lunes, 23 de febrero de 2026

EL PENTAGRAMA DEL ABISMO: MÚSICA Y GUERRA OCULTA EN LA MODERNIDAD LÍQUIDA

Síntesis de la ponencia de Piergiorgio Seveso en la 263.ª Conferencia de Formación Militante (12 de diciembre de 2013). Tomado de RADIO SPADA.
   

1. La Criptopolemología: no Numismática, sino Hermenéutica Fundativa
Para comprender el presente, conviene reivindicar el status científico de la Criptopolemología. Esta no es una disciplina auxiliar como la numismática o la paleografía, que estudian el artefacto material, sino que es una ciencia hermenéutica fundativa. La historia es Pólemos, una guerra oculta (krýptos) no siempre visible a quien no sabe “unir los puntos”. Como en una charada de la revista Settimana Enigmistica, el cuadro en conjunto emerge solo cuando se tiene el coraje de reunir las relaciones diplomáticas, ideológicas y culturales que sustentan las revoluciones.

Desde las primeras fricciones entre Sacerdótium y Regnum en el Medioevo, a través de las herejías proto-protestantes y el trauma del 1517, se ha llegado a una amalgama hirviente en que las avaricias humanas se funden en fuerzas centrífugas respecto de la Verdad Católica. Esta “nave” de la República Cristiana fue golpeada por oleadas sucesivas: el 1688 inglés, el 1789 francés, hasta las mareas crecientes del marxismo y del mundialismo apolide (sin nacionalidad) financiero de nuestros días.

2. La tradición de la Denuncia: de Barruel a Maurice Pinay
No estamos solos en este análisis. Nuestro camino comienza con una noble genealogía de estudiosos que han buscado proveer a los posteriores las claves de lectura del rompecabezas revolucionario. Recordemos la obra pionera del padre Augustin Barruel SJ, el padre Félix Sardá y Salvany, los análisis de los jesuitas de La Civiltà Cattolica del Ochocientos (los padres Raffaele Ballerini y Giuseppe Oreglia), los estudios sobre el Resurgimiento de Paolo Mencacci y las preciosas crónicas de monseñor Ernest Jouin en su Revue Internationale des Sociétés Secrètes.

En tiempos más recientes, el pensamiento corre al vizconde Léon de Poncins y a la monumental (y trágicamente desatendida) obra de Maurice Pinay, Complot contra la Iglesia, distribuido a los Padres Conciliares durante el Vaticano II para advertirles los riesgos de la judaización de la fe. Estos autores no buscaron automatismos cerebrales, sino que practicaron el intus-legére: leer dentro de los hechos para encontrar el sentido profundo.

3. La Estética de la desfiguración: la pérdida del centro
Hoy la estética se ha convertido en una tiranía antropocéntrica. En el “solemne naufragio del ser”, el artista contemporáneo reivindica el derecho di exponer excrementos, físicos o morales, elevándolos a obras de arte. Hemos visto cuerpos humanos en descomposición expuestos en galerías y gestos injuriosos (como el “dedo” de Maurizio Cattelan en la Plaza de los Negocios de Milán) entronizarse en los sitios de poder.
  
Citando al historiador Hans Sedlmayr, la “pérdida del centro” produce una fuga centrífuga: el objeto de arte desaparece, y la figura humana viene afeada. También los jardines sufren está mutación: del jardín all’italiana (1.600-1.700), cuadrado y racional, espejo de un orden divino, al jardín romántico (1.800), tenebroso, panteista, hecho de ruinas fingidas y naturaleza salvaje que devora todas las cosas. Es la orientación gestáltica (configuracional) del mal: tomar el cuchillo por el lado del filo.

4. La Música como vector revolucionario
La música es el campo de batalla más insidioso. Ya Monseñor Humberto Benigni notaba cómo la poesía trovadoresca (siglo XIII) escondía temas violentos. Pero es con la modernidad que se acelera el proceso
  • El Vals y el Tango: Si el Vals era el torbellino de la Era Romántica, el Tango fue descrito en 1914 por Alessandro Cavallanti como “el tango en el fango”, signo de una corporeidad siempre más desenfrenada.
  • El mito de los Beatles y de los Rolling Stones: Los Beatles no eran “cuatro chicos bravos”, sino los mensajeros de una Inglaterra obrera post-cristiana. John Lennon declaraba abiertamente la superioridad del rock sobre Jesucristo, mientras su canción Imagine teorizaba un mundo “sin religiones”, o sea, un infierno utópico.
  • La era del black metal y del satanismo explícito: Desde los años 70 en adelante, el ímpetu de vino explícito. Grupos como Venom (fundadores del black metal), Metallica, Slayer (con sus referencias al nazismo posmoderno y a Josef Mengele), Iron Maiden y Ozzy Osbourne han normalizado el imaginario cementerial y tanatológico.
  
5. El satanismo como Caos y la Era digital
El error de muchos críticos católicos es buscar el diablo solo en los mensajes subliminales al revés. El peligro verdadero está en el mensaje “al derecho”. El satanismo no tiene necesidad de mensajes doctrinales complejos o de cultos estructurados; Satanás es anómico (sin ley), trae fuerza del caos. No necesita de milicias, sino de adicción.

Hoy, en la era cibernética, YouTube (desde 2006) y las plataformas digitales han hecho esta avalancha de fango accesible con un clic. No hay necesidad de suicidarse como Kurt Cobain (que escribía “Dios es gay” en las paredes) para ser víctimas de este sistema; solo basta el ateísmo práctico, el vaciamiento del alma y la normalización del horror.

Conclusión: La casa desguarnecida
Es desconcertante constatar cómo parte del mundo católico ha abdicado a su propio papel crítico. Desde las exaltaciones de los Beatles en Radio Vaticana a la publicación de los conciertos del grupo brasileño “Sepultura” en la revista paulina Famiglia Cristiana, hasta Franco Battiato que, si bien profesando creencias gnósticas, fue invitado a cantar en el Aula Nervi del Vaticano.

No existen espacios neutros en el Cosmos. Si la casa está limpia pero desguarnecida, siete demonios peores la tomarán en posesión. El que acepta la “neutralidad” de la música contemporánea ya pasó al bando del enemigo. Nuestra resistencia parte de la consciencia: volver a llamar al excremento por su nombre es reafirmar que él único verdadero arte es aquel que e eleva al hombre hacia su Creador.

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