viernes, 29 de marzo de 2024

POR QUÉ CRISTO SE HIZO CRUCIFICAR


«Cristo no se hizo crucificar para salvar a los hombres de la guerra, de la pobreza, de la envidia, del matrimonio que va mal, y de la tristeza. 
   
Lo ha hecho para salvarlos de la condenación eterna. 
   
Y los sacramentos son el medio para salir de esta terrible enfermedad» (MARIO PALMARO).

VIA SOLETÁTIS, O DÍA DE MARÍA DESOLADA

Ejercicio devoto publicado en Roma en 1817, y traducido del francés por el Dr. Don Antonio Vallcendrera y Pons, Canónigo de la catedral de Lérida, y publicado en Barcelona por la viuda de Valentín Torrás en 1863.
   


*VIA SOLETATIS MARIÆ*

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

*INVOCACION*
¡Oh María la más afligida de las madres! yo el más indigno de vuestros hijos, humildemente postrado a vuestros pies, imploro vuestra poderosísima intercesión, a fin de que vuestro divino Hijo no me rechace de su presencia por razón de mis pecados, que fueron la verdadera causa de su muerte y de vuestros dolores. ¡O Madre la más tierna, y al mismo tiempo la más adolorida de las madres que han quedado sin hijo! yo no quiero dejaros sola, viéndoos sumergida en tan amargo dolor: aunque pecador, el más miserable de los pecadores, no, Madre dolorosísima, no os dejare sola en estas cuarenta horas de vuestra soledad. Permitidme, desolada Señora, os haga compañía; y que, mezclando mis lágrimas con vuestras lágrimas, participe algún tanto de vuestras penas, y de los tormentos de vuestro Santísimo Hijo, mi amabilísimo Redentor.
  
Y Vos, dulcísimo Jesús, muerto por mi amor en el duro leño de una cruz, apiadaos de mí, que soy el vil é ingrato pecador que tantas veces os he crucificado. Yo soy el que con mis pecados os he quitado la vida a Vos y he puesto en la más triste soledad a vuestra dulcísima Madre. Pero perdonadme, Padre mío, que ya quisiera morir de dolor de haber pecado. Dadme gracia para morir mil veces antes que volver a pecar. Y ahora concededme la que necesito para practicar devotamente este piadoso ejercicio en obsequio de vuestra madre desolada. Amén.

Dulce Madre, que llorabais
perdido un Hijo el más tierno,
Hijo también del eterno,
¡Oh que amarga suspirabais
De un nuevo dolor herida,
Qué grande vuestra tristeza.

Mi alma anhela con viveza
Seguiros adolorida.
Pío me neguéis el favor
De acompañaros lloroso:

Haced gima doloroso
Mi corazón con fervor.
Lágrimas de contrición
Derrames tan abundantes.
Que sean ellas bastantes
Para alcanzar el perdón. Amen.


*PRIMERA ESTACION*

Sin límites fue el dolor
Que hasta ahora padecisteis:
Mas nunca privada os visteis
Del imán de vuestro amor.
Mas aquí; que desconsuelo
En sepulcro vuestro Amado,
Era a los ojos negado
Hasta de verle el consuelo.

*MARIA LLENA DE DOLORES CERCA DEL SEPULCRO DE SU HIJO*
¡O alma mía! mira y contempla la dolorosa aflicción en que se halla sumergida María cerca el sepulcro en que había de ser enterrado luego el cuerpo de su estimado Hijo. ¡Pobre Madre, la más triste entre todas las madres que han visto
enterrar a sus hijos! ¡Ay! presente cuando José de Arimatea y Nicodemus envolvían su cuerpo en una sábana. «¡Ay de mí! exclamaría ella: ¿no es este aquel mismo cuerpo de mi amadísimo Hijo que yo misma envolvía en pañales en el Pesebre de Belén? ¡Mas hay! Hijo mío de mis entrañas, ¡y que diferencia! yo os envolvía vivo, y ahora os envuelven muerto.» Pero María ve el sagrado cuerpo de Jesús puesto ya en el sepulcro; y ¡ay penetrada de la más profunda tristeza, Lañados los ojos de lágrimas, se vuelve a José y Nicodemus, y con una
voz lastimera «¡Ay! dignaos les dice, dignaos esperar un poco, yo os lo suplico y no privéis aun á mis ojos de un objeto, que tanto ama mi corazón.» Mas era preciso viese cerrar el sepulcro, y una losa le quita en fía el último consuelo que le quedaba de poder ver a lo menos el sagrado cadáver. ¡Ay! bendice entonces a su Hijo ya enterrado, dice San Bernardo; y con una voz que añudaban los sollozos, le llama, y le vuelve a llamar; y «ay dice, ella yo le Amo, y él no me responde:» y dejando caer la cabeza sobre el sepulcro, tendiendo sobre él los brazos, María llora y no sabe como separarse de él: da aquella afligida Madre repetidos ósculos a la piedra, la riega con un torrente de lágrimas, y con amargos sollozos llora a su Hijo; Qué aflicción.

*ORACIÓN*
¡O tristísima Madre, sumergida en un mar de dolor cerca el sepulcro de vuestro estimadísimo Hijo! yo tomo parte, Señora, en vuestra aflicción. O que tristeza tan grande para una Madre tan tierna no ver ni oír más el dulce objeto de vuestros cariños, y en lugar de su cuerpo adorable poder solamente abrazar la piedra que lo cubre y lo roba a vuestros ojos. Por esta misma aflicción que llenó de amargura vuestro corazón dulcísimo, os pido Virgen Santísima, que me alcancéis la gracia de que mi alma no merezca jamás por su culpa ser privada de la presencia de mi Dios. Amen.
*Un Padre nuestro Ave María y Gloria Patri.*

*AL SANTO SEPULCRO*
¡Sepulcro dichoso! afortunado Sepulcro, a quien regó con sus preciosas lágrimas la más amable y al mismo tiempo la más desolada de las madres tú encerrabas juntamente con el cuerpo adorable de Jesús el corazón dulcísimo de María. ¡Ah! Quede también juntamente con ellos mi pobre corazón. Yo te adoro con todo afecto, ¡o sepulcro divino!
*Otro Padre nuestro, etc.*

¡O María, Madre desolada! por vuestra soledad y desamparo dignaos ser ahora y siempre mi con suelo y ¿ni amparo, y principalmente en la hora de mi muerte. Amen.

*SEGUNDA ESTACION*

Del sepulcro os separáis,
Y ¡o que duro sentimiento!
Queda en aquel monumento
El tesoro que estimáis.
¡O cuan agudo dolor
¡El no poderle mirar!
Mas tenerle que dejar
¡O! esta sí es pena mayor.

*MARIA SE SEPARA DEL SEPULCRO PARA VOLVER A JÉRUSALEN*
O alma mía, considera atentamente la aflicción de María al separarse del sepulcro, donde quedaba el único objeto de su amor su tan e timado Hijo. La noche se acerca le dice San Juan, y no está decente ni el quedarnos aquí, ni el volver de noche a Jerusalén; y por lo mismo partamos, Señora, si es de vuestro agrado. Desde luego aquella afligida Madre, siempre sumisa y resignada a la voluntad de Dios, se levanta de tierra, donde la había hecho caer el exceso de su dolor: dobla las rodillas abraza el sepulcro, y lo riega otra vez con sus lágrimas, «¡Ay Hijo mío! exclama de nuevo con una voz sollozante: ay Hijo! ¡estimado Hijo! ¡ah! ¡que no pueda yo a lo menos quedar aquí con Vos!» Levanta sus llorosos ojos al cielo, y ¡Padre mío, continua: Eterno Padre, yo os encomiendo mi Hijo, este Hijo apreciado que es también Hijo vuestro: y dando el último adiós al sepulcro, ¿Recibid, añade afligida recibid, hijo mío, mi corazón, que dejo enterrado aquí juntamente con Vos? Las piadosas mujeres que la acompañaban, sostenían su cuerpo desfalleciente y que vacilaba, y le echaron un velo a la cara. Ellas marchan las primeras: tras ellas seguía María puesta en la más viva aflicción: Juan y Magdalena estaban a sus lados. Ay triste su rostro, y anegada en un torrente de lágrimas, al paso que se iba alejando no podía menos que dirigir a menudo sus tiernas y lánguidas miradas hacia el huerto donde estaba sepultado el dulce objeto de sus amores. Con pasos trémulos iba apartándose, y sus llorosos ojos, se vuelven repetidas veces hacia aquel afortunado lugar. Pobre Madre verdaderamente que no solo estaba sumamente afligido su corazón tiernísimo, sino que él era el centro mismo de la aflicción. Qué dolor

*ORACIÓN*
¡O Madre llena de dolores! yo tomo parte en las penas que sufristeis en aquella triste hora en que os visteis precisada a separaros como por fuerza del sagrado sepulcro de vuestro divino Hijo para volveros a Jerusalén. ¡Angustiada Madre!
por el dolor tan grande que sufristeis en aquella hora de tanta aflicción, yo os suplico me alcancéis la gracia de quedar enterrado con Jesús, y de vivir en adelante y hasta el último suspiro de mi vida, no según el espíritu del mundo sino según el espíritu de .mi Salvador. Amen
*Un Padre nuestro, etc.*

*Á LA LANZA*
¡Ay lanza cruel, que traspasaste muerto el sagrado cuerpo del Autor de la vida! traspasa también mi corazón empedernido, y manen de él lágrimas de viva contrición. Tú nos abriste la puerta para entrar en su corazón: Yo te adoro, ¡oh Lanza divina!
*Otro Padre nuestro, etc.*

¡O María, Madre desolada! por vuestra soledad y desamparo dignaos ser ahora y siempre mi con suelo y mi amparo, y principalmente en la hora de mi muerte. Amen.

*TERCERA ESTACION*

Calvario ¡o monte triste
La Cruz del Hijo plantada,
Y con su sangre rociada,
En él Madre mía, viste.
El dolor se renovó
Que en la muerte del amado
Os había angustiado,
¡Y ay! de nuevo os penetró.

*MARIA VUELVE A PASAR POR EL CALVARIO*
¡O alma mía! considera el mar de amargura en que se vio sumergida María al volver a Jerusalén. ¡Ah! ella se ve en la triste precisión de atravesar el Calvario, horroroso teatro donde había pasado poco antes la más trágica de las escenas, que no acabó con menos que con un horrendo deicidio. Ella se para en aquel funesto collado de incienso, en aquel tan amargo monte de mirra; y ¡ay! que se
le renuevan entonces todos los dolores que en aquel tristísimo lugar había sufrido. ¡Ah! ella ve levantado aun el hasta entonces infame madero de la Cruz, bañado todo con la sangre de su Hijo, y su imaginación le representa los crueles tormentos que había padecido en aquellas tres horas de mortales agonías.» ¡Ay Hijo mío! exclama afligida: ¡ay Hijo mío! ¿y por qué no me ha sido permitido que yo muriese por Vos? ¡ah! la muerte misma no habría sido para mí tan cruel como el vero morir a Vos, ¡oh prenda siempre amada de mi corazón. María se
acerca a la Cruz, la adora la abraza, la aprieta a su corazón estrechándola cuanto puede con sus brazos: María la angustiada María no cesa de besar aquel ya precioso madero, y lo riega con sus lágrimas. ¡Su Hijo siempre amabilísimo muerto en él! ¡qué triste recuerdo para tan tierna Madre! ¡qué aflicción!

*ORACIÓN*
¡O tiernísima Madre mía! yo tomo parte en el dolor que afligió vuestro corazón al veros otra vez en el tan triste monte Calvario y al pie de la Cruz, teñida con la sangre de vuestro divino Hijo. ¡Ay madre mía! tiernísima madre mía mis pecados son los que clavaron en cruz a vuestro Hijo, y le quitaron inhumanamente la vida. Permitidme en desagravio que yo reverencie y abrace esa Cruz santa con los sentimientos de un corazón verdaderamente contrito y humillado. Alcanzadme de vuestro piadosísimo Hijo la gracia de que yo sea un verdadero adorador de la Cruz. Haced, Madre mía, amabilísima, que yo ame de veras la Cruz, y que con una santa resignación a la voluntad del Señor abrace y
lleve de buena gana las cruces de los trabajos que tenga a bien enviarme. Haced en fin que uniendo mis penas con las de mi adorable Salvador, logre satisfacer por mis pecados, y merecer algún día la gloria del cielo. Amen.
*Un Padre nuestro, etc.*

*Á LA SANTA CRUZ*
¡O Cruz adorable? árbol divino que con su misma sangre santificó mi buen Jesús recibidme entre vuestros brazos, aunque tan pecador. ¡Cruz preciosa yo te abrazo con todo mi afecto, con todo el afecto de mi corazón yo te adoro, o Cruz divina!
*Otro Padre nuestro, etc.*

¡O María, Madre desolada! por vuestra soledad y desamparo dignaos ser ahora y siempre mi con suelo y mi amparo, y principalmente en la tora de mi muerte. Amen.

*CUARTA ESTACION*

La ingrata Jerusalén
Pisáis otra vez, ¡o María!
la misma que pisó aquel día
Vuestro amado nuestro bien.
Sentisteis pena al seguirlo
Del suplicio al lug.ar:
Pero sin Hijo quedar
¡Qué dolor! ¿quién podrá oírlo?

*MARIA VUELVE A ENTRAR Á JERUSALEN.*
¡O alma mía! considera con atención el |dolor tan cruel que amargó el corazón dulcísimo de María al entrar en Jerusalén, aquella ciudad ingrata donde su amado Hijo había sido condenado aquel mismo día a la muerte de cruz. Juan no pudo con tener sus lágrimas aquellas santas Mujeres que la acompañaban las derramaban en abundancia: María suelta libre rienda a las suyas y sus ojos se convierten en un desecho llanto. ¡Ah! sumergida aquella afligida Madre en la más profunda tristeza, llora con tanto dolor, y llena el aire de tan tiernos y tan amargos suspiros, que se movían á compasión los corazones más insensibles, y mezclaban sus lágrimas con las de María: en todas las calles por donde pasaba no se oían sino llantos, no se percibían sido voces lastimeras que cortaban los sollozos, y acompañaban los gemidos: todos lloraban, tantos cuantos le salían al encuentro. A cada paso se le renovaban a aquella desolada Viuda los dolores que angustiaban su corazón. Las calles, las plazas, el pretorio, todo le recordaba aquellas crueldades nunca oídas que había cometido aquella deicida ciudad contra aquel Hijo estimado de sus entrañas, que era el dulce imán de todos sus cariños. ¡Ay! «Por esta calle se diría ella a sí misma, ha pasado esta mañana mí estimado Hijo: pero ¿cómo? ¡ah atado con sogas y cadenas, y llevado de tribunal
en tribunal como a un malhechor el más facineroso, Por esta calle diría en otra Ocasión, ha sido presentado al palacio de Herodes, que lo ha tratado de loco é insensato. En aquel pretorio ha sido despedazado su cuerpo con tantos azotes, y taladrada Su cabeza con las espinas. ¡Ay! allí le cargaron la Cruz por esta amarga calle de Amargura se dejó llevar como una oveja al matadero aquí es donde le salí al encuentro, y ¡ay de mí que lo vi cubierto de sangre, lleno de sudores y salivas, fatigado débil y sin fuerzas habiendo caído repetidas veces bajo el enorme peso de la Cruz ¡Ay Hijo estimado! dulce prenda de mi corazón ¡ay! ¡y cuanto habéis sufrido» ¡Pobre Madre y que dolor!

*ORACIÓN*
¡O mi tierna Madre! mi corazón se llena de compasión al veros entrar en la inhumana Jerusalén. ¡Qué nueva herida para vuestro corazón dulcísimo la vista de aquella sanare divina del más amable de los hijos, con que estaban regadas las calles de aquella deicida ciudad! ¡Que herida al encontraros con aquellos que enardecidos contra vuestro Hijo habían gritado y clamado que fuese condenado a muerte! Aumentaba vuestro dolor la vista de tantas piadosas mujeres; que movidas á compasión. de Vos, suspirando y sollozando, mezclaban sus lágrimas con las vuestras. ¡Madre mía amabilísima! por lo que padecisteis en aquellas tan tristes calles dignaos alcanzarme la gracia de que las aflicciones en que os considero sumergida. exciten en mí los sentimientos de una verdadera compasión, y que este mi corazón duro sea ablandado con una viva contrición de tantos pecados con que he quitado la vida a vuestro Hijo, y os he llenado á Vos, o la más tierna de las madres, de los más vivos dolores. Alcanzadme también la gracia de caminar constante por el camino de la virtud, hasta llegar finalmente a la deseada posesión da la gloria. Amen.
*Un Padre nuestro, etc.*

*Á LAS ESPINAS*
¡O preciosas espinas que penetrasteis la sagrada cabeza de mi Redentor! ¡ay de mí! yo soy el inhumano que con mis malos pensamientos coroné al divino Salomón con una corona de ignominia y de dolor. ¿O si yo pudiese deshacer lo que hice? Me arrepiento de veras, y entre tanto yo os adoro con todo mi afecto, ¡oh divinas Espinas!
*Otro Padre nuestro etc.*

¿O María, Madre desolada? por vuestra soledad y desamparo dignaos ser ahora y siempre mi consuelo y mi amparo, y principalmente en la hora de mi muerte. Amen.

*QUINTA ESTACION*

El que por hijo os dió
Vuestro Hijo al morir,
Deseándoos servir,
En casa os acogió.
Mas Juan, aunque tan amable,
Tan atento y reverente,
Reparar plenamente
No pudo lo irreparable.

*MARIA SE RETIRA Á LA CASA DE JUAN*
O alma mía, considera la aflicción de María cuando puesta en casa de Juan no echaba menos la compañía de su siempre amadísimo Jesús. Juan estaba lleno de una santa alegría al ver que tenía la dicha de hospedar en su casa a la Madre de su divino Maestro. María también lo estaba de verse en casa del Discípulo amado a quien Jesús moribundo le había señalado por hijo, y a quien ella había
adoptado como madre: mas ¡ay! que Juan no era Jesús, y la compañía aun que tan amable de Juan no era la compañía de Jesús. Esta dolorosa privación la sumergía en un abismo de tristeza, y día y noche la hacía gemir, y derramar un torrente de lágrimas. Se veía oprimida de un dolor tan grande; que apenas le permitía andar. ¡O pobre madre! estaba inconsolable: no había entre aquellas piadosas Mujeres quien la pudiese consolar: ni el mismo Juan era suficiente para mitigar la violencia de su dolor. Mirando a unas partes y otras, «¡donde estáis Hijo mío dulcísimo, exclamaba, pues no os veo aquí! ¡O Juan! añadía afligida, ¿dónde está mi Hijo? ¡O Magdalena! ¿dónde está tu Padre, que te amaba tan tiernamente? ¡O Hermanas queridas! ¿dónde está mi Hijo? ¿dónde para vuestro Señor? ¡Ay Estimadas! que nos han quitado al que era la luz de nuestros ojos y toda la alegría de nuestro corazón. Ay que está lejos de nosotras el que era nuestro gozo y nuestra dulzura; y ¡ay! que se ha separado de nosotras con grande angustia ¡Ah! mi Hijo es muerto: ha muerto mi Hijo; le han quitado la vida, y antes de morir se ha visto despedazado lleno de angustias, sediento y
forzado, violentado y oprimido, Heno de dolores y saciado de improperios, y no hemos podido darle alivio alguno. ¡Ay que es muerto mi Hijo! mi Hijo es muerto, y todos lo han abandonado.... ¡Ay Hijo mío! ¡y que triste separación!» O pobre Madre ¡que angustia! ¡que dolor!

*ORACIÓN*
¡Ay desolada Señora! yo tomo parte en la triste aflicción que oprimió vuestro corazón angustiado cuando os visteis en casa de Juan sin la compañía siempre amabilísima de vuestro Hijo Jesús. ¡Ah! ¡en que abismo de tristeza os sumergió tan sensible separación. No habla, Señora entre todos los que os amaban quien fuese capaz de a consolaros. ¡O Madre llena de dolor, pero no menos llena de amor y de misericordia, que tuvisteis la bondad de adoptarme por hijo en la persona de Juan yo me entrego a vuestros brazos con la más viva confianza! Vos sois mi madre, y la madre la más amante, y yo soy hijo vuestro, aunque el más indigno: no me despreciéis, Madre mía, siempre amantísima. Dulce refugio de los pecadores arrepentidos, sed el amparo de este pecador, que de veras se arrepiente de sus pecados, y con toda eficacia desea entrar en el seno del Padre de las misericordias, y no separarse jamás de él. Amen.
*Un Padre nuestro, etc.*

*A LOS AZOTES*
¡Adorables Azotes, que despedazasteis el inocente cuerpo de mi Salvador! vosotros abristeis la puerta a aquella sangre preciosa que tantas veces La limpiado mi alma de las manchas de sus pecados. Con todo el afecto de que soy capaz yo os adoro, ¡o Azotes divinos!
*Otro Padre nuestro, etc.*

¡O Maña, Madre desolada! por vuestra soledad y desamparo dignaos, ser ahora y siempre mi consuelo y mi amparo, y principalmente en la hora de mi muerte. Amen.

*SEXTA ESTACION*

No se os mitiga el dolor;
Dan ¡oh Madre! en el retiro
Vuestro corazón suspiro,
Los ojos triste licor.
Pues que repasáis atenta
Cuanto oído y visto habíais:
Presente siempre tenias
La trágica tormenta.

*MARIA TIENE SIEMPRE PRESENTE EN SU ESPIRITU LA PASION Y MUERTE DE SU DIVINO HIJO*
¡O alma mía! considera la amargura que angustió el corazón de María tu madre en aquellas dos tan largas noches y día que perseveró enterrado su divino y siempre estimado Hijo. ¡Ay! todos los tormentos que había sufrido este dulcísimo Hijo de sus entrañas, todos se presentaban a un mismo tiempo a su espíritu todos la angustiaban en aquellas tan largas como tristes horas que mediaron desde el entierro a la resurrección. Tantas burlas y dicterios, tantas mofas y escarnios, las bofetadas y salivas, los insultos de aquella vil soldadesca, los desprecios de aquel populacho ingrato, la astuta hipocresía de los escribas y fariseos, los zotes que despedazaron su cuerpo, las espinas que taladraron su cabeza, los clavos que traspasaron sus manos y pies, la Cruz, en que fué clavado, la hiel y vinagre que abrevó su lengua, las agonías y desamparos que sufrió, su muerte no menos ignominiosa que dolorosa, la cruel lanza que ni le perdonó muerto, el sepulcro ¡Ay! todos estos y demás tormentos, agolpándose juntos en el espíritu de aquella tan angustiada y congojosa Madre, daban pábulo al dolor continuo que afligía su corazón. ¡pobre Madre! ¡que aflicción! ¡Ah: María lloraba María, suspiraba, María gemía; y con tono compasivo y una voz desfalleciente, ¡Hijo mío! Es clamaba, ¡Jesús, hijo mío! Dios eterno, criador de todas las cosas, Vos os hicisteis hombre para salvar a los hombres, y los hombres ingratos os han condenado a muerte, y una muerte la más infamé y la
más ignominiosa. Vos Hijo mío de mis entrañas, Vos que por vuestra inmensidad no cabéis en los cielos, ¡estáis ahora encerrado en un sepulcro!...
¡Mi Hijo es muerto, y una piedra lo roba a mi vista!... ¡Ay de mí! yace muerto mi Hijo, y entre paredes está encerrado el que es la vida mía.» Hasta el mismo Pedro y los demás Discípulos que acudieron sucesivamente el sábado, aumentaban su aflicción. ¡Ah! ellos se presentaron llorando: Pedro lloraba amargamente, y al verle llorar a él todos comenzaron a llorar, cuantos había en aquella casa. El llanto y los sollozos; ni a él ni a los demás Discípulos les dejaban proferir una palabra; y este melancólico silencio, señal de la más profunda tristeza, aumentaba en gran manera la tristeza y amargura que estaba penetrado el corazón de aquella buena Madre. ¡Que dolor!

*ORACIÓN*
¡O Madre, la más desconsolada de las madres que han perdido el hijo único de sus entrañas! ¡oh melancólica viuda, sumergida en un océano de tristeza! yo tomo parte en los excesivos dolores que ocasionó a vuestro corazón el triste recuerdo de la pasión y muerte de vuestro siempre apreciadísimo Hijo. Alcanzadme la gracia, Madre y Señora mía, de que vuestro Hijo, a quien también yo quiero apreciar, imprima vivamente y para siempre, así en mi corazón como en mi espíritu, la memoria de su pasión sacrosanta y de vuestros dolores, para que al excesivo amor conque me habéis amado él y Vos, sepa yo corresponder con el más vivo amor. No me neguéis esta gracia, Madre mía dulcísima, que os lo pido por aquel mismo dolor que sentisteis durante vuestra soledad al pensar en su pasión. Amen.
*Un Padre nuestro, etc.*

*Á LOS CLAVOS*
¡O agudos clavos, que taladrasteis aquellas manos sagradas que sostenían el universo, y aquellos sagrados pies que tantos pasos hablan dado en busca de lo oveja perdida! ¡ay! fijaos altamente en mi corazón, para que nunca me desvíe del rebaño de tan buen Pastor. Entre tanto con el posible fervor os adoro, ¡o Clavos divinos!
*Otro Padre nuestro, etc.*

¡O María, Madre desolada! por vuestra soledad y desamparo dignaos ser ahora y siempre mi con suelo y mi amparo, y principalmente en la hora de mi muerte. Amen.

*ÚLTIMA ESTACION*

Seria menos el dolor,
Si se aprovechasen todos
Del fino de tantos modos
Con que sufrió el Señor.
Mas cuantos perecerán
Porque ¡ay lo desprecian!
¡O si su daño entendía!
Vos lo lloráis con afán.

*MARIA AFLIGIDA POR LA PÉRDIDA DE SU PUEBLO, Y DE TANTAS ALMAS OUE ABUSAN DE LOS MÉRITOS DE IA PASION Y* *MUERTE DE JESUCRISTO.*
¡O alma mía! considera el más grande de los dolores de María durante su soledad. ¡Ay! Perdido el amado Pueblo, ¡y perdidas tantas almas por quienes su Hijo había derramado con tanto amor hasta la última gota de su sangro. ¡que dolor para tan tierna Madre! Ella presente a la muerte del Hijo único de sus entrañas, lo había ofrecido de buena gana al Eterno Padre para la salvación de los hombres, a quienes ella misma acallaba de adoptar por hijos al pie de la Cruz: y ver que no solo muchos de ellos sino aun la mayor parte, se perderían desgraciadamente por abusar de aquella misma sangre derramada a favor suyo, y con tanto amor y bondad, ¡o que amargura! ¡que dolor tan cruel! Esta triste previsión ponía el colmo á sus dolores y fué para ella golpe más sensible, y el
que la hizo verdaderamente la Reina de los Mártires. «Ay de mí diría ella en su angustia: ¡ay de mí! el pueblo especialmente escogido de Dios-, el pueblo estimado á quien su bondad colmó de tantos beneficios, librándole con tantos portentos de la esclavitud de Egipto, y haciéndole con victorias tan singulares dueño de esta misma tierra de promisión, ¡ay! este mismo desgraciado Pueblo, ahora obstinado, ciego, endurecido, ingrato a tantos beneficios, ¡homicida de su mismo Libertador! ¡Ay! /tantas almas cristianas, teñidas con la sangre preciosa de mi Hijo, y colmadas de sus misericordias sin número, corriendo a tropel a su perdición eterna, voluntariamente y por su propia culpa! «¡O que espada tan penetrante para el corazón de tan tierna Madre! ¡O que aflicción!

*ORACION*
¡O Madre mía la más amable y la más adolorida de las Madres! yo tomo parte en el cruel dolor que afligía vuestro corazón, cuando en el tiempo triste de vuestra soledad contemplabais derramada inútilmente para tantas almas, que corren, a la perdición, la sangre preciosísima de vuestro divino Hijo, sangre que él derramó con tanto amor para la salvación de todas. No permitáis, adolorida Señora, que este vuestro siervo sea del número de aquellas almas desgraciadas. Vos sois Madre mía, y Madre llena toda de amor, y yo soy hijo vuestro, aunque el más indigno: y alentado con esta dulce confianza yo me entrego a vuestros amorosísimos brazos, ¡O Madre toda bondad y todo amor para con este vuestro hijo! miradme con ojos de compasión: ¡O Señora, toda cariño y ternura! no abandonéis jamás a este vuestro siervo: amparadme propicia ahora y en la hora de mi muerte. Amen.
*Un Padre nuestro, etc.*

*Á TODOS LOS INSTRUMENTOS DE LA PASION*
¡O sagrados instrumentos, que, siendo instrumentos de crueldad, quedasteis santificados con él contacto de mi Redentor! participe yo algún tanto de los dolores que le hicisteis sufrir a él y su Madre dulcísima en el tiempo de su pasión. Entre tanto con todo afecto os adoro, ¡o Instrumentos divinos!
*Otro Padre nuestro, etc.*

¡O María Madre desolada! por nuestra soledad y desamparo dignaos ser ahora y siempre mi consuelo y mi amparo, y principalmente en la ahora de mi muerte. Amen.

*A LA SANTÍSIMA CRUZ*
¡Cruz Santa! sabiduría de Dios padre, virtud de Dios Hijo, obra de Dios Espíritu Santo: R/: Aumentad la gracia a los Justos y borrad sus crímenes a los pecadores.

¡O Cruz Santa! deseo de Cristo que nace, amor de Cristo que vive, cátedra de Cristo que enseña, ara de Cristo que se inmola:

¡O Cruz Santa! testamento de Cristo que muere, gloria de Cristo que resucita, tribunal de Cristo que juzga, cetro de Cristo que reina:

¡O Cruz Santa! consagrada con la muerte de Jesucristo, santificada con el amor de Jesucristo, adornada con los méritos de Jesucristo, hermoseada con el cuerpo de Jesucristo, teñida con la sangre de Jesucristo:

¡O Cruz Santa! fundamento de la Religión, estandarte de la milicia cristiana, estímulo de la virtud predicable a todas las naciones, amable a todos los corazones:

¡O Cruz Santa! espejo de penitencia, milagro de obediencia, prodigio de sabiduría, ejemplar de todas las virtudes, árbol de vida, camino de salud, llave de paraíso:

¡O Cruz Santa! refugio de los miserables, con suelo de los pobres, fortaleza de los débiles, amparo de los agonizantes, defensa de los que mueren en el Señor:

¡O Cruz Santa! decoro de la Iglesia triunfante, espada de la Iglesia militante, salud de la Iglesia purgante:

¡O Cruz Santa! tesoro de los cristianos, medianera de los hombres', precio de nuestra alma, terror de los demonios, fuente de los sacramentos:

Oh Cruz Santa, alegría de los Ángeles, esperanza de los Patriarcas, luz de los Profetas, escudo de los Apóstoles, sostén de los Mártires, palma de los Confesores, diadema de las Vírgenes:

¡O Cruz Santa! bienaventurada Cruz, corona de todos los Santos: R/: Aumentad la gracia d los justos y borrad sus crímenes a los pecadores. Amen.

*ORACION Á LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA EL DIA DE PASCUA*
Cesad, o Virgen gloriosa, cesad ya de entregaros a la tristeza y aflicción: bastante habéis Horado, Madre amabilísima, tiempo es ya de enjugar vuestras lágrimas. Vuestro divino Hijo La resucitado: entregaos, o la más dulce de las madres, a una santa alegría: gozaos, Señora de su gloriosa resurrección. Miradle, y reparad que ya no es aquel Hijo lleno de angustias e improperios. Su alegre rostro, sus resplandecientes llagas, su cuerpo sagrado, su santa alma, todo está lleno de majestad, todo está revestido de hermosura y de gloria. Él ha triunfado de la muerte, ha subyugado el infierno, ha destruido el pecado. Alegraos Señora, que todos los Ángeles que hay en el cielo, todos los Santos que estaban en el limbo, todos sus Discípulos, las santas Mujeres, las criaturas todas aplauden su triunfo, y llenan de parabienes a Él y a Vos. Aceptad, oh amabilísima Madre mía, los afectos de mi corazón, que viene a tomar parte en vuestra alegría, y a felicitaros con todos los Ángeles y Santos por la resurrección tan gloriosa de vuestro siempre amado Hijo. Después de haber participado de la aflicción y del dolor tan amargo en que se ha visto sumergido vuestro corazón en estos días de luto, yo os suplico o amantísima Madre, en este día de júbilo os dignéis interceder por mí, y que me alcaneéis la gracia de verme libre de las cadenas que me tienen esclavo del mundo y del pecado. Haced, en fin, o alegre Señora, que yo sepa vencer las tentaciones del demonio, y que resucitando a la vida espiritual de la gracia, viva hasta el último suspiro en el amor de vuestro Santo Hijo, mi dulcísimo Jesús Amen.

CANTALAMESSA CONTRA EL EVANGELIO DE SAN JUAN

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
Dos apóstatas de la Fe Católica coluden: Bergoglio nombró al cardenal Cantamessa para ser su predicador papal para la Cuaresma.
Ahora Cantalamessa, delante de Bergoglio y su curia, negó la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y la inerrancia e historicidad de la Biblia.
El Vaticano de Bergoglio pulula de apóstatas, marxistas, ateos y sodomitas.
  
Adicional a ser el propio Francisco Bergoglio un apóstata de la Fe Católica, él se rodea de una gavilla de socios apóstatas. Recientemente, uno de estos herejes ha sido expuesto públicamente: Raniero Cantalamessa Giovannini OFM Cap., un capuchino a quien Bergoglio le dio oficialmente el “imprimátur” conciliar creándolo cardenal en 2020. A instancias de Bergoglio, Cantalamessa está adoctrinando a los prelados de Bergoglio en la apostasía como el predicador designado por Bergoglio para la Cuaresma de 2024.
    
Cantalamessa concluyó sus sermones de Cuaresma el 25 de Marzo de 2024 con un jolgorio. Negó públicamente, ante un Bergoglio que lo aprobaba y su curia, la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y la inerrancia e historicidad de la Sagrada Escritura. San Juan Apóstol y Evangelista del Cuarto Evangelio, el amigo más cercano de Nuestro Señor, que caminó con él todos los días durante tres años, relató en su Evangelio (XIV, 5-6) que el apóstol Santo Tomás le preguntó a Cristo: «¿Cómo podemos conocer el camino?», a lo que Nuestro Señor proclamó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí» Cantalamessa, orgullosamente haciéndose mayor que el Discípulo Amado, afirma que Cristo nunca dijo eso. ¡¿Qué?!
Entonces, parece que esa neo-Iglesia apóstata del Novus Ordo, habiendo negado la Sagrada Tradición, una de las dos fuentes de la Revelación Pública (La Verdad Divina), ha pasado a negar la otra fuente, la Sagrada Escritura (La Biblia). No es de extrañar. La Iglesia Conciliar ciertamente NO es la Iglesia Católica. El bergogliano Cantalamessa afirma que estas declaraciones no fueron hechas por el “Jesús histórico”, sino que San Juan Apóstol simplemente mintió y los inventó [Parte de la información para este Comentario proviene de Catholic World News].
   
Católicos tradicionales, al aprobar oficialmente la bendición de las “parejas” sodomitas, es decir, el “matrimonio homosexual”, Bergoglio ya ha perdido a gran parte de la Iglesia ortodoxa oriental, que abiertamente lo llama hereje de la fe cristiana. Incluso el Papa de la primera Iglesia cristiana, los coptos de Alejandría (Egipto), donde San Marcos era Patriarca, ha rechazado a Bergoglio como un hereje de la fe cristiana. Al negar la inerrancia y la historicidad de la Biblia, Bergoglio ahora está perdiendo a los protestantes y evangélicos. Si no ha quedado claro para los neoconservadores neoconservadores y pseudotradicionalistas despistados desde 1964 que la Iglesia Conciliar y sus pretendientes pseudopapas ciertamente NO son la Iglesia Católica, las otras dos grandes denominaciones cristianas, la Ortodoxa Oriental y la Protestante/Evangélica han visto la verdad inconfiable y han rechazado a Bergoglio incluso como un cristiano básico. Por supuesto que no lo es. En su propio libro admite que es marxista, lo que equivale a un ateo.

jueves, 28 de marzo de 2024

SUSPENDIDO PRESBÍTERO APARICIONISTA QUE ACUSA A BERGOGLIO DE “USURPADOR”

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
El presbítero John Mary Foster MDM se enfrenta a Francisco Bergoglio llamándolo públicamente “usurpador”, mientras se une a más y más fieles conciliares que están comenzando a ver la luz que los católicos tradicionales vieron ya en 1964, cuando el Anticoncilio Vaticano II fundó la falsa Iglesia Novusordita, que ciertamente NO es la Iglesia Católica, por lo que sus papas no son verdaderos Papas.
   
Ciertamente parece que cada vez más “católicos” conciliares están empezando a abrir los ojos y darse cuenta de que Francisco Bergoglio no es un verdadero Papa (tampoco lo fueron Juan XXIII bis Roncalli, Pablo VI Montini, Juan Pablo II Wjotyła o Benedicto Ratzinger). El 13 de Marzo de 2024, el presbítero John Mary Foster O’Connor, “instalado” en 1987 y fundador de la neoiglesiana Misión de la Divina Misericordia (siendo en sí misma la Divina Misericordia una “devoción” espuria de la Deuterovaticanidad), llamó públicamente a Bergoglio un “usurpador” como reclamante al papado. Foster afirmó que él había recibido “mensajes proféticos” a tal efecto. Venga, ¿por qué no? La Iglesia Conciliar está llena de tantos falsos “milagros eucarísticos” y falsas “apariciones” que todo vale.
   
Foster declaró eso en un mensaje de 17 páginas titulado “Debemos obedecer a Dios” que la Iglesia Conciliar está afrontando «una crisis extrema». Foster concluye: «Normalmente, obedecer a Dios incluye obedecer a las autoridades de la Iglesia. Pero estamos viviendo una crisis sin precedentes. Dios nos está diciendo que el Trono de San Pedro está ocupado por un usurpador, y no deberíamos someternos a él ni a los que están llevando a cabo sus injustos designios». En este caso Foster tiene razón en los hechos. Hasta un reloj dañado da bien la hora dos veces al día [Parte de la información para este Comentario proviene del Servicio de Noticias Crux].
    
Católicos tradicionales, Foster, por supuesto, debía ser silenciado por la Corporación Neoiglesiana dirigida por Bergoglio, así que fue suspendido por Gustavo García Siller M.Sp.S., él mismo un usurpador del arzobispado de San Antonio en Tejas. García Siller dijo que estaba tratando de impedir «mayor confusión y grave escándalo». Vamos, ese caballo hace mucho que salió del establo. La Iglesia Conciliar, fundada en 1964 en el Anticoncilio Vaticano II, la cual ciertamente NO es la Iglesia Católica, está tan confundida que ni siquiera tiene una verdadera Misa, verdaderos Sacramentos, verdadera doctrina o verdadera moral: todo es confuso, y todas las opiniones contradictorias son aceptadas en la espuria Iglesia “ecuménica” del Novus Ordo.

BERGOGLIO RIGORISTA INSATISFECHO LLAMANDO A «LIBERARSE DEL RIGORISMO Y LA INSATISFACCIÓN».

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

Francisco estaba en buena forma en la Misa Crismal del 28 de marzo, pronunciando una homilía de 22 minutos.
   
Como de costumbre, no presidió la Eucaristía crismal (lo hizo el marginado Vicario de la diócesis de Roma, el cardenal Angelo De Donatis Fattizzo), sino que se sentó a un lado. Él quiere que todos los presbíteros presidan exclusivamente en el rito montini-bugniniano, pero él mismo parece estar harto de ello.
   
En la homilía habló de sí mismo: «Cuánto necesitamos liberarnos de resistencias y recriminaciones, de egoísmos y ambiciones, de rigorismos e insatisfacciones, para encomendarnos e interceder ante Dios».
   
Agradeció a los presbíteros (1.800 presentes), a quienes suele atacar, «por sus corazones abiertos y dóciles», lo que significa que deberían “obedecer” su arbitrariedad.
      
«Gracias por sus fatigas y gracias por sus lágrimas», añadió.

MÁS PRUEBAS DESMIENTEN QUE LA SÁBANA SANTA SEA UN “FRAUDE MEDIEVAL EUROPEO”

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

El lino utilizado para hacer el lienzo del Sudario de Turín se cultivaba en el Levante Occidental, que cubre los territorios modernos de Tierra Santa, el Líbano, y las partes occidentales de Jordania y Siria.
   
Este es el resultado de las nuevas pruebas isotópicas encargadas por el arqueólogo estadounidense William Meacham (秦維廉) y llevadas a cabo en el Laboratorio de Isótopos Estables de la Universidad de Hong Kong.
    
Meacham es miembro de la junta de la Asociación de Educación e Investigación del Sudario de Turín (STERA). Obtuvo permiso para probar cinco de los siete hilos en posesión del grupo, procedentes de la “pieza Raes”, una muestra tomada por el profesor Gilbert Raes (1914 - 2001) de la Universidad de Gante (Bélgica) en 1973 para estudios de tejido.
    
Las pruebas confirmaron que el polen en el lino indicaba una presencia en el Mediterráneo Oriental.
    
Además, la corona de espinas que se ve en el sudario tiene la forma de un casco y no de un círculo romano, característico de Asia Menor y el Levante. El uso de monedas en los ojos en la imagen del sudario coincide con un ejemplo documentado de un entierro en Judea del siglo II.
   

VÍA CRUCIS SOBRE LA SANTA MISA

Tomado de RADIO SPADA.
   

De un amigo sacerdote, este hermoso Vía Crucis meditado sobre el Santo Sacrificio de la Misa.
    
ORACIÓN PREPARATORIA
Jesús, toda tu vida ha estado dirigida hacia la cruz, este acto sublime de justicia y caridad, de sabiduría y misericordia. Para mí, toda mi vida debe estar orientada hacia la Santa Misa, que me da la oportunidad de nutrir y ejercitar las hermosas virtudes de la fe y la esperanza, pero también de la justicia y la caridad.
   
Para vivir mejor mi Misa, vengo, oh Jesús, a acompañaros en vuestro Vía Crucis. Concédeme la gracia de acercarme a las disposiciones de Santa María Magdalena, de San Juan y especialmente de Nuestra Señora de los Siete Dolores.
   
Oh Jesús, te ofrezco de antemano todos los méritos de tu sacrificio, por todas tus intenciones y las de la Virgen.
    
I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte.
Oh Jesús, en tu agonía viste todos mis pecados y me viste incapaz de remediarlos, por eso te ofreciste repararlos ante la justicia divina. Frente a Pilato aceptaste tu injusta sentencia porque en lo más profundo de tu corazón te declaraste culpable en mi lugar.
  
¡Oh Jesús, sin embargo yo soy el culpable! En tu bondad, sólo me pides que te acompañe y me lo pides de rodillas, como durante el lavatorio de los pies de los apóstoles.
   
Oh Virgen, cuando recite el Confíteor al comienzo de la Misa, concédeme la gracia de llenar mi corazón de verdadero dolor por mis pecados y de la firme voluntad de participar generosamente en su expiación.
    
II ESTACIÓN: Jesús es cargado con su cruz.
Como Isaac, Jesús recibe de su Padre el madero de su sacrificio. Con ardor y determinación lo abraza y lo lleva en sus hombros porque quiere con todas sus fuerzas nuestra salvación.
  
Al levantar la patena durante el ofertorio, el sacerdote actualiza esta disposición del Salvador de ofrecerse a todos los sufrimientos para pagar la deuda de mis pecados: "Recibe, Santo Padre, esta hostia inmaculada que se ofrece por mis innumerables pecados, ofensas y negligencia".
  
Oh María, déjame ofrecerme de todo corazón a sufrir en cuerpo y alma lo que la Providencia quiera, para participar en la expiación de mis pecados. Tan pronto como aparezca la cruz, oh mi buena Madre, ayúdame a abrazarla con determinación, como Jesús, recordándome mi ofertorio.
     
III ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez.
Jesús se mueve lentamente. Cada movimiento es para él un verdadero martirio, porque su carne sagrada fue horriblemente desgarrada durante los azotes.
   
Oh Jesús, me doy cuenta de que muchas de mis caídas provienen de escuchar excesivamente los deseos de la carne, que siempre me empujan al egoísmo: es la pereza, la glotonería, la sensualidad. Entonces entiendo que debo mortificar mi carne para avanzar en el camino de la virtud.
  
Oh mi dulce Salvador, quiero comenzar esta mortificación en la Santa Misa. Quiero renunciar a mi comodidad manteniendo una posición digna y discreta, aunque me cueste, y vistiéndome con modestia y respeto en verano y en invierno.
     
IV ESTACIÓN: Jesús se encuentra con su Santísima Madre.
La Santísima Virgen desapareció durante el ministerio público de su divino Hijo, pero por su sacrificio está allí. Quiere estar a su lado cuando sus apóstoles, sus amigos, hayan desaparecido. Jesús soporta su pasión por su madre, como por nosotros. Su presencia lo anima a ser fuerte y seguir adelante con su sacrificio.
  
En cuanto a nosotros, debemos sacar de la Misa la convicción profunda de que Nuestra Señora está presente en el camino de nuestra salvación, este camino que asciende, durante el cual no debemos escucharnos a nosotros mismos, sino esforzarnos siempre por progresar. Y podemos hacerlo si encontramos la mirada alentadora de nuestra buena Madre.
   
Un día sin esfuerzo, sin rendirnos, es un día en el que marchamos en el lugar. Y no vamos a ninguna parte.
     
V ESTACIÓN: Simón ayuda a Jesús a llevar su cruz.
Jesús, Dios Todopoderoso, quiere ser ayudado en el Vía Crucis para mostrarnos un camino para reparar nuestros pecados: "las obras de misericordia".
   
San Pedro escribe: “Sobre todo, tened ardiente caridad los unos por los otros, porque la caridad cubre multitud de pecados”. En la Misa podemos ejercer esta misericordia primero orando fervientemente por aquellos que han sido probados, por la conversión de los pecadores, por el alivio de las almas en el purgatorio; y luego, podemos encontrarnos con la mirada de Jesús que nos pide ser un Simón de Cirene visitando o levantando a una persona concreta.
   
¡Oh Jesús, tengo tanto para expiar mis pecados! Así que gracias por ofrecerme esta manera fácil de reducir mi deuda.
    
VI ESTACIÓN: Santa Verónica limpia el rostro de Jesús.
Santa Verónica, con mucho respeto, limpia el rostro del Salvador, sucio de sangre y sudor. Y a cambio, Nuestro Señor imprimió su sagrado rostro en su velo, para mostrarle que había purificado totalmente su alma, y ​​que allí sólo quedaba la caridad.
  
Ante nuestros ojos, el honor de Dios es pisoteado por la multiplicación de los pecados. En la Misa, como Santa Verónica, podemos borrar muchas afrentas ofreciendo al Padre: la adoración infinita de su divino Hijo para reparar la indiferencia y el deseo de independencia de los hombres, la acción de gracias infinita de los hombres para reparar la ingratitud de los hombres, la expiación de los Víctima divina para reparar los pecados de los hombres.
   
Oh Jesús, sé que a cambio purificarás mi corazón.
    
VII ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez.
El cansancio de Jesús es tal que vuelve a caer. Particularmente presentes en su mente están las palabras de odio de Caifás, las palabras de cobardía de Pedro y Pilato, las palabras imprudentes de la multitud.
   
Oh Jesús, me doy cuenta de que muchos de mis defectos están ligados a mi lenguaje: palabras de mentira o de vanidad, palabras de calumnia o de dureza, palabras inútiles o de orgullo. Entiendo que necesito realmente mortificar mi lengua y, contracorriente, los movimientos de mi corazón, para ponerme en el camino de la salvación.
   
Oh mi dulce Salvador, quiero comenzar esta mortificación en la Misa. Renuncio a hablar en la iglesia, que es un lugar sagrado, un lugar de oración; También me esforzaré por hacer una sola voz con los fieles para las oraciones y los cantos.
    
VIII ESTACIÓN: Jesús consuela a las hijas de Israel.
“La Pasión derrite con amor los corazones más duros”, dice San Buenaventura. ¡Pobre de mí! ¡Oh Jesús, mi fe y mi caridad duermen bien en la Misa! Sé que en el momento de la consagración se hace presente el único sacrificio del Viernes Santo, y estoy lejos de derramar lágrimas de compasión, como aquellas mujeres de Israel.
  
Para que los méritos de la Pasión de Jesús nos purifiquen, necesitamos más que compasión, necesitamos contrición. Por eso el Salvador invita a estas mujeres a llorar por sus pecados y los de sus hijos.
   
En la Misa, delante de la divina Víctima, el sacerdote se golpea el pecho con el "nobis quóque peccatóribus". En ese momento pedimos a la Virgen que toque nuestros corazones, que los abra para que fluyan lágrimas de contrición por nuestros pecados y por los que hemos hecho cometer a nuestros prójimos. De esta manera la Sangre de Jesús puede purificarnos.
    
IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez.
Jesús está al límite de sus fuerzas, y vuelve a caer. En toda su pasión, lo miran como un animal enjaulado. ¡Qué humillación! Las miradas están fijas en él y los comentarios de la multitud lo abruman.
  
Oh Jesús, sé que muchos de mis defectos están ligados a mi mirada: disipación, avaricia, juicios críticos, celos, impureza, pérdida de tiempo... Comprendo que debo verdaderamente mortificar mi mirada para avanzar en el camino de la virtud.
   
Oh mi dulce Salvador, quiero iniciar esta mortificación de los ojos durante la Misa. Me aseguraré de combatir la curiosidad por los ruidos, actitudes y ropa de los demás; Intentaré mantenerme bien sereno para permitir que mi alma ore con más fervor.
   
X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestidos.
Al llegar al Gólgota, antes de ser crucificado, Jesús es despojado de un sufrimiento horrible porque todas sus heridas se reabren.
  
En el momento del juicio particular y del juicio general, también nuestra alma quedará desnuda ante Dios y ante los hombres. Y será una terrible humillación. Ahora cubrimos nuestra vida con un manto de “buena apariencia” para mantener la estima de nuestros seres queridos, pero luego, junto a nuestros pecados, se manifestarán nuestras malas intenciones que han contaminado tantas de nuestras buenas obras. Fue la vanidad, el egoísmo, el rencor, la cobardía, el respeto humano lo que motivó nuestras actitudes, no la preocupación por el bien de las almas y la gloria de Dios.
   
Oh Jesús, quiero empezar por llenar mi alma de intenciones nobles y justas antes de ir a Misa, también durante la misa y al salir.
   
XI ESTACIÓN: Jesús es crucificado.
Jesús ahora quedará inmovilizado en la cruz por enormes clavos que le causan un dolor terrible. Ya no tiene posibilidad de moverse para encontrar una posición menos dolorosa o de ahuyentar las moscas que vienen a chuparle la sangre.
   
Oh Jesús, me doy cuenta de que muchas faltas están ligadas al capricho, a la imaginación: pérdida de tiempo, negligencias, cosas mal hechas u omitidas, impaciencia, desánimo, quejas... Me resulta muy difícil ser riguroso, disciplinado, someter mi Voluntad a un programa, actividades, horarios. Me dejo guiar demasiado por lo que me gusta en lugar de someterme a lo planeado y también a la voluntad de Dios.
  
Oh Jesús, veo que en la Misa el sacerdote repite siempre los mismos gestos, en el mismo orden. El sacerdote no escucha sus estados de ánimo, sus preferencias. ¡No hay imaginación! Yo también quiero clavar mi voluntad a la de Dios.
   
XII ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz.
Oh Jesús, al final de este Vía Crucis me siento muy pecador, muy miserable, muy culpable. ¡Tantos errores a los que presté poca atención porque soy superficial!
   
Oh Jesús, morirás lentamente en el altar de tu sacrificio. Tu cuerpo sufre el dolor más agudo, de la cabeza a los pies, tu alma experimenta una larga agonía en la soledad. ¡Cuánto sufrimiento! Quisiera derramar abundantes lágrimas de arrepentimiento a tus pies como María Magdalena.
   
¡Oh Jesús mío, perdón y misericordia! Tu primera palabra en la cruz me tranquiliza: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Por eso vengo a imploraros con dolor, pero con confianza, repitiendo el libera nos con que concluye el Canon de la Misa: "Por favor, líbrame, Señor, de todos los males, de todo el dolor que he tenido que soportar durante mis pecados pasados ​​y presentes, y por los méritos de tu precioso sacrificio, ayúdame, en el futuro, a no volver a caer."
   
XIII ESTACIÓN: Jesús es puesto en brazos de su Madre.
En la Anunciación, la Virgen había aceptado revestir al Salvador de su propia carne, de una carne capaz de sufrir. En el templo de Jerusalén, ella lo había ofrecido y se ofreció con él a todos la voluntad del Padre, para completar la obra de la Redención.
   
Hoy el Padre le devuelve la Víctima divina asesinada para que pueda alimentar a sus hijos, todos los bautizados. En el altar, la presencia de la Virgen está representada por la patena. Después del ofertorio, permanece oculta hasta el
momento en que el sacerdote rompe la hostia consagrada, lo que significa la presencia de la Virgen al pie de la cruz que recibe a la Víctima divina para entregárnosla, a través de la Sagrada Comunión, para alimentar nuestra almas con los
méritos y virtudes de Jesús.
   
Oh mi buena Madre, te ruego que pongas siempre mi alma en comunión mediante la verdadera contrición, la fe viva, el respeto profundo, la caridad intensa, para que nada se pierda del tesoro de gracias que me dan.
  
XIV ESTACIÓN: Jesús es colocado en el sepulcro.
Ante los ojos de la Virgen, el cuerpo sin vida y desgarrado del Salvador descendió al sepulcro.
   
La Santísima Virgen es un alma contemplativa: “Conservó todos estos acontecimientos en su memoria y los retransmitió a su corazón”. Las tres horas de agonía de Jesús en la cruz le parecieron, en ese momento, una eternidad. Pero ahora se da cuenta de que todo fue demasiado rápido, por eso quiere seguir, en el tiempo, viviendo estas horas de redención.
  
También para nosotros el drama que se desarrolla en nuestros altares, la comunión, pasa demasiado rápido. Por eso es importante prepararse a través de una buena meditación o un vía crucis y, a lo largo del día, repetir actos de contrición, petición, agradecimiento y amor. Y luego recibimos de la Misa la firme determinación de pronunciar un fiat generoso ante todas las adversidades.
   
ORACIÓN FINAL
Jesús mío, ¡qué te daré por tanto amor, por tanta bondad, por tanta misericordia! No soy nada, sólo soy una criatura pecadora, pero recuerdo, oh mi dulce Salvador, que dijiste: “Hay más alegría en el corazón de Dios por un pecador que hace penitencia, que por noventa y nueve justos que no es necesario”.
 
Así, oh Jesús, te ofrecí, durante este Via Crucis, la alegría de purificar, fortalecer, llenar de gracias, de buena voluntad, mi alma pecadora. Y es una alegría muy grande para mí querer renovar. Oh mi buena Madre, mantenme en la humildad y la contrición, para que Nuestro Señor tenga siempre la alegría de colmarme de sus divinas bendiciones, porque "hay más felicidad en dar que en recibir".

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

miércoles, 27 de marzo de 2024

LA “MEMORIA DEMOCRÁTICA” CONTRA HERMANDAD DE LA SEMANA SANTA EN MÁLAGA

El Sábado de Pasión, la Hermandad del Santísimo Cristo de la Clemencia (antigua Cofradía Nacional del Santísimo Cristo Mutilado) salió en su correspondiente Estación de penitencia en el marco de la Semana Santa en Málaga, lo que ocasionó gran polémica ante los socialistas porque la hermandad salió con su antiguo guion (estandarte bordado que encabeza la procesión):
   
  
La polémica con el guion radica porque su escudo ha sido etiquetado como “franquista” solo por contener el águila de San Juan y la Medalla del mutilado por la Patria, una condecoración creada por el gobierno del Generalísimo para los soldados del Bando Nacional que resultaron mutilados en la Guerra Civil.
  

La portavoz de la coalición Con Málaga (integrada por Izquierda Unida, Podemos, Más País, Verdes Equo, Alianza Verde e Iniciativa) y activista feminista María Antonia “Toni” Morillas González exigió la apertura de una investigación a la hermandad por contrariar la Ley de “Memoria Democrática”, que proscribió todo símbolo franquista en una suerte de venganza porque el Bando rojo perdió la guerra. La investigación fue abierta por la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, una dependencia del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática del régimen de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, y dirigida actualmente por Fernando Martínez López.
   
La Hermandad de la Clemencia fue fundada como la Cofradía Nacional del Santísimo Cristo Mutilado el 16 de Febrero de 1939 alrededor del crucifijo tallado entre 1678 y 1716 por el escultor Jerónimo Gómez de Hermosilla para la parroquia del Sagrario de la catedral, y cuyos pies fueron cercenados por los rojos durante los disturbios vandálicos de 1936. La hermandad (que tuvo como primer hermano mayor a José Millán Astray, el fundador de la Legión Española) ha sido de las más perseguidas por los epígonos de los republicanos y un clero traidor y arrodillado en la “Transición”: el entonces obispón malacitano Ramón Buxarrais Ventura los suspendió de procesionar en 1976, limitando su culto a la parroquia del Sagrario; y en 2020, a instancias del presbítero Alfonso Arjona Artacho (quien en pleno cabildo de 2018 amenazó en nombre del Obispado con la destrucción de la imagen titular), la cofradía presidida por Manuel Sánchez Salcedo encargó al profesor Juan Manuel Miñarro la reconstrucción de la imagen, borrando completamente con su pasado y valiendo que la imagen fuese llamada en su momento como “Santísimo Cristo de la Amnesia”.

GALANTINO, BOTADO COMO BOLSA (Y eso que era protegido de Bergoglio)

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
    

Francisco Bergoglio desplazó al obispón Nunzio Galantino, el ex presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, como una patata caliente, escribió Messa in Latino el 26 de marzo.
  • En diciembre de 2013, el pequeño monseñor Nunzio Galantino, obispón de Casano en el Jonio, fue nombrado secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana.
  • Ganó la simpatía de Francisco con sus vergonzosas palabras sobre las «caras inexpresivas» de los defensores del Derecho a la Vida que «rezan el Rosario frente a las clínicas».
  • Como secretario general, Galantino rápidamente eclipsó al entonces presidente, el cardenal Angelo Bagnasco, por ser el representante de la ideología de Bergoglio.
  • A Bergoglio no le gustaba Bagnasco porque no era lo suficientemente hereje.
  • En junio de 2018, Francisco nombró a Galantino presidente de la Administración Patrimonial de la Sede Apostólica, una función clave en la Curia Romana.
  • Pero algo salió mal: Galantino nunca se convirtió en cardenal, ni siquiera en arzobispo.
  • Menos de dos meses después de que Galantino cumpliera 75 años (los cumplió el 16 de agosto), Francisco lo envió a la jubilación, un tratamiento que Francisco reserva para aquellos que considera sus “enemigos”.
  • Galantino quería que el laico Fabio Gasperini le sucediera (Gasperini era el secretario de la APSA, pero no lo quieren en el Vaticano por quejarse de que su sueldo era bajo en comparación al ídem de la Secretaría para la Economía –donde estuvo el difunto Pell–. Inclusive, lo señalan como el detetminador de la “directriz de los apartamentos”), pero Francisco disgustó a Galantino al nombrar al presbítero salesiano Giordano Piccinotti.
  • A diferencia de Galantino, Francisco hizo de Piccinotti un arzobispo en tres meses.
  • Ahora dicen en el Vaticano que si hay una «cara inexpresiva», es la de Galantino (que en la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, dijo el 24 de Julio de 2016 en la homilía: «Sodoma se salvó porque habían justos –así sea muy pocos–, y porque Abrahán es hombre de oración, y no acusaba a nadie», cuando la Sagrada Escritura dice exactamente lo contrario).


EL CALVINISMO NEOCATECUMENAL

Traducción del artículo publicado en OSSERVATORIO SUL CAMMINO NEOCATECUMENALE SECONDO VERITÀ.
   
Detalle de un garabato kikiano: “el alma” está totalmente “en los brazos del diablo”…
   
He tenido recientemente un intercambio de mensajes con una mujer que aquí llamaré “A”, estadounidense y que estuvo en el Camino por casi quince años. Entre muchas cosas, hablando de los Novísimos, emergió un aspecto chocante de lo que el Camino Neocatecumenal enseña respecto al pecado y la gracia.
    
Nota: la cuestión de las «las ovejas y las cabras» concierne al Evangelio de San Matel (cfr. Mt 25, 31-33):
«Cuando venga, pues, el Hijo del hombre con toda su majestad, y acompañado de todos sus ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria; y hará comparecer delante de él a todas las naciones; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, poniendo a las ovejas a su derecha y los cabritos a la izquierda».
Nota: la esjatología es la ciencia teológica de las «postrimerías», esto es, sobre el destino definitivo y final de las personas y de lo creado.

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«¿Qué has aprendido respecto a la esjatología y específicamente respecto al Purgatorio y al Juicio final»
De hecho, no mucho sobre el Purgatorio. No hubo ninguna explicación en términos claros. No era un tema que [los denominados “catequistas” del Camino] han tratado en gran detalle, eso es todo. Diría que el Purgatorio era algo implícito. El Juicio final era más referido a tu último juicio al fin de la vida, pero no me parece que fuese formalmente enseñado algo contra las enseñanzas de la Iglesia. Cristo Juez es un icono bastante común… ¿Pero por qué me preguntas del Purgatorio y del Juicio final?
   
«…Has mencionado el “icono” de Kiko sobre el Juicio final, bueno, fue copiado de un autor ruso del siglo XV, pero en la versión de Kiko es del todo ausente la figura del cordero, dejando solo un pequeño número de cabras».
En cuanto a las ovejas y las cabras… me parece que estás tocando la cuestión de la confusa dicotomía neocatecumenal respecto a las almas escogidas por Dios y a la incapacidad del individuo de ser perfecto. Para ellos no existen niveles intermedios: eres al mismo tiempo un preelecto y un “incapaz de no pecar”. Ninguna gradualidad. En el Camino nunca me fue dada una explicación de la diferencia entre el pecado mortal y el pecado venial: incluso el más remoto juicio en los pensamientos era considerado grave como el sexo prematrimonial. Era todo igualmente malo y vergonzoso. Así su definición de santidad no consideraba el alma que se ha comprometido a practicar las virtudes y a pecar menos (puesto que sería imposible en cuanto somos todos pecadores), sino que consideraba simplemente el haber reconocido sus propias debilidades, su propio status de pecador y su propia indignidad, abandonándose todo a la misericordia de Dios. Por tanto, diría, que no hay allí ovejas porque serían una ilusión.
   
«Había notado mucho tiempo ha que el concepto de “gracia santificante” y el estar “en estado de gracia» están ausentes de las catequesis neocatecumenales, y lo que me dices parece aclarar el motivo… Es como si Kiko y los denominados “catequistas” son considerados el carisma y la gracia, lo que tal vez explica por qué se ocupan de menospreciar la verdadera gracia actual y santificante». 
De hecho hay una línea confusa entre el mensaero y la gracia misma. Por demás, la causa que los hermanos de comunidad señalan como motivo de un punto de inflexión de su vida moral, no está en los sacramentos, sino en la misma comunidad. Ahora, está demostrado científicamente que la comunidad e interacción social son la “cura” para las manías, ansiedad, depresión, y otros problemas. Así, en cierto sentido, se sienten liberados de los demonios, pero sin recibir una guía clara sobre cómo hacer permanecer la propia alma en un estado de gracia santificante. Fue algo que me tenía con mucha confusión cuando estaba creciendo, y sí que soy una persona que estudia y es capaz de escuchar. Ahora sé cómo permanecer en estado de gracia (a través de la confesión frecuente y la comunión devota), pero antes no tenía mucha claridad sobre esto. Estaba aquel su continuo repetir que siempre estaba desagradando a Dios, que en ciertas ocasiones podría también ser verdad, pero cuán verdaderamente útil es insistir siempre en ello.
    
La tensión hacia la santidad y la búsqueda de la perfección a lo largo del propio peregrinaje terreno, son conceptos totalmente ausentes en el Camino. Para ellos es “o todo o nada”, y el concepto de “perfección” (en el sentido de imitación virtuosa de Cristo), es simplemente considerado imposible. Esto es extremadamente contradictorio. Es importante distinguir entre pecado venial y mortal, entre la gracia santificante y la gracia actual (la gracia para actual). Están fuertemente convencidos de necesitar la gracia actual para poder hacer cualquier cosa, pero el concepto de gracia santificante está prácticamente ausente, si no del todo.
    
Al ignorar o negar la realidad de la gracia santificante, Kiko Argüello y el Camino Neocatecumenal están peligrosamente cercanos a la enseñanza calvinista de la “depravación total del hombre”. En esa óptica, las almas no tienen necesidad de santificarse porque la santidad viene “imputada” solo por Dios.

TRIDUO AL SANTO NIÑO DE ATOCHA

Triduo publicado junto a la Novena dispuesta en 1841 por don Calixto Aguirre, de Guanajuato, en acción de gracias por un milagro recibido. Reimpresa en Guadalajara por la Casa Pérez Ruiz, sin fecha conocida.
   
NOTA: Los hechos milagrosos referidos en esta Novena sólo merecen una fe humana, mientras que la Iglesia no dé su fallo sobre ellos, según lo dispuesto por Su Santidad Urbano VIII.
   
ADVERTENCIA
Aunque en todos los tiempos se puede rezar esta utilisima devoción, no obstante, está destinada para miércoles, jueves y viernes de cada semana, por ser estos días dedicados a la memoria de la Preciosa Sangre que este Santísimo Niño en su crecida edad, derramó por la salud de todo su pueblo.

TRIDUO DEDICADO AL MILAGROSÍSIMO SANTO NIÑO DE ATOCHA
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN
A Ti, hermosísimo Niño de Atocha, a Ti ocurro porque en Ti está depositada toda mi esperanza y en Tí creo firmemente hallar consuelo en lo que vengo a pediros postrado a vuestras plantas, porque sé claramente que Vos sois mi Creador, mi Padre, mi Redentor, mi Conservador y Autor de todo lo que soy; a Ti me postro ante tu divina presencia, confiado en que me has de perdonar siempre que a tus puertas llegue arrepentido; Tú, tiernisimo Niño de Atocha, Tú eres el que siempre estás con los brazos abiertos para recibir a todo el que llegue atribulado y lleno de aflicciones; Tú eres quien le consuelas en ellas, volviéndolas todas gozos y bienes, y por Ti espero alcanzar lo que necesito, pues bien sabes las necesidades y trabajos que me rodean en esta ocasión; que restaure yo tu amistad, pues con ansias vivas yo lo deseo; dame tu gracia, porque ya, buen Pastor, llegó la hora feliz que venga a Ti arrepentido, me parece que hasta donde pueda mi corazón, detesto mis pecados; ya llego cual David, a que me levantes de la fatal caída de mis enormes culpas.
    
Perdóname, Rey Supremo; apresúrate, poderosísimo Niño de Atocha, a indultar a este infeliz pecador, y vuelve a tu gracia a esta pobre alma, pues sólo en Ti está mi esperanza. Yo, piadosisimo Niño, te presento mis trabajos en satisfacción de las ofensas que contra tu clemencia he cometido, y vivo confiado en que por la poderosa intercesión de tu amada Madre Santa María de Atocha me has de perdonar y dar tiempo para hacer penitencia de manera que, derramando cual otro Pedro, torrentes de lágrimas logre mi corazón desagraviarte, para poder así lavar y purificar tantos y tan monstruosos crimenes que he cometido; escucha mis clamores, benignisimo Niño de Atocha, no me arrojes de tu presencia, no me retires de tu Divino Espíritu, no apartes de mí tu Santo Rostro; fija en mí esos tus hermosísimos ojos, para poder gozar de tu amable compañía en la celestial mansión de la gloria. Amén.
    
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Infinito, Supremo e Inmenso Niño de Atocha, Omnipotente Conservador de todo lo crea-do y único ser de mi destino, gobernador de todo lo que desde el principio del mundo ha  existido, existe y existirá hasta la consumación de los siglos. Poderosísimo Niño de Atocha, ante cuya soberanía y grandeza el más encumbrado querubín se postra y cubre el rostro de temor; a Ti se presenta, ¡Oh amado Niño!, este vil insecto, el más pequeño y asqueroso que la tierra habita, deseando desenojarte y buscando el medio más posible para conseguirlo, refugiándose bajo el amparo de tu querida Madre Santa María de Atocha, y presentándote por intercesora la hermosura de su rostro, lo amable y eficaz de sus palabras y el crecido amor que hasta la muerte te tuvo; por aquellos tiernos sentimientos con que hablaba y estrechaba en sus brazos en tu descendimiento y por el dolor que sintió en su Corazón al ponerte en el sepulcro, te pido, amorosísimo Niño de Atocha, te apiades de mi corazón, pues eres misericordioso y en tu clemencia confío que has de atender mis quejas, que has de aceptar mis lágrimas y has de oír benigno mis ruegos, remediando mis tribulaciones: mira, soberano Niño de Atocha, de Ti depende mi felicidad, y con sólo querer haces cuanto quieres; mira, adorado Niño, que Tú sólo con tres dedos sostienes el vasto universo, mira que soyhechura de tus prodigiosas manos y en Ti está mi consuelo y alegría, no me desampares bondadoso Niño, y en la terrible hora que me espera, asísteme para que saliendo de este Valle de Lágrimas, consiga ver tu rostro apreciable, alabandote para siempre en la gloria. Amén. 
   
Aquí se rezan tres Credos con Gloria Patri y la Jaculatoria siguiente: 
A vuestra querida Madre 
Pongo por intercesora 
Oye, Niñito de Atocha, 
Mis ruegos en aquesta hora, 
Dad consuelo a mi aflicción, 
Atiende a mi protectora.
Que me dé un feliz despacho 
Ruégale, Sacra Señora. 

DÍA PRIMERO
¡Oh agraciadisimo Niño de Atocha! que habiendo nacido por el amor de los hombres, quisiste en tu crecida edad sufrir tantos baldones y vituperios; yo te saludo, Bien mío, amantisimo Niño, yo te bendigo y alabo: en este primer día te ofrezco estos tres Credos con Gloria Patri y Jaculatoria, en memoria de aquel copioso sudor de Sangre, terrible tristeza, y mortal agonía que padeciste en el Huerto de Getsemaní, te suplico por los grandes trabajos y aflicciones que en tu Pasión y cárcel padeciste, nos concedas lo que solicito y en este día te imploro, confío en tu piedad y clemencia, poniendo por medianera a tu amabilísima Madre Santa María de Atocha, en cuyas purisimas manos pongo mi solicitud, en una de ellas estás sentado cual en silla de potestad; y por el gran dolor que tuvo cuando te despediste y separaste para ir a padecer, en cuyo recuerdo de tal despedimento tengo yo siempre mis potencias y sentidos, para que logre por ellas gozarte en la patria celestial, por los siglos de los siglos. Amén. 
    
Aquí se hace la petición, y se leerá el milagro y después la oración que está al fin.

PRIMER MILAGRO
En el año de 1839, en el mes de Junio, hallábase la niña María Justa Rufina García de cinco años de edad, gravemente mala de flujo de sangre por boca y narices, el cual hacía tres años que lo tenía sin hallar remedio en lo temporal; y mirándola su padre con gran tristeza, Jorge García y su madre Juliana Aguilar, tan agravada de aquella enfermedad, y ya cansados de tantas medicinas que le aplicaban invocaron con veras de su corazón al Santo Niño de Atocha, diciéndole que como le hiciera la maravilla de darle salud a dicha niña, ponerle en su retablo en el Santuario de Plateros el presente milagro, en testimonio de tan singular prodigio, quedando en breve tiempo la niña buena y sana de todo, pues médico tan singular medicinó su mal. 
   
OFRECIMIENTO PARA DESPUÉS DE LA PETICIÓN
Amabilisimo Niño de Atocha, Divino Redentor del mundo, encanto y alegría del orbe, Maestro de los hombres, amantísimo Jesús, en cuya Ascención portentosa, serenos los astros, alegres los ángeles, extáticos de admiración los Apóstoles, os vieron subir a los cielos, portentísimo Niño de Atocha, os damos los plácemes porque Vos sois el infinito, el incomprensible, el consolador de todas las creaturas, pues confisan todos los católicos tu divinidad y así publican muchos hombres tus portentos y maravillas cuya publicación te ele-va y engrandece en la eternidad de tu humildad en que te dejaste crucificar por nosotros. ¡Oh agraciadísimo Niño de Atocha! ¡Oh Niño triunfante! ¡Oh Niño Poderoso! Victorioso Rey que volando sobre las alas de los querubines, fuiste por tu propia virtud colocado en el excelso trono a la diestra del Altísimo Padre, exaltando asi nuestra naturaleza contra el sobebio infernal dragón. Dámoste, gallardo Niño de Atocha, segundos parabienes, repitiendo con los coros angélicos las alabanzas que te cantaron las almas de los justos que te acompañaron en tan feliz día, e igualmente te presentó al portentoso e inestimable gozo y repetidas alabanzas de María Santísima, tu amadísima Madre Santa María de Atocha, para que por estos méritos reunidos con los de santos Apóstoles y Profetas, tenga la felicidad de lograr y merecer un feliz despacho de lo que en estos tres dias te he pedido y que Tú sabes lo necesito. Apiádate de mí, Niño de Atocha, pues eres mi consuelo y todo mi ser depende de Ti; a Ti, purisimo Niño, te pido remedies todas mis necesidades, no solo a mí sino a todos mis prójimos, principalmente a los afligidos y atribulados que en el mismo conflicto estuvieron, socórrenos a todos, consuélanos, pues sólo Tú eres el consolador amoroso de las almas. A Ti ocurríamos, Divino Manuel de Atocha, todos los necesitados, y a Ti suplicamos con tu dulce advocación des salud a nuestro Santísimo Padre el Sumo Pontífice, y también te suplico les des paz, quietud y reposo al pueblo cristiano, no olvidándote amado Niño de mi vida, de las almas que se hallan en el Purgatorio; dales el descanso perpetuo que les deseamos, pues eres tan propicio en tus misericordias para con nosotros Te pedimos con eficacia que a los pobres agonizantes los saques en paz de este triste valle, levándolos a gozarte en las celestiales moradas, y a nosotros ayúdanos, socórrenos, ampáranos, para que asistidos de tu divina gracia, tengamos la dicha de acompañarte en la bienaventuranza de la gloria. Amén. 

Tres Salves a su Santísima Madre Santa María de Atocha, para alcanzar del Santo Niño lo que se solicite, y luego la letania de los Santos:

℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℞. Señor, ten piedad de nosotros.
℣. Cristo, ten piedad de nosotros.
℞. Cristo, ten piedad de nosotros. 
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℞. Señor, ten piedad de nosotros.
   
℣. Cristo, óyenos.
℞. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℞. Cristo, escúchanos.
    
℣. Dios, Padre Celestial.
℞. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Hijo, Redentor del mundo.
℞. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Espíritu Santo.
℞. Ten piedad de nosotros.
℣. Santa Trinidad, que sois un sólo Dios.
℞. Ten piedad de nosotros.
   
℣. Santa María.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Madre de Dios.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Virgen de vírgenes.
℞. Ruega por nosotros.
   
℣. San Miguel.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Gabriel.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Rafael.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Ángeles y Arcángeles.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados.
℞. Rogad por nosotros.
    
℣. San Juan Bautista.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San José.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Patriarcas y Profetas.
℞. Rogad por nosotros.
    
℣. San Pedro.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Pablo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Andrés.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Santiago el Mayor.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Juan.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santo Tomás.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Santiago el Menor.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Felipe.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Bartolomé.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Mateo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Simón.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Judas Tadeo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Matías.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Bernabé.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Lucas.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Marcos.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Apóstoles y Evangelistas.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos Discípulos del Señor.
℞. Rogad por nosotros.
   
℣. Todos los santos Inocentes.
℞. Rogad por nosotros.
℣. San Esteban.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Lorenzo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Vicente.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santos Fabián y Sebastián.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Santos Juan y Pablo.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Santos Cosme y Damián.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Santos Gervasio y Protasio.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos Mártires.
℞. Rogad por nosotros.
    
℣. San Silvestre.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Gregorio.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Ambrosio.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Agustín.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Jerónimo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Martín.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Nicolás.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Pontífices y Confesores.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos Doctores.
℞. Rogad por nosotros.
   
℣. San Antonio Abad.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Benito.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Bernardo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santo Domingo de Guzmán.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Francisco de Asís.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Sacerdotes y Levitas.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos Monjes y Eremitas.
℞. Rogad por nosotros.
    
℣. Santa María Magdalena.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Ágata.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Lucía.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Inés.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Cecilia.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Catalina de Alejandría.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Anastasia.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todas las santas Vírgenes y Viudas.
℞. Rogad por nosotros.
  
℣. Todos los Santos y Santas de Dios.
℞. Interceded por nosotros.
   
℣. Sednos propicio.
℞. Perdónanos, Señor.
℣. Sednos propicio.
℞. Escúchanos, Señor.
      
℣. De todo mal.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De todo pecado.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De tu ira.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De súbita e imprevista murte.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De las acechanzas del diablo.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De toda ira, odio y mala voluntad.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Del espíritu de fornicación.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De relámpagos y tempestades.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Del flagelo de los terremotos.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De la peste, el hambre y de la guerra.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De la muerte eterna.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por el misterio de tu santa Encarnación.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Advenimiento.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Natividad.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Bautismo y tu santo Ayuno.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Cruz y Pasión.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Muerte y Sepultura.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu santa Resurrección.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu admirable Ascensión.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por el descendimiento del Espíritu Santo Paráclito.
℞. Líbranos, Señor.
℣. En el día del Juicio.
℞. Líbranos, Señor.
    
℣. Nosotros, pecadores.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que nos perdones.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que concedas tu indulgencia.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conducirnos a la verdadera penitencia.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes regir y conservar a tu Santa Iglesia.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conservar en la santa Religión a todos los órdenes eclesiásticos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conceder la paz y la verdadera concordia entre los reyes y los príncipes cristianos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conceder la paz y la unidad a todo el pueblo cristiano.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes llamar a la unidad de la Iglesia a los que están en el error, y conducir a todos los infieles hacia la luz del Evangelio.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes confortarnos y conservarnos en tu santo servicio.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes elevar nuestro espíritu hacia los deseos celestiales.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conceder a nuestros bienhechores la recompensa de los bienes eternos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes librar de la muerte eterna nuestras almas, y las de nuestros hermanos, parientes y bienhechores.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes darnos y conservar las cosechas de la tierra.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conceder el descanso eterno a todos los Fieles difuntos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes escucharnos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Hijo de Dios.
℞. Te rogamos, óyenos.
   
℣. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
℞. Perdónanos, Señor.
℣. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
℞. Escúchanos, Señor.
℣. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
℞. Ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Cristo, óyenos.
℞. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℞. Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℞. Señor, ten piedad de nosotros.
℣. Cristo, ten piedad de nosotros.
℞. Cristo, ten piedad de nosotros. 
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℞. Señor, ten piedad de nosotros.
      
Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea el tu Nombre. Venga a nos el tu Reino. Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO
Por la Señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días, tres Credos gloriados y la Jaculatoria.
   
Dulcísimo Niño de Atocha, que quisiste en tu crecida edad ser llevado ante los jueces y ser cruelmente azotado; yo, vida de mi vida, te saludo; yo, pacientísimo Niño, te bendigo, te alabo y te presento estos tres Credos con Gloria Patri y Jaculatoria, en memoria de aquel acerbísimo dolor que sintió tu inocente Corazón yendo con el santo madero cargado en tus delicados hombros por la calle de la Amargura te encontraste con tu Santísima Madre, yo te pido, delicadísimo Niño de mi corazón, que por las benditas lágrimas que tus ojos derramaron, me concedas lo que en este segundo día te repito, pues a tu piedad imploro; y bien sabes las necesidades, las aflicciones y trabajos que me afligen, y espero, preciosísimo Niño de Atocha, que tendré por Ti buen éxito en mi indicado fin, valiéndome del recuerdo que os hago, y juntamente os presento el igual dolor que en este encuentro padeció la soberana Reina, en cuyas divinas manos pongo mi entendimiento para que lo ilustres con la divinidad de tus luces para que siempre en Ti espere la felicidad de gozarte en la celestial Jerusalén del cielo. 
   
SEGUNDO MILAGRO
En el año de 1837, el día 7 de Febrero, en la mina de Barreno, le aconteció a Luciano García la desgracia de que estando mirando disparar unos barrenos, de una de ellos saltó una piedra y le dio en el pecho, y lo derribó en tierra, echando sangre por boca y narices, pues pasó dicha piedra por entre medio de los demás barreteros que le acompañaban, sin causar mal a otros, sino al mencionado García, quien mirándose en aquel estado, invocó de todo corazón al Santo Niño de Atocha quien le asistió en aquel peligro en que se vio, y en breves horas quedó bueno, sin sentir ni tener resultados de gravedad que lo postraran en cama, y en recompensa de tan raro prodigio, le puso al Santo Niño en su Santuario, su retablo, en el que se hallan él y los demás barreteros, dándole infinitas gracias por tan singular maravilla y tan noble suceso.
  
El Ofrecimiento, las tres Salves y la Letanía de los Santos se dirán todos los días.
    
DÍA TERCERO
Por la Señal…
Acto de contrición, Oración para todos los días, tres Credos gloriados y la Jaculatoria.
   
¡Oh amantísimo Niño de Atocha!, que en tu crecida edad quisiste que te clavaran en la cruz; yo te saludo, alma de mi alma; Inocente Cordero te bendigo y alabo, y te ofrezco estos tres Credos con Gloria Patri y Jaculatoria, en memoria de aquellas terribles agonías que en cuanto hombre padeciste, me sea concedido lo que pido en este tercero y último día del triduo, en el que os he hecho recuerdo de tu Santísima Pasión, confiado en tu misericordia, espero que lo alcanzaré, por lo cual que tuvo tu divina Madre al tiempo que sus purisimos ojos te vieron expirar, uniendo también aquellas tres necesidades que padeció esta bellísima Señora al pie de la Santa Cruz, en cuyas benignas manos pongo mi voluntad,para que siempre por Ti inflamada, no tenga mi espíritu más que desear, sino el feliz momento de reunirme a Ti para siempre y gozarte en la gloria. Amén.

TERCER MILAGRO
En el año de 1838, por el mes de Julio día 18, hallábase María Clara Rangel gravemente enferma de parto, del cual quedó mucho tiempo enferma; y habiéndole aplicado cuantos remedios fueron posibles que se conocían eran eficaces para el restablecimiento de la salud, y no pudiendo conseguirla, ocurrió a recomendarse a invocar de todo corazón al Santo Niño de Nuestra Señora de Atocha, quien en breve tiempo le sanó y restableció la salud; reconociendo ta mencionada Rangel tan inaudito beneficio le puso en el Santuario de Plateros su retablo, para certificar con él a todo devoto o afilgido que invocare al Santo Niño en cualquiera tribulación o necesidad en que se hallare, espere de su poderosa mano que no quedará sin alcanzar lo que solicite.
  
El Ofrecimiento, las tres Salves y la Letanía de los Santos se dirán todos los días.