miércoles, 24 de mayo de 2017

HALLAZGO Y TRASLACIÓN DE LAS RELIQUIAS DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Tránsito de Santo Domingo de Guzmán
 
Doce años habían pasado desde la muerte de Santo Domingo. Dios había manifestado la santidad de su Siervo por multitud de milagros obrados en su sepulcro o debidos a la invocación de su nombre. Se veían sin cesar enfermos, alrededor de la losa que cubría sus restos, pasar allí el día y la noche, y volver glorificándolo por su curación. De las paredes próximas colgaban exvotos en recuerdo de los beneficios que de él habían recibido, y no se desmentían con el tiempo los signos de veneración popular. Con todo, una nube cubría los ojos de los Hermanos, y mientras que el pueblo exaltaba a su Fundador, ellos, sus hijos, en vez de preocuparse por su memoria, parecían trabajar en oscurecer su brillo. No sólo dejaban su sepultura sin adomo, sino que, por temor a que se les acusara de buscar una ocasión de lucro en el culto que ya se le daba, arrancaban de los muros los exvotos. Algunos deploraban esta conducta, pero sin atreverse a contradecirla de plano. Se dio el caso de que, creciendo el número de los Hermanos, se vieron obligados a demoler la vieja iglesia de San Nicolás para edificar una nueva, y quedó el sepulcro del santo Patriarca al aire libre, expuesto a la lluvia y a todas las intemperies. Este espectáculo conmovió a algunos de ellos, que deliberaban entre sí sobre la ma¬nera de trasladar aquellas preciosas reliquias a un sepulcro más conveniente. Prepararon un nuevo sepulcro, más digno de su Padre, y enviaron a varios de ellos a visitar al soberano Pontífice para consultarle. Ocupaba el solio pontificio el anciano Hugolino Conti con el nombre de Gregorio IX. Recibió muy duramente a los enviados, y les reprochó haber descuidado por tanto tiempo el honor debido a su Patriarca. Les dijo: «Yo conocí en él a un hombre seguidor de la norma de vida de los Apóstoles, y no hay duda de que está asociado a la gloria que ellos tienen en el cielo» (1). Hasta quiso asistir en persona al traslado; mas, impedido por los deberes de su cargo, escribió al arzobispo de Rávena que fuese a Bolonia con sus sufragáneos para asistir a la ceremonia.
  
Era Pentecostés de 1233. Se había reunido Capítulo General de la Orden en Bolonia bajo la presidencia de Jordán de Sajonia, sucesor inmediato de Santo Domingo en el generalato.
 
Estaban en la ciudad el arzobispo de Rávena, obedeciendo a las órdenes del Papa, y los obispos de Bolonia, Brescia, Módena y Tournai. Habían acudido más de trescientos religiosos de todos los países. Los hostales rebosaban de señores y ciudadanos notables de las ciudades vecinas. Todo el pueblo estaba en expectación. «No obstante —dice el Beato Jordán—, los Hermanos estaban intranquilos: oran, palidecen, tiemblan, porque temen que el cuerpo de Domingo, expuesto largo tiempo a la lluvia y al calor en una vil sepultura, aparezca comido de gusanos, exhalando un olor que disminuyese la opinión de su santidad» (2). Atormentados por este pensamiento, pensaron abrir secretamente la tumba del Santo; pero Dios no permitió que así fuese. O porque hubiese alguna sospecha, o para comprobar más la autenticidad de las reliquias, el Podestá de Bolonia mandó que día y noche guardaran el sepulcro caballeros armados. Sin embargo, a fin de tener más libertad para el reconocimiento del cuerpo, y evitar en el primer momento la confusión de la muchedumbre llegada en masa a Bolonia, se convino en abrir el sepulcro de noche. El 24 de mayo, lunes de Pentecostés, antes de la aurora, el arzobispo de Rávena y los demás obispos, el Maestro General con los definidores del Capítulo, el Podestá de Bolonia, los principales señores y ciudadanos, tanto de Bolonia como de las ciudades vecinas, se reunieron, a la luz de las antorchas, en tomo de la humilde piedra que cubría hacía doce años los restos de Santo Domingo. En presencia de todos, fray Esteban, provincial de Lombardía, y fray Rodolfo, ayudados por otros varios hermanos, empezaron a quitar el cemento que sujetaba la losa. Por su dureza, difícilmente cedió a los golpes del hierro. Cuando le hubieron quitado, fray Rodolfo golpeó la mampostería con un martillo, y con ayuda de picos levantaron penosamente la piedra que cubría la tumba. Mientras la levantaban, un inefable perfume salió del sepulcro entreabierto: era un aroma que nadie pudo comparar a cosa conocida, que excedía a toda imaginación. El arzobispo, los obispos y cuantos estaban presentes, llenos de estupor y alegría, cayeron de rodillas, llorando y alabando a Dios. Acabaron de quitar la piedra, que dejó ver en el fondo el ataúd de madera que contenía las reliquias. En la tabla de encima había una pequeña abertura, por donde salía en abundancia el aroma percibido por los asistentes, y que creció en intensidad cuando el ataúd estuvo fuera. Todo el mundo se inclinó para venerar aquella preciosa madera; raudales de llanto cayeron sobre él, acompañados de besos. Por fin, le abrieron arrancando los clavos de la parte superior, y lo que quedaba de Domingo apareció a sus hermanos y amigos. No era más que osamenta, pero llena de gloria y de vida por el celestial perfume que exhalaba. Sólo Dios conoce la alegría que inundó todos los corazones, y no hay pincel capaz de representar aquella noche embalsamada, aquel silencio conmovedor, aquellos obispos, caballeros, religiosos, todos aquellos rostros brillantes de lágrimas e inclinados sobre un féretro, buscando a la luz de los cirios al grande y santo hombre que los miraba desde el cielo, y respondía a su piedad con esos abrazos invisibles que inundan el alma de intensa felicidad. Los obispos no creyeron sus manos bastante filiales para tocar los huesos del Santo; dejaron ese consuelo y honor a sus hijos. Jordán de Sajonia se inclinó sobre aquellos sagrados restos con respetuosa devoción, y los trasladó a un nuevo féretro hecho de madera de cedro. Dice Plinio que esta madera resiste a la acción del tiempo. Se cerró el féretro con tres llaves, entregándose una al Podestá de Bolonia, otra a Jordán de Sajonia, y la tercera al Provincial de Lombardía. Luego lo llevaron a la capilla, donde estaba preparado el monumento: éste de mármol, sin ningún adorno escultórico.
 
Cuando llegó el día, los obispos, el clero, los hermanos, los magistrados, los señores, se dirigieron de nuevo a la iglesia de San Nicolás, abarrotada ya de gente de todas las naciones. El arzobispo de Rávena cantó la misa del día, martes de Pentecostés, y por tierna coincidencia, las primeras palabras del coro fueron éstas: Accipite jucunditatem gloriae vestrae. «Recibid el gozo de vuestra gloria». El féretro estaba abierto, y difundía por la iglesia sublimes aromas no contrarrestados por el suave humo del incienso; el sonido de las trompetas se mezclaba, a intervalos, con el canto del clero y de los religiosos; infinita multitud de luces brillaba en manos del pueblo; ningún corazón, por ingrato que fuese, era insensible a la casta embriaguez de aquel triunfo de la santidad. Terminada la ceremonia, los obispos depositaron bajo el mármol el féretro cerrado, para que allí esperase en paz y gloria la señal de la resurrección. Pero ocho días después, a instancias de muchas personas respetables que no habían podido asistir al traslado, se abrió el monumento; Jordán tomó en sus manos la venerable cabeza del santo Patriarca, y la presentó a más de trescientos hermanos, que tuvieron el consuelo de acercar a ella sus labios, y conservaron por mucho tiempo el inefable perfume de aquel beso; porque todo lo que había tocado los huesos del Santo quedaba impregnado de la virtud que poseían.
  
Luego escribiría el beato Jordán: «También nosotros experimentamos la mencionada fragancia, y testificamos cuanto hemos visto y sentido. Aunque permanecimos de propósito por largo tiempo junto al cuerpo de Domingo, no lográbamos saciamos de tanta dulzura. Aquella dulzura disipaba el malestar, aumentaba la devoción, suscitaba los milagros. Si se tocaba el cuerpo con la mano, la correa o con cualquier otra cosa, permanecía el olor por largo tiempo adherido a ellos» (3).
  
Los notorios milagros que habían acompañado el traslado del santo cuerpo de Domingo determinaron a Gregorio IX a no retrasar más el asunto de su canonización. Por una carta de 11 de julio de 1233, comisionó para proceder a la investigación de su vida a tres eclesiásticos eminentes: Tancredo, arcediano de Bolonia; Tomás, prior de Santa María del Rin, y Palmeri, canónigo de la Santísima Trinidad. La encuesta duró del 6 al 30 de agosto. Los comisarios apostólicos oyeron, en este intervalo, y bajo la fe del juramento, la declaración de nueve religiosos de nuestra Orden, elegidos entre los que habían tenido más inti¬midad con Domingo. Eran ellos Ventura de Verona, Guiller¬mo de Monferrato, Amizo de Milán, Bonviso de Piacenza, Juan de Navarra, Rodolfo de Faenza, Esteban de España, Pa¬blo de Venecia y Frugerio de Penna. Como todos estos testigos, salvo Juan de Navarra, no conocieran al Santo durante los primeros años de su apostolado, los comisarios de la Santa Sede creyeron necesario establecer en el Languedoc un segundo centro de información, y delegaron para ello al abad de San Saturnino de Toulouse, al arcediano de la misma iglesia y al de San Esteban. Se oyeron veintiséis testigos, y más de trescientas personas respetables confirmaron con juramento y firma todo cuanto aquellos testigos habían dicho sobre las virtudes de Domingo y los milagros obtenidos por su intercesión.
 
Enviadas a Roma las declaraciones de Bolonia y Toulouse, Gregorio IX deliberó con el Santo Colegio. Un autor contemporáneo refiere que dijo en esta ocasión hablando de Santo Domingo: «No dudo más de su santidad que de la de los apóstoles Pedro y Pablo» (4).
 
Consecuencia de todos estos procesos fue la bula de canonización, expedida en Rieti, el 3 de julio de 1234 (5).
 
(54) El culto de Santo Domingo no tardó en extenderse por Europa con la bula que lo canonizaba. Se le dedicaron muchos altares, pero Bolonia se distinguió siempre en su celo por el gran conciudadano que la muerte le había deparado. En 1267, trasladó su cuerpo del sepulcro sencillo en que descansaba a un sepulcro más rico y adornado. Esta segunda traslación se verificó por manos del arzobispo de Rávena, en presencia de otros varios obispos, del Capítulo General de la Orden, del Podestá y de los nobles de Bolonia. Abrieron el féretro, y la cabeza del Santo, después de recibir sendos ósculos de los obispos y religiosos, fue presentada a todo el pueblo desde lo alto de un púlpito levantado fuera de la iglesia de San Nicolás. En 1383, se abrió por tercera vez el féretro, y la cabeza se colocó en una urna de plata para facilitar a los fieles la dicha de venerar aquel precioso depósito. Por fin, el 16 de julio de 1473, se levantaron de nuevo los mármoles del monumento, y fueron sustituidos por esculturas más acabadas, del gusto del siglo XV. Eran obra de Nicolás de Bari, y representan diversos pasajes de la vida del Santo. No las describiré. Las vi dos veces. Y dos veces, mirándolas de rodillas, sentí, por la dulzura de aquel sepulcro, que una mano divina había guiado la del artista, y obligado a la piedra a expresar sensiblemente la incomparable bondad del corazón cuyo polvo cubre.

Arca de Santo Domingo (Basílica de Santo Domingo, Bolonia)
   
Enrique Lacordaire OP. Santo Domingo y su Orden, Salamanca-Madrid, 1989, págs. 191-197. (Fuente: DOMINICOS.ORG)
  
NOTAS
(1) JORDÁN DE SAJONIA, Orígenes de la Orden de Predicadores, 125. (BAC, p. 125).
(2) Ibid.
(3) JORDÁN DE SAJONIA, Op. Cit., R. 128. (BAC, p. 127).
(4) ESTEBAN DE SALAGNAC, De las cuatro peculiaridades con que Dios distinguió a la Orden de Predicadores. (BAC, p. 699).
(5) El texto puede leerse en BAC, pp. 190-193.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste esclarecer a tu Iglesia con los méritos y la doctrina de tu confesor, nuestro padre el bienaventurado Santo Domingo, concédenos que, por su intercesión, no seamos privados de los socorros temporales, y que tengamos continuos progresos espirituales. Por J. C. N. S. Amén.

martes, 23 de mayo de 2017

CONSAGRACIÓN EPISCOPAL DE Mons. GERARDO ZENDEJAS

Tomado de APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA.
  
Como habíamos anunciado, el pasado 11 de Mayo se realizó en la capilla tradicional independiente San Atanasio en Vienna, VA (Estados Unidos) la consagración episcopal de Gerardo Zendejas SSAJM por Mons. Richard Williamson, asistido por Mons. Jean-Michel Faure USML y Mons. Dom Tomás de Aquino OSB. Aquí traemos algunas de las fotos de la ceremonia (cortesía de SOLDIER OF CHRIST THE KING y CATHINFO).
  
  
Al día siguiente, fue su Primera Misa Pontifical con la tan anunciada y recurrente consagración de Rusia, cuya realización por los prelados williamsonistas nada más ser consagrados parece ser costumbre devocional de ellos.
  

  
No hubo reacción de parte de la cúpula fellayana, pero sí del ordinario conciliar del lugar: Michael Francis Burbidge, obispo conciliar de Arlington (Virginia), fulminó la excomunión contra Monseñor Zendejas (Traducción nuestra):
El 11 de Mayo de 2017, en la iglesia de San Atanasio en Vienna, Virginia, los obispos Richard Williamson, Jean-Michel Faure y Tomas de Aquino consagrarán al padre Gerardo Zendejas como obispo de una comunidad cismática, esto es, un grupo que rehúsa someterse a la autoridad eclesiástica del Romano Pontífice.
 
San Atanasio no es una iglesia en comunión con la Iglesia Católica Romana o la Diócesis de Arlington. Como obispo de la Diócesis Católica Romana de Arlington, no puedo ni recomendaré o condonaré la asistencia a San Atanasio en ningún momento por nadie en comunión con el Romano Pontífice y la Iglesia Católica Romana.
 
El obispo Williamson fue expulsado de la Sociedad San Pío X en 2012. Desde entonces se ha afiliado con una iglesia independiente formada por grupos alrededor del país. Mientras la información autoritativa sobre estos grupos es incompleta, parece que actualmente están en cisma de la Iglesia Católica, negándose a someterse a la autoridad del Papa Francisco, el legítimamente (sic) electo y gobernante sucesor de San Pedro. Bajo la ley de la Iglesia, “cisma” refiere al rechazo a someterse al Papa o a la ruptura de la comunión con los miembros de la Iglesia sujeta a él (Código de Derecho Canónico de 1983, Canon 751).
 
La consagración ilícita de un obispo es un acto desobediencia grave, una ruptura de la unidad de la Iglesia y una fuente de serio escándalo. El derecho canónico prescribe: “El Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurre en excomunión latæ sententiæ [esto es, automática] reservada a la Sede Apostólica” (Código de Derecho Canónico de 1983, Canon 1382). Puesto que el obispo Williamson previamente consagró al obispo Faure y al obispo Tomás sin mandato de la Santa Sede, estos tres obispos que planean participar en la consagración agendada a 11 de Mayo, cada uno está incurso en las excomuniones bajo el Canon 1382.
 
Por favor uníos a mí para orar para que los involucrados en esta consagración episcopal ilícita puedan, por la intercesión de Nuestra Señora, retornar a la unidad plena con la Iglesia Católica.
  
Desde luego, esa “excomunión” (que para los williamsonistas es una medalla de honor por su combate en la causa de la Tradición) es inválida y nula no sólo porque se funda en una norma inexistente para el Catolicismo (claro, si salió del Código wojtyliano, que solo rige para los conciliares y los ralliés), sino que proviene de una persona que se usurpa autoridad que no tiene, ya que Burbidge, al haber sido instalado (que no ordenado) presbítero y obispo con el inválido Rito Montini-Bugniniano, NO ES OBISPO NI SACERDOTE CATÓLICO, y su iglesia (la conciliar del Vaticano II) NO ES LA IGLESIA CATÓLICA.
  
Vale decir, desde luego, que tampoco nos alegramos mucho por la consagración ni albergamos muchas esperanzas, máxime si se sabe que al igual que Williamson, Zendejas tampoco se ve que defienda la Fe Católica Tradicional como corresponde, esto es, sin transigencias ni entendimientos con el enemigo conciliar. Y como digno colofón, preguntamos ¿El padre René Trincado será el próximo en recibir la mitra?
  
  
NOTA: La “Resistencia” liderada por Mons. Williamson se encuentra estructurada de este modo:
  • Estados Unidos: Sociedad Sacerdotal San Pío X-Marian Corps (fundada en 2012. La Resistencia en India, Asia Oriental y Oceanía es atendida por ellos).
  • Francia: Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre (fundada en 2014. Los dominicos de Avrillé reciben las ordenaciones por ella).
  • América del Sur: Sociedad Sacerdotal de los Apóstoles de Jesús y María (erigida en 2016 por Mons. Faure).

GIROLAMO SAVONAROLA, ¿SEÑAL DE CONTRADICCIÓN?

  
Nació en Ferrara el 21 de septiembre de 1452. Fue el tercero de los siete hijos del comerciante Niccoló di Michele dalla Savonarola y de Elena Bonacolsi, descendiente de la noble familia de los Bonacolsi, que fueron señores feudales de Mantúa. Según costumbre de las familias acomodadas, éstos entregaron a varios de sus hijos a la iglesia para que se educaran y fueran sacerdotes. El abuelo, Michele (1385 - 1468), era doctor y autor famoso en medicina, médico del marqués Nicolás III de Este y de los gobernantes ferrarenses. Michele Savonarola, su abuelo, era un hombre profundamente religioso, estudioso de la Biblia, de costumbres sencillas y terminantes. En su vejez escribió folletos como el De láudibus Johánni Baptístæ, los cuales, junto con su educación y su estilo de vida, fueron muy importantes en la formación de Girolamo (Jerónimo). Se encargó de su primera educación enseñándole gramática, música y, más tarde, dibujo. De los hermanos mayores, Ognibene y Bartolomeo, no se tienen noticias, mientras que de los otros hermanos, Maurelio, Alberto, Beatrice y Chiara, se sabe solamente que Alberto era médico y Maurelio era fraile dominico, igual que Girolamo.
  
Después de la muerte del abuelo, Niccoló deseaba que su hijo estudie medicina. En un principio, Girolamo se mostró apasionado por los Diálogos de Platón, pero pronto se orientó hacia las enseñanzas del aristotelismo y Santo Tomás de Aquino.
 
Después de haber alcanzado el título de maestro en artes liberales, empezó los estudios de medicina que, sin embargo, abandonó a los dieciocho años para dedicarse a la teología. Escribió, en 1472, el poema De ruina Mundi, el cual permite vislumbrar el tema central de su prédica:
La terra è sì oppressa da ogne vizio,
Che mai da sé non levarà la soma:
A terra se ne va il suo capo, Roma,
Per mai più non tornar al grande offizio...
(La tierra está tan oprimida por el vicio
Que nunca de sí misma librará la carga:
Por tierra cae con su jefe, Roma,
Para nunca más tornar al gran oficio...)
y en 1475, De ruina Ecclésiæ, donde compara la Roma papal de su tiempo con "la falaz y soberbia meretriz, Babilonia", que ha olvidado y desdeñado el fervor antiguo de los Apóstoles, Mártires y Confesores.
  
Con este espíritu entró en la iglesia de San Agustín en Faenza, donde al escuchar al predicador un comentario sobre el pasaje "Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre", decidió ingresar en la orden dominica, ingresando en el convento de San Domenico de Bolonia el 24 de Abril de 1475, recibiendo dos días después el hábito de manos de fray Jorge de Vercelli, prior del convento. Le escribió a su familia que escogió la vida religiosa porque
«he visto la infinita miseria de los hombres, los estupros, los adulterios, los robos, la soberbia, la idolatría, el lenguaje soez, toda la violencia de una sociedad que ha perdido toda capacidad de bien... Para poder vivir libre, he renunciado a tener una mujer y, para poder vivir en paz, me estoy refugiado en este puerto de la religión» 
  
Allí se enfrasca en el estudio teológico, dirigido especialmente por fray Pedro de Bérgamo (autor de la Tabula aurea), Domingo de Perpignano y Nicolás de Pisa, y en 1479 se traslada al convento de Santa Maria degli Angeli en Ferrara, y tres años después a Reggio Emilia, de donde fue enviado al convento de San Marcos en Florencia como lector. Escribió discursos en los que acusó a los hombres de iglesia de todos los pecados habidos y por haber. Los papas humanistas, que ayudaban y mantenían a los artistas, eran su blanco preferido. Sus fieles siguieron con devoción sus llamadas a la vida sencilla. Las misas de Girolamo Savonarola llegaron a juntar 15.000 personas. Decía que todos los males de este mundo se debían a la falta de fe; porque, cualquiera que tuviese fe, se daría cuenta de inmediato que es muy necesario obrar bien, porque las penas del infierno son infinitas. Según Savonarola, los poderosos de este mundo se sentían orgullosos de haber puesto fin a la vida sencilla de los siglos anteriores. Según él, los sacerdotes de esos tiempos eran los peores, por que hacían todo al revés de como deberían hacerlo; a ellos sólo les interesaban los bienes de este mundo, ya no cuidaban las almas ni les inquietban los corazones de su pueblo, si no que sólo se preocupaban de obtener beneficios.
 
Finalmente, en 1482, la orden dominica lo envió al convento de San Marcos en Florencia. En sus discursos hablaba sobre la pobreza y sobre la sobriedad y el carácter fuerte que los verdaderos creyentes deben tener. Su forma de hablar violenta (su acento romañol era "bárbaro" a los oídos florentinos, por lo que sólo lo escuchaban "algunos hombres simples y una que otra mujercilla") y sus críticas excesivas a los poderosos acabaron por desesperar al pueblo, por lo que debió dejar Florencia en 1487.

Mientras tanto, en 1484 fue electo el cardenal Giovanni Battista Cybo como sucesor de Sixto IV, asumiendo el nombre de Inocencio VIII. Savonarola meditaba en la soledad de la iglesia de San Jorge y recibió luces que le presentaron que existían "muchas razones por las cuales se acercaba algún flagelo para la Iglesia". Sobre esas razones (las atrocidades de los hombres -homicidios, lujuria, sodomía, idolatría, creencias astrológicas, simonía-, la maldad de los pastores de la Iglesia, la presencia de profecías -señal de próximas desgracias-, el desprecio a los santos, la falta de fe), que atraerían "al flagelo: Anticristo, peste o hambre", predicó en San Gimigniano durante dos años, pasados los cuales le enviaron al convento de Santo Domingo en Bolonia como maestro de estudios. En su vida conventual se distinguió por sus rigurosos ayunos y penitencias (sobre todo el cilicio).

Con todo, Savonarola nunca se consideró profeta. Estando en San Gimigniano, dijo
"Si tú me preguntas como a Amós, que si yo soy profeta, con él te respondo que Non sum prophéta".
 
En Ferrara estuvo dos años en el monasterio de Santa Maria degli Angeli (hoy demolido), sin renunciar a la predicación itinerante sobre la proximidad de los castigos de Dios contra diferentes ciudades, como declaró años después: "Algunas veces prediqué en Brescia y en muchos otros lugares de la Lombardía (Módena, Piascenza y Mantua) sobre estas cosas". En Brescia, el 30 de noviembre de 1489, predijo que "Los padres verán asesinar a sus propios hijos y con mucha ignominia atormentados por las calles" (en efecto, la ciudad fue saqueada en 1512 por los franceses durante la Guerra de la Liga de Cambrai).

El convento de Ferrara lo envió a predicar la cuaresma en Génova; yéndose, como solía, a pie. El 25 de enero de 1490, le escribió una carta a su madre, la cual se lamentaba de su tanto trasegar, respondiendo que
"si yo estuviese continuamente en Ferrara, creed que no tendría tanto fruto como lo tengo afuera, porque ningún religioso, o poquísimos, da algún fruto de santa vida en la patria propia, y en cambio la santa Escritura siempre grita que se vaya fuera de la patria, y  también porque nadie recibe fe de su patria, como sí a uno forastero, en las predicaciones y consejos; y por eso dice nuestro Salvador que no hay profeta acepto en su patria [...]".
 
Ya el 29 de Abril de 1489, Lorenzo "El Magnífico", señor de la ciudad de Florencia, posiblemente por sugerencia de Juan Pico della Mirandola, escribió "al General de los Frailes Predicadores, que envíe aquí a fray Jerónimo de Ferrara"; y, en junio de 1490 entró por la Puerta de San Galo, saludado por un desconocido que lo acompañó desde Bolonia, con las siguientes palabras: "¡Ay de ti si haces aquello por lo cual fuiste enviado por Dios a Florencia!".
  
En el convento de Santa Maria degli Angeli se dedicó con especial énfasis a la predicación después de haber estudiado técnicas para hacer discursos públicos (en 1484 fue nombrado predicador de la Cuaresma en la Basílica de San Lorenzo, sin éxito alguno, debido a que entonces, como él decía, "no tenía ni voz, ni pecho, ni manera de predicar, casi que mis prédicas eran un fastidio para todos los hombres").
 
En 1491, a la edad de 34 años, se le entregó la titularidad de la iglesia de San Marcos en Florencia. Desde allí atacó al Papa Inocencio VIII como "el más vergonzozo de toda la historia, con el mayor número de pecados, reencarnación del mismísimo diablo". Y el gobernante de Florencia, Lorenzo de Médici
  
Sus ardientes predicaciones, llenas de avisos proféticos, no eran extrañas en la época, pero sus profecías parecían cumplirse con los desastres que estaba viviendo la ciudad de Florencia en esos años, como por ejemplo la derrota contra los franceses, o el excesivo lujo de los ricos, que vivían rodeados de obras de arte, frente a miles de personas que vivían en la pobreza. En estas condiciones, la población se acercaba a Savonarola porque denunciaba todo esto. Otro desastre fue la epidemia de la sífilis (llamada entonces "mal francés"). Muchos llegaron a creer que Savonarola era el profeta de los "últimos tiempos".
  
La iglesia de San Marcos donde predicaba Savonarola fue conocida por su fanatismo. Savonarola no era un teólogo en el sentido de proclamar doctrinas. En su lugar, predicaba su idea de la vida cristiana, afirmando que un alma intachable era preferible a cualquier acto lujoso o ceremonia excesiva. Con sus críticas no intentaba hacer la guerra contra la Iglesia de Roma sino que desea corregir los pecados de algunos de sus prelados. Lorenzo de Médici, que gobernaba Florencia y mantenía con su dinero y sus negocios a Miguel Ángel, también conocía a Savonarola, pero este último le hizo blanco de sus críticas. Ante las amenazas de destierro (Lorenzo había expulsado de la ciudad al beato Bernardino de Feltre en 1476 por su prédica contra la usura), Savonarola dijo: "yo soy un forastero y él un citadino y el primero de la ciudad; yo he de estar y él no tendrá a donde ir: yo viviré y no él".
 
Se dice que Lorenzo llamó a Savonarola en su lecho de muerte en 1492 y Savonarola lo maldijo, haciendo que Lorenzo terminase sus días, hasta el último suspiro, temiéndole al infierno. Finalmente, Lorenzo y su hijo Piero de Médici se convirtieron en uno de los blancos de las predicaciones de Savonarola.
  
El rey francés Carlos VIII quiso hacer valer su derecho a gobernar Nápoles, por lo que decidió entrar en Italia con su ejército y pasar por Florencia. Savonarola entonces lo consideró un enviado de los cielos para poner orden en el clero, que él consideraba impuro. El 8 de noviembre de 1494, en la Florencia invadida por el rey francés, estalló una sonada rebelión. La familia gobernante de los Médici fueron acusados y expulsados. Savonarola, tras la expulsión de los Médici, surge como líder de la ciudad. Girolamo comienza entonces a gobernar la República Democrática de Florencia, de carácter fuertemente religioso. Como ahora estaba en el poder, se pone a perseguir ferozmente a los homosexuales, las bebidas alcohólicas, el juego, la ropa indecente, los cosméticos. Savonarola ordenó a la policía que buscara por la ciudad cualquier cosa que permitiera la vanidad o el pecado. Tablas de juego, libros donde se trataban temas sexuales, peinetas, espejos, perfumes, ropa indecente... son retirados por la policía y echados al fuego purificador, la llamada "hoguera de las vanidades", un inmenso fuego que ardía en la plaza principal de la ciudad. También se quemaron cuadros y obras maestras del Renacimiento, libros de Petrarca y Bocaccio, libros de los antiguos escritores de la civilización romana y griega de incalculable valor, por ser considerados inmorales. Todo ello en un intento por obligar a los ciudadanos a que retornen a las costumbres sencillas de los antiguos.
  
En estas condiciones, se formó un grupo contrario al gobierno de Savonarola, llamados los arrabbiati (los enojados), que son derrotados en las calles por los seguidores de Girolamo. Los franciscanos, encabezados por Francesco de la Curia, fueron los mayores opositores a Savonarola, pues con sus predicaciones en la iglesia dominica de San Marcos, la iglesia franciscana de la Santa Cruz pierde adeptos y se queda vacía.
  
En esta época, sus ataques contra la familia española del Papa, la familia Borgia, se vuelven todavía más fuertes, enemistándose definitivamente con el Duque Sforza de Milán y el papa Alejandro VI.
 
Savonarola atacó a los Borgia acusándoles de pecadores. Su feroz ataque se centró en Rodrigo Borgia, que poco después llegó a ser Papa con el nombre de Alejandro VI. Savonarola atacó a los amigos de ese Papa, acusándolos de pecadores, incestuosos y mentirosos. Alejandro VI pidió a Savonarola que cambiara su actitud. El monje no aceptó, e incluso llegó a cuestionar la autoridad del papa, acusándole de ser un hereje usurpador:  
"Bajo el Cielo, no puede haber un pecado más grave que el pervertir la adoración verdadera a Dios, y tornarla una deshonra a la Divina Majestad [...] Al presente, en la Iglesia de Dios, vemos un estado de cosas en el cual, de alto abajo, movido a cólera por esta intolerable corrupción, ha permitido Dios, hace algún tiempo, que la Iglesia estuviera sin un verdadero pastor. Por eso doy testimonio, en Nombre de Dios, que este Alejandro VI de ninguna manera es Papa y no puede ser reconocido como tal... Por esto yo declaro en primer lugar y afirmo con toda certeza, que ese hombre no es Cristiano; que incluso no tiene ya la creencia de que existe Dios, lo que sobrepasa los límites finales de la infidelidad y la impiedad".
  
Savonarola inició la predicación de la Cuaresma -era 17 de Febrero de 1496- con estas palabras:
Ven aquí, Iglesia bellaca, ven aquí y escucha lo que el Señor te dice: Yo te había dado hermosas vestiduras, y tú de ellas hiciste ídolos. Los vasos diste a la soberbia; los sacramentos a la simonía; en la lujuria te hiciste meretriz descarada; tú eres peor que una bestia; tú eres un monstruo abominable. Una vez te avergonzaste de tus pecados, pero ahora no más.
 
El 24 de Febrero tronó desde el púlpito:
Nosotros no hablamos sino cosas verdaderas, pero son vuestros pecados los que profetizan contra vosotros [...] nosotros conducimos a los hombres a la simplicidad y a las mujeres al vivir honesto, vosotros los conducís a la lujuria y la pompa y la soberbia, que ha dañado al mundo y ha corrompido a los hombres en lascivos, a las mujeres en deshonestas, a los jóvenes ha conducido a la sodomía y a la inmundicia, haciéndoles comportarse como meretrices.
 
Disparaba contra las delicadezas de la Corte Papal y contra aquel Renacimiento que quería recuperar el paganismo vencido por la Cristiandad medieval (de ahí la famosa Hoguera de las Vanidades, donde libros, pinturas y joyas fueron consumidos por las llamas). En agosto Alejandro VI le ofrecerá nombrarle Cardenal a cambio de retractarse de las precedentes críticas a la Iglesia y que se abstuviese en el futuro de hacerlo; fray Girolamo prometió responder el día siguiente, en la prédica que realizó en la Sala del Consejo, en presencia de la Señoría:
No quiero capelos, no quiero mitras grandes o pequeñas, quiero lo que le has dado a tus santos: la muerte. ¡Un capelo rojo, pero de sangre, eso quiero!
 
Sus truenos contra Roma le valdrán la excomunión, fulminada el 12 de Mayo de 1497: Recientemente se ha demostrado, tanto por una correspondencia entre el fraile y el Papa como por la correspondencia entre el Papa y otras personalidades, que aquella excomunión era falsa: fue emanada por el Cardenal arzobispo de Perugia Juan López en nombre del Papa, por instigación de César Borgia, que contrató un falsario para crear una excomunión ficta y destruir al religioso. Alejandro protestó vivamente contra el Cardenal y amenazó a Florencia con el entredicho (la suspensión de los sacramentos, indulgencias y funerales) a fin de que le fuese entregado fray Jerónimo, a fin de poder salvarlo y hacerlo disculparse, pero con alguien como César, no tuvo tanto poder para revelar el engaño. En todo caso, Savonarola impugnó la excomunión mediante su Carta a todos los cristianos e hijos dilectos de Dios, donde dice:
¿Ya leíste esta excomunión? ¿Quién la ha mandado? Pero suponiendo por ventura que así fuese, ¿no recuerdas que yo te dije que aunque viniese, no valdría nada? [...] no os maravilléis de nuestras persecuciones, no olvideis, ¡oh buenos!, que este es el fin de los profetas: este es el fin y la ganancia nuestra en este mundo.
 
En la navidad de 1497 volvió a predicar contra Alejandro VI:
El papa es hierro roto (no es más un instrumento del Señor) y no se está obligado a obedecerle, anatema a quien ordena contra la caridad. [...] Cualquier cosa hecha contra la caridad, elíjase muy pronto su Sucesor, que la Barca de Pedro no pudo atender.
 
En 1498 el papa ordenó su arresto y ejecución. El 7 de abril de 1498 falleció Carlos VIII, el rey de Francia, quien había sido hasta entonces defensor de Savonarola. El 8 de abril de 1498, una parte del ejército del papa entra en Florencia. La ciudad no opone resistencia, y los ciudadanos se muestran dispuestos a detener al monje. Éste se esconde junto con sus seguidores en el convento de San Marcos. Mueren muchos de los que intentan protegerlo. Savonarola y los suyos acaban siendo derrotados, incluyendo a sus dos amigos Fray Domenico de Pescia y Fray Silvestro. Poco después, Savonarola, acusado de herejía, cisma y denigración a la Santa Sede, fue conducido a la prisión de Florencia. Durante cuarenta y dos días se le tortura a él y a sus amigos. Después de este tiempo Savonarola firma su arrepentimiento con el brazo derecho, brazo que los torturadores habían dejado intacto para que pudiese hacerlo. La confesión fue firmada antes del 8 de mayo de 1498. Después, se arrepientió de haber firmado esa confesión que le entregaron los torturadores, y ruega a Dios para que tenga misericordia con él por su debilidad física en la confesión de los crímenes que en realidad creía no haber cometido. En el día de su ejecución, el 23 de mayo de 1498, todavía trabajaba en otra meditación, llamada Obsédit me que significa "Obsesionado conmigo".
  
El día fijado para su ejecución lo llevaron hasta la Plaza della Signoria junto con sus fieles seguidores, Fray Silvestro de Pescia y Fray Domenico. A los tres les despojaron de sus hábitos y les relajaron al brazo secular. Otro que estaba presente, cuenta en su diario que el fraile tardó en quemarse varias horas. Los restos eran sacados y devueltos a la hoguera repetidamente, a fin de que los savonarolistas no los trataran como reliquias. Sólo cenizas quedaron al final, que por último serían arrojadas al río Arno, al lado del Ponte Vecchio. Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe, también atestiguó y escribió sobre la ejecución. El gobierno de Florencia fue posteriormente recuperado por la familia Médici.

Martirio de Savonarola y sus dos discípulos Fray Silvestro y Fray Domenico.
 
Savonarola era intenso, ferviente y carismático en el aspecto personal. A menudo se le compara a Lutero en su denuncia de la corrupción de la Iglesia de su tiempo, pero él no establecía las bases doctrinales que, con Lutero, llevarían al quiebre. De hecho, en sus predicaciones y escritos se manifiesta el respeto y la fe incontrastable en el dogma católico, siendo así era un adelantado de la reforma moral que vendría en la Contrarreforma. Después de la muerte de Savonarola se origina en Florencia el grupo conocido como Piagnoni para conservar su memoria, organizado en una especie de gremio. Ahora, después de su muerte, los seguidores de la orden de San Francisco apoyan las ideas de Savonarola, se organizan junto a los demás seguidores de Girolamo, y en 1527 expulsan de nuevo a los gobernantes de la familia Médici, estableciendo otra vez una república. Esta termina en 1530, en la batalla de Gavinana. Savonarola atrajo la admiración de muchos humanistas religiosos posteriores, quienes valoraron sus profundas convicciones espirituales, pasando por alto sus siniestros excesos como gobernante de Florencia.

Sus obras fueron puestas en el Índice de 1559, siendo rehabilitadas en los siglos posteriores, porque Benedicto XIV declaró que en las obras de Savonarola no había la menor sombra de herejía. En el siglo XX, un movimiento para la canonización de Savonarola se inicia entre los dominicos, al juzgar que su expulsión y ejecución habían sido injustas. Se inauguran monumentos a Savonarola en Ferrara, Bolonia (junto a la Basílica Patriarcal de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores y la Santa Inquisición) y Florencia. De él dirá, siglos después, el padre Enrique Lacordaire: “Jerónimo Savonarola fue en balde ajusticiado y quemado vivo en medio de un pueblo ingrato, pues su virtud y su gloria se elevaron sobre las llamas de su hoguera. El papa Paulo III declaró que miraría como sospechoso de herejía a quien osara acusar de ella a Savonarola”.

domingo, 21 de mayo de 2017

FSSPX: LA HORA CRÍTICA

Tomado de APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA.
  
1° GUERRA EPISTOLAR EN EL DISTRITO DE FRANCIA
El pasado domingo 7 de Mayo de 2017, siete de los diez sacerdotes decanos del distrito de Francia de la Fraternidad San Pío X (David Aldalur de Burdeos, Xavier Beauvais de Marsella, François-Xavier Camper de Lyon, Bruno France de Nantes, Thierry Gaudray de Lille, Patrick de la Rocque de París, y Thierry Legrand de Saint-Malo) tomaron posición públicamente contra el decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Novus Ordo del 27 de Marzo de los corrientes (aunque extrañamente fue publicada el 4 de Abril), en el cual se reconocía validez a los matrimonios de los fieles de la Fraternidad siempre y cuando contasen con la anuencia del ordinario o el párroco conciliar para recibir el consentimiento de los contrayentes, como parte del hodierno, clandestino y ralentizado proceso de las negociaciones Roma-Menzingen para erigir la Fraternidad no como una Administración Personal (como sucedió con los traidores de Campos, Brasil), sino en Prelatura Personal (como el Opus Dei).

Su declaración leída en el púlpito de sus respectivas capillas, y que además contó con la adhesión de los superiores de las comunidades amigas de la Fraternidad (P. Jean-Marie, superior de la Fraternidad de la Transfiguración; P. Placide, prior del monasterio benedictino de Bellaigue; y P. Antoine, guardián del monasterio capuchino de Morgon), causó un gran revuelo, sobre todo en sus consecuencias inmediatas: El Superior del Distrito de Francia, que no se ha destacado sino por la obediencia ciega al Superior General Bernard Fellay, nominativamente Christian Bouchacourt, omitiendo que los siete decanos le presentaron el documento a su consideración y que ante la inercia del mismo se vieron precisados a publicarlo (cualquier parecido con otros casos es pura realidad), descalificó el manifiesto como “subversivo”, pidió que los fieles del distrito lo tuviesen por nada y ordenó que los decanos fueran separados de sus puestos, y el P. Patrick de la Rocque ha sido removido de sus funciones en San Nicolás de Chardonnet, siendo remplazado por el P. Paul Vassal (este Vassal estuvo en el priorato de Post Falls, Estados Unidos, y renunció en 2016 al verse involucrado en el encubrimiento de un escándalo de sodomía en el colegio que la Fraternidad dirige allá).
   
Mas ahí no acaba la cosa: El 13 de Mayo, luego de insultar por enésima vez a la Virgen Santísima y de usar a los bienaventurados videntes Francisco y Jacinta Marto como estratagema propagandística al “canonizarlos”, Francisco I Bergoglio afirmó en su tradicional entrevista del avión lo siguiente sobre la FSSPX a raíz de la pregunta que le hiciera el periodista del diario francés La Croix:
“Yo descartaría toda forma de triunfalismo. Nada. Hace algunos días, en la Feria cuarta, la llaman así porque se hace el cuarto miércoles [N. del E. Feria cuarta es CUALQUIER miércoles del mes, papanatas], de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se estudió un documento cuyas conclusiones aún no me han llegado. Yo lo estudio. Segundo, el estado actual de las relaciones es de relaciones fraternales. El año pasado di la licencia para la confesión a todos ellos también como una forma de jurisdicción para el matrimonio.
 
Pero en primer lugar, los problemas que deben resolverse en la Doctrina de la fe, la Doctrina de la Fe los resuelve, como son los casos de los abusos… Los casos de abusos nos los trasladaban a nosotros, y también en la Penitenciaría, también la reducción al estado laical de un sacerdote nos lo pasan a nosotros… Son relaciones fraternales.
 
Con Mons. Fellay tenemos una buena relación, hemos hablado algunas veces. No me gusta apresurar las cosas…, caminar, caminar…, y luego ya veremos. Para mí no es un problema de vencedores o de derrotados. Es un problema de hermanos que deben caminar juntos buscando la forma de dar pasos adelante”.
Al día siguiente, entre discusiones en el atrio antes y después de la Misa en honor a Santa Juana de Arco, cuando el P. Bouchacourt comunicó en San Nicolás de Chardonnet la decisión de remover al padre La Rocque de su puesto como capellán, un centenar de fieles (la mayoría de ellos jóvenes) se levantó de las bancas y abandonó el templo, mientras otros quince se quedaron para rezar el Rosario. Y un grupo de fieles del Distrito de Francia dirigió una carta a la Comisión Ecclésia Dei en defensa del carácter tradicional de la Fraternidad fundada por Mons. Marcel Lefebvre y rechazando la doble moral del Vaticano cisma, que pretende conceder jurisdicción para el matrimonio mientras lo destruye en el aspecto doctrinal, teológico y juscanónico -especialmente con la exhortación Amóris Lætítia y el motu Mitis Judex Dóminus Jesus-.
  
Es clara una cosa o dos, y tal vez tres: Con Ratzinger, las conversaciones con Fellay y cía. eran de índole doctrinal y con intercambio de argumentos, mas ahora con el pragmático Bergoglio, el diálogo es sobre decisiones fácticas, lo que ha hecho evidenciar las divisiones internas de la Fraternidad. Por otra parte, Fellay está claramente asustado, ya que su segundo duodecenio está por acabar, y si el Capítulo General se hiciera hoy, no lo reelegirían ciertamente, ya que son muy pocos los que quieren el acuerdo. Por ello removió a los siete decanos (a los cuales designará remplazo el próximo 15 de Agosto), por eso quiere que la prelatura se la den rápido para poder gobernar de por vida. (Mensaje recibido por correo electrónico, el remitente nos autorizó publicarlo manteniendo en reserva su identidad)
 
2° EL INSTITUTO DEL BUEN PASTOR: LA HISTORIA DE UNA FALLIDA ORGANIZACIÓN “INDULTADA” QUE FUE ENGAÑADA POR LOS CONCILIARES Y QUE AHORA SIMULA EL SERVICIO NOVUS ORDO
Si los miembros de la Neo-FSSPX de Bernard Fellay quieren saber qué les deparará el futuro si se venden a la secta Novus Ordo y su antipapa Francisco Bergoglio, necesitan ver qué le pasó al Instituto del Buen Pastor (IBP). Cinco sacerdotes-presbíteros de la neofraternidad (Paul Aulagnier, Philippe Laguérie, Christophe Héry, Guillaume de Tanoüarn y Henri Forestier) desertaron para formar este instituto bajo los auspicios de la conciliar Comisión “Ecclésia Dei”. La viuda negra deuterovaticana sedujo al Instituto hacia la secta del Nuevo Orden prometiéndole incluir en los estatutos una provisión de que sus sacerdotes-presbíteros se les permitiría solamente la medio novusordiana Misa de Roncalli y nunca en el rito protestante-masónico-pagano institucional. Pero una vez el IBP cayó en la red deuterovaticana, la iglesia conciliar renegó de su promesa. Ahora los sacerdotes-presbíteros del Instituto simulan la Nueva Misa.
 
Francia es el centro de la Neo-FSSPX. Si el Distrito de Francia se rebela, también lo harán los demás. Incluso el padre Christian Bouchacourt, Superior del Distrito de Francia, aunque es un gauleiter para Fellay, estuvo entre aquellos que en Julio de 2016 estuvieron en oposición a la propuesta capitulación fellayana ante la Neo-iglesia. Él procedió así porque sus propios priores estaban en contra del acuerdo. Muchos de los priores de Francia están contra el acuerdo. De ahí que incluso algunos de los menguantes apoyadores de Fellay ahora concluyen que su salida podría ser beneficiosa para la Hermandad.
 
¿Cuándo abrirán sus ojos los tontunos de la Neofraternidad, tanto clérigos como laicos? El problema es doctrinal. La iglesia conciliar NO ES CATÓLICA. Hasta que ella revierta hacia la Fe Católica, no debería haber compromiso con ella. Si muere y se disuelve en la neblina, quizá algunos de sus despistados miembros pueden volver al final. La misericordia de Dios es ilimitada, pero su paciencia no. (Peter, Corresponsal de TRADITIO en Canadá).

jueves, 18 de mayo de 2017

ESPAÑA HA MUERTO, Y NO RESUCITARÁ

Por José Javier Esparza para GACETA.ES Vía TRADICIÓN DIGITAL
 
Vamos, mirad alrededor: España está muerta. Todo huele a podrido. Oh, sí, claro: a nuestro lado hay millones de personas fantásticas, de trabajadores entregados a su tarea, empresarios honrados, científicos de excelente nivel, militares abnegados, jueces justos, políticos decentes… Por supuesto. Pero mirad la España institucional –esa que todos hemos elegido, esa que todos sostenemos-: no hay pilar de la vida pública que no esté corroído por la carcoma. El desorden establecido bien puede insistir en que “somos un gran país”: muchos están dispuestos a creerlo, como el enfermo terminal agradece que se le augure larga vida. Pero todo el mundo sabe lo que hay. Esto ha entrado en colapso. Hoy España ofrece el aspecto de un leproso que se arranca trozos de carne mientras grita “aquí no pasa nada”. ¿No habéis visto el color macilento de quienes nos hablan de regeneración y progreso, sus bocas sin dientes, sus cuencas vacías? España es un zombi. ¿Quizás así lo entendéis mejor?
 
Unos –cada vez menos- gritan “arriba España” pensando que ante el conjuro, en efecto, el muerto se levantará. Otros –cada vez más- cantan las glorias de un cadáver aún más putrefacto, el de la II República, creyendo con fe ciega que a fuerza de “memoria histórica” y otros pases mágicos ese muerto resucitará. Y en otros lugares vemos cosas aún más asombrosas, como el intento de construir naciones nuevas, como un Golem siniestro, a base de mitologías artificiales y población inmigrada. España se ha convertido en una asamblea de nigromantes que intentan devolver vida a la materia inerte y a la historia muerta.
  
También en los círculos del poder –político, financiero, mediático- se celebran oscuros ritos para crear un Frankenstein: maquinan una segunda transición que consistiría en romper todo vínculo con la primera –demasiado marcada por el pecado nefando del “franquismo”- y edificar una transición nueva sobre la base de un nuevo PP y un nuevo PSOE redefinidos en torno a los dogmas del pensamiento dominante, ese nihilismo blando del arrepentimiento histórico y el narcisismo de masas, ese mundo suicida –¿pero ya qué mas da?- de la gente que prefiere tener mascotas a tener hijos y tener smartphone a tener patria. Un mundo hecho a la medida de ese ser que Nietzsche llamó “último hombre”. Una segunda transición, sí, que consistirá –ya lo estamos viendo- en subordinar por completo nuestra economía a otros, supeditar sin máscaras nuestra defensa a otros, someter aún más nuestra vida pública a las redes caciquiles de los partidos, arbitrar fórmulas que permitan desgarrar el tejido nacional –moderadamente, sin tensiones, sin fatigas- en provecho de los separatismos locales, dejar que se extingan en el vacío los últimos restos de identidad nacional –esa cosa tan casposa, ¿no?, tan molesta, tan mala para la globalización- y acostumbrarnos a todos al lugar subalterno que se nos ha adjudicado. La España sin alma que podrá disolverse definitivamente en el magma de la mundialización, enunciando por última vez su nombre en el gracioso inglés que hablan los camareros en los bares de Torremolinos. ¿Y no hay oposición? Oh, sí la hay: una extraña cofradía de uniforme morado que vive obsesionada con abrir las puertas a toda inmigración, estimular la descomposición de la unidad nacional y deshacer los últimos restos de la vieja vida. O sea, una oposición que no pide sino acelerar lo mismo que desea hacer el poder. Este es el paisaje de la “segunda transición”.
 
Frente a eso, nada más que los nigromantes. Pero no, no habrá resurrección. Ninguna resurrección. No resucitará la fantasmagoría alucinada de la II República, que nunca fue ese dechado de virtudes que hoy cantan, entre vindicativos y lúgubres, sus iracundos parroquianos. No resucitará tampoco la España de Franco, que cumplió su ciclo histórico y se extinguió, porque ella quiso, preparando la llegada de la siguiente. Ni resucitará la España de la transición setentera y el “habla, pueblo habla”, que es precisamente la que ahora se está descomponiendo entre hedores de partitocracia corrupta, separatismos desaforados, economía hiperdependiente y precaria, miseria moral e ignorancia de masas. En el peor de los casos, estaremos condenados a vivir entre los Golem y los Frankenstein de los separatismos y de la “gente de orden”.
 
¿Os duele? Ya. A vosotros –a algunos, al menos-, os gustaría que vuestro nombre siga significando algo, que vuestro suelo siga siendo vuestro, que vuestra gente siga sabiendo quién es. Vosotros –algunos de vosotros- seguís queriendo tener algo a lo que poder llamar “patria”. Bien. Pues abandonad toda esperanza de resurrección. Vuestra única opción es una metamorfosis. Tenéis que cambiar no sólo de piel, sino también de órganos. Porque esta España sin nombre, sin identidad, sin hijos, sin dioses y sin tierra no va a ninguna parte. Está muerta. Y no, no la resucitará un poema.
 
¿Cómo lograr la supervivencia de España? “Hay que construir poder”
¿De verdad queréis que esto –vuestro nombre, vuestro suelo, vuestra gente- siga existiendo? Bien, pues yo os daré la receta: construid poder, que es la llave de la Historia. Nadie ahí arriba, donde se toman las grandes decisiones, ignora cómo se hace eso. Construir poder no es invadir Portugal. Construir poder es buscar tu independencia energética, favorecer una acumulación de capital que te permita lanzarte a grandes proyectos de desarrollo, promover tu industria más puntera, evitar que tu riqueza esté en manos de otros, asegurar tu autosuficiencia alimentaria. Dar a tu gente una formación excelente, tener hijos que garanticen el reemplazo demográfico, estimular a tu sociedad para que sea activa y creativa, proteger eficazmente hasta al último de tus ciudadanos garantizándole trabajo, educación, salud y alimento dignos. Cultivar la propia identidad para fortalecer el sentimiento de comunidad nacional, combatir a los que intentan romper el conjunto, que tus armas estén a tu servicio y no bajo la voluntad de terceros. Obrar de tal modo que tu socio te respete y tu enemigo te tema, como obran todos los países que en el mundo pintan algo. Todo eso puede –debe- hacerse en democracia, en paz y en libertad. Pero en España, en los últimos años, y en nombre de la democracia, la paz y la libertad, hemos hecho todo lo contrario: hemos renunciado a cualquier forma de poder nacional. Y el resultado, hoy, es que nuestra paz, nuestra libertad y nuestra democracia empiezan a ser simples caricaturas.
   
Ya sé que no es esto lo que la mayoría queréis oír. ¡Da tanta fatiga!, ¿verdad? ¡Tener hijos…! ¡Reducir deuda pública…! ¡Reconducir la educación a la disciplina…! ¡Construir poder…! Todo eso requiere una energía, una tensión y una voluntad que ya pocos quieren reencontrar. Es mucho más amable, claro que sí, seguir hozando en el lodazal de nuestra descomposición, cuyo hedor casi ni percibimos gracias a los densos sahumerios de la telebasura, el fútbol patrocinado por jeques wahabistas y el discurso adormecedor de una clase política que, caciquil, sólo vela por mantener sus densísimas redes clientelares. Es mucho más amable resignarse a esa ideología de la rendición, de la claudicación, que lleva tantos años masajeándonos las conciencias: olvidad quiénes sois -¡tan malos…!-, disfrutad de vuestro bienestar artificial, acoged al terrorista de antaño, no tenséis las cosas, dejaos consolar por el discurso sentimental con el que se envuelve el poderoso. Después de todo, es por vuestro bien.
   
¿No queréis eso? Pues bien, la decisión es vuestra: o metamorfosis o muerte. No hay más.
  
Comentario de TD: Excelente artículo que está en consonancia con nuestra línea editorial. Aunque debemos precisar que la democracia liberal-relativista, es un hecho tan contemporáneo como histórico, ha demostrado ser letal para España. No debemos idolatrar a la democracia porque no debemos ser liberales sino católicos. España ha funcionado cuando ha sido fiel a su verdadera esencia e identidad, que es su catolicidad. España rechazó a Cristo y la consecuencia de separarse de la Vida no es otra que la muerte, con sus zombis, y sus nigromantes. ¿Tan difícil es de entender?

miércoles, 17 de mayo de 2017

NEOCATECUMENALES Y FRANCMASONES: EXTRAÑAS CONCORDANCIAS

Traducción de la página 169 del libro Verità sul Cammino Neocatecumenale
Muy reverendo
Padre Enrico Zoffoli
Plaza San Juan de Letrán, 14
00184 ROMA RM
 
Reverendo Padre,
 
Habiendo leído algunos de sus libros y artículos en Segno del Soprannaturale a propósito de la disputa sobre el movimiento neocatecumenal, considero que Vd. es la persona más adecuada para enviarle mi estudio sobre las similitudes entre la masonería y el movimiento neocatecumenal.
 
Dichas comparaciones son múltiples por las que considero que serán valoradas por la persona competente. Siendo mi parecer de ningún valor, creo que este trabajo le podrá interesar, pero en el caso que considere equivocadas mis argumentaciones, no debe preocuparse en modo alguno y puede rechazarla. Si en cambio le parece digno de profundizar, le pido hacerlo en bien de la Verdad y de la Iglesia Católica.
 
Le pido disculpar la forma, pero entre mí y la pluma nunca ha habido mucha simpatía.
 
Asegurándole que en familia continuaremos orando por Vd. y por la Iglesia, Le saludo filialmente en Cristo,
 
(carta firmada)

MASONES Y NEOCATECUMENALES: EXTRAÑAS CONCORDANCIAS ENTRE LOS PRINCIPIOS DE LOS PRIMEROS Y LOS COMPORTAMIENTOS DE LOS SEGUNDOS
 
 
Relaciones entre la Masonería y la Iglesia Católica 
Casi desde su fundación, en el siglo XVIII, las relaciones entre la masonería y la Iglesia Católica nunca fueron buenas. Esto a pesar de las repetidas tentativas de infiltración acontecidas en estos siglos, que siempre fueron rechazadas por hombres santos y avizores entre los cuales destaca el Papa Clemente VII, que en 1738 lanzó la excomunión a cualquiera que se inscribiese en las logias.
 
Excomunión que, no obstante lo que se ha dicho, nunca fue abrogada, de hecho, la declaración del 17 de febrero de 1981, por la Congregación para la Doctrina de la Fe a propósito del canon 2335 del Código de Derecho Canónico, ha reiterado cuanto fue dicho en julio de 1974, o sea: la prohibición a los católicos, so pena de excomunión, de inscribirse en asociaciones masónicas y otras similares.
 
¿Por qué la Iglesia Católica condena la Masonería?
 
Mejor que tantas explicaciones pienso que son las palabras del Papa León XIII en su Encíclica del 19 de marzo de 1902 donde escribe:
“Una secta tenebrosa, que la sociedad lleva por mucho tiempo en sus costados como una enfermedad mortal, que contamina el bienestar, la fecundidad, la vida... El objetivo es de ejercitar una soberanía oculta sobre la sociedad reconocida: su razón de ser consiste enteramente en hacerle la guerra a Dios y a la Iglesia. No es necesario nombrarla, porque todos han reconocido con tales señales que es la Francmasonería, de la cual hablamos explícitamente en la Encíclica Humánum genus del 23 de abril de 1884.
 
Atrapando en sus inmensas redes la casi totalidad de las naciones y renovando a las otras sectas que ella hace mover por medio de hilos ocultos, desde antes atrayendo y reteniendo poi i sus afiliados con el aparato de ventajas que ella les procura, plegando los gobiernos a sus designios, ora con promesas ora con amenazas, esta secta secreta ha llegado a infiltrarse en todas las clases sociales.
  
Essa forma come uno stato invisibile e irresponsabile nello stato legittimo... Mientras profesa en palabras el respeto a la autoridad y de la misma religión, su objetivo supremo, como sus propios estatutos acreditan, es el exterminio de la soberanía y del sacerdocio”.
 
Parece claro, el por qué la suma autoridad de la Iglesia, y tantas otras almas santas, habían siempre luchado con todas la fuerzas contra la Masonería. Pero, como frecuentemente sucede, quien no se arriesga a entrar por la puerta, intenta por la ventana.
  
Extrañas similitudes
Existen documentos, que muestran algunos proyectos para someter y anular a la Iglesia Romana. Dichos documentos muestran los puntos por atacar y los modos de hacerlo, eliminando el respeto por lo Sagrado, por el Sacerdocio, por los Dogmas y el culto de los Santos y de María Santísima.
 
Exttrañamente en las Comunidades neocatecumenales, se enseña todo lo que recuerda los fines de la masonería, buscando eliminar completamente el culto mariano, a los santos, el respeto por todo lo que es Sagrado, por el Sacerdocio y por los dogmas de Fe.
  
El Papa Pablo VI en su homilía “Resistíte fortes in fide” del 29 de junio de 1972, pidiendo ser escuchado como si hablase San Pedro mismo, dice tener la sensación que “por alguna grieta se infiltró el humo de satanás en el templo de Dios”. Y especifica qué entiende por “humo de satanás”, esto es “la duda, la incertidumbre, la problematica, la inquietud, la insatisfacción, la lucha. No se tiene más confianza en la Iglesia; se cree en el primer profeta” que aparece, para "preguntarle a él si tiene la fórmula de la verdadera vida... Y ha entrado la duda en nuestras conciencias, y entró por las ventanas que habían sido abiertas a la luz”. Y aún: “Se creía que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia. Ha venido, en cambio, un día nublado, de tempestades, de oscuridad, de búsquedas, de incertidumbre”.
 
Estas palabras parecen resaltar la amargura del Santo Padre por las “aventuras” posconciliares de algunos “profetas” entre los cuales podemos insertar a Kiko.
 
La Gnosis
Las herejías gnósticas han estado, desde la época patrística, entre los más recurrentes enemigos de la Iglesia, pero, a despecho de sus repetidos ataques, no han podido nunca destruir el edificio construido por Cristo.
 
Ellas se basan en el “conocimiento” (gnosis, apunto) que es reservado a un grupo restringido de personas (los “iniciados” o “iluminados” conforme a las distintas sectas), mientras los otros (los “afiliados”) deben estar ignorantes de todo, y no tener la mínima idea de lo que les traerá su camino.
  
Muchas personas se afilian a la Masonería sin tener la más remota idea de lo que esta afiliación pueda traerles, tal vez por la impronta vagamente filantrópica de algunas logias, o quizá también para acrecentar su poder personal en la sociedad y aumentar así su propio capital, no imaginando ciertamente que se convertiran en verdaderos y propios esclavos de satanás, cosa que solo algunos llegarán a entender, siguiendo la larga escalera iniciática.
 
Cuando uno entra en el movimiento Neocatecumenal debe olvidar las preguntas. Por largo tiempo no es permitido presentarlas, y también cuando llega el momento de preguntar algo, las respuestas son evasivas, a menos que no conciernan al futuro del “camino” porque entonces es todo confidencial. El saber está todo en las manos de los “catequistas” que no son personas que hayan hecho estudios particulares de teología, liturgia, patrística u otros, sino que son simple y llanamente personas que han hecho ya al menos 5-6 años de camino y que han sido adoctrinados por otros antes de ellos. Ellos mismos no tienen idea de lo que les será enseñado en los próximos años.
 
El mejor alivio para los Neocatecumenales es que estén ayunos de nociones de catecismo (¡el verdadero!), de teología y de Sagradas Escrituras, de manera de poderles enseñar todo lo que le parece a ellos.
 
Nuestro Señor, en cambio, en Su enseñanza nunca le escondió nada a nadie, adecuando enseguida el camino que recorrer y permitiendo todas las preguntas que surgieran.
 
El hecho mismo que en el Movimiento Neocatecumenal se halle esta escala jerárquica “gnóstica”, a la luz de la historia de la Iglesia, hace dubitar mucho sobre la bondad del resultado final.
  
Ataque a la Iglesia
De varias fuentes masónicas se han filtrado documentos que atestiguan cómo por muchos años están en curso planes para la aniquilación de la Iglesia, operando desde su interior (cfr. “La cara oculta de la historia” de Pietro Mantero, Ed. Segno).
  
Examinemos los varios puntos que interesan a nuestra investigación:
  1. La devaluación y el desprecio de la Santísima Eucaristía y consiguientemente la desacralización y profanación del culto católico y de los lugares de culto.
  2. La eliminación de la Mariología de la teología católica y el desprecio de la profecía postbíblica, especialmente aquella Mariana.
  3. Eliminación del sacerdocio ministerial y de todo lo que tenga que ver con lo sagrado.
  4. Uso del dinero para acrecentar el consenso.
 
Ahora examinemos uno por uno estos puntos confrontándolos con la catequesis neocatecumenal tomada de las “orientaciones a los equipos de catequistas” de Kiko Argüello, relacionadas por el Padre Enrico Zoffoli en su opúsculo “El neocatecumenado de la Iglesia Católica”:
  1. La devaluación y el desprecio de la Santísima Eucaristía y consiguientemente la desacralización y profanación del culto católico y de los lugares de culto.
    Para los neocatecumenales la Misa no es un verdadero “sacrificio”, el perpetuarse del Sacrificio de la Cruz, sino solamente un banquete comunitario que celebra la potencia salvífica de Cristo resucitado que está bien celebrar no en iglesias consagradas, sino en locaciones cualquiera propias para hacer resaltar que es una cena, y si se celebra en una iglesia por razones de espacio (con más comunidades reunidas) el altar (esto es, la mesa) es removido del presbiterio y trasladado al centro de la iglesia.
     
    Escena típica en una celebración en el “rito” neocatecumenal: la sardana en torno a la mesa
     
    El pan consagrado no se cambia en la sustancia del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, no teniendo otra función que la de simbolizar la presencia espiritual de Aquel que, resucitado, todo lo empuja sobre su carro de fuego...
       
    Negado el Sacrificio Eucarístico y la transustanciación, el “pan consagrado” (con todos sus restos y fragmentos) excluye la real presencia de Cristo, por eso tenemos que en las Misas celebradas por presbíteros neocatecumenales no se hace la purificación de los vasos en el modo correcto (de lo cual he sido muchas veces testigo presencial), no se hace caso si algún fragmento cae en tierra (una vez se llamaba sacrilegio...) y es negado todo culto al Santísimo Sacramento (en mi parroquia los jóvenes no saben qué cosa son las “Cuarenta horas” o una adoración eucarística seria, siendo el culto eucarístico limitado a una exposición del Santísimo por una veintena de minutos el primer viernes del mes, mantenida ¡para contentar a las “viejitas” que están acostumbradas a estos ritos!).
     
    Una vez, alguien que entró en una comunidad hace poco, viendo los fragmentos abandonados en un cáliz, lo hizo notar y le fue respondido: “¡Si todavía crees en estas cosas, entonces esta espiritualidad no es para ti!”.
       
    A propósito de la profanación de los lugares de culto, en nuestra parroquia, después de las celebraciones tenidas por los neocatecumenales en la iglesia, a veces, han sido encontradas colillas de cigarrillos sobre el pavimento.
     
  2. La eliminación de la Mariología de la teología católica y el desprecio de la profecía postbíblica, especialmente aquella Mariana.Hablar de la Virgen a un neocatecumenal es como hablar del Hada Azul, una fábula o poco más. No existe la figura de la Corredentora ni de la Madre de la Iglesia; rezar el Rosario es de mentecatos o algo así.
       
    La única efigie mariana admitida es un icono de vago sabor bizantino, llamada “Virgen de Kiko”.
     
    La Virgen Caminera, el único icono medio decente salido del kikil caballete
       
    La única aproximación fue durante el Año Mariano (1987-1988), pero fue más para hacerse ver por el Papa que por un convencimiento real, de hecho, realmente los neocatecumenales se interesan poquísimo en la figura de María Santísima y de toda la Mariología.
     
    Obviamente no se puede hablar a los Neocatecumenales sobre Medjugorje o de cosas semejantes, pero también a Lourdes, Fátima, et cœ́tera, le es negada toda importancia.
     
  3. Eliminación del sacerdocio ministerial y de todo lo que tenga que ver con lo sagrado.
    La eliminación del Sacrificio comporta la supresión del sacerdocio ministerial, no debiéndose reconocer otro sacerdocio si no el de Cristo: la Eucaristía es celebrada por la comunidad de los creyentes, todos indistintamente partícipes de aquel único sacerdocio...
     
    La exclusión del sacerdocio ministerial lleva al derrumbe de la Jerarquía Eclesiástica, o sea, al rechazo del Orden Sagrado que la funda, suprimido el cual, la Iglesia, como Sociedad visible y jerárquica, no tiene más ninguna razón de ser.
     
    De hecho en el Neocatecumenado toda la autoridad y todo el saber está en las manos de los catequistas a los cuales los sacerdotes deben obediencia. ¡Cuántas veces he visto a sacerdotes tratados de mala manera sin el mínimo respeto por su estado!
      
    “¡Hey, mirad, un ensotanado misadociero desafiando mis extravagancias gastronómicas!”
      
    Los neocatecumenales no se arrodillan nunca, ni ante el Santísimo, ni en la Consagración, asumen conductas irreverentes durante las celebraciones (su postura clásica en las iglesias es con las piernas cruzadas y los dos codos apoyados sobre el asiento, posiblemente en posición oblicua respecto al banco). Una vez vi a un “Ministro extraordinario de la Eucaristía” (neocatecumenal) que fumando iba a llevar el Santísimo a un enfermo: habiéndoselo hecho notar me respondió “¿Qué sabes tú si Jesús no fumaba también?” Prefiero no hacer comentarios.
     
  4. Uso del dinero para acrecentar apoyos.
    Los Neocatecumenales disponen de gruesas sumas de dinero que son donadas por sus adeptos. Con qué tanta “liberalidad”, se ha discutido mucho: he sabido de una monja a la cual le fue quitado el reloj para que se “liberase de los buenes” no teniendo otra cosa que dar a causa del voto de pobresa y por eso no poseía nada. Llegados a cierto punto del camino deben dar el “diezmo” sin saber obviamente dónde terminará: nadie presenta informes de gastos. En gran parte es dado en limosna a las parroquias y a las diócesis que los hospedan a fin de ganarse el apoyo de la Jerarquía en sus luchas.
  
Otro aspecto del camino neocatecumenal que encuentra coincidencia en el estatuto masónico es el comportamiento ante el prójimo.
 
Como en el juramento masónico se hace obligación de ayudar a los “hermanos” de la misma logia, también para los neocatecumenales existe la obligación del mutuo socorro en el interior de la propia comunidad y eventualmente de las otras comunidades, mientras que no hace falta ayudar a quien no pertenezca al movimiento.
 
La justificación de tal comportamiento se corresponde en la enseñanza según la cual la salvación se obtiene no por las obras sino exclusivamente aceptando la Resurrección del Señor, tesis típicamente protestante y claramente herética.
 
Conclusiones
Como hemos podido observar, los puntos de contacto entre la masonería y el movimiento neocatecumenal son verdaderamente muchísimos, todo haría pensar que los neocatecumenales han sido dados a luz por la masonería como una bomba a punto de explotar en el seno de la Iglesia Católica.
 
Aunque estas sean suposiciones, faltando algunas pruebas para soportar esta alarmante hipótesis, pero parece verdaderamente extraño que habiendo nacido de “madres” distintas tengan tantas similitudes ente los principios y objetivos de la masonería y las catequesis y los comportamientos de los neocatecumenales.
 
No es mi objetivo emitir juicios sobre todo esto, pero quiero lanzar solo un grito de alarma a fin de que quien tenga el carisma de velar sobre la Ortodoxia de la Fe analice y diseccione a fondo este problema.
 
2 de febrero de 1994, Fiesta de la presentación de Jesús en el Templo.

lunes, 15 de mayo de 2017

FRANCISCO VS. NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Del viaje de Francisquito a Fátima (Portugal), no hemos seguido el itinerario ni la cobertura mediática porque hemos estado redactando nuestro análisis sobre el Tercer Secreto y la Hermana Lucía, pero bueno, algo hay que comentar. Abramos este artículo con la siguiente caricatura de Ignace para Médias-Presse.Info (de nuevo reiteramos que ya la Consagración de Rusia fue hecha, aunque tardíamente, por Pío XII en 1952):
 
Francisco I: “¿La consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María? ¡Perdón, eso no está en las promesas de mi quinquenio”.
   
Cuando Francisco Bergoglio, que se veía incómodo y fuera de lugar (como siempre pasa cuando no está con sus amigos los comunistas, protestantes, ateos, musulmanes y judíos) saludó la noche del 12 de Mayo a cuantos estaban presentes para la procesión con velas que se hace cada noche en la explanada de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, dijo:
“[...] a todos os abrazo y os confío a Jesús, «especialmente a los más necesitados» —como la Virgen nos enseñó a pedir (Aparición, julio de 1917)—. Que ella, madre tierna y solícita con todos los necesitados, les obtenga la bendición del Señor. Que, sobre cada uno de los desheredados e infelices, a los que se les ha robado el presente, de los excluidos y abandonados a los que se les niega el futuro, de los huérfanos y las víctimas de la injusticia a los que no se les permite tener un pasado, descienda la bendición de Dios encarnada en Jesucristo”.
supeditando por una parte al acomodar el mensaje de la Virgen a sus propios intereses oenegeísticos. Mintiendo, porque en la aparición del 13 de Julio de 1917, la Virgen le enseñó a los pastorcitos a que después de cada decena del Rosario se dijera esta oración:
“Oh mi Jesús, perdónanos, líbranos del fuego del Infierno y alivia a las almas del Purgatorio, especialmente a las mas abandonadas” [1].
  
Acto seguido, se despachó:
Peregrinos con María... ¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el «camino estrecho» de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora «inalcanzable» y por tanto inimitable? ¿La «Bienaventurada porque ha creído» siempre y en todo momento en la palabra divina (cf. Lc 1,45), o más bien una «santita», a la que se acude para conseguir gracias baratas? ¿La Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar: una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros?
Desglosemos este párrafo:
  1. “María, [que es] una maestra de vida espiritual”. Hasta donde nos da la insipiencia, la definición “Maestro de vida espiritual” es precisamente el significado del vocablo “gurú”, tan de moda por causa de la hinduizante Nueva Era. Gurúes que son sabios en su propia opinión, a los cuales engañadas las naciones acuden a ellos y rinden culto de latría. ¿A la Inmaculada Madre de Dios pretende equiparar con estos agentes de satanás?
  2. “Una santita (o image pieuse, según la traducción francesa) a la que se acude para conseguir gracias baratas”. Palabras salidas de la boca de sir “No soy quién para juzgar”, prejuzgando las intenciones de aquellos Católicos que le tienen cordial devoción a la excelsa Madre de Dios, y posponiéndola en favor de la delicuescente “Virgen María del Evangelio” que tanto se empeñan los herejes protestantes en buscar.
  3. “Una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros”. ¡Ni al más fanático se le ocurriría tal despropósito respecto de la Virgen, de San José o de cualquier otro santo! Y que Ella precisamente esté “deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar”, eso no tiene nada de descabellado: Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís vieron a Nuestra Señora intercediendo cuando Cristo iba a lanzar las tres lanzas (hambre, peste y guerra) sobre el mundo -y Ella encomendóles mediante su celo en la oración, predicación y penitencia la conversión de los pecadores-, y los venerables Melánia Calvat y Maximino Giraud pueden dar fe de que la Virgen de La Salette les dijo que eran tantos los pecados de la humanidad que ya no podía detener más el brazo justiciero de su Hijo.
Párrafo seguido:
Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz. Y así, por la fe que nos une a la cruz de Cristo, quedamos libres de nuestros pecados; dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado (cf. 1 Jn 4,18)”.
  
Además de contradecir el angustioso llamado que hizo la Santísima Virgen, concerniente a que es necesario convertirse y ofrecer reparación, Bergoglio insiste en la misericordia incondicional, que es hija del solafideísmo protestante expresado perfectamente en el “Esto peccátor et pecca fórtiter, sed fórtius fide et gaude in Christo” del satánico Lutero. Y honestamente, no sabemos a qué Evangelio se refiere, a pesar de ser este (permitidnos algo de locura, como pidiera San Pablo Apóstol a los corintios) este nuestro décimo año consecutivo leyendo seis capítulos diarios de la Sagrada Escritura. Porque Nuestro Señor Jesucristo dijo claramente que él volverá a juzgar a vivos y muertos, dando a cada uno el pago de sus obras (Mateo 25). Así lo confirman los Apóstoles,
  • San Pedro, en casa del centurión Cornelio, dijo: “Él [Dios] nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Éste es Aquel que ha sido destinado por Dios a ser juez de los vivos y de los muertos” (Hechos 10,42).
  • San Pablo, ante el Areópago de Atenas, dijo: “Pasando, pues, por alto los tiempos de la ignorancia, Dios anuncia ahora a los hombres que todos en todas partes se arrepientan; por cuanto Él ha fijado un día en que ha de juzgar al orbe en justicia por medio de un Hombre que Él ha constituido, dando certeza a todos con haberle resucitado de entre los muertos” (Hechos 17,30-31).
  • “Conforme a tu dureza y tu corazón impenitente, te atesoras ira para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual dará a cada uno el pago según sus obras: a los que, perseverando en el bien obrar, buscan gloria y honra e incorruptibilidad, vida eterna; mas a los rebeldes, y a los que no obedecen a la verdad, pero sí obedecen a la injusticia, ira y enojo” (Romanos 2,5-8).
  • “Pues todos hemos de ser manifestados ante el tribunal de Cristo, a fin de que en el cuerpo reciba cada uno según lo bueno o lo malo que haya hecho” (II Corintios 5,10).
  • “Ahora se extrañan de que vosotros no corráis con ellos a la misma desenfrenada disolución y se ponen a injuriar; pero darán cuenta a Aquel que está pronto para juzgar a vivos y a muertos [...] Porque es ya el tiempo en que comienza el juicio por la casa de Dios. Y si comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de los que no obedecen al Evangelio de Dios?” (I Pedro 4,4-5;17).
  • “Y díjome el Ángel: No selles las palabras de la profecía de este libro, pues el tiempo está cerca. El inicuo siga en su iniquidad, y el sucio ensúciese más; el justo obre más justicia, y el santo santifíquese más. He aquí que vengo presto, y mi galardón viene conmigo para recompensar a cada uno según su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Dichosos los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y a entrar en la ciudad por las puertas. ¡Fuera los perros, los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo el que ama y obra mentira!” (Apocalipsis 22,12-15).
  • “Y vi un gran trono esplendente y al sentado en él, de cuya faz huyó la tierra y también el cielo; y no se halló más lugar para ellos. Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, en pie ante el trono y se abrieron libros –se abrió también otro libro que es el de la vida– y fueron juzgados los muertos, de acuerdo con lo escrito en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; también la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron arrojados en el lago de fuego. Esta es la segunda muerte: el lago de fuego. Si alguno no se halló inscrito en el libro de la vida, fue arrojado al lago de fuego” (Apocalipsis 20,11-14).
y lo ha enseñado la Iglesia, guardiana infalible de la Verdad:
  • “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos [...] y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos: y su reino no tendrá fin”. (Símbolo de Nicea y Constantinopla)
  • La fe verdadera consiste en que creamos y confesemos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre. [...] Que padeció por nuestra salvación: descendió a los Infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los Cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso: desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Y cuando venga, todos los hombres resucitarán con sus cuerpos, y cada uno rendirá cuentas de sus propios hechos. Y los que hicieron el bien gozarán de vida eterna, pero los que hicieron el mal irán al fuego eterno. Esta es la Fe Católica, y quien no la crea fiel y firmemente no se podrá salvar”. (Símbolo de San Atanasio)
  • “[Firmemente creemos y simplemente confesamos que Cristo…] también sufrió y murió en el madero de la cruz por la salud del género humano, descendió a los infiernos, resucitó de entre los muertos y subió al cielo; pero descendió en el alma y resucito en la carne, y subió juntamente en una y otra; ha de venir al fin del mundo, ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y ha de dar a cada uno según sus obras, tanto a los réprobos como a los elegidos: todos los cuales resucitarán con sus propios cuerpos que ahora llevan, para recibir según sus obras, ora fueren buenas, ora fueren malas; aquéllos, con el diablo, castigo eterno; y éstos, con Cristo, gloria sempiterna”. (IV Concilio de Letrán, Definición de fe contra los albigenses).
Es cierto que Dios muestra sus misericordias a quien sinceramente se arrepiente de sus pecados y da frutos dignos de penitencia. Pero también es cierto que la obstinación en el pecado y la presunción de la misericordia de Dios son pecados contra el Espíritu Santo, pecados que no tienen absolución posible. Pero no tiene ya caso (de hecho, nunca lo tuvo) seguir insistiendo a gente que más que sorda, es necia y busca componendas entre Dios y el diablo. San Pablo declaró el anatema, la maldición que condena en vida al Infierno, contra todo el que anuncia el Antievangelio:
“Mas aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anuncie un evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema. Así como ya os lo dijimos, ahora os lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio diferente de aquel que recibisteis, sea anatema”. (Gálatas 1, 8-9)
  
NOTA
[1] Esta fue la versión original de la oración que Nuestra Señora le enseñó a los pastorcitos, segn declararon los propios videntes y sus conocidos. Para profundizar en relación a cómo y por qué la cambiaron, recomendamos leer el artículo LA ORACIÓN DE FÁTIMA FUE MODIFICADA.