sábado, 22 de agosto de 2026

PRÉVOST FUE ELEGIDO EN EL PISO DE BURKE

En su columna para el diario italiano Il Tempo el día 21 de Agosto, el vaticanista Francesco Capozza informa con datos verificados que la elección de Riggitano-Prévost se debió a que su compatriota Raymond Leo “Bully” Burke Nicks le consiguió los votos en el Palacio Rusticucci de Roma (el mismo piso del que Francisco Bergoglio “misericordiosamente” lo quería desahuciar por hacerle oposición).
  

AQUELLAS CENAS DE LOS CONSERVADORES EN CASA DEL CARDENAL BURKE QUE ELIGIERON A PREVOSR Y RECHAZARON A PAROLIN
La primera noche estuvo allí el Secretario de Estado, dos días después el estadounidense. Pensaron que no podían confiar en el italiano, así que terminaron con León.
  
Francesco Capozza
21 de Agosto de 2026
  
Así como la elección del Romano Pontífice se rige por el más absoluto y sagrado secreto, no solo los cardenales electores, sino también los maestros de ceremonias, los cocineros y los diversos trabajadores encerrados en el recinto del Cónclave deben jurar sobre los Evangelios no revelar nada de lo que vieron, experimentaron o incluso simplemente oyeron. La pena: latæ senténtiæ, o excomunión automática. Sin embargo, periodistas, expertos vaticanos e historiadores siempre han investigado lo sucedido antes y durante el claustro electoral, logrando a menudo reconstruir las piezas de un complejo rompecabezas gracias a fuentes confidenciales, cardenales demasiado habladores y monseñores ambiciosos con sueños de gloria demasiado evidentes.
  
Mucho se ha escrito ya sobre el Cónclave del 7 y 8 de Mayo de 2025, que llevó a Roberto Francisco Prévost a la Sede de Pedro, y este periódico también ha revelado algunos detalles sobre el verdadero desarrollo de las cuatro votaciones que entregaron la Iglesia a León XIV. Hoy, tras meses de reuniones confidenciales y un considerable esfuerzo por examinar y verificar las fuentes, Il Tempo puede revelar cómo se tomó la decisión del grupo conservador de votar por Prevost, en lugar de por Pietro Parolin, tan solo unos días antes de entrar en la Capilla Sixtina.

Durante las Congregaciones Generales preparatorias, casi todos los cardenales, electores o no, participaron en cenas, almuerzos y reuniones privadas. Varios grupos reducidos de personalidades eminentes se reunían repetidamente en las trattorias de Borgo, donde discutían abiertamente sobre el Cónclave mientras degustaban carbonara y alcachofas a la romana. Otros, más astutos y discretos, se reunían en secreto en los aposentos privados de tal o cual cardenal. En una casa en particular, sin embargo, dos cenas bastaron para esbozar el marco que definiría el curso de la votación en los días siguientes. Este aposento, además, ha sido objeto de mucha controversia en los últimos años: el del Palacio Rusticucci (con vistas a la Avenida de la Conciliación), donde reside el influyente cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, y que el Papa Francisco quiso retirarle junto con su «plato cardenalicio», la asignación mensual que se paga a los cardenales de la curia, incluso a los jubilados. 

Dos cenas con los mismos invitados, a excepción de los invitados principales: Pietro Parolin y Roberto Francisco Prevost. En la primera, además del anfitrión, por supuesto, estuvieron presentes todos los cardenales estadounidenses, un par de alemanes, un polaco, varios europeos y el ex prefecto de la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller. El invitado de honor en esa mesa fue Pietro Parolin, el secretario de Estado saliente y considerado por muchos el principal candidato para suceder a Bergoglio. Los invitados, en particular los estadounidenses Burke, Dolan y DiNardo, le preguntaron qué haría como pontífice para superar las divisiones litúrgicas, teológicas y morales causadas por el pontificado recién concluido. Según algunos de los asistentes a la cena, cuando Parolin se marchó antes que nadie, uno de los cardenales presentes pronunció lo que sonó como una frase final: «No podemos confiar en él; votaremos por cualquiera menos por Parolin».

Dos días después, a principios de Mayo de 2025, tuvo lugar una cena casi idéntica. Los mismos invitados, las mismas preguntas, los mismos temas, pero esta vez dirigida a un invitado muy diferente: Roberto Francisco Prevost, prefecto saliente del Dicasterio para los Obispos, que llevaba solo dos años viviendo en Roma, pero que ya conocía bien el Vaticano y la Curia. Los presentes revelaron que, para cuando llegaron al café y los licores, la suerte estaba echada: el bloque de votos (entre 20 y 25) que ostentaban los “conservadores” pasaría, en la segunda vuelta, a Prevost y no a Parolin, de quien se esperaba que recibiera la mayoría de los votos en la primera ronda.

Sin embargo, la realidad superó los cálculos matemáticos y, como ahora es evidente, tras la primera votación, el candidato estrella de los conservadores, el primado húngaro Péter Erdő, se alzó con la victoria. Increíblemente, Parolin y Prevost le siguieron, separados por apenas unos pocos votos. En la segunda votación, a la mañana siguiente, 8 de Mayo, el panorama era claro: los conservadores se decantaron por Prevost, tal como se decidió en la cena celebrada unos días antes, de la que hoy revelamos la información en exclusiva. Solo queda una pregunta, una que no tanto nos hacemos nosotros como los conservadores que apoyaron a Prevost: ¿cumplirá con los acuerdos alcanzados en aquella cena?

COMENTARIO: Desde esta tribuna, decimos: la respuesta que los hechos han dado es un NO rotundo, saliéndole el tiro por la culata. Y NO LEEMOS LLOROS.

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