viernes, 18 de octubre de 2019

NOVENA EN HONOR DE LOS SANTOS ETÍOPES SAN ELESBAAM Y SANTA EFIGENIA, CARMELITAS

Novena compuesta por el padre Ginés Riquelme, y publicada en Orihuela por José Vicente Alagarda y Eysarch en 1756. Puede rezarse en cualquier momento del año, y en preparación de la fiesta litúrgica de San Elesbaam (27 de Octubre) y Santa Efigenia (21 de Septiembre).

NOVENA DE LOS DOS GLORIOSOS ETÍOPES SAN ELESBAAM EMPERADOR Y SANTA EFIGENIA PRINCESA, DEL SAGRADO ORDEN DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
 
   
Hincado de rodillas, si pudiese ser, delante de los Santos, levantando el corazón a la Divina Majestad, y, alentando la fe, y viva esperanza de conseguir de su infinita misericordia lo que intenta en esta Novena, con toda humildad, dolor y arrepentimiento de sus culpas, dirá como se sigue:
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Verdadero y Eterno Dios, a quien con mis muchas culpas tengo ofendido, ahora, Señor, y desde ahora, para la hora de mi muerte, digo: que me pesa de todo corazón de haber ofendido a tu inmensa Majestad, por ser quien sois, y porque sois tan digno de ser amado sobre todas las cosas, y propongo, con tu divina gracia, de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, enmendar mi vida y hacer una buena Confesión de todos mis pecados, para conseguir por la intercesión de tus queridos Santos, San Elesbaam y Santa Efigenia, y la de tu querida Madre, y nuestra, María Santísima del Carmelo, una buena muerte. Amén.
  
Pequé Señor, habed misericordia de mí. Repítese tres veces.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Gloriosísimos Santos Etíopes, Portentoso San Elesbaam, y Prodigiosa Santa Efigenia, que desnudos de todo mundano afecto, os encaminasteis por lo encumbrado del Sagrado Monte Carmelo al Todopoderoso Dios, observando el instituto de su benditísma Madre en la Monástica Religión, y que os consagrasteis, haciéndoos maravillosos en vuestras esclarecidas virtudes: Ruégoos, que si es para gloria de Dios, honra vuestra y provecho de mi alma, que yo consiga lo que deseo y pido en esta Novena, me alcancéis esta gracia de su Divina Majestad, y si no me conviniere, que se haga su Santísima voluntad en todo. Amén.

DÍA PRIMERO
Dios y Señor de los Ángeles, a los cuales encomendasteis la custodia y guarda de los hombres, yo os ofrezco con toda humildad los merecimientos de estos Celestiales Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia; Ángeles en la pureza de sus almas, y en el guardar a los hombres con su protección, de los riesgos y peligros de su vida, y os ruego, Señor, por ellos me concedáis la gracia de que siempre observe y cumpla exactamente vuestros divinos preceptos, y así mi alma se vea libre de los tropiezos de la culpa, y con la perfección más agradable a vuestros ojos el remedio de todas mis necesidades espirituales y temporales, y el favor que os pido en esta Novena, si es para mayor honra y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.
  
DEPRECACIONES A SAN ELESBAAM
Beatísimo y amabilísimo San Elesbaam, Etíope Emperador de los Abisinios, piadoso Protector de los que afligidos experimentan las tempestades y peligros del mar, honroso Campeón de las Banderas de Cristo, que militando bajo el Estandarte de la Triunfante insignia de su Santísima Cruz, derrotasteis muchas veces las crecidas tropas de los malditos herejes, perversos enemigos de nuestra Santa Fe, venciendo brazo a brazo al cruel Dunaam, real caudillo y absoluto rey de la Arabia Pétrea, hasta dejarle muerto con vuestra misma lanza, que formaba una prodigiosa Cruz, y por tan singulares victorias y mercedes, que debisteis al todopoderoso Dios y Señor de los Ejércitos, a quien con la más profunda humildad adoro y reverencio: Os suplico me asistáis con vuestra poderosa intercesión para que venciendo las borrascosas tempestades que padece mi alma de tantas culpas como contra Dios he cometido, logre asegurarse en el dichoso puerto de la divina gracia, mediante un verdadero arrepentimiento de ellas, para que permaneciendo siempre en amistad de Dios, burle las asechanzas del infernal Dunaam, el Demonio, como también en aquella tremenda hora de mi muerte, en la que con más fuerza y eficaz astucia procurará mi eterna perdición y ruina irreparable: Intercede, Santo mío, para que la Divina conmiseración me asista con su poder y misericordia, y que nunca me falte el maternal amparo y piadoso abrigo de María Santísima del Carmen, con cuya afluencia logre mi alma salir de la cárcel de este mundo, y la Patria Celestial de la Bienaventuranza de la Gloria. Amén. Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.
   
DEPRECACIONES A SANTA EFIGENIA
Gloriosísima Santa Efigenia Etíope, Princesa de Nubia, Poderosísima Abogada contra los incendios, invencible Amazona contra las crueldades del tirano Hirtaco, y burladora de los volcanes que emprendió en vuestro Monasterio, para poder lograr el triunfo de vuestra castidad, que tan temprano consagrasteis al más digno Esposo Jesucristo, por tan singulares beneficios que de su soberana mano recibisteis, os suplico humildemente dispongáis en mi corazón se apague todo amor y deseo terreno, que son llamas muy perniciosas para el alma, y que solamente viva encendido en el de una perfecta Caridad, con que guarde y observe exactamente su Santa Ley mientras viviese en este mundo, y que cuando mi alma se separe de mi cuerpo, consiga la dicha, por vuestra intercesión, de la soberana asistencia de la Inmaculada Virgen María Santísima del Carmen, y por los merecimientos de su Soberano Hijo Jesucristo, logre el verle, gozarle y alabarle en la Gloria, por la eternidad de siglos. Amén. Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.
 
Ruegoos, Piadosísimos Santos, me alcancéis de su Divina Majestad lo que os suplico, si es para mayor honra y gloria suya y bien de mi alma. Amén.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Omnipotente, Universal y Supremo Señor, Eterno Dios y Criador de todas las cosas, a quien debo el ser que gozo, la vida que respiro, los instantes que poseo, y todos los demás beneficios con que engrandecéis a los hombres, yo el más desconocido de todos, el más ingrato y el que más ciegamente ha profanado los respetos tan justamente debidos a vuestra Majestad y grandeza ofendiéndoos continuamente, postrado y arrepentido ante vuestro Divino acatamiento: llego ofreciéndoos mi corazón, mis afectos y toda mi alma, a suplicaros me perdonéis mis culpas, que tantos castigos merecen, y rogaros que no irritéis contra mí miserable pecador, los rigores de vuestra Divina Justicia; ni permitáis que ninguna criatura hechura vuestra se condene, antes bien acordándoos de los méritos de los gloriosos Santos San Elesbaam y Santa Efigenia, y de los dolores y tormentos de vuestro Santísimo Hijo que tan gustosa y liberalmente padeció por la salvación del género humano, aplacad vuestro enojo, y resplandeced en vuestra infinita misericordia, y seáis, Señor, alabado y glorificado por todos los siglos de los siglos. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO
Por la señal...
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Dios y Señor de los Arcángeles, a los cuales encomendáis los negocios gravísimos de vuestra gloria y utilidad de los hombres; yo os ofrezco con humildad los merecimientos de ellos diligentisimos Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia, ministros potentísimos en los negocios de vuestra mayor gloria y exaltación, y por la cual se han visto salir personalmente a vencer las batallas de vuestros enemigos, y os ruego, Señor, por ellos me concedáis la gracia de que sea diligente, y nada tardo en el cumplimiento de las obligaciones de mi estado y de vuestra Santa Ley, y que me otorguéis el favor que os pido en esta Novena, si es para mayor honra y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.
   
Pedir la gracia que se desea. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO
Por la señal...
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Dios y Señor de los Principados, los cuales por medio de los Ángeles y Arcángeles, alumbrando, instruyendo y mandando ayudan a la salud de los hombres, de la conservación de los Reinos; yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos celosísimos Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia, los cuales procuraron siempre guardar sus Monarquías de los Enemigos de vuestra Católica Iglesia, para que se mantuvieran siempre con la luz y conocimiento de vuestra Santa Fe, y os ruego Señor por ellos, me concedáis la gracia de que siempre viva asistido con el favor de vuestras soberanas luces, y conserve el reino de mí alma libre de los disturbios y ruinas de la culpa. Y también lo que deseo y pido en esta Novena, si ha de ser para gloria y honra vuestra, y bien de mi alma. Amén.
   
Pedir la gracia que se desea. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO
Por la señal...
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Dios y Señor de las Potestades, que tienen especial poder para refrenar demonios: yo os ofrezco con potrada humildad los merecimientos de estos poderosísimos Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia, a quienes disteis poder grande para refrenar los demonios en las temerarias maquinaciones de los dos más crueles, Dunaam e Hirtaco; y os ruego, Señor, por ellos me concedáis la gracia de que refrene todas mis pasiones que son contrarias a vuestro santo servicio, y también el favor que os pido en esta Novena, si ha de ser para honra y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.
   
Pedir la gracia que se desea. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO
Por la señal...
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Dios y Señor de las Virtudes, por las cuales hacéis milagros y prodigios propios de vuestro soberano poder: yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos soberanos Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia, entre los cuales han resplandecido vuestras maravillas, levantándose el mar y franqueando paso a las naves de la Armada de vuestro Santo en un grande estrecho, donde el enemigo tenía dispuesta una celada de una cadena de hierro para que en ella chocasen y rompiesen, la cual se desapareció al mismo tiempo; y disponiendo que el fuego que emprendió en el Monasterio de vuestra Santa el tirano Hirtaco para lograr sus malvados fines, no solamente se apagase sino también, que bajando de la alta región otro de muy voraces llamas, fuese portentoso castigo del tirano, reduciendo a cenizas lo suntuoso de su Palacio; y os ruego Señor, por ellos me concedáis la gracia de que mi alma se vea libre de la pesada cadena de mis yerros, y del fuego que merecen mis culpas, y también el favor que os deseo y pido en esta Novena, si es para honra y gloría vuestra, y bien de mi alma. Amén.
   
Pedir la gracia que se desea. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO
Por la señal...
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Dios y Señor de las Dominaciones, que presiden a todos los Espíritus inferiores, Ministros de Vuestra providencia, y estos se sujetan a vuestra voluntad, prontos siempre para ejecutarla: yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos altísimos Espíritus, y los de vuestros Escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia, que siendo Superiores dotados con las reales coronas con que se adornaron, se sujetaron con resignada obediencia a la voluntad de sus Superiores, reconociendo en ellos a vuestra Soberana Majestad, despreciándolas por vuestro santo respeto; y os ruego Señor por ellos me concedáis la gracia de que mi voluntad esté siempre sujeta al cumplimiento de vuestros Divinos preceptos, los que cumpla obediente sin quebrantarlos; y también el favor que os pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
   
Pedir la gracia que se desea. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO
Por la señal...
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Dios y Señor de los Tronos, en que descansáis como en Trono de vuestra Gloría y asiento de vuestra Majestad: yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos altísimos Espíritus y los de vuestros escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia, Tronos de vuestra Soberanía, en quienes residís como en vasos de elección, destinados para vuestro asiento, porque supieron negarse a sí mismos y arrojar de sus corazones todas las cosas de este mundo, para que solo vivieseis en ellos; y os ruego Señor, por ellos me concedáis la gracia de que detestando y aborreciendo mis culpas, hagáis a mi indigno corazón dichoso asiento de vuestra Soberana Majestad, y también el favor que os pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
   
Pedir la gracia que se desea. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la señal...
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Dios y Señor de los Querubines, que están adornados de perfectísima Sabiduría; yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos Sapientísimos Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia, a quienes adornasteis con la sabiduría y conocimiento del poco aprecio que merecen, y total despego a las vanas pompas y glorias mundanas que en esta vida se nos proponen, y la de saber encaminarse por la segura senda y perfectísimo camino de la virtud al verdadero fin para que creasteis al hombre; y os ruego Señor, por ellos me concedáis la gracia de que sepa vivir desprendido y apartado de las vanidades de este mundo, atendiendo solamente al cumplimiento de vuestros Divinos mandatos, y al acierto dichoso de una buena muerte, y me otorguéis el favor que os pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.
   
Pedir la gracia que se desea. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA NOVENO
Por la señal...
  
℣. Abrid, Señor, mis labios,
℟. Y cantarán tus alabanzas sabios:
℣. Muéstrate, Díos, a mis amparos presto,
℟. Y para mi socorro tu luz quiero.
Gloria sea dada al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Dios y Señor de los Serafines, que os aman con un amor ardentísimo y excesiva caridad; yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos abrasados Espíritus y los de vuestros escogidos San Elesbaam y Santa Efigenia, que sacrificándose abrasadas victimas en las aras de vuestro Divino amor, solo supieron vivir atentos a vuestro beneplácito, como enamorados de vuestra grandeza; y os ruego, Señor, por ellos me concedáis la gracia de que siempre viva con el más ardiente y perfecto amor, empleando siempre mi corazón todo en Vos, y en lo que queréis que ame por Vos, y juntamente el favor que os pido en esta Novena, si es para honra y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.
   
Pedir la gracia que se desea. Las demás oraciones se rezarán todos los días.

MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA DECIMOCTAVO

Tomado de El Rosario: Meditaciones para los 31 días del mes de Octubre, de la autoría del licenciado Juan Luis Tercero. Publicada en Ciudad Victoria, México, en el año 1894 por la Imprenta Oficial de Víctor Pérez Ortíz. Imprimátur concedido el 12 de Marzo de 1894 por Mons. José Ignacio Eduardo Sánchez y Camacho, Obispo de Ciudad Victoria-Tamaulipas (actual Tampico).
         
CAPÍTULO XXII. MARÍA EN LA VÍA DOLOROSA Y EN LA CALLE DE LA AMARGURA EL DÍA QUE SU DIVINO HIJO LLEVA SU CRUZ AL CALVARIO
Hoy, la vía dolorosa, la calle de la Amargura, desde la salida de la casa de los azotes hasta el sitio en que Cristo es clavado en cruz, asistidos de la gracia del Cielo hemos de recorrerlas, poniendo nuestros ojos de preferencia en la Madre, en la Madre de ese Mesías tan dolorido y afrentado, tan manso y humilde. De esa manera, como no cesaremos de repetirlo, obtendremos dos ventajas inmejorables: Es la una, conocer, estimar y amar en extremo a quien después de ese Mesías no puede tener mayor ni igual, ¡tanta es la grandeza de esa Madre! Es la otra, conocer, estimar y amar mejor al mismo Mesías, por la gran semejanza que por ley natural debía darle la generación materna, ley según la cual el hijo hereda de la madre la índole y el natural, en tales términos, que el hijo parece copia de la madre. Además, y esto es lo principal, la grandeza de las excelencias del Hijo no puede la pequeñez nuestra conocerla y amarla mejor que por el ensayo, digamos así, que por la preparación de otra grandeza inferior a la del Hijo, pero la más próxima a Él y más accesible a nuestra capacidad de entender y de amar.

La conducta que la Santísima Mujer, que la Mujer fuerte debiese observar en la persecución que de su admirable Hijo hacían los malvados, tenía de ser dictada por una altísima sabiduría, un amor inmenso, un decoro exquisito, y sobre todo, y en una palabra, por una caridad tan excelente que a todo bastase y todo lo superase. No se trata aquí, pues, de una situación, de un trance sólo santo, sino santísimo; de un espectáculo simplemente admirable, sino sobre todos los espectáculos, para todos los siglos. Buscad aquí ciencia y sabiduría, buscad belleza, buscad heroísmo que a todos superen, no hay otro de tales calidades que el que ahora nos ocupa; este es el espectáculo en que el eterno Dios, el Dios verdadero, el Dios trino y uno hace la obra maestra de sus manifestaciones al género humano y al género angélico; esta es la marcha, la procesión sagrada de la dulcísima Sacerdotisa a ofrecer una víctima que es su mismo Hijo y que importa algo mas; muchísimo más, infinitamente más que el Padre Abrahán llevando a Isaac su hijo al sacrificio.
      
Decretada por Pilatos la muerte del Cordero, oída la pronunciación de la sentencia, notorio todo a la dolorosa Madre que todo lo ve por visión expresa, como es razón creerlo y las santas revelaciones de María de Ágreda lo persuaden y confirman, se renueva el dolor de aquel castísimo corazón y queda dividido con el cuchillo de amargura que le penetra y traspasa sin piedad alguna. El Discípulo amado desfallece y un desmayo mortal hiela la sangre de las piadosas compañeras de la Virgen Santísima. «Pero la Reina de las virtudes estuvo invicta, y su magnánimo Corazón, con lo sumo del dolor, sobre todo humano discurso, nunca desfalleció ni desmayó; no padeció las imperfecciones de los desalientos y deliquios que los demás. En todo fue prudentísima, fuerte y admirable; y de las acciones exteriores dispuso con tanto peso, que sin sollozos ni voces confortó a las Marías y a San Juan; y pidió al Señor las fortaleciese y asistiese con su diestra, para que con él y con ellas tuviese compañía hasta el fin de la pasión. En virtud de esta oración fueron consolados y animados el Apóstol y las Marías para volver en sí y hablar a la gran Señora del cielo. Entre tanta confusión y amargura no hizo obra, ni tuvo movimiento desigual, sino con serenidad de Reina derramaba incesantes lágrimas. Atendía a su Hijo y Dios verdadero; oraba al Eterno Padre, presentábale los dolores y pasión, acompañando a las mismas obras con que nuestro Salvador lo hacía. Conocía la malicia del pecado, penetraba los misterios de la redención humana, convidaba a los angeles, rogaba por los amigos y enemigos; y dando el punto al amor de Madre y al dolor que le correspondía, llenaba juntamente todo el coro de sus virtudes con admiración de los cielos y sumo agrado de la Divinidad. Y porque no es posible reducir a mis términos las razones que formaba esta gran Madre de la sabiduría en su corazón, y tal vez en sus labios, lo remito a la piedad cristiana» (Mística Ciudad de Dios, nro. 1356, parte 3?).
  
Cuando el Maestro y Redentor del mundo se abraza con la cruz saludándola y apostrofándola como a tan alto Maestro y Redentor cumplía, con el júbilo del valiente que acepta el suplicio de provechosísima y honrosísima muerte, la Madre de ese divino hombre, que conoce el valor infinito que del contacto de la humanidad deificada de Jesús reporta el madero santo, la prudentísima Madre, adora esa cruz santa y la venera con el debido culto, y lo mismo hacen a su ejemplo todos los espíritus soberanos que asisten al Señor y a la Reina. Apostrofa a esa cruz insigne con palabras dignas de quien representa y resume por entonces a la Santa Iglesia, y eleva de su corazón con denodados afectos de dolor sapientísimo, de triunfador martirio, uno así como cántico de loores y alabanzas a la inocencia impecable de su Hijo Dios, contraponiéndolos a los delitos que contenía la sentencia que voceaba el pregonero.

«Y como toda la fe, la ciencia y el amor de las criaturas estaba resumido en esta ocasión de la pasión en el gran pecho de la Madre de la sabiduría, sólo ella hacía el juicio rectísimo y el concepto digno de padecer y morir Dios por los hombres. Y sin perder la atención á todo lo que exteriormente era necesario obrar, confería y penetraba con su sabiduría todos los misterios de la redención humana, y el modo como se iban ejecutando por medio de la ignorancia de los mismos hombres que eran redimidos. Penetraba con digna ponderación quién era el que padecía, lo que padecía, de quién y por quién lo padecía. De la dignidad de la persona de Cristo nuestro Redentor, que contenía las dos naturalezas, divina y humana, de sus perfecciones y atributos de entreambas, sólo María Santísima fué la que tuvo más alta y penetrante ciencia después del mismo Señor. Por esta parte sólo ella entre las puras criaturas llegó a darle la ponderación debida a la pasión y muerte de su mismo Hijo y Dios verdadero» (Mística Ciudad de Dios, nro. 1363).
  
La marcha de esa Reina por la calle del dolor en grupo sublime con las bienhadadas hijas fieles de su ternura, jamás podrá olvidarse en la historia de las proezas de virtud y santidad y de los verdaderos triunfos, a todos los cuales, ella superó y superará. A imitación de Ella y preludiándola, habían pasado por vías de dolor y de triunfo e imitándola pasarían más tarde después de Ella, santas heroínas y mártires, como Resfa y Judith, la Madre de los Macabeos, Águeda y Cecilia, Felícitas y Perpétua, Inés y Anastasia y otras eminentes princesas del sacrificio y de la santidad, cumpliendo a maravilla lo que David cantaba con entusiasmo de santa unción: «En pos de Ella (de la Reina) serán llevadas a la presencia del Rey muchas otras vírgenes». Y ¡cómo se veía cumplido ahora, que esa Azucena entre espinas, que esa mansa tórtola de celestial gemido, era también poderosa como ejército en orden de batalla, y aptísima y habilísima para decapitar a un tirano peor que Holofernes y quebrantar sin miedo ninguno la cabeza de la antigua serpiente como se prometió a Eva!
   
Templada el alma de la Madre Santísima a índole de la de su Hijo el Santo de los Santos, comunicaba fortalezas y consuelos, que luego recibía como dones que Ella misma había donado. Observa por eso muy bien la dichosa María de Ágreda, que a petición hecha con voz interior por la Madre prudentísima a su Hijo y Dios verdadero, afligido con el peso de la cruz, de que alguno, si a Ella no era dable ni a los ángeles del cielo, le ayudase a llevar la carga de la cruz, se movió el corazón de los verdugos y de ello resultó compeliesen al Cireneo a aliviar al Rey divino del peso de su patíbulo.

A la vez aquel llanto, aquel plañido de compasivas mujeres en que al fin prorrumpió el acompañamiento de los desdichados hierosolimitanos, era un don de María, efecto de su oración dolorida, la cual era acepta en extremo al Dios de la Majestad, y ese don volvía en consuelo al alma finísima de la misma donadora. ¿Qué voces consoladoras, qué plañidos eficaces para derretir almas, qué armonías de quejas lastimeras, se encaminaron nunca mejor al objeto de enternecer con más digno propósito cual fue ese de pedir compasión para el Mesías Dios y hombre verdadero, Rey de la Majestad eterna, Rey altísimo de los cielos, tratado por ese pueblo como un forajido, como un reptil, que el pedir compasión para la Reina, Madre amabilísima de ese Rey?
    
Jamás llanto, jamás plañido alguno pudo ser más meritorio. ¡Dichosos nosotros los viadores que todavía, a fuer de representarnos en la mente, según el saludable empeño de la Reina del Rosario, de la Santa Iglesia, los grandes sucesos que una vez pasaron para ser admirados y agradecidos millones y millones de veces, podemos excitarnos a unir llanto y plañidos, compasión y participio sensible, racional y meritorio, al que entonces levantaron en pos de Jesús y a la vista de la dulcísima Madre, esas mujeres cuyos nombres quisiéramos saber une por uno para glorificarlos eternamente!
  
Concédanos el Señor, concédanos la Reina hacer cuanto podamos para merecer que esos santísimos Monarcas, respondan a nuestro llorar y plañir: «¡gracias hijos nuestros, esas ofrendas de vuestra sensibilidad buscada y fecundada en el Rosario, son quizá más gratas para mí y para la Reina, que las de las mujeres del día de mi pasión, porque “bienaventurados los que no vieron y creyeron”».
   
De entre esas dichosísimas mujeres, adictas a la Reina Madre del Verbo, jamás se perderá la memoria de Berenice, nombre mudado en el de la Verónica, que en el paño con que se aprestó a aliviar, al divino Reo, del sudor, del polvo y de la Sangre, recogió en recompensa la imagen impresa del divino Rostro, que religiosísimamente se conserva y exhibe el Viernes Santo en la Basílica de San Pedro de Roma. Esa Verónica es la misma que, tocando con toda su fe en otros días la orla del vestido de Jesús, tuvo por premio sanar al instante del flujo de sangre inveterado de que adolecía, sanidad que intentaba al tocar oculta y humildemente esas vestiduras dignas de tanto respeto.
  
La Reina de los cielos, que alentaba con su inspiración cuanto de noble compasión le era dado procurar para el lacerado hijo de su dolor, recibió a su vez consuelo suavísimo de la animosa resolución de esa mujer y de ese hermoso milagro de su Jesús. La Verónica fue más tarde una gran Santa, una de los apóstoles de las Galias, como nos lo consigna la historia de la Santa Iglesia (En Cornelio Alápide).
   
Entre las tradicciones de sagrados pormenores de los sucesos de la vía dolorosa, tenemos los hijos de la Santa Iglesia los referentes a las caídas que Jesucristo Nuestro Señor sufrió en su paso por esa vía. El pueblo cristiano en todo el Orbe, no menos que los peregrinos en la Ciudad Santa, tenemos en mucho y con razón la devoción del Vía-Crucis, por la que hacemos el mental ejercicio del recuerdo de esos lances de la Pasión Santa y a la vez la imitación del acto de recorrer esa vía dolorosa, o de practicar verdaderamente ese acto los peregrinos. El dolor de María Santísima viendo a su Hijo en la humillación de una caída, llagado, lastimado y afrentado, es uno de los más grandes que experimentar debió, porque tales humillaciones enternecen, duelen y excitan la sensibilidad humana con particular enternecimiento y lástima hasta con los enemigos.
  
Nuestro buen Dios, que venía en todo a reportar afrentas y dolores para salvarnos y santificarnos, con gran sabiduría y amor quiso añadir a tantos dolores, afrentas y vergüenzas, aun éstas de caer tres veces en la calle a la vista del pueblo. El sufrimiento de la Madre a la vista de eso, era un dolor y un mérito más, asociado al que soportaba su Hijo, una nueva enseñanza más que daba para todos los hombres, un ejemplo más que imitar, un motivo más de agradecimiento, un estímulo más de amor para con el Hijo y la Madre que en todo le secundaba fidelísimamente.
   
Es también tradición muy mucho aceptada en el pueblo cristiano, el lance del encuentro de María Santísima con el divino Reo cuando cargaba con el peso de la cruz; encuentro al que salió la Señora adelantándose al paso de su Hijo para esperarle en estación oportuna. Ese encuentro es digno de la ciencia del padecer, de la ciencia del amor, que Hijo y Madre poseen en el mayor de los grados respectivamente el uno como Hombre-Dios y Ella como la Madre de Dios.
 
Ese encuentro del Rey de los mártires con la Reina de los mártires, para departir al paso acerca de la situación, acerca de la gran causa, para darse aliento, para decirse ¡bien, muy bien, ánimo, ya recibiréis el premio! ese encuentro le hubo muchas veces y le habrá entre los mártires y sus deudos o sus amigos; es uno de los más bellos y edificantes esplendores del padecer. Y como la Pasión de Jesucristo y la Compasión de María son de completa riqueza en variedad completa de méritos y enseñanzas, aun esta del encuentro de Jesús y de su Madre Santísima en la calle de la Amargura, no puede menos de contar con poderosa razón de ser, enseñanza importante que intentar y estímulo eficacísimo de amor y virtud que proponer.
  
«A todo humano encarecimiento y discurso, dice con hermosas y muy sabias palabras María de Ágreda, excede el dolor que la candidísima paloma y Madre Virgen sintió en este viaje del Monte Calvario, llevando a su vista el objeto de su mismo Hijo, que sólo ella sabía dignamente conocer y amar. Y no fuera posible que no desfalleciera y muriera, si el poder divino no la confortara, conservándole la vida. Con este amarguísimo dolor habló al Señor, y le dijo en su interior: “Hijo mío y Dios eterno, lumbre de mis ojos y vida de mi alma, recibid Señor, el sacrificio doloroso de que no puedo aliviaros del peso de la cruz y llevarla yo, que soy hija de Adán, para morir en ella por vuestro amor, como Vos queréis morir por la ardentísima caridad del linaje humano. ¡Oh amantísimo Medianero entre la culpa y la justicia! ¿Cómo fomentáis la misericordia con tantas injurias y entre tantas ofensas? ¡Oh caridad sin término ni medida, que para mayor incendio y eficacia dais lugar a los tormentos y oprobios! ¡Oh amor infinito y dulcísimo, si los corazones de los hombres y todas las voluntades estuvieran en la mía, para que no dieran tan mala correspondencia a lo que por todos padecéis! ¡Oh, quién hablara al corazón de los mortales, y les intimara lo que os deben, pues tan caro os ha costado el rescate de su cautiverio y el remedio de su ruina!”. Otras razones prudentísimas y altísimas decía con estas la gran Señora del mundo que no puedo yo reducir a las mías» (Mística Ciudad de Dios, nro. 1369).

Si no lo puede esta admirable inspirada escritora, menos lo podemos nosotros, y por eso nos es tan grato cederle la palabra en las situaciones que deseamos ver más acertadamente dadas a contemplar. Que hable ella también para dar fin a este hermoso y provechosísimo asunto:
«Llegó nuestro Salvador verdadero y nuevo Isaac, Hijo del Eterno Padre, al monte del sacrificio, que es el mismo donde precedió el ensayo y la figura en el hijo del patriarca Abrahán (Génesis XXII, 9) y donde se ejecutó en el inocentísimo Cordero el rigor que suspendió en el antiguo Isaac que le figuraba. Llegó tan fatigado nuestro amantísimo Jesús, que parecía todo transformado en llagas y dolores, cruentado, herido y desfigurado. La virtud de la Divinidad que deificaba su santísima humanidad por la unión hipostática, le asistió no para aliviar sus tormentos, sino para confortarle en ellos, y quedarse su amor inmenso saciado en el modo conveniente, conservándole la vida, hasta que se le diese licencia a la muerte de quitársela en la cruz. Llegó también la dolorosa y afligida Madre llena de amargura a lo alto del Calvario, muy cerca de su Hijo corporalmente; mas en el espíritu y dolores estaba como fuera de sí, porque se transformaba toda en su amado y en lo que padecía. Estaban con Ella San Juan y las tres Marías; porque para esta sola y santa compañía había pedido y alcanzado del Altísimo este gran favor de hallarse tan vecinos y presentes al Salvador y su cruz» (Mística Ciudad de Dios, nro. 1375).
La Reina, la Sacerdotisa de la Nueva Ley, va a ofrecer el gran sacrificio. Así termina la carrera de amargura en que la hemos acompañado.
   
Tened compasión de nosotros, rogad por nosotros, misericordiosa Reiba nuestra. Lógrense en cuantos sea posible y de éstos séamos nosotros, los méritos de pasos tan hermosos a inmortales en buena memoria, como los que disteis del Pretorio de los azotes y afrentas, al Calvario en que ofrecisteis el final sacrificio.

jueves, 17 de octubre de 2019

DOS CARTAS SOBRE EL COMISARIAMIENTO DE LOS HERALDOS

Traducción de artículos publicados en STILUM CURIÆ.

CANONISTA: «UN COMISARIAMIENTO INEXPLICABLE»
Queridos Stilumcuriales, hemos recibido una larga y documentada carta de parte de un laico, laureado en Derecho Canónico, que hace parte de los Heraldos del Evangelio, recientemente “comisariados” por la Santa Sede, en base a presupuestos cuanto más mas vagos y genéricos. Al término de una visita apostólica que en cuanto nos consta –y en cuanto consta también en la Secretaría de Estado, según nuestras fuentes– no habían encontrado nada de grave o de anormal. Pero evidentemente en esta estación dictatorial basta la largamente covata aversión de un cardenal jefe de Congregación y la sospecha de “tradicionalismo” para entrar en el repleto girón de los comisariados.
 
La carta de este laico, que estáis por leer, hace referencia también a diversos artículos de estos días: de Vatican news, y de Vatican Insider. ¿Qué confiabilidad pueden tener? Vatican News es el órgano oficial de las comunicaciones, cuyo director es Andrea Tornielli. Que, justamente, proviene de Vatican Insider. Destacables en Vatican Insider de la institución Vaticana puedo solo recordar dos elementos: que nunca fue desmentida, en mi conocimiento, la noticia presentada por el colega Magister según la cual Vatican Insider es financiado por los Caballeros de Colón. El segundo elemento es un coloquio que quien escribe tuvo en el otoño del 2014 con el entonces responsable de Vatican Insider, en el cual este decía que estaba buscando, por medio de la Secretaría de Estado, financiamiento para la testada, pero que los artículos (escritos por mí) en el blog San Pietro e Dintorni, sobre el Sínodo del 2014, en el cual se relataba cómo lo estaban manipulando, y de la resistencia opuesta por los obispos y cardenales le hacían difícil la misión. Y luego fui constreñido a “desvincular” San Pietro e Dintorni de la página principal de Vatican Insider. Sacad vosotros las consecuencias… Y buena lectura.
 
§§§

Querido Dr. Tosatti,
Soy un laico célibe, de 67 años, laureado en derecho canónico. De miembro de la TFP fui por años auxiliar de su fundador, el Prof. Plinio. Hoy prosigo mi camino en los Heraldos del Evangelio. No tengo en la institución ningún cargo de gobierno, pero he podido acompañar de cerca todo el proceso relativo a la Visita Apostólica realizada por la Santa Sede, participando además en la comisión de especialistas responsables para preparar el dossier de “Respuesta a las Preguntas Finales” planteadas por los visitadores, motivadas por las acusaciones –carentes de fundamento– de un grupito de ex-miembros poco aficionados al carisma. Tengo, en consecuencia, conocimiento de causa.
  
Escribo el testimonio presente sponte propria, contradiciendo, es necesario decirlo, las indicaciones en vigor de conservar el silencio entre nosotros, Así, después de profunda reflexión ante Dios, me siento en el deber de conciencia de defender mi honra personal y la de tantas almas que buscan colaborar con el proficuo apostolado de la Asociación para el bien de la Iglesia.
  
Sigo de hace tiempo su obra, querido Dr. Tosatti, y admiro su coraje. Por este motivo, pienso que Vd. es la persona más indicada para llevar a la luz mi testimonio abajo informado, que fue motivado, sobre todo, por la noticia de Vatican Insider, firmada por Salvatore Cernuzio (28/9/2019): “El Vaticano comisaría los Heraldos del Evangelio, la asociación brasileña de los extraños exorcismos bajo indagación desde 2017”.
  
De hecho, diversos órganos de prensa mundiales prontamente han dado la noticia del Comisariamiento de los Heraldos. Oíamos de informaciones sensacionalistas o falsas. La desagradable sorpresa es que la reacción más agresiva sea de parte de lo que es considerado por muchos como el vehículo oficioso de cierto sector curial ferviente difusor de los vientos de misericordia.
  
¿Cuál será su motivación? Cui bono? No lo sabemos, pero he aquí alguna pista.
  1. Cuánta carencia…  
    Comencemos por la palabra inicial del artículo de Cernuzio: “carencias”, haciendo referencia a las que, se supone, sufren los Heraldos. Cualquier cristiano sabe que solo Dios está excento de todo tipo de “carencia” (S. Theol., I, q. 4, a. 2, co.). En todo caso, es difícil ver dónde y cómo la Asociación tenía “carencias” de vocaciones, de gobierno o administrativas. Sobre todo si miramos el panorama católico hodierno, tan lleno de “carencias”. Soy honesto al reconocer que ninguno es juez en causa propia, pero, por otra parte no podemos tampoco negar la verdad pública conocida en cuanto tal: el declive de las vocaciones, los problemas de gobierno y administrativos graves que existen en muchos institutos. La Hermana Auxiliar del Comisario nombrado para los Heraldos, por ejemplo, es Superiora General de las Hermanas de la Divina Providencia [de Maguncia, N. del T.], instituto que hoy cuenta con 928 hermanas, contra las 1.411 que habían en el 2005. Confiamos precisamente en la Divina Providencia para que la reverenda madre nos oriente en forma tal para evitar que suceda en nosotros lo que está sucediendo en ellas…
      
    Por otra parte, podemos constatar con tristeza una “carencia” en el artículo de Cernuzio y es aquella de un principio básico de la justicia bien acogido por el código deontológico del periodismo: “Audiátur et áltera pars”. Y no solamente. El CIC declara (c. 1526) “onus probándi incúmbit ei qui assérit” – “la carga de la prueba incumbe sobre quien acusa”. De hecho, el juez tiene la obligación de interrogar a las partes antes de dar sentencia (c. 1530) “partes interrogáre semper potest, immo debet”. Cernuzio se ha autonombrado juez, pero “carente” de toda competencia jurídica, no ha aplicado al caso los principios de la justicia precisamente porque, en cuanto sé, no ha contactado a ninguno de  mis cofrades.
     
    Luego de haber repetido el tema de las supuestas “carencias”, Cernuzio busca re-exhumar una vieja controversia sobre supuestos exorcismos, ya ampliamente aclarada –y la aclaración apareció en diversos órganos de prensa– a diversos obispos locales y al mismo Vaticano en el referido dossier de 572 páginas –acompañado de 42 volúmenes que contienen 75 alegatos, totalizando más de 18.000 páginas de documentos y publicaciones– con las explicaciones particularizadas sobre este y otros sucesos. Por lo que concierne a los supuentos exorcismos, el caso fue considerado cerrado por la autoridad judicial de la Diócesis interezada sin que sea señalada alguna infracción de las reglas canónicas o litúrgicas. Entonces, ¿por qué recalentar la menestra de controversias ya archivadas? “Res judicáta pro veritáte habétur”, la sentencia jurídica firme debe ser considerada como una verdad lograda.

  2. ¿“Exorcismos extraños” o prácticas de la Iglesia de tiempo inmemorial?  
    El suceso de los exorcismos incriminados es sencillo: básicamente, se trataba de “oraciones de liberación”, ampliamente difundidas en el orbe católico, como está previsto en el mismo Ritual Romano: De exorcísmis et supplicatiónibus quibúsdam, recomendadas precisamente a laicos y laicas. En los casos en análisis no se trataba de “exorcismos solemnes”, acto de culto público de la Iglesia, sino apenas de invocaciones ad líbitum contra los espíritus de las tinieblas, eficaces en tantos casos ex virtúte charísmatis; como han hecho, por demás, tantos católicos a lo largo de la historia, algunos de ellos canonizados, como Santa Francisca Romana y San Pío de Pietrelcina.
     
    En una situación de vejaciones es deber de caridad de todo cristiano –a fortióri de un sacerdote– buscar la curación espiritual del alma “carente” de auxilio sobrenatural. Esto no es otra cosa que la misericordia, ¿o me equivoco? La prueba de la naturalidad de estos hechos emerge de los testimonios de agradecimiento –quiero creer que están conservados con cuidado en un archivo– enviados a los miembros de la institución por parte de tantísimas personas beneficiadas. Si los frutos son buenos, ¿no lo será también el árbol?

  3. ¿Culto a una suerte de “trinidad” o virtud anexa a la Justicia?  
    En las páginas de cierta prensa anticatólica brasileña, a la cual viene a agregarse ahora Vatican Insider, está volviéndose recurrente la manía de confundir la veneración o el respecto al Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, Doña Lucilia, su madre, y Mons. João, con la “adoración”.
     
    Como es sabido, la objeción contra cualquier suerte de culto a hombres o mujeres es de perfil protestante, ya que en el seno de las denominaciones separadas de la Iglesia Católica fue eliminado todo género de veneración o respeto a personas meritorias, considerándolo una suerte de idolatría, a favor de lo que han denominado Cristocentrismo bíblico.
      
    No es necesario ser teólogo para percibir la diferencia entre el respeto y el honor debido a los superiores (ver S. Theol., II-IIæ, q. 102-103) y el culto de latría reservado a Dios solo. Incluso los paganos honraban las personas consideradas excelentes. Por otra parte, no es necesario tener una laurea en Derecho Canónico para percibir la diferencia entre culto público y culto privado. La cuestión fue claramente dilucidada por los Heraldos en diversas publicaciones y en la misma “Respuesta a las Cuestiones Finales” de la Visita Apostólica arriba referida.
      
    En síntesis, cada fiel puede y debe en virtud de la justicia y del cuarto mandamiento del Decálogo, considerar dignos de respeto las personas revestidas de autoridad o virtuosas, como dice el Apóstol: “Réddite ómnibus debíta: cui timórem timórem, cui honórem honórem” (Rom. 13, 7).
     
    Después es necesario considerar que no es la coanonización la que hace santa una persona, sino que alguien es canonizado por ser santo; y, precisamente, es la “fama de santidad” entre el pueblo de Dios la que lleva a encaminar los procesos canónicos. En este sentido, la fama de santidad del Prof. Plinio y, sobre todo, de su madre, Lucilia, se es entendida mucho más allá del círculo de los Heraldos del Evangelio. En efecto, es enorme la cantidad de testimonios concernientes a gracias obtenidas, tanto materiales como espirituales, de parte de personas de toda condición, país y edad.

  4. ¿Milenarismo o profetismo?  
    Es también curioso etiquetar a los Heraldos como súcubos de una suerte de “culto secreto y extravagante hecho de teorías milenaristas que llamaban a causa a la Virgen de Fátima”. Ahora, no es necesario confundir milenarismo con profetismo. En efecto, en el 2007, Benedicto XVI afirmó respecto al mensaje de Fátima: “es la más profética de todas las apariciones modernas”.
     
    En cambio, en aquel mismo año, durante apostólica en Brasil, el Pontífice hizo uso, una de las pocas veces en el magisterio reciente, de la palabra “milenarismo”. ¿Y con qué finalidad? Para hacer referencia a la Teología de la Liberación como si fuese un milenarismo fácil, “una mescolanza equivocada entre Iglesia y Política”. Pero, como es sabido, los Heraldos nunca se han interesado en discusiones políticas. Otras veces el milenarismo fue atribuido, como lo hizo Juan Pablo II, a movimientos ligados a la New Age, filosofía vaga de matriz gnóstica que goza de simpatía en el seno de otras congregaciones, pero no entre los Heraldos, como es evidente.
     
    Finalmente, atribuir a los Heraldos el apelativo “milenarista” es una contradíctio in términis. In primis, porque ellos se encontrarían en la estela del movimiento contra-revolucionario, según cuanto afirmaban en Vatican News. O bien, como se sabe, tal movimiento es diametralmente opuesto a la “revolución de las masas” entendida como medio para lograr el supuesto reino mundano, característica típica de los movimientos milenaristas.
     
    Los Heraldos, además, fueron considerados por Benedicto XVI como una Asociación capaz de frenar la expansión de las sectas, muchas de ellas de matriz milenarista, como ha sido señalado por el mismo Ratzinger en su Informe sobre la Fe. Y esto precisamente porque según él: “La valorización correcta de los mensajes como el de Fátima puede ser nuestro tipo de respuesta [al crecimiento de las sectas, en particular aquellas signadas por el milenarismo]”. En conclusión, pienso que Cernuzio se ha precisamente equivocado: según el magisterio de la Iglesia, los Heraldos y su devoción al mensaje profético de Fátima son una realidad opuesta al milenarismo.

  5. Algunas curiosidades para finalizar…  
    Es curioso que Cernuzio afirme que ya estaba en curso una “profunda investigación que  involucraba al Instituto” en ocasión de la renuncia del Fundador, cuando en realidad no fue anunciada en ningún momento.
      
    Es curioso que el comisariamiento sea decretado (con un error que lo podría invalidad al menos parcialmente) a pesar que la evidencia demuestra que no había ningún hecho consistente que justificase tal medida.
     
    Es curioso que un diario que se supone tan actualizado haya omitido una información bien conocida por las autoridades vaticanas, esto es, la parcialidad evidente de uno de los visitadores contra los Heraldos. Hecho confirmado, estando en los documentos que he tenido a la vista.
En fin, la noticia de Vatican News describe al fundador de los Heraldos como “ya miembro de la asociación católico tradicionalista y contra-revolucionaria brasileña TFP”. Como todos saben, el Fundador de la TFP es el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, gran líder católico de reputación mundial. Él mismo, en el lejano 1979, desenmascaró las intenciones de cierta ala más “avanzada” de la Iglesia, en un libro que ya por el título revela su tenor profético: “Tribalismo indígena, ideal comuno-progresista para la Iglesia del Siglo XXI”.
 
En suma, me parece altamente simbólico que algunos de esta facción, herederos de la camaleónica teología de la liberación –hoy, luego de extrañas metamorfosis, convertida en una suerte de eco-teología– habían decretado en la inminencia del Sínodo de la Amazonía de sacrificar sobre el altar de la “madre tierra” una institución que tanto por el origen como por su espiritualidad tenía un vínculo tan estrecho con el Prof. Plinio.
   
Más allá de sus intenciones, una cosa sé y creo: ¡las obras de Dios son inmortales!
 
«LOS HERALDOS DEL EVANGELIO HEMOS SIDO PREJUZGADOS».
Queridos Stilumcuriales, hemos recibido, y publicado de agrado, la carta de un laico brasileño, de los Heraldos del Evangelio, que recientemente, al término de una visita que se concluyó sin hallar elementos específicos negativos, fueron comisariados con motivaciones de extrema genericidad. Ahora, que esto suceda mientras en otras órdenes religiosas miembros también excelentes se abandonan en declaraciones y comportamientos continuados en contraste con el Magisterio de la Iglesia y también con el Catecismo, no puede no suscitar estupor. Cuando después vemos lo que ha sucedido en los jardines vaticanos, ante los ojos del Pontífice, y en una iglesia de la Vía de la Conciliación, a pocos pasos de San Pedro, donde se realizaron ritos que en la mejor de las hipótesis pueden calificarse como sincretismo, el estupor y la perplejidad aumentan. Cómo crece la sospecha de que el real motivo de la providencia encuentra raíces tanto en la personal antipatía hacia los Heraldos del prefecto de la Congregación para los religiosos, Braz De Aviz, exponente de la más que politizada (en la extrema izquierda…) Conferencia episcopal brasileña, como en el amor por la tradición de la Iglesia mostrado por los Heraldos. Buena lectura.
  
§§§
   
Querido Dr. Tosatti,
Ante todo quiero agradecer la gentil acogida y reciente publicación del testimonio de mi cofrade, lo que me alienta a enviarle el mío propio. Soy un laico, célibe, abogado, brasileño, de 53 años, y pertenezco a los Heraldos desde su fundación. Fui, además, por un mandato, secretario general de la Asociación.
  
Escribo porque, sin embargo, noticias llenas de fantasía continúan difamando a los “Heraldos del Evangelio”, puestos contra el paredón de las calumnias. Por este motivo, propongo algunas reflexiones que me permito compartir con Vd. y, si es de su agrado, con sus queridos lectores.
   
A fin de sintetizar, me concentro solamente en una noticia sobre nosotros: Heraldos comisariados: preguntas a los críticos, del reverendo Padre Lorenzo Prezzi, SCJ, publicada en el sitio “Settimana News”, conocido por frecuentadores de Stilum Curiæ. El religioso periodista, en el dulce estilo misericordioso, no ha tenido la gentileza de oír la parte acusada, según cuanto he podido recabar por los cofrades italianos. El P. Prezzi, como es sabido, respeta con religioso obsequio a ciertos vértices vaticanos, pero no es amante de institutos del tipo Franciscanos de la Inmaculada y otros…
  
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1) La primera cantinela del padre dehoniano es sobre nuesto hábito, considerado por él como una “curiosa divisa”. En su “imaginario”, según su expresión, el hábito de los Heraldos sería cercano al tenido por los “mosqueteros”. De hecho, es comprensible que uno no tan afecto a llevar las vestidas religiosas (CIC c. 284) hace burlas sobre un hábito reconocido por la Iglesia y por el derecho propio (CIC c. 669, §1), que, visto el caso, atrae tanto a la juventud. Tal vez incluso más que las plumas amazónicas, tan a la moda…
  
En este punto me viene la pregunta: Si los Heraldos son la reedición de los “mosqueteros”, ¿quién será hoy el maquiavélico Cardenal Richelieu? ¿Y cuáles sus malvados guardias? En fin, buscaré lograr una respuesta.
  
2) En seguida, el P. Tozzi revela el presunto secreto, esto es, la institución de la Sempre Viva, que sería una especie de sociedad secreta, con el objetivo de realizar una suerte de culto a los inspiradores de la Obra. En lo que concierne a este tema, no hay nada contrario a la doctrina de la Iglesia. Luego es necesario recordar que sobre tal institución se ha tratado ampliamente en el pasado, y recientemente, en el libro en cinco volúmenes: “El don de la sabiduría en la mente, en la vida y en la obra de Plinio Corrêa de Oliveira”, publicado sin secretos por la Libreria Editrice Vaticana con más de cien mil ejemplares impresos por cada volumen. Invito, por tanto, al reverendo padre a informarse mejor sobre nosotros antes de lanzar sus piedras. De resto, ¿qué sentido tiene censurar el culto a personas muertas en olor de santidad, cuando hoy asistimos a rituales ancestales, no típicamente litúrgicos y católicos, en el mismo Vaticano?
   
3) El artículo del P. Prezzi vuelve a la trivialidad de los exorcismos. Como ya pensaba Santo Tomás, las acusaciones sirven para aclarar la verdad. Hela aquí, y, espero, en forma definitiva. Es necesario recordar que la mayor parte de las frases pronunciadas en los vídeos fueron sacadas de contexto. Ahora, en aquel caso, se trataría de supuestas declaraciones del demonio por medio de una persona poseída. Bueno, en aquellos encuentros estaban presentes la mayor parte de los clérigos, bien concientes de que el príncipe de las tinieblas es el padre de la mentira. Como se sabe, el crédito a las presuntas declaraciones debe ser concedido con extrema prudencia, porque muchas veces satanás se transfigura en “ángel de luz” (2Cor 11, 14). Él busca engañar incluso a los santos, intentó hacerlo precisamente con Santa Catalina de Bolonia, apareciéndosele bajo la apariencia de Cristo.
  
Para analizar aquellas vejaciones y otras, en la época fue constituida una comisión de teólogos y canonistas, que siguió de cerca la cuestión, antes, debo decir, que el vídeo apareciera ilícitamente. Las conclusiones del estudio (todas documentadas y consignadas a las autoridades eclesiásticas competentes) aplicando las reglas clásicas del discernimiento de los espíritus, fue de considerar inverosímiles todas aquellas narraciones; las cuales, por tanto, nunca hicieron parte de nuestras convicciones. Si antes de la explosión mediática hubiésemos sido consultados, se habría evitado la innecesaria confusión en las mentes del público católico.
  
Ya sobre el milenarismo, invito al reverendo sacerdote a leer la precedente carta de mi cofrade. Si Benedicto XVI afirmaba que los teo-libertarios eran los milenaristas de un pasado reciente, ¿qué decir de sus sucesores, los ecoteólogos?
  
Facta non verba. El hecho evidente al público católico es que aquellos episodios –que hablaban entre otras cosas de cambios climáticos y de un presunto futuro pontífice– no influenciaron en nada el comportamiento de los Heraldos, que continuó siendo el de hacer el bien con la conciencia recta y tranquila. Si fuese lo contrario, los Heraldos no habrían aceptado la visita apostólica o el comisariamiento, ambas decisiones por lo menos precipitadas e inexplicables. En consecuencia, también en circunstancias adversas, el amor por la Iglesia ha prevalecido entre nosotros.
  
4) Es sorprendente que incluso se quiera re-exhumar lo sucedido con los Heraldos en Sucumbíos, en Ecuador, un vicariato apostólico de la zona amazónica, después de casi diez años y justo durante el Sínodo. Todo providencial. Recuerdo brevemente los hechos: el Nuncio en el Ecuador pide a Roma la urgente sustitución de Mons. Gonzalo López Marañón OCD porque él y su clero se situaban “más allá de la Teología de la Liberación”. De Propaganda Fide pidieron a los Heraldos asumir el vicariato. Menos de seis meses después de la instalación, hubo un retorno sustancial a la vida sacramental, luego de 40 años de abandono pastoral. El problema allá no era la falta de sacerdotes, sino más que todo el hecho de que muchos de los que estaban preferían a Marx que a Cristo. Bueno, los sectores que hoy gritan por la abolición del celibato y en favor de la ordenación de los viri probáti hicieron presión también políticamente para que cesase aquel fructuoso apostolado en aquella región tan carente y con mayoría indígena. Nuestra práctica allá, como en todas partes, es menester decirlo, nunca se centró en temas políticos; pero permaneciendo en el campo pastoral, se buscó llegar a todos con el pan de la palabra y el Santo Sacrificio. La gente del puesto ha apreciado tanto nuestro trabajo, como es constatable hasta ahora.
  
Los Heraldos, por tanto, dieron su disponibilidad a la Santa Sede, y cuando fueron solicitados por Ella para retirarse lo hicieron con rapidez y en la santa obediencia. Testigos son la carta enviada por el Prefecto de Propaganda al Superior General de la época, que fue comunicada en nuestra plenaria.
  
Discúlpeme el desahogo: El Brasil, tan famoso hoy gracias al Sínodo y también a ciertos comisariamientos, es la nación con más católicos en el mundo, también si en los últimos cincuenta años éstos descienden del 95 al 50 por ciento…. Escuchamos soluciones para contener la hemorragia. Benedicto XVI ponía su confianza en los movimientos misioneros, como los Heraldos, ayudados por la gracia de Dios: “ómnia possum in Eo qui me confórtat” (Fil. 4, 13). Otros ponen su confianza en los “chamanes” y en la “madre tierra”. En este punto, me viene a la mente la pregunta profética de Elías dirigida al pueblo de Israel: “¿hasta cuando cojearéis con los dos pies? ¡Si el Señor es Dios, seguidlo! Si en cambio lo es Baal, seguidlo a él” (1Re 18, 21)
  
***
  
Tomo la ocasión para decir que rondan las preguntas de los amigos a propósito de las medidas extraordinarias tomadas por la Santa Sede en nuestra confrontación. La principal gira en torno al motivo efectivo del comisariamiento. Algunos dirán que en el fondo es la cuestión de los exorcismos, como muchos órganos de prensa han afirmado precipitadamente. Si fuese así, ¿por qué fueron comisariadas también las monjas? ¿Y los laicos?
  
De parte mia, en cuanto concierne a la pregunta planteada, confieso no entender la motivación de un comisariamiento.
  
Por demás, en referencia a las respuestas a las ocho preguntas finales planteadas por los visitadores, que los Heraldos mencionan en el comunicado de prensa publicado en ocasión del comisariamiento, muchos quieren saber si son los visitadores que la Congregación habían hecho las observaciones. La respuesta es negativa. De hecho, allá todo es exhaustivamente explicado en 572 páginas, con más de 18.000 páginas de alegatos documentales y de testimonios. De parte de los canales oficiales, en cambio, ni una palabra… ¿Por qué? ¿Y el diálogo?
  
Pues, en los buenos tiempos curiales, antes de comisariar un Instituto, los superiores eran informados sobre las conclusiones de la visita. En este caso, ninguna. ¿Cuál es el motivo?
  
Como católico y como abogado, espero que mis hermanos no se dejen martirizar como mansos corderitos… ¡ha llegad la hora en cambio de ser como leones! De hecho, sé que muchos piensan así.
  
En fin, pocos días ha, un cofrade adepto a nuestro archivo, me ha hecho una confidencia muy reveladora… Él me ha asegurado haber tenido a su vista diversas relaciones reservadas del 2010 en adelante sobre dichos poco prudentes, para decir poco, de cierta autoridad dicasterial –con déficit de continencia oral?– que publicitaba aquí y allá, desde su arribo a la Urbe, la próxima “clausura” de los Heraldos; y esto incluso antes de que fuese presentada si quiera una denuncia. Si es, de hecho, así, deseo que la verdad salga a la luz, y se manifiesten las intenciones de los corazones. Quedaría claro entonces que hemos sido prejuzgados, y que tanto el vídeo como las otras acusaciones difamatorias solamente sirvieron de pretexto. La suerte fue ya echada: deléndi sunt
  
Como sea, permanecemos confiados: ¡al final el Imaculado Corazón de María triunfará!
  
Humberto Goedert

EL “ROSARIO ELECTRÓNICO”

Noticia tomada de ENGADGET. Traducción tomada de FORBES.
   
VATICANO LANZA ROSARIO ELECTRÓNICO QUE SE ACTIVA HACIENDO LA SEÑAL DE LA CRUZ
El dispositivo muestra el progreso a lo largo de cada oración y realiza un seguimiento de cada rosario completado.
  
   
En la era de los millenials, el Vaticano ha puesto su esfuerzo en llegar con la Fe a las nuevas generaciones y en este intento, acaba de lanzar el rosario electrónico “Click to Pray” (Haga click para rezar), un dispositivo portátil conectado a una aplicación móvil que se activa, nada más ni nada menos, que al hacer la señal de la cruz.
   
El dispositivo, que se puede usar como brazalete, está compuesto por 10 cuentas de rosario de hematita y ágata negra consecutivas, además de una “cruz inteligente” que almacena datos.
  
Una vez activado, el usuario puede optar por rezar el rosario estándar, un rosario contemplativo o un rosario temático, que se actualizará durante todo el año.
   
El dispositivo muestra el progreso a lo largo de cada oración y realiza un seguimiento de cada rosario completado.
   
El Vaticano dice que el dispositivo, parte de la Red Mundial de Oración del Papa, está diseñado como una herramienta de enseñanza basada en tecnología para aprender “cómo rezar el rosario por la paz en el mundo”.
   
La aplicación correspondiente presenta contenido religioso personalizado, así como información de seguimiento de salud obtenida del brazalete.
  
Está a la venta ahora por 99 euros o unos 110 dólares.

MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA DECIMOSÉPTIMO

Tomado de El Rosario: Meditaciones para los 31 días del mes de Octubre, de la autoría del licenciado Juan Luis Tercero. Publicada en Ciudad Victoria, México, en el año 1894 por la Imprenta Oficial de Víctor Pérez Ortíz. Imprimátur concedido el 12 de Marzo de 1894 por Mons. José Ignacio Eduardo Sánchez y Camacho, Obispo de Ciudad Victoria-Tamaulipas (actual Tampico).
         
CAPÍTULO XXI. MISTERIO CUARTO: JESUCRISTO CONDUCIDO CON LA CRUZ EN SUS HOMBROS POR LAS CALLES DE JERUSALÉN AL SUPLICIO DEL CALVARIO
Henos aquí ya, no con el Rey de burlas de cetro de caña; pero ni con cetro de oro. Este Nazareno ha de ser no obstante Rey y verdadero Rey de dolor y su cetro la gran insignia de los suplicios, sin que por esto deje de ser hoy en lo invisible y al fin sea reconocido como Rey de toda gloria. Por eso Isaías le predice de extraña grandeza: «su imperio, dice, le portará sobre su hombro» y ese imperio, es decir, su símbolo, no será otro que el de la cruz. Y ahora es cuando se entiende eso que decía y quería el divino Maestro: «el que me ame tome su cruz y sígame», y se entiende también eso otro tan sublime, «cuando fuere levantado en alto lo atraeré todo a mí».
  
El gran espectáculo, pues, abre la marcha; del Pretorio procede, trasciende ya a las calles, espectáculo es ya para todos lugares y siglos. Aparece ya el Redentor cargando su cruz, y la Madre, no digamos ya más que la Madre, la dolorida Madre, le sigue y en torno de Ella las santas mujeres, con el Discípulo fiel.
  
El estandarte del Rey descúbrese ya («Vexílla Regis pródeunt»), revélase, todo es que aparece, que se desplega, y ya se observa como que triunfa. David tiene dicho: «grandes cosas preveo, al Rey se refiere mi anuncio, palabra buena, palabra de buena nueva. Mi lengua quiere desatarse en referirlo sin tardanza. Cíñete al lado tu espada, oh Rey potentísimo, avanza, adelántate, que todo te sea próspero y álzate ya con tu reino y con tu triunfo».
   
Todo este extraño aparecer, avanzar, reinar y triunfar, es algo más grande que lo de combates de Josué, de David, de Salomón, de hombres de espada y de conquista con gente de armas; todo no es más que el estandarte, el combate, el reinado y el triunfo de la pasión de Jesucristo, principalmente por la cruz de su suplicio. Por eso la Iglesia Santa tiene palabras de celeste unción cuando santamente poetiza todo esto; y en la procesión conmemorativa del Viernes Santo, sorpréndenos con este himno que ha siglos entona y cada siglo entonará con mayor número de voces de pueblos y naciones: «Las banderas del Rey se descubren, ved ya fulgurando el misterio de la cruz; de esa cruz en que la Vida misma, el Autor de la vida, sufrió la muerte y con esta muerte produjo nuestra vida». David lo predijo, David lo cantó mil veces en fiel profecía: «que el Señor había de reinar desde un madero».
  
Esto, pues, qu e tanto se ha debatido con intención contraria en cada bando, y que se ha querido a fuerza de cruentísimos azotes, de tumulto de combate entre el Cielo y el Infierno, ¡con razón! es el cetro del Rey, es la exaltación de su estandarte.
 
«¡Venga acá la cruz! ¡A nosotros la cruz, para clavar en ella a nuestro Enemigo!», dicen los demonios, dicen los fariseos ecos suyos. «¡Pues esa cruz es la que ansiamos!», dicen Jesús y sus ángeles. «¡Acá la cruz; ya, lo tengo dicho, clama el Nazareno, con ella y en ella determino reinar , mi bautismo es ese, eso es lo que ansío!».
  
«¡La cruz, dice también la Madre, la excelsaa Madre, acá la cruz; dolorosa y mucho y de muchos tormentos es ella para mí; pero después de mi Hijo, nadie ansía por ella tanto como yo!».
  
Qué misterio tan grande y amoroso es, pues, este, y por eso muy en breve ardiendo en fe y amor se dirá por uno de los apóstoles, a convertidos suyos que de esa fe y ese amor participaban como primicias del universal incendio: «¡lejos de mí el gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo»… «Él se ha anonadado voluntariamente constituyéndose en obediencia hasta la muerte y muerte de cruz… y en el nombre de este Jesús, ¡dóblese toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los infiernos!».
  
«Grande espectáculo es este, dice San Agustín; si lo mira la impiedad, grande ludibrio; si la piedad, grande misterio; si la impiedad lo atiende, gran documento de ignominia; si la piedad, gran monumento de fe; si la impiedad lo considera, se ríe de un Rey que por cetro de su reino porta el madero de su suplicio; si la piedad, ve que ese cetro que lleva el Rey para ser él mismo clavado en él, habrá de fijarse más tarde en la frente de los reyes, y en eso que los impíos despreciarían con su desdeñosa mirada, habían luego de gloriarse los corazones de los santos»; y aquí aduce el insigne Doctor la gran palabra de San Pablo que antes citamos.
   
Pero no apartemos nuestra vista del avance de esa multitud inmensa que con el divino Reo a la cabeza y su santa familia no lejos de Él, procede del Pretorio y tomando por la vía dolorosa y la calle de la Amargura, nombres destinados ya luego a la inmortalidad, ha de instalarse finalmente en la cumbre del Calvario. Aquí cedemos nuestra humilde palabra a la hermosísima de la inspirada de la Reina del cielo, a la inspirada María de Ágreda:
«Por esta diligencia de los judíos corrió luego por toda Jerusalén la voz de la sentencia de muerte que se había pronunciado contra Jesús Nazareno, y de tropel concurrió todo el pueblo a la casa de Pílalos para verle sacar a justiciar. Estaba la ciudad llena de gente, porque a más de sus innumerables moradores habían concurrido de todas partes otros muchos a celebrar la Pascua, y todos acudieron a la novedad, y llenaron las calles hasta el palacio de Pilatos. Era viernes, día de Parasceve (San Juan XIX, 14), que en griego significa lo mismo que preparación o disposición; porque aquel día se prevenían y disponían los hebreos para el siguiente del sábado, que era su gran solemnidad, y en ella no hacían obras serviles, ni para prevenir la comida, y todo se hacía el viernes. A vista de todo este pueblo sacaron a nuestro Salvador con sus propias vestiduras, tan desfigurado y encubierto su divino rostro en las llagas, sangres y salivas, que nadie le reputara por el mismo que antes había visto y conocido. Apareció, como dijo Isaías, como leproso y herido del Señor (Isaías LIII, 4); porque la sangre seca y los cardenales le habían transfigurado en una llaga. De las inmundas salivas le habían limpiado algunas veces los santos ángeles, por mandárselo la afligida Madre, pero luego las volvían a repetir y renovar con tanto exceso, que esta ocasión apareció todo cubierto de aquellas asquerosas inmundicias. A la vista de tan doloroso espectáculo se levantó en el pueblo una tan confusa gritería y alboroto, que nada se entendía ni oía, más del bullicio y eco de las voces. Mas entre todas resonaban las de los Pontífices y fariseos, que con descompuesta alegría y escarnio hablaban con la gente para que se quitasen, y despejasen la calle por donde debían sacar al divino sentenciado, y para que oyeran su capital sentencia. Todo lo demás del pueblo estaba dividido en juicios y lleno de confusión, según los dictámenes de cada uno. Y las naciones diferentes que a el espectáculo asistían, los que habían sido beneficiados y socorridos de la piedad y milagros del Salvador, y los que habían oído y recibido su doctrina, y eran sus aliados y conocidos; unos lloraban con lastimosa amargura, otros preguntaban qué delitos había cometido aquel hombre para tales castigos, otros estaban turbados y enmudecidos, y todo era confusión y tumulto» (Mística Ciudad de Dios, núm. 1355).
  
La compasión que el Varón de dolores era digno de inspirar a cuantos le miraban, y con ella el amor todo entero, las santas mujeres se la ganan como primicias de los triunfos del amor del Verbo humanado, primicias que siempre supo ganarse la mujer, participe en esto de la dicha de aquella Mujer excelente, bendita entre todas y entre todos. Cuando en otros días los fariseos disputaban malignamente con el divino Maestro y le despreciaban a pesar de un elocuente milagro y con motivo de él, la curación de un poseído del demonio, es una mujer animosa quien alza la voz para desagraviar al hermoso despreciado Nazareno: «bienaventurado el vientre que te crió y los pechos que te alimentaron»; mujeres son las que le desagravian cuando la crueldad farisaica y la cobardía del Juez le han proclamado digno de ser conducido en afrentoso espectáculo a morir en cruz; palabras de alabanza habían sido las de aquella Mujer, llanto y plañidos son ahora, elocuente expresión con que, sin ofender, se reprueba la crueldad triunfante de los tiranos y se protesta en favor de la inocencia perseguida.
   
Mas así como el divino Maestro pagó dignamente con hermosísima enseñanza a aquella mujer, paga ahora a éstas: «No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque si esto hacen en el leño verde, qué será en el seco?».
   
«Con estas razones misteriosas, dice María de Agreda, acreditó el Señor las lágrimas derramadas por su pasión santísima, y en algún modo las aprobó, dándose por obligado de su compasión; para enseñarnos en aquellas mujeres el fin que deben tener nuestras lágrimas, para que vayan bien encaminadas. Esto ignoraban entonces aquellas compasivas discípulas de nuestro Maestro, que lloraban sus afrentas y dolores, y no la causa porque los padecía; de que merecieron ser enseñadas y advertidas. Fue como si les dijera el Señor: “Llorad sobre vuestros pecados, y de vuestros hijos, lo que yo padezco, y no por los míos, que no los tengo, ni es posible. Y si el compadeceros de mí es bueno y justo, más quiero que lloréis vuestras culpas que mis penas padecidas por ellas, y con este modo de llorar pasará sobre vosotras y sobre vuestros hijos el precio de mi Sangre y redención que este pueblo ciego ignora. Porque vendrán días (que serán los del juicio universal y del castigo) en que se juzgarán por dichosas las que no hubieren tenido generación de hijos, y los prescitos pedirán a los montes y a los collados que los cubran, para no ver mi indignación. Porque si en mí, que soy inocente, han hecho estos efectos sus culpas, de que yo me encargué, ¿qué harán en ellos, que estarán tan secos, sin fruto de gracia ni merecimientos?”. Para entender esta doctrina fueron ilustradas aquellas dichosas mujeres, en premio de sus lágrimas y compasión».
  
La dichosa participación de las hijas de Dios en su gran sacrificio de la vía dolorosa y calle de la Amargura, se dispensa también por nuestro Redentor divino a los varones de su pueblo. Dichoso mil veces el Cireneo, a quien tocó ser ocupado, obligado por mandato arbitrario de los Príncipes de los sacerdotes, a ponerse en contacto, a portar el dichoso madero del sacrificio del Mesías. Desde luego los nombres de sus hijos Alejandro y Rufo son consignados en el Evangelio de San Marcos. ¡Santa envidia nos causan esas predilecciones a todos cuantos en la Pasión de Jesús podemos tomar participio, al menos, entre los últimos y casi mecánicos adherentes de la grande escena! Mas, participios como el que ahora envidiamos son de importancia desmedida, pues es aproximarse demasiado a un sol tan esplendoroso como Jesucristo, para dejar de convertirse en importante luminar.
  
¡Qué mucho que los Santos Padres se vuelvan todos elocuencia cuando contemplan la fortuna de esos humildes predestinados; tanta razón así tenía David, cuando exclamaba: «determinado he ser el más abyecto en la familia de mi Señor, más bien que ser de los primeros en los tabernáculos de los pecadores!»
   
¡Qué mucho que de ese mismo par de forajidos que Jesús lleva uno a diestra y otro a siniestra en la afrentosa procesión, los Santos Padres demuestren y magnifiquen las grandezas de uno de ellos que se convertirá a última hora, que se convertirá en gran mártir, confesor y bienaventurado. Por su parte, el Cireneo fue santificado con sus dos hijos; la historia consagra la memoria de su dicha. Del Cireneo, se lee: «En la religión sigue Simón a sus hijos, para no ser defraudado de la merced debida de haber conducido la cruz de Cristo; porque después de muchas buenas obras, murió en gran paz en Jerusalén» (Lucio Dextro, en Cornelio Alápide).
  
Aparte de esta especial merced en bien del que presta un servicio al Redentor, que en manera alguna puede ser defraudado de su paga, de la paga magnífica, infinita de un rey que es Dios, que es agradecido y que recibió el servicio cuando todos se avergonzaban de Él, la gran enseñanza de la persona del Cireneo, es de profunda sabiduría, es la reproducción de la compasión, es decir, de la participación con nuestro Redentor en el padecer, y por eso en su amor y por eso en su gloria. Esta es palabra de San Pablo: «si compátimur et glorificábimur»; fórmula de esta otra más sencilla, de boca misma de nuestro amabilísimo Redentor: «si alguno quiere ser mi discípulo, tome su cruz y sígame». Enseñanzas son estas esencialmente católicas, profundamente evangélicas, diametralmente opuestas a la falsísima doctrina protestante sobre inutilidad de las buenas obras.
  
Son admirables en gran manera, oh Jesús nuestro, las industrias con que nos busca ese amor que nos tiene el Padre, e igual nos tenéis Vos; dispuesto lo habéis todo tan suave y fácilmente y con tanta fuerza a la vez, para que se consiga vuestro objeto a maravilla: ser azotado, despedazado, llagado, befado, escupido, escarnecido, hecho objeto de gran lástima; representar en todo esto los efectos y calidades del pecado en su malicia, y no menos los efectos y calidades de ese pecado en su tremendo castigo. Después de esa representación hacéis otra: os adaptáis un suplicio en que desde luego podíamos tomar alguna parte a más de la compasión: ayudaros con el peso de la cruz, que es ese suplicio, y para mayor habilidad vuestra, hacéis que os salgamos al paso; más todavía: hacéis que nos compelan a tomar esa cruz, no quedándonos ya entonces más trabajo que convertir en voluntario lo que de alguna manera es ya necesario: todos podemos hacer lo que ese dichoso compelido Simón.
  
Esto mismo consignan los Santos Padres. San Atanasio: «Llevó el Señor su cruz por sí propio y a su vez se la llevó un hombre, Simón. Ante todo la lleva Jesús como trofeo reportado sobre el Diablo; mas, por su voluntad libre llevaba su cruz para suplicio de su propia Majestad; pues no fue obligado por la necesidad a sufrir la muerte. A su vez también llevó esa cruz un hombre, Simón, para que fuese a todos manifiesto que el Señor moría, no con su propia muerte sino con la de los hombres».
  
San Ambrosio: «Esto sucedió para que primeramente Él erigiese el trofeo de su cruz, y en seguida lo entregase a sus mártires para que ellos también lo erigiesen. Pues conviene que su trofeo lo enarbole primero el caudillo vencedor».
  
Por su parte Orígenes: «Convenía que no sólo Jesús llevase su cruz, sino que nosotros se la llevásemos, cediendo a una necesidad de compulsión que nos era saludable. Él mismo nos lo dijo: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”» (En Cornelio Alápide).
  
Llega el Señor, por fin a ese Calvario, como en otro tiempo Isaac, con la leña de su propio sacrificio, sobre la cual instalado como en ara de altar santísimo, sería ofrecido a modo de ejemplar y prototipo eterno de todas las oblaciones y holocaustos, "rescatando —prosigue nuestra inspirada María de Ágreda— a todo el linaje humano de la potencia tiránica que ganó el demonio sobre los hijos de Adán (Colosenses II, 15). Llamó el mismo Isaías, yugo y cetro del cobrador y ejecutor, que con imperio y exacción cobraba el tributo de la primera culpa (Isaías IX, 4). Y para vencer a este tirano y destruir el cetro de su dominio y el yugo de nuestra servidumbre, puso Cristo Nuestro Señor la cruz en el mismo lugar que se lleva el yugo de la servidumbre y el cetro de la potencia real, como quien despoja de ella al demonio y le trasladaba a sus hombros, para que los cautivos hijos de Adán, desde aquella hora que tomó su cruz, le reconociesen por su legítimo Señor y verdadero Rey, a quien sigan por el camino de la cruz (San Mateo XVI, 24) por la cual redujo a todos los mortales a su imperio (San Juan XII, 32) y los hizo vasallos y esclavos suyos comprados con el precio de su misma Sangre y vida (I Corintios VI, 20)» (Mística Ciudad de Dios, 1365).
 
Habéis llegado, Jesús nuestro, al lance final de vuestro gran combate; habéis concluido vuestra carrera triunfal de Conquistador. Como salís de esa proeza inaudita, saldréis de esa otra en que todo lo atraeréis a Vos. Enseñadnos a andar triunfalmente contra satanas, la vía dolorosa de nuestra prueba en la tierra, para salir triunfantes en la hora final en que ofrezcamos sacrificio semejante en crucifixión que imite a la vuestra. Vos y vuestra Madre dignísima, asistidnos en el camino y en el término. ¡No se pierda lo que Vos y Ella hicieron por nosotros; no desprecíeis la obra devues tras manos!

miércoles, 16 de octubre de 2019

MANUEL PIAR, FUSILADO POR SIMÓN BOLÍVAR

Por José Álvarez para LAS 2 ORILLAS.
  
EL INFAME FUSILAMIENTO ORDENADO POR BOLÍVAR
Por empuñar las armas a favor de la libertad de los esclavos, la igualdad de los pardos y el reconocimiento de los indígenas, Manuel Piar fue asesinado.
  
El 16 de octubre de 1817, en la plaza principal de Angostura, un pelotón de fusilamiento asesinaba al militar de más alto rango en las tropas insurgentes que luchaban por la independencia de la América Española. El nombre de la víctima, Manuel Piar, general en jefe del ejército insurgente. El jefe de los verdugos, Simón Bolívar, hasta ese momento combatiente del mismo bando del ahora fusilado. El motivo la condena, la decisión de Piar de empuñar las armas no por puestos burocráticos para los criollos ricos de la América Española, sino a favor de la libertad de esclavos, de la igualdad de los pardos (mestizos y mulatos) y del reconocimiento de los indígenas.
   
Manuel Piar había sido hasta ese momento el militar más destacado en la guerra de independencia. Invicto en 24 batallas, con su triunfo en San Félix a la orilla del Orinoco, había logrado por primera vez desde la reconquista de Murillo que las maltrechas tropas patriotas venezolanas pasaran de la guerra de guerrillas a una guerra de posiciones, con un territorio bajo control en la provincia de Guyana, lugar que se convirtió en la retaguardia del ejército que luego liberó de presencia realista a lo que hoy es Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Si en Ayacucho y Tumusla bajo el mando de Sucre y Santa Cruz culminaron la campaña de independencia, en San Félix empezó esa larga marcha, bajo las órdenes de Piar. A pesar de esa hazaña heroica, Piar tuvo el infortunio de tropezar en el camino con Bolívar y de amenazar directamente los intereses de clase de este último. Bolívar, Terrateniente caraqueño propietario de las haciendas más grandes del país, tanto en los valles de Aragua como en el Orinoco, lo tenía claro, su lucha era por la secesión, no por la transformación radical de las estructuras sociales impuestas por la colonia.
    
Aunque Piar y Bolívar luchaban en el mismo bando, eran muy diferentes. Bolívar había nacido en una de las familias terratenientes y mineras más ricas de Venezuela y de América, Piar en una familia modesta, inmigrante de Curazao. Bolívar era blanco, descendiente directo de españoles, quien antes de iniciar la guerra de independencia tenía más de mil esclavos bajo su servicio; Piar era mulato, descendiente de negros y de canarios y, por lo tanto, enemigo jurado de la esclavitud. Mientras Bolívar de forma cobarde con su derrota en Puerto Cabello en julio de 1812 había sido el causante del fin de la Primera República, Piar había logrado mantener a toda costa a su ejército en Margarita. Mientras Bolívar había salido huyendo antes de que cayera la Segunda República y había abandonado a sus tropas en la expedición de Los Cayos, Piar, por el contrario, se había mantenido combatiendo en el oriente. Mientras Bolívar para consolidar su liderazgo había traicionado a Miranda, Piar solo había ascendido por sus triunfos.
    
En lo ideológico también eran caras opuestas de esa moneda llamada independencia. Bolívar abogaba por gobiernos centralistas cuasi monárquicos y detestaba a cualquier intento de democratización. Su miedo a “la pardocracia” (posibilidad de que los mulatos, mestizos o negros pudieran gobernar), lo llevaba a estar rodeado de oficiales que como él eran ricos, blancos y mantuanos. Piar, por el contrario, entendía que la mayoría del pueblo americano se componía de descendientes de esclavos, de indígenas, de canarios y de españoles pobres. Por eso, Piar prometió la abolición de la esclavitud de forma inmediata, sin ningún tipo de condición. Piar quería una revolución social, Bolívar solo reforma que les permitieran a los blancos americanos el poder absoluto, con él a la cabeza, en un régimen profundamente conservador, vitalicio y proinglés, como se vería años más tarde con su famosa constitución boliviana y con su Decreto Orgánico de la Dictadura.
   
El fusilamiento de Piar y del proyecto emancipador que este encarnaba tuvo profundas repercusiones históricas. Aunque las tropas de Bolívar alcanzaron la independencia, la esclavitud pervivió hasta la segunda mitad del Siglo XIX. Bolívar se rodeó de oficiales ricos, terratenientes y hambrientos de poder. El mismo Bolívar les alimentó se apetito por la tierra. Justo una semana antes del fusilamiento de Piar, el 10 de octubre de 1817 Bolívar expidió un Decreto que formalizaba la desigualdad al respecto: Los Oficiales recibirían propiedades confiscadas de hasta 25.000 pesos, mientras los soldados tendrían que conformarse con un máximo de 500 pesos. Posteriormente creó una comisión de tierras que no terminó beneficiando a las tropas de a pie, sino a oficiales que ya eran ricos. Las haciendas fueron repartidas a Carlos Soublette, Santiago Mariño, Manuel Cedeño, José Francisco Bermúdez, Rafael Urdaneta y otros tantos bolivarianos que años más tarde fundarían los partidos conservadores de Venezuela, Colombia y Ecuador.
   
La traición a Piar no fue la primera cometida por Bolívar ni la última que cometería. Ya en julio de 1812 había ordenado arrestar a Francisco de Miranda, su Jefe en la lucha independentista, quien lo había hospedado dos años antes en Londres. Lo entregó al enemigo y así consolidó su poder. Igualmente, en 1814 en vez de enfrentar a la Santa Marta realista, incumplió la orden del Congreso de la Confederación Granadina y prefirió atacar al gobernador patriota de Cartagena Manuel  del Castillo y Rada. Luego, mientras él huía a Jamaica, le impidió abordar el barco, por lo que fue apresado por las tropas de Morillo y luego fusilado. Tampoco sería su último asesinato infame. En 1828 mandó a fusilar al Almirante José Prudencio Padilla, único mulato con ese rango militar. El delito de Padilla también fue ser de color y oponerse de forma radical a la esclavitud. Bolívar era antiesclavista de palabra, Padilla de acción. Padilla fue acusado de “participar en la Conspiración Septembrina” a pesar de estar preso en esos momentos, mientras que el líder confeso Pedro Carujo fue perdonado. Solo había una diferencia, Padilla era mulato antiesclavista, mientras Carujo era blanco y mantuano.
   
Acciones como estas fueron las que llevaron a que todos los partidos reaccionarios y conservadores idolatraran a Bolívar durante el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX. Las mentes progresistas y liberales trataron de hacer lo mismo con Santander, quien, a pesar de sus errores, siempre fue fiel al pensamiento liberal, la ideología más revolucionaria que existía para esa época. Esto cambia en los años 50 del Siglo XX cuando Indalecio Liévano Aguirre publica su biografía de Bolívar donde intenta presentarlo como lo que nunca fue: Un revolucionario, defensor de los oprimidos y explotados. Hoy, incluso sectores progresistas que nunca han leído a Bolívar o han leído solo las biografías rosas post-Liévano (o ahora la serie de Netflix) lo idolatran. Si Bolívar prohibió en 1828 leer a Jeremías Bentham por considerarlo una ideología subversiva, ¿qué no hubiera dicho al enterarse de la aparición de teorías verdaderamente científicas al servicio de los oprimidos, como aquellas que aparecen tras las barricadas de los levantamientos obreros de 1848 en Europa? Los héroes del Siglo XIX en la lucha por la emancipación no fueron personajes como Bolívar, sino aquellos que como Piar, Padilla y más tarde José María Melo, lucharon por abolir los cimientos del sistema de castas que tanto daño le han hecho a nuestro progreso.