miércoles, 16 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA DECIMOSEXTO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA DECIMOSEXTO - LAS DOS BENDICIONES
Benedixítque Deus et ait: Crécite et multiplicámini. (Génesis I, 28).
          
Sólo dos veces bendijo Dios sobre la tierra a las criaturas inocentes: la una, cuando después de haber criado a la primera de las madres, dijo: «Creced y multiplicaos»; y la otra, cuando después de haber criado a la única madre entre las vírgenes, la hizo anunciar por ministerio del ángel: «Bendita tú entre todas las mujeres» (San Lucas I, 28). La primera bendición debía dar al mundo el espectáculo augusto de padres inocentes y de hijos inmaculados; un espectáculo de generaciones sin mancha, formadas a imagen de Dios, justo según su suprema sabiduría, establecidas en medio de todos los bienes, bajo un cielo siempre puro y benigno; un espectáculo de paz, de felicidad, de delicias, de amor; un espectáculo que deberíamos dolorosamente envidiar, si la segunda de las bendiciones no nos hubiese proporcionado en medio de la misma desventura otro todavía más grandioso. En fuerza de esta bendición fue señalado a María el destino más sublime de que puede ser capaz una criatura, y por ella un rayo de la fecundidad infinita del Antiguo de los días, fue a posarse sobre la predilecta de los siglos, y la Inmaculada Esposa de Dios, cubierta por todas partes de la omnipotente virtud del Espíritu Santo, llegó a ser agregada a la generación del Eterno. Y por ella María hizo visible al mundo al Hijo inmaculado del Padre de toda inocencia, al Príncipe de la paz, al autor de toda felicidad, al deseado de las naciones, no a imagen de Dios, sino Dios mismo, que es engendrado por el Eterno Padre: espectáculo augusto, al que los ángeles entonan un cántico de gloria: espectáculo tierno en que se ve a un Dios hacerse niño para ser objeto de amor: espectáculo sublime en que un Dios hecho hijo de una Virgen inmaculada, llega a quedar unido con los más dulces lazos y a formar con la humanidad una misma familia. La primera de las bendiciones no impidió que el orgullo germinase en el corazón de la mujer y produjese la muerte; la segunda fecundo la humanidad de María para que produjese la vida. Con la primera se abría al mundo el principio de las generaciones humanas; con la segunda fueron suspendidas las leyes de la naturaleza para ser reemplazadas por los misterios de la generación divina. Aquella había hecho que el hombre se enamorase de la tierra para eternizar en ella su terrena progenie, esta le ha hecho enamorarse del cielo y convertirse en progenie de Dios (Actos Apostólicos XVII, 28).
    
CÁNTICO
Celebrad al Señor, porque es bueno, porque su misericordia está en lo eterno.
Dios miro desde lo alto de los cielos: el Señor fijó su vista sobre la tierra.
Para oír los gemidos de los que se halaban en prisiones, para dar libertad a los hijos de la muerte.
Y bendijo el campo de las generaciones humanas, y brotó una flor escogida, la flor del paraíso.
La única rosa entre las espinas, la rosa que no se marchita, la flor intacta que produce el fruto de la vida.
Celebrad al Señor, porque es bueno, porque su misericordia está en lo eterno.
Y vio y ensalzó a María sobre toda criatura, para que en ella fuesen ensalzadas todas las gentes.
La bendijo con la bendición de los años enteros, para que en ella fuesen bendecidos todos los pueblos.
Y fuese celebrado el nombre de Jesús juntamente con el de María, en la plenitud de las eternas misericordias.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
Ven, alma mía, sal del letargo en que te han puesto las obras del pecado; póstrate a los pies de María, y no te apartes de ella hasta que te haya bendecido. ¡Bendecidme, oh Hija inmaculada del Eterno Padre, con la bendición del Omnipotente, para que haga caer sobre mi corazón ese cúmulo de virtudes, que me son tan necesarias en la peregrinación de este valle de asechanzas! ¡Bendecidme, oh Madre inmaculada del Eterno Hijo, con la bendición de la sabiduría, a fin de que me ilumine en las tinieblas de esta vida mortal, y me conduzca por el seguro camino que conduce al cielo! ¡Bendecidme, oh Esposa inmaculada del Eterno Espíritu, con la bendición del amor, para que inflamando mi corazón con la ardiente caridad, que apartándome de las cosas perecederas de la tierra, pueda mi afecto concentrarse enteramente en las delicias de ese Dios, que en su benignidad bendijo vuestra concepción, para formar de Vos la inmaculada entre todas las mujeres. Bendecidme, oh inmaculada Virgen María, bendecidme con la bendición de un amor maternal, que me haga digno de ser vuestro hijo en la tierra, y coheredero y participe de vuestra bienaventuranza en el paraíso eterno. Amén. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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