domingo, 23 de agosto de 2020

EL CASTIGO DEL SACERDOTE ES PEOR QUE EL DEL LAICO

«Mas veamos ahora el castigo que corresponde al sacerdote pecador, según la gravedad de su pecado: Pro mensúra peccáti erit et plagárum modus (Deut. 25, 2). San Juan Crisóstomo tiene por condenado a aquel sacerdote, que en tiempo del sacerdocio comete un solo pecado mortal. Si privátim pecces, nihil tale passúrus es, si in sacerdótio peccas, periísti. (Hom. 3. in Act. ap.) Y a la verdad son terribles las amenazas que profiere el Señor por boca de Jeremías contra los sacerdotes que pecan: Prophéta namque et sacérdos pollúti sunt: et in domo mea invéni malum eórum, ait Dóminus. Idcírco via eórum erit quasi lúbricum in tenébris: impelléntur enim et córruent in ea (Jer. 23, 11 et 12). ¿Qué esperanza de vida daríais a aquel que caminase sobre el borde resbaladizo de un precipicio, sin luz para ver donde pone el pie, y que algunos de cuando en cuando le diesen fuertes empujes para precipitarle? Ved ahí el infeliz estado en que se halla un sacerdote que comete un pecado mortal.
   
Lúbricum in tenébris: pecando el sacerdote pierde la luz y queda ciego. Mélius erat illis, dice San Pedro, non cognoscére viam justítiæ, quam post agnitiónem retrórsum convérti (2. Petr. 2, 21).¡Cuánto mejor sería para el sacerdote que peca ser un pobre aldeano ignorante y que nunca hubiese sabido nada! Porque después de tantas lecturas, después de tantas instrucciones recibidas por la predicación y por sus directores, después de tantas luces como Dios le habrá infundido, pecando el desgraciado, y poniendo debajo sus pies todas las gracias que Dios le ha hecho, toda la luz que ha tenido servirá para que quede mas ciego y mas perdido en su ruina. Major sciéntia majóris pœnæ fit matéria, dice San Juan Crisóstomo (Hom. 7ª in Matth). Y añade: Proptérea sacérdos eádem cum súbditis peccáta commíttens, non eádem, sed multo acerbióra patiétur. Cometerá el mismo pecado que cometen muchos seglares, pero será mucho mayor su castigo, quedando mucho más ciego que todos los demás seglares. Caerá pues sobre él aquel castigo anunciado por el Profeta: Ut vidéntes non vídeant et audiéntes non intélligant (Luc. 8, 10).
  
Y esto se ve por la experiencia, dice el mismo Crisóstomo: Sæculáris homo post peccátum fácile ad pœniténtiam venit. Un seglar que peca, si oye una misión o cualquiera plática fuerte, en donde se le anuncia alguna verdad eterna de la malicia del pecado, de la certidumbre de la muerte, del rigor del juicio divino, de las penas del infierno, fácilmente se arrepiente y vuelve a Dios; porque, añade el santo, aquellas verdades llegan casi nuevas a su alma, y le atemorizan: Quia quasi novum áliquid áudiens expavéscit. Mas a un sacerdote que ha despreciado las gracias de Dios, y todas las luces y conocimientos adquiridos, ¿qué impresión le harán ya las verdades eternas y las amenazas de la divina Escritura? Ómnia enim quæ sunt in Scriptúris, prosigue el santo doctor, ante óculos ejus inveteráta, vília æstimántur; nam quícquid sibi terríble est usu viléscit. (Hom. 40ª in capit. 21. Matth.) De lo cual concluye que no hay cosa más imposible que esperar la enmienda de quien lo sabe todo, y peca: Nihil autem impossibilius illum corrigere, quia omnia scit»
  
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIOSelva de materias predicables (Joaquín Roca y Cornet, trad.), primera parte, cap. IV. “De la gravedad y castigo del pecado del sacerdote”, numerales 5-7. 3ª edición corregida y ampliada. Barcelona, Librería Católica de Pons y Cª, 1864. Págs. 40-41. Reimprimátur por el P. José Senmartí, Vicario General del Obispado de Barcelona, dado en Vich el 6 de Septiembre de 1864.

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