miércoles, 10 de noviembre de 2021

NOVENA EN HONOR A SANTA ISABEL DE HUNGRÍA

Novena compuesta por fray Juan de Abréu OFM, guardián del convento de San Matías de Iztacalco, e impresa en Ciudad de México por José Bernardo de Hogal en 1727. Los Gozos, publicados en Valencia, son tradicionales, sin autor conocido.
    
MODO DE PRACTICAR LA NOVENA
Si para conseguir lo que a la Soberana Majestad de Dios se le pide por la intercesión de sus Santos es necesaria la pureza de conciencia y buena disposición en el que pide: siempre será conveniente que el día primero de esta Novena (que comenzará el día diez de Noviembre, para que se finalice en víspera del día de nuestra Santa, diez y nueve de dicho mes), o en otro cualquier tiempo que se quiera ofrecer, será acertado: Digo, el prepararle con una buena confesión y recibir al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, y ejecutada el día primero y último esta tan Santa diligencia, comenzará su Novena con el Acto de Contrición, que al principio se pone. Luego leerá el caso de la vida de la Santa, y acabado este, la que le sigue, rezando después seis Padre Nuestros y seis Ave Marías gloriados a las seis letras que componen el Nombre de nuestra Reina Isabel, y siendo estos la estación del Santísimo Sacramento, hará intención de ganar sus muchas indulgencias y aplicandólas por vía de limosna, por las necesitadas almas del Purgatorio, finalizando acabada la estación con la oración que a lo último se pone, que comienza: «Amantísima Reina Santa Isabel», procurando, quien pudiere socorrer en cada uno de estos días a un pobre, en honra de nuestra Santa, y quien no tuviere qué dar; por amor de Dios, dé sus buenos deseos, y ofrézcalos a Dios.
    
PIADOSA NOVENA EN HONOR DE SANTA ISABEL DE HUNGRÍA, PATRONA DE LA VENERABLE ORDEN TERCERA DE NUESTRO PADRE SAN FRANCISCO DE ASÍS
 
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, único bien de mi vida, Padre amoroso de mi alma, mi Redentor y Criador, que por mí, mísero gusanillo, bajaste de la diestra de tu Padre amorosísimo a encarnar en el tálamo de nuestra Señora la Virgen María, y ya vestido del pobre barro de la humana naturaleza quisisteis nacer en un portal y morir en Cruz, donde fueron tantos tus dolores cuantas mis maldades, tantas tus agonías cuantas son mis ingratitudes. De todas ellas me pesa, y me arrepiento mi Dios, pesándome en el alma de haberos ofendido; pero espero, con vuestra Divina gracia, y por los méritos e intercesíon de la gloriosa Reina Santa Isabel, apartándome de las ocasiones de ofenderos, mudar de vida y mejorar de costumbres, con el propósito firme de nunca más pecar. Abrasad, mi Jesús, mi obstinado corazón, con el fuego de vuestra ardiente caridad, para que liquidado como cera, se estampe en él el sello de vuestra Divina Imagen, para que dé mil vidas, antes que cometer una culpa, perseverando siempre en vuestra amistad y gracia. Amén.

DÍA PRIMERO – 10 DE NOVIEMBRE
ABRASADA CARIDAD DE SANTA ISABEL
Nació la podiciosa Piedra Sardio Santa Isabel de la nobilísima cantera de los coronados Reyes de Hungría, tan abrasada en caridad desde sus primeros años, que era un compendio de las misericordias para con los pobres, porque parece había nacido con la tierna niña la conmiseración y piedad, pues en la corta edad de cuatro años, acusándola el aya al Rey Andrés II su padre, de su desatino en dar limosna a los pobres, que al parecer tocaba en indecencia, llevando un día Isabel unos pedazos de pan ocultos, y encontrándose con el Rey su padre le preguntó qué era lo que llevaba tan guardado. «Señor, son unas flores». «¿Flores (replicó el padre) en tiempo tan riguroso? A ver, muéstralas»; descubrió el enfaldo Isabel, cubierto de carmín el rostro, y en él rosas hermosas, olorosas y frescas, viéndose empeñada la Divina Providencia en apoyar a costa de milagros la fe y conmiseración de aquella prodigiosa criatura. Creció con el discurso de su vida el río de fuego de su misericordia: dando vista a ciegos, pies a cojos, habla a mudos, sanidad a leprosos, vida a difuntos, amparo a doncellas, socorro a huérfanos, patrocinio a viudas, fundando hospitales, curando con sus manos llagas, lamiendo con su lengua podres, y dando universal consuelo a todos los afligidos. Tanto era el raudal de sus incansables piedades para con los necesitados, que estando un día el Príncipe Luis de Turingia su esposo divertido en la casa, llegó a las puertas de palacio un leproso y contaminado pobre pidendo una limosna. Vióle Santa Isabel, y metiéndole en su retiro, le lavó las heridas, le limpió las llagas y moviéndole a ternura su fatiga y su dolor, le desnudó y pasó en su misma casa. A este tiempo llegó el marído, y dándole uno de los criados aviso de lo que pasaba, el cual había estado a la mira: arrebatado de la cólera, se fue al lecho para despedazar al enfermo con un puñal; pero llegando a la cama, sólo encontró la devota Imagen de un lastimado Crucifijo. Enseñando con esta visión el Crucificado Rey, se ha de venerar a su Majestad en el desvalido, y enseñando la Santa Reina con su caridad abrasada a las que se precian de muy Señoras, sepan ser con los pobres menos altivas y más caritativas.
  
ORACIÓN
Poderoso Señor de Cielo y tierra, Padre de las misericordias y amor mío, que por sanar de la lepra de la culpa a todo el linaje humano vestiste traje de siervo, y enseñándonos a usar de misericordia, fue todo tu empleo en los treinta y tres años de tu vida sustentar hambrientos, sanar paralíticos, dar vista a ciegos, socorrer pobres y visitar enfermos. Humildemente te pido, por tu gran misericordia y por la ardiente caridad de la piedra sardio Santa Isabel, ablandes la dureza de mi corazón, para que ejercitado en obras de conmiseración y piedad te sirva a ti en el desalido, mire tu Sagrada Imagen en el necesitado y despidiendo rayos de fuego de caridad abrasada, me transfigure en sardio preciosísimo para con mis prójimos, amándolos con el corazón y sirviéndolos por tu amor, para mejor agradecerte y servirte. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» se rezará todos los días.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.
Amantísima Reina Santa Isabel, asombro de Hungría, portento de la naturaleza y abismo de la gracia. Humildemente te suplico, por tus virtudes y favores, con que te enriqueció la liberal mano de la divina omnipotencia, alcances de su Majestad lo que en esta Novena te pedimos, si ha de ser para mayor honra y gloria suya; que intercedas con Dios nuestro Señor por el descanso de las afligidas Almas del Purgatorio, por las de nuestros padres, parientes y bienhechores, con todas las que allí hubiere; a nuestro Padre y Pastor, el Pontífice Romano, luz con que determine lo más cierto, justo y santo; la feliz victoria sobre todos los enemigos de la Santa Fe Católica, perpetua paz y concordia entre los Príncipes Cristianos, la conservación de la Casa Santa de Jerusalén, que destierre de su Iglesia toda secta y herejía, que traiga en paz a sus casas a los Cristianos cautivos, que aparte de sus alrededores a los moros y gentiles, que a las Santas Religiones las conserve en perfección, y a todos los pecadores los saque del mal estado. Ruega también, Santa mía, por el consuelo y alivio de las pobres viudas, huérfanos agonizantes, encarcelados y enfermos, y por todos tus devotos, para que por tus súplicas y piadosa intercesión, merezcamos conseguir de Dios la gracia, para gozarle en la Gloria. Amén.
   
GOZOS
   
Ya que sois la más lucida
En virtudes y nobleza:
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
   
Vuestro real nacimiento
En Hungría con desvelo,
La providencia del Cielo
Le previno muy atento:
Y fue muy raro portento
Veros tan linda nacida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Desde niña con primor
En Santidad consumada,
En prudencia admirada
Por el grande resplandor:
Que siendo tan superior
Fue del Cielo prevenida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Prodigio de Castidad,
Devoción, rara ternura,
Amor a Dios con dulzura
Esmaltó la Caridad:
De la suprema Bondad
Fuisteis la más atendida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Su Oración sin cesar
Meditando muy ferviente,
Reparó toda la gente
El desprecio singular:
Todo lo supo pisar
Con gusto, paz y medida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Con los pobres desvalidos
Siempre fue muy piadosa,
En asistiros pasmosa
Quedando bien socorridos:
Aun los más oprimidos
Con miseria desmedida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
   
A su corazón constante
No pudieron abatir
Los trabajos, ni rendir
Por ser celeste Atlante:
Más firme que el diamante
A los golpes no rendida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Como madre cariñosa
Abrigaba en su pecho
Al doliente y deshecho
De enfermedad horrorosa:
El remedio muy gustosa
Les daba con la comida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Sus penitentes rigores
Y los malos tratamientos
Que sufrió, y los tormentos
Sin otros muchos dolores:
Por excesivos, mayores
Toleró siempre rendida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Siempre fue muy regalada
De su Esposo Jesucristo,
Y por hija de San Francisco
Del Cielo todo amada:
Con milagros exaltada,
Con prodigios aplaudida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Sus virtudes ilustró
Con enfermos, cuando muerta,
Siempre medicina cierta
A todos suministró:
Los muertos resucitó
Del sepulcro a la vida.
Isabel nuestra Princesa,
Siempre de Dios muy querida.
  
Pues sois a todos consuelo,
De los hijos venerada:
Disponed, Madre sagrada,
El gozaros en el Cielo.
    
℣. Ruega por nosotros, Bienaventurada Santa Isabel.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
  
ORACIÓN
Ilumina, oh Dios misericordioso, los corazones de tus fieles, y haz que por los ruegos de la gloriosa Santa Isabel, que despreciemos la prosperidad del mundo, y siempre gocemos de la celestial consolación. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 11 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
SABIDURÍA DE SANTA ISABEL
Enriqueció la poderosa mano de tanta erudición y elocuencia al prodigioso y misterioso Topacio Santa Isabel, que era cosa admirable ver en tan tierna edad discreción tanta, que deslumbraba la cortedad de sus años con la madurez y circunspección de su entendimiento, siendo la librería de su estudio Cristo Crucificado, a cuyos pies arrebatada muchas veces, y por muchas horas en raptos, enajenada de los sentidos, mereció que le manifestase el Señor ocultos Misterios, llenando su corazón de dulzuras. Tuvo frecuente trato y comercio con los Santos Ángeles, y siendo ellos sagrados Espíritus, todo Sabiduría, ¿cuál sería, pues con ellos comerciaba de nuestra Santa Isabel, la superior Inteligencia? Fue la Maestra de su enfeñanza la que lo es de todas las virtudes MARÍA Santísima nuestra Señora, hablándole en diversas apariciones la educación que tuvo, los años que vivió en el Templo de Jerusalén, y otras muy altas incomprehensibles materias, con la cual conversación de los Cielos, puede levantarse nuestra Isabel Discípula, con el renombre de la más elocuente y sabia aficionada de MARÍA Señora, su divina amada y Soberana Maestra.
  
ORACIÓN
Señor mío y Dios Eterno, inaccesible Padre las luces, que para desterrar de los mortales la ignorancia, quisisteis haciendo aula msteriosa un Portal, y prodigiosa Cátedra un Pesebre, que os adorasen rendidos unos Pastorcillos rústicos, y manifestando vuesra immensa sabiduría, los transformasteis en hombres elocuentes y sabios: Por esta misma sabiduría, y por la que comunicasteis a vuestro estimativo Topacio Santa Isabel, os suplico desterréis de nuestros corazones las sombras de la ignorancia, que a la perdición nos encaminan, alumbréis nuestros pasos, y nos deis conocimiento para seguir las sendas de la verdad, haciendo de cada una de vuestras criaturas un Topacio peregrino de inteligencia y saber, para que de esta manera abracen de corazón lo más puro, justo y Santo. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» y los Gozos se rezarán todos los días.
     
DÍA TERCERO – 12 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
ADMIRABLE POBREZA DE SANTA ISABEL 
Tan amante de la muy alta pobreza fue la Infanta de Hungría, Duquesa de Turingia y maravillosa piedra Jaspe Santa Isabel, que sirviéndole de aspero cilicio de las demás Señoras el imán que son las galas, profanidades y adornos; entrando un día en la iglesia, con el adorno que pedía la Majestad de una Reina, coronada de piedras de inestimable valor, levantó los ojos y vio la Imagen de un desnudo Crucifijo, y afrentándose de que Dios estuviese entre oprobios e ignominias, y ella metida por fuerza entre profanidades y deleites, razados sus ojos de agua a fuerzas de su gigante dolor, cayó rendida a un desmayo, en que la imaginaron difunta. Vistióse desde aquel día de grosera lana, hasta que ya viuda se amortajó con el pobre humilde sayal de mi gran Padre San Francisco, y como usaba de un solo hábito tanto tiempo, le remendaba muchas veces, llegando a estar tan despreciado que se rozaba ridículo, porque los remiendos eran de otro color, y puestos por su mano con ningún asco, siendo para sí pobre, y para los pobres rica; pero nunca nuestra Santa más lucida que cuando a fuerza de remiendos se miraba jaspeada. Presentóle el Sumo Pontífice Gregorio IX el manto con que andaba su Seráfico Padre San Francisco cuando murió; y como su hábito estaba salpicado de colores, y el manto también remendado era de color distinto, ayudaba el manto del Padre a los buenos deseos de su legítima hija, donde no me admira a la sombra de tal capa, fuese Isabel un asombro en adorar a la muy alta pobreza, sintiendo tales consuelos cuando se rebozaba el roto manto de su Padre San Francisco, que parece se le duplicaba el espíritu, como le sucedió a Eliseo con la capa misteriosa de su amante Padre Elías.
  
ORACIÓN
Poderoso Señor de Cielo y Tierra, a cuya voz se fabricaron todas las cosas, enriqueciendo el mundo de mil soberanías como universal dueño de ambos orbes; y para mi enseñanza veniste al suelo tan necesitado y pobre, que ni adonde reclinar la cabeza encontraste, y ya difunto, ni mortaja ni Sepulcro, ni cosa propia tuviste: suplícote, Señor mío, por tu muy alta pobreza, y por la voluntaria del remendado Jaspe Santa Isabel tu querida, que hagas que me desnude de todas las pasliones que de tu amor me apartan, que desprecie las caducas profanidades del mundo, y que sea pobre de espíritu, Jaspe bordado de tribulaciones y necesidades; para que solo apetezca en tu compañia lo eterno. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA CUARTO – 13 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
PACIENCIA SIN SEGUNDO DE LA REINA DE HUNGRÍA
A fuerza de uno y otro golpe de tribulación labró el Divino Lapidario Jesús la prodigiosa Esmeralda de su amartelada Santa Isabel, siendo para ejemplar del mundo, el blanco de la paciencia y el yunque de la constancia. Murió en la conquista de Tierra Santa Luis su Esposo, y habiendo quedado nuestra Santa viuda, graciosa niña, y con dos hijas y un hijo heredero de la Corona de Hungría, un cuñado de Isabel llamado Enrique Raspe, levantándose con el gobierno y estado, arrojó de su Palacio con ignominia a su cuñada y sobrinos. Salió a la calle la Reina Madre con la pesada carga de sus descarriados hijos, y no encontrando en toda su corte quien le diese un rincón en que poder albergarse, se vio obligada a salir de la Ciudad y guarecerse en una pocilga, donde solían recogerse cerdudos animales. A la media noche, llenos sus ojos de lágrimas, por las que admiraba en sus pobres hijos, acosados del hambre, oyó tocar a maitines en el Convento de N. P. S. Francisco extramuros de la Ciudad, fuese para él con la carga de sus niños, y tocando la campanilla a la puerta, abrieron los Religiosos, y asombrados de ver a su Reina en tanta desolación, le preguntaban la causa de tan nunca vista novedad, a que con oído sereno y entereza real de corazón, dijo: «Dos cosas, Padres, os pido: un pedazo de pan por amor de Dios, y que me ayudéis a dar gracias a su Majestad por las grandes misericordias que usa conmigo, cantando el Te Deum laudámus». Así lo hicieron con más lágrimas que voces los Religiosos, suplicándoles la Princesa la socorriesen todos los días con un bocado para aquellos Angelitos, que aunque pobres, eran muy delicados.
  
ORACIÓN
Dios Eterno, Santo, inmortal y fuerte, que ya hombre, por los hombres, como a supremo Rey y Soberano Monarca recibieron con triunfo de ramos y palmas en la ingrata Ciudad de Jerusalén, para después con ignominia blasfemarte, azotarte, herirte y crucificarte, sin que en el tiempo de tu Pasión afrentosa y de tanta tempestad de fatigas despegases los labios para la queja como espejo de verdaderos pacientes. Ruégote, Señor mío, por lo que toleraste en el discurso de tu Pasión amarguísima, y por la admirable paciencia del Job de la ley de gracia, y fortísima Esmerada la Reina Santa Isabel, que sufriendo por amor tuyo las flaquezas de mis prójimos y los tiros con que intenta combatirme el mundo, demonio y carne, sea en las tribulaciones manso, en los infortunios sufrido, y en todas mis operaciones paciente, para que aprendiendo de tu tolerancia, y de Santa Isabel su paciencia, merezca por sufrido el acompañarte siempre en tu Reino poderoso. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 14 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
MILAGROS DE LA BIENAVENTURADA SANTA ISABEL
Para mayor ostentación de su poder, quiso la divina omnipotencia enriquecer con la divina ejecución de portentosos milagros a la piedra Crisólito Santa Isabel, para que volasen al mundo sus prodigiosas estupendas maravillas. Fueron innumerables los enfermos, gotosos, paralíticos, llagados, mudos, ciegos, cojos y endemoniados a quien dio vista, pies, lengua y sanidad consumada. Diez y seis difuntos se restituyeron a la vida por su intercesión, a muchas mujeres socorrió en las aflicciones del parto. Por dar gusto al estragado apetito de un enfermo contagiado, a quien se le había antojado un pez, metió un caldero en un pozo, y en él sacó un pescado a medida del paladar del paciente; hasta la médula de los huesos, estaba entrañada su abrasada caridad y amor para el bien de los necesitados. El día de su traslación desenterraron estos, y apenas se descubrió el Sepulcro, cuando se esparció por todo el ámbito un olor sfuavísimo, que fue motivo de admiración y ternura, hallando que los huesos y reliquias de Santa Isabel sudaban copiosamente un licor admirable, que recogido en pomos, ungiendo con él innumerables enfermos, todos consiguieron la sanidad perdida. En la Ciudad de Colonia, estando un hombre cargado de duras prisiones y condenado a muerte por sus enormes delitos, se encomendó con lagrimas a nuestra Santa; apareciósele en la mazmorra y díjole que para pública satisfacción de la Justicia, convenía que se ejecutase en él el suplicio. Sacáronle a ajusticiar,y estuvo pendiente en la horca todo el tiempo que suelen estar los ajusticiados a juicio de todos muerto, pero al deponerle del suplicio para darle sepultura se levantó con sanidad entera, ni señal de cordeles en la garganta, dándole por libre, asombrados del milagro, apareciósele una noche a Santa Isabel su madre, llamada Gertrudis, Reina que fue de Hungría, en hábito muy funesto, como que se abrasaba en llamas de Purgatorio, y suplicóle le pidiese a Dios la sacase de aquellas penas. Púsose en oración, y a pocas horas, volvió a aparecerse su madre, gloriosa, y a decirle de parte de Dios eran tan agradables a sus Divinos ojos sus oraciones, que con ellas en este y en el otro mundo alcanzaría para sus devotos singulares favores y mercedes.
  
ORACIÓN
Admirable y prodigioso Dios del alma mía, fuente liberalísima y caudaloso río de las misericordias, que saliendo de madre para el socorro de las criaturas, supiste atento al alivio en sus necesidades, convertir el agua en vino en Caná de Galilea, multiplicar panes en el Desierto, resucitar al lujo de la viuda de Naín y a Lazaro difunto, haciendo de tu Santa vida un continuado milagro: suplícote, Señor mío, por el liberal atributo de tu omnipotencia y por los prodigios que ejecutase por la piedra Crisólito Santa Isabel, abras los ojos de mi entendimiento, para que asombrado a la ejecución de estos prodigios, abrace con toda resignación el camino de las virtudes, sirviéndome de espejo las maravillas de tus escogidos, para que de esta manera ponga mi amor en Ti, no aparte la vista de Ti, hasta gozarte a Ti. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA SEXTO – 15 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
RIGUROSA PENITENCIA DE SANTA ISABEL 
Para asombro de la juventud, dechado de las hermosuras y ejemplar de las deidades, creó el Soberano poder a la Oniquina piedra Santa Isabel, tan entregada a la mortificación desde sus primeros años, que fue toda su vida una continuada penitencia; compensaba ya casada las castas delicias de el matrimonio con frecuentes mortificaciones de cilicios, ayunos y vigilias. Recibiendo muchas veces de sus criadas de confidencia, duras, sangrientas y rigurosas disciplinas; en los advientos y cuaresmas eran estas más duras, y los Viernes de todo el año. El Jueves Santo embebida toda en las finezas de Dios, con un vestido de lana, salía a visitar las Estaciones, pasando toda la noche de rodillas en tierra, en contemplación. En las Letanías de la Ascensión, seguía las Procesiones con los pies descalzos. Cuando sentía dormido a su Esposo el Rey, se salía del lecho para hacer oración; el cual le cogió muchas veces en estos piadosos hurtos que hacía a su amor; pero disimulaba con prudencia, viendo mejorados los empleos en clamor de su Esposa, tal vez observando con silencio fus vigilias, la vio padecer a la violencia de sus afectos, desmayos que le obligaban a saltar de la cama para aliviar fu fatiga, rogándole volviese al descanso. Tenía la Santa una dueña virtuosa su confidente, y le dio orden para que tocándole los pies con cautela la despertase lentamente, para ponerse en su continua oración, y tal vez sucedió, que incautamente, errase la diligencia, tocando los pies del Duque, el cual reconociendo ser ardid de su Esposa para ocultar sus mortificaciones, no lo llevaba con desabrimiento. Estando el Duque ausente tenía ociosa la cama, trocando la delicada holanda por el riguroso suelo, recostándose vestida un tanto cuanto sobre la dureza de un estrado.
  
ORACIÓN
JESÚS mío, amor mío y bien eterno, que siendo por naturaleza impecable, puro, Santo y justísimo para enseñarme a desterrar la pereza que me desvía de la mortificación y penitencia, te retiraste a las soledades del Desierto, a la consecución de un prolijo ayuno que duró cuarenta días, ruégote, Señor de mi alma, por la aspereza grande de tu vida y por la penitencia de tu mortificada Oniquina Santa Isabel, me concedas, que desprendiendo de mí el amor propio, no me ame tanto; sino que castigando mi cuerpo y mis pasiones domellando, padezca algo por Ti en alguna satisfacción de lo mucho que padeciste por mí, que me sirva de espejo la Reina de Hungría Santa Isabel; pero que no atendiendo el qué dirán de este mundo, siga tus pisadas por el camino de espinas de la mortificación y penitencia. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» y los Gosos se rezarán todos los días.

DÍA SÉPTIMO – 16 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
HUMILDAD ALTÍSIMA DE SANTA ISABEL
No menos admirable que en las demás virtudes, resplandeció a los ojos de el mundo el abatimiento grande y humildad profunda del Sagrado Berilo Santa Isabel, pues en la actualidad de Reina y Señora de Hungría, juntaba doce pobres la tarde del jueves Santo, y entre ellos algunos leprosos, a quienes con profunda humildad lavaba los pies y se los besaba; pero aun más fervorosa aplicación de los labios en los pies leprosos, sin hacer ascos ni melindres de su immundicia. Retiróse ya viuda a un Hospital que había fundado a su costa, y estando en él hacía su semana en la cocina, aliñaba las camas, barría, limpiaba los inmundos vasos, y recetándole a uno de los enfermos leche de borrica, se allanaba a ordeñar a esta torpe bestia, porque corriendo por su mano la medicina la tomaba sin asco del paciente. Sea apoyo de su gigante humildad lo que le sucedió con una malagradecida vieja cuando la Santa estaba en las majestades de su Corona, vino a dar a su Hospital esta mujer, sus muchos años y los ascos de su dolencia la hicierón dos veces abominable, no pudiendo las enfermeras sufrir el corrompido aliento de sus llagas ni el hedor intolerable de sus inmundicias, le curó Isabel con tamo amor que a breves días salió a la calle sana, menos de su malicia. Andando la Santa demandando limosna cuando la arrojaron de su Palacio, se encontró con ella en un estrecho paso y muy lodoso de la calle, fue a pasar Santa Isabel, con poco reparo la primera, y la vieja le dio tal empellón, que la hizo caer en el lodo, tratándola de loca, temeraria y poco atenta a sus canas; levantóse como pudo la Santa Reina, lastimada de la caída y bien sucia del lodo, con modesto disimulo, le pidió le perdonase su grande desatención; pero más irritado el anciano basilisco a vista de su humildad, la hartó de hipócrita y embustera, y la volvió las espaldas, aumentando las arrugas a su abominable cara con la risa, mofa y escarnio de verla llena de lodo.
  
ORACIÓN
Poderoso Señor del alma mía, piélago insondable de perfecciones y amor mío, que como ejemplar de verdaderos humildes, quisiste, siendo Rey Soberano arrodillaros a los pies de unos rústicos pescadores para lavarles las plantas, con especialidad al mal agradecido y tirano Apóstol Judas, enjugándoselos con amor y besándoselos con humildad, ruégote, Dios y Señor mío, por tu rendido abatimiento y por la humildad profunda del Sagrado Berilo Santa Isabel, dé de mano a la soberbia, a la indignación y enojo, que sea manso de corazón, y que sufriendo con humildad las afrentas de esta vida, merezca, por la intercesión de la Santa Reina, el don de una perfecta humildad, para ser exaltado a la gloria. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA OCTAVO – 17 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
PUREZA Y CONTINENCIA DE LA REINA SANTA ISABEL
Destinó la divina Providencia y voluntad del Altísimo el que el agradecido Zafiro de la Reina Santa Isabel se enlazase con el estrecho vínculo del Santo matrimonio, pero deseaba mucho la Santa quedarse en el estado de Virgen, si no hubiera tenido por más grato sacrificio el entregarse a la voluntad divina y obediencia de sus padres. Ya puesta en el estado de viuda, un tío suyo Arzobispo Egberto de Bamberga, viéndola niña graciosa y linda (pues murió nuestra Santa a los veinte y cinco años de su edad, no cumplidos), hizo empeño de casarla con uno de los mayores Potentados de Alemania, y llegándole a tratar del nuevo estado a la Santa, respondió al tío con gran veneración, que por todas las conveniencias del mundo no faltaría al voto de castidad que a Dios tenía hecho. Tan amante con extremo del candor de la pureza, que no solo fue pura la Santa, sino que ya difunta, como Zafiro precioso tuvo virtud de hacer continentes y castos. Una mujer que padeció cuarenta años con grave mal de corazón, y con él una terrible tentación contra la pureza, llegó al féretro de la Santa, pidiéndole la librase de su impura tentación, desde aquel punto, ni el pensamiento ni el mal volvieron a combatirla. Otro atribulado, que vivió muchos años rendido al vicio de la lascivia, hallándose sin fuerzas para la resistencia por la habituación de su culpa, apeló a su patrocinio, por el cual consiguió de su pasión vencimiento; pues de las pasiones del alma, que son las más incurables, sabe sanar Isabel, para que los que padecen tribulaciones de espíritu recurran a nuestra Reina, en quien hallarán remedio y el antídoto a su mal.
  
ORACIÓN
Amoroso Jesús y Criador mío, hermosa flor de los campos y Azucena de los Valles, que por libertar de el cautiverio del demonio a una criatura impura caminasteis en su busca por los campos de Siquén, y fatigado con el peso de sus culpas, te sentaste a descansar en el pozo de Jacob para convertir tu abrasada caridad a una Samaritana perdida en una Santa Fotina, milagrosa. Suplícote, Padre mío, por estos pasos que diste, y por la continencia del Zafiro tu Esposa Santa Isabel, nos hagas castos y puros, que apartemos de nosotros el más leve pensamiento contra la Santa pureza; para que venciendo las tentaciones de la carne, que nos ofrece el mundo con ardides del demonio, triunfemos con valentía de todos tres enemigos, el mundo, demonio y carne. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 18 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
ARDIENTE CELO DE LA GLORIOSA SANTA ISABEL 
Si es el Carbunclo tesorero de las más brillantes luces, desterrando con sus rayos las más obscuras tinieblas. Carbunclo el más primoroso fue la Santa Reina de Hungría en el sagrado celo de la honra de Dios y salvación de las almas. Una noble matrona deseosa de cortar los malos pasos a un hijo entregado a las delicias del mundo, se lo llevó a nuestra Santa; conocióle el interior y lo hizo entrar con la madre, a quienes acompañó hasta su mismo Oratorio; púsose en oración Santa Isabel y comenzó a gritar: el mancebo se abrasaba. Prosiguió la Santa en su oración, y prosiguió también en el mancebo el arder, en tanto grado, que ya casi moribundo clamaba misericordia: cayó al suelo desmayado, llegando a socorrerle la Madre con unas criadas, estaban tan ardientes los vestidos que no se podían coger del mucho calor, ni sufrirle; y si el Carbunclo de Santa Isabel en la oración no apagara, así en polvo y cenizas le redujera. A los pobres que entraban en su Hospital, les obligaba a que antes de comenzar la curación del cuerpo, tomasen la medicina del alma en el Santo Sacramento de la penitencia, y como entrase un día una vieja rebelde en quererse confesar, procuró reducirla con lágrimas y consejos, y no pudiendo por este medio olvidó su natural mansedumbre, sacó una disciplina, y a puro azote la hizo pedir confesión. El ardiente fuego de su amorolo celo dio luces de nuestra Santa en su dichoso tránsito, pues inflamado su amante corazón abrasada fénix, en el purísimo incendio de la caridad, inclinó como para dormir la cabeza, dando su bendita alma en las manos del Criador, quedando el cuerpo hermoso, flexible, exhalando fragrancias y vertiendo aromas. Siendo clarineros de las virtudes de nuestra Santa copiosa variedad de Aves, que sobre los tejados de la casa formaron con dulcísimos gorgeos festivas honras a la avecita humilde y Reina Madre Santa Isabel.
  
ORACIÓN
Amante Padre de las almas, Señor y Redentor del universo, que manifestando el ardiente fuego de tu Santo y prodigioso celo, entraste en el Templo, y desterrando con rigor a los que profanaban sus lugares, nos diste a entender con tan celosa demostración lo que abominas la culpa y aborreces el pecado: Suplícote, Maestro mío, por el celo de la Poderosa Reina Santa Isabel, me enseñes el más perfecto modo de agradarte, que destierres de mí todo lo mal que me aparta de ti, que confiese mis culpas, que llore mis pecados, para que arrepentido de ofenderte, me vista la blanca vestidura de la gracia, para irte a gozar eternarnente en la Gloria. Amén.
   
Rezar seis Padre nuestros y Ave Marías gloriados. La oración «Amantísima Reina Santa Isabel» y los Gozos se rezarán todos los días.

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