En el nombre del Padre...
Acto de Contrición, Oración Inicial y las tres Ave Marías...
  
Pensad cómo los viajeros, impulsados por la gracia y atraídos por la curiosidad de comprobar tales prodigios asombrosos que provenían del sitio donde pensaban encontrar refugio, quitándose los zapatos, subieron a la colina con gran dificultad, ayudándose mutuamente al escalar grandes rocas y acantilados escarpados. Cuando llegaron a la cueva y pudieron ver las relampagueantes luces fue grande su alegría, asombro y admiración. Allí vieron cómo esta cueva había sido delicadamente tallada por la naturaleza al modo de un gran templo, y guardaba una bella estatua de la Virgen con el Niño en su brazo izquierdo y portando un cetro en su mano derecha. Una preciosa corona orlaba su frente. Su vestido, como el del Niño, era sencillo pero elegante, y ambos estaban hechos del mismo material y con el mismo estilo. El lugar, que estaba adornado con distintos tipos de flores que tapizaban el suelo y las paredes, se inundó con una exquisita fragancia que rodeaba a la Reina del Cielo. Situada en la roca una lámpara que parecía fabricada por notables artífices, iluminaba con sus muchas luces. Era grande la belleza y alegría que rodeaba a la admirable Señora. Fue inmensa la sorpresa y admiración de los viajeros abrumados por la emoción. Ambos contemplaron extáticos este pequeño pedazo de cielo, calmado ya su corazón sobreexcitado al contemplar a la Madre que de forma tan inesperada se les aparecía, después de tan terrible tormenta, radiante de belleza con tan amoroso rostro, ofreciéndoles refugio y consuelo en coyuntura tan desesperada y difícil. Así también nuestras almas se calman ante la imagen de María. Cuando las cargas de la vida y peligros inminentes nos acechan llevándonos a la desesperación, vamos a ella con paz y confianza, agradeciendo a Dios que en Su Omnipotencia nos ofrece esta imagen portentosa que milagrosamente se encuentra en este lugar escondido para honor de la Virgen Inmaculada y para que todos puedan venerarla bajo ese preciado título del Buen Suceso.
  
ORACIÓN 
¡Oh Dios de Misericordia!, que nunca abandonas en la desolación a aquél que fiel y fervientemente te sirve en medio de los infortunios y peligros de la vida, y que nos animas a encontrar a nuestra Madre y a invocarla como refugio en nuestras adversidades, concédenos recurrir con corazón tierno y fervoroso a Santa María y encontrarla, siempre amante y protectora, de modo que podamos servirla y merecer, por su intercesión, llevar una buena vida cristiana y después estar con Ella para siempre en el Cielo. Amén. 
  
Las oraciones y alabanzas se rezarán todos los días
   
DÍA CUARTO - 27 DE ENERO
En el nombre del Padre...
Acto de Contrición, Oración Inicial y las tres Ave Marías...
  
Meditemos en la alegría indescriptible de los hermanos al contemplar estos prodigios. La imagen de nuestra querida Madre brilló ante ellos como una estrella resplandeciente, y con reverencia se postraron ante ella para alabar y darle gracias por el singular don y por acontecimiento tan extraordinario. Sus pensamientos y sentimientos se elevaron a consideraciones celestiales creyéndose favorecidos por un hecho sobrenatural ante todo lo que vieron y sintieron que no parecía hecho por manos humanas en el interior de aquellas inaccesibles rocas, en pleno despoblado. Entonces hicieron una fervorosa acción gracias pidiendo al cielo saber lo que tenían que hacer. Decidieron intentar descubrir el origen de ese santuario y de la imagen buscando las piadosas personas que lo cuidaban en tan prodigioso culto. Aunque parecía imposible que tal magnificencia fuese trabajo de hombres en un lugar tan retirado e inaccesible, la prudencia y la piedad les sugirió hacer primero una investigación cuidadosa sobre el asunto. Preguntaron en las aldeas más cercanas a la cueva, que estaban a más de tres leguas de distancia, pero no encontraron a nadie que pudiera darles la más mínima información sobre la imagen. Ni siquiera las personas de más de 80 o 100 años de edad habían oído nada acerca de la imagen o de su oratorio, en los bosques circundantes o en cualquier otro lugar de la región. Consideremos, entonces, la alegría y asombro de los santos hermanos, ahora propietarios del extraordinario hallazgo, y cómo veneraron de nuevo la sagrada imagen, ofreciéndole su más sincero agradecimiento con fervorosos afectos al tiempo que la proclamaban su celestial patrona y mediadora, con el título muy significativo de la Virgen del Buen Suceso. El corazón se conmueve por sentimientos de gratitud y admiración ante el piadoso e indescriptible favor, como el que se concedió a los santos hermanos. Unámonos con ellos en sus tiernos abrazos a María, para amarla y honrarla con generosos propósitos, ya que también gracias a Dios la hemos encontrado en el peligroso camino de la vida en medio del horror de la tormenta de nuestras pasiones. 
   
ORACIÓN
¡Oh Dios amantísimo! Tú nos has dado en nuestra Madre un precioso refugio y consolación, ubicándola en la senda de nuestras vidas azarosas para que Ella, como Nuestra Madre del Buen Suceso, sea un escudo que nos defienda en las persecuciones y peligros. Agradecidos por tu bondad, queremos corresponder con la práctica de la Virtud y con una devoción tierna y constante a María Santísima, de modo que por su intercesión podamos llegar a los Cielos. Amén.
  
Las oraciones y alabanzas se rezarán todos los días
       
DÍA QUINTO - 28 DE ENERO
En el nombre del Padre...
Acto de Contrición, Oración Inicial y las tres Ave Marías...
  
Pensemos en cómo los santos viajeros, convencidos de que su valioso descubrimiento les pertenecía, colocaron la imagen en una cesta, y en tan estimable compañía prosiguieron felizmente su largo viaje a Roma, donde fueron recibidos por Su Santidad Pablo V, hombre verdaderamente santo y piadoso. Le contaron cómo habían encontrado la imagen de la Virgen. Al verla tan hermosa y radiante con tal halo sobrenatural, se postró ante ella, colgándole al cuello su precioso pectoral de oro y pedrería, y concediendo gracias e indulgencias a todos los que la veneraran.
  
Encargó a los religiosos que habían tenido la fortuna de haber encontrado la imagen de manera tan admirable el extender celosamente su devoción por todas partes. Ellos reconocieron en la acogida del papa e incluso en el título que le dio de Nuestra Señora del Buen Suceso, todos los signos de que estaban ante un descubrimiento sobrenatural. La prodigiosa imagen pronto se convirtió en una fuente inagotable de gracias y prodigios entre los habitantes de la ciudad de Valencia a donde los hermanos la trasladaron a su vuelta de Roma. Más tarde, la imagen fue trasladada solemnemente a la magnífica Iglesia de Madrid, capital de España, donde la venerada imagen sigue hasta ahora obrando maravillas. Su culto se extendió por toda Europa e incluso a las regiones más lejanas de nuestra América.
  
Confía, alma mía, postrado ante María que con su rostro sonriente te ofrece un dulce consuelo, en que este dichoso encuentro podrá guiarte en las más difíciles encrucijadas de la vida. Mira al Santo Padre postrado ante la sagrada Imagen ofreciéndote este tesoro tan precioso con el encargo de que seas devoto y fiel en el servicio de María. Permanece contento en el estado en que Dios te ha puesto porque tienes a María, como compañera y protectora. Con alabanzas y bendiciones preséntale a tu vez el pectoral de tu amor, poniendo a sus pies tu pasión dominante, ofreciendo tus esfuerzos para vencerla con determinación y constancia y obtendrás los favores excepcionales que muchas personas piadosas han recibido de esta bendita Imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso. 
    
ORACIÓN
¡Oh soberano Dios! Tú nos has dado tu grandísima recomendación, la Santísima Virgen del Buen Suceso, como compañera en nuestra peregrinación, para que Ella sea nuestra guía, guardiana, y protectora en esta lucha. Acudimos, pues, a Ella, llenos de confianza encontrando el camino seguro en nuestro itinerario a la morada del Padre Eterno, donde todo cuanto pedimos se nos concederá. Inflama nuestros corazones con el amor a la Santísima Virgen del Buen Suceso de modo que podamos ofrecerle a nuestra Santísima Madre con la gratitud, un amor firme y constante, y la victoria sobre nuestras pasiones por medio de las grandes gracias que recibimos de Tus misericordiosas Manos. Así, esperamos tener siempre su patrocinio en esta vida y su maternal asistencia en la muerte de modo que obtengamos la eterna salvación. Amén.
  
Las oraciones y alabanzas se rezarán todos los días
   
DÍA SEXTO - 29 DE ENERO
En el nombre del Padre...
Acto de Contrición, Oración Inicial y las tres Ave Marías...
  
Pensemos en que la ciudad de Quito y su antiguo convento, el Convento de las Concepcionistas, también experimentó el favor especial de la gloriosa Madre del Buen Suceso, al aparecer prodigiosamente a la Madre Mariana de Jesús Torres, una de las madres españolas fundadoras de este convento, a los 33 años de haber sido fundado en el año 1610. Esta afortunada y piadosa hermana estaba orando a solas con tierna devoción, implorando la ayuda de María bajo el título del Buen Suceso para remedio de las necesidades de su propia alma, las de sus hermanas en el claustro, y las de toda la humanidad, cuando en sus fervorosas súplicas, hechas con una profunda fe y confianza, alzó los ojos ansiosos al cielo, y rogó a la Santísima Madre que acudiera en ayuda de su posesión, pidiendo humildemente con sincero corazón el bien de su convento y el de toda la Iglesia Católica. De repente una luz refulgente inundó la iglesia, y la santa hermana cayó en éxtasis. Su mente fue invadida por la repentina sorpresa y su corazón fue embargado de una alegría indescriptible. La fe y devoción de su alma aumentaban con la luz infundida ante sus ojos asombrados y deslumbrados. Una alegría singular embargó su corazón, y ella redobló sus ruegos en un éxtasis de confianza ilimitada.
  
Es lo que sucede al alma a quien se invita a dejar lo terreno y mirar al cielo con los ojos de una fe viva y penetrante. El cielo se abre inundando el alma con la luz de la divina claridad y el esplendor de la divinidad. “El justo vivirá por la fe”: Así es como el alma hace un cielo de la baja tierra, cuando atrae por su fe una luz que no es menor que las estrellas del alba. Con ello fortalecemos nuestra fe en los misterios revelados. Siguiendo el ejemplo de las almas santas, hemos de ver con los ojos de la inteligencia iluminada por la Fe todas las acciones de nuestras vidas, dejando de lado todos los pensamientos de esta baja vida material enfocando nuestra atención en contemplar con los ojos de la fe los caminos de la Providencia Divina. Por la oración dejamos este mundo y pensamos en las cosas del Cielo, donde Dios Omnipotente y María, su Hija, Madre y Esposa, esperan nuestras súplicas de humildes peregrinos, postrados a sus pies, implorando las gracias que necesitamos. 
   
ORACIÓN
¡Oh Dios, Luz inaccessible de la Verdad sobrenatural que iluminas nuestro ser con su Celestial resplandor y nos conduces hacia Ti, dándonos como guía y protección a tu predilecta criatura, María Santísima! Ilumina nuestra mente con la luz de una Fe viva y firme. Así como la Fe que movió a Nuestra Madre del Buen Suceso a aparecerse ante los ojos de la religiosa Concepcionista Madre Mariana de Jesús Torres. Porque estamos anhelantes de los bienes sobrenaturales, ayúdanos a desinteresarnos de las cosas de esta tierra. Con la protección de Santa María y la fe segura y constante en los Sagrados Misterios, ayúdanos a vivir contemplando el resplandor de nuestras postrimerías y a anticipar el gozo de verte a Ti y a María Santísima por toda la eternidad. Amén.
  
Las oraciones y alabanzas se rezarán todos los días
   
DÍA SÉPTIMO - 30 DE ENERO
En el nombre del Padre...
Acto de Contrición, Oración Inicial y las tres Ave Marías...
  
Considera cómo la afortunada religiosa, en el transcurso de su fervorosa plegaria fue inundada de una radiante luz, y al fijar sus ojos en la fuente de esa luz brillante, halló ante sí a una Señora de extraordinaria belleza con un semblante lleno de bondad. Cuando la luz menguó un tanto, vio que la Señora llevaba en su brazo izquierdo a un niño, brillante y resplandeciente como una estrella de la mañana, lleno de gracia y bondad, con una carita tierna y graciosa. En su mano derecha la Señora portaba un cetro de oro de brillantes y hermosas piedras preciosas, y alrededor de su frente una corona de piedras magníficas y deslumbrantes. Vestía una ropa similar a la de la imagen de María del Buen Suceso de España, cuyo milagroso descubrimiento fue relatado anteriormente y ante la cual la piadosa hermana concepcionista había estado rezando cuando recibió el don de esta visión.
  
La buena religiosa estaba llena de alegría y al mismo tiempo confundida por la visita de su Madre Celestial. Su alma se llenó de una alegría y gratitud sin límites, y su corazón fue inundado por sentimientos sagrados. Con sentimientos de fe viva, confianza y amor ardiente se atrevió a preguntarle humildemente: “¿Quién sois vos? ¿Y qué deseáis de mí?”. Entonces, ¡oh divina maravilla! con voz dulce y suave, la Señora respondió: “Yo soy María del Buen Suceso a quien has invocado tiernamente. Tu oración me ha complacido y me he hecho venir aquí. Tu amor me ha invitado a que te visite”.
  
Medita, alma mía, el privilegio singular de esta hermana bendita, que mereció por su fe, devoción y fervorosa oración la presencia de María Santísima. Contempla a esta Señora tan hermosa, tan pura y tan amable, deslumbrante en su esplendor, que invita a una contemplación gozosa disfrutando de su intimidad, y a escuchar su amabilísima voz. ¡Ah! ¡afortunada criatura! ¡Cuán grande era tu amor por tu Madre Celestial! ¡Cuán proclive estabas a alabarla humildemente! ¡Qué ardiente deseo tenías de estar junto a Ella! ¡Qué oración tan perseverante la tuya hecha con gran devoción y atención! Es la bondad de María, lo que nos debe animar a invocarla con fe profunda, en la advocación del Buen Suceso y a orar siempre con atención y confianza, teniendo en cuenta que sólo una fe viva y atención vigilante en la oración nos harán merecer ser escuchados y favorecidos por la Santísima Virgen, no con visiones privilegiadas, pero sí con otros dones de gracia con los que nos ayudemos a triunfar sobre nuestras pasiones y sobre los enemigos de la religión. 
   
ORACIÓN
¡Oh Dios de bondad, que te dignas recompensar la fe y el celoso sentimiento de Piedad de las almas que Tú escoges, con la visita de María Santísima! Atiende también a nuestras oraciones que te presentamos por la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso, para que ilumine nuestra fe y aumente nuestra confianza en que Ella acogerá benignamente nuestras súplicas. Concédenos una Fe creciente en Tu bondad Paternal; haciéndonos confiar más en que recibiremos todo cuanto le pedimos. Haznos también más fervorosos en nuestras oraciones, para que sostenidos por la gran valentía de nuestra poderosa Patrona, seamos liberados de los peligros que nos amenazan, te sirvamos mejor, y ganemos el honor de estar en Tu presencia y en la de María Santísima en los Cielos por toda la Eternidad. Amén.
  
Las oraciones y alabanzas se rezarán todos los días
   
DÍA OCTAVO - 31 DE ENERO
En el nombre del Padre...
Acto de Contrición, Oración Inicial y las tres Ave Marías...
   
Considera cómo la Santísima Virgen, apareciendo a la hermana, no quiso únicamente favorecerla con una gracia personal, porque Dios nos concede sus gracias extraordinarias, sino con el plan providencial de aumentar la piedad, estimular el progreso moral, y mejorar la disciplina religiosa de los miembros de una comunidad, un país, o de toda la Iglesia. Por esta razón la Virgen Santísima del Buen Suceso le dijo a la hermana concepcionista: “Es la voluntad de Dios que te mande que ordenes fabricar una imagen que represente esta aparición con todos sus detalles, para que pueda ser colocada en la silla abacial del coro donde rezan las religiosas, para que esta imagen les recuerde a su principal abadesa”. Así esta imagen les incitará a una perpetua gratitud, a una vigilante atención en la oración, a una obediencia perfecta, una fe firme, una esperanza segura, y a un ardiente amor a María Santísima que por ello se ofreció a presidir y gobernar este convento.
   
¡Ah, si tuviéramos una fe viva! ¡Con qué veneración y respeto veneraríamos esta imagen! ¡Cuán intensamente nos recordaría su aparición llena de bondad y sus promesas y favores! ¡Cuán confiadas serían nuestras súplicas, qué atentas serían nuestras oraciones, qué ferviente sería nuestra devoción, qué pronta la obediencia, y que puntual sería la observancia de los mandamientos y de los deberes de estado!
   
Acrecienta, alma mía, tu fe y si tienes poca, pídesela a Dios y a María del Buen Suceso, que te la concederá. Aprovecha el don especial y el privilegio singular de contar con María del Buen Suceso como intercesora nuestra, no desprecies o tengas poco aprecio del don que la Providencia nos ha concedido para aumentar nuestra devoción y alentarnos en la práctica de las virtudes de la fe, la confianza, la caridad, la obediencia y el cumplimiento de todos nuestros deberes y obligaciones.
  
ORACIÓN
¡Oh Dios, guardián amoroso de las personas piadosas, las familias y comunidades, que en tu providencia vigilas y proteges a causa de su atención a la oración y el cumplimiento de los deberes de la vida, escucha nuestras oraciones! Atiende a nuestras peticiones, inflama la luz de nuestra fe en tu poderosa protección para que no le temamos a nuestros enemigos, porque si nos ayudas, nada puede hacernos daño. Danos una confianza ilimitada en María Santísima del Buen Suceso y la gracia de la obediencia y observancia de la Regla [o al cumplimiento de los deberes de nuestro estado de vida], para que podamos ser dignos de una Madre tan santa y una protectora tan poderosa. Que siempre seamos súbditos agradecidos y dóciles, para que algún día podamos cantar y alabar tu gloria en el Cielo, tú que has favorecido a María como Hija, Madre y Esposa de la Santísima Trinidad, el Dios que vive por siempre y para siempre. Amén.
  
Las oraciones y alabanzas se rezarán todos los días
   
DÍA NOVENO - 1 DE FEBRERO
En el nombre del Padre...
Acto de Contrición, Oración Inicial y las tres Ave Marías...
   
Considera lo qué sintió la humilde hermana al oír el mandato de Santa María, de hacer una imagen del mismo tamaño e igual a la aparición. Ella se excusó diciendo que sería imposible, que ningún escultor pudiera reproducir su rara belleza o sus justas proporciones. La hermosa Señora, con una condescendencia muy amable, le respondió: “No te preocupes por esto. Quítate el cordón que llevas en la cintura y mide con él mi altura”. La religiosa, por su natural temor, no se atrevía a tocar con sus manos a María, pero la Celestial Reina tomó el extremo del cordón y lo acercó a su cabeza, mientras que la hermana tocaba con el otro extremo los pies, con el fin de medir la altura exacta de la maravillosa visión. Luego, Santa María le dijo: “Ya tienes la altura de la imagen que hay que hacer. El resto de las medidas deben ser proporcionales con ella. La imagen hay que colocarla en el lugar que he indicado con un báculo en la mano izquierda y con las llaves del claustro en la otra, porque mi deseo es ser abogada y protectora del convento”. Dicho esto, la visión desapareció.
   
El corazón de la hermana que había recibido tan señalado favor y tan grata misión se llenó de sentimientos de amor y gratitud a María Santísima. ¡Oh alma mía!, que tu corazón se llene de estos mismos sentimientos de amor y gratitud a María del Buen Suceso, nuestra Abogada y Protectora. Venera esta Imagen con la más tierna gratitud y vehemente deseo de corresponder a tan singulares beneficios llevando una vida santa, obediente y observante de todos los deberes propios de tu estado.
  
Después de que la santa hermana hubiera sido favorecida con la visión se esforzó en encontrar al escultor capaz de realizar la imagen que María había mandado hacer prometiendo que esta Imagen llena de dulzura y majestad, duraría hasta el fin del mundo. Venerada en el coro alto del convento, las religiosas siempre han recurrido a ella en sus conflictos más graves. De igual manera ha sido el refugio de todas las personas que acudían a ella en sus necesidades, y por su intercesión poderosa se han obtenido favores portentosos y gracias especiales. Las medidas exigidas por María simbolizan la medida de humildad, obediencia y amor de Dios y al prójimo, que ella nos concede tratando de imitarla, llevando la imagen de la Santísima Virgen en nuestro corazón. Esfuérzate, como la santa hermana en llevar la imagen moral de tu Madre la Virgen, en tus costumbres y sentimientos, en tu compostura y en tu forma de actuar, en la fidelidad a tus obligaciones diarias y oraciones, en la humildad y sinceridad, en la pureza y apartamiento de las cosas terrenas, aspirando sólo a los bienes celestiales.
  
ORACIÓN
¡Oh Dios! Padre amantísimo de todas las criaturas, que de distintas maneras manifiestas tu cuidado paternal y dirección para con nosotros, principalmente por darnos a María Santísima como nuestra Abogada, protectora, y modelo ideal de virtudes, infunde en nuestros corazones un deseo constante de imitar a nuestra Reina y Madre, modelando nuestros pensamientos, deseos, y acciones a semejanza de María Santísima, de modo que podamos ser como Ella en tanto lo permita nuestra frágil naturaleza. Asistidos por tu Divina Gracia, podemos vencer a nuestras pasiones y recibir las selectas gracias que nuestra Madre concede a sus hijos que acuden confiadamente a Ella como Medianera en sus necesidades presentes. Que podamos encontrarla pronta para socorrernos en los postreros momentos difíciles de nuestra vida, y más adelante, disfrutar las alegrías de su compañía en los Cielos por siempre y para siempre. Amén.
  
Las oraciones y alabanzas se rezarán todos los días

miércoles, 13 de abril de 2011

"NUESTRA SEÑORA DEL BUEN SUCESO, REINA DE LA MILICIA DE CRISTO": PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA

Dijo María Santísima, Nuestra Señora del Buen Suceso, a sor Mariana de Jesús Torres:
Cuando [los demonios] aparezcan triunfantes, y cuando la autoridad abuse de su poder, cometiendo injusticias y oprimiendo a los débiles, próxima estará su derrota. Caerán por tierra desplomados..!”
 
“Es llegada mi hora en la que Yo de una manera asombrosa destronaré al soberbio Satanás, poniéndole bajo mi planta y encadenándole en el abismo infernal, dejando por fin libres a la Iglesia y a la Patria de esa cruel tiranía”.

 Plinio Corrêa de Oliveira, fundador de la Sociedad Tradición, Familia y Propiedad, fue devoto de Nuestra Señora del Buen Suceso

El Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, refiriéndose a estas palabras de Nuestra Señora (y ampliamente, sobre esta devoción apocalíptica), dijo:
"Nuestra Señora de El Buen Suceso, es la Patrona de todos aquellos que buscan un buen suceso al servicio de Su Causa; de todos quienes, en medio de la oscuridad de la noche del neo-paganismo de nuestros días, trabajan y se esfuerzan, para que nazcar el sol del Reino de María. Nuestra Señora de El Buen Suceso, bien puede ser considerada la Feliz Patrona de la hora y del momento, en que el Reino de Ella finalmente, nazca en la tierra."

Dice la Palabra de Dios sobre la victoria de Santa María sobre el diablo: "Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la Suya. Ella aplastará tu cabeza." (Génesis III, 15); y "Apareció un gran signo en el Cielo: una Mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza." (Apocalipsis XII, 1).

lunes, 11 de abril de 2011

EL PRESIDENTE MÁRTIR: GABRIEL GARCÍA MORENO

Así habló la Santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora del Buen Suceso, a sor Mariana de Jesús Torres hacia 1630:
“En el siglo XIX habrá un Presidente de veras cristiano, varón de carácter, a quien Dios Nuestro Señor le dará la palma del martirio en la misma plaza dónde se encuentra éste mi convento (de La Inmaculada Concepción); Consagrará la República (de Ecuador) al Divino Corazón de mi Amantísimo Hijo, y esta consagración sostendrá la Religión Católica en los años posteriores, los cuales serán aciagos para la Iglesia”.
  
Esta profecía de Nuestra Señora se cumple en la persona de Gabriel García Moreno, quien fuera tres veces presidente de la República de Ecuador, recordado como "El dictador teócrata" por sus enemigos (los masones) y como "El vencedor del liberalismo en Ecuador" por sus admiradores (desde luego, nosotros los Católicos). Veamos por qué.
  
Gabriel García Moreno (1821-1875), Presidente de Ecuador y Mártir de la Fe
    
Sus orígenes
En la ciudad de Guayaquil, porteña y liberal, en el año 1821, nació Gabriel García Moreno, octavo hijo de una familia muy distinguida, pues su padre Gabriel García Gómez, español leonés, nacido cerca de Ponferrada, fue procurador síndico de Guayaquil, y su madre, Mercedes Moreno, era hija del regidor perpetuo del ayuntamiento de la ciudad, hermana del arcediano de Lima y del oidor de Guatemala, y tía del cardenal Moreno, primado de Toledo. Gabriel, de niño, dio muestras de un temperamento sumamente débil y medroso. De tal modo le espantaba cualquier cosa, que no pudo ser enviado a la escuela, y fue su madre su primera maestra.
  
Gabriel, a los nueve años, justamente cuando se produce la independencia (disolución de la "Gran Colombia"), queda huérfano de padre, y la familia, que se había distinguido como realista, se ve en la ruina. Un buen fraile mercedario, el padre Betancourt, que ayudaba espiritualmente a doña Mercedes, se hizo cargo de Gabriel, sirviéndole de maestro durante varios años, con gran provecho. Gabriel, que hablaba a veces en latín con su maestro, mostraba una memoria prodigiosa y una gran facilidad para el estudio. En esos años cambió totalmente su forma de ser, haciéndose una personalidad fuerte y valiente.
  
A los quince años comienza Gabriel sus estudios de filosofía y leyes en la Universidad de Quito, fundada en 1586. Pudo hacerlo gracias a dos hermanas del padre Betancourt, que allí tenían casa y le alojaron. Fue muy buen estudiante, y se mantuvo con beca toda la carrera. Aprendió por su cuenta francés, inglés e italiano. El ambiente cultural que le rodeaba era racionalista, volteriano y laicista, abiertamente hostil a la Iglesia, y en la vida política todo era mentira y corrupción. Viendo así la situación, no se limitó a lamentarse, sino que se decidió a ser político católico.
   
A los veinticinco años obtiene García Moreno el doctorado. Y su vida, siempre muy activa, se va acelerando más y más. Explora científicamente los cráteres de los volcanes Pinchincha y Sangay. Se casa con Rosa Ascásubi. Como escritor de combate, lanza sucesivamente varios periódicos, "El Zurriago" primero, "La Nación" después, y otro, "El vengador", y otro más, "El diablo". Pacifica en una semana, como enviado del presidente Roca, una sublevación sangrienta producida en Guayaquil...
  
Pero todo va de mal en peor, y la nación va decayendo, entre conspiraciones y sobresaltos, en un laicismo cada vez más ignominioso. Pasa entonces García Moreno por momentos de desánimo, llegando a considerar la posibilidad de dedicarse, como su próspero hermano Pablo, al comercio. Viaja a Europa, a Inglaterra y Alemania, y en Francia se reafirma definitivamente en su vocación política, estimulado por el ejemplo de sus amigos católicos franceses. Se reintegra en 1850 al Ecuador, y consigue, en un golpe de mano personal ante el presidente Noboa, el regreso de los jesuitas, cosa que los masones no podían tolerar. El general Urbina, que se hace con el poder, los expulsa de nuevo, alegando que la real cédula de Carlos III, española, de 1767, estaba vigente (¡a pesar de "independizarse" la república en 1822"!).
   
A semejanza de Carlos III, el presidente José María Urbina (impulsado por la masonería) expulsa a los jesuítas de Ecuador
  
Exiliado
García Moreno ataca duramente desde el semanario La Nación la política de Urbina, y éste, en 1853, le destierra a Colombia. De allí se fuga, vuelve secretamente a Quito, se refugia más tarde en un barco francés arribado al puerto de Guayaquil, es elegido diputado, y es desterrado por segunda vez, en esta ocasión a la costa peruana, a un lugarejo apartado. Allí escribe un folleto en defensa propia, "La verdad de mis calumniadores" y, como siempre que puede, se dedica al estudio.
  
En 1855 vuelve a París, pues necesita libros y personas con las que perfeccionar su pensamiento, preparándose para su misión. Le interesan todos los temas: matemáticas y ciencias naturales, ingeniería y filosofía, agricultura e historia. «Estudio diez y seis horas diarias -le escribe a un amigo-, y si el día tuviera cuarenta y ocho, pasaría cuarenta con mis libros, sin el menor tropiezo». Por aquel tiempo estudió a Balmes y a Donoso Cortés, y leyó tres veces la Historia universal de la Iglesia católica, de Rohrbacher, editada recientemente en 29 volúmenes, entre 1842 y 1849, la obra que más influyó en su formación doctrinal y espiritual.
  
Pero aunque con éste y otros estudios consolidaba más y más su pensamiento católico, por aquellos años, sin embargo, había abandonado las prácticas religiosas: no se confesaba ni iba a misa los domingos. Un día, en una discusión con un ateo, éste le echó en cara su inconsecuencia, y Gabriel fue vencido por la gracia de Dios. Se confesó en seguida y desde entonces participó en la eucaristía diariamente.
 
Alcalde, rector y senador
A fines de 1856, una amnistía proclamada por el general Robles, sucesor del general Urbina, permite el regreso de García Moreno, después de tres años de destierro. Acogido triunfalmente en Quito, es elegido alcalde de la ciudad en 1857, y poco después rector de la Universidad, y senador por la oposición. La degradación de la vida política, cultural y económica en aquellos últimos años de dictadura militar era completa.
   
El Gral. Francisco Robles (a la sazón presidente de Ecuador), permitió que García Moreno volviera del exilio
  
Serían necesarias muchas páginas -de las que no disponemos- para describir las luchas y cabildeos, los nepotismos y traiciones, que por entonces dominaban la vida pública, en la que la arbitrariedad de los políticos y la violencia de soldados y policías iban mucho más allá de lo tolerable. L. F. Borja afirma que 1859 fue «el año de la crisis para el Ecuador, cuando estuvo en peligro de desaparecer como nación independiente, el año de la anarquía» (+Belmonte, Historia contemporánea de Iberoamérica, II, 180).
  
Primera presidencia (1861-65)
Después de veinticinco años de gobiernos liberales y despóticos, sectarios e inútiles, se hizo en 1860, gracias en buena parte a García Moreno, una nueva Constitución, y él fue elegido por unanimidad para presidir el gobierno. Comienza inmediatamente una obra formidable, de la que escribe José Belmonte:
«Se organiza ahora la hacienda, la enseñanza y el ejército; se establece un Tribunal de cuentas; se reducen las tasas fiscales. García Moreno derrocha ardor para combatir con energía la especulación, el contrabando y la burocracia, acometiendo asimismo las obras de vialidad del país. Simboliza el freno más resuelto contra el militarismo imperante. Sus pasos giran en torno al establecimiento de un régimen civil, encaminándose a la instauración de un Estado católico. »
  
«Su primer gobierno puede llamarse, en expresión de Crespo Toral, el período heroico de García Moreno. Fueron aquellos años, desde el gobierno provisional hasta 1865, de verdadera prueba: el motín de los cuarteles, las invasiones a mano armada, el puñal aguzándose en la sombra, dos guerras internacionales... En esos años lúgubres de furor, de desesperación, se acometieron en parte los gigantescos trabajos de la red de carreteras, las vastas empresas de la enseñanza, de la beneficencia, del saneamiento moral de la República, de cuyo territorio, desde los claustros para abajo, barrióse toda inmundicia que pudiese corromper el ambiente o trascender pestilencia o contagio... En años tan difíciles, con rentas adecuadas apenas para el sustento de la vida, tuvo el erario la elasticidad que da la honradez» (181).
  
En 1862 se estableció el Concordato ecuatoriano con la Santa Sede. En 1863 se celebró un Concilio nacional, en el que se restauró, entre otras cosas, la disciplina del clero. Llegaron al país no pocos religiosos extranjeros. Y por primera vez en muchos años el Ecuador, país con inmensa mayoría de católicos, pudo vivir en una atmósfera favorable a la Iglesia y a la vida cristiana. Sin embargo, la obstrucción sistemática de liberales y radicales, y la ambición hostil de Colombia y Perú, cuyos masones confraternizaban con Urbina, poniendo en peligro la misma integridad territorial del Ecuador, mantuvieron la vida política en una tensión continua y en un peligro permanente.
  
Ciertamente, la masonería está intrigando (a toda luz o en secreto) para tomar el poder y eliminar a sus enemigos a como dé lugar
  
Segunda presidencia (1869-75)
En 1868, García Moreno, a los cuarenta y siete años, se casa en segundas nupcias con Mariana de Alcázar, y prepara su retiro de la vida pública en una apartada hacienda. Le siguen en la presidencia, sucesivamente, dos hombres de su confianza, Carrión y Espinosa; pero estos políticos, siendo débiles, ponen otra vez el país al borde de la anarquía. García Moreno entonces, anticipándose a Urbina, que se preparaba para dar un golpe de estado, convoca la Convención de 1869, en la que se reforma la Constitución del estado. Y de nuevo es constituido presidente.
   
De esta segunda presidencia escribe Remigio Crespo Toral:
«En esos seis años fue la paz, el desarrollo estupendo de la nación y la cumbre de su progreso. Con menos de tres millones de entradas al año, se realizó el prodigio de extensión, de encumbramiento, de exaltación de nuestra pobre República, al punto y grado de incorporarse ella en la sociedad internacional. No hubo necesidad de imposiciones, fueron raros los castigos y la mansedumbre iba formando la atmósfera» (+J. Belmonte 183).
  
Al morir García Moreno, la primera enseñanza, respecto a los tiempos de Urbina, se había multiplicado por cuatro; la Universidad de Quito era una de las mejores de América; se inició el restablecimiento entre los indios de los poblados misionales, que habían sido tan admirables; el ejército ya no imponía su prepotencia cuartelaria, sino que había sido reorganizado al servicio de la nación; los funcionarios, reducidos de su número abusivo, cumplían su horario laboral; los libros de contabilidad de la República, antes prácticamente inexistentes, estaban al día, y se habían eliminado casi por completo las cuantiosas deudas contraidas en los anteriores decenios de corrupción política. Todo lo cual, por supuesto, resultaba para muchos intolerable, al haber sido realizado por un político que se atrevía a aplicar en su gobierno la doctrina católica.
   
Político católico
García Moreno fue siempre un político absolutamente convencido de la veracidad de la doctrina política y social de la Iglesia. En el comienzo de su Constitución de 1869, abrumadoramente aprobada en plebescito popular, se decía: «En el nombre de Dios, uno y trino, autor, conservador y legislador del universo, la convención nacional del Ecuador decreta la siguiente constitución»... Fiel a la doctrina de la Iglesia, entonces presidida por Pío IX, estaba persuadido de que sólo podía edificarse el bien común temporal de una nación cristiana respetando en todo las leyes Dios.
  
Por eso cuando en 1864 Pío IX publicó el Syllabus, y muchos, incluidos católicos, atacaban el documento, él decía: «No quieren comprender que si el Syllabus queda como letra muerta, las sociedades han concluido; y que si el Papa nos pone delante de los ojos los verdaderos principios sociales, es porque el mundo tiene necesidad de ellos para no perecer».
  
García Moreno, por lo demás, era plenamente consciente de la singularidad provocativa de su política. En una ocasión reconocía que los masones «por medio de su gobernantes, son más o menos dueños de toda América, a excepción de nuestra patria». Pero esa misma conciencia le confirmaba la urgente necesidad de firmeza en su política. En efecto, se decía a sí mismo:
«este país es incontestablemente el reino de Dios, le pertenece en propiedad, y no ha hecho otra cosa que confiarlo a mi solicitud. Debo, pues, hacer todos los esfuerzos imaginables para que Dios impere en este reino, para que mis mandatos estén subordinados a los suyos, para que mis leyes hagan respetar su ley».
  
Y en su mensaje al Congreso, en 1873, con la valiente franqueza que en él era habitual, declaraba:
«Pues que tenemos la dicha de ser católicos, seámoslo lógica y abiertamente; seámoslo en nuestra vida privada y en nuestra existencia política. Borremos de nuestros códigos hasta el último rastro de hostilidad contra la Iglesia, pues todavía algunas disposiciones quedan en ellos del antiguo y opresor regalismo [supremacía del Estado sobre la Iglesia], cuya tolerancia sería en adelante una vergonzosa contradicción y una miserable inconsecuencia».
  
En lo referente, por ejemplo, a la educación, la Constitución ecuatoriana, que proscribía la masonería, ordenaba que fuera una educación católica, con indecible escándalo de liberales, radicales y masones, que en la mayoría de las naciones americanas dominaban hacía años el área política educativa. Pero García Moreno argumentaba: ¿Es antidemocrático asegurar a la población aquella educación que prefiere la inmensa mayoría de los ciudadanos? ¿Por qué un pueblo cristiano ha de estar sometido durante generaciones a una educación netamente anticristiana? ¿Por qué a los hijos ha de arrancárseles en la escuela la religión de sus padres? ¿Viene eso realmente exigido por la democracia?...
   
García Moreno en ésta cuestión, como en tantas otras, estaba prácticamente solo en toda América, pues una falsa ortodoxia democrática impulsaba a los políticos cristianos a alejar a la Iglesia de la educación, dejando ésta en manos de la única alternativa fuerte, organizada y con apoyos exteriores: radicales y masones. Éstos, en muchos países, entraban a formar parte de inestables gobiernos de coalición, diciendo: «Ustedes controlen la economía, el ejército, las relaciones con el exterior, y todo lo demás: nosotros nos encargaremos de la educación». 
  
  Gabriel García Moreno fue muy devoto del Sagrado Corazón de Jesús, y en su tercer mandato logró la Consagración de la República de Ecuador
  
García Moreno, como la mayoría de sus compatriotas cristianos, fue formado en la devoción al Corazón de Jesús, y siendo ya presidente, a Él quiso consagrar el Ecuador, la nación entera, y para ello presentó consulta al tercer Concilio, reunido por entonces en Quito. Obtenida la licencia eclesiástica, y con el voto mayoritario del Congreso, se realizó en 1873, con gran solemnidad y fervor popular, la consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Fue la primera nación del mundo que lo hizo, y en diez años se levantó un gran templo nacional votivo para memoria del acontecimiento. Poco antes de su muerte, García Moreno vaticinó con acierto:
«Después de mi muerte, el Ecuador caerá de nuevo en manos de la revolución; ella gobernará despóticamente bajo el nombre engañoso de liberalismo; pero el Sagrado Corazón de Jesús, a quien he consagrado mi patria, lo arrancará una vez más de sus garras, para hacerla vivir libre y honrada, al amparo de los grandes principios católicos». 
  
Con su maririo y la posterior asunción al poder del masón Eloy Alfaro, Ecuador cayó en las manos de la revolución, cumpliéndose las palabras proféticas de García Moreno.
  
Hombre católico
Gabriel García Moreno pudo ser un político verdaderamente católico porque era un hombre católico en verdad. Trabajaba muchas horas cada día, sujetando siempre su horario a una distribución muy estricta, que incluía levantarse a las 5, y tener misa, meditación y examen entre las 6 y las 7. Las vacaciones las pasaba en un pueblecito donde su hermano era párroco. Una vez al año, si podía, hacía una semana de ejercicios espirituales. No solía dar banquetes -ni siquiera cuando fue elegido presidente por primera vez; en aquella ocasión entregó el dinero del banquete a un hospital-, y procuraba en lo posible evitar convites. Estas exageraciones venían aconsejadas por los escándalos precedentes, habituales en la Presidencia del gobierno. No siendo hombre de fortuna personal, cedía parte de su sueldo oficial al erario nacional, y parte a obras benéficas.
  
Guardaba un talante humilde, y a pesar del ímpetu de su carácter, gastaba una inmensa paciencia para, por ejemplo, conseguir del Congreso la aprobación de buenos presupuestos, obras o leyes. Era, como ya se ha visto, sumamente estudioso, e incluso en sus tiempos de político recibía con frecuencia de Europa obras sobre ciencia, filosofía o historia y, sobre todo de Francia, libros de pensamiento católico. También era dado a la lectura de temas bíblicos o patrísticos, del Magisterio o de autores espirituales.
   
En una de las últimas páginas de La imitación de Cristo, el libro de Kempis que llevaba siempre consigo, anotó, con ocasión de unos ejercicios espirituales, entre otras normas:
«Oración cada mañana, y pedir particularmente la humildad. En las dudas y tentaciones, pensar cómo pensaré en la hora de la muerte. ¿Qué pensaré sobre esto en mi agonía? Hacer actos de humildad, como besar el suelo en secreto. No hablar de mí. Alegrarme de que censuren mis actos y mi persona. Contenerme viendo a Dios y a la Virgen, y hacer lo contrario de lo que me incline. Todas las mañanas, escribir lo que debo hacer antes de ocuparme. Trabajo útil y perseverante, y distribuir el tiempo. Observar escrupulosamente las leyes. Todo Ad Majorem Dei Gloriam exclusivamente. Examen antes de comer y dormir. Confesión semanal al menos»...
  
García Moreno entrecruzó algunas cartas con el papa Pío IX, que por esos años sufría como él un duro acoso del laicismo militante. En una de ellas, Pío IX le decía:
«Sin una intervención divina enteramente especial, sería difícil comprender cómo en tan corto tiempo habéis restablecido la paz, pagado muy notable parte de la deuda pública, duplicado las rentas, suprimido impuestos vejatorios, restaurado la enseñanza, abierto caminos y creado hospicios y hospitales».
  
Con el Papa Pío IX, García Moreno tuvo una sincera amistad y mantenían correspondencia con cierta regularidad

Juicios sobre su personalidad política
Las fuerzas que abominan de todo influjo real del cristianismo en la vida pública han visto siempre en Gabriel García Moreno «el máximo representante del oscurantismo clerical», «un dictador sangriento», «un teócrata conducido por los jesuitas», etc. Es normal. Pero también es normal que nosotros aquí demos la palabra a personas más dignas de consideración:
   
José Luis Váquez Dodero califica a García Moreno de «férreo espíritu, asentado en una sorprendente fisiología... y no sólo el primero y más grande de los ecuatorianos, sino uno de los hombres en verdad extraordinarios que ha producido América... Pocas veces se ha dado un producto tan asombroso de energía física y de energía moral... La insólita personalidad de García Moreno y el fervor con que fue asistido por el pueblo ecuatoriano tentaría a aplicarle el término carisma, con el que quedarían designadas sus maravillosas facultades y la sublimación que los ecuatorianos hicieron de ellas» (+Belmonte 185).
   
El historiador García Villoslada afirma que «la figura de Gabriel García Moreno es en el aspecto político-religioso la más alta y pura y heroica de toda América, y nada pierde en comparación con las más culminantes de la Europa cristiana en sus tiempos mejores. Basta ella sola, aunque faltaran otras, para que la república del Ecuador merezca un brillante capítulo en los anales de la Iglesia» (+Adro Xavier 388).
  
Los "tolerantes" no toleran
En 1874 había acuerdo entre las fuerzas políticas para reelegir por un tercer período presidencial a García Moreno. Pero también había un convencimiento generalizado de que sus enemigos no estaban dispuestos a soportarlo más. El 20 de julio le escribía su suegro, Ignacio de Alcázar: «Una vez la secta radical triunfante, la religión será perseguida, las obras públicas y vías de comunicación abandonadas y, sobre todo, la guerra civil ha de ser interminable, debiendo todo esto y mucho más principiar por asesinarte... No veo otro medio de salvarte que salir del país». Todos sus amigos temían lo mismo, y le aconsejaban prudencias y escoltas, sin que él hiciera caso.
  
Se produjo, finalmente, por mayoría aplastante, la tercera reelección de García Moreno para la Presidencia. Y liberales y masones -siempre tan atentos a la voluntad del pueblo- formaron en seguida un coro mundial de lamentaciones y protestas.
    
Una vez más la opinión unánime internacional, la misma que consideraba natural que los católicos no pudieran tener voto en Gran Bretaña, o que estimaba necesaria, de alguna manera, la interminable dictadura mexicana del porfiriato, tan favorable a los intereses económicos del capital nacional o extranjero, daba sobre la elección democrática del católico García Moreno su democrática sentencia: intolerable. La prensa liberal de España, La Gaceta de Colonia o la de Bruselas, el secretario de la embajada chilena en Lima, el periódico Monde Maçonique, innumerables voces aquí y allá, con una coincidencia realmente impresionante, venían a exigir el fin del hombre nefasto, absolutamente incompatible, por muy reelegido que fuera, con las democráticas libertades modernas y la civilización occidental.
    
Tiempo antes, el 26 de octubre de 1873, la prensa del Perú había ya reproducido de la de Guayaquil la crónica detallada de su asesinato en Quito: todos los datos eran falsos, pero se trataba de crear ambiente. García Moreno, por supuesto, era consciente de la conjura, pero seguía negándose a llevar escolta y a tomar medidas mayores de precaución: «Yo prefiero confiar mi guardia a Dios. Lo que dice el salmista: "Si Dios no guarda la ciudad, en vano la guardan los centinelas"».
   
El 17 de julio de 1875 escribe García Moreno su última carta a Pío IX, comunicándole la reelección:
«Ahora que las logias de los países vecinos, instigadas por las de Alemania, vomitan contra mí toda especie de injurias atroces y calumnias horribles, procurando sigilosamente los medios de asesinarme, necesito más que nunca la protección divina para vivir y morir en defensa de nuestra religión santa y de esta pequeña república... ¡Qué fortuna para mí, Santísimo Padre, la de ser aborrecido y calumniado por causa de Nuestro Divino Redentor, y qué felicidad tan inmensa para mí, si vuestra bendición me alcanzara del cielo el derramar mi sangre por el que, siendo Dios, quiso derramar la suya en la Cruz por nosotros!».
Y el 4 de agosto le escribe a su amigo Juan Aguirre: «Voy a ser asesinado. Soy dichoso de morir por la santa fe. Nos veremos en el cielo».
  
Asesinato
El 6 de agosto de 1875, como de costumbre, se levantó a las cinco de la mañana, y fue a la iglesia para la misa de las seis. Sus asesinos, un pequeño grupo impulsado por los escritos incendiarios del liberal Juan Montalvo, le acechaban; pero retrasan su acción, pues al ser primer viernes había gran concurso de fieles. Más tarde, por la mañana, entra García Moreno un momento en la Catedral para hacer una visita al Santísimo. Le avisan que le reclaman fuera.
  
Martirio de Gabriel García Moreno (grabado de la época)

Cuando sale al sol de la plaza, un tal Faustino Lemus Rayo, un general  y gobernador de provincia (nacido en Roldanillo, Colombia, pero establecido tiempo atrás en Ecuador) le descarga un machetazo en la cabeza, seguido de otros, en tanto que sus cómplices disparan sus revólveres. Fueron en total catorce puñaladas y seis balazos. Acuden algunos soldados al tumulto, y uno de ellos mata de un tiro a Rayo. En su bolsillo se hallaron cheques –por más de «treinta monedas», desde luego– contra el banco del Perú, firmados por conocidos masones.
  
Faustino Lemus Rayo fue contratado por los masones de Colombia, Ecuador y Perú para asesinar a García Moreno
   
El cuerpo de García Moreno es introducido en la Catedral, donde recibe, ya agonizante, la Unción sacramental. Un sacerdote catalán apellidado Masamperó, encargado secreto de Carlos VII de Borbón ante el gobierno del Ecuador, le exhorta a perdonar a sus enemigos, lo que él hace al decir Dios no muere, y le da la absolución. Al morir llevaba consigo, manchado todo de sangre, una reliquia de la Cruz de Cristo, el escapulario de la Pasión y el del Sagrado Corazón, y el santo Rosario colgado al cuello. También se le halló en el bolsillo un libro muy usado, que llevaba siempre encima: La imitación de Cristo.
  
Cadáver de Gabriel García Moreno
    
En fin, Gabriel Garcia Moreno fue un político que supo sacar a su país de la crisis moral y económica guiado por los principios Católicos, un católico convencido de que la Fe y el sometimiento a Dios y a la Iglesia son la base de una vida llena de sentido y de una Nación fuerte.
  
Gabriel García Moreno, ruega a Dios por la Iglesia y por la Hispanidad, para que logre liberarse del yugo masónico que la esclaviza; y que pronto se establezca triunfante el Reino de los Sagrados Corazones Traspasados de Jesús y María en todas las naciones.