jueves, 12 de noviembre de 2020

TRIDUO EN HONOR A SANTA GERTRUDIS LA MAGNA PARA CONSEGUIR UNA BUENA MUERTE

Dispuesto por un devoto de Santa Gertrudis la Magna a partir de la Semana y otros santos ejercicios detallados en la Vida de la santa, e impreso en Murcia por la viuda de Felipe Teruel a fines del siglo XVIII, con las debidas licencias.
   
ADVERTENCIAS PARA HACER CON FRUTO ESTE SANTO TRIDUO. 
La primera será purificar el alma con una entera y dolorosa confesión, y recibiendo el Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, como si fuera para morir.
   
La segunda, considerar con mucha atención los desengaños que cada día corresponden a los ejercícios, como si nos viéramos ya en aquellos estrechos lances.
  
La tercera, procurar en esos días emplearse en santas obras de piedad, limosnas y mortificaciones, y renovando las devociones antiguas que por negligencia suelen dejarse, con especialidad las de Nuestra Señora, y la de las Ánimas benditas del Purgatorio, de quien fue la Santa singular devota. Y para que todo lo dicho se haga con la mayor perfección se da a los devotos una noticia del modo como la Santa lo practicaba. 
  
Deseando Santa Gertrudis que la llama del Divino amor que ardía en su amante corazón abrasase los corazones más helados y frios de los hombres, y considerando que ninguno que tiene estampada en su memoria la de la muerte puede pecar, dispuso un ejercicio muy útil y provechoso para que cualquiera por él, siquiera una vez en el año, pueda hacer las exequias de sus postrimerías, previniendo y anticipando con santas disposiciones la hora dudosa de la muerte. 
   
Poniendo en práctica este santo ejercicio, que enseñó a muchos con grande aprovechamiento de sus almas, para disponerse y aprender a bien morir: Señalaba una semana, en la cual consideraba que había de morir, y disponía de todas sus cosas, como si con efecto hubiese de salir de esta vida y partir al Tribunal de Cristo a dar cuenta de sus obras, y así se preparaba con toda diligencia para ella.
   
En el primero se considera enferma, y que Dios nuestro Señor llamaba a sus puertas por medio de los dolores, calenturas y molestias que causa la enfermedad, que son la batería con que la muerte acomete el flaco muro de nuestro cuerpo para derribarle; meditaba cómo se hallaría en estas circunstancias, y cuán impedida estaría para obrar en servicio de Dios, y cuán impaciente y acosada de los grandes dolores y congojas, y de los Medicos y medicinas, su flaqueza, y el peligro de caer en la sepultura.
   
El segundo día señalaba para la confesión sacramental, la cual hacía con tanta preparación y dolor como si hubiera de ser la última de su vida, y como la llave que le habia de abrir el Cielo alcanzandole perdón de sus pecados, los cuales lloraba amargamente, pidiendo perdón a Dios, y a los Santos que intercediesen por ella y la ayudasen y favoreciesen en tan importante ocasión, en que no le iba menos que la salvación eterna.
   
El tercer día destinaba para recibir por Viático la Sagrada Comunión, a la cual se disponía como si en realidad de verdad nunca más hubiera de comulgar; y como si con aquel bocado hubiera de partir luego al Tribunal de Dios, pidiéndole con lagrimas que la dispusiese con su gracia, que la purificase con su Sangre, que la adornase con los atavíos y ornatos de todas las virtudes, y los que habían llevado las Almas puras a Mesa, que más le habían agradado en este mundo. A los Santos sus devotos pedía prestados los vestidos de sus virtudes, y que la apadrinasen para el convite del gran Rey, porque no fuese reprobada y condenada en él, como el mal apercebido del Evangelio, que se atrevió a entrar a comer sin llevar ropas de boda, y de esta manera, con temor y temblor llegaba bañada en lágrimas a la Mesa del Señor, y después se recogía a dar infinitas gracias por la merced que le había hecho, en que gastaba el resto del día, pidiendo juntamente que la dispusiese para la muerte y la cuenta que esperaba dar en su recto tribunal dentro de pocos días.
  
El cuarto día señalaba para recibir el Santo Sacramento de la Extremaunción, preparándose para este Santo y último Sacramento con verdadera contricción de sus pecados y de todos los defectos e imperfecciones que había tenido en sus obras, palabras y pensamientos; discurriendo por todos sus sentidos, así del cuerpo como también por las Potencias del Alma, Memoria, Entendimiento y Voluntad; examinando y notando lo que había faltado en cada una, y pedía a Dios perdón por los méritos de su Sangre preciosa, con la cual consideraba que la ungía y purificaba como con el Óleo Santo de la Extremaunción.
   
El quinto día se contemplaba en las agonías de la muerte como so realmente se hallara en ellas: acostábase en la cama o en una tarima con una vela ardiendo al lado, y un Santo Crucifijo en las manos; despedida de todo este mundo y de camino para el otro, el pecho levantado, los ojos hundidos y turbados, el habla trémula, la respiración apresurada, los amigos llorando su partida, los demonios apresurados a espantarla y perseguirla con tentaciones y lazos para estorbarle la entrada en la Bienaventuranza, la muerte a la vista acercándose por instantes, amenazándola con el último golpe, que le ha de cortar el hilo de la vida y dividir aquellos dos antiguos amigos alma y cuerpo, que tantos años han estado unidos con tan estrecho lazo de amistad: contemplaba los temores que acometen en aquel trance las agonías de los que están arraigados en este mundo, las congojas que causa el temor del Juicio y el Infierno, y lo que uno quisiera haber hecho entonces, y con la luz de aquella última Candela descubría los engaños de Satanás, la vanidad de los bienes del Mundo y el valor de los eternos, y cuánto importa tener ganados amigos para aquel combate, y atesoradas riquezas inmortales para aquella partida en que sin réplicas nos dejan todas las caducas y perecederas de este siglo, y nos desamparan los más cercanos parientes y los mejores amigos.
   
El sexto día se consideraba recibiendo el último golpe de la muerte, contemplando cómo perdía los sentidos y cerraba los ojos a todo este Mundo, a quien volvía las espaldas, y que apartandose el Alma del Cuerpo le dejaba yerto y frío, exánime, asqueroso con los horrores de la muerte, sin vida ni aliento, como un tronco o una piedra: miraba con la consideración cómo la amortajaban y le vestían con lo más desechado de la casa, y trazaban el entierro en una honda sepultura, y parecíale que oía el clamorear las Campanas, los cánticos fúnebres de la Iglesia, la Misa de Réquiem y los Responsos y Oraciones, y que luego la llevaban en las Andas a la estrecha celda de la sepultura, a donde la metían en compañía de los otros difuntos, y cercada de huesos y calaveras la cubrían de tierra y la enlodaban, y se iban todos a sus negocios sin acordarse de ella, a dónde se pudría y era manjar de gusanos la que había sido tantos años respetada por Superiora, allí era pisada y hollada; quedando en perpetuo olvido de los hombres: de cuya consideración sacaba sumo desengaño y desprecio de todo lo que el Mundo adora; y de sí misma viendo, a vista de ojos, que no era más que un poco de tierra y un muladar cubierto de nieve, que deshecha, descubre lo que es, con horror de todos los que le miran.
   
En el séptimo dia contemplaba nuestra Santa Gertrudis al Alma separada del cuerpo, caminando por aquellas Regiones no conocidas ni andadas de los hijos de los hombres, por donde se camina en la otra vida, acompañaba a su Alma hasta el Tribunal de Dios, a donde se miraba sola de todo cuanto tenía en este Mundo si no era de sus obras, las malas para condenarla, y las buenas para salvarla. Contemplábase en aquel Tribunal de Cristo tan recto y riguroso, acusada de los Demonios, de todos sus pecados y  defectos, y de las imperfecciones de sus obras, de las que había omitido por negligencia, de las que en su Monasterio se habían hecho por su culpa, y de sus ingratitudes a tantos y tan grandes favores como había recibido de las manos de su Dios; y no viendo en sí cosa buena con qué poder satisfacer a tantos cargos, temblaba y lloraba su triste condenación, y alegaba la misericordia Divina y la Sangre de Jesucristo en su satisfacción, y los méritos de todos los Santos, y hecha un río de lágrimas pedía misericordia al Juez, y treguas para recuperar lo perdido y servir de nuevo al Señor en satisfacción de sus pecados, y poniendo por intercesora a la Santísima Virgen como abogada de todo el género humano, y a todos los Santos, en especial a sus devotos, pedía que orasen por ella y la alcanzasen dilación de la sentencia, como si ya estuviera condenada miraba el Infierno abierto, y el lugar a donde había de estar, merecido por sus pecados; y contemplando el rigor de aquellas penas, no cesaba de llorar sus culpas y dar gracias a Dios que no la había lanzado en él, haciendo ternísimos y fervorosísimos propósitos de enmendarse en adelante.
   
En el octavo día volvía los ojos a todo lo pasado, y dando gracias a Dios porque le concedía las treguas deseadas, hablaba consigo misma diciendo: «Ves aquí cuán mal has vivido, y en qué riesgo te has puesto de ser condenada para siempre y las penas que mereces por tus pecados: de ellas te saca Dios, para que enmiendes la vida y recuperes con penitencias y santas obras las pérdidas pasadas; mira qué hiciera uno que saliera del Infierno en satisfacción de su Alma, eso y mucho más debes hacer en satisfacción de la tuya y en agradecimiento de la merced que Dios te ha hecho, dándote tiempo para enmendarte».
  
De esta manera pasaba Santa Gertrudis la carrera que había de correr en las útimas postrimerías, para no errarla después, y así se enseñaba en salud a morir bien cuando llegase el tiempo de la enfermedad, gastando su vida en aprender con eminencia esta lección de bien morir, que es la ciencia más importante que podemos aprender. De estas consideraciones salía encendida en vivas llamas del Divino amor y odio de sí misma: de aquí sacaba los alientos para las mortificaciones y rigurosas penitencias con que maceraba su cuerpo, y las vigilias de la noche que gastaba en oración, el desprecio de las honras, el amor de la Cruz de Cristo, y el fuego con que anhelaba a la perfección, y como le iba también con este ejercicio, le persuadía a todos los que la comunicaban, y muchos que lo hicieron sacaron gran provecho para sus Almas. Quiera la Divina Magestad que tomen esta lección todos los presentes y los que la leyeren, y cojan de ella los frutos que cogió Santa Gertrudis, a quien el Señor para manifestarle lo grato que le era este ejercicio, en un día de ellos se le apareció muy benigno, y hablándola con gran dulzura la dijo: «Ajústate conmigo, como el Profeta Elíseo se ajustó con el Niño, que resucitó de muerte a vida». «¿Cómo, Señor mío (respondió la Santa), podré yo poner en ejecución lo que me mandas?», y luego le dio el Señor a entender que no había de ser corporalmente, sino espiritual y místicamente ajustando su vida con la suya, y así le dijo: «Aplica tus manos a las mías, esto es, las obras de tus manos a las que yo hice en el Mundo, obrándolas todas para mi servicio y a gloria de mi Eterno Padre. Tus ojos a los míos, imitando mi modestia y compostura. Tu boca a la mía, imitando mis palabras y mi templanza en la comida y en la bebida. Y tus pies a los míos siguiendo mis pasos, y no perdiéndome de vista. Tu corazón con el mío, teniendo un querer y no querer conmigo, sin discrepar un ápice tu voluntad de la mía, y de esta suerte recobrará tu espiritu nueva vida, como la recobró el Niño con quien se ajustó Eliseo, y te dispondrás para conseguir la feliz muerte que deseas».
   
Habiendo oído esta lección tan saludable de su Divino Esposo, procuró con todas sus fuerzas ponerla luego en ejecución, mirándose y remirándose en aquel espejo de vida, para conformar todas sus obras, palabras y pensamientos con él, y hacerse un vivo retrato suyo. Y Cristo nuestro Señor le premió de contado este cuidado y diligencia que puso en su servicio, porque visitándola amoroso y mostrándose agradecido, abrió su pecho y le mostró el Corazón, del cual salió una cinta de oro finísimo, con la cual enlazó consigo a Santa Gertrudis con tan estrecho vinculo de amor que ningunas fuerzas humanas la podían apartar de él,  con lo qual la Santa quedó enlazada de nuevo con su Divino Esposo con un vínculo tan estrecho y firme que le aseguraba su buena dicha, y que no le faltara en la hora de la muerte.
   
TRIDUO DE SANTA GERTRUDIS LA MAGNA PARA DISPONERSE A UNA BUENA MUERTE, Y ASEGURAR UNA BUENA Y DILATADA VIDA, Y ALCANZAR DE DIOS MUY SINGULARES FAVORES
   

Hincado de rodillas delante de alguna Imagen de la Santa, se dará principio con la señal de la Cruz, y levantando el corazon a Dios con viva fe y confianza en su Majestad, y en la intercesión de su querida Esposa Santa Gertrudis, y haciéndose presente a toda la Corte Celestial, como si se hallara en los últimos lances de la vida, dirá con verdadero arrepentimiento.
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mìo Jesucristo, Amado, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, propongo con vuestra gracia enmendar mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
   
Ahora dirá la Música siguiente:
Dulce Jesus y Señor, 
Por Gertrudis vuestra Esposa, 
Concédenos vuestro Amor.
    
ORACIÓN A JESUCRISTO ΝUESTRO REDENTOR PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísimo y amantísimo Señor mío Jesucristo, Esposo amantísimo de las Almas, yo te alabo y doy muchas gracias por los favores tan singulares que hiciste a tu amada y tierna Esposa Santa Gertrudis, depositando en su corazón los ricos tesoros de vuestras llagas, y abriendo las puertas de vuestro encendido pecho para mostrarla los soberanos secretos de vuestra altísima providencia, y poniendo en sus manos el remedio de innumerables pecadores, y el alivio de las Almas del Purgatorio. Yo te suplico, que por su intercesión me concedas el fruto de tus preciosas llagas para perdón de mis culpas y satisfacción de sus merecidas penas, y también consiga lo que pido en este Triduo, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
   
DÍA PRIMERO
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Amorosísima, piadosísima y fervorosísima Santa Gertrudis, que en los tres primeros días de la semana de vuestros santos ejercícios os disponíais para la jornada a la eternidad con la meditación de los precursores de la muerte, que son las enfermedades, los dolores y las fatigas con la noticia y cercanía de la muerte, y os preparábais para una confesión última y fervorosa, y pedíais a su Majestad que con su preciosa Sangre firmase el perdón de todas las deudas que le debemos por nuestros pecados, y con estas santas y admirables disposiciones recibíais a vuestro amado Esposo Sacramentado como Viatico para la partida de este mundo a la eternidad, y pedíais a todos los Ángeles y Santos, y a la Reina de los Santos y de los Ángeles, que con sus virtudes adornasen vuestra Alma para entrar en el convite de las Celestiales bodas. Yo te suplico me alcances del Señor que me disponga para esta jornada, recibiendo dignamente los Santos Sacramentos de Penitencia y Comunión. Que yo le reciba a la partida de este mundo con una caridad ardiente que consuma y abrase la multitud de mis pecados, llorándolos amargamente, y adornada mi Alma con el fervor y preparación con que vos Madre amorosa le recibíais, con esta preciosa gala entre en el convite de la Gloria, y también consiga lo que pido en este Triduo a mayor honra y gloria suya. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro y el Ave María con Gloria Patri, y despues se dirá la Oración siguiente.
   
Ahora dirá la Musica que se sigue:
Insigne Gertrudis,
Ruega a Jesucristo
Oiga a sus devotos 
Clemente y propicio.
  
ORACIÓN A SANTA GERTRUDIS
Dulcísima Madre y portentosa Virgen Santa Gertrudis, a quien el Divino Esposo concedió los dotes y singulares prendas de las más celebradas y heroicas mujeres de la Escritura: Yo te suplico por el amor y fina correspondencia que tuviste con tu amantísmo Esposo entregándole tu corazón fervoroso, y recibiendo el suyo colmado de favores para repartirlos a tus devotos, y socorrerlos en esta vida y en el desconsuelo del Purgatorio, que me alcances de su Majestad una pureza de corazón, con un dolor de haberle ofendid, un eficaz proposito de la enmienda, y una perseverancia segura para verle y gozarle en la eternidad de su Gloria, y también consiga lo que deseo y pido en este Triduo. Amén.
   
Aquí se pide en secreto, y con los afectos del corazón lo que desea conseguir en particular por medio de este Triduo, y para obligar más al Hijo se cierra este Triduo con la Oración a su Santísima Madre concebida sin pecado original.
  
Ahora dirá la Música siguiente:
Reina Inmaculada,
Por tu Patrocinio 
La gracia y la gloria 
Alcancen tus hijos. 
  
ORACIÓN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Santísima Reina e Inmaculada Virgen María, por haberte preservado el Altísimo de toda mancha de pecado, para que fuéseis digna Madre de su unigénito Hijo, que de tus Virginales Entrañas tomó carne humana y se hizo hombre: Suplicóte, purísima y bendita entre todas las mujeres, que me alcances de tu dilectísimo Hijo perdón cumplido de todos mis pecados, y que sea escrito en el numero de los predestinados, y en esta vida alcance la gracia final, con que merezca la eterna, que esperamos por ti, Señora nuestra. Y juntamente nos alcances de vuestro querido Hijo la exaltación de su Santo nombre, la extirpación de las herejías, y la paz y concordia entre los Príncipes cristianos, para que todos celebremos en vuestros misterios la mayor gloria de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
   
Antífona (del Breviario benedictino): Aparecieron espíritus celestes descendiendo del Cielo, que con sus voces invitaban a Gertrudis al gozo del Paraíso: ven, ven, Señora, porque te esperan las delicias del Cielo. Aleluya, aleluya.
  
℣. Ruega por nosotros, oh virgen Santa Gertrudis.
℟. Para que nos hagamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Oh Dios, que en el corazón de tu bienaventurada virgen Santa Gertrudis, te preparaste una agradable morada; por sus méritos e intercesión, limpia las manchas del nuestro, para que merezca ser digna habitación de tu divina Majestad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración a Jesucristo nuestro Redentor.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Ternísima, pacientísima y prudentísima Madre Santa Gertrudis, que en los tres días siguientes de vuestros santos ejercicios os representábais el lance temeroso de recibir la Extremaunción como Sacramento que quita las reliquias de las culpas y da valor en aquella hora para resistir a nuestros crueles enemigos, y con este socorro último de la Iglesia entrábais con singular valor en la última batalla y agonías de la muerte, y os considerábais turbada la vista, tardo el oído, perdidos los pulsos, impedida la lengua, y todas las facultades de las potencias enflaquecidas, y que despues del golpe de la rigurosa muerte, separada el Alma de vuestro cuerpo, disponían el Cadáver para la Sepultura con la mortaja que solo saca de este mundo, y que sepultado en la tierra del olvido le dejan todos desamparado, para que sea sustento de los gusanos, de cuyas consideraciones sacábais el desprecio de todos los bienes caducos de este siglo: Yo te suplico me alcances de Dios la anticipada luz de este desengaño, y gracia para que en mi última hora reciba este último socorro que nos ofrece la Iglesia para burlar las asechanzas de nuestros enemigos, vencer los temores de la muerte, y me alcances de todos los Santos el singular auxilio que necesita nuestra flaqueza, para salir por aquella última puerta, entregando mi espíritu en las manos de nuestro Criador y Redentor Jesucristo, y también la gracia que os pedimos a mayor gloria de Dios y honra vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las demás Oraciones se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración a Jesucristo nuestro Redentor.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Fervorosísima, sapientísima y gloriosísima Madre Santa Gertrudis, que en los dos últimos días de la semana de vuestros santos ejercicios contemplábais a vuestra Alma separada de la cárcel de su cuerpo, y caminando por la nueva región del otro mundo sola, y sin haber sacado de esta vida más que las buenas o malas obras que hubiere hecho, y con ellas va a comparecer en juicio delante del Tribunal del terrible Juez a ser juzgada y acusada de sus enemigos, sacando de esta consideración el hacer en esta vida riguroso examen de todas ellas para su enmienda. Y que se os prorrogaba con nuevos plazos la vida, como si salierais resucitada de la Sepultura, repetíais a vuestro Esposo Divino amorosísimas gracias, y empezábais a servirle y amarle como más fervorosa y agradecida. Y concluíais este devoto y santo ejercicio celebrando la dulce memoria de la Gloria que vuestro Esposo os reveló que tenía preparada para quando saliéseis de esta vida. Y anegada en las dulzuras y consideraciones de los celestiales bienes, y puestos los ojos en la Reina de los Ángeles, por cuya mano lograsteis estos favores, la suplicábais agradecida que los comunicase a todas las criaturas, llevándolas a la Gloria. Yo te suplico me alcances de esta soberana Reina el conocimiento que tendré a la hora de la muerte de mis culpas para llorarlas en esta vida, nuevos plazos de seguridad y vida para emplearla en su santo servicio con fervoroso agradecimiento; y que tome debajo de su protección mi vida, mi muerte y mi salvación, para servir, amar y gozar a su Santísimo Hijo y nuestro dulcísimo Redentor, con lo demás que pido y suplico en este Triduo a mayor honra y gloria suya. Amén.
  
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las demás Oraciones se dirán todos los días.

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