martes, 17 de febrero de 2026

MUCHO FLORO PARA NO DECIR NADA


En la conferencia de prensa de la Pontificia Academia para la Vida posterior a su asamblea general anual con el tema “Atención sanitaria para todos: Sostenibilidad y Equidad”, la periodista estadounidense Hannah Brockhaus, corresponsal vaticana de EWTN News (antigua Catholic News Agency), preguntó lo siguiente:
«Mi pregunta se dirige a cualquiera que quiera responder. Varios obispos estadounidenses han criticado a la Universidad de Notre Dame por nombrar a una profesora que apoya el aborto legalizado. Por eso quiero preguntar: ¿qué responsabilidad tienen las universidades católicas para garantizar que su personal sostenga la doctrina católica sobre la dignidad de la vida? Gracias».
Ante la pregunta, surgida por el polémico nombramiento de la pro-aborto Susan L. Ostermann como directora del Instituto “Justin R. Liu” para Asia y Estudios Asiáticos de la Universidad de Notre Dame, el flamante presidente de dicha institución vaticana, el “monseñor” Renzo Pegoraro (foto), respondió:
«Gracias por su pregunta. Necesitamos un diálogo y entender, junto con la universidad y los académicos, cómo abordar y manejar estas situaciones.
   
Conocemos todas las preguntas y debates sobre el aborto, y cómo formar un enfoque ético que lo considera como una práctica no aceptable. Por otra parte, debemos también preguntar, en el área de la prevención, por qué todavía es un problema (cuáles son las razones), y en qué manera los profesionales, como también los involucrados en la oración y otras áreas, pueden entender, prevenir, explicar y evitar una visión que es muy reduccionista.

El aborto no puede ser visto solo como un problema médico o individual: es un problema de todos, de la comunidad y de la sociedad en su conjunto. Necesitamos considerar cómo ayudar a las mujeres, pero también a las parejas, a fin de evitar la idea que el aborto puede ser una solución para un embarazo difícil o para un verdadero problema. El objetivo es evitar la idea que el aborto es la única solución de eso.

Entonces, este es un reto grande, y tratamos de ver cómo mantener un debate sobre esto y cómo poner un énfasis mayor en los aspectos éticos y sociales, no enfocándonos inmediatamente solo en el aspecto legal del problema».
Pegoraro fue nombrado presidente de la Pontificia Academia para la Vida por León XIV Riggitano-Prévost cuando apenas pasaron diez y nueve, DI-EZ Y NUE-VE días de su “elección” como sucesor de Bergoglio. Entró en remplazo del arzobispón Vincenzo Paglia Cinelli.

La respuesta, como se usaba en tiempos de Bergoglio, una verdadera “hamburguesa de nada” y no guardó la más mínima relación con la materia de la pregunta. Más fácil y breve (y hasta honesto) hubiese sido decir: «En otras épocas, se hubiese demandado a las instituciones que procedan con coherencia o que se quiten el marbete de “católicas”. En otras épocas. Ahora, porque estamos urgidos de dinero, y ni siquiera seguimos la moral que decimos predicar, ya no la exigimos». O decir «Siguiente pregunta» y llamar a los de seguridad (o a cualquier matón, sea de barrio o sifrino enchufado como Ricardo José Cisneros Rendiles).

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