jueves, 10 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA DÉCIMO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
  
  
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
  
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
   
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
  
HIMNO
   
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
  
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
   
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
   
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
   
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
   
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
  
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
   
DÍA DÉCIMO - EL RIACHUELO DEL PARAÍSO
Et flúvius egrediébatur de loco voluptátis ad irrigándum paradýsum.  (Génesis II, 10).
Cuando Dios quiso preparar un espectáculo que suministrase una idea de su omnipotencia, se sentó entre las tinieblas de la nada, llamó a la tierra y al cielo, y el cielo y la tierra aparecieron. Cuando quiso presentar una imagen de su inmensidad, con una mano separó la multitud de las aguas, y con la otra la magnifica bóveda de los cielos. Cuando quiso ofrecernos una muestra de su majestad, sembró de innumerables estrellas el firmamento, para que sirviesen como de guirnaldas a su eterno trono. Pero cuando quiso darnos una idea de su complacencia y de su amor, entonces fue cuando crió un cristalino arroyo en el Edén, y reservó para la plenitud de los tiempos a la más pura de las vírgenes. ¿Qué hubiera sido el jardín del paraíso sin una corriente de agua que le refrescase suavemente? Y en las orillas de aquel riachuelo, matizadas de flores, encontraban los animales de la tierra los pastos más suculentos y agradables, y las aves que surcaban los aires acudían allí á refrigerarse y gorjear sus cánticos inocentes; y allí, en fin, era en donde una vegetación exuberante ofrecía al hombre todos los frutos de la tierra. Muchas son en verdad las bellezas que a la humana contemplación hubiera podido ofrecer la superficie del universo, pero de una manera enteramente diferente. La variedad de un Océano, ora quieto y tranquilo en medio de la inmensidad de sus olas, ora tempestuoso y embravecido, en donde unas veces se descubre un fondo de menuda arena, y otras bancos y escollos de diferente naturaleza; un desierto interminable en donde no se encuentra más que abrasada arena, sin agua y sin señal de vegetación; los frondosos é impenetrables bosques, y otras mil y mil bellezas que no escasean en las obras de Dios, hubieran sido suficientes para confundir y anonadar al hombre, mas no para conmoverle y excitar los más dulces sentimientos de su corazón. Sólo las apacibles olas de un riachuelo, en cuyas márgenes se concentra la más deliciosa variedad de la naturaleza, eran las únicas formadas para invitar al hombre a un plácido reposo. Y sólo las olas del riachuelo de Edén eran a las que la afortunada e inocente pareja acudía con preferencia a cualquiera otro sitio, a unir sus voces a las de todo lo criado, para entonar un himno de reconocimiento a la bondad del Excelso. Pero la tierra, o no vio ese espectáculo de consuelo, o si le vio, fue demasiado breve para poder gozar de él. Hallábase establecido en los eternos decretos que el único arroyuelo de la mansión de la inocencia fuese una figura de aquella única Inmaculada que Dios preparaba al nuevo Edén de la gracia. Y del paraíso eterno, en donde había sido criada pura y sin mancha, salió María (San Bernardo, Sermón de la Natividad de Santa María) como un arroyuelo limpio y trasparente de la fuente de agua viva, que es Jesucristo, y en torno de ella nacen las flores más bellas de la virtud, los efluvios más dulces de los dones supremos para consolar y fortalecer a los regenerados hijos de Adán. Y en derredor suyo los ángles suspenden su vuelo para cantar las alabanzas de la Madre de Dios. Y en derredor suyo los pueblos, asombrados con la imagen de una Madre divina, que reúne en su persona los sentimientos más dulces de la naturaleza y de la gracia, sienten conmoverse su corazón con desusada delicia. ¿Qué hubiera sido la Iglesia sin la Virgen inmaculada? Una inconcebible confortación nos ha dado Dios en sí mismo, revistiéndose de nuestra propia carne; mas ¿por qué es el más amable de los hijos de los hombres, sino porque se dignó hacerse el hijo de María? Si hacemos abstracción por un momento de esta admirable filiación, ¡qué viene a quedar sino un Dios infinitamente distante de nosotros, con su sorprendente omnipotencia y con su eterna misericordia, que no le impiden el empuñar la espada y herirnos con los golpes de su eterna justicia!...
  
CÁNTICO 
Como el ciervo acude a la orilla de las aguas, así mi alma acude a Vos, oh inmaculada María.
Mi alma tiene sed de Vos, Virgen inmaculada, ¿cuándo compareceré ante vuestra presencia?
Las lágrimas son mi sustento día y noche; y sin cesar repito, ¿en dónde está la Inmaculada mía?
¿Dónde está la hermosísima de la más pura belleza, el alimento inmaculado que salió del paraíso?
Me acercaré con jubilo a las aguas de la salud; a las aguas vivas que salieron de la fuente del Salvador.
Con ellas me lavaré; con ellas rociaré mi cabeza, y mi alma recibirá nuevo vigor.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo que preservó a María inmaculada, por los siglos de los siglos. Amén.
   
ORACIÓN
¡Cuán dulce es el vigor que me comunicáis, oh inmaculada María! ¡Con cuánta dulzura resuena vuestro nombre en mi corazón, ya le invoque en medio de las aflicciones, ya lo pronuncie en los trasportes de la alegría! Si de lo profundo de mi nada vuelvo mis ojos al Señor presta atento oido á mis ruegos, pero la majestad de su Ser divino me confunde, y mi valor se disminuye en el momento del peligro. Desde el abismo de la iniquidad me elevo a pedir misericordia a mi Salvador, que murió por amor mío; pero el pensamiento de que será mi severo Juez en el día de la tremenda ira, me desalienta, me abate y me postra otra vez en tierra. Sólo en Vos, María, por una piadosa disposición de Dios, encuentra mi alma la plenitud de la fortaleza; y sólo en Vos hallo, sin terroríficos recuerdos, toda la dulzura de la divina misericordia. En Vos la complaciente bondad de un alma pura, en Vos el tierno amor de un corazón inmaculado, en Vos, el amable poder de la Madre sin mancilla de un Dios... Cuántas veces en la soledad de mi espíritu concentro mi pensamiento en Vos, y siento reemplazarse toda afliccion terrena, todo gozo del tiempo, por una emanacion del paraíso... emanacion dulcísima, que difundiéndose con vuestra imagen, parece que quiere decirme: «yo te lleno de delicias el camino del Cielo». ¡Ah, cuándo os veré!... Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así:
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
   
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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