miércoles, 5 de agosto de 2020

LA INMACULADA CONCEPCIÓN, SEGÚN EL CARDENAL BÉRULLE

   

«A fin que la tierra sea digna de recibir y poseer a su Dios, el Señor hace nacer sobre la tierra una persona distinta y eminente, la cual no tiene parte alguna en el pecado del mundo y está dotada de tales gracias y favores que persona semejante nunca se ha visto ni se verá jamás, ni en el cielo ni en la tierra.
     
Concebida sin pecado y santificada desde el primer instante de su existencia, desde entonces Ella goza del uso de la razón y de la gracia; confirmada en el estado de inocencia y de inmunidad del pecado, es elevada a una gracia de tal eminencia que el orden de la gracia no ha visto nunca nada semejante; es tan perfecta en toda su vida que a cada instante realiza un nuevo progreso en el orden de esta gracia extraordinaria y singular: esta Virgen, al mismo modo que las demás hijas de Adán, entra en este valle de miserias y no en un paraíso terrestre; mora sobre esta tierra de exilio, aunque no porta ningún signo de condena, sino que en su alma posee una gracia superior a la que Adán, en el Paraíso terrestre, en su cualidad de cabeza del género humano, fue distinguido para él y para su posteridad.
      
Mas estas nuestras palabras no son adecuadas para expresar algo tan grande; la gracia de la Virgen es más noble y más divina que todas las otras gracias que jamás hayan salido de la viva fuente del Salvador moribundo y del mérito de su Cruz, excede en potencia y dignidad aquella gracia misma que se encuentra en los Cielos, porque hay un término mucho más elevado; tiene por término, esto es, ya nada hacen los Santos, sino de dar nacimiento sobre la tierra del Santo de los Santos, de formar en el milagro en el nacimiento sobre la tierra al Santo de los santos, de formar al Hombre-Dios y de constituir en el universo una Madre de Dios, obras todas extraordinarias, milagrosas y tanbién en el orden milagroso de la gracia».
Cardenal PEDRO DE BÉRULLE. Las grandezas de María.
 
COMENTARIO: El cardenal De Bérulle, fiel a su estilo conciso, sostiene la doctrina Católica sobre la Inmaculada Concepción:
  1. Fue santificada, por eso no concurre ninguna mancha de pecado original;
  2. Recibió la sublimidad de la gracia, como ningún otro, o sea, una abundancia extraordinaria de gracia;
  3. Fue dotada del uso de razón, por el cual comenzó en seguida desde el seno de su madre a corresponder a la gracia y a progresar en la santidad;
  4. Fue confirmada en la inocencia, o sea, constituida inmune de cualesquiera pecado; más todavía, confirmada en la imposibilidad (impuissance) de pecar;
  5. Fue constituida en un estado de integridad por el cual no fue posible en Ella no solamente el pecado, ni mucho menos cualquier tentación, o ilusión, o influencia del demonio.

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