miércoles, 1 de abril de 2020

MES DE ABRIL CONSAGRADO A SAN JUAN EVANGELISTA

Ejercicio devoto dispuesto por la R. M. Julia Abaunza del Pino ODN, priora del Convento de Nuestra Señora de la Enseñanza en Santiago de Compostela, y publicada por la Tipografía Galaica en 1900. Imprimátur por el Gobierno Eclesiástico del Arzobispado de Santiago, concedido el 8 de Mayo de ese año.
   
DIA 1: SAN JUAN EN EL CENÁCULO
¿Cómo serían las disposiciones interiores de San Juan Evangelista, cuando el Divino Salvador, después de haber convertido el pan en su preciosísimo cuerpo se lo dió para que lo recibiese? San Juan amaba mucho a Jesucristo y es de creer que, con esta primera Comunión dada por el mismo Divino Salvador, se aumentaría muy notablemente el amor del discípulo por el Maestro. ¿Qué disposiciones llevo a la Comunión? ¿Ofrezco siquiera al Señor el deseo de tener mi alma limpia, llena de fe, humildad y amor, como la tenían los Santos al comulgar?

SÚPLICA
Bienaventurado San Juan Evangelista, que tuvisteis el singularísimo y precioso privilegio de ser especialmente amado de Nuestro Señor Jesucristo: yo me gozo de esta predilección, con que Nuestro Señor os quiso honrar y distinguir; pero, Santo mío, os habéis de interesar mucho por mi alma y me alcanzareis de ese mismo Señor a quien tanto amasteis en la tierra y amáis ahora en el Cielo, una centella del amor en que se abrazaba y abrasa vuestro corazón por Jesucristo: escuchad mi ruego é interceded por mí.

Práctica: Ofreceré las disposiciones que tenían los Santos al comulgar, deseando tenerlas yo iguales, cuando vaya a recibir a Nuestro Señor.




DIA 2.
Cuando San Juan tuvo su cabeza reclinada sobre el pecho de Jesucristo, sentiría los latidos de su Corazón adorable... Amando como amaba al Salvador, ¿qué efecto haría en su alma aquel descanso en tan divina almohada, aquella proximidad a la Santísima Humanidad de Cristo Nuestro Señor? Cuando comulgo, ¿no me acerco yo a Jesucristo? ¿no puedo decir con verdad que tengo su Corazón Calidísimo dentro del mío? ¿y mis obras corresponden a esta inefable gracia?...


SÚPLICA
¡Oh bienaventurado y dichoso discípulo de mi Divino y amado Salvador! ¿qué experimentasteis cuando tan dulce y confiadamente recostado sobre el Corazón de Nuestro Señor, sentíais el calor de aquel volcán infinito de amor? Santo querido, por lo que entonces gozasteis, y por el aumento de caridad que allí tendría vuestra alma, interesaos por la mía, y alcanzadme caridad, aumento de amor a Jesucristo, porque el amor lo facilita todo, lo allana todo, y sobre todo está. Jesucristo es infinitamente digno de nuestro amor... y mi corazón es tan pequeño, tan frágil; ¡que de ahora en adelante sea todo de Dios!

Práctica: Muchos actos de fe y de amor, antes y después de comulgar.




DIA 3
¿Qué sentiría San Juan en su corazón, cuando Nuestro Señor Jesucristo dijo que uno de los que estaban a la mesa le había de entregar? ¿No desgarraría su corazón una profunda pena? Temería por sí mismo, y se añadiría en extremo de que semejante injuria se hiciese a aquel Señor, a quien tanto amaba. ¿Temo yo (teniendo para ello tantos motivos) ser infiel a Jesucristo? ¿me aflijo de las ofensas que se le hacen? Donde hay indiferencia, no hay amor.


SÚPLICA
No permitáis en mí, bienaventurado Apóstol y Evangelista San Juan, la indiferencia, la frialdad, la tibieza para con mi Divino Salvador. Santo querido, por aquel encendidísimo fuego de caridad de que participasteis, al estar reposando vuestra cabeza sobre el pecho de Jesucristo, alcanzadme a mí, pobre y frágil criatura, una centella de ese fuego divino y que prenda en mi corazón, dando con mis obras enteramente conformes a la voluntad de Dios testimonio de mi amor.

Práctica: Haré con el fin de agradar a Nuestro Señor todo cuanto haga en el día y siempre.






DIA 4
¿Cuál sería el motivo del amor especial con que Nuestro Señor Jesucristo distinguía a San Juan? El Santo Evangelio dice que este Apóstol era virgen y esta virtud de la pureza es sumamente amada de Jesucristo. ¡Cuánto se fortalecería esta virtud de la castidad en San Juan, con la intimidad y tierno amor que tenía a Nuestro Señor! ¿Amo yo esta preciosísima virtud que, por la infinita bondad del Señor he hecho voto solemne de guardar toda la vida? ¿pido a Dios gracia para ser fiel en cumplir lo prometido? ¿amo con todo mi corazón al que es fuente y principio de toda pureza?

SÚPLICA
Gloriosísimo Apóstol S. Juan, vuestra virginidad, vuestro amor a esta celestial virtud, robó el Corazón de Jesucristo. Os amó con tanta predilección, os permitió tener vuestra cabeza sobre su pecho, por vuestra singular pureza. Pues bien, Santo mío, rogad por mí y alcanzadme un grande amor a esta virtud y mucha fidelidad en cumplir con la mayor perfección que pueda el voto santo de castidad que hice en mi profesión. ¡Oh! Si amo a Jesucristo, todo lo haré según su santísima voluntad.

Práctica: Siempre que comulgue diré la fórmula de los santos votos.



DIA 5
San Juan debió agradar mucho a Nuestro Señor Jesucristo no sólo por su pureza, sino también por su humildad. Cuando cuenta en su Evangelio las distinciones que recibía de Nuestro Señor, no las dice nombrándose a sí mismo sino «el discípulo que amaba Jesús»; ¡qué lejos estaba de enorgullecerse y anteponerse a los demás! ¿Cómo practico yo esta virtud de la humildad, fundamento de todas
las demás virtudes? ¿me resiento, me da pena, si veo a las demás preferidas a mí?

SÚPLICA
Mi amado protector, San Juan Evangelista, muy necesitada estoy de esta virtud de la humildad; bien sé que sin ella no puedo agradar a Nuestro Señor, ni dar paso en la perfección de la vida religiosa; pero, Santo mío, nuestra natural inclinación a la soberbia es grande y yo veo que, a pesar de mis buenos deseos y propósitos, la práctica no corresponde a las inspiraciones santas, que recibo de Nuestro Señor. Por lo que sintió vuestro corazón al estar tan cerca del de Jesucristo, alcanzadme que, por amor al mismo Señor, yo practique la verdadera humildad.

Práctica: No hablar de mí misma y recordar estas palabras: «¿Qué tienes que no hayas recibido?»




DIA 6
¡Con qué atención escucharía San Juan todas las palabras que Jesucristo Nuestro Señor dirigió a sus Apóstoles, en aquella memorable noche! No sólo tendría este amado discípulo su atención fija en lo que escuchaba, sino que lo grabaría en su corazón: por eso sin duda tuvo valor para estar al pie de la Cruz. ¿Cómo oigo yo la palabra de Dios? ¿la grabo en mí corazón? ¿atiendo a las santas inspiraciones que vienen a mi alma? ¡Cuántos motivos tengo de humillarme y confundirme!

SÚPLICA
Bienaventurado San Juan Evangelista: Escuchasteis muchas veces las divinas enseñanzas de Jesucristo y ¿qué sentía vuestro corazón? ¿no se aumentaba en vuestra alma el bendito amor, que ardía en ella, por ese mismo Señor que con tanta caridad os enseñaba? ¿Ciertamente que se aumentaría y esto os pido yo hoy? Santo mío; que aumente en mí cada día el amor a Jesucristo y que todo lo que oiga, lo que hable, lo que sufra, sea leña que haga crecer este fuego celestial
en mi corazón.

Práctica: Muchos actos de amor.




DIA 7: SAN JUAN AL PIE DE LA CRUZ
San Juan estuvo cerca de la Cruz donde clavaron a Nuestro Señor. San Juan amaba mucho a Jesucristo; ¿cómo estaría allí su corazón? El amor le dió fuerzas para presenciar aquel espectáculo admirable y dolorosísimo... Jesús en la Cruz... y la Virgen en pie junto a la misma Cruz. ¿Cómo sigo yo a Jesucristo por el camino de la Cruz? ¿sé estar firme sufriendo con valor, y unida a Jesucristo? ¡Ay! que en la práctica veo cuánta es mi flaqueza y miseria!

SÚPLICA
San Juan Evangelista, mi amado protector, yo bien lo sé; seguir a Nuestro Señor por el camino del Calvario, estar constantemente abrazada a la Cruz, que Jesucristo nos da a la medida de nuestras fuerzas, es la verdadera señal de amor; Santo mío, que probasteis vuestro amor tan fielmente, sin apartaros de aquel lugar, donde tan terriblemente sufría nuestro amantísimo Redentor, alcanzadme a mí, tan cobarde, tan tibia, tan miserable, una centella de amor, que cambie por completo mi corazón... que en adelante nada me separe de Jesucristo, y tenga valor para todo por su amor.

Practica: Cuando tenga algo que sufrir, me esforzaré en tener una completa resignación con la divina voluntad.




DIA 8
A San Juan para perseverar junto a la Cruz en que estaba clavado Nuestro Señor Jesucristo, le ayudaría, y mucho, el ejemplo de la Santísima Virgen. ¡Cuánto se compadecería San Juan, de los sufrimientos del Hijo Divino, y de su Inmaculada Madre! ¿Por qué tengo yo tan poca firmeza en los buenos propósitos? ¿por qué no imito a la Santísima Virgen y me animo con su ejemplo a ser fiel a Nuestro Señor?

SÚPLICA
Bienaventurado Apóstol, que, con tanta fidelidad, aun antes que Nuestro Divino Salvador os confiara el cuidado de su Santísima Madre, acompañabais á esta celestial Señora, durante aquellas horas de tan intensos sufrimientos. Alcanzadme, os lo ruego, que yo recuerde con gratitud y con amor la pasión de Jesucristo, y los dolores de la Virgen María y este recuerdo me haga crecer en su amor, conforme en todo con su santísima voluntad y serles fiel hasta la muerte.

Práctica: Recordaré durante el día algún paso de la pasión del Salvador.





DIA 9
Cuando Jesucristo pronunció su primera palabra, los ojos de San Juan ¿no se fijarían en su Divino Maestro, a quien tanto amaba? Al dirigir Jesucristo Nuestro Señor su mirada y sus palabras a San Juan, dándole por Madre a la Inmaculada Virgen María ¿qué pasaría en el alma pura y en el corazón tan lleno ya de amor de este amado discípulo? Desde entonces ¡qué aumento tan notable tendrían la caridad, y todas las demás virtudes de este santo Apóstol!

SÚPLICA
Sois, dichosísimo San Juan, hijo adoptivo de la Virgen María, encargado por el mismo Dios hecho hombre de custodiar y proteger tan preciosísimo tesoro, la Inmaculada Madre de Dios. ¡Con qué solicitud, con qué cuidado, con qué amor cumplisteis los deberes que os imponía para con la Santísima Virgen la voluntad de su Divino Hijo! Santo mío, os lo ruego muy encarecidamente, alcanzadme que yo ame mucho a la Virgen María y que desde ahora en todo y siempre, mis obras manifiesten que soy y quiero ser hasta la muerte hija fiel suya.

Práctica: Ofreceré a la Virgen Santísima mi deseo de amarla y servirla, como San Juan Evangelista.




DIA 10.
San Juan, después de oír la tercera palabra que Nuestro Divino Redentor moribundo dijo en la Cruz, es de creer que se acercaría más aún a la Santísima Virgen, como para empezar a cumplir entonces mismo la voluntad del Señor. qué afectos de gratitud por aquel don preciosísimo de dolor por el que tendría la Virgen; ¡y de amor para con Hijo y Madre tendría este bendito Santo en su corazón! San Juan cumplió fielmente los deberes que el ser hijo adoptivo de la Virgen Santísima le imponía. Yo soy hija de la Virgen. En primer lugar, Nuestro Señor en la persona de San Juan nos hizo a todos hijos adoptivos de esta amantísima Madre; en segundo lugar, soy religiosa, y sin merecerlo, en un Instituto que le está especialmente consagrado. ¿Cómo cumplo los deberes de hija?

SÚPLICA
Quiero amar mucho a la Virgen Santísima, bienaventurado Evangelista, y probar con obras mi amor: alcanzadme que este deseo sea eficaz y constante de manera que en todos los días de mi vida aumente en mi corazón el amor a la Santísima Madre de Dios. Santo mío, ¿qué le pediréis a Nuestro Señor que no os conceda enseguida? pues interesaos por mi alma, para que, imitándoos en amar a Jesucristo y a la Santísima Virgen, en vuestra compañía los ame eternamente en el Cielo
.
Práctica: Hoy le diré muchas veces a la Santísima Virgen: «Madre mía, os doy mi corazón».




DIA 11
San Juan después de aceptar y agradecer el don que Nuestro Señor Jesucristo le hacía, dándole por Madre a la Santísima Virgen, siguió constante al pie de la Cruz; ¿qué sentimientos tendría en su corazón, cuando oyó a Nuestro Señor decir: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? San Juan sentía los sufrimientos de Jesucristo, y los dolores acerbísimos que sufría en su alma la Santísima Virgen. ¿Siento yo lo que padeció Jesucristo por mí? ¿recuerdo con compasión
y gratitud los dolores de la Virgen María?

SÚPLICA
Fiel y santo discípulo del Señor, glorioso San Juan Evangelista, ¡cómo vuestro corazón imitaría en lo posible al de la Virgen Madre en los sentimientos de amor y compasión hacia Jesucristo, en aquellas horas de su agonía en la Cruz! Santo mío, veíais sufrir al Hijo y a la Madre y vuestra, alma tomaba toda la parte que podía en aquellos incomprensibles sufrimientos. Alcanzadme que yo también, me complazca, ame y agradezca tan infinita caridad, para que correspondiendo fielmente a la gracia divina, eternamente ame y alabe a Nuestro Señor en el Cielo.

Práctica: Recordaré durante el día los sufrimientos de Nuestro Señor en la Cruz.




DIA 12
Tengo sed, fué la quinta palabra que en la Cruz se le oyó a Nuestro Señor; si San Juan amaba tanto a Jesucristo ¿qué sentiría al ver que no podía dar agua a su Maestro, ni el material que necesitaba su divino cuerpo, ni la de su corazón de la salvación de las almas (que era aún más vehemente) y le hacía sufrir más? La Santísima Virgen sintió intensamente no poder aliviar, siquiera con un poco de agua a su Hijo y San Juan sufriría también por lo que en esto la Virgen padecía. Yo sé que Jesucristo me pide a mí agua, es decir, me pide que le ame y que por él cumpla mis sagrados deberes. ¿Cómo correspondo yo a este deseo de mi Divino Salvador?

SÚPLICA
Bienaventurado Evangelista, discípulo tan amado de mi Divino Salvador. Mucho padecisteis al pie de la Cruz; pero y ¿cuánto se aumentó vuestro amor? Rogad por mí, y alcanzadme que sepa estar y esté firme y constante al pie de la Cruz, unida y conforme siempre a la divina voluntad, para que así crezca continuamente en mi alma la verdadera caridad y mi corazón esté abrasado en este celestial fuego hasta mi último aliento.

Práctica: Me diré a mí misma: si amo de veras a Nuestro Señor Jesucristo, todo se me hará fácil.




DIA 13
Nuestro Señor dijo aun en la Cruz, que todo estaba consumado; esta divina palabra que San Juan vería como las anteriores, le penetraría el corazón, dejando en él una enseñanza que le duraría tanto como la vida. Si Jesucristo cumplió todo lo que su Padre Celestial le encomendó que hiciera y padeciera en este mundo para bien nuestro: ¿San Juan no se esforzaría en cumplir la voluntad de Jesucristo, en todo lo que en general y en particular le había enseñado y encargado? Indudablemente que sí. ¿Me esmero yo en cumplir la voluntad de Dios? Bien sé por dónde sin temor de engaño se me manifiesta: lo que me falta es valor para mortificarme y vencerme.

SÚPLICA
Sí, Santo mío, me venzo poco, me mortifico poco, y esto ¿por qué? Porque mi amor es tibio y frío. Alcanzadme amor, porque si amo de veras a Nuestro Señor, para todo sacrificio tendré valor y tendré constancia, porque mi único deseo será cumplir la voluntad santísima de Dios.

Práctica: Llevar con paciencia las ocasiones de mortificación que se me ofrezcan.




DIA 14
Padre, en sus manos encomiendo mi espíritu. Estas fueron las últimas palabras que Nuestro Divino Salvador pronunció en la Cruz antes de expirar en ella por redimirnos. ¿Cómo estaría San Juan al oirías, y viendo en aquel rostro santísimo de Nuestro Señor las señales de su próxima muerte? La Virgen María escuchaba y veía todo, su alma estaba traspasada de dolor... San Juan lo comprendía así ¿no sufriría intensamente? Jesucristo me enseña admirablemente cómo debo yo encomendarle mi espíritu, mi corazón, mi alma, todo mi ser todo cuanto hay en mí debo entregarle ahora, para después tener eternamente la inefable dicha de amarle y bendecirle en el Cielo.

SÚPLICA
Bienaventurado San Juan Evangelista, visteis morir a Jesucristo, y escuchasteis sus divinas palabras llenas de enseñanza y amor, que pronunció durante el tiempo que permaneció vivo en la Cruz: ¡cómo penetrarían vuestra alma! Santo mío, alcanzadme, os lo ruego encarecidamente, que yo recuerde, medite, agradezca y corresponda, a lo que esas santísimas palabras me enseñan y al amor que Jesucristo me demostró muriendo en la Cruz por mí. Esto os pido y el que os imite, en compadecer y amar a la Virgen María Madre de Dios.

Práctica: Hoy recordaré lo que Nuestro Señor padecería las tres horas que estuvo en la Cruz.







DIA 15
Después de haber expirado Jesucristo Nuestro Señor, San Juan permaneció junto a la Cruz: allí vió cómo un soldado con su lanza traspasaba el sacrosanto costado del Salvador. Se puede considerar a San Juan corno el primero en tener devoción y amor entrañable al Sagrado Corazón de Jesús. ¿No deberé yo, a imitación de San Juan, penetrarme bien de lo que es el Corazón de Jesús y amarle con toda mi alma?

SÚPLICA
Amado Discípulo del Señor, que visteis con vuestros propios ojos, abrir ese santísimo costado de Nuestro Señor, y comprendisteis (como iluminado que estabais por la luz del Cielo y por el amor a Jesucristo) lo que significaba esa misteriosa abertura: ¡ay! Santo mío; mirad que mucho deseo me alcancéis gracia para que yo conozca el tesoro inefable que tengo en el Corazón Santísimo de Jesucristo y que de él me aproveche amándole, imitándole, y uniéndome en todo a su santísima voluntad.

Práctica: Reanimaré mi confianza, acordándome del Sagrado Corazón de Nuestro Señor, tan infinito en sus divinas perfecciones... y que me pertenece.





DIA 16
De la herida hecha por el soldado en el santísimo costado de Jesucristo, ya muerto en la Cruz, vió salir San Juan sangre y agua; distinguió la una de la otra ¿por qué? Su pureza, su amor, su constancia en permanecer al pie de la Cruz, y su cariño a la Virgen Madre, le harían que tuviese tan delicada vista en su alma. De aquella fuente divina dé donde brotó el agua que purifica y la sangre que da fuerza y vigor bebió este bienaventurado Apóstol, ya desde entonces, con muchísima abundancia.

SÚPLICA
¡Qué pureza la de vuestra alma! Amado Discípulo de mi divino Salvador. Después de decir en vuestro santo Evangelio, que visteis salir sangre y agua del costado de Nuestro Señor y que dais testimonio de que así fué y que vuestro testimonio es verdadero, ¿cómo dudar de que esta maravilla sucedió? Sí, glorioso Santo, sí; nos decís la verdad y creemos, pero nos falta amor: no hay en raí aquella gratitud que para con mi Señor Jesucristo debía tener. Me dejó por Madre a su Santísima Madre, y después de este don quiere mostrarnos de una manera clara y manifiesta que nos da su mismo Sagrado Corazón, y quiere que le abran el pecho para que sepamos está la puerta franca... y nos espera.

Práctica: Pediré en la Santa Misa que se aumente en raí y en mis prójimos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.




DIA 17
¿Qué tesoros se encierran en ese Corazón adorable de Jesucristo, que tan al por menor nos dice S. Juan fué traspasado por una lanza? Infinitos. El Corazón de Jesucristo es el Corazón de un Dios, que se hace verdadero hombre por redimirnos y salvarnos. ¡Cuánto debo agradecer y aprovecharme de este tesoro inmenso que el amado discípulo de Nuestro Señor nos muestra, al decirnos que fué herido (después de estar sin vida) el Corazón de nuestro Salvador!

SÚPLICA
Bienaventurado San Juan Evangelista, os lo ruego, enseñadme a enriquecerme con ese tesoro que me mostráis. Primero sentisteis sus latidos, teniendo vuestra cabeza reclinada sobre el pecho de Jesucristo; después visteis cómo se nos franqueaba la entrada en ese divino Corazón y las infinitas gracias que salían y saldrían continuamente de Él, figuradas por la sangre y agua, que de la herida salió. Santo mío, que apague en esta fuente divina mi sed; que ¿une, que trabaje, que sufra... unida siempre a este Santísimo Corazón.

Práctica: Me uniré en todo a Jesucristo.





DIA 18
Si está abierta la puerta del Corazón de Cristo Nuestro Señor, entremos en El. Aprenderemos allí todas las virtudes. Recibiremos gracias abundantes para poner en práctica, lo que este mismo Corazón divino nos pida de vencimiento y sacrificio.

SÚPLICA
Si rogáis por mí, glorioso San Juan Evangelista, sabré entrar en el Corazón santísimo de Jesús, permanecer en El, obrar conforme a los sentimientos, deseos y voluntad de este Corazón adorable, y hacerlo así es y será mi mayor felicidad en esta vida temporal, y sobre todo me será senda segura para contemplar y amar eternamente a mi Señor Jesucristo en el Cielo.

Práctica: Durante el día renovaré el recuerdo de la presencia de Dios.




DIA 19; SAN JUAN EN LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR
Del Corazón abierto de Jesucristo aprendamos la humildad. Esta virtud es el fundamento de todas las virtudes: sin ella no se puede agradar al Señor. ¿Procuro yo adquirirla? ¿crecer en ella?

SÚPLICA
Apóstol tan amado de Nuestro Señor y de la Virgen Santísima, rogad por mí y alcanzadme que yo imite lo más que pueda, ayudada de la divina gracia, a Jesucristo, poniendo en práctica lo que este divino Salvador nos dijo: aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Si os interesáis por mi alma, Santo mío, no dudo de que adelantaré en la práctica de esta virtud.

Práctica: No hablar de mí misma.




DIA 20
Después de la gloriosa y triunfante resurrección de Nuestro Señor, San Pedro y San Juan, se dirigieron al sepulcro; San Juan llegó más pronto y no entró, esperó a que llegara San Pedro y éste entró primero en aquel santo lugar, donde había sido colocado el cuerpo del Señor. ¿Por qué esperaría San Juan? ¿por qué, amando él tanto a Jesucristo, no se apresuró a penetrar en aquel lugar tan digno de ser venerado por todos los que amaban al Salvador? San Juan sabía que San Pedro era o iba a ser el Vicario de Jesucristo en la tierra: la humildad, el respeto, la consideración a su edad, que era mayor que la suya, contuvieron los impulsos de su amor y de su juventud.

SÚPLICA
Que me venza a mí misma, santo y glorioso Evangelista alcanzádmelo de Nuestro Señor. Que imite vuestro ejemplo, teniendo con todos mis prójimos las consideraciones, la caridad, la tolerancia que debo tener, si he de agradar como deseo a mi Divino Salvador; esta gracia os pido hoy y, además la de que mi corazón se haga cada día más débil y más fiel a las inspiraciones de la divina gracia.

Práctica: Sumo cuidado en hablar con caridad, sin mortificar a nadie.




DIA 21: SAN JUAN DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
Estando una vez pescando los Apóstoles en la mar, se les apareció en la ribera Nuestro Señor Jesucristo. San Juan conoció enseguida que era Nuestro Señor, y se lo dijo a San Pedro. Sin duda que el intenso amor que San Juan tenía a Jesucristo le hacía tener tan clara vista para conocer al Salvador.

SÚPLICA
Yo deseo mucho, santo y amado discípulo de Nuestro Señor Jesucristo, tener mi alma muy penetrada de fe y de amor: de fe que me haga conocer, considerar, imitar, en lo posible, a nuestro divino modelo. Cristo Jesús, y de amor, verdadero, práctico, constante, que no disminuya ni por las tentaciones, sufrimientos y penas de que tantas veces se pueda ver combatida nuestra alma... Santo mío, que tanto amasteis a Jesucristo, alcanzadme que yo le ame.

Práctica: Dios Nuestro Señor me dió el corazón para que le ame. ¿Y no lo emplearé en cumplir este deber tan dulce y tan provechoso para mí? Este recuerdo tendré durante el día.





DIA 22: SAN JUAN DESPUÉS DE LA ASCENCIÓN
La Santísima Virgen acompañaría después de subir Nuestro Señor al Cielo a San Juan Evangelista a todos los lugares, a donde su sagrado ministerio le obligase a ir; ¡qué dulce y santa compañía para el fiel discípulo del Señor! De qué cuidados, de qué atenciones, ¡de qué cariño rodearía este santo Apóstol a la Santísima Madre de Dios y Madre suya!... ¿No puedo yo pensar que la Santísima Virgen me acompaña desde el Cielo con su protección, si se lo pido, en todo lo que haga?

SÚPLICA
¡Dichoso Apóstol! ¡tantos años viviendo con la Virgen María! decid, santo querido: ¿qué sentía vuestro corazón, al ver esta benditísima Señora y Madre de Dios tan de cerca, oiría hablar, ver y contemplar un día y otro sus virtudes admirables? ¡Oh! vuestra alma no podría soportar tanta dicha sin especial gracia del Señor! Santo mío, alcanzadme, os lo ruego encarecidamente, un amor muy grande a la Virgen Santísima y que este amor crezca en mi corazón todos los días de mi vida.

Práctica: Ofreceré la Santa Misa dando gracias a Nuestro Señor de que nos diese por Madre a la Santísima Virgen.




DIA 23: SAN JUAN AL DAR LA COMUNIÓN A LA VIRGEN SANTÍSIMA
San Juan celebraría todos los días el Santo Sacrificio de la Misa. ¡Con qué disposiciones!... Daría diariamente la Santa Comunión a la Virgen. ¿Quién podrá ni figurarse siquiera, lo que pasaría en aquellos corazones, en el momento de recibir la Virgen la Sagrada Hostia, que San Juan le daba? ¿No puedo yo, al comulgar, suplir en parte mi tibieza y miseria, ofreciendo a Nuestro Señor las disposiciones de la Virgen María al comulgar?

SÚPLICA
Santo mío, ya lo veis, yo tengo muchas veces la dicha de comulgar, y lo conozco, no corresponden mis obras a este don celestial, que con tanta frecuencia entra en mi corazón: interesaos por mi alma, y por lo que sentía la vuestra al tener en las manos a Jesucristo Sacramentado y dárselo a la Santísima Virgen María, alcanzadme que, teniendo siempre un verdadero deseo de este Pan divino, lo reciba con muy santas disposiciones, durante la vida y en la hora de la muerte.

Práctica: Avivaré en mi corazón el deseo de comulgar.




DIA 24: SAN JUAN EN LA MUERTE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
¿Cuánto sería el dolor de San Juan al saber que la Santísima Virgen se iba a morir? Si tanto tiempo la tuvo por Madre y Maestra cariñosa y benignísima... San Juan en medio de su pena se conformaría enteramente con la divina voluntad; y atendería con el mayor cuidado a todo lo que necesitase la Virgen y a grabar en su corazón y en su memoria los encargos que esta benditísima Madre le hiciese. ¿Me conformo yo con la divina voluntad? ¿Atiendo y me fijo en lo que puedo hacer que agrade a la Virgen?

SÚPLICA
¡En qué soledad quedasteis Santo glorioso, después que la Inmaculada Virgen María fué a reunirse con su Santísimo Hijo y nuestro Divino Salvador en el Cielo! Muy intenso debió ser vuestro dolor, y sólo el considerar que así era la voluntad del Señor; a quien tanto amabais, os daría valor para carecer de aquella santa y dulce Madre... Santo mío, ahora que en el Cielo la veis, la amáis sin interrupción, sin peligro de perder esta dicha, acordaos de los que, en este mundo, donde tantos combates hay que sostener para llegar al Cielo, os piden auxilio y protección. Alcanzadme que me conforme siempre y en todo con la divina voluntad: y que pueda llegar a la bienaventurada Patria donde eternamente ame a Nuestro Señor y a la Virgen Santísima. Amén.

Práctica: Recibiré como enviadas por el Señor todas las contrariedades del día.



DIA 25: SAN JUAN EN LA PAILA DE ACEITE HIRVIENDO
¡Con qué alegría iría este santo Apóstol, cuando lo llevaban a martirizar! La caldera de aceite hirviendo en que debían meterle, no le intimidó y salió de ella remozado. ¿Por qué temo yo los sufrimientos?

SÚPLICA
Vuestro valor, amado y glorioso Apóstol, nacía del grande amor a Dios que abrasaba vuestro corazón. Santo mío, alcanzadme amor, que ame a Jesucristo con toda mi alma, para que así tenga ánimo para hacer y padecer cuanto Nuestro Señor quiera de mí.

Práctica: Me esforzaré en ofrecer enseguida cualquier cosa, que me ocasione sufrimiento, a Nuestro Señor.





DIA 26: SAN JUAN EN SU ANCIANIDAD
«Hijitos míos, amaos los unos a los otros». Palabras del glorioso Evangelista San Juan, cuando por su mucha edad no podía dirigir largas pláticas a sus discípulos. Sin amar de veras al prójimo no puede agradar a Dios el amor que le ofrezcamos. La prueba del amor son las obras; ¿es verdadero mi amor a Dios? ¿amo con verdadera caridad a mis prójimos?

SÚPLICA
La caridad, que tanto recomendabais, Discípulo amado de Nuestro Señor, que reine en mi corazón, que me haga sufrirlo todo, perdonarlo todo, y volver siempre bien por mal. Si, esta virtud, reina de todas, que no termina ni fenece con esta vida miserable, y que en el Cielo está en toda su perfección, deseo mucho se arraigue en mi alma, y vuestra intercesión me puede alcanzar esta gracia.

Práctica: En la Santa Misa rogaré y pediré a Nuestro Señor aumente en mí su amor.



DIA 27: SAN JUAN EN EL CIELO
A medida de los méritos es la recompensa. ¿Cuánta gloria tendrá, según esto, el bienaventurado San Juan Evangelista en el Cielo? Si en este mundo fué ya por el Divino Salvador tan distinguido este santo Apóstol, ahora en el Cielo ¿no serán sus súplicas muy bien acogidas por Nuestro Señor y la Santísima Virgen? Ciertamente que sí. Debo tener una confianza muy grande en la protección de San Juan Evangelista, y pedirle con constancia me alcance amar mucho a imitación suya a Jesucristo Nuestro Señor y a la Santísima Virgen María.

SÚPLICA
Sí, confío en vuestros ruegos, Santo glorioso, y, cuánto os agradará decirle a Nuestro Señor: «me piden aumento de caridad, os quieren amar con toda el alma, con la mayor intensidad; este deseo es justo, es santo: Maestro Divino, acceded a él». ¿No es verdad, Santo mío, ¿que esto os complace? Pues bien; hoy os hago esta súplica y que me sirva, aunque no la renueve, para todos los días de mi vida: quiero amar a Dios con toda mi alma, con todo mi corazón, y probar con obras la sinceridad de mi amor y esto me habéis de alcanzar de Nuestro Señor.

Práctica: Mucha confianza en la intercesión de San Juan Evangelista.




DIA 28: SAN JUAN Y EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
¿Cuánto se interesará San Juan en que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se aumente y se arraigue en todos los fieles, hijos de la Santa Iglesia Católica? Santa Gertrudis, Santa Margarita María Alacoque, el P. Hoyos, nos lo demuestran en sus escritos. Este deseo del amado Discípulo es muy natural. ¿Quién después de la Santísima Virgen y San José, estuvo en este mundo tan cerca de Jesucristo como él, que tuvo la cabeza reclinada sobre su Santísimo Corazón? Debo yo corresponder al deseo de este glorioso Santo y procurar penetrar mi alma de la sólida devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

SÚPLICA
Santo Evangelista, sí, haced que me entregue de lleno al cumplimiento de mis sagrados deberes, que todo lo haga y lo sufra por amor a mi Señor Jesucristo, y que el conocimiento de este divino Salvador, de sus virtudes, de sus ejemplos, sea el sustento de mi alma, unido a la oración y a la gracia de recibirle en el Santísimo Sacramento. Santo mío, que a estos tesoros de gracias corresponda de ahora en adelante por vuestra poderosa intercesión.

Práctica: Fidelidad en hacer con esmero las obras diarias.





DIA 29: SAN JUAN Y LA COMPAÑÍA DE MARÍA
Nuestra Madre fundadora, Santa Juana de Lestonnac, tenía especial devoción a este Santo Apóstol. ¿No corresponderá el glorioso Evangelista en el Cielo a nuestra Venerable Madre y se interesará por la Orden que ella fundó? Seguramente que sí. ¿No mirará con predilección a ejemplo del Divino Maestro, San Juan las casas donde de una manera especial se honre el Sagrado Corazón de Jesús? Entonces, confiemos que tendrá especial interés por la Comunidad y procuremos que sea aún más agradable a Nuestro Señor Jesucristo el culto interior, de amor y de reparación que le den nuestros corazones, que el exterior de solemnes festividades, que se celebran en nuestra Iglesia, y en uno y en otro no desfallecer para su mayor gloria.

SÚPLICA
Santo y amado Discípulo del Señor: cuidad de la Compañía de María; que os amó mucho, la que la fundó. Haced que seamos fieles a la gracia de la vocación, a la exacta observancia de las santas regias y que nos penetremos de su espíritu y nos conservemos en él, haciendo frente con valor a los obstáculos que a esto se oponen, y, Santo querido, ¿no os interesareis para que veamos pronto en los altares a nuestra Madre? ¡Oh! quizá nuestras faltas lo detienen; rogad para que, siendo fieles a la gracia, Nuestro Señor nos conceda lo que deseamos, si es su santísima voluntad.

Práctica: Esmerarme en la observancia de las santas reglas.




DIA 30: SAN JUAN, NUESTRO PROTECTOR EN LA HORA DE LA MUERTE
San Juan presenció la muerte de Nuestro Divino Redentor en la Cruz. Después de haberle visto agonizar ¿no será un buen intercesor para cuando nos llegue ese momento terrible? Vio también morir a la Santísima Virgen, y ¡cuánto debió sufrir!... Debo tener muy recomendado a este gran Santo se interese por mí de una manera muy especial en la hora de mi muerte.

SÚPLICA
Sí, bienaventurado Apóstol, discípulo especialmente amado de Nuestro Señor Jesucristo, hijo adoptivo de la Santísima Virgen María, sí, rogad por mí; todo lo que os he ido pidiendo en todos los días de este mes, de nuevo hoy os suplico que me lo alcancéis y que, de ahora en adelante, de una manera especial, me tengáis bajo vuestra protección, y cuidéis del aprovechamiento de mi alma, para que la ancianidad no me sea ocasión de desfallecer y entibiarme: no, Santo mío, no permitáis en mí, que me aleje de Nuestro Señor con voluntad, ni aun por una falta leve, y que, de día en día, crezca en mi corazón la verdadera caridad. En la hora de la muerte no me abandonéis, y por lo que vuestro corazón sintió al ver morir a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen, alcanzadme que amándolos yo con toda mi alma, arrepentida verdaderamente de mis pecados, y conforme y unida a la divina voluntad, salga de esta vida mortal, y vaya por la misericordia del Corazón Santísimo de Jesús a amarle y bendecirle eternamente en el Cielo. Amén.

Práctica: Pediré todos los días a Nuestro Señor la gracia de una buena muerte.

DÉCIMA A SAN JUAN EVANGELISTA
Discípulo tan amado
Del Divino Salvador,
Alcanzadme mucho amor
Puro, ferviente, acendrado.
En el Corazón Sagrado
De Jesús, hacedme entrar,
En Él siempre he de encontrar
Una muy dulce acogida:
Y allá, en el fin de la vida,
Llena de amor... expirar. Así sea.
A. M. D. G.

martes, 31 de marzo de 2020

LOS ENGAÑOS DE LA DICTADURA COMUNISTA CHINA (Para los que les gusta el comunismo chino)

Tomado de NOTICIERO DIGITAL.
   
VARGAS LLOSA Y LA PESTE CHINA
AMÍLCAR APONTE OCHOA
El recién pasado domingo 15 de este mes y año, como lo acostumbra semanalmente en el diario El País de España, nuestro Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa escribió un artículo que tituló “¿Regreso al Medioevo?”, donde destaca a la actual pandemia de la “Peste China”, como realmente debiera llamarse y no alcahuetamente Covid-19 o Coronavirus; donde en un párrafo apunta:
“Nadie parece advertir que nada de esto podría estar ocurriendo en el mundo si China Popular fuera un país libre y democrático y no la dictadura que es. Por lo menos un médico prestigioso, y acaso fueran varios, detectó este virus con mucha anticipación y, en vez de tomar las medidas correspondientes, el Gobierno intentó ocultar la noticia, y silenció esa voz o esas voces sensatas y trató de impedir que la noticia se difundiera, como hacen todas las dictaduras. Así, como en Chernóbil, se perdió mucho tiempo en encontrar una vacuna. Sólo se reconoció la aparición de la plaga cuando ésta ya se expandía. Es bueno que ocurra esto ahora y el mundo se entere de que el verdadero progreso está lisiado siempre que no vaya acompañado de la libertad. ¿Lo entenderán de una vez esos insensatos que creen que el ejemplo de China, es decir, el mercado libre con una dictadura política, es un buen modelo para el tercer mundo? No hay tal cosa: lo ocurrido con el coronavirus debería abrir los ojos de los ciegos.”
La franqueza allí condensada, de la responsabilidad del gobierno comunista Chino en esta catástrofe planetaria, catalogada por la OMS como una pandemia de consecuencias impredecibles e inimaginables, como es su costumbre cuando se le dice la verdad, le causó ira y de inmediato ordenó censurar a Vargas Llosa, sacando de circulación sus obras, a pesar de ser el escritor de habla hispana más leído en ese país.
   
Así mismo, la embajada China en la República del Perú emitió un comunicado donde entre otras cosas dice lo siguiente:
“No sabemos qué contribuciones ha hecho el Sr. Vargas Llosa para el combate contra el Covid-19 tanto en Europa como el Perú……”
No es del oficio o profesión de Vargas Llosa salir a contribuir a combatir esa “Peste China” en ninguna parte, pero sí es de su oficio como intelectual y escritor, además, por su talante democrático y como defensor a ultranza de la libertad de la ciudadanía de cualquier país oprimido, expresar públicamente mediante la denuncia certera, cuando se trate de disfrazar, matizar, esconder o reprimir la voluntad de los pueblos a ser libres, aún, a costa de sufrir cualquier represión en su contra por parte de los opresores y la China comunista ni con su propaganda, esto lo puede ocultar.
    
Lo que sí puede estar segura la dictadura comunista china, es que Vargas Llosa no ha contribuido en nada para que ese virus se haya propagado y cobrado tantas vidas, y una hecatombe planetaria, como ellos si lo han hecho.
   
Continúa el comunicado con: “Respetamos la libre expresión, pero eso no implica aceptar arbitrarias difamaciones y estigmatizaciones”; …la desfachatez y el cinismo son características que identifica a los comunistas, al grado de causar risa, como eso de que la dictadura comunista china respete la libre expresión, ni de pensamiento ni de nada; y creen que pueden jugar con el castellano: decir la verdad no es difamar, y estigmatizar según el diccionario es “Marcar a uno con un hierro candente”, el único hierro candente que utiliza el gobierno dictatorial y comunista chino es la opacidad, ocultismo, falacias, embustes y las mentiras que dicen.
Concluye el escrito de la embajada china con: “La embajada china seguirá defendiendo firmemente la imagen y dignidad de nuestro país”; sería muy bueno que lo hicieran devolviendo la libertad a un pueblo oprimido, censurado, sin libertad y que alguna vez digan la verdad.
Es público, notorio y comunicacional, el basamento de lo expuesto por Vargas Llosa, verdades que a continuación indicamos:
  1. La peste que asola al planeta es de origen Chino, aunque por celestinaje la OMS no lo diga, o es que acaso no se inició en una población denominada Wuhan, ¿Dónde queda, pues?
  2. En diciembre del 2019 tenían identificado el virus y comprobado que se trasmitía a los seres humanos, la dictadura impidió que los científicos alertaran al mundo y dar la información, antes por el contrario ordenaron destruir las muestras de laboratorio que explicaban la causa de la neumonía viral.
  3. Durante todo el mes de enero los asesinos del gobierno chino negaron que lo que ocurría fuera un caso de transmisión persona a persona.
  4. Esa dictadura comunista es tan brutal y malévola que hicieron callar a los médicos y científicos que querían alertar al mundo de la gravedad de la “Peste China”.
  5. El Dr. Li Weliang en diciembre empezó a alertar a sus compañeros de la escuela de medicina sobre lo contagioso del virus, parecido al SARS que el año 2000 se esparció desde China al resto del mundo y causó muchos muertos.
  6. El Dr. Li Weliang fue arrestado por la dictadura y para liberarlo tuvo que suscribir un documento donde aceptaba haber cometido un error, hacer declaraciones falsas en las redes sociales y se comprometía a reflexionar sobre sus errores.
  7. La policía de la dictadura utilizó durante varias semanas la televisión pública, única que hay, para desacreditar a dicho Médico y pedían a la población a no creer en rumores.
  8. El Dr. Li Weliang junto a otros Médicos fueron silenciados, murió a los 34 años contagiados por el virus y dejó una esposa embarazada y un pequeño hijo, así respetan la libertad de expresión los comunistas chinos.
  9. Una dictadura comunista tan genocida, que promovió el banquete del año nuevo lunar a finales de enero, festividad tradicional donde millones de chinos se trasladaron a otras localidades para visitar familiares, a pesar de la información que tenía pero ocultaban, y de la velocidad del contagio entre personas.
  10. El 23 de enero aproximadamente 5 millones de chinos abandonaron Wuhan, y prominentes chinos que criticaron la actitud de la dictadura, fueron desaparecidos.
  11. Escondieron información, destruyeron muestras de laboratorio, frenaron pruebas, negaron durante varias semanas la transmisión viral, y no tomaron ninguna medida para evitar que el virus se propagara por el planeta.
  12. Un estudio publicado este mes concluyó que si la dictadura comunista china hubiera actuado en diciembre del 2019 diligentemente, la cantidad de contagios podría haberse reducido en un 95% y su extensión geográfica se habría limitado.
  
Con todos estos elementos y partiendo del principio según el cual, todo aquel que cause un daño está en la obligación de repáralo y resarcirlos, la dictadura comunista china debe subvencionar a los países que están sufriendo de esta pandemia, en el caso de Venezuela el gobierno en vez de solicitar préstamo al FMI, debe exigirle a su socio china la indemnización por los daños causados por el virus, pero además, por su contribución al desastre económico que padecemos.
  
La dictadura comunista china ha cometido un delito de lesa humanidad, y debe buscarse la manera de solicitar su enjuiciamiento.
  
Mario Vargas Llosa es de nuestro patrimonio, del mundo libre y no debemos permitir que sea denigrado por unos asesinos, opresores, déspotas, tiranos comunistas.
   
¡¡¡¡Libertad!!!!, difúndelo.

EL CRUCIFIJO DE SAN MARCELO, DAÑADO POR LA LLUVIA

Noticia publicada en FINESTRE SULL’ARTE.
    
IL MESSAGGERO: “DAÑADO EL CRUCIFIJO DE SAN MARCELO EN EL CORSO”. LA LLUVIA HABRÍA INFLADO LA MADERA
Artículo escrito el 29 de marzo de 2020, 14:31:29 (hora local)
   
   
No fue una buena idea exponer el Crucifijo de San Marcelo en el Corso bajo la lluvia batiente que antier, viernes 27 de marzo, caía sobre Roma: las imágenes de la bendición urbi et orbi del papa Francisco, del resto, nos han mostrado que la escultura del siglo XIV fue expuesta al agua y, en algunos primeros planos, se veían las gotas correr inequivocablemente el cuerpo de Cristo clavado en la cruz. Es una obra de los años setenta del Trecento (os hemos contado la historia), y estando a cuanto hoy informa el Messaggero, la exposición bajo la lluvia habría provocado serios daños a la escultura.
  
“Casi dos horas bajo el agua han inflado el secular leño” [sic], se lee en el artículo firmado por Franca Giansoldati. “Los estucos en diversos puntos han saltado, así como partes del ligero barniz antiguo, en algunas secciones después la témpera utilizada por el anónimo artista para diseñar la sangre que brota del costado se ha soltado, se ha rizado la superficie lígnea labrada sobre los cabellos, y arruinados algunos particulares sobre los brazos. Los daños están en fase de evaluación y para esto la estatua fue recubierta con prisa y prontitud en el Vaticano donde hay a disposición laboratorios de reconstrucción y restauración. Parece que a ninguno ayer al medio día haya tenido de en mente que una pieza de tal antigüedad como esa podría afrontar alteraciones bajo el temporal. Y ahora hay quien se pregunta por qué el antiguo crucifijo no fue puesto en otra parte, protegido quizá bajo el gran cobertizo papal, protegido de la lluvia batiente. Habría quedado poco espacio, cercano al escaño sobre el cual se sentaba el papa Francisco”.
  
No parecen haber llegado comentarios al respecto por el Vaticano, ni mucho menos del Estado italiano, visto que el Crucifijo de San Marcelo en el Corso es una obra de propiedad estatal, tutelada por el Fondo de Edificios de Culto del Ministerio del Interior, al cual pertenece la iglesia de la vía del Corso junto con todo su patrimonio.
   
“Los malignos”, reporta Giansoldati, “afirman que la decisión de abandonar el crucifijo milagroso a la intemperie vino del jefe de ceremonias litúrgicas, monseñor Guido Marini, a fin de poder dejar íntegra la coreografía esencial: el Papa solo bajo el cobertizo iluminado, sobre el sagrado, sin ningún otro elemento”. Pero de cada quién sea la culpa, ahora nos encontramos con una obra que habría sufrido daños importantes, porque es como si alguien le hubiese tirado encima cubetadas de agua, y obviamente todos saben cuántos daños puede provocar la humedad a la madera, especialmente si es antigua. Ahora tocará evaluar qué ha sucedido y, en el caso que los daños sean ingentes, comprender si será posible recuperar la obra, y cuánto costará hacerlo. Cuando bastaba sencillamente ponerla a resguardo.
  
Por Federico Giannini e Ilaria Baratta*
   
   
“Hizo la planta y modelo, y después comenzó a hacer murar la iglesia de San Marcelo de los hermanos de los Servi, obra verdaderamente bellísima”: la iglesia de la que habla Giorgio Vasari en sus Vidas es aquella de San Marcelo en el Corso, antiguamente conocida como San Marcelo en la vía Lata, el espléndido edificio que se encuentra en el tramo final de la vía  del Corso, casi llegando a la plaza Venecia, y el autor es el arquitecto florentino Jacopo Sansovino (Jacopo Tatti; Florencia, 1486 - Venecia, 1570), que en 1519 se ocupó de su reconstrucción, proseguida por mucho tiempo a causa de diversas vicisitudes (el saqueo de Roma que alejó a Sansovino de la ciudad, una riada, retrasos varios), tanto que solo en el siglo XVII  la iglesia pudo ser completada con la fachada proyectada oir Carlo Fontana (Rancate, 1638 - Roma, 1714). El edificio precedente, que tenía una orientación diferente (la fachada estaba sobre el lado opuesto respecto a la actual), fue destruida en la noche entre el 22 y el 23 de mayo de 1519: la tradición afirma que la única manufactura sobreviviente del incendio fue un crucifijo lígneo que decoraba el altar mayor.
  
Se trata de una obra del Trecento tardío, de la cual todavía ignoramos el autor: en la época, Roma registraba una conspicua presencia de obras similares, obras consideradas frecuentemente como taumatúrgicas y por esto objeto de constante devoción, sobre todo en la época de la Contrareforma, cuando la Iglesia debía restablecer una fe que estaba vacilante bajo la oleada de la reforma protestante. El crucifijo de San Marcelo en el Corso, fijado por los estudiosos (la última fue la historiadora del arte Claudia D’Alberto) en los años setenta del siglo XIV, está inserto en una estrecha red de envíos de obras similares, presentes en las iglesias romanas, y pertenecientes al mismo período: el nuestro, por ejemplo, está puesto en relación de dependencia con el más antiguo crucifijo de la iglesia de San Lorenzo en Dámaso, del cual toma la estructura con la parte superior del cuerpo que forma un triángulo, el fortísimo patetismo del rostro sufriente, las costillas y los pectorales muy señalados. Hay una distancia de casi cincuenta años entre las dos obras (el de San Lorenzo en Dámaso sería de la primera década del 1300), y por consecuencia la obra de San Marcelo en el Corso se presenta estilísticamente más actualizada, pero la la matriz es común: el modelo, en específico, parecería llegar del norte de Europa, circunstancia tenida en aquel tiempo en gran consideración en cuanto el crucifijo de San Lorenzo en Dámaso parecería ligado al culto de Santa Brígida de Suecia. La patrona del estado escandinavo, que vivió entre 1303 y 1373, transcurre entre la última parte de su propia existencia en Roma, y sus escritos (en particular por el Sermo Angélicus) parece que fuese devota del crucifijo de San Lorenzo en Dámaso: fácil pues imaginar cómo los artistas se han prodigado en numerosas reproducciones de la imagen arquetípica, y el mismo crucifijo de San Marcelo en el Corso es una prueba.
  
De todos modos, el crucifijo, salido ileso de las llamas que destruyeron la iglesia de San Marcelo en el corso en 1519, fue enseguida considerado milagroso por la población, y esta su luminosa fama creció cuando, en agosto de 1522, el cardenal español Raimundo Vich, obispo de Valencia y Barcelona, para desterrar una pestilencia que estaba desatada en Roma quiso llevar el crucifijo en procesión por toda la ciudad. El rito duró dieciocho días y terminó con el ingreso del crucifijo de San Marcelo en Corso en la basílica de San Pedro: en el entretiempo, la epidemia se había ralentizado, y este evento contribuyó a la reputación del crucifijo, que devino después protagonista de ulteriores procesiones, porque casi desde entonces se ha mantenido la usanza de llevar el crucifijo de San Marcelo en el Corso en ocasión de años santos o de eventos particulares. La procesión del crucifijo de San Marcelo es pues atestiguada durante diversos jubileos: en 1675, del aparato escenográfico dispuesto en torno a la procesión se ocupó el mismo  Carlo Fontana, una ulterior procesión fue organizada para el jubileo extraordinario del 1933-1934, y el crucifijo fue aún el centro de los eventos religiosos para el jubileo del 2000, cuando fue llevado a San Pedro y fue abrazado por Juan Pablo II en ocasión de la Jornada del perdón. Los eventos nos traen después al 27 de marzo del 2020, cuando el crucifijo hizo también el recorrido desde San Marcelo en el Corso a San Pedro, pero sin procesión a causa de las medidas de contención dispuestas para contrastar la pandemia de Covid-19 [sic] por coronavirus que se abate sobre el mundo entero: en esta ocasión, el papa Francisco hace poner el crucifijo ante la entrada de la basílica de San Pedro para invocar la gracia de Dios contra el dilagar de la pandemia.
   
Volviendo a la historia antigua, el evento del 1522 llevó a un grupo de fieles, guiados por algunos nobles romanos, a fundar ese mismo año una confraternidad, la Compañía de los disciplinados, cuyo estatuto fue aprobado por el papa Clemente VII en 1526 y confirmado por Julio III en 1550. Los cofrades obtuvieron el juspatronato de la cuarta capilla de la derecha en la nueva iglesia de San Marcelo en el Corso: se trata del ambiente que, hasta ahora, alberga el crucifijo trecentesco. Una de las primeras providencias de los cofrades fue la de ornar de frescos la capilla, y para hacerlo decidieron dirigirse a uno de los más importantes pintores de la época, Perin del Vaga (Piero di Giovanni Bonaccorsi; Florencia, 1501 - Roma, 1547). Sigue contando Giorgio Vasari el acontecimiento en sus Vidas: “por las alabanzas dadas en la primera obra hecha en San Marcelo, fue deliberado por el prior de aquel convento y por algunos jefes de la Compañía del Crucifijo, la cual tiene una capilla fabricada por sus hombres para reunirse, que ella se debía pintar; y así otorgaron a Perino esta obra, con esperanza de tener algo excelente de él”.
  
Perin del Vaga decoró la capilla presumiblemente entre 1525 y 1527 antes de dejar la ciudad, también él por el saqueo de Roma, tanto que terminó los frescos fue Daniel de Volterra (Daniele Ricciardelli; Volterra, 1509 - Roma, 1566), y tal vez el proyecto original afrontó modificaciones, porque hoy está degorada solamente la vuelta de la capilla, mientras el resto del local está sin adornos. Además, una ruinosa restauración de 1866 ha causado la pérdida de algunas figuras que decoraban la vuelta: en particular, no vemos más los ángeles con los instrumentos de la Pasión y los desnudos dispuestos sobre las cornisas del arco (sustituidos por modernas decoraciones en estuco). Perino pinta, en el centro de la vuelta, la escena de la Creación de Eva, mientras que sobre los lados los evangelistas: ejecutó en autonomía las figuras de Marcos y Juan, mientras que las de Mateo y Lucas fueron terminadas por el pintor volterrano. Vasari describe con claridad estas labores: “hizo en la vuelta a medio barril, en el medio, una historia cuando Dios, hecho Adán, saca de su costilla a Eva su mujer, en la cual se ve a Adán desnudo, bellísimo y artificioso, que yace oprimido del sueño, mientras que Eva se levanta vivísima con las manos juntas y recibe la bendición de su hacedor: la figura del cual esta hecha de aspecto riquísimo y grave, en majestad, derecha, con muchos paños alrededor, que van en solapas hacia el desnudo, y por una banda en mano derecha dos Evangelistas, de los cuales acabó completos San Marcos y San Juan, excepto la cabeza y un brazo desnudo. Hizo en medio entre uno y otro dos putti que abrazan para ornamento un candelabro, que verdaderamente son vivísimos de carne, y semejantemente muy bellos los Evangelistas, en las cabezas y en los paños y brazos y todo lo que Él hizo de su mano”.
  
Si los santos Marcos y Juan están muy arruinados (infiltraciones de humedad han dañado en modo grave las pinturas) y los otros son en parte signados por la intervención de Daniel de Volterra, que en la época en que se completó (entre 1540 y 1543) tenía más de 30 años como aytudante de Perin del Vaga, pero también comenzaba a madurar los primeros trabajos como artista independiente, el recuadro central con la Creación de Eva es uno de los más finos testimonios del arte de Perin del Vaga, que funda su estilo sobre la simplicidad compositiva, sobre el empleo de fuertes cangiantismos (dos colores en contraste), sobre la monumentalidad de los volúmenes que remiten a los precedentes de Miguel Ángel (y esto vale también y sobre todo para los evangelistas), sobre las posturas elaboradas. La Creación de Eva es por otra parte la obra que suscitó el interés de un gran historiador del arte como Giuseppe Fiocco, que en el 1913, en su ensayo publicado en el Bollettino d’arte, después de haber reconstruido la historia de la obra, criticó antes la figura del Padre Eterno, “desde la bella cabeza libremente inspirada en el Moisés de Buonarroti”, pero “que tiene como ahogado el cuerpo en los muchos pliegues de los paños”, y “la Eva corpulenta, aunque vivacísima en el movimiento”, para después alabar sin reservas “el artificioso desnudo de Adán, menos ciegamente calcado sobre su terrible modelo, y sumergidísimo en el abandono del sueño y en la elegante proporción del cuerpo”. Un desnudo que no será hacer difícil resaltar, dada la postura, al Dios fluvial de Miguel Ángel hoy propiedad de la Academia de las Artes del Diseño. Fiocco resaltaba después los reclamos rafaelescos, en particular en los putti que animan los recuadros con los evangelistas y que reclaman al Rafael de los frescos de Santa María de la Paz.
  
No son estas sin embargo las únicas obras de arte que acompañan la historia del crucifijo de San Marcelo en el Corso: hay de hecho pinturas que narran precisamente los acontecimientos. En 1564, la Compañía de los disciplinados fue elevada al rango de archiconfraternidad y por consecuencia aumentó el número de los miembros, tanto que el sodalicio tuvo la necesidad de dotarse de una nueva sede, de un lugar de culto más grande de la capilla en la iglesia de San Marcelo en el Corso: ya que algunos años antes, en 1556, dos miembros de la confraternidad, Cencio Frangipani y Tommaso de’ Cavalieri (Roma, 1509 - 1587), este último conocido por su gran amistad con Miguel Ángel, individualizaron el posible lugar (un terreno ocupado por dos stalle, no lejano de la iglesia de San Marcelo en el Corso) sobre el cual se habría edificado el Oratorio del Crucifijo. La primera pieda fue solemnemente puesta por el cardenal Ranuccio Farnesio (una lápida recuerda que el cantero pudo partir gracias a los recursos ofrecidos por él y de su hermano Alejandro) el 3 de mayo de 1562 y la edificación del oratorio terminó ya al año siguiente: los trabajos, sin embargo, fueron completados en 1568 cuando fue erigida la fachada, según el proyecto del joven arquitecto Giacomo della Porta (Porlezza, 1532 - Roma, 1602), que fue responsable de todo el edificio (tenía solo treinta años cuando presentó el diseño del oratorio a la confraternidad) En los años siguientes se sucedieron las intervenciones artísticas: el cielo raso de madera artesonada fue terminado entre 1573 y 1574 (será sustituido después en 1879), y entre 1578 y 1583 se procedió con los frescos de las paredes laterales, que debían relatar las Historias de la Cruz, en las cuales trabajaron, bajo la supervisión del mismo Tommaso de’ Cavalieri y del pintor Girolamo Muziano (Acquafredda, 1532 - Roma, 1592), algunos entre los más grandes pintores de la época, y entre ellos Giovanni de’ Vecchi (Borgo Sansepolcro, 1536 circa - Roma, 1614), al cual se debe la elaboración del esquema general, Niccolò Circignani llamado el Pomarancio (Pomarance, 1530 circa - después 1597), Cesare Nebbia (Orvieto, 1536 - 1614), el otro Pomarancio, o sea Cristoforo Roncalli (Pomarance, 1553 circa - 1626), Baldassarre Croce (Bolonia, 1558 - Roma, 1628) y Paris Nogari (Roma, 1536 circa - 1601). De’ Vecchi era el pintor preferido de Alessandro Farnesio, Nebbia era el mejor de los alumnos de Muziano, Circignani había trabajado con todos los otros tres, mientras Croce, Nogari y Roncalli fueron “reclutados” por las canteras de la Galería de las Cartas Geográficas del Vaticano, donde todos los tres estaban activos en los años ochenta junto a Circignani (fue con toda probabilidad él quien recomendó a sus colegas).
   
La contrafachada fue en cambio totalmente decorada con frescos que relatan las historias de la confraternidad, en las cuales están obviamente incluidos los acontecimientos del crucifijo milagroso de San Marcelo en el Corso. A fin de la lectura cronológica de los sucesos narrados, tenemos el crucifijo de San Marcelo que sobrevive al incendio de la iglesia (obra de Cristoforo Roncalli), la procesión del crucifijo de 1522 (de Paris Nogari), la aprobación de los estatutos de la Compañía de los disciplinados (de Baldassarre Croce) y la fundación del convento de las monjas capuchinas en el Quirinal (de Cristoforo Roncalli): este último fue construido en 1571 por la Compañía de los disciplinados después de recibir en donación el área que habría albergado el edificio de la noble Juana de Aragón Colonna, duquesa de Tagliacozzo. La decoración de la pared de entrada comenzó en 1583, poco después de completar las paredes laterales, lo hipotizamos sobre la base del único pago que se conserva, relativo a la escena de la fundación del convento de las capuchinas del Quirinal): los frescos fueron conducidos estilísticamente en forma muy homogénea, tanto que la escena con la aprobación de los estatutos fue en el pasado atribuida a Nogari, pero en 1963, durante los trabajos de restauración que involucraron todo el oratorio, fue descubierta la firma de Baldassarre Croce y fue posible por tanto reconducir al boloñés la escena. Típicos ejemplos de la manera romana, los frescos del Oratorio del Crucifijo se distinguen por su gran facilidad de lectura, la presencia de pocas figuras dotadas de proporciones importantes, la amplitud de los volúmenes (se ven las figuras en primer plano en la escena de la procesión). Sobre las escenas destacan las de Cristoforo Roncalli, que se distinguen de la de Croce (esta última, por otra parte, muy arruinada) y por el episodio representado por Nogari para una mayor precisión formal, por las figuras menos esteoretipadas, por el lenguaje más potente (basta ver la figura en primer plano en la escena del incendio).
   
El Oratorio continuó enfrentando refacciones en los siglos siguientes, comenzando por el altar mayor, restaurado en 1740 para acoger mejor el crucifijo cinquecentesco, inspirado en el de San Marcelo en el Corso, donado por un fiel en 1561. Diversas restauraciones siguieron en el siglo XIX, en el momento que la pequeña iglesia fue dañada durante la ocupación napoleónica, mientras que entre los siglos XIX y XX la pérdida de fieles y la menor actividad de la confraternidad arrojaron al oratorio en el olvido: solo en el 1963, cuando el edificio fue confiado al cuidado de las Hermanas de Betania, resurgió con una restauración dirigida por Arnolfo Crucianelli, y posteriores intervenciones se han conducido en 1989 y en el 2000, estas últimas en ocasión del jubileo de aque año, con la restauración de la fachada. Hoy, el oratorio del crucifijo es sede del Oratorio Musical Romano, que prosigue la secular tradición de los conciertos de música sacra que se tienen siempre dentro del edificio casi desde el siglo XVI.
  
En cuanto al crucifijo de San Marcelo en el Corso, la obra continúa siendo objeto de fuerte veneración. Y para mantener vivo el culto de la obra milagrosa, está hoy la archiconfraternidad del Santísimo Crucifijo en la Urbe, heredera de la Compañía de los disciplinados, y activa en el edificio de culto de la vía del Corso, que sigue acogiendo a millares de fieles y devotos que concurren a orar ante esta escultura. Como por quinientos años a esta parte.
  
Bibliografía de referencia
  • Kira Maye Albinski, Art, ritual and Reform: the archconfraternity of the Holy Crucifix of San Marcello in Rome, tesis doctoral en Historia del Arte, The State University of New Jersey, 2017
  • Claudia D’Alberto, Roma al tempo di Avignone. Sculture nel contesto, Campisano Editore, 2013
  • Stefano Pierguidi, Un cantiere ‘gregoriano’ fuori dal Vaticano: l’oratorio del SS. Crocifisso in Claudia Cieri Via, Ingrid D. Rowland, Marco Ruffini (editor), Unità e frammenti di modernità: arte e scienza nella Roma di Gregorio XIII Boncompagni, 1572 - 1585, Serra, 2012, pp. 265-275
  • Emanuela Chiavoni, Il disegno di oratori romani: Rilievo e analisi di alcuni tra i più significativi oratori di Roma, Gangemi, 2008
  • Rhoda Eitel-Porter, The Oratorio del SS. Crocifisso in Rome Revisited in The Burlington Magazine, Vol. 142, No. 1171 (octubre 2000), pp. 613-623
  • Laura Gigli, San Marcello al Corso, Palombi Editore, 1996
  • Sandro Benedetti, Sergio Zander, L’Arte in Roma nel secolo XVI, Cappelli, 1992
*Federico Giannini e Ilaria Baratta son los fundadores de FINESTRE SULL’ARTE.

MES DE MARZO EN HONOR A SAN JOSÉ - DÍA TRIGÉSIMOPRIMERO

  
PREPARACIÓN PARA CONSAGRARSE COMO ESCLAVO DE CONFIANZA AL CASTO CORAZÓN DE SAN JOSÉ
   
La verdadera devoción a San José consiste esencialmente en la confianza ilimitada en la intercesión de este Santo Varón, en la imitación de sus virtudes y en el amor filial que se le profese. Ser su devoto quiere decir tratar de amar al Padre Celestial como él lo hizo; y poner la vida, los bienes y todos los actos del día bajo su paternal patrocinio.
  
Los que quieran ser fieles devotos del Padre Protector de la Iglesia, y verdaderos servidores de su culto, deben consagrarse a él como sus esclavos. Pero como se ama lo que se conoce, es fundamental para esta alianza admirarse con su vida a través de la Vida y Mes del glorioso patriarca San José que escribiera el Padre Antonio Casimiro Magnat, incluido a continuación.
   
La esclavitud del santo exige recitar una fórmula que indica la dedicación de la vida entera al servicio de su piedad. Significa alabar al benditísimo Patriarca desde que aparece la primera luz del día hasta que se va al lecho, para lo cual, también el último día de este mes, entregaremos una pequeño Devocionario Josefino con las oraciones del cristiano al amparo de San José.
   
Quienes deseen manifestarse como verdaderos devotos del Castísimo Esposo de Nuestra Santa Madre, deben luchar por ser almas de oración que frecuenten los sacramentos, amantes del silencio, la pureza, modestia y humildad, tener una encendida caridad y una vida que se realice en la laboriosidad y el ocultamiento. Y para alcanzar tan altas aspiraciones, es que a él recurriremos diciendo cada día en el Acordaos: “que nunca se ha oído decir que ninguno de los que ha invocado vuestra protección o implorado vuestros auxilios, hayan quedado sin consuelo”.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Oh, Dios Omnipotente!, arrepentido por las muchas culpas que he cometido contra vuestra divina majestad, vengo a solicitar de vuestra misericordia infinita generoso perdón. Por la valiosa intercesión del Santísimo Patriarca Señor San José os suplico humildemente que me concedáis nuevas gracias para serviros y amaros, a fin de que después de haber combatido denodadamente en esta vida, tenga la dicha de alcanzar el galardón eterno a la hora de la muerte. Así sea.
   
DÍA TRIGÉSIMOPRIMERO — 31 DE MARZO
  
CATECISMO DE SAN JOSÉ
40- ¿Cómo fue favorable a los hombres la exaltacion de José?
Así como la gloria de José fue un homenaje a sus méritos, del mismo modo el poder con que Dios le honró es un recurso en nuestras necesidades. No podemos dudar de ningun modo, dice San Francisco de Sales, que este glorioso Santo tenga mucho crédito en el Cielo, cerca de aquel que tanto le ha favorecido y que le elevó en cuerpo y alma.
   
PREEMINENCIA DE SAN JOSÉ EN EL CIELO.
Si es verdad que San José recibió del Cielo una plenitud superabundante de gracias, proporcionada a los empleos que Dios le confió, a las pruebas a que le ha expuesto y a los servicios prestados, y que él por su parte cooperó fielmente a todas estas gracias, debemos deducir de aquí que este gran santo adquirió tesoros de méritos tan sublimes, que sólo Dios puede tener un conocimiento perfecto de ellos, y que por consecuencia posee en el Cielo un grado de gloria excelentísimo y singularísimo. «Muy lejos, pues, dice el docto y piadoso Francisco Suarez, de ser temerario el sentimiento de los que aseguran que San José sobrepuja a los demás santos, creo que es sumamente piadoso y conforme con la verdad».

Sin duda, dice el célebre Gerson, hay en el Cielo santos colocados en un puesto muy elevado; por ejemplo, San Juan Bautista, los apóstoles, sin mencionar los Ángeles; sin embargo, creo que San José es superior en jerarquía a todos los bienaventurados. Si los apóstoles ocupan el primer puesto, es en el orden jerárquico de la Iglesia, pero no en el orden de la unión hipostática, donde no vemos figurar más que a María y José. Ahora bien; como el misterio de la Encarnación domina todo en el Cielo como en la tierra, la gloria de estos santos esposos es superior a la de los demás santos.

Para convencernos mejor de esta verdad, almas cristianas, recordemos los servicios que San José tuvo el honor de prestar a Dios en la tierra. Trabajó con éxito en el asunto más importante que se ha emprendido hasta ahora. Gobernó la santa Familia con tanta prudencia como fidelidad. Fue el custodio de aquel que guarda a todos los seres creados, el ángel del gran consejo, prestándoles los buenos oficios que nuestros ángeles nos rinden; el redentor del Redentor de los hombres que rescató de las manos de los sacerdotes, en el día de su presentación en el templo; el salvador del Salvador del mundo por haberle salvado de mil peligros; el señor del Señor, el superior del Rey y de la Reina del cielo; su tutor, su nutricio, su guía, su ayuda, su amigo su defensor, su todo. Tuvo la ventaja como lo notan los santos doctores, que sus cuidados, sus trabajos, sus solicitudes tuvieran por objeto inmediato la persona adorable del Salvador. Los que alimentan a Jesucristo en los pobres que son sus miembros enfermos, merecen una recompensa y el Espíritu Santo les promete la abundancia de los bienes temporales y eternos; pero nada hay comparable a la gloria y a la dicha de José que alimentó efectivamente al Hijo de Dios mismo y a quien el Salvador pudo decir en el rigor de la verdad más exacta: «Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber». ¿Y cómo podemos dudar que el pecado de los judíos, que crucificaron a Jesucristo, no tuvo una malicia particular, como lo enseña Suárez: «Peccatum peccávit Jerúsalem», debemos creer, también que los servicios que sal José prestó al Salvador del mérito extraordinario. Si Dios en otro tiempo prometió hombres que recibieran un profeta, la recompensa debida al profeta mismo, ¿no está obligado, por la misma ley a dar a José, que recibió un Dios en nombre de Dios, recompensas dignas de la munificencia de un Dios?

¿El derecho natural, la razón y la santidad de José no piden que Nuestro Señor haga sentar a este santo Patriarca sobre un trono más cercano al suyo, después del de su augusta Madre? El Hijo de Dios tiene todo el poder en el Cielo como en la tierra, y en este reino habría servidores interpuestos entre su padre y Él. ¿Es creíble que este bondadoso Salvador haya colocado lejos de sí a un santo que durante treinta años le llevó en sus brazos, que le amó con un amor tan tierno y tan constante?

María es la soberana de los cielos, dice la santa Iglesia, “Regina Coeli”, y en el imperio de esta augusta Reina no puede haber nadie colocado en superior categoría a su casto esposo. Estaban demasiado unidos en la tierra para que estén separados en la eternidad. Los ángeles y los bienaventurados llaman a María su reina y su soberana; sólo San José tiene el derecho de llamarla su esposa y su angélica compañera. Si en virtud de la adopción divina debemos esperar ver a Dios y gozar de una gloria semejante a la suya; qué recompensa más magnífica estará reservada al que fue escogido para ser padre del Hijo único de Dios. ¡Ah! ¿Decidnos, oh bienaventurado José, los honores que Jesús, vuestro hijo adoptivo os rindió en presencia de los ángeles y bienaventurados, haciéndoos sentar en el cielo en el trono de gloria que os había erigido él mismo con su mano portentosa? ¿Qué consuelo tan inefable llenaría vuestro corazón cuando visteis salir de su divina boca estas palabras dirigidas a su padre: «Padre mío, ¿qué recompensa daremos a este hombre, que pueda igualar a los buenos oficios que recibí de él? Él ha sido el fiel custodio y protector de la virginidad de mi madre; me hizo una cuna el día de mi nacimiento; me llevó a Egipto para librarme del furor deseado de Herodes; me ha educado con grandes cuidados; me ha amado y colocado en toda clase de bienes: Bonis omnibus per eum repletti sumus. ¿Qué le daremos?»?

Gran Dios, que tomáis parte en las obligaciones que el Verbo encarnado cree tener con San José; bondad soberana, que nunca os dejáis superar en generosidad por vuestras criaturas; Dios del Cielo, que habéis prometido vuestra gloria a los que dieran en vuestro nombre un vaso de agua al pobre mendigo, qué testimonio de gratitud no daríais a este santo Patriarca. Padre de bondad, le suplicaríais dispusiera de la mitad de vuestras riquezas, recompensaríais la fidelidad y la prudencia, de este fiel servidor concediéndole la mitad de vuestros bienes y la libertad de disponer de ellos en favor de los que le honran le invocan, ¡Y vos, oh Jesús! Hijo único de Dios, idea perfectísima de la perfecta gratitud, ¿qué disteis a aquel de quien recibisteis tantos honores y bienes? Fiel a vuestra promesa: «Dad y se os dará, se verterá en vuestro seno una medida, colocada, apretada y derramándose por los bordes; le daríais un palacio en el cielo por una casa en la tierra; el seno de un Dios por el seno de un hombre; la gloria eterna por los honores temporales; vuestro corazón por el suyo, y amor por amor.

«Cuando Jesús, dice Bossuet, aparezca en su gloria, descubriréis las maravillas de la vida oculta de José; sabréis lo que ha hecho durante tantos años y cuán glorioso es ocultarse con Jesús! Es indudable que no es de los que recibieron su recompensa en este mundo; por esto aparecerá entonces, porque no ha comparecido aún; brillará porque aún no ha brillado. .

¡Ojalá que pudiéramos, oh bienaventurado José! tener parte en todos estos bienes que coronan vuestros méritos y a las alegrías superabundantes en que rebosa vuestro corazón, después de haber contribuido con todas nuestras fuerzas a la gloria que Dios os ha destinado y estamos obligado à rendiros.

Ahora que estáis en el Cielo, lleno de dicha, sentado sobre un trono elevado al lado de vuestro amadísimo Jesús, que tan sumiso estuvo a vuestra voluntad en la tierra. San José, tened piedad de nosotros. Considerad que vivimos rodeados de innumerables enemigos, de demonios, de pasiones malditas que vienen a asaltarme continuamente para hacerme perder la gracia de Dios. ¡Ah! os suplico en nombre del favor que os fue concedido en la tierra de gozar continuamente de la compañía de Jesús y de María, alcanzarnos el favor de vivir el resto de nuestros días siempre unidos a Dios, resistir todos los asaltos del Infierno y morir después amando a Jesús y María a fin de que podamos un día ser admitidos a gozar de su compañía en el reino de los bienaventurados».
  
ACTO DE CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ, PARA CONCLUIR EL MES DE MARZO
  
Glorioso San José digno entre todos los santos de ser venerado, amado é invocado, a causa de la excelencia de vuestras virtudes, de la eminencia de vuestra gloria y de la omnipotencia de vuestra intercesión, en presencia de la adorable Trinidad, de Jesús vuestro hijo adoptivo, de María, vuestra casta esposa y mi tierna Madre, os tomo hoy por mi abogado para con ambos, por mi protector y padre: me propongo firmemente no olvidaros nunca, honraros todos los días de mi vida y hacer todo lo que dependa de mí para inspirar vuestra devoción a todos los que me están confiados. ¡Dignaos, os lo ruego encarecidamente, oh amadísimo Padre! concededme vuestra protección especial. No soy digno; pero sin embargo, en nombre del amor que tenéis a Jesús y María, recibidme por vuestro servidor perpetuo, en nombre, pues, de esta dulce sociedad que formaron con vos Jesús y María durante todo el tiempo de vuestra vida, protegedme mientras viva, a fin de que nunca me separe de Dios perdiendo su santa gracia. En nombre de la asistencia que encontrasteis en Jesús y en María en la hora de vuestra muerte, protegedme especialmente en la hora de la mía, a fin de que muriendo acompañado de vos, de Jesús y de María, vaya un día a daros gracias en el Paraíso, pueda, en vuestra compañía, alabar y amar eternamente a nuestro Dios. Así sea.
    
LETANÍAS DE SAN JOSÉ.
  
Señor, tened piedad de nosotros.
Jesucristo, tened piedad de nosotros.
Señor, tened piedad de nosotros.
  
Jesús, óyenos.
Jesús, acoge nuestras súplicas.
  
Padre celestial, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Hijo redentor del mundo, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Espíritu Santo, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, tened piedad de nosotros.
   
Santa María, Madre de Dios, Esposa de San José, ruega por nosotros.
San José, nutricio del Verbo encarnado, ruega por nosotros.
San José, coadjutor del gran consejo, ruega por nosotros.
San José, hombre según el corazón de Dios, ruega por nosotros.
San José, fiel y prudente servidor, ruega por nosotros.
San José, custodio de la virginidad de María, ruega por nosotros.
San José, dotado de gracias superiores, ruega por nosotros.
San José, purísimo en virginidad, ruega por nosotros.
San José, profundísimo en humildad, ruega por nosotros.
San José, altísimo en contemplación, ruega por nosotros.
San José, ardientísimo en caridad, ruega por nosotros.
San José, que habéis sido declarado justo por el Espíritu Santo, ruega por nosotros.
San José, que fuisteis instruido divinamente en el misterio de la Encarnación, ruega por nosotros.
San José, que tuvísteis bajo vuestra protección y vuestra obediencia al Señor de los señores, ruega por nosotros.
San José, que tuvísteis durante tantos años la vida del mismo Dios por regla de la vuestra, ruega por nosotros.
San José, que vísteis con María, en las acciones de Jesús, tantos secretos ignorados de los duros hombres, ruega por nosotros.
San José, fidelísimo imitador del gran silencio de Jesús y María, ruega por nosotros.
San José, que fuísteis ignorado de los hombres y conocido sólo de Dios, ruega por nosotros.
San José, que ocupáis el primer puesto entre los Patriarcas, ruega por nosotros.
San José, que habeis muerto santamente en los brazos de Jesús y de María, ruega por nosotros.
San José, que anunciásteis la venida de Cristo a los limbos, ruega por nosotros.
San José, a quien se cree resucitado con Jesucristo, ruega por nosotros.
San José, que habeis sido recompensado en el Cielo con una gloria especialísima, ruega por nosotros.
San José, padre y consolador de los afligidos, ruega por nosotros.
San José, protector de los pecadores arrepentidos, ruega por nosotros.
San José, poderosísimo para socorrernos en los peligros de la vida y en la hora de la muerte, ruega por nosotros.
  
Por vuestra infancia, escúchanos Jesús.
  
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, acoge nuestros ruegos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

℣. Ruega por nosotros, bienaventurado San José.
℞. A fin de que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

ORACION
¡Oh Dios! cuya bondad y sabiduría son infinitas, y que al elevar al justo José a la dignidad de esposo de María, le dísteis los derechos y autoridad de padre sobre vuestro único Hijo, haced que, imitando el respeto, la sumision y el cariño que el mismo Jesucristo y su santísima Madre tuvieron a este gran Santo, le veneremos tambíen con piedad filial, a fin de obtener por su intercesion, la gracia de amaros y serviros en este mundo, en espíritu y verdad, para tener la dicha de poseeros.

¡Jesús, María y José, os doy mi corazón, mi espíritu y mi vida!
¡Jesús, María y José, asistidme en vida y en mi última agonía!
¡Jesús, María y José, haced que expire en vuestra compañía! (Cien días de indulgencias cada vez que se recite cada una de estas invocaciones. Pío VII, 28 de abril de 1803).
   
MEMORÁRE
Acordaos, ¡oh castísimo esposo de la Virgen María, San José, mi amable protector!, que nunca se ha oído decir que ninguno de los que ha invocado vuestra protección o implorado vuestros auxilios, hayan quedado  sin consuelo. Lleno de confianza en vuestro poder, llego a vuestra presencia, y me recomiendo con fervor. ¡Ah! No desdeñéis mis oraciones, oh vos, que ha­béis sido llamado padre del Redentor, sino escu­chadlas con benevolencia, y dignaos recibirlas favo­rablemente. Así sea. (Trescientos días de indulgencias, una vez por día, apli­cables a los difuntos. Breve de Nuestro Santo Padre el Papa León XIII).