Mostrando entradas con la etiqueta Santa Catalina de Siena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santa Catalina de Siena. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de mayo de 2026

LA EXCESIVA MISERICORDIA MUEVE A IRA A CRISTO

«Creo que nuestro Dulce Cristo en la tierra [el Papa] debería desarraigar dos cosas por las que se echa a perder la esposa de Cristo [la Santa Iglesia]. Una es la excesiva ternura y cuidado de los parientes en lo que es preciso que él en todo y por todo se mortifique. La segunda es la excesiva lenidad en la superabundancia de misericordia. ¡Ay!, ¡ay! Esta es la causa de que los miembros [de la Iglesia] se pudran, o sea, por no corregir. Cristo lleva muy a mal en especial tres perversos vicios: la inmundicia, la avaricia y la engreída soberbia que reinan en la esposa de Cristo, es decir, en los prelados que no se preocupan mas que de deleites, cargos y grandísimas riquezas. Ven que los demonios infernales se llevan las almas de sus súbditos y no les da cuidado porque se han convertido en lobos y revendedores de la sangre de Cristo. Se necesita justicia para corregirlos porque la demasía en piedad es grandísima crueldad»

SANTA CATALINA DE SIENA, Carta a Gerardo de Puy (Cardenal sobrino de Gregorio XI y nuncio en Toscana).

sábado, 30 de abril de 2022

PLEGARIA A SANTA CATALINA DE SIENA POR LA IGLESIA E ITALIA

   
Absorta la Iglesia en las glorias de la resurrección, se dirige a ti, oh Catalina, “que sigues al Cordero a donde quiera que va” (Apocalipsis XIV, 4). En este lugar de destierro donde no puede detenerse por mucho tiempo, no goza de su presencia sino a intervalos; por lo cual te pregunta: “¿Encontraste al que ama mi alma?” (Cánticos III, 3). Eres su Esposa, también ella lo es; pero para ti ya no hay velos, no hay separación, mientras que para ella el gozo es raro y fugaz, y la luz, velada por las sombras. ¡Pero cuál ha sido tu vida, oh Catalina! Has unido la más profunda compasión por los dolores de Jesús a las alegrías más embriagadoras de la vida gloriosa. Nos puedes iniciar en los misterios del Calvario y en las magnificencias de la Resurrección. Estamos en Pascua, en la vida nueva; procura que la vida de Jesús no se extinga en nuestras almas, sino que crezca por el amor del que la tuya nos ofrece admirable ejemplo.
   
Concédenos participar, oh virgen, de tu adhesión filial a la Santa Iglesia, que te hizo emprender tan grandes cosas. Te afligías de sus dolores y te alegrabas en sus alegrías como hija sumisa. También nosotros deseamos amar a nuestra madre, proclamar los lazos que nos unen a ella, defenderla contra sus enemigos, ganarla nuevos hijos generosos y fieles.
   
El Señor se sirvió de tu débil brazo, oh mujer inspirada, para restituir en su silla al Romano Pontífice. Fuiste más fuerte que los elementos humanos que se afanaban por prolongar una situación desastrosa para la Iglesia. Las cenizas de Pedro en el Vaticano, las de Pablo en la Vía Ostiense, las de Lorenzo y Sebastián, las de Cecilia e Inés y las de tantos millares de mártires, saltaron de gozo en sus tumbas, cuando el carro triunfal que llevaba a Gregorio XI entró en la Ciudad.
  
Ruega también, oh Catalina, por Italia que tanto te amó y que estuvo tan orgullosa de tus gestas. En ella está suelta hoy la impiedad y la herejía; se blasfema el nombre de tu Esposo, se predica al pueblo descarriado las doctrinas más perversas, se le enseña a maldecir de todo lo que un día veneró, la Iglesia es ultrajada y la fe, desde tanto tiempo debilitada, amenaza extinguirse; acuérdate de tu desgraciada patria, oh Catalina. Es ya hora de que vengas en su ayuda y la libres de las garras de sus enemigos. La Iglesia entera espera de ti la salvación de esta ilustre provincia de su imperio; calma las tempestades y salva la fe en este naufragio que amenaza devorarlo todo.
   
DOM PRÓSPER GUÉRANGER OSB. El Año Litúrgico (1.ª edición española), tomo III. Burgos, Ediciones Aldecoa, 1956, págs. 751-753.

viernes, 30 de abril de 2021

DÍA TREINTA EN HONOR A SANTA CATALINA DE SIENA

Devoción reimpresa en el Colegio Real de San Ignacio de la Puebla en 1766, con licencia.
  
La Seráfica Madre, Gloriosísima Virgen y Apostólica Heroína Santa Catalina de Siena es una de las mayores Santas de la Iglesia y de las más amantes de los hombres, y por eso acreedora a nuestra devoción, la que nos puede valer no menos que la salvación eterna, pues habiéndole dicho Su Majestad que quería que fuese de mucho provecho a los hombres, ¿qué no alcanzaremos por medio de su poderosa intercesión? Y más, cuando es tan amada de nuestra Vida Cristo, que parece que con ninguna otra se ha expresado tanto su Majestad.
   
De seis años la llenó de bendiciones, mostrándosele en la gloria de su Ascensión. En esa edad le dio el Don de Oración, tan sublime que continuamente se elevaba. Le dio Ciencia infusa, Don de Profecía, conocimiento de los secretos del corazón humano, y por sí mesmo le enseñó misterios y secretos altísimos hasta ser después un Oráculo universal, a quien consultaban los Eruditos sobre los puntos más difíciles, y aun los Sumos Pontífice sobre los negocios más arduos de la Iglesia, haciéndola su Embajadora, y en los cismas más escandalosos poniendo en sus manos los capítulos de la paz, y haciéndola hablar como habló delante de los Cardenales, exhortándolos a la paz, y por su mano se alcanzaron los negocios más importantes de la Iglesia.
    
El Esposo de la misma Iglesia Cristo Jesús se desposó con Catalina delante de los Ángeles y su Reina MARÍA Santísima, y con haberle dado la mano de Esposo, no solo le dio por arras un riquísimo anillo, que vio la Santa en su dedo por todo el resto de su vida, sino que parece le puso en las manos su Omnipotencia. Y así, con pocos panes dio de comer a muchos y sobró, aumentaba el vino, mandaba a las enfermedades, a la muerte y a los demonios, y sin resistencia la obedecían: y bastaba que pidiera para conseguir cuanto quería de su divino Esposo, el que como tal la visitaba continuamente, ahora velase o durmiese, o hablase con otros, y con tal familiaridad que se paseaba con Catalina y juntos rezaban los Salmos.
   
La comulgaba por Sí mismo, la transfiguraba Su Majestad y llenaba de resplandor, tanto que deslumbraba a los que la veían. La levantaba en el aire, y la eximía de todas las necesidades de esta vida, como que ya gozara los privilegios de bienaventurada: y en efecto, habiendo muerto una vez de amor de su Dios, estuvo su alma en el Cielo por espacio de cuatro horas, las que pasadas, resucitó. Ni solo esta vez, sino que casi siempre fue un milagro continuado el que viviera, y aun su vida fue una serie no interrumpida de milagros y extraordinarios regalos de su divino Esposo. Entre estos, sobresalen habérsela aplicado a su santísimo Costado para que bebiera su preciosa Sangre, haberle impreso las cinco sacratísimas Llagas (las que hubieran sido exteriores si la Santa no se lo hubiera estorbado con su Oración), y lo que parece más, haber trocado con ella su corazón, diciéndole: Aquí tienes, hija mía, mi corazón por el tuyo.
   
¿Cuáles pues, serían sus afectos después que tuvo por corazón el mismo Corazón de JESÚS? Cuando desde su niñez entregó a JESÚS su corazón, dando desde entonces de mano a las vanidades del mundo sin tener más cuidado que el de agradar a Dios. De cinco años tuvo revelación de la vida de Santo Domingo y Padres del Yermo, y deseó imitarlos: con este deseo se retiró a una gruta antes de cumplir los seis años, y si bien no perseveró en ella por habérselo estorbado sus padres, le manifestó Su Majestad que le había sido acepto su sacrificio.
    
De siete años hizo voto de perpetua virginidad, la que guardó ilesa toda su vida, no solo a pesar del Infierno, que jugó contra ella todas sus baterías, ardides y astucias con tal furor, que exceden a las que padecieron de los demonios un San Antonio Abad y demás Santos del Yermo; mas también, resuelta aunque le costara la vida a no tener otro Esposo que Jesucristo, resistiendo a sus padres que querían casarla, a los que desengañó cortándose su hermosísimo cabello, y por eso la cargaron de injurias, baldones y malos tratamientos hasta ponerla en lugar de una esclava a que sirviera en la cocina y otros oficios viles, especialmente por quitarle el tiempo que daba a los ejercicios de piedad.
   
Obedecía la Santa con semblante alegre y risueño, dándose en medio de tanto embarazo lugar a estarse con su Amado recogida en el retiro de su corazón, en que le hizo un ara en que se le sacrificaba, sin perderlo de vista un solo instante, hasta que un día, hallándola su padre en Oración, vio que tenía sobre la cabeza una paloma blanca, la que desaparición al punto: visión con que, volviendo en sí, mandó no molestasen más a su hija, sino que la dejasen seguir los vuelos de su espíritu.
   
Todo su anhelo era el unirse más y más con su divino Esposo, deseando padecer toda su vida, por conformarse con su Amado, y se conformó tanto que una vez la vio su Confesor en figura de Cristo, y otra dándole a escoger Su Majestad entre dos coronas, dejó la una, que era de oro muy refulgente, y se ciñó la de espinas con tal fervor y tan apretadamente, que luego comenzó a sentir en la cabeza dolores agudísimos. A más de estos y el de ijada (en que le conmutó su Majestad el Purgatorio que merecía su padre), y otras muchas enfermedades, que padecía y deseaba más que otros pueden desear la salud; su cilicio, continuo hasta poco antes de morir, era una cadena de hierro sembrada de puntas.
    
Sus disciplinas, tres veces al día, cada una por hora y media, y con una cadena de hierro con que se daba tales golpes que derramaba arroyos de sangre, No usaba lino. Su abstinencia fue tal que llegó a perder el gusto, y lo más que tomaba eran unas yerbas crudas sin pan, manteniéndose otros días con sola la Santísima Eucaristía, como sucedió desde Miércoles de Ceniza hasta la Ascensión del Señor, en que no tomó ni un bocado. Su sueño no llegaba a una hora, y ése en el suelo desnudo con un madero por cabecera.
    
Con vida tan austera se extenuó tanto, que no tenía más que la piel sobre los huesos, pero diciendo a su madre que se recobraría si entraba en el Tercer Orden de penitencia, impetró licencia para vestir el sagrado Hábito, y con él se revistió de tan nuevos fervores, que en tres años no habló sino con su Confesor. Su clausura por ese tiempo (aunque entonces no obligaba a las Monjas) fue tal que no salía de su celda sino para la Iglesia, en cuyo coro (a más de la que tenía entre día), pasaba en Oración todo aquel tiempo de la noche, que los demás daban al preciso descanso. Observaba menudamente sus Reglas: en la Obediencia fue tan exacta que por no comer, como le mandaban, se vio a la muerte: su caridad con los pobres no excusaba ni la camisa, hasta merecer que el mismo Cristo en traje de mendigo le pidiese limosna.
    
En la asistencia a los enfermos era tan puntual como mortificada, ya bebiéndose una escudilla de pobre que recogió de una llaga encancerada y podrida, ya chupando con los labios las mismas llagas, ya sufriendo con invencible paciencia sus impertinencias y peores tratamientos sin desistir, ni por habérsele pegado en una mano la lepra de una enferma, ni por haberle quitado otra enferma la honra deponiendo, y con testigos, contra Catalina las más vergonzosas imposturas, sin que se le oyese palabra en su defensa, sintiendo solo las alabanzas que siguieron al desengaño de su inocencia.
   
Pero el que era como su carácter fue el celo de la salvación de las Almas. Le había concedido Su Majestad que viese el alma de todos aquellos con quienes trataba, y contemplando la hermosura natural de las almas, se encendía tanto en el deseo de su eterna felicidad que por eso, y no sólo por haberle ofrecido el Glorioso Santo Domingo su sagrado Hábito, se inclinó a esta Religión, porque profesa el ganar almas. Por eso, cuando pasaba algún religioso por su casa, salía y besaba la tierra que había pisado. Por eso también pensó fingirse hombre, para poder andar predicando por todo el mundo.
    
Mas sin embargo su traje y sexo (venciendo embarazos, sufriendo hablillas, tolerando injurias, falsos testimonios, afrentas y persecuciones), predicaba en los campos, exhortaba en las cárceles, auxiliaba en las horcas, y convertía a tantos pecadores que llegó la Santidad de Gregorio XI a señalar tres religiosos dándoles amplias facultades para que oyesen las confesiones de los que Catalina convertía. En fin, no había cosa (dice la Santa Iglesia) que estimase tanto como poner a los hombres en camino de salvación. Claro está, pues no solo se ofrecía por todos, sino que, porque ninguno se condenara, deseaba padecer en esta vida el mismo Infierno.
    
De este libertó no solo a su madre, alcanzando de Dios que resucitara para que enmendase su vida, sino ¿a cuantos otros libertaría? Pues sabemos que algunos, estando agonizando e impenitentes, no murieron hasta que Catalina les alcanzó dolor de sus pecados; y a otros, que en el artículo de la muerte estaban blasfemando, movido el Señor de las Oraciones de su Sierva, se les apareció sangriento y llagado, convidándolos con el perdón, que consiguieron. Y finalmente, según se dice en la Bula de su Canonización, no trató a persona alguna que no mejorase sus costumbres. A todos los alentaba al servicio de Dios, los compungía a todos: tanto, que deseando su confesor experimentar en sí lo mismo que experimentaba en otros, le encargó le alcanzase un gran dolor de sus pecados: quedó en hacerlo, y yendo a otro día a visitarlo, lo halló llorando, y con tal contrición que para que no muriese a la violencia del dolor, fue necesario otro milagro.
   
Ni solo de este modo ayudaba a las almas: las ayudaba también precaviendo con sus avisos los males que amenazaban a la Iglesia y a los estados de los Príncipes, y así el Papa Gregorio XI y los mayores hombres se valían de sus consejos y doctrina, como que veían que era en los Cielos su conversación, que en un éxtasis dictó el Libro de la Providencia, que sus raptos duraban días enteros. En estos era continua su comunicación con los Santos, singular su familiaridad con Cristo y su Madre Santísima, hasta dignarse la Reina de los Ángeles de ayudarle a amasar el pan con que hizo estupendos milagros en beneficios de sus prójimos.
    
A estos encomendaba con el mayor fervor la devoción a la gran Reina, no solo por haber sido la leche con que se crió, pues de cinco años comenzó a rezar el Ave María, diciéndola en cada escalón siempre que bajaba o subía las escaleras de su casa, sino porque sabía los bienes que de esta devoción resultan a los hombres. ¿Qué mas que habérsele revelado que Cualquiera, justo o pecador, que recurriere con devota reverencia a MARÍA Santísima, de ninguna manera será tragado del demonio? (Apud Carolos Van Hoorn).
    
Estas son algunas de las excelencias de la gloriosa Virgen Santa CATALINA DE SIENA, las que nos mueven a que procuremos su devoción, consagrándole (como se ha hecho respectivamente con otros Santos) el día treinta de Abril, en que a los treinta y tres años de su edad, a fuerza de celestiales conatos e incendios del divino amor, tales que el fuego material le parecía frío respecto del que le abrazaba el corazón, diciendo, En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu, lo entregó a su divino Esposo, que la había criado para tanta gloria suya y bien de las almas. 
   
En este día será bueno confesar y comulgar, oír Misa y ofrecerlo todo a Dios por mano de Santa Catalina. Se leerá también este librito, a fin de encenderse en la devoción de la Santa, procurando enmendar nuestras vidas a vista de la suya, para alcanzar por su intercesión el vivir de modo que tengamos una buena muerte. También se dirán las siguientes Oraciones, que el que quisiere podrá rezar todos los días para obligar más a la Santa.
    
DÍA TREINTA DE CADA MES, CELEBRADO CON PARTICULAR DEVOCIÓN EN HONRA Y CULTO DE LA GLORIOSA SANTA CATALINA DE SIENA
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, crucificado por mi amor y por mis culpas, postrado ante tu soberana Majestad te pido perdón de todas ellas, de las cuales me pesa de todo corazón por haber sido ofensas de tu bondad incomprehensible, y porque te amo sobre todas las cosas. Y propongo con tu divina gracia nunca más pecar, y confesar enteramente mis pecados, y te suplico por el amor con que tan liberal derramaste en el huerto tu preciosa Sangre, antes que los judíos te la sacasen a fuerza de dolores, y por los méritos de tu amada Esposa Santa Catalina, me perdones y concedas el morir antes que ofenderte. Amén.
   
ORACIÓN (conforme al Oficio Dominicano)
Dios y Señor, que habiendo adornado a la Bienaventurada Santa Catalina con especial privilegio de paciencia y virginidad, le concediste que saliera vencedora en las batallas de los espíritus infernales, y que permaneciera constante en el amor de tu Santo Nombre; nosotros te suplicamos nos concedas el que con la imitación de tus ejemplos, venciendo la malicia del mundo y las asechanzas de todos nuestros enemigos, pasemos seguramente a gozarte en tu gloria. Amén.
     
Señor mío Jesucristo, que tuviste tus delicias en tu amada Esposa Santa Catalina, pues la aplicaste a que bebiese de la sangre de tu Santísimo Costado, le imprimiste tus llagas y trocaste con ella tu Santísimo Corazón: por este Corazón Santísimo, dulcísimas llagas y por el celo y méritos de la misma Santa Catalina, te pedimos humildemente alumbres a los infieles para que te conozcan y amen, y a nosotros nos des gracia, para que crucificando nuestras pasiones en esta vida, logremos en la hora de nuestra muerte el fruto de tu Preciosa Sangre. Amén.
    
Aquí se rezan cinco Padre nuestros en memoria de las cinco llagas de nuestra Santa, que se aplicarán por la conversión de los infieles, de que fue tan celosa, y esta Oración de San Francisco Javier, a la que concedió cuarenta días de Indulgencia el Ilmo. Sr. Dr. Don Manuel Rubio y Salinas, Arzobispo de México, y los mismos concedió el Ilmo. Sr. Don Miguel Anselmo Álvarez de Abreu y Valdés, siendo Auxiliar de la Puebla:
Eterno Dios, Criador de todas las cosas, acordaos que Vos solo criasteis las almas de los infieles y herejes, haciéndolas a vuestra Imagen y semejanza. Mirad, Señor, cómo en oprobio vuestro se llenan de ellas los Infiernos. Acordaos, Señor, de vuestro Hijo Jesucristo, que derramando tan liberalmente su Sangre, padeció por ellos. No permitáis, Señor, que sea vuestro mismo Hijo y Señor nuestro por más tiempo menospreciado de los infieles y herejes, antes aplacado con los ruegos y oraciones de vuestros escogidos los Santos, y de la Iglesia, Esposa benditísima de vuestro mismo Hijo, acordaos de vuestra misericordia, y olvidado de sus herejías e infidelidad, haced que ellos conozcan también al que enviasteis, JESUCRISTO Hijo vuestro, Nuestro Señor, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos, a quien sea gloria por los infinitos siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 7 de octubre de 2020

CONTRA EL ABUSO DE CIERTA AFIRMACIÓN DE SANTA CATALINA DE SIENA

Santa Catalina de Siena se dirige al Papa Gregorio XI
  
Una frase que usan los antisedevacantistas es la siguiente:
«Incluso si el Papa fuera Satanás encarnado, no debemos levantar nuestras cabezas contra él, sino que con calma deberíamos reposarlas en su regazo. Quien se rebela contra nuestro Padre se condena a muerte, puesto que lo que le hacemos a él, se lo hacemos a Cristo: 
    
Honramos a Cristo si honramos al Papa; deshonramos a Cristo si deshonramos al Papa.
    
Se muy bien que muchos se defienden a sí mismos alegando: “¡Son tan corruptos y hacen las obras del mal!”. Mas Dios ha ordenado que si los sacerdotes, los pastores, e incluso el Vicario de Cristo en la tierra fueran demonios encarnados, les seamos obedientes y sujetos, no por amor a ellos, sino por amor a Dios y por obediencia a Él».
  
La frase en cuestión procede de la carta 28 que Santa Catalina de Siena dictara en Noviembre de 1373 a su discípulo y amanuense Raniero “Neri” di Landoccio dei Pagliaresi para los hermanos Bernabé y Galeazzo Visconti, Señores de Milán, que habían sido excomulgados en Enero del mismo año por el Papa Gregorio XI porque aquellos conquistaron Reggio Emilia dos años atrás (es de advertir que Reggio Emilia era gobernada por la Casa de Este, vasallos del Papa –en ese entonces, atacar a los territorios papales era causal de excomunión según la Bula “In Cœna Dómini”, proclamada hasta 1770 cada Jueves Santo–). Los Visconti habían solicitado a la virgen de Siena que mediara entre ellos y el Papa, para que les levantara la excomunión, que les representaba además pérdidas económicas por los saqueos a sus bienes y el boicot comercial a la ciudad.
   
A ellos, Santa Catalina les recuerda que la Iglesia es la única depositaria de las llaves de la Sangre de Cristo (los Sacramentos), y que fuera de ella no hay remisión de pecados:
«Aun cuando el Papa fuese un demonio encarnado, no debería levantar la cabeza contra él, sino inclinarme ante su autoridad y pedirle esa sangre de la que no puedo participar de otro modo. Y por eso os suplico que no os rebeléis contra vuestro jefe. Rechazad las investigaciones del diablo que os sugiere ser vuestro deber combatir a los malos pastores de la Iglesia. No le creáis y no tratéis de juzgar lo que no os concierne. Nuestro Salvador lo prohibe; ha declarado que eran sus ungidos y no quiere que ninguna criatura ejerza una jurisdicción que se ha reservado a sí mismo.
  
Si los sacerdotes nos despojasen de nuestros bienes, deberíamos preferir perder antes nuestros bienes temporales y la vida del cuerpo que los bienes espirituales y la vida de la gracia» (en JOHANNES JÖRGENSEN, Santa Catalina de Siena, Madrid, Ed. Voluntad 1924, pág. 273 – traducción de Juan de Hinojosa). 
La advertencia de «no juzgar lo que no concierne» se debe entender en que los fueros eclesiásticos deben ser respetados por el gobernante seglar, como también en cuanto a las faltas privadas (que son las que aducen los herejes de todas épocas para justificar su rebelión contra la Iglesia). No así a los crímenes contra la Fe (Herejía, Cisma y Apostasía), que tienen la particularidad de ser de carácter público, y que quien incurría en ella, además de excluirse de la Iglesia, podía entonces ser relajado al brazo seglar.
   
Y en ese sentido, Gregorio XI (que regresó a Roma a pedido de Santa Catalina de Siena, y por causa de la “Guerra de los Ocho Santos” entre los Estados Papales y la alianza de Florencia, Milán, Pisa, Luca, Siena y otras ciudades italianas) condenó tres afirmaciones de los franciscanos españoles Pedro de Bonageta y de Juan de Latone, catorce artículos del código alemán Sachsenspiegel (“Espejo sajón”) y 19 afirmaciones del teólogo inglés Juan Wiclef (que será condenado póstumamente como hereje en el Concilio de Constanza). Cosa muy distinta a lo que han hecho desde Roncalli Marzolla en adelante, que solamente “llaman al orden” a los teólogos heterodoxos sin proferir mayor condena judicial, PORQUE ELLOS SON HEREJES QUE USURPAN LA AUTORIDAD PAPAL Y QUE CON TODA VERDAD SERÁN CONDENADOS POR SANTA CATALINA DE SIENA.

martes, 21 de abril de 2020

NOVENA A SANTA CATALINA DE SIENA

Novena celebrada por las monjas del convento de Santa Catalina de Siena en Palma de Mallorca, y publicada a instancias de un devoto por la imprenta de Salvador Savall en 1823. Puede rezarse en cualquier momento del año, especialmente en preparación a su fiesta litúrgica el 30 de Abril, y en la de sus Sagrados Estigmas (1 de Abril).
  
ADVERTENCIA
Las almas que hoy son llamadas, y desean ser escogidas, noten las siguientes cuartillas del Obispo y Apóstol de Ginebra San Francisco de Sales (Práctica del Amor de Dios, libro XII, cap. XIII):
Mortal, elegir conviene
En esta vida inferior,
O bien el eterno Amor,
O bien la muerte perenne.

Mira a qué parte se inclina
Más segura tu remedio,
Pues no te ha dejado medio
La disposición Divina.

INTRODUCCIÓN (del autor original)
El venerable Padre Maestro Fray Luis de Granada (que tan altamente sintió, como profundo, claro, pío y elocuente escribió del amor de Dios) dice en el sermón tercero de la Seráfica Virgen Santa Catalina de Siena que: después del misterio de la Encarnación, y los que con él se eslabonan, en ninguna de las obras de Dios, que había visto, resplandecen las finezas del Divino Amor como en esta Virgen Seráfica y portento de las divinas gracias. De tan venerable y autorizado sentir, bien podemos inferir que así como por este misterio (que por ser todo obra de amor, se atribuye al Espíritu Santo, dador de los divinos dones) el Sumo Bien se comunicó a la humana naturaleza, hasta lo sumo de lo posible; así también pueden confiar las almas, que por medio de esta tan favorecida Esposa alcanzarán aquel fuego del Amor Divino que dijo el Verbo Humanado quería encender en la tierra, y con él aquellos consuelos y gracias que a más gloria del Señor convengan.

Todo humano desconsuelo halló el consuelo oportuno en esta prodigiosa Santa con portentosos milagros: pobres, afligidos, enfermos, bandos, sediciones, cismas, endemoniados y pecadores del todo desesperados; y como el Sumo Pontífice Pío II dice: Ninguno llegó a su presencia, que no volviese mejorado (Bula de Canonización). Pero sobre todas las gracias, de que es común Abogada, tiene la más importante, y en que la singularizó el Señor, que es alcanzar Bula de perdón y plenaria Indulgencia, con perfecta contrición de las culpas.

De esto hizo demostración la Santa (sobre las innumerables y milagrosas conversiones que en su vida se leen) en el caso que sucedió con su padre espiritual, designado por la Virgen Santísima, el Beato Raimundo de Capúa, general que fue de la sagrada Orden de Predicadores. Quiso este venerable Padre y discreto director asegurarse del espíritu que gobernaba aquella tan prodigiosa alma y su nueva hija. Para esto le pidió que le alcanzase del Señor una Bula de contrición y perdón general de sus culpas: y de repente, cuando mennos lo pensaba, estando un poco desganado, y presente la Santa, le vino tal conocimiento de la Bondad suma, y tan claro de la gravedad de la ofensa de todas sus más leves culpas, y la pena merecida por ellas, que reventando los ojos en torrentes de lágrimas, nadando en sollozos, gemidos y suspiros del mar amargo de contrición su encendido corazón, pensó le hubiera reventado el pecho, pero serenóse aquel mar y diluvio y las zozobras de sus dudas, la cándida paloma, mostrándole tan evidentes señales de la divina clemencia y diciéndole: Ea, Padre, acabad de leer toda la Bula. Acordaos de los dones del Señor, y proseguid en serle agradecido (Fray Lorenzo Gisbert y Capsir OP, Vida de Santa Catalina de Siena, libro I, cap. XVII).
  
Para conseguir esta, y las demás antedichas gracias, se hace la siguiente Novena por los nueve grados del Amor Divino que escribió el dulce Padre San Bernardo, y explicó largamente el Angélico Maestro Santo Tomás de Aquino, enseñando cómo por estos nueve suben las almas al último grado, que es de los Bienaventurados en la Gloria.
 
SAGRADA NOVENA A LA SERÁFICA MADRE Y CÁNDIDA VIRGEN SANTA CATALINA DE SIENA, PARA CONSEGUIR EL PERDÓN DE LAS CULPAS, CONSUELOS DEL DIVINO ESPÍRITU, Y POR SUS GRADOS EL ETERNO AMOR DEL SEÑOR

   
Para que la práctica de este santo ejercicio sea con el fruto espiritual que se desea, podrá prepararse el que hiciere la Novena confesando y comulgando en el primer día; y si no pudiere, procurará purificarse con un fervoroso acto de contrición: empleándose en cada uno de los días en imitar alguna de las muchas virtudes de la Santa, y poniendo especial cuidado en la mortificación de los sentidos, y puesto de rodillas delante de su Altar o Imagen, levantará el corazón a Dios y, ofreciéndole con encendido afecto todas sus obras, se persignará con la señal de la Cruz, y dirá la oración siguiente:
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Hoy la devoción más fina
Consagra, a tus pies postrada,
Esta Novena Sagrada,
Seráfica Catalina.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh inmensa piedad! ¡Oh inmutable caridad! que, para librarme de la vil servidumbre del pecado, obligado del inextinguible fuego de vuestro amor, entregasteis a la muerte vuestro Unigénito Hijo, cuyas dulcísimas entrañas no solo le inclinaron a hacerse hombre de la Virgen María, sino que sediento de mi bien, abrazó la muerte de Cruz, derramando el infinito tesoro de su Sangre, para que yo viviera. Ruego a vuestra Majestad Divina, que reconocido de mi pasada ingratitud, sepa apreciar en adelante, asistido de Vos, este imponderable beneficio, huyendo del errado camino en que me ha puesto en desorden de mis apetitos, para que empleando en Vos (único bien mío) todas mis potencias, pase de esclavo de mis vicios, por medio de una verdadera contrición, a merecer el dulcísimo y apacible título de hijo vuestro, empleando el resto de mis días, y en especial este rato, a mayor honra y gloria vuestra; y para que mis culpas no impidan tan dichoso fin, digo, Señor, de lo más íntimo de mi corazón, que me pesa de haber ofendido a una Suma Bondad tan digna de ser amada; y propongo, ayudado de vuestra gracia, de enmendarme, con muy firme esperanza, de que me perdonareis por los méritos de vuestro Hijo, y Redentor mío. Amén.
  
DÍA PRIMERO - 21 DE ABRIL
Pues del Divino amor llena
Despedís ardiente llama,
Socorred al que a vos clama,
Astro brillante de Siena.
   
ORACIÓN
¡Oh Amante Catalina! Espejo del Divino amor, que ejercitada en el primer grado de vuestro ardiente fuego, enfermasteis provechosamente; y herida desde niña de enfermedad tan dichosa, principio de la eterna salud, la alcanzasteis a tanto número de almas: logre yo por vuestra intercesión esta gracia, por la que debisteis a vuestro Esposo Jesús, cuando en forma visible de Pontífice, asistido de los Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Juan Evangelista, se os manifestó en vuestra pueril edad, dándoos su bendición; desde cuyo instante aborrecisteis todo gusto sensible, y aun el comer os era tormento de muerte, pasando muchos años milagrosamente con zumo de yerbas amargas, y los ocho últimos de vuestra vida, sin ningún material alimento. Ruegoos, Madre mía amantísima, que os imite yo de tal suerte, que los aplausos y placeres del mundo causen en mí tal tedio, que sus gustos me sean disgustos, y lo dulce amargo, hasta que negado a mí mismo, alcance que el amor Divino me sea desamor de mi amor propio, y rendido éste consiga tan dichosa muerte. Amén.
  
Ahora se rezarán tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri, en reverencia de la Santísima Trinidad por las tres gracias que concedió a nuestra Santa: de Virgen, Mártir de amor, y nueva Apóstol. Después cada cual, avivando la fe, con las palabras que le diere su propio afecto, pedirá interiormente la gracia espiritual o consuelo que necesita, y se dirá la oración siguiente:
  
Con humildes oraciones
Piden a tu protección
Saetas de contrición
Todos nuestros corazones.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Amabilísima Esposa de Jesús, escogida por la Virgen Madre; azucena de virginal pureza, elegida del Eterno Padre para maestra de las almas y espejo de sabiduría, mártir de amor, ejemplo de penitencia, y rosa de caridad, encendida con el fuego del Espíritu Santo; pues priváis tanto en la vista de la Divina Esencia, por lo que de ella fuisteis algún tiempo privada por la salud de las almas, y sabéis la necesidad en que ahora clama y suspira mi corazón; aplicad vuestra poderosa intercesión, para que el Señor me conceda aquella Bula, que sabéis de perfecta contrición y plenaria Indulgencia de mis culpas, más y más puro amor, y la gracia que os pido en esta Novena, si conviene para su mayor gloria, y si no, encaminad mi petición para lo que más de mi le agrade, y que eternamente le ame. Amén.
  
GOZOS
  
Pues al Cielo arrebatada
Fuisteis por bondad Divina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Con bendición de dulzura
El Señor os visitó
Cuando en trono se os mostró
Visible con gran ternura,
De su belleza prendada
Fuisteis amante muy fina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
En vuestra niñez mostrasteis
Señas de gran santidad;
Pues pureza y castidad
A los siete años votasteis:
Admiración ha causado
Vuestra virtud peregrina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
   
Con un fervor nunca visto
Hábito Guzmán tomasteis,
Y con gran dicha lograsteis
Ser desposada con Cristo;
Con luz de gloria colmada
El Cielo a vos se avecina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Para obligar la clemencia
De Dios con los pecadores,
Usasteis con vos rigores
De áspera y cruel penitencia;
Cual Domingo triplicada
Tomabais la disciplina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
De materia corrompida
Del cáncer de una mujer,
La caridad supo hacer
La más gustosa bebida,
Así del asco triunfasteis,
Agigantada Heroína:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
A Jesús amor tuvisteis
De tan alta elevación,
Que os arrancó el corazón
Y el suyo de él recibisteis;
Como a esposa muy amada
A su costado os reclina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
En vos con rayos violentos
Sus llagas Cristo imprimió
Con que vuestra alma sintió
De la pasión los tormentos;
Sin vida hubierais quedado,
A no obrar mano divina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Vuestra gran fe al Sacramento
Con tal devoción invoca,
Que en fin se os vino a la boca
Por el aire con portento;
Cristo mismo, cosa rara
A comulgaros se inclina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Mil efectos percibisteis
De este pan angelical,
Pues sin manjar corporal
En muchos años vivisteis;
Era la mesa sagrada
De favores oficina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
   
A la Iglesia en dulce unión
Los Florentinos trajisteis,
Y en toda Roma tuvisteis
Una grande estimación;
A Florencia por Legada
El Pontífice os destina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
   
Al Papa, y los Cardenales
En público predicasteis,
Y los más doctos pasmasteis
En coloquios Celestiales;
Por infusa, y encumbrada
Aclaman vuestra doctrina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Fuisteis luz de pecadores;
Pues los que con vos trataban,
Luego en buenos se trocaban,
Y los buenos en mejores;
Por esto habéis merecido
El renombre de Divina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Es premio tan excelente,
El que en el Cielo gozáis,
Que los prodigios, que obráis,
Lo publican claramente;
Del devoto que os invoca,
Sois eficaz medicina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Antífona: Dénos la bienaventurada virgen Santa Catalina gozar la verdadera luz de Cristo, e irnos a los coros celestiales.

ORACIÓN
Oh Dios, que le diste a la bienaventurada Santa Catalina, decorada con especial privilegio de virginidad y paciencia para vencer los ataques de los espíritus malignos y permanecer imperturbados en tu amor; concédenos te suplicamos, que por su imitación pisemos la iniquidad del mundo, y superando todas las insidias de los enemigos, podamos llegar seguros a tu gloria. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO - 22 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Del Altar el pan Sagrado vuela,
Y a Vos se encamina,
Como a morada Divina
De Jesús Sacramentado.
   
ORACIÓN
¡Oh Serafín del Divino trono! Que elevada en el segundo grado de vuestra ardiente llama sin parar volabais en su presencia hasta transformarnos en el Verbo Humanado, y teniendo en Vos sus delicias, se os comunicó por sus Divinas manos en varias ocasiones, para que le recibieseis Sacramentado; volando otras veces de las de los Sacerdotes la Sacrosanta Hostia para entrar en vuestro pecho, que sediento le buscaba: alcanzad a mi alma, que por vuestra poderosa intercesión incesante­mente arda en intensos y vivos deseos que me hagan buscar nuevos empleos del Divino agrado; no se me pase, como hasta aquí, mi vida en inconstancias y deseos generales, ni detenga mi afecto fuera de Dios ninguna criatura; sí que elija constante el vivir de asiento en su Divino amor, recogiéndome a una vida en que de continuo le ame y siga sus santas inspiraciones, sin cesar hasta la muerte. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 23 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Cuando Dios por altos fines;
Os regaló a su costado,
Oh, ¡cuanta envidia habéis dado
A todos los serafines!
   
ORACIÓN
¡Oh abismo de paciencia! ¡Oh fragante y encendida rosa de caridad! ¡Oh penitente azucena! Pues obrando de continuo sin deteneros corríais tan amante por el tercer grado de vuestro amoroso incendio, que cuidadosa solo de la honra Divina, despreciando la vuestra, sufristeis constante el público castigo que os dieron por la falsa acusación que contra vuestra virginal pureza produjo aquella mujer tan beneficiada de Vos en la cura del cáncer que tenía en el pecho, tolerando con humildad la infamia sin desmentirla; cuyo sufrimiento os grangeó las dos coronas que os presentó vuestro Esposo, una de oro y otra de espinas, para que eligiéseis, y escogisteis la de espinas para padecerlas, permitiendo por esto que la misma acusadora os viese después transformada en glorias, y que confesando su culpa, quedase sana de cuerpo y alma; y sin entibiarse vuestra caridad, proseguisteis en servirla con más intenso fervor, de suerte que para vencer el hastío y vómito que os ocasionaba el demonio por medio de la hediondez de la llaga, triunfasteis de él, bebiendo una grande porción de la misma pestilente podre; por lo cual os recreó Jesús en la Llaga de su costado: Alcanzadme del Señor, Patrona y Se­ñora mía, por este tan gran favor, una fervorosa caridad, que destierre la debilidad de mis propósitos y ejercicios de virtudes, usando con mis prójimos por puro amor de mi Dios. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO - 24 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Sintiendo de alta oración cuerpo,
Y alma los ardores,
Padecisteis los dolores
De la sagrada Pasión
   
ORACIÓN
¡Oh fuego, y abismo de caridad! ¡Oh viva Hostia de la pasión de vuestro Esposo! ¡Oh Catalina en el padecer Divina! Pues reconcentrada ya en el cuarto grado del sagrado volcán de vuestro amor, admitisteis con sufrimiento invencible las penas y trabajos imponderables de enfermedades, calumnias, infamias y persecuciones de criaturas y demonios; padeciendo también con el más acerbo dolor de vuestro cuerpo y alma, todas las penas y dolores de la Pasión del Salvador, deseando ser una con Él; pues todas las sentisteis juntas, y en particular aquella tan atroz que sufrió cuando al estirarle en la Cruz la mano derecha, para que llegase al barreno, haciendo hincapié en el doloroso cuerpo, le descoyuntaron los más sensibles Divinos huesos que amparan el corazón; pues experimentó el vuestro este cruel estrago, dulcísima abogada mía, y os hizo el Señor la gracia de tener por la mayor dicha el pasar la vida infatigable en continuas penas, recreándoos en el inmenso mar de ellas con indecible sed y hambre de padecerlas; conseguidme de mi Dios que sufra alegre, paciente y humilde las que tuviere, a mayor agrado suyo. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO - 25 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Fuiste al cielo arrebatada,
Y eje la Divina Esencia
Bebiste por experiencia
La ciencia más encumbrada
   
ORACIÓN
¡Oh Catalina, abrasada del amor divino! Que apeteciendo incesantemente a vuestro Dios en el quinto grado del ardor que deshacía vuestro pecho, padecisteis de nuevo los dolores de la Pasión del Señor; y dividiendo los ímpetus de su incendio vuestro corazón en dos partes, quedasteis muerta cuatro horas, en que vuestra alma (cual la de otro Pablo al tercer Cielo) fue arrebatada a la Divina Esencia, viendo y gozando aquel gozo de la Gloria en que se anegan los Bienaventurados, y sintiendo las indecibles penas de los del Purgatorio, y también los eternos tormentos que padecen sin fin en el Infierno los que en esta vida no pusieron fin a sus gustos abrazando la penitencia; de cuyo rapto, volviendo por disposición Divina a animar nuestro cuerpo para el alto empleo de la predicación y conversión del mundo, quedasteis graduada y ordenada entre los Ángeles: Suplicoos, Serafín humano, que pues resucitasteis volviendo a esta vida mortal para bien de las almas, alcances a este miserable devoto vuestro una penetrante saeta de vuestro amor, para que muriendo del todo a mis inclinaciones, aspire impaciente a ver y amar al Sumo Bien para siempre. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA SEXTO - 26 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Con milagro nunca visto,
Robando los corazones
Desterrasteis sediciones
Contra el Vicario de Cristo.
   
ORACIÓN
¡Oh portento de la gracia! ¡Oh Catalina, milagro de vuestro sexo en el ministerio Apostólico! Pues corriendo velozmente en el servicio de Dios, y en su alcance, os remontasteis al sexto grado del amor de vuestro Esposo, y por su Divino precepto, sedienta del Martirio, fuisteis, ya como Embajadora de Florencia a la Corte del Papa, y ya como legada suya a sosegar las sediciones y rebelión de aquella Ciudad y más de sesenta Pueblos contra el Vicario de Cristo; alcanzando victoria contra el Infierno, y que volviese la Silla a Roma apagando también el cisma de la Iglesia; y siendo asombro de sabiduría, predicasteis varias veces delante del Papa y su Sagrado Colegio, venerándoos como nuevo Apóstol, cuyo alto empleo desempeñasteis con tanto fervor, que fue­ron innumerables las conversiones debidas a la eficacia de vuestras palabras, sin que bastasen los muchos Confesores que os seguían (y tres de ellos con autoridad Pontificia para absolver de casos reservados) a confesar los que convertía vuestra doctrina, y pues ninguno llegó a vuestra presencia que no volviese mejorado: alcanzadme, amada Protectora mía, que dando yo de mano a todo lo mundano, despierte de mi flojedad, y corra veloz por el camino de la perfección, hasta gozarme en el Eterno Bien. Amén
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  

DÍA SÉPTIMO - 27 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Sin culpas tu compunción
Fue asombro de penitencia:
Sin estudio hallaste ciencia,
Y amaste sin corazón.
   
ORACIÓN
¡Oh prodigio de santidad! ¡Oh mujer verdaderamente fuerte de espíritu magnánimo! Que desviando de la parte racional toda especie de temor pusilánime, emprendisteis con santa audacia las más arduas dificultades, y aprehendiendo a Dios en el séptimo grado de vuestro abrasado exceso, como liberal, amante, poderoso y fuerte, deshecha en vehementes ansias pedíais, como David, que criase en vos un corazón limpio y nuevo, y que renovase en vuestras entrañas un espíritu recto, y mostrándoseos amante abrió vuestro costado, y os sacó y llevó el corazón, viviendo sin él milagrosamente algunos días, hasta que apareciéndoseos después con otro, que traía en la mano, todo rubicundo y encendido, abriéndoos segunda vez el costado os le puso y cerró la herida, dejando por señal aquella cicatriz que después vieron algunas devotas mujeres vuestras compañeras: Por este raro favor os suplico, Virgen Santa, que pues aquel Divino corazón encendió en vuestro pecho tal hoguera, que hacía volar por el aire a su centro vuestro virginal cuerpo, logre yo por vuestra intercesión una centella que consuma todas mis tibiezas, hasta que viva crucificado con Cristo. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO - 28 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Por despreciar los placeres,
Con que engaña el inundo vano,
Dios de Esposo os dio la mano,
¡Oh ejemplo de las mujeres!
   
ORACIÓN
!Oh Esposa dulcísima de Jesús! Que enlazada ya en el estrecho abrazo y nudo indisoluble de vuestro dulce Esposo en el octavo grado de vuestra sagrada hoguera, aquel Jueves de Carnestolendas, en que el mundo ciego corre sin riendas a las disoluciones y ofensas divinas, encerrada en vuestro retiro contemplábais a Cristo pendiente en la Cruz de tres clavos en los más dolorosos nervios de sus Sagrados pies y manos, y sintiendo en dulces coloquios la ingratitud de los hombres a tan excesivo amor, se os apareció lleno de gala, acompañado de la Virgen Madre, el gran Patriarca Santo Domingo, San Pablo y San Juan Evangelista con el Rey David, y convirtiendo en hermoso Cielo aquella humilde Celdita se celebró el más solemne y Divino desposorio, y dándoos Jesús la mano de Esposo, la juntó con la vuestra la Santísima Virgen, dejándoos por arras de tan místico Divino matrimonio aquel misterioso anillo que todavía se ve en vuestro dedo con cuatro perlas y un diamante, para mostrar, que la voluntad, el corazón, y bienes del Esposo, todo es vuestro: Pues sois tan absoluta y singular Esposa del Señor, haced que yo obre con tal pureza de intención y firmeza de diamante en la que ofrezco, que merezca morir a mi sensualidad, para unirme a mi Dios en estrecho lazo de amor. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 29 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
A las llagas del amado
Águila veloz volasteis,
Y en vos impresas quedasteis
Hecha un Serafín llagado.
   
ORACIÓN
¡Oh admirable Catalina! ¡Oh triunfante encendida mártir de amor! Que ardiendo suave y dulcemente en la Divina voracidad del nove­no grado, como ascua del mismo amor transformada, gozabais lo que amabais, y amabais lo que gozabais; y enardecida en la contemplación de las cinco fuentes de las Llagas de Jesús (en cuyos dulces sagrados manantiales bebisteis repetidas veces), viendo entrar vuestro corazón por la del costado, se abrasó vuestra alma tan vivamente en la consideración de vuestro Esposo llagado y crucificado, y en el cuchillo de dolor que traspasó la bendita alma de su dulcísima Madre al pie de la Cruz, que fue vuestro cuerpo elevado casi hasta el techo de la Iglesia de Santa Cristina en Pisa, en donde en esta ocasión orábais, apareciéndoseos Jesús Crucificado para sellar en lo exterior lo que el interior padecía, os arrojó de sus Llagas cinco arroyos de su Divina Sangre, con que quedasteis llagada de pies y manos y costado, mudando el color sanguíneo en encendido oro; para que sintiendo el dolor para quitar mil vidas, no las viese el mundo, como así lo pedisteis. Alcanzadme, Divino Fénix, de aquel fuego Seráfico en que ardíais, un destello que consuma mis apegos y tibiezas, y eleve mi alma a la feliz región de la Bienaventuranza eterna. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.

viernes, 13 de diciembre de 2019

VINCENZO PAGLIA: “EL QUE DICE QUE JUDAS SE CONDENÓ ES HEREJE”

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
  
Mons. Vincenzo Paglia Cinelli –el modernista-progresista nombrado en el 2012 (reino de Ratzinger) presidente del Pontificio Consejo de la Familia y en el 2016 (reino de Bergoglio) presidente de la Pontificia Academia para la Vida– en una reciente entrevista reportada por la AgenSir [Agencia S.I.R. –Servicio de Información Religiosa–, servicio de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana, N. del T.] ha enseñado lo exactamente opuesto a lo que la Iglesia ha definido por siglos:
  
“Para la Iglesia Católica, si uno afirma que Judas [Iscariote] está en el infierno, es un hereje”, ha dicho.
  
¿Qué enseña, pues, el Catecismo Tridentino (n. 241 – La penitencia en cuanto virtud)?
“Frecuentemente sucede precisamente que los hombres no se arrepienten de los pecados como deberían; que también hay unos, al devir de Salomón, que se alegran del mal cometido (Pr. 2,14); mientras que hay otros que se afligen tan amargamente, que desesperan de salvarse. Tal parece ser el caso de Caín que exclamó: Mi pecado es más grande que el perdón de Dios (Gn. 4, 13); y tal fue ciertamente el de Judas, el cual arrepentido, colgándose en el lazo, perdió al mismo tiempo la vida y el alma” (Mt. 27, 3 Ac. 1, 18).
  
Ad abundántiam, con fe pía, ¿qué es lo revelado a Santa Catalina de Siena (S. Catalina de Siena, Diálogo de la Divina Providencia, c. 37)?
“Porque la desesperación de Judas me disgustó más y fue más grave a mi Hijo que no la traición que me hizo. Así son condenados por este falso juicio de haber puesto mayor el pecado suyo que mi misericordia; y por eso son castigados con los demonios y atormentados eternamente con ellos”.

jueves, 24 de octubre de 2019

NINGÚN SINCERO DEVOTO DE MARÍA SANTÍSIMA, POR PECADOR QUE SEA, SE CONDENA

«A Santa Catalina de Siena le fue revelada la verdad que vamos aquí probando. Díjole el Señor: “Por mi bondad y reverencia al misterio de la Encarnación, he concedido a María, Madre de mi Unigénito Hijo, la prerrogativa de que ningún pecador, por grande que sea, que se le encomiende devotamente, llegue a ser presa del fuego del infierno”». SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, Las Glorias de María, capítulo VIII, 1º.

domingo, 8 de abril de 2018

EN ESTOS TIEMPOS DE APOSTASÍA, NO DEBEMOS CALLAR

Santa Catalina de Siena exhortando a Gregorio XI regresar a Roma (Sebastiano Conca)
    
«Os pido que obréis de modo que el día en que la suprema Verdad os juzgue no tenga que deciros esta dura palabra: “Maldito seas, tú que no has dicho nada”. ¡Ah, basta de silencio!, clamad con cien mil lenguas. Yo veo que a fuerza de silencio, el mundo está podrido. La Esposa de Cristo ha perdido su color (cf. Lam. 4, 1), porque hay quien chupa su sangre, que es la sangre de Cristo, que, dada gratuitamente, es robada por la soberbia, negando el honor debido a Dios y dándoselo a sí mismo; y es robada por la simonía, vendiendo los dones y gracias que nos son dadas por gracia con el precio de la Sangre del Hijo de Dios».
  
Cartas de Santa Catalina de Siena (edición de Piero Misciattèlli). Marzocco, Florencia 1939. Carta XVI (a un Prelado)

sábado, 30 de abril de 2016

EL BAUTISMO DE SANGRE ES ACOGER LA GRACIA ENLAZADA CON LA SANGRE DE CRISTO

Tomado de LA PUERTA ANGOSTA
   
Santa Catalina de Siena
 
Diálogos de Santa Catalina de Siena, Capítulo XI: "Cómo los imperfectos quieren seguir solamente al Padre, pero los perfectos al Hijo; y de una visión que tuvo esta alma devota, en la cual se refieren varios Bautismos y de algunas otras cosas útiles y excelentes".
   
Te he dicho que salen afuera, lo cual es señal de que se levantaron de la imperfección y llegaron a la perfección. Abre los ojos de tu entendimiento y míralos correr por el puente de la doctrina de Cristo crucificado, el cual es vuestra regla, camino y doctrina. No se proponen otra cosa ante los ojos de su entendimiento que a Cristo crucificado. No se proponen a Mí, que soy el Padre, como lo hace el que está en el amor imperfecto, el cual no quiere padecer penas, y porque en Mí no puede haberlas, desean el contentamiento que en Mí hallan, y por eso digo que siguen en Mí, no a Mí; esto es el deleite que hay en Mí, no a Mí mismo. No proceden así estos (los que quieren la perfección), sino que como embriagados y encendidos en amor subieron estos tres escalones generales, que signifiqué en las tres potencias del alma, y los tres actuales, que te manifesté en el cuerpo de Cristo crucificado, mi Unigénito Hijo. Habiendo subido a los pies con los del afecto, llega al costado, en donde halló el secreto del corazón y conoció el Bautismo del agua, el cual tiene virtud en la sangre, en donde halló gracia en el santo Bautismo, dispuesto el vaso del alma a recibir la gracia unida y enlazada con la sangre.
   
¿En dónde conoció esta dignidad de verse unida y enlazada con la sangre del Cordero, recibiendo el santo Bautismo en virtud de la sangre? En el costado, donde conoció el fuego de la Divina Caridad. Así te lo manifestó mi Verdad cuando la preguntaste, diciendo: "Dulce e inmaculado Cordero, ya habías muerto cuando te abrieron el costado, ¿por qué, pues, quisiste ser herido y partido el corazón?"
   
Y Él te respondió que por muchos motivos había sucedido esto, y te diré uno de los principales, y fue porque mi deseo para con el linaje humano era infinito, y el acto de sufrir penas y tormentos era limitado y finito; y por cuanto en cosa finita no podía mostrar el amor infinito, por tanto quiso que vieseis el secreto del corazón mostrándoosle abierto, para que vieseis que más amaba de lo que manifestaba por una pena finita. Derramando sangre y agua os mostré el santo Bautismo, el cual recibisteis en virtud de la sangre y, sin embargo, derramaba sangre y agua. Manifestaba también el Bautismo de sangre de dos maneras, uno en aquellos que son bautizados en su sangre vertida por Mí, el cual tiene virtud por mi sangre, no pudiendo ellos ser bautizados. Algunos otros se bautizan con fuego, deseando el Bautismo con afecto de amor, y no lo pueden tener. Mas no hay Bautismo de fuego sin sangre, porque la sangre está enlazada y unida con el fuego de la Divina caridad, porque fue vertida por amor.
  
También recibe el alma de otra manera este Bautismo de sangre, hablando figuradamente, y esto proveyó la caridad Divina porque, conociendo la flaqueza y debilidad del hombre, éste me ofende por ella, no que sea precisado, ni ningún otro motivo le induzca a la culpa, si él no quiere; mas cae como frágil en pecado mortal, por el cual pierde la gracia que recibió en el santo Bautismo en virtud de la sangre, por tanto fue precisado que la caridad Divina dejase el Bautismo continuo de la sangre, el cual se recibe con la contrición del corazón y con la confesión, confesándose cuando pueda con mis Ministros, que tienen las llaves de la sangre, la cual derraman sobre el alma; y no pudiendo confesarse basta la contrición del corazón. Entonces mi clemencia os da el fruto de esta preciosa sangre; pero pudiendo confesaros, quiero que lo hagáis, y el que pueda confesarse y no quiera, será privado del fruto de la sangre. Es sin embargo cierto que al fin de la vida, si quisiere confesarse, aunque no pueda, todavía recibirá el dicho fruto de la sangre; pero no haya alguno tan necio que con esta esperanza espere a la hora de la muerte para arreglar su vida, pues no está seguro de que por su obstinación no le diga mi justicia Divina: Ya que tú no te acordaste de mí en el tiempo de tu vida cuando podías, yo también me olvidaré de ti en la hora de la muerte. Así que nadie debe fiarse, y si por culpa suya se ha descuidado, no debe dilatar este Bautismo a la última hora con la esperanza de esta sangre.
   
Ya ves que es continuo este Bautismo con que debe bautizarse el alma, pues puedes conocer en él que la pena de la cruz fue finita, pero el fruto de la pena que por Mí habéis recibido, es infinito; porque fue en virtud de la naturaleza Divina, que es infinita, unida con la humana, la cual sufrió la pena en el Verbo, vestido de vuestra humanidad. Mas porque está una naturaleza unida y enlazada con la otra, por eso la Deidad eterna trajo a sí la pena que yo padecí con tan encendido amor, y por tanto puede esta operación llamarse infinita, no porque lo sea la pena que yo padecí, ni la actual del cuerpo, ni la del deseo, que yo tenía de redimiros, pues terminó en la cruz cuando espiré, sino el fruto que dimanó de la pena y deseo de vuestra salud, que es infinito, y por tanto lo recibisteis infinitamente, porque si no hubiera sido infinito, no hubiera sido restituido a la gracia todo el linaje humano, pasados, presentes y venideros: Ni el hombre cuando peca pudiera levantarse, si no fuese infinito este Bautismo de sangre, esto es, si el fruto de la sangre no fuese infinito. Esto os manifesté en la llaga del costado de mi Hijo, donde puedes hallar los secretos del corazón, manifestando que os ama más de lo que puede manifestar con una pena finita. Te he manifestado ser este fruto infinito. ¿Con qué? Con el Bautismo de sangre unida a mi ardiente caridad, derramada por amor. Y en el Bautismo general dado a los cristianos, y a cualquiera que lo reciba del agua unida con la sangre y con el fuego, en donde el alma se hace una misma cosa con mi sangre, y para dároslo a entender, quise que del costado saliese sangre y agua. Te he respondido a lo que me preguntabas.
  
Diálogos de Santa Catalina de Siena, Jerónimo de Gigli, 1797

miércoles, 31 de julio de 2013

DIÁLOGOS DE NUESTRO SEÑOR Y SANTA CATALINA DE SIENA: "LA SODOMÍA ES PESTILENTE PARA MÍ Y DESAGRADABLE HASTA PARA LOS MISMOS DEMONIOS"

Santa Catalina de Siena, en uno de sus díálogos con Dios Nuestro Señor, transmite las palabras de Jesús sobre el pecado de la impureza (en especial el de la sodomía), que la describe como "algo nauseabundo ante la Divina Majestad" y "desagrable hasta para los demonios".

Te hago saber, queridísima hija, que a vosotros y a ellos (los sacerdotes) os exijo tanta limpieza en este sacramento (del Santo Sacrificio de la Misa) cuanta es posible al hombre en esta vida. En cuanto esté de vuestra parte, y de la de ellos, debéis procurarla sin cansacio. Debéis considerar que si fuese posible que una naturaleza angélica se purificase para este misterio, sería necesario que lo hiciera de nuevo. No es posible, porque un ángel es puro, pues no puede caer en el veneno del pecado. Te indico esto para que veas cuánta pureza os exijo en este sacramento a vosotros y especialmente a ellos. Pero hacen lo contrario, porque van completamente sucios a este misterio; no sólo con la inmundicia y fragilidad a que naturalmente os halláis inclinados por vuestra débil naturaleza.

Ellos (los que caen en impureza), desgraciados, no sólo no dominan esta fragilidad, aunque la razón lo puede hacer cuando lo quiere el libre albedrío, sino que obran aún peor, porque cometen el maldito pecado que es contra la naturaleza (la sodomía). Como ciegos y tontos, ofuscada la luz de su entendimiento, no reconocen la pestilencia y miseria en que se encuentran, pues no sólo me es pestilente a mí, sino que ese pecado desagrada a los mismos demonios, a los que esos desgraciados han hecho sus señores. Tan abominable me es ese pecado contra la naturaleza, que sólo por él se hundieron cinco ciudades como resultado de mi juicio, al no querer mi divina justicia sufrirlas más; que tanto me desagradó ese abominable pecado.

Es desagradable (la sodomía) a los demonios, no porque les desagrade el mal y se complazcan en lo bueno, sino porque su naturaleza fue angélica, y esa naturaleza rehúye -le repele- ver cometer tan enorme pecado en la realidad. Cierto es que antes les ha arrojado la saeta envenenada por la concupiscencia; pero, cuando el pecador llega al acto de ese pecado, el demonio se marcha por las razones dichas.

Si te acuerdas bien, sabes cómo antes de la mortandad (la plaga de 1374) te manifesté lo desagradable que me resultaba este pecado y cuán corrompido se hallaba el mundo por él. Por lo que, elevándote sobre ti misma con santo deseo y con sublimación de espíritu, te mostré el mundo entero, y viste en casi toda la gente este miserable pecado y cómo los demonios escapan de él, como te he dicho. Y sabes que recibiste tanta pena, que te parecía estar casi a la muerte. No encontrabais lugar dónde refugiaros, tú y los otros servidores míos, para que esta lepra no os contagiase. No encontraste quien te pudiera cobijar entre los pequeños ni con los grandes, con los jóvenes ni con los viejos, con los religiosos ni con los clérigos, con los prelados ni con los súbditos, se hallaban contaminados por esta maldición.

Te lo manifesté en general; no lo hice con los particulares que por excepción no se contaminaron, pues entre los malos he guardado algunos buenos. La santidad de éstos detiene a mi Justicia para que no mande a las piedras que se vuelvan contra ellos, ni a la tierra que se los trague, ni a los animales que los devoren, ni a los demonios que les saquen el alma del cuerpo. Más bien voy encontrando caminos y modos para poder hacer misericordia, esto es, para que se enmienden, y como instrumentos tomo a mis servidores, que están sanos y leprosos, para que intercedan por ellos.

Alguna vez mostraré a éstos, como una vez hice contigo y como tú sabes, estos miserables pecados, para que sean más solícitos en buscar la salvación y me ofrezcan oraciones por ellos con mayor compasión y dolor por los pecados y por la ofensa que me hacen. Si te acuerdas bien, una bocanada de esta pestilencia te afectó tanto, que no podías más, como me dijiste: "¡Oh Padre eterno!, ten misericordia de mí y de tus criaturas. Sácame el alma del cuerpo, porque parece que no lo sufro más, o dame refrigerio y enséñame el lugar de los otros servidores, los tuyos, donde podamos descansar, para que esta lepra no nos pueda dañar ni quitar la limpieza de nuestra alma y de nuestros cuerpos".

Yo te contesté volviéndome hacia ti con ojos de piedad, y te dije y repito: "Hijita mía: sea vuestro reposo dar gloria y alabanza a mi Nombre e incensarme con la oración continua por estos pobrecillos que se hallan en tanta miseria, haciéndose dignos del juicio divino por sus pecados. El lugar donde os cobijéis sea Cristo crucificado, mi Hijo unigénito, habitando y escondiéndoos en la caverna de mi costado, donde gozaréis, por afecto de amor, en la naturaleza humana de Cristo, mi naturaleza divina. En aquel corazón abierto encontraréis mi caridad y la del prójimo, pues por honor a mí, el Padre eterno, y por la obediencia que le impuse para vuestra salvación, sufrió la afrentosa muerte en la santísima Cruz. Viendo y experimentando este amor, seguiréis sus enseñanzas alimentados en la mesa de la Cruz, es decir, soportando por caridad a vuestro prójimo con verdadera paciencia: en penas, tormentos y fatigas, vengan de donde vengan. De esta manera combatiréis la lepra y huiréis de ella.

Este es el remedio dado a ti y a los otros; pero, con todo eso, no se quitaba de tu alma la sensación de la pestilencia y de tiniebla de los ojos del entendimiento. Mi divina providencia, sin embargo, lo remedió, dándote del Cuerpo y de la Sangre de mi Hijo, Dios y hombre entero, tal como lo recibís en el Sacramento del Altar. En señal de que era verdad, se quitó el hedor por medio de la fragancia que recibiste en el Sacramento, y las tinieblas desaparecieron por medio de la luz que en él recibiste. De modo admirable, tal como plugo (place) a mi bondad, quedaste con la fragancia de la sangre en la boca y en el paladar de tu cuerpo durante muchos días, tal como sabes.

Ves, por tanto, hija mía, lo abominable que es este pecado a toda criatura. Piensa ahora que lo es mucho más en aquellos elegidos por mí para que vivan en estado de continencia, entre los que se encuentran los sacados del mundo por medio de la vida religiosa, como plantas sembradas en el cuerpo místico de la santa Iglesia; entre ellos se encuentran los ministros del Altar. Nunca podréis entender cuánto me desagrada ese pecado entre ellos, además del que recibo de los pecadores del mundo en general, porque están puestos sobre el candelero, son administradores míos, de verdadero Sol, para luz de la virtud y de santa vida; y, sin embargo, lo administran estando ellos en tinieblas.

Tan llenos se encuentran de ellas (las tinieblas), que de la Sagrada Escritura no ven ni entienden más que la corteza, la letra, debido a la hinchazón de su soberbia. Por ser inmundos y lascivos, aunque tienen luz de por sí, de donde la tomaron mis elegidos por razón: es la luz sobrenatural que procede de mí, verdadera Luz, tal como te dije en otro lugar, la reciben sin sacarle el gusto, por no estar en orden el paladar de su alma. Corrompidos por el amor propio y la soberbia, con el estómago atiborrado de inmundicia, deseando dar satisfacción a sus desordenados deseos, repletos de codicia y de avaricia, cometen sin pudor sus pecados. Caen en el pecado de la usura muchos miserables, aunque esté prohibida por mí.
 
Santa Catalina de Siena
[De El diálogo de la Divina Providencia, en Obras de Santa Catalina de Siena, Madrid: BAC, 1991, p. 292]