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jueves, 23 de julio de 2026

CHESTERTON SOBRE LOS MANIÁTICOS (O refutación a De Mattei)

Traducción del artículo publicado en WM REVIEW.
  
«¿ESTÁS LOCO?». G. K. CHESTERTON SOBRE LOS LUNÁTICOS Y MANIÁTICOS
En su obra clásica “Ortodoxia”, G. K. Chesterton pinta un retrato del loco y le muestra cómo escapar de su destino.

Fotograma de la escena “Pepe Silvia” en el capítulo 10.º de la cuarta temporada de la serie “Siempre hay sol en Filadelfia”.

Notas del editor
Tras la extensa cita de G. K. Chesterton en mi artículo sobre el suicidio, aquí están las reflexiones del famoso converso inglés sobre los lunáticos y la locura.

Estos comentarios se refieren a teorías de la conspiración.

La historia está plagada de hombres que conspiran para lograr sus propios fines, a menudo a costa del bien común. Quienes lo niegan o creen que algo puede refutarse simplemente llamándolo «teoría de la conspiración» viven en la negación.

No es necesario probar de manera concluyente la existencia de una conspiración determinada para justificar actuar como si fuera o pudiera ser cierta (es decir, actuar tomando ciertas medidas prudentes para protegerse, proporcionales a la probabilidad establecida) [1].

Sin embargo, si bien no es necesario contar con pruebas documentales completas de una conspiración para tomar tales medidas, sí es necesario tener alguna evidencia antes de acusar a otros, y que esta evidencia vaya más allá de la intuición, la fantasía, la paranoia y la coherencia con los prejuicios propios. Cuanto más grave y específica sea la acusación, mayor sea la publicidad que reciba y mayor el daño que cause, más sólidas deberán ser las pruebas y los argumentos.

Todos estamos sujetos a las normas habituales de la ley moral, como el Octavo Mandamiento:
«No darás falso testimonio».
De igual modo, todos estamos obligados a no dañar la reputación de una persona sin justa causa y a evitar los pecados de difamación, calumnia y juicio precipitado. Creer tener una visión privilegiada de cómo funciona el mundo «en realidad» no exime de estas obligaciones.

La relevancia de esto para los comentarios de Chesterton quedará clara al leer estos últimos.

***
  
“EL MANIÁTICO”
(G. K. CHESTERTON. Ortodoxia, Capítulo II, págs. 23-35. Lane, Nueva York, 1909. Traducción española, págs. 9-13. Porrúa, México 1998). Se han añadido títulos y algunos saltos de línea para facilitar la lectura en línea.

La locura, un hecho de la vida 
Los modernos maestros de la ciencia insisten, sobre la necesidad de basar toda investigación, en un hecho. Los antiguos maestros de religión, se mostraron igualmente entusiastas de esa teoría. Empezaron basándose en el hecho del pecado; un hecho tan evidente como las papas. Fuera posible o no fuera posible que el hombre se purificara con ciertas aguas milagrosas, no cabe duda de que necesitaba purificación. Pero algunos caudillos religiosos de Londres, relativamente materialistas, comenzaron en nuestros días a negar, no la discutible milagrosidad del agua, sino a negar la indiscutible existencia de la mancha. Ciertos teólogos modernos, discuten el pecado original, que es el único punto de la teología de la cristiandad que puede ser realmente probado. Algunos discípulos del Reverendo Reginald John Campbell [predicador y teólogo congregacionalista (posteriormente anglicano), principal exponente de la “Nueva Teología”, N. del T.] admiten la inocencia divina que no pueden vislumbrar ni en sueños, pero niegan, especialmente, la culpa humana que pueden ver hasta en la calle. Los santos más intransigentes y los más obcecados escépticos, por igual unos y otros, tomaron el positivo mal, como punto de partida de sus argumentaciones.
  
Si es cierto (como evidentemente lo es) que un hombre puede hallar exquisito placer desollando un gato, el filósofo religioso puede llegar a una de dos conclusiones. Debe, o negar la existencia de Dios, que es lo que hacen los ateos; o bien negar la inalterable unión entre Dios y el hombre, que es lo que hacen los cristianos. Parece que los nuevos teólogos piensan llegar a una solución altamente racionalista negando el gato. 
  
En esta situación especialísima, evidentemente ahora no es posible (con una esperanza remota de aceptación general) comenzar como comenzaron nuestros padres, basándose en el hecho del pecado. Este mismo hecho que fue para ellos (y es para mí) tan evidente como la luz, es precisamente el hecho que ha sido discutido o negado. Pero aunque los modernos nieguen la existencia del pecado, supongo que no han negado aun la existencia del manicomio. 
  
Todavía estamos de acuerdo, en que actualmente se produce un colapso intelectual, tan innegable e inconfundible como el derrumbe de una casa. Los hombres niegan el infierno; pero aun no niegan el manicomio. Para no perder de vista los fines de nuestro primer argumento, el uno, el infierno, podría muy bien reemplazar al otro, el manicomio. Quiero decir que, si una vez todos los pensamientos y las teorías fueron juzgadas según condujeran al hombre a perder su alma, así, por nuestro presente punto de vista, todas las teorías modernas pueden ser juzgadas, según conduzcan al hombre a perder sus cabales. 
   
Es cierto que algunos hablan de la locura, con soltura y simpatía, como si se tratara de algo amable y atrayente.
  
Pero un minuto de reflexión basta para demostrarnos que si hallamos belleza en la enfermedad, generalmente es en la enfermedad de otro. 
  
Un ciego puede ser pintoresco; pero se necesitan dos ojos para verlo pintoresco, Y similarmente, aun la más salvaje poesía de la locura, sólo puede percibirla el cuerdo. Para el insano su locura es perfectamente prosaica porque es perfectamente cierta. El hombre que se cree pollo, siente en sí, toda la insignificancia del pollo. Solamente porque vemos lo grotesco de su idea, podemos en contraria hasta divertida; y solamente porque él no ve lo grotesco de su idea, lo han llevado a “Hanwell” [Nombre de un sanatorio de enfermos mentales en Londres, que se menciona con frecuencia en el libro, N. del T.]. Abreviando, las rarezas sólo sorprenden a la gente normal. Las rarezas no sorprenden a la gente rara. Por esa razón, la gente normal se sabe divertir y la gente rara, siempre se lamenta del aburrimiento de la vida. Por esa razón, las novelas modernas fenecen; y por esa razón, los cuentos de hadas permanecen. Los viejos cuentos de hadas presentan al héroe como un joven humano normalmente normal; sus aventuras son las sorprendentes; y lo sorprenden porque es normal. Pero en la novela psicológica moderna, el héroe es un anormal; él, que es el centro, no es bien centrado. De ahí que las aventuras más extrañas no logren sorprenderlo adecuadamente y que el libro resulte monótono. Se puede escribir la historia de un héroe entre dragones; pero no la de un dragón entre dragones. El cuento de hadas relata lo que hará un hombre cuerdo en un mundo loco. La novela, sobriamente realista de hoy, relata lo que un hombre esencialmente loco, puede hacer en un mundo cuerdo. 

La locura es más prosaica de lo que se piensa.
Empecemos pues en el manicomio; desde este fatídico y fantástico albergue, iniciemos nuestro viaje intelectual. 
  
Ahora, si es que vamos a contemplar la filosofía de la cordura lo primero que hemos de hacer, es destruir un grande y difundido error. Por todas partes se ha difundido la idea de que la imaginación, especialmente la imaginación mística, es peligrosa para el equilibrio mental del hombre. En general se tiene a los poetas como inseguros, desde el punto de vista psicológico; y generalmente se hace asociación de ideas entre los laureles entrelazados y las pajas pinchadas en el pelo… Los hechos y la historia desmienten tal interpretación. Muchos de los poetas, de los verdaderamente grandes poetas, han sido no sólo perfectamente cuerdos sino extremadamente aptos para el comercio; y si Shakespeare alguna vez contuvo caballos, fue porque era el hombre más indicado para contenerlos.
  
La imaginación no provoca la locura. Para ser exacto, lo que fomenta la locura es la razón. Los poetas no enloquecen; los jugadores de ajedrez sí. Los matemáticos y los cajeros, se vuelven locos; pero rara vez enloquecen los artistas que crean. Como podrá verse, en ninguna forma ataco la lógica: digo solamente que el peligro de la locura reside en la lógica; no en la imaginación. La paternidad artística es tan saludable como la física. Sin embargo, vale la pena destacar que cuando un poeta fue realmente mórbido, comúnmente lo fue porque existía algún punto débil en su racionalismo. Poe, por ejemplo, fue realmente morboso; no porque fue poético, sino porque fue esencialmente analítico. Aun el ajedrez era demasiado poético para él; le desagradaba porque había demasiados caballeros y castillos, como en un poema. Abiertamente manifestó su preferencia por las fichas negras, que sobre el damero parecían el punteado de un diagrama. Quizás el ejemplo más contundente es este: que sólo un gran poeta inglés se volvió loco, William Cowper. Y decididamente, fue llevado a la locura por la lógica; por la extraña lógica de la predestinación [2]. La poesía no fue su enfermedad sino su remedio; la poesía, en parte conservó su salud. Por algunos momentos, pudo olvidar el rojo y sediento infierno al que lo empujaba su horrendo necesitarismo, entre las extendidas aguas y los lirios blancos del Ouse. Cowper fue condenado por Juan Calvino y casi fue salvado por Juan Gilpin.
  
En todas partes, vemos que el hombre no enloquece por soñar. Los críticos son mucho más locos que los poetas. Homero, es bastante tranquilo y completo; son sus críticos que lo destrozan en jirones de extravagancia. Shakespeare, fue perfectamente él mismo; sólo algunos de sus críticos descubren que Shakespeare fue otro. Y San Juan Evangelista, no obstante haber visto en su visión muchos monstruos extraños, no vio criatura alguna tan salvaje como uno de sus comentaristas. 

Un exceso de “razón”.
El hecho general es claro. La poesía es cuerda, porque flota sin esfuerzo en un mar infinito; la razón [3] pretende cruzar el mar infinito y hacerlo así finito. 
  
El resultado es la exterminación mental; como lo fue la extenuación física para el señor Holbein. 
  
Aceptarlo todo, es un ejercicio; entenderlo todo, es un esfuerzo. Lo único que desea el poeta, es exaltación y expansión, un mundo para explayarse. 
   
El poeta sólo pretende entrar su cabeza en el cielo. 
  
El lógico es el que pretende hacer entrar el cielo en su cabeza. Y es su cabeza la que revienta. 
   
Es un detalle, pero no insignificante, que este asombroso error se halla comúnmente apoyado en una citación tergiversada. 
  
Todos hemos oído citar la celebrada frase de Juan Dryden: «el gran genio es aliado de la locura». Pero Dryden no dijo que el gran genio fuera aliado de la locura. El mismo Dryden era un genio y sabía mejor. Sería difícil encontrar un hombre más romántico y más sensato. Lo que Dryden dijo, fue esto: «El gran sabio está frecuentemente próximo a la locura», y eso es cierto. Es exclusivamente la gran agilidad intelectual, lo que peligra desequilibrarse. También la gente podría recordar, a qué clase de hombre se refería Dryden. No se trataba de un visionario ajeno a este mundo como Vaughan o Jorge Herbert. 
   
Hablaba de un cínico hombre de mundo, un escéptico, un diplomático, un político práctico. Esos hombres, ciertamente están próximos al desequilibrio. Su incesante investigar en el cerebro propio y en el ajeno, es oficio peligroso. Siempre es peligroso para la mente penetrar la mente. Una persona espiritual preguntó por qué decíamos «loco como un sombrerero». Una persona más espiritual, podría haber respondido que el sombrerero es loco, porque debe tomar las medidas de la cabeza humana. 
   
Y si los grandes razonadores con frecuencia son maniáticos, es igualmente exacto que los maniáticos son grandes razonadores. 
   
Cuando me hallaba embarcado en una controversia con el “Clarion”, sobre el tema de la voluntad libre, el eficiente escritor señor R. B. Suthers [4] dijo, que la voluntad libre, era lunatismo, porque implicaba acciones inmotivadas, y las acciones del lunático son sin causa. No me ocupo aquí de un lapsus desastroso para la lógica determinista. Evidentemente, si una acción, aun la acción de un lunático, puede ser inmotivada, se acaba el determinismo. 
   
Porque si un loco puede interrumpir la cadena de causalidad, también puede interrumpirla un hombre aunque no sea loco. Pero mi objeto es destacar algo más práctico. Tal vez fuera natural que un moderno marxista ignorara todo lo referente a la voluntad libre. Pero sería ciertamente extraño que un marxista moderno ignorara todo lo que se refiere a los lunáticos.
  
«Todo está conectado, oculto a simple vista».
Lo último que se podría decir de un lunático, es que sus acciones son inmotivadas. Si algunos actos humanos pudieran ser irreflexivamente llamados «sin motivo», esos serían los insignificantes actos del hombre cuerdo, que silba al caminar; roza el césped con su bastón; golpea los talones y se frota las manos. Es el hombre contento el que hace las cosas inútiles; el hombre enfermo no es bastante fuerte para ser un ocioso. 
  
Esas acciones sin causa y descuidadas, son precisamente las que un loco no podría comprender nunca, porque el loco (como el determinista) tiene demasiado en cuenta las causas de todo. Esas actividades huecas, tienen para un loco significado de conspiración. Pensará que rozar el pasto, es atentar contra la propiedad privada. Pensará que golpear los talones, es una señal convenida con un cómplice. Si por un instante el loco se volviera descuidado, se volvería cuerdo. Todo el que haya tenido la desgracia de hablar con gente que se hallara en el corazón o al borde del desequilibrio mental, sabe que su característica más siniestra, es una horrible lucidez para captar el detalle; una facilidad de conectar entre sí dos cosas perdidas en su mapa confuso como un laberinto. Si ustedes discuten con un loco, es muy probable que lleven la peor parte en la discusión; porque en muchas formas, la mente del loco es más ágil y rápida, al no hallarse trabada por todas las cosas que lleva aparejadas el buen discernimiento. No lo detiene el sentido del humor o de la caridad o las ya enmudecidas certezas de la experiencia. El loco es más lógico, por carecer de ciertas afecciones de la cordura. La frase común que se aplica a la insania, desde este punto de vista es errónea. El loco no es el hombre que ha perdido la razón. Loco es el hombre que ha perdido todo, menos la razón.
   
Las explicaciones que un loco da sobre algo son completas y con frecuencia, en un sentido estrictamente racional, hasta son satisfactorias. 
   
O para hablar con más precisión, la explicación del insano si bien no es concluyente, es por lo menos irrefutable; y esto puede observarse en los dos o tres casos más comunes de locura. 
   
Si un hombre dice (por ejemplo) que los hombres conspiran contra él, no se le puede discutir más que diciendo que todos los hombres niegan ser conspiradores; que es exactamente lo que harían los conspiradores. Su exposición concuerda con los hechos tanto como la de ustedes. O si un hombre dice que es el legítimo Rey de Inglaterra, no es una respuesta adecuada decirle que las autoridades lo catalogan loco; porque si realmente fuera Rey legítimo de Inglaterra, eso posiblemente sería lo más sabio que atinaran a hacer las autoridades existentes. O si un hombre dice que es Jesucristo, no es una respuesta decirle que el mundo niega su divinidad; porque el mundo niega también la divinidad de Cristo. 

Por qué el lunático está equivocado.
Sin embargo, ese hombre está equivocado. Pero si intentamos exponer su error en términos exactos, veremos que no es tan fácil como pudimos suponerle. Tal vez lo más aproximado que podríamos hacer, es decir esto: que su mente actúa en un círculo perfecto pero estrecho. Un círculo pequeño es tan infinito como uno grande; pero a pesar de ser tan infinito, no es tan amplio. Del mismo modo, la explicación del insano es tan completa como la del sano, pero no tan vasta. Una bala es redonda como el mundo, pero no es el mundo. 
  
Hay algo así como una amplia universalidad; y algo así como una estrecha y restringida eternidad. Lo podemos ver en muchas religiones modernas. 
   
Ahora, hablando externa y empíricamente, podemos decir que la más consistente e inconfundible seña de locura, es esta combinación entre la integridad lógica y la contracción espiritual. La teoría del lunático, explica un vasto número de cosas, pero no explica esas cosas en forma vasta. Quiero decir que si ustedes, o yo, lidiáramos con una mente que se vuelve mórbida, lo indicado sería no tanto ofrecerle argumentos como darle aire para convencerla de que existe algo más limpio y fresco, fuera de la sofocación de un único argumento. Supongamos que fuera, por ejemplo, el primer caso típico que mencioné: el caso de un hombre que acusara a todo el mundo de conspirar contra él. Si pudiéramos expresar nuestros profundos sentimientos de protesta, apelando contra tal obsesión, supongo que le diríamos algo así:
«Oh; admito que usted tiene su caso y que lo siente de corazón, y que muchas cosas son como usted dice. Admito que su explicación explica muchas cosas, pero ¡cuántas cosas no explica! ¿No hay en el mundo más historia que la suya; y todos los hombres se ocupan de usted? Suponga que demos por sabido los detalles; tal vez cuando aquel hombre en la calle se hizo el que no lo veía, fue por astucia; tal vez si el agente le preguntó su nombre, lo hizo porque ya lo sabía. Pero ¡cuánto más contento estaría si le constara que esa gente no se ocupa en absoluto de usted! ¡Cuánto más grande sería su vida si usted se empequeñeciera en ella! ¡Si pudiera mirar a los otros hombres con curiosidad y gusto comunes, si pudiera verlos paseando como pasean su radiante egoísmo y su varonil indiferencia! Comenzarían a interesarlo porque vería que no se interesan en usted. Se evadiría de ese teatro vistoso y mezquino en el que siempre se representa su dramita personal, y se encontraría bajo un cielo más despejado, en una calle llena de espléndidos desconocidos». 
O supongamos que fuera el segundo caso de locura, el del hombre que reclama la corona; el impulso de ustedes sería contestarle:
«Está bien; tal vez usted sepa que es el Rey de Inglaterra pero, ¿por qué se preocupa? Haga un esfuerzo magnífico, sea un ser humano y mire de arriba a todos los reyes de la tierra».
O podría ser el tercer caso, del loco que se cree Cristo. Si dijéramos lo que sentimos, diríamos: 
«¡Así que usted es el Creador y el Redentor del mundo! ¡Pero qué mundo pequeño debe ser! Qué cielo más pequeño debe habitar con ángeles no tan grandes como mariposas. ¡Qué aburrido ser Dios! ¡Y un Dios inadecuado! Realmente, no hay vida más plena ni amor más maravilloso que el suyo; y en realidad ¿es en su mezquina y penosa compasión que toda carne debe depositar su fe? ¡Cuánto más feliz sería si la masa de un Dios más grande, pudiera deshacer su pequeño cosmos, desparramara las estrellas como si fueran pajas, y lo dejara en la inmensidad abierta, libre como otros hombres de mirar hacia arriba y hacia abajo!».
Expulsando un demonio.
Y hay que recordar que la ciencia más puramente práctica ataca desde este punto de vista al mal mental; no intenta discutirlo como una herejía sino simplemente quebrarlo como un encantamiento. Ni la ciencia moderna ni la religión antigua creen en la completa libertad del pensamiento. La teología reprime ciertos pensamientos que llama blasfemos. La ciencia reprime ciertos pensamientos que llama morbosos. Por ejemplo, algunas sociedades religiosas, más o menos exitosamente quieren alejar al hombre del pensamiento sexual. La nueva sociedad científica, intenta alejarlo del pensamiento de la muerte; que es un hecho, pero es considerado como un hecho morboso.
  
Y atendiendo a aquellos cuya morbosidad tiene un dejo de manía, la ciencia moderna se preocupa de la lógica, mucho menos que un derviche en pleno baile. En esos casos, no es suficiente que el hombre desgraciado desee la verdad; debe desear la salud. Nada puede salvarlo excepto una ciega ansiedad de normalidad. Ningún hombre debe creerse a salvo del desequilibrio mental; porque es el órgano que actúa el pensamiento el que se vuelve enfermo; ingobernable, como si fuera independiente. Sólo puede salvarlo la voluntad o la fe. Desde que empieza a actuar su razón, actúa en la antigua ruta circular; girará en torno de su círculo lógico, igual que un hombre en un coche de tercera clase de Inner Circle [circunvalación en torno del Parque Regente, N. del T.], girará en torno de Inner Circle, hasta que realice el voluntario, vigoroso y místico acto, de bajarse en la calle Gower [calle donde queda el Colegio Universitario de Londres, cercana al Museo Británico, N. del T.]. Aquí, la decisión lo es todo; una puerta debe cerrarse para siempre. Cada remedio, es un remedio desesperado. 
  
Cada cura, es una cura milagrosa. Curar a un hombre no es discutir con un filósofo, es arrojar un demonio.
  
NOTAS
[1] En un artículo de noviembre de 2020, el profesor Roberto de Mattei afirmó que quienes se mostraban escépticos sobre las mascarillas y los confinamientos eran «francamente ridículos», dominados por la emoción y la imaginación, y que padecían enfermedades mentales. Escribió:
«Según ellos, el coronavirus no es más que una simple gripe, y las medidas recomendadas por gobiernos tanto progresistas como conservadores en todo el mundo, como el confinamiento, el uso de mascarillas y el distanciamiento social, son instrumentos y símbolos de esta conspiración para destruir la libertad individual y, en última instancia, exterminar a toda la humanidad».
Él tergiversa la información sobre aquellos que no cumplen con su estándar de evidencia como historiador, afirmando que no tienen nada que ver con la «tradición del pensamiento católico», que están gobernados por emociones e imaginación y que sufren una especie de enfermedad mental llamada “apofenia”:
«Debemos afirmar categóricamente que estas hipótesis no guardan relación alguna con la gran tradición del pensamiento católico, que, al abordar la existencia de una conspiración anticristiana, fundamenta cada afirmación con documentación precisa y, sobre todo, jamás sustituye la fe y la razón por la imaginación. La impresión que a veces se tiene es la de estar ante el fenómeno de la disonancia cognitiva, donde la realidad se deforma por un estado emocional de apofenia, un estado psíquico que busca establecer conexiones significativas entre acontecimientos desprovistos de cualquier relación causal».
En otro artículo, titulado “Conspiraciones verdaderas y falsas en la historia” y publicado en Corrisponenza Romana en enero de 2021, comparó ciertas conspiraciones que habían sido expuestas con amplia documentación, con aquellas que no lo habían sido:
«La existencia de esta tradición conspirativa está documentada y es indiscutible. Las pruebas existen. Entre los historiadores, católicos o anticatólicos, de derecha o de izquierda, puede haber divergencia en la interpretación de los hechos, pero no en su realidad.

Por el contrario, la característica de las falsas teorías de la conspiración es que no pueden ofrecer ninguna documentación ni certeza. Para compensar su falta de pruebas, utilizan la técnica de la narración, que apela más a las emociones que a la razón, y seduce a quienes, por un acto de fe, ya han decidido creer en lo descabellado, impulsados ​​por el miedo, la ira y el rencor. Estos sentimientos se fomentan en tiempos de crisis, como está ocurriendo en la pandemia del Coronavirus, que actualmente se está desarrollando […].

La existencia de una conspiración que busca la destrucción de la Iglesia y la civilización cristiana no necesita nuevas teorías, pues la historia ya la ha demostrado; tampoco necesita secretismo, puesto que la Revolución actúa ahora con audacia y abiertamente. Además, es fundamental un criterio. La única conspiración que merece la pena combatir es la de las fuerzas de la oscuridad contra la Iglesia católica. Todo lo demás es secundario».
Resulta difícil comprender cómo alguien puede plantear tales argumentos de buena fe. Si bien ha identificado correctamente un fenómeno —el «pensamiento narrativo» que subyace a ciertas teorías conspirativas—, es absurdo pensar que debamos negar la existencia de cualquier conspiración que aún no se haya probado de forma concluyente, o que debamos actuar con prudencia en tales casos. En muchos casos, dicha evidencia documental no está disponible desde el principio, cuando la desobediencia o incluso la resistencia pueden ser más necesarias. A veces, dicha evidencia no aparece hasta décadas después. Este criterio hace que la posibilidad de autodefensa contra los conspiradores dependa de su incapacidad para mantener sus planes en secreto. Pero esto es absurdo.

Si se aplicara a la vida cotidiana, este tipo de razonamiento podría prohibir cerrar con llave (o incluso clausurar) la puerta principal sin documentación que demuestre que la casa será asaltada esa noche. Cerrar la puerta con llave como medida de precaución, según el criterio de De Mattei, equivaldría a participar en una falsa teoría de la conspiración, basada en un razonamiento narrativo.

De igual modo, la idea de que «la única conspiración que merece la pena combatir es la de las fuerzas de la oscuridad contra la Iglesia Católica» es absurda. Implicaría que no vale la pena luchar contra un grupo de hombres que conspiran para destruir un negocio, robar objetos de un museo o cometer cualquier otro delito. Dice que «todo lo demás es secundario», pero que algo sea secundario no significa que no merezca la pena combatirlo.

[2] Chesterton escribió este texto siendo no católico. La doctrina católica implica la predestinación, aunque en un sentido distinto al de Juan Calvino, a quien critica aquí.

[3] O mejor aún, racionalismo.

[4] Robert Bentley Suthers fue un periodista socialista.

viernes, 7 de junio de 2024

LOS IDEALES MODERNOS MINIMIZAN EL PROBLEMA DEL BIEN

«Todas y cada una de las modernas expresiones populares e ideales constituyen artimañas destinadas a minimizar el problema de lo que es el bien. Nos encanta hablar de “libertad”; y eso, hablar de ella, es un truco para evitar discutir sobre lo que es bueno. Nos encanta hablar del “progreso”, y eso es también un truco para evitar discutir sobre lo que es bueno. Nos encanta hablar de “educación”, y eso es un truco para evitar discutir sobre lo que es bueno. El hombre moderno dice: “Dejemos de lado todos esos criterios arbitrarios y abracemos la libertad”. Eso, trasladado a la lógica, equivale a decir: “No decíamos lo que es bueno, y sin embargo consideremos bueno no decidirlo”».
   
GILBERT KEITH CHESTERTON, “Herejes”.

jueves, 11 de enero de 2024

LOS PROTESTANTES, QUIERAN O NO, SON DEUDORES DE LA AUTORIDAD CATÓLICA

«Para un católico no hay diferencias particulares entre aquellas partes de la religión que los protestantes y otros aceptan y aquellas partes que ellos rechazan. Los dogmas tienen, claro está, sus proporciones teológicas intrínsecas; pero en su sentimiento ellos todos son una sola cosa. La Misa es tan cristiana como el Evangelio. El Evangelio es tan católico como la Misa. Este, pienso yo, es el hecho que el mundo protestante ha considerado más difícil de entender y sobre el cual aparecieron algunos de los malestares más infelices. Aun así, esto surge de forma bastante natural de la verdadera historia de la Iglesia, que tuvo que luchar incesantemente contra distintas herejías muy opuestas entre sí. Ella no tuvo solo que derrotar estos secretos para defender estas doctrinas, sino que tuvo también que derrotar a otras sectas para defender otras doctrinas, incluyendo las doctrinas que estas sectas cariñosamente defienden. Fue únicamente la Iglesia Católica Romana quien salvó las verdades protestantes. Puede ser correcto confiar en la Biblia, pero no habría Biblia si los gnósticos hubiesen probado que el Antiguo Testamento fuese escrito por el diablo, o si hubiesen inundado el mundo con Evangelios apócrifos. Puede ser correcto decir que solamente Jesús salva del pecado, pero ninguno estaría diciendo esto si el movimiento pelagiano hubiese alterado toda la noción de pecado. Incluso la propia selección de dogmas que los reformadores decidieron preservar fue preservada para ellos solo por la autoridad que ellos negaron».
  
GILBERT KEITH CHESTERTON, An Outline of Christianity (Esbozo de la Cristiandad), Londres, 1926.

jueves, 24 de agosto de 2023

LA CONVERSIÓN DE CHESTERTON

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.

TODOS LOS CAMINOS QUE CONDUCEN A ROMA: LA CONVERSIÓN DE G. K. CHESTERTON
Por Luca Fumagalli.
   
Siguiendo las pistas trazadas por Adam Schwartz en el ensayo The Third Spring (2005), este año el especial cultural de agosto está dedicado a la historia de la conversión de cuatro grandes intelectuales del catolicismo británico del siglo XX, o sea el periodista y polemista G. K. Chesterton, el novelista Graham Greene, el historiador Christopher Dawson y el poeta David Jones. Aunque diferentes entre sí por personalidad y rasgos ideológicos, además de ser figuras destacadas en sus respectivos campos, todos los cuatro vivieron la fe a la que decidieron adherir con espíritu de rebelión, considerándola la única alternativa válida a una modernidad carente de valores y dirigida inevitablemente a la ruina. 

Antes de comenzar, para quien esté interesado en profundizar en la figura de Chesterton y la de muchos otros escritores del catolicismo británico, se indica el ensayo de las Ediciones Radio Spada Dio strabenedica gli inglesi. Note per una storia della letteratura cattolica britannica tra XIX e XX secolo. Vínculo para comprarlo.
   
Definido por Mons. Ronald Knox como «un profeta en una época de falsos profetas», G. K. Chesterton (1874-1936) fue uno de los intelectuales católicos más destacados del siglo pasado. Si bien después a pocos años del Concilio Vaticano II el cariz contra la modernidad que caracteriza su obra. entonces poco actual, había contribuido a su parcial oscuridad, la contratendencia registrada en los últimos años, con una avalancha de nuevas ediciones y traducciones también en Italia, testifica la fecundidad de un polemista capaz de describir con rara lucidez los males de un mundo inmerso en el nihilismo y moralmente a la deriva.
 
Aun así, el camino hacia la Iglesia de Roma fue para él largo y tortuoso, y para verlo oficialmente católico fue necesario esperar mucho más tiempo del previsto.
 
Si Chesterton admitió haber alimentado, casi de pequeño, una cierta simpatía frente a la religión y sus símbolos, el contexto en el cual creció fue decididamente poscristiano. Sus padres, estando el hermano Cecil, se limitaban en realidad a predicar «un vago pero noble teofilantropismo». Por consecuencia, en los primeros escritos chestertonianos se halla una paradójica alternancia de temas que van desde la exaltación de la idea de libertad predicada por la Revolución francesa hasta interesantes intuiciones aurorales sobre los peligros del antropocentrismo y la importancia del dogma.
 
Más tarde, en la Escuela de Artes Slade, un bastión del progresismo cultural, Chesterton vivió lo que luego definió «mi período de locura»: en el intento de hallar alguna respuesta convincente a una existencia aparentemente caótica y contradictoria, se acercó primero al espiritismo, después, por el estudio del impresionismo pictórico, llegó el contacto con el pecimismo, y con la decadencia de las costumbres fruto de la separación entre la estética y la moral predicada, entre ogros, por el crítico George Moore.
   
Para socorrerlo, salvándolo de sí mismo y de la senda autodestructiva a la que se encaminaba, llegaron los libros de tres autores, a saber, Robert Browning, Robert Louis Stevenson y Walt Whitman, los cuales tuvieron el mérito de enseñarle un gusto por las cosas que tiene origen en el principio de la gratitud, raíz de sus futuras especulaciones y del acercamiento al catolicismo: «Mi primer impulso para escribir, y casi mi primer impulso para pensar, fue un movimiento de disgusto frente a las decadencias y el pesimismo estético de los años Noventa». De aquí, como Pascoli, deriva el elogio de los niños, que miran cada cosa con ojos llenos de maravilla, y del “hombre común”, fiel al buen sentido a diferencia de la mayor parte de los intelectuales.
  
En 1908, con El hombre que fue jueves, Chesterton usó su propio camino de sufrimiento y rescate como una suerte de alegoría cultural. La novela describe un malestar que, de personal, deviene colectivo, afligiendo a toda la sociedad. La ecuación entre anarquistas y artistas, pues, no tiene nada que ver con la política, pero subraya una vez más la pérdida de los valores tradicionales que caracteriza la cultura moderna. Además de esto, hay espacio también para interesantes reflexiones sobre la virtud de la humildad y sobre el sentido del dolor.
  
El fin de la experiencia en la Escuela Slade y el ingreso al mundo de la edición y el periodismo anticiparon de poco el encuentro con Frances Blogg, su futura esposa. Una de las cosas de ella que más le agradó a Chesterton era la fe profunda, de marca anglo-católica, practicada con sincera devoción. Para influenciarlo profundamente en este período estuvo Conrad Noel, el cura que los casó en 1901. Este último quitó a Chesterton todo perjuicio sobre la naturaleza antiintelectual de la religión, revelándole, también gracias a su carácter rebelde y a la gran habilidad en los debates públocos, la profunda razonabilidad de la fe.
 
Si bien ahora estaba convencido de la bondad del mensaje cristiano y tentado por las ideas del ala conservadora del anglicanismo, Chesterton estaba aún en la búsqueda de certezas y seguía definiéndose prevalentemente por la vía negativa. Lo demuestra perfectamente el ensayo Herejes (1905) en el cual el autor se limita a poner en la picota algunos personajes del pensamiento poscristiano, sin la pretensión de responderles. Le siguió un acalorado debate que culminó con una invitación a aclarar en qué creía verdaderamente. Nació así Ortodoxia (1908), en el cual finalmente aparece un esquema religioso nítido, inspirado en aquel “realismo cristiano” de impronta tomista basado en la imagen de un Dios encarnado. Resulta que solo el cristianismo es «la filosofía de la sanidad mental», con capacidad de preservar «este equilibrio de aparentes contradicciones que fue toda la estructura del hombre sano»; su digno heraldo no podía entonces sino ser el bufón, esto es, el exacto opuesto del profeta posmoderno, nada más que un loco monomaniático.
  
En este punto, dada una primera sistemación coherente de su pensamiento, no le faltaba sino entender cuál, entre las iglesias, era la más ortodoxa.
 
La última fase de su odisea espiritual, aquella hacia Roma, fue sobre todo favorecida por la cercanía del compañero de siempre Hilaire Belloc, del sacerdote John O’Connor, del apologeta Wilfrid Ward y de tantos otros amigos y conocedores católicos, como también de dos recientes conversos como el novelista Maurice Baring y el hermano Cecil.
  
Las primeras señales de una creciente fascinación datan de 1909 y se hallan tanto en el debate periodístico con el modernista Robert Dell, en el que Chesterton se halló defendiendo los dogmas de la Iglesia Católica contra uno de sus miembros, como en la novela La esfera y la cruz.
  
Otros momentos decisivos fueron la enfermedad casi mortal que lo golpeó entre 1914 y 1915 y que le hizo acariciar la hipótesis del bautismo, el viaje a Jerusalén en 1919 –con escala en Brindisi en el viaje de regreso, durante la Pascua– y la Conferencia de Lambeth de 1920, en el que la Iglesia de Inglaterra mostraba tener una escasísima autoridad y, sobre todo, tener una malsana tendencia a alinearse con la modernidad: «No habla con fuerza. No tiene una unidad de acción. No me sirve para nada una Iglesia que no sea una Iglesia militante, que no sepa ordenar la batalla, ponerse al frente y marchar en la misma dirección».
  
Entre tanto, su deseo de autoridad había ahora hallado en el Papa una certeza y la Iglesia de Roma había demostrado con diferencia ser la única que no quería ir en componendas con los humores del mundo, manteniendo intacto el depósitum fídei: «La Iglesia Católica», escribirá después Chesterton, «es la única cosa que salva al hombre de la esclavitud degradante de ser un hijo de su tiempo».
 
La conversión al catolicismo parecía ahora un hecho, pero debieron pasar aún un par de años antes que Chesterton se decidiese, detenido por el dolor que le habría ciertamente causado a su mujer, anglicana convencida. Finalmente fue bautizado bajo condición por el Padre O’Connor y por Dom Ignatius Rice el 30 de julio de 1922. Para él, dantescamente, fue el inicio de una nueva vida, una verdadera y propia resurrección celebrada en el verso de una poesía suya: «Porque mi nombre es Lázaro y estoy vivo».
 
Como “autor católico”, no cambiaron su estilo y sus ideas, confirmándose una pluma crepitante de paradojas y un brillante apologeta. Como último consuelo, en 1926 Frances decidió hacerse católica, queriendo seguir al lado de su marido también en esta última y extraordinaria aventura.

miércoles, 26 de abril de 2023

PERPETUIDAD SEGÚN CONVENGA (CONTESTACIÓN A UN INTENTO DE RELATIVIZAR “Quo Primum Témpore”)

Ha llegado a nuestro conocimiento el vídeo que hizo un compositor modernista mejicano de nombre Gilberto Ley Peña en ocasión del motu próprio “Traditiónis Custódes”.
  
Afortunadamente, es un vídeo que no lo han visto sino los de su parroquia dél y poco menos, hundido como está en la fosa abisal de YouTube, de tan equis que es. Pero aun así, es necesario hacerle refutación, para evitar males mayores.

Empieza Ley Peña con el mantra «no es lo mismo hablar de sana tradición que de tradicionalismo, no es lo mismo hablar de tradición viva que de tradicionalismo» (minutos 1:14 a 1:24), que Bergoglio repitió en Canadá, y luego pasa a citar la bula Quo Primum Témpore en los minutos 4:00 a 4:20: 
«determinamos que a este Misal justamente ahora publicado por Nos, nada se le añada, quite o cambie en ningún momento y en esta forma Nos lo decretamos y Nos lo ordenamos a perpetuidad, bajo pena de nuestra indignación»
Y dice que en «algunos ambientes del tradicionalismo (que él juzga «de corte radical y a veces fundamentalista) 
«toman esta esta cita de la bula de San Pío V como caballo de batalla para menos valorar (sic) la misa de acuerdo con la reforma litúrgica del concilio Vaticano II».
No, los tradicionalistas no «menos valoran (sic)» la Nueva Misa, sino que le dan su justo puesto al decir que NO ES LA MISA CATÓLICA, porque esta fue elaborada en colaboración con seis pastores protestantes, alterando las Palabras de la consagración, eliminando muchas oraciones de venerable antigüedad, e incorporando elementos del Talmud y del teilhardismo (más lo que le quiera añadir el celebrante de turno).
«pareciera que de esta situación surge como que una contradicción ¿por qué aparente contradicción? Podemos decir porque, por una parte, la bula del Papa Pío V (sic) dice esto, y algunos se llaman dicen:es que es este normativa anterior y precede en tiempo y precede en derecho, y contra eso la Iglesia y ningún Papa –e incluso ningún Papa– puede hacer cambios en la liturgia, por lo tanto la Misa como tal, la Misa de siempre es la Misa de San Pío V (la Misa tridentina)».
Raro es que un tradicionalista que se precie recurra al argumento «Primero en el tiempo, primero en derecho», porque fácilmente se le opondría «Norma posterior deroga la precedente». Y por otra arista, cree que existe esa: «aparente contradicción» porque algunos consideran el Misal montiniano «como una misa apócrifa o como una celebración de la misa adulterada [una ruptura de la Tradición]», mientras que «un grupo mayor en cuanto a cantidad, menos radical dice que esta celebración es de segunda categoría», sin hacer (según él) un análisis «histórico, teológico, bíblico, desde la introducción a la teología, desde la teología fundamental como tal».

Ley invoca la Constitución Dei verbum, pero no menciona el pasaje, sino que pasa a preguntar: «¿Puede un Papa fijar un rito para siempre, como es el caso de San Pío V?, respondiendo que no.
  
Es en ese punto (entre los minutos 9:12 a 11:44) que Ley cita el siguiente texto (posteriormente citado por el “apologeta” venezolano Richbell Jhosue Meléndez Hurtado): 
«¿Puede un Papa fijar un rito para siempre? La respuesta es no. Con respecto al poder de la Iglesia para administrar el sacramento de la Eucaristía, el Concilio de Trento declara claramente: “En la administración de los sacramentos, salvando siempre su esencia, la Iglesia siempre ha tenido potestad, de establecer y cambiar cuanto ha considerado conveniente para la utilidad de aquellos que los reciben o para la veneración de estos sacramentos, según las distintas circunstancias, tiempos y lugares (Dz.-Sch. 1728). Desde el punto de vista canónico, debe decirse que, cuando un Papa escribe “perpetuo concedimus” [concedemos a perpetuidad], siempre hay que entender “hasta que se disponga otra cosa”. Es propio de la autoridad soberana del Romano Pontífice no estar limitado por las leyes puramente eclesiásticas, ni mucho menos por las disposiciones de sus predecesores. Sólo está vinculada a la inmutabilidad de las leyes divina y natural, así como a la propia constitución de la Iglesia» (“Cardenal” JORGE MEDINA ESTÉVEZ. Respónsa ad dúbia de Gaetano Bonicelli, “arzobispo” de Siena, 11 de Junio de 1999; negrillas fuera del texto).
El texto proviene de la carta que el “Cardenal” Jorge Arturo Medina Estévez enviara (en cuanto Prefecto de la otrora Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos) el 11 de Junio de 1999 como respuesta al “arzobispo” sienense Gaetano Bonicelli sobre los grupos tradicionalistas en su archidiócesis (dicho sea de paso, Bonicelli aparece en la Lista Pecorelli de prelados masones, con fecha de iniciación 12 de Mayo de 1959; matrícula #63-1428, y nombre clave “BOGA”). Conviene pues traer la carta en su totalidad, que por primera vez se presenta traducida al español (original tomado de UNA VOX ITALIA):
SACRA CONGREGÁTIO DE CULTU DIVINO
  
Vaticano, 11 de Junio de 1999.

Prot. n.º 947/99/L.
   
Excelencia Reverendísima,
  
Ha llegado a este Dicasterio Vuestra preciadísima carta del pasado 12 de abril, en la que hace una pregunta sobre la libertad de uso del “Missále Románum” promulgado por San Pío V tras el Concilio de Trento por cada sacerdote que lo desee, fundando su libertad en la palabra «perpétuo» del Motu Proprio de promulgación del Misal, fechado el 13 de Julio de 1570.
  
Puesto que esta cuestión comenzó a plantearse con la publicación del hodierno “Missále Románum”, y esta Congregación no ha eludido la tarea de esclarecer la problemática planteada, la respuesta se limita a recordar los datos esenciales.
  
Si bien en la Constitución Apostólica Missále Románum del Papa Pablo VI no encuentra una fórmula explícita para la derogación del Missále Románum de San Pío V, es sin embargo clara la voluntad del supremo Legislador litúrgico de promulgar un texto renovado del “Missále Románum” que tomaría el lugar del hasta entonces en uso. Si la voluntad del Pontífice hubiera sido dejar en vigor las anteriores formas litúrgicas como alternativa de libre elección, debería haberlo dicho explícitamente. Rebus sic stántibus (Estando así las cosas), y a la luz de la documentación posterior, así como de la práctica, debe afirmarse que el “Missále Románum” anterior al Concilio Vaticano II ya no está vigente como alternativa de libre elección para todas las Iglesias que pertenecen al Rito Romano.
    
Después de la renovación litúrgica ordenada por el Concilio Vaticano II, aparecieron grupos de católicos fuertemente apegados a los libros litúrgicos, sobre todo al Misal, anteriormente en uso. Estos grupos (y estamos hablando de los que están en plena comunión con la Iglesia Católica y su magisterio) han expresado el deseo de poder seguir utilizando los libros litúrgicos preconciliares. El Santo Padre Juan Pablo II, movido por el deseo paternal de conocer la sensibilidad litúrgica y religiosa de estos grupos, les permitió utilizar el “Missále Románum” publicado en 1962, con la autorización del Obispo local; y pidió asimismo a los Obispos que acogieran con bondad y generosidad a estas personas que se sienten profundamente unidas al rito preconciliar y, al mismo tiempo, profesan adhesión sincera al Magisterio de la Iglesia y obediencia a los Pastores legítimos. El deseo del Papa fue expresado a través del Motu Proprio “Ecclésia Dei adflícta” (2 de Julio de 1988: AAS 80 [1988] 1495-1498). En el décimo aniversario de la publicación del Motu Proprio, el Santo Padre reafirmó las líneas generales de este documento en su discurso del 26 de Octubre de 1998 (L’Osservatore Romano, 26-27.10.1998, p. 8).
    
Por lo tanto, aquí están las respuestas a las preguntas de Su Excelencia:
  • «¿Todo sacerdote puede usar el Misal Tridentino sin permiso alguno, dado que San Pío V le asegura la facultad a perpetuidad?». No, ya que el “Missále Románum” llamado de San Pío V debe considerarse como no vigente. En cuanto a la obligatoriedad del “Missále Románum” en uso hoy, la Sagrada Congregación para el Culto Divino publicó una Notificación, que apareció en Notítiæ 10 (1974), p. 353. Por analogía, se podría hacer referencia al canon 6, § 1, 4.º, del CIC de 1983 en relación con el canon 19.
  • «¿Puede un Papa fijar un rito para siempre?». No. Sobre la «Ecclésia potéstas circa dispensatiónem sacraménti Eucharistíæ» [la potestad de la Iglesia sobre la dispensación del sacramento de la Eucaristía], el Concilio de Trento declara expresamente: «hanc potestátem perpétuo in Ecclésia fuísse, ut in sacramentórum dispensatióne, salva illórum substántia, ea statúere vel mutáre, quæ suscipiéntium utilitáte seu ipsórum sacramentórum veneratióni, pro rerum, témporum et locórum varietáte, magis expedíre judicáret» [En la administración de los sacramentos, salvando siempre su esencia, la Iglesia siempre ha tenido potestad, de establecer y cambiar cuanto ha considerado conveniente para la utilidad de aquellos que los reciben o para la veneración de estos sacramentos, según las distintas circunstancias, tiempos y lugares] (Dz.-Sch. 1728). Desde el punto de vista canónico, debe decirse que, cuando un Papa escribe «… perpétuo concédimus» [concedemos a perpetuidad], siempre hay que entender «donec áliter provideátur» [hasta que se disponga otra cosa]. Es propio de la autoridad soberana del Romano Pontífice no estar limitado por las leyes puramente eclesiásticas, ni mucho menos por las disposiciones de sus predecesores. Sólo está vinculada a la inmutabilidad de las leyes divina y natural, así como a la propia constitución de la Iglesia. Por tanto, si junto al Motu Proprio de San Pío V, antes citado, se mira la Constitución Apostólica (del 3 de Abril de 1969) con la que Pablo VI promulgó el “Missále Románum” actualmente en vigor, encontramos las siguientes palabras:
    «Nostra hæc … præscrípta nunc et in pósterum firma et efficácia esse et fore volúmus, non obstántibus … Constitutiónibus et Ordinatiónibus Apostólicis a Decessóribus Nostris éditis, cœtérisque præscritiónibus étiam peculiári mentióne et derogatióne dignis» [Queremos, además, que cuanto hemos… prescrito tenga fuerza y eficacia ahora y en el futuro, sin que obsten… las Constituciones y Ordenaciones Apostólicas emanadas de Nuestros Predecesores, o cualquier otra prescripción, incluso digna de especial mención y derogación].
    Es claro que la autoridad del Concilio o del Romano Pontífice no se ejerce de manera arbitraria, sino teniendo siempre presente el bien común de la Iglesia.
  • «¿Qué puedo responder en materia de derecho?». A los datos expuestos anteriormente, hay que añadir la concesión benévola del Indulto para utilizar el anterior “Missále Románum” en los términos y en la forma indicada en el citado Motu Proprio “Ecclésia Dei adflícta”. Si en su diócesis hay un grupo de personas que desea celebrar con el rito vigente hasta la renovación litúrgica postconciliar, Vuestra Excelencia puede dar la autorización según las facultades concedidas por el Indulto de esta Congregación del 3 de Octubre de 1984 (Notítiæ 1985, pp. 9-10).
         
    Se pueden hipotetizar varias posibilidades:
    a) Anunciar una Misa en una iglesia u oratorio, a una hora fija, en domingo o en día ferial, sin perjuicio de los fieles que siguen el Misal Romano hodierno.

    b) Asignar una iglesia o una capilla a los fieles adscritos al ordenamiento anterior, en forma exclusiva o parcial.

    c) Si el grupo fuera numeroso, cabría también la posibilidad de instituirle un capellán (cf. CIC, cánones 564-567, 571-572), o incluso una parroquia personal (cf. CIC, canon 515, § 1), como fue el caso de algunas diócesis en los Estados Unidos de América y Canadá.
Esto es lo que puedo, después de una debida consulta, responder a Vuestra Excelencia Reverendísima.
  
Aprovecho la ocasión para ofrecerle mis cordiales saludos y profesarme, con sentidos de distinguido respeto, devotísimo de V. Eminencia Rvma.,
   
JORGE ARTURO Card. MEDINA ESTÉVEZ, Prefecto
Sac. MARIO MARINI, Secretario
  
Si para Bonicelli la palabra «perpetuo» no debe entenderse «para siempre», sino «hasta que se disponga otra cosa», ¿significa entonces que el sacerdocio de Cristo, su asistencia a la Iglesia, o la sentencia en el Juicio Final serán también «hasta que se disponga otra cosa»? Es absurdo (además de herético) siquiera pensarlo.
   
Ley Peña después pasa a mencionar las reformas al Breviario por San Pío V (“Quod a Nobis”), San Pío X (“Divíno Afflátu”) y Pío XII (“In quotidiánis précibus”; que a diferencia de sus antecesores NO FUE OBLIGATORIA), y la reforma a la Semana Santa de 1955, pretendiendo demostrar que el «perpétuo concédimus» no les obstó para modificar la liturgia, y llama a colación a Sacrosánctum Concílium 23 para justificar los cambios aduciendo que hay partes “esenciales” y “secundarias” de la liturgia que pueden ser modificadas por la “sana tradición” y hacia un “legítimo progreso”:
«Para conservar la sana tradición y abrir, con todo, el camino a un progreso legítimo, debe preceder siempre una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral, acerca de cada una de las partes que se han de revisar. Téngase en cuenta, además, no sólo las leyes generales de la estructura y mentalidad litúrgicas, sino también la experiencia adquirida con la reforma litúrgica y con los indultos concedidos en diversos lugares. Por último, no se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y sólo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes» [Negrillas fuera del texto].
   
Gilberto, al hablar que hay partes “esenciales” y “secundarias” de la liturgia, para justificar la destrucción de la misma so capa de “cambios” es casi tanto como negarle a Dios lo que los hombres buscan para que algo sea de su agrado y provecho: la precisión en los detalles. Y si esto es de vital importancia en áreas tan delicadas como la cirugía, la ingeniería, el derecho o las artes, ¿cuánto más lo es lo que es de Dios? Inclusive, en la teología, los detalles son los que deciden las disputas. Así escribió Chesterton en su ensayo “Ortodoxia”:
«Las discusiones teológicas son sutiles pero no magras. En toda la confusión de la jovialidad moderna, que se autodenomina pensamiento moderno, quizás no haya nada tan estupendamente estúpido como el dicho común: “La religión nunca puede depender de disputas minuciosas de doctrina”. Sería lo mismo decir que la vida humana nunca puede depender de minuciosas disputas médicas.
  
El hombre que se jacta de sí mismo diciendo: “No queremos teólogos que partan los cabellos en cuatro”, tal vez sería prudente agregar: “y no queremos cirujanos que partan los filamentos aún más finos”.
   
Es un hecho que hoy muchos individuos habrían muerto si sus médicos no se hubieran detenido en los más mínimos matices de su ciencia: y es igualmente un hecho que la civilización europea habría muerto hoy si sus doctores en teología no hubieran discutido sobre las más sutiles distinciones de doctrina».
Y si por un momento se admitiese ese esfuerzo de separar las partes “esenciales” y “secundarias”, ¿quién lo haría, y bajo qué criterios? Y ¿cómo garantizar que los criterios para la distinción son objetivos y no producto del capricho? Preguntas a las que seguramente no podrán responder, pero en este caso, el único criterio fue el agradar a los modernistas y protestantes que nunca aceptaron la doctrina católica. Y las consecuencias se hicieron ver, precisamente por la ausencia de esas partes que fueron quitadas en la Nueva Misa, como sentenciara aquella estrofa:
«Quitad un hilo y desharéis la trama;
Romped de teclas mil
Una sola, y en todas ellas brama
Su triste voz sutil» (JOHN GREENLEAF WHITTIER, Mi alma y yo; en FRANK DUFF, Manual oficial de la Legión de María).
   
No vale la pena profundizar en más afirmaciones de Ley Peña porque no las hay, sino una publicidad de un curso virtual que estaba ofreciendo desde el 17 de Agosto de 2022 (nos preguntamos si alguien se apuntó para estrellarse con sus deshilvanadas proclamas). Y el curso lo concluye con esta frase (minutos 22:57 a 24:10):
«[El curso es] para que veamos que la liturgia que hoy tenemos en el Concilio Vaticano II no rompe con la tradición, [sino que es] otro camino, otro momento del legítimo progreso en la sana tradición, y que hoy por hoy, tanto la Forma Extraordinaria de la Misa (sic) como la Forma Ordinaria, cada una según su modo y condición, son dos caras de la misma moneda [y] manifiestan la belleza de Cristo, de su salvación, del misterio pascual como tal, y son complementarias. Por eso ambas son expresión del único Rito romano».
Se puede refutar toda esa verborrea con una sola frase: LA LITURGIA DEL VATICANO II SÍ ROMPE CON LA TRADICIÓN CATÓLICA PRECEDENTE. Pero para profundizar, es claro que ambas son liturgias enteramente diferentes, basadas en doctrinas diferentes y expresión de fes disímiles, como lo reconocen Arthur Roche, Raniero Cantalamessa Giovannini OFM Cap., y Blaž Josip Čupić Majnan. Y no, Gilberto, por ser tan diferentes, las dos no son ni pueden ser a un mismo tiempo «expresión del único Rito romano» porque la misma carta de Medina Estévez a Bonicelli dice «el “Missále Románum” llamado de San Pío V debe considerarse como no vigente» tras la promulgación del Misal de Pablo VI, que Francisco Bergoglio en “Traditiónis Custódes” llamó «única expresión del Rito romano». Y en “Desidério desiderávi”, que insiste en esa idea, hay cuatro puntos que contradicen a “Mediátor Dei”, a saber:
  1. Inversión sistemática entre el fin primario de rendir culto a Dios y el fin subsidiario de santificar las almas;
  2. Oscurecimiento de la centralidad de la Pasión redentora de Cristo (acto de plena voluntad), en beneficio de su Resurrección gloriosa (consecuencia de la naturaleza divina);
  3. Acentuación more protestántico del memorial de la Cena Pascual en desmedro del sacrificio de la Cruz (de hecho, las expresiones «transubstanciación» y «Presencia Real» brillan por su ausencia); y
  4. Degradación del sacerdote oficiante a simple presidente de la asamblea comunal.
Así, el Misal moderno es una RUPTURA con la Tradicion, y es una liturgia de OTRA RELIGIÓN, que NO ES LA IGLESIA CATÓLICA, que ha establecido a perpetuidad (para siempre) el Rito Romano tradicional como el rito primario de Ella.
  
***
  
Otros han intentado argüir usando la carta del cardenal Alfredo Ottaviani a dom Gerard-Marie Lafond OSB del 17 de Febrero de 1970:
   
FRANCÉS [Fuente: La Documentation Catholique 67 (1970), págs. 215–216 y 343].
Rome, le 17 février 1970.

Très Révérend Père,
   
J’ai bien reçu votre lettre du 28 janvier et la Note Doctrinale, datée du 29 janvier. Je vous félicite pour votre travail qui est remarquable pour son objectivité et la dignité de son expression. Ce n’a pas été toujours, hélas! le cas dans cette polémique dans laquelle on a vu des simples chrétiens, sincèrement blessés des nouveautés, mêlés à ceux qui se servent du trouble des âmes pour augmenter la confusion des esprits.
   
De ma part je regrette seulement que l’on ait abusé de mon nom dans un sens que je ne désirais pas, par la publication d’une lettre que j’avais adressée au Saint-Père sans autoriser personne à la publier.
   
Je me suis profondément réjoui à la lecture des Discours du Saint-Père sur les questions du Nouvel Ordo Missæ, et surtout de ses précisions doctrinales contenues dans les Discours aux Audiences Publiques du 19 et du 26 novembre: après quoi, je crois, personne ne peut plus sincèrement se scandaliser. Pour le reste il faudra faire une œuvre prudente et intelligente de catéchèse afin d’enlever quelques perplexités légitimes que le texte peut susciter. Dans ce sens je souhaite à votre Note Doctrinale et à l’activité de la Militia Mariæ une large diffusion et succès.
   
Veuillez agréer, Très Révérend Père, l’expression de mes hommages distingués, accompagnés d’une bénédiction pour tous vos Collaborateurs et les membres de la Militia.
  
ALFREDO Card. OTTAVIANI.
   
TRADUCCIÓN
Roma, 17 de Febrero de 1970
   
Muy Reverendo Padre,
    
He recibido vuestra carta del 28 de Enero y la Nota Doctrinal [sobre el nuevo Ordo Missæ], de fecha 29 de Enero. Os felicito por vuestro trabajo que es destacable por su objectividad y la dignidad de su expresión. No siempre fue, ¡ay! el caso de esta polémica en que hemos visto a cristianos sencillos, sinceramente heridos por las novedades, mezclados con los que se sirven de la turbación de las almas para aumentar la confusión de los espíritus.
   
Por mi parte, lamento solamente que hayan abusado de mi nombre en una forma que yo no deseaba, publicando una carta que escribí al Santo Padre sin autorizar a ninguno que la publicara.
    
Me he alegrado profundamente al leer los discursos del Santo Padre sobre las cuestiones del nuevo Ordo Missæ y sobre todo sus precisiones doctrinales contenidas en los discursos para las audiencias públicas del 19 y el 26 de Noviembre. Creo que, después de esto, ya nadie puede escandalizarse sinceramente. En lo demás, hará falta una obra prudente e inteligente de catequesis, para solucionar algunas perplejidades legítimas que puede suscitar el texto. En este sentido, deseo a su “Nota Doctrinal” y la acticidad de la Milítia Sanctæ Maríæ amplia difusión y éxito.
   
Recibid, Reverendísimo Padre, la expresión de mi distinguido homenaje, acompañado de una bendición para todos vuestros Colaboradores y los miembros de la Milítia.
   
(Fdo.) ALFREDO Card. OTTAVIANI
  
Ante esto, hay que recordar que durante y después del Vaticano II, Ottaviani manejó un discurso ambiguo, y que en muchas ocasiones había mentido. Y en esa carta, que representa una vergonzosa claudicación, Ottaviani miente también, porque Jean Madiran, fundador y director de la revista tradicionalista Itinéraires (que fue condenada por la modernista Conferencia Episcopal Francesa en 1966), sostuvo que la revista recibió la autorización para publicar la carta de Ottaviani a Pablo VI, y sugirió que la carta a Lafond fue preparada por el secreratario del cardenal y que el propio Ottaviani la firmó sin leer, estando como estaba ciego.

Por ejemplo, escribe fray Miguel de la Santísima Trinidad (actualmente Francisco María Velut O. Cart.) en su libro Toda la verdad sobre Fátima, tomo III, págs. 483-493, Ottaviani fue parte de la elaboración de un Tercer secreto falso (que todavía circula en algunos sectores) hablando de grandes desastres y de la guerra nuclear.
  
Aparte, hay la probabilidad que Ottaviani fuera un agente doble (¿quizá también masón?) destacado a fin de corromper a los tradicionalistas de primera época. En 1990, el entonces Gran Maestre del Gran Oriente de Italia Armando Corona declaró lo siguiente a la extinta revista italiana 30 Días acerca de por qué la francmasonería no fue condenada en el Vaticano II no obstante que el sínodo de la Diócesis de Roma en 1961 ratificó la condena contra la referida sociedad secreta.
La propia Curia romana no tenía nada contra nosotros. El cardenal Ottaviani, por ejemplo, conocía bastante bien la masonería.  El cardenal Siri conocía a muchos de nuestros hermanos, y siempre estaba informado sobre la vida de las logias en Génova.
Así pues, también los modernistas muestran que su postura está basada en mentiras. Y, por otra parte, que Ottaviani, muy a pesar de ser el comitente del Examen crítico, era alguien que no era de fiar y no guardó el juramento que hizo el día de su creación cardenalicia.

miércoles, 5 de abril de 2023

POEMA “EL BURRO”

“Cuando los peces volaban y los bosques caminaban” (Grabado de Tom Chadwick, c. 1938. Galería Nacional de Arte de Canadá).
   
INGLÉS
When fishes flew and forests walked
And figs grew upon thorn,
Some moment when the moon was blood
Then surely I was born.

With monstrous head and sickening cry
And ears like errant wings,
The devil’s walking parody
On all four-footed things.

The tattered outlaw of the earth,
Of ancient crooked will;
Starve, scourge, deride me: I am dumb,
I keep my secret still.

Fools! For I also had my hour;
One far fierce hour and sweet:
There was a shout about my ears,
And palms before my feet.

TRADUCCIÓN
Cuando los peces volaban y los bosques caminaban,
Y los higos crecían entre espinas,
En algún momento cuando la luna era sangre,
Entonces seguramente yo nací.

Con monstruosa cabeza y grito deprimente,
Y orejas cual alas errantes,
Del diablo la parodia andante
Entre todos los cuadrúpedos.

El andrajoso proscrito de la tierra,
De antigua voluntad torcida;
Hambre, azotes, me ridiculizan: Soy un tonto,
Todavía mantengo mi secreto.

¡Tontos! Porque yo también tuve mi hora;
Una hora muy intensa y dulce:
Hubo un grito sobre mis orejas,
Y palmas ante mis pies.
    
GILBERT KEITH CHESTERTONRecolección de poemas (Cecil Palmer, ed.), libro VI. Londres, 1927, pág. 297. Traducción propia.

sábado, 18 de junio de 2022

LOCURA Y HEREJÍA, SEGÚN CHESTERTON

  • «El loco no es el hombre que ha perdido la razón. El loco es el hombre que ha perdido todo excepto la razón» (Ortodoxia).
  • «Todo gran hereje siempre ha… escogido alguna idea mística del puñado o el equilibrio de ideas místicas de la Iglesia» (La cosa: Por qué soy católico).
  • «La doctrina principal que el islam predicaba no era una falsedad. Era una verdad; y todo el caso contra esta es una verdad, y no la verdad. Puede haber un ideal recto mezclado conla locura de los nuevos movimientos en las tierras orientales. Siempre lo hay. “Nunca hubo un hereje que hablase toda falsedad”, dijo el gran Sir Tomás Moro» (Semanario The New Witness, 4 de Abril de 1919).
  • «Una moda o herejía es la exaltación de algo que aun si es verdad, es secundaria o temporal en su naturaleza contra estas cosas que son esenciales y eternas, estas cosas que siempre se prueban verdaderas en largo aliento. En resumen, es la creación del estado de ánimo contra la mente» (William Blake).
  • «Toda herejía es una verdad enseñada desproporcionadamente» (Diario Daily News, 26 de Junio de 1909).
  • «Una herejía es siempre una verdad a medias convertida en toda una falsedad» (Revista América, 9 de Noviembre de 1935).

lunes, 20 de diciembre de 2021

SI LA NAVIDAD ES PAGANA, ENTONCES LOS PAGANOS ANTIGUOS ERAN MÁS SENSIBLES QUE LOS DE AHORA

«Probablemente lo primero que la gente te dirá hoy es que la Navidad realmente es una festividad pagana, porque muchas características tradicionales de ella fueron tomadas de los paganos. Lo que ellos no parecen ver es, en la medida que esto en algún sentido sea verdad, que esto solo prueba que los paganos antiguos eran más sensibles que los paganos modernos». (GILBERT KEITH CHESTERTON).

domingo, 5 de diciembre de 2021

EN SECRETO, PROGRES Y CONSERVADORES SE LLEVAN

«Una horribe sospecha que a veces me ha asaltado es que los conservadores y los progresistas secretamente están en camaradería. Que la disputa que mantienen en público es en gran medida una farsa, y que la forma en que perpetuamente se hacen el juego no es una coincidencia eterna» GILBERT KEITH CHESTERTON, What’s Wrong With the World? (¿Qué está mal en el mundo?), parte V, 4.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

CHESTERTON SOBRE EL CULTURISMO

«Algunas de las culturas más civilizadas y altamente organizadas, como Cartago en su mayor riqueza, tuvieron sacrificios humanos en su peor momento. La cultura, como la ciencia, no es protección contra los demonios» (GILBERT KEITH CHESTERTON).

domingo, 18 de julio de 2021

martes, 9 de marzo de 2021

SÓLO EL CRISTIANISMO SUPO CONCILIAR LA MISERICORDIA Y LA SEVERIDAD

«Constantemente aseguran, especialmente las tendencias tolstoyanas, que cuando el león reposa junto al cordero, se vuelve medio cordero. Pero tal cosa seria brutal anexión e imperialismo de parte del cordero. Es el cordero absorbiendo al león en vez de ser el león comiéndose al cordero. El verdadero problema es: ¿puede el león descansar junto al cordero y conservar no obstante su real ferocidad? Éste es el problema que afrontó el Cristianismo; éste es el milagro que realizó la Iglesia.
  
Es lo que yo llamo presentir las excentricidades ocultas de la vida. Esto es saber que el corazón del hombre está a la izquierda y no al centro. Esto es saber no solamente que la tierra es redonda sino saber en qué puntos es achatada. La doctrina cristiana se anticipó a las rarezas de la vida. No sólo descubrió la ley sino también previó las excepciones. Los que dicen que el Cristianismo descubrió la misericordia, menosprecian al Cristianismo; cualquiera podría descubrir la misericordia. 
    
De hecho, todos la descubrieron. Pero descubrir un procedimiento que permitiera ser misericordioso y al mismo tiempo severo, era anticiparse a una extraña necesidad de la naturaleza humana. 
   
Porque todos queremos que se nos perdone un pecado grande como si fuera pequeño. Cualquiera dirá que no somos tan completamente miserables ni tan completamente felices. Pero realizar hasta qué punto es posible ser muy miserable sin que al mismo tiempo fuera imposible ser muy feliz, eso ya era un descubrimiento en psicología. Cualquiera aconsejaría: “No te magnifiques ni te empequeñezcas”, y sería una limitación. Pero decir: “Aquí te puedes magnificar y aquí te puedes empequeñecer”, era una emancipación».
  
GILBERT KEITH CHESTERTON. Ortodoxia, cap. VI: “Las paradojas del Cristianismo”.

jueves, 24 de diciembre de 2020

NO ES POSIBLE ACERCARSE A JESÚS SINO POR MARÍA

   
«No se puede arrancar de brazos de una madre a su hijo recién nacido. No se puede suspender en el aire al niño recién nacido. De la misma forma no se puede suspender la idea de un niño recién nacido en el vacío o pensar en él sin pensar en su madre. No se puede visitar al niño sin visitar a la madre, y en la vida ordinaria NO ES POSIBLE ACERCARSE AL NIÑO SALVO A TRAVÉS DE LA MADRE». (GILBERT KEITH CHESTERTON, El Hombre eterno, parte 2, cap. I).

sábado, 2 de mayo de 2020

DOS REFLEXIONES PARA ESTOS DÍAS

«La idolatría se comete, no solo creando dioses falsos, sino también creando demonios falsos; haciendo que los hombres tengan miedo de la guerra/violencia o el alcohol, o la ley económica, cuando deberían tener miedo de la corrupción espiritual y la cobardía». (GILBERT KEITH CHESTERTON)
  
«El Coronavirus es una metáfora de la Iglesia moderna: un yermo desolado; un lastimoso punto caliente de muerte, decadencia y destrucción; un muro virtual de separación entre Dios y el hombre; un Estado policial orwelliano que hace pasar a los forajidos como preocupación liberal». (REV. NICHOLAS L. GREGORIS, S. T. D.)

sábado, 31 de agosto de 2019

EL CATOLICISMO CONTRA EL “Espíritu de la edad”

«La Iglesia Católica es la única cosa que salva al hombre de la degradante esclavitud de ser un hijo de su tiempo». (GILBERT KEITH CHESTERTON)