lunes, 20 de junio de 2022

NOVENA EN HONOR A LOS SANTOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO

Traducción de la Novena publicada en Montreal en 1867, con Imprimátur concedido por Mons. Ignacio Bourget Paradis, Obispo de Montreal.
   
NOVENA EN HONOR A LOS SANTOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO
  


Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. 
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y restituir y satisfacer si algo debiere; y por vuestro amor perdono a mis enemigos, y ofrezco vuestra santísima Pasión y muerte, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados. Y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita que me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar hasta la muerte. Amén.
 
DÍA PRIMERO – 20 DE JUNIO
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, que habéis sido los primeros para predicar la doctrina celestial, y quienes primero la pusisteis en práctica; cuyas acciones no tuvieron otro motivo que la divina voluntad, cuya muerte fue un holocausto de la más generosa obediencia, obtened para nosotros, ¡oh discípulos privilegiados de Jesucristo!, ese espíritu evangélico de perfecta obediencia, el cual muestra que somos fieles imitadores de vuestros ejemplos; concedednos que cumplamos la divina voluntad en todas las cosas hasta nuestra muerte, que después de haber seguido fielmente a Jesucristo con vosotros en la tierra, podamos ser recibidos en el Cielo, para cantar las victorias de la divina misericordia, victorias recervadas para los que son verdaderamente obedientes. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
ORACIÓN
Santísimos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, nosotros, vuestros siervos humildes y devotos, bendecimos, alabamos y damos gracias a Nuestro Señor Jesucristo por haberos designado como protectores y patronos de la Iglesia Católica. Habéis sido por todo el mundo los primeros predicadores de las verdades evangélicas, los fundadores de la Religión Cristiana, habéis sido los más perfectos modelos de todas las virtudes, y los principales ministros de las grandes misericordias de Dios. Santísimos Príncipes de los Apóstoles, maestros, abogados y padres nuestros, desde las alturas de vuestros resplandecientes tronos donde estáis sentados en el reino celestial, mirad con ojos de misericordia a toda la Iglesia Católica. Que vuestros oídos, que vuestros ojos estén contínuamente sobre ella: mirad sus necesidades, escuchad sus oraciones, oíd sus votos. Orad sin cesar e implorad de Dios todo tipo de favores para la Cristiandad. Vosotros la establecisteis, la habéis preservado hasta este día, y también preservaréis en medio de ella la cátedra infalible de las verdades eternas. Extended sobre el que esté sentado en esa cátedra y la gobierna, extended sobre él vuestra mano benévola, y dadle esa espada dorada de la Divinidad, que exterminará gloriosamente a todos los enemigos de la verdad. Que la fe, la paz y la caridad de Jesucristo reinen en este mundo por vuestra intercesión; proteged a todos los habitantes de esta ciudad, a todos los miembros de la diócesis, y concededle que estas mismas virtudes divinas reinen, en medio de nosotros en una forma especial, para que por vuestra intercesión, nosotros y todos nuestros hermanos en Jesucristo, puedan cumplir Sus preceptos evangélicos y, por tanto, tengan la felicidad de compartir con vosotros el reino eterno. Amén.
  
Antífona: En este día subió al patíbulo de la cruz Simón Pedro, en este día voló gozoso a Jesucristo el Portero de los cielos; en este día el Apóstol Pablo, lumbrera del mundo, inclinando la cabeza, fue coronado con el martirio por el nombre de Jesucristo.
℣. Ellos han anunciado las obras de Dios.
℟. Y tuvieron entendimiento de Sus obras.
  
ORACIÓN
Oh Señor, atiende nuestras súplicas, y llenos de confianza en tu misericordia, te pedimos en tu bondad, por la intercesión de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, que nos asistas desde tu trono celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
     
DÍA SEGUNDO – 21 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
«Haced penitencia por vuestros pecados»: He aquí, ¡oh San Pedro!, cuál ha sido la conclusión de tu primer sermón, y he aquí cuál es la máxima fundamental que nunca cesaste de anunciar a todos los hombres durante todo el curso de tu Apostolado. Oh glorioso San Pablo, al justificar ante el rey Agripa tu predicación, has sido capaz de decirle que consistía principalmente en anunciar la penitencia a los hombres, y conducirlos a volver a Dios y hacer obras de arrepentimiento sincero. Oh Santos Apóstoles, vosotros nos dais también estas instrucciones en vuestras divinas Epístolas. Que vuestras palabras celestiales tengan influencia irresistible en nuestros corazones, que un temor general se mantenga en nosotros, y derramemos lágrimas de contrición y perseveremos en la imitación de vuestro ardor en hacer penitencia, para obtener en el Cielo aquel gozo reservado para los que en la tierra derramaron lágrimas de dolor. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
    
DÍA TERCERO – 22 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, vosotros habéis sido para todo el mundo, y en una forma especial para Roma, los ministros del Evangelio de Jesucristo, y los primeros fundadores de Su fe. Miradnos, santos Apóstoles, con la misma bondad que tuvisteis hacia los primeros cristianos. Obtenednos esa fe viva, eficaz, sincera y generosa que los santificó por el ministerio de vuestro Apostolado. Ellos fueron un monumento glorioso del poder de vuestro Apostólico ministerio; concedendos que nosotro, también, seamos un monumento no menos admirable de vuestra poderosa protección. Que nuestras acciones y costumbres reflejen las acciones y costumbres de estos felices cristianos, puesto que estamos unidos enteramente a ellos por la práctica de la misma fe divina; y obtenednos la gracia de ser en el Cielo, con Jesucristo, herederos de la eterna felicidad que gozan, después de haber sido, en la tierra, por la misericordia de Dios, herederos de su fe. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
   
DÍA CUARTO – 23 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
Tú nos dices en las Epístolas, ¡oh glorioso Príncipe de los Apóstoles, San Pedro!: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos ha regenerado en una esperanza viva por emdio de la resurrección de Jesucristo de la muerte a una herencia incorruptible». Y tú, glorioso San Pablo, quien, escribiste a los fieles que en el camino del Señor encontramos muchas tribulaciones, pero con la esperanza podemos vencerlas, porque la esperanza no nos engaña. Oh Santos Apóstoles, vosotros habéis poseído muy perfectamente esa divina virtud, vosotros sentísteis en la tierra sus admirabilísimos efectos, y habéis sido abundantemente recompensados en el Cielo. Por esa heroica esperanza que Jesucristo os dio en la tierra, por los gloriosos frutos que la virtud dio a vuestro Apostolado, y por la gran recompensa almacenada para vosotros en el Cielo, obtenednos a todos una esperanza cristiana, firme y generosa por la gracia para observar la ley de Dios y merecer la salvación eterna; que esa esperanza nos aliente y nos haga siempre corresponder fielmente a la gracia y obtener la posesión de la herencia eterna en el Cielo. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
     
DÍA QUINTO – 24 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, perfectísimos modelos de paciencia cristiana, vosotros habéis mostrado por el continuo y heroico ejercicio de esa virtud, que fuisteis verdaderos ministros de Dios y Sus dignos embajadores a los hombres, para predicarles las verdades eternas. Toda la tierra ha presenciado los prodigiosos ejemplos de paciencia que habéis dado, pero Roma ha sido su teatro más que otras naciones y en una forma especial por casi veinte siglos. Roma continúa recordando y honrando piadosamente las casas, prisiones, cadenas y cruces que habéis consagrado por los más heroicos actos de paciencia; estos mismos de paciencia indujeron a una incontable multitud de romanos a abrazar la fe de Jesucristo, y tan ardientemente la abrazaron, que un gran número de ellos la selló con su sangre, y rivalizaron con vosotros en paciencia por el martirio. Que vuestros ejemplos siempre ejerzan un gran poder sobre todos nosotros, como lo hizo sobre nuestros gloriosos predecesores y que tantos monumentos sagrados de vuestra paciencia preservados en esta augusta Urbe, siempre retengan para esta, con el honor de haber albergado pacíficamente en su seno al Vicario de Jesucristo, la gloria inefable de ser nuevamente el centro de la verdad para el mundo entero; que estos monumentos, mientras tengan la gran influencia de vuestra virtud, nos exciten a abrazar valientemente la cruz y caminar generosamente por las huellas de Jesucristo hasta que lleguemos, con vosotros, a Su reino y encontrar en Él nuestro descanso eterno. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
    
DÍA SEXTO – 25 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, a vuestra predicación, a vuestro celo, la Iglesia Católica debe su propagación, su establecimiento y su preservación. San Pedro, poco antes de sacrificar tu vida por Jesucristo, prometiste con tu celo verdaderamente paternal, tener siempre presente en tu alma a todos los cristianos, y acordarte siempre de ellos en el gozo del Señor. Tu celo, ¡oh San Pablo!, te movió a proveer, mientras estuviste en la tierra, por las necesidades no solo de los que vivían entonces, sino también de los que existirían en los tiempos venideros. Que vuestro afectuoso cuidado sea constante para nosotros también; haced por nosotros lo que habéis prometido; que Dios Omnipotente, por vuestra intercesión, nos muestre su beneficencia, como hizo antiguamente a tantas naciones, por medio de vuestra predicación. Que el Señor de a sus ministros esa virtud que Él os dio, que preserve en toda la Iglesia que la santa Religión establecida por vuestra dedicación, y puedan todas las naciones confesar y adorar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, uno en esencia, pero Dios en tres personas distintas. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
    
DÍA SÉPTIMO – 26 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, los dichosos habitantes de Roma son el más admirable y más glorioso monumento de vuestra caridad benévola. La Roma antigua y soberbia bebió el infame cáliz de todo tipo de disipación e impiedad; ella se embriagó con la sangre de incontables mártires de Jesucristo, y en castigo de tant maldad y demasiados sacrilegios, ella ha sido arruinada y no existe más. La Roma de hoy debe su existencia y su gloria a la Sede Apostólica, a vuestros restos, a vuestras tumbas santificadas, ¡oh Príncipes de los Apóstoles! Mirad pues a vuestra ciudad y continuad concediéndole el favor de vuestra protección. Desterrad de esta ciudad y sus habitantes los vicios que arruinaron a la Roma antigua, la Roma culpable. Que sus habitantes crezcan firmes y perfectos en todas las virtudes que deben brillar en la metrópoli de la santa Religión de Jesucristo, y hagan así más y más venerable la Suprema Cátedra de la Verdad. Tomad bajo vuestra especial protección a los Obispos y todos los pastores de almas, los Reyes y todos los que gobiernan las naciones de la tierra, las naciones cristianas, que honren la religión por una vida santa, que los infieles, cismáticos y herejes puedan venir al conocimiento de la verdad, que todos los justos puedan perseverar en la justicia, los pecadores se conviertan y finalmente todos los fieles, vivos y difuntos, puedan llegar a la eterna gloria despubés de haber pertenecido, por toda su vida, a la Religión que habéis establecido. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 27 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
    
Oh gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, para mostrar vuestra gloriosa protección, para tener vuestro poder amado y temido al mismo tiempo por todo el mundo y especialmente por Roma, habéis levantado a San León Magno, para humillar la soberbia y detener la furia de Atila que amenazó arruinar enteramente a Italia, y principalmente Roma. El bárbaro os vio entonces de pie al lado del venerable Pontífice, él os vio armados con la espada del Señor, vio la actitud formidable con la cual vosotros amenazasteis su vida si se negaba a obedecer. El bárbaro palideció, tembló, respetó a León, lo honró, obedeció su mandato, y para gran asombro del mundo, se devolvió. Así salvasteis a Roma de una matanza y de todo tipo de calamidades. ¡Oh admirable poder! ¡Oh confusión de la humana soberbia! ¡Oh gloria de la protección Apostólica! Dignaos, oh Santos Apóstoles, levantar por nosotros estas misericordiosas manos tan terribles a vuestros enemigos. Asistidnos y defendednos contra los enemigos de Jesucristo, humilladlos por vuestra voz poderosa, confundidlos y llevadlos a sentimientos de arrepentimiento, para que ellos también, reconociendo y confesando a Jesucristo, puedan tener la dicha de santificarse y trabajar seguros en su salvación. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
   
DÍA NOVENO – 28 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, vosotros obtuvisteis del Señor las más preciosas y más abundantes gracias del espíritu de Jesucristo. Ese espíritu es un espíritu de amor y caridad; el espíritu de amor y caridad animó incesantemente vuestras acciones apostólicas. Por este espíritu santificasteis al mundo entero y a Roma en particular. En este teatro del mundo, confinados en prisiones o cargados con cadenas, conducidos al cadalso o entregados a los verdugos mostrasteis a los hombres lo que el amor de Jesucristo puede realizar en el corazón cristiano. Como un monumento perenne de ese amor, deseasteis que Roma heredase vuestros restos mortales: deseasteis que vuestros venerables restos reposasen allí, que vuestras sagradas tumbas sean glorificadas. ¡Ah!, que estos preciosos monumentos no nos sean inútiles, y que este suelo, consagrado por vuestra sangre y por el más sublime y perfectísimo acto de vuestro amor por Dios, sea siempre fertilizado por esa divina caridad. Que esa caridad, por vuestra intercesión, inflame todos los corazones; que estos días, dedicados al recuerdo de vuestra divina caridad, pasen para nosotros en el ejercicio continuo de esa virtud; que el espíritu del amor por Jesucristo anime los días que tengamos que pasar en la tierra y que nuestro último acto aquí en la tierra sea de perfecta caridad, cerrando nuestro período mortal y comenzando estos días inmortales cuando seamos capaces, con vosotros, de amar, bendecir y dar gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por siempre y para siempre. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
***
  
Con rescripto de 28 de julio de 1778, por órgano de la Secretaría de Memoriales, el pontífice Pío VI concede 100 días de indulgencia a los fieles cristianos que, contritos, rezaren, a lo menos una vez al día, la siguiente Oración con un Padre nuestro, Ave María y Gloria en honor de los santos apóstoles Pedro y Pablo; y una indulgencia plenaria en cualquier fiesta de San Pedro o de San Pablo, o en uno de los nueve días precedentes, o bien en la octava siguiente, si confesados y comulgados visitaren devotamente una iglesia o altar dedicado a dichos santos Apóstoles, y allí rezaren la mencionada Oración, etc., rogando por la Santa Iglesia.
  
¡Oh santos apóstoles Pedro y Pablo! Yo N. os elijo hoy y para siempre por mis especiales protectores y abogados: y me alegro humildemente tanto con Vos, San Pedro, príncipe de los Apóstoles, porque sois aquella piedra sobre la cual edificó Dios su Iglesia; como con Vos, San Pablo, escogido por Dios para vaso de eleccion y predicador de la verdad en todo el mundo. Alcanzadme, os suplico, una fe viva, una esperanza firme y una caridad perfecta, una total abnegación de mí mismo, desprecio del mundo, paciencia en las adversidades y humildad en la prosperidad; atención en el orar, pureza de corazón, recta intención en las obras, diligencia en el cumplimiento de las obligaciones de mi estado, constancia en los propósitos, resignación a la voluntad de Dios y perseverancia en la divina gracia hasta la muerte; para que, mediante vuestra intercesión y vuestros méritos gloriosos, pueda vencer las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne, me haga digno de presentarme ante el supremo y eterno Pastor de las almas Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos, para gozarle y amarle eternamente. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

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