jueves, 9 de julio de 2020

NOVENA EN HONOR A SANTA GEMA GALGANI

Novena publicada por la administración de El Pasionario en Santander (España), con aprobación eclesiástica.
  
ADVERTENCIA PARA HACER ESTA NOVENA
El modo y tiempo más a propósito para hacer esta Novena es antes del día 11 de Abril, día que la Iglesia ha destinado al culto de Santa Gema Galgani; pero debe advertirse que esto no priva de hacerla siempre que la devoción lo dictare o la necesidad lo pidiere. Y para alcanzar con más seguridad lo que en ella se pide será bueno purificar la conciencia recibiendo los Santos Sacramentos de la Confesión y Comunión, lo que podrá hacerse el primer día o en cualquier otro de la Novena, para que de esta suerte, limpios de corazón, sean más eficaces las peticiones y Dios las conceda propicio por intercesión de Santa Gema Galgani, ofreciéndolo todo a la Santísima Trinidad, y puede asegurarse que con estas diligencias se logrará la gracia que se pretende alcanzar en esta Novena, si es que conviene para nuestra salud espiritual y corporal.
  
NOVENA EN HONOR A SANTA GEMA GALGANI
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, ante vuestra divina presencia reconozco que he pecado muchas veces, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de haberos ofendido. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.
     
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS 
¡Señor mío Jesucristo! Vos que dijisteis serán humillados los soberbios y ensalzados los humildes, habéis querido cumplir vuestra promesa ensalzando a Santa Gema a la gloria de los bienaventurados y derramando por su intercesión copiosa lluvia de favores celestiales sobre sus devotos. Al acudir a las plantas de esta vuestra sierva, os suplico despachéis favorablemente sus ruegos y los míos, otorgándome la gracia particular que humildemente imploro en esta Novena. si ha de resultar a mayor honra y gloria vuestra, y provecho espiritual de mi alma. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
DÍA PRIMERO – 2 DE ABRIL
ORACIÓN

¡Oh celestial protectora mía, cuya vida fue un ardiente y continuado anhelo de perfección cristiana! Me avergüenzo de descubrir mis deseos tan distintos de los tuyos, y te suplico los enciendas con tus ruegos, a fin de que mi vida sea un fiel reflejo de tu santidad, y obtenga la gracia particular que te pido con todo el fervor de mi alma. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia.
   
LETANÍA DE SANTA GEMA
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
 
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos benigno.
  
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mund, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
  
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Gema, ruega por nosotros.
Imagen viviente de Jesús, ruega por nosotros.
Flor de la Pasión de Cristo, ruega por nosotros.
Portadora de las Llagas de nuestro Salvador, ruega por nosotros.
Amante de la Cruz, ruega por nosotros.
Víctima del Amor Divino, ruega por nosotros.
Víctima por las almas, ruega por nosotros.
Modelo de simplicidad, ruega por nosotros.
Modelo de amor, ruega por nosotros.
Modelo de humildad, ruega por nosotros.
Modelo de pureza, ruega por nosotros.
Modelo de oración, ruega por nosotros.
Modelo de penitencia, ruega por nosotros.
Modelo de obediencia, ruega por nosotros.
Consolación del Sagrado Corazón, ruega por nosotros.
Digna esposa del Cordero de Dios, ruega por nosotros.
Amada hija de María, ruega por nosotros.
Hija de dolores, ruega por nosotros.
Amiga de los Ángeles, ruega por nosotros.
Amiga de los Santos, ruega por nosotros.
Flagelo de los demonios, ruega por nosotros.
Virgen seráfica, ruega por nosotros.
Lirio inmaculado del Paraíso, ruega por nosotros.
Preciosa gema de Cristo, ruega por nosotros.
Porderosa intercesora ante el Trono Santo de Dios, ruega por nosotros.
  
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten piedad de nosotros.
   
℣. Ruega por nosotros, Santa Gema.
℟. Para que no nos gloriemos sino en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que hiciste a la bienaventurada Santa Gema imagen de tu Hijo sufriente, concédenos, por su intercesión, que, comulgando con la Pasión de Cristo, merezcamos ser partícipes de su gloria. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 3 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN
¡Oh perfectísimo dechado de desprendimiento! Te contemplo pasando por el escenario del mundo sin aficionarte a nada de cuanto en él arrastra y enloquece a los mortales, y me avergüenzo de la irresistible violencia con que me atrae con todo lo mundano. Ya que te mueve a compasión mi vida absorbida por la materia, obténme del Señor la perfecta renuncia y negación de mí mismo reclamada por Jesucristo en su Evangelio, así como el particular favor que suplico en esta Novena. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia. La Letanía y Oración se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 4 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
      
ORACIÓN 
Seráfica virgen de Lucca: te venero inflamada en el amor de Jesucristo, sin suspirar por otra cosa en la tierra que por sus agonías, desprecios, azotes, espinas, cruz y clavos acerados. Ya que contemplas desde el Cielo el hielo de mi corazón, alcánzame una chispa de tus incendios, para que amando cual debo a mi Redentor, alcance un día la plenitud de los frutos de su Pasión, y ahora la gracia particular que deseo obtener de tu valimiento. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia. La Letanía y Oración se dirán todos los días.

DÍA CUARTO – 5 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
         
ORACIÓN
Ángel de caridad, que cruzaste por este suelo predicando con tus limosnas a los necesitados, consuelo a los enfermos, alientos a los afligidos, catequesis a los ignorantes, y heroicas inmolaciones por los pecadores las excelencias del amor a nuestros prójimos. Contempla compasiva desde el Cielo el frío egoísmo que me insensibiliza ante las necesidades de mis hermanos, y alcánzame del Señor inspire mi conducta en tus ejemplos y la gracia particular que espero obtener de tu valiosísimo patrocinio. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia. La Letanía y Oración se dirán todos los días.

DÍA QUINTO – 6 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
        
ORACIÓN
Violeta perfumada, que buscaste ocultar a las miradas del mundo todos tus dones naturales y sobrenaturales, sin verte jamás saciada de humillaciones y desprecios. No desdeñes volver tus ojos compasivos hacia la soberbia de mis pensamientos y sentimientos, obteniéndome del Señor la verdadera humildad, a una con la gracia particular que imploro ante tus plantas. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia. La Letanía y Oración se dirán todos los días.

DÍA SEXTO – 7 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
     
ORACIÓN
Gloriosa esclava de la obediencia, que nada tanto apreciaste como negar tu voluntad para seguir las inspiraciones del Cielo o los mandatos de tus padres y superiores: alcánzame vencer la rebeldía de mi perversa voluntad, que me hace insoportable a los hombres y aborrecible al Cielo, no negándome tampoco la gracia particular que humildemente suplico. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia. La Letanía y Oración se dirán todos los días.

DÍA SÉPTIMO – 8 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
      
ORACIÓN
Lirio inmaculado de pureza, que cruzaste por el lodazal de este mundo sin recibir en lo más mínimo las salpicaduras de la lujuria: mírame flaco y sin alientos para vencer mis apetitos, y no me niegues el auxilio de tu protección y la gracia particular que espero de tus ruegos poderosos. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia. La Letanía y Oración se dirán todos los días.

DÍA OCTAVO – 9 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN
¡Esclarecida abogada mía, para quien el más alto sentido de la vida se cifró en ofrecerla en todo momento al Señor sobre el ara del sacrificio y la mortificación! Ya que contemplas desde el Cielo lo que me repugna irme a la mano en mis regalos y mortificar mi carne con sus sentidos, compadécete de mi ruindad, y alcánzame imitarte en la mortificación, a una con la gracia especial que vengo suplicando. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia. La Letanía y Oración se dirán todos los días.

DÍA NOVENO - 10 DE ABRIL
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
        
ORACIÓN 
Rauda paloma, que herida por el dardo del amor divino remontaste tu vuelo hacia las alturas, alejándote de todo cuanto en el mundo pudiera mancillar tu virtud; pues contemplas desde el Cielo los peligros que acechan a la mía, alcánzame del Señor la gracia de salir triunfante de las tentaciones y huir las ocasiones pecaminosas; junto con el favor especial que me trae a tus plantas. Así sea.
  
Récense tres Padrenuestros, Ave y Gloria, para obtener esa gracia. La Letanía y Oración se dirán todos los días.

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA NOVENO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA NOVENO
CONSIDERACIÓN: LA SANGRE DE JESÚS LLENA AL ALMA DE PACIENCIA

I. Apenas nace el hombre, cuando empieza a llorar; y una lágrima pende de su pestaña cuando muere. Señal evidente de que nuestra vida ha de ser acompañada siempre de sinsabores y miserias. Y en verdad la vida es tiempo de pruebas y no de placeres; pues aquí abajo debemos merecer la felicidad, que para siempre nos será dada en el Cielo. ¿Pero quién nos animará a soportar los trabajos? ¿Quién nos consolará en las aflicciones? Jesús crucificado. Pensemos siempre en su sangrienta Pasión, y de esta manera seremos confortados en las angustias y desventuras.
   
II. Estando temeroso de pasar un torrente el ejército hebreo, Simón, su jefe, se arrojó primero al agua y con su ejemplo todos los demás pasaron, despreciando peligros y molestias (I Macabeos XVI, 6). Jesús, Dios nuestro, no sólo nació en una gruta y vivió fatigosamente en un taller; sino que además, entre dolores atrocísimos, derramó su Sangre por nuestro bien: ¿Y rehusaremos nosotros seguirlo en el padecer? En verdad su ejemplo no puede menos que animarnos al sufrimiento.
  
III. San Pedro de Verona, recluido en la cárcel por infame calumnia, acongojado oraba ante el crucifijo, el cual hablándole lo consoló con estas palabras: «Pedro, ¿qué mal he hecho yo para estar en la Cruz?» (Domingo María Marchese OP, Diario Dominicano, Vida del Santo, 29 de abril). Igualmente recibiremos nosotros de Jesús alivio en los trabajos y valor para padecer, si fijamos la vista en el mismo crucificado. El pensar que sufrió siendo inocente y que nosotros padecemos mucho menos de lo que hemos merecido; el reflexionar que no hemos vertido ni una sola gota de sangre por Él, que toda la suya la derramó por nosotros, ciertamente ha de confortarnos en sumo grado en nuestros padecimientos.
 
EJEMPLO
Un hombre, habiendo dejado el mundo, se hizo religioso. Mas el demonio furioso de ver encerrado en el claustro a quien en medio del siglo fácilmente habría podido vencer, lo asaltó con vehementes tentaciones. Representábale el maligno que le sería imposible llevar una vida tan austera; y poniéndole ante la imaginación las comodidades de la casa paterna, y el duro lecho y pan negro del convento, trataba de persuadirlo a que sin tantas austeridades podía salvarse fuera de la religión. Combatido así por mil dudas, aquel fuese a orar a los pies del crucifijo; y en lo mejor de la oración, vio manar prodigiosa Sangre del sagrado costado, y oyó una voz que le decía: «Mira esta Sangre derramada por ti, acuérdate de ella en las austeridades y todo te será fácil y suave» (San Buenaventura, Perfección de vida, cap. 6). ¡Feliz él, que siguiendo tal consejo soportó los rigores todos de la vida religiosa! Feliz también el que lo imite, pues con este medio sufrirá en paz toda tribulación.
        
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
OBSEQUIO: En toda contrariedad repetid: «Hágase la voluntad de Dios».
 
JACULATORIA: La vida mía ¡cuán penosa es! Dame paciencia, Sangre preciosa.
     
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Jesús mío, cuanto habéis sufrido por mí! ¡Entre cuán fieros tormentos habéis derramado vuestra Sangre por salvarme! ¡Y a mí me agrada tan poco el padecer! Y yo, que tantas veces he merecido las penas del infierno, ¿me quejaré de las breves tribulaciones de este mundo? ¿Me lamentaré hasta de la más pequeña incomodidad? Pero si a Vos no me asemejo en el padecer, ¿cómo podré entrar con Vos en la gloria? ¡Ah! De hoy en adelante quiero grabar en mi mente vuestra imagen, toda bañada de Sangre, para sufrir, animado por ella, toda tribulación. Sangre Preciosa, derramada entre las más acerbas penas, de Vos espero las fuerzas para sufrir con paciencia en esta vida a fin de poder gozar en la otra. Amén.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 8 de julio de 2020

ANÁLISIS DE POTENCIALES “PAPABLES”

Traducción del artículo publicado en GLORIA NEWS.
   
   
Contrario a algunas expectaciones, Francisco no ha hecho “cambios” significativos sobre el celibato, ordenaciones de mujeres o la homosexualidad, observó el periodista londinense Damian Thompson en una conversación de 30 minutos con Edward Pentin sobre su nuevo libro The Next Pope (Spectator.co.uk, 7 de Julio).
   
Con todo, Thompson señala que Francisco está alentando a los liberales que desean cambios radicales:
«Es como si él deliberadamente pavimentase el camino para un cónclave en el cual las fuerzas de reacción [= Católicos] serán decisivamente derrotadas y emergerá un nuevo papa que hará los cambios liberales que Francisco pudo haber hecho, pero que por razones que nadie entiende realmente, eligió no hacer».
   
MUCHOS CARDENALES TIENEN SUFICIENTE DE FRANCISCO
Pentin espera que si el próximo cónclave sucede más temprano que tarde, podría ser elegido un papa más “conservador”. Él observa mucho malestar entre los cardenales que tienen “suficiente” de este pontificado. Quieren que el papado vuelva a manos más seguras, y están entendiendo la situación actual. Han estado llevando sus preocupaciones por varios años, pero no hablan de ellas.
   
Advirtiendo que Francisco ya ha elegido 67 de los Cardenales electores, Pentin cree que no todos desean continuar con otro Francisco.
   
Thompson objeta que Francisco está llenando el colegio cardenalicio con personas de pensamiento similar al suyo, como el cardenal Cupich de Chicago, y está tratando que un “liberal” sea elegido tras él.
    
Los candidatos calificados de “conservadores”, como el rápidamente removido arzobispo Chaput de Filadelfia no consiguen la birreta roja, porque Francisco no hace cardenales “tradicionalistas”,  dice Thompson.
   
¿EL CARDENAL PAROLIN “SOLO OBEDECE ÓRDENES”?
Thompson y Pentin hablan sobre papables individuales. Para Pentin, el Secretario de Estado Pietro Parolin no es un Primer Ministro sino un secretario de gabinete que ejecuta los deseos de Francisco.
    
Pentin destaca la tesis que Parolin puede ser “más ortodoxo” de lo esperado pero que simplemente sigue órdenes, incluyendo el desastroso acuerdo con China. Pentin menciona que el cardenal Zen de Hong Kong está en la dirección opuesta.
    
Thompson replica que la explicación de Pentin “no excusa” a Parolin, quien está personalmente involucrado en la traición a la Iglesia china, la ruina de la Orden de Malta, y turbios negocios de propiedades.
   
PERFIL DEL CARDENAL SARAH
Thomson llama fiel, intelectual y conservador al cardenal Robert Sarah. Él podría ser el próximo papa si el siguiente cónclave tiene lugar pronto, pues Sarah tiene 75 años.
   
Sarah nunca diría nada desleal contra Francisco. Él es el candidato favorito de los críticos al pontificado de Francisco.
   
Thompson menciona la feroz crítica de Sarah al capitalismo occidental, su “visión apocalíptica” de lo que sucede en Occidente, que las avariciosas élites liberales están barriendo toda traza de Cristiandad, pavimentando así el camino para una civilización decadente y bárbara.
    
Casi único entre los cardenales, Sarah se opone a la migración masiva a los países occidentales porque daña tanto a los países de origen como a los de destino.
    
Él tiene ideas firmes sobre la liturgia, y apoya el concepto de Benedicto XVI de que la Misa Antigua y el Nuevo Rito son una parte central de la herencia de la Iglesia.
    
Sin embargo, Sarah no ha tenido impacto en la Congregación para el Culto Divino que él dirige, porque Francisco no le ha permitido hacerlo. La congregación está controlada de facto por el secretario de Sarah, el arzobispo Arthur Roche. Thompson llama a Roche un prelado ambicioso que está subiendo en el escalafón.
    
Para Thompson, la inefectividad de Sarah en su congregación y su edad lo hacen un candidato poco probable para el próximo cónclave.
    
OTROS CANDIDATOS: ERDŐ, TAGLE, ZUPPI
Pentin cree que otro candidato fuerte para los “conservadores” es el cardenal de Estrigonia-Budapest Péter Erdő, quien es relativamente desconocido.
  
Péter Erdő (izquierda)
    
Sobre el cardenal [pro-gay] Luis Tagle dice que es bueno en relacionarse con los jóvenes [lo cual puede no ser el primer requisito necesario para un papa]. Como Francisco, Tagle no confronta los temas morales sino que los “suaviza” y “alcanza” a los que encuentran “difíciles” los temas.
    
Una fuente le dijo a Pentin que en el [infantil] Sínodo para los Jóvenes, Tagle fue aclamado por otros obispos.
    
Como materia preocupante, Pentin identifica las posiciones litúrgicas de Tagle y su cercanía a la Escuela de Bolonia que admite y recibe que el Vaticano II creó una nueva Iglesia. Esto lo hace un candidato “liberal”, añade Pentin.

Thompson entonces nombra al cardenal [pro-gay] de Bolonia Matteo Maria Zuppi llamándolo el “candidato de la continuidad de Francisco” pero también una “buena” persona, “que es una de las cosas que los cardenales buscan después de años de tensión”.
  
Matteo Maria Zuppi Fumagalli (fotografía de archivo)
    
Pentin cree que Zuppi se convertiría en Francisco II. Él es “amigable con todos”, “complaciente”, “incluso ha celebrado la Misa Tridentina Latina”, y “cumple muchos cometidos para muchas personas”.
  

¿REALISMO SOCIALISTA? CATEDRAL ANGLICANA INSTALA JESÚS NEGRO

Noticia tomada de GLORIA NEWS, ampliada en algunos aspectos.
    
Haciéndose eco de las palabras de Justin Welby (en arte “Arzobispo Cantuariense”) y de las de Stephen Geoffrey Cottrell (sucesor del ugandés John Tucker Mugabi Sentamu como “Arzobispo Eboracense” y que en una entrevista dijo que Jesús era negro y que el liderazgo de la Iglesia de Inglaterra era “demasiado blanco”), una pintura realista de la Última Cena, representando un Jesús negro, fue instalada en la catedral anglicana de San Albano, en Hertfordshire (Inglaterra).
  
   
El Dr. Jeffrey Philip Hywel John, decano de la iglesia (abiertamente homosexual y criticado por rechazar durante una prédica cuaresmal el 4 de Abril de 2007 la doctrina calvinista de la Expiación sustitutiva penal –Cristo murió en lugar de los pecadores sufriendo la pena que ellos merecían– promulgada en el Sínodo Dordrechtano en 1619) dijo que este cambio es para apoyar el Movimiento “Black Lives Matter”, el mismo grupo que no le preocupa el hecho que los bebés negros son las primeras víctimas de la red abortista Planned Parenthood, o que los jóvenes y adultos negros sean aprisionados por los expendios de drogas.
   
El cuadro de 9 pies (2,7432 metros) de largo, y pintado entre 2008 y 2009 por Lorna May Wadsworth usando como modelos a actores y al modelo jamaicano Tafari Hinds, ha sido ubicado en el llamado altar de los perseguidos y reemplaza (desde el 4 de Julio hasta el 31 de Octubre) una escena de Navidad en la que Cristo era blanco todavía. Especialmente en las iglesias, habitualmente se considera que las pinturas realistas no son acordes con los tiempos modernos.

MES DE JULIO EN HONOR A SAN IGNACIO DE LOYOLA - DÍA OCTAVO

Dispuesto en Italiano por el Padre Domingo Estanislao Alberti SJ, y publicado en Palermo en 1726, y traducido al Español por otro sacerdote jesuita en Madrid, con aprobación eclesiástica.
   
MES DE JULIO CONSAGRADO A LAS GLORIAS DE SAN IGNACIO DE LOYOLA, FUNDADOR DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
   
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Dios mio, en mi favor benigno atiende.
℟. Señor, a mi socorro presto atiende.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.
       
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Padre, Criador y Redentor mío, en quien creo, en quien espero, a quien amo y estimo más que a mi vida, más que a mi alma, más que a todas las cosas, me pesa, Dios mío, de haber pecado; pésame, Padre mío amorosísimo, de haberos agraviado; pésame de todo mi corazón de haberos ofendido, por ser vos quien sois bondad suma, inmensa, infinita. Digo una y mil veces, Dios mío y Padre mío, me pesa de haberme apartado de Vos por mis iniquidades: ayudado de vuestra gracia, propongo firmemente enmendarme, confesarme, y primero morir que volver a pecar. Dadme, Dios mío, un corazón contrito y humillado; dadme gracia para cumplir mis propósitos; haced por vuestra bondad que en mi corazón arda siempre la llama de vuestro divino amor, y que en todo busque vuestra mayor gloria, a imitación del inflamado y celosísimo San Ignacio de Loyola, a cuyo honor, para gloria vuestra, consagro este mes; cuyas virtudes deseo imitar en la tierra, para ser después su compañero en el Cielo. Amén.
     
DÍA OCTAVO – PENAS DEL PURGATORIO
Santísimo Patriarca San Ignacio: yo quedé ayer confuso pensando en los daños que traen a mi alma las culpas aun ligeras: mas hoy quedo atónito reflexionando en las intolerables penas que me harán padecer después de mi muerte en el Purgatorio, para dar satisfacción a la Divina Justicia. Yo no puedo sufrir ahora por pocos momentos un solo dedo en el fuego, ¿pues cómo podré ser abrasado por días, meses y años? Santo Padre mío, yo sé que teneis solicitud y deseo de sacar de la cárcel del Purgatorio las almas de vuetros devotos. Acordaos de mí cuando, según espero, muerto en gracia de Dios, fuere encerrado en aquella prisión toda llena de llamas. Mas como mereceré entonces ser consolado con vuetra ardientísima caridad, si he tenido tan poca hasta ahora con las Almas santas de Purgatorio, no siendo solícito de socorrerlas con frecuentes sufragios Vos, todo caridad, instituiteis en Azpeitía cierta señal cotidiana para acordar a los vivos el socorro de sus oraciones para los difuntos. Alcanzateis del Sumo Pontífice el que todos vuestros hijos tuviesen el privilegio de librar con cada Misa una de aquellas almas: proveísteis al grande Javier en la Indía de indulgencias en beneficio de los muertos. Y yo, ¿qué he practicado hasta ahora en provecho de estas almas que se hallan en tantas penas? Mas ¿qué mucho que no haya tenido caridad con los muertos, si no la he usado con los vivos, y ni aun con mí mismo? Pudiera yo haber ganado varias indulgencias, y me he descuidado: pudiera haber consolado más a menudo las culpas veniales, y tener más cuenta de no reiterarlas, y no lo he hecho. Pues a lo menos ahora propongo de comenzar a vivir más recatado, y cancelar con la penitencia las partidas: que si ahora no se borran, habré de pagar con las terribles penas del Purgatorio.
    
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
 
SENTENCIAS DE SAN IGNACIO
  1. Quien desea aprovechar a otros, atienda primero a sí proveyéndose de caridad, si quiere hacer bien con ella a los demás.
  2. Quien se olvida de sí y de su provecho para servir al prójimo y a Dios, tiene a Dios, que le proveerá mucho mejor de lo que él supiera hacer si por atender a sí, se hubiera olvidado del prójimo y de Dios.
  3. Las indulgencias son joyas preciosísimas, y un grandísimo tesoro para quien busca puramente el amor de Dios y el Cielo.
JACULATORIA: JESÚS, piadoso Señor, dad descanso a las Almas del Purgatorio. (La Santa Iglesia, 19).

HIMNO (Compuesto por el padre Pedro Labbé SJ)
 
Hunc mater in præsépio
Parit futúri néscia.
Jam Jesuíta náscitur,
Christi futúrus assécla.
  
Ad sacri áquas baptismátis
Infans vocat se Ignátium.
Sic Pentecósten nómine
Porténdit orbi flámmeam.
  
In arce Pompejópolis
Gravi ruína stérnitur.
Númquam cucúrrit réctius,
Quam dum labórat tíbia.
  
Morbus fit illi sánitas;
Dum facta Sanctórum legit,
Fit ipse Sanctus, et facit
Piis legénda postéris.
  
Appáret ægróto Petrus,
Virgo salúti víndicat.
Miles futúrus Fílii,
Prius Maríæ mílitat.
   
In æde sacra Vírginis
Appéndit arma mílitis:
Vili lacérna clárior,
Qum dum rubet sub púrpura.
   
Ut impúdici témperet
Flammas, áquis immérgitur.
Non ante visus frígidis
Amor feríre spículis.
  
In monte pergit Martýrum,
Mólitur illic Órdinem.
Quális, putas, erit domus
Nascens in alto cúlmine?
  
Bis quínque Jesus mílites
Suo corónat nómine:
Sed, quánta sint olim, docet,
Ferénda sub hoc ómine.

Ignátius sodálibus
Orbis labóres divídit:
Et primus in labóribus
Omnes labóres súscipit.
      
Famem, caténas, vérbera,
Amóre Christi pértulit:
Sed pœna major ómnibus,
Non posse plura pérpeti.
   
His vixit in labóribus,
Cœli sed inter gáudia:
Nunc déspicit, quæ sǽpius
Suspéxit olim sídera.
  
Tibi, Pater, sit glória,
Tibíque Patris Únice,
Tibíque Sancte Spíritus
In sæculórum sǽcula. Amen.
   
TÍTULOS GLORIOSOS DADOS A SAN IGNACIO DE LOYOLA
San Ignacio, Fundador de la Compañía de Jesús. Rogad por nosotros.
Que en escrivir las Constituciones de la Compañía y los Ejercicios, fuisteis admirablemente instruido por la Santísima Virgen. Rogad por nosotros.
Varón cuya dignidad nunca se alaba bastantemente. Rogad por nosotros.
Padre de Maestros Espirituales. Rogad por nosotros.
Nuevo espejo de santidad y prudencia. Rogad por nosotros.
Cabeza de nuevos Apóstoles. Rogad por nosotros.
Acérrimo enemigo de los Herejes. Rogad por nosotros.
Capitán esforzado y contrapuesto a Lutero. Rogad por nosotros.
Vaso de elección para la conversión del mundo. Rogad por nosotros.
Grande apoyo y lumbrera de la Iglesia. Rogad por nosotros.
Espíritu de salud para la Santa Sede Apostólica Romana. Rogad por nosotros.
Sucesor de Pablo Apóstol. Rogad por nosotros.
Segundo Piloto, después de los Apóstoles, de la Armada de la Iglesia. Rogad por nosotros.
Gigante de Apostólica santidad. Rogad por nosotros.
Maestro y Capitán de la Fe, y en el ocio Mártir. Rogad por nosotros.
Séptimo Ángel del Apocalipsis, cubierto con la nube de la Divina protección. Rogad por nosotros.
Igual a los Santísimos Patriarcas de todos los siglos antecedentes. Rogad por nosotros.
Que fuisteis en la penitencia otro Bautista, en la obediencia otro Abrahán. Rogad por nosotros.
Templo de la paz. Rogad por nosotros.
Alma del mundo. Rogad por nosotros.
Sol que disipa todas las tinieblas de los errores. Rogad por nosotros.
Defensor del Imperio Cristiano. Rogad por nosotros.
Atlante que sostiene al mundo con los hombros de la doctrina y de la piedad. Rogad por nosotros.
Tesoro común del mundo. Rogad por nosotros.
Mongivelo del amor divino. Rogad por nosotros.
Varón lleno del Espíritu Santo, y conspicuo en el Dpn de Sabiduría. Rogad por nosotros.
Que por los mismos infernales enemigos fuisteis llamado su mayor enemigo. Rogad por nosotros.
Que fuisteis el tercer sutentador del mundo, después de Santo Domingo y San Francisco. Rogad por nosotros.
Que con el libro de los Ejercicios no cesáis de producir en el mundo frutos copiosísimos. Rogad por nosotros.
Que tuvisteis un ánimo mayor que el mundo. Rogad por nosotros.
Que enseñateis a San Felipe Neri, según él mismo lo confesó, el arte de tener oración. Rogad por nosotros.
Que por la Santísima Virgen fuisteis dado por Maestro de humildad a Santa María Magdalena de Pazzi. Rogad por nosotros.
Que tuvisteis siempre en la boca, y siempre en todo buscateis la mayor gloria de Dios. Rogad por nosotros.
Cuya grande alabanza es haber tenido por hijo al Padre del nuevo Mundo San Francisco Javier. Rogad por nosotros.
Cuyo grandísimo ornamento es haber sido visto en el Cielo semejantísimo al Discípulo amado de Crito San Juan Evangelista. Rogad por nosotros.
  
Antífona: Dios te salve Padre amantísimo, nuevo espejo de prudencia, del mundo apoyo y Maestro, luz hermosa de la Iglesia, Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos tuyos: a ti enderezamos nuetros suspiros: a ti pedimos socorro si el mundo, que un tiempo te persiguió, nos persigue a nosotros también. Ea, pues, Patrono, y Abogado nuestro, vuelve a nosotros, que somos tus hijos, esos tus ojos misericordiosos, llenos de amor y ternura paternal. Y en tantos afanes, vuélvenos clemente y propicio al bendito JESÚS, cuya Compañía, debajo del magisterio de su Santa Madre, instituiste. A ti ofrezcan nuetros deseos y ruegos los dos Franciscos Javier y Borja, Luis Gonzaga y Estanislao Kotska, y Juan Francisco Regis, con los tres Mártires del Japón, que contigo triunfan en el Cielo, como gloriosos Hijos dignísimos de tal Padre. Haz, pues, que Jesús nos oiga, oh Ignacio, verdaderamente Padre, verdaderamente piadoso, verdaderamente dulce hijo de María. Ruega por nosotros, Santo Padre Ignacio, para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo. Amén.
    
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS (Compuesta por San Ignacio de Loyola).
Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo vuelvo, todo es vuestro, disponed según vuestra santa voluntad: dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta. ¡Oh mi Dios, amor de mi corazón, si todos los hombres os conociesen! ¿Qué quiero yo, Señor, fuera de Vos, o qué puedo querer? Concededme, Señor, que os ame, del cual amor no quiero más premio que amaros más.
   
ORACIÓN (copiada de una carta de San Francisco Javier a San Ignacio)
¡Oh Padre de mi alma, y digno de mi mayor veneración! Puestas las rodillas en tierra, como si te mirara presente, te suplico humildemente, que no ceses de rogar por mí a Dios, para que mientras me dure la vida, me dé la gracia de conocer y hacer enteramente su santísima voluntad.
   
℣. Ruega por nosotros, Santo Patriarca Ignacio.
℟. Para que seamos dignos hijos tuyos.
  
ORACIÓN
¡Oh Dios, que para propagar la mayor gloria de tu Santo nombre, fortaleciste a la Iglesia Militante por medio de San Ignacio, con un nuevo subsidio! Concédenos que por su auxilio e imitación, peleando en la tierra, merezcamos con él ser coronados en los Cielos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo en unidad del Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA 8 A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Escrita por el padre Gabino Chávez, y publicada en México por la Tipografía Religiosa de la Calle de Santa Clara n. 16, en 1879. Varios prelados de México han concedido 800 días de indulgencia por cada página o capítulo de todas las publicaciones de la Biblioteca Religiosa.
  
DEVOCIÓN A LA PURÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA HONRAR EL MISTERIO DE SU CONCEPCIÓN SIN MANCHA, EN EL DÍA OCTAVO DEL MES
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
SENTIMIENTOS DE CONTRICIÓN
¡Oh adorable Redentor mío!, he aquí que vengo a postrarme a vuestras plantas, antes de contemplar las grandezas de vuestra Madre Inmaculada, para detestar plenamente las iniquidades de mi vida y llorar delante de Vos mis funestos desórdenes. Hijos desgraciados de unos padres pecadores, nuestro mismo nacimiento es una grande mancha a vuestros ojos; y si las aguas regeneradoras del Bautismo no viniesen a limpiarnos de esa impureza, solo eso bastaría para que estuviésemos, con toda justicia, eternamente privados de vuestra adorable presencia. Vos que tanto nos amáis, no lo permitís así; nos purificáis con el baño sagrado desde que queremos aprovechar este beneficio, y nos conferís la santa vestidura de la gracia que nos hace hijos vuestros, herederos de vuestro reino y participantes de las promesas de bendición. Mas ¡ah Señor, cuánta es nuestra ingratitud y nuestra malicia! Apenas llegados al uso de la razón, desgarramos la túnica preciosa de la inocencia; nos olvidamos de nuestras más solemnes promesas; nos entregamos al mundo que nos rodea, al demonio que nos asalta y a nuestras propias pasiones que nos tiranizan; hacemos inútil en cierto modo la efusión de vuestra Sangre, nos olvidamos enteramente de Vos, y comenzamos a vivir en la tierra como si fuese nuestra perpetua morada; a ocuparnos en los frívolos entretenimientos del mundo como si fuesen nuestro último destino, y a disipar el tiempo inútilmente, sin dar jamás una seria mirada a la terrible eternidad que nos aguarda. Siendo tan grande nuestra miseria, no queremos conocerla; nacemos manchados con el pecado; pasamos el día de esta vida en el pecado; dormimos cuando menos lo pensamos el sueño de la muerte en el pecado, y despertamos en la eternidad espantados de nuestra locura, e infructuosamente arrepentidos de los desórdenes de nuestra carrera. Tal es, ¡oh Señor!, la suerte desgraciada de la mayoría de los hombres, y de este modo nuestra prodigiosa malicia hace infructuosa vuestra Sangre, inútiles vuestros merecimientos y estéril vuestra copiosa Redención. Nosotros incurriremos en la misma desgracia si Vos no os dignáis darnos una mirada de amor y de piedad, una mirada que nos ilumine, que nos hiera, que nos justifique y que nos sane. Llenos de confianza acudimos al trono de vuestra gracia, para encontrar misericordia, según el consejo de vuestro Apóstol, y os pedimos con el Profeta, que os dignéis separar nuestra causa de la nación perversa que no os ama ni os conoce. Tal vez hemos seguido hasta aquí su funesto camino; pero desde hoy, comenzaremos a caminar por Vos que sois el verdadero: a vuestros pies detestamos nuestras culpas, tantas y tan enormes que solo Vos podéis conocer su número y su malicia. Perdonadnos, ¡oh Dios de misericordia!, ya conocéis nuestra frágil hechura, y sabéis que hemos sido concebidos en pecado, y que llevamos dentro de nosotros mismos un germen venenoso que nos inficiona y nos corrompe. Por los méritos de la única criatura cuya concepción fue sin pecado y cuya alma no fue tocada por la concupiscencia, concedednos hoy, que celebremos este precioso privilegio, un perdón generoso, completo y universal, que nos dispongamos hacerle compañía en el reino feliz de la bienaventuranza. Así sea.
   
ELEVACIÓN A LA VIRGEN MARÍA
Inmaculada Madre de Dios, Virgen Purísima, dignaos escuchar nuestras súplicas, y recibir propiciamente nuestros homenajes. Nada podemos decir en vuestro honor que no sea sumamente inferior a vuestra grandeza; y vuestras singulares excelencias vencen completamente nuestras más dignas expresiones, como nuestros más elevados conceptos. Sublimada hasta un grado inconcebible por las inefables relaciones que os unen con la adorable y Divina Trinidad, Dios quiso haceros su Hija predilecta, para que lo amaseis y sirvieseis con toda la perfección posible en una pura criatura; para que fueseis su más acabada imagen después del Verbo, y para que justificaseis en cierto modo su liberalidad para con los hombres ingratos que habrían de ser vuestros hijos; el Verbo de Dios por un prodigio de misericordia y de amor, quiso haceros su Madre, revistiéndose en vuestro seno de nuestra naturaleza, y tomando su Cuerpo y Sangre de vuestro cuerpo y sangre virginales; y el Espíritu divino os escogió por su Esposa de un modo inefable y soberano, cubriéndoos con su sagrada sombra, habitando en vos de una manera íntima y perfecta, y complaciéndose en haber encontrado un alma entre todas bendita, para hacer de ella el trono más precioso y la más dulce morada. Todas estas excelencias son inmensas e incomprensibles; pero todas ellas incluyen o suponen un privilegio que yo ensalzo, un prodigio que admiro, y un misterio dulcísimo que honro y venero con toda mi alma, la pureza original de vuestra Concepción.  Porque ¿cómo hubiera podido el Eterno Padre, ¡oh Virgen María! haceros su Hija predilecta, mirar en vos su perfecta semejanza, y encontrar en vuestra alma sus delicias, si hubieseis pertenecido un solo instante a su enemigo, ¿y si la mancha del pecado de origen hubiera desfigurado por un momento siquiera en vos su imagen soberana? ¿Cómo hubiera querido el Hijo de Dios tomar el ser humano en una mujer que hubiese sido súbdita ni aun por un leve instante del demonio, y recibir su carne adorable de una carne marcada con el sello oprobioso del pecado? Ni ¿cómo pudiera el Espíritu Santo llamar su Esposa escogida y hacer su más agradable habitación a un alma heredera de una mancha maldita, nacida con el signo de la rebelión de sus padres, y tributaria como todos de la antigua y homicida serpiente? No, Virgen pura y santa; no convenía ni al poder del Padre, ni a la dignidad augusta del Hijo, ni al amor inefable del Espíritu Santo, que hubiesen permitido ni un solo instante que la mancha del pecado original empañase el candor de vuestra alma, ni que la Mujer fuerte prometida en el Paraíso como la eterna enemiga de la serpiente, diese el primer paso de su gloriosa carrera sujeta al poder mismo que había de quebrantar con sus plantas; y así el universal diluvio que sumergió en sus corrientes a todos los moradores de la tierra, no hizo más que exaltaros a vos como a una arca salvadora que habría de encerrar en su seno a su mismo Artífice y nuevo Padre del género humano, y la irrupción del pecado original, que todo lo inundó con  sus impetuosas oleadas, tuvo que detenerse delante de vos, como en otro tiempo las aguas del Jordán delante del Arca de la Alianza. Gloria, pues, al Señor Todopoderoso, que quiso obrar por vos tantas maravillas: honor al Hijo Unigénito, que escogió para sí una  Madre tan santa y tan pura: bendición y alabanza al Espíritu divino que santificó su augusto tabernáculo, no dejándolo un solo instante reposar entre las tinieblas del pecado: y vos, María, paloma cándida, Virgen inocentísima, recibid las más tiernas alabanzas de nuestros labios, y los más sinceros obsequios de nuestros corazones, por el privilegio sublime de vuestra Concepción sin pecado: dignaos admitir nuestros pobres homenajes, y permitid que honremos con la angélica salutación, las preciosas relaciones que os unen con la Trinidad augustísima.
   
Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto. Ave María.
    
Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima en el parto. Ave María.
    
Dios te salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen purísima después del parto. Ave María.
    
Dios te salve, María Santísima, templo y sagrario de la beatísima Trinidad, Virgen concebida sin la culpa original.
℣. Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Por los siglos de los siglos. Amén
    
ORACIÓN
Purísima Virgen María, Santa Madre de Dios y poderosa abogada del hombre, dignaos hacer uso de vuestra dignidad y de vuestro poder, alcanzándonos las gracias que vamos a pediros después de haber honrado el precioso privilegio de vuestra Concepción sin mancha. Proteged, pues, ¡oh Señora!, a la Santa Iglesia, a esa Iglesia que tanto cooperasteis a fundar con vuestras oraciones; a esa Iglesia que os ha mirado siempre, y hoy más que nunca, como su fuerte defensora; sostenedla en sus combates, fortalecedla contra sus enemigos, y libradla de las manos de sus perseguidores; alcanzadle la tranquilidad y la paz de que por tanto tiempo se ha visto privada. Ella os honra en este siglo con un fervor eternamente nuevo, ensalza en todo el mundo vuestras grandezas, predica por todas partes vuestras alabanzas, y escribe en sus más hermosas páginas vuestras glorias: ella pronuncia vuestro nombre con el acento de la más viva esperanza, y proclama a grandes voces que solo aguarda su salvación de aquellas manos benditas que nos dieron al Hijo de Dios hecho Hombre para nuestro remedio. Dignaos favorecer al Pastor de los pastores, que colocado en tan difíciles circunstancias tiene puesta en vos enteramente su confianza. Vos que sabéis agradecer y recompensar aun los más pequeños servicios hechos a vuestro nombre, no olvidéis que el Pontífice Supremo ha dado un impulso sublime a vuestras glorias sobre la tierra, que ha llenado de alegría al universo católico con la solemne declaración de fe de vuestra original pureza, que el eco de su voz paternal ha resonado en todas las bóvedas de la cristiandad, llenando de gozo el corazón de todos vuestros hijos, y que al mismo tiempo que este gozo ha penetrado hasta los cielos, llenando de una nueva gloria accidental a sus dichosos moradores, ha hecho temblar de rabia a los príncipes de las tinieblas en sus infernales cavernas, haciendo abortar esos perversos planes que ahora llenan al mundo de dolor y de espanto. Pisad de nuevo con vuestra pura planta a la airada serpiente, y haced que respire la Iglesia un momento, libre de tan furiosos ataques. Volved propicia vuestros ojos a este nuestro suelo, al que os dignasteis visitar en otro tiempo, dejándole vuestra imagen celestial como una prenda de perpetua protección. Favoreced, sobre todo, a este lugar que tanto os honra y os venera;  llenad de piedad y de celo al párroco que nos gobierna y al clero que nos reparte el pan del espíritu; bendecid a todos los que nos reunimos en este día para celebrar vuestra Concepción purísima; hacednos participantes de las riquezas que Dios derrama por vuestras manos, y cuando sean desatadas las cadenas de nuestra mortalidad, mostradnos a Jesús, fruto bendito de vuestro vientre, y hacednos dignos de alabarle con vos en las eternas mansiones de la gloria. Amén.
    
ORACIÓN A LA INMACULADA VIRGEN MARÍA PIDIÉNDOLE LA CASTIDAD
María Santísima, Reina de las Vírgenes, te pido, te suplico y te ruego, uses conmigo del privilegio que Dios te tiene concedido de inspirar castidad y pureza a los que se acogen a tu patrocinio. Alcánzame de tu Hijo divinísimo Jesús, lágrimas de contrición para lavar las manchas pasadas, y fortaleza para admitir la muerte antes que volver a pecar. Amén.
    
ORACIÓN PARA PEDIR LA CASTIDAD
¡Oh Virgen la más pura de las Vírgenes!, yo te suplico por tu Inmaculada Concepción, que me asistas misericordiosamente, para que no padezca cosa alguna contra la pureza, flor de la castidad. María, Madre de Dios, intercede por mí; y por tu singular Virginidad, ¡oh purísima Virgen Madre!, limpia mi corazón y mi cuerpo de toda inmundicia carnal en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

(Tres veces). Inmaculada y divina María, hacedme humilde y casto. Ave María.

María, dadme vuestra santa bendición. (Y como si viera que se la está dando desde el cielo, dirá:) En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén Jesús.

EL MISTERIO DE ISRAEL: UNA COMPARACIÓN ENTRE LA REVELACIÓN Y NOSTRA ÆTÁTE

Artículo publicado por Petrus para la revista Sì sì No no. Traducción por Marianus el Eremita para ADELANTE LA FE.
   
EL MISTERIO DE ISRAEL: UNA COMPARACIÓN ENTRE LA REVELACIÓN Y NOSTRA ÆTÁTE
  
I – LA DIVINA REVELACIÓN
   
San Pablo – Epístola a los Romanos
San Pablo, en la Epístola a los Romanos (I, 6) escribe: “El Evangelio es una fuerza de Dios para la salvación del que cree: primero para el Judío y después para el Gentil”.
   
Santo Tomás de Aquino, en su Exposítio in Epístolam ad Romános (cap I, lección VI, n. 101), comenta: “Es necesario considerar para quién es salvación el Evangelio. En verdad, no es solo de los Judíos, sino también de los Gentiles: “En primer lugar del Judío y también del Gentil”. Pues bien, “en primer lugar al Judío” se refiere en cuanto al orden cronológico de la salvación: los Judíos son los primeros porque, coronológicamente, a ellos les fueron dirigidas en primer lugar las promesas, después a los Paganos. Por tanto, “en primer lugar al Judío” no se refiere ontológicamente en cuanto a la obtención –durante el tiempo– de la salvación, para la cual no existe distinción ni prioridad de valor intrínseco entre Judíos y Gentiles. En efecto, ambos consiguen una misma retribución”. Y por este motivo, Jesús envía a sus Apóstoles a predicar, en el tiempo, primero a los Judíos y después a los Gentiles, mientras que Él mismo predicó solo a los Judíos y solamente en ciertas situaciones excepcionales a algún Pagano.
    
En efecto, la mayor parte del pueblo judío rechazó a Jesús y rompió el Antiguo Pacto establecido con Dios, que estaba totalmente orientado a la Nueva y Eterna Alianza; mientras que muchos Paganos se convirtieron al Evangelio y entraron en la Iglesia de Cristo y del Nuevo Pacto, que perfeccionó y sustituyó al Antiguo.
     
Además, en la Epístola a los Romanos se demuestra también que 1º) Dios permaneció fiel a Sus promesas hechas a Abrahán de ser padre de un pueblo partícipe de la salvación espiritual mesiánica (Rom., IX, 29); y 2º) al mismo tiempo, fue justo al reprobar el Judaísmo, que no ha querido creer en Jesús y Lo ha rechazado como Mesías (Rom., IX, 30-33 – X, 1- 21).
     
En efecto, los Judíos habían sido elegidos por Dios cuando Él llamó a Abrahán y estableció un Pacto con él, para que fuera Su pueblo primogénito (Éxodo, IV, 22; Deut., XIV, 1) para que mantuviera pura la fe monoteísta, en medio de un mundo caído en la idolatría politeísta.
    
Sin embargo, esta adopción espiritual de Israel en la Antigua Alianza era imperfecta y era una sombra y una figura de la adopción que en la Nueva Alianza Dios comunicaría, por medio de la gracia santificante, a todas las almas de los hombres de todos los pueblos (Judíos y Gentiles) que creyeran en el Mesías Jesús y observaran sus Mandamientos.
    
Por tanto, los Judíos tienen una cierta nobleza de descendencia de los Patriarcas (Abrahán, Isaac y Jacob), los cuales Patriarcas fueron amados sumamente por Dios porque correspondieron a Su llamada. Sin embargo, los Judíos de los tiempos de Jesús no solo no correspondieron al don de Dios y renegaron de sus mismos Patriarcas, los cuales esperaban al Mesías que debía venir, sino que además Lo crucificaron. Aquí está la ruptura de Nostra ætáte (NA a partir de ahora) con la Revelación divina, como explicaremos detalladamente después.
    
El don de ser el pueblo de la promesa o el “verdadero Israel” tras la crucifixión de Jesús fue concedido a todos los hombres (Judíos o Gentiles) que aceptaran, con fe vivificada por la caridad sobrenatural, al Mesías sufriente y espiritual: Jesús de Nazaret.
     
Por tanto, para heredar las promesas hechas a Abrahán, no basta tener en las venas su sangre (no es una cuestión de raza), sino que es necesario tener en el alma su fe (es una cuestión espiritual y sobrenatural) vivificada por la caridad.
     
Dios reprobó a los Judíos incrédulos y contrarios a Jesús para quedarse consigo a todos los hombres (Judíos y Paganos) fieles a Cristo. Por tanto, la promesa o el Pacto establecido con Abrahán no fue dirigido a toda su posteridad carnal o racial, sino solo a los hijos espirituales de Abrahán, que creían en el Mesías sufriente y venturo (prenunciado por los Profetas). Por tanto, si bien Dios rechazó a los Judíos incrédulos, no rompió el Pacto estipulado con Abrahán y mantuvo la fidelidad a Su Promesa hecha a los hijos espirituales de Abrahán: los Cristianos, ya sean de origen étnico judío o pagano (Rom., IX, 10).
     
Los Cristianos, o sea, aquellos que correspondieron al don de Dios, fueron llamados gratuita y eficazmente por la misericordia divina, ya sea a partir del pueblo de los Judíos, ya sea del de los Gentiles, aunque estos últimos, sin embargo, respondieron en mayor número que los Judíos abrazando el Cristianismo (Rom., IX, 24).
    
Dios no quiso destruir totalmente al pueblo con el que había establecido la Antigua Alianza, sino que salvó a un “pequeño resto” en tiempos de Jesús. En efecto, en tiempos del Mesías, la gran mayoría del pueblo de Israel renegó de Él y solo un “pequeño número” se convirtió al Cristianismo. Sin embargo, este “pequeño resto” es llamado “simiente”, ya que antes del fin del mundo nacerá de él una mies futura cuando (moral y no matemáticamente) todo Israel se convertirá a Cristo (Rom., XI, 1).
    
Además, si bien la ley era una figura de Cristo, ella cesó con la Venida de Jesús; en este sentido, el Mesías es también el fin o el término de la ley y de la Antigua Alianza. Él es el cumplimiento y la perfección de la ley, que estableció una Nueva y Eterna Alianza, la cual remplazó y completó la Antigua (Rom., X, 4).
     
Después de la muerte de Cristo, los Judíos ya no pueden salvarse sino por medio de Cristo. Tras la muerte de Cristo, la ley antigua dejó de preparar a los hombres para el Mesías, ya que ya había venido; por tanto, ella perdió todo su valor. Por tanto, afirmar que los Judíos se salvan sin Cristo y solo por medio de la observancia exterior de la ley es falso y pone a los Judíos en un estado de privación del auxilio de Dios, sin el cual no pueden hacer nada sobrenaturalmente meritorio y salvífico (Rom., X, 5). Predicar esta falsa teoría –contenida virtualmente en Nostra ætáte y explicitada por Juan Pablo II– significa no practicar la verdadera caridad hacia el pueblo judío, al cual debe decirse la verdad que Jesús vino a revelarnos.
     
Finalmente, San Pablo cita algunos pasajes del Antiguo Testamento (Deut., XXII, 21) de los cuales resulta evidente que había sido predicho desde tiempos de Moisés que los Gentiles, aun estando religiosamente menos preparados que los Judíos, por no haber recibido la Revelación en la Antigua Alianza, se convertirían a Cristo. De ello se sigue que los Judíos no son excusados por su incredulidad, la cual es voluntaria y culpable. En efecto, si un pueblo que ignoraba la Antigua Revelación comprendió la Nueva Revelación del Evangelio, ¿cómo es que Israel no la comprendió? No por ignorancia invencible, sino por mala voluntad.
    
El Señor predice que, despreciado por los Israelitas, se volverá a todas las Gentes, que Le escucharán y se convertirán, provocando por ello una cierta “envidia” o emulación hacia los Gentiles en los Judíos incrédulos (salvo el “pequeño resto” fiel) por haber sido remplazados por los Paganos en la Nueva y Eterna Alianza.
    
Todo ello se cumplió con el Deicidio, cuando se rasgó el velo del Sancta Sanctorum del Templo de Jerusalén, para significar que Dios había roto el Antiguo Pacto con los Judíos incrédulos y lo establecería con todos los hombres, tanto Judíos como Paganos, con tal que tuvieran la fe en Cristo.
     
San Pablo concluye el capítulo X de la Epístola a los Romanos (v. 20) con una cita de Isaías (LV, 1): “Me encontraron los que no me buscaban. Me he mostrado a los que no preguntaban por Mí” (o sea, los Paganos, que estaban inmersos en las tinieblas del politeísmo idólatra), por medio de la predicación de los Apóstoles, perseguidos por los Judíos incrédulos, encontraron a Dios: por tanto, con mayor razón Lo deberían haber acogido también los Judíos, que habían recibido la Revelación y la verdadera fe en Yahweh. Por ello, su culpa es inexcusable.
    
En el versículo 21, que cierra el capítulo X, el Apóstol continúa con la cita de Isaías: “Todo el día extendí mis brazos a un pueblo incrédulo y rebelde”, es decir, el motivo de la infidelidad de los Judíos es su antigua, obstinada y continua infidelidad a Dios, que comenzó ya en el Antiguo Pacto y desembocó en el Deicidio; el Señor, en efecto, había deseado e intentado abrazar, extendiendo sus brazos a Su pueblo, como un padre lleno de amor intenta abrazar a sus hijitos. En cambio, Israel se rebeló continuamente con pertinacia a Dios y sobre todo colmó la medida cuando rechazó a Cristo y después también a Sus Apóstoles, los cuales comenzaron por ello a predicar el Evangelio a los Gentiles. Por tanto, Israel no debe tener celos de los Paganos, sino que debe culparse a sí mismo de su exclusión del Reino de Dios en la Nueva Alianza.
    
Abriendo el capítulo XI, ante todo, el Apóstol (Rom., XI, 1) considera importante especificar que Dios no rechazó lejos de Sí a todo Israel sin excepción alguna. ¡No! Ciertamente no se trata de una reprobación total y eterna; en efecto, el Señor eligió a Sus Apóstoles de entre los Judíos (entre los cuales está el mismo San Pablo: “Yo también soy Israelita, de la descendencia de Abrahán, de la tribu de Benjamín”), por lo cual, aunque pocos Israelitas se mantuvieron fieles a Dios, precisamente ellos fueron enviados por Jesús a predicar el Evangelio a los Paganos.
    
Además, Dios no rechazó a todo el pueblo que había elegido en tiempos de Abrahán como predilecto suyo, por pura misericordia suya, sin ningún mérito precedente por parte de él. Por ello, no solo San Pablo, sino también otros Israelitas (12 Apóstoles, 120 Discípulos, 5.000 y 3.000 bautizados en torno a Pentecostés…) se convirtieron a Cristo por la pura misericordia de Dios.
    
Por lo que se refiere a Israel como pueblo, no consiguió la justificación en su gran mayoría, ya que la buscaba por medio de los méritos de las obras puramente humanas y naturales; en cambio, un “pequeño resto” de Israel, por gracia de Dios, obtuvo la santificación por medio de la fe en el Mesías Jesús de Nazaret, que el Israel infiel había repudiado, cegándose él solo, o sea, habiendo cerrado voluntariamente los ojos para no ver y admitir los milagros de Cristo, que demostraban Su Divinidad y Mesianicidad (v. 7).
    
Esta ceguera, no fue producida por Dios, sino que fue querida por el Israel incrédulo, que se fiaba de sus solas iniciativas naturales y humanas, al cual Dio negó la gracia como consecuencia de su culpa voluntaria y libre. La ceguera de Israel había sido ya predicha en el Antiguo Testamento (Deut., XXIX, 4; Isaías, XXIX, 10): “Como castigo de su voluntaria incredulidad, Dios le retiró su auxilio y permitió que cayera en un espíritu de aturdimiento”. Por tanto, el Apóstol explica que el Israel o los Judíos de quien hablaban Moisés e Isaías eran figura de los Judíos infieles de los tiempos del Mesías Jesús de Nazaret (v. 8).
      
Ciertamente, Yahweh, permitiendo que Israel tropezara, en su mayoría, en la “Piedra angular” (que es Jesucristo), no quiso hacer caer a todos los Judíos sin darles ninguna esperanza de conversión futura. En efecto, su culpa de incredulidad respecto al Mesías fue la ocasión de la conversión y de la salvación de los Gentiles, ya que el Evangelio debía ser predicado primero a los Judíos (Mt., XXI, 43) y estos, los primeros (cronológica y no ontológicamente), deberían haber entrado en la Iglesia de Cristo y después en el Reino de los Cielos; pero, como la mayor parte de los Judíos no quiso escuchar la predicación del Evangelio, sino que más bien se opuso a ella, entonces los Apóstoles lo predicaron a los Paganos, los cuales se convirtieron en masa, remplazando a los Judíos incrédulos. Sin embargo, el Señor tuvo también otro objetivo al permitir la caída de Israel y la conversión de los Paganos: es decir, quiso provocar los “celos” de los Judíos incrédulos y moverlos a acoger al Mesías Jesucristo, viendo que las promesas hechas a los Patriarcas les habían sido arrebatadas a ellos y trasferidas a los Gentiles (v. 11).
   
San Pablo compara a la Iglesia de Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento con un olivo fructífero, cuya semilla fue sembrada durante la promesa del Redentor hecha por Dios a Adán después del pecado original; las raíces fueron los Santos Patriarcas; los Judíos el tronco y las ramas. Los Paganos son representados por ramas de un olivastro, que no es fructífero por sí mismo. Sin embargo, algunas ramas fueron arrancadas del olivo fructífero: los Judíos incrédulos, que por su infidelidad fueron reprobados por Dios y separados de la promesa hecha a sus antepasados: los Patriarcas. Pues bien, el Pagano, que es como un olivastro no fructífero o salvaje, fue injertado por Dios en la raíz del olivo fructífero, o sea, en la fe de Abrahán en el Mesías venturo, en el lugar de las ramas cortadas (Judíos incrédulos), pero sin ningún mérito propio precedente y por sola misericordia divina; entonces, tú Pagano, no quieras enorgullecerte contra los Judíos incrédulos, o sea, las ramas arrancadas. En efecto, antes tú, oh Pagano, estabas fuera de la Alianza establecida por Dios con los Patriarcas. Por tanto, no tienes ningún motivo de enorgullecerte contra las ramas naturales, que fueron arrancadas para desgracia suya, ya que tú no habías sido llamado a la Antigua Alianza con Dios, mientras que los Judíos sí. Tú fuiste injertado en la raíz de los Patriarcas y participas de su vida (v. 18). Por ello, no te gloríes, diciendo: “Dios permitió la culpa de los Judíos para que los Gentiles fueran injertados en su lugar en el verdadero olivo fructífero y esto es prueba de que ahora Dios ama más a los Gentiles que a los Judíos” (v. 19).
    
San Pablo responde que esto es cierto en parte; en efecto, es la pura constatación de un hecho: Dios permitió la caída de los Judíos y ella fue la ocasión para la entrada de los Paganos en la Nueva Alianza con Dios, pero –por otra parte– los Judíos fueron arrancados del olivo fructífero a causa de su incredulidad en el Mesías; en cambio, los Paganos, que eran un olivastro salvaje fueron injertados en el olivo fructífero porque creyeron en el Evangelio, que les fue predicado por los Apóstoles, o sea, el “pequeño resto” del Israel fiel. Como la fe es un don puramente gratuito y sobrenatural de Dios y se puede perder –como les sucedió a la mayor parte de los Judíos– por falta de humildad, si uno se glorifica a sí mismo, entonces los Gentiles deben estar atentos a no ensoberbecerse para no caer también ellos en la infidelidad, antes bien deben temer poder faltar como todos los hombres (v. 20).
    
En efecto (v. 21), es más fácil arrancar de la raíz del árbol (los Patriarcas) las ramas que han sido injertadas (los Paganos) que las que estaban naturalmente unidas a él (los Judíos). Por ello, si los Paganos no son humildes, podrían ser arrancados ellos también.
   
Contrariamente a lo que afirma NA (como veremos más abajo), San Pablo, en la Epístola a los Romanos (XI, 28) explica que “los Judíos, considerados en cuanto que rechazan el Evangelio, son enemigos de Dios” y están privados de Su gracia: a pesar de ello, con respecto al hecho de que “los Judíos fueron elegidos” en Abrahán de entre todos los pueblos para ser los custodios de la Revelación divina, “ellos son muy estimados por Dios” no en sí mismos, ya que son incrédulos y deicidas, sino “por razón de sus Padres”, que acogieron la Promesa de Dios y creyeron en el Mesías venturo. Aquí es necesario ponderar bien estas palabras, las cuales, a partir de Nostra aetate, fueron alteradas, haciendo decir a San Pablo que el Judaísmo infiel es amado aún durante su incredulidad por razón de sus Padres. En cambio, el Apóstol revela que, en consideración de la santidad de los Patriarcas, en el futuro, Dios tendrá misericordia de Israel en cuanto hijo de ellos e Israel la aceptará, convirtiéndose a Cristo, a quien crucificó.
   
En efecto, “los dones de Dios no están sujetos a arrepentimiento” (v. 29), es decir, Dios no cambia de opinión; llamó a Israel y no se arrepiente de haber hecho Alianza con los Patriarcas y el Israel espiritual, que tiene la fe de Abrahán, pero los hombres (los Judíos incrédulos) cambian de opinión y de comportamiento; rechazaron el Antiguo Pacto establecido con Yahweh y por ello fueron rechazado por Él. Por tanto, en un día futuro, Dios ofrecerá de nuevo el don de la fe al pueblo elegido una vez, tendrá misericordia de él y él se convertirá en masa a la fe en Cristo, por la misericordia de Dios. En resumen, aunque el Israel incrédulo se vea ahora rechazado por su infidelidad, habiendo así permitido a los Gentiles poder entrar en la Iglesia; en un día futuro, Yahweh convertirá a Israel, amado no en sí mismo en cuanto infiel y deicida, sino en recuerdo de los Santos Patriarcas.
    
1ª Epístola a los Tesalonicenses
En la Primera Epístola a los Tesalonicenses (II, 15-16), San Pablo especifica todavía mejor: “Los cuales [los Judíos] dieron incluso muerte al Señor Jesús y a los Profetas y nos persiguieron también a nosotros; ellos no agradan a Dios y son enemigos de todos los hombres, impidiéndonos predicar a los Paganos para que puedan ser salvados. ¡De tal manera, ellos colman la medida de sus pecados! Pero desde ahora la ira de Dios ha llegado al colmo sobre su cabeza”.
   
1ª Epístola a los Corintios
Está revelado también en San Pablo: “Si quis non amat Dóminum Nostrum Jesum Christum anatéma sit. Marana tha / Si alguno no ama a Nuestro Señor Jesucristo sea separado de Dios. Ven Señor” (I Cor., XVI, 22). El padre Marco Sales comenta: “Si alguno no ama con amor tierno y sobrenatural a Jesucristo, sea anatema, es decir, sea maldito. Marana tha, expresión aramea, que probablemente significa: Jesús viene a juzgar a quien no lo ama y para ejecutar la sentencia de condena contra él” (Le Lettere degli Apostoli, Proceno-Viterbo, Effedieffe, II ed., 2016, S. Paolo, I Corinti, cap. XVI, v. 22, p. 254, nota 22).
    
Los Evangelios
San Juan: Los Judíos incrédulos son inexcusables
En el Evangelio según San Juan (XV, 22-27; XVI, 1-4), Jesús dice a sus Apóstoles, a partir del versículo 22 del capítulo XV: “Si no hubiera venido y no les hubiera hablado [a los Judíos que no lo acogieron, ndr], no tendrían pecado alguno, pero ahora no tienen excusa por su pecado”.
   
Santo Tomás de Aquino, el Doctor Oficial o Común de la Iglesia, en su Comentario al Evangelio de San Juan, glosa, resumiendo, el consenso unánime de los Padres de la Iglesia: “Como la ignorancia excusa por sí misma la culpa, aquí Él muestra que los Judíos incrédulos son inexcusables […], por dos motivos: el primero, por la verdad de Su enseñanza; el segundo, por la evidencia de Sus prodigios […]; en tercer lugar, indica la raíz de su aversión contra los Apóstoles: ‘El que me odia a Mí, odia también al Padre’” (Capítulo XV, Lección V, n. 2044). Por tanto, para el Santo Doctor: “Todas las persecuciones se las harán a los Apóstoles por causa del nombre de Cristo; pero no podrán ser excusados de ello, ya que ‘He venido y les he hablado’” (n. 2045). Si el Verbo no hubiera venido y no hubiera hablado y hecho milagros delante de ellos, “no tendrían pecado alguno”. Pero ¿cuál es su pecado? No se trata de un pecado cualquiera, sino del de la incredulidad (n. 2046).
    
El Evangelio continúa: “‘Pero ahora’, por el hecho de que he venido y he hablado, excluida la ignorancia inculpable, ‘ellos no tienen excusa de su pecado [de incredulidad, N. del R.]” (n. 2048). Además, Cristo añade inmediatamente: “El que me odia a Mí, odia también al Padre”, como queriendo decir: se les imputa como culpa, no la ignorancia de Mí y del Padre, sino el odio que tienen contra Mí y que redunda en odio contra el Padre. En efecto, Padre e Hijo, siendo una sola cosa en su Esencia, […] quienquiera que ama al Hijo ama también al Padre; y quienquiera conoce a Uno conoce también al Otro; mientras que quien odia al Hijo odia también al Padre” (n. 2050). Por tanto, el Judaísmo talmúdico, odiando a Jesús, odia también a Dios Padre; solo cuando Israel se convierta a Cristo y Lo ame será estimadísimo por Dios en sí, por lo cual queda desmontado el sofisma de NA.
   
Actualidad del Evangelio según San Juan (XV, 26 – XVI, 4)
A partir del Concilio Vaticano II, pasando por Juan Pablo II, hasta los discursos de Benedicto XVI y del papa Francisco en la sinagoga de Roma y a sus recientes escritos (La Bibbia dell’Amicizia; Ebrei e Cristiani [La Biblia de la Amistad; Judíos y Cristianos, N. del T.], Cinisello Balsamo, San Paolo, ambos de 2019), se quiere alterar la Tradición de la Iglesia sobre las relaciones entre Cristianismo y Judaísmo y volver a valorar este último, como “hermano mayor y predilecto” del Cristianismo. Pues bien, todo esto tiene la misma gravedad que el pecado de los Judíos que rechazaron a Cristo: es incredulidad, más aún, es en cierto sentido todavía más grave, ya que, si bien los Judíos rechazaron el Cristianismo en figura, los Cristianos neomodernistas y judaizantes rechazan la Tradición apostólica en realidad y no solo figuradamente. Por tanto, son todavía más inexcusables que los Judíos y, por ello, son incrédulos, pérfidos e incluso material, específicamente, apóstatas en sentido estricto.
    
Finalmente, siempre en el Evangelio según San Juan (XVI, 27) leemos: “El Padre os ama porque Me habéis amado y habéis creído que salí del Padre”.
    
San Mateo
Jesús mandó: “Id y amaestrad a todas las Gentes. El que crea será salvo, el que no crea será condenado”, y más aún, especificó: “No vayáis donde los Gentiles y no entréis en la tierra de los Samaritanos, sino predicad el Evangelio en primer lugar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. […]. Yo he sido enviado solo para las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt., X, 6; XV, 24).
     
En cambio, a partir de NA, se considera que no se debe predicar en absoluto el Evangelio de Cristo a los Judíos, los cuales se salvan sin Cristo observando solo la Ley del Antiguo Pacto, alterando completamente y contradiciendo de la manera más radical el Mandato de Cristo a sus Apóstoles de predicar no solo a todos, sino en primer lugar a los Judíos y después a los Gentiles (cronológicamente).
    
II - EL VATICANO II
   
Nostra ætáte: ¿Los Judíos son estimadísimos por Dios a causa de sus padres?
En el n. 4-e, NA enseña: “Según San Pablo, los Judíos, gracias a los padres, siguen siendo estimadísimos por Dios, cuyos dones y vocación son sin arrepentimiento”.
   
En cambio, San Pablo dice solo que la vocación (llamada o don) por parte de Dios no cambia (“Ego sum Dóminus et non mutor”). Mientras que la respuesta a la llamada de Dios puede cambiar por parte del hombre, como sucedió con la mayor parte del pueblo de Israel (con Lucifer, inicialmente con Adán/Eva, con Caín, con Esaú, con Judas Iscariote y demás), que durante la vida de Jesús correspondió mal a la llamada y al don de Dios, matando primero a los Profetas, después a Cristo y finalmente a Sus Apóstoles; por tanto, son estimados por Dios, o sea, están en gracia de Dios, solo “el pequeño resto” de aquellos que aceptaron al Mesías Cristo venido (Nuevo Testamento), como lo aceptaron como venturo sus padres en el Antiguo Testamento.
     
Siempre según al doctrina conciliar (cfr. Nostra ætáte: “Los dones de Dios son irrevocables”) y postconciliar (cfr. Juan Pablo II en la sinagoga de Maguncia el 17 de noviembre de 1980: “La Antigua Alianza jamás revocada”), el Judaísmo actual sería todavía titular de la Alianza con Dios. En cambio, la Tradición católica (Sagrada Escritura interpretada unánimemente por los Padres y por el Magisterio constante y uniforme de la Iglesia) enseña que “hay una primera y hay una segunda Alianza: irrevocable es lo que pasa de la primera a la segunda, que viene después, cuando esta “anticuada y sujeta a envejecimiento ulterior, está a punto ya de desaparecer” (Heb., VIII, 8-13). Pero la gracia prometida a los titulares de la primera Alianza no muere con ella, sino que es concedida a los titulares de la segunda: en efecto, esto sucedió cuando casi todos los titulares de la primera, rechazando a Cristo, no reconocieron el tiempo en el que Dios les había visitado (Lc., XIX, 44). “Sin embargo, a aquellos que Lo acogieron”, el Visitador “les concedió el don de la filiación divina” (Jn., I, 12), estableció con ellos (la “pequeña reliquia” del pueblo judío que aceptó a Cristo) la segunda Alianza y la abrió a todos aquellos (los Paganos) que vendrían “de oriente y de occidente”, del norte y del sur (Lc., XIII, 29), transfiriendo a la segunda todos los dones en posesión ya de la primera. Por tanto, muchos miembros del pueblo elegido rechazaron a Cristo, pero “un pequeño resto” (Apóstoles y Discípulos) Lo acogió (Rom., XI, 1-10). Además, antes del fin del mundo, San Pablo prevé y revela, divinamente inspirado, la conversión final, en masa, de otros muchos Judíos (Rom., XI, 26: “Et sic omnis Ísraël salvus fíeret”).
   
La Declaración Nostra ætáte no aporta ni una sola cita de ningún Padre de la Iglesia, de ningún Papa o de ningún pronunciamiento del Magisterio, porque no existen.
   
En resumen: 1º) Nostra ætáte afirma que la Antigua Alianza de Dios con Israel nunca fue abrogada; 2º) esta Antigua Alianza ni revocada ni revocable es todavía hoy el fundamento de la teología bergogliana; 3º) según al cual, sin esta irrevocabilidad de la Antigua Alianza, la fe “cristiana” no sería íntegra. Se ve, por tanto, la importancia de la teología judaizante en todo el Concilio Vaticano II, el cual se basa sobre todo en ella. Si se quiere comprender el problema del Vaticano II es necesario comprender el problema del Judaísmo talmúdico.
    
Denise Judant
Una Judía convertida y gran estudiosa del Patrología ha escrito: “Es necesario distinguir el Judaísmo del Antiguo Testamento del Judaísmo post-cristiano. El primero (Antiguo Testamento) es una preparación al Cristianismo; en cambio, el segundo (el Judaísmo post-cristiano), negó la mesianicidad de Jesús y continúa rechazando al Mesías Jesucristo. En este sentido hay una oposición de contradicción entre Cristianismo y Judaísmo actual. La Antigua Alianza está basada también en la cooperación de los hombres. Moisés recibe la declaración de Dios, que contiene las condiciones del Pacto bilateral. En efecto, la Alianza no es incondicionada (Dt., XI, 1-28), sino que está sometida a la obediencia del pueblo de Israel: ‘Yo os ofrezco bendiciones y maldiciones. Bendiciones si obedecéis a los mandamientos divinos… maldiciones si desobedecéis’ (Dt., XI, 28). La Antigua Alianza depende también del comportamiento de Israel y Dios amenaza varias veces con romperla a causa de las infidelidades del pueblo judío, que Él querría destruir (Dt., XXVIII; Lev., XXVI, 14 ss.; Jer., XXVI, 4-6; Os., VII, 8 y IX, 6).
    
Después de la muerte de Cristo, el perdón de Dios no es concedido a todo Israel, sino solo a ‘un pequeño resto’ fiel a Cristo y a Moisés, que prenunciaba a Jesús. Como consecuencia de la infidelidad del pueblo de Israel, en su conjunto, hacia Cristo y el Antiguo Testamento que Lo anunciaba, el perdón de Dios se restringió solo a ‘un pequeño resto’.
    
Por parte de Dios, de modo distinto que por parte del hombre, no hay ruptura de Su plan, sino solo desarrollo y perfeccionamiento de la Antigua Alianza, en la Nueva y definitiva Alianza, que dará al ‘pequeño resto’ de los Judíos fieles al Mesías un ‘corazón nuevo’ y se abrirá a toda la humanidad… Jesús no instauró una nueva religión, enseñó que Dios quería la salvación de toda la humanidad y que la venida de Cristo era la condición de dicha salvación… La comunidad cristiana permaneció fiel a la Tradición veterotestamentaria, reconociendo en Jesús al Cristo-Mesías anunciado por los Profetas. Para los Cristianos es el Judaísmo post-bíblico el que es infiel al Antiguo Testamento, pero existe un ‘pequeño resto’ fiel, que, entrando en la Iglesia de Cristo, garantiza la continuidad de la Alianza (Antigua-Nueva), en vista de Cristo venturo y venido. Él es la ‘piedra angular’ que ‘ha hecho de dos [pueblos: Judíos y Gentiles] una sola cosa’ [Cristianos]”[i].
   
¿Fue rechazado el Judaísmo talmúdico?
La Declaración conciliar Nostra ætáte dice en su n. 4-h: “Los judíos no deben ser presentados como rechazados por Dios, ni como malditos, como si ello se evidenciara de la Escritura”.
   
Ante todo, es necesario especificar que se está hablando de Judaísmo religión post-bíblica y de sus fieles, los Judíos que siguen la Cábala y el Talmud.
   
Pues bien, el Judaísmo post-bíblico, tras la muerte de Cristo, fue desaprobado, rechazado por Dios, que constató su infidelidad al Antiguo Pacto establecido por Él con Abrahán/Moisés, y lo repudió para establecer una Nueva Alianza con el “pequeño resto” o “reliquia” de Israel fiel a Cristo y a Moisés, y con todas las Gentes dispuestas a acoger el Evangelio (las cuales correspondieron en su máxima parte al don de Dios, mientras que solo una “reliquia” suya lo rechazó, para adorarse narcisistamente a sí misma por medio de los ídolos que se había construido a modo de espejo). Dios desautorizó a quien negó a su Hijo unigénito y consustancial, “Dios verdadero de Dios verdadero”. Por tanto, la sana teología interpretó la Escritura y enseñó que el Judaísmo post-bíblico ha sido reprobado y desaprobado por Dios, o sea, que mientras siga en el rechazo obstinado de Cristo, no está en gracia de Dios.
    
Además, Dios no puede aprobar, decir bien o “ben-decir” el rechazo de Cristo. El Padre, tras constatar la esterilidad del Judaísmo fariseo y rabínico, que mató a los Profetas, a su Hijo y finalmente a los Apóstoles, la condena, desaprueba, la “dice-mal” o “mal-dice”. Como Jesús, el cual, constatada la esterilidad de una higuera, la maldijo, o sea, no la apreció sino que la condenó por no dar fruto[ii].
    
Petrus
   
NOTAS
[i] Cfr. L. M. Carli, La questione giudaica davanti al Concilio Vaticano II, en “Palestra del Clero”, n. 4, 15 de febrero de 1965, pp. 192-203.
[ii] D. Judant, Judaïsme et Christianisme, éd. du Cèdre, Paris, 1969, pp. 88-91; Id., Jalons pour une théologie chrétienne d’Israël, éd. du Cèdre, Paris, 1975, pp. 7-15; pp. 33-83 passim.