Cuando los católicos tradicionales nos involucramos en discusión con los defensores del Novus Ordo, nuestro argumento primario es que el Novus Ordo removió deliberadamente las palabras “Mystériun Fídei” (Misterio de Fe) de la fórmula de la consagración del Vino, trasladándola como preludio para la Aclamación memorial, que ellos responden de una de estas formas:
- «Morten tuam annuntiámus Dómine, et tuam resurrectiónem confitémur, donec vénias» [Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús], la más comúnmente empleada en el Novus Ordo; o
- «Quotiescúmque manducámus panem hunc et cálicem bíbimus, mortem tuam annuntiámus, Dómine, donec vénias» [Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas] (Personalmente, sólo la oímos decir unas tres o cuatro veces, si mucho); o
- «Salvátor mundi, salva nos, qui per crucem et resurrectiónem tuam liberásti nos» [Salvador del mundo, sálvanos, que por tu Cruz y tu resurrección nos has liberado].
En respuesta, los apologistas del Novus Ordo típicamente presentan una serie de supuestas defensas.
- «Cristo no usó la expresión “misterio de fe”». Esto lo argumentan James Likoudis Markatos y Kenneth Dean Whitehead Allen:
«La expresión “misterio de fe” es evidentemente tomada originalmente de San Pablo, que también dice que los diáconos “deben ser honestos, sin doblez, ni aficionados a mucho vino, ni codiciosos de ganancia, sino que guarden el misterio de la fe con recta conciencia” (1 Tim. 3:8-9). Puede haber muchas conexiones entre el hecho que San Pablo usó esta frase para los diáconos y el hecho que algunos académicos crean que estas palabras fueron originalmente insertadas en la Misa en este punto para ser proclamadas por el diácono anunciando que la consagración ha tenido lugar (los fieles no podían ver al sacerdote en este punto, como aún es el caso en la Iglesia Bizantina griega). Con todo, el eminente historiador de la Misa del Rito Romano, el padre Joseph Jungmann SJ, es de la opinión que “la explicación de que la expresión era originalmente dicha por el diácono para revelar a la congregación lo que ha sido realizado en el altar, que fue ocultado por las cortinas, es poesía y no historia. La frase se halla inserta en los textos más antiguos de los sacramentarios [latinos], y mencionada incluso en el siglo VII. Solo falta en alguna fuente posterior. […] Cómo o por qué se hizo esta inserción, o qué evento externo la ocasionó, no se puede afirmar con facilidad” (The Mass and the Roman Rite, págs. 421-422). Sin embargo, lo que parece ser cierto es que estas palabras no son las de Nuestro Señor en la institución de la Eucaristía. Ninguno de los relatos escriturales de la institución registra estas palabras: no se encuentran en otras fórmulas de Consagración reconocidas como válidas por la Iglesia; y por tanto, no se requieren para una Consagración válida. Es por esto que estas palabras que no están entre las que fueron dichas por Nuestro Señor fueron trasladadas en la edición revisada del Misal Romano que contiene el Nuevo Orden de la Misa. “La expresión ‘Mystérium Fídei’, sacada fuera del contexto de las palabras del Señor y dicha por el sacerdote, sirve de introducción a la aclamación de los fieles”, explicó el
PapaPablo VI en su Constitución Apostólica Missále Románum de 1969 (ver Apéndice 1)» [James Likoudis & Kenneth Whitehead, The Pope, the Council, and the Mass: Answers to Questions the “Traditionalists” Have Asked / El Papa, el Concilio y la Misa: Respuestas a preguntas planteadas por los “tradicionalistas”, pregunta 11.ª (3.ª ed. revisada). Steubenville, Ohio. Emmaus Road Publishing Co. 2006, págs. 125–126. Traducción propia; negrillas fuera del texto]. - «Aun si Cristo usó la expresión “misterio de fe”, esta se puede remover legítimamente». Sin comentarios.
Contra la primera afirmación está el Papa Inocencio III, Carta “Cum Marthæ circa” a Juan III Bellasmanos de Canterbury, arzobispo emérito de Lyon, 29 de noviembre de 1202 (Denz. 414–415):
LATÍN
«Quæsivísti síquidem, quis formæ verbórum, quam ipse Christus expréssit, cum in Corpus et Sánguinem suum panem transsubstantiávit et vinum, (cum) illud in cánone Missæ, quo Ecclésia útitur generális, adjécerit, quod nullus Evangelistárum légitur expressísse… In cánone Missæ sermo iste vidélicet “mystérium fídei” verbis ipsíus interpósitus invénitur. […] Sane multa tam de verbis quam de factis domínicis invénimus ab Evangelístis omíssa, quæ Apóstoli vel supplévisse verbo vel facto expressísse legúntur. […] Ex eo áutem verbo, de quo movit tua fratérnitas quæstionem, vidélicet “mysterium fidei”, muniméntum erróris quídam tráhere putavérunt, dicéntes in sacraménto altáris non esse Córporis Christi et Sánguinis veritátem, sed imáginem tantum, et spéciem et figúram, pro eo, quod Scriptúra ínterdum commémorat, id, quod in altári suscípitur, esse sacraméntum et mystérium et exémplum. Sed tales ex eo láqueum erróris incúrrunt, quod nec auctoritátes Scriptúræ conveniénter intélligunt, nec sacraménta Dei susíipiunt reverénter, Scriptúras et virtútem Dei páriter nesciéntes (cf. Mt 22, 29). […] Dícitur tamen “mystérium fídei”, quóniam et áliud ibi créditur, quam cernátur, et áliud cernítur, quam crédatur. Cernítur enim spécies panis et vini, et créditur véritas carnis et sánguinis Christi, ac virtus unitátis et caritátis. […]Distinguéndum est tamen subtíliter inter tria, quæ sunt in hoc sacraménto discréta, vidélicet formam visíbilem, veritátem córporis et virtútem spirituálem. Forma est panis et vini, véritas carnis et sánguinis, virtus unitátis et caritátis. Primum est “sacraméntum et non res”. Secúndum est “sacraméntum et res”. Tértium est “res et non sacraméntum”. Sed primum est sacraméntum géminæ rei. Secúndum áutem est sacraméntum uníus, et altérius res exsístit. Tértium vero est res gémini sacraménti. Crédimus ígitur, quod formam verbórum, sicut in cánone repéritur, et a Christo Apóstoli, et ab ipsis eórum accéperint successóres».
TRADUCCIÓN
«Nos preguntas quién añadió en el Canon de la Misa a la forma de las palabras que expresó Cristo mismo cuando transustanció el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre, lo que no se lee haber expresado ninguno de los Evangelistas… En el canon de la Misa, se halla interpuesta la expresión “mystérium fídei” a las palabras mismas… A la verdad, muchas son las cosas que vemos haber omitido los Evangelistas tanto de las palabras como de los hechos del Señor, que se lee haber suplido luego los Apóstoles de palabra o haber expresado de hecho. Ahora bien, de esa palabra sobre la que tu paternidad pregunta, es decir, “mystérium fídei”, algunos pensaron sacar un apoyo para su error, diciendo que en el sacramento del altar no está la verdad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, sino solamente la imagen, la apariencia y la figura, fundándose en que a veces la Escritura recuerda que lo que se recibe en el altar es sacramento, misterio y ejemplo. Pero los tales caen en el lazo del error, porque ni entienden convenientemente las autoridades de la Escritura ni reciben reverentemente los sacramentos de Dios, ignorando a par las Escrituras y el Poder de Dios (Mt 22, 29)… Dícese, sin embargo, “misterio de fe”, porque allí se cree otra cosa de la que se ve y se ve otra cosa de la que se cree. Porque se ve la apariencia de pan y vino y se cree la verdad de la carne y de la sangre de Cristo, y la virtud de la unidad y de la caridad…Hay que distinguir, sin embargo, sutilmente entre las tres cosas distintas que hay en este sacramento: la forma visible, la verdad del cuerpo y la virtud espiritual. La forma es la del pan y el vino; la verdad, la de la carne y la sangre; la virtud, la de la unidad y la caridad. Lo primero es “signo y no realidad”. Lo segundo es “signo y realidad”. Lo tercero es “realidad y no signo”. Pero lo primero es signo de entrambas realidades. Lo segundo es signo de lo tercero y realidad de lo primero. Lo tercero es realidad de entrambos signos. Creemos, pues, que la forma de las palabras, tal, como se encuentra en el Canon, la recibieron de Cristo los Apóstoles, y de éstos, sus sucesores».
Y contra la segunda, el padre Francisco Suárez SJ: Opus liturgicum IV: De sacramentis, disputa LXXXIII, sección 2.ª “El Canon Romano”. Maguncia, 1599, Pág. 1103
LATÍN
«Concílium Tridentínum sessióne 22., cap. 4, canon. 6. propter hæréticos hujus témporis, qui infestíssimi funt in hunc Missæ cánonem, singulári Providéntia quátuor de illo speciáliter docet, ac defínit, quæ a nobis bréviter sunt declaránda, confirmánda, ac defendénda. Primum est, Ecclésiam Cathólicam multis ante sǽculis illum instituísse. Secúndum est, constáre hunc cánonem ex Christi verbis, Apostolórum traditiónibus, et Sanctórum Pontíficum piis institutiónibus. Tértium est, esse ab omni erróre purum. Quártum, nihil in eo esse, quod non máxime sanctitátem, ac pietátem redóleat, méntesque offeréntium in Deum érigat. Vocátur áutem Canon Missæ totum id, quod in Missáli légitur ab illis verbis: Te ígitur clementíssime Pater, úsque ad consumptiónem Sacraménti: vocátur áutem Canon, quía est velúti régula præscrípta et servánda in actióne hujus sacrifícii, qua voce usus est D. Gregórius lib. 7. Epistolárum, Epist. 63. in his verbis, Mox, ínquit, post cánonem, oratiónem Domínicam dici statuístis. Quæ verba non sunt Gregórii, sed aliórum, quos refert, et in eis significátur, cánonem sólitum fuísse finíri in posterióri hóstiæ elevatióne, post quam immediáte Domínica orátio recitátur, ipse vero Gregórii inférius, Mox, ínquit, post precem oratiónem Domínicam dícimus; unde vidétur, ipsum cánonem, precem appelláre, de quo infra vidébimus. At vero Isidórus 1. offícium Órdinem Missæ seu oratiónem, áppellat. Et Vigílio Papa, in Epist. ad Euthério vocat, Órdinem Precum in celebritáte Missárum. Optátus vero, liber 2. contra Parmeniánum, vocat legítimum, quod in sacramentórum mystério prætériri non potest: vocátur étiam áctio sacra a Walfrído Strabóne, c. 22. de rebus Ecclesiásticis, quía in ea parte Missæ dícitur, in qua sacrifícium confícitur: usus vero máxime obtínuit nomen, Cánonis, qui máxime accommodátus est, propter ratiónem dictam».
TRADUCCIÓN
«El Concilio de Trento, sesión 22, cap. IV y canon 6, por cuenta de los herejes de este tiempo, que son hostilísimos hacia este Canon de la Misa, con singular previsión enseña y define cuatro cosas en particular respecto a él, que dentro de poco serán declaradas, confirmadas y defendidas por nosotros. La primera es: la Iglesia Católica lo instituyó hace muchos siglos. Segundo: este Canon está compuesto por las palabras de Cristo, las tradiciones de los Apóstoles, y las piadosas instituciones de los Santos Pontífices. Tercero: está puro de todo error. Cuarto: Nada hay en él que no esté henchido de santidad y piedad, y eleva a Dios las almas de los oferentes. Ahora, lo que se denomina Canon de la Misa es toda la parte que se lee en el Misal desde las palabras Te ígitur, clementíssime Pater, hasta la consumición del Sacramento: y es llamado Canon porque es como si fuera una regla prescrita y para ser observada en la acción de este sacrificio, y este nombre es usado por San Gregorio en el libro séptimo de sus Epístolas, epist. 63 con estas palabras: “Luego del Canon, has establecido que se diga la Oración dominical” [el Padre nuestro]. Estas palabras no son de San Gregorio, sino de los otros que él menciona, y en ellas se significa que el Canon se acostumbraba finalizar en la elevación posterior de la hostia, luego de la cual inmediatamente se reza la Oración dominical: pero San Gregorio dice a continuación: “Después de la oración, decimos la Oración dominical”, de ahí que parece él llamar Canon a la oración, respecto de la cual veremos más adelante. Con todo, San Isidoro, en el primer libro de los Oficios lo llama “Orden de la Misa o la Oración”. Y el Papa Vigilio, en la Epístola a Euterio, lo llama “Orden de las oraciones en la celebración de las Misas”. Y Optato, en su libro segundo contra Parmeniano, lo llama “legítimo, que no puede ser omitido en el misterio de los sacramento”; también es llamado “acción sagrada” por Valfrido Estrabón, cap. 22. de las Cosas Eclesiásticas, porque se dice en la parte de la Misa en que se confecciona el sacrificio; pero el uso prevalente es la palabra Canon, que es la más adecuada de todas, por la razón dicha».
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