miércoles, 14 de julio de 2021

ARCHIDIÓCESIS DE TOKIO: «SE PROHÍBE A LOS ATLETAS OLÍMPICOS VISITAR NUESTRAS IGLESIAS»

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

En una visita de atletas y entrenadores olímpicos llevada a cabo el 12 de julio, el arzobispo de Tokio, Tarcisio Isao Kikuchi (タルチシオ 菊地 功) SDV, de 62 años, pidió en una declaración “que se abstengan de visitar iglesias”.
    
La razón: los obispos japoneses se comprometieron “a no infectarnos ni a permitir que otros se infecten” con Covid-19. El coronavirus tiene una tasa de mortalidad comparable a la de una gripe estacional.
   
Al principio, la arquidiócesis de Tokio quería satisfacer las “necesidades espirituales” de quienes visitan Japón para los Juegos Olímpicos que comienzan el 23 de Julio. Luego, la arquidiócesis canceló todos los planes. Un procedimiento normal hubiera sido recibir a los atletas católicos con los brazos abiertos y el acompañamiento espiritual.
    
La archidiócesis de Tokio atiende en 75 parroquias a unos 97.000 católicos de una población total de casi 20 millones. La Iglesia en Japón es muy “liberal” y, en consecuencia, no le está yendo bien en términos de crecimiento y vitalidad espiritual.
   
COMENTARIO: Mientras tanto, en la China comunista, José Guo Jincai, obispo de Chengde y vicepresidente de la Asociación Patriótica, se apuró en “instalar” contra legem para la “diócesis” de Zhangjiakou a tres presbíteros-ministros de dudosa condición mental y sin cartas dimisorias. Todo con el fin de satisfacer las “necesidades espirituales” de los que asistieran a los Juegos Olímpicos de Invierno que se realizarán en Pekín del 4 al 22 de Febrero 2022.
   
A Kikuchi (instalado presbítero el 15 de Marzo de 1986 y como obispón el 20 de Septiembre de 2004) se le olvidaron sus días cuando fue misionero en Koforidua, Ghana, antes de ser instalado obispón en Niigata. Eso, por no hablar del esfuerzo de un San Francisco Javier que llegó al Japón en el período Sengoku  (戦国時代 / Sengoku jidai, ‘período de los Estados en guerra’), y de los misioneros y mártires durante Toyotomi no Hideyoshi y el shogunado Tokugawa).
   
Quizá alguno objete (aparte de recurrir al mantra de la protección ante una epidemia planeada y sobredimensionada ad náuseam que los medios oligárquicos repiten cual loros –y según él mismo, Kikuchi recibió la coronavacuna–): «Tal vez haya delegaciones que lleven sus capellanes». Pero acontece que como pueden haberlos, puede que no; y habiendo tantos misioneros extranjeros en el País del Sol Naciente (incluidos los neocatecumenales que a petición de Ratzinger Tauber no pudieron vetar hace 10 años), podía perfectamente enviarlos a la Villa Olímpica. De todas maneras, ES LO MISMO QUE NADA. Los modernistas no tienen NADA que ofrecer católicamente hablando, porque sus Sacramentos son inválidos.

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