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domingo, 2 de abril de 2023

SAN FRANCISCO DE PAULA

«El mayor de entre vosotros, pórtese como el menor» (San Lucas XXII, 26).
  

San Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mínimos, abandonó el mundo a la edad de quince años para vivir en la soledad. Su fama de santidad muy pronto le atrajo gran número de compañeros. Los soberanos pontífices lo tuvieron en gran estima. El rey Luis XI, al fin de su vida, lo hizo ir a la corte, con la esperanza de recobrar la salud por su intercesión. Sanó a gran número de enfermos, y obró una multitud de otros milagros. Murió en 1508 a la edad de 91 años.         
     
MEDITACIÓN SOBRE LAS TRES PRINCIPALES VIRTUDES DE SAN FRANCISCO DE PAULA  
I. Tanta fue la caridad de San Francisco de Paula, que quiso que la divisa de su orden fuese: «Caridad». Dio prueba de su amor a Dios dejando todo para agradarle, despreciando todos los placeres, y buscando sólo Su gloria en todo. Mostró su amor por el prójimo curando a los enfermos y trabajando con ardor en la salvación de las almas. ¿Cómo imitas tú la caridad de este santo?
   
II. El aborrecimiento que tenía a su cuerpo lo hizo abrazar un género de vida severísimo: se alimentaba sólo con aquello que se permite en la Cuaresma, rigurosísima en su tiempo. Quiso que sus hijos se obligasen por un cuarto voto a practicar la misma austeridad. Un día este santo condenará tus refinamientos y tus excesos. ¡Su vida fue una continua cuaresma, y tú no la puedes observar una vez al año! Si pensases en la hiel y el vinagre que ofrecieron a Nuestro Señor en la cruz, y en el amargo brebaje que se destina en el infierno para los hombres sensuales, pronto te corregirías de tu glotonería.
   
III. Durante toda su vida manifestóse su humildad, quiso pasar desconocido ante los hombres; fue menester una orden expresa del Papa para obligarlo a ir a la corte de Luis XI. El nombre de mínimos, que dio a sus hijos, deja ver a las claras el particular amor que profesaba a esta virtud. Imitando el ejemplo de este santo, huye de la vanidad en la medida en que vayas siendo mejor: «los otros vicios se desarrollan a fuerza de vicio, la vanidad hace su pedestal con la virtud misma» (San Euquerio).

La caridad. Orad por el Papa.

ORACIÓN
Oh Dios, grandeza de los humildes, que habéis ensalzado al bienaventurado Francisco, vuestro confesor, a la gloria de la santidad, haced, os lo suplicamos, que por sus méritos y mediante la imitación de sus virtudes alcancemos felizmente las recompensas prometidas a los humildes. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 13 de abril de 2022

EL MARTIRIO PÓSTUMO DE SAN FRANCISCO DE PAULA

Quema del cuerpo de San Francisco de Paula por los hugonotes (Lucas Gregorio de Valdés Carrasquilla c. 1700. Museo de Bellas Artes de Sevilla).
   
A este celestial varón, a este Apostólico Patriarca, a este verdadero imitador de la vida de Cristo Señor nuestro, a este castísimo José, a este profundo centro de la humildad, cuyo cuerpo milagroso estaba reposando en toda paz y quietud en el feliz tálamo de su muerte y dichoso túmulo de su descanso, los pérfidos herejes, cuyo odio sacrílego de la santa Fe Católica pasó de la otra parte de la vida, para satisfacer su insania, impía y cruelmente hicieron cenizas, quemándolo con indómita ira y rabioso furor.
   
Fue esta inaudita ejecución en tiempo que los herejes en parte de la Francia, animados con la pérfida y sacrílega predicación de Teodoro Beza y de otros ministros y discípulos de Juan Calvino se rebelaron conspirados contra su legítimo Rey Carlos IX violando las leyes divinas y humanas, profanaron las iglesias y muchas ciudades de aquel Reino, robando todas las que estaban en las riberas del Loira, haciendo cruelísimos estragos no solo en los vivos, quitándoles las vidas y haciendas, sino en los muertos, arrojando sus cenizas al aire y quemando sus huesos y cadáveres, desenterrándolos de sus sepulcros, en odio de haber muerto confesando la Fe santa y Católica.
   
[…] 
  
Después ejecutaron su rabioso furor e inhumana crueldad en el cuerpo sagrado de San Francisco de Paula con tal odio que los pueblos más bárbaros no hicieron cosa semejante con los cuerpos de sus mayores enemigos; entre otros fue ejecutor aquel impío monstruo Jacobo Salvert, que puso por obra el pequeño mandato que tuvo para ello, y así en 13 de Abril de 1562, esta maldita fiera se fue al sepulcro, y hallando el cuerpo fresco y entero, lo sacó fuera de donde estaba venerado, y arrastrándolo de los pies, al salir por una puerta con la violencia que lo llevaba se dislocó un hueso del hombro derecho: notable circunstancia en que se manifestó bien que aquel santo cuerpo estaba entero y fresco, habiendo cincuenta y cinco años que había pasado de esta presente vida su santísima alma y él fue colocado; lleváronlo a la hospedería del monasterio, donde trataron de quemarlo; habiendo antes gastado la leña que allí había, que era gran cantidad, en otros cuerpos; faltando ahora para quemar el del Santo, hicieron materia para su combustión de un Crucifijo grande y otras cruces de los Altares de la iglesia, con que ejecutaron su depravado y sacrílego intento. 
  
Habiendo abrasado el cuerpo del Santo, y saqueado la iglesia del dicho monasterio, y la de Nuestra Señora de la Richa, entraron en la ciudad, donde quemaron el cuerpo de San Martín su obispo, el cuerpo de Alcuino, digno maestro de Carlomagno Emperador y Rey de Francia, el de Marino Pibeleau, señor de Bedoire y el de su mujer, y otros sacrilegios que obraron en el monasterio del Plesis. Estos insultos y quemazón del cuerpo del Santo no pasó mucho tiempo que no se pagasen, porque Lus de Borbón, Duque de Montpensier, juntó la gente de Anjou, de la de Turena y de Maurie, y salió a hacer rostro a los rebeldes, entrando en la ciudad de Tursis, infundió tal miedo su valor en los herejes que luego al punto dejaron la ciudad, por no caer en manos de príncipe tan católico y celoso de la verdadera religión.
    
Las historias de Francia refieren, particularmente las que hablan de la ciudad de Tours, que Jacobo Salvert el año de 1565 fue ahorcado en la plaza del gran Mercado de dicha ciudad; todos los demás estuvieron ausentes tres años, y después por un edicto que se publicó de perdón general, no fueron más buscados. Por orden del duque de Montpensier se restituyeron muchos de los bienes que habían robado en este saco.
   
FRAY ISIDORO TOSCANO DE PAULA OM. Prodigiosa vida y admirable muerte de San Francisco de Paula, traducida por Fray Juan de Prado y Ugarte. Málaga, 1669, folios 255v-256r.

viernes, 2 de abril de 2021

EL ROSTRO DE SAN FRANCISCO DE PAULA

En la iglesia de Santa María de las Gracias de Benincasa, en Vietro sul Mare, se conserva una servilleta en la cual fue impreso el rostro de San Francisco de Paula.
   
   
En el año 1483, el rey Luis XI de Francia llamó a San Francisco de Paula para que acudiese a su país, y en su camino el Santo se detuvo en Salerno, donde fue acogido por el pueblo y los legados de los reyes de Francia y de Nápoles. Sin embargo, se hospedó en casa de los esposos Capograsso. Los Capograsso eran muy ilustres y devotos, pero estaban afligidos porque su linaje (de los más antiguos de Salerno) se extinguiría porque sus hijos morían a los dos años. Hablando al respecto con San Francisco de Paula, este les dijo «No os resignéis, porque el Señor os enviará aún otros hijos, los cuales perpetuarán vuestro matrimonio». El Santo les dijo que al primer hijo le pusieran por nombre Francisco María, y a los demás los nombres que quieran, siempre que los acompañase el nombre de María. La profecía se haría realidad, y sus descendientes aún viven en la ciudad de Sulmona.
   
Mientras el santo comía su magra cena en casa de los Capograsso, advirtió que un pintor estaba retratándolo a escondidas. San Francisco de Paula, cuya humildad no sufría que le honraran, se cubrió el rostro con una servilleta, en la cual quedó impresa su imagen. Los descendientes de los Capogrosso tuvieron en gran veneración esta reliquia de San Francisco de Paula que la conservaban consigo. En 1656, al desatarse la peste, ellos se marcharon a la población de Benincasa, perteneciente a la ciudad de Vietro sul Mare, y acabada esta, donaron a la iglesia de Santa María de las Gracias la servilleta con el rostro de San Francisco de Paula, donde se le erigió un altar de mármol donde es expuesta. La reliquia es llevada en procesión junto con la estatua de San Francisco de Paula el último domingo de Agosto.

martes, 23 de marzo de 2021

NOVENA EN HONOR A SAN FRANCISCO DE PAULA

Novena compuesta a devoción de Nicolás de Vargas, y reimpresa en Santa Fe de Bogotá por Juan Nicolás de Barros y Castillo en 1827. Nihil obstat por el P. Doctor Santiago Gregorio de Burgos, examinador sinodal del Arzobispado, el 24 de Febrero de 1798. Imprimátur por Mons. Manuel García Andrade, Provisor y Vicario General del Arzobispado, el 27 del mismo mes y año.
   
ADVERTENCIA PARA HACER CON FRUTO ESPIRITUAL ESTA NOVENA
Aunque sea verdad, según la doctrina del Apóstol San Pablo, que no tenemos para con Dios otro mediador para con Dios que Jesucristo nuestro Señor y Salvador, porque solo por el precio infinito de su Sangre fuimos libres de la esclavitud del pecado, con todo eso dirigimos nuestras oraciones a los Santos, sabiendo que nos son intercesores muy poderosos delante de Jesucristo. Nuestros hermanos errantes, que se apoyan sobre la autoridad del Apóstol para inferir que nos es enteramente inútil la intercesión de los Santos, y que no podemos invocarlos sin hacerle notable injuria a Jesucristo nuestro único mediador y abogado, no reparan que en el mismo capítulo segundo de la epístola escrita a su discípulo Timoteo de donde quieren deducir su errada consecuencia, se ve que el Santo le intima el que encargue a los fieles ofrezcan continuamente el tributo de sus oraciones por el gobierno, por las personas constituidas en dignidad, y generalmente por todos los hombres. Ahora bien, podemos decirles, si San Pablo recomienda a todo el mundo a las oraciones de unos fieles que como viadores y frágiles pueden venir a ser el objeto de la indignación y odio de Dios por el pecado, ¿con cuánta más razón deberemos implorar la intercesión de los fieles siervos y amigos de Dios, que se hallan gozando en la mansión de la paz de la vista de la Divina esencia, libres ya de la corrupción del pecado, e incapaces de incurrir en su indignación?
    
Lo cierto es que Dios ha acreditado la eficacia de su poder e intercesión, con todos los milagros que ha obrado en todos los siglos por su mediación. Entre todos podemos con verdad decir que Dios tomó por su cuenta el engrandecer a su siervo San Francisco de Paula llenando toda la tierra de la fama de sus prodigios. Su milagrosa beneficencia lo ha hecho objeto del amor, de la confianza y de la veneración de toda la Cristiandad: por tanto, para satisfacer en alguna parte el fervor de sus devotos, presento esta novena, exponiendo en cada día una de las virtudes en que más resplandeció, para excitarlos a su imitación.
   
El que quisiere hacerse digno de los favores que el Dios de las misericordias dispensa, por la intercesión del amado Siervo, es necesario que para dar principio a esta Novena, purifique primero su alma por medio de las saludables aguas del sacramento de la Penitencia, y sobre todo, es necesario que procure estar en el verdadero espíritu de la Iglesia y considerar que ella no aprueba estas prácticas de devoción sino en cuanto se dirigen a que procuremos por medio de la intercesión de los Santos trabajar en la reforma de nuestras costumbres, enmienda de nuestra vida e imitación de las virtudes que celebramos y admiramos en ellos, persuadirse que el fin que se ha tenido en la institución de semejantes devociones se reduce a recitar cuatro oraciones vocales dichas sin el menor espíritu de caridad y de fervor, es hacerle injuria a Jesucristo y a la Iglesia, dando a entender que el fondo de una religión que toda se sostiene en la santidad y pureza de la moral evangélica, consiste en meras exterioridades y ceremonias. Persuadámonos que Dios no hace sino la voluntad de los que le aman y le temen, e imploremos su intercesión de los Santos con espíritu de compunción y de humildad, si queremos que nuestras súplicas lleguen al sublime trono de su grandeza.
    
NOVENA DEL GLORIOSO PATRIARCA SAN FRANCISCO DE PAULA
   
        
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Crucificado por mi amor, que habéis prometido por boca de vuestros Profetas poner en olvido las mayores iniquidades en el momento en que el pecador se convirtiere de veras a Vos, y las detestase con amargura de su corazón: postrado ante vuestra Soberanía y penetrado del más vivo dolor a vista de las muchas culpas que contra Ti he cometido, digo con todo mi corazón me pesa de veras haber ofendido a tal bondad, solo por ser quien sois, tan digno de ser amado. Misericordia, amable Salvador mío; recibid, Padre dulcísimo, a este hijo ingrato y rebelde, que lleno de confianza se arroja en el seno de tu misericordia y clemencia, dadme vuestra gracia para amarte y servirte, con una perseverancia constante, hasta el fin de mi vida. Amén.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Omnipotente y eterno Dios, que para confundir el orgullo y la vana sabiduría de los sabios y prudentes del siglo, te dignaste revestir con la divisa de tu poder y sabiduría a vuestro humildísimo siervo San Francisco de Paula obrando por su ministerio prodigios y maravillas dignas solo de vuestra poderosa diestra: os suplicamos con el más humilde rendimiento de nuestros corazones, nos concedáis por sus elevados méritos y por su poderosa intercesión un verdadero e íntimo dolor de las muchas ofensas que contra tu divina bondad hemos cometido: una sólida y sincera conversión hacia Vos, y que corriendo por la senda recta de vuestros divinos mandamientos empleemos todos los momentos de nuestra vida en agradaros y serviros, como que Vos sois el objeto único de todo nuestro amor, y juntamente la especial gracia que solicitamos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
   
Aquí se han de rezar tres Padre nuestros y Ave Marías con Gloria Patri, en honra de la Santísima Trinidad.
    
DÍA PRIMERO – 24 DE MARZO
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, a quien Dios adornó con una fe tan viva que fue ella como el origen y principio de todas las grandes maravillas que obraste en el tiempo de vuestra preciosísima vida: con esta virtud transportaste los montes de una a otra parte, amainaste el ímpetu de las tempestades y de las olas, anduvisteis sobre las aguas como sobre empedrados de mármol, amortiguaste muchas veces la voracidad de las llamas, purificaste el aire inficionado con los contagios y las pestes, lanzaste los demonios de los cuerpos de los miserables posesos, hiciste cerrar los sepulcros y diste la vida a los que iban a ser colocados en ellos. Por estos prodigios, que fueron el fruto de la constancia de vuestra fe, os suplicamos nos alcancéis de Dios una fe viva y fecunda en buenas obras, para que creyendo firmemente lo que debemos y estamos obligados a creer, sea tal la conducta de nuestra vida, que en nada desmienta la pureza de nuestra Fe, y juntamente la gracia que pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios y provecho de nuestras almas. Amén.
    
Aquí se hace la petición, y luego dirás los siguientes elogios en honra de San Francisco de Paula:
Santísimo Padre y Patriarca San Francisco de Paula, cuyo nacimiento al mundo anunció el Cielo con prodigios, dejándose ver tu casa coronada de resplandores y luces celestiales. Santo desde tu niñez, insigne por tu profundísima humildad, admirable por tu elevada contemplación, Ángel en la pureza de tus costumbres, Querubín por tus sublimes conocimientos, Serafín por los ardores de tu encendida caridad, propagador del ayuno y de la penitencia, crédito de las maravillas de Dios: clarín sonoro de la divina omnipotencia, órgano animado por donde el Espíritu Santo entonaba sus celestiales armonías: segundo Moisés, en cuyas manos depositó Dios la vara de su poder para que obrases tantos prodigios, dando vista a los ciegos, oído a los sordos, pies a los tullidos, salud a los enfermos y vida a los cadáveres medio corrompidos después de ocho o de nueve días de difuntos. Nuevo Jeremías destinado de Dios para director de los príncipes, maestro de los reyes, profeta de los monarcas, consultor de los soberanos pontífices y oráculo de todo el mundo: nuevo David, hecho a la medida del corazón de Dios, y a quien su Majestad descubrió los más ocultos arcanos de su eterna sabiduría: maestro sapientísimo, que en la escuela de la oración adquiriste aquellos conocimientos y aquellas luces altísimas con que confundiste a tantos filósofos, hiciste enmudecer a tantos sabios, dejaste sin solución y sin respuesta a tantos doctores consumados en el estudio de las ciencias: segundo Elías a cuya imperiosa voz obedecieron respetuosos los elementos, y toda la naturaleza pasmada y atónita reconoció en vos el poder de su Criador y respetó tu santidad y tu inocencia: segundo Isaías, que divinamente ilustrado con la luz del espíritu profético penetraste los avisos de las conciencias más enmarañadas, descubriste misterios de iniquidades los más ocultos, y por entre la confusa revolución de tantos siglos alcanzaste a divisar los sucesos más distantes y los acontecimientos más retirados e impenetrables a todo humano conocimiento. Padre de afligidos, socorro de necesitados, vida de difuntos, refugio de desconsolados y asilo universal de todos los menesterosos, señalado de Dios en el don de la oración, de la profecía y los milagros.
  
GOZOS AL GRAN PATRIARCA SAN FRANCISCO DE PAULA
  
Pues la suprema Deidad
Os dio nombre tan glorioso:
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

El Cielo tu nacimiento
Anunció con resplandores
Y otros divinos favores
Indicios de gran portento:
Así anticipó el contento
A toda la Cristiandad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

La gracia y naturaleza
Os honraron de tal modo,
Que fuiste Francisco en todo
Un conjunto de belleza:
Del Asís la gran pureza
Imitaste, y la humildad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

El Espíritu Divino,
Con sus frutos y sus dones
Os colmó de bendiciones,
¡Oh paulano divino!,
Enseñándoos el camino
De la ciencia y la verdad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Fundaste una religión
De singular instituto,
La que con copioso fruto
A la Iglesia da extensión:
Del orbe es admiración
Por su eximia caridad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Vuestro nombre es conocido
Con aplauso universal,
Porque el Padre Celestial
Honraros así ha querido:
Como hijo tan distinguido
De su amor y de su bondad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Con peregrinos portentos
Habéis dado a conocer
Que el Soberano poder
Quiere vuestros lucimientos:
Pues todos los elementos
Honran vuestra potestad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Sois la general piscina
Que con modos celestiales
A los más terribles males
Dais completa medicina:
También antorcha divina
Sois en toda tempestad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Siempre dais atento oído
Al mísero encarcelado,
Al huérfano descarriado,
Y a todo pobre afligido:
Remediando complacido
Su angustia y necesidad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Las débiles parturientes,
Las infecundas casadas,
Las doncellas desgraciadas
Y las viudas indigentes:
Toda suerte de dolientes
Consuelo hallan en tu bondad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Ciegos, mancos y tullidos,
Paralíticos, leprosos,
Energúmenos furiosos
Y aun muertos ya corrompidos;
Por vos fueron restituidos
A la vida y sanidad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Todas vuestras profecías
Las ha acreditado el Cielo,
Cumpliéndose sin recelo
Cuanto en ellas proferías:
Y hasta en nuestros propios días
Contestan esta verdad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

¡Oh Taumaturgo divino!
Pues tanto con Dios valéis,
Os pedimos que alcancéis
Remedio a nuestro destino:
Y que intercedáis muy fino
Por nuestra felicidad.
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Suplicadle al gran Señor
Que reina en la eterna altura,
Convierta en paz y dulzura
Nuestra miseria y dolor:
Por que en su santo temor
Vivamos sin veleidad:
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    

Pues la suprema Deidad
Os dio nombre tan glorioso:
Salve Mínimo asombroso,
Máximo en la santidad.
    
℣. Oh bienaventurado Padre San Francisco de Paula, ruega por nosotros.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
     
ORACIÓN
Dios y Señor, que resistes a los soberbios y a los humildes les dais tu gracia, atiende a nuestros ruegos, y concédenos por la intercesión de San Francisco de Paula el que no sintamos altamente de nosotros, sino que siempre sirvamos a vuestra Majestad divina con humildad de corazón. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
     
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 25 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días y los tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
    
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, cuyo corazón inflamó Dios con el fuego de una caridad tan viva y perfecta, que no respirabas en todas tus palabras y acciones sino este purísimo fuego de que estabas animado: efecto de sus ardores fueron los frecuentes éxtasis que experimentabas, dejándose ver vuestro cuerpo elevado en el aire, cercado de flamantes resplandores de gloria, transportado entre los espíritus bienaventurados y recreado con la dulce música de los Ángeles, que muchas veces celebraron tus triunfos y cantaron tus victorias: concédenos con vuestra poderosa intercesión el que, abrasados en esta misma llama celestial, ardan nuestros corazones con aquel divino fuego que Jesucristo vino a encender en la tierra, para que purificados de todos los vanos afectos del mundo, vivan dignamente empelados en amarle y servirle, y así mismo la gracia que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria suya y provecho de nuestras almas. Amén.
    
Los Elogios, los Gozos y la Oración se seguirán todos los días.
    
DÍA TERCERO – 26 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días y los tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
     
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, cuya caridad y amor para con los prójimos fue tan compasiva que jamás llegó a vuestra amabilísima presencia algún afligido que no saliese consolado, ni menesteroso que no quedase socorrido, dispensando a beneficio de los hombres las piedades que Dios depositó en tus manos en todo género de enfermedades, en todo linaje de tribulaciones y de peligros: ya iluminando a los ciegos, ya desatando los impedimentos de la lengua a los mudos, sanando a los hidrópicos, restituyendo el movimiento a los baldados y paralíticos, y dando la salud a todos los enfermos. Aquí tenéis, Padre dulcísimo, postradas a vuestros pies las almas de vuestros devotos, enfermas y debilitadas por la violencia y malignidad de los apetitos y pasiones que nos corrompen: emplead en nosotros esa caridad compasiva y benéfica que abrasó vuestro tierno corazón en el tiempo de vuestra vida, para que libres de nuestras espirituales dolencias, solo pensemos en agradar y servir a nuestro buen Dios, y juntamente la gracia que pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor honra de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
     
Los Elogios, los Gozos y la Oración se seguirán todos los días.
    
DÍA CUARTO – 27 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días y los tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
    
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, cuya elevada santidad se fundó sobre la basa solidísima de la más profunda humildad, sin que fuesen capaz de excitar en vuestro espíritu e menor pensamiento de altivez y elevación ni los extraordinarios honores que te tributaron los mayores príncipes y monarcas de la tierra, que postrados con el más humilde rendimiento a tus plantas imploraban tu favor, ni las singulares demostraciones de estimación con que te trataron los soberanos pontífices, consultándote los negocios más arduos y más delicados de la Iglesia, sino que fijo siempre en el abismo de tu bajeza y de tu nada, te apartabas de su presencia para ejercitarte en los oficios más humildes y abatidos de tu monasterio, hasta emplear esas manos obradoras de tantos prodigios en lavar y remendar las túnicas de los novicios, diciéndoles con afectos de la más profunda humildad: “Id, hijos míos, al coro, a emplear vuestras lenguas en las divinas alabanzas, que yo soy un pobrecito lego, y debo ocuparme todo en serviros”. Os suplicamos, humildísimo Padre nuestro, nos alcancéis de Jesucristo la posesión de esta preciosísima virtud, de que Él mismo nos dio los más admirables documentos, desde su nacimiento hasta su muerte, naciendo para nosotros en un pesebre de bestias, y muriendo oprimido de oprobios en un afrentoso madero, para que de esta suerte reconociendo nuestra miseria y nuestra nada, le tributemos a Dios toda la gloria y el honor que le es debido, y juntamente la gracia que pedimos en esta Novena, para mayor gloria suya y provecho de nuestras almas. Amén.
     
Los Elogios, los Gozos y la Oración se seguirán todos los días.
    
DÍA QUINTO – 28 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días y los tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
    
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, a quien Dios adornó con una paciencia tan sufrida y constante, que no hubo contratiempo ni suceso alguno de la tierra que fuese capaz de alterar la apacible serenidad de tu corazón de nuestras almas. ¿Con qué presencia de espíritu no escuchaste la triste noticia que te dieron tus amados hijos de que el rey de Nápoles había dado orden para demoler tu monasterio, y conducirte preso a su presencia? ¿Con qué paz tan inalterable no sufriste las injurias e indignos tratamientos con que te ultrajó aquel predicador, que movido de un celo indiscreto y de una secreta envidia vituperaba todas tus acciones? Te rogamos, Padre amabilísimo, por esta heroica paciencia que tanto resplandeció en las injurias y afrentas que experimentaste de parte de los hombres, nos alcancéis de Dios esta importante virtud para tolerar todos los trabajos y contradicciones que nos ofrece este valle de miserias en que vivimos, y que lejos de alterar nuestro corazón, los estimemos como que son la herencia y el patrimonio seguro de los escogidos, y juntamente la gracia que pedimos en esta Novena, si es para mayor gloria suya y bien de nuestras almas. Amén.
    
Los Elogios, los Gozos y la Oración se seguirán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 29 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días y los tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
    
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, cuyos espantosos rigores y austeridades te hacen ser mirado en la Iglesia como el modelo y ejemplar vivo de la penitencia cristiana: vos en medio de los poblados y de las cortes, y en la abundancia y esplendidez de los palacios de los mayores monarcas, renovaste los rigores y abstinencias que los Antonios, Hilariones y Arsenios practicaron en lo más interior de los desiertos, no teniendo sino raíces para alimentarte y un áspero cilicio para cubrirte: tu vida fue un perpetuo ayuno, tu cama unos troncos nudosos entretejidos de sarmientos más a propósito para tormento que para descanso: tus disciplinas sangrientas, tus vigilias prolongadas, tus maceraciones jamás interrumpidas; y esto en medio de una vida pura e inocente, que jamás se vio manchada con culpa mortal: ¡oh, cuánto confunden tus ejemplos nuestra tibieza y cobardía al ver que en medio de una vida criminal en que apenas se halla momento que no esté señalado con alguna abominación y delito, nos estremecemos al solo oír el nombre de la penitencia! Por tanto, Padre dulcísimo, te suplicamos nos alcancéis de Dios la gracia de que reconociéndonos reos delante de su Majestad divina, hagamos frutos dignos de penitencia, como que sin ella no podemos conseguir la misericordia ni el perdón de nuestros yerros, y juntamente la espiritual gracia que pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria suya y provecho de nuestras almas. Amén.
    
Los Elogios, los Gozos y la Oración se seguirán todos los días.
    
DÍA SÉPTIMO – 30 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días y los tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
    
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, a quien el celo de las almas redimidas con la Preciosísima Sangre del Redentor, de tal suerte consumía y devoraba tu corazón, que te obligaba a prorrumpir en copiosa abundancia de lágrimas con la triste consideración de las ofensas cometidas contra la infinita bondad; efecto de tu abrasado celo fueron no sólo tus sermones llenos de la unción divina del Espíritu Santo, con que convertisteis tantos pecadores, sino la fundación de tu nueva religión, taller donde se han formado tantos varones apostólicos que, animados del mismo celo que inflamaba tu corazón, han trabajado no sólo en la conversión de los pecadores, sino también en la reducción de los infieles y herejes, habiendo logrado muchos de ellos por esta causa ceñir sus sienes con inmortales laureles, teñidos en su propia sangre: Alcanzad, Padre amabilísimo, para los corazones de los predicadores evangélicos, una centella de ese celo que abrasaba el vuestro, e igualmente para todos aquellos que por su ministerio están empleados en la instrucción y dirección espiritual de las almas, para que de todos sea reconocido y amado Jesucristo nuestro Salvador, y así mismo la gracia que pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria suya y bien de nuestras almas. Amén.
   
Los Elogios, los Gozos y la Oración se seguirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 31 DE MARZO
Por la señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días y los tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
    
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, que por vuestra continua y ferviente oración llegaste a aquel grado sublime de contemplación que te unió tan íntimamente con el Sumo Bien, mereciendo que su Majestad te tratase como su íntimo amigo, manifestándote sus más escondidos arcanos, y haciéndoos penetrar los más recónditos pensamientos de los corazones humanos como si los tuvieses patentes a la vista: de esta escuela divina era donde sacabas aquellos discursos vivos y penetrantes con que tantas veces inflamaste los corazones e hicisteis mudar de semblante las costumbres de ciudades y provincias enteras, que no pudiendo resistir a la poderosa fuerza de tu sencilla y divina elocuencia, confesaron su rendimiento manifestándolo en la repentina mudanza de sus vidas, y reforma general de sus costumbres; te suplicamos humildemente nos alcances de Dios gracia, para que aplicándonos a meditar continuamente en su ley divina, y guardar con exactitud hasta sus menores ápices, nos hagamos agradables a sus divinos ojos, y así mismo la gracia que pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria suya y provecho de nuestras almas. Amén.
    
Los Elogios, los Gozos y la Oración se seguirán todos los días.
    
DÍA NOVENO – 1 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días y los tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
    
Gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, que en premio de tus grandes y heroicas virtudes, mereciste cerrar la cláusula de tu portentosa vida con una muerte preciosa en el acatamiento divino, y en todo semejante a la de Jesucristo nuestro Salvador; pues si su Majestad, para darnos el más heroico ejemplo de humildad el día antes de su muerte se postró a los pies de sus discípulos para lavárselos; vos para imitar este último acto en tu vida la humildad de tu divino maestro Jesús, lavaste también los pies a doce de vuestros discípulos el día antes de tu glorioso tránsito: y el viernes santo, puesto en una asperísima cama de sarmientos, reclinado sobre la Cruz de tu amado, consumido al rigor de tus penitencias, respirando tu corazón incendios y ardores celestiales, hecho dulce víctima de la caridad y del amor divino, exhalaste el postrer aliento de tu vida en el mismo día en que el Redentor dio la suya en el Calvario por nuestra salud y remedio eterno. Suplicámoste, amantísimo Padre, nos hagáis experimentar los efectos de tu poderosa protección en todo el tiempo de nuestra vida, y con especialidad en la hora terrible de nuestra muerte, en aquel crítico momento en que se ha de decidir nuestra eterna suerte: y si el verdadero secreto para morir con la muerte de los justos es el vivir como ellos vivieron, alcanzadnos del Señor el que imitemos tus heroicas virtudes, y consigamos por medio de su constante práctica la perseverancia final, y así mismo la gracia que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios y provecho de nuestras almas. Amén.
   
Los Elogios, los Gozos y la Oración se seguirán todos los días.
    
ÚLTIMAS PALABRAS QUE DIJO EL SANTO PARA EXPIRAR: Señor mío Jesucristo, Justo Juez de vivos y muertos, tened misericordia de mí y de todos los difuntos. Amén.

viernes, 1 de enero de 2021

TRECE VIERNES EN HONOR A SAN FRANCISCO DE PAULA

Traducción por el Padre Fray Miguel de Morales del Ejercicio devoto publicado originalmente en italiano y reimpreso en Nápoles por Stefano Abate en 1750; impreso en México por la oficina de Alejandro Valdés en 1832.
     
MODO QUE SE HA DE GUARDAR EN PRACTICAR LA TRECENA
Lo primero: ésta se ha de hacer en trece viernes consecutivos; solo en caso de ocurrir alguna enfermedad o particular olvido, u ocupación, que en este caso se continuarán después sin volver al principio. La primera disposición para lograr lo que por este medio se pidiere, es la sagrada confesión y comunión, la cual si se hiciere en todos trece viernes, sería más útil: mayormente si a ella se juntase algún rato de oración mental, lección de libros devotos, retiro de criaturas, algunas limosnas, y menos exceso de superfluidades. Si no pudiere el devoto confesar y comulgar todos los viernes, lo ejecutará en los que pueda, y lo mismo digo de la misa o misas que en el altar del Santo se suelen decir, y de las velas que suelen traer, pues todo esto solo se pide en los que buenamente pudieren cumplirlo. Hay otra equivocación entre los devotos, que piensan se ha de tener y tienen durante la misa la vela en la mano; y no ha de ser así, sino al tiempo de hacer el ofrecimiento, y de rezar los tres Padre nuestros, &c. Y este ofrecimiento, aunque lo mejor es ejecutarlo en la capilla o iglesia del Santo, no obstante si hubiere algún embarazo lo puede hacer cada uno en su casa a solas, o en compañía de su familia, en la hora y sitio que mejor le pareciere: para lo cual pondrá dos velas encendidas sobre una mesa a los lados de una cruz, y estampa del glorioso Patriarca, teniendo otra en la mano, o en un candelero delante, si te estorbase en la mano a la leyenda. Esta vela representa la caridad y devoción que desea en su alma encender, juntamente con la fe y la esperanza, que significan las otras dos. Si sobre esta práctica se le ofreciere al devoto alguna duda, procurará salir de ella, consultando a su confesor, o a otra persona de juicio. Lo que se ha de rezar, el mismo libro lo dice: y si quisiere repetir en todos los viernes el himno del Santo, que aquí va puesto, junto con su responsorio, también será conveniente; fiando en Dios que por este medio conseguirá los bienes temporales, según convenga, y seguramente los eternos. Pongo aquí al principio el sumario de las indulgencias concedidas a los que traen su cordón escapulario, y profesan su tercera regla, para animar así a todos a esta espiritual conquista, con la muestra de tan peregrino fruto. Pero debe advertirse, que hay grandísima diferencia entre los meros devotos y los terceros que toman el cordón y escapulario del Santo: porque los devotos no ganan aquellas indulgencias y privilegios especiales que los terceros: y así, si quieren gozarlos todos deben tomar el cordón y escapulario, y profesar al año. Quiera Dios nuestro Señor que en todo se logre el santo fin que yo deseo. Amén.
   
TRECE VIERNES EN HONOR A SAN FRANCISCO DE PAULA
   
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
     
VIERNES PRIMERO
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Oh gloriosísimo y prodigiosísimo benjamín de Dios, que jamás le pedisteis gracias, que prontamente no os fuesen concedidas: alcanzadme dolor y remisión de todas mis culpas, espíritu y fuerza para no cometerlas, como lo he prometido en e! santo sacramento de la confesión: para que en virtud de vuestra grande humildad, mediante vuestro poderosísimo patrocinio, pueda recibir del mismo Dios la gracia de… para que sea a mayor gloria suya, honra vuestra, y salud de mi alma. Os ruego, Padre mío, me la intercedáis por vuestra gran santidad, anunciada del cielo con lenguas de fuego en el tiempo de vuestra concepción, pues se vio poner una gran llama de fuego sobre la casa de vuestros padres. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego, por aquella paz que anunciaron al mundo los ángeles en el tiempo de vuestro nacimiento, pues se oyeron con grande armonía y melodía del cielo hacer júbilo y fiesta. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella celestial virtud, que muchas veces os hizo estar a un mismo tiempo en la iglesia orando, y en el convento de los frailes menores sirviendo, cuando por divino decreto morasteis allí un año entero. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella humildad con que llevasteis en vuestras manos desnudas y purísimas, los carbones encendidos, para ponerlos en el incensario, sin lesión imaginable. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el ardiente fuego de amor con que milagrosamente sazonasteis la comida del convento a vos entregada. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella castidad tan grande que tentado del fogoso Asmodeo en forma de bellísima doncella, os hizo despreciar tal incendio en claro arroyo. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella constancia de ánimo con que resististeis tantas veces las trazas espantosas de Satanás, que quería haceros abandonar la amada cueva en que habitabais. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la gran fe que tuvisteis, mandando a un gran monte que impedía la fabrica de la iglesia (dibujada de celestial mano), se retirase a otra parte, lo que hizo obediente a vista de todos. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella prodigiosa facilidad que tuvisteis moviendo y llevando maderos y piedras tan grandes para la iglesia, que muchas personas unidas, apenas las hubiera podido mover. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la admirable fortaleza que infundías en vuestros obreros, moviendo también ellos un gran peso, solo con que fuese primero tocado de vuestras manos. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el grande ánimo que tuvisteis, andando descalzos y desnudos los pies, sobre un montón de brasas, y una hoguera imaginable. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquel ardiente afecto que os movió a resucitar a uno de los albañiles, que quedó muerto debajo del puente de vuestra fábrica; siendo, también hallados otros por vuestra virtud milagrosamente libres, habiendo caído también debajo. Padre nuestro y Ave María.
   
Finalmente, Padre mío, os ruego por la piedad que tuvisteis con los mismos obreros, que se hallaban sedientos, allá en el monte Espineli, haciendo saltar un copioso raudal de agua, para que apagasen su ardiente sed: el cual raudal todavía se conserva allí, experimentándose saludable a los enfermos. Padre nuestro y Ave María.
   
Si la grande humildad que tuvisteis fue bastante para obrar tantos milagros y tan señalados prodigios: ¿por qué no tengo de esperar yo que en virtud de esta misma humildad, seáis bastante, para alcanzarme benignamente esta gracia, que humildemente os pido: y que demás de esto me alcancéis vigor y espíritu para mantenerme en el firme propósito de no ofender mas a su divina Majestad? Sí, que yo lo espero, ¡oh mi grande abogado! Y confió, que después de mi muerte he de ir donde estáis vos, a alabar y bendecir a Dios, y a la soberana Reina del cielo, por todos los siglos. Amén.
  
HIMNO “Brútio natus”
En la de Paula villa de Calabria,
Nació Francisco, el mundo decadente:
Y en milagros famosos le conserva
Francia por suerte.
   
En vida quiso en todo ser humilde,
Y que de Mínimo nombre se le adecúe:
Para por siempre en celestiales coros,
Ser eminente.
   
Y así dispuso que llamados fuesen
Sus hijos Mínimos: porque humildes fuesen,
Y que por esta gran virtud lograran
Gloria perenne.
   
A todo enfermo que frecuente acude
A su sepulcro, da remedio en breve:
Dando a los míseros, que su auxilio imploran,
De salud, bienes.
   
El ciego vista, y su andar el cojo;
Vida el difunto que cortó la muerte;
Su oído el sordo, y su hablar el mudo,
Logran alegres:
   
Ahora a Dios Trino y Uno que a los justos,
Y de cierto humildes, su gloria concede,
Todos a un tiempo las debidas gracias
Le den los fieles.
     
RESPONSO “Si quǽris mirácula”.
Si milagros solicitas
Y maravillas pretendes,
En San Francisco de Paula
Los has de hallar eminentes.
   
Pues todo lo imaginable
La naturaleza y muerte,
(Y aun parece que también
El mismo Dios) le obedece.
   
El mar rinde su braveza:
Los peñascos se suspenden:
Su ser voraz deja el fuego:
Los muertos a vivir vuelven.
   
La enfermedad se retira:
El peligro desparece:
Díganlo, viejos y mozos,
Y los Paulanos lo cuenten.
   
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
Y a su Espíritu igualmente.

El mar rinde su braveza:
Los peñascos se suspenden:
Su ser voraz deja el fuego:
Los muertos a vivir vuelven.
   
¡Oh San Francisco de Paula!
A Dios por nos intercede:
Para que dignos logremos
Promesas de Cristo alegres. Amén.
   
Antífona: Imitando San Francisco de Paula en santidad y justicia a Jesucristo, sufrió un dilatado martirio: mortificó su cuerpo: y peleando fuertemente, venció, con su pobreza y humildad, al enemigo común, soberbio y arrogante.
℣. ¡Oh bienaventurado Padre San Francisco de Paula!, ruega por nosotros.
℞. Para que seamos dignos de los prometimientos de Jesucristo.
  
ORACIÓN
Oh Dios y Señor nuestro, grandeza de los humildes, que al bienaventurado San Francisco de Paula, tu confesor, le entronizaste con la gloria de tus santos: rogámoste, Señor, nos concedas conseguir felizmente por sus méritos y por su imitación, los premios que a los humildes tienes prometidos. Por Jesucristo Señor nuestro. Amén.
  
GOZOS AL GLORIOSO PATRIARCA SAN FRANCISCO DE PAULA
   
Sois lucero de humildad,
Francisco, en Paula nacido:
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Es Mínimo vuestro nombre,
Porque al honor mundano
Gustasteis darle de mano
Con tan sabido renombre:
Y en fe de aquesta verdad,
Llevamos vuestro apellido:
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Con trabajo corporal
Un templo a Dios dedicasteis,
Donde milagros obrasteis,
Que os tienen hecho inmortal:
Gozando la eternidad
Que el humilde ha merecido:
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Sois de Cristo tan amado,
Francisco glorioso y santo,
Que cual nave en vuestro manto
Pasasteis el mar salado: 
Sin que su ferocidad,
Ni el viento os haya ofendido:
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Con tal celo a Dios amasteis
Que todo temor huyendo,
En medio de un horno ardiendo,
Sin lesión alguna entrasteis:
Donde por vuestra bondad
Fénix de Cristo habéis sido: 
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Una suprema virtud del cielo
Os fue concedida,
Para dar a muertos vida,
Y a los enfermos salud;
Al cautivo libertad,
Contento al ciego y tullido: 
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Día en que Cristo murió
Quiso, Francisco, murieseis,
Porque a su gloria partieseis,
Cuando la luz nos faltó:
Mas con nueva claridad
Después habéis parecido:
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Pues cual nuevo precursor
La caridad nos mostráis,
Y el celo con que le amáis,
Os abrasa en vivo ardor:
En cualquiera adversidad
Socorréis al afligido:
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Y la virtuosa casada,
Que con devota oración
El fruto de bendición
Pide a la Virgen sagrada:
Por ella, vos suplicad
Que le sea concedido: 
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Sois en la tormenta puerto;
Dais lengua al que nació mudo:
Sois contra el demonio escudo,
Y resurrección del muerto:
Y en cualquiera enfermedad
Sois médico esclarecido:
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
Y pues que sois abogado
De todos los pecadores,
Rogad por los bienhechores,
Al Verbo Eterno encarnado:
Al triste le consolad,
Y restituid lo perdido. 
Mínimo de Dios querido,
Nuevo sol de caridad.
   
℣. ¡Oh bienaventurado Padre San Francisco de Paula!, ruega por nosotros.
℞. Para que seamos dignos de los prometimientos de Jesucristo.
   
DEPRECACIÓN A NUESTRO PADRE SAN FRANCISCO DE PAULA
¡Oh gloriosísimo Padre mío San Francisco de Paula!, que después de haber navegado con seguridad el proceloso mar del mundo, habéis venturosamente arribado al puerto seguro de la ciudad celestial, donde gozáis el fruto de vuestro sudor, y la recompensa de vuestras heroicas fatigas: suplícoos, santo mío, que en medio del gozo y alegría que poseéis en el paraíso, os muevan a piedad mis afanes: yo estoy batallando en la tierra, cuando vos triunfáis en el cielo; yo estoy en el peligro de perderlo todo, cuando vos gozáis una seguridad eterna: socorredme, por medio de vuestra intercesión: animadme con vuestra protección; y supuesto que no podéis perder la felicidad que gozáis, muévaos a compasión un miserable que está incierto de su salud. Ya no tenéis cuidados ni pensiones que os ocupen, para merecer la gracia del Señor, pues os estáis saciando de ella en su divina frente. Empeñaos, pues, por vuestra gran caridad, en procurarla e impetrarla para mí: yo os lo suplico, amante Padre mío, en el nombre del Señor, que os ha puesto en el número de los escogidos, y que con tanta gloria os ha hecho feliz, por una eternidad. Así sea.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
VIERNES SEGUNDO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
¡Oh palomo inocentísimo de pureza, y luminosa hacha del Espíritu Santo, glorioso serafín de Paula! Aquí me tenéis de nuevo a vuestros pies, postrado humildemente, a suplicaros por vuestra grande mortificación que me alcancéis de Dios la gracia que deseo, y que sea conforme a su voluntad santísima, en la cual totalmente me resigno.
    
Os ruego por la grande fe que tuvisteis cuando sin lesión alguna entrasteis y salisteis de un horno encendido, apartando el fuego que amenazaba la total ruina de vuestro convento. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella gran piedad que os obligó a tener prodigiosamente suspendido un gran peñasco, que precipitadamente iba a caer sobre vuestros operarios.  Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquel ardiente amor que os hizo nuevo Moisés, hiriendo con el báculo las duras piedras, y sacando perennes aguas. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego por el gran celo que tuvisteis de la paz, pues por sosegar discordias entre dos hermanos, mandasteis a un gran árbol se dividiese, el cual obedeciendo lo ejecutó, y dividido fructificó. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el espíritu con que plantasteis en la tierra siete castañas, las cuales instantáneamente produjeron siete castaños grandes. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego por aquella celestial virtud con que resucitasteis algunas veces peces ya muertos, y aun hechos trozos, para confusión de algunos malvados hombres. Padre nuestro y Ave María.
  
Ruégoos por la caridad con que saciasteis a veinte obreros solo con un pequeño higo. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella santidad con que hicisteis mansos y obedientes dos toros bravos, y uno de ellos habiéndose quebrado una pierna, huye al instante libre y sano, solo con haberle tocado vos con vuestro báculo. Padre nuestro y Ave María.
  
Ruégoos por aquel puro afecto que tuvisteis a un inocente corderillo vuestro, que consumido en el fuego, y reducido a carbón y ceniza, llamado de vos salió saltando sin lesión alguna. Padre nuestro y Ave María.
  
Ruégoos por la bondad que mostrasteis a cincuenta hombres, a quienes mandasteis ir a cortar madera a un distante bosque; y no teniendo qué darles los socorristeis por mano angélica, con rico pan y sobradísimo vino. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella humildad con que volvisteis en criatura humana racional lo que nació tan monstruoso que parecía una horrible bestia, y vos la redujisteis a un hermosísimo niño. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la entereza que tuvisteis en mandar a un religioso, fuese con vuestro báculo a reparar un encendido horno que se arruinaba, y salió indemne de sus llamas. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la prodigiosa providencia que usasteis con vuestros religiosos, en tiempo de extrema carestía, haciéndoles probar aquellas raíces más viles del huerto, las cuales al instante se convertían en maná, como a los judíos en el desierto. Padre nuestro y Ave María. 
      
¡Oh gloriosísimo Padre San Francisco de Paula, no me neguéis, os suplico, vuestro prodigioso patrocinio! Yo espero del Señor, que en virtud de vuestra grande mortificación, me ha de conceder la gracia que le pido; porque no me parece posible, en algún modo, vuelva desconsolado, quien a vos se encomienda. Y ahora, Padre mío, que cara a cara gozáis la presencia de aquel Dios que en esta vida os fue tan largo y generoso en concederos beneficios y favores; me prometo yo salir, por vuestros méritos, beneficiado: confío unir mis débiles alabanzas a las ardientísimas vuestras, y dar siempre infinitísimas gracias a su divina Majestad. Amén.
   
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
VIERNES TERCERO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
¡Oh Taumaturgo santísimo, niña de los ojos de Dios, piedra preciosísima de santidad, ejemplo singularísimo de castidad, que por espacio de noventa y un años, que vivisteis en este valle de miserias, jamás manchasteis el sello candidísimo de vuestra pureza! Por esta tan señalada prerrogativa, y por tantos y tan maravillosos prodigios como habéis obrado, os ruego me alcancéis la gracia que deseo: y para conseguirla, recurro a vuestro altar en estos trece sagrados días, destinados a la Pasión de nuestro Redentor Jesucristo.
     
Ruégoos por la modestia que tuvisteis, resucitando a vuestro sobrino, difunto de tres días (no de cuatro), por no igualar en esto a Jesucristo. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquel maravilloso éxtasis en que fuisteis visto seis codos levantado de la tierra, todo resplandeciente, y adornado de una majestuosa Virreina pontificia, y preciosísima tiara. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la tierna virtud, tantas veces conocida, en el encender las lámparas y velas del altar solo con vuestros suspiros. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la alegría que tuvisteis cuando os fue enseñada del Cielo la forma del capucho que debíais traer: y cuando San Miguel os trajo la insignia de vuestro orden. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella humildad que practicasteis curando a un caballero en un instante una llaga pútrida y llena de gusanos solo con aplicarle unas yerbas, por huir (huyendo en vano) del aplauso y gloria de ser vos el libertador y médico. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el afecto con que resucitasteis otros tres muertos en Paula, y sanasteis de cuerpo y alma a un mancebo que estaba expirando. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la suma confianza que tuvisteis en Dios, cuando mandasteis a otro gran monte se sepultase en la tierra, el cual obedeció, y quedó una amenísima llanura. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego por la fe grande, con la cual a un sencillo golpe de vuestro báculo, hicisteis nacer al instante piedra, arena, y agua para fábrica de un convento.  Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la bondad con que obrasteis tantos y tan grandes milagros en el mismo lugar, trayendo o suspendiendo en el aire muchas veces maderos y piedras que se caían. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el dominio que en todos tiempos tuvisteis sobre el demonio; pero especialmente cuando le hallasteis impidiendo el transporte de un madero, que con vuestro báculo le obligasteis a que le llevase al lugar destinado. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la confusión que el mismo demonio tuvo cuando vino a vuestra celda a injuriaros y maltrataros, y os halló en compañía de los ángeles, a oír cánticos y melodías, y se volvió avergonzado y corrido. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella grande pobreza que tuvisteis, que movió a los ángeles a traeros en tiempo de gran penuria una carga de pan. Padre nuestro y Ave María. 
       
No desconfío en esta mi urgentísima necesidad de vuestra poderosísima intercesión, ¡oh ángel santísimo de pureza!, antes sí espero que consiguiendo esta gracia que os pido continuaréis en asistirme con vuestra protección, a fin de que trocadas mis malas costumbres en buenas, pueda servir a Dios todo el restante de mi vida, y en el extremo y tremendo día del juicio me halle con vos en el lado de los escogidos. Amén.
   
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
VIERNES CUARTO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Ya son notorias mis necesidades, ¡oh clementísimo patriarca San Francisco de Paula!, sol esplendidísimo de la Europa, y aun de todo el mundo. A vos me vengo, como enfermo al médico, como sediento a la fuente; y aun podré decir, al dilatado mar de nuestra suma beneficencia: ayudadme, padre mío, que postrado os lo suplico, por el ardientísimo amor que tuvisteis a nuestro redentor Jesucristo, me alcancéis esta gracia, y que sea conforme al beneplácito divino; al cual en todo rendidamente me resigno
    
Ruégoos por el espíritu con que curasteis a una princesa que recurrió a vos de un mal incurable; y no teniendo qué darle más que yerbas, os fue traída por celestial mano cantidad de peces. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella piedad que os hizo resucitar a un muerto hallado por unos cazadores, arrecido del hielo en un monte debajo de la nieve. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la luz de profecía que tuvisteis, conociendo y aceptando los frutos no robados, y rehusando aquellos que eran de otro dueño, en un regalo que os hizo un labrador. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la prontitud con que llevasteis, sin la más mínima lesión, carbones encendidos en la mano, para confundir la temeraria lengua de un hombre malvado que os trataba de hipócrita, el cual arrepentido y postrado, os pidió perdón. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la modestia tan usada de vos en descubrir proféticamente los defectos del alma a quien recurrió a vos por remedio para los ojos, y con vuestro poderoso patrocinio quedó sano, con vista espiritual y corporal. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella celestial virtud que os hizo ver con el espíritu a un amigo vuestro, que se perdió una noche oscurísima y tempestuosa entre barrancos y peñascos, en evidente peligro de precipitarse, enviando dos religiosos par a ayudarle y librarle. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la caridad que usasteis con uno, grandemente indispuesto, apareciéndotele de noche, todo resplandeciente y lleno de luces, y despertándole al instante quedó sano. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego por aquella bondad que os indujo a entrar con un poco de lodo en un horno de cal encendido, a tapar unas aberturas que habían hecho las llamas, amenazando gran daño a toda la vecindad.. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella más que humana sabiduría que mostrasteis cuando después de haber alimentado algunas personas suficientemente con pocos higos, dándole tres a otro y mandándole que los guardase, le pronosticasteis la pérdida de todos sus bienes si los dividía, como de hecho sucedió. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la fe que tuvisteis en tiempo de gran sequedad, mandando a un arroyuelo, que distaba tres millas, viniese con vos al lugar, el cual, no obstante que había peñas y montes, siguió el camino que vos le señalasteis con el báculo, hasta llegar al lugar. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el celo que tuvisteis corrigiendo a un devoto, perdido de amores escandalosos, el cual por vuestras amonestaciones fue librado del espíritu de liviandad que le molestaba; y haciéndose religioso vuestro, fue ejemplar. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la compasión que tuvisteis de un ahorcado que hallasteis en un camino muerto ya de tres días y corrompido en el suplicio, del que mandando cortar las cuerdas al compañero, con un brazo le resucitasteis, y le vestisteis el sagrado hábito de vuestra orden. Padre nuestro y Ave María. 
       
Ruégoos por aquel amor que tuvisteis siempre al prójimo, especialmente cuando bendiciendo un pozo de agua salobre se endulzó; y mucho después, porque desconfiaron de vuestra providencia, se volvió amarga; pero jamás perdió la virtud que vos le disteis, de sanar continuamente a los enfermos. Padre nuestro y Ave María.
   
Yo, Padre mío, soy también por mis culpas un pozo de aguas podridas y amargas; y no soy digno que vos, cordero purísimo, lleno de tantas gracias, bebáis en estas aguas. Y así, a vos toca, ¡oh fuego ardientísimo de caridad, serafín de amor! purificarme con vuestro patrocinio, y endulzar con vuestra autorizada bendición el cenagoso pozo de mi alma; a fin de que pueda obtener y alcanzar de su Majestad esta gracia que pido, y conservarme tal cual conviene a quien está elegido para llenar las resplandecientes sillas del paraíso; y no el número de aquellos que por toda la eternidad han de hacer su estancia en el pozo tenebroso y horrendo del infierno, de quien Dios me libre por su infinita piedad y misericordia. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
VIERNES QUINTO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Oh columna dulcísima de santidad: que así presidisteis en el desierto de este mundo con la luz esplendidísima de vuestros infinitos, milagros, para guiar por el rojo mar de la Fe a la prometida tierra de celestiales favores; sedme escolta, (¡oh prodigioso Moisés de la nueva ley!) para que venciendo al Faraón del infierno, y recreado con el sabroso pan del augustísimo sacramento, pueda, en virtud de vuestra gran fe, llevar mis vivísimas súplicas a su divina Majestad, par a conseguir esta gracia.
    
Ruégoos por aquel espíritu profético con que pasando por Mesina señalasteis a vuestros compañeros el sitio donde después de algunos años se había de fundar un insigne convento de vuestra orden. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la caridad con que saciasteis en el mismo viaje a todos vuestros compañeros por muchos días con un pan solo, que milagrosamente fue hallado en el zurrón de algunos peregrinos. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la gran fe con que obrasteis aquel famoso prodigio de pasar el Faro de Mesina con vuestros dos compañeros sobre vuestro manto, para confusión de los marineros que os negaron el embarco. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la apostólica fatiga, sufrida por vos tres años, por convertir (como se verificó después) un lugar pobladísimo, que era una babilonia de discordias y confusiones. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella generosa intrepidez, con la cual llevasteis los carbones encendidos en las desnudas manos, al prelado que os disuadía el cuarto voto de perpetua vida cuaresmal. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la virtud que infundisteis en una campana, la cual, aun en estos tiempos, espanta con su sonido las tempestades del vecino mar, para consuelo de aquellos navegantes y devotos vuestros, que en este tempestuoso mar fluctúan. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la modestia con que profetizasteis el tiempo preciso en que se pondría en libertad la Liguria, después de tantos estragos y muertes, anunciadas también de vos. Padre nuestro y Ave María.
  
Ruégoos por la humildad, con la cual hicisteis tantos y tales milagros, al tiempo que los soldados del rey de Nápoles os cercaron, para llevaros y meteros en su prisión; y especialmente haceros tantas veces invisible a su presencia. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la paciencia con que sufristeis las graves persecuciones del mismo rey, de quien después fuisteis su confidente: y por la gran bondad de vos ejercitada multiplicasteis a sus soldados prodigiosamente el pan. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el dolor que tuvisteis pronosticando la pérdida de Otranto en manos de mahometanos; con otros muchos males que sobrevinieron a dicha ciudad. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la compasión que tuvisteis de un capitán, vuestro amigo, dándole a él y sus soldados una vela bendita por vos, en virtud de la cual volvieron todos vivos y sanos de una batalla, excepto uno que despreció el don, y haciendo burla, quedó muerto y con tanto hedor, que corrompía, como vos lo pronosticasteis. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el amor que mostrasteis a vuestra patria, al tiempo que ibais a Francia, subiendo a un alto monte a bendecirla, en el cual quedaron estampadas las huellas de vuestros pies; como sucedió al Redentor en el monte Olivete. Padre nuestro y Ave María. 
       
Os ruego por aquella obediencia que tuvisteis al Papa, poniéndoos cargado de años, en un tan largo y peligroso viaje de la Francia (como ya antes le habíais pronosticado) a recibir el breve de su Santidad. Padre nuestro y Ave María.
   
Cuando no hubiera una plenísima fe en vuestro segurísimo patrocinio; el ejemplo de tantos y tan estupendos prodigios bastaría a hacerle hermosear, aun adonde jamás hubiera habido vestigios de fe: premiadla, pues, benignamente con la impetración de esta gracia que rendidamente os pido. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
VIERNES SEXTO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
¡Oh ejemplar de pobreza, norma de santidad, espejo de continencia, salud de los enfermos, consuelo de afligidos, abogado benignísimo de mujeres estériles, dechado de humildad, de paciencia y austeridad: gran profeta, sagrado legislador y prodigiosísimo obrador do milagros! Me confieso, me conozco sin méritos para recibir de Dios esta gracia que os pido; y por eso recurro á vuestros méritos, á¡ vuestra intercesión, con seguridad, que mediante vuestro poderosísimo patrocinio, y en virtud de vuestra gran pobreza, que he de ver cumplidos mis deseos, y oídas mis fervorosísimas súplicas.
    
Ruégoos por aquella grande alegría que tuvisteis, pronosticando la recuperación de Otranto de las manos de los infieles, y el martirio glorioso por la fe de un amado vuestro. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el dominio que tuvisteis aun sobre los irracionales; especialmente cuando mandasteis al jumento dejase las herraduras para confusión del que se las puso, y él prontamente obedeció. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la moderación de ánimo con que recibisteis los encuentros, los honores, y en recibimiento del rey de Nápoles, quien os trató con la igualdad de un gran monarca, después de haberos tenido tanto odio y aborrecimiento. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la edificación que tuvo de vos el mismo rey, cuando por las rendijas de la puerta os vio en éxtasis, levantado de la tierra, todo iluminado y resplandeciente. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la templanza que practicasteis, no queriendo gustar los peces fritos, que os envió el rey; antes bien con la señal de la cruz los resucitasteis volviéndolos al rey vivos y hermosos. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquel generoso desprecio que hicisteis de una gran cantidad de monedas de oro que os dio el mismo rey para la erección de un monasterio: y para que el rey viese era sangre de sus vasallos, rompisteis una, y de ella salió sangre. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la humildad con que escogisteis, también en Nápoles, para la fundación de un nuevo convento, el lugar más vil y despreciado que allí había, siendo ahora el más célebre, como lo dijisteis, con otras muchas cosas, que después han sucedido en el mismo convento. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego por aquella santa modestia, tan usada de vos, en resistir la dignidad sacerdotal, ofrecida del pontífice, cuando profetizasteis el pontificado de Julio II. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquel lumen profético con que predijisteis en Roma la erección de un convento de vuestra orden, en el monte Pincio; y el pontificado a León X, niño de diez años; y de vuestra canonización, corno sucedió después de vuestra muerte, por el mismo León X. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la piedad que os movió a hacer crecer el mar milagrosamente en el puerto de Ostia, para desencallar la galera que os había de llevar a Francia con el hijo del rey de Nápoles, y otros príncipes, que os acompañaban por su propia devoción. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquel espíritu profético con que a vista de Génova pronosticasteis la fundación de un convento vuestro sobre Montesano. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la virtud con que hicisteis permanecer en seco, en medio del golfo de León, el navío de corsarios que pretendían apresar la galera, y poner en cadenas a cuantos con vos venían navegando. Padre nuestro y Ave María. 
       
Ruégoos por la compasión que tuvisteis en Bormes de algunos albañiles que no podían mover un gran madero, y con una palabra vuestra se aligeró como una paja: habiendo vos, poco antes, también en Bormes, dejado estampadas en una piedra las plantas de vuestros pies. Padre nuestro y Ave María.
   
Bien sé, Padre mío, que no tengo otro obstáculo que me pueda impedir esta gracia, más que mi pasada vida, gastada en tantas culpas, en tantos pecados: y por eso con propósito firme ahora ratifico de enmendarla, pidiendo perdón a su divina Majestad, interponiendo (oh divino profeta) los méritos de vuestra inmensa pobreza, vuestras santas e inmaculadas costumbres, a fin de que os dignéis de alcanzármela. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
VIERNES SÉPTIMO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
¡Oh admirabilísimo resucitador de muertos, azote de los demonios, alegría de los ángeles, y mongibelo ardentísimo de caridad! Sí: que tuvisteis tanta en vos mismo, que aunque no hubiera habido otra en el mundo, en cierto modo, sería la vuestra bastante para todas las criaturas. Yo os pido un rasgo, no para obrar, como vos, prodigios y milagros; sí para hallarme menos indigno en presencia de vuestro altar, para recibir de Dios la gracia que en virtud de la misma caridad os suplico me la concedáis. Así sea.
    
Os ruego por la paciencia que tuvisteis, cuando de una devota multitud de pueblo os fue cortado y roto vuestro hábito hasta la rodilla, el cual en un instante creció milagrosamente, como estaba antes. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la compasión que tuvisteis, pasando la Francia, en una aldea del Delfinado que carecía de agua, que hiriendo con el báculo la tierra, hicisteis brotar una viva fuente. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la humildad con que recibisteis del rey de Francia, Luis undécimo, tantos honores, pues os recibió con caballería y procesión, como si fuerais legado apostólico; y en el mismo lugar donde os encontró, os erigió un convento para perpetua memoria. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por vuestra inmensa virtud, la cual obró que un par de vuestros zuecos echados en el mar sosegase sus furiosas olas, y se pusiese en calma. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la prudencia que usasteis con el mismo rey, induciéndole y obligándole a quitar las gabelas a sus vasallos; y rehusando los tesoros y joyas, ofrecidas del mismo rey, por instigación de un malvado, para probaros y experimentaros. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la grande admiración que tuvo de vos el rey, con toda su corte, cuando os halló en su bosque orando elevado en el aire, todo rodeado de resplandecientes rayos. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la modestia con que pronosticasteis al rey Luis varios sucesos, y particularmente su muerte, después de haberle dado el hábito de vuestro tercero. Padre nuestro y Ave María.
  
Ruégoos por la oración y ayunos que hicisteis veinte y tres días continuos, para impetrar a las armas de Carlos IX la victoria que vos le anunciasteis; el cual en agradecimiento erigió un nuevo convento. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la fe, con la cual hicisteis a Fernando rey de Castilla continuase en el cerco de Málaga, que vergonzosamente levantaban; pronosticándole que, después de tres días, conseguiría la conquista de la ciudad, y el total estrago de los moros. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el amor que siempre tuvisteis al prójimo, especialmente cuando disteis una vela bendita por vos a un soldado: en virtud de la cual, llevándola debajo de la celada, herida la frente de una bala de canon, quedó ileso y libre. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el ardentísimo celo que tuvisteis, concediendo al emperador Maximiliano algunos religiosos para la fundación de muchos conventos de vuestra orden en Germania: pronosticando la grande utilidad que debían sacar los cristianos, y la gran pérdida que debían padecer los herejes. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el espíritu con que profetizasteis varias cosas a la Francia, después que mediando vos, se pacificó con Bretaña. Padre nuestro y Ave María. 
       
Ruégoos por el grande agradecimiento que tuvisteis al mismo rey Carlos; pues en recompensa de tantos conventos como hizo en Francia, y también en Italia, le asististeis con vuestras oraciones; de tal suerte, que con solo siete mil soldados se defendió y derrotó cuarenta mil, como vos se lo habíais pronosticado. Padre nuestro y Ave María.
   
Si con vuestra infinita calidad obrasteis tantas y tan prodigiosas maravillas en Germania, España, Francia, y por vuestra Italia: alcanzadme también a mí la gracia que pido; para que yo también pueda decir con los demás devotos vuestros: que ninguno que confió en vos quedó confuso, porque sois refugio de los afligidos, norte y guía de los que caminan errados, y mano del Omnipotente. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
VIERNES OCTAVO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Poderosísimo tesoro de las misericordias de Dios, estrella de las mayores que resplandecen en el firmamento de la católica Iglesia, piadosísimo y pacientísimo San Francisco: aquí tenéis a vuestros pies un indigno siervo vuestro, oprimido de innumerables v graves culpas: un miserabilísimo pecador, que no teniendo valor ni mérito para ocurrir a su divina Majestad, para conseguir la gracia que pido, vengo postrado humildísimamente a suplicaros, por vuestra paciencia, os dignéis de alcanzármela, para que sea a mayor honra vuestra, como lo espero. Así sea.
    
Ruégoos por el ardientísimo celo con que despreciasteis y reprendisteis sin temor alguno al rey de Francia de aquellos pecados, que él sabía ciertamente no había más testigos que los ojos de Dios. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la piedad que tuvisteis con los sobrinos del obispo de Granoble, oprimidos de una peligrosísima indisposición, que con un pequeño pan que les enviasteis, fueron milagrosamente sanos al instante. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la compasión que tuvisteis a una señora parienta del mismo obispo, la cual habiéndole entrado por la boca un áspid venenoso en el vientre, estando dormida, quedó libre y sana con un poco del mismo pan. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la modestia que practicasteis con los doctores de la Sorbona, descubriéndoles los secretos de sus corazones, diciéndoles maravillosamente altísimas y sutilísimas cuestiones de teología, dictadas del Espíritu Santo: habiéndoles primero predicho tu venida. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la caridad que usasteis con un caballero joven, el cual, viniendo por la posta a vestirse vuestro santo hábito, cayendo del caballo se estropeó de tal suerte la mano derecha que juzgaron los cirujanos ser necesario cortarla; pero vos milagrosamente le curasteis en un instante. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la gran fe que tuvisteis, librando a un novicio poseído del demonio, solo pronunciando el santísimo nombre de Jesús, después de ser (aunque en vano) conjurado de sacerdotes. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el amor que mostrasteis a un sobrino vuestro, que nació mudo, las piernas estropeadas, las manos mancas, después de haber proféticamente revelado a sus padres sus pecados, prodigiosamente lo sanasteis. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego por aquella bondad con que curasteis a un loco furioso, que muchas veces había causado algunas peligrosas ruinas, y era notablemente dañoso al prójimo. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por lo agradecido que os mostrasteis al obispo de Roses, vuestro amigo, restituyendo a la vida a un sobrino suyo que estaba expirando, y el alma en ocasión de perderla. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la abstinencia que tuvisteis ocho días enteros sin comer ni beber, estando continuamente en oración, solo por saber la voluntad de Dios acerca de la obligación del cuarto voto de perpetua vida cuaresmal: habiéndoseos aparecido primero el demonio en forma de ángel para disuadíroslo. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la paciencia que tuvisteis, no obstante el mandato vuestro, viendo llevar a algunos albañiles al refectorio carne asada para comerla: la que puesta en la mano, al instante se llenó de pestilentes gusanos. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la gran confianza que tuvisteis en el Altísimo cuando para mostrar que no era difícil la observancia del cuarto voto, ni otra cualquiera cosa que se emprenda por Dios, cogisteis, sin lesión alguna, un brasero encendido en vuestras manos. Padre nuestro y Ave María. 
       
Ruégoos por aquella santa simplicidad con que acariciando una gran sarta de varios peces que os dieron, les resucitasteis. Padre nuestro y Ave María.
   
¡Oh ejemplo maravilloso de paciencia! Si tuvisteis tanta compasión de los irracionales, ¿cuánto debo yo esperar que la tengáis de mí, que soy imagen de Dios, obra de sus omnipotentes manos, y redimida con su preciosísima Sangre? Los mismos milagros vuestros, y las innumerables gracias que habéis alcanzado, particularmente a mujeres estériles, y a todos aquellos que han hecho estos trece viernes, tan amados de vos, y de la divina Majestad tan aceptos, son motivos que me hacen creer piadosamente que yo también conseguiré esta gracia, si de mi parte tengo la debida disposición. Así sea.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
VIERNES NOVENO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Admirabilísimo propagador de estirpes regias, gloriosísimo confesor, que sufristeis y padecisteis un prolongado y continuo martirio, no solo con ardentísimo deseo, sino es con asperísimas voluntarias penitencias, que hicisteis viviendo especialmente toda una cuaresma sin comer cosa alguna: aumentadme, Padre mío, que os lo suplico, el deseo que tengo de dejar los vicios, y unirme a la virtud: alcanzadme, por el favor de vuestras penitencias, esta gracia, para que sea provechosa a mi salud. Así sea.
    
Ruégoos por la piedad que tuvisteis con aquel que sanasteis con la señal de la cruz, de un cáncer que le atormentó con atrocísimos dolores en un pie, por espacio de diez y siete años. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la bondad con que curasteis a un mancebito que nació con los pies estropeados y desconcertados: y a un hombre que tenía un brazo helado, y ambos quedaron libres, el primero antes de llegar a vuestra presencia, encomendándose a vos; y el otro al instante que llegó a vos. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la potencia con que obrasteis con un caballero herido de una granada de fuegos artificiales, el cual quedó sin daño, porque tenía en sus espaldas una vela que vos bendijisteis. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el afecto que tuvisteis a vuestra hermana, que pidiéndoos la dejaseis alguna cosa para memoria vuestra, os sacasteis una muela y se la disteis; y hoy en Paula sana de ese dolor milagrosamente a los que le padecen. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella generosa pobreza que ejercitasteis con uno que os pedía algún don, y os movió a darle un pequeño pan, el cual después de cinco años se halló fresco; y habiendo carestía, sació a doce personas tres días enteros. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la caridad que usasteis con un pobre, que en recompensa del disgusto que tuvo por no haber vino que darte, halló su boca llena de un licor perfectísimo. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el celo que mostrasteis cuando fue conducida a vos por una mujer a quien curasteis el mal de asma, una muchacha leprosa: y le dijisteis a su madre que restituyese la fama a una tal, y que sería su hija sana, como sucedió. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego por el espíritu con que avisasteis a uno de la muerte de su padre, sucedida en aquel instante en otra provincia; le hicisteis oír las campanas mismas que distantes sonaban, como si estuvieran cerca; y le pronunciasteis otros sucesos. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la confusión que tuvo el demonio, cuando por obra suya se encendió fuego en vuestra celda; y no habiendo con qué apagarle, arrojabais por la ventana con las manos llenas los encendidos carbones, como si fueran frescas rosas. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella fe que tuvisteis cuando, junto a la playa romana, después de una fiera tempestad, se encalló la galera, bajando la mar con un empellón que le disteis con vuestra espalda hacia el puerto: y desde allí caminasteis sobre las aguas hasta la rivera a pie enjuto. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la compasión que tuvisteis de aquel temerario, que viendo que su mujer tenía en veneración un poco de heno sobre el que habíais dormido en Roma, tuvo atrevimiento para servirse de él (por desprecio) para un acto indigno, y se le quedó el brazo en aquel mismo lugar baldado; pero pidiendo perdón, recibió el brazo al instante. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la milagrosa virtud que vuestros paños tenían, especialmente cuando arrojando muchas veces los herejes en el fuego vuestro manto, jamás le pudieron quemar.  Padre nuestro y Ave María. 
       
Ruégoos por el consuelo que tuvisteis cuando os fue anunciada por un ángel una gran victoria, alcanzada por las francesas armas, cuyo rey vino con vos al coro a rendir gracias a su divina Majestad. Padre nuestro y Ave María.
   
Si los emperadores de Alemania, si los monarcas de Francia, si los católicos reyes de España, de Polonia, de Portugal y de Nápoles; si, en fin, los habitadores de los vastísimos países del nuevo mundo, príncipes y señores de la Bretaña, Italia y Flandes, y tantos millares de personas privadas, han obtenido, y cada día consiguen gracias, y particularmente las mujeres estériles consiguen la tan deseada y suspirada sucesión; ¿por qué no tengo de esperar yo también, en virtud de vuestras asperísimas penitencias, (especialmente de la perpetua vida cuaresmal de vos, y de vuestra orden santamente practicada) el recibir la gracia que pido? Sí, que yo así lo espero: sí, que en vos confío. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
VIERNES DÉCIMO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Apóstol clementísimo de la Francia, firmísima columna de la Iglesia de Dios, que convertisteis tantos millares de almas con vuestro ejemplo, y con vuestros inauditos prodigios: que pusisteis en abominación los adulterios, concubinatos y las demás suciedades libidinosas: que hicisteis florecer la devoción, la frecuencia de los sacramentos y las obras de piedad: que desterrasteis las usuras, tratos ilícitos y rapiñas: que enseñasteis la caridad, modestia y continencia: alcanzadme a mí también la debida aversión a los vicios, para que vencidos mundo, demonio, y carne, pueda llegar donde estáis vos a dar gracias a la Trinidad santísima de tantos beneficios recibidos, y particularmente de este que firmemente espero conseguir, en virtud de la grande confianza que vos tuvisteis en su divina Majestad. Así sea.
    
Ruégoos por aquella facilidad con que disteis vista a dos ciegos en un instante, a uno con la poderosísima señal de la cruz, y al otro con esta sola palabra: «vete, que tu mal de ojos no es cosa de entidad». Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la misma confianza que siempre tuvisteis en Dios, especialmente cuando traída a vos una mujer paralítica, vecina a la muerte de una apoplejía, enteramente la sanasteis, diciendo: «levántate, camina». Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el júbilo que tuvisteis cuando convertisteis a una malvada hechicera, que en diez y siete años que gastó en hechicerías y maleficios, había muerto un gran número de niños, y tenía intención (como vos proféticamente se lo descubristeis) de matar muchos más. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la sabiduría con que anunciasteis la destrucción de los campos de Corillano, cuando sus habitadores se apartaron de la frecuencia de vuestra iglesia, llegando el caso de entredicho, porque sobrevinieron unos pequeños animalillos, y no se ausentaron hasta que se consiguió la absolución. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la protección que tuvisteis de un convento vuestro, rodeado de turcos para saquearle, que no  habiendo quedado en él mas que un anciano enfermo, que se encomendó a vos, te le aparecisteis, y puesta una débil caña por puntal a la puerta, no os vio mas, pero ni jamás pudieron los turcos derribarla. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la gratitud que tuvisteis a una villa devota vuestra, que combatida con el cañón de los mahometanos quedó ilesa, porque las balas en lugar de abrir brecha, se volvían sobre los agresores. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la compasión que tuvisteis en tiempo de gran sequedad, a un pueblo que recurrió a hacer públicas oraciones delante de vuestra imagen, la que al instante empezó a sudar, y el cielo a llover por muchos días. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego por la piedad que tuvisteis de un albañil, que quedó estrechado debajo de una muralla, y llevado muerto ante la misma imagen vuestra, se levantó en pie, y besando el altar se volvió a la obra. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la caridad usada con un joven, que cayendo de una altísima fábrica, e invocando vuestro poderosísimo patrocinio, quedó vivo y sin lesión alguna. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la fe con que imprimisteis la señal de la santa cruz en una almendra, y plantada, al instante prendió; y haciéndose árbol de desmesurada grandeza, a su tiempo dio fruto con la misma señal de la cruz, siendo saludable para cualquiera enfermedad. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la clemencia que tuvisteis sanando cuatro paralíticos, diciendo a los dos que se levantasen; a los otros, al uno con sola vuestra vista, y el último comiendo un poco de bizcocho que vos le disteis. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la gran santidad que mostrasteis cuando llevasteis, como hojas de papel, dos grandes mármoles para la fábrica de la iglesia: siendo así que veinte hombres no eran capaces a mover uno solo, y aunque por devoción van quitando rajas, se conservan milagrosamente enteros. Padre nuestro y Ave María. 
       
Ruégoos por el espíritu con que sanasteis una hermana, que había más de diez años que estaba estropeada de pies y manos, poniéndola una piedra sobre la cabeza, y diciéndole la llevase al convento, al instante se levantó en pie buena y sana. Padre nuestro y Ave María.
   
Si obrasteis tanto en vida, ¡oh, cuanto mas podéis ahora que os halláis presente, para ofrecer nuestras súplicas a aquel en cuya virtud obrasteis tantos milagros y prodigios! Yo os suplico con lo más vivo de mi alma, por la confianza grande que tuvisteis siempre en Dios, me alcancéis la gracia que deseo: prometiéndoos querer mientras viva, permanecer en el número de vuestros devotos, y hacer que cuantos son y serán debajo de mi dominio, honren vuestro santo y glorioso nombre, tremendo hasta el infierno, para poder también en el tiempo de mi mortal agonía gozar de vuestro validísimo patrocinio. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
VIERNES UNDÉCIMO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Poderosísimo extirpador de vicios, y terror de los herejes, columna estabilísima de la Católica iglesia, delicia de la Reina de los cielos: ruégoos por la ardentísima devoción con que siempre la honrasteis, y por el deseo continuo que tuvisteis de seguir las huellas de Jesús su Hijo, arranquéis de mí todo vicio, para que yo sea verdadero imitador de su virtud y del Redentor; para que con este decoroso título pueda recibir la gracia que con vuestra intercesión pido. Así sea.
    
Ruégoos por el agradecimiento que mostrasteis al embajador del rey Luis XI alcanzándole de Dios (en recompensa de haberos tratado con tanta cortesía y afecto, cuando os condujo a Francia) que ninguno de su estirpe y descendencia muriese sin recibir el santísimo viático. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la edificación que de vos tuvieron tantos pueblos, viéndoos andar siempre descalzo, sobre hielos, espinas, piedras y muchas brasas; y aunque con pena y dolor, jamás vieron vuestros pies sucios, ni llagados en la mas mínima parte. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la fe que tuvisteis, mandando a algunos toros bravos que fuesen a servir a la fábrica de un convento vuestro distante de allí ciento y sesenta millas; y obedecieron pasando prodigiosamente cuarenta millas de mar. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el dominio que hasta en los elementos tuvisteis; especialmente cuando por finalizar los pleitos que había sobre el uso del agua de algunos arroyuelos, les mandasteis se volviesen a sus ríos, y obedientes lo ejecutaron. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la compasión que tuvisteis de un mercader que vino a vos por consuelo de una gran pérdida en el mar, y oyó de vuestro espíritu profético la conquista que hizo un hijo suyo en aquel instante; consolándole también, con que su mujer pariría dos hijos en aquel mismo año. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella celestial sabiduría con que pronosticasteis a la duquesa de Angulema, que resucitó a vos, a fin de alcanzar de Dios sucesión, que no solo pariría un duque de Angulema, sí también un famoso rey a la Francia, y por eso se llamó Francisco el primero. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la gran caridad que usasteis con vuestro devoto Don Gregorio de Tobar, de quien en Castilla descienden los condes de Cancelada, el que hallándose con una peligrosa enfermedad, desahuciado de los médicos, le bajasteis del cielo un cordón y ciñéndosele a su cuerpo, se halló luego libre de su enfermedad: cuyo milagroso cordón le conservan hoy los condes vinculado a su casa: y después de algunos años le dispusisteis para una feliz y dichosa muerte. Padre nuestro y Ave María.
  
Os ruego, por la gran confianza que tuvisteis en Dios, cuando conociendo la venida de algunos forasteros, y no teniendo qué darles de comer, mandasteis al cocinero fuese al mar y hallaría un pez de tres libras, que bastaría para todos: obedeció y halló dicho pez. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la piedad que usasteis con una señora que se encomendó a vos para no malparir más, y vos dándole dos velas por vos benditas, con el aviso de tener una en la mano rezando el rosario en el tiempo del parto; haciéndolo así parió siempre los hijos vivos. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la candad hecha a una mujer siciliana, que habiendo empezado la devoción de los trece viernes por la libertad de su marido, esclavo en Constantinopla, volviendo un viernes de la iglesia a su casa, halló delante de la puerta a su marido, cercado de cadenas, y con el cepo a los pies, el cual certificó que vos prodigiosamente le habíais librado y conducido a aquel lugar. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquel continuo milagro que se divisa aún todavía en Paula, pues cuando los religiosos dan fuego a un horno de cal que allí hay, se ven en medio del horno las raíces de un grande árbol que sustenta la leña que allí se quema, y jamás las raíces se consumen; y el árbol después de tantos años, se conserva verde y frondoso. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el ánimo con que llevasteis en las mangas, sin lesión alguna, una larga milla, cantidad de serpientes venenosas, halladas en vuestro convento bajo un montón de piedras. Padre nuestro y Ave María. 
       
Ruégoos por el consuelo que tuvo una anciana septuagenaria, que habiéndole faltado la leche a una hija suya para criar dos hijos, uno de aquellos niños, arrimándose al pecho de la anciana, le dio de mamar por mucho tiempo. Padre nuestro y Ave María.
   
Cuando no se hallara en vos otra maravilla, que sola la devoción que tuvisteis a la beatísima Virgen María Inmaculada en el primer instante de su Concepción, llamando a vuestro orden Mínimos de Jesús y María, rezando cada día a honra suya el oficio, el rosario, y la corona, poniendo en los sellos este glorioso nombre, encargando siempre a vuestros hermanos su veneración, no llamando ni respondiendo jamás sin su invocación: sería esta sola (aunque bien grande) prerrogativa bastante a pregonaros por un gran santo. Alcanzadme, en virtud de esta devoción, la gracia que deseo. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
VIERNES DUODÉCIMO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Inocentísimo y clementísimo abogado mío, que tuvisteis el celo como Elías; el prodigioso poder como Moisés; la virtud inmensa como Samuel y Eliseo; espíritu profético como David; la ciencia infusa como Salomón; la austeridad y rigor contra vos mismo igual al del Bautista; el don de lenguas como los Apóstoles: que fuisteis tan dado a la oración, que vuestra vida fue un continuo orar, ruégoos por esta gran virtud, no me neguéis vuestro patrocinio, por el cual espero conseguir esta gracia. Así sea.
    
Ruégoos por la compasión que tuvisteis a un ministro del rey católico Felipe III, que obligado a dar cuentas de su administración, y faltándole un papel de cincuenta mil ducados, por el cual perdía honor y hacienda, recurrió con fe a Vuestro asilo, el día después halló a los pies de vuestra imagen el papel: afirmó el rey haberle firmado a los ruegos de un viejo venerable, a quien le fue forzoso agradar y complacer. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por aquella piedad, celebrada en nuestros días, cuando resucitasteis dos niños muertos llevados a vuestros altares, uno en Nápoles en vuestra iglesia de San Luis, y el otro en Ámiens, hijo de un general de Picardía. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la gracia que hicisteis a la ciudad de Noceta en el año de 1631, cuando rebosando el Vesubio, arrojó de sí un soberbio madero de fuego, que se puso sobre la misma ciudad, y vos fuisteis visto de todos bajar del cielo a apagarle. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la bondad que usasteis, no ha mucho tiempo, con un noble niño de Praga, que naciendo mudo, fue ofrecido por sus padres a vos, y al instante cobró el habla. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el beneficio que hicisteis a un religioso, pocos años ha, que queriendo solemnizar vuestra fiesta en Conil, villa del reino en Sevilla, pidió prestadas muchas velas y hachas, con el pacto de pagar la merma, y acabada la fiesta las llevó; y habiendo ardido por espacio de muchas horas, se hallaron sin merma. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el consuelo que disteis a un esclavo en África, apareciéndoos a él, y diciéndole: «levántate y vete»: vio romperse las cadenas como si fueran un frágil vidrio, y caerse a sus pies: y pasando por en medio de los guardas sin ser visto, se halló libre en país cristiano. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la recompensa que disteis a un caballero romano en estos tiempos últimos, pues habiendo grande carestía en Roma, mandó llevasen a vuestros frailes una porción de pan de limosna: pero por equivocación llevaron todo el que había en casa, y por la noche hallaron el cajón lleno de blanquísimo y sabrosísimo pan, que con la cualidad autenticó el prodigio. Padre nuestro y Ave María.
  
Ruégoos por la providencia con que socorristeis a vuestros religiosos de Palermo en tiempo de gran penuria de aceite: porque apagándose (por necesidad) las lámparas que ardían delante de vuestra imagen, fueron vistas muchas veces encenderse milagrosamente; y con todo de faltarles alimento, estar ardiendo noches enteras. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la caridad que ejecutasteis con un arquitecto español, que perdido una noche entre nieve y hielo en un espeso bosque, invocando vuestra asistencia, te le aparecisteis todo resplandeciente, rezando el santísimo rosario; y cogiendo las riendas del caballo, le condujisteis hasta el lugar donde iba. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la fe que tuvo en vos una mujer de Mesina, que pariendo una hija monstruosa, sin ojos ni narices, al instante que salió del parto llevó la criatura a vuestra iglesia, y untando con el aceite de la lámpara el bulto de la niña, al instante se volvió una bellísima criatura, sin defecto alguno. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por el gusto y alegría que tuvieron aquellos padres, cuando cayéndoseles al mar un pequeño hijuelo, llorándole por sumergido en las aguas, mientras llegaban a vuestra iglesia le vieron caminar sobre las aguas detrás de la nave, y puesto arriba, afirmó que vos le habíais traído a salvo. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por los muchos milagros sucedidos con el agua de vuestro pozo de Melaso: especialmente en el que sucedió no ha muchos años, pues lavándose un leproso de mucho tiempo quedó libre y sano. Padre nuestro y Ave María. 
       
Si os fue tan agradable la oración, que siempre la exhortasteis a vuestros frailes; y cuarenta días continuos estuvisteis en la celda orando; ¿por qué tengo de temer yo que no os agrade esta devoción, instituida y enseñada por vos, a honra y gloria de Jesucristo, y de sus doce apóstoles? Sí, que os será agradable, sí yo de mi parte he tenido la debida disposición. Sí, que mediante ésta tendré la gracia que os pido. Así lo creo: así lo espero: así confío. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
VIERNES TERCERO
Por la Señal…
    
SÚPLICA A SAN FRANCISCO DE PAULA
Aquí estoy, finalmente, ¡oh prodigiosa oficina de milagros!, ¡oh milagrosa fe de prodigios!, puesto en el término y fin de esta devoción, instituida por vos. Alcanzadme también esta gracia, en virtud de vuestra inmutable perseverancia. Vos que apagasteis los ímpetus del fuego, sosegasteis las aguas, mandando los vientos, disteis leyes a la tierra, tuvisteis obedientes los brutos, los peces, los pájaros y las criaturas todas: vos que fuisteis obsequiado y amado de los mayores príncipes y monarcas del mundo, de los mismos vicarios de Dios, y del mismo paraíso: que resucitasteis tantos y tales muertos, que obrasteis, y no cesáis de obrar cada día maravillas y portentos: siendo a los enfermos una eficiente probática piscina de Hesebón; a las afligidas y trabajadas provincias un Jeremías; a los tiranizados y oprimidos un Moisés, un Daniel: alcanzádmela también a mí, para que pueda afirmar con los demás devotos vuestras santas manos: y que seria milagro cuando no hicieseis milagros.
    
Ruégoos por la vehemencia de espíritu con que obrasteis el mayor de los prodigios, convirtiendo milagrosamente a Dios tantos y tan obstinados habituales pecadores, solo con un sermón en los montes de Paterno, demás de los infinitos centenares, que ya habéis convertido. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por el amor que tuvisteis a vuestra patria, haciendo en ella tantos milagros, cuantos fueron las criaturas que librasteis de la muerte, cuando pocos lustros ha la defendisteis visiblemente del mayor terremoto, que jamás hubo en el mundo, quedándose desoladas entre ciudades, villas y aldeas, ciento y ochenta; pero Paula, aunque amenazada, en nada fue ofendida. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la piedad que tuvisteis de cinco pobladísimas ciudades de la Francia, librándolas del contagio, como también Fréjus de la Proenza, en la cual después de dos siglos no ha estado jamás aquel mal, con no haber faltado quien diabólicamente haya intentado algunas veces introducirle. Padre nuestro y Ave María.
   
Os ruego por la asperísima penitencia, que por espacio de seis años continuos hicisteis en una gruta, en la que (a imitación del Redentor) estuvisteis una cuaresma entera orando, sin comer ni beber. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la modestia con que en el convento de Palermo, llamado el convento de prodigios, hicisteis un día solo trescientos insignes milagros. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la caridad con que saciasteis trescientas personas hambrientas con solo un pan pequeño; y aun sobró para otros. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la humildad con que predijisteis la destrucción del imperio oriental, e hicisteis otros cien maravillosos milagros, también en un solo día. Padre nuestro y Ave María.
  
Ruégoos por la virtud con que alcanzasteis, después de extrema sequedad, las aguas del cielo a la ciudad de Melazo, y de Catania, reducidas al sumo de la miseria; y esto al aparecerse solo una imagen vuestra. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la compasión que tuvisteis a la ciudad de Bormes, en tiempo de peste, cuando con la señal de la cruz librasteis tantos millares de personas: como también no ha mucho tiempo sucedió en Málaga de España, despojando en un instante hospitales y lazaretos, y privilegiándola perpetuamente de aquel mal. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por la admirable edificación que de vos tuvo la marquesa de Geraci, cuando en su presencia obrasteis sobre trescientos milagros. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por vuestra limpia pureza, autenticada aun de la incorruptibilidad de vuestro cuerpo, y del olor que continuamente sale de vuestras reliquias, y de la continua conversación y familiaridad que tuvisteis con los ángeles. Padre nuestro y Ave María.
   
Ruégoos por aquella celestial prudencia con que saciasteis con solo un pan y un poco de vino tres mil personas, que concurrieron a ver vuestros prodigios estupendos. Padre nuestro y Ave María. 
       
Ruégoos por aquella inaudita santidad, en virtud de la cual se cuenta habéis obrado, por medio de esta devoción de los trece viernes, solo en España, mas de siete mil milagros auténticos. Padre nuestro y Ave María.
   
Vos sois (¡oh querido y amado serafín de Paula!) un Proteo celeste de virtudes: vos imitasteis la mansedumbre y humildad de David; las mortificaciones de Lot; la castidad de José. Vos no cedisteis a Isaías en el amor de Dios, ni a Abrahán en la fe, ni a Daniel en la pobreza: Sara no os adelantó en la caridad, ni Tobías en la paciencia: en la confianza celestial ni en las penitencias no fuisteis separado de Judit, ni del Bautista: obsequiaste a la Reina de los ángeles con afecto grande, no menos que aquel padre putativo del Redentor: en las oraciones no fuisteis menos fervoroso que Jeremías; en la constante perseverancia fuisteis otro Jacob. Por el mérito de tantas virtudes, por la virtud de tantos milagros, por tantos y tan señalados prodigios, por tantos y tan señalados portentos; hacedme digno, que os lo suplico, de que reciba esta gracia, que jamás quebrante la ley de Cristo, para que pueda con vos expirar mi alma en sus brazos. Amén.
      
El himno, el responsorio, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.