lunes, 8 de junio de 2020

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - DÍA OCTAVO

Dispuesto por el Padre Félix Sardá y Salvany y publicado en Barcelona por la Tipografía Católica en 1879, con aprobación eclesiástica.

   

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

   

  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

   

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estáis vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tenéis en vuestra presencia, pidiéndoos perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, oh buen Jesús, de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.

   

DÍA 8º – EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE RECOGIMIENTO Y MODESTIA

  

I

  

¿Qué ves, alma cristiana, en la figura exterior de tu Divino Jesús? Ves el retrato más acabado del recogimiento y de la modestia cristiana. Mírale bien y aprende de Él como has de ser en tu porte y maneras, si quieres hasta en eso llevar el sello del Sagrado Corazón.

 

Su voz es quieta y sumisa, sus palabras prudentes y pocas, Su andar grave y mesurado, su mirada recogida y bondadosa. El semblante de Jesús era tal, que inspiraba sentimientos de virtud a quien lo contemplaba, y era imposible verlo interiormente mejorado.

 

Sus enemigos nunca pudieron tacharle de ligereza y desenvoltura. Los que sin cesar buscaban por agarrarle la palabra, jamás pudieron echarle en rostro una que fuese inconveniente. Su alegría era tan edificante como su austeridad; nadie le oyó ruidosas carcajadas, ni le vio desacompasados movimientos. Todo su exterior era el reflejo de orden, paz, igualdad y armonía en su divino interior.

 

Dame a conocer, ¡oh dulce Jesús!, los suaves encantos de esta celestial virtud.

 

Medítese unos minutos.

   

II

 

El rostro y los ademanes son el espejo de lo que pasa en el corazón, por eso, llevo retratados en ellos la disipación y el desorden del mío.

 

¿Soy cristiano o gentil? ¿Sirvo a Dios o al mundo su enemigo? Nadie creería lo primero, sino más bien lo segundo, oyendo tal vez mis conversaciones, mirando mis trajes, observando mis actitudes.

 

¿A qué tengo dedicados mis sentidos sino a culpables o por lo menos peligrosos devaneos? ¿Qué ley pongo a mis ojos, para que no tropiecen con escollos mil para la honestidad? ¿Qué freno aplico a mi lengua, para que no hiera la reputación ajena o no se deslice en mil y mil superfluidades? ¿Qué valladar he puesto a mis oídos, para que no se vayan tras la curiosidad y mundanos pasatiempos? ¡Ah! que estos medios que se me han dado para servir con ellos a Dios y al prójimo, sólo los empleo yo, para que me rinda y esclavice el mundo con todas sus vanidades.

 

¡Pobre corazón mío, abierto así sin el muro de la modestia a todos los embates del enemigo! ¡Pobre corazón, expuesto así por mi culpa a todas las oleadas de este mar de corrupción!

 

Rodeadlo, Señor, de esta preciosa virtud como de fortísima muralla, para que sea plaza cerrada e inexpugnable donde sólo entréis Vos, y nunca jamás vuestro enemigo.

   

Medítese, y pídase la gracia particular.

   

ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.

 

¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos, como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos, dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a Mí…, Aprended de Mí…, Pedid, llamad…». A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy, y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

    

Aquí se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, cruz, corona y herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

   

LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
      
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y resurrección, ten piedad de nosotros. 
Corazón de Jesús, nuestra paz y reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Jesús, manso y humilde de Corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
  
ORACIÓN
¡Oh Jesús, Señor nuestro, que por un nuevo beneficio de tu gracia te has dignado manifestar a tu Iglesia las riquezas de tu Corazón!: haz que podamos pagar a este divino Corazón amor con amor, y reparar con dignos desagravios los ultrajes que te ha hecho la ingratitud de los hombres.
   
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

  

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 7 de junio de 2020

MONS. VIGANÒ AL PRESIDENTE TRUMP: «EN ESTOS MOMENTOS SE ESTÁ LIBRANDO LA LUCHA ENTRE EL BIEN Y EL MAL»

Traducción de la noticia publicada en LIFE SITE NEWS.
  
  
El arzobispo Carlo María Viganò ha publicado esta carta al Presidente Trump advirtiéndole que las crisis acutales en torno a la pandemia del coronavirus y los disturbios por la muerte de George Floyd son parte de la eterna lucha espiritual entre las fuerzas del bien y del mal. Él alienta al presidente a continuar la lucha en favor de los “hijos de la Luz”. Leer la carta en formato PDF aquí (traducción hecha por DIVULGACIÓN TOTAL).
  
7 de junio de 2020
Domingo de la Santísima Trinidad
   
Señor Presidente,
  
En los últimos meses hemos sido testigos de la formación de dos lados opuestos que yo llamaría Bíblicos: los hijos de la Luz y los hijos de las Tinieblas. Los hijos de la Luz constituyen la parte más conspicua de humanidad, mientras que los hijos de las Tinieblas representan una minoría absoluta. Y sin embargo, los primeros son objeto de una especie de discriminación que los coloca en un situación de inferioridad moral con respecto a sus adversarios, quienes a menudo sostienen posiciones estratégicas en el gobierno, en la política, en la economía y en los medios. De una manera aparentemente inexplicable, los buenos han sido tomados como rehenes por los malvados y por aquellos que los ayudan, ya sea por interés propio o por miedo.
   
Estos dos lados, que tienen una naturaleza Bíblica, siguen la clara separación entre la descendencia de la Mujer y la descendencia de la Serpiente. Por un lado están aquellos que, aunque tienen mil defectos y debilidades, están motivados por el deseo de hacer el bien, ser honestos, formar una familia, por trabajar, por dar prosperidad a su tierra natal, para ayudar a necesitados y, en obediencia a la Ley de Dios, merecer el Reino de los Cielos. Por el otro lado, están quienes se sirven a sí mismos, que no tienen nada de principios morales, que quieren demoler la familia y la nación, explotan a los trabajadores para hacerse excesivamente ricos, fomentan divisiones internas y guerras, y acumulan poder y dinero: para ellos la ilusión falaz del bienestar temporal algún día, si no se arrepienten, cederá ante el terrible destino que les espera, lejos de Dios, en la condenación eterna.
   
En la sociedad, señor Presidente, estas dos realidades opuestas coexisten como enemigos eternos, así como Dios y Satanás son enemigos eternos. Y parece que los hijos de la Oscuridad, a quienes podemos identificar fácilmente con el Estado Profundo al cual usted se ha opuesto sabiamente y que está librando una guerra feroz contra usted en estos días, han decidido mostrar sus cartas, por así decirlo, revelando ahora sus planes. Ellos parecen estar tan seguros de tener todo bajo control que han dejado de lado esa circunspección que hasta ahora tenían al menos parcialmente de ocultar sus verdaderas intenciones.
   
Las investigaciones ya en curso revelarán la verdadera responsabilidad de quienes manejaron la emergencia del Covid no solo en el área de la atención médica, sino también en política, economía y medios de comunicación. Probablemente descubriremos que en esta colosal operación de ingeniería social hay personas que han decidido el destino de la humanidad, apropiandose del derecho a actuar contra la voluntad de los ciudadanos y sus representantes en los gobiernos de las naciones.
   
También descubriremos que los disturbios en estos días fueron provocados por aquellos quienes, al ver que el virus se desvanece inevitablemente y que la alarma social de la pandemia está disminuyendo, necesariamente han tenido que provocar disturbios civiles, porque serían seguidos por una represión que –aunque legítima– podría ser condenada como una agresión injustificada contra la población. Lo mismo también está sucediendo en Europa, en perfecta sincronía. Está bastante claro que el el uso de protestas callejeras es fundamental para los propósitos de aquellos que desean ver a alguien elegido en las próximas elecciones presidenciales quien encarne los objetivos del Estado Profundo y que exprese esos objetivos fielmente y con convicción. No sorprendería si, en unos pocos meses, nos enteramos –una vez más– que escondidos detrás de esos actos de vandalismo y violencia hay quienes esperan sacar provecho de la disolución del orden social para construir un mundo sin libertad: Solve et Coagúla, como enseña el adagio Masónico.
    
Aunque pueda parecer desconcertante, las alineaciones opuestas que he descrito también se encuentran en círculos religiosos. Hay Pastores fieles que cuidan el rebaño de Cristo, pero también hay mercenarios infieles que buscan esparcir el rebaño y entregar las ovejas para que sean devoradas por lobos hambrientos. No es sorprendente que esos mercenarios sean aliados de los hijos de las Tinieblas y odien a los hijos de la Luz: así como hay un Estado Profundo, también hay una Iglesia Profunda que traiciona sus deberes y renuncia a sus propios compromisos ante Dios. Así el Enemigo Invisible, contra quien los buenos gobernantes luchan en los asuntos públicos, también es contrarrestado por buenos pastores en la esfera eclesiástica. Es una batalla espiritual, de la que hablé en mi reciente Apelación que se publicó el 8 de mayo.
   
Por primera vez, Estados Unidos tiene en usted un Presidente que defiende valientemente el derecho a la vida, a quien no le da vergüenza denunciar la persecución de los cristianos en todo el mundo, que habla de Jesucristo y del derecho de los ciudadanos a la libertad de culto. Su participación en la Marcha por la Vida, y más recientemente su proclamación del mes de abril como el Mes Nacional de la Prevención del Abuso Infantil, son acciones que confirman de qué lado usted desea seguir luchando. Y me atrevo a creer que los dos estamos del mismo lado en esta batalla, aunque con diferentes armas.
   
Por esta razón, creo que el ataque al cual usted fue sometido después de su visita al Santuario Nacional de San Juan Pablo II forma parte de la narrativa orquestada de los medios que no busca luchar contra el racismo y llamar al orden social, sino agravar las disposiciones; no es para traer justicia, sino para legitimar la violencia y el crimen; no para servir a la verdad, sino para favorecer a una facción política. Y es desconcertante que haya obispos –como aquellos a quienes recientemente he denunciado– quienes, por sus palabras, prueban que están alineados con el lado opuesto. Están subordinados al Estado Profundo, al globalismo, al pensamiento alineado, al Nuevo Orden Mundial que invocan cada vez con más frecuencia en nombre de una hermandad universal que no tiene nada de cristiano, sino que evoca los ideales Masónicos de aquellos que quieren dominar el mundo expulsando a Dios de los tribunales, de las escuelas, de las familias, y tal vez incluso fuera de las iglesias.
   
El pueblo estadounidense es maduro y ahora ha entendido cuánto los principales medios de comunicación no quieren difundir la verdad sino que buscan silenciarla y distorsionarla, difundiendo la mentira que es útil para los propósitos de sus amos. Sin embargo, es importante que los buenos –que son la mayoría– se despierten de su lentitud y no acepten ser engañados por una minoría de personas deshonestas con propósitos no reconocibles. Es necesario que los buenos, los hijos de la Luz, se unan y hagan oír sus voces. ¿Qué manera más efectiva hay para hacer esto, señor Presidente, que en oración, pidiéndole al Señor que lo proteja a usted, a los Estados Unidos y a toda la humanidad de este enorme ataque del Enemigo? Ante el poder de la oración, los engaños de los hijos de las Tinieblas colapsarán, sus complots serán revelados, se mostrará su traición, su poder aterrador terminará en nada, sacado a la luz y expuesto por lo que es: un engaño infernal.
   
Sr. Presidente, mi oración se dirige constantemente a la amada nación estadounidense, donde tuve el privilegio y el honor de ser enviado por el Papa Benedicto XVI como Nuncio Apostólico. En esta hora dramática y decisiva para toda la humanidad, yo estoy orando por usted y también por todos los que están a su lado en el gobierno de los Estados Unidos. Confío en que el pueblo estadounidense esté unido conmigo y en oración a Dios Todopoderoso.
   
Unidos contra el Enemigo Invisible de toda la humanidad, los bendigo a usted y a la Primera Dama, a la amada nación estadounidense, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
   
+ Carlo Maria Viganò
Arzobispo Titular de Ulpiana
Ex nuncio apostólico en los Estados Unidos de América

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - DÍA SÉPTIMO

Dispuesto por el Padre Félix Sardá y Salvany y publicado en Barcelona por la Tipografía Católica en 1879, con aprobación eclesiástica.

   

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

   

   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

   

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estáis vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tenéis en vuestra presencia, pidiéndoos perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, oh buen Jesús, de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.

   

DÍA 7º – EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE CELO

  

I

  

Será hoy objeto de nuestra meditación el celo del Sagrado Corazón de Jesús. Se entiende por celo un deseo ardiente de la gloria de Dios y de la salvación de las almas, y una actividad siempre en movimiento para conseguir esos objetos. ¿Quién podrá debidamente ponderar cuáles fueron este deseo y esta actividad en el Sagrado Corazón de Jesús? Un solo pensamiento era el suyo, uno solo el que le hacía palpitar noche y día: glorificar al Padre celestial y salvar al mundo. Si predica, si obra milagros, si anda a pie largas jornadas, si toma parte en los banquetes de los pecadores, si se transfigura glorioso en el Tabor o se deja aplastar como un gusano por sus enemigos, si muere, por fin, o si resucita, todo obedece a un mismo plan, todo tiene por blanco glorificar a Dios, salvar al hombre.

 

El celo por esa empresa le tenía siempre inquieto y extasiado, y le hacía hablar de sus próximos sufrimientos como de gloriosos triunfos. Al dirigirse a Jerusalén la última vez para ser allí preso y crucificado, admirábanse los discípulos de que llevase el paso más apresurado que de costumbre. Era su celo ardiente que le atraía como de sí a la realización de sus constantes deseos.

 

Medítese unos minutos.

   

II

 

¡Cómo contrasta esa actividad ardorosa del Corazón de Jesús con la frialdad ordinaria del mío! ¡Ah! Es verdad. También el mío se mueve, se agita, se acalora, se enciende, pero ¿es por la gloria de Dios? ¿es por el bien de mis hermanos? ¿O es al contrario por viles intereses del momento, por sutiles puntos de honra, por miserables competencias del amor propio? ¡Ah! ¡que el celo que me devora no es tal vez sino ambición, codicia, vanidad, esto es, el celo del mundo!

 

¿Qué hago, en efecto, por la honra divina? ¿Cómo siento sus injurias? ¿cómo me esfuerzo en evitarlas o siquiera en repararlas? Si estuviesen tan amenazados mis intereses como lo están siempre los de Dios, ¿estaríame tan tranquilo y sosegado como me estoy ahora en presencia de la guerra impía que se le hace? ¡Ojalá no sea yo de aquellos mismos que, con su flojedad y malos ejemplos, contribuyen a esa deshonra de la Religión y ruina de las almas!

 

¡Oh Señor! Dadme una centella, una centella sólo de ese fuego abrasador que consumió vuestro corazón; dádmela para que experimente como Vos la pasión de vuestro celo. Apóstol quiero ser de vuestra gloria y de vuestro nombre, en la medida que lo permitan mis fuerzas y condición. Con mi conversación, con mi porte exterior, con mi influencia, con mis relaciones, con mi dinero, con mi oración, procuraré trabajar cuanto pueda, para que seáis cada día más honrado y glorificado.

   

Medítese, y pídase la gracia particular.

   

ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.

 

¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos, como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos, dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a Mí…, Aprended de Mí…, Pedid, llamad…». A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy, y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

    

Aquí se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, cruz, corona y herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

   

LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
      
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y resurrección, ten piedad de nosotros. 
Corazón de Jesús, nuestra paz y reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Jesús, manso y humilde de Corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
  
ORACIÓN
¡Oh Jesús, Señor nuestro, que por un nuevo beneficio de tu gracia te has dignado manifestar a tu Iglesia las riquezas de tu Corazón!: haz que podamos pagar a este divino Corazón amor con amor, y reparar con dignos desagravios los ultrajes que te ha hecho la ingratitud de los hombres.
   
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

  

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 6 de junio de 2020

TRES PADRENUESTROS PARA LOS AGONIZANTES

La muerte del justo (Emiliano Villa)
 
El Devoto Dionisio Cartujano en su precioso libro de los Novísimos, hace memoria de esta gran devoción de las tres Oraciones, y dice que un Santo Pontifice le mandó a uno de los Capellanes de su mayor confianza que se las rezase cuando le viese en aquel grande trabajo de estar agonizando: que se las dijo, y le fueron de mucho consuelo y alivio.
  
Tambien hace memoria de esta misma devoción el Venerable Padre Juan Eusebio Nieremberg en su libro que intituló: Partida de la eternidad. El Cartujano pone solo tres veces el Padre nuestro; y Nieremberg dice se añade un Ave María a cada Padre nuestro. Pone las tres Oraciones en la forma siguiente:
  
PARA LA PRIMERA ORACIÓN:
Kýrie eléison. Christe eléison, Kýrie eléison.
  
Se dice Padre nuestro y Ave María.
  
Después dice: Salvador del Mundo, sálvame, que por tu Cruz Santisima y Sangre preciosa me redimiste. Ruégote, Señor, que me socorras y ayudes en esta hora.
  
ORACIÓN
Señor mio Jesucristo, por la mortal agonía que padeciste orando en el Huerto de Getsemaní, y por el sudor de Sangre tan abundante que allí derramaste que corría hasta la tierra: Te suplico, piadoso Señor, te dignes ofrecerla y presentarla a tu Eterno Padre, para que perdone los muchos pecados de este tu Siervo N. Libralo, Señor, en esta hora de todas las angustias, y penas, que por sus pecados ha merecido. Que vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espirita Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
PARA LA SEGUNDA ORACIÓN:
Kýrie eléison. Christe eléison, Kýrie eléison.
  
Se dice Padre nuestro y Ave María.
  
Después dice:  Santifícame, Señor, con la señal de tu Santa Cruz, para que en mí quede la defensa poderosa contra los combates y tentaciones de todos mis enemigos infernales. Defiéndeme, Señor, por tu Santa Cruz, y con el valor de tu preciosa Sangre, con que me has redimido.
  
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, que tuviste por bien el morir por nosotros en una Cruz: Yo te suplico, Señor, que por la amargura de todos tus trabajos y tormentos, que por nosotros miserables pecadores padeciste en la Cruz, principalmente cuando tu Alma Santísima se apartó de tu Sagrado Cuerpo, te dignes de ofrecerla y presentarla a tu Eterno Padre Omnipotente, por el Alma de este tu siervo N. Líbrala, Señor, en esta hora de su muerte de todas las penas y trabajos que tiene merecidos por sus pecados. Que vives y reinas por todos los siglos. Amén.
  
PARA LA TERCERA ORACIÓN:
Kýrie eléison. Christe eléison, Kýrie eléison.
  
Se dice Padre nuestro y Ave María.
  
Después dice: Ampara, salva, bendice y santifica, Señor, a este tu siervo N., y por la virtud de tu Santa Cruz alíviale de todas sus enfermedades de cuerpo y alma: y contra esta arma poderosa, ninguna virtud contraria prevalezca.
  
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, que por boca de tu Santo Profeta dijiste: «En caridad perpetua te amé, y por eso te traje a mí, teniendo misericordia de ti». Yo te tuego, Señor, que por la misma caridad que te trajo del Cielo a la tierra, te dignes de presentar esta pobre alma a tu Eterno Padre, con todas las penas, trabajos y tormentos que por mi salvación eterna padeciste, en satisfaccion de los que ha merecido por sus pecados. Salva, Señor, su alma en esta hora de su muerte. Ábrele, Señor, la puerta de la vida eterna; y haz que te goce con todos tus Santos en la Gloria. Que vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo. Amén.
  
CONCLUSIÓN DE ESTE SANTO EJERCICIO
Señor mío Jesucristo, pues con tu preciosa Sangre nos has redimido: Imprime en el alma de este tu Siervo N. tus preciosas Llagas con tu Sangre preciosa, para que aprenda a leer en ellas tu dolor contra todos sus dolores, que con sus pecados tiene merecidos. Imprime tambien en él tu Santísimo amor, para que se una contigo con un amor indisoluble, con el cual nunca se pueda apartar de ti, ni de todos tus Santos. Hazle, Señor, participante de tu Santísima Encarnación, de tu amarguísima Pasión, de tu gloriosa Resurrección y de tu admirable Ascensión. Hazle, Señor, participante de todas las Oraciones y Sacrificios que se hacen en tu Santa Iglesia. Y hazle participante de todas las bendiciones, gracias, méritos y gozos de todos tus Escogidos que te agradaron desde el principio del Mundo: y concédele que con todos ellos en tu presencia le goce eternamente. Que vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo. Amén.
  
La Piadosísima Señora y nuestra Madre nos ampare en aquella hora tremenda. Amén.
 
FRAY ANTONIO ARBIOL OFM. Visita de enfermos y Ejercicio santo de ayudar a bien morir, con las instrucciones más importantes para tan sagrado Ministerio. Madrid, Imprenta y Librería de Blas Román, año 1786, págs. 224-227. Capítulo XLVIII: Tres devotísimas oraciones para decirse cuando el enfermo agoniza”.

LA IGLESIA EMBARCADA: LOS CAPELLANES EN LA ARMADA ESPAÑOLA DE 1588

Por Pedro Luis Chinchilla para ARMADA INVENCIBLE.
  
 
Carmelitas descalzos, franciscanos, trinitarios, jesuitas… Muchas órdenes religiosas embarcaron con su fe, su voluntad de entrega al prójimo, sus conocimientos médicos y también con sus ansias de expansión en la Gran y Felicísima Armada de 1588.
   
La Empresa de Inglaterra se concibe en gran medida como una empresa religiosa, casi como una cruzada. El duque de Medina Sidonia ya afirmaba en su orden general:
“El principal fundamento con que S. M. se ha movido a hacer y emprender esta jornada ha sido, y es, a fin de servir a Dios nuestro Señor y reducir a su Iglesia y gremio muchos pueblos y almas que oprimidos por los herejes enemigos de nuestra Santa Fe Católica los tienen sujetos a sus se[c]tas y desventuras”.
Por ello, todos los participantes deberían de embarcar “confesados y comulgados, con gran contrición de sus pecados, como yo espero que lo harán todos”.
 
Y, efectivamente, así se hizo. El 15 de julio de 1588 el propio duque informaba al rey de cómo había dispuesto que, en una isla existente en La Coruña (islote de San Antón), se instalasen tiendas y altares para que todos los frailes que iban embarcados en la Armada Invencible pudiesen confesar y dar la comunión a todas las dotaciones que hasta allí se habían dirigido.
  
Reafirmando el sentido espiritual de la Jornada de Inglaterra se había incluido en la orden general que:

“Ningún soldado, marinero, ni otra persona que sirva y ande en esta Armada, no blasfeme ni reniegue de nuestro Señor, ni de nuestra Señora, ni de los Santos”.
También se prohibía la presencia a bordo de “mujeres públicas y particulares”, circunstancia que no se cumplió en el caso de las “particulares” como ya comentamos en nuestro artículo de “las mujeres de la Armada Invencible”.
  
Además de las mujeres embarcadas en la urca Santiago, tenemos noticias de otras mujeres a bordo. De hecho, Fernández Duro afirma que la explosión que ocurrió a las cuatro de la tarde del 31 de julio de 1588 en la nao San Salvador, la almiranta de Oquendo, y provocada por un artillero de la misma nao, fue consecuencia de un ataque de celos de este. Esos celos se llevaron por delante la vida más de 200 hombres y ocasionó la captura de la San Salvador por los ingleses.
  
La segunda misión que tenían los religiosos embarcados era la atención sanitaria a los enfermos y heridos. La mejor prueba de ello es que el libro de asientos del personal de hospital de la Gran Armada es la que incluye a todos los religiosos embarcados.
  
Las referencias al cometido sanitario de los religiosos son constantes incluso antes de la partida de la Armada Invencible. A Lisboa se mandaron frailes de San Agustín y el Carmen para cuidar de los enfermos aquejados de la epidemia que se propagaba en las naves allí ancladas en julio de 1587.
  
Los religiosos garantizaban a bordo una adecuada asistencia a los heridos mientras marineros y soldados realizaban sus tareas. Los hermanos de San Juan de Dios tenían, de hecho, esa tarea como única misión.
  
Ahora bien, había un tercer cometido que viene, en gran medida, a justificar la presencia en la Armada de 1588 de miembros de prácticamente todas las órdenes religiosas españolas del periodo.
  
Es el General de la Orden de los Dominicos el que nos da las pistas sobre este tercer cometido:
“Y si nuestro Señor fuere servido, que mediante la sobredicha Armada, se conquisten algunos reinos y provincias de infieles que hayan de reducir a la Cristiandad, donde ahora o en tiempos pasados, hay o haya monasterios de nuestra orden, encargo y mando me dé aviso de ello, para que los dichos monasterios se reduzcan a la orden que antiguamente tenían (…) y procure reducir los dichos monasterios a la orden como antes estaban, tomando posesión de ellos y de los bienes y hacienda temporal que posea”.
Muy posiblemente otras órdenes religiosas dispusieron de esas mismas instrucciones, por lo que es fácil deducir que estas tenían como objetivo, en el caso de ocupar Inglaterra, el hacerse cargo de sus antiguos monasterios.
 
Virgen de la Almudena, imagen muy unida a la historia de la Gran Armada de 1588
   
Carmelitas, franciscanos de España y Portugal, franciscanos descalzos, carmelitas descalzos, mercedarios, trinitarios, jesuitas y padres de la Victoria, hasta un total de 149 miembros de las distintas órdenes se fueron sumando a la Gran Armada anclada en Lisboa en 1588.
  
Durante la permanencia de la Armada en La Coruña, en los meses de junio y julio de 1588, se incorporaron también 26 nuevos religiosos, entre ellos 3 de la Orden Tercera y 7 de la recientemente creada por el antiguo soldado Bernardino de Obregón, los “Obregones”, una orden ya desaparecida y que mantuvo durante su existencia una vinculación muy fuerte con la Armada.
 
En total, 175 hombres de fe dispuestos a cuidar, sanar y curar, proporcionar los sacramentos y dar apoyo espiritual, pero también con la misión de retornar a la fe católica los monasterios de tierras conquistadas.
  
Religiosos que padecieron junto a marineros, nobles y soldados las mismos avatares y las mismas penalidades. Era, por eso mismo, justo recordarlos.
  
También te podrá interesar este artículo acerca de
la fe en la Gran Armada.

Bibliografía:

  • La sanidad en la Jornada de Inglaterra. Manuel Gracia Rivas. Ed.Naval 1990
  • Los Oquendo: historia y mito de una familia de marinos vascos. Manuel Gracia Rivas. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco. 2009
  • La Armada Invencible. Cesáreo Fernández Duro. Madrid 1885

FUERA DE LA IGLESIA CATÓLICA, NADIE CONSERVA LA VIDA NI LA SALVACIÓN

  
«La Esposa de Cristo no puede ser adúltera, pues es incorruptible y pura. Solo una casa conoce, guarda la inviolabilidad de un solo tálamo con pudor casto. Ella nos conserva para Dios y destina para el reino a los hijos que ha engendrado. Todo el que se separa de la Iglesia se une a una adúltera, se aleja de sus promesas y no conseguirá las recompensas de Cristo. El que abandona la Iglesia de Cristo es un extraño, un profano, un enemigo. No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia como Madre.
   
Tanto puede uno pretender salir a salvo fuera de la Iglesia, cuanto podía uno salvarse fuera del arca de Noé. Así nos lo avisa el Señor diciendo: “El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt. 12, 30). Quien rompe la paz y la concordia de Cristo está contra Cristo. Quien recoge en otra parte, fuera de la Iglesia, disipa la Iglesia de Cristo. Dice el Señor: “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn. 10, 30); y también está escrito del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: “estos tres son una sola cosa” (1ª Jn. 5, 8). ¿Cree alguien que esta unidad que viene de la fuerza divina, que está estrechamente conectada con los Sacramentos divinos, puede romperse en pedazos en la Iglesia y ser separada por las divisiones de voluntades que colisionan? El que no guarda aquella unidad, no guarda la ley de Dios, no guarda la fe del Padre y del Hijo, no conserva la vida y la salvación».

SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Sobre la unidad de la Iglesia, 6.

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - DÍA SEXTO

Dispuesto por el Padre Félix Sardá y Salvany y publicado en Barcelona por la Tipografía Católica en 1879, con aprobación eclesiástica.

   

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

   

   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

   

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estáis vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tenéis en vuestra presencia, pidiéndoos perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, oh buen Jesús, de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.

   

DÍA 6º – EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE MANSEDUMBRE

  

I

  

Admira hoy, alma mía, la suma mansedumbre y benignidad de este adorabilísimo Corazón. Nunca dejó de mostrarse manso y cariñoso, para que en Él aprendieses tú los encantos de esta celestial virtud. Con este carácter lo habían ya de antemano retratado los Profetas; con este mismo le vieron después y nos lo retrataron los Evangelistas.

 

Mira cómo trata a los pobres e ignorantes, cómo recibe a los pecadores, cómo acaricia a los niños. Muy contadas veces se pinta el enojo en su rostro, para darnos a entender que si la indignación es buena alguna vez, casi siempre son preferibles la suavidad y mansedumbre. No se notan en Él ademanes imperiosos, ni se le oyen palabras de desdén, ni se le observa malhumor o fastidio.

 

¡Con qué dulzura tolera la rudeza de sus primeros discípulos! ¡Con qué palabras tan suaves alienta a la Magdalena! ¡Qué acentos tan delicados emplea con el mismo apóstol traidor! ¡Con qué serena majestad contesta al interrogatorio de Pilatos!

 

¡Oh benignidad y mansedumbre del Corazón adorable de nuestro Jesús! ¿A quien no enamoran y atraen tan suaves hechizos?

 

Medítese unos minutos.

   

II

 

No me canso, oh Señor, de admirar en Vos esta delicada virtud. Pero ¡ay!, ¡que a mi corazón se le hace siempre duro y difícil el practicarla!

 

Mis palabras, mi rostro, mis ademanes traspasan muy a menudo las reglas de la caridad, que Vos me habéis impuesto en el trato con nuestros hermanos. La hiel de mi corazón rebosa frecuentemente en mis labios. Trato a mis superiores con altivez, a mis iguales con indiferencia, y a mis inferiores con dureza. Soy en la prosperidad altanero, y en la aflicción ceñudo y malhumorado. Confundo muchas veces la viveza del celo con los arranques del amor propio.

 

Dadme, ¡oh Señor!, la dulce caridad y afectuosa mansedumbre, distintivo de los Santos. Sea igual y blanda y serena mi condición, sin arrebatos ni decaimientos, sin ruidosas alegrías, ni enojosas displicencias. Vean mis prójimos en mi rostro y en mis palabras y acciones, la suavísima imagen de vuestro mansísimo Corazón.

   

Dadme esas bellas cualidades, para ganaros con ellas almas que en la tierra os sigan y os amen, y en el Cielo os gocen y glorifiquen por toda la eternidad.

   

Medítese, y pídase la gracia particular.

   

ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.

 

¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos, como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos, dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a Mí…, Aprended de Mí…, Pedid, llamad…». A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy, y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

    

Aquí se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, cruz, corona y herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

   

LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
      
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y resurrección, ten piedad de nosotros. 
Corazón de Jesús, nuestra paz y reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Jesús, manso y humilde de Corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
  
ORACIÓN
¡Oh Jesús, Señor nuestro, que por un nuevo beneficio de tu gracia te has dignado manifestar a tu Iglesia las riquezas de tu Corazón!: haz que podamos pagar a este divino Corazón amor con amor, y reparar con dignos desagravios los ultrajes que te ha hecho la ingratitud de los hombres.
   
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

  

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 5 de junio de 2020

POR LA CRUZ, A LA PERFECCIÓN

  
«Cuando Dios quiere levantar un alma a un alto grado de santidad, la señala con el sello de la tribulación y de la cruz; y si aquella alma la acepta y la lleva de buen grado, pronto volará por las regiones de la santidad; porque las penas y trabajos sufridos con paciencia, son unas alas para volar por las desconocidas regiones de la perfección».
  
P. JOSÉ CONDÓ Y SAMBEAT, Escuela de perfección sacerdotal, página 178, año 1914

GRAMSCI, “JOKER” Y LAS PROTESTAS EN ESTADOS UNIDOS

Por Julio Zapata para PANAM POST.
  
Los movimientos marxistas adoptaron la propuesta de Gramsci: tomar las instituciones educativas, los medios de difusión y la cultura. (Efe)

Las protestas vandálicas que se llevan a cabo actualmente en los Estados Unidos se han incubado imperceptiblemente desde hace décadas. Son el resultado de un proyecto iniciado por Antonio Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista italiano.
   
Luego de un profundo análisis, Gramsci (1891-1937) advirtió que las ideas economicistas de Karl Marx respecto a la lucha de clases y la abolición de la propiedad privada, eran prácticamente imposibles de implementar en sociedades impregnadas de los valores occidentales, como lo son la fe en Dios, la concepción trascendente del hombre, el amor a la familia, el compromiso con la patria y el derecho a la propiedad.
   
En su obra Cuadernos desde la cárcel, Gramsci propuso un proyecto de largo plazo para subvertir los valores occidentales, a través de la conquista de las universidades, los medios de comunicación y la cultura; y desde estas plataformas impulsar nuevos “valores”, basados en el ateísmo y el materialismo.
   
Gramsci concibió la idea de “amaestrar” al pueblo en el socialismo antes de hacer la revolución. Es decir, hacer que todos piensen y actúen como miembros de un Estado comunista mientras aún viven en una sociedad capitalista. Así, cuando llegase el comunismo, las resistencias posibles ya estarían neutralizadas de antemano y todos aceptarían el nuevo sistema con la mayor naturalidad. Su objetivo declarado fue conquistar el “mundo de las ideas”, para que lleguen a ser “las ideas del mundo”.
   
Luego de la muerte de Gramsci, la internacional comunista tradujo sus escritos en diversos idiomas e impulsó su propagación masiva. Además, los movimientos marxistas adoptaron su propuesta de tomar las instituciones educativas, los medios de difusión y la cultura, como en efecto ha ocurrido en la mayoría de los países occidentales, sin exceptuar los Estados Unidos.
   
En este sentido, el historiador británico Niall Ferguson expresó: “La izquierda ha sido muy exitosa con su propio imperialismo”, porque lo que “ha hecho es colonizar universidades y escuelas, departamentos de educación”. La derecha, en cambio —agregó Ferguson— no se ha preocupado por la batalla cultural. Hoy más del 60 % del profesorado en Estados Unidos es de izquierda, mientras que los profesores de derecha representan apenas un 10 % del total.
   
Debido el éxito de este proyecto cultural, el marxismo ha socavado el Partido Demócrata, lo cual puede comprobarse con la presencia de los socialistas Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, entre otros. También ha socavado importantes medios de comunicación, incluyendo cadenas televisivas.
   
Pero donde más ha hecho mella el marxismo cultural ha sido en Hollywood. La mayoría de las películas que surgen de sus estudios son abiertamente antisistema y promueven el relativismo, el hedonismo, el materialismo, la ideología de género y, en muchos casos, fomentan el crimen y el vandalismo.
   
La película “Joker”, por ejemplo, obtuvo más de quince premios internacionales, por mejor actuación, mejor banda sonora y mejor guion, entre otros. Y, en efecto, desde el punto de vista artístico, se trata de una muy buena cinta, pero desde la perspectiva de los valores es terriblemente dañina. De hecho, la película termina con saqueos muy similares a los que se viven actualmente en los Estados Unidos. Lo mismo podría decirse de muchas otras películas y series taquilleras, en las cuales se promueve la violencia y se desdibuja la frontera entre el bien y el mal.
   
El “marxismo cultural” ideado por Gramsci no es el causante de las protestas, pero definitivamente crea un ambiente propicio para que los grupos radicales de izquierda, como Acción Antifascista (Antifa), puedan florecer, expandirse y actuar impunemente.

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y ESPAÑA

Nuestro hermano en la fe Humberto Jesús Guillén y Morales ha tenido a bien informarnos de un documento: Se trata de la tesis doctoral “La devoción al Sagrado Corazón y a Cristo Rey en España y su recepción por los Metropolitanos españoles (1923-1931)”, de la autoría de Luis Cano Medina y presentada por él en 2007.
  
Raramente hacemos alguna reseña de algún libro, y menos de una tesis doctoral (muchas páginas, por cierto), pero el autor, además de hacer un recorrido histórico y teológico general sobre el Sagrado Corazón de Jesús y su Reinado Social, refiere los pormenores de la aceptación que tuvieran estas devociones en España particularmente entre 1919 (año de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles) y el annus horríbilis 1931.
  
 Bueno, sin más por el momento, os recomendamos su lectura.

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - DÍA QUINTO

Dispuesto por el Padre Félix Sardá y Salvany y publicado en Barcelona por la Tipografía Católica en 1879, con aprobación eclesiástica.

   

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

   

   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

   

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estáis vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tenéis en vuestra presencia, pidiéndoos perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, oh buen Jesús, de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.

   

DÍA 5º – EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE GENEROSIDAD

  

I

  

Fijemos hoy los ojos del alma en esta especial virtud del Sagrado Corazón. Su generosidad ha sido para con nosotros tan grande, que ni mayor puede ya exigirla ni concebirla nuestra imaginación. Todo, todo, hasta sí mismo, nos lo ha dado generosamente el Sagrado Corazón de Jesús. Mientras vivió en carne mortal, se empleó todo en servicio del hombre; por él obró sus milagros, hizo su predicación, fatigosa, sudó, derramó lágrimas y sangre.

  

Acercabase la hora de su Pasión, y después de haberse empleado todo por el hombre, inventó un milagro especial para poder darse a él en su verdadero Cuerpo y Sangre por medio del Santísimo Sacramento.

   

¿Podría dar otra cosa? Sí, todavía otra cosa. Vio al pie de la cruz a una mujer Madre suya, y aun de ella nos hizo al morir, generoso legado. ¿Quedabale aún algo que dar? Unas pocas gotas de sangre quedaban en su Corazón, y ya difunto, permite que se lo rompa un soldado, para que ni éstas dejen de derramarse en provecho nuestro. Aun hoy se nos da a todas horas en nuestros altares, a todos sin distinción, dispuesto siempre a ser generoso hasta con los más ingratos.

   

De modo que por su inefable generosidad, es nuestra su doctrina, es nuestra su propia Madre, son nuestros su Cuerpo y Sangre, es nuestro su cielo. Sí, porque después de habérsenos dado por maestro, por alimento y por redención, quiere por toda la eternidad ser Él mismo, y no otro, nuestra recompensa. ¡Oh generosidad inmensa de tan generosísimo Corazón!

   

Medítese unos minutos.

   

II

  

¡Cuán distante se halla de corresponder a esta sublime virtud del Sagrado Corazón de Jesús, el mezquino corazón mío! El suyo es todo generosidad; el mío es todo egoísmo. Tal vez sirvo a Dios, es verdad; pero midiendo y escatimando mis servicios, por temor de hacer siempre demasiado. Cuando no me liga precepto de pecado mortal, bástame eso quizá para creerme ya desobligado, Paréceme que amo ya lo suficiente cuando no agravio, o que soy ya el mejor de los amigos cuando no soy un traidor.

 

¿Qué hago por quien tanto hizo por mí? Cualquier sacrificio se me hace imposible; cualquier respeto humano basta par detenerme. Y cuando me resuelvo a hacer algo por mi Dios, ¿es desinteresado mi servicio? ¿Qué haría si no me amenazara Él con el infierno? ¡Ah! Tal vez el mismo cielo no tuviera para mí bastantes atractivos.

   

¡Oh criado vil, que sólo sirve por temor o por la paga! ¡Oh! diré con la Imitación: «¿Cuándo habrá uno, oh Señor, que se preste a serviros de balde?».

 

Yo he de ser, ¡Jesús mío!, yo he de ser. Seré generoso, ¡oh buen Jesús!, no me limitaré a lo que manda vuestra ley, sino que me extenderé a todo lo que conozca ser de vuestro mayor agrado. Tomadlo todo de mí, ¡oh buen Jesús!, cuerpo, alma, salud, fuerza, libertad, honra, intereses, vida.

   

De todo os hago don, y en todo quiero seáis Vos única y exclusivamente servido.

   

Medítese, y pídase la gracia particular.

   

ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.

 

¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos, como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos, dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a Mí…, Aprended de Mí…, Pedid, llamad…». A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy, y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

    

Aquí se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, cruz, corona y herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

   

LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
      
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y resurrección, ten piedad de nosotros. 
Corazón de Jesús, nuestra paz y reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Jesús, manso y humilde de Corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
  
ORACIÓN
¡Oh Jesús, Señor nuestro, que por un nuevo beneficio de tu gracia te has dignado manifestar a tu Iglesia las riquezas de tu Corazón!: haz que podamos pagar a este divino Corazón amor con amor, y reparar con dignos desagravios los ultrajes que te ha hecho la ingratitud de los hombres.
   
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

  

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DOCUMENTO OFICIAL ALEMÁN DENUNCIA LA FALSA ALARMA CORONA

Traducción de la noticia publicada por Daniele Pozzati en STRATEGIC CULTURE.
 

jueves, 4 de junio de 2020

EL DESCENSO DE LOS MODERNISTAS EN LA COMUNIÓN

Caricatura tomada de GLORIA CARTOONS. Vía APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA.
   
 
Cabe recordar que en el Novus Ordo, como quiera que las palabras consecratorias fueron adulteradas y no hay sacerdocio sacrificante sino una “presidencia de la cena comunal”, la Transubstanciación NO EXISTE.