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viernes, 29 de septiembre de 2023

LOBOTOMÍA HISTÉRICA: OBISPADO DE LOGROÑO RETIRA INSCRIPCIONES DE JOSÉ ANTONIO

   
La diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño anunció que retirará de la concatedral de Santa María de la Redonda y la iglesia de Santa María de Palacio de Logroño el nombre José Antonio Primo de Rivera y otras inscripciones del gobierno del Generalísimo Franco, acatando la “Ley de Memoria Democrática”, informó InfoVaticana ayer.
  
La diócesis dijo que, de acuerdo con el Consejo Superior del Patrimonio Cultural, Histórico y Artístico de La Rioja, aplicarán una masilla consistente en mortero a base de cal para las inscripciones en el muro sur de la concatedral que da a Portales, y en la Iglesia Imperial. Sin embargo, para la inscripción
ESPAÑA
VENCEDORA DEL COMUNISMO
EN LA CRUZADA QUE LEVANTÓ ESTE DÍA
BUSCA LA PAZ DEL IMPERIO
POR LA UNIDAD, POR LA GRANDEZA, POR LA LIBERTAD,
EN EL SIGNO DE FRANCO
EL CAUDILLO
¡ARRIBA ESPAÑA!
XVII-XVIII-XIX Julio MCMXXXVI
en la torre de San Pedro en la fachada norte de la concatedral, dado que por sus dimensiones (4×1,5 metros, ocho líneas de texto) el cubrirla con mortero sería contraproducente, se limpiaron las pintadas vandálicas que la señalizaban, y se puso una placa interpretativa con el siguiente texto:
«Por decisión unánime del Consejo Superior del Patrimonio Cultural, Histórico y Artístico de La Rioja, para evitar su deterioro “dado que concurren razones artísticas en un bien de singular valor”, en aplicación de la ley de memoria democrática 20/2022, se mantiene la inscripción ubicada en esta torre».

Santos Montoya Torres, obispón local (el 17 de febrero de 2018 por el cardenal Carlos Osoro Sierra), destaca que el obispado
«ha actuado en 13 de los edificios afectados por la Ley y ha esperado contar con los permisos pertinentes, por parte de las diferentes administraciones, para dar por finalizada las actuaciones requeridas. Con ello, se cumple así con lo establecido por la ley y decidido unánimemente por las autoridades competentes en sesión ordinaria celebrada el día 27 de febrero de 2023».
   
José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, fundador de la Falange Española, fue fusilado el 20 de noviembre de 1936 por milicianos del Frente Popular, cuyo “enterado” lo suministró el propio Presidente del Consejo de ministros (= Presidente de Gobierno) Francisco Largo Caballero (aunque años después lo negará). Dos días antes de su fusilamiento escribió y entregó su testamento en la Prisión Provincial de Alicante, donde resaltan las siguientes palabras:
«Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia (…). En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida».
Logroño fue una de las ciudades que presenció episodios de profanación y odio anticatólico por milicianos republicanos, como se ve en la siguientes fotos. Sin embargo, a la revanchista “Ley de Memoria Democrática” ni al obsecuentísimo Montoya Torres ni a los demás Dones Opases de la Conferencia Episcopal Española les importa un duro:
   
NI OLVIDO NI PERDÓN; Y CUANDO VUELVA A PASAR, QUE LOS SALVE “TXAPOTE”.

viernes, 21 de abril de 2023

AHORA JOSÉ ANTONIO SALDRÁ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS (Y la familia le siguió el juego a la “Memoria Democrática”)

Noticia tomada de INFOVATICANA.
  
JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA SALDRÁ EL LUNES DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Según ha podido saber InfoVaticana, los restos del fundador de Falange saldrán del Valle de los Caídos este próximo lunes.
  
Javier Arias Lucas – 20 de Abril de 2023
  
    
Ya hay fecha oficial para la exhumación de José Antonio Primo de Rivera. Saldrá del Valle de los Caídos el próximo lunes 24 de abril. El cuerpo de Primo de Rivera será trasladado del Valle de los Caídos al cementerio de San Isidro. La familia de Primo de Rivera habría dado el visto bueno a esta operación al mismo tiempo que ha puesto como condición que sea el Gobierno quien se haga cargo de todos los gastos.
    
La familia pidió en octubre su exhumación
El pasado mes de octubre la familia del fundador de Falange Española solicitó al Abad del Valle de los Caídos y a la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid, la exhumación de los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera.
   
En el comunicado que difundió la familia, aseguraron que cuando reciban la autorización solicitada, trasladarán el cuerpo de Primo de Rivera a otro cementerio, que será el de San Isidro, para que reciba una sepultura como dejó escrito José Antonio en su testamento «conforme al rito de la Religión Católica, Apostólica, Romana que profeso en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz».
   
Esa maniobra de la familia de Primo de Rivera se produjo días después del anuncio por parte del Gobierno de exhumar los restos del fundador de Falange en base a la totalitaria Ley de Memoria Democrática que busca el enfrentamiento continuo entre los españoles y reabrir heridas del pasado.
    
La familia de Primo de Rivera señaló en el comunicado que «el proceso de exhumación debe permanecer y permanecerá dentro de la estricta intimidad familiar, sin que pueda convertirse en una exhibición pública propensa a confrontaciones de ninguna clase entre españoles».

viernes, 17 de marzo de 2023

UN EJEMPLO DE LA ABSTINENCIA EN CUARESMA


El abogado, escritor y traductor Felipe Ximénez de Sandoval, en su obra biográfica “José Antonio (Biografía apasionada)”, recoge esta anécdota que muestra cuánto llegaba la observancia de la abstinencia particularmente en Cuaresma por el fundador de la Falange:
   
Según contó Luisa María Aramburu, amiga de la familia Primo de Rivera, José Antonio acudió a cenar a cierta casa un viernes de Cuaresma.
  
Uno de los platos principales aquella noche era de carne. El Jefe de Falange, al descubrirlo, rogó a su anfitriona que le preparasen otra cosa.
 
Entonces, la mujer se dirigió a uno de sus sirvientes en tono burlesco pero amistoso diciendo: «Oiga usted, al señorito José Antonio tráigale una tortilla. Hoy es viernes y no puede comer carne».
  
A esto respondió el jefe de Falange lo siguiente: «Es posible que me condene, señora; pero por un filete…, por un filete no vale la pena».

Otros añaden a la frase: «Condenarse por una rubia está mal, pero por un filete sí que no vale la pena».

lunes, 20 de noviembre de 2017

A GOLPES DE BIEN

  
Bravamente clamaba y se insurgía José Antonio contra monstruosas desigualdades, contra abusos inveterados que parecían inconmovibles, contra la vida infrahumana de muchos españoles; y quería, con radical obsesión, que disfrutasen todos, plenariamente, de “la Patria, el Pan y la Justicia”.
 
Su expresión es lema incorporado al nuevo Fuero del Trabajo, código de avanzada justicia social. Y Franco tuvo por predilecta frase: “Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan”. Y al propio tiempo que afrontaba las arduas urgencias de la guerra, quiso y logró implantar, con eficiencia admirable, reformas e instituciones que volviesen tangible el gran propósito.
 
Con más intensidad todavía prosigue en la tarea, después de la victoria. Por sobre los apremios económicos y los graves problemas internos y exteriores, persiste Franco, tercamente, con heroico denuedo, en la implantación de la justicia social.
 
Amonesta el caudillo a los que ahora, validos de lo excepcional de las circunstancias, quieren burlar la estabilización de los precios y especular con los artículos de consumo indispensable:
“Si el sentido patriótico de nuestro pueblo le ha llevado a consumar el máximo de sacrificio por la patria —dar la vida y la de los propios hijos—, ¿es mucho pedir el que sacrifiquen unos pocos los excesos de su codicia? La nueva España no puede aceptar el tipo de comerciante o productor desaprensivo que especula con la miseria ajena... En esto, como en todo, se implantará justicia, contra las murmuraciones de los unos, contra el egoísmo de los otros, contra las vanas intrigas de los politicastros para siempre caídos. Yo os dije desde el primer día de la guerra, que luchábamos por una España mejor, y que serían estériles los sacrificios nuestros si no realizábamos la Revolución indispensable a nuestro progreso económico y estabilidad política... Nada ni nadie puede torcer nuestro camino: que el tesón que pusimos en las duras batallas de la guerra, hemos de superar en las que imponga la realización de nuestra Revolución nacional”.
  
 
Y, hombre verdaderamente identificado con su pueblo, hombre que abre su corazón y comunica democráticamente sus dificultades y propósitos con la nación que rige, prosigue el gran estadista:
“Cómo lo lograremos, es lo que hoy me interesa participaros; que lo mismo que ayer vivisteis en los partes de guerra el glorioso marchar de nuestras tropas, podáis seguir mañana los avances del resurgimiento de nuestra patria, sintiéndoos partícipes de esta obra común, que hizo posible la sangre generosa de nuestros héroes, y que será el más hermoso fruto de vuestras privaciones y de vuestro trabajo. Vosotros conocéis cómo es la España que recibimos: con los grupos en lucha, con sus burgos tristes y sus viviendas míseras, sus funcionarios hambrientos y sus obreros sin trabajo; la que entregaba a la muerte, sin defensa, millares de vidas de tuberculosos por año; la que registra la más alta mortandad infantil; la que ofrece el irritante contraste de los palacios suntuosos y las viviendas míseras”.
 
 
Hubo, en las últimas décadas españolas, un gran auge económico que multiplicó las grandes fortunas. Pero “faltó el Estado previsor y justo que aprovechase este fenómeno de multiplicación de bienes, para lograr, con una más justa y equitativa distribución de la riqueza, que se elevase el bajo nivel de vida en que la mayor parte de la nación aparecía sumida”.
 
Lo que no se hizo a tiempo y fácilmente, hoy se hará a toda costa:
“Yo sé que cuando salgan a luz nuestros futuros presupuestos... no han de faltar los eternos agoreros, intentando sorprender la buena fe de los capitalistas timoratos. Yo les digo a estos espíritus apegados a los bienes, que el mejor seguro de sus caudales es la obra de redención que realizamos. Así lo sentíamos y lo anunciábamos cuando salían nuestros voluntarios para los frentes; así lo afirmamos sobre la sangre caliente de los caídos, y así lo exige el sentido profundamente católico de nuestro Movimiento”.
 
Sentido profundamente católico. Así es. Audacia católica. Reforma católica. No el tipo anquilosado y gruñón, que marcha a remolque y deja a los otros iniciar, a punta de odio, la tarea, sino el que se anticipa con alegre osadía y, rompiendo rutinas y componendas, instaura en el terreno de los hechos el Amor y la Justicia que Cristo anunció.
 
Por eso hechiza José Antonio. Por eso Franco y el Movimiento hispánico que rige, persuaden e impresionan a todo espíritu apasionado por la justicia social.
“¿Es que puede algún español permanecer indiferente ante los grandes problemas de la miseria ajena, de la tuberculosis y de tantos males como afectan a nuestras clases humildes?... Yo os aseguro que en estas recepciones que a mi presencia han tenido lugar en las provincias, cuando desfilan con los trajes raídos, su aire cansino y sus rostros macilentos por el trabajo y la vigilia tantos honrados funcionarios, siento la gran tragedia de España y el ansia de esta Revolución de que tanto se asustan los timoratos”.
 
Y ya se ha implantado la iniciación de la mejora, “en los términos discretos que los momentos aconsejan”: un aumento que fluctúa entre el cuarenta por ciento para los sueldos más modestos, y el dieciséis por ciento para los superiores.
 
Por otro lado, atácase victoriosamente la desocupación obrera, mediante la concienzuda multiplicación de obras públicas. Y tres campañas se intensifican: contra la tuberculosis; contra la mortalidad infantil; contra la vivienda sórdida.
 
Contra la tuberculosis.
“Hemos iniciado esta labor en plena guerra, y hemos de continuarla. En el campo sanitario, creamos más de siete mil camas en sanatorios, que son una quinta parte de las necesarias para la lucha antituberculosa. ¿Que para ello se imponen sacrificios mayores a la España sana? Cierto. Pero no debe importarnos el legar a nuestros hijos una carga mayor, ni cabe medida más justa. No dudemos que el juicio que en un mañana merezcamos, será muy distinto del que dolorosamente formamos de los que nos precedieron y no quisieron resolver este problema”.
 
Y todo se hará con matemática rapidez:
“¿Cuál ha de ser el tiempo necesario para realizar esta obra? El mínimo que impongan los estudios de emplazamiento y la materialidad de las construcciones”.
  
Es la enorme mortandad infantil otra causa de pérdidas humanas: son espantosas las cifras que hasta hoy alcanzaba, por descuidos y abandonos evitables. Su remedio es mucho menos costoso, y está en la propaganda, los pequeños auxilios y el admirable y amoroso cuidado, ya iniciado, de nuestra Falange femenina. Esta tiene que ser una de las grandes obras de nuestro Movimiento: llegar a los últimos lugares a donde el Estado no llega...
 
Y véase aquí cómo Franco entiende las limitaciones del Estado; cómo no piensa que el Estado lo absorba y lo haga todo; cómo quiere estimular la actividad privada, respetándole su riqueza de flexibilidad, de intimidad, de calor humano.
 
Finalmente,
“la cuestión de la vivienda constituye otra de las grandes lacras nacionales, y está intensamente ligada a la sanitaria. Más del treinta por ciento de las viviendas españolas son insalubres, según las estadísticas formuladas por nuestra Fiscalía de la Vivienda. Su sustitución por otras en excelentes condiciones no presenta dificultades, por cuanto su construcción significa la creación de una riqueza movilizable, que compensa con creces los pequeños sacrificios estatales”.
 
Ya se ha avanzado mucho, y ahora se activa la realización del inmediato programa: construir, “en diez años, más de doscientas mil casas, allí donde las necesidades son mayores”.
 
Y concluye Franco:
“Estas tres grandes obras —instituciones antituberculosas, de puericultura y viviendas— tienen en sí tal fortaleza, que cuanto pueda decirse en su favor es corto ante las realidades. Su ejecución ha de tener el más grande poder de captación entre nuestros adversarios. A estos golpes hemos de forjar la unidad de España”.
 
¡Magnífico intento! No el odio, no el simple peso material del triunfo, sino la conquista, lenta y segura, de los espíritus, a golpes de bien.
 
ALFONSO JUNCO VOIGT. El difícil paraíso.

sábado, 7 de octubre de 2017

MEMORIA HISTÓRICA A PROPÓSITO DEL SEPARATISMO CATALÁN

Tomado de PLATAFORMA 2003.
  
LA UNIDAD DE DESTINO
 
El 14 de abril de 1931, a la vez que en Madrid se proclamaba la segunda República española, Francesc Macià proclamó «la República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica».
 
Ante la alarma que ello produjo en Madrid, salieron para Barcelona tres ministros del Gobierno provisional de la República —Marcelino Domingo, Nicolau d’Olwer y Fernando de los Ríos—, y el 17 de abril consiguieron que el autodenominado Presidente de la República Catalana abriera una tregua con el compromiso de elaborar el Estatuto de Cataluña que, una vez aprobado por la asamblea de Ayuntamientos catalanes, sería presentado, como Ponencia del Gobierno Provisional de Cataluña, a la resolución de las Cortes Constituyentes.
  
El Gobierno de la República de Cataluña se reconvertía en Gobierno de la Generalidad.
 
Aprobado el Estatuto mediante plebiscito celebrado el 2 de agosto, Macià en persona lo llevó a Madrid, y el 18 de agosto lo presentó en las Cortes Manuel Azaña, Presidente del Gobierno. Casi diez meses tardó la Comisión en hacer público su dictamen y entre el 8 de mayo y el 9 de septiembre de 1932 discutieron las Cortes Constituyentes de la segunda República el Estatuto de Cataluña.
 
Recuérdese que el artículo 1º de la Constitución en su párrafo tercero, definía la República como «un Estado integral, compatible con la autonomía de los municipios y las regiones» y que, desde esa premisa, se mantuvieron tres posiciones bien definidas, como explicó Miguel Maura en las Cortes Constituyentes:
  1. Los intransigentes, centralistas sin paliativos, que entendían que el problema catalán era una cosa inventada de la que no había que hablar.
  2. Los del principio del tot o res (todo o nada), para los cuales, el Estatuto plebiscitado en Cataluña era cosa intangible y sagrada, que las Cortes no tenían siquiera la facultad de enmendar.
  3. Los que se disponían a resolver con sentido común el pleito de Cataluña, que la República había heredado de la monarquía, envenenado y hasta podrido.
 
Quien lea con detenimiento aquellos debates tendrá que hacer un esfuerzo para recordar permanentemente que son debates de hace casi setenta años.
 
El primer comentario de José Antonio Primo de Rivera que yo conozco sobre los Estatutos regionales es el que hace en Cádiz el 12 de noviembre de 1933, en un discurso electoral:
“Dentro de unos años no sabremos si tendremos que llevar intérpretes para recorrer tierras que fueron de España. En cada sitio se hablará una lengua; en cada sitio se estudiará una historia…”.
 
Un mes más tarde, en los Puntos iniciales de Falange Española, que se publican el 7 de diciembre, declara que “los separatismos se fijan en la lengua propia, en las características raciales propias, o en su especial fisonomía topográfica, ignorando que una nación no es una lengua, ni una raza, ni un territorio, sino una gran unidad de destino en lo universal, que es como define precisamente a España”.
 
Ese mismo día 7 de diciembre de 1933, en el primer número de la Revista FE aparece su artículo “¿Euzkadi libre?”, que me sigue pareciendo rigurosamente antológico:
“Acaso siglos antes de que Colón tropezara con las costas de América, pescaron gentes vascas en los bancos de Terranova. Pero los nombres de aquellos precursores posibles se esfumaron en la niebla del tiempo. Cuando empiezan a resonar por los vientos del mundo las eles y las zetas de los nombres vascos es cuando los hombres que las llevan salen a bordo de las naves imperiales de España. En la ruta de España se encuentran los vascos a sí mismos. Aquella raza espléndida, de bellas musculaturas sin empleo y remotos descubrimientos sin gloria, halla su auténtico destino al bautizar con nombres castellanos las tierras que alumbra y transportar barcos en hombros, de mar a mar, sobre espinazos de cordilleras […] En la convivencia de los hombres, soy el que no es ninguno de los otros. En la convivencia universal, es cada nación lo que no son las otras. Por eso las naciones se determinan desde fuera; se las conoce desde los contornos en que cumplen un propio, diferente, universal destino.
  
Así es nación España. Se dijera que su destino universal, el que iba a darle el toque mágico de nación, aguardaba el instante de verla unida. Las tres últimas décadas del quince asisten atónitas a los dos logros, que bastarían, por su tamaño, para llenar un siglo cada uno; apenas se cierra la desunión de los pueblos de España, se abren para España —allá van los almirantes vascos en naves de Castilla— todos los caminos del mundo.
  
Hoy parece que quiere desandarse la Historia. Euzkadi ha votado su Estatuto. Tal vez lo tenga pronto. Euzkadi va por el camino de su libertad. ¿De su libertad? Piensen los vascos en que la vara de la universal predestinación no les tocó en la frente sino cuando fueron unos con los demás pueblos de España. Ni antes ni después, con llevar siglos y siglos hablando lengua propia y midiendo tantos grados de ángulo facial. Fueron nación (es decir, unidad de historia diferente de las demás) cuando España fue su nación. Ahora quieren escindirla en pedazos. Verán cómo les castiga el Dios de las batallas y de las navegaciones, a quien ofende, como el suicidio, la destrucción de las fuertes y bellas unidades”.
  
El 21 de diciembre, en efecto, se entrega el Proyecto de Estatuto Vasco al Presidente de las Cortes y días después fallece el Presidente de la Generalidad de Cataluña, Francesc Macià. En la sesión necrológica que las Cortes celebran el 4 de enero de 1934 se produce un grave altercado como consecuencia de la intervención del muy intransigente Diputado José Albiñana, que dijo de Macià que había enseñado a gran parte del pueblo catalán el grito de “¡Muera España!”. Se produjo un gran tumulto, denunciando Indalecio Prieto que durante el mismo habían salido de los escaños de la derecha gritos de “¡Muera Cataluña!”.
 
José Antonio Primo de Rivera, en la que creo que es su tercera intervención parlamentaria, pronuncia entonces palabras admirables, llenas de sentido común y de cariño hacia Cataluña:
“Cuando nosotros empleamos el nombre de España, y conste que yo no me he unido a ningún grito, hay algo dentro de nosotros que se mueve muy por encima del deseo de agraviar a un régimen y muy por encima del deseo de agraviar a una tierra tan noble, tan grande, tan ilustre y tan querida como la tierra de Cataluña […] Yo me alegro, en medio de todo ese desorden, de que se haya planteado de soslayo el problema de Cataluña, para que no pase de hoy el afirmar que si alguien está de acuerdo conmigo, en la Cámara o fuera de la Cámara, ha de sentir que Cataluña, la tierra de Cataluña, tiene que ser tratada desde ahora y para siempre con un amor, con una consideración, con un entendimiento que no recibió en todas las discusiones. Porque cuando en esta misma Cámara y cuando fuera de esta Cámara se planteó en diversas ocasiones el problema de la unidad de España, se mezcló con la noble defensa de la unidad de España una serie de pequeños agravios a Cataluña, una serie de exasperaciones en lo menor, que no eran otra cosa que un separatismo fomentado desde este lado del Ebro.
  
Nosotros amamos a Cataluña por española, y porque amamos a Cataluña la queremos más española cada vez, como al país vasco, como a las demás regiones. Simplemente por eso: Porque nosotros entendemos que una nación no es meramente el atractivo de la tierra donde nacimos, no es esa emoción directa y sentimental que sentimos todos en la proximidad de nuestro terruño, sino que una nación es una unidad en lo universal, es el grado a que se remonta un pueblo cuando cumple un destino universal en la Historia. Por eso, porque España cumplió sus destinos universales cuando estuvieron juntos todos sus pueblos, porque España fue nación hacia fuera, que es como se es de veras nación, cuando los almirantes vascos recorrían los mares del mundo en las naves de Castilla, cuando los catalanes admirables conquistaban el Mediterráneo unidos en naves de Aragón, porque nosotros entendemos eso así, queremos que todos los pueblos de España sientan, no ya el patriotismo elemental con que nos tira la tierra, sino el patriotismo de la misión, el patriotismo de lo trascendental, el patriotismo de la gran España.
  
Yo aseguro al señor presidente, yo aseguro a la Cámara, que creo que todos pensamos sólo en esa España grande cuando la vitoreamos o cuando la echamos de menos en algunas conmemoraciones. Si alguien hubiese gritado muera Cataluña, no sólo hubiera cometido una tremenda incorrección, sino que hubiera cometido un crimen contra España, y no sería digno de sentarse nunca entre españoles. Todos los que sienten a España dicen viva Cataluña y vivan todas las tierras hermanas en esta admirable misión, indestructible y gloriosa, que nos legaron varios siglos de esfuerzo con el nombre de España”.
  
El 27 de febrero de ese año 34 comienza en la Cámara la discusión del Estatuto vasco y al día siguiente interviene José Antonio:
“Dios nos libre, señores, de envenenar otro problema nacionalista. En Cataluña hay ya un separatismo rencoroso de muy difícil remedio, y creo que ha sido, en parte, culpable de ese separatismo el no haber sabido entender pronto lo que era Cataluña verdaderamente. Cataluña es un pueblo esencialmente sentimental, un pueblo que no entienden ni poco ni mucho los que le atribuyen codicias y miras prácticas en todas su actitudes. Cataluña es un pueblo impregnado de un sedimento poético, no sólo en sus manifestaciones típicamente artísticas, como son las canciones antiguas y como es la liturgia de las sardanas, sino aun en su vida burguesa más vulgar, hasta en la vida hereditaria de esas familias barcelonesas que transmiten de padres a hijos las pequeñas tiendas de las calles antiguas, en los alrededores de la plaza Real; no sólo viven con un sentido poético esas familias, sino que lo perciben conscientemente y van perpetuando una tradición de poesía gremial, familiar, maravillosamente fina. Esto no se ha entendido a tiempo; a Cataluña no se la supo tratar, y teniendo en cuenta que es así, por eso se ha envenenado el problema, del cual sólo espero una salida si una nueva poesía española sabe suscitar en el alma de Cataluña el interés por una empresa total, de la que desvió a Cataluña un movimiento, también poético, separatista.
 
Dios nos libre, pues, de envenenar otros problemas de características regionales; pero si hablo para anunciar que estoy al lado de este voto particular del señor Salmón y en contra del Estatuto, es porque […] el Estatuto vasco tiene, además de un sentido hostil separatista para España, un profundo espíritu antivasco, del que acaso no se dan cuenta sus propios autores”.
  
José Antonio reitera que una nación lo es en cuanto acomete y logra una empresa que no es la empresa de las demás naciones. El pueblo vasco, según él, ha cumplido su destino en lo universal porque:
“Ha dado al mundo una colección de almirantes que ellos solos son una gala para un pueblo entero; el pueblo vasco ha dado al mundo un genio universal como Ignacio de Loyola. Pero el pueblo vasco dio esos genios al mundo precisamente cuando encontró su signo de nación indestructible unido a Castilla. Cuando estaba indestructiblemente unido a España, porque precisamente España es nación y es irrevocablemente nación, porque España, que no es Castilla frente a Vasconia, sino que es Vasconia con Castilla y con todos los demás pueblos que integraron España, sí que cumplió un destino en lo universal, y se justificó en un destino con lo universal, y halló una providencia tan diligente para abastecerla de destino universal, que aquel mismo año de 1492 en que logró España acabar la empresa universal de desislamizarse, encontró la empresa universal de descubrir y conquistar un mundo. Así es que el pueblo vasco superó su vida primitiva, su vida de pesca y de caserío, cabalmente cuando fundió sus destinos al destino total de España. Pues bien: Cuando el pueblo vasco, así unido a España, se ha incorporado definitivamente a la Historia, surgen unos tutores del pueblo vasco que deciden hacerle renegar de esa unidad histórica, de ese signo bajo cuyo poder mágico logró entrar en la historia unido a España, integrando a España, y quieren desglosarlo otra vez de España y devolverlo a lo nativo, a lo espontáneo, al cultivo de su tierra, de sus costumbres y de su música. Y este designio es antivasco, este designo es ponerse otra vez a las puertas de lo nativo, a las puertas de lo espontáneo, contra el logro universal, histórico, ingente y difícil que ha sido la Historia del pueblo vasco unido a la Historia de España. Por eso yo creo que la misión de España en ese trance no es averiguar si ha tenido el Estatuto tales o cuales votos: La misión de España es socorrer al pueblo vasco para liberarlo de ese designio al que le quieren llevar sus peores tutores, porque el pueblo vasco se habrá dejado acaso arrastrar por una propaganda nacionalista; pero todas las mejores cabezas del pueblo vasco, todos los vascos de valor universal, son entrañablemente españoles y sienten entrañablemente el destino unido y universal de España. Y si no, perdóneme el señor Aguirre una comparación: De los vascos de dentro de esta Cámara tenemos a don Ramiro de Maeztu; de los vascos de fuera de la Cámara tenemos a D. Miguel de Unamuno; con ellos todas las mejores cabezas vascas son entrañablemente españolas”.
  
José Antonio insistirá en estos conceptos en el discurso de proclamación de Falange Española de las JONS, en el Teatro Calderón de Valladolid el día 4 de marzo y en su «Ensayo sobre el nacionalismo», aparecido en la Revista JONS del mes de abril, pero a partir del 12 de junio de 1934, cuando se produce abiertamente la rebeldía de los políticos catalanes y vascos[1], la preocupación por la unidad de España se convierte para él en tema fundamental de su actividad pública. El 15 de junio aparece en el diario La Nación el siguiente manifiesto:
“La abierta rebeldía de la Generalidad de Cataluña contra el Estado español nos hace asistir a un espectáculo más triste que el de la misma rebeldía: El de la indiferencia del resto de España, agravada por la traición de los partidos, como el socialismo, que ha pospuesto la dignidad de España a sus intereses políticos.
 
Mientras los nacionalistas catalanes caldean el ambiente de Barcelona, no hay en Madrid nacionalistas españoles que proclamen a gritos la resuelta voluntad de mantener unida a España.
 
Falange Española de las JONS no juzga ahora la bondad o malicia de la ley de Cultivos. Ni siquiera el acierto del Tribunal de Garantías Constitucionales. Lo que estima intolerablemente ofensivo para la dignidad de España es el alzamiento frente al Estado de un organismo regional, subrayado con palabras y ademanes de reto y teñido no ya del más patente desamor, sino del odio más agresivo contra España.
  
Falange Española de las JONS no quiere hacerse solidaria del cobarde silencio que rodea a tal actitud de los separatistas. Ni quiere ser cómplice de la desasistencia que en estos instantes debilita al Gobierno español.
  
Para alentarle y para servir a España hasta donde sea preciso, Falange Española de las JONS compromete su resuelta palabra de alistamiento.
  
Vida España! ¡Viva Cataluña española! ¡Viva Falange Española de las JONS!”.
 
Cerradas las Cortes el 4 de julio, el 19 aparece en FE el artículo de José Antonio «España irrevocable». Junto a la reiteración de ideas ya entonces conocidas, incluye esta terminante frase:
“Aunque todos los españoles estuvieran conformes en convertir a Cataluña en país extranjero, sería el hacerlo un crimen merecedor de la cólera celeste. España es irrevocable. Los españoles podrán decidir acerca de cosas secundarias; pero acerca de la esencia misma de España no tienen nada que decidir. España no es nuestra, como objeto patrimonial; nuestra generación no es dueña absoluta de España: La ha recibido del esfuerzo de generaciones y generaciones anteriores y ha de entregarla, como depósito sagrado, a las que la sucedan. Si aprovechara este momento de su paso por la continuidad de los siglos para dividir a España en pedazos, nuestra generación cometería para con las siguientes el más abusivo fraude, la más alevosa traición que es posible imaginar. Las naciones no son contratos, rescindibles por la voluntad de quienes los otorgan: Son fundaciones, con sustantividad propia, no dependiente de la voluntad de pocos ni de muchos”.
 
José Antonio sostiene que la mayoría de edad regional se alcanza, no cuando la región ha adquirido suficiente conciencia de sí misma, es decir, cuando se siente suficientemente desligada de la personalidad del conjunto, sino, cabalmente al contrario,
“Cuando ha adquirido tan fuertemente la conciencia de su unidad de destino en la patria común, que esa unidad ya no corre ningún riesgo por el hecho de que se aflojen las ligaduras administrativas. Cuando la conciencia de la unidad de destino ha penetrado hasta el fondo del alma de una región, ya no hay peligro de darle Estatuto de autonomía. La región andaluza, la región leonesa, pueden gozar de regímenes autónomos, en la seguridad de que ninguna solapada intención se propone aprovechar las ventajas del Estatuto para maquinar contra la integridad de España. Pero entregar Estatutos a regiones minadas de separatismo; multiplicar con los instrumentos del Estatuto las fuerzas operantes contra la unidad de España; dimitir la función estatal de vigilar sin descanso el desarrollo de toda tendencia a la secesión, es, ni más ni menos, un crimen. Todos los síntomas confirman nuestra tesis. Cataluña autónoma asiste al crecimiento de un separatismo que nadie refrena: El Estado, porque se ha inhibido de la vida catalana en las funciones primordiales: La formación espiritual de las generaciones nuevas, el orden público, la administración de justicia […] y la Generalidad, porque esa tendencia separatista, lejos de repugnarle, le resulta sumamente simpática. Así, el germen destructor de España, de esta unidad de España lograda tan difícilmente, crece a sus anchas. Es como un incendio para cuya voracidad no sólo se ha acumulado combustible, sino que se ha trazado a los bomberos una barrera que les impide intervenir. ¿Qué quedará, en muy pocos años, de lo que fue bella arquitectura de España?”.
  
Que no se trataba de imaginarias inquietudes o de angustias inventadas, lo demostraban los acontecimientos. El 11 de septiembre se encontraron las armas que transportaba el «Turquesa», destinadas a los socialistas, a la vez que crecía la agitación nacionalista en Cataluña y Vascongadas. El 23 se declara el «estado de alarma» en toda la Nación y ese es el momento en que José Antonio se dirige al General Franco, el 24 de septiembre de 1934, advirtiendo el golpe trotskysta que se prepara, acompañado de la separación de Cataluña. Y, en efecto, el 6 de octubre, Lluis Companys —sucesor del difunto Macià en la presidencia de la Generalidad— se rebela contra la República y dirige un oficio al General Jefe de la División Orgánica que tiene su cabecera en Barcelona diciendo: «Requiero a V.E. para que, con las fuerzas que manda, se ponga a mis órdenes para servir a la República Federal que acabo de proclamar».
 
Las consecuencias de la revolución de octubre son conocidas. Lo que es menos conocida es la reacción de José Antonio Primo de Rivera, hecha pública el 13 de octubre:
“Hemos estado contra la revolución por lo que tenía de marxista y antiespañola, pero no vamos a ocultar que en la desesperación de las masas socialistas, sindicalistas y anarquistas hay una profunda razón en que participamos del todo. Nadie supera nuestra ira y nuestro asco contra un orden social conservador del hambre de masas enormes y tolerante con la dorada ociosidad de unos pocos”.
 
José Antonio exige la derogación del Estatuto de Cataluña, añadiendo esta precisa frase:
“Una Cataluña purgada de propósitos separatistas podrá aspirar, como las otras regiones de España, a ciertas reformas descentralizadoras; pero la breve experiencia del Estatuto lo ha acreditado como estufa para el cultivo del separatismo”.
 
A finales de noviembre y primeros de diciembre se debate en el Parlamento en torno al Estatuto de Cataluña. José Antonio Primo de Rivera, con el mayor respeto y afecto hacia Cataluña, distingue exquisitamente la posibilidad de que goce de libertades para organizar su vida interna y la experiencia de dos años de deshispanización que le llevan a votar con Honorio Maura la derogación del Estatuto.
 
Del entendimiento de Cataluña y de su cariño hacia ella no cabe la menor duda:
“Una de las maneras de agraviar a Cataluña es, precisamente, entenderla mal; es precisamente, no querer entenderla. Lo digo porque para muchos este problema es una mera simulación; para otros este problema catalán no es más que un pleito de codicia. La una y la otra son actitudes perfectamente injustas y perfectamente torpes. Cataluña es muchas cosas mucho más profundamente que un pueblo mercantil; Cataluña es un pueblo profundamente sentimental; el problema de Cataluña no es un problema de importación y de exportación; es un problema dificilísimo de sentimientos.
  
Pero también es torpe la actitud de querer resolver el problema de Cataluña reputándolo de artificial. Yo no conozco manera más candorosa, y aún más estúpida, de ocultar la cabeza bajo el ala, que la de sostener, como hay quienes sostienen, que ni Cataluña tiene lengua propia, ni tiene costumbres propias, ni tiene historia propia, ni tiene nada. Si esto fuera así, naturalmente, no habría problema de Cataluña y no tendríamos que molestarnos ni en estudiarlo ni en resolverlo”.
  
He aquí su clara visión de lo que podía haber sido, ya en los años treinta, la España de las autonomías:
“Cataluña existe con toda su individualidad y muchas regiones de España existen con su individualidad, y si queremos conocer cómo es España, y si queremos dar un estructura a España, tenemos que arrancar de lo que España en realidad nos ofrece; y precisamente el negarlo, además de la torpeza que antes os decía, envuelve la de plantear el problema en el terreno más desfavorable para quienes pretenden defender la unidad de España, porque si nos obstinamos en negar que Cataluña y otras regiones tienen características propias, es porque tácitamente reconocemos que en esas características se justifica la nacionalidad, y entonces tenemos el pleito perdido si se demuestra, como es evidentemente demostrable, que muchos pueblos de España tienen esas características.
  
Por eso soy de los que creen que la justificación de España está en una cosa distinta; que España no se justifica por tener una lengua, ni por ser una raza, ni por ser un acervo de costumbres, sino que España se justifica por una vocación imperial para unir lenguas, para unir razas, para unir pueblos y para unir costumbres en un destino universal; que España es mucho más que una raza y es mucho más que una lengua, porque es algo que se expresa de un modo del que estoy cada vez más satisfecho, porque es una unidad de destino en lo universal.
  
Con sólo esto, veréis que en la posición que estoy sosteniendo no hay nada que choque de una manera profunda con la idea de una pluralidad legislativa. España es así, ha sido varia, y su variedad no se opuso nunca a su grandeza; pero lo que tenemos que examinar en cada caso, cuando avancemos hacia esta variedad legislativa, es si está bien sentada la base inconfundible de lo que forma la nacionalidad española: Es decir, si está bien asentada la conciencia de la unidad de destino. Esto es lo que importa, y es muy importante repetirlo una y muchas veces, porque en este mismo salón se ha expuesto, desde distintos sitios, una doctrina de las autonomías que yo reputo temeraria. Se ha dicho que la autonomía viene a ser un reconocimiento de la personalidad de una región; que se gana la autonomía precisamente por las regiones más diferenciadas, por las regiones que han alcanzado la mayoría de edad, por las regiones que presentan caracteres más típicos; yo agradecería —y creo que España nos lo agradecería a todos— que meditásemos sobre esto: Si damos las autonomías como premio de una diferenciación, corremos el riesgo gravísimo de que esa misma autonomía sea estímulo para ahondar la diferenciación. Si se gana la autonomía distinguiéndose con caracteres muy hondos del resto de las tierras de España, corremos el riesgo de que al entregar la autonomía invitemos a ahondar esas diferencias con el resto de las tierras de España. Por eso entiendo que cuando una región solicita la autonomía, en vez de inquirir si tiene las características propias más o menos marcadas, lo que tenemos que inquirir es hasta qué punto está arraigada en su espíritu la conciencia de la unidad de destino; que si la conciencia de la unidad de destino está bien arraigada en el alma colectiva de una región, apenas ofrece ningún peligro que demos libertades a esa región para que, de un modo y otro, organice su vida interna”.
 
La tesis era bien clara: Se había concedido el Estatuto a Cataluña pensando que no iba a ser nunca instrumento de disgregación y que podía ponerse en sus manos sin ningún peligro para la unidad. Pero la presunción había sido destruida por la prueba en contrario, de manera que antes de devolver el Estatuto había que tener la seguridad de que España no se nos iba a ir entre los dedos.
  
Las Cortes aprobaron la nueva puesta en vigor del Estatuto, entregándose a la Esquerra todo, «incluso los instrumentos para afirmar en el alma de la infancia catalana una emoción separatista».
  
José Antonio Primo de Rivera quería una “una gran Patria para todos, no para un grupo de privilegiados. Una Patria grande, unida, libre, respetada y próspera”.
  
No me parece que sus reflexiones sobre España como unidad de destino resulten hoy tan anacrónicas como algunos sostienen.
  
FERNANDO SUÁREZ GONZÁLEZ. En Cuadernos de Encuentro, nº 72 (Mayo de 2003), suplemento Nueva Fundación, págs. 215 a 222.
 
NOTA
[1].- La Ley de contratos de cultivo, aprobada por el Parlamento de Cataluña, había quebrantando el Estatuto, porque se trataba de materia que el artículo 15 de la Constitución reservaba al Estado. El Tribunal de Garantías Constitucionales, al que recurrió el Gobierno, sentenció el 9 de junio declarando la inconstitucionalidad de la Ley, pero la Generalidad decidió no aceptar el fallo y el 12 de junio se retiraron de las Cortes los Diputados de la Esquerra (y la minoría vasca, que hizo con ellos causa común). Companys volvió a presentar la misma Ley al Parlamento Catalán, que la aprobó de nuevo por aclamación. El Gobierno vasco siguió el ejemplo convocando ilegítimamente elecciones municipales.

domingo, 20 de noviembre de 2016

LAS RELACIONES IGLESIA-ESTADO, SEGÚN JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

  
Homenaje a José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia al cumplirse el 80° aniversario de su martirio, y desagravio a la memoria de Emilo Mola y José Sanjurjo, cuyas tumbas fueron profanadas por el alcalde pro-etarra y el "arzobispo" de Pamplona-Tudela. Tomado de COMO OVEJAS SIN PASTOR

LAS RELACIONES IGLESIA-ESTADO EN EL PENSAMIENTO DE JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA
Por Fray Antonio de Lugo OSH

VERDADERO Y ENTERO CATÓLICO
Para entender rectamente el pensamiento de José Antonio acerca de esta cuestión, es necesario fijarse con detenimiento en el entorno religioso de su vida, así en el plano personal como en el profesional y político. El ambiente familiar de su educación, netamente piadoso, hizo de él, como afirma su hermana, la Condesa del Castillo de la Mota, “un verdadero y entero católico”, y como tal se mostró siempre en público y en privado; a su amigo y camarada Francisco Bravo la declaró en una ocasión que “era católico convencido”. Su vida de piedad, sin alardes ni espiritualidades, era sincera, sólida; sabemos que, en repetidas ocasiones, practicó los ejercicios espirituales, en retiro, al estilo de San Ignacio, y entre sus lecturas religiosas le eran preferidas y habituales la Sagrada Biblia, San Agustín, Santo Tomás y San Pablo. Sería muy largo citar hechos que ponen de manifiesto, bien a las claras, el talante religioso de José Antonio en su actuación personal, familiar y social.
   
Como profesional del Derecho, se ajustó siempre a los dictados de su conciencia moral cristiana. Siendo, a pesar de su juventud, abogado de prestigio y en ejercicio, nunca aceptó defender pleitos de divorcio, legal en España durante el quinquenio republicano. El 4 de Julio de 1935 escribía en “Arriba”: 
Los autores de la ley del divorcio, cautos, sabían muy bien que las instituciones profundas y fuertes, como la familia, no se las puede combatir de frente, sino que hay que ablandarlas con el halago de la sensualidad y minarlas por procedimientos insidiosos… Desde el punto de vista religioso, el divorcio, para los españoles, no existe. Ningún español casado, con sujeción al rito católico, que es el de casi todos los nacidos en nuestras tierras, se considerará desligado del vínculo porque una Audiencia dicte fallo de divorcio.
  
Para quienes, además, entendemos la vida como milicia y servicio, nada puede haber más repelente que una institución llamada a dar salida cobarde a lo que, como todas las cosas profundas y grandes, sólo debe desenlazarse en maravilla de gloria, o en fracaso, sufrido en severo silencio”.
  
Es en su actividad política donde encontramos mayor abundancia de datos que demuestran el sentir altamente espiritual y católico de José Antonio; rechaza, de plano, “la interpretación materialista de la historia” y afirma que “lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos”, y que “aspecto preeminente de lo espiritual es lo religioso”, y para quien “la interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera; pero es, además, históricamente, la española…”. Así pues, “toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico”; expresiones todas ellas que brotan del fecundo hontanar de sus nobles ideales, y fruto de una robusta fe católica.
  
HISPANOAMÉRICA
En Cáceres, el año 1934, en un discurso declaró con valentía y convicción: 
España fue a América no por plata, sino a decirles a los indios que todos eran hermanos, lo mismo los blancos que los negros, todos, puesto que siglos antes, en otras tierras lejanas, un Mártir derramaba su Sangre por el Sacrificio, para que esa sangre estableciera el amor y la hermandad entre los hombres de la tierra”. 
Por sus convicciones cristianas, se aparta del liberalismo filosófico y, como consecuencia, del liberalismo estatal. El materialismo ateo está en abierta oposición con José Antonio, que concibe al hombre como “portador de valores eternos” y no duda en proclamar que “ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá”.
  
EL ESTADO NUEVO INSPIRADO EN EL CATOLICISMO
Cuando José Antonio trata el asunto de las relaciones del Estado con la Iglesia lo hace en términos que no contradicen sus ideas, sino más bien en perfecta coherencia con su fe. Su tesis es perfectamente ortodoxa. No es partidario de la separación, tal como la propone el liberalismo, y que ha sido repetidamente condenada por el Magisterio eclesiástico. Quizá donde aparece más evolucionado su pensamiento es en el siguiente texto: “Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra historia, sea respetado y amparado como se merece, sin que, por eso, el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias, ni comparta, como hacía tal vez por otros intereses que los de la verdadera religión, funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo”, que se completa con el siguiente párrafo de los “Puntos Iniciales”: “Quiero decir que el Estado nuevo se inspirará en el espíritu religioso católico tradicional en España y concordará con la Iglesia las consideraciones y el amparo que le son debidos”. La doctrina de separación no admite inspiración alguna religiosa, al tiempo de gobernar; sólo contempla los deseos de la mayoría del pueblo, único soberano.
 
LA LEY DE DIOS INSPIRADORA DE LA LEGISLACIÓN
La tesis joseantoniana, católica, es bien distinta, y afirma que el Estado ha de inspirar su actuación en la doctrina de la Iglesia católica; las razones las ha expuesto repetidísimas veces, al hablar del valor del espíritu en la vida de los hombres y de los pueblos. El Estado español, forjado en una Cruzada, hace suya la idea de José Antonio y la incorpora a la Ley de Principios del Movimiento Nacional, que, en su número II, dice : “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera, y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación “. El pensamiento de José Antonio está contenido en los “Puntos Iniciales”, en los siguientes términos, que son perfectamente compatibles con la doctrina católica más exigente, sin que por ello se le pueda tildar de favorecer la separación de la Iglesia y el Estado al modo liberal:
Tampoco quiere decir que el Estado vaya a asumir directamente funciones religiosas que correspondan a la Iglesia. Ni menos que vaya a tolerar intromisiones o maquinaciones de la Iglesia, con daño posible para la dignidad del Estado, o para la integridad nacional”.
  
Como se ve, una vez más, lo que repudia son las enojosas intromisiones, así por parte de la Iglesia como del Estado. Siguiendo la línea de su pensamiento y de su actuación, José Antonio Primo de Rivera es partidario del Estado confesional; más aún, encuentra en ello el modo normal de relaciones entre la Iglesia y el Estado, de acuerdo con las tradiciones españolas más antiguas, en perfecta concordancia con la autonomía y separación de funciones específicas; independencia que considera necesaria dentro de un estatuto de mutua colaboración y respeto. Ya en los “Puntos Iniciales” había escrito, el año 1933: “Quiere decir que el Estado nuevo se inspirará en el espíritu religioso católico tradicional en España, y concordará con la Iglesia las consideraciones y el amparo que le son debidos”. Quiere para la Iglesia, por parte del Estado, un trato de respeto y cuantas consideraciones sean necesarias, por ser la Iglesia católica la única verdadera e históricamente la española.
  
A quien juzgaba su postura en esta materia como menos conforme con la doctrina católica le contesta: 
Estos (los católicos falangistas), sin embargo, son inteligentes de sobra para saber, primero, que la declaración sobre el problema religioso contenido en el punto 25 del programa de Falange Española y de las JONS coincide exactamente con la manera de entender el problema que tuvieron nuestros más preclaros y católicos reyes…”.