martes, 29 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA ‐ DÍA VIGÉSIMONOVENO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMONOVENO - EL NUEVO EDÉN
Plantáverat autem Dóminus Deus paradíssum voluptátis. (Génesis II, 8).
          
La inmaculada Virgen, tan bien figurada en las diversas partes y prerrogativas del paraíso terrenal, no podía dejar de hallarse representada en el jardín de las delicias (Abad Ruperto de Deutz, Comentario sobre los Cánticos, libro IV). Como Dios había plantado con sus manos ese mismo Edén, en que reunió todas las bellezas de la naturaleza para que el hombre gozase en él todos los placeres de la inocencia y para elevarle a aquel Señor que le colmaba de tantos beneficios, del mismo modo puso a María en la tierra como un nuevo Edén y la adornó con todas las bellezas de la gracia para que, formando las delicias del divino amor, bajase en ella un Dios para colmar de nuevos beneficios a la perdida humanidad. Y la misma tríade que reunió el poder, la palabra y el amor de un Dios para formar al primer Adán, se unió también del modo más consolador para embellecer al segundo. De María quiso el Padre de los cielos formar entre las criaturas la imagen más perfecta del Primogénito de los hombres, que engendró como su Hijo desde toda eternidad en el seno de la gloria; y el Altísimo la dijo con la complacencia de un paternal amor: «Serás inmaculada como primogénita entre mis hijas». De María quiso el Hijo unigénito formarse un templo santo, que no había servido de morada al infernal enemigo, y que daba a conocer la inmensa distancia que existía entre las madres de los hombres y la madre de un Dios; y el Altísimo la dijo en la complacencia de su filial amor: «Serás inmaculada como la Madre única del Señor». De María quiso el Espíritu Paráclito elegir una esposa digna del principio de toda santidad, una esposa privilegiada, como él lo es sobre todos los privilegios y la belleza de los esposos, y el Altísimo la dijo en la complacencia de su divino consorcio: «Serás inmaculada como la Esposa predilecta del amor eterno». Y he ahí formado el Edén del espíritu, esa tierra virginal sin abrojos ni espinas, esa tierra a que desciende suave la bendición de Dios, ese paraíso cuyo fruto es bendito en lo eterno (San Juan Damasceno, Sermón II de la Natividad de Santa María). Ese es un Edén en el cual se desarrollan todos los gérmenes de la gracia, crecen todas las plantas de la virtud, esparcen un agradable aroma las flores de los dones celestiales, extiende sus ramas el árbol de la vida eterna, y el de la verdadera sabiduría se eleva como el cedro del Líbano, para indicar el dominio amable del Salvador. Es un Edén regado por el río de aguas vivas que se esparcen por toda la tierra, y llevan las emanaciones de la gracia , de la vida y del amor. Es un Edén santo y divino, al que en vez de ser conducido un hombre terreno formado en otra parte, se formará un hombre celestial, que es al mismo tiempo Dios antes de todos los siglos. En fin, es un Edén en que no tiene cabida la serpiente antigua sino para ser arrojada de él; en el que el ángel del consejo invita a un fruto bendito, que es la salvación del género humano: un fruto por el cual se abren nuestros ojos a la inteligencia de las cosas eternas, y por el que los hijos de la culpa y de la ira tremenda son verdaderos hijos de Dios y herederos de la gloria del Cielo.
    
CÁNTICO
Cantemos al Señor, pues que se ha ensalzado gloriosamente, y preservó inmaculada a la hermosa Hija de Sion.
Él es el Salvador, mi Dios, el Dios de María: a Él aspiran continuamente los afectos de mi corazón.
Vuestra mano nos había herido en el día del furor: vuestra mano hizo caer a los culpables en el reino de la muerte.
Pero un día enviasteis a la misericordia a encontrarse con la justicia, y el reino de María a consolar a las naciones con el día de la vida.
Había dicho el enemigo: Yo arrojaré en el abismo de la culpa a la que será concebida, y le impondré el yugo de mis cadenas.
Sopló vuestro espíritu, oh Dios mío, y las olas agitadas se cerraron: el enemigo confundido se encontró abismado bajo los pies de ella.
Pasó intacta la inocente Virgen por entre las olas amenazadoras: sus plantas no fueron humedecidas por las aguas del abismo.
Extendió la mano inmaculada desde los confines del Oriente, y la tierra fue bendita con la protección de María.
Y los cielos se sonrieron; y la tierra saludo al nuevo paraíso, el paraíso de gracia que debía acoger a su Salvador.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
¡Salve, oh única Virgen Inmaculada, más bella y serena que todas las estrellas del cielo, más deliciosa que el paraíso terrenal! ¡Salve, oh única gloria entre las vírgenes de Sion, única alegría de Israel, paz y consuelo de mi alma! ¡Oh Madre de dulzura!, de continuo os llamo en lo intimo de mi corazón, mil y mil veces deseada; a Vos dirijo mis suspiros, desde el rayar el alba hasta el declinar de la tarde. ¿Por qué no me es dado animar todas las cosas criadas para poner en su boca vuestros elogios? ¿Por qué no puedo eternizar en mi espíritu estos trasportes de afecto que tantas veces me inspiráis y difundirlos por donde quiera que se hallen criaturas aptas para amaros, y que todas os ofrezcan su corazón como a su Reina? Entonces, oh María, se llenaría de consuelo mi corazón... la tierra entonaría el cántico de vuestra gloria, y confundido el enemigo, abatida la vanidad del mundo, establecido el reino de vuestro divino Hijo, sólo dominaría la paz... ¡Ah!, la paz, oh Inmaculada mía, la paz que desgraciadamente no me atrevo a esperar acá abajo, pero que Vos me estáis preparando mejor en el cielo. ¡Oh! ¡Salve, inmaculada María! Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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