miércoles, 20 de octubre de 2021

PROFECÍA DE SAN BENITO JOSÉ LABRE

«Benito –cuenta el P. Giuseppe Loreto Marconi, su confesor– me ha hablado también de otras visiones que él tenía, mas siempre para acusarse como tentaciones. Así, él me ha expuesto que veía en fuego ya un lugar, ya otro, de aquellos donde había pasado en sus viajes por Francia… mas los hechos han bien probado que en lugar de tentaciones eran ilustraciones divinas representando en su espíritu el porvenir, bajo la forma de incendios que consumían ora un lugar, ora otro…

Estas predicciones eran relativas a las desgracias que amenazaban a Francia, y anunciaban para consuelo que habría muchos milagros en el mundo y que estos milagros serían seguidos de conversiones.
   
En resumen, estaba usando términos en los que luego entendí que estaba anticipando los horribles trastornos que lamentamos en este momento.
    
Yo debo acrecentar que más de una vez él me expone que me veía a mí y al Santísimo Sacramento, como cubierto de inmundicias, y diciéndolo, las lágrimas le corrían de los ojos. Él me repite aún estas palabras en su última confesión, y él terminaba siempre diciendo que “la sola penitencia” podía desarmar la cólera de Dios…
   
Me parece que yo no me alejaría mucho de la verdad si el “tú” que usaba entonces el santo dirigiéndose a mi, se tomaba no como personal, mas como calificativo, de suerte que él hubiera querido hablar, no de mi persona en particular, mas en general de los sacerdotes que él veía cubiertos de inmundicias, para significar lo que sucedería en Francia en el orden sacerdotal, sea en lo físico, sea en lo moral.

Porque sabemos muy bien que entre los ministros sagrados algunos se han desviado del camino correcto, y que muchos otros que han sido firmes y fieles son maltratados, insultados y ejecutados».
   
Eleonora Mazza, abadesa de Monte Lupone, cuenta en carta al P. Marconi, después de la muerte de San Benito, que él hizo saber a las religiosas del monasterio de Santa Clara en Verona «que la Iglesia estaba amenazada de males más grandes aún que aquellos que la afligían y que él no los vería» (Padre JEAN MARIE CURICQUE, Signes et Apparitions Prophétiques, Tomo 2. París, imprenta de Víctor Palme, 1872 En MICHEL SERVANT, Veillez et priez car l’Heure est proche, págs. 251-252).

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