martes, 22 de diciembre de 2020

MIENTRAS A LOS MUSULMANES LES PREOCUPA EL CERDO EN LAS CORONAVACUNAS, AL VATICANO LE ES INDIFERENTE QUE SEAN OBTENIDAS DE ABORTOS

Ayer 21 de Diciembre, fiesta de San Pedro Canisio (en el Novus Ordo; los Católicos lo celebramos el 27 de Abril), la conciliar Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la siguiente nota respecto a la moralidad de la aplicación de la vacuna contra el corona:
CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
  
NOTA SOBRE LA MORALIDAD DEL USO DE ALGUNAS VACUNAS CONTRA LA Covid-19 
   
La cuestión sobre el uso de las vacunas, en general, suele estar en el centro de insistentes debates en la opinión pública. En los últimos meses, han llegado a esta Congregación varias peticiones de una opinión sobre el uso de algunas vacunas contra el virus SARS-CoV-2, causante de la Covid-19, desarrolladas recurriendo, en el proceso de investigación y producción, a líneas celulares que provienen de tejidos obtenidos de dos abortos ocurridos en el siglo pasado. Al mismo tiempo, se han producido diversas declaraciones en los medios de comunicación por parte de Obispos, Asociaciones Católicas y Expertos, diferentes entre sí y a veces contradictorias, que también han planteado dudas sobre la moralidad del uso de estas vacunas.
    
Sobre esta cuestión ya hay un importante pronunciamiento de la Pontificia Academia para la Vida, titulado “Reflexiones morales acerca de las vacunas preparadas a partir de células procedentes de fetos humanos abortados” (5 junio 2005). Además, esta Congregación se expresó al respecto con la Instrucción Dignitas Personæ (8 de septiembre de 2008) (cf. nn. 34 y 35). En 2017, la Pontificia Academia para la Vida volvió a tratar el tema con una Nota. Estos documentos ya ofrecen algunos criterios generales dirimentes.
   
Dado que están ya disponibles, para su distribución y administración en diversos países, las primeras vacunas contra la Covid-19, esta Congregación desea ofrecer algunas indicaciones que clarifiquen este tema. No se pretende juzgar la seguridad y eficacia de estas vacunas, aun siendo éticamente relevante y necesario, porque su evaluación es competencia de los investigadores biomédicos y las agencias para los medicamentos, sino únicamente reflexionar sobre el aspecto moral del uso de aquellas vacunas contra la Covid-19 que se han desarrollado con líneas celulares procedentes de tejidos obtenidos de dos fetos abortados no espontáneamente.
1. Como se afirma en la Instrucción Dignitas Personæ, en los casos en los que se utilicen células de fetos abortados para crear líneas celulares para su uso en la investigación científica, “existen diferentes grados de responsabilidad”[1] en la cooperación al mal. Por ejemplo, “en las empresas que utilizan líneas celulares de origen ilícito no es idéntica la responsabilidad de quienes deciden la orientación de la producción y la de aquellos que no tienen poder de decisión”[2].
2. En este sentido, cuando no estén disponibles vacunas Covid-19 éticamente irreprochables (por ejemplo, en países en los que no se ponen a disposición de médicos y pacientes vacunas sin problemas éticos o en los que su distribución es más difícil debido a las condiciones especiales de almacenamiento y transporte, o cuando se distribuyen varios tipos de vacunas en el mismo país pero, por parte de las autoridades sanitarias, no se permite a los ciudadanos elegir la vacuna que se va a inocular) es moralmente aceptable utilizar las vacunas contra la Covid-19 que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción.
3. La razón fundamental para considerar moralmente lícito el uso de estas vacunas es que el tipo de cooperación al mal (cooperación material pasiva) del aborto provocado del que proceden estas mismas líneas celulares, por parte quienes utilizan las vacunas resultantes, es remota. El deber moral de evitar esa cooperación material pasiva no es vinculante si existe un peligro grave, como la propagación, por lo demás incontenible, de un agente patógeno grave[3]: en este caso, la propagación pandémica del virus SARS-CoV-2 que causa la Covid-19. Por consiguiente, debe considerarse que, en este caso, pueden utilizarse todas las vacunas reconocidas como clínicamente seguras y eficaces con conciencia cierta que el recurso a tales vacunas no significa una cooperación formal con el aborto del que se obtuvieron las células con las que las vacunas han sido producidas. Sin embargo, se debe subrayar que el uso moralmente lícito de este tipo de vacunas, debido a las condiciones especiales que lo posibilitan, no puede constituir en sí mismo una legitimación, ni siquiera indirecta, de la práctica del aborto, y presupone la oposición a esta práctica por parte de quienes recurren a estas vacunas.
4. De hecho, el uso lícito de esas vacunas no implica ni debe implicar en modo alguno la aprobación moral del uso de líneas celulares procedentes de fetos abortados[4]. Por lo tanto, se pide tanto a las empresas farmacéuticas como a los organismos sanitarios gubernamentales, que produzcan, aprueben, distribuyan y ofrezcan vacunas éticamente aceptables que no creen problemas de conciencia, ni al personal sanitario ni a los propios vacunados.
5. Al mismo tiempo, es evidente para la razón práctica que la vacunación no es, por regla general, una obligación moral y que, por lo tanto, la vacunación debe ser voluntaria. En cualquier caso, desde un punto de vista ético, la moralidad de la vacunación depende no sólo del deber de proteger la propia salud, sino también del deber de perseguir el bien común. Bien que, a falta de otros medios para detener o incluso prevenir la epidemia, puede hacer recomendable la vacunación, especialmente para proteger a los más débiles y más expuestos. Sin embargo, quienes, por razones de conciencia, rechazan las vacunas producidas a partir de líneas celulares procedentes de fetos abortados, deben tomar las medidas, con otros medios profilácticos y con un comportamiento adecuado, para evitar que se conviertan en vehículos de transmisión del agente infeccioso. En particular, deben evitar cualquier riesgo para la salud de quienes no pueden ser vacunados por razones médicas o de otro tipo y que son los más vulnerables.
6. Por último, existe también un imperativo moral para la industria farmacéutica, los gobiernos y las organizaciones internacionales, garantizar que las vacunas, eficaces y seguras desde el punto de vista sanitario, y éticamente aceptables, sean también accesibles a los países más pobres y sin un coste excesivo para ellos. La falta de acceso a las vacunas se convertiría, de algún modo, en otra forma de discriminación e injusticia que condenaría a los países pobres a seguir viviendo en la indigencia sanitaria, económica y social [5].
   
El Sumo Pontífice Francisco, en la Audiencia concedida al suscrito Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en fecha 17 diciembre 2020, ha examinado la presente Nota y ha aprobado la publicación.
   
Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 21 de diciembre de 2020, Memoria litúrgica de San Pedro Canisio.
   
Luis F. Card. Ladaria, S.J.
Prefecto
   
+ S.E. Mons. Giacomo Morandi
Arzobispo Titular de Cerveteri
Secretario 
   
NOTAS
[1] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Dignitas Personæ (8 diciembre 2008), n. 35; AAS (100), 884.
[2] Ibid, 885.
[3] Cfr. Pontificia Academia para la Vida, “Moral reflections on vaccines prepared from cells derived from aborted human fœtuses”, 5 junio 2005
[4] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instruc. Dignitas Personæ, n. 35: “Cuando el delito está respaldado por las leyes que regulan el sistema sanitario y científico, es necesario distanciarse de los aspectos inicuos de esos sistemas, a fin de no dar la impresión de una cierta tolerancia o aceptación tácita de acciones gravemente injustas. De lo contrario, se contribuiría a aumentar la indiferencia, o incluso la complacencia con que estas acciones se ven en algunos sectores médicos y políticos”.
  
Si se ve detalladamente, comparte un libreto similar al comunicado “Consideraciones morales respecto a las nuevas vacunas del COVID-19” de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, matizado con la obsesión bergogliana de que no haya gravosidad para los países pobres: Básicamente dicen: «No aprobamos el aborto, pero si el Big Pharma fabrica vacunas a partir de células fetales provenientes de abortos, está bien aplicarlas (aunque con conciencia formada)».
   
Por supuesto, al Big Pharma eso no le es importante los dilemas morales. Mientras entre más dinero, ¡que hayan todos los abortos que quieran! Pero eso sí, ¡que las vacunas sean halal*, que no tengan cerdo! Así se deduce del cable noticioso de Associated Press del 20 de Diciembre:
MUSULMANES TEMEN QUE LA VACUNA DEL COVID NO SEA HALAL
   
YAKARTA, Indonesia (AP) — En octubre, diplomáticos indonesios y clérigos musulmanes bajaron de un avión en China. Aunque los diplomáticos estaban allí para cerrar acuerdos que asegurasen millones de dosis para ciudadanos indonesios, los religiosos tenían una preocupación muy diferente: determinar si la vacuna contra el COVID-19 podía autorizarse según la ley islámica.
   
Mientras varias empresas se apresuraban para desarrollar vacunas y los países luchaban por asegurarse las dosis, las dudas sobre el empleo de productos derivados del cerdo, prohibidos por algunos grupos religiosos, han planteado el temor a complicaciones en las campañas de inmunización.
    
Es habitual emplear gelatina derivada del cerdo como estabilizador para asegurar que las vacunas se mantienen seguras y efectivas durante su almacenaje y transporte. Algunas empresas llevan años trabajando para desarrollar vacunas sin cerdo: La farmacéutica suiza Novartis ha producido una vacuna de meningitis sin derivados porcinos, mientras que AJ Pharma, con sedes en Arabia Saudí y Malasia, está trabajando en su propia versión.
   
Pero la demanda, las cadenas de suministro existentes, el coste y la caducidad más rápida de las vacunas sin gelatina porcina implican que probablemente ese ingrediente seguirá utilizándose durante años en la mayoría de las vacunas, indicó el doctor Salman Waqar, secretario de la Asociación Médica Musulmana Británica.
   
Voceros de Pfizer, Moderna y AstraZeneca han señalado que sus vacunas contra el COVID-19 no tienen productos porcinos. Pero el suministro limitado y los preacuerdos valorados en millones de dólares con otras empresas implican que países con grandes poblaciones musulmanas, como Indonesia, recibirán vacunas que no han certificado estar libres de esa gelatina.
   
Eso plantea un dilema para las comunidades religiosas como los judíos ortodoxos y los musulmanes, que consideran impío el consumo de productos porcinos, sobre cómo se aplica la norma a la medicina.
   
“Hay diferencias de opiniones entre los académicos musulmanes en los casos en los que se toma algo como la gelatina porcina y se pasa por una importante transformación química”, dijo Waqar. “¿Sigue considerándose impuro consumir eso?”.
   
El consenso mayoritario en debates previos sobre el uso de gelatina porcina en las vacunas es que es admisible dentro de la ley islámica, ya que se produciría un “daño mayor” si no se utilizan las vacunas, señaló el doctor Harunor Rashid, profesor asociado en la Universidad de Sydney.
   
Entre líderes religiosos de la comunidad judía ortodoxa parece haber un consenso similar.
   
“Según la ley judía, la prohibición de comer cerdo o utilizar cerdo sólo es una prohibición cuando es una forma natural de comerlo”, dijo el rabino David Stav, presidente de la organización rabínica israelí Tzohar.
   
Si “se inyecta en el cuerpo, no (se come) por la boca”, entonces “no hay prohibición y no hay problema, especialmente cuando estamos preocupados por la enfermedad”, señaló.
   
Sin embargo, ha habido opiniones discrepantes, algunas con graves consecuencias sanitarias para Indonesia, que tiene la mayor población musulmana del mundo, unos 225 millones de personas.
    
El Consejo indonesio de Ulema, el organismo clerical que certifica si un producto es halal, o permitido por la ley islámica, decretó en 2018 que las vacunas contra el sarampión y la rubeola eran “haram”, o impías, por la gelatina. Líderes religiosos y civiles empezaron a instar a la gente a impedir que vacunaran a sus hijos.
   
“En consecuencia, los casos de sarampión se dispararon, dando a Indonesia la tercera tasa de sarampión más alta del mundo”, indicó Rachel Howard, directora del grupo de investigación de mercado del sector salud Research Partnership.
   
Más tarde, el organismo religioso emitió un decreto diciendo que era admisible recibir la vacuna, pero el tabú cultural mantuvo baja la tasa de vacunación, dijo Howard.
   
Los gobiernos han tomado medidas para abordar el asunto. En Malasia, donde la condición de las vacunas como halal se ha identificado como el principal problema entre los padres musulmanes, se han impuesto leyes más estrictas para que los padres vacunen a sus hijos o afronten multas y penas de prisión. En Pakistán, donde se ha reducido la confianza en las vacunas por motivos políticos y religiosos, se ha encarcelado a padres por negarse a vacunar a sus hijos de la polio.
   
Implicar a las comunidades en los programas de inmunización es “absolutamente necesario” dado el aumento de los reparos y la desinformación sobre las vacunas en todo el mundo, dijo Rashid.
    
Cuando viajaron a China en otoño, los clérigos indonesios inspeccionaron las instalaciones de la firma china Sinovach Biotech. También se están haciendo ensayos clínicos para la vacuna de esa firma con unos 1.620 voluntarios en Indonesia. El gobierno ha anunciado varios acuerdos con la compañía para conseguir millones de dosis de la vacuna contra el COVID-19.
    
Sinovac Biotech y las firmas chinas Sinopharm y CanSino Biologics, que tienen vacunas contra el COVID-19 en las últimas fases de ensayos clínicos y han firmado contratos por millones de dosis en todo el mundo, no respondieron a preguntas de Associated Press sobre los ingredientes de sus fármacos.
   
Waqar señaló que los esfuerzos del gobierno indonesio para tranquilizar a la población serán claves para el éxito de la campaña de inmunización.
   
Sin embargo, señaló, las empresas que producen las vacunas también formar parte de los acercamientos a la población.
    
“Cuanto más transparentes sean, cuanto más abiertas y honestas sean sobre su producto, más probable es que haya comunidades que tienen confianza en el producto y podrán tener conversaciones informadas sobre lo que quieren hacer”, señaló.
   
“Porque, en definitiva, es decisión de los particulares”, concluyó.
* Halal (en árabe حَلَال, permisible) se refiere a los alimentos que se pueden comer, y en sentido lato, a cualquier práctica permitida en la ley islámica. Es similar al kasher/kosher (כָּשֵׁר) de los judíos, distinguiéndose apenas en detalles menores, y porque los judíos permiten el consumo de alcohol, mientras que los musulmanes no.

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